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miércoles, 18 de junio de 2025

La pintura "Santa Isabel de Esconauguía", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santa Isabel de Esconauguía", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla.   
     Hoy, 18 de junio, en Schönau, lugar de Renania, en Germania, hoy Alemania, Santa Isabel, virgen, insigne por su observancia de la vida monástica (1164) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
       Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Santa Isabel de Esconauguía", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla.
     El Convento de San Clemente [nº 55 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 66 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Reposo, 9; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
     Esta pintura mural al seco que encontramos en la Iglesia del Convento de San Clemente, fue realizada en estilo rococó en 1770 por Francisco Miguel Ximénez. En ella, se representa a Santa Isabel de Esconauguía, quien ingresó en el monasterio de las benedictinas de Schönau convirtiéndose en una famosa mística. Viste cogulla blanca y velo negro, lleva el báculo terciado por delante y adopta postura de escritora, con el libro en la mano izquierda y la pluma en la derecha. Dos ángeles la acompañan comentando lo contendido en el libro. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     De este monasterio cisterciense fundado por Alfonso X El Sabio se sabe que estaba construyéndose en 1255 y que se había concluido en 1260. En él se instaló una comunidad de monjas que procedían de la casa madre de las Huelgas Reales de Burgos. En el proceso de su fundación participó intensamente el obispo de Sevilla, don Remondo de Lozana, quien probablemente fue la persona que señaló que el convento estuviese bajo la advocación de San Clemente, pues fue en el día de su festividad cuando se conquistó la ciudad.  Posteriormente, en 1284, el Rey Alfonso X El Sabio, a instancias del Obispo Don Remondo, otorgó grandes privilegios al convento, puesto que en él profesaba una de sus hijas, doña Berenguela. Estos privilegios fueron confirmados posteriormente por Sancho IV, Fernando IV y Alfonso XI. En el siglo XV los Reyes Católicos renovaron, de nuevo, los privilegios de la comunidad, los cuales siguieron vigentes hasta el reinado de Carlos III en el siglo XVIII, ya que en 1770 patrocinó amplias reformas en el convento, sufragando, entre otros, el programa pictórico que cubre los muros del templo.
     La nave de la iglesia presenta un excepcional repertorio de elementos constructivos, puesto que está cubierta con un espléndido artesonado mudéjar de mediados del siglo XVII, cuyos zócalos llevan recubrimientos de magníficos azulejos que se han puesto en relación con el ceramista Roque Hernández.
     Hacia 1770, con recursos aportados por Carlos III, la comunidad de monjas cistercienses debió de contactar con el pintor sevillano Francisco Miguel Ximénez para que decorase los muros laterales de la nave. Esta realización artística había sido atribuida con anterioridad a Lucas Valdés, aunque puede comprobarse, tanto en el dibujo de las figuras, como en las orlas y molduras que las envuelven, que aparece claramente la impronta del estilo rococó.
   El actual conocimiento de la obra de Ximénez nos permite atribuirle esta decoración mural de la nave, en la cual se formula un homenaje de triunfo y gloria a la historia de las órdenes benedictina y cisterciense, representando allí a todos sus santos, a los que se añade la presencia de las principales figuras del santoral sevillano.
   En el muro izquierdo, y comenzando su recorrido siguiendo la disposición tradicional de izquierda a derecha, encontramos, en primer lugar, un grupo de tres santas formado por Santa Umbelina, Santa Columba y Santa Franca. En un medallón irregular de perfil rococó figura San Isidoro en la escena en la que se le aparece a San Fernando, durante el proceso de reconquista de la ciudad de Sevilla. Encima, aparece otro medallón con la imagen de San Alberico en el momento de recibir un hábito blanco de manos de la Virgen. Después, encontramos a Santa Cunegunda y Santa Matilde seguidas de otro medallón donde vemos a San Ildefonso, arzobispo de Toledo, en el acto de recibir la casulla que le entregó la Virgen; la presencia de este santo dentro de la iconografía de la orden se debe a que en su juventud, en Toledo, patrocinó la construcción de un templo de monjas benedictinas. En lo alto, observamos otro medallón oval donde se representa a San Esteban Harding, tercer abad del Císter en el episodio milagroso en que la Virgen le entrega un cíngulo como emblema de castidad. El recorrido pictórico mural de esta nave izquierda culmina con las figuras de Santa Gertrudis La Menor, flanqueada por Santa Juliana y Santa Aleyda.
     En el muro derecho  la decoración  pictórica prosigue con la descripción de las principales devociones benedictinas y cistercienses y, por ello, en primer lugar se representa a Santa Edeltrudis y a Santa Edita, a los lados de Santa Lutgarda. En un medallón de la parte inferior aparece San Anselmo, obispo de Canterbury y, en otro que figura en la parte superior vemos a San Plácido en la escena de su martirio. En el centro de este muro derecho se representa a Santa Isabel de Esconauguía y a Santa Hildegarda; ambas flanquean a una Santa cuyo título está barrido y no se puede identificar. En otro medallón aparece, seguidamente, San Leandro, sobre el cual figura otro con la representación de San Mauro en el momento de salvar a su compañero, San Plácido, de perecer ahogado en el lago Subiaco. En el último tramo pictórico de este muro derecho está Santa Florentina, hermana de San Isidoro y San Leandro, y Santa Escolástica, figurando en el centro Santa Eduvigis (Enrique Valdivieso González, en Pintura Mural del Siglo XVIII en Sevilla. Fundación Sevillana Endesa. Sevilla, 2016).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Isabel de Esconauguía, virgen
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     Mística alemana nacida en 1129, en la diócesis de Tréveris. Ingresó en la orden benedictina de Schönau, cerca de Bingen, y murió en 1165.
     Sobre todo se la conoce por sus Revelaciones acerca de santa Úrsula y las Once mil vírgenes (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Francisco Miguel Ximénez, autor de la obra reseñada;
     Francisco Miguel Ximénez de Alanís, (Sevilla, 1717 – 1793). Pintor.
     Nació en Sevilla en 1717. De formación tradicional, obtenida en el taller de Domingo Martínez de acuerdo con el espíritu barroco tardío, evoluciona hacia un rococó cargado de estereotipos. Su producción es amplia y abarca los campos de la pintura de caballete y el dorado de retablos. En esta última faceta se han podido documentar varias obras, asociadas con algunos de los escultores y retablistas más relevantes del período, en especial Benito de Hita y Castillo y Julián Jiménez, como el retablo del Cristo atado a la columna de iglesia utrerana de Santa María de la Mesa. En 1727 aparece citado como oficial de pintor y avecindado en la collación de San Juan de la Palma, donde se inicia en el conocimiento de la pintura de feria.
     En 1761 pinta por encargo de la hermandad de la Carretería un cuadro con el que se celebraba el decreto de la Concepción, mostrando a La Inmaculada con Clemente XIII y Carlos III. Para esta misma congregación, hizo en 1788 las pinturas del arco triunfal que se levantó con motivo de la proclamación de Carlos IV. Al año siguiente hizo los retratos de Carlos IV y de María Luisa de Parma para la Academia de Medicina. Y en 1790 firma el cuadro que muestra a Paulo III concediendo la Bula de fundación a las religiosas del Espíritu Santo (convento del Espíritu Santo), en el que Ximénez más parece haberse interesado en el marco arquitectónico que en la representación de los personajes, por lo que trastoca el equilibrio compositivo y hace de lo accesorio un elemento principal. Ello responde, sin duda, a la creciente importancia que había adquirido entre los integrantes de la escuela el conocimiento de la arquitectura, haciendo gala en muchos de gran destreza en la interpretación del proyecto. Posiblemente este espíritu creativo tiene que ver con el maestro Domingo Martínez, que llegó a ser pintor y arquitecto de la Catedral. Prueba de ese interés es la pintura firmada con Perspectivas de edificios con varias figuras, que se encuentra en la Capitanía General de Sevilla. Pero el testimonio más claro de esta perfección formativa son las obras de la iglesia parroquial de Algodonales, donde intervino en 1786. El pintor se hizo cargo de diseñar el retablo donde iba a colocarse la imagen del Rosario “para cuyo efecto está hecho un plano por el insigne maestro de dibujo y primer director de la Real Academia de las Tres Vellas Artes de la dicha ciudad”. También la hermandad de las Ánimas quiso tener su propio aditamento, una estructura de madera realizada por Diego Meléndez, de acuerdo con el diseño de Ximénez “con arreglo a un plan delineado por el dicho Don Francisco Ximenez”. Ambos artífices se ocuparon de atender las mismas necesidades de la congregación de la Vera Cruz. Por último, tuvo parecida participación en el altar mayor, que se construiría “con arreglo a un excelente plano que por orden del mencionado Sr. vicario hizo”. Pocas veces se había visto con tanta claridad a un pintor implicado en la concepción de una estructura arquitectónica, en una circunstancia que había sido criticada cuando se había producido por intromisión profesional.
     En línea con esta producción arquitectónica y asociada a la policromía de retablos, se encuentra la pintura mural, de la que se ha identificado un conjunto de Ximénez, la que decora los paramentos del cuerpo de iglesia del convento de San Clemente, ejecutada hacia 1770. Conjuga en esta obra una densa decoración en la que predominan las rocallas, con efigies de santos de la orden cisterciense y otras figuras de devoción, como San Ildefonso o San Esteban. La soltura con que Ximénez trabaja el temple induce a pensar en una producción mayor, que de momento no es conocida. A este respecto, recuerda Ceán Bermúdez que fue responsable de la decoración de la desaparecida iglesia de San Felipe Neri, de la que restan algunos lienzos, que han sido atribuidos en consecuencia al propio pintor y hoy se encuentran en San Alberto Magno, de los que se ha destacado el que representa a San Felipe Neri iniciando la construcción del Oratorio de Roma, donde se ha querido identificar un posible retrato del artista (Fernando Quiles García, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santa Isabel de Esconauguía", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Convento de San Clemente, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 11 de junio de 2025

La pintura "Santa Aleyda", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santa Aleyda", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla.   
     Hoy, 11 de junio, en el monasterio de La Chambre, cerca de Bruselas, en Brabante, hoy Bélgica, Santa Alicia o Aleide, virgen, de la Orden Cisterciense, que a los veintidós años, habiendo enfermado de lepra, se vio obligada a vivir marginada, y hacia el final de su vida, perdida incluso la vista, ni un solo miembro de su cuerpo quedó sano, excepto su lengua para cantar las alabanzas de Dios (1250) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
       Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Santa Aleyda", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla.
     El Convento de San Clemente [nº 55 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 66 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Reposo, 9; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
     Esta pintura mural al seco que encontramos en la Iglesia del Convento de San Clemente fue realizada en estilo rococó en 1770 por Francisco Miguel Ximénez. Representa a Santa Aleyda, monja cisterciense que vio la Cruz de Cristo dominar sobre la faz de toda la tierra (está visión aparece representada a través de una cruz inserta en un orbe azul, dispuesta en alto, a la izquierda de la composición). La santa aparece arrodillada, con los brazos cruzados ante el pecho, con la cogulla blanca y la toca negra. Está acompañada por dos angelitos, el uno con flores, el otro con el tallo de azucenas, símbolo de la virginidad (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     De este monasterio cisterciense fundado por Alfonso X El Sabio se sabe que estaba construyéndose en 1255 y que se había concluido en 1260. En él se instaló una comunidad de monjas que procedían de la casa madre de las Huelgas Reales de Burgos. En el proceso de su fundación participó intensamente el obispo de Sevilla, don Remondo de Lozana, quien probablemente fue la persona que señaló que el convento estuviese bajo la advocación de San Clemente, pues fue en el día de su festividad cuando se conquistó la ciudad.  Posteriormente, en 1284, el Rey Alfonso X El Sabio, a instancias del Obispo Don Remondo, otorgó grandes privilegios al convento, puesto que en él profesaba una de sus hijas, doña Berenguela. Estos privilegios fueron confirmados posteriormente por Sancho IV, Fernando IV y Alfonso XI. En el siglo XV los Reyes Católicos renovaron, de nuevo, los privilegios de la comunidad, los cuales siguieron vigentes hasta el reinado de Carlos III en el siglo XVIII, ya que en 1770 patrocinó amplias reformas en el convento, sufragando, entre otros, el programa pictórico que cubre los muros del templo.  
    La nave de la iglesia presenta un excepcional repertorio de elementos constructivos, puesto que está cubierta con un espléndido artesonado mudéjar de mediados del siglo XVII, cuyos zócalos llevan recubrimientos de magníficos azulejos que se han puesto en relación con el ceramista Roque Hernández.
   Hacia 1770, con recursos aportados por Carlos III, la comunidad de monjas cistercienses debió de contactar con el pintor sevillano Francisco Miguel Ximénez para que decorase los muros laterales de la nave. Esta realización artística había sido atribuida con anterioridad a Lucas Valdés, aunque puede comprobarse, tanto en el dibujo de las figuras, como en las orlas y molduras que las envuelven, que aparece claramente la impronta del estilo rococó.
   El actual conocimiento de la obra de Ximénez nos permite atribuirle esta decoración mural de la nave, en la cual se formula un homenaje de triunfo y gloria a la historia de las órdenes benedictina y cisterciense, representando allí a todos sus santos, a los que se añade la presencia de las principales figuras del santoral sevillano.
   En el muro izquierdo, y comenzando su recorrido siguiendo la disposición tradicional de izquierda a derecha, encontramos, en primer lugar, un grupo de tres santas formado por Santa Umbelina, Santa Columba y Santa Franca. En un medallón irregular de perfil rococó figura San Isidoro en la escena en la que se le aparece a San Fernando, durante el proceso de reconquista de la ciudad de Sevilla. Encima, aparece otro medallón con la imagen de San Alberico en el momento de recibir un hábito blanco de manos de la Virgen. Después, encontramos a Santa Cunegunda y Santa Matilde seguidas de otro medallón donde vemos a San Ildefonso, arzobispo de Toledo, en el acto de recibir la casulla que le entregó la Virgen; la presencia de este santo dentro de la iconografía de la orden se debe a que en su juventud, en Toledo, patrocinó la construcción de un templo de monjas benedictinas. En lo alto, observamos otro medallón oval donde se representa a San Esteban Harding, tercer abad del Císter en el episodio milagroso en que la Virgen le entrega un cíngulo como emblema de castidad. El recorrido pictórico mural de esta nave izquierda culmina con las figuras de Santa Gertrudis La Menor, flanqueada por Santa Juliana y Santa Aleyda.
     En el muro derecho  la decoración  pictórica prosigue con la descripción de las principales devociones benedictinas y cistercienses y, por ello, en primer lugar se representa a Santa Edeltrudis y a Santa Edita, a los lados de Santa Lutgarda. En un medallón de la parte inferior aparece San Anselmo, obispo de Canterbury y, en otro que figura en la parte superior vemos a San Plácido en la escena de su martirio. En el centro de este muro derecho se representa a Santa Isabel de Esconauguía y a Santa Hildegarda; ambas flanquean a una Santa cuyo título está barrido y no se puede identificar. En otro medallón aparece, seguidamente, San Leandro, sobre el cual figura otro con la representación de San Mauro en el momento de salvar a su compañero, San Plácido, de perecer ahogado en el lago Subiaco. En el último tramo pictórico de este muro derecho está Santa Florentina, hermana de San Isidoro y San Leandro, y Santa Escolástica, figurando en el centro Santa Eduvigis (Enrique Valdivieso González, en Pintura Mural del Siglo XVIII en Sevilla. Fundación Sevillana Endesa. Sevilla, 2016).
Conozcamos mejor la Biografía de Francisco Miguel Ximénez, autor de la obra reseñada;
     Francisco Miguel Ximénez de Alanís, (Sevilla, 1717 – 1793). Pintor.
     Nació en Sevilla en 1717. De formación tradicional, obtenida en el taller de Domingo Martínez de acuerdo con el espíritu barroco tardío, evoluciona hacia un rococó cargado de estereotipos. Su producción es amplia y abarca los campos de la pintura de caballete y el dorado de retablos. En esta última faceta se han podido documentar varias obras, asociadas con algunos de los escultores y retablistas más relevantes del período, en especial Benito de Hita y Castillo y Julián Jiménez, como el retablo del Cristo atado a la columna de iglesia utrerana de Santa María de la Mesa. En 1727 aparece citado como oficial de pintor y avecindado en la collación de San Juan de la Palma, donde se inicia en el conocimiento de la pintura de feria.
     En 1761 pinta por encargo de la hermandad de la Carretería un cuadro con el que se celebraba el decreto de la Concepción, mostrando a La Inmaculada con Clemente XIII y Carlos III. Para esta misma congregación, hizo en 1788 las pinturas del arco triunfal que se levantó con motivo de la proclamación de Carlos IV. Al año siguiente hizo los retratos de Carlos IV y de María Luisa de Parma para la Academia de Medicina. Y en 1790 firma el cuadro que muestra a Paulo III concediendo la Bula de fundación a las religiosas del Espíritu Santo (convento del Espíritu Santo), en el que Ximénez más parece haberse interesado en el marco arquitectónico que en la representación de los personajes, por lo que trastoca el equilibrio compositivo y hace de lo accesorio un elemento principal. Ello responde, sin duda, a la creciente importancia que había adquirido entre los integrantes de la escuela el conocimiento de la arquitectura, haciendo gala en muchos de gran destreza en la interpretación del proyecto. Posiblemente este espíritu creativo tiene que ver con el maestro Domingo Martínez, que llegó a ser pintor y arquitecto de la Catedral. Prueba de ese interés es la pintura firmada con Perspectivas de edificios con varias figuras, que se encuentra en la Capitanía General de Sevilla. Pero el testimonio más claro de esta perfección formativa son las obras de la iglesia parroquial de Algodonales, donde intervino en 1786. El pintor se hizo cargo de diseñar el retablo donde iba a colocarse la imagen del Rosario “para cuyo efecto está hecho un plano por el insigne maestro de dibujo y primer director de la Real Academia de las Tres Vellas Artes de la dicha ciudad”. También la hermandad de las Ánimas quiso tener su propio aditamento, una estructura de madera realizada por Diego Meléndez, de acuerdo con el diseño de Ximénez “con arreglo a un plan delineado por el dicho Don Francisco Ximenez”. Ambos artífices se ocuparon de atender las mismas necesidades de la congregación de la Vera Cruz. Por último, tuvo parecida participación en el altar mayor, que se construiría “con arreglo a un excelente plano que por orden del mencionado Sr. vicario hizo”. Pocas veces se había visto con tanta claridad a un pintor implicado en la concepción de una estructura arquitectónica, en una circunstancia que había sido criticada cuando se había producido por intromisión profesional. 
   En línea con esta producción arquitectónica y asociada a la policromía de retablos, se encuentra la pintura mural, de la que se ha identificado un conjunto de Ximénez, la que decora los paramentos del cuerpo de iglesia del convento de San Clemente, ejecutada hacia 1770. Conjuga en esta obra una densa decoración en la que predominan las rocallas, con efigies de santos de la orden cisterciense y otras figuras de devoción, como San Ildefonso o San Esteban. La soltura con que Ximénez trabaja el temple induce a pensar en una producción mayor, que de momento no es conocida. A este respecto, recuerda Ceán Bermúdez que fue responsable de la decoración de la desaparecida iglesia de San Felipe Neri, de la que restan algunos lienzos, que han sido atribuidos en consecuencia al propio pintor y hoy se encuentran en San Alberto Magno, de los que se ha destacado el que representa a San Felipe Neri iniciando la construcción del Oratorio de Roma, donde se ha querido identificar un posible retrato del artista (Fernando Quiles García, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santa Aleyda", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Convento de San Clemente, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 25 de abril de 2025

La pintura "Santa Franca", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santa Franca", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla.   
     Hoy, 25 de abril, en el territorio de Piacenza, en Emilia-Romaña, Italia actualmente, Santa Franca, abadesa, que quiso ingresar en la Orden Cisterciense y pasaba noches enteras en oración ante Dios (1218) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
       Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Santa Franca", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla.
     El Convento de San Clemente [nº 55 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 66 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Reposo, 9; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
     Esta pintura mural al seco que encontramos en la Iglesia del Convento de San Clemente fue realizada en estilo rococó en 1770 por Francisco Miguel Ximénez. Representa a Santa Franca, abadesa del monasterio cisterciense de San Ciro, fundó luego los de Voleria y Plectole. Famosa por su estricta observancia, sus ayunos cuaresmales y sus milagros. Aquí se presenta en pie, con cogulla blanca y velo negro, coronada por un ángel mientras que otro sostiene el báculo de abadesa. La santa mira en éxtasis el crucificado que sostiene entre sus manos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     De este monasterio cisterciense fundado por Alfonso X El Sabio se sabe que estaba construyéndose en 1255 y que se había concluido en 1260. En él se instaló una comunidad de monjas que procedían de la casa madre de las Huelgas Reales de Burgos. En el proceso de su fundación participó intensamente el obispo de Sevilla, don Remondo de Lozana, quien probablemente fue la persona que señaló que el convento estuviese bajo la advocación de San Clemente, pues fue en el día de su festividad cuando se conquistó la ciudad.  Posteriormente, en 1284, el Rey Alfonso X El Sabio, a instancias del Obispo Don Remondo, otorgó grandes privilegios al convento, puesto que en él profesaba una de sus hijas, doña Berenguela. Estos privilegios fueron confirmados posteriormente por Sancho IV, Fernando IV y Alfonso XI. En el siglo XV los Reyes Católicos renovaron, de nuevo, los privilegios de la comunidad, los cuales siguieron vigentes hasta el reinado de Carlos III en el siglo XVIII, ya que en 1770 patrocinó amplias reformas en el convento, sufragando, entre otros, el programa pictórico que cubre los muros del templo.
     La nave de la iglesia presenta un excepcional repertorio de elementos constructivos, puesto que está cubierta con un espléndido artesonado mudéjar de mediados del siglo XVII, cuyos zócalos llevan recubrimientos de magníficos azulejos que se han puesto en relación con el ceramista Roque Hernández.
     Hacia 1770, con recursos aportados por Carlos III, la comunidad de monjas cistercienses debió de contactar con el pintor sevillano Francisco Miguel Ximénez para que decorase los muros laterales de la nave. Esta realización artística había sido atribuida con anterioridad a Lucas Valdés, aunque puede comprobarse, tanto en el dibujo de las figuras, como en las orlas y molduras que las envuelven, que aparece claramente la impronta del estilo rococó.
     El actual conocimiento de la obra de Ximénez nos permite atribuirle esta decoración mural de la nave, en la cual se formula un homenaje de triunfo y gloria a la historia de las órdenes benedictina y cisterciense, representando allí a todos sus santos, a los que se añade la presencia de las principales figuras del santoral sevillano.
     En el muro izquierdo, y comenzando su recorrido siguiendo la disposición tradicional de izquierda a derecha, encontramos, en primer lugar, un grupo de tres santas formado por Santa Umbelina, Santa Columba y Santa Franca. En un medallón irregular de perfil rococó figura San Isidoro en la escena en la que se le aparece a San Fernando, durante el proceso de reconquista de la ciudad de Sevilla. Encima, aparece otro medallón con la imagen de San Alberico en el momento de recibir un hábito blanco de manos de la Virgen. Después, encontramos a Santa Cunegunda y Santa Matilde seguidas de otro medallón donde vemos a San Ildefonso, arzobispo de Toledo, en el acto de recibir la casulla que le entregó la Virgen; la presencia de este santo dentro de la iconografía de la orden se debe a que en su juventud, en Toledo, patrocinó la construcción de un templo de monjas benedictinas. En lo alto, observamos otro medallón oval donde se representa a San Esteban Harding, tercer abad del Císter en el episodio milagroso en que la Virgen le entrega un cíngulo como emblema de castidad. El recorrido pictórico mural de esta nave izquierda culmina con las figuras de Santa Gertrudis La Menor, flanqueada por Santa Juliana y Santa Aleyda.
     En el muro derecho  la decoración  pictórica prosigue con la descripción de las principales devociones benedictinas y cistercienses y, por ello, en primer lugar se representa a Santa Edeltrudis y a Santa Edita, a los lados de Santa Lutgarda. En un medallón de la parte inferior aparece San Anselmo, obispo de Canterbury y, en otro que figura en la parte superior vemos a San Plácido en la escena de su martirio. En el centro de este muro derecho se representa a Santa Isabel de Esconauguía y a Santa Hildegarda; ambas flanquean a una Santa cuyo título está barrido y no se puede identificar. En otro medallón aparece, seguidamente, San Leandro, sobre el cual figura otro con la representación de San Mauro en el momento de salvar a su compañero, San Plácido, de perecer ahogado en el lago Subiaco. En el último tramo pictórico de este muro derecho está Santa Florentina, hermana de San Isidoro y San Leandro, y Santa Escolástica, figurando en el centro Santa Eduvigis (Enrique Valdivieso González, en Pintura Mural del Siglo XVIII en Sevilla. Fundación Sevillana Endesa. Sevilla, 2016).
Conozcamos mejor la Biografía de Francisco Miguel Ximénez, autor de la obra reseñada;
     Francisco Miguel Ximénez de Alanís, (Sevilla, 1717 – 1793). Pintor.
     Nació en Sevilla en 1717. De formación tradicional, obtenida en el taller de Domingo Martínez de acuerdo con el espíritu barroco tardío, evoluciona hacia un rococó cargado de estereotipos. Su producción es amplia y abarca los campos de la pintura de caballete y el dorado de retablos. En esta última faceta se han podido documentar varias obras, asociadas con algunos de los escultores y retablistas más relevantes del período, en especial Benito de Hita y Castillo y Julián Jiménez, como el retablo del Cristo atado a la columna de iglesia utrerana de Santa María de la Mesa. En 1727 aparece citado como oficial de pintor y avecindado en la collación de San Juan de la Palma, donde se inicia en el conocimiento de la pintura de feria.
     En 1761 pinta por encargo de la hermandad de la Carretería un cuadro con el que se celebraba el decreto de la Concepción, mostrando a La Inmaculada con Clemente XIII y Carlos III. Para esta misma congregación, hizo en 1788 las pinturas del arco triunfal que se levantó con motivo de la proclamación de Carlos IV. Al año siguiente hizo los retratos de Carlos IV y de María Luisa de Parma para la Academia de Medicina. Y en 1790 firma el cuadro que muestra a Paulo III concediendo la Bula de fundación a las religiosas del Espíritu Santo (convento del Espíritu Santo), en el que Ximénez más parece haberse interesado en el marco arquitectónico que en la representación de los personajes, por lo que trastoca el equilibrio compositivo y hace de lo accesorio un elemento principal. Ello responde, sin duda, a la creciente importancia que había adquirido entre los integrantes de la escuela el conocimiento de la arquitectura, haciendo gala en muchos de gran destreza en la interpretación del proyecto. Posiblemente este espíritu creativo tiene que ver con el maestro Domingo Martínez, que llegó a ser pintor y arquitecto de la Catedral. Prueba de ese interés es la pintura firmada con Perspectivas de edificios con varias figuras, que se encuentra en la Capitanía General de Sevilla. Pero el testimonio más claro de esta perfección formativa son las obras de la iglesia parroquial de Algodonales, donde intervino en 1786. El pintor se hizo cargo de diseñar el retablo donde iba a colocarse la imagen del Rosario “para cuyo efecto está hecho un plano por el insigne maestro de dibujo y primer director de la Real Academia de las Tres Vellas Artes de la dicha ciudad”. También la hermandad de las Ánimas quiso tener su propio aditamento, una estructura de madera realizada por Diego Meléndez, de acuerdo con el diseño de Ximénez “con arreglo a un plan delineado por el dicho Don Francisco Ximenez”. Ambos artífices se ocuparon de atender las mismas necesidades de la congregación de la Vera Cruz. Por último, tuvo parecida participación en el altar mayor, que se construiría “con arreglo a un excelente plano que por orden del mencionado Sr. vicario hizo”. Pocas veces se había visto con tanta claridad a un pintor implicado en la concepción de una estructura arquitectónica, en una circunstancia que había sido criticada cuando se había producido por intromisión profesional. 
     En línea con esta producción arquitectónica y asociada a la policromía de retablos, se encuentra la pintura mural, de la que se ha identificado un conjunto de Ximénez, la que decora los paramentos del cuerpo de iglesia del convento de San Clemente, ejecutada hacia 1770. Conjuga en esta obra una densa decoración en la que predominan las rocallas, con efigies de santos de la orden cisterciense y otras figuras de devoción, como San Ildefonso o San Esteban. La soltura con que Ximénez trabaja el temple induce a pensar en una producción mayor, que de momento no es conocida. A este respecto, recuerda Ceán Bermúdez que fue responsable de la decoración de la desaparecida iglesia de San Felipe Neri, de la que restan algunos lienzos, que han sido atribuidos en consecuencia al propio pintor y hoy se encuentran en San Alberto Magno, de los que se ha destacado el que representa a San Felipe Neri iniciando la construcción del Oratorio de Roma, donde se ha querido identificar un posible retrato del artista (Fernando Quiles García, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santa Franca", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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miércoles, 23 de octubre de 2024

La pintura "San Juan de Capistrano", de Francisco Miguel Ximénez, en el Camarín de la Capilla de la Virgen de las Aguas, de la Iglesia Colegial del Divino Salvador

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Juan de Capistrano", de Francisco Miguel Ximénez, en el Camarín de la Capilla de la Virgen de las Aguas, de la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla.   
     Hoy, 23 de octubre, Memoria de San Juan de Capistrano, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, que luchó en favor de la disciplina regular, estuvo al servicio de la fe y costumbres católicas en casi toda Europa, y con sus exhortaciones y plegarias mantuvo el fervor del pueblo fiel, defendiendo también la libertad de los cristianos. En la localidad de Ujlak, junto al Danubio, en el reino de Hungría, descansó en el Señor (1456) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
         Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "San Jun de Capistrano", de Francisco Miguel Ximénez, en el Camarín de la Capilla de la Virgen de las Aguas, de la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla.
     La Iglesia Colegial del Divino Salvador [nº 19 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 44 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza del Salvador, 3 (también tiene acceso por la calle Córdoba, s/n); en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     La Iglesia del Salvador de Sevilla ocupa actualmente el solar de la que fue antigua mezquita mayor de la ciudad, que edificó en el siglo IX. Posteriormente, en época cristiana, se utilizó como tempo, realizándose en él numerosas reformas para adaptarla al nuevo culto. A finales del siglo XVII, en 1674, esta primitiva mezquita se derribó y, sobre ella, se levantó un solemne templo bajo la advocación del Salvador, cuyo primer maestro fue Esteban García. En 1696 tomó el mando de la obra Leonardo de Figueroa, quien concluyó la parte superior del edificio, bóvedas y cúpula, terminándose la construcción en 1712.
     Diversas obras decorativas enriquecen el interior del templo, siendo las más importantes la ornamentación del camarín de la Virgen de las Aguas y la bóveda que cubre el presbiterio de la iglesia, obra esta última que se encomendó al pintor Juan de Espinal, quien la llevó a cabo en 1779.
     Uno de los mejores retablos del barroco sevillano es el que en este templo hizo el tallista José Maestre en 1724, dedicado a la Virgen de las Aguas. Es ésta una de las advocaciones marianas más populares de Sevilla, la cual surgió durante la reconquista de la ciudad por Fernando III, a causa de una atroz y prolongada sequía que afectaba gravemente a la agricultura y ganadería, poniendo en peligro la supervivencia del ejército. La Virgen escuchó las súplicas que el rey dirigió a una escultura de la Virgen con el Niño, implorando la lluvia, que se produjo en grandes cantidades y solucionó la gravedad del problema. Desde entonces, se le adjudicó la advocación de la Virgen de las Aguas y se creó una hermandad que alcanzó su mayor auge a mediados del siglo XVIII.
     De gran interés es la ancha cenefa pictórica que se encuentra orlando el exterior de este retablo de la Virgen de las Aguas, que debió de realizarse hacia 1754-1755, fecha en la que el dorador Francisco Lagraña realizó el dorado de este conjunto. No se ha podido precisar si este artista hizo también la orla pictórica al temple enmarcando el retablo, ya que siendo de profesión dorador y policromador, pudo subarrendar a otro artista la ejecución de las pinturas, que están atribuidas a Francisco Miguel Ximénez.
     En el exterior y orlando el retablo de la Virgen de las Aguas aparece un anchuroso repertorio de pinturas murales que se insertan en el arco en el que dicho retablo se encuentra rehundido. En estas cenefas figuran numerosas cohortes angélicas que, desde lo alto, arrojan flores a la Virgen de las Aguas, quien preside todo el conjunto. También otros ángeles, en los laterales, muestran banderas musulmanas con lanzas, trompetas, riendas de caballos, alfanjes y otras armas alegóricas a la conquista de Sevilla, en la que la Virgen de las Aguas protegió a las tropas cristianas de Fernando III. Otros ángeles presentan atributos marianos como Azucenas, Rosas, Olivo, Torre y Palmas.
     Todas estas pinturas que adornan el exterior del retablo de la Virgen de las Aguas, al igual que las que recubren el interior del camarín con su oratorio, presentan un estilo, que como ya hemos señalado antes, recuerda el de Francisco Miguel Ximénez quien, en su madurez, recibió claras influencias de Juan de Espinal, pintor que fue la figura principal del arte sevillano en la segunda mitad del siglo XVIII.
     En 1762, con el patrocinio del cardenal Solís, arzobispo de la ciudad, se adornó el camarín que se dispone detrás del retablo y que había sido construido en 1724; entonces se ejecutaron las pinturas murales de la escalera y el oratorio del mismo. El autor de estas pinturas debe ser también, probablemente, Francisco Miguel Ximénez, el mismo que debió de decorar el interior del camarín con escenas al temple alusivas a la grandeza del cardenal Solís, como devoto de la Virgen de las Aguas y, sobre todo, en la pequeña capilla de dicho camarín, donde se desarrolla un claro programa iconográfico que evoca el canto del Magnificat.
     La entrada a este camarín se hace a través del estrecho espacio de una escalera, cuyas paredes y bóveda se encuentra profusamente ornamentadas con pinturas murales. Aparecen, en principio, grupos de pequeños ángeles que sostienen símbolos alusivos marianos y, concretamente, a la advocación de Virgen de las Aguas; les acompañan también inscripciones relacionadas con este contexto.
     En el primer registro de los cuatro que se distribuyen en la bóveda figuran tres ángeles que sostienen una nave y un ancla, con la siguiente inscripción: NAVIS QUAE PERTRANSIT FLUCTUANTES AQUAS. Sap. 5, 9 (Como una nave que surca las aguas agitadas). El segundo registro muestra a dos pequeños ángeles derramando el agua de una concha, con la inscripción CONCHAM MORE IMPLEVIT. Iudic, 6, 38 (Y llenó una concha de rocío). El tercer registro está perdido en más de su mitad y en él se alude a la Virgen como fuente, dado que los ángeles sostienen una fuente con agua y la cartela señala FONS AQUARUM CUIUS NON DEFICIENT AQUAS. Isaías, 58 11 (Fuente cuyas aguas nunca faltarán); tanto las imágenes de los ángeles como la cartela se encuentran muy desprendidas, siendo difícil su correcta interpretación y lectura. En el cuarto registro se muestra a María como pozo, apareciendo dos ángeles en torno a un brocal con la siguiente inscripción PUTEUS AQUARUM VIVENTIUM. Cantar de los Cantares, 4, 15 (Pozo de aguas vivas).
     Para que la magnificencia del cardenal Solís no quedase en el olvido, en la pared frontal de la escalera, aparece el escudo de armas de este personaje, flanqueado por dos figuras alegóricas que están vinculadas a su personalidad espiritual y que son la Clemencia y la Liberalidad. Ambas aparecen acompañadas por una inscripción a sus pies; la Clemencia, que aparece en el lateral izquierdo, lleva una rama de laurel y sobre su cabeza figura una filacteria con la siguiente inscripción SUB IPSA ERUNT RADII SOLIS. Job, 41, 21 (Sobre ella estarán los rayos del Sol); la alegoría de la Liberalidad figura en el lado derecho, portando en sus brazos dos grandes cornucopias, de las que sobresalen magníficos frutos en una y monedas y joyas en la otra; sobre su cabeza otra filacteria señala la frase DE POMIS FRUCTUM SOLIS. Deuteronomio, 33, 14 (Con los mejores frutos que hace crecer el Sol). Adviértase cómo las frases de las filacterias contienen la palabra "solis" coincidente con el apellido del cardenal, al cual se eleva a la categoría del astro Sol.
     En el centro de este recuadro figura el gran escudo nobiliario del cardenal Solís, que constituye, sin duda, la mayor ostentación de nobleza que se conserva dentro del repertorio de imágenes pertenecientes al barroco sevillano. Este escudo está rematado por corona y cruz más el capelo cardenalicio; en los laterales, dos pequeños ángeles están en actitud de descorrer el manto de armiño que respalda el escudo para mostrarlo claramente a los espectadores. Cañones y banderas, simétricamente dispuestos, sirven de base a tan aparatoso escudo.
     También en las paredes de la escalera del camarín figura una bella representación mural de San Fernando implorando a la Virgen de las Aguas, en la escena de la petición de lluvias por parte del monarca durante la conquista de la ciudad. En la parte inferior aparece el campamento cristiano y, al fondo, el perfil de la ciudad de Sevilla con la Giralda.
     Finalmente, en el arranque de la escalera, figura un medallón pintado en el que tres pequeños ángeles volanderos sostienen un globo terráqueo rematado por una pequeña cruz.
     En la zona inferior de la escalera aparece la siguiente inscripción: Al Maremagnum volvieron los ríos con muchas medras / después que estas grandes Pied... / de otro Raudal recogieron / del Gran Solís las huvieron / cuia piedad desmedida / es corriente y tan crecida / que subió esta su... / porq. este azulejo... La parte inferior de la inscripción está prácticamente perdida y es ilegible.
     También en la escalera aparece otra inscripción que recuerda y ensalza los méritos del cardenal Solís como patrono y protector de este camarín de la Virgen de las Aguas; el texto es el siguiente: A SOLIS ORTU USQUE AD OCASUM LAUDABLE NOMEN EMus D. D. D. FRANCISCI DE SOLÍS FOLCH ET CARDONA SER. CARDINALIS ARCHIEPISCOPI HISPALENSIS AD EIUS IMPENDIA HOC MAGNIFICUM OPUS MERUIT CONSUMATIONIS SUAE VIDERE FINEM IN OBSEQUIUM S. S. ma. DEI GEINITRICIS MARIAE SUB CLARISSIMO TITULO DE LAS AGUAS ANNO DMI. MDCCLXII (Desde la salida del sol hasta el ocaso [será] digno de alabanza el nombre de D. Francisco de Solís Folch y Cardona, serenísimo cardenal arzobispo hispalense [que] a sus expensas pagó esta magnífica obra para ver el fin de su realización en obsequio de la santísima Madre de Dios María bajo la muy esclarecida advocación de Las Aguas en el año del señor de 1767).
     Una inscripción más referida a la restauración de este espacio, señala lo siguiente: Se renovó de un todo este camarín a costa de don Martín Fernández García, año de 1803.
     Todo el camarín está ricamente recubierto por abultadas yeserías doradas y azules, creando un pequeño espacio hermoso y recogido, aunque en él no haya pinturas de carácter figurativo, excepto pequeñas cabezas de ángeles mezcladas con abultadas guirnaldas y roleos vegetales.
     A la derecha del camarín se abre un pequeño oratorio provisto de un altar con un retablito del siglo XVII con la figura de la Virgen en su hornacina central y un Crucificado en el remate. La bóveda y las paredes están ocupadas por pinturas murales, en general mal conservadas y que, igualmente, presentan el estilo de Ximénez. Contienen estas pinturas un programa iconográfico destinado fundamentalmente a exaltar el cántico del Magnificat, recogido del texto de San Lucas, 1, 46-55, que tiene a la Virgen como absoluta protagonista.
     La bóveda de arista de este oratorio está dividida en cuatro segmentos, que tienen como centro una clave tallada en madera, en la que figura la paloma del Espíritu Santo. Los segmentos aparecen perfectamente delimitados por cuatro anchurosas molduras, en las que advierten elementos figurativos envueltos en cintas rococó y ángeles que sostienen guirnaldas de flores y cartelas en las que se identifica a los santos que destacaron en el pasado de la Iglesia por difundir y defender la grandeza de al Virgen María. Son San Anselmo, San Bernardo, San Juan de Capistrano, éste muy perdido, y San Buenaventura.
     La narración del Magnificat comienza en el segmento que aparece junto a la ventana, cuya iconografía está casi perdida. Queda visible la inscripción que señala: MAGNIFICAT ANIMA MEA DOM. (Proclama mi alma la grandeza del Señor). La segunda frase del Magnificat se recoge en el segmento contrario, cuya filacteria dice: ET EXULTAVIT SPIRITUS MEUS IN DEO SALUTARI MEO (Y se alegra mi espíritu en Dios mis Salvador); en la cartela aparece la Virgen arrodillada y recibiendo los dones del Espíritu Santo. En el tercer segmento, la filacteria señala GLORIA PATRI EN FILII ET... (Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo), figurando en la cartela, lógicamente la Santísima Trinidad. El cuarto segmento está oculto por el remate del retablo que preside el oratorio y de él solo emergen figuras de pequeños ángeles envueltos en flores.
     La transcripción del Magnificat iniciada en la bóveda prosigue en las paredes del oratorio, donde aparecen ocho registros, emparejados de dos en dos, en los que se muestran alegorías marianas en inscripciones que las describen.
     El primero de estos registros se encuentra en la cartela superior, en la que se lee: CUIA REPEXIT HUMILITATEM ANCILLA SUAE (Puesto que ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava).
     Detrás de una vitrina que hay ante esta escena pictórica, puede advertirse la figura de la Virgen arrodillada y dirigiéndose al cielo como intercesora; aunque la inscripción está oculta, el texto que le corresponde, extraído del Magnificat es OMNES GENERATIONES CUIA FECIT MIHI MAGNA (Y por eso todas las generaciones me llamaron bienaventurada).
     Los versos del Magnificat siguen repitiéndose en las paredes del oratorio, así, a la izquierda del retablo figuran dos cartelas con las siguientes filacterias: ET MISERICORDIA EIUS A PROGENIE IN PROGENIES TIMENTIBUS EIUM (Y su misericordia llegó a sus fieles de generación en generación); la escena muestra a la Virgen como intercesora al pie de la cruz y en diálogo con el Altísimo. En la zona inferior se señala FECIT POTENTIAM IN BRACHIO SUO DISPERSIT SUPERBOS MENTE CORDIS SUI (Él hizo proezas con su brazo, dispersó a los soberbios de corazón); en la cartela, el Niño Jesús en brazos de la Virgen alancea a un dragón infernal.
     A la derecha del retablo figuran otras dos cartelas con sus respectivas inscripciones. En la zona superior se lee DEPOSUIT PONTENTES DE SEDE, ET EXALTAVIT HUMILES (Derribó del trono a los poderosos y enalteció a los humildes); en la cartela, la Virgen con el Niño auspicia a San Miguel que lucha contra un ángel demoníaco. La cartela inferior indica ESURIENTES IMPLEVIT BONIS ET DIVITES DIMISIT INANES (A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos les despidió vacíos); la cartela muestra a la Virgen con el Niño luchando contra una voraz bestia que engulle a una criatura.
     Se concluye la narración del Magnificat con otras dos escenas emparejadas, que aluden al pueblo de Israel y a Abraham. En la primera, el texto señala SUSCEPIT ISRAEL PUERUM SUUM RECORDATUS MISERICORDIAE SUAE (auxilió a Israel su siervo acordándose de la misericordia); en la cartela, la Virgen aparece arrodillada suplicando ayuda a Cristo para el pueblo de Dios. La cartela inferior muestra este texto: SICUT LOCUTUS EST AD PATRES NOSTROS ABRAHAM EI SEMINI EIUS IN SAECULA (Como lo había prometido a nuestros padres, a favor de Abrahm y su descendencia por siempre); la cartela muestra a la Virgen con el Niño delante de Abraham, quien presenta un sacrificio ante ellos.
     Otros restos muy perdidos en las paredes muestran representaciones de San Juan Nepomuceno y San Francisco Javier (Enrique Valdivieso González, en Pintura Mural del Siglo XVIII en Sevilla. Fundación Sevillana Endesa. Sevilla, 2016).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Juan de Capistrano, presbítero;   
     Predicador franciscano del siglo XV.
   Nació en 1385 en Capestrano (en castellano el nombre de la localidad italiana de la provincia y distrito de Aquila, se transcribe de dos maneras: Capestrano y Capistrano), en los montes Abruzos (Abruzzi monti), y en 1415 ingresó en la orden franciscana.
   Discípulo y auxiliar de san Bernardino de Siena, en principio trabajó en Italia en la difusión del Nombre de Jesús. Desde 1451 hasta su muerte cum­plió misiones apostólicas en Europa central. Se empeñó en la conversión de los husitas de Bohemia. En todas las ciudades donde predicaba, hacía que llevasen a la plaza pública las pinturas obscenas, barajas, dados, pelucas ... y echaba  todo al fuego. Ese auto de fe, cuyo uso fuera introducido por Savonarola y san Bernardino de Siena, se llamaba el Incendio del castillo del diablo.
   Pero sobre todo es célebre por haber predicado en Viena la cruzada contra los turcos que habían ocupado Constantinopla en 1453. En 1456 el papa lo envió junto a Juan Hunyade (Hunyade Janos), quien defendía Belgrado contra el sultán Mohamed II. Murió en Hungría ese mismo año, después de haber presenciado  la victoria  de los ejércitos cristianos.
   Se le atribuían más de dos mil curaciones milagrosas. No obstante, su proceso de beatificación  se concluyó en 1679 y fue canonizado en 1690.
   Es patrón de Belgrado y de Viena.
ICONOGRAFÍA
   Vestido con hábito franciscano con una cruz roja estampada, lleva en la mano un estandarte blasonado con la sigla de Cristo que inventara San Bernardino de Siena, y los tres clavos de la Crucifixión. Encima de su cabeza brilla una estrella.
   Una pintura alemana de 1490 (Museo de Bamberg) lo representa  predicando la Hoguera de las vanidades, como al dominico Savonarola.
   Para recordar sus inflamadas prédicas contra los turcos, pisotea a un otomano con turbante o una cimitarra partida (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Francisco Miguel Ximénez, autor de la obra reseñada;
     Francisco Miguel Ximénez de Alanís, (Sevilla, 1717 – 1793). Pintor.
     Nació en Sevilla en 1717. De formación tradicional, obtenida en el taller de Domingo Martínez de acuerdo con el espíritu barroco tardío, evoluciona hacia un rococó cargado de estereotipos. Su producción es amplia y abarca los campos de la pintura de caballete y el dorado de retablos. En esta última faceta se han podido documentar varias obras, asociadas con algunos de los escultores y retablistas más relevantes del período, en especial Benito de Hita y Castillo y Julián Jiménez, como el retablo del Cristo atado a la columna de iglesia utrerana de Santa María de la Mesa. En 1727 aparece citado como oficial de pintor y avecindado en la collación de San Juan de la Palma, donde se inicia en el conocimiento de la pintura de feria.
     En 1761 pinta por encargo de la hermandad de la Carretería un cuadro con el que se celebraba el decreto de la Concepción, mostrando a La Inmaculada con Clemente XIII y Carlos III. Para esta misma congregación, hizo en 1788 las pinturas del arco triunfal que se levantó con motivo de la proclamación de Carlos IV. Al año siguiente hizo los retratos de Carlos IV y de María Luisa de Parma para la Academia de Medicina. Y en 1790 firma el cuadro que muestra a Paulo III concediendo la Bula de fundación a las religiosas del Espíritu Santo (convento del Espíritu Santo), en el que Ximénez más parece haberse interesado en el marco arquitectónico que en la representación de los personajes, por lo que trastoca el equilibrio compositivo y hace de lo accesorio un elemento principal. Ello responde, sin duda, a la creciente importancia que había adquirido entre los integrantes de la escuela el conocimiento de la arquitectura, haciendo gala en muchos de gran destreza en la interpretación del proyecto. Posiblemente este espíritu creativo tiene que ver con el maestro Domingo Martínez, que llegó a ser pintor y arquitecto de la Catedral. Prueba de ese interés es la pintura firmada con Perspectivas de edificios con varias figuras, que se encuentra en la Capitanía General de Sevilla. Pero el testimonio más claro de esta perfección formativa son las obras de la iglesia parroquial de Algodonales, donde intervino en 1786. El pintor se hizo cargo de diseñar el retablo donde iba a colocarse la imagen del Rosario “para cuyo efecto está hecho un plano por el insigne maestro de dibujo y primer director de la Real Academia de las Tres Vellas Artes de la dicha ciudad”. También la hermandad de las Ánimas quiso tener su propio aditamento, una estructura de madera realizada por Diego Meléndez, de acuerdo con el diseño de Ximénez “con arreglo a un plan delineado por el dicho Don Francisco Ximenez”. Ambos artífices se ocuparon de atender las mismas necesidades de la congregación de la Vera Cruz. Por último, tuvo parecida participación en el altar mayor, que se construiría “con arreglo a un excelente plano que por orden del mencionado Sr. vicario hizo”. Pocas veces se había visto con tanta claridad a un pintor implicado en la concepción de una estructura arquitectónica, en una circunstancia que había sido criticada cuando se había producido por intromisión profesional. 
   En línea con esta producción arquitectónica y asociada a la policromía de retablos, se encuentra la pintura mural, de la que se ha identificado un conjunto de Ximénez, la que decora los paramentos del cuerpo de iglesia del convento de San Clemente, ejecutada hacia 1770. Conjuga en esta obra una densa decoración en la que predominan las rocallas, con efigies de santos de la orden cisterciense y otras figuras de devoción, como San Ildefonso o San Esteban. La soltura con que Ximénez trabaja el temple induce a pensar en una producción mayor, que de momento no es conocida. A este respecto, recuerda Ceán Bermúdez que fue responsable de la decoración de la desaparecida iglesia de San Felipe Neri, de la que restan algunos lienzos, que han sido atribuidos en consecuencia al propio pintor y hoy se encuentran en San Alberto Magno, de los que se ha destacado el que representa a San Felipe Neri iniciando la construcción del Oratorio de Roma, donde se ha querido identificar un posible retrato del artista (Fernando Quiles García, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Juan de Capistrano", de Francisco Miguel Ximénez, en el Camarín de la Capilla de la Virgen de las Aguas, de la Iglesia Colegial del Divino Salvador, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Retablo de la Virgen de las Aguas, de la Iglesia Colegial del Divino Salvador, en ExplicArte Sevilla.

martes, 17 de septiembre de 2024

La pintura "Santa Columba", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santa Columba", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla.   
   Hoy, 17 de septiembre, en Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, Santa Columba, virgen y mártir, que en la persecución desencadenada por los musulmanes confesó espontáneamente su fe ante el juez y demás magistrados, por lo que fue decapitada frente a las puertas del palacio (853) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
       Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Santa Columba", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla.
     El Convento de San Clemente [nº 55 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 66 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Reposo, 9; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
   Esta pintura mural al seco que encontramos en la Iglesia del Convento de San Clemente fue realizada en estilo rococó en 1770 por Francisco Miguel Ximénez. Representa a Santa Columba, que viste hábito negro benedictino y arrodillada adopta una gesticulante actitud para recibir el ramo de azucenas de su virginidad y la corona, la palma y la espada ensangrentada de su martirio, que le traen los angelitos.
      Santa Columba menospreció el matrimonio que deseaba su familia, ingresó de monja en el monasterio benedictino de Tábanos en Córdoba, regido por su hermana la abadesa Isabel. Los musulmanes invadieron el monasterio en el año 853 y la degollaron junto con otras monjas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     De este monasterio cisterciense fundado por Alfonso X El Sabio se sabe que estaba construyéndose en 1255 y que se había concluido en 1260. En él se instaló una comunidad de monjas que procedían de la casa madre de las Huelgas Reales de Burgos. En el proceso de su fundación participó intensamente el obispo de Sevilla, don Remondo de Lozana, quien probablemente fue la persona que señaló que el convento estuviese bajo la advocación de San Clemente, pues fue en el día de su festividad cuando se conquistó la ciudad.  Posteriormente, en 1284, el Rey Alfonso X El Sabio, a instancias del Obispo Don Remondo, otorgó grandes privilegios al convento, puesto que en él profesaba una de sus hijas, doña Berenguela. Estos privilegios fueron confirmados posteriormente por Sancho IV, Fernando IV y Alfonso XI. En el siglo XV los Reyes Católicos renovaron, de nuevo, los privilegios de la comunidad, los cuales siguieron vigentes hasta el reinado de Carlos III en el siglo XVIII, ya que en 1770 patrocinó amplias reformas en el convento, sufragando, entre otros, el programa pictórico que cubre los muros del templo.
     La nave de la iglesia presenta un excepcional repertorio de elementos constructivos, puesto que está cubierta con un espléndido artesonado mudéjar de mediados del siglo XVII, cuyos zócalos llevan recubrimientos de magníficos azulejos que se han puesto en relación con el ceramista Roque Hernández.
     Hacia 1770, con recursos aportados por Carlos III, la comunidad de monjas cistercienses debió de contactar con el pintor sevillano Francisco Miguel Ximénez para que decorase los muros laterales de la nave. Esta realización artística había sido atribuida con anterioridad a Lucas Valdés, aunque puede comprobarse, tanto en el dibujo de las figuras, como en las orlas y molduras que las envuelven, que aparece claramente la impronta del estilo rococó.
     El actual conocimiento de la obra de Ximénez nos permite atribuirle esta decoración mural de la nave, en la cual se formula un homenaje de triunfo y gloria a la historia de las órdenes benedictina y cisterciense, representando allí a todos sus santos, a los que se añade la presencia de las principales figuras del santoral sevillano.
     En el muro izquierdo, y comenzando su recorrido siguiendo la disposición tradicional de izquierda a derecha, encontramos, en primer lugar, un grupo de tres santas formado por Santa Umbelina, Santa Columba y Santa Franca. En un medallón irregular de perfil rococó figura San Isidoro en la escena en la que se le aparece a San Fernando, durante el proceso de reconquista de la ciudad de Sevilla. Encima, aparece otro medallón con la imagen de San Alberico en el momento de recibir un hábito blanco de manos de la Virgen. Después, encontramos a Santa Cunegunda y Santa Matilde seguidas de otro medallón donde vemos a San Ildefonso, arzobispo de Toledo, en el acto de recibir la casulla que le entregó la Virgen; la presencia de este santo dentro de la iconografía de la orden se debe a que en su juventud, en Toledo, patrocinó la construcción de un templo de monjas benedictinas. En lo alto, observamos otro medallón oval donde se representa a San Esteban Harding, tercer abad del Císter en el episodio milagroso en que la Virgen le entrega un cíngulo como emblema de castidad. El recorrido pictórico mural de esta nave izquierda culmina con las figuras de Santa Gertrudis La Menor, flanqueada por Santa Juliana y Santa Aleyda.
     En el muro derecho  la decoración  pictórica prosigue con la descripción de las principales devociones benedictinas y cistercienses y, por ello, en primer lugar se representa a Santa Edeltrudis y a Santa Edita, a los lados de Santa Lutgarda. En un medallón de la parte inferior aparece San Anselmo, obispo de Canterbury y, en otro que figura en la parte superior vemos a San Plácido en la escena de su martirio. En el centro de este muro derecho se representa a Santa Isabel de Esconauguía y a Santa Hildegarda; ambas flanquean a una Santa cuyo título está barrido y no se puede identificar. En otro medallón aparece, seguidamente, San Leandro, sobre el cual figura otro con la representación de San Mauro en el momento de salvar a su compañero, San Plácido, de perecer ahogado en el lago Subiaco. En el último tramo pictórico de este muro derecho está Santa Florentina, hermana de San Isidoro y San Leandro, y Santa Escolástica, figurando en el centro Santa Eduvigis (Enrique Valdivieso González, en Pintura Mural del Siglo XVIII en Sevilla. Fundación Sevillana Endesa. Sevilla, 2016).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto, e Iconografía de Santa Columba, virgen y mártir;
     El nombre de pila y sustantivo Colombe (cast.: Paloma) en Francia sirve para el culto del Espíritu  Santo. Numerosas  abadías estaban puestas bajo la advocación de la Sainte Colombe (Santa Paloma. En castellano, las santas que tuvieron como nombre de pila el francés Colombe se tradujeron Columba, y también Coloma y Comba) (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Santa Columba, virgen y mártir
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     Santa Columba (Córdoba, p. m. s. IX – 7 de noviembre de 853). Mártir y santa.
     Pertenecía a una noble familia cordobesa que deseaba para ella un ventajoso matrimonio. Sin embargo, Columba se sintió atraída por el estado de la virginidad, estimulada por el ejemplo de su hermana Isabel, quien mantenía perfecta continencia junto a su marido, Jeremías. Al morir repentinamente la madre, Columba se retiró al monasterio tabanense, un cenobio dúplice fundado por su hermana, donde también vivieron Jeremías y Martín, hermano de Isabel y Columba.
     Allí se dedicó al estudio de la Biblia, llevando una vida austera y retirada, pues incluso solicitó y obtuvo una celda apartada del resto de las monjas. Enterada de la persecución desatada contra los cristianos, salió del monasterio y se presentó voluntariamente en casa del cadí, donde confesó su fe cristiana y arremetió contra las doctrinas coránicas. Irritado el cadí y sus acompañantes por su insolencia, fue degollada a las puertas del alcázar y su cuerpo arrojado inmediatamente al Guadalquivir. Unos monjes pudieron recuperar su cuerpo y lo enterraron en la basílica de Santa Eulalia de Fragellos. Los cristianos cordobeses celebraban su fiesta el 31 de diciembre, por confusión con otra santa del mismo nombre, Columba de Sens (Miguel C. Vivancos Gómez, OSB, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre el Convento de San Clemente, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 16 de junio de 2024

La pintura "Santa Lutgarda", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santa Lutgarda", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla.   
     Hoy, 16 de junio, en el monasterio de monjas cistercienses de Aywières, en Brabante, territorio de la actual Bélgica, Santa Lutgarda, virgen, insigne por su devoción al Sagrado Corazón del Señor (1246) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
       Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Santa Lutgarda", de Francisco Miguel Ximénez, en la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla.
   El Convento de San Clemente [nº 55 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 66 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Reposo, 9; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
     Esta pintura mural al seco que encontramos en la Iglesia del Convento de San Clemente fue realizada en estilo rococó en 1770 por Francisco Miguel Ximénez. Representa a Santa Lutgarda, natural de Brabante, se consagró a los doce años como monja cisterciense. Tuvo numerosas visiones celestiales de Jesucristo. Elegida priora del Convento de Santa Catalina, su vida se quedó como ejemplo para el Císter. 
     La santa aparece arrodillada en éxtasis, con las manos unidas ante el pecho. Dirige su rostro hacia su derecha, para recibir el alimento que le trae un ave; mientras, en la zona inferior derecha, un ángel le sostiene la cruz y los instrumentos de la Pasión de Cristo, y otro juguetea con unas flores (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     De este monasterio cisterciense fundado por Alfonso X El Sabio se sabe que estaba construyéndose en 1255 y que se había concluido en 1260. En él se instaló una comunidad de monjas que procedían de la casa madre de las Huelgas Reales de Burgos. En el proceso de su fundación participó intensamente el obispo de Sevilla, don Remondo de Lozana, quien probablemente fue la persona que señaló que el convento estuviese bajo la advocación de San Clemente, pues fue en el día de su festividad cuando se conquistó la ciudad.  Posteriormente, en 1284, el Rey Alfonso X El Sabio, a instancias del Obispo Don Remondo, otorgó grandes privilegios al convento, puesto que en él profesaba una de sus hijas, doña Berenguela. Estos privilegios fueron confirmados posteriormente por Sancho IV, Fernando IV y Alfonso XI. En el siglo XV los Reyes Católicos renovaron, de nuevo, los privilegios de la comunidad, los cuales siguieron vigentes hasta el reinado de Carlos III en el siglo XVIII, ya que en 1770 patrocinó amplias reformas en el convento, sufragando, entre otros, el programa pictórico que cubre los muros del templo.
     La nave de la iglesia presenta un excepcional repertorio de elementos constructivos, puesto que está cubierta con un espléndido artesonado mudéjar de mediados del siglo XVII, cuyos zócalos llevan recubrimientos de magníficos azulejos que se han puesto en relación con el ceramista Roque Hernández.
     Hacia 1770, con recursos aportados por Carlos III, la comunidad de monjas cistercienses debió de contactar con el pintor sevillano Francisco Miguel Ximénez para que decorase los muros laterales de la nave. Esta realización artística había sido atribuida con anterioridad a Lucas Valdés, aunque puede comprobarse, tanto en el dibujo de las figuras, como en las orlas y molduras que las envuelven, que aparece claramente la impronta del estilo rococó.
     El actual conocimiento de la obra de Ximénez nos permite atribuirle esta decoración mural de la nave, en la cual se formula un homenaje de triunfo y gloria a la historia de las órdenes benedictina y cisterciense, representando allí a todos sus santos, a los que se añade la presencia de las principales figuras del santoral sevillano.
     En el muro izquierdo, y comenzando su recorrido siguiendo la disposición tradicional de izquierda a derecha, encontramos, en primer lugar, un grupo de tres santas formado por Santa Umbelina, Santa Columba y Santa Franca. En un medallón irregular de perfil rococó figura San Isidoro en la escena en la que se le aparece a San Fernando, durante el proceso de reconquista de la ciudad de Sevilla. Encima, aparece otro medallón con la imagen de San Alberico en el momento de recibir un hábito blanco de manos de la Virgen. Después, encontramos a Santa Cunegunda y Santa Matilde seguidas de otro medallón donde vemos a San Ildefonso, arzobispo de Toledo, en el acto de recibir la casulla que le entregó la Virgen; la presencia de este santo dentro de la iconografía de la orden se debe a que en su juventud, en Toledo, patrocinó la construcción de un templo de monjas benedictinas. En lo alto, observamos otro medallón oval donde se representa a San Esteban Harding, tercer abad del Císter en el episodio milagroso en que la Virgen le entrega un cíngulo como emblema de castidad. El recorrido pictórico mural de esta nave izquierda culmina con las figuras de Santa Gertrudis La Menor, flanqueada por Santa Juliana y Santa Aleyda.
     En el muro derecho  la decoración  pictórica prosigue con la descripción de las principales devociones benedictinas y cistercienses y, por ello, en primer lugar se representa a Santa Edeltrudis y a Santa Edita, a los lados de Santa Lutgarda. En un medallón de la parte inferior aparece San Anselmo, obispo de Canterbury y, en otro que figura en la parte superior vemos a San Plácido en la escena de su martirio. En el centro de este muro derecho se representa a Santa Isabel de Esconauguía y a Santa Hildegarda; ambas flanquean a una Santa cuyo título está barrido y no se puede identificar. En otro medallón aparece, seguidamente, San Leandro, sobre el cual figura otro con la representación de San Mauro en el momento de salvar a su compañero, San Plácido, de perecer ahogado en el lago Subiaco. En el último tramo pictórico de este muro derecho está Santa Florentina, hermana de San Isidoro y San Leandro, y Santa Escolástica, figurando en el centro Santa Eduvigis (Enrique Valdivieso González, en Pintura Mural del Siglo XVIII en Sevilla. Fundación Sevillana Endesa. Sevilla, 2016).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Lutgarda, virgen
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     Mística cisterciense nacida en 1182, religiosa de Saint Trond. Murió en 1246 en el monasterio de Ayvières, en Brabante, dependiente de la abadía de Aulne. En 1235 Santa Lutgarda quedó ciega.
     Mientras estaba en éxtasis, Santa Osanna de Jouarre le habría revelado su nombre y su historia.
     Durante el acceso febril que precedió a su muerte, creyó ver a Cristo en la cruz, quien desclavaba una de sus manos para atraerla hacia él y hacerle besar la herida de su costado.
     Esta leyenda repite la visión análoga de San Francisco de Asís.
     El intercambio de corazones es otro tópico de la hagiografía mística.
     En el siglo XVIII esta mística de Brabante se hizo popular en Bohemia.
     Sus atributos son el crucifijo y un rosario. Mientras ella estaba arrodillada ante el crucifijo, un chorro de sangre que brotó de la herida de Cristo le humedeció los labios. La escena forma pareja con la lactancia mariana de San Bernardo  de Claraval (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Francisco Miguel Ximénez, autor de la obra reseñada;
     Francisco Miguel Ximénez de Alanís, (Sevilla, 1717 – 1793). Pintor.
     Nació en Sevilla en 1717. De formación tradicional, obtenida en el taller de Domingo Martínez de acuerdo con el espíritu barroco tardío, evoluciona hacia un rococó cargado de estereotipos. Su producción es amplia y abarca los campos de la pintura de caballete y el dorado de retablos. En esta última faceta se han podido documentar varias obras, asociadas con algunos de los escultores y retablistas más relevantes del período, en especial Benito de Hita y Castillo y Julián Jiménez, como el retablo del Cristo atado a la columna de iglesia utrerana de Santa María de la Mesa. En 1727 aparece citado como oficial de pintor y avecindado en la collación de San Juan de la Palma, donde se inicia en el conocimiento de la pintura de feria.
     En 1761 pinta por encargo de la hermandad de la Carretería un cuadro con el que se celebraba el decreto de la Concepción, mostrando a La Inmaculada con Clemente XIII y Carlos III. Para esta misma congregación, hizo en 1788 las pinturas del arco triunfal que se levantó con motivo de la proclamación de Carlos IV. Al año siguiente hizo los retratos de Carlos IV y de María Luisa de Parma para la Academia de Medicina. Y en 1790 firma el cuadro que muestra a Paulo III concediendo la Bula de fundación a las religiosas del Espíritu Santo (convento del Espíritu Santo), en el que Ximénez más parece haberse interesado en el marco arquitectónico que en la representación de los personajes, por lo que trastoca el equilibrio compositivo y hace de lo accesorio un elemento principal. Ello responde, sin duda, a la creciente importancia que había adquirido entre los integrantes de la escuela el conocimiento de la arquitectura, haciendo gala en muchos de gran destreza en la interpretación del proyecto. Posiblemente este espíritu creativo tiene que ver con el maestro Domingo Martínez, que llegó a ser pintor y arquitecto de la Catedral. Prueba de ese interés es la pintura firmada con Perspectivas de edificios con varias figuras, que se encuentra en la Capitanía General de Sevilla. Pero el testimonio más claro de esta perfección formativa son las obras de la iglesia parroquial de Algodonales, donde intervino en 1786. El pintor se hizo cargo de diseñar el retablo donde iba a colocarse la imagen del Rosario “para cuyo efecto está hecho un plano por el insigne maestro de dibujo y primer director de la Real Academia de las Tres Vellas Artes de la dicha ciudad”. También la hermandad de las Ánimas quiso tener su propio aditamento, una estructura de madera realizada por Diego Meléndez, de acuerdo con el diseño de Ximénez “con arreglo a un plan delineado por el dicho Don Francisco Ximenez”. Ambos artífices se ocuparon de atender las mismas necesidades de la congregación de la Vera Cruz. Por último, tuvo parecida participación en el altar mayor, que se construiría “con arreglo a un excelente plano que por orden del mencionado Sr. vicario hizo”. Pocas veces se había visto con tanta claridad a un pintor implicado en la concepción de una estructura arquitectónica, en una circunstancia que había sido criticada cuando se había producido por intromisión profesional. 
   En línea con esta producción arquitectónica y asociada a la policromía de retablos, se encuentra la pintura mural, de la que se ha identificado un conjunto de Ximénez, la que decora los paramentos del cuerpo de iglesia del convento de San Clemente, ejecutada hacia 1770. Conjuga en esta obra una densa decoración en la que predominan las rocallas, con efigies de santos de la orden cisterciense y otras figuras de devoción, como San Ildefonso o San Esteban. La soltura con que Ximénez trabaja el temple induce a pensar en una producción mayor, que de momento no es conocida. A este respecto, recuerda Ceán Bermúdez que fue responsable de la decoración de la desaparecida iglesia de San Felipe Neri, de la que restan algunos lienzos, que han sido atribuidos en consecuencia al propio pintor y hoy se encuentran en San Alberto Magno, de los que se ha destacado el que representa a San Felipe Neri iniciando la construcción del Oratorio de Roma, donde se ha querido identificar un posible retrato del artista (Fernando Quiles García, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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