Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

Mostrando entradas con la etiqueta San Onofre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Onofre. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de enero de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de San Onofre, y Ruinas del Convento de San Onofre) de la localidad de La Lapa, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Onofre, y Ruinas del Convento de San Onofre) de la localidad de La Lapa, en la provincia de Badajoz.
     Ocupa un asentamiento llano al pie de la sierra de su nombre, entre Salvatierra, Feria y Zafra.
     Morfológicamente compone un reducido caserío de pequeñas casas blancas, recoleto y apacible.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 8,1 Km2
     Altitud: 469 m.
     Distancia Capital: 85 Km.
     Partido Judicial: Zafra
     Comarca: Zafra - Río Bodión
     Gentilicio: Lapeño
Ayuntamiento de La Lapa
     Calle de la Iglesia, 5
     06391 La Lapa (Badajoz)
     Teléfono: 924551452
     Fax: 924554418
     Web: www.lalapa.es
Historia.-
    El nombre de La Lapa deriva del portugués Lapa, que en español significa Cueva, Gruta.
     Se llama así porque en el convento dedicado al patrón de la localidad San Onofre, hay una pequeña cueva que por su situación estaba continuamente manando gran cantidad de agua, que al caer, según algunos escritos, se convertía en dura roca.
     Este convento, antes de reconstruirse como tal, fue una ermita y la mandó construir el primer Conde de Feria, Don Lorenzo Suárez de Figueroa en el año 1447, pero su verdadera fundación como Casa Xonsasgrada a la contemplación, tuvo lugar por medio de la Bula Exposcit Tuae Devotionis, promulgada por el Papa Inocencio VIII y fecha en Roma el 5 de marzo de 1489 y dirigida al Conde Don Gómez Suárez de Figueroa.
     La pequeña ermita y después el resto del convento, fue dedicado desde su fundación a la titularidad y venerable memoria de San Onofre, un anacoreta y penitente solitario que había vivido a finales del siglo IV en el desierto de Egipto, cerca de la ciudad de Tebas; con el tiempo, lo que en un principio fue ermita para personas piadosas devotas de San Francisco, fue convertida en monasterio de franciscanos y empezó a pertenecer a la Provincia de Observantes, llamada de Santiago, como dependiente del convento de San Benito de Zafra, también fundado por la Casa de Feria.
     Unos años después, en el año 1507, este convento pasó a pertenecer a la Custodia del Santo Evangelio, que así se llamaba en un principio la Provincia Descalza de San Gabriel, pero los Observantes del convento de San Benito de Zafra, tomaron para sí de nuevo el mando y la administración del mismo y lo retuvieron hasta el año 1517.
     El lugar donde se asentaba el convento, ayer como hoy, es uno de los más hermosos y evocadores de todo el partido judicial. Con todo ello convidaba a practicar el recogimiento y el ascetismo de los anacoretas, ya que en su entorno se alzaban hasta cuatro ermitas. Dos de estas ermitas habían sido anteriores a la llegada de los frailes. Una de ellas estaba construida muy toscamente y estaba dedicada al ermitaño San Onofre, nombre que posteriormente, se le dio a todo el complejo monástico. La otra ermita, adornada con bellos azulejos, la mandó hacer la Duquesa de Feria, una noble y devota inglesa, llamada Dª Juana Dormer, que fue la bienhechora de este convento; a esta ermita la bendijo y la consagró el entonces obispo de Badajoz, que hoy es conocido como San Juan de Ribera.
     Los Condes y Duques de Feria, constituidos en Patronos del Convento desde su fundación, no dejaron de favorecerlo continuamente, realizando importantes obras en él, particularmente después de un incendio que dejó asolado el edificio.
     En el año 1583, el Duque de Feria, Don Lorenzo Suárez de Figueroa, mandó hacer a su costa, dorar el retablo del altar mayor, siendo guardián de San Onofre el padre Fray Juan de Frías, y en 1589 reedificó y amplió el convento de La Lapa, convirtiéndolo en uno de los mejores de la provincia, donando Dª Juana Dormer, esposa del Conde Don Gómez, la custodia, ciriales y el palio.
     La persona que realmente dio fama de santidad a este lugar, por haber ejercido de Padre Guardián en él durante unos años, fue San Pedro de Alcántara, declarado juntamente con la Virgen de Guadalupe, excelso "Patrono de Extremadura".
     En 1532, por renuncia de Fray Diego de Chaves, San Pedro de Alcántara fue elegido Guardián del Convento de San Onofre de La Lapa, donde permaneció en este cargo hasta 1535, al ser nombrado Definidor General de la Orden.
     Durante su guardianía tuvo que intervenir como parte activa en el pleito que la provincia de Santiago promovió contra la de San Gabriel en 1538, para arrebatarle los conventos que años antes había sido obligada a devolverle, teniendo que echar mano de un breve que ocho años antes impetrara del Papa Urbano VIII, Fray Ángel de Valladolid, y de este modo, consiguieron mantener dichas casas.
     Su espíritu de penitencia, le llevó a considerar este cenobio y monasterio como un lugar muy a propósito, para ejercitarse en severas penitencias. Testigo de este espíritu ascético fue la pequeña ermita del monasterio de La Lapa, dedicada a San Juan Evangelista, a donde acudía frecuentemente a orar y a azotarse, de tal manera que, las paredes de aquel pequeño recinto quedaron salpicadas con la sangre del Santo y dichas huellas permanecían indelebles por mucho tiempo. Dicha ermita fue bendecida, a ruegos de los Santos, por el Ilmo. Don Juan de Ribera, Obispo de Badajoz, luego Arzobispo de Valencia y Patriarca de Antioquía.
     Durante los años de su estancia en el convento, San Pedro de Alcántara escribió su inspirada obra contemplativa, conocida con el título de "Tratado de la Oración y Meditación" que tanta fama le dió en el conjunto de los autores de la mística española.
     El 16 de febrero de 1836, se publicó el Decreto de la Desamortización de Mendizábal por el que quedan declarados en venta todos los bienes de cualquier clase que hubieren pertenecido a comunidades y corporaciones religiosas extinguidas. Desde aquel momento, el Gobierno desamortizador se incautó de este Monasterio de San Onofre, arrojando fuera de su propia casa a ocho religiosos.
     Parece ser que cuando el 24 de octubre de 1942 la villa de La Lapa se separó de la jurisdicción de Zafra, constituyéndose como municipio emancipado e independiente, el Gobierno cedió los locales del Monasterio al nuevo Ayuntamiento que se creaba entonces, y la iglesia del mismo se habilitó como parroquia, el 5 de febrero de 1843, destinando el resto del edificio a casas consistoriales, cárcel y cementerio.
     Cuando el paso inclemente de los años fue destruyéndose lo que restaba del monasterio abandonado y de su viejo templo; una nueva iglesia parroquial fue construida a finales del siglo XIX, en un lugar más cercano a las casas de los vecinos, y algo alejada de las ruinas del viejo convento.
     En medio de aquel entorno campestre y montañoso, apenas restan ya algunos de los muros, que constituyeron el complejo que formaban el convento de San Onofre y sus ermitas. Un camino empinado, que aún conserva su calzada de piedra, nos conduce hacia aquel evocador lugar, entre hermosos olivares que retuercen sus raíces por entre los restos de las piedras, y que se levantaban en forma de paredes sagradas. Sin embargo, todo es ruina y desolación en torno a lo que resta de aquel convento, sólo sigue igual que antes, gigante y solemne, su bello paisaje y el entorno campestre, con la categoría y la autenticidad que le presta la falta de civilización actual, después de haber desaparecido por completo la que antes había existido (Diputación Provincial de Badajoz).
Monumentos.-
Iglesia Parroquial de San Onofre
     Su construcción es moderna, habiendo sido levantada en 1843. Se configura como un edificio de pequeñas proporciones con planta rectangular; interiormente se compartimenta en nave de tres tramos, cubierta con bóveda de lunetos, a la que se abren capillas laterales.
Ruinas del antiguo Convento de San Onofre
     En 1447, Don Lorenzo Suárez de Figueroa fundó una ermita dedicada a San Onofre y más tarde sus sucesores levantaron en torno a ella un monasterio que acogió a los Franciscanos Descalzos. Están situadas en la sierra próxima, ocupando una atalaya cubierta de olivos, jaras, zumacales y huertas que configuran un medio ambiental de extraordinario atractivo. Las maltrechas ruinas relevan una instalación muy compleja compuesta por iglesia, claustro, mirador, alberca, celdas, refectorio y otras dependencias (Diputación Provincial de Badajoz).

               Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Onofre, y Ruinas del Convento de San Onofre) de la localidad de La Lapa, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 12 de junio de 2024

La Capilla de la Virgen de la Granada, o de San Onofre, de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de la Virgen de la Granada, o de San Onofre, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.      
     Hoy, 12 de junio, en Egipto, Memoria de San Onofre, anacoreta, que en el vasto desierto llevó vida religiosa por espacio de sesenta años (400) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Capilla de la Virgen de la Granada, o de San Onofre, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla
     La Catedral de Santa María de la Sede [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
      En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de la Virgen de la Granada, o de San Onofre [nº 115 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Su advocación antigua fue de San Cristóbal, siendo sustituida a partir de la construcción de la parroquia del Sagrario por la actual, que fue titular de una hermandad. Fue dotada en 1369 de la Era; en 1607 la dotó nuevamente doña María de Guzmán, viuda de Lázaro de Cózar. En alto, existe una representación del Calvario, llamada "Cristo de los Escobones". Esta Capilla tiene varios ámbitos superpuestos a los que se accede por dos tortuosos caracoles, situados en el ángulo Sureste (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
     En el Patio de los Naranjos en sí, es decir la parte descubierta, apenas si ha sufrido cambios en el transcurso de los siglos pero sí sus galerías. En los primeros momentos esta fueron colmatándose por medio de capillas de las que, permanece la de la Virgen de la Granada, al pie de la Giralda, y restos de otras (Alfonso Jiménez Martín, El Patio de los Naranjos y la Giralda, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1991).
     En 1638, se hizo nuevo acceso a la biblioteca desde el patio de los Naranjos, con amplia escalera de ladrillo y puerta principal de entrada en la planta alta al terminar el último tramo de escalera; de esta manera se suprimió la antigua y estrecha puerta de ingreso que estaba junto a la capilla de la Granada en el indicado patio de los Naranjos (Jorge Bernales Ballesteros, La Biblioteca Capitular y Colombina, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1991).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Onofre, anacoreta:
LEYENDA
   Supuesto hijo de un rey de Persia (o de Abisinia) que en el siglo IV se hizo ermitaño en la Tebaida.
   Su padre oyó las pérfidas insinuaciones del demonio disfrazado de peregrino, quien le dio a entender que el niño que pariría la reina sería un bastardo y que sería fácil probarlo exponiéndolo al fuego.
   El niño, arrojado a un brasero encendido, salió incólume del fuego, y con esta ordalía probó que era un hijo legítimo. Un ángel ordenó al rey hacer­lo bautizar con el nombre Onofre.
   Criado en un convento egipcio, el joven Onofre fue amamantado durante tres años por una cierva blanca (cerva alba).
   Ofreció un pan a la imagen del Niño Jesús que ingenuamente se quejaba de no tener qué comer; en cambio recibió un pan tan grande que se necesitó la fuerza de numerosos monjes para llevarlo.
   Dejó el convento donde lo criaran para convertirse en ermitaño. Una columna de fuego guió su marcha. El anacoreta Hermeo le condujo a una gruta cerca de la cual corría una fuente a la sombra de una palmera.
   Vestido sólo con sus largos pelos que cubrían completamente su cuerpo descarnado de asceta, y por su desmesurada barba, con un ceñidor de hojas atado en la cintura, el nuevo Adán, durante sesenta años vivió de los dátiles de su palmera y del pan que le llevaba un ángel quien, cada domingo, le administraba la santa comunión.
   El ermitaño Pafnucio, al ver a Onofre por primera vez, más parecido a un chimpancé que a un hombre, lo tomó por un animal feroz y huyó espan­tado. Pero Onofre lo tranquilizó y le contó su vida.
   Cuando murió, un coro de ángeles le tributó los honores fúnebres. Su alma ascendió al cielo en forma de paloma blanca (subspecie columbae candidae). La mayoría de estas circunstancias se copiaron de la leyenda de san Pablo ermitaño y de santa María Egipcíaca.
CULTO
   La ciudad de Munich se jactaba de poseer las reliquias de san Onofre. Venerado por los jerónimos que le dedicaron un monasterio en Roma, sobre el Janículo, san Onofre era invocado, igual que santa Bárbara, contra la muerte repentina sin confesión, a causa del ángel que regularmente le llevaba el Santo Viático, de ahí su popularidad durante la Edad Media. Como se había tejido una túnica con hojas de palmera, era el patrón de los tejedores. En Florencia, la corporación de los tintoreros (tintori di lana, Fürberzundt) se había puesto bajo su protección.
ICONOGRAFÍA
   Se lo representa como un salvaje (wilder Mann), y con los rasgos de un anciano descarnado,  cubierto de pelos de pies a cabeza, con una larga bar­ba bífida que desciende entre sus piernas.
   Se asemeja a un viejo orangután, tanto más por cuanto a veces anda a cuatro patas perseguido por perros. Como toda vestimenta tiene un ceñidor de hojas de palmera trenzadas, y a veces sólo un simple sarmiento de vid. Es el equivalente masculino de santa María Egipcíaca con quien forma pareja.
   Los hombres salvajes (uomini selvatici; wild men), es decir, los hombres de los bosques y selvas, vestidos con pieles, como los faunos y los sátiros de la mitología griega, son un tema muy frecuente en el arte de finales de la Edad Media.
   San Onofre, junto a san Juan Crisóstomo, el tipo más popular de los anacoretas hirsutos o velludos (pilosi, hairy men) de Oriente.
      Se lo ha representado con una corona tirada a sus pies, que recuerda su pretendido origen real, y una calavera que recuerda su penitencia. Pero su atributo característico, que comparte con santa Bárbara, es el cáliz rematado en una hostia que simboliza su comunión dominical. Un cuervo le lleva a diario un pan en el pico (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de la Virgen de la Granada, o de San Onofre, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 29 de abril de 2022

Un paseo por la calle Medina y Galnares

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Medina y Galnares, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 29 de abril, es el aniversario del fallecimiento (29 de abril de 1959) en accidente de aviación, de Francisco Galnares Sagastizábal y Fernando Medina Benjumena, a quienes está dedicada esta vía, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Medina y Galnares, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Medina y Galnares es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en los Barrios de La Bachillera, y de San Jerónimo, en el Distrito Norte; y va de la glorieta Los Ferroviarios, al inicio de la carretera A-8002.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     La vía, en este caso una calle, está dedicada a Fernando Medina y Francisco Galnares, fallecidos en accidente aéreo, gerente y director de la empresa ISASA, que tenía en dicha vía su sede.
     Es conocida como camino a Cantillana o carretera a Alcalá del Río hasta que se urbaniza, ya que constituye la salida hacia esas localidades y otras de su vega. En 1959 se rotula con el nombre de Vascongadas, como otras de San Jerónimo, que entonces reciben nombres de regiones y provincias españolas. En 1961, a propuesta de la empresa Industrias Subsidiarias de Aviación (Isa, S.A.), que tenía allí sus establecimientos in­dustriales, se le da el que actualmente conserva, en memoria de Fernando Medina Benjumea, conde de Campo Rey, y Francisco Galnares Sagastizábal, gerente y director respectivamente de dicha empresa y que habí­an fallecido en accidente aéreo.
     Camino rural, como queda dicho, su proceso espontáneo de urbanización tiene lugar a raíz de la construcción del tendido ferroviario con destino en la estación de la plaza de Armas, a mediados del siglo pasado. Este hecho da lugar a la ocupación de los terrenos aledaños por instalaciones ferroviarias, a la formación de una zona industrial en los primeros años de esta centuria, y a la aparición de viviendas de autoconstrucción y carácter marginal, ocupadas por inmigrantes recién llegados a la ciudad y que allí se instalan en busca de empleo. En la década de 1930 toda la acera de los pares se encuentra ocupada por instalaciones fabriles, con predominio de industrias pesadas y contaminantes, tales como explosivos, refinería de petróleo, fábrica de losetas de as­falto, vidrios e hierros, mientras que las viviendas de autoconstrucción se encuentran adosadas a estas construcciones industriales o se desarrollan en la cuña existente entre la confluencia de esta calle con Cataluña y Navarra, permaneciendo sin ocupar todo el resto de la acera de los impares. Hasta 1951 no se redactó el primer proyecto de parcelación y urbanización y las viviendas carecían de los servicios e infraestructuras urbanísticas básicos. Su función industrial se va a consolidar a partir de 1938 cuando se esta­blece allí la empresa Isa, S.A. Su configuración morfológica y funcional puede darse por concluida en la década de los sesenta con la creación del Polígono Industrial San Jerónimo, situado entre la vía del ferrocarril y la acera derecha de esta calle; la construcción de un barrio para la clase obrera por iniciativa del Patronato de Casas Baratas en la acera opuesta; y la construcción de un puente que salva la vía ferroviaria, como consecuencia de lo cual las primeras casas de la calle quedaron bajo el puente.
     Actualmente Medina y Galnares es una vía a medio camino entre calle urbana y carretera, ya que su prolongación es directamente la carretera 433 (actual A-8002), que se dirige a los núcleos de la Vega y Sierra Norte de Sevilla; posee calzada de asfalto con cuatro carriles para la circulación rodada, separada por una mediana central, donde se sitúan las farolas de báculo con dos brazos. Su acera derecha, por donde confluyen las calles Cigala al comienzo y Almirante Valdés en la parte final, está dominada por las instalaciones fabriles de la empresa Fasa-Renault; después de la expansión de los sesenta y primeros años de la década siguiente, la actividad industrial quedó estancada y apenas se han producido modificaciones significativas en el polígono industrial; quedan algunas edificaciones correspondientes a  las viviendas de autoconstrucción, de una o dos plantas, de la primera mitad de la centuria, muy deterioradas, algunas cerradas y otras reutilizadas como naves, talleres, bares e incluso una Casa del Pueblo; al final de la calle se sitúa una gasolinera. La acera opuesta, a la que confluyen Extremadura, Cataluña, Pulpo, Carpa, Mero, Calamar, Sardina y Corvina, está constituida mayoritariamente por los bloques de viviendas de cuatro plantas del Patronato, también conocidas como Tercias por los terrenos rurales sobre los que se levantan. En la primera parte hay además viviendas de autoconstrucción, asimismo muy deterioradas, y al final de la calle en 1980 se construyó un ambulatorio de la Seguridad Social. La desaparición del tendido ferroviario que llegaba a la estación de plaza de Armas, cerrada en 1990, tendrá que suponer en plazo breve una remodelación que afectará a esta calle, con la desaparición del puente construido para salvar la vía, y la sustitución del caserío de esta primera parte de la calle [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
HUMILLADERO DE SAN ONOFRE
. Pasada la barriada de San Jerónimo, en el camino de La Rinconada y Alcalá del Río, se encuentra una sencilla construcción de sillería, en forma de templete, restaurada en 1916, donde en épocas pasadas se veneraba  a San Onofre. Consta de cuatro pilares sobre los que apean arcos apuntados, y se cierra con una bóveda de nervadura [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia de Medina y Galnares, quienes merecieron ser recordados con su nombre en esta vía;
     La fábrica sevillana de Renault produce más de un millón de cajas de velocidades al año y emplea a 1.300 trabajadores. Como planta de la marca del rombo, nació en el año 1965 y en este medio siglo largo se ha consolidado como uno de los principales pilares de la industria local y regional. Pero la Renault de San Jerónimo, el barrio donde siempre ha estado implantada la factoría, tiene una prehistoria escrita por un grupo de amigos sevillanos, ingenieros, banqueros, pilotos militares y civiles y alguna marquesa, que se relacionaban en el Real Aero Club.
     Uno de sus protagonistas es Manuel Galnares, ingeniero aeronáutico nacido «el año de la República», como se apresura a apuntar, que en su última etapa ha sido un destacado empresario de concesionarios al mando de Syrsa Automoción.
     Galnares vivió en primera línea las peripecias — alguna muy luctuosa—, las gestiones y los años de intenso trabajo que determinaron que la Renault mantuviera en Sevilla su factoría española de cajas de cambio; y que no se la llevara a Valladolid o Palencia, donde estableció sus plantas de producción de coches.
     El ingeniero de 86 años recuerda, como si fuera ayer, aquella primera caja de cambios fabricada en Sevilla, que se entregó a la compañía en 1958 para montarla en un coche Renault. Ahora se cumplen, por tanto, 60 años de aquel primer hito. La pieza, «una caja puente que llevaba incorporado piñón de ataque, corona y grupo diferencial», la hizo un proveedor sevillano, Industrias Subsidiarias de Aviación (ISA), que había firmado un contrato con la multinacional automovilística francesa para producir este componente fundamental del engranaje de los coches. ISA había nacido en 1938 como fabricante de recambios para la aviación y motores de motocicletas. El acuerdo con Renault lo habían sellado dos ingenieros y pilotos: Francisco Galnares Sagastizábal y Fernando Medina Benjumea, director técnico y consejero delegado de ISA, respectivamente, que formaban parte de ese grupo de fundadores de la compañía.
     «La primera caja de cambios completa que fabricamos la enviamos a París para que nos la homologara la casa Renault. La montamos en un modelo Dauphine para hacer las pruebas finales de carretera y en ese coche nos llevaron a mí y a otro ingeniero que venía conmigo, Domingo Velasco, al aeropuerto para coger el vuelo de regreso a Sevilla», recuerda Manuel Galnares, hijo de Francisco, que dirigió ISA entre 1961 y 1981. Tras conseguir la validación técnica de este primer prototipo, en 1959 empezó en Sevilla la fabricación en serie de cajas de cambio para Renault, primero en la factoría de ISA en San Jerónimo.
     Un suceso fatal impidió la entrega de la primera caja producida en serie al consejo de administración de la antigua FASA Renault. La cita estaba fijada para el 31 de abril de 1959 en Madrid, pero dos días antes fallecieron en accidente de aviación Francisco Galnares Sagastizábal y Fernando Medina Benjumea en un vuelo Barcelona-Madrid. La muerte de los dos ingenieros que pilotaban ISA fue un mazazo. Manuel Galnares y Javier Benjumea Puigcerber (el fundador de Abengoa) tuvieron que hacerse cargo luego de dirigir la factoría.
     Esta etapa duró hasta 1965, cuando Renault, que tenía unos ambiciosos planes de desarrollo en España, decidió duplicar la producción. «En 1965 entregábamos 50.000 cajas y la marca quería que llegáramos a 100.000. Este reto exigía fuertes inversiones», narra Manuel Galnares. Finalmente se acordó la venta de la planta de ISA a Renault, con lo que se consiguió asegurar que la producción de cajas se quedara en Sevilla. «Fue la mejor solución. Nos pagaron lo que costaba, lo que valía. No discutimos», recuerda el ingeniero. «Entonces teníamos 1.400 trabajadores en ISA y la mitad de la plantilla se quedó en San Jerónimo, ya bajo el mando de Renault. La otra mitad se vino a una nueva fábrica de motores y motocicletas que construimos en solo seis meses en el Polígono Calonge manteniendo otras licencias, como Guzzi, Wilson o ZF», explica Manuel Galnares.
     La Renault contemporánea tiene una plantilla similar a la de ISA hace 50 años, pero el sistema productivo es muy distinto. La digitalización, los robots auxiliares, los carros filoguiados, que evitan las tareas más pesadas a los operarios, la han convertido en una industria 4.0, de vanguardia. En toda su historia, ha fabricado casi 28 millones de cajas. La precisión de los componentes se mide ya en milésimas de milímetro, los materiales son menos pesados y más duraderos, el aumento del número de velocidades consigue recortar el consumo y el ruido. Sin embargo, hay cosas que no cambian: «La técnica ha cambiado poco. Se ha perfeccionado la filosofía, pero el esquema es el mismo», señala el ingeniero Galnares (ABC de Sevilla).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Medina y Galnares, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Medina y Galnares, al detalle:
Parroquia de San Jerónimo

lunes, 5 de julio de 2021

Un paseo por la plaza Nueva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza Nueva, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   Hoy, 5 de julio, es el aniversario de la Ley de 5 de julio de 1856, en la que se establecía la elección de los alcaldes a través de los mismos habitantes del pueblo, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Plaza Nueva, de Sevilla, puesto que en ella se ubica el Ayuntamiento de la capital andaluza.
   La plaza Nueva es, en el Callejero Sevillano, una plaza que se encuentra en los Barrios de la Alfalfa, y del Arenal, del Distrito Casco Antiguoentre las calles Granada, Tetuán, Jaén, Méndez Núñez, Bilbao, Madrid, Badajoz, Barcelona, y Joaquín Guichot, 
   La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario, y está dedicada a lo reciente de su construcción, en el momento en el que se rotuló, de ahí el calificativo de Nueva.
   Lo que en un principio fue un calificativo que aludía a su reciente formación, se transformaría en el nombre propio y oficial de esta plaza, pues, aunque ha tenido diversas denominaciones, ha acabado por consolidarse y oficializarse la expresión popular. En 1857 se la rotula Infanta Isabel, por la primogénita de los duques de Montpensier; en 1868, con el triunfo de la revolución, se le bautiza Libertad; en 1873, se le da el de República y, transitoriamente, el de Repú­blica Federal, al advenimiento de ésta; en 1875 se le cambia por el de San Fernando, y en 1931 recibió el de plaza Nueva; no obstante, se siguió usando aquél en las décadas posteriores.
   Se abre sobre el solar del convento de San Francisco, fundado en el s. XIII, y uno de los más importantes de la ciudad por sus dimensiones, obras de arte y vínculos con instituciones y estamentos. En 1810 sufrió un incendio del que no se recuperó. Por esos años ya se proyecta la apertura de una plaza, pero no se hará efectiva. En la década de 1840 la iniciativa privada retoma la idea con una intención especulativa; sin embargo, la demora en la tramitación le lleva a renunciar, y a comienzos de la década de 1850 la asume el municipio, siguiendo los planos de Ángel de Ayala, modificados posteriormente por Balbino Marrón. La estructura básica con que fue concebida la conserva: un rectángulo en dirección este-oeste, con un espacio central como paseo, bordeado por calzadas para la circulación de vehí­culos, con sus correspondientes aceras. Ha perdido, sin embargo, la uniformidad de las fachadas, que fue otra de sus características iniciales.
   El espacio central fue concebido como salón, y ya en los primeros años se plantaron naranjos y palmeras, y se le dotó de tres hileras de bancos de mármol con respaldos de hierro en todo el contorno, y en el centro un quiosco para la música. El crecimiento del tráfico rodado llevó, ya en el presente siglo, a su remodelación. En 1920 se reduce el espacio central, para dar mayor anchura a la calzada perimetral, y se suprime la hilera exterior de bancos. En 1924 se instalan artísticas farolas de hierro, y en la década de 1930 se produce otra remodelación: un nuevo estrechamiento del espacio central, que ahora se rodea de parterres y se cierra con una balaustrada de mármol, la cual desaparecerá años más tarde. Se pavimenta de losas de mármol y recuadros de chino lavado, con diversos motivos figurativos. En las últimas décadas se han reducido las aceras que bordean el espacio central a fin de disponer andenes para autobuses. Las obras de apertura de una boca de metro en los últimos años de la década de 1970, han hecho que la mitad del mismo haya sido desmontado y rodeado de una tapia ya levantada con ocasión de estas obras, apareció en el subsuelo un lecho arenoso y los restos de un barco de época medieval,  confirmando la existencia de un antiguo brazo del Guadalquivir en esta zona.
   La calzada perimetral o arrecife, inicialmente empedrada, fue adoquinada en la década de 1880; dicho sistema experimentó reformas en distintas ocasiones, siendo sustituidas las grandes piezas originarias por otras más pequeñas; en 1961 se pavimentó con la capa asfáltica actual. Las aceras pri­mitivas eran de baldosas, que fueron sustituidas por una capa de cemento en la primera década del presente siglo, y posteriormente por las actuales losetas; están dotadas de alcorques con naranjos. Pronto se instaló la luz de gas; en distintas fechas se adquirieron farolas artísticas para colocarlas ante el Ayuntamiento y para completar el mobilia­rio del "salón"; allí se efectúan, en fechas señaladas, las primeras iluminaciones eléc­tricas en la década de los 60, pero el alum­brado público con electricidad no llegaría hasta el cambio de siglo. En la década de 1960 se instaló el nuevo sistema fluorescente con farolas de báculo, que fue sustituido en la siguiente por las actuales fernandinas.
   Poco después de su formación existió una propuesta para levantar en su centro un monumento a Murillo; más tarde se propuso otro en honor de Isabel II, coincidiendo con la inauguración oficial de la plaza (1862), pero la reina desistió para que se erigiese en honor de San Fernando, patrón de la ciudad. La idea fue aceptada, en 1877 se colocó la primera piedra, pero el monumento no se realizó hasta 1924, según proyecto de Juan Talavera; Joaquín Bilbao es el autor de la figura ecuestre, y las esculturas del pedestal son de Sánchez Cid, Pérez Comendador, López Rodríguez, y Lafita Díaz
   En la segunda mitad del pasado siglo se completó la dotación de la plaza con urina­rios y quioscos destinados a diversos usos. Mientras aquéllos desaparecieron con el tiempo, éstos han persistido, aunque evolucionando formalmente. Hoy existen dos de la empresa de transportes urbanos, otro tantos de periódicos, uno de flores y otro de chucherías, más varias cabinas telefónicas. Completan este equipamiento las marquesinas de las paradas de autobuses.
   Una de las características iniciales de la plaza fue un caserío uniforme con edificios de tres plantas, fachadas de piedra y remata­dos por azoteas, que no siempre contó con el beneplácito general, levantándose voces denunciando su monotonía y poca calidad artística. Dicha uniformidad se conservó hasta 1917, en que se plantea la ruptura de la misma. No obstante, en la década de los 60 aún se conservaba la mayor parte de la edificación primitiva, que hoy casi ha desaparecido. Sólo se conserva la fachada de las casas entre la calle Barcelona y la Telefónica, que también fueron las últimas en levantarse. La uniformidad primitiva ha sido sustituida por la diversidad de estilos y alturas, que llegan a las siete plantas, aunque predominan las de cinco. Destacan el edificio regionalista neobarroco de Telefónica, de Juan Talavera (1925); el también regionalista, esquina a Badajoz, de Vicente Traver (1917), y la fachada neoclásica del Ayuntamiento, diseñada por Balbino Marrón (1858). Inmediata al edificio de Telefónica se encuentra la pequeña capilla barroca, de una nave, de San Onofre, único resto del antiguo convento franciscano, que quedó integrada en el caserío, sin ningún signo externo de su función. 
    Desde sus orígenes, la nueva plaza aparece como una "plaza mayor", sobre todo por el valor de centralidad que pronto ad­quiere, especialmente en sus funciones de sociabilidad. Síntoma de esta realidad es el intento de sustituir a la plaza de San Francisco en la "carrera oficial" de las cofradías, que se hizo en 1874, pero que no prosperó. En ella tienen lugar numerosos actos patrióticos o políticos: proclamaciones de cam­bios de régimen, celebración de las fiestas regias, con exposición del retrato del monarca. Esta ceremonia anual fue descrita por Hans Christian Andersen, en los siguientes términos: "...el balcón del Ayuntamiento fue colgado con coloristas reposteros galonados de oro, encima del mismo se dispuso un retrato de la reina con un marco dorado. Dos soldados -gente real que vive- rindieron honores, bajo órdenes de permanecer firmes, inmóviles como soldados de madera, durante más de una hora... El sol daba directamente sobre el rostro de los dos hombres desdichados, quienes no se atrevieron a mo­ver un músculo ni apenas pestañear. Esta era una ceremonia tradicional y en lo que a este tipo de cosas concierne España está aún viviendo en el pasado". (A visit to Spain, 1862).
   También los acontecimientos políticos repercutieron en ella; quizás el más importante, el que fuese escenario de uno de los escasos enfrentamientos armados que tuvieron lugar el 18 de julio de 1936, incluso con emplazamiento de piezas artilleras. Pero sobre todo, concentraciones patrióticas y militares, en especial con ocasión de cambios de régimen, o como las celebradas durante la guerra civil de 1936 a 1939. En fin, punto de confluencia de manifestaciones reivindicativas o de solidaridad, etc.; entre las más recientes y multitudinarias, la que el 4 de diciembre de 1978 reclamó un referéndum sobre el nivel de autonomía de Andalucía. Pero, sobre todo, fue un centro de reunión y paseo de la sociedad sevillana. La plaza Nueva suplantará a los otros que existían hasta ese momento, en especial al del Duque. Desde los primeros momentos se instalaron sillas, que se alquilaban a los que iban a ella a descansar y pasar el rato; ya en l 855, El Porvenir alude a la concentración de personas en las noches veraniegas que acuden al paseo, amenizado por bandas de música; y la Guía de Sevilla, de 1866, señala que la clase más elegante asiste en esas noches al paseo, en el que actúan bandas de la guarnición. La temporada veraniega se abría el día del Corpus. A partir de dicha fecha, los días de fiesta y otros acudían dichas bandas, más tarde la de la "sopa", llamada así por estar integrada por niños del Hospicio, la municipal, y otras orquestas, para amenizar el citado paseo. Al mismo tiempo, a todo lo largo de la segunda mitad de la centuria decimonónica proliferan las más diversas actuaciones de saltimbanquis, funambulistas, circos, ejercicios gimnásticos y otras diversiones, y cuando el cine haga su aparición, también tendrán lugar pases al aire libre. 
   Todo ello contribuía a la existencia de quioscos de bebidas y aguaduchos, al pulular de aguadores, heladeros y de vendedores de otros comestibles; "por una perra gorda los puestos de agua ofrecían horchatas de almendras, refrescos de corteza de sidra y de zarzaparrilla y agua con panales de todos los colores; y el carrillo de las gaseosas brindaba frescas y estomacales naranjadas y de limón por una perrilla y hasta por una diminuta moneda de dos céntimos se podían gustar los barquillos de canela, los almen­drados y corrucos, los cangrejos y camarones y pepitas tostadas de calabazas" (A. Palacios Miniño, Estampas de mi tierra. Sevilla y provincia en sus manos). Aunque acudían de todas las clases sociales, no se mezclaban. Como señala Muñoz San Román, las familias acomodadas se concentraban en el lado norte, y en el opuesto las demás; aquéllas "formando corros, juntándose según su mayor amistad y conocimiento. Y eran de ver las niñas puestas de sombrerillos con adornos de uvas y flores; las señoras dándoles que las dan a los pericones y los muchachos con sus sombreros de paja y sus chalecos blancos de piqué y solapas cruzadas, discurriendo, éstos últimos, por la vera del mejor sector y entablando batallas con los ojos hasta llegar al asalto de los corazones. Porque muchachos y muchachas tomaban el fresco a distancia segura, como correspondía al más extremado deco­ro." ("El veraneo en la plaza Nueva", ABC, 7-VIII-1942). En ambos lados se formaban estos corros o "peñas" de contertulios. El cuadro se completaba con los niños jugando entre dichos corros, con las consiguientes molestias, que denuncia la prensa. Juan Sierra recuerda la plaza de su infancia: "Nuestros juegos en aquella hora tan honda del verano, cuando se encendían los prime­ros faroles, y los cascos de los caballos de los landós eran como teclas de oro en la perla calurosa del anochecer" (Sevilla en su cielo).
   La animación se incrementaba en diversos momentos, coincidiendo con fiestas, como la del Corpus, solemnizada con iluminación especial y con fuegos de artificio; en otros casos, con motivo de la proclamación de la República o la de la Monarquía, u otros acontecimientos. El Ayuntamiento promovió una velada en la festividad de San Fernando en 1878, que no volvió a celebrarse. El Carnaval será la fiesta popular más ligada a la plaza, como refleja la prensa de estas décadas. El Ayuntamiento la engalana­ba para los tres días del Carnaval y el Domingo de Piñata; en ella se concentraban las máscaras y las sociedades que desfilaban en las cabalgatas o en el entierro de la sardina. Además, tenían lugar conciertos y otras diversiones. Así se mantuvo hasta 1891, en que, con motivo de la decadencia de la fiesta, el Ayuntamiento dejó de exornarla, según la Guía de Gómez Zarzuela. La animación y esa función de paseo debió ir perdiéndose con el cambio de siglo, pues en un escrito dirigido al Ayuntamiento por varios sevillanos (1914), se la describe como lugar triste y abandonado. Muñoz San Román hacía la misma apreciación en 1942, atribuyéndolo a la proliferación de la práctica del veraneo y a la costumbre de pasear en coche por la Palmera. Sin embargo, José Andrés Vázquez ofrece una imagen distinta para la siguiente década, aunque ya ha he­cho su aparición uno de los peligros que amenazan a dicha función: "Ahora no faltan ruidos, no. El centro de la plaza -el salón propiamente dicho- es acogedor y apacible; pero los arrecifes circundantes mantienen una circulación intensa que, en realidad, debiera ser menos ruidosa y menos maloliente a gasolina y grasa quemadas. Un sofocante estacionamiento -líbrenos Dios de emplear la palabrota de 'aparcamiento', pues nos lo impide nuestra buena crianza- achica el espacio y hasta lo inficciona. Así y todo, con la seguridad de que no hay peligro algu­no, la ilustre plaza acoge tertulias de hombres mayores; de señoras de toda edad que, al terminar sus cotidianos quehaceres, salen a respirar cerca de casa; niñeras al cuidado de la grey infantil, mientras los soldados francos de servicio las galantean como es de su tradicional incumbencia; niños que allí hacen sus deberes escolares o juntan sellos o estampitas; y niñas que abrieron escuela de baile 'por sevillanas' o se reunieron en rueda para cantar, como flores animadas que hubiesen salido de los arriates". ("Horas en la plaza Nueva", ABC, VIII-1954). En estos tiempos es más frecuentado por jubilados, aparte de que la reducción del espacio por las obras del metro ha restado capacidad y estética a la misma, y la intensificación del tráfico ha restado tranquilidad. También se han celebrado diversas ferias del libro, y mercados de temas navideños, y en las últimas décadas se viene instalando un "nacimiento"; a ella, en fin, han acudido los sevillanos a festejar el cambio de año.
   Toda esta actividad y el papel desempeñado por la plaza, contribuyó a la aparición en su entorno de fondas y hoteles. Algunos serán de los más importantes de la ciudad, a los que acudía la élite de los visitantes, como los príncipes de Gales y Rotschild, en el caso del Cuatro Naciones (1876), la Fonda de Londres, en la que se aloja H. Ch. Andersen, o el Inglaterra. A mediados de la presente centuria había cuatro, entre ellos el Cecil-Oriente y el Inglaterra, que ha cumplido los cien años y es el único superviviente. También se instalaron círculos, como el Casino Liberal (1897), el Sevillano (1899), el Círculo de Recreo (1862) y el Nuevo Círculo (1865). Un importante punto de reunión du­rante décadas fue el Café la Perla, en la es­quina con Tetuán.
   En la actualidad, las funciones que pre­ dominan siguen estando relacionadas con el sector servicios, pero con un importante cambio cualitativo: casi absoluto dominio de las oficinas públicas (Consejería de Gobernación, Telefónica, Ayuntamiento) y privadas, algún banco, y sólo en el frente norte existen comercios, en su mayoría de lujo. 
   Se ha consolidado como parada terminal de numerosas líneas de autobuses, que ocupan casi todo el perímetro de la plaza, a lo que hay que añadir una parada de taxis. Por otro lado, el ser lugar de paso hacia el norte por el centro de la ciudad, y la existencia en ella y en su entorno de numerosos edificios públicos, contribuye a que se encuentre con frecuencia colapsada de tráfico. De todas formas este movimiento de personas y vehí­culos, en el que el Ayuntamiento tiene una especial importancia, por el volumen de personas que a él acuden, decrece considerablemente por la tarde, al estar cerradas las oficinas, al tiempo que su fachada se convierte, como hace décadas, en punto de cita de la juventud, para iniciar el paseo a la caída de la tarde. Son numerosos los autores que citan esta plaza en sus escritos, entre otros M. Chaves Rey, M. Chaves Nogales, J. Sierra; o sitúan aquí escenas de sus obras, como Pérez Lugin, Blasco lbáñez, A. Palacios Valdés, A. Grosso, A. Burgos. También ha sido objeto de ensayos o artículos (S. Montoto, J. A. Vázquez, M. Sánchez del Arco) [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza Nueva, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La plaza Nueva, al detalle:
Edificio de Telefónica, de Juan de Talavera y Heredia
Casa Longoria, de Vicente Traver
Monumento a San Fernando

viernes, 12 de junio de 2020

El Templete - Humilladero de San Onofre


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Templete - Humilladero de San Onofre, de Sevilla.     
      Hoy, 12 de junio, en Egipto, Memoria de San Onofre, anacoreta, que en el vasto desierto llevó vida religiosa por espacio de sesenta años (400)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Templete - Humilladero de San Onofre, de Sevilla.
     El Templete - Humilladero de San Onofre, se encuentra en el Barrio de San Jerónimo, del Distrito Norte; en la prolongación de la calle Medina y Galnares - carretera A-8002 (Sevilla - Castilblanco de los Arroyos).   
     Ubicado junto a la ronda norte de circunvalación de Sevilla se puede observar un templete o humilladero que perteneció a las huertas meridionales del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista, y que aparece en el grabado de G. Díaz de 1869 y la fotografía de 1851 del vizconde de Vigier que presentan vistas del Monasterio desde el Sur (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
      El templete de San Jerónimo, o humilladero de San Onofre, es un monumento religioso construido junto al camino real que unía a la metrópolis de Sevilla con Córdoba. Se encuentra en el barrio de San Jerónimo. Existen varias hipótesis sobre su ubicación. Alguna roza la leyenda y dice que fue el lugar donde se detuvo el caballo del rey Fernando III de Castilla antes de su entrada a la Isbiliya. Otras fuentes apuntan al vía crucis del leprosario del lazareto de San Lázaro, tal como se hacía con el de la Cruz del Campo. También se ha sugerido que fuera hito apotropaico del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista.
      Aparecido dentro de otro edificio derribado en 1914. Fue el catedrático de historia del arte Diego Angulo Íñiguez quien lo describió y documentó, datándolo de fines del siglo XV durante el reinado de los Reyes Católicos dentro del estilo el gótico mudéjar todavía imperante en Andalucía Occidental en esa época. Se trata de un edificio a cuatro aguas con arcos góticos apuntados rematados con puntas de diamantes y un baquetón que los recorre enmarcándolo. En el interior, cuatro semicolumnas adosadas con basa y capitel de mocárabes, donde terminan las nervaduras de un arco de crucería que sostienen un "pinjante de muqarnas" a la manera granadina. Se corona con una doble cruz papal, expresamente traída del chapitel de la torre mirador derruida, del monasterio de San Jerónimo de Buenavista. La efigie que en la actualidad lo adorna no es original, que se supone fue un San Onofre o una cruz de camino en mármol como la que tiene su par en la Cruz del Campo. Un Corazón de Jesús, en hierro fundido, preside el humilladero sobre un pedestal no original desde la década de 1920. De la coloración protectora de la pintura, deriva el nombre con el que se le conoce en la barriada limítrofe de San Jerónimo: "el santo negro".
      Se inició la restauración por ADIF, propietaria de parte del terreno donde está ubicado el Humilladero. Comenzando la obra en abril de 2013 y siendo finalizada en mayo del mismo año.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Onofre, anacoreta:
LEYENDA

   Supuesto hijo de un rey de Persia (o de Abisinia) que en el siglo IV se hizo ermitaño en la Tebaida.
   Su padre oyó las pérfidas insinuaciones del demonio disfrazado de peregrino, quien le dio a entender que el niño que pariría la reina sería un bastardo y que sería fácil probarlo exponiéndolo al fuego.
   El niño, arrojado a un brasero encendido, salió incólume del fuego, y con esta ordalía probó que era un hijo legítimo. Un ángel ordenó al rey hacer­lo bautizar con el nombre Onofre.
   Criado en un convento egipcio, el joven Onofre fue amamantado durante tres años por una cierva blanca (cerva alba).
   Ofreció un pan a la imagen del Niño Jesús que ingenuamente se quejaba de no tener qué comer; en cambio recibió un pan tan grande que se necesitó la fuerza de numerosos monjes para llevarlo.
   Dejó el convento donde lo criaran para convertirse en ermitaño. Una columna de fuego guió su marcha. El anacoreta Hermeo le condujo a una gruta cerca de la cual corría una fuente a la sombra de una palmera.
   Vestido sólo con sus largos pelos que cubrían completamente su cuerpo descarnado de asceta, y por su desmesurada barba, con un ceñidor de hojas atado en la cintura, el nuevo Adán, durante sesenta años vivió de los dátiles de su palmera y del pan que le llevaba un ángel quien, cada domingo, le administraba la santa comunión.
   El ermitaño Pafnucio, al ver a Onofre por primera vez, más parecido a un chimpancé que a un hombre, lo tomó por un animal feroz y huyó espan­tado. Pero Onofre lo tranquilizó y le contó su vida.
   Cuando murió, un coro de ángeles le tributó los honores fúnebres. Su alma ascendió al cielo en forma de paloma blanca (subspecie columbae candidae). La mayoría de estas circunstancias se copiaron de la leyenda de san Pablo ermitaño y de santa María Egipcíaca.
CULTO
   La ciudad de Munich se jactaba de poseer las reliquias de san Onofre. Venerado por los jerónimos que le dedicaron un monasterio en Roma, sobre el Janículo, san Onofre era invocado, igual que santa Bárbara, contra la muerte repentina sin confesión, a causa del ángel que regularmente le llevaba el Santo Viático, de ahí su popularidad durante la Edad Media. Como se había tejido una túnica con hojas de palmera, era el patrón de los tejedores. En Florencia, la corporación de los tintoreros (tintori di lana, Fürberzundt) se había puesto bajo su protección.
ICONOGRAFÍA
   Se lo representa como un salvaje (wilder Mann), y con los rasgos de un anciano descarnado,  cubierto de pelos de pies a cabeza, con una larga bar­ba bífida que desciende entre sus piernas.
   Se asemeja a un viejo orangután, tanto más por cuanto a veces anda a cuatro patas perseguido por perros. Como toda vestimenta tiene un ceñidor de hojas de palmera trenzadas, y a veces sólo un simple sarmiento de vid. Es el equivalente masculino de santa María Egipcíaca con quien forma pareja.

   Los hombres salvajes (uomini selvatici; wild men), es decir, los hombres de los bosques y selvas, vestidos con pieles, como los faunos y los sátiros de la mitología griega, son un tema muy frecuente en el arte de finales de la Edad Media.
   San Onofre, junto a san Juan Crisóstomo, el tipo más popular de los anacoretas hirsutos o velludos (pilosi, hairy men) de Oriente.
      Se lo ha representado con una corona tirada a sus pies, que recuerda su pretendido origen real, y una calavera que recuerda su penitencia. Pero su atributo característico, que comparte con santa Bárbara, es el cáliz rematado en una hostia que simboliza su comunión dominical. Un cuervo le lleva a diario un pan en el pico (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Templete - Humilladero de San Onofre, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

domingo, 8 de septiembre de 2019

El Retablo del Nacimiento de la Virgen, anónimo, en la Capilla de la Virgen de la Granada o de San Onofre, de la Catedral de Santa María de la Sede


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo del Nacimiento de la Virgen, anónimo, en la Capilla de la Virgen de la Granada o de San Onofre, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.      
   Hoy, 8 de septiembre, es la Fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María, de la estirpe de Abrahán, nacida de la tribu de Judá y de la progenie del rey David, de la cual nació el Hijo de Dios, hecho hombre por obra del Espíritu Santo, para liberar a la humanidad de la antigua servidumbre del pecado [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].    
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el Retablo del Nacimiento de la Virgen, anónimo, en la Capilla de la Virgen de la Granada o de San Onofre, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla
   La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
    En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de la Virgen de la Granada o de San Onofre [nº 115 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Su advocación antigua fue de San Cristóbal, siendo sustituida a partir de la construcción de la parroquia del Sagrario por la actual, que fue titular de una hermandad. Fue dotada en 1369 de la Era; en 1607 la dotó nuevamente doña María de Guzmán, viuda de Lázaro de Cózar. En alto, existe una representación del Calvario, llamada "Cristo de los Escobones". Esta Capilla tiene varios ámbitos superpuestos a los que se accede por dos tortuosos caracoles, situados en el ángulo Sureste (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
   Se trata de un retablo constituido por un cuerpo principal, donde se aloja una pintura que representa El Nacimiento de la Virgen, y un ático, donde figura la recreación del episodio de La Presentación de la Virgen en el templo. La estructura del retablo es muy sobria en sus elementos composicionales, presentando la introducción de motivos ornamentales de estética barroquizante y rococó como los estípites adosados que flanquean el lienzo principal, rocallas, ces y espejos en abanico en el friso inferior, roleos vegetales y forales que recorren en vertical los retranqueos mixtilíneos de la superficie frontal y dos jarrones con azucenas que se disponen a ambos lados del ático, para una obra barroca anónima y que debemos fechar entre el 1720 y 1800.
   El Retablo lo centra la pintura "El Nacimiento de la Virgen", un óleo sobre lienzo obra de Vicente Alanís, en 1750-67, con unas medidas de 2'61 x 1'54 m., en estilo barroco. La pintura muestra una representación del episodio de la Natividad de la Virgen recogido en los Evangelios apócrifos y que, generalmente, es recreado atendiendo a una iconografía similar. La escena se desarrolla en el interior de una estancia en la que puede descubrirse la alcoba o dormitorio de una casa decorada con motivos lujosos; En la cama, situada hacia el fondo de la composición, se encuentra reclinada Santa Ana, exhausta tras haber dado a luz a María; mientras, en el primer plano, un grupo de cinco sirvientas se preocupan por atender a la recién nacida, aseándola en una pila con agua; a la izquierda de la composición figura San Joaquín acompañado por un anciano sacerdote que puede identificarse con Simeón, quien llevaría a cabo la bendición de la Virgen María en el templo.
   La mitad izquierda de la estancia se abre a través de una amplia ventana hacia un dilatado paisaje de carácter urbano mientras, la zona superior de la composición está ocupada por un rompimiento de Gloria que introduce la presencia de pequeños ángeles y querubes revoloteando en torno a los grupos de las figuras. En el vacío superior aparece un círculo en el que se inscribe el anagrama mariano envuelto en resplandores áureos.
   La pintura presenta una discreta calidad técnica tanto en la ejecución de su dibujo como en la aplicación de un cromatismo plano y sin matices.
   En el ático del retablo podemos contemplar la pintura "Presentación de la Virgen en el Templo", obra también de Vicente Alanís, fechable también en 1750-67. La pintura muestra el episodio narrado en los Evangelios Apócrifos - Protoevangelio de Santiago, VII, 2 y en el Libro sobre la Natividad de María, VI-, aunque bajo una interpretación subjetiva por parte del autor que tan sólo sigue parcialmente el texto en que se señala: "A los tres años, cuando se hubo terminado el tiempo de la lactancia, llevaron a la Virgen juntamente con sus ofrendas al templo del Señor. Tenía éste en derredor quince peldaños de subida, de acuerdo a los quince salmos graduales...En una de estas gradas colocaron, pues, sus padres a la bienaventurada Virgen María, niña aún de corta edad. Y cuando ellos estaban entretenidos en cambiar sus vestidos de viaje por otros más limpios y curiosos, la Virgen del Señor fue subiendo una a una todas las gradas, sin que nadie le diera las manos para levantarla y guiarla (...).
   En la pintura el pintor representa a la pequeña María constituyen el eje central y vertical de la composición, dividiendo ésta en dos partes simétricas; a la izquierda, figuran San Joaquín y Santa Ana, mientras a la derecha, el sacerdote del templo se asoma a la puerta para acoger a la Virgen. Tras los personajes situados en primer plano, se desarrolla, hacia la zona izquierda de la composición, un dilatado y profundo paisaje arquitectónico de edificios barroquizantes.
   La pintura resulta discreta en cuanto a su ejecución técnica -un dibujo blando y tosco y un sentido del color convencional y sin matices lumínicos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía sobre la Natividad de la Bienaventurada Virgen María;
   Se ignora no sólo la fecha, fijada arbitrariamente el 8 de septiembre (El Sol, explican los teólogos, en esta fecha entra en el signo e Virgo, así como Cristo entrará en el vientre de María), sino también el lugar de nacimiento de la Virgen: unos opinan que fue en Jerusalén, otros en Nazaret o Belén.
   A causa de la ausencia de detalles tópicos, los artistas copiaron la Natividad de la Virgen de la Natividad de Cristo.
   Santa Ana está acostada o sentada en su cama, asistida por dos mujeres que vierten agua con un aguamanil sobre sus manos. En Dafni, una de ellas, de pie detrás de la cabecera de la cama, agita un matamoscas encima de su cabeza.
   Es posible que esas tres mujeres sean una supervivencia de las tres Parcas de la mitología  griega, siempre presentes cuando un niño abre los ojos a la luz.
   Como en la Natividad de Jesús, el motivo bizantino del Baño de la niña persistíó a lo largo tiempo. Las comadronas bañan a la pequeña María en una cuba, jofaina o pila con forma de copa.
   En la pintura realista del siglo XV, esta nota de intimidad y esta búsqueda de lo pictórico se exageran a expensas del sentimiento religioso. Las vecinas acuden para visitar a la parturienta, charlar con ella y llevarle regalos. Calientan el agua del baño y sacan pañales del arcón. La Natividad  de la Virgen se convirtió en una escena de género.
   A partir del siglo XVI se puso de manifiesto una reacción contra esta concepción burguesa y prosaica de la leyenda mariana. Altdorfer transportó el lugar de la escena de una habitación de parturienta a la nave de una iglesia. Regresó a tradición popular según la cual los ángeles habrían descendido del cielo para celebrar el nacimiento de su futura Reina. Éstos vuelan hacia su cuna, describen una alegre ronda encima de su cabeza y cantan en su honor.
    En el siglo XVII, en la iconografía  inspirada por el concilio de Trento casi siempre se ven ángeles afanados alrededor de la Virgen recién nacida, como para elevar su nacimiento al mundo divino. Sin embargo este motivo es muy anterior al concilio, puesto que ya aparece hacia 1520 en la Ronda de los ángeles de Altdorfer (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María;
   Primera fiesta relativa a la infancia de María, con unos orígenes bastante oscuros. Debió surgir como conmemoración en la basílica levantada en su honor en Jerusalén junto a la piscina probática, que está atestiguada a partir del siglo V y confirmada por la arqueología, en el lugar que el apócrifo Protoevangelio de Santiago señala su nacimiento, sobre esta época. 
   Los cruzados levantaron allí la Basílica de Santa Ana4. La fecha del ocho de septiembre debió fijarse porque al ser el principio de la Obra de la Redención, era oportuno colocarla al principio del año eclesiástico, según el Menologium Basilianum. Condicionó posteriormente la del ocho de diciembre de la Inmaculada. Existe un himno escrito por Romano el Meloda hacia el 550 en honor de la Natividad de la Virgen María, pero se duda de que fuera compuesto para la liturgia, aunque habla de la celebración de la fiesta. En Oriente adquirió pronto notorio auge, y ya en el periodo justinianeo se la atestigua en Bizancio.  En el siglo VII fue introducida en Occidente. Aparece en el calendario de Sonnacio, Obispo de Reims (614-631). Sergio I (+701) prescribe en Roma letanías en esta fiesta, como en las demás marianas, con procesión que partía desde San Adriano (edificio de la Curia en el Foro Romano) hasta Santa María la Mayor. 
   Los antiguos sacramentarios, excepto el Leoniano, ofrecen ya formularios para una fiesta del nacimiento de la Virgen.  Fue dotada de octava por Inocencio IV Fieschi en 1243, como cumplimiento de un voto hecho por los cardenales en el cónclave de 1241, cuando estuvieron presos tres meses del Emperador Federico II. Gregorio XI Beaufort ha hizo preceder de vigilia en 1378. Declarada fiesta de precepto, perdió este carácter en la reforma de San Pío X Sarto, y actualmente tiene el rango litúrgico de fiesta.  En cuanto a la elección del día, hay quien opina que se impuso esta fecha porque, al considerar el nacimiento de María el principio de la culminación de la Obra de la Redención, se impuso septiembre por ser el comienzo del año litúrgico de los griegos. No obstante, otras fechas se registran para la fiesta: el antiguo calendario jeronimiano le señala el diez de agosto; los coptos la celebraban el veintiséis de abril y ahora el uno de mayo; los abisinios la conmemoraban durante treinta y tres días seguidos bajo el título de Semilla de Jacob. La consolidación y generalización de la fecha del ocho de septiembre parece deberse a que, instituida la de la Inmaculada Concepción el ocho de diciembre por ella, al retrotraerse nueve meses de gestación, al popularizarse, incidió reflejamente en la de la Natividad (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo del Nacimiento de la Virgen, anónimo, en la Capilla de la Virgen de la Granada o de San Onofre, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.