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sábado, 24 de abril de 2021

Un paseo por la calle Divina Pastora

   Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Divina Pastora, de Sevilla, dando un paseo por ella
   Hoy, 24 de abril (sábado anterior al IV Domingo de Pascua), es la Solemnidad Litúrgica de la Madre del Buen Pastor, fiesta instituida por S. S. Pio VI en 1795 gracias al empeño de los padres capuchinos, especialmente el Beato Diego José de Cádiz, que se celebra anualmente el sábado anterior a la dominica del Buen Pastor.
   Y que mejor día que hoy para Explicarte la calle Divina Pastora, de Sevilla. dando un paseo por ella.
   La calle Divina Pastora es, el Callejero de Sevilla, una vía que se encuentra en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo, y va de la calle González Cuadrado, a la calle San Luis
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
   La vía, en este caso una calle, está dedicada a la Divina Pastora, advocación de la imagen que recibía culto en la cercana Iglesia de Santa Marina, y que actualmente se encuentra en su propia capilla de la calle Amparo.
   La parte final era conocida desde el s. XV como calle del Adelantado, ya que lindaba con la casa-palacio de los adelantados de Andalucía. Dicha denominación se mantuvo hasta mediados del s. XVIII. En la segunda mitad del s. XVII, el primer tramo recibe el nombre de Acuña o Acuñas, probablemente por residir en ella alguna familia de este apellido, topónimo que se conserva hasta mediados del s. XVIII. A comienzos de esta centuria ha hecho su aparición el de Garguero o Garguero de Asno, que parece acabar sustituyendo a los anteriores. En 1845 fue sustituido por el de Alcalá, como recuerdo de que los citados adelantados recibieron en el s. XVI el título de duques de Alcalá de los Gazules. Finalmente, en 1898, a petición de los vecinos, se le dio el actual, por la imagen de esta advocación que recibía culto en la vecina Iglesia de Santa Marina. El espacio formado por la confluencia de San Blas y Cronista se denominaba en 1832 plaza del Adelantado de Castilla, por la razón antes mencionada, aunque con el error de que el adelantamiento no era de Castilla. En el plano de Olavide (1771), el segundo tramo aparece rotulado como San Blas, pero debe tratarse de un error, ya que no se ha localizado ninguna otra referencia a que el citado topónimo se diese a esta calle.
   Posee un trazado irregular, algo quebrado, sobre todo a partir del entronque con San Blas y plaza del Cronista. Al comienzo de la acera de los impares posee dos barreduelas, una de las cuales debe ser resto de la antigua Piedra Horadada. Frente a ésta desemboca en los pares Pedro Miguel. Casi al final posee otro entrante, que parece un retranqueo producto de un proyecto de ensanche, que no llegó a completarse, para anular uno de los quiebros de la calle. En 1885 estaba pavimentada con cantos rodados y losetas, sistema que se había pretendido sustituir por adoquines ya en 1879, aunque no se llevó a afecto hasta el presente siglo. En la actualidad, la parte final está pavimentada de cemento y tiene carácter peatonal. En las aceras, que son estrechas y se encuentran en mal estado, se emplea el cemento y losetas del mismo ma­terial. Las barreduelas carecen de acceso de coches y están pavimentadas también con cemento. En 1921 se sustituyó el gas por la electricidad, y los puntos de luz actuales son farolas sobre brazos de fundición, adosados a las fachadas. Predominan las casas de dos y tres plantas, varias antiguas, de tipo popular, cerradas o arruinadas, además existen diversos solares. En el segundo tramo se encuentra la tapia y fachada lateral de lo que fuera Noviciado de San Luis de los jesuitas y posteriormente hospicio; en este momento acaba de ser restaurado y dedicado a Centro Andaluz de Teatro. En general, presenta un aspecto de calle marginal, como todo el sector, poco transitada, si bien en el pasado siglo era recorrida frecuentemente por carros, probablemente con destino al mercado de la Feria [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Divina Pastora, 12. En este número existe un patio de dos plantas, con arquería en tres de sus frentes y galería adintelada en el cuarto. Los arcos son de medio punto en la planta baja y rebajados en la superior. Uno de los frentes de la inferior y dos de la planta alta están decorados con cartabones y ménsulas [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984] 
Conozcamos mejor la Solemnidad Litúrgica de la Madre del Buen Pastor; 
   El ocho de septiembre de 1703, en la Alameda de Hércules hispalense, el Venerable Padre Fray Isidoro de Sevilla, capuchino, presentó al pueblo sevillano una novedosa y consoladora advocación mariana que, desde la Ciudad del Betis, como el más precioso tesoro que esta ciudad ha hecho a la Iglesia, había de arraigar en todo el orbe católico: la Divina Pastora. Indisolublemente unido al origen de este venerado título mariano está el de su Primitiva y Real Hermandad, que habría de ser el cauce escogido por el capuchino fundador para consolidarlo y difundirlo: arzobispos, reyes, nobles, junto al pueblo de Sevilla, la honrarían y se honrarían desde entonces al inscribirse en sus filas. En un principio, el Padre Isidoro escogió la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María como la memoria litúrgica más apropiada para conmemorar a la Divina Pastora: María, plenamente glorificada y coronada, ejerce su pastorado sobre el cuerpo místico de su Hijo.  
   Consciente de la ventaja de tener una fiesta propia, en 1781 el Beato Diego José de Cádiz terminó un Oficio entero de la Divina Pastora, que envió al Ministro Provincial, José Félix de Sevilla, para que lo presentara en el Capítulo General de 1782 y se acordase pedir su aprobación y uso a la Sagrada Congregación de Ritos. Pero la gestión quedó infructuosa. Seis años después, en 1788, habiendo repasado sus textos eucológicos, que componen un segundo Oficio, decidió presentarlos a la Sagrada Congregación de Ritos para su aprobación, acompañados de un documento postulatorio razonando la oportunidad de la nueva fiesta, para lo que buscó el apoyo regio, pero la muerte primero del Confesor del Rey y a continuación la de este mismo frustró sus proyectos. Habiendo de celebrarse en Roma Capítulo General de la Orden Capuchino en mayo de 1789, por lo que les hace llegar a los vocales de su Provincia de Andalucía el expediente completo. El Padre Definidor de Lengua Española, Nicolás de Bustillo, se encargó de gestionarlo ante la Santa Sede, pero el asunto se quedó estancado. Intentó de nuevo el Beato Diego conseguir el apoyo regio, que se presentaba casi indispensable, presentando un memorial a la Reina María Luisa, fechado en Ronda, el siete de junio de 1793, en el que amplió su petición: no sólo a los capuchinos, sino a todo el clero secular y regular de España. La Reina debió consultar con el Rey Carlos IV, su marido, y remitieron el expediente a su primer ministro Manuel Godoy, que lo pasó al Inquisidor General, Manuel Abad y Lasierra, para que diera su parecer, que aconsejó desestimar la petición.
   La actitud regia debió cambiar a raíz de su Memorial a Carlos IV de 1794, sobre los medios espirituales necesarios en la guerra entablada contra la Francia revolucionaria en 1793, que resultó favorable a España. Fue finalmente Pío VI Braschi el que por el rescripto del uno de agosto de 1795, gracias al impulso del Beato Fray Diego José de Cádiz como vemos, el segundo gran apóstol de la Pastora, concedió a los capuchinos de España una fiesta con Oficio y Misa propios como Patrona de sus misiones para la Segunda Dominica de Pascua titulada Bienaventurada Virgen María, Madre del Buen Pastor Jesucristo con rito doble mayor, a los que se les dio rápidamente el regium exequátur. Este Oficio fue ampliado, a instancias del P. Nicolás de Bustillo, entonces General de la Orden, por rescripto de Pío VII Chiaramonti de once de enero de 1806 con las lecciones del primero y tercer nocturno de maitines como también la misa, si no obra del Beato Diego sí dependiente de su doctrina, todo revisado por el Prefecto de la Sagrada Congregación de Ritos y por el Promotor de la Fe.  De los textos, sabemos que la oración colecta fue compuesta por el citado capuchino Nicolás de Bustillo, y las lecciones son de San Bernardo, y no de San Ildefonso o de San Antonino como en los textos del Beato Diego, y en 1817 se nos transmite una noticia de que los Oficios del Beato Diego están pendientes de aprobación en Roma desde 1796; quedan por lo tanto en el anonimato.
   Por decreto de diez de enero de 1801 el mismo Pío VII citado concedió al episcopado del Gran Ducado de Toscana para el primer domingo de mayo con el rito de doble mayor que se pudiera rezar de la Bienaventurada Virgen María con el título de Madre del Pastor Divino. Esta devoción había arraigado la devoción gracias a uno de los oradores capuchinos italianos más importantes de su época, el P. Claudio de la Pieve, que la había adquirido en un viaje suyo a España.  La súplica al Papa había sido dirigida el uno de diciembre de 1800 por el Obispo de Colle di Val di Elsa, provincia de Siena y diócesis sufragánea de Florencia, en representación de los obispos del Estado de Toscana, en acción de gracias por haberse librado del traumático azote napoleónico. El Oficio y misa propios presentados por el episcopado toscano fueron revisados también por el Prefecto de la Sagrada Congregación de Ritos y por el Promotor de la Fe, y se extendieron a casi todos los sitios que celebraban la fiesta, incluidos los capuchinos, que abandonaron los suyos. El Beato Pío IX Mastai Ferretti concedió la fiesta a muchas diócesis y congregaciones: a los alcantarinos de Nápoles por el Breve Omnibus de doce de junio de 1849, que fue extendida a petición de Fernando II Rey de las Dos Sicilias a todo su reino, fijándola en veintiuno de mayo; a las religiosas del Buen Pastor y a las benedictinas de Campo Marzio, en Roma, en 1859; al Obispado de Bagnoreggio, Italia, en 1860; a los de Linares y Guadalajara, Méjico, en 1861. 
   Por decreto de ocho de enero de 1863 de la Sagrada Congregación de Ritos, con la anuencia del citado Beato Pío IX, tras petición firmada por diez cardenales, seis patriarcas, treinta arzobispos, noventa y cinco obispos, dieciocho generales de órdenes y congregaciones religiosas, nueve procuradores y tres comisarios apostólicos de otras tantas, fue establecido que se concediera esta fiesta con rito de doble mayor a todas las diócesis y familias religiosas que lo solicitaran, con los textos eucológicos toscanos. Entre las concesiones a partir de entonces podemos citar las siguientes: a los monasterios cistercienses de Francia en 1863; a la Diócesis de Alatri, Italia, en 1866; a los Misioneros de la Preciosísima Sangre para el primer viernes de junio; a los Mínimos para el primer domingo de octubre; a los Redentoristas y a las Religiosas del Buen Pastor para el tres de septiembre, pero con el Oficio de los capuchinos españoles; a los Euditas, que lo habían pedido en 1874, en 1895. No habiéndose instaurado la fiesta todavía en Sevilla, la cuna de la devoción, el presbítero José de la Fuente y Zabalegui, comisionado por el cabildo de oficiales del veintidós de mayo de 1875 de la Primitiva Hermandad de la Divina Pastora, dirigió una petición al Cabildo Catedral el dos de febrero de 1876 para que instara al Arzobispo lo solicitara de Roma.  
   Tras haber sido examinada la petición por la Diputación de Ceremonias, acordó el Cabildo elevarla al Cardenal Arzobispo de la Lastra y Cuesta para el domingo segundo después de Pascua con rito de doble de segunda clase. El prelado expidió sus letras para ello al Papa el ocho de abril de 1876. Pero menos de un mes después, el cinco de mayo, murió dicho cardenal, por lo que hubo de esperarse al plácet de su sucesor.  Habiendo tomado posesión su sucesor, Joaquín Lluch y Garriga, y obtenido de él el plácet, en este caso se extravió en Roma la petición citada, y fue preciso enviar un certificado de ella. El decreto fue expedido por fin el uno de febrero de 1878. Aunque se pidieron y fueron concedidos el Oficio y la misa de los capuchinos españoles aprobados en 1806, los textos que finalmente se instauraron fueron los toscanos. Por fin en 1882, se celebró el veintitrés de abril en Sevilla la Fiesta de la Madre del Divino Pastor, señalada en el II Domingo después de Pascua, con rito de segunda clase.  
   El veintinueve de octubre de 1885 el Procurador General de los Menores Capuchinos, Bruno de Vinay, a instancias del que hasta entonces había sido Comisario Apostólico de España, en nombre de sus súbditos, pidió al Papa la concesión a toda su Orden de la fiesta de la Madre del Pastor Divino para el segundo domingo después de Pascua con el rito mayor de segunda clase, con la misa y Oficio aprobados para los capuchinos españoles y de otras provincias. Fue aprobada la petición por rescripto de León XIII Pecci de diecinueve de noviembre de dicho año 1885, que el cuatro de diciembre de 1894 concedió a la Orden Capuchina, pero con el Oficio y misa de Toscana. En el actual Propio de la Diócesis de Sevilla, aprobado el diecisiete de junio de 1977 por la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, está inserta como memoria libre para el sábado anterior al Domingo IV de Pascua, del Buen Pastor, La Bienaventurada Virgen María, Madre del Buen Pastor. Los textos eucológicos actuales se encuentran en el Misal Franciscano en español, aprobado por Decreto de la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino el 17 de junio de 1980 para uso de las familias franciscanas hispanas (Prot. N. CD 892/79). 
    Éste señala para el sábado anterior al Domingo IV de Pascua para la Orden Capuchina la Fiesta de la Divina Pastora, Madre del Buen Pastor (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Divina Pastora, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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La calle Divina Pastora, al detalle:
Retablo de la Pastora de Santa Marina, en la fachada del nº 1.
Azulejo con la antigua rotulación de la calle "Prior", en la fachada del nº 2.
Retablo del Stmo. Xto. de la Buena Muerte, en la fachada del nº 3.
El edificio, en el nº 12.
El Retablo de la Virgen de Gracia, de Carmona, en la fachada del nº 31.
La columna adosada a la fachada lateral del Noviciado Jesuita de San Luis de los Franceses.
El Retablo de la Pastora de Santa Marina, en la fachada lateral del Noviciado Jesuita de San Luis de los Franceses.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Un paseo por la calle Adelantado


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Adelantado dando un paseo por ella. 
      La calle Adelantado es, el Callejero de Sevilla, una vía que se encuentra en el Barrio Doctor Barraquer-Grupo Renfe-Policlínico, del Distrito Macarena, y va de la calle Resolana a la confluencia de las calles Perafán de Ribera y Marcos de Cabrera
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Desde el padrón de 1665, primera referencia conocida, aparece como Haza, quizás por encontrarse lindante con una huerta de este nombre, citada en documentos del s. XVIII. En 1859, coincidiendo con una reforma del nomenclátor del barrio, se le dio el actual. Alude al cargo de Adelantado de Andalucía que poseía don Fadrique Enríquez de Ribera, quien costeó el edificio del Hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre, próximo a esta calle. Sus orígenes quizás se remonten al s. XVI en que ya existía el barrio extramuros de la Macarena, del que forma parte, y que en el citado padrón se cita como el Barrezuelo.
   De estos años es el dibujo de Baldi, en el que aparece lindando con el campo. La representación gráfica del plano de Sartorius (1848) no parece responder a la realidad; en los de la segunda mitad del s. XIX, ya está la configuración actual en ángulo recto, con un primer tramo muy corto y bastante alargado el segundo, salvo que la parte final de la acera derecha aún está ocupada por huertas, que se edifican a finales de la misma centuria. Durante las primeras décadas del siglo XX se aprueban varias rectificaciones de líneas. Por la derecha arranca Juan de Robles. Parece que careció de pavimentación hasta las primeras décadas del siglo XX; en 1933 se aprueban unas reformas del mismo, por lo que entonces ya debía estar adoquinada. Recientemente se ha procedido a una nueva reparación con adoquines de menor tamaño.
   Las aceras, muy estrechas en algunos tramos, son de losetas. La iluminación eléctrica se instaló en 1947, y hoy utiliza farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. El caserío primitivo estaba integrado por casas y corrales de dos plantas y tejados a dos aguas, delimitadas por tapias, según el mencionado dibujo. Casi todo el actual es de reciente construcción, aunque queda algún almacén, hoy cerrado, del siglo XIX o comienzos del XX. En estas viviendas predominan las de dos y tres plantas de altura, salvo en la parte final, en la que llegan hasta cinco. Algunos bajos están ocupados por garajes y pequeños comercios. [Antonio Collantes de Terán Sánchez en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]
Conozcamos mejor a Dº Fadrique Enríquez de Ribera, I Marqués de Tarifa, Adelantado de Andalucía y mecenas, nacido en Sevilla 1476 y fallecido en la misma ciudad en 1539, a quien se dedica esta vía de la capital hispalense.

   El Adelantamiento de Andalucía, creado por Fernando III, tras haber sido ejercido por destacados miembros de la nobleza y de la realeza, recayó en el siglo xv por juro de heredad en la Casa de Perafán de Ribera, quien formó vínculo de mayorazgo en tierras andaluzas con las villas de Espera y Bornos y el castillo de las Aguzaderas (El Coronil). Su nieto, Perafán de Ribera, tercer adelantado de este nombre, casó con María de Mendoza, hija del marqués de Santillana cuya descendiente primogénita y heredera, Beatriz de Ribera Mendoza, casó con Pedro Enríquez, de la familia de los almirantes de Castilla, convertido en cuarto adelantado, quien, tras enviudar, volvió a casar con su cuñada Catalina de Ribera y Mendoza. El único hijo del primer matrimonio, Francisco, le sucedió en 1492 como quinto adelantado, quien, al morir sin descendencia, fue sucedido en 1511 por su hermanastro y primo, Fadrique Enríquez de Ribera, hijo primogénito de Pedro Enríquez y Catalina de Ribera.
   A los nueve años de edad, en 1485, de manos del maestre Alonso de Cárdenas recibe Fadrique el hábito de la Orden de Santiago, siendo comendador de la misma en Guadalcanal. De esmerada formación, según García Martín sería educado en la Escuela de nobles que llevaba Pedro Mártir de Anglería en Salamanca teniendo contactos en ella con Lucio Marineo Sículo, al ser también ciudad de residencia del humanista italiano y cronista de los Reyes Católicos. Como miembro de la familia de los Ribera, que tenía bajo su jurisdicción el adelantamiento mayor de la frontera andaluza, acompañó a su padre y hermanastro a los últimos acontecimientos bélicos de la guerra de Granada y participa junto a ellos en la toma de Alhama, habiendo sido previamente armado caballero en la frontera nazarí por el príncipe don Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos. También, como miembro de la familia de los Enríquez, almirantes de Castilla, se hace constar su presencia en la flota que en 1496 condujo a Flandes a la princesa Juana para casar con Felipe el Hermoso y traer de regreso a la princesa doña Margarita para desposarse en Castilla con el príncipe don Juan.
   En 1506 fue nombrado alcalde mayor de Sevilla y en 1511, tras la muerte de su hermanastro, adelantado mayor de Andalucía, siendo al mismo tiempo señor de Tarifa, Bornos, Espera, El Coronil y conde de Los Molares. En 1514 recibió el título de I marqués de Tarifa y en 1515 el señorío de Alcalá de los Gazules, formando de ese modo uno de los estados señoriales más importantes de la Baja Andalucía que con el tiempo —como duques de Alcalá y de Medinaceli— pasa a ser cabeza de la nobleza española. Representó a la ciudad de Sevilla en las Cortes de 1518 celebradas en Valladolid y en donde juró obediencia al joven rey Carlos I; de nuevo, volverá a entrevistarse con él, ya Emperador, en la misma capital castellana en 1522. En medio, están los años del viaje a Tierra Santa que hubieran de darle fama y notoriedad y con posterioridad su quehacer como mecenas, al parecer, alejado de los avatares políticos de su tiempo y dedicado al gobierno de sus señoríos y estado. Contrajo matrimonio con Elvira de Herrera, que fue anulado, sin tener descendencia. Sí tuvo, en cambio, una hija natural, Catalina Enríquez de Ribera, más tarde convertida en duquesa de Osuna y a quien dejó en herencia la mayoría de los bienes no vinculados, pues los del mayorazgos y estado señorial pasaron a su sobrino Pedro, II marqués de Tarifa y I duque de Alcalá.
   El hecho más destacado de su biografía personal, y por el que se le conoce gracias a las consecuencias que tuviera, fue su viaje a Tierra Santa. Antes, había visitado algunos santuarios de peregrinación en tierras de España (Santiago, Guadalupe, Monserrat, etc.).

   El viaje lo inició, a los cuarenta y dos años de edad, desde su villa de Bornos el 24 de noviembre de 1518, junto con un séquito de doce acompañantes, tras una minuciosa preparación del mismo, y del que ha dejado puntual relación manuscrita, titulada Viaje que hizo a Jerusalén [...] de la que se hizo edición en Lisboa en 1580.
   Sale de Bornos a las doce de la mañana y la primera parada para cenar fue en su villa de El Coronil, a unas cinco leguas de distancia, con esta minuciosidad de detalles se narran las vicisitudes del viaje que duró dos años. Atravesó Andalucía, bordeó el Levante español —Murcia, Valencia y Cataluña—, atravesó los Pirineos y recorrió el sur de Francia, pasa los Alpes y adentrarse por el norte de Italia (Turín, Milán, Bolonia, Ferrara, Verona, Padua, etc.) hasta llegar a Venecia el 17 de mayo de 1519. Estancia en la capital de los Dux para hacer acopio de lo necesario para la segunda parte del viaje, que continuó en barco por el Egeo y por tierras griegas y turcas —donde se les une el poeta Juan del Encina, que dejó una relación del viaje en ripiosos versos— hasta llegar a Jerusalén. Visitó la ciudad, recorrió los Santos Lugares y tierras afines (Betania, Josafat, Monte Sion, río Jordán, etc.) y emprendió regreso en agosto de 1519. Tras las escalas de Chipre y Rodas, de nuevo en Venecia y desde allí un giro italiano por ciudades como Asís, Bolonia, Parma, Florencia, Siena, San Miniato, Pisa, Roma, Nápoles, Génova, etc. Continuó por Francia (Cambery, Grenoble, Valence, Bayona, etc.) y pasó a España siguiendo la ruta del norte (San Sebastián, Vitoria, Burgos, Valladolid, etc.) para finalizar el viaje en Sevilla el 20 de octubre de 1520.
   Durante el viaje el marqués recogió información referida al arte, la economía, la vida cotidiana, la religiosidad, las festividades e incluso las mancebías, etc., con descripciones de lugares visitados, explicaciones de los edificios que conoció y obras de arte que contempló, negocios que realizó, etc. El comportamiento del viajero, el sentido último del viaje y la narración del mismo han sido interpretados bajo perspectivas simbólicas y cabalísticas, relacionadas con el mundo exotérico en relación a los Santos Lugares. De lo que no cabe duda, sin embargo, es de la trascendencia del viaje al convertirse, por sus logros, en un vehículo privilegiado de penetración de los valores del Renacimiento en España gracias a las inquietudes culturales y artísticas de Fadrique Enríquez puestas de manifiesto en tres de sus actuaciones más sobresalientes: la formación de su biblioteca —legada a la Cartuja de Sevilla—; la construcción de su palacio sevillano, conocido como Casa de Pilatos, construido entre 1492 y 1533 como una obra maestra del plateresco e imitando, según, la leyenda del Pretorio de Poncio Pilatos en Jerusalén y en donde hizo acopio de las obras de artes que trajo consigo; por último, la construcción de la nueva fábrica para el hospital de las Cinco Llagas —siguiendo las trazas del hospital Mayor de Milán— para albergar la fundación que creara su madre Catalina de Ribera, el edificio civil de mayores dimensiones hasta la construcción del Escorial.

   Al morir, en 3 de octubre de 1539, se le reputaba la mayor fortuna entre la nobleza, dejando a sus herederos, sólo en dinero de contado, hasta cincuenta cuentos en ducados de a dos. Como los miembros de la familia Ribera, fue enterrado en el monasterio sevillano de la Cartuja (Antonio Miguel Bernal Rodríguez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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