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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 5 de septiembre de 2025

La Sala II (antiguo Refectorio) del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Sala II (antiguo Refectorio) del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.    
     El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
     La sanidad y la asistencia social en la Sevilla del Antiguo Régimen eran radicalmente diferentes a las actuales. Estaban a cargo de asociaciones y fundaciones religiosas particulares: gremios, parroquias, hermandades o patronatos, primando sus objetivos religiosos y caritativos. Del importante número de los llamados hospitales que existieron en Sevilla la mayoría actuaban como asilos de necesitados o como refugios para los dolientes. Contaban con pocas camas y bajo presupuesto debido a sus escasas rentas devaluadas por la mala administración y los vaivenes de la economía.
     Su objetivo era acoger más que curar y solo algunos se especializaron en determinadas dolencias o disponían de algún personal facultativo, en realidad, solo uno, el de San Hermenegildo, que curaba fracturas y heridas. Otra característica era su especialización, para hombres o mujeres, para incurables, leprosos, sifilíticos, convalecientes etc. Además, la mentalidad barroca, como la medieval, entendía la salud y la miseria ligadas a la enfermedad del alma y al pecado, por lo cual la cura de almas resultaba igualmente imprescindible y el culto divino era esencial en todos los hospitales, de ahí la importancia del arte religioso en el legado que exponemos ahora por primera vez.
     La Diputación, heredera del sistema sanitario antiguo, pone a la disposición de toda la sociedad, el notable Patrimonio Histórico de estas instituciones asistenciales que pasaron a depender de la Beneficencia Provincial en el siglo XIX. Así se hace visible la cara menos amable del Barroco, con obras que nos hablan de enfermedad, abandono, miseria y muerte que, con su exposición ordenada por instituciones, procura recuperar el sentido original que le dieron los artistas y promotores.
     Se ha intentado hacer una selección representativa de las diferentes instituciones, teniendo en cuenta tanto su valor artístico como el documental.
     Esperamos que con el tiempo se pueda ir ampliando la colección expuesta con nuevas obras restauradas o con diferentes perspectivas.
     No se muestran solo obras maestras de primer nivel, que también existen, sino que se ha procurado hablar de otra realidad, las obras ligadas al culto interno de los hospitales que hablan de devoción, dolor y beneficencia caritativa. Esto no merma el interés histórico o artístico de la muestra, sino que completa la visión espléndida, positiva y optimista del Barroco jesuítico de San Luis. Podremos observar a los titulares de los antiguos hospitales, parte de las series pictóricas que los preservaban y las imágenes de sacrificio, martirio y dolor que los consolaban e incluso los legados o retratos de alguno de los fundadores y benefactores.
     Por otra parte, y al tiempo, comprobaremos la pervivencia de los modelos de los grandes maestros sevillanos en sus discípulos y seguidores. Abundan las obras de discípulos y seguidores y miembros de la Academia de Murillo que permiten contextualizar y entender las magníficas pinturas de las dos capillas de San Luis. Igualmente, podremos observar la dependencia continuada de la pintura sevillana del siglo de oro de las estampas, copias y versiones de la gran pintura europea, especialmente flamenca e italiana.
     Aunque parcial e incompleta, puede constituir una colección esclarecedora de un período de crisis, constituyendo la otra cara complementaria del Barroco triunfal y festivo que nos proporciona el conjunto de San Luis. También podremos recordar el momento de transición que supuso el siglo XIX, donde confluyeron la caída del Antiguo Régimen con su herencia recibida, la incipiente Diputación, los inicios del Estado liberal que deseaba ocupar el protagonismo de la Iglesia en la beneficencia pública.
     La Sala II (antiguo Refectorio), es la más relevante de toda la exposición. Contiene las obras provenientes del Hospital de las Cinco Llagas, destacando el apostolado de Esteban Márquez, que se reúne y expone por primera vez desde el desalojo del hospital para su conversión en sede del Parlamento Andaluz. Todas las obras han sido restauradas y el apostolado se muestra alrededor de Cristo y la Virgen, tal y como se exhibía en su estado original. Igualmente de este discípulo de Murillo se puede ver un 'Ecce Homo', que es la primera vez que se ha restaurado. Asimismo, se ofrece un 'San Sebastián' atribuido a Cornelis Schut, otro discípulo de Murillo.
     El Hospital de las Cinco Llagas fue fundado en 1500 por Doña Catalina de Ribera, para acoger mujeres enfermas y curables. En 1540, su hijo Don Fadrique, lo dotó de recursos para edificarlo de nueva planta y extramuros. Sería diseñado por Martín de Gainza, e inspirado en el hospital Mayor de Milán. Años más tarde, Hernán Ruiz II construyó su espléndida iglesia. Así se convirtió en el hospital más importante de la ciudad, usándose durante las epidemias y riadas como centro de apestados o refugio. A partir de 1837 se convertirá sucesivamente en Hospital Central, Provincial y Universitario, bajo la tutela de la Diputación, acogiendo hoy al Parlamento de Andalucía. Tenía jurisdicción Vere Nullius, es decir dependía directamente del Vaticano y era independiente de cualquier administración civil o religiosa hispalense.
     Las obras más significativas de este hospital que se han conservado, se muestran hoy en este espacio que fue el refectorio del noviciado de San Luis, lugar en el que los sacerdotes y los novicios tenían su comedor. Destacan La Virgen del Rosario, que presidió el retablo mayor de su iglesia y el Apostolado de Esteban Márquez, junto a obras de otros miembros de la Academia de Murillo, como Cornelis Schut III, además de excelentes pinturas flamencas.
     Es un ejemplo singular de hospital renacentista con planta en cuadrícula, edificio exento, amplio, ventilado y con suministro de agua y alcantarillado propios. Por dimensiones y dotación se convirtió en el centro sanitario más importante de la ciudad de Sevilla. Se inauguró en 1559 dedicándose a mujeres pobres, libres, no esclavas y aquejadas de enfermedades curables.
     La iglesia, obra maestra del Renacimiento hispánico se completó con el espléndido retablo del pintor Alonso Vázquez que se conserva in situ. Con el tiempo fue reuniendo una colección importante de obras de arte que en parte se muestran aquí por primera vez. Destacan las creaciones de los pintores de la segunda mitad del siglo XVII, y las pinturas flamencas y de influencia italiana que permiten ejemplificar las fuentes de inspiración de nuestra pintura barroca.
     La presencia de 16 cuadros de Esteban Márquez de Velasco (Puebla de Guzmán 1652-Sevilla 1696), permite hacer una revisión de la obra de uno de los seguidores inmediatos y coetáneos de Murillo que difundió el estilo del gran maestro, versionando sus modelos iconográficos. Formó parte activa de la Academia fundada por aquel en 1660 y es autor prolífico de numerosas series de apostolados y de escenas narrativas para distintas instituciones, hoy dispersas. Le acompañan los lienzos vinculables a otros miembros importantes de la Academia de Murillo como Cornelis Schut III, Llanos Valdés, Pedro Núñez de Villavicencio, Meneses Osorio y otros seguidores anónimos.
     El apostolado ampliado de Márquez se situaba estratégicamente en los pilares de la Iglesia, añadiendo una lectura barroca al severo templo del hospital, convirtiéndola en símbolo de la Iglesia Militante cimentada sobre el credo y la fe de los apóstoles. Aquí se ha intentado recuperar el efecto de la lectura conjunta de la serie, en el orden del Credo, y  mantener  la función sacralizadora que añadía a la arquitectura del templo hospitalario.
     Faltaría la pintura de San Judas Tadeo, para completar el colegio apostólico, desconocemos si fue encargada así, desde su origen, o si ha sido víctima de la devoción popular a este santo abogado de lo imposible. Solo podemos asegurar que faltaba ya en el inventario de 1936 donde se registraron los mismos cuadros que podemos admirar hoy.
     El éxito de esta serie se constata en el apostolado firmado en 1706 por el artista novohispano Juan de Miranda que realizó para el Convento de la Piedad de Churubusco, actualmente en el Museo Nacional de las Intervenciones de México. Esta temprana réplica certificaría la salida de obrador de Márquez de una o más versiones para las Indias, tal es su semejanza. Como ya advirtiera en 1975 don Diego Angulo con su extraordinaria memoria visual y ha documentado el profesor Kinkead que registró varios centenares de pinturas enviadas a América desde el obrador de Márquez (Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Sala II (antiguo Refectorio) del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, en ExplicArte Sevilla.

La Sala II (antiguo Refectorio) del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, al detalle:
- Aparición de la Virgen a San Bernardo
- Cristo en Casa de Marta y María
- Cristo Salvador del Mundo, de Esteban Márquez de Velasco
- Martirio de San Jorge
- Puertas del Manifestador eucarístico con San Ambrosio, San Agustín, San Gregorio y San Jerónimo
- San Andrés, de Esteban Márquez de Velasco
- San Bartolomé, de Esteban Márquez de Velasco
- San Felipe, de Esteban Márquez de Velasco
- San José, de Esteban Márquez de Velasco
- San Juan Evangelista, de Esteban Márquez de Velasco
- San Mateo, de Esteban Márquez de Velasco
- San Matías, de Esteban Márquez de Velasco
- San Pablo, de Esteban Márquez de Velasco
- San Pedro, de Esteban Márquez de Velasco
- San Sebastián, atribuido a Cornelis Schut III
- San Simón, de Esteban Márquez de Velasco
- Santiago el Mayor, de Esteban Márquez de Velasco
- Santiago el Menor, de Esteban Márquez de Velasco
- Santo Tomás, de Esteban Márquez de Velasco
- Virgen del Rosario
- Virgen del Rosario con Santo Domingo y San Francisco, atribuido a Sebastián de Llanos Valdés

viernes, 17 de enero de 2025

La pintura de San Antonio abad, anónima, en el Retablo de San Estanislao de Kostka, en el Refectorio del Convento de San Clemente

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Antonio abad", anónima, en el Retablo de San Estanislao de Kostka, en el Refectorio del Convento de San Clemente, de Sevilla.   
     Hoy, 17 de enero, Memoria de San Antonio, abad, quien, habiendo perdido a sus padres, distribuyó todos sus bienes entre los pobres, siguiendo la indicación evangélica, y se retiró a la soledad de la región de Tebaida, en Egipto, donde llevó vida ascética. Trabajó para reforzar la acción de la Iglesia, sostuvo a los confesores de la fe durante la persecución desencadenada bajo el emperador Diocleciano, apoyó a San Atanasio contra los arrianos y reunió a tantos discípulos que mereció ser considerado padre de los monjes (356)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "San Antonio abad", anónima, en el Retablo de San Estanislao de Kostka, en el Refectorio del Convento de San Clemente, de Sevilla.
     El Convento de San Clemente [nº 55 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 66 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Reposo, 9; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
   En el Refectorio del Convento de San Clemente, podemos contemplar en el Retablo de San Estanislao de Kostka, una pintura barroca de hacia 1731-770, y con unas medidas de 0,19 x 0,28 mts. 
   Se trata de una representación de San Antonio Abad con su hábito marrón, captado de medio cuerpo y mirando piadosamente hacia las alturas donde aparece un eclipse de sol que lo ilumina. Con largas barbas blancas y de rasgos propios de un anciano, presenta la capucha cubriéndole la cabeza. Su mano derecha porta el callado y la izquierda se la lleva hacia el pecho en actitud piadosa (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Leyenda, Culto e Iconografía de San Antonio, abad
   Patriarca de los cenobitas de la Tebaida cuya vida, contada por san Atanasio y san Jerónimo, se hizo popular en el siglo XIII por la Leyenda Dorada.
LEYENDA
   Nació hacia 251 en el Alto Egipto y muy joven se retiró en soledad.
   Habría sido asaltado por tentaciones diabólicas en el desierto, que en general se interpretan como alucinaciones de un solitario agotado por el ayuno y la vela.
   ¿Puede creerse que este tema tradicional tenga origen hindú? Las semejanzas con la leyenda de Buda, quien, como san Antonio, fue hostigado por monstruos y después tentado por mujeres que desnudaban sus pechos, son más ingeniosas que probatorias. Se trata más bien de paralelismo que de copia.
   Hacia el final de su vida, visitó a Pablo ermitaño, superior de los anacoretas de la Tebaida, milagrosamente alimentado por un cuervo que ese día llevó en su pico doble ración de pan. Algún tiempo después, al enterarse de la muerte de su venerable hermano, fue a enterrarlo ayudado por dos leo­nes.
   Además, en Cataluña se le atribuyeron aventuras que sirvieron de tema a Jaume Huguet para su gran retablo de san Antonio, en Barcelona.
   El rey de Aragón suplicó a san Antonio que exorcizara a su esposa e hijos poseídos por demonios. El santo abandonó la Tebaida viajando sobre una nube, como los apóstoles advertidos de la muerte inminente de la Virgen, y desembarcó en Barcelona. Se dirigió a la casa del preboste Andrés. En el momento de atravesar el umbral, una marrana le acercó un lechoncillo monstruoso que llevaba en las fauces, y que había nacido sin ojos ni patas. Andrés quiso expulsar a la intrusa, pero san Antonio se lo impidió dicién­dole que después de todo la pobre bestia quería implorar, igual que lo hacía el rey, la curación de su progenie.
   Después tomó la mano de Andrés y para transmitirle su poder de exorcis­mo, hizo con ella el signo de la cruz sobre el cochinillo que milagrosamente adquirió la vista y los miembros que le faltaban de nacimiento. Después de ello, Andrés exorcizó de la misma manera a la reina de Cataluña arrodillada a sus pies.
   La invención del cuerpo de san Antonio, que moriría más que centenario en 356, había hecho nacer otras leyendas popularizadas en el siglo XV por una traducción del latín al francés de Pierre de Lanoy.
   El obispo Teófilo descubrió su cuerpo envuelto en una túnica de fibras de palma que le había regalado san Pablo ermitaño. Los restos fueron desenterrados por dos leopardos. Antes, un pájaro blanco de pico rojo indicó el sitio que el santo había elegido para su sepultura.
   Para dar cuerpo a su leyenda póstuma, los hagiógrafos le atribuyeron un mi­lagro del apóstol Santiago: habría sostenido durante muchos días el cuerpo de un joven condenado a la horca por una acusación falsa.
CULTO
   En el desierto del Mar Rojo hay dos monasterios coptos vecinos del siglo IV, dedicados, uno a san Antonio y el otro a Pablo ermitaño: son los más anti­guos del mundo cristiano.
   El cuerpo del célebre asceta, transportado en principio a Constantinopla, en 1050 habría sido trasladado a una abadía del Delfinado, que tomó el nom­bre de Saint Antoine en Viennois.
   Esta pretensión era resistida por los pobladores de Arles, en Provenza, que poseían otro cuerpo de san Antonio cuya autenticidad afirmaban. El humanista Henry Estienne se burla del «gran combate» que libraron los de la ciudad de Arles con los antonitas de Vienne del Delfinado por esa causa: «Al final san Antonio se quedó con dos cuerpos enteros, y además, numerosos miembros en diversos lugares, y al menos con media docena de rodillas.» En Florencia, en la iglesia de San Antonio dei Francesi, también hay frag­mentos de reliquias que se consideran suyas.
La orden de los antoninos
 
   Los monjes de Saint Antoine en Viennois, que se llamaban antoninos o antonitas, salieron victoriosos del duelo. La orden hospitalaria, fundada en el siglo XI bajo la advocación de san Antonio convertido en santo curador, se especializó en el tratamiento de enfermedades contagiosas: fuego sagrado o fuego de San Antón, peste, y más tarde, la sífilis. Como esas terribles enfermedades estaban muy difundidas, la peregrinación de San Antonio en el Delfinado se volvió muy frecuente y concurrida, hasta el punto de rivalizar con Santiago de Compostela y San Nicola di Bari.
   Gracias a las numerosas filiales o encomiendas creadas por la casa matriz, el culto de san Antonio se difundió en toda la cristiandad a finales de la Edad Media. La orden tenía veinticinco establecimientos en Francia, diseminados en Lyon, Toulouse, Albi, París -donde el convento del Petit Saint Antoine ha dado su nombre a un barrio-. Alsacia poseía dos encomiendas antonitas en Estrasburgo y en Issenheim, cerca de Colmar. En la Suiza alemana, vecina del Delfinado, los antonitas se habían establecido en Basilea y Berna; en Alemania, enjambraron a todo lo largo del valle del Rin, en Constanza, Friburgo, Maguncia, Frankfurt,Colonia.
   Sólo Italia se mostró refractaria a esta propaganda, sin duda porque el culto de San Antonio entró en competencia con su homónimo san Antonio de Padua.
   En el siglo XVI Borgoña se convirtió en un feudo de san Antonio a causa de la particular devoción del duque Felipe el Atrevido hacia este santo cuya fies­ta había coincidido con el día de su nacimiento.
   Otra circunstancia contribuyó a reforzar el prestigio del santo ermitaño; en 1382 Alberto de Baviera, conde de Hainaut, Holanda y Zelanda, fundó una orden de caballería en honor de san Antonio que a partir de 1420 se transformó en cofradía piadosa. El collar de la orden imitaba un cinturón de ermitaño y la insignia de los caballeros era la tau u horca de san Antonio de la que estaba suspendida una campanilla de oro o plata, de una onza de peso.
Los recursos de la orden
   Para mantener sus encomiendas y hospitales, los antonianos recurrían a la crianza de cerdos. Gozaban del privilegio de dejar vagar sus animales, reconocibles por la campanilla que tintineaba en sus cuellos, por las calles de los pueblos, hozar en la basura y en los terrenos comunales. Era un derecho muy envidiado por las otras órdenes monásticas que no se privaban de enviar a sus monjes a competir acompañados de un cerdo con esquila, lo cual dio lugar a muchos procesos.
   Las colectas les proveían también amplios recursos. El papa los había autorizado a servirse de una campanilla para reunir a los transeúntes en las pla­zas públicas o en las calles, y solicitar limosnas.
Patronazgos de corporaciones
   Además, san Antonio se había convertido en patrón de numerosas corpo­raciones: los cesteros porque los solitarios de la Tebaida ocupaban su tiempo ocioso en trenzar cestos, los sepultureros, porque san Antonio enterró a san Pablo ermitaño en el desierto.
   La mayoría de los patronazgos los debe al cerdo, que se convirtió en su atributo más popular. De ahí que fuera devotamente honrado por los porquerizos, vendedores de cerdos, carniceros, chacineros, fabricantes de cepillos -que em­pleaban cerda porcina-campaneros a causa de la esquila de los cerdos. Además, en Bretaña era patrón de los alfareros, en Saint Omer de los curtidores, y en Reims de los arcabuceros.
Patronazgos contra el fuego de san Antón, la lepra, la peste y la sífilis
   Pero la extraordinaria popularidad de san Antonio se debía sobre todo a su fama como santo curador, hábilmente explotada por los antonitas.
1. Se lo invocaba contra el llamado mal de los ardientes, que había recibido el nombre de fuego san Antón. Esta enfermedad ha sido asimilada por los médicos con la erisipela gangrenosa, cuya causa era una mala alimentación con pan de centeno atizonado, es decir, contaminado por un parásito llamado tizón. El efecto del fuego de san Antón era un desecamiento de las extremidades que obligaba a su amputación.
   En su forma convulsiva, el ergotismo se caracteriza por alucinaciones visuales y auclitivas. Con frecuencia, el delirante se cree presa de seres espantosos, diablos o animales salvajes. Tal vez sea dicho síntoma la fuente de la le­yenda de las Tentaciones de san Antonio.
   El tratamiento era simple. El enfermo recibía un santo vino encabezado, ela­borado en el viñedo del convento donde todos los años, en la Ascensión, se hacían macerar las reliquias del santo en el caldo. Tan pronto como el pa­ciente llegaba, se le daban algunas gotas a beber.
   Si el medicamento se mostraba inoperante y la gangrena continuaba royendo los miembros del paciente, un hermano cirujano procedía a la am­putación.
   Cuando desapareció esa modalidad de erisipe la gangrenosa, o fuego de San Antón, se aplicó la misma terapia al lumbago.
   Esa causa del fuego de san Antón, su atributo habitual, que se recurría a él contra las llamas del infierno y los incendios. En España se lo representaba en las escaleras o en los rincones oscuros, como un coco y con una antorcha encendida en la mano, no para iluminar sino para impedir que allí se arrojas en basuras.
2. San Antonio también era invocado contra la peste: junto a san Sebastián y san Roque, es uno de los principales santos antipestosos (Pestheiligen) ¿De dónde procede ese privilegio que en su leyenda nada parece justificar?
   Es posible que la iconografía haya engendrado el culto. Uno de los atributos usuales de san Antonio es una muleta u horca con forma de tau. Pues bien, en el momento del Éxodo de Egipto, Aaron marcó con ese signo, dibujado con la sangre del cordero pascual, las casas de los judíos a quienes debía respetar el ángel exterminador, y el profeta Ezequiel (9: 4) dice que Dios ordenó a un ángel marcar a los justos con el mismo signo sobre la frente. La tau de san Antonio se asimiló a ese amuleto apotropaico y fue considerada como un preservativo contra las enfermedades contagiosas y la muerte súbita.
   Cuando las epidemias de peste se volvieron más infrecuentes y menos mortíferas, los antonitas se dedicaron a la lucha contra la sífilis, bautizada «mal de Nápoles» o «mal francés» (morbus gallicus), pero que en verdad era una enfermedad universal. Se la creía provocada por el aliento envenenado de un gallo negro de pico venenoso: el basilisco de los Bestiarios, símbolo de la lujuria.
3. La sarna, pruritos, comezones, furúnculos, várices y, de manera general, todas las enfermedades de la piel, eran de la competencia de san Antonio. Era el patrón del Hospicio de Beaune.
   El poder curativo de san Antonio se extendía a los animales: estaba clasifi­cado entre los santos protectores del ganado, y sobre todo de la especie por­cina. Para preservar la salud de los cerdos, les daban bolitas de pan frotadas contra la estatua del santo.
   Además, como san Eloy, era el patrón de los caballos.
ICONOGRAFÍA
   San Antonio está representado usualmente como un anciano barbudo, que viste el sayal con capucha prenda común de los monjes de su orden. Sus atributos habituales más característicos son la tau, la esquila, el cerdo y las lla­mas del «fuego de san Antón».
l. La tau o cruz potenzada (crux commissa, tau-shapedcrutch) ya era el símbolo de la vida futura en el antiguo Egipto. Ese bastón le sirve de báculo abacial; está bordado en azul sobre su hombro.
2. La esquila (Antoniusglocklein) está suspendida del travesaño de la tau. A veces la lleva en la mano. Era el atributo de los ermitaños, que la empleaban para rechazar los ataques de los demonios, quienes se espantaban por el ruido de las esquilas igual que por la luz de los cirios.
3. El cerdo es el inseparable compañero del santo. En Italia se lo llamaba Antonio del parco, en Suiza Säu Antoni. El cerdo no es la personificación del demonio, de las tentaciones de la carne de las cuales san Antonio fuera blanco: el animal se frota contra él con familiaridad, como un buen perro, y alude a su patronazgo sobre los puercos cuyo tocino se consideraba un remedio eficaz contra el fuego de san Antón.
   Esta intimidad con semejante animal debía parecer comprometedora y hasta escandalosa a los orientales, sobre todo a los judíos, pueblo violenta­mente porcófobo.
   Por ello el «Cerdo de san Antonio» pertenece en exclusiva a la iconografía occidental. Es desconocido en el arte bizantino, lo que prueba que su sig­nificado nada tiene de simbólico.
   El animal casi siempre lleva una esquila (pig with bell) pendiente del cue­llo. Era la insignia de los «cerdos de san Antonio» que gozaban del privilegio de libre pastoreo, y que en los pueblos, como en otros tiempos los pe­rros de Constantinopla, cumplían los servicios de limpieza y recolección de las basuras domésticas. A veces dos esquilas cuelgan de sus orejas como pendientes sonoros. Una estatua del siglo XV, que se conserva en el Museo de Troyes, representa a un porcino rascándose la oreja con una de sus pa­tas traseras.
4. Las llamas del fuego de san Antón (fuóco di S. Antonio). Las llamas salen de sus pies o del libro que tiene en la mano: alusión a la enfermedad curada por los antonitas. A veces las llamas salen de los dedos de los enfermos.
   A causa de una confusión, este emblema también fue atribuido a san Antonio de Padua.
   A estos atributos a veces se suma un rosario de gruesas cuentas y el Libro de la regla de los antonitas.
   Una estatua de piedra del siglo XV en la residencia Vauluisant de Troyes, agrega al cerdo y a las llamas el león, con cuya asistencia cavó la tumba de san Pablo ermitaño.
   San Antonio está representado ya solo, ya asociado con los otros santos «antipestosos», sobre todo san Sebastián y san Roque.
   La mayoría de las realizaciones donde se lo encuentra se remontan al siglo XV y a principios del XVI, que marcan el apogeo de su culto (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Antonio abad", anónima, en el Retablo de San Estanislao de Kostka, en el Refectorio del Convento del Convento de San Clemente, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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