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sábado, 7 de septiembre de 2024

Los principales monumentos (Castillo, Iglesia de San Sebastián, Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Ermita de la Veracruz, Baños de la Hedionda, Acueducto, Balneario de los Baños del Duque, Cantera de piedras de molino de la Sierra de la Utrera, Casa Museo de Blas Infante, Cementerio, Ciudad romana de Lacipo, Ermita de la Virgen del Rosario, Fuente de Carlos III, Los Realillos, Molinos Harineros, Monumento de Blas Infante, Museo de Etnohistoria, Puente Acueducto de los Baños, Restos arqueológicos de la Sierra de la Utrera, y Torre de la Sal) de la localidad de Casares, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo, Iglesia de San Sebastián, Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Ermita de la Veracruz, Baños de la Hedionda, Acueducto, Balneario de los Baños del Duque, Cantera de piedras de molino de la Sierra de la Utrera, Casa Museo de Blas Infante, Cementerio, Ciudad romana de Lacipo, Ermita de la Virgen del Rosario, Fuente de Carlos III, Los Realillos, Molinos Harineros, Monumento de Blas Infante, Museo de Etnohistoria, Puente Acueducto de los Baños, Restos arqueológicos de la Sierra de la Utrera, y Torre de la Sal) de la localidad de Casares, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca de la Costa del Sol Occidental
     Superficie: 162 km2
     Altitud: 435 m
     Latitud: 36º 26'  -  Longitud: -5º 16'
     Distancia a Málaga capital: 103 km
Datos demográficos
     Población: 8.111
     Gentilicio: Casareños
Ayuntamiento
     c/ Villa, 29, 29690
     952894150 - 952894017     www.casares.es
     ¿Quieres pisar los adoquines que construyeron hace siglos íberos, fenicios y romanos? ¿Y conocer al mismo tiempo a Blas Infante, considerado padre de la patria andaluza? Coge el coche y dirígete a Casares, un municipio de la Costa del Sol Occidental que te recibirá con todos los encantos de un pueblo blanco tradicional y mucho más.
     Declarado Conjunto Histórico-Artístico, Casares conserva lo mejor de todas las civilizaciones que se han posado entre sus límites. El mejor ejemplo es el Castillo de Casares, de origen árabe, que aporta al municipio un paisaje impecable entre el Campo de Gibraltar y la Serranía de Ronda.
     Además, en Casares hay espacio para un par de kilómetros de costa y tres campos de golf del más alto nivel.
     En Casares no puedes perderte sus monumentos: 
     Muchos turistas comienzan su visita a Casares por la Casa Natal Blas Infante, que permite adentrarse en la vida del considerado oficialmente el padre de la patria andaluza gracias a los fragmentos de vida y obras que aún se conservan en su interior. Además, sus salones albergan exposiciones temporales con trabajos de artistas de la zona. El edificio también es una de las oficinas de turismo del municipio.
     El Castillo de Casares es otra de las paradas obligatorias de este municipio malagueño. Está situado en la parte más alta del pueblo y los árabes que lo erigieron aprovecharon el abrupto macizo de roca caliza sobre el que se construyó para completar la defensa de la edificación. Desde el punto más alto del castillo se dominan los valles, colinas y llanuras costeras que se extienden desde la Serranía de Ronda hasta la bahía de Algeciras. Aún se conservan algunas torres, tramos de murallas y dos puertas conocidas como los arcos del Arrabal y de la Villa, que alberga el Museo de Etnohistoria.
     La iglesia de la Encarnación, de finales del siglo XVI, merece otra visita por su torre-campanario de influencia mudéjar y su patio trasero que pertenecía al antiguo convento. La ermita de San Sebastián, construida en el siglo XVII, aloja la imagen de Nuestra Señora del Rosario del Campo, patrona de Casares (Diputación Provincial de Málaga).
      Enclavado en las estribaciones meridionales de la Serranía de Ronda y próximo a la costa, Casares conserva el trazado urbano musulmán, con las blancas casas ubicadas en calles escarpadas, casi imposibles, y restos de su antigua fortificación, en la parte alta del pueblo e interesantes monumentos, además de una magia especial, que permite considerarlo uno de los pueblos más bellos y mejor conservados de la provincia de Málaga. En su término, en una cima del cortijo de Alechipe, que domina la confluencia de los ríos Guadiaro y Genal, se encuentra la fortaleza romana de Lacipo, declarada Zona arqueológica en 1996, que se superpone a un asentamiento púnico-ibérico; fue una de las ciudades romanas más importantes del sur de Andalucía, destruida por los visigodos, que utilizaron su recinto como cementerio. En la costa, encontramos la torre de la Sal o Salto de la Mora, del siglo XVI cubierta con bóvedas octogonales.
     Casares es el lugar de nacimiento de Blas Infante, padre del nacionalismo andaluz y, en cierta manera y a través de su ideario, de la Andalucía moderna. Se conserva su casa natal, convertida en un pequeño museo monográfico y lugar de peregrinación para todos los seguidores de este político, que fue fusilado en 1936. En la plaza hay un monumento a su memoria, obra del escultor Antonio Leiva (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     El centro histórico de Casares está situado en el extremo occidental de la provincia de Málaga. Se asienta sobre los últimos contrafuertes meridionales de la Serranía de Ronda, cuando esta va a caer en el extremo oriental del Campo de Gibraltar. Ocupa unas peñas en las estribaciones de la Sierra Crestellina, entre los Arroyos de Hortezuela y Albarrán. El núcleo urbano se sitúa en una ladera de fuerte pendiente, dominada por el Castillo y la Iglesia, ubicados en el punto más alto. El caserío remonta la ladera opuesta, quedando en la vaguada la vía de penetración al pueblo. Sus altitudes más significativas son: la Plaza del Castillo, 427 m.; el Barrio Alto, 410 m.; y el Barrio de Camachas, en la zona baja, 350 m.
     Producto de sus características topográficas su estructura urbana se ha configurado mediante la adaptación de su caserío a las barrancas que produce el terreno, extendiéndose tentacularmente por sus vaguadas. Las calles se desarrollan paralelas a las curvas de nivel, recorriendo el pueblo de un extremo al otro. Sus características responden a un trazado de corte hispano-musulmán y de origen defensivo, por lo que sus calles son tortuosas, no faltando cortes, recodos y adarves, que forman agrupaciones pintorescas.
     Sus manzanas son irregulares en forma y superficie. Generalmente alargadas y de poco fondo, y con fuertes desniveles entre ambas fachadas.
     Las viviendas tradicionales se desarrollan en altura con gran esbeltez. Ello viene condicionado por la acusada topografía, presentando dos ó tres plantas a una calle, y tres ó cuatro a la calle paralela; llegando a veces hasta cinco y seis plantas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
       Este pequeño pueblo, enclavado en una ladera de la Sierra Crestenilla, se caracteriza por ser el lugar de nacimiento de Blas Infante, padre del nacionalismo andaluz.
Historia
     Poblado de origen ibero, colonizado más tarde por los fenicios, los romanos hicieron de él una importante ciudadela. En el año 61 a.C., Julio César, de quien procede su nombre, curó una afección hepática en los baños de La Hedionda, de aguas sulfu­rosas. A partir de entonces, las propiedades curativas de estas aguas se hicieron famosas en Roma. En 1361, Pedro el Cruel y Mohamed V de Granada se reunieron aquí para iniciar la campaña que había de devolver a este último el trono granadino. Esta acción se conoce como Pacto de Casares. Durante la invasión napoleónica fue el único pueblo de la serranía de Ronda que resistió los ataques del ejército francés.
Gastronomía
     La cocina de Casares es fuerte y briosa, nutrida de los sanos elementos del campo y de los de la matanza. Entre sus platos más tradicionales figuran el guiso de patatas con cabrito y el cocido, hecho con patatas, coles, tagarninas, espárragos, etc. El lomo en manteca, el chorizo, la morcilla, tanto de cerdo como de chivo, son productos artesanales que figuran en todas las mesas, lo mismo que, a los postres, las tortas fritas regadas con miel de abeja.
Artesanía
     Los trabajos de esparto, la pleita y los bordados, la cerámica y el vidrio son labores artesanas que no han perdido vigencia, a pesar de los avances de la vida moderna.
Fiestas
     En mayo se celebra una romería de ámbito comarcal en la ermita de la patrona, la Vir­gen del Rosario, cuya fiesta tiene lugar el primer sábado de septiembre. En la primera semana de agosto se celebra la feria.
VISITA
     La ciudad, que fue declarada Conjunto His­tórico Artístico en 1978, derrama su blanco caserío por la ladera de la montaña, simulando desde la lejanía un paisaje cubista. La amplia plaza de España, a la que se asoma un buen número de bares, constituye el centro y el corazón del pueblo. En ella se alza la iglesia de San Sebastián, templo barroco del siglo XVIII del que sobresale la poderosa torre. De ella parte la calle Carrera, en cuyo número 51 se localiza la casa natal de Blas Infante. Arriba, en lo más alto, se encuentra el conjunto formado por los restos del castillo árabe del siglo XIII y la iglesia de la Encarnación, construida en el siglo XVI merced a la bula concedida en 1505 por el papa Julio II. Un buen recorrido es el que sube por la calle Villa y baja por Arrabal. En él se encuentran algunos de los rincones más bellos de la localidad, como pueden ser el callejón del Rey y la calle Mazmorrilla.
ALREDEDORES
     En las sierras Bermeja, Crestellina y Utrera, declaradas Parajes Naturales, cuenta el municipio con bellísimos lugares de gran riqueza ecológica. En ellos abunda la caza (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

antigua Parroquia y Castillo
     Dominando Casares, desde lo más alto del municipio, la fortaleza árabe puede tener su origen en una atalaya de época romana. Los restos actuales datan del período nazarí, conservándose tres torres defensivas y dos puertas, pero, y a pesar de estar declarado BIC, su estado de conservación es deficiente.
     En su recinto se encuentran varias construcciones cristianas, como el cementerio, la ermita de la Vera Cruz y, sobre todo, la antigua parroquia de la Encarnación, del siglo XVI, de tres naves separadas por arco de medio punto y torre campanario de estilo mudéjar (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     El castillo y ciudadela formaban un conjunto que se enclavaba en una peña elevada.
     Nada queda de los restos romanos y sólo restan unas ruinas árabes en lo que fue fortaleza. El conjunto constituye un bastión defensivo natural hacia el sur y suroeste, con una altitud de 435 metros sobre el nivel del mar. En esa parte no quedan restos, aunque no hubiera sido importante, ya que el macizo rocoso cortado a cuchillo constituye de por sí suficiente protección. Si resulta más interesante la fortificación en el sector norte y noreste, zona más vulnerable, sobre la que se extiende el pueblo. Se aprecia una puerta con arco de medio punto y torreón defensivo adosado a la roca en primera línea, y dos torres más y lienzos de muralla en segunda instancia. Del resto de lienzo de muralla apenas queda nada, sucesivas destrucciones y reparaciones, así como aprovechamiento posteriores la han modificado. 
     El recinto cuenta con una extensión aproximada de 10.000 metros cuadrados, con dos accesos desde la Plaza de Blas Infante: la calle de la Villa y calle del Arrabal, que conducen respectivamente a la Puerta de la Villa y la Puerta del Arrabal. 
     En su interior, está situado el cementerio, aunque como conjunto independiente al estar murado. En el centro se encuentra la Iglesia Mayor de la Encarnación.
     La única referencia histórica sobre la fortaleza de Casares anterior a la conquista la proporciona Simonet, recogida de Ibn al-Jatib, como uno de los pueblos que existían en el reino de Granada. Surgiría como bastión defensivo del reino Nazarí en su frontera suroeste. La toma de Ronda hace posible la capitulación de Casares en la campaña de mayo de 1485, entregado a Sancho de Saravia. Posteriormente y ante la necesidad de dinero para la Corona, es cedida a cambio de un préstamo a Rodrigo Ponce de León, Duque de Cádiz, en 1491. Paralelamente se produce el fenómeno de repoblación de la zona costera por cristianos viejos, mientras que la población morisca se ve relegada a la serranía. A finales del siglo XVI se ve afectada por la sublevación de los moriscos cuya principal consecuencia será la expulsión de los mismos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Aunque se han encontrado evidencias de los ss. IX-X, las primeras referencias escritas sitúan su existencia en el s. XIII, ocupando un lugar estratégico en el paso hacia el interior de la Serranía y como frontera de los meriníes con los reinos cristianos.
     El castillo de Casares se encuentra en el casco urbano de la localidad malagueña de Casares. En la parte alta del pueblo, en el llamado Recinto del Castillo que se correspondía con la antigua Fortaleza Musulmana. Su arquitectura es irregular, adaptada al relieve, con dos entradas originales en codo, con puertas de arco, por las calles Villa y Arrabal.
     Situada en el Recinto del Castillo, la Ermita de la Vera Cruz, junto a las ruinas del Alcázar, su construcción data del siglo dieciséis. Hoy, aunque se conoce su ubicación original, sólo se conserva parte de una de sus naves (Diputación Provincial de Málaga).

Iglesia de San Sebastián
     En la plaza de España, en el corazón del pueblo, es una pequeña ermita del siglo XVII, de nave única con cabecera plana, que alberga la imagen del Nuestra Señora del Rosario, patrona de Casares (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Pequeña ermita del s. XVII, situada en la Plaza de España, en el centro del pueblo.
     De planta basilical, con una sola nave y cabecera plana. Destaca por albergar en su interior la imagen de de Ntra. Sra. del Rosario del Campo, patrona de Casares; imagen que en el mes de mayo es trasladada a su Ermita, junto al cruce de los ríos Genal y Guadiaro, para celebrar su Romería.
     Recientemente ha sido objeto de una importante rehabilitación que ha mejorado notablemente su aspecto interior (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Templo barroco del siglo XVII, reformado tras la Guerra Civil, es de una sola nave. En su interior alberga la imagen de Ntra. Sra. del Campo, patrona de Casares. La talla primitiva, destruida en parte por la contienda civil, era de madera color caoba oscura, cuyos brazos y el niño estaban esculpidos en el mismo trozo de madera. Posiblemente fue hallada en el siglo XI y XII (Diputación Provincial de Málaga).

Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación

     La actual iglesia parroquial  tuvo un origen en un convento, franciscano, situado en el caserío bajo y sustituyó a la antigua parroquia, en estado ruinoso. De planta de cruz, con bóveda de me­dio cañón y cúpula en el crucero, sobre el atrio se levanta el coro alto. Data de 1630, aunque con importantes transformaciones  posteriores;  su fachada acoge diversos vanos, que se distribuyen sin aparente orden por el blanco enjalbegado del muro y del que destaca la torre mudéjar (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
      Se trata de una iglesia de origen conventual situada en el Llano de la Fuente, de donde procede su denominación popular como "Iglesia del Llano".
     Tiene una sola nave que se cubre al igual que los brazos del crucero y el presbiterio con bóvedas de medio cañón con lunetos y fajones, levantándose en el crucero bóveda semiesférica sobre pechinas. Sobre el atrio que se dispone transversalmente al eje de la iglesia, se levanta un coro alto.
     La fachada presenta tres arcos de ladrillo, peraltado el central y de medio punto los laterales que están cegados, sobre los que se superponen tres hornacinas, guarnecida la central de pilastras y frontón partido muy desarrollado; se remata la fachada con un falso alero y el perfil triangular de la cubierta centrado por un óculo. 
     La torre, situada a los pies del lado de la Epístola, es cuadrada y tiene dos cuerpos rehechos en época relativamente reciente.
     Esta iglesia data de 1.630, pero ha sido muy transformada recientemente.
     La actual iglesia parroquial tuvo su origen en un convento franciscano, situado en el caserío bajo y sustituyó a la antigua parroquia, en estado ruinoso.  
     Recientemente se han llevado a cabo obras de rehabilitación destinadas principalmente a consolidar estructuras, sobre todo en las cubiertas (en estado de bastante deterioro) y en las estancias en torno a la sacristía y el campanario (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Sobre las ruinas del castillo, datado en el siglo trece, se encuentra la primitiva parroquia de la Encarnación del siglo dieciséis, construida por la bula del Papa Julio Segundo, con tres naves con arcos de medio punto y sus correspondientes bóvedas que se hundieron.
     Se trata de una iglesia de origen conventual (franciscano-capuchino) situada en el Llano de la Fuente, de donde procede su denominación popular como Iglesia del Llano. Presenta una sola nave que se ensancha en el crucero, dando lugar a la habitual planta en cruz.
     Cabe destacar la torre-campanario de influencia mudéjar, originaria del siglo dieciséis, así como el patio trasero, que pertenecía al antiguo convento, y que tiene un jardín rodeado de pequeñas fuentes.
     Recientemente se han llevado a cabo obras de rehabilitación destinadas principalmente a consolidar estructuras, sobre todo en las cubiertas (en estado de bastante deterioro) y en las estancias en torno a la sacristía y el campanario (Diputación Provincial de Málaga).

Baños de la Hedionda

     De época romana -se cuenta que el propio Julio César se benefició de sus aguas sulfurosas en el siglo I a.C.-, su existencia se recoge en nume­rosos tratados geográficos latinos. El recinto balneario romano fue modificado en época islámica y, más tarde, en el siglo XVII. La edificación posee una planta casi cuadrada, de 5 por 6 metros sobre la que se alza una bóveda y a partir de ésta, dos más pequeñas de medio cañón (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Baños romano-árabes de aguas sulfurosas. Estructura abovedada y cuadrada, de unos 6 metros de lado con 3 metros de galerías de arcos rebajados, 2 en su lado Sur y uno en  el Norte, desaguando por el Este en el arroyo del Albarrán. Los materiales empleados en la construcción son junto con el hormigón, cal, piedras y dobles o triples hileras de ladrillos macizos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El 14 de junio de 2021 se inician los servicios de vigilancia para control de aforos en los baños. Un servicio que tiene como objeto proteger estos baños del alto valor patrimonial,  teniendo en cuenta el gran número de visitas que recibe el recinto en temporada alta.
     Ya puedes realizar la reserva de forma gratuita en Eventbrite, para julio, agosto y septiembre. 
     Finalizados los trabajos de pintura, desbroce y señalización, los Baños de la Hedionda ya están preparados para la temporada estival, que este año 2021 han comenzado el 14 de junio con la puesta en marcha del control de acceso y vigilancia.
     Unas medidas con las que el Ayuntamiento de Casares pretende controlar el aforo para preservar las instalaciones, de gran valor patrimonial, y su entorno natural. Teniendo en cuenta el gran número de visitas que recibe el recinto en temporada alta.
     Además de controlar el acceso a los baños y limitar la entrada de vehículos a la zona, durante el periodo estival  el Ayuntamiento de Casares también pone en marcha un servicio de socorrismo y vigilancia, e intensifica las labores de mantenimiento y limpieza de la zona.
     Aunque el acceso es gratuito, será obligatorio realizar una reserva para acceder en temporada alta, desde el 14 de junio al 12 de septiembre, en horario de 12.00 a 19.00 horas.
     Las reservas pueden realizarse desde la web de Eventbrite donde ya se puede acceder a los eventos creados para los meses de julio, agosto y septiembre.
     Mes recomendado para visitarlo: Junio a Septiembre.
Dicen que aquí el diablo exhaló su último aliento cuando fue expulsado por Santiago. Esta es una de las leyendas que el imaginario popular guarda para justificar el olor a azufre de las aguas. Los conocidos como Baños de la Hedionda, Bien de Interés Cultural, constituyen uno de los hitos históricos del macizo de la Utrera y en general de toda Casares.
     Se trata de unos Baños Sulfurosos Ferruginosos, situados en un hermoso y ventajoso paraje, que el hombre ha sabido aprovechar desde tiempos de los romanos. El recinto del balneario, cuadrado, con una bóveda esférica de pechinas y dos bóvedas de cañón, se encuentra en el margen derecho del arroyo Albarrán y muy cerca del límite con el municipio de Manilva.
     En el cauce del río Manilva, siguiendo el camino de los baños desde la población de Manilva. Pasamos por debajo del viaducto de la autovía AP-7 y continuamos la senda de tierra que nos lleva hasta los mismos baños.
     En la actualidad las aguas de los Baños siguen siendo de uso público, y bastante generalizado, aunque el estado de las instalaciones se deteriora periódicamente debido a los frecuentes actos vandálicos cometidos por desaprensivos.
     Baños sulfurosos ferruginosos de origen romano y remodelación árabe. Consisten en un recinto balneario de forma cuadrada, de aproximadamente 6 metros de lado, con bóveda esférica de pechinas y dos bóvedas de cañón, a levante del mismo, todo bajo las aguas.
     Remodelaciones posteriores, fruto de distintos niveles de caudal del venero, hacen que los árabes retoquen su estructura y la amplíen con muros y canalizaciones sacadas a la luz. Los baños se sitúan en el margen derecho del arroyo Albarrán. Los materiales empleados en su construcción son: hormigón de cal, piedras y dobles o triples hileras de ladrillos macizos.
     Las leyendas atribuyen su origen al propio Julio César, cuando era pretor, que aliviando una enfermedad hérpetica en sus aguas mandó construirlos. Lo que sí es seguro es que en sus aguas se bañaron sus tropas a la espera de la confrontación con Pompeyo y encontraron alivio a las enfermedades de la piel. La zona de los baños está declarada como Bien de Interés Cultural (Diputación Provincial de Málaga).

Acueducto romano de Lacipo

     La captación se encuentra en la Fuente Grande, a unos 4 Km de Lacipo. Solo se conservan algunos restos de arquerías en el recorrido hacia la población. En el interior de la ciudad se identificaron los restos de tres depósitos.
     El acueducto romano debió contar con:
- trazado de 4 km en tramos de arquería y apoyado sobre el terreno
- Captación de agua en Fuente Grande
- Tres cisternas de recepción de agua en la villa de Lacipo. Capacidad de cada cisterna 8 m3.
     Como ya hemos comentado, los restos del acueducto son escasos, resultando muy interesantes las cisternas que se conservan en el asentamiento de Lacipo y los restos de pilas de las arquatio de la sierra Crestellina.
     El acueducto se ha venido datando en el siglo II d. C. ya que fue el momento de mayor expansión de la antigua ciudad de Lacipo. A partir del siglo V la urbe cae en decadencia y poco a poco en el olvido (Diputación Provincial de Málaga).

Balneario de los Baños del Duque
     Se encuentra situado en la falda norte de Sierra Bermeja, en un lugar bastante recóndito del Monte del Duque. Se llega a través de un camino conocido como el Camino de los Baños del Duque al que se accede saliendo de Casares por un camino comarcal en la parte norte del pueblo dirección Majada Madrid.
     Hoy el edificio se encuentra en ruinas aunque es posible reconocer su estructura completa. La fuente sigue manando agua con sus características minerales.
     La hospedería-balneario contaba en 1857 con una fuente, dos albercas, una ermita, una casa-hospedería y una caballeriza.
     Cuando la temporada de baños estaba en su punto álgido se establecía carnicería en la que se vendía chivo o macho castrado, así como leche y queso fresco. De Genalguacil o de Casares llegaban vendedores, mujeres en su mayoría, que ofrecían pollos, gallinas, huevos, caza menor, pescado fresco, legumbres y frutas, y a quienes se les podían encargar artículos que conseguían en Casares y llevaban al día siguiente. Se amasaba y horneaba pan en el mismo balneario, pero el resto de productos de primera necesidad debía ser traído y llevado desde Casares o alguno de los pueblos cercanos (Diputación Provincial de Málaga).

Cantera de piedras de molino de la Sierra de la Utrera

     La geología del torcal casareño facilita la extracción de piedras de molino, actividad que ya aparece documentada en el siglo XVIII, aunque los indicios evidencian una industria de cierta envergadura que debió funcionar, al menos, desde el siglo XVI.
     El Canuto de la Utrera es una réplica espectacular del Torcal de Antequera, lugar emergido de las profundidades del océano formado por un laberinto de relieve kárstico en el que habita una de las especies mas amenazadas del mediterráneo.
     La Sierra de la Utrera, es un pequeño e interesante conjunto kárstico, situado en el municipio de Casares (Málaga), al Oeste de la provincia malagueña, atravesado por 3 valles encajados y paralelos a la costa, llamados canutos, de gran belleza paisajística y un cuarto más abierto. A la vez que su formación geológica está constituida por rocas cálcicas (calizas nodulosas y calizas oolíticas, principalmente) del tipo de margas y calizas adjudicadas a unidades del penibético (Béticas Externas) con génesis en el Jurásico (Dogger-Malm). Supone pues una ventana tectónica rodeada de unidades geológicas correspondientes a las Béticas Internas y al Complejo del Campo de Gibraltar.
     Este espacio consta de unas 500 Has. y está limitado por los siguientes hitos: Oeste, por la carretera comarcal A-377. Este, por el camino de Baeza a Manilva y por el límite del T.M. de Casares. Sur, por el limite del T.M. de Casares y la carretera comarcal A-377. Norte, por el Camino de Los Molinos y del río Manilva a Baeza.
     La Sierra de la Utrera guarda excelentes valores ambientales que se manifiestan por la presencia de hábitats exclusivos y prioritarios para la Comunidad Europea y fauna. Estos motivos hicieron que la federación Ecologistas en Acción propusiera su inclusión como Lugar de Interés Comunitario de la Red Natura 2000. A ello se suma la espectacularidad geomorfológica que motivará a la próxima declaración del Canuto de la Utrera como “Monumento Natural” por parte de la Junta de Andalucía. Además sus estratégicas condiciones como refugio y atalaya de vigilancia la han hecho ser habitada desde época paleolítica y en distintos momentos de la prehistoria e historia (poblamiento discontinuo). Este hecho se pone de manifiesto por la gran cantidad de restos y yacimientos arqueológicos que se han hallado en este pequeño torcal (Diputación Provincial de Málaga).

Casa Museo de Blas Infante
          Situada en el nº 51 de la Calle Carrera se encuentra la casa en la que el 5 de julio de 1885 nacía en Casares Blas Infante, Padre de la Patria Andaluza. 
     En la actualidad, además de ser un punto de información turística, la casa alberga una exposición permanente con fragmentos de la vida y obras de este ilustre casareño, que nos acercan a un mejor conocimiento de su pensamiento y de su propia persona. 
      Además, la casa posee una pequeña sala de exposiciones temporales, que suele albergar muestras de artistas locales y comarcales (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En el número 51 de la calle Carrera, en el municipio malagueño de Casares, nació el 5 de julio de 1885 Blas Infante Pérez de Vargas, el abogado y político que ha sido considerado por el Parlamento andaluz como Padre de la Patria Andaluza. Su casa natal, actualmente en proceso de ampliación y reconversión en museo, tiene como objeto la divulgación de la vida y la obra de este ilustre malagueño. El edificio original tiene dos plantes, dispone de una sala de exposiciones, otra de consulta de los fondos documentales, una sala de archivo y un salón de conferencias.
     En sus instalaciones, se atesora toda la bibliografía de Blas Infante. Dispone de copias y originales de las revistas de la época más estrechamente vinculadas a Blas Infante, publicaciones relacionadas con su carrera profesional, como el Reglamento del Centro Andaluz de Sevilla, que él presidió, copias de la documentación del Centro Andaluz de Casares, el expediente académico de Blas Infante, entre otras. Además, dispone de una colección de fotografías de lugares y momentos relacionados con Blas Infante. Así, se pueden contemplar desde imágenes de la Asamblea de Ronda de 1918 hasta del izado de la bandera andaluza en Sevilla durante la Segunda República (Diputación Provincial de Málaga).

Cementerio

          El cementerio se encuentra situado en el promontorio que corona el pueblo con los restos de la fortaleza, ocupa el espolón orientado al sur. Su situación le confiere un importante interés paisajístico, se recorta como remate de la cortada que cierra el conjunto al sur. Lo rodea un cerramiento vario, de fábrica mixta, siguiendo las pendientes, tiene partes enjabelgadas y otras zonas descuidadas, debido a la dificultosa accesibilidad. La portada, muy discreta, es un arco de medio punto abierto en la cerca y coronado con una hornacina. Contiene uno de los conjuntos más interesantes de la zona de bóvedas trasdosadas. No se conocen datos históricos, en el Ayuntamiento consta únicamente la reforma de 1901. La lápida más antigua, hoy fracturada y repuesta es de 1851. El Ayuntamiento manifiesta su interés en conservar las constantes compositivas y de ordenación, aunque ya hay ejemplos de distonías con incorporación de modos y materiales inconvenientes a ese propósito (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Situado junto al castillo. Peculiar por su construcción circular y por la costumbre casareña de encalar los nichos, que hace de este lugar una muestra de nuestra cultura y costumbres populares (Diputación Provincial de Málaga).

Ciudad romana de Lacipo
          Situada en el término municipal de Casares, en la zona conocida como El Torreón, es prácticamente una atalaya sobre una vía de penetración importante, desde la costa al interior, en época romana.
     Las campañas de excavaciones arqueológicas han demostrado la existencia de un recinto amurallado, en cuyo interior se han localizado restos de diversas estancias que parecen estar en función de la muralla, adosadas o yuxtapuestas unas a otras, sin que se evidencie un trazado ortogonal. Se ha constatado la existencia de dos aljibes, lo que demuestra carencia de agua en esta zona. Asimismo, se han hallado restos de un gran edificio de carácter público y se ha podido constatar un nivel de enterramiento hispano-visigodo.
     Los resultados de las investigaciones arqueológicas nos permiten concluir que nos hallamos ante un recinto colectivo de marcado carácter militar, cuya cronología se establecería entre los siglos I a. C. al I d. C., pudiéndose prolongar hasta el s. II d. C. Asentándose la necrópolis hispano-visigoda una vez que las edificaciones estaban en desuso (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Importantísimo enclave estratégico para controlar los valles de los ríos Guadiaro y Genal entre los siglos III a.C. al II d.C.. Atalaya de control de origen íbero, su importancia se acrecentó en época romana, llegando a acuñar moneda propia. Situada a 4 kilómetros del pueblo, en el cortijo de Alechipe (finca privada), todavía conserva murallas, en su mayoría destruidas.
     El contorno de la ciudad está perfectamente delimitado, siendo la segunda ciudad fenicia que mejor se conserva en España. Dentro de la población se eleva un ara a la juventud y otro a la fortuna Augusta. En la parte norte se observan dos pequeños torreones de unos 8 m. de diámetro. Presenta 4 puestos de vigilancia en la cara norte, dos a los lados y dos en la parte sur.
     Lacipo gozó de gran importancia durante el período romano como ciudad, por su estratégico enclave en la península y proximidad al continente africano. Con el tiempo los visigodos utilizaron el entorno como lugar de enterramiento, habiéndose encontrado en la actualidad restos del mismo (Diputación Provincial de Málaga).

Ermita de la Virgen del Rosario

          La ermita de la Virgen del Rosario se encuentra en el término municipal de Casares, a unos 11 kilómetros del núcleo poblacional, entre los ríos Genal y Guadiaro. Con la crecida del río Genal en invierno, hay veces que se queda incomunicada. 
     A esta ermita acuden en romería los casareños acompañando a la virgen durante el mes de mayo, concretamente el último sábado del mes de mayo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Entre los ríos Genal y Guadiaro se encuentra esta Ermita donde acuden en romería los casareños acompañando a la Virgen durante el mes de mayo. Con la crecida del río Genal en invierno, hay veces que se queda incomunicada (Diputación Provincial de Málaga).

Fuente de Carlos III
      Perteneciente a las reformas hidráulicas del siglo XVIII, la Fuente de la Plaza se acabó de construir en el año 1785, bajo el reinado de Carlos III.
     Se trata del remate de una obra que, a lo largo del siglo XVIII se realiza para encauzar el agua del manantial y pozos situados en el Puerto de las Viñas, y llevarla al centro del pueblo; obra a la que pertenece también la conocida como Fuente de La Arquita, centro de distribución del agua a lo largo de dos kilómetros hasta la plaza de España.
     Junto a la construcción de esta obra, Casares inicia a finales del XVIII y principios del XIX una serie de mejoras en la red pública, tanto de abastecimiento como de cloacas de aguas residuales, que aún hoy en día se conservan. 
     La fuente de la Plaza, de estilo neoclásico, se compone de tres cuerpos, y en su interior se conserva el odre de cerámica que distribuye el agua a los cuatro caños, cuya salida al exterior se hace por cuatro grifos que dan a cuatro piletas del mismo material que toda la obra.
     El cuerpo bajo y el central están compuestos por piedras labradas de arenisca que forman cuatro volutas y cuatro toros. 
     La parte última la componen cuatro lajas de la misma piedra rematadas por cuatro piñas sobre molduras y un casquete esférico rematado por un castillo del mismo material. 
     Hoy, y aunque ha sufrido varias reformas, la fuente conserva su aspecto y estructura originales, y de ella sigue brotando el agua fresca de la sierra (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Situada en el centro de la Plaza de España fue construida en 1785 bajo el reinado de Carlos Tercero. La fuente posee cuatro caños de los que brotan agua fresca de la sierra.
     Se trata del remate de una obra que, a lo largo del siglo dieciocho se realiza para encauzar el agua del manantial y pozos situados en el Puerto de las Viñas, y llevarla al centro del pueblo; obra a la que pertenece también la conocida como Fuente de La Arquita, centro de distribución del agua a lo largo de dos kilómetros hasta la plaza de España.
     La fuente de la Plaza, de estilo neoclásico, se compone de tres cuerpos, y en su interior se conserva el odre de cerámica que distribuye el agua a los cuatro caños, cuya salida al exterior se hace por cuatro grifos que dan a cuatro piletas del mismo material que toda la obra (Diputación Provincial de Málaga).

Los Realillos
     Aunque data del s. IX, en 1501 es el escenario de la revuelta mudéjar que aparece en las crónicas como el Calaluz o Calalui, en la que las tropas castellanas fueron vencidas por la población sublevada, descontenta con la vulneración de las capitulaciones (Diputación Provincial de Málaga).

Molinos Harineros
     Los molinos de Casares componen una ruta de gran belleza por las orillas del río Manilva o arroyo de Albarrá al que se accede desde el camino de los molinos, saliendo de Casares hacia el sur. También se puede recorrer en sentido contrario, continuando la vereda desde los baños de la Hedionda.
     La ruta está perfectamente señalizada desde Casares.
     Se conservan desde Casares, por la senda hacia el sur: El molino de Arriba, La Fábrica de San Pablo, El molino de la Americana, El molino del Madrileño, El molino de Cancón, El molino de la Chica, y El molino de Gómez.
     Los molinos en la actualidad se encuentran en su mayor parte en proceso de ruina por el abandono de la actividad a la que estuvieron dedicados durante siglos. Uno de ellos ha sido rehabilitado como residencia o alojamiento rural, conservando parte de los elementos hidráulicos del molino. La ruta desde el punto de vista paisajístico es de gran riqueza ya que engloba en pocos kilómetros una gran variedad de vegetación y fauna.
     Si realizamos el recorrido desde los baños de la Hedionda, remontando el río nos encontramos con el primer molino que está en ruinas. Es el molino de Gómez, fechado en el siglo XVI. 
     A 300 metros aguas arriba y en la orilla izquierda del río se encuentra el molino de la Chica, también en ruinas.
     Si continuamos hacia el pueblo por el camino de los molinos llegaremos al molino de Cancón, restaurado completamente como alojamiento rural.
     Cuando de nuevo nos acercamos al cauce del río se divisa otro molino con una chimenea redonda. Es el molino del Madrileño.
     Cruzando el río nos situamos de nuevo en la orilla izquierda y siguiendo una senda cómoda llegaremos hasta el molino del Americano o molino Rojo en el cortijo de los Molinos.
     Volviendo a la senda los últimos molinos con los que nos encontraremos, ambos en la orilla izquierda del río son la Fábrica de San Pablo y el molino de Arriba (Diputación Provincial de Málaga).

Monumento de Blas Infante

     El 15 de Julio de 1885 nacía en Casares Blas Infante Pérez. Autor del Ideal Andaluz, libro pragmático sobre su proyecto para Andalucía.
     Fue notario y político, considerado oficialmente por el Congreso de los Diputados y el Parlamento de Andalucía como el Padre de la Patria Andaluza, por ser el máximo ideólogo del andalucismo político en todas sus vertientes, regionalista, federalista y nacionalista. Infante alternó las tareas de notario, historiador, antropólogo, musicólogo, escritor y periodista, además de ser un lector voraz y gran conferenciante (Diputación Provincial de Málaga).

Museo de Etnohistoria
     Para dar a conocer la historia la forma de vida de los antiguos pobladores de Casares, este Museo muestra vestigios arqueológicos y utensilios de la vida cotidiana, pública y familiar desde el neolítico hasta el siglo veinte. En él se ubica la Oficina de Turismo de Casares (Diputación Provincial de Málaga).

Puente Acueducto de los Baños
          Cercano a los Baños de la Hedionda, y sobre el Arroyo Albarrá aparece el puente de los Baños.
     Construido en el siglo XVI y restaurado en el XVIII, está relacionado con la acequia de riego y el paso de personas entre ambos márgenes, especialmente entre los Baños y el Camino del Vallecillo, sirviendo al mismo tiempo de acueducto para la acequia de agua general. 
     La construcción en piedra caliza de la próxima Sierra de la Utrera, está efectuada con dos ojos sobre el río y una longitud de 45 metros, con una altura sobre el nivel normal del río de 2 metros.
     De airosa estructura, presenta sin embargo una notoria robustez en sus basamentos que lo ha hecho mantenerse hasta nuestros días (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Cercano a los Baños de la Hedionda, y sobre el Arroyo Albarrán, aparece el puente de los Baños. Construido en el siglo dieciséis y restaurado en el dieciocho, está relacionado con la acequia de riego y el paso de personas entre ambos márgenes, especialmente entre los Baños y el Camino del Vallecillo, sirviendo al mismo tiempo de acueducto para la acequia de agua general.
     La construcción en piedra caliza de la próxima Sierra de la Utrera, está efectuada con dos ojos sobre el río y una longitud de 45 metros, con una altura sobre el nivel normal del río de 2 metros. Presenta una notoria robustez en sus basamentos que lo ha hecho mantenerse hasta nuestros días (Diputación Provincial de Málaga).

Restos arqueológicos de la Sierra de la Utrera

     Pese a ser un torcal relativamente pequeño, presenta evidencias arqueológicas de una ocupación prolongada en el tiempo, como una industria lítica de transición del Achelense al Musteriense o las muestras cerámicas localizadas más antiguas del Neolítico Andaluz.
     Desde el punto de vista histórico, este cercano conjunto calizo, situado en Casares, concentra un buen número de elementos de interés patrimonial resultantes de sus condiciones como singular entorno natural y del uso que tradicionalmente el hombre ha hecho del lugar desde el Paleolítico hasta la actualidad.
     Aunque hoy día está despoblado, fue refugio de diversos grupos humanos que explotaron sus variados recursos naturales, tanto para la obtención de materias primas (areniscas, calizas, mármoles) como para el desarrollo de actividades agro-ganaderas. Junto a ello, la geología del karst, su orografía y preponderancia en el territorio conllevaron el aprovechamiento prehistórico de sus cavidades (con carácter habitacional, funerario y simbólico). Destacan sitios de hábitat como la Cueva de Gran Duque o el uso funerario de la sima Hedionda IV, que se remonta a inicios del Neolítico.
     Del mismo modo, su amplia visibilidad y fácil defensa natural posibilitaron la creación de un asentamiento de la Edad del Bronce. En la Sierra de la Utrera también hay evidencia de un asentamiento de tiempos de la fitna hafsuní (finales del siglo IX-X) (Diputación Provincial de Málaga).

Torre de la Sal
           La Torre del Salto de la Mora presenta un aspecto de pequeña fortaleza. Se encuentra situada sobre un avanzado promontorio rocoso de la costa casareña entre el río Manilva y el Arroyo Camarate, junto a la playa, y a pocos metros de una antigua casilla de los carabineros. Dado su volumen y su localización en la costa no presenta obstáculos que impidan su visión. 
     Se trata de un elemento muy destacado del sistema de defensa y vigilancia de la costa malagueña y al mismo tiempo es otra muestra más de la industrialización histórica de la zona en torno a la sal. Su posición avanzada sobre el mar permite su fácil visibilidad, situándose entre las torres de Chullera y la del arroyo Vaquero. Está situada entre el río Manilva y el Arroyo de Camarate. Se conoce al menos desde el siglo XVI donde aparece integrada en el sistema oficial de torres de la marina. Desde ella se divisa la Torre de la Chullera y sus horizontes alcanzan una lejanía total de 9 km.
     Su obra es de mampostería con una utilización de ladrillo en huecos, troneras, garita, pretiles, bóvedas interiores, entre otros elementos. La construcción está enlucida en el exterior.
     Esta torre cuenta con dos alturas y es de planta cuadrada, contando con bóvedas octogonales en su interior. Sus lados, en la base, tienen 9,20 metros y cuenta con una altura de 10,6 metros. Al norte presenta ventana de ingreso primitivo a 5,40 metros de altura. Los muros tienen un grosor de 1,35 metros; el cuerpo bajo, posteriormente se ha recrecido en 30 cm, seguramente para contrarrestar el empuje de la bóveda interior, acrecentado con el peso de los sacos de sal; a esta reforma pertenece el hueco de ingreso actual y también dos delfines grabados en el mortero fresco, en el lado alto izquierdo de la fachada principal. Internamente se divide en dos cámaras cuadradas de 6,5 metros de lado que se cubren de bóveda octogonal vaída, sobre trompas y dos roscas voladas de ladrillos en la cimbra, o coronación, de los muros de apeo. 
     En la cámara inferior (antiguo almacén o depósito en la época más antigua) se aprecian modificaciones más modernas como el recrecimiento de los muros o el acceso, a ras del suelo abierto en el lado norte. 
     La sala principal (primer piso) presenta huecos de medio punto en los muros norte y sur; así como una abertura de mayor dimensión en el lado norte (antigua entrada a la torre) y aspilleras de vigilancia en los otros dos testeros. El del lado oeste conserva la chimenea para producir las ahumadas de alarma, cuya composición rectilínea revela su ascendencia neoclásica de finales del XVIII. La azotea mide 8 x 8 metros, sus pretiles aspillerados de 1,10 metros de alto y 0,62 metros de grosor han sufrido transformación (pretil no uniforme rebajado en el lado sur), ya que originariamente debió de ser almenada. Posteriormente tuvo una organización con matacanes, ahora cegados, en los centros de los muros, de los que se han conservado las ménsulas de apoyo; también se conserva al oeste, el hueco de salida del humo de la chimenea. En el ángulo sudoeste y con huecos de vigilancia en estas orientaciones, existe un garito cuadrado de 1,80 metros de lado, cubierto por una bóveda esférica de ladrillos. Internamente la comunicación es a través de diversos tramos de escalera embebidos en el muro; el primero de 22 peldaños entre ésta y la sala inferior y un segundo que conduce a la azotea, de 19 peldaños. 
     El cuerpo inferior es más ancho que el superior, probablemente como solución arquitectónica a los empujes del edificio. 
     Ambos pisos están cubiertos por bóvedas octogonales vaídas sobre trompas.
     Hoy en día no se conserva la puerta levadiza que ordenara construir el emperador Carlos I, que daba entrada al monumento, y que viene protegida por la ladronera del terrado. Tampoco se conserva la ventana abierta en la parte superior, que ahondan en su defensa, ya que se trataba de la parte más vulnerable de la edificación. La conocemos desde el siglo XVI donde aparece integrada en el sistema oficial de torres de la marina. Junto a la torre se encontraba una salina, empleándose para su almacenamiento. 
     Parece que se trata de obra andalusí y más concretamente, por su tipología, nazarí. Habría formado parte del sistema defensivo del Reino de Granada frente a los cristianos de Algeciras. A partir del siglo XVI se integró en el sistema oficial de torre de la marina para la vigilancia y defensa costera frente a los piratas berberiscos. Lo cierto es que en 1575 estaba aún por terminar, recibiendo modificaciones en los siglos posteriores. En 1567 aparece mencionada como "Castillo adonde el Duque de Arcos quiso poblar un lugar", de acuerdo con una orden dada por Carlos I en 1528. El Duque construiría igualmente unas salinas en sus inmediaciones de donde derivaría su nombre actual.
     A finales del siglo XVIII se le llamaba «Torre de la Sal», probablemente por ser depósito de este producto, intervenido por el Estado y sumamente utilizado en esta zona, tan industrializada en salazones.
     La Torre de la Sal ha sido restaurada con anterioridad a 2009 y se ha adecentado su entorno con vistas a un posible uso turístico y cultural del monumento.
     Según la "Relación del estado de todos los puertos fortificados de los ocho Partidos de la costa del Reino de Granada, dividido en Mandos, desde Calatarage, que da principio en el Reino de Andalucía, hasta San Juan de los Terreros, que confina con el de Murcia", elaborada por el mariscal de campo Antonio María Bucareli, "la Torre del Salto de la Mora pertenecía al mando de Estepona, y era propiedad del Duque de Arcos". Su denominación parece que deriva de una leyenda popular según la cual, una andalusí acosada por una nube de disparos saltó a un falucho, tratando de huir a Berbería. Se la refiere también como de la Sal, porque en sus inmediaciones había localizado un alfolí de tal producto.
     La Torre de la Mora se trata de un raro bastión de defensa con ascendencia andalusí en su aspecto exterior las proporciones de su mole y la falta de huecos exteriores, pero sobre todo la traza de sus bóvedas octogonales, sobre planta cuadrada con trompas angulares. De tal tipo existen en la Alhambra, el Castillo de Gibraltar y un pequeño aljibe en el de Gibralfaro; también las hay en presuntos alminares como el del Castillo de Álora y las de Santa María en Vélez y Ronda (Tembory Álvarez, 1975).
     Se le denominaba también de la Sal, porque como dice en su Relación Bucareli "al pie hay un alfolí de sal". En el informe de 1761 dice que se hallaba en buen estado (Falcón Marqués, 1989: 32).
     En la visita realizada en 1571 por Antonio de Berrio y Luis Machuca señalaban que en dicho lugar se encontraba una torre a medio hacer de muy buena fábrica, que ya alcanzaba 24 pies de altura, faltado para concluirla otros 18 pies; era del Duque de Arcos, aconsejando que se acabara por la defensa que proporcionaría a las calas, pescadores y haciendas inmediatas.
     En informe de 1575 se apremia para concluir la torre que estaba comenzada en este paraje por el Duque de Arcos, abuelo del que había en aquel momento; la obra realizada tenía 6 tapias de alto y una bóveda muy buena, quedando pendiente poco trabajo para completar el conjunto.
     En la visita realizada en 1739 por el Marqués de Valdecañas, halló la Torre del Salto de la Mora con capacidad para tener dos cañones de a 4 libras, que indicó sería conveniente dotar para la defensa de las calas inmediatas, proponiendo la construcción de una batería rasa, cerrada y guarnecida; era mantenida por el Duque de Arcos.
     En el plan de 1740 Luis Fernández de Córdoba señaló que en la Torre del Salto de la Mora sería conveniente situar dos cañones de pequeño calibre y dos pedreros, dotándola de un sargento, un cabo y siete soldados.
     Según informe redactado en 1749 por Jerónimo Amici la Torre Salto de la Mora necesitaba dos fanegas de cal, hojas de lata y clavazón para sus reparos que presupuestó en 95 reales 22 maravedís que habría de sufragar el Duque de Arcos. 
     También se habrían de reparar por cuenta del monarca las brechas ocasionadas en la misma por el cañoneo británico que había sufrido.
     En la relación sin firma de 1759 se anotó que la Torre del Salto de la Mora se hallaba en buen estado y podía tener dos cañones de a 4 libras, que sería conveniente ponerlos, pues sólo tenía dos torreros; aconsejó construir en dicho paraje una batería para cuatro cañones de diversos calibres, cerrada por la gola con los alojamientos necesarios para la tropa, que fue presupuestada en 50.000 reales de vellón.
     En la visita realizada en 1762 por Antonio María Bucarelli halló la Torre del Salto de la Mora en buen estado y con capacidad para dos cañones de a 4 libras, pertenecía al Duque de Arcos que pagaba sus torreros. Además del alfolí de sal tenía a su pie una barraca en mal estado, que servía de cuerpo de guardia.
     En el estado de las torres realizado en Málaga el 15-11-1763 por Juan de Urbina la Torre de la Sal tenía dos torreros.
     En el Reglamento de 1764 figura la Torre del Salto de la Mora, del partido de Estepona, con un cabo y tres torreros de dotación (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Junto a la torre se encontraba una salina, empleándose para su almacenamiento. Formaba parte del sistema defensivo del Reino de Granda frente a los cristianos de Algeciras. A partir del s. XVI se integró en el sistema oficial de torre de la marina para la vigilancia y defensa costera frente a los piratas berberiscos.
     Situada sobre un promontorio de la costa casareña entre el río Manilva y el Arroyo Camarate, se encuentra la Torre de la Sal o Torre del Salto de la Mora, como también es conocida, probablemente por ser depósito de este producto, intervenido por el estado y sumamente utilizado en esta zona, tan industrializada en salazones.
     Cuenta con dos alturas, y además tiene la peculiaridad de poseer una planta cuadrada, lo que la diferencia del resto de torres que nos encontramos a lo largo de la costa. Y es que, a diferencia de éstas, la Torre de la Sal no sería una torre de vigilancia propiamente dicha.
     Su cuerpo inferior es más amplio que el superior, probablemente como solución arquitectónica motivada por los empujes del edificio, y ambos están cubiertos con bóvedas octogonales vaídas sobre trompas. Hoy en día no se conserva la puerta levadiza que ordenara construir el emperador Carlos I, que daba entrada al monumento, y que viene protegida por la ladronera del terrado y la ventana abierta en la parte superior, que ahondan en su defensa, ya que se trataba de la parte más vulnerable de la edificación.
     La conocemos desde el s. XVI donde aparece integrada en el sistema oficial de torres de la marina. Parece que se trata de obra islámica y más concretamente, por su tipología, nazarí. Lo cierto es que en 1575 estaba aún por terminar. En 1567 viene mencionada como "...Castillo adonde el Duque de Arcos quiso poblar un lugar..." de acuerdo a orden dada por Carlos I en 1528. El Duque construiría igualmente unas salinas en sus inmediaciones de donde derivaría su nombre actual; no obstante, en 1571 aún no estaba terminada (Diputación Provincial de Málaga).

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jueves, 20 de abril de 2023

La Casa del Rey Moro (actual sede de la Fundación Blas Infante)

     Por Amor al Arte
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     La Casa del Rey Moro, se encuentra en la calle Sol, 103; en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo.
     Si se exceptúan las construcciones domésticas de los Reales Alcázares y las residencias de la nobleza, no hay duda de que la llamada «Casa del Rey Moro» es la más antigua de Sevilla.
     Sus características formales nos garantizan que estamos ante una residencia fechable en las dos últimas décadas del siglo XV, aunque no faltan elementos del siglo XVI. Su extensión indica que debió estar habitada por algún miembro de la burguesía de época de los Reyes Católicos para convertirse más tarde -ya en  el siglo XIX- en casa de vecinos.
     Su núcleo central es un patio cuadrado, situado en tercera crujía, al que rodean, de manera irregular, varias danzas de arcos de ladrillo rebajados inscritos en alfices, que apoyan en pilares de variado y  complejo diseño.
     Las dependencias de la casa se organizan en una crujía en torno al patio central. La escalera se sitúa en el ángulo inferior derecho en una posición que permite articular patio y zaguán de entrada, situado éste lateralmente junto a la medianera de la casa colindante.
     El salón principal de la casa, en planta alta, ocupa la crujía de fachada y está cubierto con un artesonado con tirantas, de estilo mudéjar. Tras la casa, y sólo accesible por un estrecho adarve, existe hoy un enorme espacio abierto que fue huerto de la casa. Conserva una noria de tipo hispanomusulmán.
     La casa ocupa en planta baja una superficie de 305 m2 , estimándose una superficie total construida aproximada de 550 m2 (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
     La finca se encuentra en una importante vía de la red urbana medieval, la calle Sol, que comunicaba las collaciones de San Román y Santa Lucía, lindando con el huerto con fincas sitas en la calle Enladrillada y Marteles. La casa se inserta en una parcela rectangular de grandes proporciones que formó parte de otra mayor de la que aún restan jardines. Debió constituir una de las primeras implantaciones al borde del antiguo camino a la puerta del Sol, por lo que su planta presenta un perímetro muy regular que difiere del resto de las de su entorno.
     La casa cuenta actualmente con dos fachadas: la principal que da a la calle Sol y otra, en su lateral izquierdo, que permitía el acceso, en época histórica, a la huerta de la vivienda y que actualmente es una pequeña calle sin salida.
     Posee planta rectangular y una distribución espacial en torno a un patio central porticado en tres de sus lados. Las zonas anterior y posterior del inmueble están constituidas por dos crujías, mientras las laterales presentan sólo una y de menor anchura.
     La fachada, de ladrillo visto encalado y sin decoración, tiene dos puertas: una moderna que da acceso a un ala dedicada a sala de exposiciones y la original del edificio. En la planta primera destacan un balcón, un pequeño vano y una cornisa de escaso vuelo que se desarrolla por toda la fachada y sostiene las tejas de las cubiertas hasta llegar al mirador, de factura reciente.
     Las distintas remodelaciones que ha sufrido la casa hacen que sea el patio, que ha permanecido sin reformas, el espacio de mayor interés. Presenta arcadas completas en la planta baja y alta en los flancos norte y sur, y sólo la alta en su lado este. Donde éstas faltan existe un muro en el que se abren vanos comunes. Las arcadas se sostienen por pilares de ladrillo de color rojizo de diferentes secciones, siendo en la planta baja octogonales y con basas simples. Los arcos peraltados enmarcados en alfices apoyan en capiteles con forma e paralelepípedo recortados en la parte inferior de los ángulos. En las galerías altas existe una gran tipología de soportes, los arcos son rebajados e igualmente enmarcados en alfices. El resto de los componentes del patio pertenecen a la última restauración. En las demás estancias la adaptación a nuevos usos ha homogeneizado su aspecto. Elemento a destacar en el inmueble es la techumbre del salón principal, un artesonado de tirantes, de estilo mudéjar, bastante restaurado, de traza sencilla, en el que únicamente aparece decoración de lacería en los tres tirantes.
     Del amplio huerto arbolado de que disponía, actualmente todavía se conserva una noria y parte de lo que fue el huerto, que ha sufrido un proceso de segregaciones, pero que en parte se mantiene.
     Carecemos de noticias históricas acerca del origen de esta casa e incluso desconocemos la explicación de su nombre popular: "Casa del Rey Moro". En este sentido, en 1839, se expresaba así González de León: "Con efecto es una casa grande muy antigua enriquecida por toda ella con hermosas labores arabescas ya muy estropeadas, y algunas puertas también tienen arcos árabes, pero de estas casas hay muchas en Sevilla sin llamarse del rey moro que no se que origen tenga".
     Tradicionalmente se venía conociendo con este nombre, así como el huerto posterior a la casa, actualmente un solar: "Huerto del Rey Moro". Celestino López Martínez indagó acerca del origen de esta denominación y afirmó que consultando los Padrones de la Parroquia de Santa Lucía de los siglos XVII y XVIII aparece ya la denominación de "Casa del Rey Moro", con referencias idénticas al huerto. A partir de aquí este autor emprende un repaso exhaustivo de todos los reyes "moros" que habitaron en Sevilla en los siglos XII y XIII, y llega a la conclusión de que el verdadero habitante de esta casa y a quien se debe el nombre es el Rey de Niebla y del Algarve D. Abenmafor, a mediados del siglo XIII.
     Hoy en día, por los restos arquitectónicos conservados, nos consta que la llamada "Casa del Rey Moro" no es sino una construcción mudéjar, por sus rasgos estilísticos y tipología de fines del siglo XV. Probablemente esta denominación se la dio el vulgo, ya que desde muy antiguo, por su aspecto morisco y sus curiosos y orientalizantes arcos y pilares del patio. Son por tanto aspectos estilísticos los que dan pie a fechar el inmueble a fines del siglo XV y comienzos del XVI. El arquitecto Alfonso Jiménez, director de las obras de restauración y rehabilitación del edificio recién terminadas, concreta las fechas entre 1490 y 1505, tomando como puntos de referencia las fábricas de ladrillo en limpio bicolores y la desaparecida reja plateresca.
     Desde muy pronto la casa debió pasar de ser propiedad familiar a casa de vecindad. Con certeza sabemos que en el siglo pasado era casa de vecinos. González de León hacia 1840 afirmó que "al presente es tienda", lo cual hay que entender en el sentido de que las crujías de fachada era la ubicación de algún tipo de comercio y la parte más profunda de la casa, lugar de habitación de diferentes inquilinos. Joaquín Guichot realizó un bonito y evocador dibujo en 1876 de esta casa y advierte en el título que en aquellos momentos estaba convertida en casa de vecinos. Lógicamente esta conversión originó una serie de cambios en la tabiquería interior, así como en la remodelación del espacio de las galerías del patio, como ocurre en todo proceso similar de transformación de inmuebles históricos en casas de vecinos.
     Celestino López, posteriormente, en los años treinta del siglo XX, señala que por entonces la cal cubría los muros antiguos ocultando "las preciadas labores arabescas" y afirma que la casa poseía muchas tradiciones y evocaba curiosas páginas de la historia hispalense, aunque no desarrollaba ninguna de ellas en su escrito.
     Por fin a comienzos de los años setenta la Dirección General de Bellas Artes del entonces Ministerio de Educación Nacional expropió el edificio. En 1972 se inician las obras de consolidación y restauración a cargo del arquitecto Rafael Manzano, que quedan interrumpidas. En 1980 se encarga la continuación de las obras al arquitecto Alfonso Jiménez, que a partir de 1982 inicia las mismas. Con diversas fases de inactividad las labores de restauración y rehabilitación se concluyen a fines del año 1990.
     El edificio es actualmente la sede de la Fundación Blas Infante (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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lunes, 28 de febrero de 2022

La Casa Museo de Blas Infante - El Museo de la Autonomía, en Coria del Río (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 28 de febrero, es el Día de la Comunidad Autónoma de Andalucía, al cumplirse el aniversario (28 de febrero de 1980) del referéndum sobre la iniciativa del proceso autonómico de Andalucía del año 1980 que dio autonomía plena a la comunidad andaluza, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Casa Museo de Blas Infante-El Museo de la Autonomía, en Coria del Río (Sevilla).
     La Casa Museo de Blas Infante-El Museo de la Autonomía, se encuentra en la avenida Blas Infante, s/n; en Coria del Río (Sevilla).
    La casa, construida en una parcela rústica al límite del municipio, está ubicada sobre un altozano, desde el que se divisa el Guadalquivir. Fue mandada a construir en 1930 por Blas Infante como vivienda familiar, encargándose él mismo del diseño y de la dirección de las obras. Su valor es esencialmente histórico. Es un chalet en las afueras del la población, exento, rodeado por jardín y huertos de naranjas, con amplias vistas al gran río de Andalucía.
     En el interior sigue el esquema de una vivienda unifamiliar con pasillo perpendicular a la puerta de la entrada, al cual abren las distintas habitaciones, dormitorios, aseos, despacho, etc., en este pasillo se encuentra el salón de columnas. El interior del edificio sorprende por la profusión de yeserías neomudéjares policromadas.
     La villa, que se encarga personalmente de diseñar tanto a niveles decorativos como constructivos, se inspira principalmente en la arquitectura de Al-Andalus, aunque cuenta también con elementos ornamentales propios de otros estilos, por lo que podemos situarlo dentro de la corriente historicista.
     La construcción se distribuye en cinco crujías paralelas a fachada. La zona principal comprende el espacio delimitado por las tres primeras, ocupando la segunda planta sólo la tercera crujía.
   La planta del inmueble es rectangular, quedando estructurado su interior mediante un largo pasillo central que recorre todos los cuerpos hasta llegar a la zona de servicio. La entrada principal está situada en el flanco Este, tras ella se sitúa el corredor, al que abocan las habitaciones a izquierda y derecha, marcándose cada uno de los tramos mediante arcos de herradura.
   En el dintel exterior de la sencilla puerta principal de entrada, conformada por un arco de medio punto, enmarcado por azulejos de reflejos metálicos, se encontraba el Escudo original de Andalucía, diseñado por Blas Infante y realizado por Pedro Navia, y que en la actualidad se conserva dentro de la villa. En el interior, también sobre el dintel, podemos leer una afectiva dedicatoria a los tres hijos que por entonces tenía Blas Infante: «La Casa de la Alegría es el reino de tres ángeles, Ginesita, Mariquita y Blasito».
     Tras la entrada se accede al pasillo central, estancia que destaca por la belleza de su techo, las puertas talladas de acceso a las habitaciones y los faroles de hierro forjado que la iluminan. La primera sala que se encuentra a la izquierda es el despacho, éste presenta interesantes yeserías policromadas y zócalos de cerámica. En las paredes se pueden leer diversas inscripciones andalusíes que versan sobre la herencia de Al-Andalus y los nombres de los artesanos que las realizaron.
     La sala de la derecha, que alberga hoy día los símbolos originales de Andalucía: la Bandera, el Escudo y el Himno, fue la habitación usada como dormitorio de la madre de Blas Infante, por lo que la mayoría de las inscripciones de las paredes están dedicadas a ella.
     A continuación se encuentra el llamado «comedor de los frescos» o «comedor de los moros», en alusión a la tipología y motivos de las pinturas de las paredes, que son obra del artista Juan Alonso Garzón, y que presentan escenas en la línea romántica y orientalista de la estética decimonónica. Los zócalos de azulejos de Pedro Navia completan la decoración de esta estancia, y sus escenas del Quijote son las primeras, de las más de setecientas de este tema, que se encuentran distribuidas por la casa. En uno de los laterales de la chimenea se aprecia una escena de la bahía de Isla Cristina donde la familia Infante vivió casi ocho años.
     Tras la escalera de acceso a la segunda planta, situada en la tercera crujía, y traspasando una puerta, se llega al segundo cuerpo de la casa, mucho más sencillo en cuanto a decoración, ya que presenta las paredes enfoscadas desde el zócalo de azulejos, y los techos conformados con vigas de madera vista.
     En este cuerpo se encuentra una zona de estar, separada del pasillo mediante arcos de medio punto sobre columnas con basamentos cuadrados, y dispuesta entorno a una gran chimenea, lugar donde la familia pasaba la mayor parte de su tiempo, y que comunica directamente con la cocina a través de una pequeña ventana situada en un lateral. Al fondo a la izquierda se sitúa la biblioteca, a la que se accede a través de un pequeño patio y enfrente la sala de música; al final de la galería se observa un relieve esmaltado con la bandera andaluza en el centro y cuatro grandes frisos de inspiración clásica. La segunda planta, que emerge a manera de torreón en esta tercera crujía, alberga dos dormitorios y una pequeña sala.
     Adosado a la parte trasera del edificio y comunicado a través de una reja, se encuentra el almacén para guardar los aperos de labranza propios de una casa de campo y en el flanco sur un cuerpo para cocheras y vivienda de los guardeses. La cubierta es plana, a la andaluza, en la zona noble del edificio e inclinada, a dos aguas, con teja árabe, en el segundo cuerpo. El remate en el primer cuerpo se realiza mediante almenas escalonadas de ladrillo visto, material que es igualmente empleado para el resto de las fachadas, lo que otorga a la casa una apariencia fortificada que dio lugar a la denominación popular de «castillo de don Blas». El segundo cuerpo se encuentra enfoscado y pintado con cal. En el torreón de la segunda planta se abre la única ventana bífora, con arcos que pretenden ser angrelados, enmarcados por bandas de yeserías; las restantes ventanas son sencillos huecos verticales enrejados y enmarcados con azulejos. La solería de toda la casa es hidráulica, de formato cuadrado en el primer cuerpo, y, en el segundo, de fino prensado. El edificio también se denomina «Recreo de Santa Alegría», y en su construcción participaron albañiles de Coria del Río cuyos nombres quedaron inscritos, con grafías árabes, en las yeserías que ornamentan el edificio.
     La casa constituye una versión particular del regionalismo andaluz en su vertiente neomudéjar y plateresca. Recrea las alquerías que poblaron el Aljarafe en tiempos de Al-Andalus y refleja aspectos constructivos que Blas Infante contempló en su viaje a Marruecos en 1924. A esta intención responden también elementos ornamentales del primer cuerpo, tales como las yeserías, pinturas murales, carpintería y azulejería. A su vez los elementos ornamentales del segundo cuerpo del edificio son muestra de la importancia que daba Infante al afán del humanismo andaluz por recuperar los valores de la época clásica y castellana en Andalucía. En definitiva el edificio está concebido para plasmar, con el espíritu integrador y conciliador que caracterizó a su creador, las ideas más profundas del andalucismo histórico. Igualmente es una síntesis de la sucesión de grandes culturas en Andalucía, tales como la tartésica, la clásica, la oriental y la humanista, así como de la convivencia entre las infuencias religiosas judeocristianas e islámicas.
     También el jardín de la villa es importante y significativo, al estar diseñado como mirador del Guadalquivir y contenedor de variadas especies autóctonas, traídas de diferentes puntos de Andalucía y como muestra de su diversidad.
     Blas Infante, nacido en Casares (Málaga) en 1885, cursa estudios en la Facultad de Derecho de Granada y gana las oposiciones de notarías en 1909. Se casa en el pueblo sevillano de Peñaflor con Angustias García Parias, residiendo en Sevilla, Isla Cristina y Cantillana. En 1931 se instala definitivamente en Sevilla y manda construir la casa de Coria del Río, sobre una loma exenta desde la que se divisa el paso del Guadalquivir.
     La villa, que se encarga personalmente de diseñar tanto a niveles decorativos como constructivos, se inspira principalmente en la arquitectura de Al-Andalus, aunque cuenta también con elementos ornamentales propios de otros estilos, situando estilísticamente al edificio dentro de la corriente historicista.
     Desde este sitio, que habitó desde 1932 a 1936, vivió el líder andalucista períodos claves de su trayectoria política, tales como el proceso de reconocimiento del gobierno de la República a las nacionalidades del Estado Español y el comienzo de la redacción de los estatutos de las futuras comunidades autónomas, entre ellos el de Andalucía.
     El proceso constructivo comenzó con el levantamiento de una vivienda para albergar a los guardeses que se encargaría de explotar y vigilarían, en adelante, la finca y las obras de la casa. 
     La construcción de la Santa Alegría se produjo en dos fases. La primera comprendió la edificación de la galería principal con estancias a derecha e izquierda. En el momento en que la familia se trasladó a la vivienda estaban construidos los dormitorios, el despacho, el comedor, la cocina (con su despensa) , una alacena, un cuarto de baño, un comedor pequeño que hacía las veces de recibidor y cuarto de la plancha un pequeño pasillo que separa esta estancia del cuarto de baño. A través de una escalera se accedía a la segunda planta donde se ubicaban tres dormitorios y una terraza. Con posterioridad se iniciaría la segunda fase hasta completarse la totalidad de la obra.
     En la construcción de la casa participó el propio Blas Infante como diseñador y director de la sobras, en ella participaron el pintor Juan Alonso Garzón, El ceramista Pedro Navia, y un elevado número de trabajadores pertenecientes a la localidad de Coria del Río (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Espacio de referencia para la educación, la difusión y la investigación de la historia contemporánea de Andalucía. El Museo custodia los símbolos de nuestra Autonomía y tiene a la Casa de Blas Infante como uno de sus principales valores, junto a la conservación y puesta en valor de su extraordinaria herencia intelectual y humana. Punto de encuentro para diferentes generaciones con su identidad e historia, ofrece diferentes exposiciones y una amplia programación de actividades lúdico-educativas adaptadas a todos los públicos.  
   Dentro del Complejo vinculado al Museo de la Autonomía de Andalucía se encuentra la Casa de la Alegría (Dar al-farah), casa museo de Blas Infante. Actualmente declarada Bien de Interés Cultural, fue la casa en la que el padre de la patria andaluza residiría en sus últimos años de vida. 
     El proyecto arquitectónico está basado en una propuesta original y personal del propio Blas Infante y combina elementos del regionalismo y la arquitectura andalusí. Como estancias más destacadas se encuentran el comedor principal de la familia Infante, en la que pueden apreciarse pinturas murales de influencia orientalista, la biblioteca o el despacho.
Categoría
Etnológico
Horario
Lunes a viernes de 09:30 a 13:00. Cerrado sábados, domingos y festivos nacionales y locales de Sevilla (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Biografía de Blas Infante, personaje a quien está dedicada la Casa Museo;
     Blas Infante Pérez (Casares, Málaga, 5. de julio de 1885 – Sevilla, 10 de agosto de 1936). Político.
     Blas Miguel de los Santos Infante Pérez nació el 5 de julio de 1885 en el pueblo malagueño de Casares, hijo de Luis Infante Andrade y de Ginesa Pérez Romo, en el seno de una familia labradora. Con once años se trasladó a Archidona para estudiar en el colegio de los escolapios como alumno interno; logró el grado de bachiller en el instituto Nuestra Señora de la Victoria de Málaga en 1902. Debido a la precaria situación económica de su familia, entró a trabajar en el Juzgado de su pueblo. En 1904 se matriculó en la Facultad de Derecho de Granada, donde, estudiando por libre, se licenció en octubre de 1906. En 1910, tras ganar las oposiciones a notarías, ejerció de notario de Cantillana (Sevilla).
     Su biógrafo Ortiz de Lanzagorta destaca la influencia que tuvo para Blas Infante su encuentro con Granada, donde afloró su sensibilidad andaluza, conectó con las corrientes regeneracionistas, conoció el krausismo y el anarquismo y descubrió la “comunión de lo personal y lo colectivo”. Allí se convirtió en un lector atento a los temas más variados y, sobre todo, a la historia andaluza; en Granada se encontró con uno de los componentes de su futuro andalucismo: la cultura de al-Andalus.
     Su pensamiento se alimentó, fundamentalmente, de tres ingredientes: el krausismo, el costismo y el federalismo.
     En primer lugar, la influencia krausista se hizo presente en su talante “organicista”, pues veía la nación como un organismo suprarregional, compuesto de una serie de partes vivas —las regiones— que se articulan armónicamente. En segundo lugar, la influencia de Joaquín Costa, muy en particular de su Colectivismo agrario, se tradujo en su preocupación por el problema de la tierra, especialmente duro en Andalucía. Además, tomó de Costa multitud de proyectos que quedaron expuestos en su Ideal andaluz de 1915, como el fenómeno de las clases medias campesinas, la restitución del patrimonio municipal, la defensa de las leyes naturales de la producción, etc. Por último, la herencia del organicismo krausista y del ideal federativo sinalagmático de Pi y Margall desembocaron en la concepción política de un federalismo. Para Blas Infante había que lograr una síntesis de las dos, articulando el organicismo a través de pactos sinalagmáticos.
     Con este bagaje intelectual y con su singular sensibilidad social, Blas Infante llegó al andalucismo. Esta sensibilidad social que le lanzó a la acción política tenía un indiscutible referente: el jornalero andaluz. Él se crió entre jornaleros y, por lo tanto, se consideraba hijo de ese pueblo: “Yo soy del pueblo [...] yo tengo clavada en la conciencia desde mi infancia, la visión sombría del jornalero”, llegó a escribir. Desde estos supuestos definió la identidad de Andalucía. Su andalucismo, dijo Tierno Galván, no es sino “la defensa de la región andaluza, de sus cualidades positivas y protesta de su miseria y explotación”. Juan Antonio Lacomba ve en su planteamiento una fuerte carga idealista y una visión esencialista. Infante buscó la configuración política del difuso sentimiento de amor a la tierra para transformarlo en conciencia de pueblo; propugnó, luego, un nacionalismo moderno y modernizador como instrumento de recuperación y dignificación de una Andalucía sometida desde dentro y desde fuera. Su proyecto, siempre desde presupuestos claramente regeneracionistas, buscaba la redención económica y moral de Andalucía para impulsarla hacia el futuro. Y en dicho proyecto se conjugaba su ideal andaluz con un fin mayor de construir una España nueva, plural y solidaria.
     A partir de 1912, comenzaron los grandes debates sobre Andalucía, que pusieron de relieve la existencia de una preocupación regionalista y que tuvieron siempre como protagonista a Blas Infante. En primer lugar, el debate sobre la Mancomunidad (1912), con la confluencia entre andalucismo y georgismo, Progreso y miseria, que se convirtió en una especie de Biblia económica para Blas Infante. A continuación, convertido ya al pensamiento fisiocrático, proclamó “la libertad de la tierra, base necesaria de la libertad de los hombres” en el Primer Congreso Georgista de Ronda, en 1913. La formulación teórica del pensamiento regionalista de Blas Infante se expuso en 1915 en su Ideal andaluz, en el que proponía crear una conciencia colectiva regional transformando las estructuras, educando al pueblo y creando una clase media campesina, de manera que se lograse que “la tierra andaluza sea para el jornalero andaluz”. Y por fin, la articulación definitiva del andalucismo se llevó a cabo, a partir de 1916, mediante los Centros Andaluces y revistas como Andalucía, cauces en los que se comprueba cómo el pensamiento de Infante —que en 1917 habla ya de nacionalismo andaluz— se articulaba en torno a tres ejes: la reforma política, la reforma económica y la reforma municipal.
     Los debates continuaron en la Asamblea de Ronda de 1918 y en el Manifiesto de Córdoba de 1919, que hablaba ya de abolición de los poderes centralistas, de una Andalucía libre, de federación hispánica. En este manifiesto quedó definitivamente diseñada la postura de Blas Infante sobre la cuestión agraria. Con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, Blas Infante reflexionó sobre Andalucía en Carta acerca del fundamento de Andalucía. En 1931 se articuló la Junta Liberalista de Andalucía, una vez más con la ayuda de Blas Infante. En 1932, Blas Infante se hizo militante de Izquierda Radical Socialista, partido que, aun siendo de carácter nacional, defendía paralelamente su andalucismo. El anteproyecto de Estatuto apareció en 1932. Y en 1933 se celebró la Asamblea de Córdoba.
     En enero de 1936 escribió la Carta andalucista, en la que atisbaba un clima de guerra civil, y el 15 de julio de 1936, el que fue su último manifiesto, A todos los andaluces, pedía su unión para el logro de la autonomía, y en él, entre otras muchas cosas, decía que “Andalucía libre será España libre de [...] la influencia desvirtuadora ejercida por otros pueblos sobre España”, y termina: “Andalucía y la Paz”.
     Detenido por las fuerzas franquistas de Queipo de Llano el 2 de agosto, en la noche del 10 del mismo mes, con otros detenidos, fue conducido en un camión hacia la carretera de Carmona, donde fue fusilado, en el linde de la antigua Huerta de las Clarisas.
     El 4 de mayo de 1940 un jurado dictaba sentencia para justificar su muerte, dando estas razones: “Formó parte de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931; en los años sucesivos hasta el 1936 se significó como propagandista para la constitución de un partido andalucista o regionalista andaluz, y [...] falleció el 10 de agosto de 1936 a consecuencia de la aplicación del Bando de Guerra”. Sus ideas han permanecido hasta nuestros días, y la Comunidad Autónoma de Andalucía y el andalucismo han recibido de él no sólo la herencia de sus símbolos, sino su ideal de hacer una “Andalucía para sí, para España y para la Humanidad”. Hoy es considerado el padre del nacionalismo andaluz (Luis Palacios Bañuelos, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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