Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

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martes, 30 de diciembre de 2025

El desaparecido Postigo del Cuco

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Postigo del Cuco, de Sevilla.
      El Postigo del Cuco, se encontraba en la calle Bécquer, en su confluencia con la calle Muro; en el Barrio de San Gil, del Distrito Casco Antiguo, de Sevilla.
     Esta es la historia de la puerta que nunca existió. Una puerta que era sin ser y, sin estar, estaba. Un paso, alegórico, pero un paso, a disposición de quien quisiera atravesarlo. Un descosido en el orden, un roto en la teoría de la relatividad. Un agujero en el mapa donde se confundía dentro con fuera.
     Es posible, muy posible, que nada haya de cierto en todo cuanto se contará en las próximas líneas; que sea una gran mentira. Una mentira piadosa, sin premeditación ni alevosía, pero mentira al fin y al cabo. Porque lo que ahora vamos a practicar ha sido algo muy habitual en quienes a lo largo de los siglos nos han contado la historia de Sevilla: atribuir, imaginar, intuir, sospechar, deducir... inventar. Lo único diferente es que vamos a reconocerlo de antemano. Sin ambages ni subterfugios: esto va a ser un ejercicio conjetural. Porque no cabe otra alternativa cuando se trata de contar la historia de algo o alguien que existió al margen de los documentos oficiales; es decir, que no existió salvo para esos anales apócrifos que van transmitiéndose de boca en boca, tergiversándose conforme pasan de una a otra hasta acabar convertidos en estampas vidriosas encuadernadas entre las tapas de la leyenda. Ahí, en ese difuso territorio, es precisamente donde habita una puerta de la muralla de Sevilla que jamás tuvo ni frontispicio ni ornato de placas conmemorativas en sus muros; que ni siquiera apareció trazada y referida en los pla­nos de la ciudad. Jamás hubo constancia oficial de su existencia. Y no la hay, sencillamente, porque no era una puerta sino un agujero. Sucedía que por ese agujero entraba y salía gente, y eso es precisamente para lo que sirven las puertas. Así que eso es lo que acabó siendo, una puerta. La puerta de atrás de una ciudad en decadencia, la de una casa que se venía abajo y que era cada vez más difícil de guardar. El pueblo la bautizó como la Puerta del Cuco.
     El empeño de reconstruir esta singular historia solo es posible apoyándose sobre la escasa base del puñado de datos que de ella nos ofrece en su candorosa miscelánea sobre Sevilla el inevitable Alfonso Álvarez-Benavides, quien refiere de la Puerta del Cuco que no era tal sino una cortadura o brecha -dicho en lenguaje militar­ irregular y angosta, que se hallaba a unos cuarenta metros del costado izquierdo de la puerta de la Macarena. Es decir, en uno de los primeros tramos de la actual calle Bécquer. Si la distancia que estima Álvarez-Benavides fuera correcta, la puerta del Cuco vendría a estar, más o menos, donde hoy se encuentra la calle Muro, estrecho pasadizo, rayando en callejón, oscuro y solitario, mas, a pesar de todo, con una variada oferta de ocio que hasta hace poco incluía peña sevillista, bar cofrade (sic) y puticlub.
     Tal relataba el antedicho historiador, los vecinos del arrabal extramuros de la Macarena se valían de ese agujero, por el que nada entraba ni salía de forma oficial (es decir, sin pagar alcabala) en la ciudad, para acortar camino cada vez que precisaban dirigirse hacia los barrios de Omnium Sanctorum, San Martín o San Lorenzo. Sin embargo, poco habrían de cortar si la brecha en cues­tión estaba donde él supone, que era casi al lado de una puerta de verdad. Cabría, pues, sospechar su presencia un poco más hacia la calle Feria. Tal vez hacia lo que hoy es Fray Luis Sotelo, la escueta vía que conecta la Resolana con la histórica calle Torres, por la que se entra en la feligresía de Omnium Sanctorum, de la cual forma ya parte. Calle, por cierto, cuyo panorama no es muy distinto al de Muro. Sí es tal vez más frecuentada, lo cual no está muy claro que en este caso sea una ventaja, dado el perfil de los habituales, no exactamente la jet-set. En cambio, resulta bastante más interesante su panorámica arquitectónica, que muestra al fondo un interesante edificio de viviendas de principios del siglo XX, el cual aporta al lugar un cierto toque de enjundia estética. Aparte, la calle tiene en la esquina con Resolana la que posiblemente sea su única casa interesante, tanto por sus trazas como por sus moradores. No muy lejos de allí pudo estar la Puerta del Cuco, pues a pocos metros se abría ya la siguiente, que era la Puerta de la Feria, también llamada de la Basura, que será objeto del siguiente capítulo.
     Mas volvamos a la que aquí nos ocupa, pues aún no hemos desvelado la razón de su nombre. El Cuco es, desde la trágica desaparición de la joven Marta del Castillo, un pájaro de mal agüero en Sevilla cuyo canto ha dado las horas más siniestras de estos años. Sin embargo, hasta entonces, el Cuco había sido para el común de nuestros contemporáneos un pajarillo de madera que asomaba cada cuarto de hora de la casetilla del reloj donde habitaba; reloj que hasta aquí había traído de Suiza algún emigrante. Hubo, sin embargo, un tiempo en que estas aves de canto monótono, malajoso y punto atosigante, vivieron en las ciudades. En Sevilla, concretamente, una colonia de ellas anidó entre las almenas y torres de la muralla que había justo donde estaba el agujero que los vecinos de la Macarena usaban como atajo entre las dimensiones de tiempo y espacio para ir a la calle Feria o la Alameda de Hércules. Cada día, los cucos ofrecían desde sus guaridas amuralladas un concierto coral interpretando su canto de salmodia y funeral. Ese fue el motivo por el que el pueblo soberano acabaría bautizando aquella rendija apócrifa de la muralla, aquel descosido que la erosión de los años había abierto en la piel de la ciudad, como el Postigo del Cuco. Tanta y tan larga debió de ser la monserga que allí dieron los puñeteros pajarracos que a buen seguro tuvo que haber fiesta grande en el vecindario el día que se fue el último de ellos y cesó al fin su emplumada y reiterada melodía. Todo esto, sin embargo, no son más que conjeturas. Un ejercicio de imaginación. Un invento. Ya lo decíamos al principio: es posible, muy posible, casi seguro, que nada haya de cierto en esta historia de una puerta apócrifa que, si de verdad existió, fue por un accidente. La historia jamás la tuvo prevista, ni de ella ha querido acordarse (Juan Miguel Vega, Veintitantas maneras de entrar en Sevilla. El Paseo. Sevilla, 2024). 
        Aunque acabara recibiendo este nombre, no fue exactamente una puerta, sino una de las muchas brechas que, debido al mal estado de la muralla, se fueron abriendo en ella. Según el autor decimonónico Alfonso Álvarez Benavides, ésta se encontraba a unos cuarenta metros de la puerta de la Macarena en dirección al río, lo que viene a coincidir con la actual calle Muro. El nombre de Puerta del Cuco le fue dado por una colonia de estos pájaros que anidó en este sector de la muralla (Exposición Puertas de Sevilla, ayer y hoy. Sevilla, 2014).
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Más sobre el Recinto Amurallado de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Bécquer, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 6 de diciembre de 2025

Procesiones de hoy, sábado 6 de diciembre, en Sevilla

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, sábado 6 de diciembre, en Sevilla
     Hoy, sábado 6 de diciembre, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la hermandad de la Pura y Limpia: 

      Hdad. de la Pura y Limpia: La Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María; es ésta una corporación con orígenes en el siglo XVII, aunque sus primeras reglas son de 1778, con sede canónica en su capilla propia del Postigo del Aceite, siendo su imagen titular la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, talla anónima de mediados del siglo XVIII y atribuida a Pedro Duque Cornejo.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Pura y Limpia del Postigo: www.puraylimpiadelpostigo.org

       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de la tarde del sábado 6 de diciembre, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

jueves, 6 de noviembre de 2025

El desaparecido Postigo del Jabón

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Postigo del Jabón, de Sevilla.
      El Postigo del Jabón, se encontraba en la calle Tintes; en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo, de Sevilla.
     En el barrio de San Bartolomé, acaso el más misterioso de Sevilla, la parte más oculta de su vieja judería, habita, entre otros muchos fantasmas, el de la puerta menos conocida que tuvieron las murallas de la ciudad. Existió, ciertamente, de eso no cabe duda. Pero nadie sabe dónde estuvo ni cómo era. Y nadie ha podido, ni puede que nadie pueda ya, saberlo. Un enigma solo lo es de verdad si no se puede descifrar.
     Una extraña paz reina en estas calles donde las horas y la luz parecen de otro tiempo, muy lejano. Al declinar sobre el silencioso y mortecino paisaje de sus apagadas casas y desiertas plazuelas, el atardecer se antoja no el mismo que acontece en el resto de la ciudad, sino otro distinto, el de un día de hace ya muchos años. Porque este día que en todos los demás barrios se apresta a morir, tardará aún muchos siglos en amanecer aquí, en este rincón dimensionalmente apartado de la ciudad, pues a pesar de hallarse en el centro mismo de ella, es como si estuviera a la distancia de esos sitios donde ir es imposible, pues no hay ningún camino que lleve hasta ellos; y si lo hubiera, todo el tiempo del mundo no sería suficiente para poder recorrerlo. Su existencia se antoja, por eso, un misterio, un milagro, un prodigio, un enigma. Tal si las horas de otro tiempo hubieran formado una burbuja junto al corazón mismo de Sevilla, cuyo interior resulta ajeno y opaco a esta. Una pompa de aquel viejo y artesanal jabón verde que hace mucho se fabricaba en algún lugar cerca de estos solitarios callejones, dentro de la cual la realidad discurre cual si fuera la realidad de otro universo. El caminante lo va percibiendo a través de sutiles sensaciones, de ecos casi imperceptibles, de esas presencias silenciosas e invisibles que abarrotan la soledad del barrio de San Bartolomé, donde nunca se tiene la entera certeza de estar solo aunque no se vea a nadie más andando por la calle.
     Entre Santa María la Blanca y San Esteban se extiende esta colla­ción ectoplásmica, cuya puerta fue cegada por el olvido, cerrando de ese modo para siempre cualquier posibilidad de conexión con el exterior, es decir, con la realidad; una puerta que al cerrarse sin remisión dejó atrapado para siempre en el interior de las calles a las que daba acceso un tiempo que no pudo seguir pasando, que se vio obligado a reiterarse, repitiendo eternamente aquel viejo atardecer cuyos testigos hace ya siglos que pasaron a mejor vida. Tal hicieron quienes, sin embargo, continúan habitando las casas de este barrio sin puerta. Como aquel fantasma de la calle Verde al que una noche vieron filtrarse por una pared camino de no se sabe dónde. Muertos que aquí aún siguen vivos. Porque algo nos dice al aventurarnos a través del umbrío desfiladero de esa calle que él, el fantasma de la calle Verde, sigue allí, oculto tras las enredaderas y las sombras; o caminando junto a nosotros sin que notemos su presencia, y junto a él y nosotros, muchos otros seres espectrales, invisibles a nuestros ojos, que también van y vienen, deslizándose sobre el pavimento, pues según dicen los fantasmas carecen de pies; tal vez por eso no oigamos sus pasos. Aunque en realidad tal vez sea que, estremecidos y conscientes de su presencia, no que­ ramos oírlos.
     El Postigo del Jabón estuvo "en algún lugar de la calle Tintes", dicen textualmente las crónicas, de nuevo lacónicas, como en el caso del Postigo de la Basura que estaba al final de la calle Feria, que nos hablan, siempre sucintamente, de su existencia. Tampoco hay ninguna referencia sobre el Postigo del Jabón en el plano de Olavide, donde sí están representadas todas las demás -salvo el postigo de la calle Feria- puertas de la muralla. ¿Se habría cegado ya para aquel entonces, año de Nuestro Señor de 1771? Nadie probablemente lo sabrá jamás. O quizás sí, que en algún polvoriento archivo seguramente habrá un legajo que cuente su historia, aunque otra cosa bien distinta será dar con él.
     La calle Tintes, antiguamente llamada de los Tintes y aun antes del Postigo del Jabón, lleva, también a través de un rectilíneo, estrecho y umbrío pasillo, desde la Puerta de Carmona hasta la oculta plaza de los Curtidores, uno de esos rincones secretos de la ciudad cuyo descubrimiento causa una extraña mezcla de asombro y desconcierto. ¿Fue en esta plaza tal vez donde alguna vez estuvo el Postigo del Jabón, y de ahí la razón de su existencia? De nuevo estamos ante un enigma sobre el que solo cabe hacer conjeturas. No hay certezas. Debemos remitirnos, pues, a la única referencia que tenemos: el Postigo del Jabón estaba en algún lugar de la calle Tintes. Hoy en día, sin embargo, resulta imposible averiguar cuál pudo ser teniendo en cuenta la fisonomía de esta. Nada en ella delata la presencia de una puerta de la muralla; nada tiene que ver la trama urbana aquí surgida con la existente en aquellos lugares donde sí hay conciencia y noticia fehaciente de la existencia de una de las antiguas puertas de la cerca que envolvía Sevilla. Todo es silencio, oscuridad, nada. Como la nada que se extendía más allá de la enigmática puerta por fuera de la muralla, un páramo de huertas, nada.
     También resulta misteriosa la historia de esos oficios de los que tomaron sus nombres bastantes de las calles y plazas del barrio de San Bartolomé: Refinadores, Zurradores, Curtidores, Vidrio, Tintes... nombres, el mismo del Postigo del Jabón, que hablan de una collación habitada por artesanos, trabajadores, burgueses. Gente que vino a ocupar el sitio dejado por sus primigenios habitantes, aquellos judíos que fueron masacrados o expulsados de la ciudad. Hebreos que, sin embargo, no se fueron del todo, pues sus espíritus, como también los de aquellos artesanos que dieron nombre a las calles, han continuado aquí, en este barrio del que por irse, se fueron hasta las cofradías; dos llegó a haber en su parroquia, mas ninguna quiso quedarse.
     Habita no donde, sino tras el olvido. Detrás de una puerta cegada que nadie sabe dónde estuvo, más allá de caminos que no llevan a ninguna parte. El tiempo duerme en el barrio fantasma, un lugar de ensueño. Ningún lugar mejor para tomar conciencia de estar vivos que allá donde aún viven los muertos. No hay puerta que lleve a él, pero bienvenidos sean a San Bartolomé (Juan Miguel Vega, Veintitantas maneras de entrar en Sevilla. El Paseo. Sevilla, 2024). 
        Se trata de otra puerta menor de la que, como su­ cedió con su "antónima" de la "Basura", tampoco se ocupan las crónicas. Sin embargo, no hay dudas sobre su existencia. Estuvo en algún lugar de la calle Tintes, también fue pues puerta de la antigua Judería de Sevilla, dando paso a una collación ocupada por artesanos dedicados en gran parte al cuidado y la reparación de la ropa (Exposición Puertas de Sevilla, ayer y hoy. Sevilla, 2014).
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Más sobre el Recinto Amurallado de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Tintes, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 6 de diciembre de 2024

Procesiones de hoy, viernes 6 de diciembre

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, viernes 6 de diciembre, en Sevilla
     Hoy, viernes 6 de diciembre, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la hermandad de la Pura y Limpia

      Hdad. de la Pura y Limpia: La Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María; es ésta una corporación con orígenes en el siglo XVII, aunque sus primeras reglas son de 1778, con sede canónica en su capilla propia del Postigo del Aceite, siendo su imagen titular la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, talla anónima de mediados del siglo XVIII y atribuida a Pedro Duque Cornejo.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Pura y Limpia del Postigo: www.puraylimpiadelpostigo.org

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jueves, 28 de noviembre de 2024

La Lonja Municipal de Artesanía "El Postigo", de Juan Talavera y Heredia

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame Explicarte la Lonja Municipal de Artesanía "El Postigo", de Juan Talavera y Heredia, de Sevilla.   
   La Lonja Municipal de Artesanía "El Postigo", se encuentran en la calle Arfe, s/n; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
     Se trata de un edificio de planta triangular achaflanada, obra del arquitecto sevillano Juan Talavera y Heredia, que se levanta exenta en la confluencia entre las calles Arfe y Dos de Mayo del barrio del Arenal.
     Como mercado de abastos cerró sus puertas en el año 1974, quedando en desuso y vacío durante algunos años, por lo que el Ayuntamiento de la ciudad llegó a plantear su demolición.
     Por entonces un grupo de artesanos propuso ubicar allí sus talleres y una escuela de artesanía, cosa que fue aceptada por el Consistorio, que en 1980 cedió su gestión y uso a la "Asociación Andaluza para la Artesanía El Postigo", que después de cinco años de obras consigue abrir la Lonja de Artesanía, en el año 1985.
     Una posterior reforma se llevó a cabo en 2009 costeada por los artesanos, en un momento en el que se crea la asociación Taller 20, integrada por por los distintos artesanos que exponen y venden sus productos de manera regular en dicho centro.
     El edificio se levanta en ladrillo visto en sus cuatro fachadas y en tres plantas de altura, una de ellas creada en semisótano, y cuenta con dos accesos desde el exterior situados en sus dos lados menores y opuestos, que se realizan a través de sendas escaleras.
     En su interior, dominado por el color blanco en todos sus paramentos, los espacios se distribuyen alrededor de las crujías perimetrales, dejando su interior libre a modo de patio central, sólo interrumpido por distintos juegos de ligeras escaleras que enlazan las distintas alturas o niveles con que cuenta el edificio. Hoy estas crujías están ocupadas por las obras de los artesanos que muestran aquí su producción artística, un marco original y atractivo donde puede encontrarse artesanía de muy distinta naturaleza.
     Al exterior destaca el estrecho y esbelto ático que asoma a la calle Arfe, con grandes óculos en su frente principal y posterior, así como el apretilado abalaustrado con el que se delimita superiormente todo el edificio, realizado en piedra blanca, que contrasta con el resto de la construcción (El Correo de Andalucía).
   La Lonja Municipal de Artesanía El Postigo es un emblemático edificio situado en el centro de la capital hispalense, junto al arco del postigo del Aceite, una de las puertas más importantes de la ciudad y a escasos metros de la Catedral y la Giralda. Acoge el singular Mercado de Artesanía El Postigo. El mercado ofrece una amplia variedad de obras (20 talleres artesanos), que abarcan desde bisutería y joyería hasta complementos de moda hechos en cuero, textil, de seda, de flores, de papel, madera… pasando por la decoración con cerámica tradicional, mosaicos, esmalte, grabados…
     El espacio se dispone a modo de galería de arte, de forma que el visitante se recrea la vista a medida que va paseando y, paralelamente, contempla el trabajo artesanal que se realiza en la antigua Híspalis. Esto se combina con una serie de creaciones contemporáneas, que ponen de manifiesto la dualidad que convive en este mercado: artesanía tradicional y diseños de vanguardia.
     900 metros cuadros repartidos en tres plantas en torno a un patio central que alberga, además, lugar de formación profesional y continua, punto de información, sala de exposiciones monográficas temporales, oficina de asesoramiento y servicios para el sector, espacio de comercialización conjunta, destino para la visita de colegios, colectivos y particulares, así como centro cultural.
     Cualquier persona que se acerque a este renovado edificio no quedará indiferente, pues estará pisando un lugar cargado de historia y, por supuesto, de arte y artesanía.
     Horario
     De lunes a domingo: de 10:00 a 20:00 (Turismo de la Provincia de Sevilla).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Lonja Municipal de Artesanía "El Postigo", de Juan Talavera y Heredia, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Ruta Barrio del Arenal, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 6 de diciembre de 2023

Procesiones de hoy, miércoles 6 de diciembre

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, miércoles 6 de diciembre, en Sevilla
     Hoy, miércoles 6 de diciembre, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la hermandad de la Pura y Limpia: 

      Hdad. de la Pura y Limpia: La Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María; es ésta una corporación con orígenes en el siglo XVII, aunque sus primeras reglas son de 1778, con sede canónica en su capilla propia del Postigo del Aceite, siendo su imagen titular la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, talla anónima de mediados del siglo XVIII y atribuida a Pedro Duque Cornejo.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Pura y Limpia del Postigo: www.puraylimpiadelpostigo.org

       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de la tarde del miércoles 6 de diciembre, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

martes, 2 de mayo de 2023

Un paseo por la calle Dos de Mayo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Dos de Mayo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 2 de mayo, es el aniversario del inicio de la Guerra de la Independencia (2 de mayo de 1808), así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Dos de Mayo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Dos de Mayo es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo, y va de la calle Arfe, al paseo de Cristóbal Colón.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Un documento de 1419 se refiere al sector de la Carretería inmediato a las Atarazanas como calle Derecha. En padrones del s. XV, se encuentran citas como Marco de las Atarazanas y "fuera del Marco de las Atarazanas hasta la Torre del Aceite"; y en otro de 1665 se alude a una "Acera frente a la Cruz" en esta zona. Es posible que en algún momento se le llame también Pescadería, por instalarse éstas en las antiguas Atarazanas a fines del s. XV. A comienzos del s. XIX se relaciona con este lugar el topónimo Lonja del Río, citado en 1823; para, posteriormente, aparecer como Acera de la Maestranza, co­mo se le conoce en algunos callejeros. En 1859 se le cambia par el actual, en memoria de la que se considera fecha del inicio de la guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas.
     Se forma en la periferia del barrio de la Carretería que mira hacia la Resolana (calle Temprado), sobre el camino que salía del Postigo del Aceite hacia el río. La acera de los pares, se formaría hacia los siglos XV-XVI, cuando se consolida el citado barrio; mientras que en la de los impares el único edificio que existió durante siglos fue la fachada lateral de las Atarazanas, hasta que en el XVIII se levanta la Capilla del Rosario y en la segunda mitad del XIX la Maestranza de Artillería amplía sus instalaciones, construyendo un edificio hasta el actual paseo de Cristóbal Colón, del que hoy no queda más que el muro de fachada, ya que aquí se alza el Teatro de la Maestranza. 
     Es una calle relativamente ancha, en la que desembocan por la derecha las de San Diego, Don Pelayo, Pavía, Rodo y Velarde; y por la izquierda la de Temprado. Desde siempre ha sido lugar de tránsito, al confluir en una de las puertas de la ciudad y comunicar ésta con el río; puerta que, por ubicarse en ella el mercado de redistribución del aceite del Aljarafe, poseía una gran importancia desde los siglos medievales (calle Almirantazgo). A pesar de que en las centurias posteriores, desde fines del s. XVII, la función portuaria se fue debilitando, en el s. XVIII se construyen almacenes en su primer tramo, y en la segunda mitad del s. XIX vecinos y comerciantes de ella solicitan la construcción de una rampa frontera a la calle para tener acceso directo al muelle.
     La mayor parte de los edificios antiguos se encuentran en el primer tramo, hasta la confluencia de Temprado y Pavía: la ya cita­da fachada lateral de las Atarazanas, construidas en el s. XIII, en la que se instalan las pescaderías en el s. XV, y posteriormente se destina a Maestranza de Artillería, función que hoy conserva [actualmente en obras para la realización un espacio museístico]. En el de los pares, la primera manzana está formada por una serie de casas-almacenes construidas en el s. XVIII, en una de las cuales se encuentra el escudo del marqués de Torrenueva; más adelante, existen otras de viviendas, probablemente de la misma centuria. El resto de la acera está formado por casas levantadas en el siglo pasado y en éste -el solar sobre el que se construye la última manzana se subasta en 1905-, en cuyos bajos proliferan bares y algún pequeño comercio y talleres. Al comienzo de esta acera está una de las fachadas del antiguo Mercado del Postigo, hoy Lonja de Artesanía. Finalmente, en la acera de los impares hay que citar la Capilla del Rosario, cuya fachada primitiva miraba a las Atarazanas, iglesia de pequeñas dimensiones, probablemente del s. XVIII [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Dos de Mayo, 2 al 6. Conjunto de casas construidas en el siglo XVIII por el marqués de Torrenueva, cuyo escudo se encuentra so­bre una de las puertas. Constan de dos plantas y entresuelo, la inferior, que estaba destinada a almacenes, dividida en naves por arquería. Los balcones de la planta alta están sostenidos por tornapuntas de hierro.
Dos de Mayo, 8-10. Casa con características semejantes a las anteriores, pero rematada en ático.
Dos de Mayo, 12. Casa del siglo XVIII, de dos plantas y ático, éste con arquerías separadas por pilastras. En la crujía de fachada posee dos vanos por planta. En el zaguán conserva una interesante cancela.
Dos de Mayo, 14. Casa gemela de la anterior, por lo que se refiere a la organización de la fachada, y también con una cancela de interés [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia del 2 de mayo, efemérides que da nombre a la vía
;
     Pocas insurrecciones populares han inspirado tanto a un pueblo como lo hizo Madrid con el resto de España para hacer frente a la ocupación francesa aquel 2 de mayo.
     No es ningún secreto la maniobra que usó Napoleón para ocupar el territorio español con todas las de la ley. Quizás lo que no queda tan claro es el nombre de ese engaño. El Tratado de Fontainebleau fue el regalo envenenado de Napoleón al rey de España.
     En este tratado, que se firmó el 27 de octubre de 1807, se pactó una invasión de Portugal en una coalición franco-española. Eso suponía el libre acceso a más de setenta mil soldados franceses al territorio español. La invasión fue un éxito, para finales de noviembre de 1807, las tropas francesas ya estaban entrando en Lisboa y los reyes portugueses exiliados en Brasil.
     Ante la nefasta gestión de Manuel Godoy, primer ministro de Carlos IV, y las sucesivas derrotas militares en la guerra anglo-española de 1796-1802, se generó mucho malestar. Este descontento llegó a todas las capas de la sociedad: las más bajas, por la profunda crisis económica provocada por la interrupción del comercio con América y la delicada situación de la hacienda. Y la nobleza, que se intrigaban junto al ambicioso príncipe Fernando y los agentes de Napoleón contra el rey y su primer ministro. Otro motivo de gran malestar fue la problemática presencia de las tropas napoleónicas que cada vez más actuaban como fuerzas de ocupación y no de paso.
     Godoy, asustado por las intenciones ocultas de los franceses, en marzo de 1808 trasladó a los monarcas fuera de Madrid, a Aranjuez, para poder evacuarlos hacia las Américas en caso de golpe de estado, tal y como habían hecho los reyes portugueses. El rumor de que los reyes abandonarían el territorio corrió como la pólvora. Los líderes de los fernandinos animaron a los civiles a que se aglomerasen en torno al Palacio Real de Aranjuez y empezaran a sitiarlo.
     El objetivo de esa rebelión era la abdicación de Carlos IV y la destitución de Godoy. Finalmente  el príncipe Fernando, que era el instigador, logró su objetivo y el día 19 de marzo de 1808 es coronado Rey. Era la primera vez en la España moderna que un rey era depuesto por un alzamiento popular.
     El mariscal Murat aspirando a conseguir el trono de España tuvo que conformarse con el de Nápoles ya que Napoleón reservó ese honor para su familia. 
      Murat fue uno de los más célebres mariscales de Napoleón y estuvo al frente de la ocupación  peninsular y de la posterior represión. Aprovechando el caos en Aranjuez, entró en Madrid el 23 de marzo con sus tropas e informó a Napoleón del cambio de corona antes incluso de que Fernando llegase a la capital.
     Conociendo las intenciones de Napoleón de destronar al joven rey, Murat se encargó de influir en la nobleza para crear el descontento entre la familia real acerca de la ilegitimidad por la abdicación forzosa. El Mariscal, como autoridad máxima de Francia en la Península, no lo reconocía como rey. Sabía que Fernando necesitaba el reconocimiento internacional, al menos el de Francia.
     Aprovechando esa ventaja y con la promesa de que Napoleón se reuniría con él en Madrid, lo fueron alejando de la capital. Primero hasta Burgos, luego Vitoria y finalmente, Bayona (Francia). El rey llegó a la ciudad fronteriza el 20 de abril con la promesa de que el emperador reconocería su legitimidad.
     Murat era una persona con una gran ambición. De origen humilde, gracias a la Revolución Francesa y a su talento para la guerra, ascendió al rango de mariscal en el 1804 con 47 años de edad. Pero Murat no se conformó con un rango militar y se emparentó con el emperador Napoleón casándose con su hermana Carolina Bonaparte cuando ésta tenía 18 años. La aspiración de Murat era llegar a ser rey de España. Lideró la discreta ocupación y posterior represión del 2 de mayo en Madrid.
      Murat era un buen represor, pero no un buen gobernante por lo que Napoleón prefirió poner a su hermano José, más ilustrado, moderado y diplomático que Murat, quien tuvo que conformarse con el reino de Nápoles, un territorio en plena decadencia para la política internacional.
     Con Fernando fuera de Madrid, el 16 de abril Murat dijo a la junta de gobierno provisional que Napoleón solo reconocería a Carlos IV como rey legítimo. El mariscal también exigió a la Junta que debían excarcelar a Godoy para llevárselo a Bayona. De esta manera intentaría convencer e influir a los antiguos monarcas para favorecer la legitimidad de Fernando.
     Con esta estrategia el día 22 de abril los reyes destronados partían del Escorial dirección Bayona donde llegarían el día 30 de abril con la seguridad que les sería devuelta su corona. El siguiente paso era trasladar el resto de la familia real a Francia para convencerles del traspaso de su legítima corona a sus manos. Cosa que logró sin mayores dificultades.
     Murat creía que la población de Madrid era tan impresionable como la mayoría de sus dirigentes y políticos, por lo que hacía alarde de fuerza paseando y desplegando sus tropas por la ciudad. Las cuales eran recibidas con hostilidad por parte de la población.
     El rumor de que los hijos de Carlos IV iban a ser sacados de Madrid hacia Bayona se extendió rápidamente. Rumor que efectivamente era cierto. A primera hora de la mañana, una muchedumbre de gente se aglomeró frente al Palacio Real. Su objetivo era impedir que los soldados franceses pudiesen acceder a Francisco de Paula, el hijo menor de Carlos IV.
     La tensión aumentó hasta que el hijo de Carlos IV salió al balcón para ver el gentío. Entonces, un grupo de ciudadanos atacó a unos soldados franceses creyendo que se dirigían a sacar al infante del palacio por la fuerza. Los franceses usaron artillería para dispersar a la multitud. Eso desencadenó episodios de violencia por toda la Villa. Todo el resentimiento acumulado por la ocupación y los abusos estalló.
     En España, las armas estaban prohibidas desde 1761 bajo el mandato del Rey Carlos III. Eran muy pocos los ciudadanos que disponían de ellas en sus casas. Si las querían, debían asaltar alguna caserna o robarlas de soldados muertos. Recurrieron a lo que tenían en casa, navajas, cuchillos, palos, macetas, etc. A pesar de que Murat ya había desplegado a sus treinta mil hombres por la ciudad, la revuelta duró todo el día. Las tropas napoleónicas no tuvieron escrúpulos o miramientos a la hora de reprimir a la población, se enfrentaron a hombres, mujeres y niños. Los soldados franceses muertos se cuentan por la centena, mientras que los ciudadanos madrileños cerca del medio millar. Existe un debate historiográfico acerca de el número de bajas.
     Después de aplacar a las masas, Murat decidió un castigo ejemplar para que el episodio no se repitiese. Ordenó fusilar a todo aquel participante del episodio y a toda persona arrestada durante el conflicto. La brutalidad de ese castigo, junto a la revuelta del 2 de mayo de Madrid, fueron el punto de inicio de la Guerra de Independencia, que se propagó hasta el último rincón de la Península. Los eventos se precipitaron a tal velocidad que para septiembre de ese mismo año ya se había constituido la Junta Suprema Central en Aranjuez. El conflicto se alargaría hasta el año 1814.
     Esa represión quedó reflejada para la posteridad en la célebre obra de Francisco de Goya que representa los fusilamientos del 3 de Mayo. Cabe destacar que en todo momento muchas de las autoridades tanto militares como administrativas españolas se alinearon con el ocupante francés, seguramente por miedo o por extorsión. 
   Los monumentos y honores al celebre día riegan las calles y plazas de la ciudad. También es el día oficial de la actual Comunidad de Madrid, en la que se realizan actos institucionales en honor a los caídos. Pero no solo en Madrid, en multitud de ciudades de todo el Estado se encuentran hoy en día calles, estaciones, plazas, etc. que recuerdan a las personas de esa jornada y lo que supuso para el futuro del país. Gracias a ese acto, se activó la cadena de eventos que trajeron la posterior redacción de la primera constitución española en 1812 (El Reto Histórico).
        El 2 de mayo de 1808, las tropas francesas deciden sacar a la Familia Real de Madrid, mientras les observa una multitud que protesta ante las puertas de palacio. La muchedumbre es disuelta por un batallón de granaderos, y la noticia origina una violenta reacción del pueblo de Madrid contra los franceses.
     Al día siguiente, 3 de mayo, el comandante del ejército francés y gobernador de Madrid, Joaquín Murat, toma medidas para restablecer el orden, castigando de manera sangrienta el levantamiento popular. En Moncloa son fusilados todos aquellos que han sido apresados con las armas en la mano. Ese mismo 3 de mayo, Andrés Torrejón, alcalde de Móstoles, declara la guerra a los franceses.
     Después de los sucesos acaecidos el día 2 y a lo largo de todo el mes de mayo, se producen levantamientos provinciales que culminan en la formación de varias juntas. También se suceden en muchas ciudades movimientos populares que no cuajan en la formación de una de ellas.
     Mientras tanto, el 6 de mayo, las denominadas abdicaciones de Bayona se suceden ante la presencia de Napoleón Bonaparte. La corona, símbolo de la legitimidad de la monarquía, pasa de las manos de Fernando a las de su padre, Carlos IV, y de las de este a Napoleón, quien a su vez elegirá a su hermano José (Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Dos de Mayo, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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La calle Dos de Mayo, al detalle:
Retablo cerámico Virgen de la Piedad, del Baratillo
Azulejo conmemorativo de Juan Carlos Montes Ruíz
Edificio calle Dos de Mayo, 2 al 6
Edificio calle Dos de Mayo, 8-10
Edificio calle Dos de Mayo, 12
Edificio calle Dos de Mayo, 14
Retablo cerámico Virgen de Guadalupe

martes, 6 de diciembre de 2022

Procesiones de hoy, martes 6 de diciembre

     Por Amor al Arte
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     Hoy, martes 6 de diciembre, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la hermandad de la Pura y Limpia

      Hdad. de la Pura y Limpia: La Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María; es ésta una corporación con orígenes en el siglo XVII, aunque sus primeras reglas son de 1778, con sede canónica en su capilla propia del Postigo del Aceite, siendo su imagen titular la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, talla anónima de mediados del siglo XVIII y atribuida a Pedro Duque Cornejo.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Pura y Limpia del Postigo: www.puraylimpiadelpostigo.org

       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de la tarde del martes 6 de diciembre, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Un paseo por la calle Almirantazgo

     Por Amor al Arte
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     La calle Almirantazgo es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo, y va de la avenida de la Constitución, a la confluencia de las calles Arfe, y Dos de Mayo.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     La calle actual está formada por dos espacios que durante siglos estuvieron diferenciados: el inmediato al Postigo del Aceite y el tramo que desde la avenida de la Constitución llega hasta Tomás de Ibarra. El primero se ha tendido a identificar con el nombre del citado postigo, pero más como elemento de referencia que como nombre propio de dicho espacio, al menos hasta el s. XIX. No obstante, de forma ocasional se la ha conocido con nombres propios, así plaza de las Carnicerías de los Abades. El plano de Olavide (1771) y González de León (1839) son las únicas referencias, ya que otros documentos coetáneos o próximos siguen aludiendo al nombre del postigo. Un plano de 1869 la denomina plaza del Aceite. Esta denominación se debe a que por el mencionado postigo entraba todo el aceite del Alja­rafe y en esta calle estaba el mercado al por mayor y menor de este articulo desde los siglos medievales, de gran importancia en la economía de la ciudad. El nombre de Carnicerías responde al hecho de que aquí se encontraban las particulares del Cabildo Catedral, en el conjunto del desaparecido Colegio de San Miguel. Según González de León, y tras él otros autores, se llamó también de San Andrés; sin embargo, la plaza de este nombre no pudo estar aquí.
     Por lo que se refiere al otro tramo de la calle, desde el s. XV se alude a ella diciendo que es la que va desde el Postigo del Aceite hasta Gradas, por tanto, sin nombre propio, aunque en alguna ocasión se la identificaba con la vecina Vitoria y Cuernos. En el plano de Olavide aparece como Alfolí, por el almacén central de sal ubicado en ella, por lo menos desde el s. XIV. En 1839 se le asigna el nombre actual, en recuerdo de la existencia del tribunal o juzgado del Almirante, asimismo situado en esta calle, esquina a la actual avenida, también desde los siglos medievales.
     Ha sido y es una calle de trazado irregular a pesar de las reformas. Inicialmente era más larga, ya que ocupaba parte de la citada avenida, hasta que en la década de 1920 se lleva a cabo la reestructuración de la zona y se le da la dimensión actual. Coincidiendo con dichas reformas, desaparece la barreduela del Alfolí, que existía en la acera izquierda. La de los pares ha experimentado en el presente siglo importantes cambios: sufre un retranqueo de las fachadas del primer tramo, quedando mucho más ancha que en los siglos precedentes y todas las construcciones de la misma pertenecen a las décadas de los sesenta y setenta. Hoy es una calle relativamente ancha, de la que parte Tomás de Ibarra, por la izquierda, y un pasaje comunica, por la derecha, con la plaza del Cabildo, pero su forma es quebrada, compuesta por tres tramos en ángulo recto. En cuanto a sus dotaciones, hay noticias de que estaba empedrada en el s. XVII y adoquinada a comienzos del s. XX; hoy está asfaltada. Salvo en el primer tramo de los pares en que la acera es bastante ancha, en general son estrechas y a veces apenas puede caminar por ella una persona. En la parte ancha existen varios naranjos.
     Desde siempre ha tenido una función eminentemente comercial, como se ha indicado anteriormente, al ubicarse importantes centros de esta naturaleza: mercado de la sal, del aceite, carnicerías, etc. El Alfolí estaba en la esquina de la avenida, y la última reparación importante que sufrió es de 1724; Santiago Montoto alcanzó a conocerlo convertido en corral. También estuvo la Aduana entre 1520 y 1587, aproximadamente. Por todo ello no es raro que se concentrasen aquí en los siglos XVI y XVII los arrieros con sus animales, en espera de que sus servicios fuesen requeridos, a pesar de las prohibiciones. En el s. XVIII se alude a puestos diversos (panaderos, lecheros) y en el s. XIX ya existe un mercado diario de artículos de subsistencia, que se desborda por la inmediata Arfe; los rigores de la estación veraniega se miti­gaban mediante toldos. Aunque desde los años de 1870 hay intentos por erradicar este mercado, no se consiguió hasta la construcción del mercado del Postigo en este siglo. En la actualidad, salvo Correos, cuya fachada lateral domina una gran parte de los impares, y una entidad bancaria, los bajos de las casas de esta calle están ocupados exclusivamente por bares y tiendas de alimentación, manteniendo así el recuerdo de aquella actividad decimonónica; algunos de dichos bares tienen mesas en el espacio pú­blico. Llama la atención la carnicería inme­diata al Postigo. En cuanto a la calzada, los ángulos muertos originados por su trazado quebrado están aprovechados como aparcamientos. La proximidad de Correos y el ser vía de comunicación con el Arenal hace que tenga un tráfico bastante intenso, sobre todo por las mañanas. El ambiente estudiantil que tuvo en los años sesenta lo ha perdido; sin embargo, en Semana Santa es un punto especial de concentración, por las numerosas cofradías que pasan por el Postigo, y por la afluencia a los bares de las gentes que están en las "sillas" de la avenida. De su pasado sólo quedan dos restos: la puerta o Postigo del Aceite, perteneciente a la muralla del periodo almohade y reforma­da en 1573 por Benvenutto Tortello, a cuyo momento corresponde el bello relieve con el escudo de la ciudad existente en su parte interior; en las jambas se conservan dos fustes de columnas con sendas canales para encajar los tablones que reforzaban la defensa de la puerta en los momentos de desbordamiento del río. El otro es la capillita barroca adosada a dicha puerta, dedicada a la Inmaculada Concepción, por una hermandad, de cuya existencia hay noticias por lo menos desde el s. XVIII; coincidiendo con su festividad se celebraba una velada en esta calle durante el primer tercio del presente siglo [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Almirantazgo, 6 A-B
. Casa de tres plantas del siglo XVIII, con balcones moldurados. La planta inferior de la crujía de fachada ha perdido su primitivo carácter por la instalación  de  locales comerciales.
Almirantazgo, s/n. POSTIGO DEL ACEITE. Es una de las puertas de la muralla de Sevilla, que por encontrarse en sus inmediaciones el mercado del aceite, tomó dicho nombre. Conserva las dos torres de flanqueo, con las salas abovedadas, embutidas en construcciones posteriores. Por la fachada que miraba al interior de la ciudad se conserva un relieve con el escudo de la misma y una inscripción conmemorativa de su reconstrucción en 1573. A ambos lados del vano de la puerta se conservan todavía unos fustes con sendos canales para colocar los tablones en los períodos de avenidas del río. Junto a dicha puerta existe una capillita dedicada a la Inmaculada [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
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La calle Almirantazgo, al detalle:
Correos
Edificio de la calle Almirantazgo, 6.

lunes, 6 de diciembre de 2021

Procesiones de hoy, lunes 6 de diciembre

     Por Amor al Arte
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     Hoy, lunes 6 de diciembre, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la hermandad de la Pura y Limpia

     Hdad. de la Pura y Limpia: La Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María; es ésta una corporación con orígenes en el siglo XVII, aunque sus primeras reglas son de 1778, con sede canónica en su capilla propia del Postigo del Aceite, siendo su imagen titular la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, talla anónima de mediados del siglo XVIII y atribuida a Pedro Duque Cornejo.

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domingo, 8 de diciembre de 2019

La Capilla de la Pura y Limpia del Postigo

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de la Pura y Limpia del Postigo, de Sevilla.   
   Hoy, 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, que, realmente llena de gracia y bendita entre las mujeres en previsión del nacimiento y de la muerte salvífica del Hijo de Dios, desde el primer instante de su Concepción fue preservada de toda culpa original, por singular privilegio de Dios. En este mismo día fue definida por el papa Pío IX como verdad dogmática recibida por antigua tradición (1854) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
       Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Capilla de la Pura y Limpia del Postigo, de Sevilla.
     La Capilla de la Pura y Limpia del Postigo se encuentra en la calle Almirantazgo, 10; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
   Las antiguas murallas de la ciudad tuvieron un amplio número de puertas de acceso que se completaron con otras entradas menores, conocidas como postigos. Junto a uno de ellos, primero conocido como el de los Azacones (por su cercanía al puerto), y luego como Postigo del Aceite (era el lugar de entrada de este producto), se sitúa la capilla más pequeña de la ciudad, dedicada a la Inmaculada y conocida popularmente como la Pura y Limpia del Postigo. Es un ejemplo de las numerosas capillas abiertas que se dedicaron a la Inmaculada en Sevilla, de las cuales sólo se conservan ésta, la del patio de Banderas y la de las gradas de la Catedral, financiada por gorreros y sederos.
   Es una iglesia en su mínima expresión. Encalada hacia el exterior, con clásica espadaña e incluso campanario, muestra hacia el exterior la imagen de una barroca Inmaculada del siglo XVIII enmarcada en un retablo documentado del entallador Juan José González, talla que fue encargada por la hermandad en el año 1753 por el precio de 2.000 reales. Porque aunque pudiera pensarse otra cosa, la capilla es centro devocional de larga historia y tradición. Según refiere Benavides, era frecuente que en ella se celebraran misas de forma periódica, en unos tiempos en los que el tráfico lo permitía, con una concepción de la liturgia que recordaría a las capillas abiertas del mundo colonial hispanoamericano. Tiene hermandad propia con origen en el siglo XVIII, desconociéndose la fecha exacta de su fundación, aunque se sabe que el cardenal Luis Salcedo y Azcona ya le concedió en 1727 indulgencias a los que rezaran delante de la Inmaculada. Desde entonces, la hermandad mantiene el culto a la imagen, habiendo conocido diversas procesiones extraordinarias y la celebración de un Rosario de la Aurora que se celebraba a las dos de la mañana de cada 15 de agosto, festividad de la Asunción.
   A pesar de sus reducidas dimensiones, en su interior, junto a la titular, se exponen unas repisas donde aparecen  imágenes barrocas de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán, estando coronado el retablo por un medallón con el tema de la Coronación de la Virgen. En el muro izquierdo se dispone un lienzo anónimo con la iconografía de San José coronado por el Niño Jesús y en el muro derecho se muestra una copia del lienzo de Santa Justa y Santa Rufina de Murillo. En el exterior, una sencilla orla de azulejos con el lema "Bendita sea tu pureza" recuerda el carácter devocional de la capilla. Las reducidas dimensiones de la capilla motivan que la hermandad celebre sus cultos y actos anuales en la parroquia del Sagrario, la capilla de la Carretería o, incluso, en la cercana plaza del Cabildo (Manuel Jesús Roldán,  Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
   Muchas son las imágenes concepcionistas que atesora Sevilla; pero con ser todas devotas, nos atrevemos a decir que ninguna alcanza el intenso grado de veneración familiar, continuo y cotidiano que goza esta imagen de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora, a la cual el pueblo de Sevilla conoce con el sugerente y cariñoso nombre abrevidado de "la Pura y Limpia". Linda y atractiva talla barroca del s. XVIII, de sólo 80 cms. de alto, esculpida con enorme gracia y con un fuerte sentido pictórico, que le presta apariencia flotante y voladora. Asienta sobre la media luna, cuyos picos se dirigen  hacia abajo, como estimaban los antiguos tratadistas que era la interpretación correcta del escabel selénico. Luce corona de orfebrería, y cuando está fuera del camarín se le suele añadir también una ráfaga. Tiene simpática hermandad que le da culto, aunque (por el reducido tamaño del recinto) los actos principales suelen trasladarse a otras iglesias de la misma zona; sin embargo, a principios de siglo aún se decía misa en su capilla a hora muy temprana, para lo cual se instalaban asientos en medio de la calzada. Sólo ha salido en procesión esporádicamente, porque es una efigie "más de ara que de andas", "más de tabernáculo que de paso", hecha para la confidencia sincera e íntima, sin bullas ni ruidos que distraigan. Su altar, visible desde la calle a través de una reja, mantiene el carácter de "retablo público", uno de los pocos de este tipo que han quedado. Aquí, al comenzar la madrugada del 8 de diciembre tiene lugar el emotivo canto de la Salve, con la cual Sevilla saluda al día celeste por antonomasia. La gran tradición inmaculista de nuestra ciudad exige que este bendito simulacro sea coronado canónicamente; a ello se encaminan muchos esfuerzos, y si con el favor de Dios se consigue, quedará como hito inolvidable dentro de la secular historia concepcionista. De todas maneras, esta efigie ha tenido otro honor aún más grande: y es ver arrodillado a sus plantas a un Soberano Pontífice (Juan Pablo II), como ocurrió en la "Statio Orbis" del Congreso Eucarístico de 1993; momento "no previsto por el protocolo", en que el mismo Papa dio una lección a todos, para alegría y orgullo del pueblo hispalense que -entre un repeluco de emoción- supo valorar perfectamente ese gesto (Juan Martínez Alcalde. Sevilla Mariana. Repertorio Iconográfico. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1997). 
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María;
   En el orden de la Creación, la Concepción de la Virgen que existía en el pensamiento de Dios antes del comienzo del  mundo (inmente Dei abinitio conceptionis), es el punto de partida de su existencia. Pero si nos situamos en el punto de vista de la evolución iconográfica, es en último lugar que este tema debería estudiarse puesto que es casi extraño al arte de la Edad Media y aparece mucho tiempo des­pués que las Vírgenes de Majestad y de Piedad.
   Para comprender las representaciones de este tema,  frecuentemente interpretado a contrario sensu, es necesario definir brevemente el dogma de la Inmaculada Concepción y recordar la historia del progreso del culto hasta su consagración oficial por el papado.
El dogma
Definición. La Inmaculada Concepción es el privilegio en virtud del cual la Virgen María es la única que habría sido concebida sin pecado entre todos los descen­dientes de Adán y Eva. 
 En principio desechemos el menosprecio, demasiado frecuente. La Inmaculada Concepción no es la concepción de Cristo en el vientre de la Virgen sino la concepción de la Virgen en el vientre de santa Ana o, más bien, en el pensamiento de Dios, que por una gracia única la eximió del pecado original. Para emplear las expresiones de los teólogos de la Edad Media, se trata de una Conceptio passiva y no de una Conceptio activa.
   La Inmaculada es la Virgen elegida antes de su nacimiento. Aquella que fue elegida antes de haber nacido, concebida antes que Eva, en la eternidad. «Ab aeterno ordinata sum. Nondum erant abyssi et ego jam concepta eram» (Prov. 8: 22). Por esa razón se la representa muy joven. Ella desciende del cielo a la tierra para redimir la fal­ta de Eva. De esa manera se opone a la Virgen de la Asunción, que animada de un movimiento inverso, después de su muerte asciende desde la tierra hacia el cielo. La Inmaculada Concepción es entonces enteramente diferente de la Maternidad virginal y de la Asunción con las cuales se la confunde constantemente.
La elaboración del dogma
A) Las objeciones
   La elaboración del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen ha sido lenta y laboriosa. No debería sorprender, puesto que esta creencia no tiene ningún fundamento en las Sagradas Escrituras, a menos que se fuerce el sentido de la salutación angélica: Ave Maria gratia plena, y que se asimile la Virgen, situada fuera del alcance de Satán, a la Mujer del Apocalipsis que escapa al dragón.
   Los argumentos bíblicos o patrísticos que se han invocado en su favor no tienen valor probatorio. Todo cuanto puede decirse de buena fe, es que las Escrituras no se oponen al privilegio de María, pero tampoco lo afirman.
   Los Inmaculistas se vieron forzados a apoyarse en la tradición de la Iglesia. Ahora bien, los Padres de la Iglesia, y especialmente san Agustín, nunca osaron atri­buir a María la exención del pecado original que reservaban sólo a Cristo, concebido por el Espíritu Santo y no por un hombre. Según ellos, la Virgen, como todas las criaturas humanas, fue concebida en el pecado y redimida por el Redentor. Tal es la doctrina de la Iglesia primitiva; tal es también la de san Bernardo que, no obstante, fue uno de los más fieles «caballeros de Nuestra Señora».
   A pesar de su devoción por la Virgen, san Bernardo admite su «sanctificatio in utero Annae», es decir su santificación en la fase embrionaria de su existencia, después y no antes de su concepción.
   En una carta a los clérigos de Lyon que habían introducido la fiesta de la Concepción de María en su calendario litúrgico, toma partido contra esa innovación, claramente: «¿De dónde tendría María la santidad de su concepción? Ella no ha podido ser santa antes de ser. Ahora bien, antes de su concepción no existía ¿Se dirá que ha sido concebida por el Espíritu Santo y no por un hombre? Es lo que hasta ahora nadie se ha atrevido a afirmar. Si se permite expresar lo que piensa la Iglesia, la gloriosa María ha concebido del Espíritu Santo, pero no ha sido concebida por él. Si ella no ha podido ser santificada antes de ser concebida porque entonces no existía, ni tampoco en el momento de su concepción porque el pecado estaba unido a ese acto, sólo queda que ha sido santificada en el vientre de su madre después de su concepción, y esa santificación ha vuelto santa su natividad, pero no su concepción. 
 «Sólo el Señor Jesús ha sido concebido del Espíritu Santo, porque sólo él era santo antes de su concepción. Excepto él, no hay hijo alguno de Adán a quien no se aplique la palabra del Salmista: Yo he sido concebido en el pecado.
   «En esas condiciones ¿cuál puede ser la razón de la fiesta de la Concepción de María? ¿A qué título llamar santa una concepción que no es la obra del Espíritu Santo (por no decir que es la obra del pecado) y por qué celebrarla si no es santa?» En el siglo XIII, san Buenaventura, el Doctor seráfico, se unió a la opinión de san Bernardo: «Creemos -escribió- como se cree comúnmente, que la Virgen ha sido santificada después de haber contraído el pecado original.»
   Los dominicos compartían la opinión de san Bernardo.
   Según Alberto Magno, la Virgen contrajo el pecado original porque fue concebida por generación sexual, que implica la concupiscencia carnal.
   Un teólogo todavía más ilustre, santo Tomás de Aquino, el Doctor angélico, se sitúa sin rodeos entre los negadores de la Inmaculada Concepción. En su Summa theologica postula que María ha sido necesariamente concebida con el pecado original, puesto que lo fue por la unión de los sexos. Ahora bien, la unión sexual que después del pecado de nuestros primeros padres no puede hacerse sin concupiscencia (sine libidine), transmite el pecado original al niño.
   Además, si María hubiese escapado a la mancha común, no habría tenido necesidad de ser redimida por Cristo. Así, Cristo ya no sería el Redentor universal. Finalmente:¿María no murió como los demás humanos? Entonces, como ellos, había contraído el pecado original, puesto que éste es quien introdujo la muerte en el mundo.
   De ese modo, el postulado de la Concepción Inmaculada de la Virgen aparece en contradicción con dos dogmas fundamentales de la doctrina cristiana: la universalidad del pecado entre los descendientes de Adán y la universalidad de la redención por Cristo. Si se quiere sustraer a María de la ley común del pecado, es necesario al mismo tiempo sustraerla de la redención universal de Cristo.
B) El triunfo de los inmaculistas
   Semejante consenso de los representantes más autorizados del  pensamiento cristiano, todos «maculistas», desde san Agustín hasta san  Bernardo, san Buenaventura y santo Tomás de Aquino, pudo haber sofocado en germen la cre­encia en la Inmaculada Concepción de la Virgen, pero no ocurrió nada parecido. La creencia en que, desde su concepción, la Virgen estuvo exenta de la mácula del pecado original, fue ganando terreno. A partir del siglo IX, la fiesta de la Conceptio B. M. Virginis, de origen oriental, como todas las fiestas de la Virgen, se in­trodujo en el calendario irlandés.
   El principal argumento que se utilizó fue que el papel de María en la Redención implica su exención del pecado original. «¿Cómo suponer -dijo Denis el Cartujo­que debiendo aplastar un día la cabeza de la serpiente, haya podido nunca ser hija del demonio?» Así, la concepción virginal de Cristo comportaría la concepción in­maculada de su madre.
   Los franciscanos tomaron partido contra las tesis de san Bernardo y de santo Tomás que san Buenaventura, otro franciscano, defendió. Éste y Escoto Eriúgena, el Doctor sutil, proclamaron que la gloriosa Virgen María fue preservada del peca­do original "a primo instanti» y no a partir de su nacimiento o de la Encarnación. Los carmelitas les hicieron coro.
   Pero la adhesión más eficaz a la campaña de los inmaculistas fue la de la Universidad de París, representada por sus cancilleres Pierre d'Ailly y Jean Gerson. La doctrina de la Inmaculada Concepción, nacida, como la mayoría de las creen­cias, de un postulado teológico, de un deseo transformado en afirmación positiva, de un voto sentimental erigido en certeza, aprobada por el papa franciscano Sixto IV en 1477, fue aceptada por la Sorbona en 1496, que la formuló en estos térmi­nos: «Mater Dei a peccato originali semper fuit preservata.»
   La creciente popularidad de la Inmaculada Concepción a finales de la Edad Media está probada por la devoción que le ofrecía la familia de los duques de Borbón. En 1370, Luis II de Borbón fundaba la orden del Caballero de Nuestra Señora de Esperanza, cuya insignia representaba a la Virgen del Apocalipsis, coro­nada por doce estrellas y con los pies reposando sobre la luna creciente. Así la representó el Maestro de Moulins, hacia 1498, en su célebre tríptico de la catedral.
   En el siglo XVI los jesuitas, después de los franciscanos, se convirtieron en sus campeones. El concilio de Trento consagró su triunfo.
   La doctrina ganó a todos los países católicos antes de convertirse en dogma. Desde Ruán, metrópoli de Normandía donde la fiesta de la Concepción era particularmente popular (se la llamaba Fiesta de los normandos), esta devoción se difundió en las otras diócesis de Francia. En 1644, la fiesta de la Inmaculada Concepción se intro­dujo en España en la jerarquía de las grandes y obligatorias (de praecepto). Así se explica la importancia de este tema en la pintura española del siglo XVII.
   Sólo quedaba un paso por dar. En 1708 la creencia, resistida durante largo tiempo, se convirtió en obligatoria para el conjunto de la Iglesia. Y en virtud de la encíclica Ineffabilis Deus, publicada por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, se transformó en un dogma de la Iglesia romana. Los maculistas habían sido derrotados.
Iconografía
   La Inmaculada Concepción ha sido representada de dos maneras completamente diferentes: en primer lugar, simbólica o alusivamente, mediante el Abrazo de Ana y de Joaquín ante la Puerta Dorada; más tarde, en la forma de la Sulamita del Cantar de los Cantares, o de la mujer envuelta en el sol, del Apocalipsis, con la luna debajo de los pies.
1. El abrazo de san Joaquín y de santa Ana ante la puerta dorada
   En la iglesia oriental y en la primera versión del arte de Occidente, la Inmaculada Concepción de la Virgen está asociada con el encuentro de sus padres, Ana y Joaquín, frente a la Puerta Dorada de Jerusalén. La Madre de Dios no habría sido concebida de manera natural (ex coitu), sino por medio de un simple beso en los labtios (ex osculo).
   A veces el ángel que anuncia la buena nueva a cada uno, por separado, planea por encima de los viejos esposos para acercar sus bocas.
   Señalemos una curiosa versión en una vidriera de Saint Ouen, ejecutada a principios del siglo XVI por el pintor vidriero holandés Arnoldo de Nimega. Sobre el vientre de santa Ana, representada de pie y con las manos unidas, aparece la Virgen en forma de niña pequeña desnuda en una mandorla, y recibiendo el ho­menaje de los dos principales profetas de la Encarnación: Isaías y David.
   En los ciclos mariológicos, esta escena precede con frecuencia a la Natividad de la cual se considera el preludio.
2. El descendimiento de la Virgen Inmaculada
   Hacia finales de la Edad Media apareció una representación novedosa del tema.
   La Virgen Inmaculada, enviada desde el cielo por Dios que la había elegido para la obra de Redención, desciende a la tierra. De pie sobre la luna, coronada de estrellas, extiende los brazos como las orantes de las catacumbas, o une las manos so­bre el pecho.
   Para distinguirla de la Virgen ascendente de la Asunción, se la representa con los ojos dirigidos hacia la tierra, al tiempo que aquélla los tiene elevados al cielo donde Cristo la espera.
   Esta diferencia está muy bien señalada en las dos estatuas ejecutadas por Puget en Génova: la Inmaculada Concepción, encargada por los Lomellini, que se encuentra en el oratorio de san Felipe Neri; y la Asunción, encargada por los Brignole para el Hospicio de los Pobres (Albergo dei Poveri).
   Otra característica de la Inmaculada Concepción es que se presenta rodeada por los símbolos de las Letanías, que son su escudo de armas (Arma Virginis), de la misma manera que los instrumentos de la Pasión constituyen el blasón de Cristo (Arma Christi).
Fuentes
   ¿Cuáles son las fuentes de esta representación? Procede del Antiguo, y también del Nuevo Testamento, del Cantar de los Cantares y del Apocalipsis.
1. La Virgen Inmaculada está asimilada a la novia del Cantar de los Cantares. Es la Sulamita del Seudo Salomón, como lo prueban las palabras inscritas en una filacteria: Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te, y las metáforas bíblicas sembradas alrededor  de ella  como las perlas de un collar.
   Estos símbolos han sido popularizados por las Letanías de la Virgen de Loreto, cuya forma actual data de 1576. La nueva Sulamita es comparada con los astros: con el sol (electa ut sol); con la luna representada por un  creciente de plata (Pulchra ut luna), con la estrella del mar (Stella maris).
   Otros emblemas están tomados de los árboles y las flores. La Inmaculada es un Jardín cerrado o cercado (Hortus conclusus), una Fuente de los jardines (Fons hortorum), un Pozo de agua viva (Puteus aquarum viventium). Se la compara con el cedro del Líbano (Cedrus exaltata), con el olivo (Oliva speciosa) con el lirio que flore­ce entre espinas (Lilium inter spinas), y con un rosal (Plantatio rosae).
   «Eres jardín cercado, hermana mía, esposa; eres jardín cercado, fuente sellada.» (Cant. 4: 12).
   Espejo sin mancha (Speculum sine macula), la Virgen es finalmente saludada con los nombres de Torre de David (Turris Davidica cum propugnaculis), _Ciudad de Dios (Civitas Dei), Puerta del cielo (Porta coeli).
2. Los otros atributos de la lnmaculada Concepción están tomados del Apocalipsis I 2: "Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas (amicta sole, luna sub pedibus, in capite corona stellarum duodecim)."
   La luna que nunca se representa llena, como en la Crucifixión, sino recortada en forma de creciente, evocaba la castidad de Diana.
   Después de la victoria de Lepanto, la cristiandad gustó interpretar el creciente de la luna bajo los pies de la Virgen Inmaculada como un símbolo de la victoria de la Cruz sobre la Media luna turca.
La fechad de aparición del tema
   ¿En qué momento apareció por primera vez este motivo en la iconografía del arte cristiano?
   De acuerdo con E. Mate, que adopta la tesis sostenida por Maxe Werly, este tema apareció a principios del siglo XVI, exactamente en 1505, en forma de xilografía, en las horas de la Virgen para el uso de Roma, publicadas en París por Thielman Kerver, retomadas en 1518 en las Horas de Simon Vostre.
   "Hasta el momento -escribe E. Mâle- no he encontrado una sola miniatura que represente la Inmaculada Concepción que sea anterior a 1505; por otra parte, todas las vidrieras, todos los bajorrelieves consagrados al mismo tema son, o lo parecen, posteriores a 1505. Es necesario admitir por lo tanto, salvo que se pruebe lo contrario, que el grabado de un Libro de Horas ha hecho conocer a Francia entera ese nuevo motivo."
   Sin abandonar los dominios de los Libros de Horas, se puede encontrar una ilustración de ese tema dos años anterior, en las Horas para uso de Ruán, impresas en París en 1503, por Antoine Vérard.
   En realidad es unos veinte años más vieja, y se remonta a finales del siglo XV. Los emblemas de las Letanías ya están representados en la catedral de Cahors, en la capilla de Notre Dame, que fue construida en 1484. Es el primer monumento edificado en Francia para la gloria de la Virgen Inmaculada, rodeada por sus atributos místicos.
   Por otra parte, la pintura italiana del Quattrocento nos ofrece al menos un ejemplo de este tema que data de 1492: es la Inmaculada Concepción del veneciano Carlo Crivelli, que se encuentra en la National Gallery de Londres. Es verdad que la Virgen no planea entre el cielo y la tierra, pero la inscripción de la filacteria que Dios Padre y los ángeles sostienen encima de su cabeza no deja ninguna duda acerca del significado de esta figura de orante, allí se lee: Ut in mente Dei ab initio concepta fui, ita et facta sum.
   Los Países Bajos han conocido ese tema en la misma época. El hecho está probado por un gran retablo de santa Ana que se conserva en el Museo histórico de Frankfurt, encargado a un maestro de Bruselas por el prior del convento de los carmelitas Rumold de Laubach. Puesto que ese personaje, singularmente interesado en el culto de santa Ana, murió en 1496, hay que concluir, forzosamente, que el retablo fue ejecutado antes de finales del siglo XV.
   Sobre uno de los paneles, los carmelitas arrodillados, asistidos por san Agustín y el papa Sixto IV, están representados en oración frente a santa Ana, que se mantiene de pie ante el altar. El homenaje se dirige menos  a ella que a la Virgen Inmaculada, que aparece en transparencia en su vientre, en medio de una aureola de rayos, en forma de niña pequeña y desnuda, sobrevolada por la paloma del Espíritu Santo y flanqueada por dos ángeles.
   La prueba de que se trata de la Inmaculada Concepción es que encima del busto de Dios Padre bendecidor, sobre una filacteria, se lee el canto de amor del Cantar de los Cantares: «Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te», y que alrededor del turbante de Salomón, que está en frente del rey David, se desarrolla en una filacteria este pasaje de los Proverbios, siempre aplicado a María Inmaculada: «Nondum erant abyssi et ego jam concepta eram.»
   Estos tres ejemplos tomados del arte francés, italiano y flamenco, prueban sin duda que el tema de la Inmaculada Concepción no aparece en el arte cristiano a principios del siglo XVI sino en el último cuarto del XV.
Evolución
   Después de haber precisado las fuentes y la fecha inicial de este tema, veamos como ha evolucionado entre los siglos XVI y XIX, a partir de Francia y de Signorelli, pasando por Puget, y Murillo, hasta llegar a la Virgen de Lourdes.
   En la pintura italiana del Renacimiento, la Inmaculada Concepción se presenta como la contrapartida y la redención del pecado original. La idea que se quiere poner en evidencia es que la gracia de María redime la falta de Eva.
   Quos Evae culpa damnavit,
   Mariae gratia solvit.
   Por ello Signorelli, en su cuadro de la catedral de Cortone, evoca a la Virgen descendiendo del cielo en una lluvia de flores y posándose sobre el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, a cuyo pie Adán y Eva cometen el pecado. Luis de Vargas (catedral de Sevilla) y Ant. Sogliani (Uffizi) subrayan la misma oposición.
   Pero es el arte barroco del siglo XVII el que tiene el mérito de haber creado el tipo definitivo de Inmaculada Concepción. Libre de todos los símbolos de las Letanías con que la habían sobrecargado los teólogos, rodeada sólo por los ángeles, ella pla­nea en una mandorla sobre un creciente de luna. A veces, para recordar su victoria sobre el pecado original, sus pies, que se apoyan sobre el globo, aplastan la ca­beza de la serpiente tentadora.
   La España mística se apoderó de este tema creado en Italia y le imprimió la marca de su genio. Y consiguió hacer su propia versión, tan es así que no puede pen­sarse en la Inmaculada Concepción sin evocar la estatua de Martínez Montañés en la catedral de Toledo, las telas de Zurbarán, de Ribera, y sobre todo las de Murillo, que trató el tema veinte o veinticinco veces.
   La forma más reciente tomada por la Inmaculada Concepción es la Virgen de Lourdes. El historiador de las religiones Salomon Reinach ha sostenido que el origen de las apariciones de la Virgen a Bernadette Soubirous en 1858 no es otro que el cuadro de Murillo adquirido por el Louvre en 1852.  
   Esta tela se hizo inmediatamente popular y había sido vulgarizada por la imaginería y los periódicos ilustrados. Es probable que uno de esos grabados coloreados cayera bajo la mirada de la joven pastora pirenaica y que, como María Alacoque lo hiciera en el siglo XVII con las imágenes del Sagrado Corazón, Bernadette proyectara, más  o menos inconscientemente y en forma de aparición, el recuerdo de la imagen piadosa que la había impresionado. La bella mujer que vio aparecer en una gruta, en medio de una nube de oro, con las manos cruzadas sobre el pecho, cubierta con un vestido blanco ajustado en la cintura por una  cinta azul, se parece como una hermana a la Purísima del Museo del Prado. Así, sería una obra maestra de Murillo la fuente de la peregrinación más popular del siglo XIX. Esta hipótesis reforzaría la teoría que postula la influencia de las imágenes en el nacimiento de los cultos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María
     Su fecha obedece al cómputo de nueve meses antes del nacimiento; es la primera fiesta grande del año litúrgico y la presentación de la figura de María en la liturgia. Contrariamente a lo habitual, el fervor popular con su sensus fidei y su plasmación en la liturgia le llevaron la delantera a la reflexión teológica y al magisterio jerárquico.  Originalmente celebraba la concepción prodigiosa de San Joaquín y Santa Ana, siguiendo los apócrifos Protoevangelio de Santiago (siglo II) y Evangelio de la Natividad de María (siglo IV). Por eso los libros litúrgicos orientales la designan todavía hoy con el título de Concepción de Santa Ana, lo cual no quiere decir que no se crea en el misterio de la Inmaculada Concepción, y la señalaban para el nueve de diciembre, sin duda dependiendo de la del ocho de septiembre, de la Natividad, más antigua. La fiesta surge en Oriente en los siglos VII-VIII, en cuya área se desenvuelve la primera fase de ella. Se documenta por primera vez en el canon (himno) de San Andrés de Creta (+720) y en un sermón de Juan Obispo de Eubea (+740)8, que hace una relación de las fiestas marianas existentes, aunque le concede una importancia menor que las de las cuatro fiestas principales: Natividad, Purificación, Anunciación y Asunción.  Poco a poco se va extendiendo y ganando importancia; en el siglo IX aparece en el Nomocanon de Focio (883) y en el calendario marmóreo de Nápoles (850), que como otros lugares de Italia meridional estaba sujeto a influencias bizantinas. El Emperador Manuel Commeno decretó la abstención de trabajo servil en ella en 1166 y el Emperador León VI (+912) el Filósofo la extendió a todo el imperio a principios  del siglo X.
   En el Occidente latino, en donde se desarrolla la segunda fase de la fiesta, se empieza a celebrar, al menos, en el siglo IX, a partir de las ciudades italianas meridionales, sometidas al Imperio Bizantino, como Nápoles, Sicilia y Cerdeña. De aquí pasó a Irlanda, donde se la menciona en el martirologio de Tallaght (ca. 800) y en el calendario de Oengus (ca. 825), con el nombre de Concepción de María Virgen, aunque fijada el tres de mayo, seguramente por influencia de la tradición copto-alejandrina, que celebraba en este día a los Santos Joaquín y Ana.  De Irlanda pasó a Inglaterra, donde fue puesta en relación con la Natividad y señalada el ocho de diciembre; en el siglo IX se documenta ampliamente la celebración allí como Concepción de la Santísima Virgen María. En dos abadías de Winchester es mencionada sobre el 1030, y poco después, en torno al 1050, en el Misal y en el Pontifical de Leofrico, Obispo de Exeter. Pero fue suprimida por los clérigos normandos que llegaron allí con Guillermo el Conquistador en el 1066, por lo que no aparece en los libros litúrgicos de finales del XI y principios del XII.  Pero pronto refloreció, en parte por un milagro legendario. Helsin, Abad de Ramsay, Kent, en un viaje a Dinamarca como embajador de Guillermo el Conquistador, envuelto en una feroz tormenta en el Mar del Norte, fue informado en una visión que se salvaría si hacía voto de celebrar el ocho de diciembre la fiesta de la Inmaculada y de difundir esta devoción en sus sermones9. Igualmente, fue apoyada por la escuela de San Anselmo de Canterbury (+1109), pues Anselmo el Joven (ca. 1125), su sobrino, fue gran promotor de la misma10, junto con su discípulo y biógrafo Eadmero de Canterbury (+1124), que defendió piadosa creencia y fiesta11, y Osberto de Clara, Prior de Westminster (ca. 1119), y adquirió entonces un decidido tinte inmaculista: de celebrar la concepción de la futura Madre de Dios pasa a conmemorarse su santidad original desde el primer momento de su ser natural. Esta nueva oleada concepcionista hizo que la fiesta pasase a Francia por Normandía; la Archidiócesis de Ruán con sus seis sufragáneas fue la primera en acogerla, hasta llegar a otorgarle en los tiempos del Arzobispo Otorico (+1183) igual dignidad que a la de la Anunciación, y los estudiantes normandos de la Universidad de París la tomaron como su fiesta patronal.  El avance siguió, extendiéndose por el resto de Francia, los Países Bajos y Alemania, e, incluso, cruzó los Alpes y penetró en Italia: Ogero de Vercelli (ca. 1160) alude a ella en un sermón, y Sicardo de Cremona (+1215) en un sermón indicó que en su ciudad, pese a cierta polémica, se celebraba desde hacía ya tiempo. Del siglo XII se conservan ya una quincena de Oficios de esta fiesta. Todo ello pese a las objeciones que le habían puesto personajes de la talla de San Bernardo de Claraval, decididamente mariano por otro lado, que desaconsejó su celebración a los canónigos de Lyon, que la habían introducido en su catedral en torno a 1140 por decantarse, siguiendo rigurosamente a San Agustín, por la opinión maculista12. Algunos piensan sin mucho fundamento que el Papa León IX Egisheim-Dagsburg (+1054) celebró la fiesta de la Concepción. Más probable parece que la introdujera Adriano IV Breakspeare (+1159), además de por su origen inglés por haber sido devoto y apologeta de este misterio mariano. Con más peso se puede afirmar, ya a principios del siglo XIII, de Inocencio III dei Conti di Segni (+1216), por testimonios coetáneos, que se celebraba la Inmaculada en la capilla pontificia, lo cual no es de extrañar por haber apoyado la Inmaculada en sus escritos como doctor privado. San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino, entre los dominicos, y San Buenaventura, entre los franciscanos secundaron la tesis maculista. Pero este último no prohibió su celebración entre los Menores, en parte porque aceptó la leyenda de Helsin como una revelación privada auténtica, pues en el Capítulo General de Pisa de 1263 se prescribió la fiesta de la Inmaculada para los Menores13. Esto hizo que comenzara la controversia en el campo litúrgico y su celebración pasara por un periodo de declive y fuera suprimida en muchos calendarios, aunque vuelve a resurgir su celebración en el siglo XIV, en que se hizo prácticamente universal.  A partir de las diatribas del Beato franciscano Juan Duns Scoto (+1308)14, en Cambridge, Oxford, París y Colonia, se llegó a una solución teológica aceptable al problema de la redención universal, de la que no podía ser exceptuada María como criatura, con la doctrina preservativa.  La opinión inmaculista ganó entonces rápidamente terreno, y a ella se adhirieron muchas familias religiosas, con los franciscanos a la cabeza: carmelitas, agustinos, cistercienses… así como numerosísimas Iglesias particulares, frente a los irreductibles tomistas, que no aceptaban la fiesta o llamaban a la celebración fiesta de la santificación de María. Incluso, por influencia de los carmelitas, el Papa Juan XXII Duèze llegó a celebrarla con la corte pontificia en Avignon hacia 1330, un año en la iglesia de éstos y después en la propia capilla, con Oficio propio y solemnidad. Aunque sólo se tratara de un gesto de devoción privada, era un paso adelante hacia el reconocimiento oficial de la fiesta por el papado.
   Entretanto, el Reino de Aragón se decantó por la defensa de la Inmaculada y extensión de su fiesta, lo que heredaría la monarquía hispánica y habría de convertirse en casi una cuestión de Estado en la era del barroco, que no podemos desarrollar aquí por cuestión de espacio15. El catorce de marzo de 1374 Juan I de Aragón ordenó que se celebrara esta festividad en sus dominios así como prohibía predicar en contra de esta por entonces opinión piadosa16. La misma prohibición pidieron que sancionara el Rey de Aragón las Cortes Catalanas el nueve de abril de 1456, a la que accedió y promulgó el veintiocho de mayo de 145617. La Inmaculada Concepción planteada por los legados hispanos a petición del Rey Alfonso V de Aragón, fue definida en el Concilio de Basilea el diecisiete de septiembre de 143818. Juan de Segovia, por orden conciliar, compuso Oficio propio. Aunque no se le reconoció valor dogmático porque los legados papales habían ya retirado su participación, sí pesó decisivamente entre los argumentos inmaculistas.  Sin embargo, Roma, que en un principio adoptó una actitud de tolerancia con respecto a las demás Iglesias, a partir de este momento pasó a introducirla oficialmente en su liturgia e, igualmente, en la de toda la Iglesia Latina, por obra de Sixto IV della Rovere, que había sido franciscano conventual, famoso teólogo de la escuela escotista, que aprobó por la Constitución Cum praeexcelsa de veintiocho de febrero de 1476, la misa y Oficio compuestos por Leonardo de Nogaroles, clérigo de Verona y Protonotario Apostólico, indulgenciándolos como los del Corpus, y con el Breve Libenter ea de cuatro de octubre de 1480 los redactados por el franciscano observante Bernardino de’ Bustis (+1513). Por el hecho de estar indulgenciados, obtuvieron una mayor propagación los textos del primero. A estos dos Oficios se añadieron los de los franciscanos el Cardenal Francisco de Quiñones (+1540), aprobado por Clemente VII Médici, y el de Ambrosio Montesino (+1514) para las monjas concepcionistas, sancionado por Inocencio VIII Cybo en la aprobación de la Orden del treinta de abril de 1489. Una segunda Constitución de este papa en 1481, la Grave nimis, en la que condenaba los ataques a la opinión inmaculista del dominico Vicente Bandelli (+1506), ratificaba el asunto, reafirmada por una segunda homónima en 1483. La fiesta, por tanto, quedaba preservada de ulteriores ataques.  En la reforma de San Pío V Ghislieri fueron abolidos los Oficios propios y sustituidos por el Oficio de la Natividad, sustituyendo la palabra nativitas por conceptio. Sin embargo, posteriormente, fue restablecido el Oficio de Nogaroles para la familia franciscana por Gregorio XIII Buoncompagni el nueve de junio de 1583, por Sixto V Peretti el treinta de mayo de 1588 y Paulo V Borghese el veintiuno de enero de 1609. Los dominicos, entretanto, aunque habían aceptado la fiesta, la seguían llamando equívocamente Santificación de María, hasta que un decreto de Gregorio XV Ludovisi por un decreto del veinticuatro de mayo de 1622 Sanctissimus prohibió cualquier pronunciamiento contra la doctrina inmaculista y el uso del término santificación por concepción, que es tanto como añadir inmaculada. Clemente VIII Aldobrandini (+1605) elevó la fiesta a rito de doble mayor. Tras petición regia, por Breve de diez de noviembre de 1644 de Inocencio X Pamphili fue declarada fiesta de precepto en los reinos de España, pues por decreto de Urbano VIII Barberini había dejado de celebrarse con tal rango litúrgico por no ser patrona principal. Francia siguió el ejemplo de su vecina. Finalmente, Alejandro VII Chigi en la constitución Sollicitudo omnium ecclesiarum de ocho de diciembre de 1661 definió exactamente el objeto de la fiesta: la inmunidad del alma de María del pecado original en el primer instante de su creación e infusión en el cuerpo. A partir de aquí prácticamente cesó la polémica concepcionista. El Rey Felipe IV de España, en 1664, según propuesta de su Junta de la Inmaculada de treinta y uno de enero, pidió al mencionado papa, que se le añadiera a la fiesta octava en todos los dominios hispánicos, que tenían ya concedida algunas diócesis, como Málaga, Sevilla y Valencia y algunas familias religiosas, como franciscanos y carmelitas.  El veintiuno de junio entrego el memorial el Embajador al papa. Éste encargó el asunto a la Sagrada Congregación de Ritos, la que nombró una Junta, y finalmente dio un decreto favorable el dos de julio, sancionado por el Breve Quae inter praeclara del siete del mes citado. Impuso bajo precepto a ambos cleros (incluidos los dominicos) de España y de sus Indias el rezo del Oficio de la Inmaculada con octava. Después fue extendido a los demás Estados, a petición del Rey, que no llegó a saberlo por su fallecimiento: Nápoles el dieciocho de septiembre, Sicilia y Cerdeña el veinticuatro de octubre, Flandes y Borgoña el veintiséis de dicho mes.  La Reina Gobernadora Mariana de Austria elevó una petición al papa en 1667 para que extendiera a toda la Iglesia el rezo de la Inmaculada que resultó infructuosa, aunque sí le concedió la Sagrada Congregación de Ritos el Oficio y misa de la Inmaculada para España y sus dominios con rito de segunda clase, como se practicaba en Roma y en los Estados Pontificios. Inocencio XII Pignatelli, a instancias del Rey Carlos II de España, elevó la fiesta en 1693 a doble de segunda clase con octava para la Iglesia Latina. Clemente XI Albani la hizo fiesta de guardar para toda la Iglesia Latina en 1708 por la Bula Commissi nobis. Los últimos coletazos de la oposición maculista surgieron en la primera mitad del XVIII, y fueron definitivamente contestados por el gran San Alfonso de María de Ligorio, que fundamentó su defensa en el sentimiento casi unánime del pueblo de Dios y en la celebración universal de su fiesta. Su doctrina se extendió como reguero de pólvora gracias a su libro Las Glorias de María, publicado en 1750.
   Clemente XIII Rezzonico, el mismo año que declaró, a ruegos del Rey Carlos III, a la Inmaculada Concepción patrona de España y de sus Indias, 1761, concedió para España y sus Indias que se rezase el Oficio Sicut lilium y la misa Egredimini de los franciscanos. A pesar de ello, en muchos sitios siguieron rezando los suyos de siempre, hasta que  se impuso como obligación por Cédula Real de diez de mayo de 1788, a petición de la Junta de la Inmaculada del día anterior. En 1863, el Beato Pío IX Mastai-Ferretti, que había definido en 1854 la Inmaculada Concepción como dogma de fe, promulgó un nuevo Oficio y misa. Éste había sido encargado a Monseñor Luca Pacifici, el redactor de la bula de definición, pero por haberle sobrevenido la muerte de manera inopinada, el papa lo encargó a una comisión presidida por el Cardenal Costantino Patrizi y con Monseñor Domingo Bartolini como secretario, que aprobó tras muchas correcciones el Oficio de Luigi Marchesi. León XIII Pecci, así mismo, elevó la fiesta a doble de primera clase con misa vigiliar, suprimida en la reforma de 1962.  En el calendario de 1969 tiene el máximo rango de solemnidad con precepto. El hecho de que caiga en el Adviento para nada distrae de su carácter contemplativo de gozosa espera navideña, pues en la Inmaculada Concepción Dios se prepara una Madre digna de sí; es por tanto, como dice el Cardenal Gomá, una auténtica fiesta de pureza en un tiempo de purificación (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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