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jueves, 22 de julio de 2021

La Iglesia de Santa María Magdalena, en Arahal (Sevilla)

   Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santa María Magdalena, en Arahal (Sevilla).     
   Hoy, 22 de julio, Memoria de Santa María Magdalena, que, liberada por el Señor de siete demonios, se convirtió en su discípula, siguiéndole hasta el monte Calvario, y en la mañana de Pascua mereció ser la primera en ver al Salvador retornando de la muerte y llevar a los otros discípulos el anuncio de la resurrección (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Iglesia de Santa María Magdalena, en Arahal (Sevilla).  
   La Iglesia de Santa María Magdalena se encuentra en la calle Colmena, 2; en Arahal (Sevilla).
   Edificio neoclásico levantado entre 1785  y 1800 sobre el solar de una anterior iglesia, de la que se conserva la capilla sacramental. Su ejecu­ción corrió a cargo de Lucas Cintora, si bien las trazas se vinculan con el académico Julián Barcenilla. Tiene tres naves de cuatro tramos cada una, crucero y ábside que da paso al coro, situado en la cabecera del templo. Las naves y el presbiterio se cubren con bóvedas vaídas; el crucero con bóveda semiesférica y el coro con bóveda de cuarto de esfera. La portada principal presenta dos cuerpos y ático. El inferior está compuesto a base de un arco de medio punto que apea sobre columnas toscanas, flanqueadas por pares de columnas del mismo orden sobre altos basamentos, y el segundo repite en parte el mismo esquema, aunque en su caso con columnas jónicas. La torre, de tres cuerpos y chapitel, está situada a la derecha de la portada principal y fue restaurada en 1898. A los pies de la nave derecha se encuentra la capilla sacramental, perteneciente a la primitiva construcción. De dos tramos, el primero cubierto con bóveda semiesférica y el segundo con bóveda de medio cañón con lunetos, fue ejecutada entre 1763 y 1766 según las trazas de Ambrosio de Figueroa.
   En el presbiterio figura una escultura de la Magdalena ejecutada en 1800 por el valenciano Antonio Marzal. Sobre la mesa del altar se hallan seis candelabros y una cruz de plata ejecutados en 1796 por Vicente Gargallo. A la izquierda, hay una escultura de la Inmaculada del segundo tercio del XVIII. La sillería del coro, que se encuentra detrás del altar mayor, fue realizada por José Victoriano Casaus en 1769. En el facistol pueden verse libros de coro de los siglos XVI, XVII y XVIII. En la nave izquierda se disponen cuatro retablos neoclásicos de hacia 1800; tres de un solo cuerpo de tres calles separadas por colum­nas corintias y uno de un solo cuerpo y hornacina, todos ellos con imágenes de la época de los retablos y modernas. En la nave derecha se encuentran tres retablos similares a los anteriores. En el más cercano al altar mayor se halla una escultura de San José con el Niño de hacia 1800. En la capilla sacramental hay un retablo de estípites de la primera mitad del XVIII con imágenes modernas y un pequeño retablo recompuesto con elementos de fines de ese mismo siglo, también moderno.
   En la nave central hay que destacar el púlpito de hierro forjado con  tornavoz neoclásico, que data del XVIII. En la sacristía se encuentran una cajonería de madera tallada del mismo siglo y una pintura sobre cobre de San José con el Niño de la segunda mitad de esa centuria. Entre los objetos de orfebrería hay que destacar un portapaz de plata de Alfaro de 1599, una cruz parroquial en la que intervino, en esa misma fecha, Alfaro, unas crismeras del primer tercio del XVII y un copón de plata dorada ejecutado en Guatemala por Pedro Valenzuela en 1775 (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
   La antigua parroquia de traza mudéjar fue destruida por el terremoto de Lisboa en 1755; de ella sólo quedé el sagrario barroco y la torre. En su lugar se edificó la actual iglesia neoclásica en 1776, siguiendo el diseño del arquitecto Lucas Cintora.
   En el presbiterio y tras una columna de mármol, se encuentra la gran escultura de madera policromada de Santa María Magdalena, realizada, e 1800, por Antonio Marzal. Contra la opinión del arzobispado sevillano y siguiendo modelos franceses, detrás del altar mayor se encuentra el coro, de factura anterior: fue adaptada al fondo del presbiterio la sillería que había realizado José Victorino Casaus en 1769. Este mismo tallista de la madera hizo la caja del órgano, que había construido Francisco Pérez de Valladolid, hacia 1769.
   El Sagrario es un edificio independiente, resto de la antigua Iglesia. Como el de Carmona, el Sagrario de Arahal es obra de Ambrosio de Figueroa, que lo realizó en 1763. Debió ser parcialmente remodelado durante la construcción de la nueva iglesia.
   En las naves laterales hay varios altares de estilo neoclásico, en los que se veneran imágenes talladas por el imaginero contemporáneo Pineda Calderón. Pero entre ellas hay una imagen de la inmaculada, atribuida a Benito de Hita del Castillo, de una gran movilidad, sobre una nube con cabezas de ángeles. También hay varias pinturas del siglo XVIII, un lienzo de la Inmaculada del siglo XVII, y otro de comienzos del mismo siglo de XVII de Cristo recogiendo sus vestiduras después de la flagelación. La orfebrería de esta Iglesia de la Magdalena es muy rica, con obras, sobre todo, de Francisco de Alfaro.
   Es importante el archivo parroquial, algunos de cuyos libros datan del año 1528.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa María Magdalena, discípula del Señor;
LEYENDA
   La primera pregunta que se plantea a propósito de María de Magdala, la Magdalenense, que con el tiempo se convirtió en la Magdalena, es saber si se trata de la pecadora anónima de quien habla el Evangelio según san Lucas (7: 37), o si es María de Betania, hermana de Marta y de Lázaro. Es lo que se denomina el problema de las tres Marías.
   Los teólogos han publicado numerosas disertaciones acerca de este tema: De tribus aut unica Magdalena sin que llegaran a ponerse de acuerdo. Bossuet creía en tres Magdalenas, y efectivamente, parece que la Magdalena santificada por la Iglesia sea una amalgama de tres personalidades diferentes que la leyenda fundió en una sola.
   Lo que sí es seguro es que no pertenece a la casta legión de las vírgenes ni a la de las mártires. Un sermón del  siglo XIII habla de la doncella santa Magdalena, pero aclarando: quae non virgo, sed puella dici potest.
   Ya hemos hablado a propósito de la iconografía de Cristo, de las escenas en las que Magdalena (una o trina) se encuentra en relación con Jesús. Limitémonos a recordarlas brevemente.
   Aparece por primera vez en la Comida en casa de Simón el leproso (o el fariseo), donde unge con preciosos perfumes los pies de Cristo y los seca con sus cabellos.
   Desde entonces se apega al maestro que ha elegido y lo recibe junto a su hermana Marta en su casa de Betania. Ambas obtienen del taumaturgo la resurrección de su hermano Lázaro.
   Asiste a la Crucifixión y Jesús la favorece con su primera Aparición, pero conminándola a no tocarle (Noli me tangere), aunque algo más tarde invite a Santo Tomás a palpar la herida de su costado.
   ¿En qué se convierte ella después de la Ascensión de Cristo?
   Según la versión greco-oriental, se habría retirado con la Virgen y san Juan en Éfeso, donde murió, para que luego sus reliquias fueran transportadas a Constantinopla.
   De acuerdo con otra leyenda forjada en Borgoña en el transcurso del siglo XI y cuyo objeto era justificar la presencia y la autenticidad de las reliquias de santa Magdalena en la iglesia de peregrinación de Vézelay, María Magdalena se habría embarcado junto a su hermana Marta y su resucitado hermano Lázaro, en compañía del obispo Maximino y de las santas Marías, en una barca sin vela ni timón que llegó hasta las costas de Provenza, o al puerto de Marsella. Después de haber convertido a la fe cristiana al príncipe pagano del lugar, se retiró para hacer penitencia en las soledades de la Sainte Baume, es decir, la santa gruta, donde vivió aún treinta años más. En ese lugar se muestra una fuente alimentada por sus lágrimas. Todos los días los ángeles la arrebataban al Paraíso para hacerle oír un concierto ce­lestial. Cuando estuvo a punto  de morir, la transportaron hasta Aix en Provence, donde san Maxirnino le administró la última comunión.
   Todo ese suplemento provenzal de la penitencia de María Magdalena en Sainte Baume fue copiado de la leyenda de santa María Egipcíaca, de manera que Magdalena, que ya en los primeros tiempos del cristianismo estaba compuesta por tres personas diferentes, en la Edad Media se transformó en una amalgama de cuatro mujeres diferentes, puesto que la Magdalena provenzal sería una religiosa del siglo VIII, llamada sor santa Magdalena, quien, después de la destrucción de su convento por los sarracenos, habría vivido diecisiete años en la gruta de Sainte Baume y habría muerto en Saint Maximin.
   Los monjes borgoñones de Vézelay no forjaron esta novela en beneficio del santuario provenzal de Saint Maximin, como se puede imaginar, sino que, junto con ella, difundieron el rumor del traslado a Borgoña de las reliquias de santa Magdalena. Los provenzales protestaron contra ese rapto imaginario. En 1279 hicieron saber que el príncipe Carlos de Salerno, que además era conde de Provenza, había sido gratificado con una aparición de santa Magdalena, en cuyo transcurso ésta le reveló que su cuerpo nunca había abandonado Saint Maximin, y que por temor a los piratas sarracenos, se lo ha­bía sustituido en la tumba por los restos de san Cedonio de Lindisfarne, cuyas reliquias habían sido llevadas a Aix por los monjes irlandeses de Lérins; y que eran esos huesos, infinitamente menos preciosos, los que se habían llevado a su tierra los borgoñones.
   Después de esta revelación, Carlos de Salerno hizo abrir la tumba de la santa y allí encontró, como por azar, el nombre de Magdalena escrito por el propio san Maximino sobre un trozo de corteza. Todos los desvergonzados alegatos de los monjes de Vézelay se derrumbaron en el acto. Y los peregrinos, desengañados, abandonaron Vézelay para regresar a la gruta de la Sainte Baume, de nuevo centro de culto y veneración de la santa. Esta guerra de monjes a golpes de falsificación, que buscaba asegurarse la explotación de los huesos de una santa ficticia, oscurece las bases de la devoción medieval; pero pese a todo le debemos las admirables iglesias de Saint Maximin y de Vézelay, lo cual no es poco.
CULTO
   Aunque la historicidad de santa Magdalena sea tan indemostrable como la de Santa María Egipcíaca, Thais y Pelagia, es, con gran ventaja, la más po­pular de todas las pecadoras arrepentidas y santificadas. Dicha popularidad se debe a que se le atribuyó haber conocido, amado y servido a Jesús, quien habría tenido por ella la misma predilección que por san Juan.
   En la Edad Media se la llamaba la muy santa Señorita pecadora e incluso, la bienaventurada  amante de Cristo (beata Dilectrix Christi). Y se la veneraba como un modelo de penitencia.
Lugares de culto
   En Francia, los dos centros principales del culto de santa Magdalena eran Provenza y Borgoña, o más precisamente, la gruta de la Sainte Baume, cerca de Saint Maximin y la acrópolis cluniacense de Vézelay. Se contaba que las reliquias habían sido llevadas a Vézelay por Girard de Roussillon, cuñado de Carlomagno, en el siglo IX. Los acólitos del Tour de Francia siempre se detenían al pasar frente a la gruta de la Sainte Baume.
   Como centros secundarios pueden citarse Marsella, en Provenza, y Vernon y Vemecuil, en Normandía.
   La Iglesia de Sainte Madeleine, en París, pretendía poseer un fragmento de la piel de su frente retirado en el sitio donde la tocara Cristo resucitado. En el siglo XVIII se puso bajo su advocación otra iglesia en el barrio de LaVille l'Évèque, que Napoleón transformó en Templo de la Gloria y que Luis XVIII devolvió al culto católico y consagró a la memoria de Luis XVI. La pecadora arrepentida, en los tiempos de la Restauración se convirtió en el símbolo de Francia arrepentida del martirio de su rey.
   Desde Provenza, el culto de santa Magdalena pasó a Italia, gracias a los príncipes de la Casa de Anjou, que también eran condes de Provenza y reyes de Nápoles. Se la veneraba muy especialmente en Sinigaglia, cerca de Ancona. En Inglaterra hay  numerosas iglesias puestas bajo su advocación. Y en Alemania, hacia 1215 se creó la orden de las penitentes de Santa María Magdalena
Patronazgos
   Los patronazgos de santa Magdalena eran extremadamente numerosos.
   En memoria de los preciosos perfumes con que ungiera los pies de Cristo en casa de Simón el leproso, o el fariseo, es la patrona de los perfumeros. Raban Maur la llama la devota perfumadora de Jesucristo.
   Por la misma razón la reivindican los fabricantes de guantes, porque la gente elegante en la Edad Media, y hasta el siglo XVI, usaba guantes perfumados con benjuí o franchipán. A este título se la ha representado con guantes, incluso al pie de la Cruz.
   A causa de la forma del vaso de perfumes, que se asemeja a un aguamanil, en Chartres era la santa patrona de los aguadores, quienes le dedicaron una vidriera en la catedral.
   Sus cabellos rubios que enjugaron los pies de Jesucristo, la hicieron elegir como patrona por los peluqueros y los peinadores.
   Los hortelanos, porque no olvidaron que después de la Resurrección, Cristo se le apareció con el aspecto de un hortelano.
   Los presos recurrían a su intercesión. Una vez liberados, iban a colgar sus cadenas ante su tumba, a la manera de un exvoto.
   Pero sobre todo, ella era la patrona de las mujeres arrepentidas o prostituta confiadas a una orden de religiosas que en Italia se llamaban las Donne Convertite della Maddalena, y en Francia, con mayor brevedad y gentile­za, las Madelonnettes. Auténtico espejo de la penitencia (speculum poenitentiae), ella, como dijo santa Brígida, había lavado todas sus faltas en los «arroyos de sus lágrimas». Además, era el refugio de las pecadoras a quienes su ejemplo animaba a no perder la fe en la salvación. A las vírgenes ne­cias, que desgraciadamente ignoraban el latín, dirigía esta exhortación inscrita en una filacteria: «Ne desperetis vos,qui peccare soletis: exemploquc meo vos reparate Deo.»
   Un predicador,cuando se dirigía a sus parroquianas, las exhortaba a seguir el ejemplo de esta santa, quien se había redimido mediante la penitencia de sus pecados de juventud: «Mujeres mundanas, y acaso voluptuosas, apren­ded a volver de vuestros extravíos igual que la Magdalena.»
   En el Tirol, el nombre de pila Magdalena se daba a las hijas naturales, nacidas fuera del matrimonio.
   No era una santa curadora. No obstante, su almohada de piedra de la gruta de la Sainte Baume, que se conserva en la abadía de Saint Víctor de Marsella, se consideraba eficaz para curar la fiebre.
   A diferencia de muchas santas que se eclipsaron después de la Reforma, su persistente popularidad en el siglo XVII está probada por una abundante literatura magdalenense en prosa y en verso. Los poetas devotos rimaron Magdaleidas y Magdalíadas, según los modelos de la Ilíada o de la Francíada.
   Fue celebrada por el austero cardenal de Bérulle, fundador del Oratorio, como la amante mística  cuyo corazón fue a fundirse a los pies de Jesús como una bola de nieve al sol.
   No obstante, la Iglesia de París se dejó ganar por el escepticismo de los teólogos del Siglo de las Luces que ya no aceptaban la identidad de la pecadora de Magdala con la hermana de Marta y de Lázaro. El Breviario del cardenal de Noailles establece dos fechas diferentes, una el 19 de enero, para María de Betania, y la otra el 22 de julio para María Magdalena.
ICONOGRAFÍA
   Las características y los atributos de santa Magdalena permiten reconocer­la fácilmente, aunque a veces pueda confundírsela con santa María Egipcíaca, quien le ha copiado ciertos rasgos de su leyenda. Así, por ejemplo, la larga cabellera suelta que le sirve de vestido en la Sainte Baume, la tiene en común con la cortesana penitente de la Tebaida.
   Su atributo más antiguo, típico y constante es el vaso de perfumes de alabastro u orfebrería, cuyo contenido esparce sobre los pies de Jesucristo, o el que llevara al Santo Sepulcro con las otras dos Santas Mujeres. Dicho vaso está cerrado, pero a veces ella levanta la tapa.
   Su vestimenta varía naturalmente, según se la represente antes o después de la penitencia. En su período de vida mundana, se exhibe con ropas de cortesana (in habitu meretricio). En el rico atavío que le concediera la puesta en escena de los autos sacramentales o teatro de los Misterios, llevaba un peinado llamativo, pendientes en las orejas, mangas cuchilladas y guantes, que el Maestro de Colonia del retablo de san Bartolomé, le hace llevar incluso al pie de la Cruz.
   Retirada en la Sainte Baume, se la ve acostada  y semidesnuda o vestida sólo con el manto dorado de su largo pelo rubio, de manera que a pesar de la calavera ante la cual medita, generalmente resulta menos casta en penitencia que en sus extravíos. A partir del Renacimiento, la mayoría de los pintores encontraron en el tema de Magdalena, desprovisto de todo carácter religioso, un pretexto para excitar la hastiada sensualidad de los lectores de La Religiosa de Diderot, o las Memorias eróticas de Casanova (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Más sobre la localidad de Arahal (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

jueves, 23 de enero de 2020

La Iglesia de San Ildefonso, de José Echamorro

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la iglesia de San Ildefonso, de José Echamorro, de Sevilla
   Hoy, 23 de enero, Memoria en la ciudad de Toledo, en la Hispania Tarraconense, de San Ildefonso, que fue monje y rector de su cenobio, y después elegido obispo. Autor fecundo de libros y de textos litúrgicos, se distinguió por su gran devoción hacia la Santísima Virgen María, Madre de Dios [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la iglesia de San Ildefonso, de Sevilla.  
   La Iglesia de San Ildefonso [nº 31 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla, y nº 54 en el plano oficial de la Junta de Andalucía] se encuentra en la plaza de San Ildefonso, s/n; en el Barrio de La Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo
   Con legendario origen visigodo o mozárabe, según los historiadores más aferrados a la leyenda, la iglesia de San Ildefonso ha sido alguna vez comparada con edificaciones hispanoamericanos, por sus torres y por la bicromía de su fachada. Situada frente a la puerta de acceso al torno del convento de San Leandro, es una edificación que sustituyó al ruinoso templo anterior, iniciándose sus obras en 1794, según un proyecto de Julián Barcenilla que dirigiría José Echamorro. Un proceso de construcción largo que se fue inaugurando por fases: se sabe que en 1816 se usaba como templo la nave izquierda, que acogía a la legendaria pintura mural de la Virgen del Coral, terminando las obras de forma definitiva en 1841. Es uno de los escasos templos puramente neoclásicos de la ciudad, todo un centro devocional por la talla del Cautivo que congrega, especialmente en Cuaresma, a numerosos fieles y devotos. Arquitectónicamente su fachada presenta dos torres iguales con tres cuerpos decrecientes y con depurada decoración alterna de blancas columnas y sencillos óculos sobre los vanos, un esquema derivado del barroco al que se despojó de toda ornamentación añadida. El mismo esquema de balaustradas y jarrones, con columnas blancas que desetacan sobre la bicromía almagra y albero de la fachada, se repite en la portada principal y la lateral. La principal, precedida de un pequeño atrio de acceso, se corona por una imagen en piedra de San Ildefonso, el titular de la iglesia. Encima se sitúa un frontón circular que acoge el emblema del santo. Junto a la portada lateral se sitúa un retablo cerámico de Antonio Kiernam que representa a la imagen de Jesús Cautivo.
     El interior del templo sigue los modelos academicistas, con gran pureza de líneas en su planta de tres naves con crucero y presbiterio. Las cubiertas se sustentan por pilares cuadrangulares con pilastras adosadas sobre las que se sostienen los arcos fajones de la bóveda de cañón, con entablamento y arcos formeros de medio punto. La nave central, los brazos del crucero y del presbiterio se cubren con bóvedas de cañón y lunetos, las naves laterales con bóveda de aristas. Sobre el crucero se sitúa una cúpula con tambor y linterna.
   Siguiendo modelos neoclásicos, no hay retablo en en la zona del presbiterio. Su lugar lo ocupa, al igual que construcciones coetáneas como la parroquia de Santa Cruz, un templete de inspiración clásica realizado por José Barrado en 1841. Está organizado mediante columnas de jaspe que sostienen un elemento cupuliforme sobre el que se sitúa una alegórica de la Fe. En su interior acoge una talla de la Inmaculada del siglo XVIII. Son un recuerdo del desaparecido retablo mayor de la antigua iglesia las esculturas de San Ildefonso, San Pedro y San Pablo, que están colocadas en hornacinas sobre el arco de acceso al presbiterio. Fueron realizadas por Felipe de Ribas en 1637, siendo restaurados por Juan de Astorga ya en el siglo XIX, con lo que se perdió su apariencia barroca original. 
   Si comenzamos nuestro recorrido por la nave de la Epístola (muro derecho), a sus pies se encuentra la capilla bautismal, con un excelente relieve de las Dos Trinidades, obra de Juan Martínez Montañés (1609). Combina la representación convencional de la Trinidad y de la Sagrada Familia, enmarcándose en un retablo neoclásico sin especial interés. Le sigue el retablo de comienzos del siglo XIX que aloja el grupo escultórico de la Aparición de la Virgen a San Cayetano, una representación del santo de la "divina providencia", realizado por Cristóbal Ramos en el siglo XVIII y que habría que poner en relación con el conjunto similar de la iglesia de Santa Catalina. El retablo de Nuestra Señora de la Soledad, neoclásico, cobija a la notable dolorosa que realizó Juan de Astorga hacia 1844, una obra de gran calidad que presenta la característica mirada ensimismada del maestro romántico. Aunque ha sido pretendida por varias hermandades, es una talla que no procesiona en Semana Santa. Del siglo XIX es también el retablo de San José con tallas de San Joaquín y de Santa Ana. En mármoles rojizos se enmarca la imagen de Santa María Magdalena. Por último, la cabecera del muro está presidida por el retablo dedicado a la Entrega de la casulla a San Ildefonso, con grupo titular del siglo XVIII que llegó a procesionar en el Corpus del año 1866. 
   La cabecera de la nave del Evangelio está presidida por la pintura mural de la Virgen del Coral, interesantísima representación de la Virgen con el Niño de la segunda mitad del siglo XIV que se encuentra enmarcada por un retablo neoclásico de mármol realizado por Bartolomé Piña y Antonio Barrado. La pintura muestra a la Virgen con el Niño, que porta un collar con fragmentos de coral que se interpretan como un símbolo de su sangre redentora. Es pintura que algunos autores quisieron datar "en tiempos de Recaredo" pero se debe situar en la corriente italogótica imperante en la ciudad hacia 1375. Ocupaba ya un lugar de privilegio en los muros de la antigua iglesia y fue conservada al realizarse el nuevo edificio. La pintura fue restaurada en 1980 por Francisco Arquillo, que eliminó repintes y barnices que no eran originales. 
   En el crucero, el retablo del Cautivo es obra del siglo XIX. La imagen del Cautivo es talla anónima realizada en el siglo XVIII, con pelo natural y siguiendo la iconografía que propagaron los frailes trinitarios, dedicados a la redención de cautivos presos en tierras de infieles. A los pies de la nave se sitúa el retablo neoclásico de la Virgen de los Sastres, imagen fernandina del siglo XIII que está flanqueada por las tallas de San Hermenegildo y San Fernando, cercanas al estilo de Pedro Roldán. La Virgen apenas conserva elementos de su origen gótico ya que debió ser remodelada en el siglo XVI. Sus ojos de cristal son ya del periodo barroco, al igual que la talla del Niño. Sigue el modelo de Virgen - trono y es titular de la histórica hermandad gremial de los Sastres o Alfayates, que gozaron del privilegio de custodiar los restos incorruptos del rey San Fernando. Su sede primitiva estuvo en el llamado Hospital de San Mateo, que estaba en la Alfalfa. En 1587 pasó al convento de San Francisco, en la Plaza Nueva, y en 1840 se trasladó a esta parroquia. En los últimos años ha recuperado su procesión anual bajo un palio de tumbilla.
   Ya junto a la puerta de entrada se sitúa una vitrina con un interesante grupo de la Piedad, del siglo XVIII. A la salida, las yemas de San Leandro del convento vecino nos esperan en una característica caja de madera... (Manuel Jesús Roldán,  Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     Tiene tres naves, capilla mayor semicircular muy profunda, y dos torres flanqueando la portada de los pies. Bóvedas de cañón con lunetos cubren la nave central, los brazos de la cruz y el presbiterio, apareciendo una cúpula con linterna en el crucero. Las naves laterales presentan bóvedas de arista y semiesféricas. La construccion del templo se inició en 1794, siguiendo los planos realizados por el académico Julián Barcenilla y dirigiendo la construcción el arquitecto José Echamorro. En 1816 se utilizaba ya la nave izquierda y en 1841 se concluyeron definitivamente las obras. El estilo neoclásico queda perfectamente claro tanto en los exteriores como en el interior de la iglesia. Las dos torres que enmarcan la portada de los pies presentan un campanario constituido por tres cuerpos decrecientes organizados mediante columnas, adornados con ba­laustrada y jarrones. Estos mis­mos elementos se repiten en la portada del lateral izquierdo y en la de los pies, que presenta una escultura de San Ildefonso en la hornacina del ático.
     El retablo mayor, realizado en 1841 por José Barrado, es un templete de estilo neoclásico, construido con jaspes y rematado con una figura alegó­rica de la Fe. Cobija una escultura de la Inmaculada, fechable en el siglo XVIII. Las escul­turas de San Ildefonso, San Pedro y San Pablo que figuran en unas hornacinas sobre el arco triunfal que da acceso a la capilla, proceden del retablo mayor del antiguo templo parroquial. Fueron realizadas por Felipe de Ribas entre 1636 y 1637, si bien Juan de Astorga las retocó entrado ya el siglo XIX.
     El retablo colateral izquierdo, también de mármoles, consta de  banco, un cuerpo y ático; es igualmente de estilo neoclásico, y fue construido por los artistas Bartolomé de Pina y Antonio Barrado. El cuerpo central está ocupado por una pintura mural de la Virgen del Coral, imagen mariana con recuerdos de la escuela internacional, fechable en el siglo XIV. El testero de la nave dere­cha lo ocupa un retablo del segundo cuarto del siglo XVIII que está presidido por el grupo escultórico de la Imposición de la Casulla a San Ildefonso, de la misma fecha.
     En la nave izquierda se sitúa el retablo de Jesús Cautivo, compuesto por banco, un cuerpo de tres calles y un ático. Data del siglo XIX, pero contiene elementos posteriores. La escultura titular es obra del siglo XVIII, al igual que las situadas en el banco, calles laterales y ático, a excepción de la Dolorosa, que pertenece al siglo XIX. El retablo de la Hermandad de los Sastres, situado en la misma nave, es obra neoclásica con aditamentos contemporáneos. Lo preside la escultura de la Virgen de los Reyes, obra de la primera mitad del siglo XVI, situándose en los laterales las esculturas de San Fernando y San Hermenegildo, realizadas por Pedro Roldán en 1674. El banco y el ático lo ocupan esculturas de San Marcos y San Mateo, respectivamente. El último retablo de la nave izquierda está dedicado a San Antonio de Padua, cuya imagen es de principios del siglo XIX. A los pies se sitúa una vitrina con un grupo escul­tórico de la Piedad, de finales del XVIII, y un lienzo de la Inmaculada, de principios de la misma centuria, obra de un seguidor de Murillo.
     El retablo colocado en el brazo derecho del crucero es de madera imitando mármoles y per­tenece al segundo cuarto del siglo XIX. Su hornacina central la ocupa una escultura de la Trinidad y las calles laterales, imágenes de santos trinitarios. En el ático, delante de una escultura de San Diego de Alcalá, se sitúa un grupo de marfil de la Sagrada Familia, obra de un taller hispano-filipino del siglo XVIII.
     Los retablos situados en la nave derecha están realizados en mármoles y se fechan en el segundo cuarto del siglo XIX. Dos de ellos corresponden a San Cayetano y San José, apareciendo en este último las imágenes de San Joaquín y Santa Ana. En la capilla bautismal, ubicada a los pies del templo, se encuentra el relieve que representa las dos Trinidades, realizado 'por Martínez Montañés en 1609, y enmarcado por un retablo neoclásico.
     En la sacristía, de planta rectangular con tres tramos cubiertos con bóvedas semiesféricas, existe una pintura sobre tabla representando el Calvario, del último tercio del siglo XVI, y un retrato de don Matías Espinosa, párroco de la iglesia, firmado por Antonio Cabral Bejarano, en Sevilla, en 1839. La cajonería y muebles del recinto corresponden a mediados del siglo XIX.
     Las piezas de orfebrería más destacadas que conserva la parroquia son un cáliz barroco y una cruz manierista. El primero es de plata dorada, liso, realizado probablemente en Madrid y donado por el cardenal Delgado y Venegas. Está fechado en 1780. La cruz procesional, fechable a fines del XVI o principios del XVII, lleva decoración de óvalos, puntas de diamante y rectángulos (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     Esta iglesia de estilo neoclásico, se compone de tres naves, presentando una capilla mayor semicircular muy profunda.
     La portada se encuentra a los pies, flanqueándose por dos torres. la nave se cubre con bóveda de cañón con lunetos, en la nave central, y de aristas y semicirculares en los laterales. El crucero se resuelve con cúpula con linterna. En el interior destacan los retablos y esculturas de los siglos XVI, XVII XVIII y XIX, como el retablo Mayor, realizado en 1841 por José Barrado, y los laterales, también de la misma época.
     Fue construida sobre una antigua iglesia del siglo XIV de la que se conserva una pintura mural de la Virgen del Coral. La construcción se inició en 1794 según planos de Julián de Barcenilla y el arquitecto José Echamorro, concluyéndose en 1841 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Pasado el convento, la primera bocacalle a la izquierda lleva a esta quieta plaza con forma de trapecio, lugar apacible y sereno, cualida­des que le dan las casas que en ella se alzan, pero, más aún, la iglesia de San Ildefonso y, sobre todo, el inmaculado muro del convento de San Leandro, cuya entrada se encuentra frente a la iglesia. Arquitectónicamente, la iglesia es uno de los mejores templos de Sevilla. La pareja de torres simétricas que enmarcan la fachada no tiene parangón. Muestran un alto cuerpo que lleva hasta la cumbre de la portada, y luego otros tres de estirpe serliana, el primero de base cuadrada, el segundo ochavado y el último circular, con finas columnas de mármol enmarcando los vanos y balaustradas perimetrales entre cuerpo y cuerpo. El templo es de construcción relativamente reciente, pues sus obras se iniciaron en 1794 y concluyeron en 1841. En la actualidad, recién restaurado, presenta un aspecto reluciente. Tiene tres naves y crucero, separadas por arcos de medio punto sobre pilares muy gruesos. El crucero se cubre con una gran cúpula semiesférica sobre tambor con linterna. Una gran cornisa perimetral recorre la nave principal, el crucero y el presbiterio. La capilla mayor es semicircular. En ella sobresale el retablo, realizado por José Barrado en 1841. Las imágenes de San Ildefonso, San Pedro y San Pablo, situadas sobre el arco triunfal, son obra de Felipe Ribas, quien las realizó entre 1636 y 1637. En la cabecera de la nave del evangelio figura un retablo de mármoles en el que se ve una pintura mural que data del siglo XIV. Es la Virgen del Coral. En la misma nave está el retablo de Jesús Cautivo, cuya imagen, anónima, data del siglo XVIII. La imagen de la Dolorosa es del siglo XIX. El Cristo, conocido como de Medinaceli despierta una gran devoción entre los sevillanos, siendo costumbre de larga tradición acudir a rezarle el primer viernes de Cuaresma, aunque nada tiene que ver con la Semana Santa y sus pro­cesiones. A continuación se encuentra el retablo llamado de la Hermandad de los Sastres en el que, además de la Virgen de los Reyes, anónima del siglo XVI, figuran San Hermene­gildo y San Fernando, tallados por Pedro Roldán en 1674. Otra obra de gran importancia se encuentra en la capilla bautismal, situada a los pies. Se trata del relieve denominado de las Dos Trinidades, preciosa talla de Martínez Montañés, fechada en 1609 (Rafael Arjona, Lola Walls. Guía Total, Sevilla. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2006).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Ildefonso, obispo;
HISTORIA Y LEYENDA
   Nació en 606 y en 657 fue designado titular de la sede episcopal de Toledo por el rey godo Recesvinto, en reemplazo de su tío san Eugenio. Murió diez años después, en 667.
   Al igual que san Bernardo en Francia, se distinguió por el ardor de su devoción a la Virgen. En su tratado, titulado De illibata Virginitate Sanctae Mariae, se convirtió en el campeón de la Santísima Virgen contra los heréticos y los judíos, sosteniendo que María había concebido y parido sin perder la virgi­nidad.
   Su devoción fue recompensada. Según la leyenda, san Ildefonso, que se había preparado con tres días de ayuno para celebrar la fiesta de la Asunción, vio a la Virgen rodeada por un enjambre de vírgenes, descender en su ca­tedral y sentarse en su trono episcopal. Se acercó a ella recitando la Salutación angélica, y María, para agradecerle su devoción, le entregó una magnífica casulla bordada, diciéndole: «Tú eres mj capellán.»
   Según otra versión, la Virgen le habría dicho: «Acércate y acepta de mi mano este presente que he cogido del tesoro de mi Hijo.»
   Este prodigio fue dado a conocer por el sucesor de san Ildefonso en la sede episcopal de Toledo.
   San lldefonso también habría visto aparecerse en la catedral de Toledo a santa Leocadia, quien le permitió cortar un trozo de su velo.
CULTO
   En los tiempos de la invasión de los moros y la guerra de Reconquista, que en España tuvieron los mismos efectos que las incursiones de los piratas normandos en Francia, las reliquias de san Ildefonso fueron transportadas a Zamora, donde operaban milagros.
   El cardenal Ximénez de Cisneros puso bajo su advocación un colegio en Alcalá de Henares que se convertiría en la principal universidad de Castilla, después de Salamanca.
   El culto de san Ildefonso se difundió en el siglo XVII en los Países Bajos es­pañoles. El archiduque Alberto, que antes de ser nombrado gobernador de los Países Bajos había sido arzobispo de Toledo, encargó a Rubens el magnífico tríptico para la cofradía de san Ildefonso, establecida en la iglesia de St. Jacques de Coudenberg, en Bruselas.
ICONOGRAFÍA
   El atributo habitual de san Ildefonso es la casulla que le entrega la Virgen (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Ildefonso, obispo;
     San Ildefonso de Toledo, (Toledo, c. 607 – 23 de enero de 667=. Abad, arzobispo, conciliarista y escritor.
     De la importancia de esta gran figura de la cultura hispanovisigoda da cuenta el hecho de que, a su muerte, mereció una sucinta biografía elaborada por uno de sus sucesores en la cátedra episcopal de Toledo, Julián (680-690). De este opúsculo, conocido como Elogium beati Ildefonsi, procede la mayor parte de los datos que se conocen acerca de su vida.
     Aunque Julián no alude a los orígenes familiares de Ildefonso, de la etimología germánica del nombre de este último se deduce que su familia era de etnia goda, y no hispanorromana. De su vida anterior a su episcopado, Julián dice que Ildefonso, sintiéndose desde niño atraído por la vida monástica, ingresó tempranamente en el monasterio de Agali (Toledo). A continuación, en una fecha indeterminada, pero antes de ser nombrado diácono en su comunidad (c. 632- 633), Ildefonso hizo construir un cenobio de vírgenes consagradas en un paraje denominado Deíbia, de difícil localización; si bien, es probable que se hallase en los alrededores de Toledo. Ildefonso asumió, además, a sus expensas, el mantenimiento de este cenobio, por lo que se conjetura que esto sólo pudo ser posible una vez que hubo entrado en posesión de la herencia paterna.
     De ahí que se suponga que su familia pertenecía a la alta nobleza visigótica. Asimismo, se cree que la finca de Deíbia sobre la que Ildefonso levantó el supradicho monasterio debía formar parte de los terrenos heredados de sus progenitores.
     Julián escribe que, con posterioridad a la fundación del monasterio de Deíbia, Ildefonso alcanzó el grado de diácono en Agali. Dado que el propio Ildefonso señala en su De uiris illustribus (cap. 6) que fue consagrado diácono por Heladio de Toledo hacia el final de la vida de éste, muerto hacia 633, esto permite saber que por esas fechas Ildefonso tenía veinticinco años cumplidos, edad mínima obligatoria para acceder al diaconato. Así, su nacimiento se sitúa hacia 607.
     Algunos años después fue elevado al abadiato de Agali.
     Este nombramiento hubo de producirse entre 633 y 653, en que Ildefonso suscribió en calidad de abad las actas del Concilio VIII de Toledo (16 de diciembre de 653). También como abad suscribió el Concilio IX de Toledo (2 de noviembre de 655). Se cree asimismo que hubo de asistir al año siguiente al Concilio X de Toledo (1 de diciembre de 656), pese a que en la suscripción de las actas de este sínodo no aparezca su nombre. Ello se explica por el hecho de que en el citado Concilio únicamente firmaron los obispos y sus representantes.
     En diciembre de 657, en el noveno año de Recesvinto, precisa Julián de Toledo, Ildefonso fue elevado a la cátedra episcopal de Toledo, sucediendo en dicha dignidad a otro gran autor visigodo, el poeta Eugenio II de Toledo. Ildefonso desempeñó este cargo hasta su muerte, durante nueve años y dos meses, dice Julián, quien incluso precisa el día exacto del deceso de Ildefonso: el noveno día antes de las calendas de febrero del decimoctavo año de Recesvinto, esto es, el 23 de enero de 667. Durante su episcopado, su firma no vuelve a aparecer en ningún concilio, por no haberse celebrado durante ese período sínodo alguno en Toledo.
     Ildefonso es uno de los autores más destacados de la Hispania visigótica. Se han conservado de él estos escritos: De uirginitate perpetua sanctae Mariae contra tres infideles, elaborado con anterioridad a su obispado, e incluso, quizás, a su abadiato, un tratado de carácter teológico y apologético en defensa de la virginidad de María, su obra más famosa; dos Epistulae dirigidas al obispo Quírico de Barcelona (c. 653-654 – c. 666), de hacia 656-657, en la primera, Ildefonso agradece a Quírico los elogios que este último dedica a su tratado De uirginitate perpetua, del que Ildefonso le había regalado un códice (con ocasión quizás de su encuentro en el Concilio X de Toledo), y en la segunda se disculpa ante Quírico por no sentirse con fuerzas suficientes para emprender la redacción de un tratado de exégesis de los pasajes bíblicos más oscuros, tal y como le propone el de Barcelona; el Liber de uiris illustribus, escrito durante su episcopado, destinado a completar la serie de los catálogos de los principales escritores cristianos iniciada por Jerónimo Estridonense, y continuada por Genadio de Marsella e Isidoro de Sevilla, si bien, Ildefonso, a diferencia de sus antecesores, dedica exclusivamente su obra a aquellas grandes figuras de la Iglesia hispana, y, en especial, de la toledana, que, a su juicio, han sido unos modelos de santidad y de buen gobierno eclesiástico, con independencia de que hayan dejado o no una producción escrita; el Liber de cognitione baptismi, redactado durante su episcopado, es un tratado doctrinal sobre el bautismo de claro tono antijudío, y, en fin, el Liber de itinere deserti, elaborado como complemento de la obra precedente, a modo de segunda parte de ésta, y destinado a instruir a los recién bautizados sobre el modo más adecuado en que deben comportarse en su nueva condición, si desean alcanzar la vida eterna, obra quizás inconclusa, pues contiene importantes lagunas en los capítulos 62 a 64.
     Gracias al Elogium beati Ildefonsi se tiene un inventario completo de la producción literaria de Ildefonso, lo que permite conocer el gran número de obras perdidas de este autor. Según Julián, el propio Ildefonso distribuyó sus obras, en razón de sus contenidos, en cuatro grandes secciones, cada una de las cuales ocuparía, quizás, un códice: composiciones teológicas y litúrgicas (una), epístolas (dos), escritos litúrgicos de ocasión resultado de su actividad pastoral (misas, himnos y sermones) (tres), y epigramas y epitafios (cuatro). De todas ellas, Julián cita expresamente los títulos siguientes: Liber prosopopeiae imbecillitatis propriae, suerte de autobiografía moral de carácter edificante; Opusculum de proprietate personarum Patris et Filii et Spiritus Sancti, tratado teológico sobre la Santísima Trinidad, y tres opúsculos sobre los oficios eclesiásticos y la liturgia, elaborados durante su etapa de monje en Agali: Adnotationes actionis diurnae, Adnotationes in sacris y Adnotationes in sacramentis.
     Como consecuencia de la información suministrada por Julián, algunos estudiosos atribuyen a Ildefonso otras composiciones, tales como misas, sermones, himnos, plegarias y poemas de dudosa autoría (José Carlos Martín Iglesias, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Horario de apertura de la Iglesia de San Ildefonso:
      Invierno (de Octubre a Junio):
                     Lunes, Miércoles, Jueves y Sábados: de 18:00 a 20:00.
                     Martes: de 10:30 a 12:00.
                     Viernes: de 10:00 a 13:00, y de 18:00 a 20:00
                     Domingos: de 10:30 a 12:00

Horario de misas de la Iglesia de San Ildefonso:
       Invierno (de Octubre a Junio):
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La Iglesia de San Ildefonso, al detalle: