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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 23 de julio de 2025

La Facultad de Matemáticas, de Alejandro de la Sota Martínez, de la Universidad de Sevilla

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Facultad de Matemáticas, de Alejandro de la Sota Martínez, de la Universidad de Sevilla.  
     La Facultad de Matemáticas, se encuentra en la avenida la Reina Mercedes, s/n; en el el Barrio Sector Sur-La Palmera-Reina Mercedes, del Distrito Bellavista-La Palmera.
     El edificio se sitúa en el campus universitario de Reina Mercedes, en la esquina Suroeste del actual jardín central del mismo. Se trata de un volumen exento, de cuatro plantas de altura más una planta bajo rasante, de planta rectangular alargada dispuesta, en la línea marcada por los edificios precedentes (Escuelas de Arquitectura, Aparejadores e Ingenieros Industriales), perpendicular a la directriz de la avenida Reina Mercedes.
     Las fachadas del edificio son herméticas, construyéndose con paños continuos de ladrillo de tonalidad amarilla en los que se recortan ventanas alargadas, que quedan ocultas tras carpinterías de lamas horizontales de color blanco. Esta decisión de cerrar el edificio hacia el exterior se toma, según el propio arquitecto, ante la ausencia de referencias en el espacio abierto del jardín. Esto motiva que el edificio se abra completamente hacia el interior, a través de un espacio abierto en posición central, que actúa de elemento organizador a la manera de los patios de la arquitectura tradicional andaluza.
     El programa se organiza de manera pragmática y sencilla, al mismo tiempo que en su disposición busca intencionadamente ofrecer una respuesta tipológica compleja: un volumen central de cuatro plantas, que concentra las aulas en planta baja, y al que se añaden, a Este y Oeste, dos torres en las cuales las aulas se apilan unas sobre otras hasta un total de cuatro plantas. Este carácter independiente del volumen central y de las dos torres se evidencia también en la estructura, ya que es en su encuentro donde se resuelven las juntas de dilatación del edificio.
     El sistema estructural es clave para entender la organización funcional. El volumen central parte de una retícula ideal de 7 vanos en dirección Norte-Sur, y 12 vanos en dirección Este-Oeste. La planta baja del volumen central puede dividirse en tres bandas que la recorren de Este a Oeste, y que de Norte a Sur son las siguientes: biblioteca y administración (2 vanos de estructura), distribución (1 vano) y aulas (4 vanos). La banda de aulas agrupa los vanos de dos en dos en la dirección Este-Oeste, por lo que quedan seis vanos del doble de luz. En esta banda de aulas, los dos vanos extremos, a Este y Oeste, se ocupan con patios, mientras que los cuatro vanos centrales son ocupados por cuatro aulas yuxtapuestas. Estos patios sirven de acceso al edificio desde el Sur atravesando el espacio abierto, y conduciendo a la banda de distribución.
     En las tres plantas superiores, la organización por bandas cambia, repitiéndose las de biblioteca (2 vanos de estructura), y distribución (1 vano), mientras que los cuatro vanos de la banda de aulas se convierten en patio (2 vanos) y banda de despachos y seminarios (2 vanos), que conforma la fachada Sur. De esta manera, el espacio central abierto se aprecia en su verdadera magnitud, encontrándose su plano de referencia en las cubiertas de las aulas situadas en la planta baja, que se iluminan a través de claraboyas. Aunque inicialmente estas cubiertas contaron con ajardinamiento, en la actualidad se muestran completamente desnudas.
     En las tres plantas superiores, la banda de distribución se define como pasarelas en cada nivel, que quedan adosadas a la banda de biblioteca sin llegar a tocar la banda del patio, cambiando sus dimensiones para ofrecer una sección variable. Se abre de esta manera en esta banda un vacío de cuatro plantas de altura, que se cierra del patio a través de un rudimentario muro cortina. Desde estas pasarelas, se tienden puentes en dirección Sur, que alcanzan la banda de despachos y seminarios tras atravesar la banda del patio. Estos puentes, aunque inicialmente eran abiertos, han sido completamente cerrados, con lo que el patio se divide en cuatro, perdiendo su unicidad.
     Las torres de aulas anexas al Este y al Oeste cuentan con un aula por planta, de las mismas dimensiones que las del volumen principal. Ambas se retranquean una distancia de un módulo estructural y medio respecto a la alineación de la fachada Norte. La torre Oeste ofrece el acceso a los profesores desde el aparcamiento, y conecta las cuatro plantas a través de una escalera independiente.
     A la torre Este se anexa un volumen de dos plantas que ofrece la cara más pública del edificio, albergando en la planta baja, rehundida respecto a la cota del terreno, el servicio de comedor y cafetería que originalmente pretendía centralizar esta dotación en el campus. Sobre este comedor se sitúa el salón de actos del edificio, y esta superposición provoca un cambio de sección en planta baja, que procura mayor altura hacia el espacio abierto.
     El encuentro de este volumen de dos plantas con la fachada Norte del volumen principal sirve de acceso principal al edificio desde el jardín del campus, a través de un porche que constituye el único gesto evidente de apertura de toda la composición.
     El hermetismo del edificio hacia el exterior contrasta con su absoluta diafanidad interior. Ésta se consigue especialmente gracias al empleo de la estructura de acero, que minimiza las secciones y queda vista, evidenciando las cualidades de ligereza que caracterizan a la arquitectura moderna. Estas cualidades son especialmente en la banda de distribución y en la banda de patios, así como en el sistema de pasarelas que a ambas relaciona (Teodoro Falcón Márquez, en Universidad de Sevilla).
     El edificio se sitúa en el campus universitario de Reina Mercedes, en la esquina suroeste del jardín central. Se trata de un volumen exento, de cuatro plantas de altura más una planta bajo rasante, con planta rectangular alargada. 
     Las fachadas del edificio son herméticas, con paños continuos de ladrillo de tonalidad amarilla en los que se recortan ventanas alargadas, que quedan ocultas tras carpinterías de lamas horizontales de color blanco. La decisión de cerrar el edificio hacia el exterior ante la ausencia de referencias en el espacio del jardín que motiva que se abra completamente hacia el interior a través de un patio central. La diafanidad interior se consigue gracias al empleo de la estructura de acero, que minimiza las secciones y queda vista. 
     El programa se organiza en cuatro plantas con un volumen central, que concentra las aulas en planta baja, al que se añaden, a este y oeste, dos torres.
     El sistema estructural del edificio principal es una retícula de siete vanos en dirección norte sur y doce en dirección este-oeste. La planta baja del volumen central se organiza en tres bandas: biblioteca y administración (dos vanos), distribución (uno) y aulas (cuatro). La banda de seis aulas agrupa los vanos de dos en dos en la dirección este-oeste. En las tres plantas superiores los cuatro vanos de aulas se convierten en patio y banda de despachos y seminarios (dos y dos vanos) al sur.
     En las tres plantas superiores, la banda de distribución genera pasarelas que se adosan a la biblioteca sin tocar al patio, abriendo un vacío de cuatro plantas de altura cerrado mediante muro cortina. Desde estas se tienden puentes que atraviesan el patio, inicialmente abiertos aunque han sido cerrados, fragmentando el patio. 
     Las torres al este y al oeste cuentan con un aula por planta. A la este se anexa un volumen de dos plantas albergando, en la planta baja, comedor y cafetería y en la alta el salón de actos, provocando un cambio de sección. El encuentro de este volumen con la fachada norte sirve de acceso principal al edificio a través de un porche (Plácido González, en DOCOMOMO).
     Situado en el ámbito territorial urbano de la ciudad de Sevilla, el Edificio de Aulas y Seminarios se ubica en el sector sur, conformado con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, en la Avenida de Reina Mercedes (espacio intermedio entre el eje principal de la muestra, la Avenida de la Palmera y las instalaciones de la Avenida de la Raza), vía singular por la diferencia de edificaciones que conforman su trazado Este y Oeste: frente a la sucesión de viviendas plurifamiliares de notable altura y muy escasa cualificación arquitectónica, se sitúa el campus universitario de Reina Mercedes, en el que destaca la calidad del Edificio de Aulas y Seminarios, inserto en un espacio actualmente rodeado por la Facultad de Informática y Estadística, las Facultades de Química, Biología, Física y la antigua Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales.
     La proximidad a edificios docentes que iban a levantarse en poco tiempo, y a los que debía dar servicio, pero cuyas referencias formales desconocía, sugirió a De la Sota la necesidad de buscar cierto aislamiento, ensimismando la construcción, cerrándola al exterior con muros de ladrillo y persianas, y creando un importante juego de patios habitables al interior, en la tradición popular andaluza que permite adaptar la construcción al clima y su entorno, en una búsqueda que le lleva igualmente a poder abrir al exterior aquella parte del edificio que se desvincula de la función docente, la cafetería, que incorpora al exterior con terraza propia.
     El edificio desde su construcción ha servido para la actividad universitaria que lo motivó, si bien la primera función de edificio de apoyo a diferentes facultades se transformó como Facultad de Ciencias Exactas, posteriormente denominada Facultad de Matemáticas, conllevando una alteración notable en su funcionalidad que necesitó alteraciones en la distribución del edificio, necesitándose espacios de despachos y administración del centro, de profesores y departamentos.
     El edificio está constituido por una parte principal con semisótano y cuatro plantas para aulas y seminarios, y otra edificación adosada de dos plantas destinado a cafetería y Aula Magna.
     El edificio busca la ubicación de las aulas de mayor uso (para 200 alumnos) en la planta baja asociada en grupos horizontales (con iluminación y ventilación cenital), situando las restantes en una interesante disposición en grupos verticales por las esquinas de las tres plantas restantes (con iluminación perimetral). Los patios permiten el aislamiento de los seminarios respecto a las aulas, conectándose por las ligeras pasarelas de vidrio y metal, creando una precisa y expresiva espacialidad, plena de movimiento, aire y luz.
     Los patios tamizan el sol y la intensidad de la luz por una gran celosía horizontal, orientable. El juego de cristaleras que establece, y la espacialidad que permiten pasarelas y balcones, le posibilita entender todo el conjunto como un gran patio cubierto, en el que no existen circulaciones ocultas.
     Los seminarios buscan abrirse igualmente a este patio, en relaciones que han sido paulatinamente menguadas con el uso del edificio, y que tan gratas se imaginan en la planimetría original del proyecto de Sota.
     El cuerpo en el que se construyen cafetería y Aula Magna se sitúa ligeramente maclado a la construcción principal, intercambiando accesos y servicios.
     El proyecto, riguroso como es norma habitual en la producción de Alejandro de la Sota, utiliza la retícula de 1,20 metros, que se parte a la mitad en las aulas de 200 alumnos.
     Las superficies construidas que constan en proyecto son:
     edificio principal:
     semisótano: 2.853,58 m2; primera, 2.456,82 m2; segunda, 2.186,40 m2; tercera, 2.186,40 m2; cuarta, 2.117,76 m2, totalizando 11.830,96 m2.
     edificio anexo: planta baja, 384,12 m2; planta primera, 367,32 m2, con un total de 751, 44 m2
      Con lo que la superficie construida total del conjunto es de 12.582,40 m2.
      Al disponer de muy corto plazo para la ejecución del edificio adoptó una estructura de pilares y jácenas de hierro vistos y pintados en blanco, forjados Stalton con bovedillas cerámicas y capa de compresión de hormigón.
     En proyecto consta la cimentación a -3,40 metros con zapatas de hormigón atadas con correas. Los cerramientos se realizan con muros de medio pie de ladrillo macizo cara vista, llevando tabique aislante Ytong por el interior. La carpintería exterior está formada por ventanales de corredera horizontal con un módulo de 2,40 metros, con perfiles de chapa galvanizada.
     El Edificio de Aulas y Seminarios ha sido relacionado con las corrientes brutalistas europeas, con referentes en las escuelas de Hungstanton de Alison y Peter Smithson por la expresividad que se confía a la técnica y los materiales en la conformación de la imagen final del edificio.
     Resulta evidente la necesidad de recuperar en el edificio la mirada originaria al patio como espacio que relaciona edificio exterior, actualmente tan perdida.
     La necesaria posibilidad de transformación que se reclama a este tipo de edificios, alcanza en este proyecto uno de sus aspectos más destacados, cumpliendo lo expresado por De la Sota en la memoria del proyecto: "Existe un funcionalismo inmediato que es de buen uso, por buena disposición del edificio. Existe otra más importante y duradera que es que el nuevo edificio lleve en sí la posibilidad de cambios, cambios que, inevitablemente, se le han de exigir y más en épocas que se caracterizan precisamente por sus cambios. Esta adaptabilidad en el tiempo exige en primer lugar un concepto claro del edificio, modulación rígida aunque flexible, amplitud interior, estructura diáfana, tabiquería que admite el cambio con facilidad, continuidad con pavimentación, cerramientos, iluminación, servicios, etc. Esta es la funcionalidad en el tiempo, la auténticamente importante como inversión".
     El anuncio del Concurso público entre empresas nacionales se publica en el B.O.E. el 10 de enero de 1.972. 
     La empresa Casa Gargallo oferta la realización del edificio por 55.996.946 ptas., obtenidos de un Presupuesto de Ejecución Material de 46.801.526,00 ptas, un Presupuesto de Contrata de 53.821.755,00, con honorarios de 1.210.990,00 ptas, y urbanización de 942.984 ptas. (marzo de 1972).
     El encargo se firma el 14 de marzo de 1972, visándose el proyecto el 19 de mayo de 1972.
     El plazo de ejecución se fijó en cinco meses desde la firma del contrato.
     La dirección de obra la llevaron directamente facultativos de la Unidad Técnica de Sevilla, dependiente de la Dirección Técnica de Construcción del Ministerio de Educación y Ciencia.
     Alejandro de la Sota Martínez (Pontevedra 20.10.1913- titulado 1941- Madrid 14.02.1996) fue galardonado por este edificio con el Premio Nacional de Arquitectura y con el Premio Concursos Nacionales de Bellas Artes: Arquitectura (1975). Es uno de los mejores arquitectos españoles del siglo XX, que tras un breve periodo docente en la Escuela de Arquitectura de Madrid, se centra en su carrera profesional, que atraviesa diversos facetas expresivas, caracterizándose siempre por una obra en la que brilla la sencillez de sus planteamientos, la economía de medios con las que se resuelven sus edificios, en los que brilla fundamentalmente el estudio de los detalles ("la arquitectura está en los encuentros" gustaba decir De la Sota), que lo sitúan cercano a los planteamientos de Mies van der Rohe.
     Fue uno de los promotores en España de la industrialización en la construcción, con la incorporación de elementos industriales en la obra, combinando en sus edificios un gran rigor geométrico, con líneas precisas, claras y rectas, con estructuras audaces.
     Sus obras han ejercido una enorme influencia en generaciones completas de arquitectos españoles, que han venerado esa forma lógica que presentan sus proyectos. El Gimnasio del Colegio Maravillas de Madrid (1961) y el Gobierno Civil de Tarragona (1963) son algunas de las obras más conocidas de la arquitectura española del XX.
     En el periodo 1941-1947 trabaja para el Instituto Nacional de Colonización, para el que proyecta el célebre Poblado de Esquivel. En 1960 se convierte en funcionario de la Dirección General de Correos, donde permanece hasta 1964, labor que reinicia en 1972 hasta su jubilación. Vuelve a la Escuela de Madrid (1956-1963, Departamento de Proyectos, 1964-1972 Profesor de Elementos de Composición). Había trabajado también para Aviaco e Iberia.
     Entre sus distinciones destacan 3 Premios Nacionales de Arquitectura (1963, 1973, 1974), un Premio Nacional de Artes Plásticas (1973); fue Medalla de Oro al Mérito en las Telecomunicaciones, Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, Medalla de Oro de la Arquitectura del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, Medalla de Oro de Arquitectura del Colegio de Arquitectos de Cataluña, Premio Pinat y Premio Antonio Camuñas de Arquitectura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Biografía de Alejandro de la Sota Martínez, autor de la obra reseñada;
     Alejandro de la Sota Martínez, (Pontevedra, 20 de octubre de 1913 – Madrid, 14 de febrero de 1996). Arquitecto.
     Hijo de un ingeniero militar y topógrafo de origen cántabro, Alejandro de la Sota crece en su Pontevedra natal en un entorno familiar acomodado y culto.
     Comienza sus estudios de Ciencias Exactas en la Universidade de Santiago de Compostela —un requisito necesario por entonces para acceder a las carreras técnicas— y se traslada a Madrid para estudiar en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM). Sus estudios se interrumpen por la irrupción de la Guerra Civil española en 1936 y no obtiene su título de arquitecto hasta 1941. Desde entonces, establece su residencia en Madrid, pero siempre conserva los lazos con su Galicia natal, donde su padre, presidente de la Diputación de Pontevedra durante bastantes años, y sus contactos familiares y sociales le facilitan muchos de sus primeros clientes. En 1952 se casa con Sara Rius, con quien tendrá siete hijos.
     Entre 1941 y 1947 gana la plaza de arquitecto del Instituto Nacional de Colonización (INC) —organismo creado para la planificación de asentamientos rurales en zonas de nuevos regadíos en un país devastado por la Guerra Civil— para el que construye la escuela de capataces de Bastiagueiro (1945) y la de Gimenells (1945). De esta época datan sus primeras obras, como la casa Ramón de Dios (1945), casa Sr. Pareja (1945), camisería Denís (1945) o el proyecto de ocho viviendas en Ronda (1946), obras muy representativas del acentuado aislamiento cultural que por entonces sufría el país, y se adscriben a las corrientes dominantes del confuso panorama ecléctico madrileño de la posguerra en un tímido intento por reintroducir la arquitectura moderna, con ciertas influencias de la arquitectura popular, tras el paréntesis que supuso la Guerra Civil española. A partir del trabajo en el Instituto Nacional de Colonización recibe numerosos encargos de poblados de colonización y de absorción: La Bazana (1952), Esquivel (1952- 1956) y Valuengo (1954). Estos primeros proyectos de envergadura, realizados tras numerosos viajes de estudio por toda la geografía española con el fin de visitar la rica arquitectura popular del país, reflejan la consideración de lo popular como una defensa, como una huida a las consignas del régimen franquista, emprendiendo así un aprendizaje que le permitiera verificar las relaciones de lo construido con su voluntad de construir. Tras este período de acercamiento a lo popular se sucederá un corto período de vacilación en el que Alejandro de la Sota mira atentamente al desarrollo de la arquitectura europea. Sus obras reflejan cierto expresionismo formal (muy en la línea del alemán Erich Mendelsohn o el finlandés Alvar Aalto), como puede contemplarse en la central lechera de Santander (1951), la casa del señor Arvesú (1955) o en el poblado de absorción Fuencarral B (1955-1956), estas dos últimas situadas en Madrid.
     Esta corta etapa de preocupaciones plásticas viene seguida de una profunda reflexión sobre su propia obra que coincide con el inicio de su actividad académica como profesor de Elementos de Composición de la ETSAM (1956) y un viaje a Berlín donde entra en contacto con la última arquitectura europea visitando el Hansaviertel y la Unité d’Habitation de Le Corbusier; a finales de la década se presenta a las oposiciones de la Dirección General de Correos, obteniendo la plaza de funcionario en 1960. A partir de entonces Alejandro de la Sota inicia uno de los períodos más fructíferos de su carrera acumulando en pocos años gran parte de sus grandes obras —Gobierno Civil de Tarragona (1956-1963), talleres aeronáuticos TABSA (1957-1958), residencia infantil en Miraflores de la Sierra (con José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún, 1957), la central lechera CLESA (1960- 1963) y el gimnasio del colegio Maravillas (1960- 1962)—, donde adopta una conciencia experimental al asumir la racionalidad como sistema para rectificar códigos, aprovechar logros y reconducir caminos inconclusos de maestros modernos como Mies van der Rohe, Adolf Loos, Walter Gropius o Richard Neutra.
     Su interés en una investigación propia sobre el lenguaje con el fin de penetrar profundamente en las leyes propias de la disciplina proyectual le mantuvieron ajeno a las contaminaciones estilísticas tan en boga por entonces entre sus contemporáneos. Su particular tarea renovadora consistió en abordar las leyes de la modernidad con unas estrategias renovadas, sin que ello significara cambiar sus bases metodológicas, llevando a sus últimas consecuencias la aplicación de la técnica o los materiales en el proyecto.
     Su temprano contacto con el mundo de la tecnología, ya presente en los talleres TABSA, se desarrolla entendiendo ésta como coartada, como conclusión experimental a la que conduce determinada experiencia racionalista. Por entonces, su contacto con ingenieros le lleva a operar con nuevos sistemas constructivos y materiales que le permiten que éstos adquieran nuevos e inesperados significados para así reformular los proyectos. Dar la vuelta a una cercha para que pueda albergar unas aulas, utilizar su cara plana superior como azotea para campo de juegos y conseguir la altura necesaria en el gimnasio del colegio Maravillas eleva el dogma moderno casi a la categoría de invención. Estas premisas, junto a la depuración y renuncia de los gestos personales (“La arquitectura no requiere que recurramos a ella; ella aparecerá por sí sola”) definirán a partir de entonces el resto de sus obras.
     Tras este intenso período de actividad le siguen nuevos encargos: viviendas en la calle Prior de Salamanca (1963) y un conjunto de naves de investigación para el CENIM (1963) en Madrid, tras los cuales pide la excedencia como funcionario de la Dirección General de Correos en 1964 para dedicarse plenamente a su despacho y a su tesis doctoral, trabajo que presenta en la ETSAM en 1965. En un clima de optimismo social y tecnológico, continúa con sus experimentos con estructuras metálicas de grandes luces —como el pabellón deportivo de Pontevedra (1966)— e inicia una exploración personal de la prefabricación en hormigón, que consigue llevar a cabo en la casa Varela (1964) y que intenta extender a desarrollos residenciales a modo de tapiz en urbanizaciones en Murcia y Málaga (ambos de 1965), el proyecto del colegio-residencia de Orense y en las viviendas escalonadas en Santander (ambos de 1967).
     A pesar de haber construido algunas importantes obras —casa Guzmán (1972), edificio de la Universidad de Sevilla (1972), por el que le otorgarán el Premio Nacional de Arquitectura en 1974, o el Colegio Mayor César Carlos (1976)—, la década de 1970 marcará una inflexión en su carrera tras recibir un par de reveses: dos importantes concursos de grandes edificios de oficinas —sede de Bankunión (1970) y Aviaco (1975)— que, a pesar del esfuerzo e intensidad que puso en ellos, no consigue ganar y la pérdida por desavenencias políticas internas del concurso a la Cátedra de Proyectos Arquitectónicos de la ETSAM, fracaso que le apartará de la docencia para siempre y le hará volver a su plaza de funcionario de Correos, plaza que conservará hasta su jubilación. Su retiro de comienzos de la década se anuncia en su famoso texto “La grande y honrosa orfandad” (1969) y se amplía y resume en “Por una arquitectura lógica” (1982), donde establece las bases para una arquitectura acultural que cobra significado justo allí donde está a punto de desaparecer: “haciendo arquitectura para saber qué es” o “Hacer arquitectura sin dar sentido”, dicho en su palabras.
     Recluido en su estudio, alejado de la publicación de su obra en las revistas y de los ámbitos académicos, en esta última etapa Alejandro de la Sota se concentra en su última obsesión: “la caja que funciona”. Las investigaciones sobre los nuevos materiales disponibles en aquella España que tímidamente se abría al comercio exterior se centran en los paneles de chapa metálica y las nuevas posibilidades del vidrio. La depuración tanto de la forma como de una técnica que se despoja de cualquier retórica, le lleva a formular dos de sus proyectos más significativos, los citados concursos fallidos para las sedes de Bankunión y Aviaco en Madrid, donde se adelantan temas desarrollados muy posteriormente por arquitectos de todo el mundo, y que él mismo se encargaría de continuar en su primer proyecto para el Museo Provincial de León (1984), donde el palacio arzobispal de la ciudad (siglo XVII) se desmembra para alojar un volumen puro ensimismado ajeno a su entorno. Gracias a su colaboración con la Dirección General de Correos tiene la oportunidad de construir dos “cajas que funcionan” en el centro de cálculo de la Caja Postal en Madrid (1972-1977) y el edificio de Correos de León (1981- 1984) utilizando un material reservado hasta entonces a la construcción industrial o comercial, la chapa Robertson, pero, como en el caso de León, transgrediendo su mera función para que, al aparejarla y doblarla en fachada crear un grosor, con cualidades pétreas, para alojar armarios e instalaciones en fachada, tomara una dignidad inusitada. Otra obra significativa de este período lo constituye la casa Domínguez (1976), donde no sólo ensaya con la chapa metálica, sino que disloca la clásica división bicéfala de funciones (zona de día y zona de noche) en dos volúmenes independientes, uno subterráneo y otro aéreo, con una zona intermedia de acceso y comunicación.
     En sus últimos años de vida construye tres importantes edificios (la ampliación de los juzgados de Zaragoza, la Embajada de España en París y la ampliación del Cabildo Insular de Las Palmas de Gran Canaria) y recibe el reconocimiento público con premios como la Medalla de Oro al Mérito en las Telecomunicaciones (1984), la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes (1986), la Medalla de Oro de Arquitectura del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (1988), el Premio PINAT (1988), el Premio de la Fundación Antonio Camuñas (1993) y la póstuma Medalla de Oro de la Arquitectura del Colegio de Arquitectos de Cataluña (1996). Su obra recibe el reconocimiento internacional y se recoge en exposiciones en Harvard University, la Architectural Association de Londres, o exposiciones itinerantes por Alemania, Suiza y España. Su obra y su actitud vital han dejado una profunda impronta en arquitectos españoles de varias generaciones que lo consideran uno de los grandes maestros modernos, junto al catalán José Antonio Coderch. Poco antes de morir el día de san Valentín de 1996, Alejandro de la Sota firma su último trabajo que cierra un bucle homenaje en su obra: la restauración y ampliación del gimnasio del Colegio Maravillas en Madrid (Moisés Puente Rodríguez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Facultad de Matemáticas, de Alejandro de la Sota Martínez, de la Universidad de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la avenida de la Reina Mercedes, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 23 de enero de 2025

Un paseo por la avenida de la Reina Mercedes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida de la Reina Mercedes, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 23 de enero, es el aniversario de la boda (23 de enero de 1878), de Doña María de las Mercedes con Alfonso XII, y con ello se convirtió en la Reina Mercedes, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte la avenida de la Reina Mercedes, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La avenida de la Reina Mercedes es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio Sector Sur-La Palmera-Reina Mercedes, del Distrito Bellavista-La Palmera; y va de la calle Páez de Ribera, a la glorieta Alcalde Fernando de Parias Merry.
     La avenida no posee siempre una adscripción precisa. En términos generales corresponde a un gran eje urbano, bien caracterizado desde el punto de vista genético, porque estructura el crecimiento de la ciudad; morfológico, ya que es ancha; y funcional, sobre todo por canalizar el tráfico rodado. 
     Sin embargo, de acuerdo con esta definición, no hay razones, más que las convencionales, para considerar a unas vías como avenida y su prolongación, como calle. En otros casos, las avenidas constituyen el eje principal de un sector determinado o de una barriada, y si bien poseen las características de vía principal en relación a ese sector, no alcanzan dicho valor en el conjunto de la ciudad. La avenida posee sobre todo un valor simbólico, y prueba de ello es que en Sevilla la avenida por excelencia es la hoy denominada de la Constitución, centro neurálgico de la ciudad, tanto de sus fiestas religiosas como de la actividad bancaria, y así es es reconocida sólo como la avenida. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.  
    Rotulada en 1956 en recuerdo de doña Mercedes de Orleáns y Borbón (1860-1878), hija de los duques de Montpensier y primera esposa de Alfonso XII. Formada en los años cincuenta, al urbanizarse para uso residencial y de servicios los terrenos donde se asentó la Exposición Iberoamericana de 1929, su trazado recto coincide con el de la desaparecida avenida de los Conquistadores, que orlada de estatuas de los principales descubridores de América, terminaba en una rotonda que se corresponde también con la existente en la desembocadura de la avenida Padre García Tejero. Ha sido el eje sobre el que se ha ido vertebrando la urbanización del Sector Sur a lo largo de la década de los cincuenta, por ser su arteria principal y la de mayor longitud y anchura después de la Palmera. Por ella circulaba el tranvía que iba a hoteles de Heliópolis, el cual retornaba en la glorieta antes aludida, en la que se sitúa un quiosco de madera titulado bar Parada, que aún perdura, con la particularidad de haberse sustituido el medio de locomoción citado por los autobuses.
     En su acera de los impares, terminan Simún, Tramontana, Torcuato Luca de Tena, glorieta Fotógrafo Antonio del Junco, y Levante; en la de lo pares nacen Profesor García González, y Condesa. Asfaltada y con acerado de cemento que posee espacios destinados al estacionamiento, termina en la citada rotonda, en la que se sitúa una fuente circular central. La acera de los pares está flanqueada por edificios funcionales construidos a partir de la década de los sesenta, que albergan las escuelas técnicas superiores y las facultades de ciencias de la Universidad, con un parque vallado en su tramo central e instalaciones deportivas universitarias -ambos universitarios-, en las que pervive una torre procedente del Pabellón de Córdoba en la Exposición de 1929. El tramo final está bordeado por un bloque de viviendas de cuatro plantas, de fachadas blancas, construido en 1937 por el Ayuntamiento, ante el que se extiende una zona terriza con arbolado.
     La acera de los impares está formada por bloques adosados de viviendas de ocho y seis plantas, de distinta tipología y fechas de edificación, con terrazas y azoteas, que tienen como nota estilística común la presentación de soportales a todo lo largo de la avenida, de corte funcional en los bloques más modernos y con arcadas de medio punto en los pisos del Patronato de Casas Militares situados al final. Los bajos de estos soportales están todos ocupados, salvo en el último tramo, por locales comerciales: establecimientos de tipo especializado, tiendas de ropa y complementos, papelerías y copisterías para el servicio de los estudiantes, de tipo diario y servicios y hostelería. El número de bares es elevado, y en general se observa que hay una gran cantidad de comercios concebidos como oferta a la elevada comunidad estudiantil que puebla esta zona. Una serie de pasajes comerciales peatonales comunica estos soportales con la calle Monzón. La rotonda final está circundada de bloques de viviendas de mayor altura, que mantienen los soportales en el lado de los impares.
     El alumbrado público lo forman farolas de báculo, y el arbolado lo integran una línea de plátanos en la acera de los pares y otra en los impares en sus primeros tramos, y tres altas palmeras washingtonianas en el interior de la fuente circular de la rotonda. En esta avenida se situaban también cabinas telefónicas paradas de autobuses y quioscos de prensa, golosinas y masa frita, que evidencian el carácter central de esta vía en el Sector Sur. Destaca por su dimensión comercial y estudiantil, por el ambiente de reunión juvenil que se aprecia en los bares de los primeros tramos y por la animación de las terrazas con veladores instaladas en la acera ante algunos restaurantes [Miguel Cruz Giráldez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].  
Conozcamos mejor la Biografía de la Reina Mercedes, personaje que le da nombre a la vía reseñada;
     María de las Mercedes Orleans y Borbón (Madrid, 24 de junio de 1860 – 26 de junio de 1878). Infanta y reina de España.
     Era la quinta hija del matrimonio formado por Antonio de Orleans, duque de Montpensier (1824- 1890), y la infanta María Luisa Fernanda (1832-1897), segunda hija de Fernando VII, casados en Madrid el 10 de octubre de 1846. La pareja vivía en Sevilla, en el palacio de San Telmo. Montpensier, como todos los hijos del rey Luis Felipe, había luchado en Argelia, y al declararse la guerra de África vino a Madrid a solicitar mando, que finalmente no consiguió. Durante la espera de sus gestiones con O’Donnell nació María de las Mercedes —la única de sus hijos nacida en Madrid, en el Palacio Real—, y fue bautizada el mismo día de su nacimiento, siendo la reina Isabel II su madrina.
     Pasó su infancia entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda y los veranos en Inglaterra, donde los Orleans vivían exiliados. La relación con sus primos Borbón fue mucho más escasa y sólo se encontraron en 1863.
     Cinco años después —y tras los intentos de Montpensier para destronar a su cuñada— Isabel II le envió con su familia a Lisboa, donde pasaron el verano de 1868. A finales de septiembre de ese mismo año la Reina tuvo que marchar exiliada a Francia, mientras en Madrid se proclamaba un gobierno que esperaba la llegada de Amadeo I.
     En 1870 Isabel II había tenido que ceder sus derechos en su hijo Alfonso y —presionada por sus partidarios a un acercamiento con su hermana— marchó a Auvernia a visitar a los Montpensier el 26 de diciembre de 1872. Allí, el futuro Alfonso XII encontró un hogar muy español y a una prima que le encantó. María de las Mercedes tenía doce años y medio, mientras que él había cumplido los quince y estudiaba en el Teresarium de Viena. Durante las vacaciones de Navidad se volvieron a encontrar en París y otra vez en Pascuas; pero ese verano el príncipe se dedicó a viajar, por expreso deseo de Isabel II, quien se opuso enérgicamente al posible idilio.
     El 29 de diciembre de 1874, Alfonso fue proclamado Rey en Sagunto; ese mismo día llegó a París, procedente de la escuela militar de Sandhurst. Durante los pocos días en que preparó el viaje de regreso a España, el joven Soberano confió a Mercedes que ella sería su reina. Mientras tanto, ella estudiaba en el colegio de la Asunción y él —con la ayuda de un competente grupo de políticos— terminaba con la Guerra Carlista e iniciaba su reinado en un ambiente de progreso. Cánovas no había permitido el regreso de Isabel II, con el objetivo de desligar esta nueva etapa del recuerdo del reinado de la Reina madre, y lo mismo hizo con Montpensier, a quien en febrero de 1876 concedió excepcionalmente un permiso para un rápido viaje a España.
     A finales de julio de ese año de 1876, regresó la antigua Soberana acompañada de sus tres hijas menores, para veranear en El Escorial. Los Montpensier, el 26 de octubre, entraron en España para regresar a Sevilla, tras cinco años de exilio. Al llegar a Madrid les esperaban en la estación Alfonso XII y su hermana, la princesa de Asturias. Instalados en Palacio gozaron de cuatro días en la capital en los que pasearon con Alfonso por la Castellana, fueron a los toros luciendo blancas mantillas y por las noches asistieron al teatro.
     Ayudados por el marqués de Alcañices, el último día —en una cacería en El Pardo— los dos jóvenes pudieron confirmar sus intenciones de boda con la confianza que les proporcionaba el acercamiento entre ambas familias, ya que Isabel II residía por entonces con sus hijas en el Alcázar de Sevilla. Durante dos meses, la intimidad entre las dos familias fue completa; pero, al llegar el Rey en viaje oficial, su madre se sintió molesta y aburrida al confirmar el noviazgo de la joven pareja.
     Invitados por el Rey, los duques de Montpensier y sus hijos llegaron a Madrid el 9 de mayo para pasar las fiestas de San Isidro y luego marcharon a Aranjuez, donde el Soberano les invitó a pasar en La Granja el mes de agosto, abandonando por una vez las cacerías de Randan. El 24 de septiembre, santo de Mercedes, tuvo lugar en El Escorial la petición de mano y el día en que el Rey cumplía veinte años, hubo un Consejo de Ministros en el que Cánovas se mostró muy favorable a la boda. Mientras, Isabel II desde París, negaba su consentimiento, lo que despertó y avivó aún más en los españoles la defensa de aquel idilio, que el marqués de Alcañices el 8 de diciembre pedía oficialmente. Ese año el Rey pasó las Navidades en Sevilla.
     El 23 de enero de 1878, en el palacio de Aranjuez —donde la familia había ya recibido a los comisionados y a los invitados— Mercedes bajó vestida de novia la ancha escalera al pie de la cual se encontraba el vagón de tren que les llevaría hasta Madrid (es la única Reina que ha ido al altar en ferrocarril). En la basílica de Atocha, el pueblo aplaudió el paso de la gentil Reina, quien del brazo de su padre se encaminó hacia el altar. Cuando salieron de los jóvenes Reyes se desbordó la alegría de tal modo que apenas pudieron andar. Tras algunos días de numerosos festejos, la pareja se trasladó a El Pardo, donde vivieron una corta luna de miel. A su regreso a Madrid presidieron la apertura de las Cortes y conocieron la buena noticia de Cuba: se había firmado la Paz de Zanjón.
     El 22 de marzo, al regreso de un largo paseo a caballo la Reina sufrió una hemorragia profusa que los médicos lograron taponar y tras, tan sólo, trece días de retiro, le fue dada el alta y retomó su vida activa.
     Cuentan que se cansó mucho durante esa Semana Santa. En mayo, fue a pasar unos días a Aranjuez, presentando ocasionalmente fiebre y vómitos, aunque a su regreso a la capital los madrileños la pudieron encontrar por la Castellana y el Retiro.
     El 18 de junio, la Gaceta dio el primer parte de la enfermedad y el Rey telegrafió a los Montpensier, quienes acudieron desde Normandía. Ese día de San Juan la Reina cumplió dieciocho años, mientras sus síntomas se iban agravando. Fueron llamados a consulta diversos médicos, entre ellos Federico Rubio, quien confirmó el diagnóstico de infección ginecológica.
     Asistida por el cardenal Moreno, su agonía duró más de doce horas y fue al mediodía del día 26 cuando expiró en el Palacio Real de Madrid. Fue enterrada en El Escorial, en la capilla de San Juan, convirtiéndose muy pronto en musa de la canción infantil ¿Dónde vas Alfonso XII?, título que llevó al cine Luis César Amadori en 1958.
     Desde el año 2000 sus restos descansan bajo el altar de la Virgen de la Almudena, en la catedral de Madrid, que ella quiso que se construyera junto a Palacio (Ana de Sagrera, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida de la Reina Mercedes, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La avenida de la Reina Mercedes, al detalle:
Escuela Técnica Superior de Arquitectura
Torre del desaparecido Pabellón de Córdoba, de la Exposición Iberoamericana de 1929
Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática
Facultad de Biología
Facultad de Farmacia

sábado, 9 de mayo de 2020

La Exposición Iberoamericana de 1929


   Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Exposición Iberoamericana de 1929, de Sevilla.
     Hoy, 9 de mayo, es el aniversario de la inauguración de la Exposición Iberoamericana de Sevilla (9 de mayo de 1929), así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Exposición Iberoamericana de 1929, de Sevilla.
      La Exposición Iberoamericana de Sevilla fue inaugurada el 9 de mayo de 1929 y clausurada el 21 de junio de 1930. Se realizó para dar muestra del hermanamiento entre España, Hispanoamérica, Estados Unidos, Portugal y Brasil. La muestra coincidió en el tiempo con la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Las dos se consideraron la Exposición General Española.
      El primer teniente de alcalde de Sevilla, Cristóbal Vidal Salcedo, organizó la Exposición de Productos Sevillanos e Industrias Agrícolas, Vinícolas y Mineras​ en los jardines del teatro Eslava del 25 de abril al 5 de junio de 1905.​ La prensa local acordó premiar al mejor productor del certamen con un artículo sobre su figura y sus productos. El ganador de dicha mención fue Luis Rodríguez Caso, director de la fábrica de vídrio La Trinidad.
      Rodríguez Caso era un personaje reconocido en la época por sus labores de militar, profesor de la Academia Politécnica Sevillana y director de industrias.​ A partir de 1908 Rodríguez Caso fue el principal organizador de un festival​ de artistas con trajes y música típica de las distintas regiones del país.​ La fiesta se llamó España en Sevilla y consistió en diversos actos entre el 22 de abril y el 3 de mayo de 1909. El acto principal fue un homenaje a la bandera en la plaza de toros de la Maestranza el 30 de abril.​ El 25 de junio de 19099​ propuso a algunas autoridades locales la realización de una exposición ultramarina.​
      El alcalde Joaquín de Haro Conradi, el diputado y jefe del Partido Liberal Pedro Rodríguez de la Borbolla y el diputado Estanislao D'Angelo apoyaron el proyecto.​ Posteriormente, se sumaron al apoyo otros políticos y personalidades locales.​ El 20 de febrero de 1920 las personalidades locales vinculadas al proyecto conformaron la Comisión Gestora,​ que empezó a estudiar detalles como la financiación y el precio de las entradas.​ Aprovechando las visitas del presidente del Gobierno José Canalejas a la ciudad, los miembros de la comisión se reunieron con él el 21 de febrero​ y el 13 de marzo de 1910​ para proponerle la realización del certamen.
      El 15 de mayo Adolfo Vasseur Carrier planteó que la estructura de la Comisión Gestora no era eficiente para el objetivo a conseguir y que debería crearse un Comité Ejecutivo de pocas personas que dirigiesen una serie de comisiones.​ La idea fue acogida por la Comisión, y el Comité Ejecutivo se organizó el 17 de octubre de 1910.​ Para la dirección del Comité Ejecutivo se escogió a: Pedro Fernández Palacios, para hacienda; Fernando Barón y Martínez de Agulló (conde de Colombí), para fiesta y turismo; Nicolás Luca de Tena, para trabajos mercantiles; José Gestoso y Pérez, para proyectos; y Gonzalo Bilbao Martínez, para instalaciones artísticas.​ El Ayuntamiento incluyó a dos concejales: José Benjumea Zayas, para propaganda; y José Galán Rodríguez, para alojamientos e información. La Diputación Provincial también aportó dos miembros: Manuel Hoyuela Gómez (Presidente de la Diputación), para congresos; y Federico de Amores y Ayala (conde de Urbina), para régimen interior.​ La primera reunión del Comité Ejecutivo tuvo lugar el 9 de noviembre de 1910.​ Por Real Orden del Ministerio de Fomento del 22 de enero de 1912 se incorporaron Luis Moliní Uribarri, ingeniero del puerto; Benigno de la Vega-Inclán, marqués de Vega-Inclán; Andrés Parladé y Heredia, embajador de España en Washington; y Pablo Soler, embajador de España en Buenos Aires.​ En marzo de 1912 dimitieron Gonzalo Bilbao​ y Fernández Palacios.​ Andrés Parladé Heredia quedaría a cargo de las artes decorativas y la hacienda caería también en manos de José Benjumea Zayas.​
      En diciembre de 1911​ las Cortes aprobaron una subvención de 3 millones de pesetas a pagar en anualidades a partir de 1913.​
      En su momento la Comisión Gestora eligió colocar la exposición en la zona de los jardines del palacio de San Telmo (entonces propiedad del arzobispado), el parque de María Luisa (en jardines donados por la infanta María Luisa Fernanda de Borbón en 1893), el paseo de las Delicias, el Huerto de la Mariana y el Naranjal.​ Posteriormente se propuso llevarla a la zona de avenida de la Palmera, aunque en 1910 tuvo lugar un desbordamiento del río que anegó la Palmera y el Prado de San Sebastián, y se descartó esa opción. Tras esto, el marqués de Nervión ofreció los terrenos del cortijo del Maestrescuela, al sureste de la ciudad y a mayor altitud.​ Una posibilidad posterior fue Tablada. Finalmente, se optó por mantener la primera opción.​
      Para mejorar el parque, el Comité Ejecutivo recurrió al paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier. El proyecto de Forestier se aceptó el 18 de julio de 1911 y los trabajos comenzaron ese mismo agosto.​
      En octubre de 1910 el Comité Ejecutivo convocó un concurso para elegir un arquitecto que se encargara de las obras de la exposición. El Comité editó un mapa con la zona del recinto, en la cual se señalaban las masas de arbolado que, según Forestier, era preciso respetar. Para la elaboración de este mapa el Comité contó con la colaboración de Vicente Rodríguez Martín, quien fue el arquitecto director de la Exposición Regional Valenciana de 1909.​ Se presentaron el logroñés Fermín Álamo,​ el catalán Narciso Mundet Farreras​ y el sevillano Aníbal González. El 26 de septiembre de 1911 eligieron el proyecto de González,​ que dividía el espacio en cinco zonas: pabellones de Bellas Artes y Artes Decorativas, pabellones de los estados americanos, pabellones de regiones españolas, pabellones sevillanos y un parque de atracciones.​ En mayo de 1912 el propio Aníbal González planteó algunos retoques a su proyecto. Hizo que la avenida de la Raza fuese paralela al Guadalquivir y trasladó el pabellón Real al Huerto de la Mariana, donde estaban ya planificados otros dos pabellones. Los terrenos del Huerto de la Mariana pasarían a ser la Plaza de América.​
      El catedrático de Historia Universal de la Universidad de Sevilla, Feliciano Candau,​ publicó varios artículos lamentándose de que no se hubiera contado con la universidad para el Comité Ejecutivo.​ En febrero de 1912 publicó otro artículo diciendo que el palacio de San Telmo tenía que transformarse en un "palacio de la cultura" para el certamen. Como sus aportaciones no eran escuchadas empezó a publicar artículos en contra del Comité Ejecutivo.​ Cuando Candau supo que el pabellón de Bellas Artes de la exposición iba a ser, después de la muestra, un museo, publicó otro artículo en contra, alegando que aquello sería llevar las colecciones artísticas de la ciudad a "un despoblado a dos quilómetros de la ciudad".

      El 26 de diciembre de 1911 se celebró en Barcelona una Asamblea de Sociedades Americanistas, donde Germán Latorre, catedrático de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, propuso la creación de una universidad o centro de estudios hispano-americanos con Sede en Sevilla. En dicha asamblea se propuso que Barcelona acogiese una Exposición Iberoamericana a la mayor brevedad, sin tener presente el proyecto sevillano. En previsión de que nadie disputase las inversiones, en el acuerdo con el Gobierno español realizado por la Comisión sevillana se acordó que el Estado no financiaría ninguna otra muestra entre 1910 y 1914,​ con excepción de la Exposición de Bilbao, que había sido acordada con anterioridad.​ La Exposición de Bilbao sería de Industria, Arte y Comercio.​ Iba a contar con participación iberoamericana. Estaba proyectada para 1912.​
      Al igual que ocurrió a finales de 1910, en febrero de 1912 volvió a haber un desbordamiento del río y todos los terrenos destinados a la exposición se inundaron.​
      El Comité parecía optimista con respecto a la celebración del la muestra en 1914. Gonzalo Bilbao consideró esto irrealizable por la escasez de miembros del comité y la ausencia de algunas personalidades de la Comisión Gestora, como Rodríguez Caso,​ por lo que dimitió en marzo 1912. En julio de 1912 parecía evidente que no daría tiempo a terminar las obras para 1914 y el 21 diciembre el Gobierno cambió la fecha de la muestra a 1916.​ Posteriormente, se iría atrasando sucesivamente a 1921, 1923 y 1924.​
      La ciudadanía apoyaba mayoritariamente la celebración de la muestra. El 14 de marzo de 1909 hubo una manifestación de 30.000 personas en apoyo a la exposición.​ No obstante, en el verano de 1910 la opinión pública ya consideraba que el asunto de la exposición no se llevaba con la suficiente agilidad y que había demasiadas diferencias de criterio entre los organizadores.​ En 1912 la desafección ciudadana sobre la organización del evento se centró en criticar al Comité Ejecutivo, que acabó bastante desprestigiado.​ Algunos medios de comunicación locales pidieron la dimisión de sus miembros.​ En ese contexto, el alcalde Antonio Halcón y Vinent declaró a la prensa que la exposición sí estaba ultimada pero que hacía falta más dinero.​ El 2 de junio de 1912 se organizó un mitin "pro-exposición" en el teatro Eslava, cuyo fin fue pedir la dimisión de los miembros del Comité Ejecutivo. El director de este acto fue Adolfo Vasseur Carrier y también asistió el concejal Martínez Barrios. El mitin fue un fracaso de asistencia, ya que solo se llenaron las tres filas centrales de asientos.
      Pedro Fernández Palacios fue el tercer contribuyente (40.000 ptas)​ del proyecto, por detrás del Ayuntamiento (1.000.000 ptas) y de la Diputación (600.000 ptas). Después de él, el siguiente contribuyente fue la Real Maestranza de Caballería (20.000 ptas).​ El 11 de junio de 1912 Pedro Fernández Palacios escribió una carta al alcalde diciendo que él estaría dispuesto a financiar las obras del pabellón de Bellas Artes. Días después adjudicaron las obras del pabellón de Bellas Artes, a Fernández Palacios, y del pabellón de Industrias y Artes Decorativas, a José Bernedo.​ El 5 de julio de 1913 se adjudicó la edificación del pabellón Real a Rank Hermanos.​
      Antonio Halcón y Vinent abandonó la alcaldía el 19 de noviembre de 1913. En febrero de 1914 se nombró a un nuevo Comité Ejecutivo, con Rodríguez Caso como Comisario General, subdividido en cinco comisiones.
      En julio de 1916 se eligió el proyecto de José Espiau para la realización del Gran Hotel Alfonso XIII. La construcción de este hotel terminó en 1928.​ En 1919 el binomio Ayuntamiento-Comité negoció un préstamo con un banco de Madrid y pidió otra subvención al Estado.​
      En 1917 se acordó la realización de un edificio que fuese palacio de las Ciencias y las Letras. Este edificio, una vez concluida la muestra, sería donado a la Universidad de Sevilla. En esta línea Aníbal González diseñó un pequeño campus universitario de estilo neoclásico en los jardines del palacio de San Telmo. En 1923 se acordó que este centro fuese una universidad hispanoamericana, aunque el proyecto no se llegó a realizar.​
      Federico de Amores y Ayala, conde de Urbina, fue nombrado Comisario Regio en 1920. Así mismo, ingresaron en el Comité nuevos miembros relacionados con el Gobierno: Eduardo Dato, Santiago Alba, Carlos Cañal y el marqués de Casa Mendaro.​ El conde de Urbina dimitió el 13 de septiembre de 1922.​ El 22 de octubre de 1922 fue nombrado Comisario Regio el conde de Colombí.​ Este mismo año se incorporó a la muestra Portugal y el 9 de noviembre la muestra cambió de nombre de Exposición Hispano-Americana a Ibero-Americana.​ El conde de Colombí dimitó el 16 de diciembre de 1925. El 21 de diciembre de 1925 fue nombrado Comisario Regio José Cruz-Conde.​ En marzo de 1926 se incorporó Brasil.
      Cruz-Conde pensó que el ritmo constructivo que llevaba González en la Plaza de España era excesivamente lento y que, de seguir así, no daría tiempo a edificar varios pabellones extranjeros, el casino, el arco conmemorativo y la Universidad Hispano-Americana. Además se redujo el respuesto, por lo que algunas obras de González no se llegaron a realizar nunca. González estaba en desacuerdo con Cruz-Conde en diversos aspectos y dimitió en el verano de 1926.​ Le sustituyó Vicente Traver que, además de algunas pequeñas obras, realizó el casino y el teatro del recinto de la muestra, que en la actualidad es el teatro Lope de Vega.​ El 1 de noviembre de 1928 desapareció el cargo de Comisario Regio y Cruz-Conde pasó a ser Director de la misma.​ 

    En este plazo de tiempo de preparación de la muestra, tendrían lugar otros eventos relevantes en la ciudad: el VII Congreso Nacional de Arquitectos (1917), el IV Centenario del Descubrimiento del Estrecho de Magallanes (1919) y el II Congreso de Historia y Geografía Hispanoamericanas (1919-1920).
      Concurrieron al certamen los países hispanoamericanos de Argentina, Chile, Guatemala, Uruguay, Perú, Colombia, México, Cuba, República Dominicana (con el pabellón de Santo Domingo) y Venezuela (con un pabellón provisional). En 1912 se incorporó Estados Unidos. En 1922 se incorporó Portugal y en 1926 Brasil.
      El Salvador, Panamá, Costa Rica, Bolivia y Ecuador expusieron en las Galerías Americanas, que hoy son almacenes del Puerto de Sevilla en la avenida de la Raza.
      Portugal construyó el pabellón de su país y, cerca del mismo, el pabellón de Macao.​ El presidente portugués António Óscar de Fragoso Carmona visitó ambos pabellones en 1929.​
      Desde 1909 se consideró que hubiera pabellones del protectorado de Marruecos y de los territorios españoles de Guinea.​ La empresa Olivencia y Compañía construyó un recinto, el Barrio Moro, diseñado por el ingeniero Antonio Got. Se accedía por una réplica de la puerta de Tánger en Tetuán, tenía pequeñas tiendas morunas y un bar marroquí con decoración tradicional.​ El pabellón de Marruecos fue realizado por el arquitecto José Guitérrez Lescura y el experto en arte árabe Mariano Bertuchi. El pabellón de Guinea fue realizado por el arquitecto José Granados de la Vega.​
      En el ámbito nacional, participaron con sus pabellones las ocho provincias de Andalucía, incluida Huelva, que al principio no estuvo de acuerdo con que Sevilla fuese la sede de la cita. También contaron con pabellones algunas ciudades y regiones españolas como Barcelona, las islas Canarias, Galicia (con su pabellón y la Casa del Cabildo de Santiago), Extremadura, Asturias, Castilla la Nueva y Castilla la Vieja.
      A partir de agosto de 1928 se montó en los astilleros de Horacio Echeverría, en Cádiz, una réplica de la carabela Santa María, del primer viaje de Colón, que estuvo terminada seis meses después.​ Fondeó en el Puerto de Sevilla escoltada por una división de la Armada Española y por una flotilla portuguesa. La nave fue anclada en las proximidades del pabellón de la Marina, de modo que se incorporó a la exhibición del propio pabellón.
      La inauguración de la exposición tuvo lugar el 9 de mayo de 1929, Día de la Ascensión, con un acto solemne en la Plaza de España donde estuvo presente sobre un gran palco la Familia Real, el Gobierno en Pleno, el Presidente de la Asamblea Nacional, la Diputación Provincial, el Ayuntamiento y las representaciones diplomáticas de los países participantes. Fue acogida con júbilo por la población, aumentando el sentimiento americanista y español.
      Durante el tiempo que duró la muestra, hubo varios congresos: IV Congreso Internacional de Ciudades, Congreso Mariano Hispano-Americano (del 15 al 21 de mayo),​ Congreso Internacional de Agricultura Tropical y Subropical del Café, II Congreso Nacional del Comercio Español y de Ultramar y otros.
      En el recinto de la exposición se construyeron 117 edificios, de los cuales se conservan 25​ (sin contar con los chalés y otras edificaciones pequeñas). Desde 2001 todos los pabellones que se conservan son propiedad del Ayuntamiento de la ciudad,​ aunque su uso ha sido cedido a diversas entidades
      Todos los pabellones iberoamericanos se situaron en el entorno del parque de María Luisa. Al norte del parque se construyó la Plaza de España, de estilo neoclásico. Al sur del parque se construyó la Plaza de América. Ambas fueron diseñadas por Aníbal González. Tras la muestra, los edificios del entorno de la Plaza de España albergaron diversas sedes estatales, como la Delegación del Gobierno y la Capitanía General. La Plaza de América se edificó sobre el antiguo Huerto de la Mariana. En esta plaza se colocaron tres pabellones españoles que serían permanentes; el pabellón de Industrias y Artes Decorativas, el pabellón de Bellas Artes y el pabellón Real.
      En el entorno del Prado de San Sebastián se edificó el pabellón de Portugal, la glorieta de San Diego y se colocó una estatua a El Cid, donada en 1928.
      Los jardines del palacio de San Telmo, donde se ubicó el Pabellón de Sevilla. Este pabellón tenía un auditorio, que pasó el Teatro Lope de Vega, y un salón anejo que pasó a ser conocido como el Casino de la Exposición.
      El Sector Sur se ubicaron varios conjuntos. En una zona se construyó la plaza de los Conquistadores. Esta albergaba estatuas de algunos conquistadores del siglo XVI y una fuente dedicada a la Hispanidad.​ En su entorno se encontraban pabellones de las regiones españolas. En otra zona de este sector se construyó una urbanización de chalés, los Hoteles del Guadalquivir. En la actualidad es el barrio de Heliópolis.​ También se construyó un estadio, que se inauguró el 17 de marzo de 1929.​ Fue totalmente reformado y en la actualidad es el estadio Benito Villamarín.
     En este sector se situó un parque de atracciones que fue desmontado tras la muestra. Entre sus atracciones contaba con un tobogán con una gran plataforma que bajaba hasta un gran lago.​ El parque de atracciones contaba también con una montaña rusa.
     El recinto de la muestra contaba con una línea de ferrocarril de cinco kilómetros​ por la que circulaban cuatro trenes de pequeñas dimensiones. Estos trenes tenían capacidad para 300 ocupantes y siguieron usándose unos años después de la muestra.​ Los trenes fueron bautizados con los nombres Sevilla, la Pinta, la Niña y la Santa María. Tenían locomotoras de Krupp. En los laterales del tren estaban dibujados los escudos de los países participantes.​ La línea contaba con cinco estaciones: una en la glorieta de Bécquer, dos en el paseo de las Delicias, una el llamado Barrio Moro (en el Sector Sur), una en el parque de atracciones y otra en la Plaza de América.​ Durante el recorrido pasaba por un túnel por debajo del Monte Gurugú del parque de María Luisa, que aún se conserva. El tren se clausuró durante la II República, tras haber transportado a 523.207 pasajeros y haber recaudado en billetes casi medio millón de pesetas. Los restos abandonados de este ferrocarril fueron vendidos en 1967 como chatarra.
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La Exposición Iberoamericana de 1929, al detalle:
    Nomenclatura de Calles  
IX. Avenida del Uruguay.
XVIII. Avenida y Puerta de las Delicias
XIX. Glorieta de Argentina.
XX. Puerta de la Dársena.
XXI. Avenida de Almagro.   
XXII. Avenida de Pinzón.
XXIII. Estanque de los Lotos.
XXIV. Estanque de los Patos.
XXVI. Avenida de D. Pelayo.
XXVII. Avenida de Gomara.
XXVIII. Glorieta y Puerta de Méjico.
XXX. Avenida de Haití.
XXXI. Avenida de Eritaña.
XXXII. Avenida de Molini.
XXXIV. Puerta de la Corta.
XXXV. Avenida de Santo Domingo.
XXXVI. Avenida Infanta Luisa.
XXXVII. Puerta Reina Victoria.
XXXVIII. Avenida de Venezuela.
XXXIX. Avenida de Costa Rica
XL. Avenida de San Salvador.
XLI. Avenida de Panamá.
XLII. Avenida de Paraguay.
     Nomenclatura de Edificios
3. Pabellón de la Quinta de Goya.
4. Pabellón de Macau.
6.
7. Pabellón de Extremadura.
8. Pabellón de la Hispano Suiza.
9. Pabellón del Ministerio de Ejército.
10. Pabellón de Echevarrieta.
11. Escuela Industrial de Aprendizaje.
12. Emigración.
13. Colonización de España en América.
14. Historia de Sevilla.
15. Exposición de la Prensa.
16. Mapa en relieve de la Península Ibérica.
17. Oficinas del Comité y Entidades Oficiales.
18. Arte Moderno.
19. Ministerio de Fomento.
20. Feria del Libro.
21. Museo del Libro.

28. Estación del Ferrocarril en Miniatura.
32. Pabellón de la Compañía Hidroeléctrica Española.
33. Pabellón de Peñarroya.
38. Pabellón de Venezuela.
40. Pabellón de la Guinea española.
45. Pabellón Nestlé, "La Lechera".
46. Pabellón Calbert.
47. Pabellón de la Compañía Arrendataria de Tabacos.
49. Pabellón de la Cruz Roja.
50. Pabellón de la Marina Mercante.
51. Pabellón de la Maquinista Terrestre y Marítima.
52. Pabellón de la Compañía de Ferrocarriles M. Z. A.
53. Pabellón de la Sociedad Española de Construcción Naval.
54. Pabellón de Jerez de la Frontera. 
55. Pabellón industrial de Valencia.
56. Pabellón de Cataluña - Baleares.
58. Pabellón de Industrias Generales.
59. Sala de Espectáculos.
60. Galerías Comerciales Extranjeras.
61. Salón de Aeronáutica.
62. Galerías Comerciales Nacionales.
63. Pabellón de El Material Industrial, C. A. - Materiales Industriales
64. Pabellón de Almería.
65. Pabellón de Valencia.
66. Pabellón de Murcia.
67. Pabellón de Córdoba.
68. Pabellón de Jaén.
69. Pabellón de Asturias.
70. Pabellón de Navarra.
71. Pabellón de Galicia.
72. Pabellón del Patronato Nacional de Turismo.
73. Pabellón de Huelva.
74. Pabellón de Cádiz.
75. Pabellón de Granada.
76. Pabellón de Castilla la Nueva.
77. Pabellón de Málaga.
78. Pabellón de Castilla la Vieja - León.
80. Pabellón de Barcelona.
81. Barrio Moro.
82. Pabellón de las Islas Canarias.
83. Pabellón de Aragón.
84. Pabellón de Matías López.
85. Pabellón de la Casa Ybarra.
86. Pabellón Codorniú "La Botella".
87. Palacio de Agricultura.
90. Pabellón de Lanas y Pieles.
91. Pabellón de Lozano y Compañía.
92. Pabellón de la Algodonera del Estado.
93. Banco Central.
94. Pabellón de Baistina Sulfate.
95. Pabellón de Industria Sarracina.
96. Pabellón de la Seda.
97. Pabellón del Corcho.
98. Pabellón de "El Eclipse".
99. Pabellón de Fernández Roche.
100. Pabellón de Cerveza "El Águila".
101. Pabellón de la Casa Gal.
102. Pabellón del Azúcar.
103. Pabellón de Abonos.
104. Pabellón de Industrias Lácteas.
105. Pabellón Agronómico.
106. Pabellón del Tabaco.
107. Productos Esmaltados.
108. American Bar.
109. Pabellón de Ibáñez y Compañía.
110. Pabellón Río Tinto.
111. Pabellón "El Cafeto".
112. Pabellón Maggi.
113. Pabellón Zotal.
114.
115. Pabellón Longoria.
116. Pabellón de Carbonell y Compañía.
117. Pabellón de Manuel Guerrero.
118. Pabellón de Santoja.
119. Pabellón de Uralita. 
120. Pabellón Osborne.
121.
122.
123. Pabellón de Auto-Electricidad.
124. Pabellón de Maquinarias.
125. Campo de Polo.
126. Exposición de Ganados.
127. Estadio.
        Restaurantes.