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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 4 de febrero de 2026

Los principales monumentos (Puente romano, Teatro Romano, Castillo, Iglesias de Santa María, de Santiago, de San Martín, y de Santa Cecilia, y Monumento a Hernán Cortés) de la localidad de Medellín, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Puente romano, Teatro Romano, Castillo, Iglesias de Santa María, de Santiago, de San Martín, y de Santa Cecilia, y Monumento a Hernán Cortés) de la localidad de Medellín, en la provincia de Badajoz.
     Medellín es una de las poblaciones extremeñas con mayor renombre y arraigo histórico. Se sitúa entre Don Benito y Mérida en la orilla izquierda del Guadiana, al pie de un cerro que emerge en la planicie dominando el entorno. En ese mismo punto se incorpora al Guadiana su afluente Ortigas, originando ambos cauces un amplio seno a cuyo propicio cobijo se acoge.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 65 Km2
     Altitud: 264 m.
     Distancia Capital: 103 Km.
     Partido Judicial: Don Benito
     Comarca: Vegas Altas
     Otras Entidades: Yelbes -poblado de colonización-.
     Gentilicio: Metelillense
Ayuntamiento de Medellín
     plaza Hernán Cortés, 1
     06411 Medellín (Badajoz)
     Teléfono: 924822561 - 924822568
     Fax: 924822658
     Correo-e: alcaldia@medellin.es - secretaria@medellin.es
     Web: www.medellin.es
Historia.-
     Medellín es una de las poblaciones extremeñas con mayor renombre y arraigo histórico.
     Se sitúa entre Don Benito y Mérida en la orilla izquierda del Guadiana, al pie de un cerro que emerge en la planicie dominando el entorno. En ese mismo punto se incorpora al Guadiana su afluente Ortigas, originando ambos cauces un amplio seno a cuyo propicio cobijo se acoge.
     Su localización al resguardo de la colina y a la orilla de los ríos confieren al enclave importancia estratégica muy destacada, permitiéndole controlar los itinerarios de la zona, cuyo trazado se canaliza obligadamente por el paso esencial que constituye el puente sobre el Guadiana.
     La naturaleza crítica del asentamiento queda de manifiesto en la existencia en el mismo desde los tiempos más remotos de ocupantes de todo signo según atestiguan los abundantes restos celtas, tartesios, romanos, visigodos, árabes, etc., que proliferan en sus alrededores.
     Elementos consustanciales a Medellín, y por los que la localidad resulta caracterizada en particular, son el castillo y el puente. Junto con su calidad de patria de Hernán Cortés y su naturaleza como uno de los municipios romanos más tempranos y desarrollados de la Península, tales hitos constituyen los componentes esenciales del señero centro Otros aspectos, como el haber sido uno de los dominios del Señorío más acusado protagonismo y fuerte personalidad de sus titulares, en especial la aguerrida Condesa Doña Beatriz Pacheco, se suman a sus restantes contenidos históricos y artísticos para hacer de Medellín uno de los enclaves más significados y representativos de Extremadura.
     Cabe afirmar así que por su pasado, sus personajes, su papel en los acontecimientos regionales y nacionales y en la gesta americana, y también por los vestigios y creaciones materiales que patentizan su existencia y auge bajo los más variados ocupantes y culturas a partir de la época prehistórica, Medellín constituye uno de los pilares fundamentales de la región extremeña y lugar en el que se enraizan y encarnan sus peculiaridades más distintivas en todos los órdenes.
     En todo caso se trata de una de las colonias más tempranas de Extremadura y centro de gran esplendor, a la que su situación sobre las calzadas hacia Toledo conferían particular importancia. Fundamental a tal efecto era el puente erigido en ese punto para el servicio de los itinerarios imperiales.
     El suntuoso teatro emplazado en la falda del cerro y las potentes murallas que rodeaban la población, son las otras dos grandes realizaciones romanas de Medellín. La cerca defensiva fue remodelada posteriormente por árabes y cristianos, no quedando hoy de ella más que un torreón muy remodelado junto a la Puerta Coelli. La huella de la etapa visigoda queda patente, entre otros vestigios, en el rico ajuar funerario de la tumba del Turuñuelo, correspondiente al siglo VI.
     En 1243 Medellín fue ocupado a los musulmanes por el Maestre santiaguista Pedro Yáñez, quedando incluido en la jurisdicción de esta Orden. A mediados del siglo XIV la Villa aparece ya como cabeza de un importante Señorío en el que se incluían Don Benito, Guareña y otra decena de poblaciones; y a mediados del XV fue erigido en Condado en favor de Rodrigo de Portocarrero, casado con Doña Beatriz Pacheco, hija del Marqués de Villena, la cual asumió el poder a la muerte de su marido, tras encarcelar a su propio hijo, que era el heredero legítimo. De esta época data su participación como partidaria de la Beltraneja contra Isabel de Castilla, su derrota en la batalla de la Albuera de Mérida, y los posteriores arrasamientos y vicisitudes de la Villa.
     A partir del siglo XVI el núcleo inició un periodo de recuperación y engrandecimiento al que corresponde la mayor parte de las realizaciones que hoy conocemos. En la Guerra de la Independencia la población fue escenario de otra importante batalla, en la que los franceses culminaron la victoria ya alcanzada en Almaraz contra los españoles, aniquilando al general Cuesta (Diputación Provincial de Badajoz).
     En fértil comarca de las Vegas Altas del Guadiana y al pie de la populosa Don Benito, esta histórica villa mantiene huellas de la importancia que tuvo en el pasado y, sobre todo, el recuerdo de que en ella nació Hernán Cortés.
HISTORIA Y VISITA
     Medellín debe su fundación, en el año 79 a.C.. y el origen de su nombre (Metellinum) al cónsul y pontífice máximo romano Quinto Cecilio Metello. Durante algún tiempo fue la principal colonia en la región, como plaza fuerte para el control del paso del Guadiana, hasta ser desplazada por el vigor creciente de la vecina Mérida. Quedan abundantes huellas de esa época, tanto en la población como en zonas adyacentes, especialmente los pilares del larguísimo puente romano, destruido por una riada. así como restos del tea­tro romano en el cerro del castillo.
     Tras la reconquista, convertida en villa de realengo y más tarde solar del condado de Medellín, el primer señor de este título, Rodrigo de Portocarrero, intervino en las luchas sucesorias de Castilla a favor de Juana la Beltraneja, apoyo que, tras la derrota de la rival de Isabel la Católica, acarrearía consecuencias negativas para la villa.
     Más dañina aún resultó la batalla de la Guerra de la Independencia en el año 1809, en la que el ejército del General Cuesta fue derrotado por las tropas francesas: a causa de ella la villa de Medellín quedó casi completamente arrasada.
     Testigo mudo de esos episodios fue el castillo, existente ya en el siglo X, aunque reedificado a partir del siglo XIV y a lo largo de los siglos XV y XVI. Conserva dos recintos amurallados concéntricos, estando el interior fragmentado en dos patios. En el occidental se hallan las ruinas de Santa María del Castillo (s. XII) y una alberca de origen árabe. En el oriental se conservan un aljibe musulmán (s. XII), el museo de Láminas de la Antigua Metrópolis y el museo Cortesiano.
     El camino que baja del castillo lleva a los restos del teatro romano, sobre cuya escena se levanta la iglesia de Santiago, románico-gótica del siglo XII, hoy en ruinas; la iglesia de San Martín, donde fuera bautizado Hernán Cortés, construida en el siglo XV y actualmente restaurada; y la iglesia de Santa Cecilia, obra de traza gótica (s. XVI), aunque continuada en otros estilos hasta 1779. En la plaza principal se alza el monumento a Hernán Cortés, obra de Eduardo Barrón llevada a cabo durante 1890.
     También son interesantes casas solariegas como la del duque de Medinaceli (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 
Monumentos.-
     El castillo que domina el enclave fue ya en época árabe un destacado bastión, desde el que los musulmanes hostigaban a los cristianos. Esta fortificación primitiva fue destruida a mediados del siglo XIV por Pedro I el Cruel, y reedificada poco después por el titular del Señorío, Infante Don Sancho de Castilla, al que se debe la formidable obra en piedra cuyos restos son los que hoy perduran.
     Consta de doble perímetro amurallado con numerosos cubos y torreones de refuerzo, hermosas portadas y patio de armas de dos ámbitos. Su soberbia silueta almenada coronando el cerro, resulta visible desde la lejanía sobre todos los horizontes, ofreciendo una imagen evocadora del antiguo esplendor y poderío del lugar. La población, en otro tiempo asentada sobre la falda de la colina, llegó a contar en el siglo XVI con cuatro parroquias. La más antigua, dedicada a Santa María del castillo, hoy desaparecida, se situaba en el interior de la fortaleza. Las otras tres, bajo distintas transformaciones, se erigen sobre la pendiente manteniéndose como hitos representativos del pasado de la Villa.
     Próximas al castillo, cubriendo parte del viejo teatro romano se alzan las de Santiago y San Martín. La primera, casi destruida durante la Guerra de la Independencia, es obra originaria del siglo XIII, edificada en piedra, con torre a los pies.
     En la actualidad presenta cubierta abovedada tendida de manera extraña por debajo de los arcos que sostenían la primitiva techumbre de madera. Su planta es de una sola nave de reducidas dimensiones, con ábside semicircular en el que se abre una atractiva ventana lobulada, y portadas góticas más tardías.
     En sus proximidades se encuentra la de San Martín, de estructura semejante y también originaria del XIII, presentando adosada como adición de época barroca la enorme capilla del Cristo de la Misericordia, erigida en el XVII por el presbítero Miguel Fernández. Su fábrica de sillares presenta asimismo ábside semicircular y hermosa portada gótica. Presidía su interior un magnífico retablo destruido en 1936, atribuido a la escuela de Luis de Morales o al foco placentino. También desapareció en la misma época el Crucifijo medieval de gran valor, del que hoy se ofrece una buena réplica realizada en época actual por el artista madrileño Julián Cristóbal. En su sacristía se conserva la recia pila granítica en la que el 15 de Noviembre de 1494 recibió en bautismo el Conquistador de Méjico, Hernán Cortés. La iglesia, de tan acusada dimensión histórica, fue restaurada hace unos años. En atención a sus características ha sido declarada Monumento de Interés Histórico Artístico por la Junta de Extremadura en 1990.
     Más tardía es la de Santa Cecilia, que se sitúa en zona más baja , cuya ejecución data del siglo XVI. Iniciada con pretensiones monumentales, la obra se detuvo cuando solamente se había ejecutado la cabecera, añadiéndose posteriormente a la misma una nave de proporciones mucho menores y una pequeña torre separada del cuerpo principal, cuya altura no alcanza la de la cabecera. De tal manera el edificio presenta una zona posterior enorme a la que se aneja un cuerpo delantero muy reducido. En la actualidad y dada su ubicación más próxima a las áreas de crecimiento de la población, es la única parroquia en culto.
     Tres grandes conventos llegaron a existir en Medellín. Uno, de frailes franciscanos, se situaba a las afueras del pueblo , junto al camino de Don Benito. Fue erigido en 1508 por Juan de Portocarrero, y en él mandó construir Hernán Cortés una capilla para su enterramiento, de la que procede el escudo con sus armas que hoy luce en la plaza de la localidad. Este convento fue demolido a fines del siglo pasado. El de monjas de la Concepción, de mediados del XVI, también desaparecido, se localizaba en las proximidades de la Puerta de la Villa de la antigua fortificación. Del de Agustinas recoletas, levantado sobre una fundación anterior en 1626 por el vicario placentino Luis Vázquez, únicamente se conserva, aunque muy maltrecha, la capilla, obra de dos pisos hoy utilizada como almacén. Al exterior presenta portada entre estribos bajo arco, con frontón partido y el blasón del fundador.
     Componente destacado de la población es su amplia plaza, abierta el siglo pasado sobre un tejido de viejas edificaciones, en las proximidades de la Puerta Coelli. Como vestigio de ésta se conserva un torreón cuadrangular, hoy recubierto de un placado moderno, al que corona una somera espadaña que acoge la campana del reloj de la Villa, por lo que es conocida bajo tal apelativo. Preside la hermosa plaza la Casa Consistorial.
     El edificio, levantado al tiempo que ella y remodelado luego en varias ocasiones, es de buena arquitectura según el modelo más característico de ese tipo de realizaciones. De porte herreriano presenta triple arquería al frente sobre pilares graníticos, balconada central y remate de cornisa con ático en el que luce el escudo de la población.
     En el centro de la plaza se yergue el monumento a Hernán Cortés, obra en bronce de Eduardo Barrón, erigido en 1890. Representa al Conquistador en actitud arrogante, sujetando un estandarte y con diversas figuraciones simbólicas a los pies. No lejos se sitúa otro grupo escultórico dedicado a los Caídos. Realizado también en bronce por el villanovense García Lozano en 1985, representa una figura femenina con un moribundo en brazos.
     Aunque los tejidos tradicionales presentan fuertes cambios, aún se conservan algunos testimonios de las casas populares y mansiones solariegas de antaño.
     Atención especial, dadas sus características constructivas y crítica situación estratégica, requiere el puente sobre el Guadiana, obra por la que se canaliza obligadamente, aún hoy, el paso sobre el río en todos los itinerarios. Todavía en la actualidad el punto principal de paso sobre el Guadiana desde los ámbitos de Badajoz, Mérida y demás puntos de la mitad occidental de Extremadura y Portugal, hacia la Serena y la Siberia, entre Santa Amalia y Cabeza del Buey, y su conexión con todas las localidades del entorno, se conducen de forma obligada por el cuello de botella del puente de Medellín. De tal manera esta obra centenaria, erigida para atender necesidades muy distintas, debe cubrir hoy un volumen de tráfico que muy difícilmente puede soportar, los que origina permanentes estrangulamientos y dificultades cada vez más acusadas.
     Conscientes ya los romanos, hace dos mil años, de la importancia de disponer de un buen paso sobre el Guadiana en este punto, erigieron en Medellín una de sus mejores realizaciones peninsulares de esta especie. Su longitud se estima en unos 400 metros, con un total de 28 arcos de entre 10 y 12 de luz y sólidos estribos, siendo toda su fábrica de sillares regulares. La obra quedó destruida durante la etapa medieval, aprovechándose sus materiales para el levantado en su sustitución. Parte de sus cimientos originales son apreciables todavía junto al actual, sobre la orilla izquierda del Guadiana.
     La nueva reconstrucción del puente de Medellín se acometió en y se concluyó en 1630, siendo su ejecutor principal Pedro Sánchez de Estrada, autor también de la torre de la iglesia parroquial de Villanueva de la Serena. La obra, que es la misma que aún perdura, tiene 430 metros de longitud y 20 arcos de enormes proporciones con sólidos contrafuertes regulares por los dos costados, siendo toda su estructura de sillares regulares de cantería. La calzada es de dos planos, con una anchura de 5,5 varas (poco menos de 5 metros) proporción hoy muy angosta, pero muy amplia para la época de su construcción. En la zona central se abren remansos espaciales, en uno de los cuales se alza un templete en el que lucen el escudo de los Austria tres pequeñas hornacinas conteniendo las imágenes de San José, San Antonio y San Francisco, y una inscripción alusiva a la conclusión de la obra en 1630 bajo el reinado de Felipe IV.
     Otros dos puentes menores, de origen también romano, rehechos en épocas posteriores, se sitúan en las cercanías; sobre el arroyo Cagánchez uno, y sobre el río Ortigas el otro (Diputación Provincial de Badajoz).

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Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 22 de noviembre de 2025

La imagen de Santa Cecilia, atribuida a Cristóbal Ramos, situada entre el Trascoro y la Puerta principal de la Iglesia de Santa Ana

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Santa Cecilia, atribuida a Cristóbal Ramos, situada entre el Trascoro y la Puerta principal de la Iglesia de Santa Ana, de Sevilla.
     Hoy, 22 de noviembre, Memoria de Santa Cecilia, virgen y mártir, que, según la tradición, consiguió la doble palma por amor a Jesucristo en el cementerio de Calixto, en la vía Apia de Roma. El título de una iglesia en el Transtíber romano lleva desde antiguo su nombre (s. inc.) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la imagen de Santa Cecilia, atribuida a Cristóbal Ramos, situada entre el Trascoro y la Puerta principal de la Iglesia de Santa Ana, de Sevilla.
     La Iglesia de Santa Ana [nº 86 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 29 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plazuela de Santa Ana, s/n (también tiene acceso por las puertas laterales en las calles Párroco Don Eugenio -antigua Vázquez de Leca-, y Bernardo Guerra); en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito Triana.
     En la zona entre el Trascoro y la Puerta principal de la Iglesia de Santa Ana podemos contemplar la imagen de Santa Cecilia, virgen y mártir.
     La capilla de música de la Real parroquia de Santa Ana de Triana descollaba por su prestigio en la Sevilla del siglo XVIII, tras las de la catedral y la colegial del Salvador. Eran los integrantes de dicho conjunto -mientras existió- quienes, según Matute, cuidaban del culto a Santa Cecilia, que tenía consagrado su propio altar junto a la capilla de las ánimas benditas del purgatorio, a los pies del muro de la epístola. Para ello se contaba con una imagen de la santa patrona de los músicos que no dudamos en atribuir al escultor Cristóbal Ramos, como lo delatan sus característica materiales y grafismos morfológicos y fisonómicos, que indefectiblemente remiten a los de sus creaciones femeninas, pudiendo datarse en el último cuarto del siglo XVIII.
     De mediano formato (mide 0,97 m), Santa Cecilia se nos muestra sedente en un áureo sitial, con el torso muy erguido y adelantando sus brazos en ademán de ir a posar sus manos en el teclado de un órgano portátil -con la caja jaspeada y profusos adornos de talla dorada- que aparece ante ella, como pieza independiente, sobre una mesa pintada de rojo, con sus patas cabriolé terminadas en garras con bolas. La música que interpreta esta mártir romana de finales del siglo II, cuya festividad se celebra el 22 de noviembre, es un canto de alabanza a Dios, por lo que es habitual en su iconografía, tal y como se reproduce en esta obra de Cristóbal Ramos, que su cabeza se eleve, con la mirada puesta en el cielo y el gesto complaciente de una amable sonrisa, como si ella misma estuviese inspirada por armonías celestiales. Según es recurrente en su producción escultórica, Ramos emplea el barro cocido y policromado para la cabeza y las manos, así como los lienzos encolados para las prendas indumentarias. En este caso, la testa de Santa Cecilia se toca con una diadema y velo, vistiendo una túnica blanca salpicada de flores multicolores y roleos dorados por la falda, y un amplio manto rojo, generosamente estofado, que envuelve por detrás su figura.
     El 13 de octubre de 1852, Manuel de Rojas y José Cubero, presbíteros y claveros de fábrica de Santa Ana, se dirigieron por escrito al visitador general del Arzobispado para expresarle "que siendo indispensable para mayor decoro y culto de esta Yglesia hacer gastos de consideración en la reparación de varios cuadros y colocación de los mismos, y la fundición de la campana mayor o destinada al toque de la Feria Mayores y también en la hechura de un Retablo pequeño destinado a Santa Cecilia Mártir", solicitaban su autorización para poder emprender tales tareas, la que obtuvieron tres días después, "procurando con la economía posible trabajar en el loable objeto de adornar la Yglesia del modo que manifiestan en su exposición, abonándoles al intento en visita las cantidades invertidas en dichos objetos". Ello debe ponerse en conexión con la construcción, a comienzos de 1853, de una capilla propia para Santa Cecilia en el mismo lugar donde hasta entonces se hallaba su altar, para lo cual necesitaron que la Hermandad de Ánimas cediera parte de la sacristía anexa a su capilla sin que ello le entrañara ningún gasto, porque todo correría por cuenta de la fábrica parroquial, la cual pagaría además a la corporación alguna cantidad compensatoria justipreciada por un maestro alarife, a lo que se accedió, dando comienzo las obras en el mes de marzo. Pocos años después, en 1868, este nuevo recinto pasaría a ser ocupado por el grupo escultórico de la Sexta Angustia procedente del extinto convento de los Remedios, y un siglo más tarde, tras la restauración de la parroquia por Rafael Manzano, se colocó allí la Divina Pastora de las Almas, donde permanece, mientras que la escultura de Santa Cecilia se encuentra depositada en la antigua capilla de San Cristóbal, en la nave del evangelio (José Roda Peña, Imágenes de devoción en la parroquia de Santa Ana, en Santa Ana de Triana: Aparato histórico-artístico. Real Parroquia de Santa Ana de Triana. Sevilla, 2016).
     Se trata de un bellísimo y original conjunto escultórico en el que se representa a Santa Cecilia acompañada de un instrumento musical siguiendo su iconografía habitual, realizada entre 1746 y 1755, en estilo rococó, y con unas medidas de 1,02 x 0,98 x 0,38 mts, y atribuida a Cristóbal Ramos.
     La santa aparece sentada en un gran asiento de madera frente al órgano en actitud de tocar éste instrumento. Se encuentra ataviada de forma muy elegante con una larga túnica ceñida a la cintura y muy decorada con motivos vegetales estilizados en los que se incluye la rocalla como elemento decorativo del momento. Sobre ésta una capa de color rojo intenso ornamentada por motivos decorativos dorados. Cubre su cabeza con un tocado dorado que se adapta perfectamente al recogido de su cabello. Con la cabeza altiva, muestra un rostro de mirada sonriente con una actitud muy elegante y serena. Van a destacar sus manos de dedos alargados que se encuentran en actitud de tocar el órgano. Dicho instrumento se sitúa sobre una pequeña mesa de madera con patas en forma de garras, en el que destaca el detallismo en la talla de las diferentes partes de las que consta éste instrumento.
      Se trata por tanto de un elegante conjunto escultórico de formas bellas y delicadas, con ricos detalles en la ornamentación muy propio de la estética rococó (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Cecilia, virgen y mártir;
LEYENDA

     Joven patricia procedente de la familia romana Caecilia, cuyo nombre derivaría de caecus, ciego. Con santa Inés, santa Cecilia es la más popular de las mártires romanas.
     En verdad, su Passio, que se remonta a finales del siglo V, es sólo una novela edificante, y su patronazgo sobre la música, que apareció a finales del siglo XV, se funda en un despropósito.
     La mayoría de los rasgos de sus leyenda se copiaron de la Historia de la persecución vándala, de Bernardo de Vite, escrita hacia 486.
     Forzada por sus padres a casarse con Valeriano, en la habitación nupcial ella convirtió a su marido al ideal de la castidad cristiana: el joven se hizo bautizar por el papa san Urbano junto a su hermano Tiburcio, y ambos fueron condenados a muerte.
     Como se negó a ofrecer sacrificios a los dioses, fue condenada a morir aho­gada por el vapor en un caldario (caldarium: sala para tomar baños de vapor) sobrecalentado, pero un rocío celestial la refrescó.
     Entonces un lictor recibió la orden de cortarle la cabeza. Emocionado o torpe, éste le asestó tres mandobles en la nuca sin conseguir que la cabeza se separara del tronco. Como la ley romana prohibía al verdugo seguir golpeando al condenado después de dar tres golpes sin haber terminado con su vida, la santa sobrevivió tres días con el cuello cortado a medias, extendida en la sala de las Termas. Expiró en presencia del papa Urbano y fue sepultada en el cementerio de Calixto.
CULTO
1. Lugares de culto

     El principal centro del culto de santa Cecilia era Roma, naturalmente. Desde el cementerio de San Calixto sus reliquias fueron transferidas en el siglo IX (821) a la basílica de Santa Cecilia del Trastevere, que se edificó sobre el palacio donde ella vivía.
     Su culto se difundió en el norte de Italia: en Bolonia, donde la capilla puesta bajo su advocación en la iglesia de San Giovanni in Monte estaba decorada con el célebre cuadro de altar de Rafael; en Parma, en Verona y en Padua. En Francia, el santuario más célebre de la santa es la catedral de Albi, puesta bajo su advocación, que conservaba en su tesoro un brazo relicario (scrinium S. Caeciliae) donado por el papa Pablo II. Debe admitirse que la dedicatoria no está en armonía con la arquitectura militar de esta iglesia fortaleza, que resultaría más apropiada para san Jorge.
     París, Beauvais y Tours se disputaban la posesión de la cabeza de santa Cecilia. Y puesto que ya había otras dos en Roma, la santa habría tenido al menos cinco cabezas. En la catedral de Cambrai se mostraba su anillo nupcial.
     En el siglo XVI, Carlos de Lorena, obispo de Metz, que era cardenal con el título de Santa Cecilia, difundió su culto en Lorena.
     En Montserrat y Urgell, Cataluña, había conventos puestos bajo la advocación de Santa Cecilia.
     Por último, Alemania también participó en el culto de la mártir romana. Colonia le dedicó una de sus iglesias. La catedral de Hildesheim estaba puesta bajo la advocación de santa Cecilia y sus dos compañeros, Valeriana y Tiburcio. Esta devoción se extendió hasta Mecklemburgo, a orillas del Báltico, y está probada en Güstrow por un relicario de plata y un retablo.
2. Patronazgo de los músicos
     Santa Cecilia está muy lejos de ser tan rica como santa Bárbara en patronazgos corporativos; pero la protección a la música que se le atribuye, en especial a la música religiosa (Música sacra), basta para asegurarle una gran popularidad.
     Además de los músicos, cantores y organistas, es patrona de los fabricantes de órganos e instrumentos de cuerda.
     Aunque lo cierto es que se trata de un patronazgo tardío, puesto que no apareció hasta finales del siglo XV, en las postrimerías del arte de la Edad Media. Y además, tal como lo demostrara en 1732 el abad Lebeuf, y como lo probaron, después de él, el presbítero Delelaye y Dom Quentin, dicho patronazgo reposa en uno o varios despropósitos.
     En la Passio legendaria de santa Cecilia se leía, efectivamente, la siguiente frase: «Cantantibus organis, Caecilia in corde suo soli Domino decantabat, dicens: Fiat cor et corpus meum immaculatum!». Es decir,  mientras se conducía a Cecilia a la casa de su novio el día de su boda, «al son de los instrumentos musicales, ella invocaba en su corazón sólo a Dios, para pedirle la gracia de conservar inmaculados su corazón y su cuerpo».
     Así, si se interpreta correctamente ese fragmento, Cecilia no es músico, no toca el órgano ni otro instrumento cualquiera, sino que cierra los oídos a la marcha nupcial ejecutada en su honor, para concentrar el pensamiento sólo en Dios, e implorar la salvaguarda de su virginidad. Ella habría sido antes melófoba que melómana.
     ¿Cómo es posible que en tales circunstancias se la haya tomado por una amiga de la música? Sin duda porque en la antífona extraída de su Passio, al suprimir las palabras cantatibus organis, y eliminar in corde suo se desnaturalizó el sentido de la frase. Y se acabó por comprender que Cecilia cantaba al son de su instrumento, e incluso que se acompañaba con el órgano. En verdad organa no significa órgano y decantabat debe leerse en sentido figurado. Por lo tanto, la fábula de santa Cecilia músico, y su patronazgo usurpado de la música religiosa tendrían un origen litúrgico. 
   Nunca se la representa entre las santas curadoras, como santa Águeda o santa Apolonia. Sorprende, teniendo en cuenta la desmedida afición de los clérigos a los juegos etimológicos, que no se le haya atribuido, como a santa Clara y santa Lucía, el patronazgo de los ciegos (caeci) y la curación de la ceguera.
3. La renovación del culto de santa Cecilia
     En el último año del siglo XVI se produjo un acontecimiento que dio un nuevo impulso al culto de la santa y que renovó su iconografía.
     Al abrir el féretro donde el papa Pascual I había guardado en 821 las reliquias de santa Cecilia para transportarlas desde el cementerio de Calixto a la basílica del Trastévere, se recuperó intacto el cuerpo de la santa, acosta­da sobre el lado derecho, con la cabeza cortada a medias.
     El papa Clemente VIII quiso que una estatua perpetuase el recuerdo de la macabra visión, y encargó al escultor Stefano Maderno que reprodujese fielmente el espectáculo al que asistiera.
ICONOGRAFÍA
     En su origen, santa Cecilia, como la mayoría de las mártires, no lleva ningún atributo identificatorio. En la catacumba de san Calixto, en Roma, está representada en Orante. Sobre los frisos en mosaico de Rávena, nada la diferencia de las otras santas que avanzan en procesión sosteniendo todas una corona.
     Fue a finales del siglo XV cuando la convirtieron por error en patrona de los músicos, que recibió como atributo un instrumento musical.
     Dicho instrumento es un órgano portátil (Handorgel) o fijo, a causa del texto de la Passio y de la antífona litúrgica: Cantatibus organis que ha sido comprendida de manera disparatada, puesto que organa en latín, significa instrumentos musicales de toda clase.
     Es un órgano lo que le atribuye Rafael en su célebre cuadro de Bolonia pintado en 1516. Pero su ejemplo está muy lejos de haber sido seguido por cuantos le sucedieron, que han puesto en sus manos los más diversos instrumentos: clave (Rubens), arpa (Mignard), laúd (Gentileschi), violín (Cavallino), violoncelo (Dominichino).
     Por otra parte, Cecilia suele olvidar la ejecución de su instrumento para oír la música celestial, con los ojos elevados al cielo, como arrebatada en éxtasis.
     Con frecuencia es un ángel músico quien, sentado a sus pies, ejecuta en su lugar sobre el teclado del órgano, o tañe las cuerdas de un laúd. El angelito algunas veces sirve de pupitre y presenta a la santa un cuaderno de música.
     A falta de instrumento musical, santa Cecilia se caracteriza por la herida que lleva en el cuello, y por una corona de rosas y lirios.
     Su iconografía es mayoritaria y casi exclusivamente italiana (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Santa Cecilia, atribuida a Cristóbal Ramos, situada entre el Trascoro y la Puerta principal de la Iglesia de Santa Ana, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Iglesia de Santa Ana, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

La pintura "El niño del violín", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "El niño del violín", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   Hoy, 22 de noviembre, Memoria de Santa Cecilia, virgen y mártir, que, según la tradición, consiguió la doble palma por amor a Jesucristo en el cementerio de Calixto, en la vía Apia de Roma. El título de una iglesia en el Transtíber romano lleva desde antiguo su nombre (s. inc.) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "El niño del violín", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla, puesto que Santa Cecilia es la patrona de la música.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
   En la sala XII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "El niño del violín", de José García Ramos (1852-1912), siendo un óleo sobre lienzo, de estilo costumbrista, realizado hacia 1905, con unas medidas de 0'93 x 0,57 m., y procedente de la donación de don Alfonso Grosso, en 1945.
     Es un auténtico retrato de la picaresca, tema de gran tradición dentro de la pintura andaluza desde el Siglo de Oro. El artista representa, con gran acierto, a un expresivo niño acompañado de un perro callejero. Lleva un zurrón colgado y un violín entre sus brazos, elementos que acentúan la intencionada melancolía y realismo de la obra (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     Pocas veces en la historia un pintor ha estado tan identificado con el ambiente popular que le rodeaba como José García Ramos. Nacido en Sevilla en 1852, fue alumno de la Escuela de Bellas Artes y también de José Jiménez Aranda cuyo taller frecuentó y con quien se trasladó a Roma en 1872. Alternó después viajes entre Roma, París y Sevilla hasta que en 1882 se asentó definitivamente en su ciudad natal; aquí murió en 1912.
   Artista de refinada sensibilidad orientó su pintura hacia la descripción de escenas costumbristas que captó de forma excepcional a través de su intuitiva visión del temperamento popular; nadie como él tradujo la vitalidad y la alegría con formas y expresiones tan naturales y convincentes. La vida cotidiana fue su fuente de inspiración y en ella encontró un repertorio inagotable de tipos populares, cigarreras, gitanos, pícaros, estudiantes calaveras y mendigos. Característica de su producción son escenas de enamorados pelando la pava ante una reja, serenatas ante un balcón, escenas de cante y baile, en patios, tabernas y figones. Otros temas salidos de su paleta son bodas, bautizos o procesiones narrado todo ello con acierto y gracia. 
   Su principal mérito artístico fue el dibujo, que manejó con destreza y le permitió caracterizar con facilidad a sus personajes. Su pincelada fue suelta y vivaz lo que ofrece testimonios elocuentes de su virtuosismo técnico que, unido a sus dotes de observación y su sentido del humor, le permitieron crear obras de siempre grata contemplación.
   Su prolífica actividad no le produjo nunca la riqueza, sino una vida en todo caso discreta y bien acomodada que le permitió sentirse como un artista distinguido. Pero su popularidad no alcanzó nunca el reconocimiento oficial y a pesar de que presentó sus obras con insistencia a las exposiciones nacionales nunca obtuvo en ellas más que recompensas secundarias. Por ello pudo darse cuenta personalmente de que su talento no fue reconocido más que a un nivel local y amistoso. Sus últimos años, complicados con desgracias familiares, fueron para él tristes y desencantados al advertir que su obra no había alcanzado trascendencia alguna.
   Un grupo de catorce pinturas de García Ramos que se conserva en el Museo es realmente un buen testimonio de su obra que refleja el nivel artístico que consiguió alcanzar. Comenzamos señalando retratos de Una señora y el de Una joven con vestido blanco, en los que se evidencia que tuvo buenas dotes para el retrato nunca bien explotadas.
   Sigue después una serie de seis pinturas en las que García Ramos trata temas cervantinos tanto del Quijote como de Rinconete y Cortadillo. De tema taurino son escenas denominadas Entrando a matar y Citando a banderillas. Características suyas y de gran calidad son varias escenas costumbristas como Baile por bulerías, Pareja de baile y Hasta verte, Cristo mío!.
   De su última época es un magnífico estudio de apagado color pero de intensa emotividad denominado El niño del violín. Coincide esta pintura con una época en que la melancolía de su ánimo apagó su paleta y entristeció los temas salidos de sus pinceles (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Biografía de José García Ramos, autor de la obra reseñada
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     García Ramos es uno de los maestros más importantes de la pintura de género sevillano de fines del siglo XIX.
     Nació en Sevilla el 2 de marzo de 1852 y recibió su instrucción artística en la Escuela de Bellas Artes, donde fue alumno de Eduardo Cano y discípulo de José Jiménez Aranda, con quien se trasladó a Roma en 1872.
     Durante su estancia en esa ciudad el arte de Fortuny dejó una profunda impresión en él, lo que daría lugar a un virtuoso «preciosismo» y un uso brillante del color en su pintura. García Ramos fue además un incansable viajero. Regresó a Italia en 1877 y cuatro años después permaneció un trimestre en París con Jiménez Aranda, volviendo a Sevilla en 1882, donde sería nombrado académico de Bellas Artes en 1893.
     Fue un artista extraordinariamente prolífico que participó con éxito en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Por ejemplo, obtuvo una tercera medalla en 1884 por su obra El raptor y un segundo premio por Hermanos, ¡cada uno por sí mismo! en 1901. Un año antes, en 1900, había ganado un tercer premio en la Exposition Universelle de París. Murió en Sevilla el 2 de abril de 1912.
     García Ramos se convirtió en uno de los grandes pintores de su época gracias a la maestría y espontaneidad con que recreaba las escenas típicas de su Andalucía natal. Sus pequeños cuadros inundaron el mercado. Era un pintor muy hábil en la distribución de la composición y en el dibujo. También realizó escenas de «casacón» y obras de carácter anecdótico (José Luis Díez, en la web oficial del Museo Carmen Thyssen de Málaga).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Cecilia, virgen y mártir;
LEYENDA
     Joven patricia procedente de la familia romana Caecilia, cuyo nombre derivaría de caecus, ciego. Con santa Inés, santa Cecilia es la más popular de las mártires romanas.
     En verdad, su Passio, que se remonta a finales del siglo V, es sólo una novela edificante, y su patronazgo sobre la música, que apareció a finales del siglo XV, se funda en un despropósito.
     La mayoría de los rasgos de sus leyenda se copiaron de la Historia de la persecución vándala, de Bernardo de Vite, escrita hacia 486.
     Forzada por sus padres a casarse con Valeriano, en la habitación nupcial ella convirtió a su marido al ideal de la castidad cristiana: el joven se hizo bautizar por el papa san Urbano junto a su hermano Tiburcio, y ambos fueron condenados a muerte.
     Como se negó a ofrecer sacrificios a los dioses, fue condenada a morir aho­gada por el vapor en un caldario (caldarium: sala para tomar baños de vapor) sobrecalentado, pero un rocío celestial la refrescó.
     Entonces un lictor recibió la orden de cortarle la cabeza. Emocionado o torpe, éste le asestó tres mandobles en la nuca sin conseguir que la cabeza se separara del tronco. Como la ley romana prohibía al verdugo seguir golpeando al condenado después de dar tres golpes sin haber terminado con su vida, la santa sobrevivió tres días con el cuello cortado a medias, extendida en la sala de las Termas. Expiró en presencia del papa Urbano y fue sepultada en el cementerio de Calixto.
CULTO
1. Lugares de culto
     El principal centro del culto de santa Cecilia era Roma, naturalmente. Desde el cementerio de San Calixto sus reliquias fueron transferidas en el siglo IX (821) a la basílica de Santa Cecilia del Trastevere, que se edificó sobre el palacio donde ella vivía.
     Su culto se difundió en el norte de Italia: en Bolonia, donde la capilla puesta bajo su advocación en la iglesia de San Giovanni in Monte estaba decorada con el célebre cuadro de altar de Rafael; en Parma, en Verona y en Padua. En Francia, el santuario más célebre de la santa es la catedral de Albi, puesta bajo su advocación, que conservaba en su tesoro un brazo relicario (scrinium S. Caeciliae) donado por el papa Pablo II. Debe admitirse que la dedicatoria no está en armonía con la arquitectura militar de esta iglesia fortaleza, que resultaría más apropiada para san Jorge.
     París, Beauvais y Tours se disputaban la posesión de la cabeza de santa Cecilia. Y puesto que ya había otras dos en Roma, la santa habría tenido al menos cinco cabezas. En la catedral de Cambrai se mostraba su anillo nupcial.
     En el siglo XVI, Carlos de Lorena, obispo de Metz, que era cardenal con el título de Santa Cecilia, difundió su culto en Lorena.
     En Montserrat y Urgell, Cataluña, había conventos puestos bajo la advocación de Santa Cecilia.
     Por último, Alemania también participó en el culto de la mártir romana. Colonia le dedicó una de sus iglesias. La catedral de Hildesheim estaba puesta bajo la advocación de santa Cecilia y sus dos compañeros, Valeriana y Tiburcio. Esta devoción se extendió hasta Mecklemburgo, a orillas del Báltico, y está probada en Güstrow por un relicario de plata y un retablo.
2. Patronazgo de los músicos
     Santa Cecilia está muy lejos de ser tan rica como santa Bárbara en patronazgos corporativos; pero la protección a la música que se le atribuye, en especial a la música religiosa (Música sacra), basta para asegurarle una gran popularidad.
     Además de los músicos, cantores y organistas, es patrona de los fabricantes de órganos e instrumentos de cuerda.
     Aunque lo cierto es que se trata de un patronazgo tardío, puesto que no apareció hasta finales del siglo XV, en las postrimerías del arte de la Edad Media. Y además, tal como lo demostrara en 1732 el abad Lebeuf, y como lo probaron, después de él, el presbítero Delelaye y Dom Quentin, dicho patronazgo reposa en uno o varios despropósitos.
     En la Passio legendaria de santa Cecilia se leía, efectivamente, la siguiente frase: «Cantantibus organis, Caecilia in corde suo soli Domino decantabat, dicens: Fiat cor et corpus meum immaculatum!». Es decir,  mientras se conducía a Cecilia a la casa de su novio el día de su boda, «al son de los instrumentos musicales, ella invocaba en su corazón sólo a Dios, para pedirle la gracia de conservar inmaculados su corazón y su cuerpo».
     Así, si se interpreta correctamente ese fragmento, Cecilia no es músico, no toca el órgano ni otro instrumento cualquiera, sino que cierra los oídos a la marcha nupcial ejecutada en su honor, para concentrar el pensamiento sólo en Dios, e implorar la salvaguarda de su virginidad. Ella habría sido antes melófoba que melómana.
     ¿Cómo es posible que en tales circunstancias se la haya tomado por una amiga de la música? Sin duda porque en la antífona extraída de su Passio, al suprimir las palabras cantatibus organis, y eliminar in corde suo se desnaturalizó el sentido de la frase. Y se acabó por comprender que Cecilia cantaba al son de su instrumento, e incluso que se acompañaba con el órgano. En verdad organa no significa órgano y decantabat debe leerse en sentido figurado. Por lo tanto, la fábula de santa Cecilia músico, y su patronazgo usurpado de la música religiosa tendrían un origen litúrgico. 
   Nunca se la representa entre las santas curadoras, como santa Águeda o santa Apolonia. Sorprende, teniendo en cuenta la desmedida afición de los clérigos a los juegos etimológicos, que no se le haya atribuido, como a santa Clara y santa Lucía, el patronazgo de los ciegos (caeci) y la curación de la ceguera.
3. La renovación del culto de santa Cecilia
     En el último año del siglo XVI se produjo un acontecimiento que dio un nuevo impulso al culto de la santa y que renovó su iconografía.
     Al abrir el féretro donde el papa Pascual I había guardado en 821 las reliquias de santa Cecilia para transportarlas desde el cementerio de Calixto a la basílica del Trastévere, se recuperó intacto el cuerpo de la santa, acosta­da sobre el lado derecho, con la cabeza cortada a medias.
     El papa Clemente VIII quiso que una estatua perpetuase el recuerdo de la macabra visión, y encargó al escultor Stefano Maderno que reprodujese fielmente el espectáculo al que asistiera.
ICONOGRAFÍA
     En su origen, santa Cecilia, como la mayoría de las mártires, no lleva ningún atributo identificatorio. En la catacumba de san Calixto, en Roma, está representada en Orante. Sobre los frisos en mosaico de Rávena, nada la diferencia de las otras santas que avanzan en procesión sosteniendo todas una corona.
     Fue a finales del siglo XV cuando la convirtieron por error en patrona de los músicos, que recibió como atributo un instrumento musical.
     Dicho instrumento es un órgano portátil (Handorgel) o fijo, a causa del texto de la Passio y de la antífona litúrgica: Cantatibus organis que ha sido comprendida de manera disparatada, puesto que organa en latín, significa instrumentos musicales de toda clase.
     Es un órgano lo que le atribuye Rafael en su célebre cuadro de Bolonia pintado en 1516. Pero su ejemplo está muy lejos de haber sido seguido por cuantos le sucedieron, que han puesto en sus manos los más diversos instrumentos: clave (Rubens), arpa (Mignard), laúd (Gentileschi), violín (Cavallino), violoncelo (Dominichino).
     Por otra parte, Cecilia suele olvidar la ejecución de su instrumento para oír la música celestial, con los ojos elevados al cielo, como arrebatada en éxtasis.
     Con frecuencia es un ángel músico quien, sentado a sus pies, ejecuta en su lugar sobre el teclado del órgano, o tañe las cuerdas de un laúd. El angelito algunas veces sirve de pupitre y presenta a la santa un cuaderno de música.
     A falta de instrumento musical, santa Cecilia se caracteriza por la herida que lleva en el cuello, y por una corona de rosas y lirios.
     Su iconografía es mayoritaria y casi exclusivamente italiana (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "El niño del violín", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

martes, 22 de noviembre de 2022

El Monumento al Tamborilero, de Paco Parra, en Villamanrique de la Condesa (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Monumento al Tamborilero, de Paco Parra, en Villamanrique de la Condesa (Sevilla).
     Hoy, 22 de noviembre, Memoria de Santa Cecilia, virgen y mártir, que, según la tradición, consiguió la doble palma por amor a Jesucristo en el cementerio de Calixto, en la vía Apia de Roma. El título de una iglesia en el Transtíber romano lleva desde antiguo su nombre (s. inc.) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte el Monumento al Tamborilero, en Villamanrique de la Condesa, puesto que Santa Cecilia, es la patrona de la música.
     El Monumento al Tamborilero, se encuentra en la plaza del Tamborilero, s/n; en Villamanrique de la Condesa (Sevilla).  
     Monumento al Tamborilero, consta de una figura a tamaño natural y otra de niño fundidas en bronce, obra de Paco Parra.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Cecilia, virgen y mártir;
LEYENDA
     Joven patricia procedente de la familia romana Caecilia, cuyo nombre derivaría de caecus, ciego. Con santa Inés, santa Cecilia es la más popular de las mártires romanas.
     En verdad, su Passio, que se remonta a finales del siglo V, es sólo una novela edificante, y su patronazgo sobre la música, que apareció a finales del siglo XV, se funda en un despropósito.
     La mayoría de los rasgos de sus leyenda se copiaron de la Historia de la persecución vándala, de Bernardo de Vite, escrita hacia 486.
     Forzada por sus padres a casarse con Valeriano, en la habitación nupcial ella convirtió a su marido al ideal de la castidad cristiana: el joven se hizo bautizar por el papa san Urbano junto a su hermano Tiburcio, y ambos fueron condenados a muerte.
     Como se negó a ofrecer sacrificios a los dioses, fue condenada a morir aho­gada por el vapor en un caldario (caldarium: sala para tomar baños de vapor) sobrecalentado, pero un rocío celestial la refrescó.
     Entonces un lictor recibió la orden de cortarle la cabeza. Emocionado o torpe, éste le asestó tres mandobles en la nuca sin conseguir que la cabeza se separara del tronco. Como la ley romana prohibía al verdugo seguir golpeando al condenado después de dar tres golpes sin haber terminado con su vida, la santa sobrevivió tres días con el cuello cortado a medias, extendida en la sala de las Termas. Expiró en presencia del papa Urbano y fue sepultada en el cementerio de Calixto.
CULTO
1. Lugares de culto
     El principal centro del culto de santa Cecilia era Roma, naturalmente. Desde el cementerio de San Calixto sus reliquias fueron transferidas en el siglo IX (821) a la basílica de Santa Cecilia del Trastevere, que se edificó sobre el palacio donde ella vivía.
     Su culto se difundió en el norte de Italia: en Bolonia, donde la capilla puesta bajo su advocación en la iglesia de San Giovanni in Monte estaba decorada con el célebre cuadro de altar de Rafael; en Parma, en Verona y en Padua. En Francia, el santuario más célebre de la santa es la catedral de Albi, puesta bajo su advocación, que conservaba en su tesoro un brazo relicario (scrinium S. Caeciliae) donado por el papa Pablo II. Debe admitirse que la dedicatoria no está en armonía con la arquitectura militar de esta iglesia fortaleza, que resultaría más apropiada para san Jorge.
     París, Beauvais y Tours se disputaban la posesión de la cabeza de santa Cecilia. Y puesto que ya había otras dos en Roma, la santa habría tenido al menos cinco cabezas. En la catedral de Cambrai se mostraba su anillo nupcial.
     En el siglo XVI, Carlos de Lorena, obispo de Metz, que era cardenal con el título de Santa Cecilia, difundió su culto en Lorena.
     En Montserrat y Urgell, Cataluña, había conventos puestos bajo la advocación de Santa Cecilia.
     Por último, Alemania también participó en el culto de la mártir romana. Colonia le dedicó una de sus iglesias. La catedral de Hildesheim estaba puesta bajo la advocación de santa Cecilia y sus dos compañeros, Valeriana y Tiburcio. Esta devoción se extendió hasta Mecklemburgo, a orillas del Báltico, y está probada en Güstrow por un relicario de plata y un retablo.
2. Patronazgo de los músicos
     Santa Cecilia está muy lejos de ser tan rica como santa Bárbara en patronazgos corporativos; pero la protección a la música que se le atribuye, en especial a la música religiosa (Música sacra), basta para asegurarle una gran popularidad.
     Además de los músicos, cantores y organistas, es patrona de los fabricantes de órganos e instrumentos de cuerda.
     Aunque lo cierto es que se trata de un patronazgo tardío, puesto que no apareció hasta finales del siglo XV, en las postrimerías del arte de la Edad Media. Y además, tal como lo demostrara en 1732 el abad Lebeuf, y como lo probaron, después de él, el presbítero Delelaye y Dom Quentin, dicho patronazgo reposa en uno o varios despropósitos.
     En la Passio legendaria de santa Cecilia se leía, efectivamente, la siguiente frase: «Cantantibus organis, Caecilia in corde suo soli Domino decantabat, dicens: Fiat cor et corpus meum immaculatum!». Es decir,  mientras se conducía a Cecilia a la casa de su novio el día de su boda, «al son de los instrumentos musicales, ella invocaba en su corazón sólo a Dios, para pedirle la gracia de conservar inmaculados su corazón y su cuerpo».
     Así, si se interpreta correctamente ese fragmento, Cecilia no es músico, no toca el órgano ni otro instrumento cualquiera, sino que cierra los oídos a la marcha nupcial ejecutada en su honor, para concentrar el pensamiento sólo en Dios, e implorar la salvaguarda de su virginidad. Ella habría sido antes melófoba que melómana.
     ¿Cómo es posible que en tales circunstancias se la haya tomado por una amiga de la música? Sin duda porque en la antífona extraída de su Passio, al suprimir las palabras cantatibus organis, y eliminar in corde suo se desnaturalizó el sentido de la frase. Y se acabó por comprender que Cecilia cantaba al son de su instrumento, e incluso que se acompañaba con el órgano. En verdad organa no significa órgano y decantabat debe leerse en sentido figurado. Por lo tanto, la fábula de santa Cecilia músico, y su patronazgo usurpado de la música religiosa tendrían un origen litúrgico. 
   Nunca se la representa entre las santas curadoras, como santa Águeda o santa Apolonia. Sorprende, teniendo en cuenta la desmedida afición de los clérigos a los juegos etimológicos, que no se le haya atribuido, como a santa Clara y santa Lucía, el patronazgo de los ciegos (caeci) y la curación de la ceguera.
3. La renovación del culto de santa Cecilia
     En el último año del siglo XVI se produjo un acontecimiento que dio un nuevo impulso al culto de la santa y que renovó su iconografía.
     Al abrir el féretro donde el papa Pascual I había guardado en 821 las reliquias de santa Cecilia para transportarlas desde el cementerio de Calixto a la basílica del Trastévere, se recuperó intacto el cuerpo de la santa, acosta­da sobre el lado derecho, con la cabeza cortada a medias.
     El papa Clemente VIII quiso que una estatua perpetuase el recuerdo de la macabra visión, y encargó al escultor Stefano Maderno que reprodujese fielmente el espectáculo al que asistiera.
ICONOGRAFÍA
     En su origen, santa Cecilia, como la mayoría de las mártires, no lleva ningún atributo identificatorio. En la catacumba de san Calixto, en Roma, está representada en Orante. Sobre los frisos en mosaico de Rávena, nada la diferencia de las otras santas que avanzan en procesión sosteniendo todas una corona.
     Fue a finales del siglo XV cuando la convirtieron por error en patrona de los músicos, que recibió como atributo un instrumento musical.
     Dicho instrumento es un órgano portátil (Handorgel) o fijo, a causa del texto de la Passio y de la antífona litúrgica: Cantatibus organis que ha sido comprendida de manera disparatada, puesto que organa en latín, significa instrumentos musicales de toda clase.
     Es un órgano lo que le atribuye Rafael en su célebre cuadro de Bolonia pintado en 1516. Pero su ejemplo está muy lejos de haber sido seguido por cuantos le sucedieron, que han puesto en sus manos los más diversos instrumentos: clave (Rubens), arpa (Mignard), laúd (Gentileschi), violín (Cavallino), violoncelo (Dominichino).
     Por otra parte, Cecilia suele olvidar la ejecución de su instrumento para oír la música celestial, con los ojos elevados al cielo, como arrebatada en éxtasis.
     Con frecuencia es un ángel músico quien, sentado a sus pies, ejecuta en su lugar sobre el teclado del órgano, o tañe las cuerdas de un laúd. El angelito algunas veces sirve de pupitre y presenta a la santa un cuaderno de música.
     A falta de instrumento musical, santa Cecilia se caracteriza por la herida que lleva en el cuello, y por una corona de rosas y lirios.
     Su iconografía es mayoritaria y casi exclusivamente italiana (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Monumento al Tamborilero, de Paco Parra, en Villamanrique de la Condesa (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Villamanrique de la Condesa (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

El Piano, atribuido a Francisco Pérez Mirabal, en la sala XI del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Piano, atribuido a Francisco Pérez Mirabal, en la sala XI del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   Hoy, 22 de noviembre, Memoria de Santa Cecilia, virgen y mártir, que, según la tradición, consiguió la doble palma por amor a Jesucristo en el cementerio de Calixto, en la vía Apia de Roma. El título de una iglesia en el Transtíber romano lleva desde antiguo su nombre (s. inc.) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Piano, atribuido a Francisco Pérez Mirabal, en la sala XI del Museo de Bellas Artes, de Sevilla, puesto que Santa Cecilia es la patrona de la música.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
   En la sala XI del Museo de Bellas Artes podemos contemplar el Piano, atribuido a Francisco Pérez Mirabal (1698), siendo un instrumento musical realizado en madera de nogal, mediante el tallado, la marquetería y la taracea, de estilo barroco, realizado hacia 1750, con unas medidas de 0'76 x 1'02 x 2,43 m., y procedente de la donación de la Asociación de Amigos del Museo, en 1992.
     El mueble es de madera de nogal y luce una rica decoración chinesca (chinoiserie). Tiene una extensión de cinco octavas SOL1- SOL5 (GG-g´´´).
     Mecanismo casi idéntico al de Cristofori en lo que al sistema de escape se refiere, si bien tienen tres cuerdas por nota en lugar de las dos habituales del italiano.
     El aspecto exterior recuerda más a los claves de la Alemania del norte que a los instrumentos florentinos (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     Un piano español de hacia 1670, que ofrece el gran interés de ser uno de los primeros realizados en España. Hay otro muy similar en una colección particular de Madrid, pero es algo más antiguo, de hacia 1640-1650. La maquinaria del piano del Museo de Sevilla es más moderna y supone un avance respecto de la de Madrid al incluir varias innovaciones. Su fabricante debió conocer los modelos importados en España del pianero italiano Bartolomeo Cristofori, el principal inventor del mecanismo, que define y diferencia al piano de sus antecesores, el clave y el clavicordio. El mueble es de madera de nogal y luce una rica decoración chinesca (Valme Muñoz Rubio, Muebles, en El Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991)
Conozcamos mejor la Biografía de Francisco Pérez Mirabal, autor al que se le atribuye la obra reseñada;
     Francisco Pérez de Mirabal nació en Antequera (Málaga) c. 1698, ya que afirma tener más de setenta y cinco años a finales de 1773. Era hijo de Juan Alonso Pérez de Mirabal y de su segunda mujer, Ángela Flor de Torres, vecinos de la collación de San Juan. Se casó en Antequera c. 1725 con Catalina Mejía y Burgos pero, según el testamento de su padre, vivía soltero en Sevilla en 1727, a la que debía haber llegado hacía poco para establecerse. Muy poco sabemos de su estancia en esta ciudad, lugar donde abrió su taller para la construcción de claves y pianos. Entre sus aprendices estuvieron su hijo Juan Manuel Pérez Mirabal y Juan del Mármol.  
   El primer instrumento documentado de Pérez de Mirabal está fechado en 1745. Se trata de un piano de cola, en paradero desconocido, del que solo tenemos una fotografía del año 1922 y que tenía la inscripción: “Me fecit Francisco Pérez Mirabal en Sevilla, 1745”. Es el primer piano conocido fabricado en España. Probablemente tuvo noticia de este novedoso instrumento a través de los pianos florentinos de la reina Bárbara de Braganza durante la estancia en la corte en Sevilla entre 1729 y 1733. Otro piano gemelo, incluso en la decoración, es el de la colección Bartolomé March, con 56 teclas y un mecanismo muy parecido al sistema con escape de Bartolomeo Cristofori pero con tres cuerdas por nota en lugar de dos. Un tercer instrumento, también con decoración dorada chinesca y atribuido a Pérez del Mirabal, se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. El cuarto instrumento del que tenemos noticia, en este caso un clave documentado como el primero a través de una antigua fotografía, perteneció al conde de Morphy y, ya en el siglo XX, formó parte de la colección del Real Conservatorio de Madrid, lugar en el que se le pierde la pista. Tenía la inscripción: “Francescus Pérez Mirabal me fecit in Civitate Hispalensi in Anno Domini 1754”. En 1773, se le encarga un clave desde la colegiata de Antequera, el cual, dada la avanzada edad de Francisco Pérez de Mirabal, es probable que ejecutara su hijo.
     Lo encontramos entre los organeros censados en el catastro de Ensenada, aunque no se tiene noticia de que construyera ningún órgano. Su último domicilio estaba en la collación de Santa Cruz, donde debía morar desde hacía tiempo ya que conocía bien a los integrantes de la familia Nebra, residentes en la misma collación. Fue testigo en el escrutinio de vita et moribus del organista y compositor Manuel Blasco de Nebra para ordenarse de corona y dos grados, realizado el 29 de noviembre de 1773. Estas circunstancias nos permiten suponer los fructíferos contactos que pudieron existir entre los organistas y compositores de la familia Nebra y los constructores de instrumentos de teclado Pérez de Mirabal y Juan del Mármol (Juan Ruiz Jiménez, en HistoricalSoundScapes).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Cecilia, virgen y mártir;
LEYENDA
     Joven patricia procedente de la familia romana Caecilia, cuyo nombre de­rivaría de caecus, ciego. Con santa Inés, santa Cecilia es la más popular de las mártires romanas En verdad, su Passio, que se remonta a finales del siglo V, es sólo una novela edificante, y su patronazgo sobre la música, que apareció a finales del siglo XV, se funda en un despropósito.
     La mayoría de los rasgos de sus leyenda se copiaron de la Historia de la persecución vándala, de Bernardo de Vite, escrita hacia 486.
     Forzada por sus padres a casarse con Valeriano, en la habitación nupcial ella convirtió a su marido al ideal de la castidad cristiana: el joven se hizo bautizar por el papa san Urbano junto a su hermano Tiburcio, y ambos fue­ron condenados a muerte.
     Como se negó a ofrecer sacrificios a los dioses, fue condenada a morir ahogada por el vapor en un caldario (caldarium: sala para tomar baños de vapor) sobrecalentado, pero un rocío celestial la refrescó.
     Entonces un lictor recibió la orden de cortarle la cabeza. Emocionado o torpe, éste le asestó tres mandobles en la nuca sin conseguir que la cabeza se separara del tronco. Como la ley romana prohibía al verdugo seguir golpe­ ando al condenado después de dar tres golpes sin haber terminado con su vida, la santa sobrevivió tres días con el cuello cortado a medias, extendida en la sala de las Termas. Expiró en presencia del papa Urbano y fue sepultada en el cementerio de Calixto.
CULTO
1. Lugares de culto
     El principal centro del culto de santa Cecilia era Roma, naturalmente. Desde el cementerio de San Calixto sus reliquias fueron transferidas en el siglo IX (821) a la basílica de Santa Cecilia del Trastevere, que se edificó sobre el palacio donde ella vivía.
     Su culto se difundió en el norte de Italia: en Bolonia, donde la capilla puesta bajo su advocación en la iglesia de San Giovanni in Monte estaba decorada con el célebre cuadro de altar de Rafael; en Parma, en Verona y en Padua. En Francia, el santuario más célebre de la santa es la catedral de Albi, pues­ta bajo su advocación, que conservaba en su tesoro un brazo relicario (scrinium S. Caeciliae) donado por el papa Pablo II. Debe admitirse que la dedicatoria no está en armonía con la arquitectura militar de esta iglesia fortaleza, que resultaría más apropiada para san Jorge.
     París, Beauvais y Tours se disputaban la posesión de la cabeza de Santa Cecilia, y puesto que ya había otras dos en Roma, la santa habría tenido al menos cinco cabezas. En la catedral de Cambrai se mostraba su anillo nupcial.
     En el siglo XVI, Carlos de Lorena, obispo de Metz, que era cardenal con el título de Santa Cecilia,  difundió su culto en Lorena.
     En Montserrat y Urgell, Cataluña, había conventos puestos bajo la advocación de Santa Cecilia.
     Por último, Alemania también participó en el culto de la mártir romana. Colonia le dedicó una de sus iglesias. La catedral de Hildesheim estaba puesta bajo la advocación de santa Cecilia y sus dos compañeros, Valeriano y Tiburcio. Esta devoción se extendió hasta Mecklemburgo, a orillas del Báltico, y está probada en Güstrow por un relicario de plata y un retablo.
2. Patronazgo de los músicos
     Santa Cecilia está muy lejos de ser tan rica como santa Bárbara en patronazgos corporativos; pero la protección a la música que se le atribuye, en especial a la música religiosa (Musica sacra), basta para asegurarle una gran popu­laridad.
     Además de los músicos, cantores y organistas, es patrona de los fabricantes de órganos e instrumentos de cuerda.
     Aunque lo cierto es que se trata de un patronazgo tardío, puesto que no apareció hasta finales del siglo XV, en las postrimerías del arte de la Edad Media. Y además, tal como lo demostrara en 1732 el abad Lebeuf, y como lo pro­baron, después de él, el presbítero Delelaye y Dom Quentin, dicho patronazgo reposa en uno o varios despropósitos.
     En la Passio legendaria de Santa Cecilia se leía, efectivamente, la siguiente frase: «Cantantibus organis, Caecilia in corde suo soli Domino decantabat, dicens: Fiat cor et corpus meum immaculatum! ». Es decir, mientras se con­ducía a Cecilia a la casa de su novio el día de su boda, «al son de los instrumentos musicales, ella invocaba en su corazón sólo a Dios, para pedirle la gracia de conservar inmaculados su corazón y su cuerpo».
     Así, si se interpreta correctamente ese fragmento, Cecilia no es músico, no toca el órgano ni otro instrumento cualquiera, sino que cierra los oídos a la marcha nupcial ejecutada en su honor, para concentrar el pensamiento sólo en Dios, e implorar la salvaguarda de su virginidad. Ella habría sido antes melófoba que melómana.
     ¿Cómo es posible que en tales circunstancias se la haya tomado por una amiga de la música? Sin duda porque en la antífona extraída de su Passio, al su­primir las palabras cantatibus organis, y eliminar in corde suo se desnaturali­zó el sentido de la frase. Y se acabó por comprender que Cecilia cantaba al son de su instrumento, e incluso que se acompañaba con el órgano. En verdad organa no significa órgano y decantabat debe leerse en sentido figurado. Por lo tanto, la fábula de Santa Cecilia músico, y su patronazgo usurpado de la música religiosa tendrían un origen litúrgico.
     Nunca se la representa entre las santas curadoras, como Santa Águeda o Santa Apolonia. Sorprende, teniendo en cuenta la desmedida afición de los clérigos a los juegos etimológicos, que no se le haya atribuido, como a Santa Clara y Santa Lucía, el patronazgo de los ciegos (caeci) y la curación de la ceguera.
3. La renovación del culto de Santa Cecilia
     En el último año del siglo XVI se produjo un acontecimiento que dio un nuevo impulso al culto de la santa y que renovó su iconografía.
     Al abrir el féretro donde el papa Pascual I había guardado en 821 las reliquias de Santa Cecilia para transportarlas desde el cementerio de Calixto a la basílica del Trastévere, se recuperó intacto el cuerpo de la santa, acostada sobre el lado derecho, con la cabeza cortada a medias.
     El papa Clemente VIII quiso que una estatua perpetuase el recuerdo de la macabra visión, y encargó al escultor Stefano Maderno  que reprodujese fielmente el espectáculo al que asistiera.
ICONOGRAFÍA
     En su origen, Santa Cecilia, como la mayoría de las mártires, no lleva ningún atributo identificatorio. En la catacumba de San Calixto, en Roma, está representada en Orante. Sobre los frisos en mosaico de Rávena, nada la di­ferencia de las otras santas que avanzan en procesión sosteniendo todas una corona.
     Fue a finales del siglo XV cuando la convirtieron por error en patrona de los músicos, que recibió como atributo un instrumento musical.
     Dicho instrumento es un órgano portátil (Handorgel) o fijo, a causa del texto de la Passio y de la antífona litúrgica: Cantatibus organis que ha sido com­prendida de manera disparatada, puesto que organa en latín, significa instrumentos musicales de toda clase.
     Es un órgano lo que le atribuye Rafael en su célebre cuadro de Bolonia pintado en 1516. Pero su ejemplo está muy lejos de haber sido seguido por cuantos le sucedieron, que han puesto en sus manos los más diversos instrumentos: clave (Rubens), arpa (Mignard), laúd (Gentileschi), violín (Cavallino), violoncelo (Dominichino).
     Por otra parte, Cecilia suele olvidar la ejecución de su instrumento para oír la música celestial, con los ojos elevados al cielo, como arrebatada en éxtasis.
     Con frecuencia es un ángel músico quien, sentado a sus pies, ejecuta en su lugar sobre el teclado del órgano, o tañe las cuerdas de un laúd. El angeli­to algunas veces sirve de pupitre y presenta a la santa un cuaderno de mú­sica.
     A falta de instrumento musical, Santa Cecilia se caracteriza por la herida que lleva en el cuello, y por una corona de rosas y lirios.
     Su iconografía es mayoritaria y casi exclusivamente italiana (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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