Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

Mostrando entradas con la etiqueta Este. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Este. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de marzo de 2026

El sitio arqueológico Barranqueras Este, en Cantillana (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Barranqueras Este, en Cantillana (Sevilla)
     Asentamiento rural romano. Se localizan en superficie fragmentos de tegulae y ladrillos romanos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Barranqueras Este, en Cantillana (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Cantillana (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

domingo, 15 de febrero de 2026

La imagen "Nuestro Padre Jesús del Divino Perdón", de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Ana María Javouhey

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús del Divino Perdón, de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Ana María Javouhey, de Sevilla.     
     Hoy, 15 de febrero es el aniversario de la bendición (15 de febrero de 2002) de la imagen de Nuestro Padre Jesús del Divino Perdón, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús del Divino Perdón, de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Ana María Javouhey, de Sevilla.
     La Iglesia de la Beata Ana María Javouhey y San José de Cluny, que se encuentra en la calle Escritor Alfonso Grosso, 3; en el Barrio de Parque Alcosa-Jardines del Edén, del Distrito Este.
     La imagen definitiva de Nuestro Padre Jesús del Divino Perdón es obra del imaginero José Antonio Navarro Arteaga, bendecida el 15 de febrero de 2002 por Fray Carlos Amigo Vallejo. Vino a sustituir a una imagen anterior de Francisco Manuel Trigueros (1995).
     La talla actual cumple la visión original que Navarro Arteaga ya esbozó para la hermandad en 1993: un Nazareno que, en su caminar, se dirige con su mano "a los que sufren y padecen", un mensaje de consuelo que se materializa en el nuevo paso de misterio estrenado en 2025 (Hermandad del Divino Perdón).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la imagen que representa a Cristo camino del Calvario; 
   De la misma manera que solía ordenarse a los condenados a muerte cavar su propia tumba antes de la ejecución, en la crucifixión debían llevar ellos mismos su cruz hasta el lugar del suplicio.
El tema según la Biblia
   Los Evangelios ofrecen dos versiones diferentes de El Camino del Calvario.
   Según los sinópticos  (Mateo, 27: 31; Marcos, 15: 21; Lucas, 23: 26),  un tal Simón de Cirene (África), fue requerido por los soldados romanos para ayudar a Jesús, agotado por la Flagelación, a llevar la cruz hasta la cima del Gólgota.
   De acuerdo con Juan (19: 16), que desconoce a Simón de Cirene, fue Cristo solo quien llevó la cruz hasta el final.
   Los exégetas, comenzando por Orígenes, han intentado conciliar la versión de Juan con los sinópticos. Jesús habría comenzado por llevar su cruz de la misma manera que Isaac había llevado la madera de su sacrificio. Luego, al verlo en el límite de sus fuerzas, los soldados habrían requerido la ayuda de alguien que pasaba. Jesús y Simón se habrían relevado.
   Los racionalistas cuestionan la realidad del episodio de Simón. Extraen un primer argumento del silencio de Juan. Agregan que en el derecho romano, los condenados al suplicio de la cruz debían llevar el patibulum ellos mismos, que el requerimiento a Simón de Cirene habría sido ilegal, y que no se conocen ejemplos de soldados que obligaran a un testigo ocasional a llevar la cruz de un condenado. 
   La escena habría sido imaginada para ilustrar la palabra de Jesús: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.» (Mateo, 16: 24; Marcos, 8: 34).
   Muchos de esos argumentos no se sostienen, puesto que es posible que después de la Flagelación Jesús haya estado físicamente imposibilitado de llevar el patibulum hasta el final, y una requisitoria ilegal no podía detener a Pilato.
   Los artistas optaron ya por la versión de los sinópticos, ya por la de Juan. El arte bizantino adoptó la primera: Simón lleva solo la cruz, adelante de Cristo que le sigue con la cuerda al cuello. El arte de Occidente, que tiene un sentido dramático más desarrollado, representa a Cristo sufriendo en solitario bajo el peso de la cruz o ayudado por Simón el cireneo.
Las prefiguraciones
   Los teólogos, naturalmente, han buscado -y encontrado- en el Antiguo Testamento las prefiguraciones que enmarcan a Cristo con la cruz a cuestas en las miniaturas y en las vidrieras. Son éstas:
   1. Isaac llevando sobre los hombros la madera del sacrificio.
   2. Aarón marcando con la tau cruciforme el dintel de las casas de los israel.
   3. El patriarca Jacob bendiciendo con las manos entrecruzadas a sus nietos Efraím y Manasés.
   4. La viuda de Sarepta que lleva al profeta Elías dos leños dispuestos en forma de cruz.
La iconografía primitiva
   En las realizaciones más antiguas, la iconografía de Cristo con la cruz a cuestas es muy simple.
   Cristo avanza, vestido con una túnica roja, la frente ceñida por la corona de espinas, a veces precedido por los dos ladrones. No padece por la carga de la cruz porque ella es pequeña, más emblemática que real. A finales de la Edad Media la cruz se vuelve desmesuradamente pesada, su carga es cada vez más aplastante, para apiadar a los fieles con los sufrimientos del Redentor.
El enriquecimiento del tema por los Evangelios apócrifos y el teatro religioso: la Virgen y santa Verónica
   Los artistas no se contentaron con la Biblia y los comentarios teológicos. Los Evangelios apócrifos y la puesta en escena del teatro de los Misterios les sugirieron numerosos agregados al tema inicial. Los más populares son el Desmayo de la Virgen y el Encuentro de santa Verónica.
El desmayo de la Virgen
   El Evangelio de Lucas indica que "Le seguía una gran muchedumbre del pueblo y de mujeres, que se herían y lamentaban por Él». Pero los Evangelios apócrifos están mejor informados: saben que la Virgen conducida y sostenida por el apóstol Juan, se detuvo ante el paso del cortejo y que al ver a su Hijo doblegado bajo la carga de la cruz, se desmayó.
   Esta escena accesoria, que tiene el inconveniente de crear un segundo centro de interés en detrimento de la escena principal, poco a poco fue adquiriendo tal importancia en la composición, que Cristo con la cruz a cuestas a veces se denomina Spassimo della Vergine o Pâmoison de la Vierge. Tal es el caso de un célebre cuadro de Rafael o de su escuela, procedente de un convento de olivetanos de Sicilia, que se llama Lo Spasimo di Sicilia. Un altorrelieve de Laurana en la iglesia de Saint Didier de Aviñón, se llamaba Notre-Dame du Spasme.
La Verónica 
   Por la influencia del teatro de los Misterios, hacia finales del siglo XV apareció una santa imaginaria, Verónica, que conmovida de piedad seca con un velo el sudor que corría por el rostro de Cristo: en recompensa por ese gesto piadoso, ella recogió en el sudario la impresión de la Santa Faz. De esta verdadera  imagen (vera icona)  procede el nombre Verónica.
   También a la puesta en escena de los Misterios deben atribuirse sin duda los detalles realistas que invadieron el arte de finales de la Edad Media. Cristo tiene un ronzal en el cuello, como una bestia conducida al matadero; niños despiadados le lanzan una lluvia de piedras. A veces va precedido por un heraldo que hace sonar una trompeta.
   En resumen, en Cristo con la cruz a cuestas pueden distinguirse tres episodios:
   l. Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la  cruz (Gesù aiutato da Simone il Cirineo).
   2. El Desmayo de la Virgen. (Il Spasimo della Virgine.)
   3. Verónica seca el sudor de su rostro (Gesù asciugato dalla Veronica).
El Camino del Calvario
   La transformación  más importante que se opera a finales de la Edad Media en la iconografía de Cristo con la cruz a cuestas se debe a la aparición de una nueva devoción instituida y difundida por los franciscanos que habían recibido la guarda o «custodia» de los Santos Lugares, es lo que se denomina el Camino del Calvario.
   Es fácil reconstruir la génesis de esta devoción. Por el hecho de que Simón de Cirene había sido requerido para ayudar a Jesús a llevar su cruz, se concluyó que Cristo debió caer bajo la carga que superaba sus fuerzas no una sino muchas veces, que había sido obligado a detenerse para recuperar el aliento. La dolorosa Ascensión del Calvario habría sido medida por Estaciones, que los místicos, como el Pseudo Buenaventura y santa Brígida, se esforzaron en reconstruir por medio de la imaginación, como si hubiesen sido testigos.
   Esos altos o estaciones fueron puestos en escena por los autos sacramentales del teatro de los Misterios. Los artistas fijaron finalmente esos «cuadros vivos» en innumerables Caminos del Calvario que jalonaron las naves de todas las iglesias, o en Calvarios (Sacro Monte, Kalvarienberg), dispuestos sobre la pendiente de una colina, que los peregrinos ascendían a veces de rodillas, como era el caso en la Scala Santa de Letrán, entonando sus oraciones en cada «Caída de Cristo».
   ¿Cuántas eran esas Estaciones? El Camino del Calvario comportaba, en su origen, siete Estaciones: siete es un número sagrado. Tal es el número de los bajorrelieves de Adam Kraft en el Camino del Calvario del cementerio de San Juan, en Nuremberg. De acuerdo con su temperamento, los artistas han representado esas Caídas de Cristo durante el ascenso al Calvario con un realismo más o menos brutal, más o menos patético.
   Ya Jesús cae de rodillas (Andrea Sacchi), ya se derrumba de cara en toda su estatura, con las manos hacia adelante.
   (Dominichino): ese es el momento que eligió Verónica para secarle el sudor que le corría por la frente.
   En el siglo XVII, por la iniciativa de los franciscanos, y especialmente la del predicador italiano Leonardo de Porto Maurizio, el número de las Estaciones se duplicó, para llegar a catorce. Aunque esa cifra sea completamente arbitraria, se la mantuvo.
   La devoción del Camino del Calvario, que es una de las creaciones más populares de la orden de los franciscanos, nació del deseo de multiplicar el beneficio espiritual y material de una peregrinación a la colina del Gólgota, enclavada en la igle­sia del Santo Sepulcro.
Representaciones de Cristo con la cruz a cuestas, caído
   Después del Renacimiento, los pintores de la Contrarreforma y de la época romántica renovaron este tema conmovedor. En su Cristo ascendiendo al Calvario (Museo de Metz), Delacroix se inspiró, evidentemente, en el Cristo con la cruz a cuestas de Rubens, que había visto en el Museo de Bruselas. Pero le dio un carácter del todo diferente. La ascensión triunfal imaginada por el maestro flamenco se convierte en un avance lento y doloroso del condenado, a punto de desfallecer a cada paso, que se arrastra penosamente hasta el lugar del suplicio.
   En el arte popular polaco cuyas tradiciones perduran en nuestros días, el motivo patético de Cristo caído, sucumbiendo bajo el peso de la cruz, resume con frecuencia la tragedia del Camino del Calvario.
Versiones alegóricas y colectivas de Cristo con la cruz a cuestas
   Cristo con la cruz a cuestas no siempre ha sido concebido y representado como una escena histórica. Hacia finales de la Edad Media se multiplicaron las versiones alegóricas.
   No es sólo la Virgen quien, siguiendo el ejemplo de Simón de Cirene, levanta uno de los brazos de la cruz para aliviar la carga de su Hijo. Es la Iglesia, a la cual simboliza, y hasta la cristiandad entera, quien acude en su auxilio. Papa, cardenales, sacerdotes, laicos, quieren su parte en la carga, con la esperanza de asegurarse la vida eterna a causa de esta asistencia simbólica.
   Hay frescos de los siglos XV y XVI que ilustran este Cristo con la cruz a cuestas co­lectivo. En un manuscrito franciscano de la Biblioteca de Perusa, Jesús va seguido por una procesión de hermanos menores, stauróforos, que llevan una selva de cruces sobre los hombros.
   Según parece, en Francia, al menos en la capilla del castillo de Montriu, en Saint Aubin des Ponts de Cé, en Lion de Angers, y en Notre Dame de Chavigny en Poitou, este tema fue tomado de una endecha del rey Renato, donde éste asocia la humanidad entera con la Pasión de Jesucristo, desarrollando estas palabras del Redentor: «Qui vult venire post me, tollat crucero suam et sequatur me.» Mendigos, ladrones, enfermos, presos, peregrinos, campesinos, viudas, huérfanos, mal casados..., en suma, todos los desheredados de la tierra, acuden a su hora para ayudar a Cristo a llevar su cruz, más pesada que las suyas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús del Divino Perdón, de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Ana María Javouhey y San José de Cluny, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Hermandad del Divino Perdón, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la Iglesia de la Beata Ana María Javouhey y San José de Cluny, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 28 de junio de 2025

La imagen del Inmaculado Corazón de la Virgen María, de la Hermandad y parroquia homónimas

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad del Inmaculado Corazón de María, de la Hermandad y parroquia homónimas, en el barrio de Torreblanca, de Sevilla.  
     Hoy, 28 de junio (sábado posterior a la Solemnidad del Corpus Christi), Memoria del Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María, devoción referida a la vida interior de la Bienaventurada Virgen María, sus gozos y tristezas, sus virtudes y su perfección y, sobre todo, su amor de mujer Inmaculada por Dios Padre, su amor maternal por Jesús y por los hombres.
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte la imagen del Inmaculado Corazón de la Virgen María, de la Hermandad y parroquia homónimas, en el barrio de Torreblanca, de Sevilla.
     La Hermandad del Inmaculado Corazón de María, tiene su sede canónica en la Iglesia Parroquial del Inmaculado Corazón de María, que se encuentra en la plaza del Corazón de María, s/n; mientras que su Casa-Hermandad se encuentra en la calle Torrevieja, 4; ambas en el Barrio de Torreblanca, del Distrito Este.
     La Hermandad del Inmaculado Corazón de María; es ésta una corporación fundada en 1958, con sede canónica en la iglesia parroquial del Inmaculado Corazón de María, siendo su imagen titular el Inmaculado Corazón de María, obra anónima contemporánea probablemente de los talleres de Olot, o bien de Antonio Castillo Lastrucci.
     Hay otras imágenes, así en su parroquia de Torreblanca, cuya cita conviene constar a efectos piadosos y devocionales. La hermandad de Torreblanca tiene además un simpecado, con el cual peregrina en romería hacia "el eucaliptal", en el Polígono Aeropuerto (Juan Martínez Alcalde, Sevilla Mariana, repertorio iconográfico. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1997).
Conozcamos mejor la Historia, Devoción y Culto de la Festividad del Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María;
     La devoción al Purísimo Corazón de María nos remite de manera directa al Sagrado Corazón de Jesús, pues en María todo nos dirige a su Hijo. Los Corazones de Jesús y María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad por el misterio de la maternidad divina. Su veneración, no obstante, se mantuvo mucho tiempo en el campo de la devoción privada, sin desembocar en un culto oficial. San Juan Eudes (+1680), al par que la devoción al Corazón de Jesús, difundió la del Corazón de María. Le compuso misa y oficio e hizo celebrar su primera fiesta pública el ocho de febrero de 1648 en la Catedral de Autun, con sanción del Ordinario de Lugar. Varios obispos de Francia aprobaron los textos litúrgicos, pero los jansenistas, obviamente, estaban en completo desacuerdo. En el segundo tercio del XVII cofradías consagradas a su culto obtuvieron aprobación pontificia, tanto de Alejandro VII Chigi en 1666 como de Clemente IX Rospigliosi entre 1667 y 1669, con el título de Purísimo o Santísimo Corazón de María. En el año 1668, la fiesta del día dos de junio y sus textos litúrgicos obtuvieron la aprobación del Cardenal Legado para Francia, aunque al año siguiente, 1669, se pidió a Roma la ratificación, pero la Congregación de Ritos dio una respuesta negativa a los textos, aunque no a la fiesta. En diferentes ocasiones se pidió a la Santa Sede la aprobación de la fiesta. Una de ellas fue hecha como petición formal por el padre jesuita Gallifet en el 1726, conjuntamente con la del Corazón de Jesús.  Esta causa fue tratada por Próspero Lambertini, futuro Benedicto XIV. La Congregación de Ritos llegó a responder por primera vez en 1727 con un non proposita, pues presentaba dificultades doctrinales. Luego de esta respuesta, Gallifet sin perder esperanzas volvió a enviar la petición, pero hubo una respuesta oficial tajante y negativa el treinta de julio de 1729. A pesar de ello el citado Benedicto XIV (papa entre el 1740 y el 1758) permitió que se celebrara la fiesta a la cofradía de la iglesia romana de San Salvatore in Onda.
     Fue ya a finales del XVIII cuando la fiesta empezó a obtener el plácet definitivo. Pío VI Braschi el veintidós de marzo de 1799 la concedió a Parma, y, definitivamente, en el pontificado de Pío VII Chiaramonti, la Sagrada Congregación de Ritos, por decreto del treinta y uno de agosto de 1805, aprobó concederla a todos los que la solicitaran, con los textos eucológicos de la festividad de las Nieves (cinco de agosto). A partir de aquí se elevaron numerosas peticiones de diócesis y familias religiosas. Siendo Papa el Beato Pío IX Mastai Ferretti, el veintiuno de julio de 1855, la Congregación de Ritos aprobó para la celebración del Corazón Purísimo de María nuevos textos para la misa y el oficio, utilizando algunas partes de los de San Juan Eudes.  En 1914, con ocasión de la reforma del Misal Romano, la fiesta del Corazón de María fue trasladada del cuerpo del misal a un apéndice del mismo, entre las fiestas pro aliquibus locis. Hubo muchas peticiones para que esta fiesta se extendiera a toda la Iglesia, en especial de los Claretianos, que la tienen por patrona. En el marco de la II Guerra Mundial, el treinta y uno de octubre de 1942, en radiomensaje, y luego, de manera solemne, el ocho de diciembre en la basílica vaticana, cumpliéndose el XXV aniversario de las apariciones de Fátima, el Venerable Pío XII consagró la Iglesia y el género humano al Inmaculado Corazón de María. El adjetivo Inmaculado se le empezó a aplicar tras la definición dogmática de la Inmaculada y pasó a la liturgia por influencia de las apariciones de Fátima. Su fiesta litúrgica fue extendida a la Iglesia Latina dos años después, el cuatro de mayo de 1944, por el decreto de la Sagrada Congregación de Ritos Cultus liturgicus, con la categoría de doble de segunda clase, con Oficio y misa propios, señalando su fiesta el veintidós de agosto, Octava de la Asunción. En la reforma del calendario de 1969 fue transferida del veintidós de agosto a su actual emplazamiento.   
     Colocada al día siguiente de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, la contigüidad de las dos celebraciones es ya, en sí misma, un signo litúrgico de su estrecha relación: el mysterium del Corazón del Salvador se proyecta y refleja en el Corazón de la Madre que es también compañera y discípula.  Así como la Solemnidad del Sagrado Corazón celebra los misterios salvíficos de Cristo de una manera sintética y refiriéndolos a su fuente -precisamente el Corazón-, la memoria del Corazón Inmaculado de María es celebración resumida de la asociación “cordial” de la Madre a la obra salvadora del Hijo: de la Encarnación a la Muerte y Resurrección, y al don del Espíritu. Recibió notorio impulso con las apariciones de Fátima (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen del Inmaculado Corazón de la Virgen María, de la Hermandad y parroquia homónimas, en el barrio de Torreblanca, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Hermandad del Inmaculado Corazón de la Virgen María (Torreblanca), en ExplicArte Sevilla.

sábado, 12 de abril de 2025

La imagen "María Santísima de la Purísima Concepción", de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "María Santísima de la Purísima Concepción", de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny, de Sevilla.  
     Hoy, sábado 12 de abril, es Sábado de Pasión, que es la víspera del Domingo de Ramos, día en el que se inicia la Semana Santa. Es el sábado de la quinta semana de la Cuaresma, conocida como Semana de Pasión, y no debe ser confundido con el Sábado Santo, que se celebra una semana después, la víspera del Domingo de Resurrección.
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la imagen "María Santísima de la Purísima Concepción", de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del Sábado de Pasión.
   La Hermandad del Divino Perdón, tiene su sede canónica en la Iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny, que se encuentra en la calle Escritor Alfonso Grosso, 3; mientras que su Casa de Hermandad se encuentra en la calle Nuestra Señora de los Desamparados, 5; ambas en el Barrio de Parque Alcosa-Jardines del Edén, del Distrito Este.
     La Franciscana Hermandad de Penitencia y Cofradía de Nazarenos de María Santísima de la Purísima Concepción, Santo Cáliz de Ntro. Padre Jesús del Divino Perdón y Beata Ana María de Javouhey; es  ésta  una corporación  fundada  a  comienzos  de  los  años '90  del pasado  siglo XX, con sede canónica en la iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny, en el sevillano barrio del Parque Alcosa, siendo sus  imágenes  titulares  Nuestro  Padre  Jesús  del Divino Perdón y María Santísima de la Purísima Concepción, obras ambas de José Antonio Navarro Arteaga  en  2002. 
     La imagen de María Santísima de la Purísima Concepción de la Hermandad del Divino Perdón es obra de José Antonio Navarro Arteaga. La Titular Mariana de dicha Hermandad fue tallada en el año 2002. Dolorosa bajo palio refleja el sufrimiento y el amor por su hijo.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María;
     En el orden de la Creación, la Concepción de la Virgen que existía en el pensamiento de Dios antes del comienzo del  mundo (inmente Dei abinitio conceptionis), es el punto de partida de su existencia. Pero si nos situamos en el punto de vista de la evolución iconográfica, es en último lugar que este tema debería estudiarse puesto que es casi extraño al arte de la Edad Media y aparece mucho tiempo des­pués que las Vírgenes de Majestad y de Piedad.
     Para comprender las representaciones de este tema,  frecuentemente interpretado a contrario sensu, es necesario definir brevemente el dogma de la Inmaculada Concepción y recordar la historia del progreso del culto hasta su consagración oficial por el papado.
El dogma
Definición. La Inmaculada Concepción es el privilegio en virtud del cual la Virgen María es la única que habría sido concebida sin pecado entre todos los descen­dientes de Adán y Eva.
     En principio desechemos el menosprecio, demasiado frecuente. La Inmaculada Concepción no es la concepción de Cristo en el vientre de la Virgen sino la concepción de la Virgen en el vientre de santa Ana o, más bien, en el pensamiento de Dios, que por una gracia única la eximió del pecado original. Para emplear las expresiones de los teólogos de la Edad Media, se trata de una Conceptio passiva y no de una Conceptio activa.
     La Inmaculada es la Virgen elegida antes de su nacimiento. Aquella que fue elegida antes de haber nacido, concebida antes que Eva, en la eternidad. «Ab aeterno ordinata sum. Nondum erant abyssi et ego jam concepta eram» (Prov. 8: 22). Por esa razón se la representa muy joven. Ella desciende del cielo a la tierra para redimir la fal­ta de Eva. De esa manera se opone a la Virgen de la Asunción, que animada de un movimiento inverso, después de su muerte asciende desde la tierra hacia el cielo. La Inmaculada Concepción es entonces enteramente diferente de la Maternidad virginal y de la Asunción con las cuales se la confunde constantemente.
La elaboración del dogma
A) Las objeciones
     La elaboración del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen ha sido lenta y laboriosa. No debería sorprender, puesto que esta creencia no tiene ningún fundamento en las Sagradas Escrituras, a menos que se fuerce el sentido de la salutación angélica: Ave Maria gratia plena, y que se asimile la Virgen, situada fuera del alcance de Satán, a la Mujer del Apocalipsis que escapa al dragón.
     Los argumentos bíblicos o patrísticos que se han invocado en su favor no tienen valor probatorio. Todo cuanto puede decirse de buena fe, es que las Escrituras no se oponen al privilegio de María, pero tampoco lo afirman.
     Los Inmaculistas se vieron forzados a apoyarse en la tradición de la Iglesia. Ahora bien, los Padres de la Iglesia, y especialmente san Agustín, nunca osaron atri­buir a María la exención del pecado original que reservaban sólo a Cristo, concebido por el Espíritu Santo y no por un hombre. Según ellos, la Virgen, como todas las criaturas humanas, fue concebida en el pecado y redimida por el Redentor. Tal es la doctrina de la Iglesia primitiva; tal es también la de san Bernardo que, no obstante, fue uno de los más fieles «caballeros de Nuestra Señora».
     A pesar de su devoción por la Virgen, san Bernardo admite su «sanctificatio in utero Annae», es decir su santificación en la fase embrionaria de su existencia, después y no antes de su concepción.
     En una carta a los clérigos de Lyon que habían introducido la fiesta de la Concepción de María en su calendario litúrgico, toma partido contra esa innovación, claramente: «¿De dónde tendría María la santidad de su concepción? Ella no ha podido ser santa antes de ser. Ahora bien, antes de su concepción no existía ¿Se dirá que ha sido concebida por el Espíritu Santo y no por un hombre? Es lo que hasta ahora nadie se ha atrevido a afirmar. Si se permite expresar lo que piensa la Iglesia, la gloriosa María ha concebido del Espíritu Santo, pero no ha sido concebida por él. Si ella no ha podido ser santificada antes de ser concebida porque entonces no existía, ni tampoco en el momento de su concepción porque el pecado estaba unido a ese acto, sólo queda que ha sido santificada en el vientre de su madre después de su concepción, y esa santificación ha vuelto santa su natividad, pero no su concepción. 
     «Sólo el Señor Jesús ha sido concebido del Espíritu Santo, porque sólo él era santo antes de su concepción. Excepto él, no hay hijo alguno de Adán a quien no se aplique la palabra del Salmista: Yo he sido concebido en el pecado.
     «En esas condiciones ¿cuál puede ser la razón de la fiesta de la Concepción de María? ¿A qué título llamar santa una concepción que no es la obra del Espíritu Santo (por no decir que es la obra del pecado) y por qué celebrarla si no es santa?» En el siglo XIII, san Buenaventura, el Doctor seráfico, se unió a la opinión de san Bernardo: «Creemos -escribió- como se cree comúnmente, que la Virgen ha sido santificada después de haber contraído el pecado original.»
     Los dominicos compartían la opinión de san Bernardo.
     Según Alberto Magno, la Virgen contrajo el pecado original porque fue concebida por generación sexual, que implica la concupiscencia carnal.
     Un teólogo todavía más ilustre, santo Tomás de Aquino, el Doctor angélico, se sitúa sin rodeos entre los negadores de la Inmaculada Concepción. En su Summa theologica postula que María ha sido necesariamente concebida con el pecado original, puesto que lo fue por la unión de los sexos. Ahora bien, la unión sexual que después del pecado de nuestros primeros padres no puede hacerse sin concupiscencia (sine libidine), transmite el pecado original al niño.
     Además, si María hubiese escapado a la mancha común, no habría tenido necesidad de ser redimida por Cristo. Así, Cristo ya no sería el Redentor universal. Finalmente:¿María no murió como los demás humanos? Entonces, como ellos, había contraído el pecado original, puesto que éste es quien introdujo la muerte en el mundo.
     De ese modo, el postulado de la Concepción Inmaculada de la Virgen aparece en contradicción con dos dogmas fundamentales de la doctrina cristiana: la universalidad del pecado entre los descendientes de Adán y la universalidad de la redención por Cristo. Si se quiere sustraer a María de la ley común del pecado, es necesario al mismo tiempo sustraerla de la redención universal de Cristo.
B) El triunfo de los inmaculistas
     Semejante consenso de los representantes más autorizados del  pensamiento cristiano, todos «maculistas», desde san Agustín hasta san  Bernardo, san Buenaventura y santo Tomás de Aquino, pudo haber sofocado en germen la cre­encia en la Inmaculada Concepción de la Virgen, pero no ocurrió nada parecido. La creencia en que, desde su concepción, la Virgen estuvo exenta de la mácula del pecado original, fue ganando terreno. A partir del siglo IX, la fiesta de la Conceptio B. M. Virginis, de origen oriental, como todas las fiestas de la Virgen, se in­trodujo en el calendario irlandés.
     El principal argumento que se utilizó fue que el papel de María en la Redención implica su exención del pecado original. «¿Cómo suponer -dijo Denis el Cartujo­que debiendo aplastar un día la cabeza de la serpiente, haya podido nunca ser hija del demonio?» Así, la concepción virginal de Cristo comportaría la concepción in­maculada de su madre.
     Los franciscanos tomaron partido contra las tesis de san Bernardo y de santo Tomás que san Buenaventura, otro franciscano, defendió. Éste y Escoto Eriúgena, el Doctor sutil, proclamaron que la gloriosa Virgen María fue preservada del peca­do original "a primo instanti» y no a partir de su nacimiento o de la Encarnación. Los carmelitas les hicieron coro.
     Pero la adhesión más eficaz a la campaña de los inmaculistas fue la de la Universidad de París, representada por sus cancilleres Pierre d'Ailly y Jean Gerson. La doctrina de la Inmaculada Concepción, nacida, como la mayoría de las creen­cias, de un postulado teológico, de un deseo transformado en afirmación positiva, de un voto sentimental erigido en certeza, aprobada por el papa franciscano Sixto IV en 1477, fue aceptada por la Sorbona en 1496, que la formuló en estos térmi­nos: «Mater Dei a peccato originali semper fuit preservata.»
     La creciente popularidad de la Inmaculada Concepción a finales de la Edad Media está probada por la devoción que le ofrecía la familia de los duques de Borbón. En 1370, Luis II de Borbón fundaba la orden del Caballero de Nuestra Señora de Esperanza, cuya insignia representaba a la Virgen del Apocalipsis, coro­nada por doce estrellas y con los pies reposando sobre la luna creciente. Así la representó el Maestro de Moulins, hacia 1498, en su célebre tríptico de la catedral.
     En el siglo XVI los jesuitas, después de los franciscanos, se convirtieron en sus campeones. El concilio de Trento consagró su triunfo.
     La doctrina ganó a todos los países católicos antes de convertirse en dogma. Desde Ruán, metrópoli de Normandía donde la fiesta de la Concepción era particularmente popular (se la llamaba Fiesta de los normandos), esta devoción se difundió en las otras diócesis de Francia. En 1644, la fiesta de la Inmaculada Concepción se intro­dujo en España en la jerarquía de las grandes y obligatorias (de praecepto). Así se explica la importancia de este tema en la pintura española del siglo XVII.
     Sólo quedaba un paso por dar. En 1708 la creencia, resistida durante largo tiempo, se convirtió en obligatoria para el conjunto de la Iglesia. Y en virtud de la encíclica Ineffabilis Deus, publicada por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, se transformó en un dogma de la Iglesia romana. Los maculistas habían sido derrotados.
Iconografía
     La Inmaculada Concepción ha sido representada de dos maneras completamente diferentes: en primer lugar, simbólica o alusivamente, mediante el Abrazo de Ana y de Joaquín ante la Puerta Dorada; más tarde, en la forma de la Sulamita del Cantar de los Cantares, o de la mujer envuelta en el sol, del Apocalipsis, con la luna debajo de los pies.
1. El abrazo de san Joaquín y de santa Ana ante la puerta dorada
     En la iglesia oriental y en la primera versión del arte de Occidente, la Inmaculada Concepción de la Virgen está asociada con el encuentro de sus padres, Ana y Joaquín, frente a la Puerta Dorada de Jerusalén. La Madre de Dios no habría sido concebida de manera natural (ex coitu), sino por medio de un simple beso en los labtios (ex osculo).
     A veces el ángel que anuncia la buena nueva a cada uno, por separado, planea por encima de los viejos esposos para acercar sus bocas.
     Señalemos una curiosa versión en una vidriera de Saint Ouen, ejecutada a principios del siglo XVI por el pintor vidriero holandés Arnoldo de Nimega. Sobre el vientre de santa Ana, representada de pie y con las manos unidas, aparece la Virgen en forma de niña pequeña desnuda en una mandorla, y recibiendo el ho­menaje de los dos principales profetas de la Encarnación: Isaías y David.
   En los ciclos mariológicos, esta escena precede con frecuencia a la Natividad de la cual se considera el preludio.
2. El descendimiento de la Virgen Inmaculada
     Hacia finales de la Edad Media apareció una representación novedosa del tema.
     La Virgen Inmaculada, enviada desde el cielo por Dios que la había elegido para la obra de Redención, desciende a la tierra. De pie sobre la luna, coronada de estrellas, extiende los brazos como las orantes de las catacumbas, o une las manos so­bre el pecho.
     Para distinguirla de la Virgen ascendente de la Asunción, se la representa con los ojos dirigidos hacia la tierra, al tiempo que aquélla los tiene elevados al cielo donde Cristo la espera.
     Esta diferencia está muy bien señalada en las dos estatuas ejecutadas por Puget en Génova: la Inmaculada Concepción, encargada por los Lomellini, que se encuentra en el oratorio de san Felipe Neri; y la Asunción, encargada por los Brignole para el Hospicio de los Pobres (Albergo dei Poveri).
     Otra característica de la Inmaculada Concepción es que se presenta rodeada por los símbolos de las Letanías, que son su escudo de armas (Arma Virginis), de la misma manera que los instrumentos de la Pasión constituyen el blasón de Cristo (Arma Christi).
Fuentes
     ¿Cuáles son las fuentes de esta representación? Procede del Antiguo, y también del Nuevo Testamento, del Cantar de los Cantares y del Apocalipsis.
     1. La Virgen Inmaculada está asimilada a la novia del Cantar de los Cantares. Es la Sulamita del Seudo Salomón, como lo prueban las palabras inscritas en una filacteria: Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te, y las metáforas bíblicas sembradas alrededor  de ella  como las perlas de un collar.
     Estos símbolos han sido popularizados por las Letanías de la Virgen de Loreto, cuya forma actual data de 1576. La nueva Sulamita es comparada con los astros: con el sol (electa ut sol); con la luna representada por un  creciente de plata (Pulchra ut luna), con la estrella del mar (Stella maris).
     Otros emblemas están tomados de los árboles y las flores. La Inmaculada es un Jardín cerrado o cercado (Hortus conclusus), una Fuente de los jardines (Fons hortorum), un Pozo de agua viva (Puteus aquarum viventium). Se la compara con el cedro del Líbano (Cedrus exaltata), con el olivo (Oliva speciosa) con el lirio que flore­ce entre espinas (Lilium inter spinas), y con un rosal (Plantatio rosae).
     «Eres jardín cercado, hermana mía, esposa; eres jardín cercado, fuente sellada.» (Cant. 4: 12).
     Espejo sin mancha (Speculum sine macula), la Virgen es finalmente saludada con los nombres de Torre de David (Turris Davidica cum propugnaculis), _Ciudad de Dios (Civitas Dei), Puerta del cielo (Porta coeli).
     2. Los otros atributos de la lnmaculada Concepción están tomados del Apocalipsis I 2: "Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas (amicta sole, luna sub pedibus, in capite corona stellarum duodecim)."
     La luna que nunca se representa llena, como en la Crucifixión, sino recortada en forma de creciente, evocaba la castidad de Diana.
     Después de la victoria de Lepanto, la cristiandad gustó interpretar el creciente de la luna bajo los pies de la Virgen Inmaculada como un símbolo de la victoria de la Cruz sobre la Media luna turca.
La fechad de aparición del tema
     ¿En qué momento apareció por primera vez este motivo en la iconografía del arte cristiano?
     De acuerdo con E. Mate, que adopta la tesis sostenida por Maxe Werly, este tema apareció a principios del siglo XVI, exactamente en 1505, en forma de xilografía, en las horas de la Virgen para el uso de Roma, publicadas en París por Thielman Kerver, retomadas en 1518 en las Horas de Simon Vostre.
     "Hasta el momento -escribe E. Mâle- no he encontrado una sola miniatura que represente la Inmaculada Concepción que sea anterior a 1505; por otra parte, todas las vidrieras, todos los bajorrelieves consagrados al mismo tema son, o lo parecen, posteriores a 1505. Es necesario admitir por lo tanto, salvo que se pruebe lo contrario, que el grabado de un Libro de Horas ha hecho conocer a Francia entera ese nuevo motivo."
     Sin abandonar los dominios de los Libros de Horas, se puede encontrar una ilustración de ese tema dos años anterior, en las Horas para uso de Ruán, impresas en París en 1503, por Antoine Vérard.
     En realidad es unos veinte años más vieja, y se remonta a finales del siglo XV. Los emblemas de las Letanías ya están representados en la catedral de Cahors, en la capilla de Notre Dame, que fue construida en 1484. Es el primer monumento edificado en Francia para la gloria de la Virgen Inmaculada, rodeada por sus atributos místicos.
     Por otra parte, la pintura italiana del Quattrocento nos ofrece al menos un ejemplo de este tema que data de 1492: es la Inmaculada Concepción del veneciano Carlo Crivelli, que se encuentra en la National Gallery de Londres. Es verdad que la Virgen no planea entre el cielo y la tierra, pero la inscripción de la filacteria que Dios Padre y los ángeles sostienen encima de su cabeza no deja ninguna duda acerca del significado de esta figura de orante, allí se lee: Ut in mente Dei ab initio concepta fui, ita et facta sum.
     Los Países Bajos han conocido ese tema en la misma época. El hecho está probado por un gran retablo de santa Ana que se conserva en el Museo histórico de Frankfurt, encargado a un maestro de Bruselas por el prior del convento de los carmelitas Rumold de Laubach. Puesto que ese personaje, singularmente interesado en el culto de santa Ana, murió en 1496, hay que concluir, forzosamente, que el retablo fue ejecutado antes de finales del siglo XV.
     Sobre uno de los paneles, los carmelitas arrodillados, asistidos por san Agustín y el papa Sixto IV, están representados en oración frente a santa Ana, que se mantiene de pie ante el altar. El homenaje se dirige menos  a ella que a la Virgen Inmaculada, que aparece en transparencia en su vientre, en medio de una aureola de rayos, en forma de niña pequeña y desnuda, sobrevolada por la paloma del Espíritu Santo y flanqueada por dos ángeles.
     La prueba de que se trata de la Inmaculada Concepción es que encima del busto de Dios Padre bendecidor, sobre una filacteria, se lee el canto de amor del Cantar de los Cantares: «Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te», y que alrededor del turbante de Salomón, que está en frente del rey David, se desarrolla en una filacteria este pasaje de los Proverbios, siempre aplicado a María Inmaculada: «Nondum erant abyssi et ego jam concepta eram.»
     Estos tres ejemplos tomados del arte francés, italiano y flamenco, prueban sin duda que el tema de la Inmaculada Concepción no aparece en el arte cristiano a principios del siglo XVI sino en el último cuarto del XV.
Evolución
     Después de haber precisado las fuentes y la fecha inicial de este tema, veamos como ha evolucionado entre los siglos XVI y XIX, a partir de Francia y de Signorelli, pasando por Puget, y Murillo, hasta llegar a la Virgen de Lourdes.
     En la pintura italiana del Renacimiento, la Inmaculada Concepción se presenta como la contrapartida y la redención del pecado original. La idea que se quiere poner en evidencia es que la gracia de María redime la falta de Eva.
     Quos Evae culpa damnavit,
     Mariae gratia solvit.
    Por ello Signorelli, en su cuadro de la catedral de Cortone, evoca a la Virgen descendiendo del cielo en una lluvia de flores y posándose sobre el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, a cuyo pie Adán y Eva cometen el pecado. Luis de Vargas (catedral de Sevilla) y Ant. Sogliani (Uffizi) subrayan la misma oposición.
     Pero es el arte barroco del siglo XVII el que tiene el mérito de haber creado el tipo definitivo de Inmaculada Concepción. Libre de todos los símbolos de las Letanías con que la habían sobrecargado los teólogos, rodeada sólo por los ángeles, ella pla­nea en una mandorla sobre un creciente de luna. A veces, para recordar su victoria sobre el pecado original, sus pies, que se apoyan sobre el globo, aplastan la ca­beza de la serpiente tentadora.
     La España mística se apoderó de este tema creado en Italia y le imprimió la marca de su genio. Y consiguió hacer su propia versión, tan es así que no puede pen­sarse en la Inmaculada Concepción sin evocar la estatua de Martínez Montañés en la catedral de Toledo, las telas de Zurbarán, de Ribera, y sobre todo las de Murillo, que trató el tema veinte o veinticinco veces.
     La forma más reciente tomada por la Inmaculada Concepción es la Virgen de Lourdes. El historiador de las religiones Salomon Reinach ha sostenido que el origen de las apariciones de la Virgen a Bernadette Soubirous en 1858 no es otro que el cuadro de Murillo adquirido por el Louvre en 1852.  
     Esta tela se hizo inmediatamente popular y había sido vulgarizada por la imaginería y los periódicos ilustrados. Es probable que uno de esos grabados coloreados cayera bajo la mirada de la joven pastora pirenaica y que, como María Alacoque lo hiciera en el siglo XVII con las imágenes del Sagrado Corazón, Bernadette proyectara, más  o menos inconscientemente y en forma de aparición, el recuerdo de la imagen piadosa que la había impresionado. La bella mujer que vio aparecer en una gruta, en medio de una nube de oro, con las manos cruzadas sobre el pecho, cubierta con un vestido blanco ajustado en la cintura por una  cinta azul, se parece como una hermana a la Purísima del Museo del Prado. Así, sería una obra maestra de Murillo la fuente de la peregrinación más popular del siglo XIX. Esta hipótesis reforzaría la teoría que postula la influencia de las imágenes en el nacimiento de los cultos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María
     Su fecha obedece al cómputo de nueve meses antes del nacimiento; es la primera fiesta grande del año litúrgico y la presentación de la figura de María en la liturgia. Contrariamente a lo habitual, el fervor popular con su sensus fidei y su plasmación en la liturgia le llevaron la delantera a la reflexión teológica y al magisterio jerárquico.  Originalmente celebraba la concepción prodigiosa de San Joaquín y Santa Ana, siguiendo los apócrifos Protoevangelio de Santiago (siglo II) y Evangelio de la Natividad de María (siglo IV). Por eso los libros litúrgicos orientales la designan todavía hoy con el título de Concepción de Santa Ana, lo cual no quiere decir que no se crea en el misterio de la Inmaculada Concepción, y la señalaban para el nueve de diciembre, sin duda dependiendo de la del ocho de septiembre, de la Natividad, más antigua. La fiesta surge en Oriente en los siglos VII-VIII, en cuya área se desenvuelve la primera fase de ella. Se documenta por primera vez en el canon (himno) de San Andrés de Creta (+720) y en un sermón de Juan Obispo de Eubea (+740)8, que hace una relación de las fiestas marianas existentes, aunque le concede una importancia menor que las de las cuatro fiestas principales: Natividad, Purificación, Anunciación y Asunción.  Poco a poco se va extendiendo y ganando importancia; en el siglo IX aparece en el Nomocanon de Focio (883) y en el calendario marmóreo de Nápoles (850), que como otros lugares de Italia meridional estaba sujeto a influencias bizantinas. El Emperador Manuel Commeno decretó la abstención de trabajo servil en ella en 1166 y el Emperador León VI (+912) el Filósofo la extendió a todo el imperio a principios  del siglo X.
     En el Occidente latino, en donde se desarrolla la segunda fase de la fiesta, se empieza a celebrar, al menos, en el siglo IX, a partir de las ciudades italianas meridionales, sometidas al Imperio Bizantino, como Nápoles, Sicilia y Cerdeña. De aquí pasó a Irlanda, donde se la menciona en el martirologio de Tallaght (ca. 800) y en el calendario de Oengus (ca. 825), con el nombre de Concepción de María Virgen, aunque fijada el tres de mayo, seguramente por influencia de la tradición copto-alejandrina, que celebraba en este día a los Santos Joaquín y Ana.  De Irlanda pasó a Inglaterra, donde fue puesta en relación con la Natividad y señalada el ocho de diciembre; en el siglo IX se documenta ampliamente la celebración allí como Concepción de la Santísima Virgen María. En dos abadías de Winchester es mencionada sobre el 1030, y poco después, en torno al 1050, en el Misal y en el Pontifical de Leofrico, Obispo de Exeter. Pero fue suprimida por los clérigos normandos que llegaron allí con Guillermo el Conquistador en el 1066, por lo que no aparece en los libros litúrgicos de finales del XI y principios del XII.  Pero pronto refloreció, en parte por un milagro legendario. Helsin, Abad de Ramsay, Kent, en un viaje a Dinamarca como embajador de Guillermo el Conquistador, envuelto en una feroz tormenta en el Mar del Norte, fue informado en una visión que se salvaría si hacía voto de celebrar el ocho de diciembre la fiesta de la Inmaculada y de difundir esta devoción en sus sermones9. Igualmente, fue apoyada por la escuela de San Anselmo de Canterbury (+1109), pues Anselmo el Joven (ca. 1125), su sobrino, fue gran promotor de la misma10, junto con su discípulo y biógrafo Eadmero de Canterbury (+1124), que defendió piadosa creencia y fiesta11, y Osberto de Clara, Prior de Westminster (ca. 1119), y adquirió entonces un decidido tinte inmaculista: de celebrar la concepción de la futura Madre de Dios pasa a conmemorarse su santidad original desde el primer momento de su ser natural. Esta nueva oleada concepcionista hizo que la fiesta pasase a Francia por Normandía; la Archidiócesis de Ruán con sus seis sufragáneas fue la primera en acogerla, hasta llegar a otorgarle en los tiempos del Arzobispo Otorico (+1183) igual dignidad que a la de la Anunciación, y los estudiantes normandos de la Universidad de París la tomaron como su fiesta patronal.  El avance siguió, extendiéndose por el resto de Francia, los Países Bajos y Alemania, e, incluso, cruzó los Alpes y penetró en Italia: Ogero de Vercelli (ca. 1160) alude a ella en un sermón, y Sicardo de Cremona (+1215) en un sermón indicó que en su ciudad, pese a cierta polémica, se celebraba desde hacía ya tiempo. Del siglo XII se conservan ya una quincena de Oficios de esta fiesta. Todo ello pese a las objeciones que le habían puesto personajes de la talla de San Bernardo de Claraval, decididamente mariano por otro lado, que desaconsejó su celebración a los canónigos de Lyon, que la habían introducido en su catedral en torno a 1140 por decantarse, siguiendo rigurosamente a San Agustín, por la opinión maculista12. Algunos piensan sin mucho fundamento que el Papa León IX Egisheim-Dagsburg (+1054) celebró la fiesta de la Concepción. Más probable parece que la introdujera Adriano IV Breakspeare (+1159), además de por su origen inglés por haber sido devoto y apologeta de este misterio mariano. Con más peso se puede afirmar, ya a principios del siglo XIII, de Inocencio III dei Conti di Segni (+1216), por testimonios coetáneos, que se celebraba la Inmaculada en la capilla pontificia, lo cual no es de extrañar por haber apoyado la Inmaculada en sus escritos como doctor privado. San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino, entre los dominicos, y San Buenaventura, entre los franciscanos secundaron la tesis maculista. Pero este último no prohibió su celebración entre los Menores, en parte porque aceptó la leyenda de Helsin como una revelación privada auténtica, pues en el Capítulo General de Pisa de 1263 se prescribió la fiesta de la Inmaculada para los Menores13. Esto hizo que comenzara la controversia en el campo litúrgico y su celebración pasara por un periodo de declive y fuera suprimida en muchos calendarios, aunque vuelve a resurgir su celebración en el siglo XIV, en que se hizo prácticamente universal.  A partir de las diatribas del Beato franciscano Juan Duns Scoto (+1308)14, en Cambridge, Oxford, París y Colonia, se llegó a una solución teológica aceptable al problema de la redención universal, de la que no podía ser exceptuada María como criatura, con la doctrina preservativa.  La opinión inmaculista ganó entonces rápidamente terreno, y a ella se adhirieron muchas familias religiosas, con los franciscanos a la cabeza: carmelitas, agustinos, cistercienses… así como numerosísimas Iglesias particulares, frente a los irreductibles tomistas, que no aceptaban la fiesta o llamaban a la celebración fiesta de la santificación de María. Incluso, por influencia de los carmelitas, el Papa Juan XXII Duèze llegó a celebrarla con la corte pontificia en Avignon hacia 1330, un año en la iglesia de éstos y después en la propia capilla, con Oficio propio y solemnidad. Aunque sólo se tratara de un gesto de devoción privada, era un paso adelante hacia el reconocimiento oficial de la fiesta por el papado.
     Entretanto, el Reino de Aragón se decantó por la defensa de la Inmaculada y extensión de su fiesta, lo que heredaría la monarquía hispánica y habría de convertirse en casi una cuestión de Estado en la era del barroco, que no podemos desarrollar aquí por cuestión de espacio15. El catorce de marzo de 1374 Juan I de Aragón ordenó que se celebrara esta festividad en sus dominios así como prohibía predicar en contra de esta por entonces opinión piadosa. La misma prohibición pidieron que sancionara el Rey de Aragón las Cortes Catalanas el nueve de abril de 1456, a la que accedió y promulgó el veintiocho de mayo de 1456. La Inmaculada Concepción planteada por los legados hispanos a petición del Rey Alfonso V de Aragón, fue definida en el Concilio de Basilea el diecisiete de septiembre de 1438. Juan de Segovia, por orden conciliar, compuso Oficio propio. Aunque no se le reconoció valor dogmático porque los legados papales habían ya retirado su participación, sí pesó decisivamente entre los argumentos inmaculistas.  Sin embargo, Roma, que en un principio adoptó una actitud de tolerancia con respecto a las demás Iglesias, a partir de este momento pasó a introducirla oficialmente en su liturgia e, igualmente, en la de toda la Iglesia Latina, por obra de Sixto IV della Rovere, que había sido franciscano conventual, famoso teólogo de la escuela escotista, que aprobó por la Constitución Cum praeexcelsa de veintiocho de febrero de 1476, la misa y Oficio compuestos por Leonardo de Nogaroles, clérigo de Verona y Protonotario Apostólico, indulgenciándolos como los del Corpus, y con el Breve Libenter ea de cuatro de octubre de 1480 los redactados por el franciscano observante Bernardino de’ Bustis (+1513). 
     Por el hecho de estar indulgenciados, obtuvieron una mayor propagación los textos del primero. A estos dos Oficios se añadieron los de los franciscanos el Cardenal Francisco de Quiñones (+1540), aprobado por Clemente VII Médici, y el de Ambrosio Montesino (+1514) para las monjas concepcionistas, sancionado por Inocencio VIII Cybo en la aprobación de la Orden del treinta de abril de 1489. Una segunda Constitución de este papa en 1481, la Grave nimis, en la que condenaba los ataques a la opinión inmaculista del dominico Vicente Bandelli (+1506), ratificaba el asunto, reafirmada por una segunda homónima en 1483. La fiesta, por tanto, quedaba preservada de ulteriores ataques.  En la reforma de San Pío V Ghislieri fueron abolidos los Oficios propios y sustituidos por el Oficio de la Natividad, sustituyendo la palabra nativitas por conceptio. Sin embargo, posteriormente, fue restablecido el Oficio de Nogaroles para la familia franciscana por Gregorio XIII Buoncompagni el nueve de junio de 1583, por Sixto V Peretti el treinta de mayo de 1588 y Paulo V Borghese el veintiuno de enero de 1609. Los dominicos, entretanto, aunque habían aceptado la fiesta, la seguían llamando equívocamente Santificación de María, hasta que un decreto de Gregorio XV Ludovisi por un decreto del veinticuatro de mayo de 1622 Sanctissimus prohibió cualquier pronunciamiento contra la doctrina inmaculista y el uso del término santificación por concepción, que es tanto como añadir inmaculada. Clemente VIII Aldobrandini (+1605) elevó la fiesta a rito de doble mayor. Tras petición regia, por Breve de diez de noviembre de 1644 de Inocencio X Pamphili fue declarada fiesta de precepto en los reinos de España, pues por decreto de Urbano VIII Barberini había dejado de celebrarse con tal rango litúrgico por no ser patrona principal. Francia siguió el ejemplo de su vecina. Finalmente, Alejandro VII Chigi en la constitución Sollicitudo omnium ecclesiarum de ocho de diciembre de 1661 definió exactamente el objeto de la fiesta: la inmunidad del alma de María del pecado original en el primer instante de su creación e infusión en el cuerpo. A partir de aquí prácticamente cesó la polémica concepcionista. El Rey Felipe IV de España, en 1664, según propuesta de su Junta de la Inmaculada de treinta y uno de enero, pidió al mencionado papa, que se le añadiera a la fiesta octava en todos los dominios hispánicos, que tenían ya concedida algunas diócesis, como Málaga, Sevilla y Valencia y algunas familias religiosas, como franciscanos y carmelitas.  El veintiuno de junio entrego el memorial el Embajador al papa. Éste encargó el asunto a la Sagrada Congregación de Ritos, la que nombró una Junta, y finalmente dio un decreto favorable el dos de julio, sancionado por el Breve Quae inter praeclara del siete del mes citado. Impuso bajo precepto a ambos cleros (incluidos los dominicos) de España y de sus Indias el rezo del Oficio de la Inmaculada con octava. Después fue extendido a los demás Estados, a petición del Rey, que no llegó a saberlo por su fallecimiento: Nápoles el dieciocho de septiembre, Sicilia y Cerdeña el veinticuatro de octubre, Flandes y Borgoña el veintiséis de dicho mes.  La Reina Gobernadora Mariana de Austria elevó una petición al papa en 1667 para que extendiera a toda la Iglesia el rezo de la Inmaculada que resultó infructuosa, aunque sí le concedió la Sagrada Congregación de Ritos el Oficio y misa de la Inmaculada para España y sus dominios con rito de segunda clase, como se practicaba en Roma y en los Estados Pontificios. Inocencio XII Pignatelli, a instancias del Rey Carlos II de España, elevó la fiesta en 1693 a doble de segunda clase con octava para la Iglesia Latina. Clemente XI Albani la hizo fiesta de guardar para toda la Iglesia Latina en 1708 por la Bula Commissi nobis.
     Los últimos coletazos de la oposición maculista surgieron en la primera mitad del XVIII, y fueron definitivamente contestados por el gran San Alfonso de María de Ligorio, que fundamentó su defensa en el sentimiento casi unánime del pueblo de Dios y en la celebración universal de su fiesta. Su doctrina se extendió como reguero de pólvora gracias a su libro Las Glorias de María, publicado en 1750.
     Clemente XIII Rezzonico, el mismo año que declaró, a ruegos del Rey Carlos III, a la Inmaculada Concepción patrona de España y de sus Indias, 1761, concedió para España y sus Indias que se rezase el Oficio Sicut lilium y la misa Egredimini de los franciscanos. A pesar de ello, en muchos sitios siguieron rezando los suyos de siempre, hasta que  se impuso como obligación por Cédula Real de diez de mayo de 1788, a petición de la Junta de la Inmaculada del día anterior. En 1863, el Beato Pío IX Mastai-Ferretti, que había definido en 1854 la Inmaculada Concepción como dogma de fe, promulgó un nuevo Oficio y misa. Éste había sido encargado a Monseñor Luca Pacifici, el redactor de la bula de definición, pero por haberle sobrevenido la muerte de manera inopinada, el papa lo encargó a una comisión presidida por el Cardenal Costantino Patrizi y con Monseñor Domingo Bartolini como secretario, que aprobó tras muchas correcciones el Oficio de Luigi Marchesi. 
     León XIII Pecci, así mismo, elevó la fiesta a doble de primera clase con misa vigiliar, suprimida en la reforma de 1962.  En el calendario de 1969 tiene el máximo rango de solemnidad con precepto. El hecho de que caiga en el Adviento para nada distrae de su carácter contemplativo de gozosa espera navideña, pues en la Inmaculada Concepción Dios se prepara una Madre digna de sí; es por tanto, como dice el Cardenal Gomá, una auténtica fiesta de pureza en un tiempo de purificación (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).   
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "María Santísima de la Purísima Concepción", de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Hermandad del Divino Perdón, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 1 de marzo de 2025

La imagen "Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato", de Méndez Lastrucci, titular de la Hermandad de los Dolores de Torreblanca, en la Iglesia de San Antonio de Padua

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato", de Méndez Lastrucci, titular de la Hermandad de los Dolores de Torreblanca, en la Iglesia de San Antonio de Padua, de Sevilla.
     Hoy, 1 de marzo, es el aniversario (1 de marzo de 1992) de la Bendición de la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato, de Méndez Lastrucci, titular de la Hermandad de los Dolores de Torreblanca, en la Iglesia de San Antonio de Padua, de Sevilla.
     La Iglesia Parroquial de San Antonio de Padua, que se encuentra en la plaza de Las Acacias, 1; en el Barrio de Torreblanca, del Distrito Este.
     En uno de los retablos de la iglesia parroquial de San Antonio podemos contemplar la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato. Fue realizada por Jesús Méndez Lastrucci en el año 1992.
     La imagen del Señor Cautivo es obra del maestro escultor Jesús Méndez Lastrucci, bisnieto del insigne escultor Antonio Castillo Lastrucci, que la realizó entre el mes de septiembre de 1991 y febrero de 1992.
     Es una talla completa anatomizada, es decir, tiene tallado y formado todo el cuerpo llevando un sudario tallado en la cintura, siendo los materiales utilizados el cedro para cabeza, manos y pies y la caobilla para el resto del cuerpo.
     En su rostro observamos una lágrima que le recorre la mejilla derecha, dando muestras del sufrir interno en los momentos de su pasión y cautiverio.
     La imagen fue intervenida por su mismo autor realizando en ella una profunda restauración entre finales de 1996 y comienzos de 1997. Es en ese momento cuando deja tallado en la peana un corazón con llaga sangrante, lugar en el que caería la lágrima derramada por su mejilla, en recuerdo del primer Hermano Mayor Juan Castellano Martín, tristemente fallecido en esas fechas.
     Fue bendecida el 1 de Marzo de 1992 por D. Antonio Olmo Civanto, S.J. 
     El paso de misterio de Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato representa el momento en el que el prefecto le pregunta a Jesús si Él es Rey de los Judíos, según está recogido en el Evangelio de Juan 18, 28-38.  En la escena se puede ver al Señor Cautivo en presencia de Poncio Pilato, situándose tras éstos el centurión romano que conversa con un sacerdote judío que porta un pergamino; en la separación del palacio del gobernador y el exterior. Completando la escena asiste un esclavo que porta la soga para trasladar a Jesús.
     La escena se desarrolla en el interior del palacio del gobernador, quedando el espacio delimitado por dos columnas, de este modo tanto Pilato como el centurión permanecen en la delantera del paso, estando el sacerdote y el esclavo en lo que sería el exterior de la casa, es decir, detrás de las columnas, ya que los judíos no podían entrar en el palacio, pues de lo contrario faltarían a las leyes sobre la pureza ritual de la Pascua.
     Las imágenes secundarias se deben a la gubia de nuestro hermano Juan Antonio Blanco Ramos que las realiza a finales del año 2004 para estrenarse el Sábado de Pasión de 2005. La imagen del gobernador, el centurión romano y la del esclavo son de talla completa, siendo anatomizadas las dos primeras, mientras que la del sacerdote judío se encuentra tallada en cabeza y manos.
     Los ropajes de todas las imágenes fueron estrenados en el año 2015, siendo realizados en el taller de José Antonio Grande de León, sustituyendo a las realizadas por un grupo de Hermanas con ocasión de la primera salida del misterio. La coraza, el casco al estilo “Juanmanuelino” y la lanza del centurión romano son del taller de Jesús Domínguez realizadas en el año 2005.
     En 2022 quedan plasmados los estudios de mejora realizados por la comisión de profesionales elegida por la Junta de Gobierno formada por José Roda Peña, Catedrático de Historia del Arte de la US, Andrés Luque Teruel, Doctor en Historia del Arte y profesor titular en el Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Geografía e Historia de la US, y Jesús Romanov López-Alfonso, Licenciado en Historia por la US, contando además a petición de los mismos con el escultor de las imágenes secundarias NH Juan Antonio Blanco Ramos.
     La Comisión, tras la realización de pruebas en nuestra Casa-Hermandad con las imágenes secundarias y los diferentes elementos que componen nuestro paso, en presencia del escultor de las mismas, y partiendo desde la disposición original del año 2005, realizan varias modificaciones, quedando la imagen del Señor en el centro de la delantera del paso, situándose entre los dos guardabrisas centrales de la canastilla delantera, la figura de Pilatos, girada levemente y atrasada su posición para mirar desde atrás al Señor, el centurión romano mantiene su posición prácticamente con un leve giro y desde el centro del paso, establece un diálogo directo con el Sanedrita, que se sitúa en la trasera izquierda del mismo, y finalmente la figura del sayón adelanta su posición entre las dos pequeñas columnas permaneciendo en la entrada al palacio de Pilato, sin llegar a acceder al interior que marcan las dos columnas.
     De los elementos mobiliarios la comisión artística determina que debe desaparecer el trono de Pilatos, que al situarse en la puerta del palacio no tiene una disposición lógica y resta visibilidad a la escena, en su lugar se situará el pebetero, cambiando así la ubicación donde estuvo situada años atrás.
     Plasmar todo este ajuste y disposición de las imágenes, viene unido a la necesidad perentoria de remodelar todo el esqueleto interior del canasto del paso para afianzar con seguridad todas las riostras, encastres y cogidas, tanto de los paños del canasto como de la tablazón, especialmente el del alojamiento de las imágenes del Señor Cautivo y secundarias del misterio. Una vez saneado y asegurado todo el interior del canasto, se acopla un sobreelevado a modo de suelo postizo donde se desarrolla la escena del misterio del Señor Cautivo, permitiendo así contemplar con mayor visibilidad el pasaje recreado en el paso a pie de calle. Todos estos trabajos técnicos de la madera han sido realizados por el Taller de talla y carpintería Morales.
     La parihuela se debe a la autoría de Manuel Caballero Farfán, realizada con madera de pino Flandes barnizada y cuenta con nueve trabajaderas, calzando el paso 45 costaleros.
     Sus medidas son 4,82 m de largo, por 2,28 m. de ancho y 1,59 m. de alto a lo que hay que sumarle la altura del canasto que son 68 cm.
     Las andas se estrenaron en la Semana Santa del año 2005, continuando con los trabajos de talla del paso, por parte de Pedro Manuel Benítez Carrión, realizado en madera de cedro, que concluyen para el Sábado de Pasión de 2008.
     En el año 2009 comienzan los trabajos por parte del artista dorador saliendo a la calle ese Sábado de Pasión con las cartelas y los candelabros de guardabrisas dorados. En el año 2010, se estrena el dorado del conjunto en su totalidad, trabajos que realiza el dorador Emilio López Olmedo que ya había trabajado anteriormente para la Hermandad, concretamente en el dorado de los anteriores candelabros de guardabrisas del paso del Señor.
     El diseño y talla del paso, obra de Pedro Manuel Benítez Carrión, es de estilo neobarroco, con hojarasca y una moldura sobresaliente que recorre el respiradero. Esta moldura enmarca las cuatro cartelas que se disponen en la zona central de cada respiradero, todas ellas policromadas y estofadas, siendo obra de Pedro Benítez y Manuel Isorna. En la frontal queda representado el escudo de la Hermandad realizado por Pedro Benítez, y las otras tres cartelas realizadas por Manuel Isorna, representando en la parte trasera la imagen mariana del Inmaculado Corazón de María, titular de la vecina Hermandad de Gloria y lugar al que la Hermandad realiza la Estación de Penitencia en la tarde-noche del Sábado de Pasión.
     En el respiradero izquierdo encontramos la imagen de la Virgen de los Reyes, patrona de la Archidiócesis de Sevilla, significando la pertenencia del barrio de Torreblanca a la ciudad de Sevilla, y al otro lado la imagen de Santa Ángela de la Cruz, por la cercanía con la Hermandad y su labor de Caridad desarrollada en el barrio, todas ellas estofadas y policromadas. En los respiraderos apreciamos dos ángeles querubines y ornamentación floral también policromados y estofados. Todas estas piezas tienen como autor a Ventura Gómez Rodríguez.
     Por encima del respiradero, se encuentra una moldura calada de la que parten de sus cuatro esquinas las maniguetas del paso, las cuales fueron barnizadas por el maestro charolista, NH Francisco Gijón Romero.
     La canastilla presenta una línea ondulante con una gran hoja de hojarasca, estando en perfecta conjunción con la talla de los respiraderos. Se aprecia un juego de pequeñas hojas de acanto, que producen un gran efecto en las formas del canasto.
     En los salientes centrales del canasto como en los respiraderos, se encuentran querubines alados, policromados y estofados.
     Así mismo, se disponen ocho cartelas policromadas y estofadas que se enmarcan en un óvalo horizontal, obras de Blanco Ramos y que representan ocho momentos de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
     En el frontal se representa la escena del propio misterio. Las esquinas delanteras recogen la flagelación y el Ecce Homo. A cada lado se representa a Jesús Nazareno y a Cristo Vivo. En las esquinas traseras, Cristo Muerto y la escena de la Piedad. Por último, en la cartela central trasera, se recoge a Cristo Resucitado.
     Sobre cada cartela se sitúan ángeles pasionistas que parecen salir de la base de los candelabros y quedan suspendidos en el aire. En cada esquina del paso, en la base de los cuatro candelabros, se disponen los que portan atributos de la Pasión de Cristo, estableciendo una conexión con la cartela que queda bajo cada uno. De esta forma, en las esquinas delanteras vemos un látigo y una corona de espinas. En las traseras, el martillo y el pañuelo para las lágrimas de la Piedad. Los ángeles de la zona central portan entre sus manos sendas bandas donde se leen las inscripciones Caridad y Hermandad,  Fe y Amor.
     El paso se ilumina con cuatro candelabros de guardabrisas de nueve luces como ya hemos mencionado y dos candelabros de siete luces que ocupan la zona central. Por la parte interna de los candelabros descansan ángeles sedentes, obra de Ventura Gómez. En el costero derecho se aprecia el trono de Poncio Pilato, realizado en 2009 por Pedro Benítez, ejecutado en madera de cedro con acabado caoba y remate de águila laureada en dorado.
     Sobre le costero derecho se sitúa actualmente el pebetero donde se quema incienso. Inicialmente se dispuso uno de metal de forja, cambiando de ubicación en las distintas reformas de la ubicación del conjunto. En el año 2015 se estrena el actual de orfebrería plateada, realizado y donado por Orfebrería Andaluza.
     Al juego de candelabros hay unirles cuatro macetillas doradas que sirven de basamento para el exorno floral, estrenadas en el año 2009 y situadas entre los candelabros. Los faldones del paso en terciopelo morado fueron regalo de la Agrupación Apoyo Logístico nº21 (AALOG 21), confeccionados por el taller de García Po en el año 2005 y que posteriormente se enriquecen con broches de cordoncillo dorado.
     La composición del paso se completaba en su diseño original con un pórtico, encargado de representar la puerta de entrada al palacio romano, que finalmente fue representado en el misterio por dos columnas con capiteles de estilo Jónico, realizadas en la carpintería de Enrique Dópido Bonilla, con aplicado marmoleado de Juan Miguel González Heredia, conteniendo cada una de ellas antorchas luz artificial y medallones del Cesar alusivos al momento histórico. Posteriormente en el año 2015 fueron sustituidas por otras dos columnas bajas con terminal en copa romana, realizadas por Pedro Benítez, a modo de maceteros que se complementan con exorno floral cada Sábado de Pasión.
     En el frontal del paso podemos ver un ostensorio donado por las Hermandades de Vísperas con motivo del Vía Crucis de Cuaresma organizado por el Consejo de Cofradías de Sevilla que presidió Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato en el año 2018, realizado en metal sobredorado que cobija la reliquia de Santa Mª de la Purísima de la Cruz, de la cual es depositaria la Hermandad desde el año 2019 con su correspondiente autentica.
     El llamador de fundición en metal dorado del año 2005 con forma de “S” sobre el que se disponen dos ángeles que sujetan un relicario que porta la Sagrada Forma “JHS” fue obra de Orfebrería Antonio Santos, donado por tres hermanos de nuestra Corporación, que de inicio se concibió dorado, plateándose posteriormente en los talleres de Orfebrería Andaluza en el año 2015.
 (Hermandad Dolores de Torreblanca). 
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del Interrogatorio de Jesús
     En realidad hay dos procesos -y dos Interrogatorios- de Jesús, el judío y el romano, o en otras palabras: un proceso religioso y un proceso político. Jesús comparece sucesivamente ante dos jurisdicciones: la del sumo sacerdote Caifás y la del procurador romano Poncio Pilato. El sanedrín lo condena como blasfemo, por haber dicho que era el Mesías, hijo de Dios. Conducido luego al pretorio, es inculpado como agitador por haberse autotitulado rey de los judíos.
     Este doble procedimiento se explica por el régimen político de Judea, que se había convertido en una provincia romana. El gobernador romano era quien juzgaba en última instancia en los asuntos de derecho común. La condena a muerte pronunciada por el sanedrín sólo podía ejecutarse después que el representante oficial de Roma la ratificara.
     En los relatos de los Evangelios, que están muy lejos de concordar, el desarrollo muy simple del proceso ante las dos jurisdicciones, religiosa y civil, está embrollado como con deliberación, por la introducción de personajes y escenas que duplican la acción. Se hace comparecer a Jesús no sólo ante Caifás, sino ante su suegro, el sumo sacerdote Anás (Hannas); con el pretexto de que Jesús era galileo, el procurador de Judea, Pilato, lo envía a justificarse ante el tetrarca de Galilea, Herodes Antipas, quien por azar se encontraba en Jerusalén. De esa manera, se producen cuatro comparecencias ante otros tantos jueces diversos. Por otra parte, se ha producido dos Escarnios de Cristo: uno después de la sesión nocturna en el sanedrín, el otro después del interrogatorio en el Pretorio ¿No es evidente que se trata de la misma escena duplicada?
     Las críticas de los más radicales llegan a afirmar que el proceso ante Caifás no tuvo lugar, que es una «ficción apologética» forjada por Marcos, que era "antisemita», para presentar a Pilato como inocente y echar sobre los judíos la responsabilidad de la muerte del Redentor. Según Lietzmann, el relato del proceso de Jesús habría sido copiado del que padeció el diácono san Esteban, el protomártir.
     Para desenmarañar la iconografía de este doble proceso religioso y político que sin duda no es más que uno, y cuyas escenas suelen confundirse o mezclarse y más simple es elaborar un cuadro sinóptico, numerando los episodios sucesivos.
El Proceso religioso
1. Comparecencia ante Anás
2. Comparecencia ante Caifás. El sanedrín condena a muerte a Jesús.
3. Primer Escarnio de Cristo o el Cristo de los Improperios.
El Proceso político
1. Pilato envía a Cristo ante Herodes, que se excusa.
2. Comparecencia ante Pilato.
3. La elección entre Cristo y Barrabás. 
4. Pilato se lava las manos.
5. La Flagelación o el Cristo atado a la columna .
6. El segundo Escarnio o la Coronación de espinas.
7. Cristo presentado al pueblo o Ecce Homo.
II. El proceso político
     Después de haber sido condenado por las autoridades religiosas judías: Anás, Caifás, el sanedrín, Jesús es presentado ante el tribunal civil de los romanos, presidido por el procurador (epitropos) de Judea Poncio Pilato (Pontius Pilatus), cuyo apellido derivaría de pilum o venablo de honor que habría recibido. El procurador residía en Cesarea, capital administrativa de la provincia, pero acostumbraba acudir a Jerusalén en ocasión de las grandes festividades de peregrinación, para prevenir posibles disturbios.
     Poco después de tomar partido en esa «disputa de judíos», Poncio Pilato, que quiere quitarse la responsabilidad de encima, envía a Jesús, que era galileo, ante Herodes Antipas, tetrarca de Galilea. Pero éste se excusa y Jesús vuelve ante el procurador que de buena o mala gana debe juzgarlo.
     Pilato pregunta al acusado: «¿Eres tú el rey de los judíos?»  Jesús responde: "Tú lo dices". A pesar de su confesión, propone sustituirlo por un malhechor. Pero los judíos fanatizados no aceptan el cambio y la condena a muerte debe cumplirse.
2. Herodes lo devuelve a Pilato
     Mateo, 27: 11-14; Marcos, 15: 2; Lucas, 23: 3.
     Jesús es conducido al pretorio, es decir, al sitio donde el pretor pronunciaba sus sentencias. El tribunal -según dice San Juan- estaba situado en un lugar que en griego se llamaba lithostratos (embaldosado). Interrogado, Jesús responde que es el rey de los judíos, y luego se mantiene en silencio.
     La mujer de Pilato toca el hombro de su marido para advertirle que sea prudente: «No te metas con ese justo, pues he padecido mucho hoy en sueños por causa de él». San Mateo es el único que relata este incidente (27: 19).
3. La elección entre Jesús y Barrabás
     Mateo, 27: 15-26; Marcos, 15: 6-15; Lucas, 23: 18.
     En cada Pascua, el gobernador acostumbraba dejar en libertad a un preso, aquél que el pueblo eligiera. Había entonces un famoso bandido llamado Barrabás. Pilato dijo entonces al pueblo reunido: «A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús el llamado Mesías?» Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron al pueblo para que pidiese a Barrabás. Pilato les dijo: «¿qué queréis que haga con Jesús, el llamado Mesías? Todos dijeron: ¡Crucifíquenle!».
     Este tema, escasamente tratado en el arte cristiano primitivo, desapareció muy temprano, sin duda porque a partir del día en que se osó representar la Crucifixión, se debieron condensar los primeros episodios de la Pasión.
4. El Lavatorio de Pilato
     Mateo, 27: 24.
     Después de haber intentado salvar a Jesús, Pilato, al ver que aumentaba el tumulto, se lavó las manos en presencia de la multitud agitada, diciendo: «Yo soy inocente de esta sangre; vosotros veáis. Y todo el pueblo contestó diciendo: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos.»
     El Lavatorio de las manos no era un gesto romano sino un rito hebreo. Después de un asesinato, los judíos incriminados tenían la costumbre de lavarse las manos para afirmar su inocencia (Deuteronio, 21: 6-8). Por ello es dudoso que un procurador romano haya consumado ese simbólico gesto.
     Verdadero o no, ese episodio se volvió tan popular, que en todas las lenguas se dice: Yo me lavo las manos, con el significado «No soy responsable de tal» .
     A pesar de la solemne protesta de Pilato rechazando toda responsabilidad, la posteridad no lo ha declarado inocente del asesinato de Jesús, a quien él acabó entregando a sus enemigos. La leyenda cristiana no lo ha tratado mejor que al tirano Herodes y al traidor Judas. Se contaba que había caído en desgracia y que se lo había conducido a Roma donde a su vez habría sido escarnecido y expuesto a las humillaciones del populacho, antes de morir miserablemente en prisión.
     De acuerdo con otra versión, habría acabado sus días en una ermita, sobre una montaña suiza, cerca de Lucerna, que recibió el nombre de monte Pilato.
     En los sarcófagos cristianos de Roma y de Arles, el Lavatorio de las manos de Pilato se opone con frecuencia al Lavatorio de los pies de San Pedro por Jesús.
7.  Ecce Homo o Cristo presentado al pueblo
     Juan, 19: 4.
     Después de la Coronación de espinas, Pilato presenta a Jesús ante la multitud que se había reunido frente al pretorio, diciendo: "Ahí tenéis al hombre." (Ecce Homo). Al verle, los sacerdotes y sus servidores gritaron: «¡Crucifícale, crucifícale!» (Tolle, crucifige). La multitud carnicera daba gritos de muerte.
     Este tema fue desconocido para el arte paleocristiano y bizantino: no se lo encuentra en los mosaicos ni en los iconos. Los italianos del Trecento, Duccio y Giotto, también lo ignoraron.
     Se difundió en el siglo XV, al final de la Edad Media. Jesús es exhibido sobre un estrado o en lo alto de una escalera exterior, con la corona de espinas, el manto (o clámide) púrpura y el cetro de caña en las manos atadas; lastimosa imagen de un rey carnavalesco. Su pecho desnudo tiene las huellas de la Flagelación. Una cuerda pende en torno a su cuello. Desde sus párpados enrojecidos fluyen las lágrimas que caen sobre sus mejillas.
     Este motivo ha engendrado los Cristo de Piedad y los Varón de dolores.
     La mujer de Pilato asiste a la escena. Se ve a Barrabás a través de los barrotes de la ventana de su celda (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato", de Méndez Lastrucci, titular de la Hermandad de los Dolores de Torreblanca, en la Iglesia de San Antonio de Padua, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Hermandad de los Dolores de Torreblanca, en ExplicArte Sevilla.