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sábado, 20 de junio de 2026

El Retablo de la Piedad, de Luis de Vargas, en la Iglesia de Santa María la Blanca

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo de la Piedad, de Luis de Vargas, en la Iglesia de Santa María la Blanca, de Sevilla
     Hoy, sábado 20 de junio, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
        Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Retablo de la Piedad, de Luis de Vargas, en la Iglesia de Santa María la Blanca, de Sevilla.
     La Iglesia de Santa María la Blanca [nº 22 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 12 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Santa María la Blanca, 7 (con portada lateral a la calle Archeros, 18); en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
     En la nave del Evangelio podemos contemplar el Retablo de la Piedad, excelente pintura renacentista sobre tabla realizada por Luis de Vargas en 1564. Se inserta en retablo reformado en el siglo XVIII pero que conserva sus originales balaustres manieristas, figurando en los laterales dos tablas con  San Juan Bautista y San Francisco de Asís, también realizados por Luis de Vargas (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     Se trata de un retablo compuesto por tres calles y un cuerpo rematado por ático, realizado en dos fases: 1564 (manierismo), y 1774 (barroco), con unas medidas de 4,76 x 3,40 x 0,65 m. En los laterales se disponen a cada lado dos pinturas sobre tablas que representan a san Juan Bautista a la izquierda, y a san Francisco de Asís recibiendo los estigmas, a la derecha. Se encuentran inscritos en dos medios puntos flanqueados por dos columnas con medio fuste estriado y el otro medio con decoración vegetal. En la parte superior e inferior, presenta cartelas con roleos y decoración floral.
     Al centro se encuentra la pintura de la Piedad, dispuesta del mismo modo que los anteriores, salvo el listón superior que sobresale y se apoya en el exterior de dos de las columnas. Presenta tres cartelas con rocallas y las enjutas sobresalen dos relieves alegóricos de la Fe y la Caridad. En la parte superior, la composición de Dios Padre con los brazos abiertos, de medio cuerpo, y dos ángeles pasionarios acompañándolo. 
     El retablo se cierra en la parte superior con un medio punto abocinado que recoge una serie de cartelas recortadas con motivos vegetales y rocallas, producto de su transformación en el siglo XVIII, que también descienden a ambos lados a modo de guirnaldas.
     En el banco del altar aparece la inscripción: "Se hizo este Altar. Año de 1564 Y se renovó el de 1774".
Piedad. Tabla central al óleo sobre madera, con unas medidas de 2,43 x 1,68 mts., en estilo manierista, con el grupo de las Marías con san Juan se arraciman en torno al cuerpo de Cristo, dispuesto siguiendo un ritmo diagonal, a cuyo extremo aparece la figura de la Magdalena besando sus pies. Un fondo de tinieblas inunda el paisaje que respalda la escena, advirtiéndose en la parte superior una descripción del Calvario y a la izquierda una representación del Entierro de Cristo. A la izquierda de la escena un grupo de hombres asiste al momento de la apertura del sepulcro. En el ángulo inferior derecho aparece la inscripción de autoría: "LUIS DE VARGAS FACIEBAT".
     Esta tabla, junto con otras dos dedicadas a San Juan Bautista y San Francisco, forman el retablo de la Piedad de la Iglesia de Santa María la Blanca. 
     Se trata de la última obra conocida de Luís de Vargas, pintor nacido y formado en Sevilla. Su obra, muy influenciada por los maestros italianos de la época, es el mejor ejemplo de la tendencia rafaelista en la pintura hispalense durante el segundo tercio del siglo.
     Esta obra formó parte de la Exposición "Velázquez y Sevilla", en el Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, salas del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, de Sevilla, del 1 de octubre al 12 de diciembre de 1999.
     En ese mismo año 1999, la obra se sometió a un estudio e intervención en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH).
     Los estudios realizados fueron: estudio biológico, estudio fotográfico y estudio gráfico.
     El estado de conservación era bueno a excepción de los daños producidos por la humedad del muro, que había provocado movimientos de las tablas y consecuentemente, levantamientos y pérdidas de los estratos de preparación y color en las uniones. Se detectó además un fuerte ataque de insectos xilófagos apreciándose orificios tanto por el anverso como por el reverso. 
     La propuesta de intervención fue la siguiente:
     Limpieza superficial del reverso. Relleno de orificios producidos por xilófagos en la estructura y en el soporte. Fijación de estratos. 
     Estucado de lagunas, grietas, desuniones de piezas y orificios producidos por insectos. Limpieza superficial de polvo y hollín. 
     Reintegración de las lagunas estucadas. Reintegración con pigmentos al barniz. Barniz final pulverizado.
     Y la intervención consistió en las siguientes actuaciones:
     Se procedió a la desinsectación de la obra en cámara de gases inertes. El reverso se trató superficialmente, eliminando los depósitos de cal y arena así como el polvo que lo cubría. El resto de la intervención se concentró principalmente en: fijación de los levantamientos, limpieza generalizada del polvo y hollín, relleno de los orificios producidos por los insectos con resina, estucado de las pequeñas pérdidas y orificios, reintegración cromática con técnica acuosa y posteriormente pigmentos al barniz, finalizando con la aplicación de barniz pulverizado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Iglesia de Santa María la Blanca. En retablo de la nave del Evangelio. Magnífica y extraordinaria pintura sobre tabla, obra del romanista Luis de Vargas, en 1564. Además de la Virgen y Cristo difunto, figuran en la escena San Juan y las Marías, lo cual hace que algunas veces sea identificada como un Descendimiento. La composición muestra un eje diagonal en torno al cuerpo del Redentor. Al fondo, entre dramáticas y evocadoras tinieblas, aparece el Calvario, y a un lado se efigian los preparativos para el Santo Entierro. Todo ello supone una descripción completísima, de ritmo progresivo y cinematográfico: el "antes", el "durante" y el "después"; y, lo que tiene más mérito... ¡sin repetir los gestos ni los personajes! (Juan Martínez Alcaide. Sevilla Mariana, repertorio iconográfico. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1997).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del tema de la Piedad;
LA VIRGEN DE LA PIEDAD

   El grupo de la Virgen de la Piedad se compone, estrictamente, de dos personajes: María y su Hijo desclavado de la cruz, cuyo cuerpo inanimado ella sostiene sobre las rodillas.
   A veces ocurre que la Virgen esté rodeada o enmarcada por san Juan, Magdalena, las tres Marías e incluso por los donantes; pero casi siempre está sola con el cadáver de su Hijo, y esta concentración refuerza el poder emotivo del tema. Así es como se distingue de la escena de la Lamentación al pie de la Cruz (Beweinung Christi) que comporta numerosas figuraciones.
   Se ha querido ver en este grupo conmovedor un fragmento separado de la Lamentación, reducida a dos personajes esenciales por un procedimiento análogo que permitió extraer del grupo de la Cena el de Jesús con su discípulo preferido. Pero esa hipótesis no puede probarse, al menos en el arte alemán cuyos Vesperbilder son muy anteriores a los bajorrelieves de la Beweinung que se hizo popular en el siglo XVI. Según parece, la Virgen de la Piedad deriva más bien del tipo tradicional de la Virgen sentada, por simple sustitución del Niño Jesús por el Crucificado.
Fuentes místicas
   La Virgen de la Piedad, que en italiano se llama Pietà y en alemán Vesperbild, -porque la hora de vísperas, de cinco a siete de la tarde, corresponde en el Breviario al Descendimiento de la Cruz-, es la flor más delicada del misticismo de finales de la Edad Media, una flor de la Pasión, una pasionaria que hizo eclosión en los jardines de monjas.
   El tema ni siquiera está esbozado en los Evangelios ni procede tampoco del culto oficial: es una creación de la imaginación  mística que surgió a principios del siglo XIV, al mismo tiempo que los temas de la Virgen de Misericordia y del Varón de Dolores.
   Basta referirse a las Meditaciones franciscanas del Seudo Buenaventura, mejor aún a las Efusiones del beato Enrique de Berg y a las Revelaciones de Santa Brígida, para comprender en qué ambiente nació este tema realista y visionario a la vez. Las descripciones de Cristo muerto sobre las rodillas de su madre (in sinu matris) que se leen allí, donde parecía más cercano y accesible al corazón de los fieles que levantado sobre la madera de la cruz, concuerdan rasgo tras rasgo con las realizaciones plásticas de los artistas.
   El Minnebüchlein atribuido a Enrique de Berg, llamado Suso, también describe a Cristo muerto en una suerte de treno lírico: «Sus ojos, que brillaban como carbunclos, ahora están apagados. Sus labios, que parecían rosas rojas recién abiertas, están secos y su lengua pegada al paladar. Su cuerpo sangrante ha sido tan cruelmente estirado sobre la cruz que pueden contarse todos sus huesos.»
   Santa Brígida de Suecia atribuye a la propia Virgen esta descripción emotiva de su Hijo descendido de la Cruz: «Lo recibí sobre mis rodillas como un leproso, lívido y magullado, porque sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca fría como la nieve, su barba rígida como una cuerda.»
   La mayoría de los historiadores del arte no resistieron la tentación de establecer una relación no sólo de paralelismo sino de filiación entre dichos textos y las obras de arte que parecen derivar de ellos, sin preocuparse por la cronología. Pero las investigaciones recientes condujeron a una inversión del orden de los factores. En la actualidad se admite, en general, que las descripciones realistas de Enrique de Berg y de Santa Brígida, lejos de haber inspirado las obras de arte son sólo la transcripción poética de éstas. Esos textos son para  nosotros un muy precioso comentario de las Vírgenes de Piedad, y nos informan acerca del «clima» místico que les dio nacimiento; pero debe renunciarse a ver programas plásticos en ellos.
Orígenes en el arte alemán y francés del siglo XIV
   Lo que prueba esta teoría es que los primeros Vesperbilder alemanes se remontan a 1320, es decir, son muy anteriores a las Visiones del Seudo Buenaventura y de Santa Brígida.
   Nacido en los conventos de monjas místicas del valle del Rin, ese tema tan femenino y maternal de la Virgen de la Piedad, se difundió algo más tarde en Francia gracias a las numerosas cofradías de Nuestra Señora de la Piedad que encargaron grupos para la decoración de sus capillas, que en los libros de contabilidad se designa con los nombres La Compasión de la Virgen, Imagen de Nuestra Señora la cual sostiene abrazado a Nuestro Señor, Imagen de Nuestra Señora sosteniendo en su regazo otra Imagen de un Dios de Piedad, Dios estando en brazos de Nuestra Señora.
   En todo caso, aunque el nombre italiano de Pietà haya sustituido abusivamente a esas viejas expresiones francesas, es muy cierto que el tema es una creación del arte gótico germano francés y no del arte italiano. En las pinturas del Trecento que cita Mâle, la Virgen está sentada al lado del cadáver de Cristo: ella no lo sostiene sobre las rodillas, en su regazo. Ese tema penetró tardíamente en Italia, donde nunca gozó de la misma popularidad que en Alemania y en Francia. Es interesante recordar en tal sentido que la célebre Pietà de Miguel Ángel, esculpida en 1496 para una capilla de la antigua basílica de San Pedro de Roma, fue encargada por un cardenal francés.
Clasificación  y evolución de los tipos iconográficos 
   La evolución de la iconografía de la Virgen de la Piedad prosiguió entre los siglos XIV y XVI.
   Tanto en Alemania como en Francia e Italia se encuentran dos tipos principales, el primero de los cuales comporta numerosas variantes: entre los siglos XIV y XV Cristo está acostado sobre las rodillas de su madre; en el siglo XVI, influenciado por el nuevo ideal del Renacimiento, más preocupado por la belleza formal, está extendido a sus pies, y sólo tiene apoyada la cabeza sobre las rodillas maternales.
A) Cristo sobre las rodillas de la Virgen

   En los monumentos más antiguos (Grupo de madera de Coburgo, hacia 1330; Vesperbild del convento de las ursulinas de Erfurt, hacia 1340), Cristo sentado sobre las rodillas de su madre tiene el torso echado hacia atrás y la cabeza inerte, caída.
   A veces está representado con la estatura de un niño, como la propia Virgen en los brazos de Santa Ana (Anna selbdritt). En ese caso, la Virgen que tiene la ilusión de acunar a su Hijo en brazos, como en los felices tiempos de la infancia, está representada más joven. Esta desproporción no se debe a la torpeza de los escultores, sino a una concepción de los místicos franciscanos. Según San Bernardino de Siena, la Virgen, extraviada por el dolor, sueña que tiene a su Hijo sobre las rodillas, y que lo acuna envuelto en la mortaja como antes en los pañales.
   En el siglo XV se volvió a la representación de Jesús adulto, en la edad en que murió en la cruz. El grupo se desarrolla en la dimensión horizontal, crece en ancho. A veces el cadáver de Cristo está dispuesto horizontalmente, como el cuerpo de un nadador que flota de espaldas, con la herida del costado bien visible; otras, por el contrario, se presenta oblicuamente, en diagonal, apoyando los pies magullados en el suelo.
   Es difícil determinar el lugar de origen de estas variantes. No obstante, parece que la escultura  alemana haya tomado el tipo de Cristo horizontal de la escuela de Bohemia y el Cristo en diagonal, del cual se ven numerosos ejemplos en Westfalia de la escuela de pintura de los Países Bajos, especialmente de Van der Weyden y de Dirk Bouts que habían, uno y otro, adoptado esta preceptiva. Es también el concepto que prima en la Pitié de Villeneuve de Aviñón (Louvre), la más monumental del arte de la Edad Media.
B) Cristo a los pies de la Virgen
   Este grupo de la madre y el hijo adulto que ella apenas puede sostener sobre sus rodillas, fue abandonada a partir del Renacimiento por un arte más preocupado por las proporciones y la lógica. A partir de ese momento casi siempre se ve el cuerpo de Cristo simplemente apoyado contra las rodillas de su madre. El grupo pierde así su profunda unidad, el acento de intimidad y ternura desgarradora, pero gana en verosimilitud y en armonía estructural.
   Esta preceptiva que reemplaza el esquema gótico no es -tal como lo creyera Mâle- una innovación introducida después del concilio de Trento por la iconografía revisada y corregida por la Contrarreforma. Pueden citarse ejemplos a partir del siglo XV, como el Vesperbild de la iglesia San Cristóbal, en Maguncia. Lo cierto es que esta fórmula ha sido adoptada por el arte barroco italiano (Correggio, Carracci) del cual pasó enseguida a España y a los Países Bajos.
   Aunque no pueda  servir como principio  de clasificación,  porque su actitud siempre la misma, el personaje de la Virgen no es menos importante que el de Cristo: la verdad de la expresión del dolor maternal la convierte en uno de los más bellos temas de estudio de la historia de la plástica.
   Es sobre todo el arte francés de los siglos XV y XVI el que ha sacado partido de este tema con una admirable delicadeza en la expresión de los sentimientos, que contrasta con las exageraciones germánicas.
   A veces María observa llorando el cuerpo inerte de su Hijo desfigurado, cuyos brazos rígidos no consigue cruzar; otras, lo abraza con todas sus fuerzas para impedir que los sepultureros se lo quiten.
   El arte español gótico y barroco introdujo en este tema vesperal un ardor más sombrío, y una suerte de voluptuosidad del dolor que está de acuerdo con el carácter de este pueblo.
   Muchas veces la Piedad suele combinarse con el motivo de la Dolorosa (Nuestra Señora de las Angustias) o Virgen de los cuchillos, que España tomó de los Países Bajos. Se encuentran ejemplos de esta amalgama en Sigüenza y en Calatayud (colegiata de Santa María).
   Subrayemos finalmente que en el arte de la Edad Media se encuentra una variante menos difundida de la Piedad de Nuestro Señor (Not Gottes): en vez de estar extendido sobre las rodillas de su Madre, Cristo muerto está sobre las rodillas de Dios Padre.
   A diferencia de numerosos temas religiosos de la Edad Media de los cuales se ha retirado la vida, éste, tan profundamente humano, ha conservado hasta nuestros días su conmovedora eficacia. Todavía se descubren bellos ejemplos en el arte francés de los tres últimos siglos. (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano; 
    Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual. Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
     De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Conozcamos mejor la Biografía de Luis de Vargas, autor de las pinturas del Retablo reseñado;
     Luis de Vargas (Sevilla, c. 1505 – diciembre de 1567). Pintor.
     El primer artista sevillano de gran altura en el ámbito de la pintura renacentista es Luis de Vargas, quien llegó a adquirir una hegemonía que anteriormente a él habían tenido artistas foráneos como Alejo Fernández, Pedro de Campaña y Hernando de Esturmio.
     Fue Vargas hijo de un pintor de segundo orden llamado Juan del que apenas tenemos noticias, aunque es lógico pensar que con él realizase su aprendizaje.
     Cuando su proceso formativo concluyó, contaba con veintiún años y en ese momento tuvo la afortunada idea de viajar a Italia para aumentar allí el caudal de sus conocimientos; se instaló en Roma, donde permaneció en fechas que aproximadamente pueden situarse entre 1527 y 1534. En esta última fecha debió de regresar a Sevilla y allí estuvo hasta 1541, año en que emprendió un segundo viaje a Italia, donde de nuevo vivió en la Ciudad Eterna hasta 1550, año en que regresó definitivamente a Sevilla residiendo allí al menos hasta 1567, puesto que en diciembre de dicho año se tiene la constancia de que había fallecido.
     Existen testimonios ofrecidos por Francisco Pacheco, quien debió de recoger en Sevilla noticias referentes a la personalidad de Vargas, varias décadas después de su muerte. Señala Pacheco que Vargas fue “hombre humilde y sobre todo gran pintor”, añadiendo que el maestro que le influenció en Italia fue Pierino del Vaga. Lamentablemente Pacheco no menciona las obras que Vargas pudo realizar en Roma, a lo largo de los quince años en los que el artista permaneció allí.
     En la actualidad seguimos sin conocer obra alguna de su estancia italiana, que sin duda se han conservado, pero que permanecen sin identificar formando parte del amplio número de pinturas que en nuestros días se consideran como anónimas y pertenecientes al círculo de imitadores y seguidores de Rafael.
     Las únicas obras conocidas de Luis de Vargas pertenecen al último período de su vida, transcurrido en Sevilla de 1550 a 1567. Son ciertamente muy escasas pero suficientes para poder constatar su personalidad artística. En ella se reconoce la influencia del estilo de Pierino del Vaga, ya señalada por Pacheco pero también influencias procedentes de otros artistas italianos como Salviati y Vasari. Estas influencias pueden advertirse en la primera obra conocida de Vargas, iniciada en 1552 y finalizada en 1555. Se trata del retablo que hizo para la Catedral de Sevilla con el tema central del Nacimiento de Cristo; en esta pintura se constata efectivamente una filiación de carácter italianizante pero también un sentido creativo propio y personal que le otorga un peculiar e individualizado estilo. En el mismo retablo aparecen en las calles laterales pinturas con representaciones de los cuatro evangelistas y en la predela escenas de la Anunciación, la Presentación y la Adoración de los Reyes.
     La Catedral de Sevilla acoge, en otra de sus capillas, un segundo e importante conjunto pictórico de Luis de Vargas. Se trata de un retablo conocido tradicionalmente como de la Genealogía de Cristo, cuya tabla central representa efectivamente esta iconografía que, sin embargo, en otras ocasiones se denomina Alegoría de la Inmaculada Concepción. Pacheco, al referirse a este retablo, deja intuir que fue iniciado por Vargas, a raíz de la fecha de dotación de la capilla donde se alberga, en el año 1536, pero que su realización fue interrumpida por el artista a causa de su segundo viaje a Italia, siendo concluido cuando regresó definitivamente a Sevilla. Lo cierto es que el retablo está firmado y fechado por Vargas en 1561 y que se trata de un conjunto excepcional presidido por la pintura de la Alegoría de la Inmaculada Concepción, obra para cuya composición Vargas se inspiró en una escena del mismo título, realizada por Vasari en varias ocasiones y cuya primera versión se encuentra en la iglesia de los Santos Apóstoles de Florencia, para donde fue pintada hacia 1540. Vargas pudo haber visto dicha pintura en Florencia, o en todo caso haber utilizado un grabado que la reproducía, describiendo en su parte inferior las figuras de Adán y de Eva, padres de la Humanidad y transmisores del pecado original, a través de las sucesivas generaciones que señala el árbol de Getsé y que llegan hasta la Virgen María. Esta última fue concebida sin el pecado original, concepto que se recoge en una cartela que un ángel sostiene al lado de la Virgen y que recoge una frase del Cantar de los Cantares que señala: “Como lirios entre cardos así es mi amada entre las doncellas”. El conjunto de este retablo se completa con la aparición en la predela del retrato de su donante El chantre Juan de Medina, junto con su escudo de armas y una representación de la iglesia triunfante; en los laterales del retablo aparecen representaciones de San Pedro y San Pablo.
     También en la catedral de Sevilla se encuentra otra importante obra de Vargas, a pesar de su pequeño tamaño; se trata de una tabla que representa El Calvario, en la cual aparece la firma del artista. Aunque no está fechada, por su estilo puede datarse hacia 1560 y en ella el crucificado aparece sobre un fondo de tinieblas con la Virgen y san Juan al pie, a los que acompaña la presencia de un anónimo clérigo que será el donante de la pintura y que está acompañado por san Francisco.
     Igualmente en la Catedral de Sevilla, se encuentra un retrato de El venerable Juan de Contreras, cuya atribución al artista fue al parecer realizada por el pintor Bartolomé Esteban Murillo, quien es posible que fuese el que pusiera en ella la firma de Vargas y la fecha de 1541. Dicha atribución sin embargo no es segura.
     En el Museo de Arte de Filadelfia se conserva firmada por Luis de Vargas una interesante pintura que representa Los preparativos para la Crucifixión, obra de gran empeño compositivo en la que contrasta la recogida y serena actitud de Cristo, que espera paciente a que sus verdugos terminen de barrenar el madero donde será crucificado, con la agitada movilidad de los soldados, sayones y caballos, que impiden a un grupo de Santos Varones que se acerquen a contemplar la escena. A la derecha, se constata la presencia de un clérigo que será el donante de la pintura y que aparece retratado en actitud orante.
     Procedente de una colección particular madrileña ha ingresado hace unos años en el Museo de Bellas Artes de Sevilla una representación de La Purificación de la Virgen, que debe de proceder de un desaparecido retablo. Es obra en la cual se describe el momento en que María lleva al Niño al templo de Jerusalén y le presenta ante el sacerdote Simeón. Es obra no firmada, pero que presenta claramente el estilo de Vargas.
     En la Fundación Rodríguez Acosta de Granada, procedente de la colección Gómez Moreno se conserva firmada por este artista una representación de El Juicio Final, obra que Vargas debió de realizar teniendo en cuenta la composición con este mismo tema realizada por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina de Roma, aunque interpretando libremente y sin condicionamientos la desbordante obra original del genio italiano.
     La última obra de la que queda constancia dentro de la producción de Vargas es el retablo de La Piedad, que firmó y fechó en 1564 y que fue realizada para la Iglesia de Santa María la Blanca de Sevilla. En el tema principal de este retablo la Virgen aparece teniendo a Cristo Muerto en su regazo y acompañada de las Marías y de San Juan. Al fondo se abre un dilatado paisaje, sumido en la penumbra y presidido por la orografía del monte Calvario. La iconografía de este retablo se completa con la aparición en sus calles laterales de representaciones de San Juan Bautista y San Francisco.
     Pacheco, al referirse a Vargas en su libro de los Retratos, señala que este artista tenía pintada una Virgen del Rosario en un pilar de la iglesia de San Pablo de Sevilla que desapareció con motivo de las reformas realizadas en este templo hacia 1700. Igualmente han desaparecido las pinturas murales que Luis de Vargas realizó en los muros de la Giralda entre 1553 y 1558, aunque una pintura de Miguel de Esquivel firmada en 1621 y que se conserva en la catedral de Sevilla nos permite adivinar la situación e iconografía de dichas obras. Otras pinturas murales vinculadas a la catedral de Sevilla han desaparecido igualmente; así ocurrió con el Cristo camino del Calvario que pintó en 1561 en un altar situado en las gradas de la Catedral que dan a la calle de Alemanes, que fue sustituido en el siglo XVIII por una copia, la cual por haber estado al aire libre lo mismo que el original está ya también prácticamente perdida. En el interior de la Catedral y en el arco de ingreso a la capilla del Sagrario estuvieron dos representaciones realizadas por Vargas con el tema de Daniel en el foso de los leones y Elías en el desierto, que tampoco han llegado hasta nuestros días (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre la Iglesia de Santa María la Blanca, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad, Balneario Aguas de Villaharta, antiguo Balneario de Fuenteagria, Fuente de El Pilar, y Fuente de los Grifos) de la localidad de Villaharta, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad, Balneario Aguas de Villaharta, antiguo Balneario de Fuenteagria, Fuente de El Pilar, y Fuente de los Grifos) de la localidad de Villaharta, en la provincia de Córdoba.
     Desde la Cuesta de la Matanza, tobogán de curvas, Villaharta blanquea en la lejanía, al pie del Cerro de la Solana. El nombre de Villaharta se asocia al Balneario de Fuente Agria, cuyas benefactoras aguas minero-medicinales, hoy olvidadas, aguardan la resurrección. Mientras tanto, colonias de veraneantes buscan en este verde pulmón el oxígeno y el sosiego que les niega la capital.
     Villa situada en el Valle del Guadiato, cerca de la N-432.
     Distancia a Córdoba: 38 Km.
     Altitud: 578 m.
     Extensión: 11,9 Km2
     Habitantes: 687.
     Gentilicio: Villaharteños.
     Mancomunidad: Valle del Guadiato.
     Villaharta surgió probablemente en el siglo XV, al desarrollarse algunas de las ventas que jalonaban en este lugar el camino de Córdoba a Bélmez y a Los Pedroches. En 1495, los Reyes Católicos facultaron a Fernando Páez de Castillejo para fundar un mayorazgo a favor de su hijo Francisco en sus propiedades, entre las que se hallaba la heredad de Alhondiguilla, que sería la base del término municipal (Diputación Provincial de Córdoba).
     Su fundación tuvo lugar a finales del siglo XV, formando parte del mayorazgo de Francisco Páez de Castillejo. En 1630 Diego Páez de Castillejo, titular del mayorazgo, adquirió de la Corona la jurisdicción sobre la villa. Al quedar esta familia sin descendientes directos, a mediados del siglo XVII se entabló un largo litigio sobre la propiedad, que se zanjó cuando pasó a formar parte de las posesiones de la Casa de Alba (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).

Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad.-
     Se trata de un sencillo edificio terminado en 1828. A pesar de su simplicidad, la fachada denota ya el interés por la armonía de los trazados neoclásicos. La puerta, en medio punto, se enmarca por albanegas y alfiz, claro homenaje a la tradición mudéjar. Para cobijarla se dispone una portada de ladrillo a modo de templete sobre pilastras toscanas, con entablamento, frontón y acróteras. Es de nave única y se cubre con bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones que descansan sobre pilastras toscanas. La cabecera es de planta rectangular y se cubre por bóveda baída.
     Lo más destacable de su interior son dos pequeñas tallas en madera, una de la Asunción, restaurada por Arjona Navarro en 2005, y otra de San Antonio, ambas del siglo XIX. La Dolorosa de candelero denota los ideales académicos de belleza y patetismo. Hay tres pinturas de la misma centuria que representan a la Inmaculada, San José con el Niño y la Virgen de Belén, procedente ésta del monasterio de Pedrique, copia de hacia 1824 de la atribuida a Fernández de Castro, titular del desierto de Nuestra Señora de Belén en Córdoba (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
        La Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Piedad se encuentra situada en el casco histórico de la localidad de Obejo, en la confluencia de la Avenida de Andalucía y la Calle Antonio Machado, dos de las calles más importantes del municipio, muy cercana a la Plaza Mayor.
     La fábrica parroquial se terminó en 1828, a pesar de su sencillez la fachada denota el interés por la armonía de los trazados neoclásicos. Exteriormente sobresalen sus volúmenes del conjunto del caserío.
     La iglesia es planta rectangular con cabecera plana. Cuenta con una sola nave dividida en cuatro tramos, cubierta con bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones que descansan sobre pilastras toscanas. La cabecera es de planta rectangular cubierta con bóveda baída.
     La fachada principal se encuentra elevada sobre un pedestal para equilibrar el terreno, accediéndose al templo a través de dos escalinatas laterales. En el imafronte se unen portada y espadaña, muy característico en construcciones similares de localidades cercanas. La portada está realizada en ladrillo y cuenta con un vano central de medio punto en marcado por alfiz, flanqueado por pilastras toscanas sobre las que carga un entablamento seguido de un frontón triangular, con remates piramidales terminados en bolas, en sus vértices.
     Sobre la portada se sitúa la espadaña de un cuerpo y dos vanos de medio punto donde se alojan sendas campanas. Cada vano está flanqueado por una pilastra de ladrillo sobre las que descansa una cornisa en la que asienta un antepecho a modo de frontón curvilíneo flanqueado por remates y coronado por una cruz y veleta de forja.
     La fundación de Villaharta data de finales del siglo XV, por lo que deducimos que la población debió de contar con otra iglesia anterior a la que posee hoy día, finalizada en 1828 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     
Balneario Aguas de Villaharta.- 
     El Balneario Aguas de Villaharta se encuentra emplazado en el centro de Sierra Morena, lo que hace de él un verdadero lugar para la relajación.
     Un Balneario del siglo XIX repleto de historia y tradición, con las comodidades de nuestro tiempo. Una combinación que hará que su estancia en el Balneario Aguas de Villaharta sea una experiencia inolvidable (Diputación Provincial de Córdoba).

antiguo Balneario de Fuenteagria.-
 
     El antiguo balneario de Fuenteagria, fue constituido por D. Elías Cervelló y Chinesca y data del año 1873, en el paraje de Fuente Agria de Villaharta.
     El pabellón del manantial, hoy semidestruido, era la pieza más valiosa del Balneario. Con forma octogonal, estaba ejecutado en hierro y su suelo estaba cubierto con mármol rojo.
     En el centro del mismo se encontraba la roca de la cual manaba el manantial principal, de aguas inodoras, claras con sabor agrio, destinadas al alivio de enfermedades y dolencias de diversos tipos.
     En la época de Alfonso XIII alcanzó elevada fama y auge, gracias a la calidad de sus aguas (Diputación Provincial de Córdoba).

Fuente de El Pilar.-         
     Consta de un pilar de planta rectangular, de 5,10 por 1,15 metros y altura de 80 centímetros, delimitado en su lado norte por un frontón rectangular rematado en forma piramidal en su parte central. Tanto el frontón como los muros del pilar están revestidos por el exterior con azulejos modernos, combinando los blancos con los decorados con motivos de lacería de colores verde, ocre y azul. Junto al ángulo suroeste se dispone el caño de salida del agua, consistente en un grifo moderno, mientras que el desagüe se produce por el lado sureste.
     En el año 2002, en un Inventario de fuentes de varios municipios de la provincias  se decía: "El pilar está bien conservado al haber sido objeto de recientes reformas; sin embargo, la fragilidad de los materiales empleados hace temer su rápido deterioro (los azulejos se desprenden con facilidad con el paso del tiempo). Además se trata, evidentemente, de un material muy poco apropiado para una construcción tradicional de estas características, que altera la imagen que debió ofrecer originalmente. La grifería que compone el caño es moderna e igualmente poco apropiada para la construcción. La recuperación de este pilar pasa por eliminar los azulejos y recuperar el aparejo de mampostería o ladrillo que lo forme, añadiendo un enlucido más acorde con el carácter tradicional de estas construcciones; y por la sustitución del grifo actual por un caño de bronce o hierro."
     En el año 2019, el aspecto que presenta esta fuente es el que se muestra en la imagen, con el cemento visto y sin ningún tipo de ornamento, más allá de la fecha de construcción de la fuente y un cartel de advertencia de la no potabilidad del agua.
     Tradicionalmente ha sido utilizada para el abastecimiento de agua de la población y abrevaje de las caballerías (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Fuente de los Grifos.- 
         La fuente consiste en un depósito de cemento adosado a la fachada sur de un edificio de donde el agua pasa, por dentro de la pared, a verter a través de una cañería moderna en una piletilla de cemento.
      Tienen su origen en el año 1955. Su agua proviene, a través de una galería subterránea, de un manantial situado junto a la Plaza de la Constitución. El Ayuntamiento de Villaharta ha rehabilitado el entorno, manteniendo los azulejos originales de una imagen del Arcángel San Rafael y un azulejo con la fecha de inauguración. En su origen, cuando no existía agua corriente servía para abastecer de agua a los vecinos de la localidad (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad, Balneario Aguas de Villaharta, antiguo Balneario de Fuenteagria, Fuente de El Pilar, y Fuente de los Grifos) de la localidad de Villaharta, en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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sábado, 15 de noviembre de 2025

La pintura "Piedad iluminada por ángeles", atribuido a Pedro Núñez de Villavicencio, en la sala II del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Piedad iluminada por ángeles", atribuido a Pedro Núñez de Villavicencio, en la sala II del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla
     Hoy, sábado 15 de noviembre, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
        Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Piedad iluminada por ángeles", atribuido a Pedro Núñez de Villavicencio, en la sala II del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
     El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala II del Conjunto Monumental podemos contemplar la pintura "Piedad iluminada por ángeles", atribuido a Pedro Núñez de Villavicencio (1640-1695), en óleo sobre lienzo, realizada hacia 1680, y con unas medidas 1,65 x 2,05 mts., y procedente de la Iglesia del Hospital de las Cinco Llagas, actual Parlamento de Andalucía.
     A fines del siglo XIX, según Collantes se hallaba en la dirección del Hospital Central. En 1936 se localizaba en la quinta capilla, el Baptisterio de la Iglesia, y en 1975 en la sala de San Cayetano. No cabe duda de que se trata de una de las obras más bellas y originales de toda la colección, por la expresividad y lo insólito del tratamiento del tema a la luz de los cirios, que incrementan su dramatismo, y donde confluyen el matizado claroscuro napolitano y calabrés con la expresividad flamenca y la emotividad sevillana. La disposición de Cristo deriva de Annibale Carracci, luego repetido por Agostino Carracci en la Piedad de Caprarola de 1597. Aunque resulta todavía más fiel a la reelaboración del tema que hizo Van Dyck, quien proporcionó a los ángeles mancebos un protagonismo novedoso, luego reproducido por grabadores contemporáneos como Vorsterman. Otro referente que debe de tenerse en cuenta es el dibujo de la Piedad de Valdés Leal del Museo del Prado, cuya belleza serena y equlibrada se podría relacionar con nuestro cuadro. No es de extrañar que Luis Luna Moreno lo atribuyese en 1976 a Valdés Leal, aunque Valdivieso, lo descartaría poco después, al observar su pincelada y dibujo más firmes y la composición más sosegada.
     En cualquier caso, conforma una obra original en el contexto de la pintura sevillana del último cuarto del siglo XVII que, si bien no es obra de Valdés, debió ser ejecutada por un pintor de calidad vinculado a la Academia, con fuerte influencia italiana. Solo podría haber sido alguien como Don Pedro Núñez de Villavicencio, que estuvo en Malta para ser armado caballero de la Orden de San Juan y que mantuvo una personalidad independiente y una doble influencia, Murillo y Matía Pretti además de una vinculación documentada con la Academia desde la temprana edad de los 15 años. Recordemos que pintó también la Piedad del Prado, una dolorosa lacrimosa de belleza serena y rostro en tres cuartos como ésta. Igualmente apreciamos idénticas manos abiertas suplicantes con dedos alargados e iluminadas dramáticamente como las que aquí vemos, tanto en la citada obra del Prado como en alguna de sus pinturas con adolescentes atacados por perros, como la del museo de Budapest o la de colección privada.
     Con las manos crea aquí un completo lenguaje expresivo: la de la Virgen que sostiene la inerte mano de Cristo o las manos de los ángeles mancebos portadores de cirios. Estudiada gestualidad que se repite también en la Piedad del Prado y en su obra más conocida, Juego de niños, también en el museo madrileño. Igualmente son propios de su labor los blancos paños con plegados muy sintéticos, visibles tanto en el sudario en el primer plano de nuestra obra como en la del Prado. También le son afines los cuerpos de Cristo de anatomía somera y color desabrido presentes de nuevo en la citada Piedad madrileña. Donde también observamos la misma manera de pintar el labio superior y la nariz de la Dolorosa y cuya Magdalena tiene rasgos faciales comunes con nuestros ángeles mancebos. Estos ángeles de rostros ambiguos tampoco están alejados de los adolescentes con perros o gatos, con rostros en penumbra y con puntos de vista infrecuentes y con manos expresivamente abiertas. Por todos estos rasgos de origen transalpino, combinados con la tradición local nos atrevemos a proponer su atribución al caballero pintor. Por el contrario, son de clara tradición sevillana los cirios o el estudiado "títulus" que, con los instrumentos de martirio, colocados sobre la aljofaina de cobre o a su lado, conforman una naturaleza muerta a lo divino, al estilo de nuestros pintores naturalistas de la primera hornada del siglo XVII. Desgraciadamente el uso de azurita como pigmento en el manto de la Virgen ha ocasionado su degradación, confirmando así también su origen sevillano (Juan Luis Ravé Prieto, en Patrimonio Histórico de la Diputación de Sevilla 1500-1900. Arte y Beneficencia. Diputación de Sevilla. Sevilla, 2025).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del tema de la Piedad;
LA VIRGEN DE LA PIEDAD
   El grupo de la Virgen de la Piedad se compone, estrictamente, de dos personajes: María y su Hijo desclavado de la cruz, cuyo cuerpo inanimado ella sostiene sobre las rodillas.
   A veces ocurre que la Virgen esté rodeada o enmarcada por san Juan, Magdalena, las tres Marías e incluso por los donantes; pero casi siempre está sola con el cadáver de su Hijo, y esta concentración refuerza el poder emotivo del tema. Así es como se distingue de la escena de la Lamentación al pie de la Cruz (Beweinung Christi) que comporta numerosas figuraciones.
   Se ha querido ver en este grupo conmovedor un fragmento separado de la Lamentación, reducida a dos personajes esenciales por un procedimiento análogo que permitió extraer del grupo de la Cena el de Jesús con su discípulo preferido. Pero esa hipótesis no puede probarse, al menos en el arte alemán cuyos Vesperbilder son muy anteriores a los bajorrelieves de la Beweinung que se hizo popular en el siglo XVI. Según parece, la Virgen de la Piedad deriva más bien del tipo tradicional de la Virgen sentada, por simple sustitución del Niño Jesús por el Crucificado.
Fuentes místicas
   La Virgen de la Piedad, que en italiano se llama Pietà y en alemán Vesperbild, -porque la hora de vísperas, de cinco a siete de la tarde, corresponde en el Breviario al Descendimiento de la Cruz-, es la flor más delicada del misticismo de finales de la Edad Media, una flor de la Pasión, una pasionaria que hizo eclosión en los jardines de monjas.
   El tema ni siquiera está esbozado en los Evangelios ni procede tampoco del culto oficial: es una creación de la imaginación  mística que surgió a principios del siglo XIV, al mismo tiempo que los temas de la Virgen de Misericordia y del Varón de Dolores.
   Basta referirse a las Meditaciones franciscanas del Seudo Buenaventura, mejor aún a las Efusiones del beato Enrique de Berg y a las Revelaciones de Santa Brígida, para comprender en qué ambiente nació este tema realista y visionario a la vez. Las descripciones de Cristo muerto sobre las rodillas de su madre (in sinu matris) que se leen allí, donde parecía más cercano y accesible al corazón de los fieles que levantado sobre la madera de la cruz, concuerdan rasgo tras rasgo con las realizaciones plásticas de los artistas.
   El Minnebüchlein atribuido a Enrique de Berg, llamado Suso, también describe a Cristo muerto en una suerte de treno lírico: «Sus ojos, que brillaban como carbunclos, ahora están apagados. Sus labios, que parecían rosas rojas recién abiertas, están secos y su lengua pegada al paladar. Su cuerpo sangrante ha sido tan cruelmente estirado sobre la cruz que pueden contarse todos sus huesos.»
   Santa Brígida de Suecia atribuye a la propia Virgen esta descripción emotiva de su Hijo descendido de la Cruz: «Lo recibí sobre mis rodillas como un leproso, lívido y magullado, porque sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca fría como la nieve, su barba rígida como una cuerda.»
   La mayoría de los historiadores del arte no resistieron la tentación de establecer una relación no sólo de paralelismo sino de filiación entre dichos textos y las obras de arte que parecen derivar de ellos, sin preocuparse por la cronología. Pero las investigaciones recientes condujeron a una inversión del orden de los factores. En la actualidad se admite, en general, que las descripciones realistas de Enrique de Berg y de Santa Brígida, lejos de haber inspirado las obras de arte son sólo la transcripción poética de éstas. Esos textos son para  nosotros un muy precioso comentario de las Vírgenes de Piedad, y nos informan acerca del «clima» místico que les dio nacimiento; pero debe renunciarse a ver programas plásticos en ellos.
Orígenes en el arte alemán y francés del siglo XIV
   Lo que prueba esta teoría es que los primeros Vesperbilder alemanes se remontan a 1320, es decir, son muy anteriores a las Visiones del Seudo Buenaventura y de Santa Brígida.
   Nacido en los conventos de monjas místicas del valle del Rin, ese tema tan femenino y maternal de la Virgen de la Piedad, se difundió algo más tarde en Francia gracias a las numerosas cofradías de Nuestra Señora de la Piedad que encargaron grupos para la decoración de sus capillas, que en los libros de contabilidad se designa con los nombres La Compasión de la Virgen, Imagen de Nuestra Señora la cual sostiene abrazado a Nuestro Señor, Imagen de Nuestra Señora sosteniendo en su regazo otra Imagen de un Dios de Piedad, Dios estando en brazos de Nuestra Señora.
   En todo caso, aunque el nombre italiano de Pietà haya sustituido abusivamente a esas viejas expresiones francesas, es muy cierto que el tema es una creación del arte gótico germano francés y no del arte italiano. En las pinturas del Trecento que cita Mâle, la Virgen está sentada al lado del cadáver de Cristo: ella no lo sostiene sobre las rodillas, en su regazo. Ese tema penetró tardíamente en Italia, donde nunca gozó de la misma popularidad que en Alemania y en Francia. Es interesante recordar en tal sentido que la célebre Pietà de Miguel Ángel, esculpida en 1496 para una capilla de la antigua basílica de San Pedro de Roma, fue encargada por un cardenal francés.
Clasificación  y evolución de los tipos iconográficos 
   La evolución de la iconografía de la Virgen de la Piedad prosiguió entre los siglos XIV y XVI.
   Tanto en Alemania como en Francia e Italia se encuentran dos tipos principales, el primero de los cuales comporta numerosas variantes: entre los siglos XIV y XV Cristo está acostado sobre las rodillas de su madre; en el siglo XVI, influenciado por el nuevo ideal del Renacimiento, más preocupado por la belleza formal, está extendido a sus pies, y sólo tiene apoyada la cabeza sobre las rodillas maternales.
A) Cristo sobre las rodillas de la Virgen
   En los monumentos más antiguos (Grupo de madera de Coburgo, hacia 1330; Vesperbild del convento de las ursulinas de Erfurt, hacia 1340), Cristo sentado sobre las rodillas de su madre tiene el torso echado hacia atrás y la cabeza inerte, caída.
   A veces está representado con la estatura de un niño, como la propia Virgen en los brazos de Santa Ana (Anna selbdritt). En ese caso, la Virgen que tiene la ilusión de acunar a su Hijo en brazos, como en los felices tiempos de la infancia, está representada más joven. Esta desproporción no se debe a la torpeza de los escultores, sino a una concepción de los místicos franciscanos. Según San Bernardino de Siena, la Virgen, extraviada por el dolor, sueña que tiene a su Hijo sobre las rodillas, y que lo acuna envuelto en la mortaja como antes en los pañales.
   En el siglo XV se volvió a la representación de Jesús adulto, en la edad en que murió en la cruz. El grupo se desarrolla en la dimensión horizontal, crece en ancho. A veces el cadáver de Cristo está dispuesto horizontalmente, como el cuerpo de un nadador que flota de espaldas, con la herida del costado bien visible; otras, por el contrario, se presenta oblicuamente, en diagonal, apoyando los pies magullados en el suelo.
   Es difícil determinar el lugar de origen de estas variantes. No obstante, parece que la escultura  alemana haya tomado el tipo de Cristo horizontal de la escuela de Bohemia y el Cristo en diagonal, del cual se ven numerosos ejemplos en Westfalia de la escuela de pintura de los Países Bajos, especialmente de Van der Weyden y de Dirk Bouts que habían, uno y otro, adoptado esta preceptiva. Es también el concepto que prima en la Pitié de Villeneuve de Aviñón (Louvre), la más monumental del arte de la Edad Media.
B) Cristo a los pies de la Virgen
   Este grupo de la madre y el hijo adulto que ella apenas puede sostener sobre sus rodillas, fue abandonada a partir del Renacimiento por un arte más preocupado por las proporciones y la lógica. A partir de ese momento casi siempre se ve el cuerpo de Cristo simplemente apoyado contra las rodillas de su madre. El grupo pierde así su profunda unidad, el acento de intimidad y ternura desgarradora, pero gana en verosimilitud y en armonía estructural.
   Esta preceptiva que reemplaza el esquema gótico no es -tal como lo creyera Mâle- una innovación introducida después del concilio de Trento por la iconografía revisada y corregida por la Contrarreforma. Pueden citarse ejemplos a partir del siglo XV, como el Vesperbild de la iglesia San Cristóbal, en Maguncia. Lo cierto es que esta fórmula ha sido adoptada por el arte barroco italiano (Correggio, Carracci) del cual pasó enseguida a España y a los Países Bajos.
   Aunque no pueda  servir como principio  de clasificación,  porque su actitud siempre la misma, el personaje de la Virgen no es menos importante que el de Cristo: la verdad de la expresión del dolor maternal la convierte en uno de los más bellos temas de estudio de la historia de la plástica.
   Es sobre todo el arte francés de los siglos XV y XVI el que ha sacado partido de este tema con una admirable delicadeza en la expresión de los sentimientos, que contrasta con las exageraciones germánicas.
   A veces María observa llorando el cuerpo inerte de su Hijo desfigurado, cuyos brazos rígidos no consigue cruzar; otras, lo abraza con todas sus fuerzas para impedir que los sepultureros se lo quiten.
   El arte español gótico y barroco introdujo en este tema vesperal un ardor más sombrío, y una suerte de voluptuosidad del dolor que está de acuerdo con el carácter de este pueblo.
   Muchas veces la Piedad suele combinarse con el motivo de la Dolorosa (Nuestra Señora de las Angustias) o Virgen de los cuchillos, que España tomó de los Países Bajos. Se encuentran ejemplos de esta amalgama en Sigüenza y en Calatayud (colegiata de Santa María).
   Subrayemos finalmente que en el arte de la Edad Media se encuentra una variante menos difundida de la Piedad de Nuestro Señor (Not Gottes): en vez de estar extendido sobre las rodillas de su Madre, Cristo muerto está sobre las rodillas de Dios Padre.
   A diferencia de numerosos temas religiosos de la Edad Media de los cuales se ha retirado la vida, éste, tan profundamente humano, ha conservado hasta nuestros días su conmovedora eficacia. Todavía se descubren bellos ejemplos en el arte francés de los tres últimos siglos. (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
    Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual. Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
     De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Conozcamos mejor la Biografía de Pedro Núñez de Villavicencio, autor de la obra reseñada;
   Pedro Núñez de Villavicencio, (Sevilla, junio de 1640 – Madrid, 1695), pintor.
   Nació en un ambiente acomodado, en un hogar vinculado a la Carrera de Indias y alguno de sus hermanos ejercía como cargador de la flota mercantil. El talante aristocrático de la familia y la propia adscripción del pintor a la Orden Militar de San Juan de Jerusalén no le privó de ejercer profesionalmente como pintor. Es una llamativa circunstancia que viene a encajar con el carácter liberal de la pintura, como se había venido reclamando desde el siglo XVI.
   Ceán Bermúdez alude a su formación inicial al lado de Murillo y lo expresa en términos de encauzamiento de una afición. A mediados de siglo, cuando Núñez de Villavicencio inició su formación, Murillo vivía entre las collaciones de San Nicolás y San Isidoro, muy cerca de la suya. En 1660 aparece entre los participantes de la Academia de la Lonja y un año más tarde abandonó la ciudad para emprender camino hacia Malta, donde desarrolló su formación en la Orden Militar de San Juan del Temple. Allí coincidió con una figura clave en su arte, Matia Pretti, miembro de la propia comunidad, con quien tuvo la oportunidad de conformar su estilo. De vuelta, en 1664, continuaría sus contactos con Murillo, recién instalado en el barrio donde estaba arraigada la familia de Núñez de Villavicencio, San Bartolomé.
   En los siguientes años, repartió su tiempo entre el taller de pintura y las comisiones de la Orden de Malta. En esa coyuntura alcanzó un gran prestigio, consiguiendo un importante reconocimiento como retratista. En 1670 hizo el del arzobispo Spínola, claramente inspirado en el autorretrato de Murillo, con un marco fingido sobre el que apoya la mano, para romper la frontera que separa realidad de ficción. Y tres años más tarde se encuentra en Roma, cumpliendo tareas propias de los sanjuanistas. La proximidad a Murillo queda de manifiesto en 1682 al aparecer entonces como su albacea testamentario.
   En 1689 obtuvo la encomienda sanjuanista de Bodonal de la Sierra (Badajoz), un claro reconocimiento a su progreso dentro de la Orden y un evidente signo de distinción social, como gusta de reconocer en el cuadro del Prado, donde firma como “Fr. D. Pº de Villavicencio fabt Comor de Vodonal hispsis”. En esta coyuntura se vio favorecido por la consideración de la propia Corte, donde residió entre 1692 y 1694, al final de sus días. Regaló al Monarca el cuadro que representa a los Niños jugando a los dados, un tema que atrajo a la sociedad del momento. Cuenta Palomino que el propio pintor regaló al conde de Monterrey otra pintura de ambientes urbanos.
   El particular estilo de Núñez de Villavicencio deriva de la propia idiosincrasia del noble que ejerce como pintor, y del hecho de ser un gran viajero y bien relacionado con la elite social. Cultivó un arte interesado por las descripciones callejeras, con jóvenes mendigos, puede que influido por el modelo murillesco, pero también marcado por el espíritu religioso-militar de la Orden de San Juan, dadivoso y protector de la infancia. Dentro de este capítulo de su producción destacan los lienzos del Museo de Leicester y el del Museo Ponce de Puerto Rico, los únicos firmados por el pintor, que muestran a Niños jugando a los dados y los Niños comiendo mejillones y a los Niños con calabazas. Pero sobre todo una pieza no firmada, pero sí documentada, que se encuentra en la pinacoteca del Prado, con los Niños jugando los dados, afín a la del Museo sevillano. Evocaciones todas del arte del maestro, Murillo, de acuerdo con el gusto imperante y la afición a la pintura de bambochadas. De acuerdo con ese mismo espíritu hay que reconocer el alto nivel que alcanzó su obra retratística con las distintas versiones del arzobispo Ambrosio Spínola. En la pintura de temática religiosa se aprecia claramente la incidencia del arte de Pretti, basten los episodios Judit mostrando la cabeza de Holofernes, del Museo de Bellas Artes de Sevilla, o La Piedad, del Prado (Fernando Quiles García, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "La Virgen María como mediadora", atribuido a Pedro Núñez de Villavicencio, en la sala II del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Sala II del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 13 de octubre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de San Bartolomé, Ermita de Santa Anta, y Ermita de Nuestra Señora de la Piedad) de la localidad de La Coronada, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Bartolomé, Ermita de Santa Anta, y Ermita de Nuestra Señora de la Piedad) de la localidad de La Coronada, en la provincia de Badajoz.
     Población de entidad notable situada entre Villanueva, Magacela y Campanario, sobre un marco geográfico llano de composición pizarrosa, prácticamente desprovisto de arbolado, dedicado a pastizal y cereales.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 81,2 Km2
     Altitud: 356 m.
     Distancia Capital: 130 Km.
     Partido Judicial: Villanueva de la Serena
     Comarca: La Serena
     Gentilicio: Coronel
Ayuntamiento de La Coronada
     Calle de Dolores Ibárruri 2
     06469 La Coronada (Badajoz)
     Teléfono: 924826011
     Fax: 924826632
     Web: www.lacoronada.es
Historia.-
     Fue en el siglo XIV cuando la Orden de Alcántara funda La Coronada; pero ,con anterioridad, ya había sido habitado el término. Así lo justifican los numerosos vestigios que se encuentran en los cuatro puntos cardinales: el Colmenar, Pedorra, Toriles de Gregorio o el Peón.
     Los primeros datos de la población que se poseen se remontan al siglo XVIII. Según éstos, los siglos XVIII y XIX doblaron la población , y la hubiera doblado el XX de no haberse producido el masivo movimiento migratorio que se inicia en los años sesenta (Diputación Provincial de Badajoz).
Monumentos.-
     Su edificio más destacado es la iglesia de San Bartolomé, que se encuentra en un extremo de la población. Se trata de una peculiar realización originaria del siglo XVI, en la que se distinguen acusadamente las distintas fases constructivas.
     La cabecera, más antigua, resulta de enormes proporciones y a ella se aneja la reducida nave sobre la que se adosa una pequeña torre más baja que la capilla mayor.
     Sobre las portadas, de elemental traza clasicista, luce el escudo alcantarino. En el interior, de aspecto arcaizante, destacan las pinturas que decoran la cúpula de la capilla del Cristo y los lunetos de las ventanas, así como el púlpito granítico, también ostentando la Cruz de Alcántara.
     En sus afueras se halla la ermita de Santa Ana, interesante realización reducida a un pequeño cuerpo cuadrangular encalado, con estribos angulares y severa portada de piedra. Más alejada, próxima al río Zújar, ocupando un alcor sobre un paraje desprovisto de arbolado y duro, aunque de indudable encanto, se enclava la ermita de Ntra. Sra. de la Piedad, también conocida como Santa María del Zújar. Configura un complejo de sabor popular de origen medieval, conectado con los itinerarios de la Mesta, en uno de cuyos descansaderos se localiza. Cuenta con atrio porticado, remate de espadaña y variada volumetría en los restantes componentes. Su angosta espacialidad interior se resuelve mediante arco de gran desarrollo en anchura y escasa altura, contando con cúpulas en la cabecera y camarín (Diputación de Badajoz).
     Pasear por las calles de esta localidad te permitirá entrar en contacto con sus gentes, su cultura, sus tradiciones y fiestas populares para conocer más a fondo Extremadura (Turismo de Extremadura).
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viernes, 3 de octubre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad, Ermita de Nuestra Señora de la Luz, Castillo y Cristo, Santuario de Nuestra Señora de Chandavila, Ermita de la Varse, y Ruinas del Puente Romano) de la localidad de La Codosera, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad, Ermita de Nuestra Señora de la Luz, Castillo y Cristo, Santuario de Nuestra Señora de Chandavila, Ermita de la Varse, y Ruinas del Puente Romano) de la localidad de La Codosera, en la provincia de Badajoz.
     Situada al Oeste de Alburquerque, su localización sobre la misma línea de la frontera con Portugal confiere a la localidad peculiaridades muy acusadas en la dicción, donde es fuerte la influencia lusitana, y en otros aspectos, pudiendo afirmarse que su conexión con el país vecino constituye uno de los componentes más importantes de la personalidad de este reducido y apacible enclave. El panorama paisajístico queda formado por ondulaciones cubiertas de dehesa, olivos y monte bajo, con abundancia en las proximidades del río Gévora de castaños, fresnos, chopos, sauces y otras especies ribereñas que configuran parajes de extraordinaria hermosura paisajística.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 69,6 Km2
     Altitud: 335 m.
     Distancia Capital: 58 Km.
     Partido Judicial: Badajoz
     Comarca: Tierra de Badajoz
     Otras Entidades: Bacoco, caserío situada a 6 Kms. de La Codosera (núcleo) y a 403 metros de altitud. El Marco, caserío a 4Kms. del núcleo y a 340 m de altitud. La Rabaza, caserío a 12 Kms. del núcleo y a 360 m de altitud. La Tojera, caserío a 7 Kms. del núcleo y a 400 m de altitud. La Varse, caserío a 6 Kms. del núcleo y a 340 m de altitud. y La Vega, caserío a 5 Kms. del núcleo y a 340 m de altitud.
     Gentilicio: Codoserano
Ayuntamiento de La Codosera
     Plaza del Egido Luz
     06518 La Codosera (Badajoz)
     Teléfono: 924404052
     Fax: 924404426
     Web: www.lacodosera.es
Historia.-
     La historia de La Codosera, es la historia de un pueblo fronterizo, por su situación junto a la "Raya" de Portugal. Su dilatada historia se remonta a los primeros europeos. La evolución histórica ha sido muy compleja, y a la par muy rica culturalmente. En ningún período histórico ha estado despoblada. Con el tiempo, la cultura fronteriza ha salpicado a La Codosera con manifestaciones culturales y artísticas, que han ido forjando la cultura y el carácter de esta población. Tradicionalmente se sitúan las primeras noticias de La Codosera como núcleo de población en el siglo XII, aunque se considera que la comarca estuvo habitada desde la prehistoria. 
     El pueblo queda compuesto por edificaciones de tipo popular, cuyas características tradicionales se encuentran actualmente en fase de transformación, debido al proceso de renovación de tejidos que se esta experimentando en los últimos años. Ámbito de particular encanto constituye la recoleta placilla central, cubierta de pocos pero frondosos arboles. Entre los sitios mas significativos del lugar podemos encontrar el Castillo, el Santuario de Ntra. Sra. de Chandavila y la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Piedad. El primero ocupa un alto en un extremo del pueblo. Sobre uno de sus torreones se erige una colosal figura de Jesus, que resulta visible desde todo el entorno. El castillo, se remonta al siglo XIV, situado en las proximidades del camino viejo de Chandavila, que lleva de La Codosera a la Ermita. Desde el Castillo, situado en un bello paraje, se divisa la poblacion de La Codosera. El Santuario de Ntra. Sra. de Chandavila se encuentra en un paraje bravío. Constructivamente ofrece composición de gran cuerpo con formas macizas. En sus proximidades acontecieron en 1945 unas apariciones milagrosas de la Virgen de los Dolores a dos niñas, Marcelina y Afra, que acapararon gran atención en la época (Ayuntamiento de La Codosera).
Monumentos.-
     El pueblo queda compuesto por edificaciones de tipo popular, cuyas características tradicionales se encuentran actualmente en fase de transformación, debido al proceso de renovación de tejidos que se está experimentando en los últimos años. Ámbito de particular encanto constituye la recoleta placilla central, cubierta de pocos pero frondosos árboles.
     La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Piedad es de edificación sencilla, originaria del siglo XV y muy modificada después. También se encuentra en la localidad la ermita de Nuestra Señora de la Luz, pequeña realización popular del XVI, con techumbre de madera y cabecera abovedada con pinturas al fresco.
     Los dos hitos más significativos del lugar son el castillo y la ermita de Nuestra Señora de Chandavila.
     El primero ocupa un alto en un extremo del pueblo. Sobre uno de sus torreones se erige una colosal figura de Jesús, que resulta visible desde todo el entorno, al igual que sucede con la iglesia de Solana de los Barros.
     La ermita de Chandavila se encuentra en un paraje bravío. Constructivamente ofrece composición de gran cuerpo con formas macizas. En sus proximidades acontecieron en 1945 unas supuestas apariciones milagrosas de la Virgen de los Doloresa a dos niñas, Marcelina y Afra, que acapararon gran atención en la época (Diputación de Badajoz).
     La Codosera esun municipio extremeño de unos 2.150 habitantes aproximadamente, situado al noroeste de la provincia de Badajoz.
     Sus principales atractivos turísticos son:
     • Su gastronomía: Rica por su cercanía a Portugal, teniendo un gran arraigo rayano.
     • Su entorno natural: Gran variedad de vegetación así como la presencia del rio Gévora que atraviesa nuestras piscinas naturales, convirtiéndose así en el lugar ideal para desconectar y refrescarse durante el verano.
     • Sus edificaciones: Gran atractivo arquitectónico donde puedes visitar la fortaleza del castillo (s.XIII) o la iglesia (s. XV) entre otras (Turismo de Extremadura).

Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad.-
     ​Es el edificio religioso más importante de la localidad. En su exterior está construido con parámetros de mampostería lucidos. Estos parámetros se encuentran reforzados por ocho robustos contrafuertes. En dos de estos contrafuertes se pueden apreciar gárgolas.
     La iglesia tiene dos portadas. En su interior tiene una sola nave rectangular. Esta nave está distribuida en tres tramos soportados por arcos de medio punto que sostienen una bóveda de cañón. El presbiterio se cubre con una bóveda de crucería que presenta las claves decoradas con motivos religiosos. Al lado del evangelio se encuentra la sacristía, que puede ser del siglo XV.
     El tempo, en general, presenta un carácter gótico- renacentista por lo que pudo ser construido  en los últimos años del siglo XV y comienzos del siglo XVI. Aunque tiene añadidos del siglo XVIII.
     El altar mayor es de madera sobredorada y fue construido durante la época de la transición entre el Renacimiento y el Barroco en estilo manierista. Las obras que alberga el altar son tallas de San Francisco (S. XVIII), San Juan Bautista (S. XVII) y la titular de la parroquia, la Virgen de la Piedad con el niño sentado en su brazo (S.XVII) y las pinturas de la Virgen con el niño (S. XVIII), Asunción de la Virgen y Anunciación de María (ambos del S. XVII).
     En la iglesia también podemos encontrar obras de Jenaro Lázaro Gumiel, como son el Cristo Crucificado que procesiona en la Semana Santa de La Codosera.

Ermita de Nuestra Señora de la Luz.-
     Pequeña capilla situada junto al cementerio municipal. El edificio popular tiene una planta rectangular dividida en tres secciones. El presbiterio está cubierto por una bóveda policromada del S. XVI, destacando por su antigüedad. El altar de la capilla es del S. XVIII de estilo barroco y está presidido por una imagen de la Virgen María con el niño en brazos.   

Castillo de La Codosera y Cristo.-
     ​A 378 metros sobre el nivel del mar, en la parte más alta de la localidad, se sitúan los restos del castillo de la localidad. Construido en el primer cuarto del siglo XIV, sirvió  de atalaya y primera línea defensiva de Alburquerque en las guerras con Portugal entre los años 1640 y 1668. Por esta situación geográfica fue destruido y reconstruido muchas veces.
     En el día de hoy sólo quedan unos muros sobre los que se ha levantado una vivienda, con una torre de tres cuerpos, simulando al antiguo castillo. De lo antiguo sólo quedan restos de lo que fuera la muralla.
     En uno de estos "muñones" de lo que fuera la antigua muralla se erige colosal la figura del Sagrado Corazón de Jesús en actitud de bendecir al pueblo. Esta obra fue realizada por el escultor Jenaro Lázaro Gumiel en el año 1957.
     El Castillo se encuentra bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
     Actualmente el Castillo es de propiedad privada y no se puede visitar.

Santuario de Nuestra Señora de Chandavila.-
     A unos dos kilómetros y medio de la localidad, en un paisaje cubierto de pinos, castaños, encinas o eucaliptos, se encuentra ubicado el Santuario en honor a la Virgen de los Dolores de Chandavila.
     El Santuario de Chandavila es el fruto de varias apariciones de la Virgen a dos niñas de la localidad. Estas apariciones tuvieron lugar en esos parajes en el año 1945.
     La iglesia del Santuario, que comenzó a construirse en  1947, está construida con materiales modernos. Sobresale en su vista exterior la torre de tres cuerpos  situada a los pies de la iglesia. Las campanas de la iglesia se encuentran ubicadas en esta torre, en el cuerpo central.
     El interior del templo es de una sola nave formada por cuatro tramos y el camarín de la Virgen situado en la cabecera. El altar mayor es de estilo barroco tardío, realizado en madera sobredorada. Está formado por una hornacina central donde se encuentra la imagen de la Virgen de los Dolores custodiada por dos columnas y envuelta en un cerco adornado por un arcángeles. Todo el conjunto del altar fue realizado por el escultor Jenaro Lázaro Gumiel. El mismo artista es el autor de los cuadros que se encuentran en las paredes laterales de la iglesia.
     En el conjunto del Santuario hay otras edificaciones de interés, como son el templete que cobija al pozo, la capilla donde se encuentra el tronco del castaño en el que tuvieron lugar las apariciones, un altar exterior y una pequeña capilla. Además en el Santuario se encuentra el Museo Lázaro Gumiel.

Ermita de La Varse.-
     Situada en el Caserío del mismo nombre, en su interior guarda las imágenes de San Isidro Labrador y la Virgen del Carmen.

Ruinas del Puente Romano.-
     En las orillas del Río Gévora se encuentran las ruinas del puente romano que al parecer se mantuvo en pie hasta el segundo tercio del siglo XX (Ayuntamiento de La Codosera).

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