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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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lunes, 9 de diciembre de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María del Soterraño, Iglesia conventual de San José y San Roque, Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, Iglesia de la Vera Cruz, Iglesia del Santísimo Cristo de la Salud, Iglesia de la Concepción, Iglesia de la Virgen de la Candelaria, Torre del Reloj, Paraje natural Embalse de Cordobilla, y Plaza Ochavada) de la localidad de Aguilar de la Frontera, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María del Soterraño, Iglesia conventual de San José y San Roque, Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, Iglesia de la Vera Cruz, Iglesia del Santísimo Cristo de la Salud, Iglesia de la Concepción, Iglesia de la Virgen de la Candelaria, Torre del Reloj, Paraje natural Embalse de Cordobilla, y Plaza Ochavada) de la localidad de Aguilar de la Frontera, en la provincia de Córdoba.
     Llegando desde el norte, surge Aguilar en un paisaje de viñedos con la derrotada altivez de su antiguo castillo, triste mueca del marchito poderío señorial de los Fernández de Córdoba.
    Es una impresión engañosa. Dentro del casco alargado sobre la loma aguarda el asombro de la parroquia mayor, de las Descalzas, de la singular plaza ochavada, de la torre civil y de las señoriales mansiones.
     Ciudad situada al sur de la provincia, junto a la carretera N-331.
     Distancia a Córdoba: 50 Km.
     Altitud: 375 m.
     Extensión: 165 Km2
     Habitantes: 13.511
     Gentilicio: Aguilarenses.
     Mancomunidad: Campiña Sur.
     Antecedente de la actual población fue la ciudad romana de Ipagrum -campo alto-, que alcanzó el rango de municipio latino en el último tercio del siglo I d.C.
     Los musulmanes pasaron a llamarla Bulay o Poley. Poco después de su conquista cristiana, en 1257, cambia el antiguo nombre por el actual.
     Enrique II la entrega en señorío, junto con Priego, a Gonzalo Fernández de Córdoba, que inició el linaje de dicho apellido «llamado a desempeñar un papel protagonista en la historia bajomedieval de Córdoba, que culminó en la figura de don Alfonso de Aguilar», según R. Córdoba.
     Así pues, Aguilar constituye el núcleo originario del señorío de su nombre, más tarde Marquesado de Priego (Diputación Provincial de Córdoba).
     Esta localidad, conocida en época islámica como Poley, formó parte de la Cora de Cabra y fue incorporada a Castilla en 1240 con el nombre de Aguilar. Tras pertenecer a varios señores, en 1370 fue entregada por Enrique II a Gonzalo Fernández de Córdoba, dando origen al señorío de Aguilar y Priego, el estado más poderoso de la Córdoba medieval. Desde el siglo XVI fue del marquesado de Priego. Se conservan restos del castillo, ya existente a fines del siglo IX, muestra de su antiguo valor estratégico. La Edad Moderna dejó muestras importantes de arquitectura pública: La Torre del reloj, obra de 1770, y la Plaza de San José, importante muestra del urbanismo de 1808, ambas debidas a Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     A unos 20 kilómetros de Puente Genil, en dirección a Córdoba, se encuentra Aguilar de la Frontera, la antigua Ipagrum de la época romana, patria, entre otros, del poeta Vicente Núñez. Esta ciudad, encaramada en una loma de tierra albariza, merece una detenida visita, para descubrir tanto su plaza Ochavada como los numerosos monumentos civiles -especialmente casas solariegas- y religiosos con los que cuenta (Rafael Arjona. Guía Total, Córdoba. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2009).
     La antigua Ipagro de los romanos, la altiva Poley de los árabes se eleva en una empinada colina de la campiña cordobesa, junto a la carretera de Málaga.
Historia
     Poblada desde el Paleolítico Medio, Agui­lar conoce su primer florecimiento durante la dominación romana, sobre todo a partir de su participación en la batalla de la cercana Munda que puso punto final a la gue­rra civil entre César y Pompeyo.
     Durante la primera época del cristianismo fue cabeza de diócesis. Sinagius, obispo ipagrense, participó en el Concilio de Elvira, a principios del siglo IV. A lo largo de todo el periodo árabe fue plaza muy codiciada por los distintos caudillos musulmanes. Omar ben Hafsún, por ejemplo, el temible guerrero que, desde Bobastro, en la serranía de Málaga, se alzó contra el emi­rato cordobés, se apoderó de ella y la mantuvo bajo su dominio hasta el año 890 en que el emir de Córdoba la reconquistó para el gobierno central de Al­ Ándalus.
     En 1240 cayó en poder de los cristianos y en 1257 Alfonso X la donó a Gonzalo Yáñez Dovinel. A partir de 1258 aparece ya en las crónicas con su nombre actual de Aguilar, añadiéndosele poco después "de la Frontera" por su situación fronteriza con el territorio todavía islámico.
     Al término de las guerras civiles entre Pedro I y Enrique II, en 1370, la ciudad pasa a manos de Gonzalo Fernández de Córdoba, quien restaura definitivamente el antiguo señorío de Aguilar.
     Durante la Edad Contemporánea, Aguilar, que ha visto descender su población a causa de las epidemias sufridas durante los siglos XVII y XVIII, padece los altibajos y sobresaltos políticos propios de la época.
     Fuertemente progresista, adquiere protagonismo nacional a través de figuras como las de Antonio Ramírez de Arellano y, sobre todo, la de su hijo Carlos Ramírez de Arellano, varias veces diputado. En 1871 existe en la ciudad un núcleo anarquista perte­neciente a la A.I.T.
     Fundamentalmente agrícola, con dedicación especial al olivo, los cereales y la vid, en la actualidad, Aguilar goza de una sólida posición económica, acentuada con el establecimiento en su término de importantes bodegas, fábricas de aceite y de materia­ les cerámicos para la construcción.
Gastronomía
     Diversos y jugosos platos que tienen como base los productos del campo surten la mesa aguilarense: conejo en salsa, arroz con gallo, perdiz en salmorejo, alcachofas estofadas y tortillitas de San José, especie de croqueta aplastada, con ajo y perejil. Pero, sobre todo, en Agui­lar existe una extraordinaria repostería difícilmente supera­ble: merengas de café y de fresa, arropes, gachas de mosto y, por encima de todo, los risaos, a base de azúcar, almendras, yema de huevo y raspaduras de limón.
Artesanía

     Aún existen algunos talleres de forja en los que se realizan los delicados trabajos de rejería que engalanan las fachadas de las casas aguilarenses. Manuel Morillo trabaja la piedra caliza de las canteras de Cabra en su taller de la carretera de Puente Genil.
Fiestas y tradiciones
     Para San Blas, cuando regresan las cigüeñas a los campanarios, el 3 de febrero, tiene lugar en la iglesia de las Carmelitas Descalzas la bendición de las roscas de pan adornadas con lazos (los bulilis) que las abuelas y madrinas regalan a los niños.
     La Semana Santa Chiquita, cuyos protagonistas son los niños, se celebra el domingo siguiente al de Resurrección sacando en procesión por las calles reproducciones de los pasos mayores.
     El Corpus, que actualmente se ha trasladado al domingo siguiente al tradicional jueves, la ciudad se engalana con alfombras y cruces florales y el sábado y domingo siguientes se celebra la romería de la Virgen de los Remedios.
     El 29 de septiembre, San Miguel, se lleva a cabo la antigua subasta de los gallos.
VISITA
     La Plaza Ochavada*, magnífico ejem­plo de arquitectura popular, constituye el centro histórico y geométrico de la ciudad. En ella se encuentra el Ayuntamiento y la taberna del Tuta, famosa sobre todo por ser el lugar en el que el poeta Vicente Núñez escribió en 1981 Ocaso en Poley y donde tiene establecida una tertulia por la que a diario pasa un buen número de artistas y de intelectuales. La ciudad posee un número importante de casas señoriales situadas principalmente en la citada plaza y en las calles de sus alrededores. Especial atención merecen las del número 1 de la calle Carrera, el 3 de Arrabal, el 52 de Moralejo, el 2 de Gutiérrez Cámara y el 9 y 13 de Mercaderes. Pero en casi todas las calles del casco histórico podemos encontrar alguna. 
     Un bello ejemplo de arquitectura académica de carácter civil lo encontramos en la torre del Reloj, situada en la plazoleta de Silera, algo más arriba de la Plaza Ochavada. Se trata de una torre exenta, es decir, sin ningún otro edificio adosado a ella, obra de carác­ter barroco con una gran riqueza decorativa, construida en ladrillo por el arquitecto Juan Vicente Gutiérrez en 1774 y que recuerda las torres de Écija o de Antequera. Subiendo por la calle del Arrabal y dejando atrás la Placilla Vieja aparece el templo principal de la ciudad, la parroquia de la Virgen del Soterraño. Construida en 1530, es obra de estilo gótico mudéjar y en su traza participó el arquitecto Hernán Ruiz I. El edificio se levanta sobre una plataforma escalonada, posee tres naves que terminan en recta cabecera y la fachada es principalmente plateresca.
     En la esquina de la calle de los Moros con la de Santa Brígida se encuentra la iglesia del Hospital, cuya característica más llamativa es la de tener la torre embutida entre dos portadas. Aunque su construcción data del siglo XVI, la torre no fue finalizada hasta 1982, año en el que se remató con un templete neoclásico coronado por una imagen de San Rafael.
     Girando en redondo y regresando hacia el punto de partida se descubre el paseo de Agustín Aranda, actual corazón urbano de la ciudad al que se asoman los casinos de la Amistad y Labradores. La calle Moralejo asciende suavemente desde uno de sus laterales y en ella se alza la iglesia del convento de San José y San Roque, magnífica mues­tra del arte arquitectónico cordobés. Posee una pequeña planta de cruz latina con cúpula sobre el crucero, dos coros, alto y bajo, y un exuberante ornato barroco de gran belleza.
     Bajando por la calle de los Desamparados se desemboca en la plaza del Carmen, en la que existe un Cristo de los Faroles inspirado en el de Córdoba. Aquí se alza la iglesia del convento del Carmen, obra de 1590 con una sola nave con capillas laterales y una amplia cabecera acotada por un gran arco de medio punto. En todos los templos existe una enorme riqueza de retablos, imágenes y pinturas, principalmente barrocos y de influjo granadino (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Iglesia de Santa María del Soterraño.-
     Se construyó en 1530 para sustituir a un templo anterior, suponiéndose la intervención de Hernán Ruiz el Viejo. Es una iglesia de tres naves, la central cubierta con armadura y las laterales a un agua, y cabecera tripartita. Dispone de tres capillas a cada lado.
     El retablo mayor, con salomónicas y estípites, es obra de Félix Pérez de Mena fechada en 1728. En él puede verse la Virgen del Soterraño, imagen de vestir, considerada por algunos obra del XVI, acompañada de San Agustín y San Gregorio; en el ático se sitúan imágenes de San Fernando y Santa Isabel de Hungría flanqueando al Crucificado. De las paredes del presbiterio cuelgan varias tablas, procedentes de un retablo perdido de mediados del XVI, que se han relacionado con el pintor Pedro Fernández Guijalvo. En el centro están tres sitiales con motivos franciscanos de estética rococó. Sobre el arco toral se ve un cuadro moderno de la Imposición de la casulla a San Ildefonso, y sobre los pilares, el Salvador y la Virgen, del siglo XVII.
     La nave central se adorna con dos series de lienzos; la inferior compone un Apostolado de medio cuerpo, fechable en el siglo XVII, y la superior la forman cuatro grandes lienzos con figuras de los arcángeles, de estética zurbaranesca, y seis apóstoles todos de cuerpo entero, más una apoteosis de San Francisco. Cierra la nave el coro, obra de Francisco Javier Pedrajas, de 1777. El facistol remata con una talla de la Inmaculada apocalíptica, de hacia 1700. Hay también dos pequeñas tallas barrocas de San Lorenzo y la Virgen del Pilar.
     La cabecera de la nave izquierda la constituye la capilla del Sagrario, construida en 1639 y profusamente decorada con yeserías realizadas por el maestro Francisco Donaire Trejo. Se cierra con una reja de 1908, a cuyos lados, sobre repisas, aparecen figuras en altorrelieve de Melquisedec y David. El interior se cubre con bóveda decorada con ángeles músicos, ocupando las pechinas los Padres de la Iglesia; sobre los medios puntos se disponen la Iglesia y la Sinagoga, la Justicia y la Caridad, la Esperanza y la Fortaleza, y la Templanza y la Prudencia. En el frente se sitúa la puerta de acceso al sancta sanctorum, flanqueada por relieves del Bautista y el Evangelista. Por encima se ve un relieve con la Sagrada Cena. En los muros laterales se disponen retablos; el de la izquierda es obra del siglo XX, con imagen de vestir de la Dolorosa, y por encima el escudo pontificio; el de la derecha, dedicado a San Pedro pontífice, es obra del siglo XVII.
     En la nave de la izquierda destaca una talla sobre peana de San Miguel, de hacia 1770. La capilla del Rosario, erigida hacia 1620, muestra interesante decoración relivaria y un retablo del siglo XVIII, con imagen barroca de la Virgen del Rosario, también llamada de la Clemencia. La capilla del Santo Sepulcro tiene la imagen del Yacente, realizada hacia 1650 por Tomás del Risco, y la de las Angustias, con reja fechada en 1924, un retablo con el grupo de la Piedad, obras ambas del Seiscientos. Sigue luego un retablo del siglo XVII, que sólo conserva dos pinturas originales, la Imposición de la casulla a San Ildefonso y San Pablo, ocupando la hornacina central la Virgen del Mayor Dolor, realizada en 1903 por el valenciano José Romero Tena. A los pies de la nave puede verse un lienzo, de finales del siglo XVII, de la Virgen del Carmen con las ánimas del Purgatorio. 
   La cabecera de la nave derecha compone la capilla de la Inmaculada, con reja realizada en 1908, flanqueada por las figuras en altorrelieve de San Joaquín y Zacarías. Destaca también por la ornamentación de yeserías, fechada en 1667. El frente tiene un retablo del tercio final del XVII con imagen actual de la Inmaculada en el centro y, en ático, una pequeña talla del siglo XVIII de idéntica advocación; a los lados, sobre repisas, aparecen San Pedro y San Pablo, burdamente repintados. En el muro izquierdo hay un retablo recompuesto de 1908 y en el muro derecho se halla la neoclásica Custodia procesional, obra de Manuel Aguilar Guerrero de 1816.
     De las capillas abiertas a esta nave merecen citarse la de los Reyes, construida en 1682, en cuyo retablo puede verse una pintura de la Epifanía, de estética manierista, y la de Jesús Nazareno, levantada en el siglo XVIII y separada de la nave por una reja fechada en 1874. El retablo, obra anónima de hacia 1754, luce en los laterales las imágenes de San Antón y San Nicolás; en el ático aparecen la Fortaleza y la Fe. El camarín, profusamente decorado con figuras de santos y relieves de estuco, se relaciona con el maestro Cristóbal Ruiz de Medina, en torno a 1754. La imagen de Jesús Nazareno es obra de estética granadina, de hacia 1700, retocada por Miguel Arjona en 1985. Fuera de la capilla hay dos tablas del XVI, de la misma serie que las del presbiterio.
     Del ajuar litúrgico cabe mencionar la custodia de farol de Diego Fernández, de mediados del XVI, unas puertas de sagrario de Diego de León, de 1650, la urna eucarística y dos atriles de Bernabé García de los Reyes, y varias piezas de Damián de Castro (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Iglesia de Nuestra Señora de Soterraño es una construcción de diversas épocas. La zona más antigua formaba parte de la capilla del Castillo de Aguilar y puede ser de la segunda mitad del siglo XIII; la zona más moderna, de estilo gótico florido, es de fines del S. XIV.
     Es un templo de tres naves separadas por arcos apuntados sobre pilares de columnas adosadas, configurando la forma de una T. El arco triunfal es de medio punto rebajado y tiene doble coro a los pies. Pilares cruciformes de secciones curvadas sostienen los amplios arcos formeros apuntados que separan la nave central de las laterales. Esta nave posee una bella techumbre mudéjar de madera, de par y nudillo, mientras que la capilla mayor tiene una bóveda de crucería gótica. Las naves laterales se cubren con cielo raso y la capilla mayor con una bóveda de crucería simple. El plateresco se impone en la portada de la epístola, cuyo medio punto y pilastras aparecen cuajados de cardinas y decoraciones a candelieri, lo que hace de ella una de las más hermosas muestras del estilo en la Campiña.
     A esta fabrica se le añadieron diversas capillas, ya desde el mismo siglo XVI, aunque las ricas pertenecen al XVII y al XVIII. Junto a la cabecera, por el lado del evangelio, se localiza el Sagrario, que se fecha de 1639. Es un recinto rectangular con cúpula oval, seguido de otro menor para la reserva eucarística; pero la más interesante de él es su rica decoración de yeserías, derivada de la del coro de la catedral de Córdoba. La capilla simétrica de la Inmaculada fue construida en 1667 y en ella se procuró armonizar con el Sagrario. A la nave de la epístola se abre la capilla de Jesús Nazareno, uno de los principales conjuntos barrocos de la provincia de Córdoba, que según la documentación estaba terminado en 1754. La torre adosada al lado derecho de la nave se asienta sobre otro anterior, obra es esbelta y de estilo barroco.
     Ubicada en la parte más alta y antigua de la población, en las inmediaciones del local del Castillo, algunos de cuyos restos aún son visibles adosados a la cabecera del templo. Se creo en la época de la Reconquista. Existió un primitivo templo construido en 1260, pero el actual data del siglo XVI, erigiéndose a partir de 1530. Nos encontramos ante una construcción de diversas épocas. La zona más antigua formaba parte de la capilla del famoso Castillo de Aguilar, y puede ser de la segunda mitad del siglo XIII. La zona más moderna, de estilo gótico florido, es de finales del siglo XIV. 
     Según algunos autores el templo fue mandado construir por Dª Catalina Fernández de Córdoba, marquesa de Priego, sin embargo la fecha que se da, 1530, no encaja para el estilo en el que se realizó, debido a que por esos años el renacimiento ya ocupaba un lugar preeminente en el gusto de los promotores, así como de los arquitectos. Lo que si es más seguro es que la marquesa acudiese puntualmente en el sufragio de algunas obras. Hacia finales del siglo XVI, comienzos del XVII se produjo una interesante reforma que consistió en hacer nuevas las capillas laterales del Sagrario y Santa Ana, también denominada de la Purísima, y la del Rosario en la nave del evangelio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     A los pies de las ruinas del antiguo castillo medieval, llamado Peñón del Moro, emergiendo entre modestas casas del barrio de La Villa, se levanta la parroquia mayor de Nuestra Señora del Soterraño, un vistoso templo gótico-mudéjar construido a partir de 1530 con la intervención de Hernán Ruíz I; consta de tres largas naves separadas por arcos apuntados que se apoyan en pilares cruciformes; la central, con artesonado mudéjar, da paso, tras el arco toral a una capilla mayor cubierta con una bóveda gótica de crucería, que acoge un retablo labrado por Félix Pérez de Mena en el primer tercio del XVIII.
     A partir del siglo XVI se le añadieron a esta iglesia sucesivas capillas; las más interesantes son la del Sagrario, en el lado del evangelio, que data de 1639 y ostenta una rica decoración de yeserías polícromas, obra de Francisco Donaire, y la de Jesús Nazareno, en el lado de la epístola, de mediados del XVIII, en la que llama la atención su camarín de disposición octogonal, decorado con espléndidas yeserías, que acoge un Nazareno de principios del XVIII, de rasgos granadinos.
     En su tesoro guarda el templo una artística custodia procesional en forma de templete realizada por Manuel de Aguilar en 1816.
     En el muro de la epístola la parroquia muestra al exterior una portada de finas labores platerescas. Ante ella se alza un triunfo erigido en honor de la Inmaculada en 1866 (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia conventual de San José y San Roque.-
     Este monasterio de Carmelitas Descalzas fue fundado en el año 1671. El templo responde al esquema de cruz latina de brazos cortos, con coro alto a los pies y bajo a la derecha del presbiterio. Todo el conjunto, admirablemente conservado, se adorna con yeserías que sirven de marco a series de lienzos con ángeles, santos de la orden, padres de la Iglesia, apóstoles y otras devociones. Aunque se aprecian diversas manos, la mayor parte de esta decoración se ha atribuido a Juan Muñoz Berlanga.
     El retablo mayor, obra anónima realizada entre 1694 y 1697, aloja en el hueco central una imagen de la Virgen del Carmen, flanqueada por Santa Teresa y San Juan de la Cruz, y por encima el Crucificado, entre San Elías y San Roque. A ambos lados del presbiterio se ven diversos lienzos, como el Ecce Homo, de hacia 1700, la Dolorosa y la Magdalena confortada por un ángel, de fines del XVII.
     En los frentes del crucero hay dos retablos hornacina gemelos, de fines del XVII, con buenas imágenes de talla de la Inmaculada y San José. En los testeros hay otros dos retablos gemelos salomónicos, dedicados al Nazareno y a la Dolorosa, de hacia 1700.
     Al entrar en la nave se destaca el púlpito decorado con relieves de la Virgen, San José y santos de la orden. En el muro de la izquierda se ven los cuadros grandes de la Anunciación y la Adoración de los Pastores, de hacia 1700. En el muro derecho están la Coronación de la virgen, firmado por Muñoz y fechable hacia 1700, y San Roque con San José y Santa Teresa, debido a fray Juan del Santísimo Sacramento, de 1674. En el testero  del coro sobresale un gran lienzo de la Virgen protectora del Carmelo, del estilo de Muñoz, de principios del Setecientos. En el sotocoro están dos medios puntos con Cristo amarrado a la columna y el Camino del Calvario y otros dos lienzos con los carmelitas San Ángelo y San Juan de la Cruz (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se empezó a construir en 1668 y fue terminada en 1761. Es una de las iglesias más importantes en su estilo, destacando como una de las joyas más destacadas del barroco. 
     Tiene forma de cruz latina con bóvedas de medio cañón con fajones y lunetos decorativos y forma de media naranja en el centro del crucero. El coro alto se sitúa sobre la nave. Su interior está totalmente decorado, todo con gran unidad de estilo, formando un conjunto de sorprendente belleza.
     En el exterior sólo hay que destacar dos portadas del tipo frecuente en Aguilar. La que mira al sur tiene la fecha de 1683, y la que mira al este lleva la de 1702.
     El Monasterio de San José y San Roque, de monjas carmelitas, más conocido en Aguilar por Las Descalzas, lo fundó el aguacil mayor del Santo Oficio, Don Rodrigo de Varo y Antequera, iniciándose los trabajos de construcción en 1668, terminándose en noviembre de 1761 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de Nuestra Señora del Carmen.-

     El templo es lo único que ha subsistido del convento de carmelitas descalzos fundado en 1590. Se levantó en el siglo XVII, pero se ha transformado a lo largo del tiempo, hasta el punto de que la actual iglesia es fruto de una reforma de 1964. Presenta esquema de nave única, con cabecera rectangular, a la que abren capillas, y crucero muy poco resaltado, también  con capillas laterales intercomunicadas. Las cubiertas son de bóvedas de cañón y cúpulas sobre pechinas.
     El retablo mayor, barroco, es recompuesto, colocado en 1964.. Lo preside una imagen actual de la Virgen del Carmen, acompañada por San Pablo, San José de la Montaña y San Juan de la Cruz, todos del XVII. A la izquierda del presbiterio abre la capilla del Sagrario, con sagrario de la segunda mitad del XVIII y un Crucificado del XVII.
     La capilla de la derecha guarda imágenes del Cristo de la Expiración, obra de finales del XVII, restaurada en 1984 por Miguel Arjona, y de María Santísima de las Angustias, del XVIII, restaurada en 1997 por Miguel Ángel Fernández y Ricardo Llamas.
     En los pilares del arco de ingreso a la capilla mayor se sitúan dos retablos del Setecientos dedicados a María Auxiliadora, y a San Rafael. Los testeros del crucero están ocupados por cuatro capillas en las que destacan, en la parte izquierda, un altar dedicado a la Virgen de la Paz, imagen setecentista de terracota, y en la derecha, un retablo barroco de mediados del XVIII, que aloja la imagen del Resucitado, realizada por Pío Mollar en 1924.
     En los muros del crucero se ven lienzos con el Calvario, obra de fray Juan del Santísimo Sacramento de hacia 1660, un retrato de fray Luis Barata, del Setecientos, un Crucificado, copia del original velazqueño, y cuatro Apóstoles, obras contemporáneas que forman parte de la serie que se halla distribuida por el templo.
     Ya en la nave, por la izquierda, se sitúan tres capillas. La primera está dedicada a la Sagrada Familia, con retablo y grupo de la primera mitad del XVIII, salvo el Niño, que es moderno. La de Jesús Caído guarda las imágenes del titular, del siglo XVIII inspirada en modelos sevillanos del XVII, y María Santísima de la Paz, de candelero, realizada por Juan González Ventura en 2001. Por el lado derecho de la nave merece reseñarse un retablo barroco del siglo XVIII con imagen de la Virgen de la Merced y Jesús Cautivo, de igual fecha (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).

Iglesia de la Vera Cruz.-
     Construida a mediados del XVII, tiene nave única, que se cubre con bóveda rebajada y presbiterio cupulado. El retablo mayor es salomónico, de fines del XVII, muy retocado. El camarín aloja la Virgen de los Remedios, imagen ambivalente de gloria y pasión, del siglo XVII, pero restaurada por Martínez Cerrillo hacia 1950. El Niño Jesús es moderno. A los lados del presbiterio se disponen dos retablos de hacia 1770, el de la izquierda con la imagen de Cristo atado a la Columna y el de la derecha con el Ecce Homo, ambas de hacia 1640, del taller granadino de Alonso de Mena, recientemente restauradas.
     Al lado izquierdo de la nave hay dos retablos, uno recompuesto, con la cruz del Lignum Crucis, del XVII, y el otro dedicado a San Antonio, con una pintura sobre tabla de la Dolorosa, del siglo XVIII. En el lado derecho se abre la capilla del Cristo, en la que hay un retablo salomónico mutilado de hacia 1700, con el Cristo de la Vera Cruz, del XVIII, y la imagen procesional de Nuestro Padre Jesús del Calvario, obra de Ricardo Llamas León, de 1993.
     Sigue en la nave un retablo de hacia 1620, hoy de la Inmaculada, con pinturas de la Imposición de la casulla a San Ildefonso, obra cordobesa de la misma fecha. La llamativa capilla de la Virgen de la Rosa, de mediados del XVIII, va decorada con relieves en yeso y pinturas con programa mariano. La imagen de la titular es una talla policromada del círculo de Pedro de Mena, de hacia 1700. La dolorosa de los Desamparados, que es también gloriosa, la hizo en Valencia José Romero Tena en 1912, y la restauró Francisco Berlanga en 1996 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La iglesia de la Vera Cruz se construyó a mediados del s. XVII en el Llano de la Cruz. Es una iglesia de cajón de 23 x 7 metros, cubierta por bóveda de sección carpanel con fajones. Un arco toral separa la nave de la capilla mayor, cubierta con cúpula rebajada sin luces. Tiene un gran camarín con cúpula. Han sido añadidas dos capillas al lado de la Epístola. 
     La capilla mayor, separada de la nave por un arco toral, está cubierta por una cúpula rebajada, sin luces, con un gran camarín con cúpula. La más importante es la del Rosario, hexagonal, con camarín anexo en el que se encuentra la imagen de la Virgen de la Rosa. La capilla está cubierta por cúpula con linterna y decorada con hermosas yeserías. 
     La portada lateral, de piedra, se considera de gran importancia para la historia del arte en Aguilar, ya que establece un tipo que se repite con variantes de acuerdo con los avances del estilo barroco hasta cinco veces en distintos templos. Puede fecharse hacia la mitad del siglo XVII y sus antecedentes, tal vez sean más sevillanos que cordobeses. Su esquema general es el de un arco de medio punto formado por tres fajas en degradación de profundidad, que arranca de impostas. 
    El arco queda enmarcado por pilastras y entablamentos lisos de orden toscano. Sobre el entablamento, un cuerpo más pequeño pero de igual organización, con nicho avenerado; este cuerpo está flanqueado por los ángulos de un frontón curvo partido, resuelto en volutas. En los dos cuerpos, unos pináculos piramidales sencillos completan la estructura. 
     La primera iglesia de esta advocación se hace en 1521, en la Silera Vieja, trasladándose luego a donde hoy está la Iglesia del Carmen, donde ya existía en 1590. Fue demolida para edificar la actual parroquia y, tras muchos inconvenientes, se levantó en el llamado Llano de la Cruz (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia del Santísimo Cristo de la Salud.-

     La iglesia parroquial del Santísimo Cristo de la Salud, de una sola nave, fue una ermita erigida en 1611, con una torre de 1868. El retablo mayor es del XVIII; lo preside la imagen del titular, talla del XVII inspirada por el Cristo de la Buena Muerte, de Castro. De igual fecha son las de San Ignacio y San Miguel. La Virgen de la Piedad es del XIX (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El edificio presenta planta rectangular de una sola nave. El presbiterio se diferencia de la nave al elevarse sobre una gradas. Este se cubre con un casquete semiesférico trasdosado al exterior en un tejado a cuatro aguas. La nave es cubierta con bóveda de cañón, trasdosándose en una estructura a dos aguas. A los pies presenta coro en alto, de reciente construcción, y la torre que sigue la línea de fachada del muro del Evangelio. Esta se compone de cuatro cuerpos cuadrados, rematándose con chapitel.
     En este muro se abre la única portada de piedra. esta, a modo de arco de triunfo con columnas corintias, se remata en volutas que enmarcan una hornacina rectangular coronada con ménsulas y pináculo con bola.
     El templo fue construido en 1611, pero a finales del mismo siglo, los vecinos y el cabildo municipal ofrecieron levantar un nuevo santuario con motivo de la peste. En 1864, el presbítero Manuel Toro y Palma compró una casa inmediata a la capilla, construyendo en su lugar una torre. En la década de los años sesenta del presente siglo se convierte en iglesia parroquial (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de la Concepción.-
     La iglesia de la Concepción, del antiguo Hospital de Santa Brígida, restaurada en 2005, tiene su origen en el XVI, se reformó en el XVIII y la torre se terminó en 1982. Destaca la imagen de la Virgen de la Aurora, talla completa policromada de Alonso Gómez de Sandoval, de mediados del XVIII. Es interesante el Apostolado, de igual fecha, firmado por Bartolomé Polonio (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El Hospital de la Caridad y su iglesia, en Aguilar de la Frontera, está formado por tres diferentes edificaciones: La torre, el templo y el hospital. El hospital fue fundado en el siglo XVII. El elemento más singular del conjunto es la torre renacentista que, situada a los pies de la iglesia presenta una mayor antigüedad que el resto del templo, De planta cuadrada y tres cuerpos sobre fuerte basamento, muestra los tres órdenes clásicos, dórico, jónico y corintio, tratados con majestuosidad.
     La iglesia es una de la más importantes de Aguilar. Es de planta cuadrada con tres naves escalonadas separadas por dos grandes arcos formeros de medio punto sobre pilares cuadrados con semicolumnas en sus frentes de tradición románica. Los pilares son compuestos con medias columnas en cada uno de los cuatro fuertes, cosa original en la arquitectura barroca cordobesa. La capilla mayor cuadrada se abre a la nave general mediante un gran arco toral muy peraltado. Las bóvedas son de medio cañón con lunetos y fajones.
     Es de estilo renacentista y de construcción de finales del siglo XVI, ha tenido sucesivas reformas, siendo el interior del siglo XVIII. A esa última reforma se debe la torre, lo más interesante de su fachada. Esta torre no cobija la puerta, sobresale un poco de la línea de fachada, lo suficiente para que, a pesar de sus dos cuerpos inferiores están embutidos en la nave central, adquiriendo individualidad, como si estuviese exenta. Es de sección cuadrada, proyectada con tres cuerpos, sobre fuerte basamento, y muestra los tres órdenes clásicos, dórico, jónico y corintio, tratados con majestuosidad. Los dos inferiores de piedra, apilastrados y con semicolumnas, y de ladrillo superior, cada uno de un orden. Esta torre es un modelo de unidad, elegancia y armonía y encaja ya dentro del tiempo y el gusto del neoclasicismo. 
     La ambiciosa obra de reedificación quedó cortada, la torre quedó sin concluir, colocándosele un feo tejado a cuatro aguas. Contrasta la sillería de la torre y de los laterales de ésta que inician los paños del frontis, el aparejo de sillarejo e hiladas de ladrillo con que casi toda está realizada, dando muestra evidente de obedecer una solución de circunstancias. 
     En estos paramentos de sillarejo e hiladas de ladrillo están colocadas dos portadas. En ellas se mantiene el arco de medio punto flanqueado por pilastras y cobijado por entablamento liso. Sobre él, volutas laterales y nicho avenerado con igual organización.
     El fundador de las Descalzas, según consta en su testamento otorgado en 1679, agregó al hospital una hacienda considerable e introdujo notables mejoras. Posiblemente entre estas mejoras se encuentra la construcción de dos portadas que hoy están en la fachada principal, al lado de la torre. El 19 y 24 de marzo de 1726 los Duques de Medinaceli dan licencia para añadir una nave a la iglesia del hospital hacia la parte de la calle.
     El 1 de septiembre de 1738 don Pedro Toro y Palma fundó la enfermería de mujeres y el beaterio. La iglesia fue demolida y reedificada en el siglo XVIII gracias al presbítero Antonio de Herrera, que levantó una de las naves, haciendo las otras dos y la torre a cargo de don José Castilla y Sedano. Esta reforma que debió aprovechar los muros maestros y las arquerías quedó sin concluir (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de la Virgen de la Candelaria.-

     La iglesia de la Virgen de la Candelaria es del siglo XVI, de una sola nave y estructura mudéjar. Las armaduras fueron repuestas en 1730 por Juan Ramírez de Aguayo. Los retablos de yeso, del XVIII, se han relacionado con Juan Bartolomé Belmonte y el camarín fue realizado en 1780 por Juan López Segura (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Iglesia de la Candelaria es un templo de planta rectangular, tipo cajón, con arco toral separando el presbiterio de planta cuadrada. Este arco apoya sobre pilastras adosadas con molduras en el arranque a modo de capitel de estilo gótico tardío. La nave se cubre con artesonado original dotado de tirantas de lazo muy decoradas con gramilados en estrella en los lazos centrales. Poseía coro alto a los pies del templo sobre arco rebajado con peanas a modo de pechinas en sus encuentros con los muros laterales. Hoy se encuentra destruido. El presbiterio se cubre con artesonado cupular octogonal, de lazo relleno de ladrillos entre pares, al igual que el de la nave, pero repuesto en el siglo XVIII.
     El templo dispone de cuatro nichos, dos a los lados del presbiterio y dos en la nave sobre los que se labraron altarcillos de yeso en el siglo XVIII. Los del presbiterio se componen de un nicho entre pilastras sobre peana y altar, flanqueado por columnas con pedestal, con capiteles atípicos que sostienen entablamento que en el vano se arquea y alza la cornisa, dejando un espacio contorneado de perfil mixtilíneo, que alberga una especie de óvalo enmarcado por hojarasca y rocalla con un colgante a modo de clave de perfil placado con volutas. Los altares de la nave se forman con un gran nicho avenerado sobre el que destaca y avanza otra hornacina entre pilastras sobre ménsulas con un entablamento de línea de dosel con cresta de flores. 
     La portada, desmontada por ruina y de la que se conservan piezas, tenía columnas de fuste estriado y pilastras con relieve en decoración geométrica de estilo manierista.
     La construcción de la iglesia se data en 1540, en que fue fundada por Juan García de Varo y su esposa. En 1575 se construye el artesonado actual de la nave. A finales del siglo XVI se construye la portada manierista, hoy desmontada. 
     En 1780 se construye el camarín y su escalera por Juan López Segura y en 1976 se restaura la cubierta por Eduardo Barceló (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Torre del Reloj.-
     Es uno de los monumentos más característicos de Aguilar y un importante ejemplo de arquitectura civil. Situada en la plaza de los Desamparados, fue construida entre 1770 y 1774, durante el reinado de Carlos III. El arquitecto que dirigió la obra fue Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca, a quien se debe también el diseño de la Plaza de San José. Está construida en ladrillo agramilado con basamento de arenisca; es una torre exenta, de concepción barroca. Posee dos campanas, una para las horas y otra para los cuartos. 
     La torre tiene unos treinta metros de altura, de tres cuerpos, zócalo alto y remate con linterna. El primero, tiene una altura sensiblemente similar a los otros dos juntos con vanos pequeños. En el segundo cuerpo se encuentra el reloj, tiene los huecos grandes y en él se sitúan las campanas de las horas. El tercero también tiene los huecos grandes, en él se encuentran las campanas de los cuartos. Este cuerpo termina en una cúpula decorada de azulejería y coronada por un remate en forma de linterna. 
     La obra, que comienza con forma cuadrada con esquinas rematadas, termina en su último cuerpo con forma ochavada. 
     De estilo barroco, se encuentra rodeada de decoración de ladrillo con molduras que rodean huecos, esquinas y cornisas.
     Esta torre fue construida para dotar al pueblo de un reloj, la costearon todos los vecinos de Aguilar.
     En 2017 se llevaron a cabo obras de restauración en la cúpula y los pináculos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En Aguilar de la Frontera nos encontramos con uno de los monumentos más característicos, muestra local de la arquitectura civil, La Torre del Reloj, finalizada en el año 1774 bajo el reinado de Carlos III.
     La Torre del Reloj tiene unos treinta metros de altura, de tres cuerpos, zócalo alto y remate con linterna. El primero, junto con el zócalo en el que se abre la puerta, tiene una altura sensiblemente similar a los otros dos juntos con vanos pequeños. En el segundo cuerpo se encuentra el reloj, tiene los huecos grandes y en él se sitúan las campanas de las horas. El tercero también tiene los huecos grandes, en él se encuentran las campanas de los cuartos. Este cuerpo termina en una cúpula decorada de azulejería; esta cúpula está coronada por un remate en forma de linterna.
     La obra, que comienza con forma cuadrada con esquinas rematadas, termina en su último cuerpo con forma ochavada. De estilo barroco, se encuentra rodeada de decoración de ladrillo con molduras que rodean huecos, esquinas y cornisas (Diputación Provincial de Córdoba).

Paraje natural Embalse de Cordobilla.-

     El Paraje Natural Embalse de Cordobilla se localiza sobre el Río Genil, en los términos municipales de Puente Genil y Aguilar de la Frontera de la provincia de Córdoba y  en el de Badolatosa (Sevilla).
     Tiene una superficie de 1.460 hectáreas.
     Fue declarado como Paraje Natural mediante la Ley 2/1989, de 18 de julio, por la que se aprueba el inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía y se establecen medidas adicionales para su protección (BOJA núm. 60, de 27/07/1989); es Sitio Ramsar y Zona de Especial Protección para las Aves [ZEPA (2002)].
     La localización de este embalse, próxima a otros enclaves naturales de gran importancia, como las Lagunas del Sur de Córdoba, con las que está bastante ligado, realza su interés ecológico al contribuir a la supervivencia de numerosas especies de aves protegidas, que tienen en estos espacios sus áreas de nidificación e invernada.
     En cuanto a la vegetación hay que destacar los tarajales de Tamarix gallica. En las orillas existe una densa vegetación compuesta fundamentalmente de Enea (Typha dominguensis), Caña (Arundo donax) y Carrizo (Phragmites australis).
     Entre las aves que pueden observarse se encuentran la Malvasía (Oxyura leucocephala), el Calamón (Porphyrio porphyrio), la Garza Imperial (Ardea purpurea), la Garza Real (Ardea cinerea), la Garceta Común (Egretta garzetta), el Ánade Real (Anas platyrhynchos), el Pato Cuchara (Anas clypeata), el Aguilucho Lagunero (Circus aeruginosus), el Zampullín Chico (Tachybaptus ruficollis), la Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis), la Cerceta Común (Anas crecca), el Porrón Común (Aythya ferina), la Focha Común (Fulica atra) y la Polla de Agua (Gallinula chloropus).
     En los últimos años se viene observando también el Flamenco Común (Phoenicopterus ruber), la Cigüeñuela (Himantopus himantopus), la Avoceta (Recurvirostra avosetta), el Chorlitejo Patinegro (Charadrius alexandrinus) y el Chorlitejo Chico (Charadrius dubius).
     Las orillas y aguas someras están continuamente invadidas por numerosas especies limícolas en diferentes épocas del año (Diputación Provincial de Córdoba).

Plaza Ochavada.-
      La plaza ochavada de Aguilar de la Frontera en Córdoba, proyectada en 1805, es uno de los más bellos ejemplos de recintos urbanos octogonales en Andalucía. Incluida en su densa trama urbana, se construye en tres plantas de altura, disponiéndose tres casas en cada lado del octógono, que se desarrollan en torno a un patio interior. Las entradas a la plaza se producen mediante arcos que ocupan una de las tres casas del lado en que acometen las calles de acceso.
     El conjunto de fachadas, con una altura homogénea y con tres huecos por casa, dispone sobre la puerta de cada una el balcón principal, recercado de piedra. Unos huecos regulares se repiten, incluso sobre los arcos que cierran las calles en la tercera planta, insistiendo de este modo en la regularidad de este espacio urbano.
     Fue proyectada por Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca, aunque su diseño se acabó cambiando debido a los usos requeridos en aquel momento. En un principio podría haber sido un espacio utilizado como mercado, incluso con plaza de toros, pero finalmente, este espacio acabaría siendo la Plaza Mayor de la localidad, lugar en el que acabaría estableciéndose el ayuntamiento.
     Desde su construcción hasta los primeros años de 1966, cumplió su principal cometido, cual fue ser espacio para el abastecimiento público (mercado), principalmente. Durante todo ese tiempo, sufrió adaptaciones y reparaciones diversas mas nunca alteraron su fisonomía general. Sin embargo, las labores de restauración más importantes fueron las emprendidas en la década de 1970, que sirvieron para dotarle del actual pavimento y, con posterioridad, de cierta uniformidad de fachadas tomando como referencia las dos únicas portadas originales conservadas (casas n. 18 y 19). 
     Los proyectos técnicos fueron redactados por los arquitectos Rafael de la Hoz Arderius, Gerardo Olivares James y José Chatang Barroso (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María del Soterraño, Iglesia conventual de San José y San Roque, Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, Iglesia de la Vera Cruz, Iglesia del Santísimo Cristo de la Salud, Iglesia de la Concepción, Iglesia de la Virgen de la Candelaria, Torre del Reloj, Paraje natural Embalse de Cordobilla, y Plaza Ochavada) de la localidad de Aguilar de la Frontera, en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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domingo, 16 de enero de 2022

Un paseo por la calle Santísimo Cristo de la Salud

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santísimo Cristo de la Salud, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, domingo 16 de enero, como todos los domingos, ha de considerarse como el día festivo primordial para la Iglesia. Es el primer día de cada semana, llamado día del Señor o domingo, en el que la Iglesia, según una tradición apostólica que tiene sus orígenes en el mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el Misterio Pascual.
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte la calle Santísimo Cristo de la Salud, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Santísimo Cristo de la Salud es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Bernardo, del Distrito Nervión, y va de la calle Cofia, a la calle Santo Rey.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     La vía, en este caso una calle, está dedicada al Santísimo Cristo de la Salud, imagen titular de la Hermandad de San Bernardo, que se venera en la Iglesia de San Bernardo, existente en la propia calle. 
    En 1859 con la reforma del callejero se dio esta denominación a la calle que hasta entonces se llamó Nueva. La calle Nueva se llamó con anterioridad, según Álvarez-Benavides (1873), Laguna, denominación que también recoge Santiago Montoto. Esta calle ha sido conocida por los vecinos del  barrio como plazuela de San Bernardo o de la Iglesia al menos desde 1608, por estar bordeada casi en su totalidad por el costado de la iglesia parroquial. Anteriormente se intitulaba "Almonacid" (que actualmente ha recortado su longitud), y debía su nombre al comendador que tan importante papel jugó en la conquista de Sevilla, y responde al criterio historicista de rotular la calles del barrio con personajes o hechos relacionados con la conquista de la ciudad por Fernando III. 
   La configuración es ancha en relación al resto de calles interiores del barrio, anchura que viene motivada por dos razones: el retranqueo que probablemente se produjo de las viviendas de la acera de los pares para facilitar el acceso a las dos puertas de la Fábrica de Artillería, y la posición algo retrasada de la parroquia. Este ensanche le da un carácter de plaza de barrio, que justifica la denominación de plaza de la Iglesia, que recibió anteriormente, aspecto que fue captado por Ridruejo, Chueca y Macías, autores del libro Ciudades, que al referirse al barrio decían: "Las calles de Almonacid y del Santo Rey son un poco el cardo y decumano de esta minúscula ciudad de San Bernardo y en un cruce está la iglesia que es un dechado de sevillanismo". 
     Presenta pavimento de asfalto sobre ado­quines con aceras estrechas de cemento, en regular estado. En ella hay sola­res y casas en ruina en la acera de los pares, y una magnífica puerta con arco de medio punto de la Fábrica de Artillería que puede ser de 1791, según inscripción que figura en una cúpula contigua. La segunda puerta forma ángulo recto con la anterior y por estar por encima del nivel de la calle dispone de una amplia rampa para facilitar la entrada de vehículos. El alumbrado eléctrico fue instalado en 1942; actualmente luce farolas de fundición adosadas. Esta calle en su parte más ancha ha ejercido tradicionalmente las funciones de ágora o plaza, por hallarse el barrio alejado de los centros comerciales. En ella se reu­nían los jornaleros a esperar ser contratados y marchar a las fincas y cortijos del sur de la ciudad. La presencia del templo parroquial, la entrada y salida de mercancías de la Fábrica de Artillería, y la existencia de alguna taberna, de la que el actual bar La Trabajadera es una reliquia, proporcionaban gran animación a este espacio. El miércoles santo esta plazuela se llena de gente y de júbilo al filo de las tres de la tarde para ver salir y en la madrugada entrar en su templo al Cristo de la Salud de la Hermandad de San Bernardo. Con este motivo los vecinos vuelven cada año a su despoblado barrio [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Santísimo Cristo de la Salud, s/n. FUNDICIÓN DE ARTILLERÍA
. El edificio actual se levantó en el solar de otra fundición de bronce, que allí existía desde el siglo XVI, que había pertenecido a Juan Morel. Más tarde, fue adquirido por el Estado y en tiem­pos de Carlos III se ordena la construcción de un nuevo edificio, cuyos planos se encargaron al arquitecto Vicente de San Martín, y que hoy se conserva, aunque algunas partes han sufrido alteraciones posteriores [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
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La calle Santísimo Cristo de la Salud, al detalle:

lunes, 20 de diciembre de 2021

Un paseo por la calle Almonacid

     Por Amor al Arte
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     La calle Almonacid es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Bernardo, del Distrito Nervión, y va de la calle Santo Rey, a la confluencia de las calles Tentudía, y Campamento.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. 
     En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     En 1859 con la reforma del callejero se dio esta denominación a dos calles que hasta entonces se llamaron Nueva y Luna. La primera comprendía de Cofia a Santo Rey (actualmente denominada Santísimo Cristo de la Salud) y la segunda hasta Tentudía y Campamento. La calle Nueva se llamó con anterioridad, según Álvarez-Benavides (1873), Laguna, denominación que también recoge Santiago Montoto. Esta calle ha sido conocida por los vecinos del  barrio como plazuela de San Bernardo o de la Iglesia al menos desde 1608, por estar bordeada casi en su totalidad por el costado de la iglesia parroquial. Debe su nombre al comendador que tan importante papel jugó en la conquista de Sevilla, y responde al criterio historicista de rotular la calles del barrio con personajes o hechos relacionados con la conquista de la ciudad por Fernando III.
     La configuración corresponde al de la antigua de la Luna, es estrecho, más corto y rectilíneo, semejante a las calles interiores del barrio. 
     Presenta pavimento de asfalto sobre ado­quines con aceras estrechas de cemento, en regular estado. Ofrece viviendas de dos plantas con balcones y cierros en estado de ruina en su mayoría. El alumbrado eléctrico fue instalado en 1942; actualmente luce farolas de fundición adosadas [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
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martes, 20 de agosto de 2019

La Iglesia de San Bernardo, de José Álvarez


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de San Bernardo, de José Álvarez, en Sevilla.      
     Hoy, 20 de agosto, Memoria de San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia, el cual, habiendo ingresado junto con treinta compañeros en el nuevo monasterio del Císter, fue después fundador y primer abad del monasterio de Clairvaux, donde dirigió sabiamente, con la vida, la doctrina y el ejemplo, a los monjes por el camino de los mandamientos del Señor. Recorrió una y otra vez Europa para restablecer la paz y unidad e iluminó a toda la Iglesia con sus escritos y sus sabias exhortaciones, hasta que descansó en el Señor cerca de Langres, en Francia (1153) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Iglesia de San Bernardo, de Sevilla.
     La Iglesia de San Bernardo [nº 115 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; nº 93 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Santo Rey, s/n (aunque tiene entrada lateral por la calle Santísimo Cristo de la Salud, 1); en el Barrio de San Bernardo, del Distrito Nervión.
   Pocas zonas de la ciudad tienen tanta identificación con su parroquia y su hermandad penitencial como la del viejo arrabal de San Bernardo. Situada extramuros de la ciudad, en las cercanías de la antigua Puerta de la Carne, el barrio de San Bernardo conserva su identidad histórica en calles que hacen referencia a la conquista cristiana de Sevilla y al emplazamiento del campamento de las tropas de Fernando III: Santo Rey, Tentudia, Campamento... nombres que recuerdan el viejo origen de una zona que también condicionó el antiguo matadero y la histórica Fábrica de Artillería. De hecho, la dedicación al santo cisterciense se motiva en el cerco de las tropas de Fernando III, iniciado precisamente en la festividad del santo medieval, el día 20 de agosto. Un arrabal que fue encuadrado originalmente en la feligresía de la parroquial del Sagrario, aunque la lejanía y el crecimiento del barrio motivó la creación de una nueva parroquia en 1595. Apenas hay noticias de aquel edificio que fue sustituido por el templo actual, levantado entre 1778-1785 siguiendo los planos del arquitecto José Álvarez. En medio del caserío estrecho del viejo arrabal, destaca la altura de su alargada planta rectangular, de tres naves y crucero muy marcado, que se cubre con cúpula sobre tambor octogonal en la parte anterior al presbiterio. Ha sobrevivido al éxodo de sus habitantes, a los destrozos de la guerra civil (no llegó a ser incendiado pero sí se perdieron notables obras artísticas) y a las modernas reformas que han reconvertido  al barrio en un apéndice de diseño de la nueva milla de oro de la ciudad.

   El exterior del templo muestra sus líneas neoclásicas aunque con lejanos ecos barrocos. Su portada principal se estructura mediante columnas compuestas, estando realizada en ladrillo, y abre un sencillo arco de medio punto coronado por frontón partido. En la hornacina central, una escultura de San Bernardo queda cobijada por la Giralda y las jarras de azucenas, símbolos del cabildo catedralicio. La otra portada se abre a la calle Almonacid, lateral del templo, siendo un arco de medio punto que se corona con frontón partido, decorado con jarrones en sus ángulos. Dos retablos cerámicos con los titulares de la hermandad de penitencia, el Cristo de la Salud y la Virgen del Refugio, se sitúan en este muro. En la esquina del templo se encuentra la airosa torre de dos cuerpos, con decoración de arcos mixtilíneos, y pilastras compuestas en el segundo cuerpo, estanco coronada por cuerpo ochavado recubierto por cerámica, modelo habitual en otras torres sevillanas.
   Las tres naves del interior se subdividen en cuatro tramos, con presbiterio y coro a los pies. En la zona de la cabecera hay dos capillas laterales. Pilastras toscanas funcionan como elemento de sostén, formando arcos de medio punto como tránsito entre los diversos espacios. Se cubre la nave central con bóveda de cañón con lunetos, siendo las cubiertas laterales bóvedas baídas. La cúpula del crucero se levanta sobre pechinas decoradas con pinturas de los Evangelistas en sus yeserías.

   El retablo mayor, que preside el presbiterio, corresponde a la tardía transición sevillana entre el barroco y el neoclasicismo. Tiene un banco, dos cuerpos subdivididos en tres calles mediante columnas de capitel corintio y escasa decoración añadida, y un ático coronado por la representación del Espíritu Santo. El diseño y la talla arquitectónica fueron realizados por Manuel Barrero y Carmona, correspondiendo al escultor de origen valenciano Blas Molner la talla de la imaginería. Está presidido en su camarín central por la Virgen del Refugio, dolorosa titular de la hermandad de penitencia del templo, imagen realizada por Sebastián Santos en 1938 para sustituir a la anterior titular, que desapareció en el asalto a la parroquia de 1936. La flanquean en el primer cuerpo las imágenes de San Pedro y San Leandro. El segundo cuerpo está centrado por una moderna talla del cisterciense San Bernardo, obra de Antonio Dubé de Luque. Está flanqueado por las imágenes de San Fernando y San Isidoro.

   En la cabecera del muro de la Epístola se sitúa un notable retablo de Fernando de Barahona (1690) presidido por la imagen de la Virgen del Patrocinio, talla de gloria del siglo XVIII de vestir que porta una imagen del Niño Jesús del siglo anterior. Se compartimenta el retablo con las habituales columnas salomónicas de la época, siendo modernas las imágenes de San Antonio y Santa Rita. Original del retablo es el relieve del ático que representa la escena de la Visitación. Ya en el crucero se sitúa el retablo del Cristo de la Salud, obra documentada de Barahona de 1692 que se estructura como un gran marco-hornacina de columnas salomónicas, culminado con escultura del Arcángel San Miguel en el ático. Cobija al Crucificado de la Salud, excelente talla de tamaño natural, titular de la hermandad de penitencia. Se suele atribuir a Andrés Cansino (hacia 1670) o al círculo de Pedro Roldán, y proviene de la antigua Escuela de Cristo, de donde llegó para sustituir al anterior crucificado de Pedro Roldán, destrozado en el asalto al templo de 1936. La hermandad penitencial tiene un curioso origen en 1748, cuando un grupo de niños organizó una procesión por el barrio, dando culto a un Nazareno de barro con el título de las Tres Caídas. La posterior participación de adultos motivó el uso de un Crucificado, al que titularon de la Salud y una dolorosa a la que llamaron originalmente del Patrocinio, título que cambiaron posteriormente al coincidir con el de la Virgen de gloria. Se establecieron en la parroquia en 1758, creciendo notablemente en años posteriores tras la consecución de sus reglas. Sufrió la pérdida de sus imágenes en 1936 y tuvo tradicionalmente gran vinculación con numerosos toreros. En la actualidad procesiona el Miércoles Santo, siendo una de las hermandades más populares de la Semana Santa. Le sigue el retablo de la Virgen del Rosario, imagen de vestir de la escuela sevillana del siglo XVIII. En el mismo muro se sitúan otros retablos laterales. Destacan los dedicados a la Anunciación y a San José. El primero, de la segunda mitad del siglo XVIII, está presidido por discreta pintura con el tema de la Anunciación, con talla laterales de tamaño académico que representan a los jesuitas San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier. El segundo también es obra de la segunda mitad del siglo XVIII, con titular de talla flanqueado por imágenes de la Virgen del Carmen y de Santa Ana.

   En la cabecera de la nave del Evangelio (izquierda) se sitúa la Capilla Sacramental, con un retablo realizado por Manuel Barrera y Carmona (1785) y con dorado de José Caro. Es obra realizada en el mismo momento que el retablo mayor, siendo transición entre el barroco y el neoclasicismo. Conserva piezas del retablo anterior, como el sagrario y el manifestador, obra de Pedro Duque Cornejo, con imágenes de San Juan Evangelista, San Juan Bautista, Santo Tomás de Aquino y San Agustín. La Inmaculada de la hornacina central es obra del siglo XIX. En la misma capilla hay un altar neoclásico de 1787 que cobija una pintura de la Virgen del Pópulo obra de Luis de Villanueva (1752), muy reformada tras los destrozos de 1936. Ya en el muro del crucero se sitúa un nuevo retablo con columnas salomónicas, obra de Fernando de Barahona (1692), que enmarca el monumental lienzo de Francisco de Herrera el Viejo con el tema del Juicio Final (1628). Del mismo estilo son las pinturas que lo enmarcan, con la escena de la Entrada de Jesús en Jerusalén y la Flagelación. En este muro destaca el retablo neobarroco dedicado a Santa Bárbara, cuya titular es una notable talla del siglo XVIII, ahora titular de la hermandad penitencial y patrona de la vecina Fábrica de Artillería. Entre las pinturas de la iglesia destaca, asimismo, otro lienzo monumental con el tema de la Última Cena, propiedad de la hermandad Sacramental, ahora expuesto en la casa hermandad (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010). 
     En el barrio del mismo nombre, se construyó a finales del siglo XVIII la iglesia de San Bernardo, con planos del arquitecto José Álvarez realizados en 1780. Concluido el edificio en 1785, se inauguró un año después. Su planta es rectangular, muy alargada, con tres naves y crucero marcado, que se cubre con cúpula sobre tambor octogonal y se remata con linterna. En las pechinas aparecen yeserías con profusión de molduras mixtilíneas, que enmarcan a los cuatro Evangelistas. La nave central, el presbiterio y el crucero se cubren por bóvedas de cañón con arcos fajones y lunetas. En la cabecera de la nave izquierda se abre la Capilla Sacramental, con dos tramos, cubriéndose el primero por una pequeña cúpula rematada con linterna.
     En el lado izquierdo, la iglesia tiene una portada enmarcada con pilastras y rematada con un frontón roto. La portada principal tiene arco de medio punto en el vano de entrada, enmarcándose con columnas toscanas y coronándose con frontón recto partido, en el que se alberga una hornacina con una imagen de la Virgen con San Bernardo. Una Giralda entre jarras de azucenas corona la fachada.
     En el interior, el retablo mayor de la iglesia acusa ya el estilo neoclásico. Su talla y ensamblaje corresponden a Manuel Barrera y Carmona, siendo algunas de sus esculturas de Blas Molner. Fue realizado entre 1783 y 1785. La imagen de San Bernardo fue tallada por Antonio Dubé de Luque en 1975, mientras la Virgen del Refugio que ocupa el camarín fue contratada con Sebastián Santos en 1938.
     En la cabecera de la nave izquierda se abre la Capilla Sacramental, en cuyo muro derecho se  encuentra un pequeño retablo de finales del siglo XVIII, que alberga una pintura de la Virgen del Pópulo, firmada por Luis Villanueva en 1752. El retablo mayor de este Sagrario es obra de Manuel Barrera y Carmona y fue finalizado en 1785. Su sagrario manifestador, con esculturas de San Juan Bautista, San Juan Evangelista, Santo Tomás de Aquino y San Agustín, procede del anterior retablo, realizado por Pedro Duque Cornejo en 1716. En su hornacina principal reposa una Inmaculada del siglo XIX.
     En la nave se dispone un retablo contratado por Fernando de Barahona en 1692, que alberga la monumental pintura de Francisco Herrera el Viejo, realizada en 1628, que representa el Juicio Final. Dos lienzos, que flanquean este retablo y que representan la entrada de  Cristo  en Jerusalén y la Flagelación, reflejan también el estilo de Herrera el Viejo.
     En la cabecera de la nave derecha se abre una capilla donde figura un retablo con columnas salomónicas, que fue realizado por Fernando de Barahona en 1690. Alberga en su hornacina principal una escultura de candelero de la Virgen del Patrocinio, realizada en el siglo XVIII.
     En el crucero de esta nave hay un retablo considerado obra de Fernando de Barahona en 1692 con la magnífica escultura del Cristo de la Salud, obra de mediados del siglo XVII. En la nave derecha figuran dos retablos del segundo cuarto del siglo XVIII. El primero de ellos alberga una escultura de San José, y el segundo un lienzo de la Anunciación, muy deteriorado.
     Entre las piezas de orfebrería destacan una lámpara de perfil triangular decorada con rocalla y fechada en 1741, y varias coronas de imágenes.
     La Hermandad Sacramental conserva un lienzo de la Última Cena pintado por Francisco Vareta. Entre sus objetos de platería destacan varios cálices, copones y ostensorios, dos de los cuales están fechados en 1620 y 1621. Asimismo posee un cirial rococó con la marca de Cárdenas. La pieza de mayor envergadura es una gran custodia procesional de tres cuerpos y planta circular, que corresponde a varias épocas. Se inició en 1858 y ha sido restaurada en 1913 y 1974, manteniendo su estilo neoclásico original (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     La Iglesia parroquial de San Bernardo se encuentra situada en el barrio al que da nombre, extramuros de la ciudad. Por su situación se encuentra cercana a la Iglesia de San Benito, a la parroquia de San Roque y a la Real Fábrica de Tabacos, junto a la Real Fábrica de Artillería, así como al sector de la Ronda de circunvalación sureste de Sevilla. 
     Desde el punto de vista volumétrico destaca la superposición característica de planos y volúmenes del siglo XVIII, donde se observan los tejados a un agua de las naves laterales, a dos aguas de la central, buhardillas de acceso y ventilación de los tejados, la cúpula del crucero y la torre, situada a los pies de la nave del Evangelio.
     El templo presenta estructura barroca de la última fase con formas atemperadas por las nuevas tendencias, estableciéndose así una dualidad entre el movimiento del barroco sevillano y la sobriedad del gusto neoclásico. 
     La iglesia es de grandes dimensiones y presenta planta rectangular muy alargada, con cabecera plana, tres naves, crucero y coro a los pies de la nave central, sobresaliendo en altura una cruz latina. La planta es de tres naves divididas en cuatro tramos, separadas mediante pilares de ladrillo sobre los que campean arcos de medio punto con clave decorada, separados por pilastras sobre los que descansa un entablamento que recorre todo el interior del edificio, con friso en el que alternan metopas lisas y triglifos, finalizado en una pronunciada y moldurada cornisa. La nave principal y el crucero destacan del resto del edificio en altura. La nave central y los brazos del crucero se cubren con bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos, al igual que el presbiterio, mientras que las naves laterales lo hacen con bóvedas baídas sobre arcos fajones pareados. En el crucero se sitúa una cúpula sobre pechinas con tambor octogonal y linterna.
     La capilla Sacramental se encuentra situada en la cabecera de la nave del Evangelio, es de dos tramos cubriéndose el primero mediante cúpula sobre pechinas rematada en linterna y el segundo mediante bóveda baída.
     Al exterior, a causa del desnivel del terreno, presenta en su lado Sur y Oeste un podio y reja con escalinatas que dan acceso a las dos portadas del templo. En ambos frentes presenta un espacio a modo de atrio que se protege mediante una reja de forja de la época de la construcción del templo.
     Debido a su ubicación, unida por sus frentes Norte y Este a un complejo de casas colindantes que conforman la manzana, presenta dos fachadas. La principal se encuentra situada a los pies del templo con acceso desde la calle Santo Rey y la del lado del Evangelio a la calle Santísimo Cristo de la Salud.
     La fachada principal presenta exteriormente la estructura interna del templo, nave central a dos aguas y buhardilla en el chaflán del tejado y nave de la Epístola a una, disponiéndose en el lado del Evangelio la torre. En el centro se sitúa la portada, realizada en de ladrillo limpio, consta de dos cuerpos, el primero se articula en torno a un vano de medio punto con clave decorada, flanqueado por sendas columnas toscanas sobre pedestales y entablamento clásico en el que alternan metopas decoradas y triglifos. Sobre la cornisa se asienta un frontón triangular roto con remates de perinolas en sus extremos. Del centro emerge el ático, estructurado en torno a una hornacina de medio punto que porta la escultura en piedra del titular de la parroquia. Ésta se encuentra flanqueada por medias columnas jónicas sobre las que corre un entablamento mixtilíneo, rematado con emblemas del Cabildo Eclesiástico, la Giralda flanqueada por jarras de azucenas. 
     Sobre la portada se dispone un gran óculo que aporta luz al interior del coro alto y a la nave central. Por último la fachada queda rematada por un entablamento decorado que recorre todo el exterior del edificio, sobre el que descansa el tejado.
     La portada del lado del Evangelio presenta distintos desniveles en altura, fruto de la nave lateral, crucero, cúpula, nave central capilla sacramental y torre. En sus paramentos se suceden una serie de vanos de características similares. La portada, realizada en ladrillo, se encuentra situada en el segundo tramo. Se estructura en torno a un arco de medio punto con clave decorada, flanqueado por pilastras toscanas cajeadas que se elevan sobre pedestales, sobre ellas se dispone un entablamento con el friso decorado con metopas y triglifos, descansando sobre la cornisa un frontón triangular roto, con jarrones en sus extremos, de cuyo centro emerge un ático, de reducidas dimensiones, con recortes en su centro y 
rematado en un pequeño frontón triangular.
     Respecto a la cúpula, parte de un tambor octogonal con vanos ligeramente escarzanos sobre lo que se dispone una cornisa que da paso a la cubierta que se encuentra realizada mediante tejas que producen un efecto bícromo al alternar tejas azules y blancas. Cuenta con una linterna de ocho vanos de medio punto separados por medias columnas con capitel compuesto sobre las que apoya un entablamento rematado en cupulín con cruz de forja.
     La torre, de planta cuadrada, se encuentra situada a los pies de la nave del Evangelio, consta de tres cuerpos, la caña o fuste, el cuerpo de campanas y el remate. La caña, re alidada en ladrillo al igual que el resto del conjunto, presenta una serie de vanos a distinta altura y en sus distintos frentes, destacando los vanos mixtilíneos o lobulados y balconcillos con vanos rectangulares protegidos por baranda de forja y rematados en frontón triangular. Este cuerpo se encuentra separado del segundo mediante un entablamento cuyo friso se presenta decorado con líneas de azulejos vidriados en azul. El segundo cuerpo presenta gran similitud con un arco cuadrifonte, un vano de medio punto en cada uno de sus frentes, protegido por antepecho y flanqueado por pilastras pareadas de capitel compuesto, ambos decorados con azulejos vidriados en azul. Sobre las pilastras se asienta un entablamento que recorre el conjunto y que repite la decoración del friso anterior. Sobre la cornisa se dispone un antepecho decorado, simulando en su centro balaustres, en el que apoyan remates piramidales terminados en bolas dispuestos al hilo de las pilastras del cuerpo inferior. Del centro emerge una especie de linterna que consiste en un cuerpo ochavado a modo de chapitel en el que alternan vanos ovalados con otros cegados, sobre el que apoya una linterna octogonal que alterna vanos de medio punto con hornacinas, sobre el que se dispone el cupulín rematado por bola y cruz de forja.
     Los cuerpos superiores de la torre presentan decoración de cerámica vidriada en azul que produce un efecto que resalta de la bicromía del resto del edificio, amarillo albero para los paramentos y elementos estructurales verticales y rojo almagra para elementos estructurales horizontales.
     La Iglesia Parroquial de San Bernardo fue construida en el lugar en que según la leyenda hubo una Ermita fundada en el siglo XIII por San Fernando y erigida en memoria de San Bernardo al haberse establecido el cerco de la ciudad el día de la fiesta del mismo. Más tarde, en 1593, en este mismo sitio se construyó una iglesia Parroquial, de mayores dimensiones, la cual hacia 1776 se encontraba en tal estado de ruina que el Cabildo eclesiástico, de quien dependía directamente su custodia y manteniendo, en concepto auxiliar de la Parroquia del Sagrario, decide hacerle una amplia reforma que encargó al maestro mayor del Arzobispado, José Álvarez. La obras comenzaron a realizarse, sin embargo el estado del edificio debía de ser tan ruinoso, que en 1780 el mismo José Álvarez trazaba los planos de una nueva iglesia de grandes dimensiones.
     Álvarez trazó la planta distribuida en tres naves sobre columnas de mármol, presentó el informe al Cabildo eclesiástico el 12 de mayo del mismo año, este lo aceptó pero sustituyendo las columnas por pilares cuadrangulares de ladrillo que es como al fin se construyó. El 19 de agosto de 1785 se bendijo solemnemente este templo, que según Sancho Corbacho, el último importante que se construye en Sevilla siguiendo las pautas del barroco característico de esta ciudad, aunque ya se aprecia una cierta influencia del neoclasicismo en el sentido de la escasez de adornos.
     La parroquia sufrió dos incendios y saqueos con importantes daños en 1936, pero a pesar de ello conserva importantes obras de interés, algunas procedentes de otros templos de la ciudad.
     En esta parroquia tiene su sede canónica la Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud y maría Santísima del Refugio, conocida popularmente como Hermandad de San Bernardo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia;
HISTORIA Y LEYENDA
   Monje borgoñón que en el siglo XII reformó la orden de los cistercienses. Su nombre de origen germánico (Bernhard) significa fuerte como un oso (Bär).
   Nacido en 1090 en Fontaine les Dijon, después de la muerte de su madre abandonó la casa paterna para entrar en la abadía del Cister (Citeaux). En 1115, arrastrando algunos monjes en la secesión, fundó el monasterio de Claraval (Clairvaux, Clara vallis: el valle claro), que gobernó hasta su muerte en 1153.
   Como los grandes abades de Cluny, fue uno de los más firmes apoyos del papado, a cuyo servicio puso toda su autoridad que era considerable en todo el mundo cristiano. Hizo campaña por el papa Inocencio II contra el antipapa Anacleto. En 1146 predicó la segunda cruzada sobre la acrópolis de Vézelay. Al año siguiente, en 1147, el papa Eugenio III asistió con él al capítulo general de Claraval.
   Era amigo del cisterciense inglés San Esteban Harding y del cisterciense irlandés San Malaquías quien murió en sus brazos en Claraval.
   Desde el punto de vista iconográfico, lo que debe recordarse de la acción que desarrolló, es sobre todo su devoción a la Virgen.
   San Bernardo fue uno de los más fervientes difusores del culto de María, de quien se llamaba el fiel capellán (Beatae Mariae capellanus) o el caballero sirviente. En su tratado De Laudibus Virginis celebra con efusión su maternidad virginal (gaudia matris habens cum virginitatis honore), aunque sin aceptar la doctrina de la Inmaculada Concepción, sin embargo. Se lo había motejado el citarista de la Virgen (citarista Mariae).
   Fue por su iniciativa que los cistercienses pusieron todas sus iglesias bajo la advocación de Nuestra Señora.
   En su sermón acerca de la Natividad de María, declaró que la Virgen es el acueducto por el que descienden hasta nosotros todas las aguas del cielo. La recomienda a los fieles como la mediadora más misericordiosa y la más poderosa. “Si la majestad divina os espanta, recurrid a María. El Hijo concederá a su Madre y el Padre concederá a su Hijo. Ella es la escala de los pecadores.”
   Durante toda la Edad Media, el nombre de San Bernardo permaneció indisolublemente unido al culto de la Virgen. Es por él que en la Divina Comedia (Paradiso, 31), Dante se hace introducir ante el trono de la Reina del Cielo. Si San Bernardo ha enriquecido de esa manera la iconografía de la Virgen, en cambio declaró la guerra al arte, especialmente a la escultura que consideraba como un lujo pernicioso que proscribió en las iglesias cistercienses. “Las obras de arte –decía- son ídolos que separan de Dios.” Desde este punto de vista la reforma de San Bernardo parece un anticipo de la reforma de Lutero y de Calvino, hostiles a las imágenes. Su Apología de Guillermo de San Teodoro, citada con tanta frecuencia, es una violenta invectiva contra el lujo insolente de los cluniacenses, que consideraba incompatible con la vida monástica.
   La leyenda que cristalizó muy pronto en torno a la brillante personalidad de San Bernardo, es rica en milagros que fueron popularizados por la Leyenda Dorada. Casi todos se reparten en dos series: las Tentaciones del demonio y las Apariciones de Cristo y de la Virgen.
   Se cuenta que había arrojado a su hermana al agua helada de un estanque para aplacar el ardor culpable de ésta, que le había inspirado deseos incestuosos.
   Según el Pèlerinage de la Vie humaine (Peregrinación de la Vida humana), compuesto hacia 1358 en imitación del Roman de la Rose por Guillaume de Guillerville, se habría cubierto con una armadura y guanteletes para imponerse la continencia y rechazar las tentaciones de una mujer “que estaba acostada en su cama, desnuda junto a él; no obstante cuando una vez hacía ella volvióse no sintió su tacto. Sus manos estaban tan enguantadas y armadas que ella creyó que él fuese hombre de hierro, del cual se alejó confusa, sin sobarlo.”
   La famosa Leyenda de los nueve versos de San Bernardo también se refiere a sus altercados con el demonio. Para conservar su ingenuo sabor, lo mejor es reproducir la versión original: “El diablo le dijo una vez que sabía nueve versos del Salterio y que aquel que los dijera una vez cada día no dejaría de conseguir la salvación. San Bernardo le preguntó cuáles eran esos nueve versos; pero el diablo no los quería decir. Entonces San Bernardo le respondió que el recitaría a diario del Salterio entero. A lo cual el diablo le dijo cuáles eran, para que no tuviese más mérito recitando todo el Salterio.”
   Las Apariciones de Cristo y de la Virgen son las que más inspiraron a los artistas.
   Un día en que San Bernardo estaba en adoración ante el crucifijo, Cristo, desclavando las manos, se inclinó sobre él y lo estrechó contra su pecho. Siguiendo la costumbre del plagio, tan frecuente en la literatura hagiográfica, los franciscanos atribuyen la misma visión mística a San Francisco de Asís (los dominicos han procedido exactamente de la misma manera con otro milagro de la leyenda de San Bernardo. Su madre habría soñado que paría un perro blanco que ladraba vigorosamente contra los enemigos de Dios. El mismo perro reaparece en el nacimiento de Santo Domingo, salvo que en vez de tener la túnica blanca de los cistercienses, la tenía con manchas blancas y negras, como los dominicos).
   Más ferviente aún era la devoción de San Bernardo hacia la Virgen. Por ello no resulta sorprendente que ella lo haya colmado de gracias. La Virgen no se limitó a aparecérsele, como a los otros santos, sino que habría humedecido sus labios con algunas gotas de la leche que alimentara al Niño Jesús. Es lo que se llama el milagro de la Lactancia.
   La escena había ocurrido en la iglesia de Saint Vorles, en Chatillon sur Seine, donde San Bernardo oraba ante una estatua de la Virgen amamantando al Niño Jesús. En el momento en que pronunciaba las palabras Monstra te esse matrem, la estatua se animó y la Virgen, apretándose un pecho, hizo saltar algunas gotas de leche sobre los labios de su adorador que estaban resecos a fuerza de haber cantado sus alabanzas. Según la tradición local de Chatillon, “Bernardo habría recibido leche no sólo encima de la boca sino sobre los ojos y la túnica, que se volvió blanca.”
   Esta leyenda mística, desconocida para el autor de la Leyenda Dorada, que se escribió por primera vez en un texto del siglo XIV, quizá sea, como tantas otras fábulas hagiográficas, la puesta en escena de una simple metáfora acerca de la elocuencia “dulce como la leche” de San Bernardo a quien habían motejado “Doctor melliflus”. La leche de la Virgen tiene aquí el papel de la miel depositada por las abejas sobre los labios de San Juan Crisóstomo y de San Ambrosio. San Bernardo era el caballero de la Virgen y se consideraba que su elocuencia tenía la dulzura de la leche. Combinando esos datos, un hagiógrafo ingenioso habría forjado el milagro de la Lactancia. El recuerdo de la Virgen mostrando a su Hijo los pechos que lo amamantaran, para interceder a favor de los pecadores en el Juicio Final, ha podido inspirar tanto a los hagiógrafos como a los artistas (el milagro de la Lactancia no permaneció mucho tiempo como el monopolio de San Bernardo. A causa de los plagios hagiográficos se volvió tan contagioso como la cefaloforia. Fueron gratificados con él San Agustín, San Fulberto de Chartres, Santo Domingo, San Alano de La Roche y Santa Catalina de Ricci).
   Como contrapartida, puede recordarse y consignarse aquí una leyenda que pusieron en circulación los adversarios de San Bernardo. Un monje del monasterio de Claraval lo habría visto aparecer en sueños con una mancha negra sobre el pecho, sobre la tetilla (ad mamillam pectoris). Dicha mancha era el castigo que se le había infligido por haber sostenido que la Virgen María no estaba exenta del pecado o de la mácula original.
   Entre las escenas de la vida de San Bernardo que presentan un carácter histórico, hay pocas que hayan llamado la atención de los artistas. Asombra, por ejemplo, que ni en la Edad Media ni en los tiempos modernos ni uno sólo se haya aplicado a evocar la predicación de la cruzada sobre la acrópolis de Vézelay.

   El episodio más popular es el papel que tuvo en Parthenay, en calidad de legado pontificio, para quebrar la rebelión de Guillermo de Aquitania, duque de Guyenne y conde del Poitou, que había tomado partido por el antipapa Anacleto, contra el papa Inocencio II.
   Después de haber celebrado la misa en la iglesia donde no podía entrar el duque excomulgado, San Bernardo habría avanzado hacia él presentándole la hostia consagrada: “He aquí el Hijo de la Virgen, el Jefe y el Señor de la Iglesia que viene a ti. He aquí a tu Juez, y tu alma estará pronto ante él.” Al oir esas palabras, el duque fue acometido por un terror tal que cayó al suelo soltando espuma por la boca como un loco furioso, sin poder articular ni una palabra. Sólo se pudo levantar cuando Bernardo lo hubo tocado con el pie. Entonces Guillermo de Aquitania, como duque de Guyenne y conde del Poitou, prometió reconocer a Inocencio II como auténtico y legítimo papa, y reinstalar a los obispos en la posesión de sus sedes episcopales y restituirles los bienes que les había confiscado.
   Después de esa sumisión, el duque se habría convertido en ermitaño para expiar sus pecados: habría llevado el resto de su vida un cilicio sobre el cual habría hecho remachar una armadura. Pero en este punto se vuelve a caer en la leyenda hagiográfica provocada por una confusión entre el duque Guillermo, padre de Leonor de Aquitania, y el ermitaño Guillermo de Maleval.
CULTO
   Canonizado en 1174, San Bernardo se convirtió naturalmente en uno de los patrones de Borgoña, su provincia natal.
   Su cuerpo fue colocado en 1178 en una magnífica tumba detrás del altar mayor de la iglesia  de Claraval. Una parte de su cabeza se conserva en el tesoro de la catedral de Troyes.
   Por la intermediación de la orden internacional  de los cistercienses, que enjambró en toda la cristiandad, su culto se difundió a gran distancia, sobre todo en Italia, en Chiaravalle, en España hasta Gibraltar y en Alemania, especialmente en las abadías cistercienses de Fürstfelfenbruck, en la Alta Baviera, y Altenberg, en Renania. Los cistercienses y las cistercienses, que en su honor se llamaron bernardinas no eran la única orden religiosa que se reclamaba de él, puesto que la orden de los templarios, monástica y militar a la vez, también había adoptado su regla.
   Además, era particularmente honrado por los apicultores y los fabricantes de cirios, a causa de su mote “Doctor melliflus”, que le había valido una colmena como atributo. Protege no sólo a los apicultores sino también a las abejas.
   En algunos pueblos de Borgoña era patrón de los viticultores. Sin embargo su figura no cuenta entre los santos populares.
ICONOGRAFÍA
   No existe ningún retrato natural del santo. Sus imágenes tardías no tienen valor documental alguno.
   Según sus contemporáneos, era delgado, espiritualizado por el ayuno y las austeridades. Era pelirrojo de cabellera y barba. Está representado como abad mitrado de la orden del Císter, envuelto en una cogulla blanca (alba cuculla) con el báculo abacial.
   Sus atributos son muy numerosos: un perro blanco en alusión a la visión de su madre, una colmena o un enjambre de abejas, que traduce su calificativo de Doctor melliflus, una mitra puesta en el suelo porque habría rechazado la dignidad episcopal por humildad (las tres mitras puestas en el suelo designan a San Bernardino de Siena), una hostia que le presenta al duque de Aquitania excomulgado, los Instrumentos de la Pasión que aprieta contra su corazón, porque decía que se había tejido un ramo con los sufrimientos de Cristo, una rueda porque forzó al diablo a reparar el eje roto de una carreta, y un demonio encadenado.
   A pesar de haber despreciado al arte “que aleja de Dios”, su iconografía es bastante rica (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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La Iglesia de San Bernardo, al detalle: