Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

Mostrando entradas con la etiqueta Vestíbulo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vestíbulo. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de marzo de 2026

El enmarcamiento cerámico para puerta, de Hernando de Valladares, en el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el enmarcamiento cerámico para puerta, de Hernando de Valladares, en el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, de Sevilla
     Hoy, 12 de marzo, es el Día Internacional de la Cerámica, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el enmarcamiento cerámico, de Hernando de Valladares, en el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
      En el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes podemos contemplar el enmarcamiento para puerta, de Hernando de Valladares (activo entre 1589 y 1631), siendo un azulejo plano policromado en estilo renacentista, realizado hacia 1600, con unas medidas de 4'16 x 3'12 mts., y procedente del Convento de San Pablo, tras la desamortización.
       El taller de los Valladares. A fines del siglo XVI y durante las primeras décadas del XVII desarrolla su labor esta familia de ceramistas que produjeron gran cantidad de azulejos para zócalos, mesas de altar, pavimentos de olambrillas, revestimientos de cubiertas, etc. Juan sería el iniciador de la dinastía y le sucederán un hijo llamado como él y otro, más conocido que éste, de nombre Hernando. Más tarde, Benito, hijo de este último, heredará el taller familiar.
     Hernando se convierte desde 1590 hasta 1630 en el director del taller cerámico más importante de cuantos trabajan en Triana en esa época y a él serán encomendados los revestimientos de los mejores conjuntos civiles y religiosos construidos o transformados en estos años. Los Reales Alcázares, la iglesia, coro y claustro del Monasterio de Santa Paula, la escalera del extinguido convento de San Agustín, las cartujas de las Cuevas y de la Defensión, capillas privadas en las parroquias de San Vicente, San Lorenzo, Santa Catalina, San Isidoro, San Martín, Santa Ana, Santiago el Mayor, etc. serán algunos de los conjuntos más notables. Además de sus obras en Sevilla fue un importante exportador como demuestran sus pedidos para San­lúcar de Barrameda, Córdoba, Lisboa, Évora, México o Lima.
     El estilo de las obras de Valladares se basa en los repertorios anteriores aportados por Augusta y sus contemporáneos. De ellos se hace continuador manteniendo dignamente la calidad del dibujo, la brillantez de los colores y adaptando las decoraciones a sus marcos de forma muy atinada. Entre sus aportaciones más significativas se encuentran las numerosas mesas de altar debidas a su labor.
     A su producción pueden atribuirse algunas obras de las conservadas en el Museo, principalmente los paneles procedentes del extinguido Convento de San Pablo, un conjunto de excepcional importancia. A éste pertenecen el arco de acceso al claustro del Aljibe donde se aprecian los escudos de la Orden Dominica y el de los patronos, los Duques de Medina-Sidonia. Son también notables las figuras de atlantes y cariátides del vestíbulo de entrada y las pilastras de candelieri.
     Hernando de Valladares redujo el amplio repertorio de motivos textiles de las décadas anteriores y potenció por el contrario los aspectos más figurativos de sus zócalos insistiendo en frisos horizontales y pilastras verticales que hacen de marco a paños de fondo. La influencia de tapices flamencos y grabados de Fontainebleau es pa­tente en los motivos y esquemas compositivos. 
     Durante los primeros años del siglo XVII se desarrolló en Sevilla una intensa actividad constructiva. Nume­rosos conventos se edifican o reforman completando sus acabados con azulejos pintados. El taller de los Valladares, especialmente Hernando, fue en ese proceso el más importante de los de Triana y a él se encomendaron numerosos pedidos.
     Las relaciones de los Valladares con la Orden de Santo Domingo fueron frecuentes. Obras como la del convento de San Pablo de Sevilla con la familia Guzmán como patronos o la del Colegio de Regina Angelorum, de la misma Orden y bajo el patronazgo de los Marqueses de Ayamonte, son buena muestra de ello y de la calidad del trabajo de estos azulejeros (Alfonso Pleguezuelo Hernández, Cerámica, en El Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el enmarcamiento cerámico, de Hernando de Valladares, en el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 4 de agosto de 2024

El Panel cerámico "Santo Obispo", anónimo, en el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el panel cerámico "Santo Obispo", anónimo, en el Vestíbulo, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.     
     Hoy, 4 de agosto, Memoria de San Juan María Vianney, presbítero, que durante más de cuarenta años se entregó de una manera admirable al servicio de la parroquia que le fue encomendada en la aldea de Ars, cerca de Belley, en Francia, con asidua predicación, oración y ejemplos de penitencia. Diariamente catequizaba a niños y adultos, reconciliaba a los arrepentidos y con su ardiente caridad, alimentada en la fuente de la santa Eucaristía, brilló de tal modo que difundió sus consejos a lo largo y a lo ancho de toda Europa, y con su sabiduría llevó a Dios a muchísimas almas (1859) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Fue proclamado por Pío XI "patrón de los sacerdotes" en su canonización en 1925, de ahí qué sea hoy el mejor día para ExplicArte el panel cerámico "Santo Obispo", anónimo, en el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, de Sevilla
   El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
  En el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes podemos contemplar el panel cerámico "Santo Obispo", anónimo, siendo un azulejo plano policromado en estilo barroco, realizado hacia 1670, con unas medidas de 13'00 x 13'00 cms, cada pieza (1'04 x 2'34 m. el total del panel), procedente de la fachada de la Iglesia del Convento de Nuestra Señora del Pópulo de Agustinos Descalzos, Sevilla, en el siglo XX.
   Este fragmento de un grabado de Tortolero (1738) que reproduce la Entrada en Sevilla de Felipe V, nos permite integrar virtualmente los paneles de la fachada del extinguido convento de Nuestra Señora del Pópulo en su ubicación primitiva. El convento agustino edificó su iglesia en la segunda mitad del siglo XVII. Este conjunto de fachada, como otros contemporáneos, es obra anónima de gran calidad técnica y artística realizada probablemente por pintores que hacen incursiones esporádicas en la cerámica más que por artesanos azulejeros (web Retablo Cerámico).
   El impetuoso desarrollo de la pintura sevillana de caballete de tema religioso durante el siglo XVII unido a la afianzada tradición cerámica existente en la ciudad tras las experiencias enriquecedoras del siglo anterior, dan lugar a un incremento inusitado de los paneles de azulejos concebidos como cuadros aislados y destinados a ser colocados en el exterior de los edificios, visibles desde los espacios públicos que quedan de ese modo sacralizados.
   Este fenómeno de iconografía devocional que ya en el siglo XVI había tenido manifestaciones diversas en paneles sobre portadas, espadañas o torres, experimenta un auge durante la segunda mitad del siglo XVII dando lugar a la realización no sólo de cuadros aislados sino también de conjuntos de paneles organizados que materializan la parte icónica de lo que frecuentemente se ha llamado la fachada-retablo -en este caso retablo pictórico- tan característica del barroco español e hispano-americano.
   De los tres conjuntos más espectaculares: la fachada de la iglesia del hospital de la Santa Caridad, la del convento de San Francisco de Paula y la del de Nuestra Señora del Pópulo, el último de ellos, tal vez el de mejor calidad pictórica, fue desmontado al demolerse el edificio en este siglo y trasladado por fortuna al Museo de Bellas Artes donde hoy podemos contemplar por separado sus paneles. El conjunto de la fachada de la iglesia del Hospital de la Caridad, el más conocido de los tres, es el único realizado en azul sobre fondo blanco. El de San Francisco de Paula es polícromo pero ligeramente inferior en su calidad pictórica al del Pópulo que de esa forma se convierte en un grupo de paneles de especial valor con la única limitación de su desvinculación del contexto original.
   Esta tradición de los paneles pictóricos se prolonga en el siglo XVIII. El estilo se hace menos culto y la calidad técnica a veces desciende pero el fenómeno se divulga y a él acceden capas sociales medias antes marginadas como clientes de este tipo de pintura. Un caso de ex­cepcional calidad lo constituye el panel de Cristo camino del Calvario del vestíbulo del Museo.
   Un fragmento de un grabado de Tortolero (1738) que reproduce la Entrada en Sevilla de Felipe V, nos permite integrar virtualmente los paneles de la fachada del extinguido convento de Nuestra Señora del Pópulo -hoy fuera de su contexto original- en su ubicación primitiva. El convento agustino edificó su iglesia en la segunda mitad del siglo XVII. Este conjunto de fachada, como otros contemporáneos, es obra anónima de gran calidad técnica y artística realizada probablemente por pintores que hacen incursiones esporádicas en la cerámica más que por artesanos azulejeros (Alfonso Pleguezuelo Hernández, Cerámica, en El Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Juan María Vianney, presbítero
     Jean Marie Baptiste Vianney o Viannay, párroco de Ars, localidad situada al norte de Lyon, modelo de todas las virtudes sacerdotales.
     Nació en 1786, y en 1818 fue designado cura párroco del pueblo de Ars, en la región de Dombes (Ain), perteneciente a la diócesis de Belley, donde mu­rió en 1859. Se le debe la introducción en Francia del culto de santa Filomena, personaje desprovisto de todo fundamento histórico y que pertenece al conjunto  de las supercherías hagiográficas.
     La popularidad de Vianney atraía hacia su confesionario a multitudes de peregrinos, más numerosos que los visitantes cosmopolitas y mundanos que en el Siglo de las Luces se concentraban en la antesala de Voltaire, «el patriarca de Ferney», localidad esta última, próxima a Ars.
     Fue beatificado en 1905 por el papa Pío X, quien lo propuso como ejemplo al clero secular. Canonizado por el papa Pío XI, es el santo patrón de los curas párrocos.
     Sus imágenes en yeso pintado, fabricadas en serie en los talleres de Saint Sulpice, se prodigaron en las iglesias. Al igual que Bernardita (Bernadette) de Lourdes, no interesa tanto desde el punto de vista del arte religioso como desde el relativo a la devoción e imaginería popular (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el panel cerámico "Santo Obispo", anónimo, en el Vestíbulo, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 30 de junio de 2024

El Vestíbulo del Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada), de Sevilla
   El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     El Antiguo Convento de la Merced, actual sede del Museo de Bellas Artes, ocupaba una considerable manzana en el casco histórico de la ciudad. Esta manzana lindaba al norte con la calle Armas -actual Alfonso XII- al este con la angosta calle de los Pasos (llamada desde fines del siglo XVII del Sacramento), actualmente formada por las calles Rafael Calvo, Miguel de Carvajal, al este con la plaza del Museo y al sur daba a la calle Bailén, que era por donde se accedía al antiguo convento medieval.
     Su construcción comenzó en 1602 y se ejecutó en estilo barroco sevillano.
     El convento se articula en tomo a varios claustros con una escalera imperial que articula los tres principales "llamados Claustro Grande, de los Bojes y del Aljibe", en torno a los que se sitúan las estancias fundamentales del edificio, ahora convertidas en las salas del Museo, y que junto con la iglesia constituyen los elementos más destacados de la Merced.
      Desde la portada se accede al zaguán del Museo, que anteriormente fue un salón al que se accedía desde el Patio de las Academias y que se encuentra decorado con espléndidos paneles de azulejos sevillanos de los siglos XVI, XVII, XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En el zaguán y en los claustros del que fue convento mercedario se encuentran numerosos paneles de azulejos sevillanos de los siglos XVI, XVII y XVIII que proceden en su mayoría de edificios religiosos sevillanos desaparecidos. Gran parte de los frisos de azulejos que adornan el vestíbulo y el patio de entrada proceden del desaparecido convento de San Pablo, fechándose algunos en 1576 [Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia I. Diputación de Sevilla y Fundación José Manuel Lara, 2004].
     En la primera mitad del siglo XVII el taller más importante de la ciu­dad es el de la Familia Valladares. El miembro más importante, y del que se conservan varias obras en el Museo es Hernando quien, siguiendo el estilo de Pisano, realiza decoraciones en pilastras, frisos y frontales de altar. De su mano, son el enmarcamiento de la puerta que da paso al Patio del Aljibe (hacia 1600), que procede del convento de San Pablo, decorado con putti, figuras de animales y escudos siguiendo la tradición anterior.
     A medida que avanza el siglo XVII, y coincidiendo con el auge de la escuela barroca sevillana, el pictoricismo se adueña de las composiciones cerámicas que se convierten así en amplios ciclos devocionales para decorar las fachadas-retablo de los conventos. La de Santa Mª del Pópulo, realizada hacia 1670 consta de dos paneles centrales: San Ambrosio de Milán, que se encuentra en el vestíbulo, y la Virgen de Nuestra Señora del Pópulo, actualmente en el patio de los Bojes, flanqueadas por figuras de Santos y Obispos.
     Esta tradición continúa durante el siglo XVIII como se ve en el panel de Jesucristo ayudado por el Cirineo, (hacia 1770) y que, procedente del Arco de San Felipe Neri, se encuentra en el vestíbulo del Museo (Ignacio Cano Rivero, María del Valme Muñoz Rubio, Rocío Izquierdo Moreno, y Virginia Marqués Ferrer. Museo de Bellas Artes de Sevilla. Guía Oficial. Consejería de Cultura. Junta de Andalucía. Sevilla, 2009).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes - (Antiguo Convento de la Merced Calzada), de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.
.
Más sobre el Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

El Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, al detalle:     
           Enmarcamiento cerámico para puerta, de Hernando de Valladares           Panel cerámico de Santa Mónica, anónimo 

miércoles, 29 de junio de 2022

El Panel cerámico "Santo Papa", anónimo, en el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el panel cerámico "Santo Papa", anónimo, en el Vestíbulo, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla
     Hoy 29 de junio, la Iglesia celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles. Simón, hijo de Jonás y hermano de Andrés, fue el primero entre los discípulos que confesó a Cristo como Hijo de Dios vivo, y por ello fue llamado Pedro. Pablo, apóstol de los gentiles, predicó a Cristo crucificado a judíos y griegos. Los dos, con la fuerza de la fe y el amor a Jesucristo, anunciaron el Evangelio en la ciudad de Roma, donde, en tiempo del emperador Nerón, ambos sufrieron el martirio: Pedro, como narra la tradición, crucificado cabeza abajo y sepultado en el Vaticano, cerca de la vía Triunfal, y Pablo, degollado y enterrado en la vía Ostiense. En este día, su triunfo es celebrado por todo el mundo con honor y veneración (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el panel cerámico "Santo Papa", anónimo en el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, de Sevilla, puesto que la Iglesia Católica instituyó el 29 de junio como el Día del Papa, que se celebra hoy. Así conmemora las muertes de Pedro, considerado el primer pontífice, y del apóstol Pablo.
   El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
  En el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes podemos contemplar el panel cerámico "Santo Papa", anónimo, siendo un azulejo plano policromado en estilo barroco, realizado hacia 1670, con unas medidas de 13'00 x 13'00 cms, cada pieza (1'04 x 2'34 m. el total del panel), procedente de la fachada de la Iglesia del Convento de Nuestra Señora del Pópulo de Agustinos Descalzos, Sevilla, en el siglo XX.
   Este fragmento de un grabado de Tortolero (1738) que reproduce la Entrada en Sevilla de Felipe V, nos permite integrar virtualmente los paneles de la fachada del extinguido convento de Nuestra Señora del Pópulo en su ubicación primitiva. El convento agustino edificó su iglesia en la segunda mitad del siglo XVII. Este conjunto de fachada, como otros contemporáneos, es obra anónima de gran calidad técnica y artística realizada probablemente por pintores que hacen incursiones esporádicas en la cerámica más que por artesanos azulejeros (web Retablo Cerámico).
   El impetuoso desarrollo de la pintura sevillana de caballete de tema religioso durante el siglo XVII unido a la afianzada tradición cerámica existente en la ciudad tras las experiencias enriquecedoras del siglo anterior, dan lugar a un incremento inusitado de los paneles de azulejos concebidos como cuadros aislados y destinados a ser colocados en el exterior de los edificios, visibles desde los espacios públicos que quedan de ese modo sacralizados.
   Este fenómeno de iconografía devocional que ya en el siglo XVI había tenido manifestaciones diversas en paneles sobre portadas, espadañas o torres, experimenta un auge durante la segunda mitad del siglo XVII dando lugar a la realización no sólo de cuadros aislados sino también de conjuntos de paneles organizados que materializan la parte icónica de lo que frecuentemente se ha llamado la fachada-retablo -en este caso retablo pictórico- tan característica del barroco español e hispano-americano.
   De los tres conjuntos más espectaculares: la fachada de la iglesia del hospital de la Santa Caridad, la del convento de San Francisco de Paula y la del de Nuestra Señora del Pópulo, el último de ellos, tal vez el de mejor calidad pictórica, fue desmontado al demolerse el edificio en este siglo y trasladado por fortuna al Museo de Bellas Artes donde hoy podemos contemplar por separado sus paneles. El conjunto de la fachada de la iglesia del Hospital de la Caridad, el más conocido de los tres, es el único realizado en azul sobre fondo blanco. El de San Francisco de Paula es polícromo pero ligeramente inferior en su calidad pictórica al del Pópulo que de esa forma se convierte en un grupo de paneles de especial valor con la única limitación de su desvinculación del contexto original.
   Esta tradición de los paneles pictóricos se prolonga en el siglo XVIII. El estilo se hace menos culto y la calidad técnica a veces desciende pero el fenómeno se divulga y a él acceden capas sociales medias antes marginadas como clientes de este tipo de pintura. Un caso de ex­cepcional calidad lo constituye el panel de Cristo camino del Calvario del vestíbulo del Museo.
   Un fragmento de un grabado de Tortolero (1738) que reproduce la Entrada en Sevilla de Felipe V, nos permite integrar virtualmente los paneles de la fachada del extinguido convento de Nuestra Señora del Pópulo -hoy fuera de su contexto original- en su ubicación primitiva. El convento agustino edificó su iglesia en la segunda mitad del siglo XVII. Este conjunto de fachada, como otros contemporáneos, es obra anónima de gran calidad técnica y artística realizada probablemente por pintores que hacen incursiones esporádicas en la cerámica más que por artesanos azulejeros (Alfonso Pleguezuelo Hernández, Cerámica, en El Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Celebración del Día del Papa;  
   El día 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, celebramos el Día del Papa y la colecta llamada desde los primeros siglos Óbolo de San Pedro.
     En esta Jornada del Papa estamos invitados, de manera especial, a meditar en el ministerio del Sucesor de Pedro, el Papa Benedicto XVI, a orar por él y a contribuir con nuestras limosnas y donativos a su misión evangelizadora y de caridad. 
     El Romano Pontífice, como Sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad así de los obispos como de la multitud de los fieles. Es Pastor de toda la Iglesia y tiene potestad plena, suprema y universal. Es el Vicario de Cristo.  
   Ya en la primera hora de la Iglesia, cuando Pedro estaba en la cárcel, toda la comunidad oraba insistentemente a Dios por él (cfr. Hc 12, 59). Hoy toda la Iglesia tiene el deber de orar por el Papa Benedicto XVI. Cuando oramos por el Sucesor de Pedro, que “preside la caridad de todas las Iglesias”, como afirmó San Ignacio de Antioquia, pedimos que la Iglesia se mantenga fiel a su magisterio, para que, como los primeros cristianos, vivamos como hermanos arraigados firmemente en el amor y en la caridad. 
     Junto con la oración y el agradecimiento, esta Jornada es una llamada a colaborar con nuestras limosnas y donativos a la colecta especial. A través de ella ayudamos al Papa para que pueda realizar su misión a favor de la Iglesia Universal y de los más pobres de la tierra. 
     Desde esta carta pastoral doy las gracias a todos los fieles y pido un año más la generosa y amplia colaboración económica de todos los diocesanos, para que el Santo Padre pueda cumplir su ministerio. Que el Señor os lo premie y que vuestro comportamiento exprese el cariño, la obediencia y el amor que sentís por el Papa (Mons. Vicente Jiménez Zamora, Obispo de Santander, en Aciprensa).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el panel cerámico "Santo Papa", anónimo, en el Vestíbulo, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 11 de junio de 2022

El Panel cerámico "San Juan de Sahagún", anónimo, en el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el panel cerámico "San Juan de Sahagún", anónimo, en el Vestíbulo, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla
     Hoy, 11 de junio, en Salamanca, en España, Memoria de San Juan de Sahagún González de Castro, presbítero de la Orden de Ermitaños de San Agustín, que con su santidad de vida y sus coloquios constantes logró la concordia de las facciones existentes entre los ciudadanos (1479) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
    En el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes podemos contemplar el panel cerámico "San Juan de Sahagún", anónimo, siendo un azulejo plano policromado en estilo barroco, realizado hacia 1670, con unas medidas de 13'00 x 13'00 cms, cada pieza (1'04 x 1'69 el total del panel), procedente de la fachada de la Iglesia del Convento de Nuestra Señora del Pópulo de Agustinos Descalzos, Sevilla, en el siglo XX.
     Este fragmento de un grabado de Tortolero (1738) que reproduce la Entrada en Sevilla de Felipe V, nos permite integrar virtualmente los paneles de la fachada del extinguido convento de Nuestra Señora del Pópulo en su ubicación primitiva. El convento agustino edificó su iglesia en la segunda mitad del siglo XVII. Este conjunto de fachada, como otros contemporáneos, es obra anónima de gran calidad técnica y artística realizada probablemente por pintores que hacen incursiones esporádicas en la cerámica más que por artesanos azulejeros (web Retablo Cerámico).
     El impetuoso desarrollo de la pintura sevillana de caballete de tema religioso durante el siglo XVII unido a la afianzada tradición cerámica existente en la ciudad tras las experiencias enriquecedoras del siglo anterior, dan lugar a un incremento inusitado de los paneles de azulejos concebidos como cuadros aislados y destinados a ser colocados en el exterior de los edificios, visibles desde los espacios públicos que quedan de ese modo sacralizados.
     Este fenómeno de iconografía devocional que ya en el siglo XVI había tenido manifestaciones diversas en paneles sobre portadas, espadañas o torres, experimenta un auge durante la segunda mitad del siglo XVII dando lugar a la realización no sólo de cuadros aislados sino también de conjuntos de paneles organizados que materializan la parte icónica de lo que frecuentemente se ha llamado la fachada-retablo -en este caso retablo pictórico- tan característica del barroco español e hispano-americano.
     De los tres conjuntos más espectaculares: la fachada de la iglesia del hospital de la Santa Caridad, la del convento de San Francisco de Paula y la del de Nuestra Señora del Pópulo, el último de ellos, tal vez el de mejor calidad pictórica, fue desmontado al demolerse el edificio en este siglo y trasladado por fortuna al Museo de Bellas Artes donde hoy podemos contemplar por separado sus paneles. El conjunto de la fachada de la iglesia del Hospital de la Caridad, el más conocido de los tres, es el único realizado en azul sobre fondo blanco. El de San Francisco de Paula es polícromo pero ligeramente inferior en su calidad pictórica al del Pópulo que de esa forma se convierte en un grupo de paneles de especial valor con la única limitación de su desvinculación del contexto original.
     Esta tradición de los paneles pictóricos se prolonga en el siglo XVIII. El estilo se hace menos culto y la calidad técnica a veces desciende pero el fenómeno se divulga y a él acceden capas sociales medias antes marginadas como clientes de este tipo de pintura. Un caso de ex­cepcional calidad lo constituye el panel de Cristo camino del Calvario del vestíbulo del Museo.
     Un fragmento de un grabado de Tortolero (1738) que reproduce la Entrada en Sevilla de Felipe V, nos permite integrar virtualmente los paneles de la fachada del extinguido convento de Nuestra Señora del Pópulo -hoy fuera de su contexto original- en su ubicación primitiva. El convento agustino edificó su iglesia en la segunda mitad del siglo XVII. Este conjunto de fachada, como otros contemporáneos, es obra anónima de gran calidad técnica y artística realizada probablemente por pintores que hacen incursiones esporádicas en la cerámica más que por artesanos azulejeros (Alfonso Pleguezuelo Hernández, Cerámica, en El Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Juan de Sahagún, presbítero;  
     Ermitaño agustino nacido en 1430 y muerto en 1479, en Salamanca.
     Mientras oficiaba misa se le apareció la Santísima Trinidad. Curó apestados y salvó náufragos, pero predicó contra la coquetería de las mujeres quienes lo lapidaron.
     Fue canonizado tardíamente, en 1691.
     Es patrón de Salamanca y de los ermitaños agustinos.
     Se lo invocaba para curar los cálculos renales de los cuales había sido curado (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Juan de Sahagún, presbítero;
     San Juan de Sahagún, Apóstol de Salamanca. (Sahagún, León, 1429-1431 – Salamanca, 11 de junio de 1479). Agustino (OSA), taumaturgo, predicador general, santo.
     Fue hijo de Juan González de Castrillo y de Sancha Martínez, hidalgos; natural de la villa leonesa de Sahagún, solar de la famosa abadía benedictina construida sobre el sepulcro de los hermanos mártires del siglo III Facundo y Primitivo.
     Nació probablemente entre los años 1429 y 1431 colmando el deseo de descendencia de sus padres, que fueron a pedirlo a Nuestra Señora de la Puente, en su ermita románica junto al río Valderaduey, en el camino de Francia; posteriormente vendrían otros seis hijos, entre ellos, Hernando, que sería benedictino y arzobispo de Granada antes de la conquista.
     En la mencionada abadía benedictina de los Domnos santos había erigidos unos Estudios Generales donde se impartían las enseñanzas del Trivium medieval de las escuelas monásticas y otras materias; en aquel recinto académico fue donde, como hijo primogénito, Juan hizo los primeros estudios y fue moldeando su voluntad al tiempo que adquiría otras cualidades; descubrió su vocación al estado clerical y continuó los estudios de Teología con agrado de su padre, que le consiguió el beneficio eclesiástico con cura de almas, en Cordonillos, pero sirviéndole un capellán y al que renunció por escrúpulos.
     Dados los recursos ajustados de una familia tan amplia y las cualidades del joven Juan, por mediación de su tío Juan Alfonso, hermano de su padre y amigo personal del arzobispo, le buscaron colocación en Burgos y entró como camarero del prelado, el insigne Alonso de Cartagena, en cuyo palacio encontró un ambiente propicio para el cultivo de las letras humanas y divinas, terminando sus estudios eclesiásticos. Una vez ordenado sacerdote, el obispo le dotó con las rentas de unos beneficios eclesiásticos —añadidas a otras que le concedió el abad del monasterio de Sahagún— y premió las actitudes que había desarrollado siendo familiar suyo con una canonjía en la santa iglesia catedral, no experimentándose otro cambio en el joven clérigo que el de servir a su vocación en la cura de almas a él encomendadas por medio de la predicación, en la que ya comenzaba a dar muestras de excelente cultivador, y el deseo de seguir cerca de los libros que desarrollaban la mente y le acercaban a Dios.
     Aunque eclesiásticamente tenía una buena posición, no era lo que buscaba; renunció a todos los cargos y prebendas y se retiró a una capellanía en la iglesia burgalesa de santa Gadea (Ágata), de tantas resonancias cidianas y nobiliarias. En esta época fue cuando compró la Suma bartolina (mayo de 1456) en los frailes de San Pablo de Burgos, en donde luego pondría unas notas que es el único escrito suyo que ha llegado a la actualidad. Pocos meses después del cambio dado a su vida, murió el arzobispo Alonso de Cartagena, que había sido padre y maestro para Juan, y se sintió más libre para trasladarse a Salamanca; quiso continuar los estudios en la Universidad y esperaba poder mantenerse sirviendo en alguna iglesia.
     La Salamanca del siglo XV era ciudad de estudios, cuya Universidad se asentaba sobre los colegios mayores; era ciudad levítica vertebrada por multitud de conventos de todas las órdenes religiosas; era ciudad fuerte, amurallada y torreada por las mansiones de importantes familias nobiliarias. A ella debió de llegar el clérigo burgalés en 1457, año probable de su matriculación en la Universidad. En la parroquia de San Sebastián, en cuya colación estaba ubicado el colegio mayor de San Bartolomé, celebró este centro la fiesta del titular del templo el año 1458, de la que el colegio era patrono, encargándose de la oración sagrada el presbítero estudiante Juan de Sahagún, al que ya debían conocer bien para ofrecerle tan destacado cometido; se sabe por las crónicas que el rector, consejeros y colegiales, salieron conmovidos del sermón escuchado hasta el punto de ofrecerles pocos días después el puesto de capellán —eran dos las capellanías colegiales— en el mayor de San Bartolomé, que había sido fundado hacía casi medio siglo por Diego de Anaya Maldonado, arzobispo de Sevilla, según el modelo del Real Colegio de España o de San Clemente de los Españoles en Bolonia (Italia), fundado por el cardenal Gil de Albornoz.
     Allí nuevamente encontró los dos espacios donde fortalecía su existencia: capilla y biblioteca; además de las tareas colegiales y académicas, Juan también se sentía obligado como sacerdote a no desentenderse de otros problemas. Su palabra era buscada para pedir un consejo, para escucharle en una predicación, para administrar los sacramentos. Un problema urbano grave que dividía y hacía sangrar a la ciudad, era la división y el enfrentamiento entre algunas familias importantes, hasta hacer de esos bandos y sus luchas una triste realidad cotidiana. En medio de ellos, Juan no cejó de trabajar y clamar por la deposición de las hostilidades, el olvido del uso de las armas, abogando por el fin de la lucha. Sus oraciones y sus penitencias, sus palabras y su entrega hicieron posible que llegase la paz y surgiese la reconciliación.
     El rígido horario y la disciplina constitucional del colegio mayor se hicieron incompatibles con su intensa actitud apostólica, por lo que tuvo que renunciar a su plaza de capellán, pero no se le cerraron las puertas; se fue a vivir a casa de Pedro Sánchez, canónigo de la catedral y muy querido por los salmantinos, y el Concejo se encargó de atender a su manutención nombrándole predicador de la ciudad, cargo que él procuró desempeñar con doctrina, con ejemplo y con el desvelo de estar siempre dispuesto.
     Durante años, padeció el mal de piedra, que a veces le tenía postrado sufriendo agudos dolores; se fue agravando hasta llegar el momento crítico de peligrar su vida. La solución de una intervención, entonces, era arriesgada y peligrosa; los médicos Medina y Recio el viejo se la proponían como alternativa al desenlace final que se aproximaba. Era un hombre de fe que afrontó los asuntos vitales de forma especial; se encomendó a Dios y le hizo voto de que si sanaba buscaría la forma de servirle dentro de la vida religiosa. Tras sufrir el tormento de una cirugía bastante elemental, se restableció de la intervención y recuperó la salud como don que Dios le hacía; también por aquellos días tuvo una experiencia religiosa íntima e intensa de la que nunca quiso hablar detalladamente, entre Dios y su alma, y decidió cumplir la promesa hecha ingresando en el convento de San Agustín de aquella ciudad, adscrito ya a la observancia de Castilla, casa señera en ciencia y virtud, que tradicionalmente sería conocida como el convento de los santos y los sabios.
     El día 18 de junio de 1563 tomó el hábito y realizó la profesión el 28 de agosto del año siguiente. Llamó la atención la entrega de fray Juan para hacer bien todo lo que tenía que hacer, y hacerlo con alegría; no hubo radicalismo y posturas extremas, que siempre fue la tentación que sufrían las personas maduras y de la vida clerical que llegaban al claustro. Tuvo puntual cumplimiento de sus obligaciones personales y comunitarias, que no pocas veces ahí es donde radica la virtud. Dos veces sería elegido prior de la comunidad salmantina (1471 y 1477) y definidor provincial (1471).
     Salamanca quedó consternada con la muerte alevosa de los hermanos nobles Enríquez Monroy (Pedro y Luis) a mano de los Manzano y sus criados, también nobles, por 1464 o 1465; asombró la frialdad con que su madre viuda recibió la noticia, los cuerpos sin vida de sus jóvenes hijos y el castigo de confiscación de los bienes de los asesinos ordenado por Enrique IV. Estando aún casi calientes los cadáveres, traspasó la frontera portuguesa con un grupo de veinte criados hasta dar con el lugar donde se habían ocultado los culpables y aplicarles la justicia de la sangre.
     Se sobrecogió la ciudad entera cuando supo que María de Monroy había regresado con la cabeza de los Manzano (Gómez y Alonso), y como trofeo de venganza las había colocado sobre la tumba de sus hijos; desde entonces, la conocieron como “doña María, la Brava”. De nuevo comenzó la lucha entre familias y clanes, más dura que antes, hasta dividir a la ciudad —Cabildos, Universidad, parroquias— en dos bandos irreconciliables.
     Las autoridades recurrieron al agustino fray Juan de Sahagún para que buscase una solución; hizo falta oración y actuación. Habló, predicó e ideó fórmulas de aproximación entre unos y otros aprovechando que le buscaban todos; triunfaron las palabras y el esfuerzo del religioso, logrando el perdón de todos y el compromiso de renunciar a la venganza y a la violencia.
     La reconciliación se cimentó sobre una concordia pactada y ratificada públicamente por representantes de los bandos (Maldonado, Acebedo, Nieto, Anaya, Arias, Enríquez...), y el padre Juan fue reconocido como ángel de la paz; en el ejercicio de su vida apostólica también tuvo que sortear la violencia sobre su persona y sus actuaciones, por ejemplo con los caciques de Ledesma y con el mismo duque de Alba.
     Que en su vida y por mano de fray Juan de Sahagún obró Dios acciones especiales es algo que el pueblo salmantino conoció y dejó abundantes muestras como testimonio, en relatos, inscripciones, bajorrelieves, etc., que poco después de su muerte pasaron a formar parte de las informaciones de muchos testigos que depusieron su testimonio en los procesos de beatificación y canonización. En los anales de la historia de Salamanca se recuerda el portento obrado por el santo en el “pozo amarillo”, donde, tras haber caído un niño pequeño a lo profundo de un pozo, pudo rescatarlo haciendo crecer las aguas hasta el brocal y devolverlo con vida a su angustiada madre; cerca de la catedral vieja, la calle de Tente Necio también evoca el hecho de que, habiéndose escapado por aquel barrio un toro bravo, atemorizó al vecindario hasta que intervino fray Juan y lo tornó manso con aquella expresión —“tente, necio”—, devolviendo la tranquilidad a las gentes de aquellas calles; y en los procesos se encuentran otras muchas actuaciones taumatúrgicas hechas por medio de su intervención.
     Pocos días después de finalizar su segundo priorato cayó inesperadamente enfermo, corriendo la voz que había sido por haber ingerido alguna cosa emponzoñada; los trabajos sufridos habían agotado el organismo y su vida mortal terminó el 11 de junio de 1479. Las muestras de duelo de la ciudad entera demostraron lo que había sido fray Juan de Sahagún para Salamanca. Inicialmente se enterró bajo el coro de la iglesia conventual de San Agustín de aquella ciudad; su sepulcro se convirtió en lugar de peregrinación, donde acudía la gente en busca de ayuda e intercesión, y consta que muchas veces fueron escuchados. En 1578 se depositaron los restos en una nueva y bella capilla; sobre la urna sepulcral que contenían las veneradas reliquias se colocó un lacónico epitafio que resumía su entrega a Salamanca y que se mantuvo mucho tiempo: “Hic jacet per quam Salmantica non jacet” (“Aquí yace por quien Salamanca no yace”).
     Los avatares de la vida del convento —incendios de 1589 y 1744— no perjudicaron las reliquias porque los agustinos las salvaron como un preciado tesoro, y los sucesos históricos vividos en la ciudad en las diferentes exclaustraciones, en 1821 y 1835, afectaron a su destino. El 1 de septiembre de 1835 las veneradas reliquias se trasladaron a la capilla mayor de la catedral nueva, donde reposan en la urna de plata que había donado la ciudad, sobre peana de plata costeada por el convento agustiniano, que ambas piezas se hicieron con motivo de su canonización; la de san Juan de Sahagún figura en el lado derecho, o del Evangelio, y en el lado izquierdo o de la Epístola, en otra urna igual, reposan las reliquias de su hermano santo Tomás de Villanueva, también prior del convento agustiniano algunos decenios después.
     Fue beatificado por Clemente VIII, el 19 de junio de 1601, y canonizado por Alejandro VIII el 16 de octubre de 1690, aunque, por muerte del Papa, la bula fue publicada por su sucesor Inocencio XII el 15 de julio de 1691.
     La ciudad de Salamanca lo celebró con unas solemnes fiestas barrocas como tantas se organizaron en la España del Seiscientos de las que se imprimieron extensas crónicas de los actos; los concejos de Salamanca y de su villa natal de Sahagún proclamaron a san Juan patrón, y el claustro de la Universidad, de la que había sido alumno, estableció como día de fiesta académica en todas sus escuelas el día 12 de junio, en que se conmemoraba su festividad litúrgica. Posteriormente también la diócesis de Salamanca, la provincia agustiniana de España y las viceprovincias de Brasil y Argentina lo proclamaron patrón (Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla, OSA, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el panel cerámico "San Juan de Sahagún", anónimo, en el Vestíbulo, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 3 de marzo de 2022

El Panel cerámico con escena de caza, de Hernando de Valladares, en el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Panel cerámico con escena de caza, de Hernando de Valladares, en el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, de Sevilla
     Hoy, 3 de marzo, es el Día Mundial de la Vida Silvestre, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Panel cerámico con escena de caza, de Hernando de Valladares, en el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
    En el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes podemos contemplar el panel cerámico con escena de caza, de Hernando de Valladares (activo entre 1589 y 1631), siendo un azulejo plano policromado en estilo renacentista, realizado hacia 1600, con unas medidas de 12'00 x 12'00 cms, cada pieza.
   El taller de los Valladares. A fines del siglo XVI y durante las primeras décadas del XVII desarrolla su labor esta familia de ceramistas que produjeron gran cantidad de azulejos para zócalos, mesas de altar, pavimentos de olambrillas, revestimientos de cubiertas, etc. Juan sería el iniciador de la dinastía y le sucederán un hijo llamado como él y otro, más conocido que éste, de nombre Hernando. Más tarde, Benito, hijo de este último , heredará el taller familiar.
   Hernando se convierte desde 1590 hasta 1630 en el director del taller cerámico más importante de cuantos trabajan en Triana en esa época y a él serán encomendados los revestimientos de los mejores conjuntos civiles y religiosos construidos o transformados en estos años. Los Reales Alcázares, la iglesia, coro y claustro del Monasterio de Santa Paula, la escalera del extinguido convento de San Agustín, las cartujas de las Cuevas y de la Defensión, capillas privadas en las parroquias de San Vicente, San Lorenzo, Santa Catalina, San Isidoro, San Martín, Santa Ana, Santiago el Mayor, etc. serán algunos de los conjuntos más notables. Además de sus obras en Sevilla fue un importante exportador como demuestran sus pedidos para San­lúcar de Barrameda, Córdoba, Lisboa, Évora, México o Lima.
   El estilo de las obras de Valladares se basa en los repertorios anteriores aportados por Augusta y sus contemporáneos. De ellos se hace continuador manteniendo dignamente la calidad del dibujo, la brillantez de los colores y adaptando las decoraciones a sus marcos de forma muy atinada. Entre sus aportaciones más significativas se encuentran las numerosas mesas de altar debidas a su labor.
   A su producción pueden atribuirse algunas obras de las conservadas en el Museo, principalmente los paneles procedentes del extinguido Convento de San Pablo, un conjunto de excepcional importancia. A éste pertenecen el arco de acceso al claustro del Aljibe donde se aprecian los escudos de la Orden Dominica y el de los patronos, los Duques de Medina-Sidonia. Son también notables las figuras de atlantes y cariátides del vestíbulo de entrada y las pilastras de candelieri.
   Las relaciones de los Valladares con la Orden de Santo Domingo fueron frecuentes. Obras como la del convento de San Pablo de Sevilla con la familia Guzmán como patronos o la del Colegio de Regina Angelorum, de la misma Orden y bajo el patronazgo de los Marqueses de Ayamonte, son buena muestra de ello y de la calidad del trabajo de estos azulejeros (Alfonso Pleguezuelo Hernández, Cerámica, en El Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor el Significado del Día Mundial de la Vida Silvestre;  
     Los animales salvajes y las plantas silvestres, además de su valor intrínseco, contribuyen a los aspectos ecológicos, genéticos, sociales, económicos, científicos, educativos, culturales, recreativos y estéticos del bienestar humano y el desarrollo sostenible.
     El Día Mundial de la Vida Silvestre nos brinda la ocasión de celebrar la belleza y la variedad de la flora y la fauna salvajes, así como de crear conciencia acerca de la multitud de beneficios que la conservación de estas formas de vida tiene para la humanidad. La celebración de este día también nos recuerda la necesidad urgente de combatir los delitos contra el medio ambiente y la disminución de especies causada por la actividad humana, que acarrean consecuencias negativas de gran alcance en el ámbito económico, medioambiental y social. Este es el motivo por el cual el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número 15 se centra en detener la pérdida de biodiversidad (ONU).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Panel cerámico con escena de caza, de Hernando de Valladares, en el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 19 de septiembre de 2021

El Panel cerámico "Jesucristo ayudado por el Cirineo", anónimo, en el Vestíbulo, del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el panel cerámico "Jesucristo ayudado por el Cirineo", anónimo, en el Vestíbulo, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. 
     Hoy, domingo 19 de septiembre, como todos los domingos, ha de considerarse como el día festivo primordial para la Iglesia. Es el primer día de cada semana, llamado día del Señor o domingo, en el que la Iglesia, según una tradición apostólica que tiene sus orígenes en el mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el Misterio Pascual.
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte el panel cerámico "Jesucristo ayudado por el Cirineo", anónimo, en el Vestíbulo, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
    En el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes podemos contemplar el panel cerámico "Jesucristo ayudado por el Cirineo", anónimo, siendo un azulejo plano policromado en estilo barroco, realizado hacia 1770, con unas medidas de 13'00 x 13'00 cms, cada pieza (1'80 x 1'40 el total del panel aproximadamente), procedente de la Iglesia de San Felipe Neri, de Sevilla, tras la Desamortización de 1868 (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
   "Merece ocupar una mención especial el hermoso cuadro que representa al Señor caído con la cruz a cuestas, que actualmente decora el vestíbulo de ingreso a las galerías del primer patio de nuestro Museo provincial de pinturas, y nosotros lo hemos conocido en el muro frontero a la puerta de los pies de la iglesia de San Felipe Neri, debajo del arquillo que había en la calle llamada actualmente de Doña María Coronel, de cuyo lugar fue trasladado al sitio en que hoy está, al derribar dicha iglesia en 1868." [Gestoso y Pérez, José. Historia de los Barros Vidriados Sevillanos. Sevilla, 1903, p.337-338] (web Retablo Cerámico).
   El impetuoso desarrollo de la pintura sevillana de caballete de tema religioso durante el siglo XVII unido a la afianzada tradición cerámica existente en la ciudad tras las experiencias enriquecedoras del siglo anterior, dan lugar a un incremento inusitado de los paneles de azulejos concebidos como cuadros aislados y destinados a ser colocados en el exterior de los edificios, visibles desde los espacios públicos que quedan de ese modo sacralizados.
   Este fenómeno de iconografía devocional que ya en el siglo XVI había tenido manifestaciones diversas en paneles sobre portadas, espadañas o torres, experimenta un auge durante la segunda mitad del siglo XVII dando lugar a la realización no sólo de cuadros aislados sino también de conjuntos de paneles organizados que materializan la parte icónica de lo que frecuentemente se ha llamado la fachada-retablo -en este caso retablo pictórico- tan característica del barroco español e hispano-americano.
   De los tres conjuntos más espectaculares: la fachada de la iglesia del hospital de la Santa Caridad, la del convento de San Francisco de Paula y la del de Nuestra Señora del Pópulo, el último de ellos, tal vez el de mejor calidad pictórica, fue desmontado al demolerse el edificio en este siglo y trasladado por fortuna al Museo de Bellas Artes donde hoy podemos contemplar por separado sus paneles. El conjunto de la fachada de la iglesia del Hospital de la Caridad, el más conocido de los tres, es el único realizado en azul sobre fondo blanco. El de San Francisco de Paula es polícromo pero ligeramente inferior en su calidad pictórica al del Pópulo que de esa forma se convierte en un grupo de paneles de especial valor con la única limitación de su desvinculación del contexto original.
   Esta tradición de los paneles pictóricos se prolonga en el siglo XVIII. El estilo se hace menos culto y la calidad técnica a veces desciende pero el fenómeno se divulga y a él acceden capas sociales medias antes marginadas como clientes de este tipo de pintura. Un caso de ex­cepcional calidad lo constituye el panel de Cristo camino del Calvario del vestíbulo del Museo (Alfonso Pleguezuelo Hernández, Cerámica, en El Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Jesucristo, camino del Calvario
   De la misma manera que solía ordenarse a los condenados a muerte cavar su propia tumba antes de la ejecución, en la crucifixión debían llevar ellos mismos su cruz hasta el lugar del suplicio.
El tema según la Biblia
   Los Evangelios ofrecen dos versiones diferentes de El Camino del Calvario.
   Según los sinópticos  (Mateo, 27: 31; Marcos, 15: 21; Lucas, 23: 26),  un tal Simón de Cirene (África), fue requerido por los soldados romanos para ayudar a Jesús, agotado por la Flagelación, a llevar la cruz hasta la cima del Gólgota.
   De acuerdo con Juan (19: 16), que desconoce a Simón de Cirene, fue Cristo solo quien llevó la cruz hasta el final.
   Los exégetas, comenzando por Orígenes, han intentado conciliar la versión de Juan con los sinópticos. Jesús habría comenzado por llevar su cruz de la misma manera que Isaac había llevado la madera de su sacrificio. Luego, al verlo en el límite de sus fuerzas, los soldados habrían requerido la ayuda de alguien que pasaba. Jesús y Simón se habrían relevado.
   Los racionalistas cuestionan la realidad del episodio de Simón. Extraen un primer argumento del silencio de Juan. Agregan que en el derecho romano, los condenados al suplicio de la cruz debían llevar el patibulum ellos mismos, que el requerimiento a Simón de Cirene habría sido ilegal, y que no se conocen ejemplos de soldados que obligaran a un testigo ocasional a llevar la cruz de un condenado. 
   La escena habría sido imaginada para ilustrar la palabra de Jesús: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.» (Mateo, 16: 24; Marcos, 8: 34).
   Muchos de esos argumentos no se sostienen, puesto que es posible que después de la Flagelación Jesús haya estado físicamente imposibilitado de llevar el patibulum hasta el final, y una requisitoria ilegal no podía detener a Pilato.
   Los artistas optaron ya por la versión de los sinópticos, ya por la de Juan. El arte bizantino adoptó la primera: Simón lleva solo la cruz, adelante de Cristo que le sigue con la cuerda al cuello. El arte de Occidente, que tiene un sentido dramático más desarrollado, representa a Cristo sufriendo en solitario bajo el peso de la cruz o ayudado por Simón el cireneo.
Las prefiguraciones
   Los teólogos, naturalmente, han buscado -y encontrado- en el Antiguo Testamento las prefiguraciones que enmarcan a Cristo con la cruz a cuestas en las miniaturas y en las vidrieras. Son éstas:
   1. Isaac llevando sobre los hombros la madera del sacrificio.
   2. Aarón marcando con la tau cruciforme el dintel de las casas de los de Israel.
   3. El patriarca Jacob bendiciendo con las manos entrecruzadas a sus nietos Efraím y Manasés.
   4. La viuda de Sarepta que lleva al profeta Elías dos leños dispuestos en forma de cruz.
La iconografía primitiva
   En las realizaciones más antiguas, la iconografía de Cristo con la cruz a cuestas es muy simple.
   Cristo avanza, vestido con una túnica roja, la frente ceñida por la corona de espinas, a veces precedido por los dos ladrones. No padece por la carga de la cruz porque ella es pequeña, más emblemática que real. A finales de la Edad Media la cruz se vuelve desmesuradamente pesada, su carga es cada vez más aplastante, para apiadar a los fieles con los sufrimientos del Redentor.
El enriquecimiento del tema por los Evangelios apócrifos y el teatro religioso: la Virgen y santa Verónica
   Los artistas no se contentaron con la Biblia y los comentarios teológicos. Los Evangelios apócrifos y la puesta en escena del teatro de los Misterios les sugirieron numerosos agregados al tema inicial. Los más populares son el Desmayo de la Virgen y el Encuentro de santa Verónica.
El desmayo de la Virgen
   El Evangelio de Lucas indica que "Le seguía una gran muchedumbre del pueblo y de mujeres, que se herían y lamentaban por Él». Pero los Evangelios apócrifos están mejor informados: saben que la Virgen conducida y sostenida por el apóstol Juan, se detuvo ante el paso del cortejo y que al ver a su Hijo doblegado bajo la carga de la cruz, se desmayó.
   Esta escena accesoria, que tiene el inconveniente de crear un segundo centro de interés en detrimento de la escena principal, poco a poco fue adquiriendo tal importancia en la composición, que Cristo con la cruz a cuestas a veces se denomina Spassimo della Vergine o Pâmoison de la Vierge. Tal es el caso de un célebre cuadro de Rafael o de su escuela, procedente de un convento de olivetanos de Sicilia, que se llama Lo Spasimo di Sicilia. Un altorrelieve de Laurana en la iglesia de Saint Didier de Aviñón, se llamaba Notre-Dame du Spasme.
La Verónica 
   Por la influencia del teatro de los Misterios, hacia finales del siglo XV apareció una santa imaginaria, Verónica, que conmovida de piedad seca con un velo el sudor que corría por el rostro de Cristo: en recompensa por ese gesto piadoso, ella recogió en el sudario la impresión de la Santa Faz. De esta verdadera  imagen (vera icona)  procede el nombre Verónica.
   También a la puesta en escena de los Misterios deben atribuirse sin duda los detalles realistas que invadieron el arte de finales de la Edad Media. Cristo tiene un ronzal en el cuello, como una bestia conducida al matadero; niños despiadados le lanzan una lluvia de piedras. A veces va precedido por un heraldo que hace sonar una trompeta.
   En resumen, en Cristo con la cruz a cuestas pueden distinguirse tres episodios:
   l. Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la  cruz (Gesù aiutato da Simone il Cirineo).
   2. El Desmayo de la Virgen. (Il Spasimo della Virgine.)
   3. Verónica seca el sudor de su rostro (Gesù asciugato dalla Veronica).
El Camino del Calvario
   La transformación  más importante que se opera a finales de la Edad Media en la iconografía de Cristo con la cruz a cuestas se debe a la aparición de una nueva devoción instituida y difundida por los franciscanos que habían recibido la guarda o «custodia» de los Santos Lugares, es lo que se denomina el Camino del Calvario.
   Es fácil reconstruir la génesis de esta devoción. Por el hecho de que Simón de Cirene había sido requerido para ayudar a Jesús a llevar su cruz, se concluyó que Cristo debió caer bajo la carga que superaba sus fuerzas no una sino muchas veces, que había sido obligado a detenerse para recuperar el aliento. La dolorosa Ascensión del Calvario habría sido medida por Estaciones, que los místicos, como el Pseudo Buenaventura y santa Brígida, se esforzaron en reconstruir por medio de la imaginación, como si hubiesen sido testigos.
   Esos altos o estaciones fueron puestos en escena por los autos sacramentales del teatro de los Misterios. Los artistas fijaron finalmente esos «cuadros vivos» en innumerables Caminos del Calvario que jalonaron las naves de todas las iglesias, o en Calvarios (Sacro Monte, Kalvarienberg), dispuestos sobre la pendiente de una colina, que los peregrinos ascendían a veces de rodillas, como era el caso en la Scala Santa de Letrán, entonando sus oraciones en cada «Caída de Cristo».
   ¿Cuántas eran esas Estaciones? El Camino del Calvario comportaba, en su origen, siete Estaciones: siete es un número sagrado. Tal es el número de los bajorrelieves de Adam Kraft en el Camino del Calvario del cementerio de San Juan, en Nuremberg. De acuerdo con su temperamento, los artistas han representado esas Caídas de Cristo durante el ascenso al Calvario con un realismo más o menos brutal, más o menos patético.
   Ya Jesús cae de rodillas (Andrea Sacchi), ya se derrumba de cara en toda su estatura, con las manos hacia adelante.
   (Dominichino): ese es el momento que eligió Verónica para secarle el sudor que le corría por la frente.
   En el siglo XVII, por la iniciativa de los franciscanos, y especialmente la del predicador italiano Leonardo de Porto Maurizio, el número de las Estaciones se duplicó, para llegar a catorce. Aunque esa cifra sea completamente arbitraria, se la mantuvo.
   La devoción del Camino del Calvario, que es una de las creaciones más populares de la orden de los franciscanos, nació del deseo de multiplicar el beneficio espiritual y material de una peregrinación a la colina del Gólgota, enclavada en la igle­sia del Santo Sepulcro.
Representaciones de Cristo con la cruz a cuestas, caído
   Después del Renacimiento, los pintores de la Contrarreforma y de la época romántica renovaron este tema conmovedor. En su Cristo ascendiendo al Calvario (Museo de Metz), Delacroix se inspiró, evidentemente, en el Cristo con la cruz a cuestas de Rubens, que había visto en el Museo de Bruselas. Pero le dio un carácter del todo diferente. La ascensión triunfal imaginada por el maestro flamenco se convierte en un avance lento y doloroso del condenado, a punto de desfallecer a cada paso, que se arrastra penosamente hasta el lugar del suplicio.
   En el arte popular polaco cuyas tradiciones perduran en nuestros días, el motivo patético de Cristo caído, sucumbiendo bajo el peso de la cruz, resume con frecuencia la tragedia del Camino del Calvario.
Versiones alegóricas y colectivas de Cristo con la cruz a cuestas
   Cristo con la cruz a cuestas no siempre ha sido concebido y representado como una escena histórica. Hacia finales de la Edad Media se multiplicaron las versiones alegóricas.
   No es sólo la Virgen quien, siguiendo el ejemplo de Simón de Cirene, levanta uno de los brazos de la cruz para aliviar la carga de su Hijo. Es la Iglesia, a la cual simboliza, y hasta la cristiandad entera, quien acude en su auxilio. Papa, cardenales, sacerdotes, laicos, quieren su parte en la carga, con la esperanza de asegurarse la vida eterna a causa de esta asistencia simbólica.
   Hay frescos de los siglos XV y XVI que ilustran este Cristo con la cruz a cuestas co­lectivo. En un manuscrito franciscano de la Biblioteca de Perusa, Jesús va seguido por una procesión de hermanos menores, stauróforos, que llevan una selva de cruces sobre los hombros. 
   Según parece, en Francia, al menos en la capilla del castillo de Montriu, en Saint Aubin des Ponts de Cé, en Lion de Angers, y en Notre Dame de Chavigny en Poitou, este tema fue tomado de una endecha del rey Renato, donde éste asocia la humanidad entera con la Pasión de Jesucristo, desarrollando estas palabras del Redentor: «Qui vult venire post me, tollat crucero suam et sequatur me.» Mendigos, ladrones, enfermos, presos, peregrinos, campesinos, viudas, huérfanos, mal casados..., en suma, todos los desheredados de la tierra, acuden a su hora para ayudar a Cristo a llevar su cruz, más pesada que las suyas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el panel cerámico "Jesucristo ayudado por el Cirineo", anónimo, en el Vestíbulo, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Vestíbulo del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.