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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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lunes, 23 de diciembre de 2024

Un paseo por la calle Cerrajería

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Cerrajería, de Sevilla, dando un paseo por ella.    
     La calle Cerrajería es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo, y va de la calle Cuna, a la calle Sierpes
     La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Desde mediados del s. XV aparece con el nombre de Arqueros por alusión a los de esta condición que en ella moraban, y a lo largo del XV también Freneros. Más tarde, al menos desde 1500, se encuentra ya documentada como Cerrajería o Cerrajeros, por concentrarse allí numerosos artesanos de este oficio. En relación con esa función, Santiago Montoto señala que era también conocida como la calle de los Tiznados, aunque tal vez se trate de un topónimo sin oficialidad, pues durante siglos Cerrajería se repite invariablemente en documentos y planos, hasta que en 1911 se rotula Pi y Margall (1824-1901), en honor del político del mismo nombre, presidente de la Primera República Española. En 1938 vuelve a recuperar el nombre de Cerrajería. No debe confundirse este topónimo con el de plaza de la Cerrajería, espacio contiguo que actualmente forma parte de Sierpes y de Rioja, en el que se ubicaba la famosa cruz de forja que hoy figura en la plaza de Santa Cruz.
     De mediana anchura y trazado rectilíneo, no mantiene, sin embargo, una total linealidad en sus fachadas pues forma una leve curva en su parte central, ensanchándose ligeramente, y un pequeño recodo hacia su final, en la acera izquierda, donde vuelve a ensancharse. A juzgar por el plano de Olavide (1771), ya en el s. XVIII ofrecía una rectitud muy próxima a la actual, completada posteriormente, a fines del s. XIX y principios del XX, por algunas alineaciones de casas. Las más antiguas noticias de su empedrado se remontan a 1622. A mediados del XIX estaba empedrada "formando carriles", lo que al parecer provocaba continuos desperfectos. Más tarde, en los años 80, se aplicó en ella el sistema de tacos de madera, probado con no demasiado éxito en otros espacios céntricos de la ciudad. A la vista de sus malos resultados, en 1889 se acuerda pavimentarla con adoquines de Gerena y en 1904 con cemento. En la actualidad ofrece las mismas losetas de colores de Sierpes y carece de aceras. A mediados del siglo pasado debió ser una de las calles mejor iluminadas de Sevilla, pues la prensa habla de sus "innumerables luces de gas". Hoy esa iluminación se lleva a efecto mediante farolas en forma de báculos adosados a las fachadas. 
     Como en otras calles del centro comercial, su caserío es variado, ya que en medio de las casas tradicionales de la primera mitad del siglo, que son las dominan­tes, de tres plantas y en ocasiones con cierros a la calle, pueden verse edificios modernos de tono más impersonal. Destaca, en la esquina con Cuna, el edificio neomu­déjar del comercio de la Ciudad de Londres, obra del arquitecto José Espiau (1912-14). En la casa contigua a Sierpes hay un azulejo del Gran Poder. Hasta mediados del XIX existió en una de las fachadas de la calle una cruz de madera, conocida como de la Cerrajería, denominación que, según González de León, se aplicó también por extensión a la de hierro levantada en la citada plaza de la Cerrajería.
     Históricamente ha sido una calle de gran importancia en la ciudad, tanto por su bue­na situación como por su actividad comercial. Por ella han discurrido a lo largo de los siglos procesiones religiosas, militares y cívicas, como signo del rango que la ciudad le ha reconocido siempre. En 1625 figura entre las que el Ayuntamiento manda limpiar para el paso de las cofradías de Semana Santa. En 1630 se instala en su esquina un arco triun­fal con motivo de las fiestas de la canoniza­ción de Fernando III. Otros documentos dan fe de procesiones del estandarte real, procesión fúnebre por la muerte de Carlos II, por la entronización de Luis I, hijo de Felipe V, rogativas de lluvias, etc. En el XIX pasaban por ella algunas cofradías en la Semana Santa, y en 1880 se estableció en su esquina con Sierpes un tribunal para dirimir conflictos entre las hermandades durante los desfiles procesionales. Pero ha sido, sin duda, el paso de la procesión del Corpus el acontecimiento público más significativo de la calle a lo largo de los siglos. Todavía en nuestros días adquiere especial relieve tanto en la noche de la víspera, en que se exornan escaparates y se levantan altares, con gran movimiento de público, como en el desfile procesional, alfombrada la calle de juncia, romero y tomillo. La otra función tradicional de Cerrajería ha sido el comercio, quizás como derivación de los antiguos artesanos del hierro que ya en la Edad Media dieron nombre a la calle. En el XIX era una de las más vivas de la ciudad, en cuanto a movimiento de personas y actividad comercial. El periódico El Porvenir la pondera por "lo hermoso del piso, los magníficos almacenes de efectos de lujos y la claridad de sus innumerables luces", lo que "atrae por las no­ches una concurrencia extraordinaria que la anima incesantemente" (9-IV-1859). Álvarez-Benavides escribe en 1873 que "todos sus edificios están ocupados por establecimientos fabriles y comerciales". 
     En nuestro tiempo se ha significado por su variedad comercial, capaz de alternar, como señala A. Burgos, "las boutiques y las tiendas de regalos, con las chacinerías, las mercerías, las ferreterías y las cesterías..." (Guía secreta de Sevilla). De unos años acá han desapare­cido, sin embargo, algunos comercios muy característicos, como la tienda de comestibles Los Tres Leones, que se hizo famosa por los pintorescos anuncios en verso de su escaparate, y una ferretería de cuya fachada pendía como muestra una llave de gran tamaño. Otros, como la confitería Ochoa, mantienen un marcado carácter tradicional. Esta función casi exclusivamente comercial de la calle (tiendas de moda, ópticas, joyerías, perfumerías, librerías, mercerías, rega­los, muebles, juegos recreativos, cafetería, banco...) se hace patente en las deshabitadas plantas altas de sus edificios, dedicadas en casi su totalidad a almacenes; y en los numerosos anuncios en banderola que sobresalen de la fachada. Como otros espacios peatonales de igual condición, está muy animado en las horas diurnas, pero su carácter cambia tras el cierre de los comercios, en que se convierte en un lugar relativamente solitario y silencioso, a pesar de sus escaparates y anuncios luminosos. En algunos mo­mentos estuvo entoldada, por decisión del Ayuntamiento en 1943. En el s. XVII tenía allí su taller el impresor Simón Fajardo [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Cerrajería, al detalle:
Edificio Ciudad de Londres

domingo, 17 de marzo de 2024

Un paseo por la calle Archeros

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Archeros, de Sevilla, dando un paseo por ella.
    La calle Archeros es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo, y va de la calle Verde, a la calle Santa María la Blanca
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Es posible que fuese la que en el padrón de Santa María la Blanca de 1433 aparece como Sinagoga. La primera referencia docu­mental como Archeros (a veces Arqueros), procede de 1601, y tal denominación se explica bien porque allí se congregaban los fabricantes de arcos y otras piezas del arte de la caza, bien por la guardia así conocida que trajo de Castilla el emperador Carlos I. Ocasionalmente se alude a ella como Santa María la Blanca, Nieves o Santa María de las Nieves, topónimos que hacen referencia a la iglesia de Santa María la Blanca, uno de cuyos laterales da a esta calle.
     Es estrecha y de trazado irregular, con frecuentes entrantes y salientes, producto en buena medida de un proyecto de alineación inconcluso de 1880. La mayor parte de su calzada es de losetas de cemento en mal estado de conservación, que parece haber sido una constante, pues en 1862 los vecinos de la calle se quejaban de que, debido al mal estado del empedrado y a que el agua se quedaba estancada, las fachadas de sus ca­sas se salpicaban de lodo cuando llovía. Al final de la calle dos marmolillos de hierro impiden el paso del tránsito rodado, tras el cual se encuentra un corto tramo, adoquinado y algo más ancho, y de nuevo, en la mis­ma confluencia con Santa María la Blanca, dos bloques de piedra impiden el aparca­ miento de vehículos a la entrada de la calle. Se ilumina con farolas de brazos de fundición adosados a las fachadas. 
     Un antiguo y angostísimo callejón comunicaba Archeros con la plaza de Curtidores, situado entre los núms. 7 y 9 (Canarias); hoy la línea de fachada es continua por la existencia de un muro, pero en altura puede apreciarse la amplitud que tenía el antiguo callejón porque permanecen exentas ambas edificacio­nes. En la edificación predominan las viviendas unifamiliares de patio de dos y tres plantas, fechadas entre finales del  XIX  y principios del XX, y se conservan algunas casas de vecinos. Tampoco faltan algunos casos en los que las edificaciones se en­cuentran abandonadas o en ruinas, pero son los menos.
     En la Edad Media formó parte de la judería y la iglesia de Santa María la Blanca se levanta en el lugar de una primitiva sinagoga. Más tarde se ubicó en esta misma calle el Hospital del Espíritu Santo, que en 1601 se acordó trasladar a Santa Marina. Ha sufrido continuamente las consecuencias de su posición marginal en el casco histórico de la ciudad; así, en 1755, su vecinos y los de Verde se quejaban de que las inmundicias del Corral de los Gitanos, situado en sus proximidades, eran venidas directamente a estas calle, ocasionando malos olores y grandes molestias al tránsito. Actualmente, junto a la función residencial, es de destacar la de hostelería, representada por varios bares y pensiones, para lo que se han readaptado algunas de las viviendas de patio. Tam­bién existe un taller de carpintería y, en una de las esquinas de Santa María la Blanca, una tienda de tejidos, que forma ya parte de la actividad comercial de esta vía principal [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Archeros, 10. Casa de dos plantas, del siglo XVIII [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984]
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La calle Archeros, al detalle:
Placa "Caminos de Sefarad"
        Edificio c/ Archeros, 10