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martes, 28 de octubre de 2025

El Ferrocarril de Cerro del Hierro, en San Nicolás del Puerto (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Ferrocarril de Cerro del Hierro, en San Nicolás del Puerto (Sevilla).       
     Hoy, 28 de octubre, es el "Día del Tren" en España, una efeméride en la que se conmemora la puesta en marcha de la primera línea férrea peninsular, entre Barcelona y Mataró, un 28 de octubre de 1848, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Ferrocarril de Cerro del Hierro, en San Nicolás del Puerto (Sevilla).
      Con objeto de dar salida al metal de hierro y entrada de productos para la mina y el economato del pueblo, la William Baird Mining and Co. Ltd. solicitó la construcción del ramal de ferrocarril desde Cerro del Hierro hasta la cercana línea Sevilla-Mérida de ancho de vía escocés de 1,423 metros.
     El empalme se realizó en la que se denominó la estación de Los Prados en Cazalla a 1,5 kilómetros de distancia de la mina y a unos 3 kilómetros al norte de la estación de Cazalla-Constantina.
     El trazado de este ferrocarril, transformado en vía verde para su recorrido tanto a pie como en bicicleta, presenta dos tramos bien diferenciados:
     Tramo 1. Los Prados-Túnel de Los Molinos.
      El primer tramo discurre por una zona muy montañosa siguiendo prácticamente el cauce del rio Rivera de Huéznar, con rampas que alcanzan las 25 milésimas, aunque en el sentido de subida de los trenes vacíos, y con numerosas trincheras y terraplenes. Junto al segundo paso a nivel se encuentra el único puente importante de esta línea. Este puente, situado a sólo unos dos kilómetros de la bifurcación, era metálico en su origen y con tres pilares de mampostería. Fue destruido tras el cierre del ramal quedando como testigos de su existencia sólo los pilares. En la actualidad, al ser reconvertida esta línea en la Vía Verde de la Sierra Norte, se ha construido sobre los pilares una pasarela metálica que da continuidad al trazado. El único túnel de este ramal está ubicado en el P.K. 6,649, con una longitud de 114 metros. y conocido como de "Los Molinos". 
     Tramo 2. Túnel de Los Molinos-Cerro del Hierro.
      Una vez atravesado el túnel, la línea discurre por una zona de dehesas con suaves ondulaciones hasta llegar a Cerro del Hierro. La línea lo rodea por el oeste y en su base se sitúan los cargaderos y las  instalaciones ferroviarias, reducidas a algunos edificios funcionales en la zona de cargaderos y viviendas en el final de la línea, que terminaba en la placa giratoria que permitía invertir las locomotoras y, en ángulo de 90º acceder a un pequeño depósito con dos vías.
     De todos estos edificios, construidos en piedra, apenas quedan hoy sus ruinas, pues incluso han sido aprovechadas sus piedras para la reconstrucción de la iglesia, de estilo inglés, en el poblado del Cerro del Hierro. En este segundo tramo se ubica también la única estación intermedia del ramal, San Nicolás del Puerto, en las afueras de la población, muy próxima al nacimiento del rio Rivera de Huéznar, y hoy convertida en vivienda particular.
     La mina de Cerro del Hierro ha sido aprovechada desde tiempos anteriores a la civilización romana, así lo atestiguan piezas halladas como candiles y otros útiles mineros. 
     Su explotación industrializada se inició, principalmente, de la mano de la compañía escocesa "William Baird Mining and Company Limited" en el periodo 1893-1946, y continuó en activo hasta su cierre en los años ochenta del siglo XX. 
     La coyuntura histórica que permitió el inicio de la explotación industrial de la mina fue la liberalización de los recursos mineros provocada por la segunda Revolución Industrial en los países más avanzados. De ahí el interés de las compañías extranjeras, británicas y francesas principalmente, por explotar las riquezas del subsuelo español. 
     En la mina de Cerro del Hierro, la extracción de mineral de hierro se realizaba a través de los denominados "tajos", o galerías, abiertos mediante dispositivos de explosión. Tras ser picado y recogido el mineral por una cuadrilla de mineros, se almacenaba en los denominados depósitos o "winches", desde los cuales se elevaban al exterior mediante vagonetas tiradas por animales y en épocas más recientes por motores de gasoil. 
     El mineral se descargaba a la tolva de la machacadora. En la criba se separaba el mineral grueso y el fino, y se eliminaba la tierra. Luego pasaba a los trómeles que con su roturación y gran cantidad de agua facilitaba el lavado. A continuación, el mineral se depositaba en las cintas transportadoras. La roca de hierro siempre iba mezclada con otros minerales (caliza, barita, pizarra, etc.). En el lugar de limpieza, se encontraban los operarios que limpiaban estas impurezas manualmente. Una vez limpio, el mineral se apilaba, para después ser cargado con los camiones en el tren que esperaba junto al muelle de carga. Desde aquí, ponía rumbo al puerto de Sevilla para su enlace con distintos puntos internacionales. 
     Cronología de la minería industrial en Cerro del Hierro
     Etapa 0: 1838 - 1893. Inactividad de la mina en manos de la Compañía de Minas y Fábrica de Hierros y Aceros de El Pedroso. 
     En 1838, coincidiendo con el inicio de los cien años de mayor importancia de la minería española (1850-1950), la compañía de Minas y Fábrica de Hierro de El Pedroso, solicitó a la Autoridad la concesión de los derechos de explotación de la mina. En este periodo, no se constatan trabajos de explotación, tan solo se tiene conocimiento de la realización de sondeos.
     La falta de infraestructuras para la producción obligó a la Compañía a arrendar sus minas más importantes a otras compañías mineras, entre la que se encontraba la William Baird Mining Co. Ltd., empresa escocesa con domicilio en Glasgow que en 1893 adquirió, mediante arrendamiento, los derechos minero de Cerro del Hierro. 
     Etapa 1: 1893 - 1946. Explotación de las minas por la compañía escocesa William Baird Mining and Co. Ltd. 
     A raíz de la legislación minera de 1868, por la cual se dispuso la concesión de las minas de Rio Tinto, Almadén y San Nicolás del Puerto, en pública subasta a capital extranjero a causa de la angustiosa situación de la Hacienda Pública y con objeto de liberalizar la economía española, se inició el período de explotación de la mina por la empresa extranjera. 
     Fue esta empresa minera la que realizó casi todas las obras de las infraestructuras que hoy se conocen: el ramal de ferrocarril que unía la mina con la línea Mérida-Sevilla, la iglesia, el pueblo minero, las casas de los ingleses, etc. La empresa dejó de trabajar la mina de Cerro del Hierro en el año 1940.
     Etapa 2: 1946 - 1985. Explotación de las minas por las compañías españolas.
     A partir de 1946, el grupo minero pasó a manos de la Sociedad Nueva Montaña Quijano, empresa siderúrgica santanderina, que fundía los minerales extraídos en sus altos hornos de Santander y Corrales de Buelma (Cantabria). 
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La Estación del Ferrocarril Santa Justa, de Cruz y Ortiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Estación del Ferrocarril Santa Justa, de Cruz y Ortiz, de Sevilla.
     Hoy, 28 de octubre, es el "Día del Tren" en España, una efeméride en la que se conmemora la puesta en marcha de la primera línea férrea peninsular, entre Barcelona y Mataró, un 28 de octubre de 1848, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Estación del Ferrocarril Santa Justa, de Cruz y Ortiz, de Sevilla.
     La Estación del Ferrocarril Santa Justa, se encuentra en la avenida José Laguillo, s/n; en los Barrios de San José Obrero, y Huerta de Santa Teresa del Distrito San Pablo-Santa Justa.
      El edificio de la estación está construido sobre el haz de vías, cobrando la apariencia de una estación término. El mejor esquema funcional que este tipo de estaciones proporciona justifica esta decisión, a partir de la cual, una cierta metáfora o analogía del movimiento y la llegada, se hace patente.
     Las seis naves bien diferenciadas que albergan los andenes se unen en un sólo espacio transversal desde el que se produce la comunicación con el vestíbulo y la marquesina de entrada. Para reforzar esta secuencia espacial, la luz se hace llegar de formas diversas, apoyándose en un sistema de cubiertas diferenciadas que nunca revelan su solución estructural.
     Se trata, por tanto, de un edificio compuesto de zonas de carácter muy diverso -bóvedas sobre los andenes, cubierta inclinada o el techo plano del vestíbulo, que define un ámbito prismático en el interior de un edificio tan expresivo del movimiento- al que se dota de un carácter unitario por medio del tratamiento de la luz, la elección de materiales o la disposición de los espacios en sentido transversal a los recorridos de los viajeros (Cruz y Ortiz Arquitectos).
     En el más celebrado de los edificios de la Sevilla de finales del XX, sus autores consiguen construir en una sección, aquella que acompaña el movimiento del usuario del transporte ferroviario, todo un cúmulo de aconteceres que dotan al edificio del innegable atractivo de lo cambiante, auxiliado por una maestra utilización de la escala de los espacios y la luz precisa para cada uno de los recintos.
     Desde un exterior marcado de forma definitiva por la más elegante de las marquesinas de la ciudad, en la que el espacio se achica para acoger sin abrumar al visitante, se accede tras un espacio de transición al gran recibidor en el que la actividad se hace obvia por la sencillez y rotundidad del recinto que favorece su inmediata comprensión. 
     Tras él, la sección no deja descanso a la calidad espacial que logra en los lugares de acceso y bajada a las vías y en las cubiertas curvas de las mismas, con un prodigioso juego de niveles, de comunicaciones, escaleras y rampas entre los mismos, de espacios que dominan visiones siempre diferentes de un lugar con voluntad de unidad y que invita a prolongar las vías, mucho más allá de lo perceptible, con la imaginación, hasta la Atocha de Moneo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santas Justa y Rufina, vírgenes y mártires
   Eran dos hermanas andaluzas, hijas de un alfarero de Sevilla, que se ganaban la vida vendiendo cacharros de cerámica en el mercado.
   Como se negaban a entregarse a los paganos en la fiesta de Adonis, y tam­bién a  ofrecer sacrificios a Venus, sus mercaderías fueron destruidas. Justa murió en la calle y Rufina fue estrangulada.
   Patronas de Sevilla y también de Burgos, en cuyo monasterio de Las Huelgas se conservaban sus reliquias.
   En Francia fueron elegidas como patronas por los alfareros de Montauban. La iglesia de Prats de Molló, en el Rosellón, está puesta bajo su advocación.
ICONOGRAFÍA
   Están caracterizadas por alcarrazas, cacharros de alfarería que llevan en las manos, trozos de ídolos esparcidos en el suelo, un león que les lame los pies. Las santas enmarcan a la Giralda, antiguo alminar de Sevilla, que ellas habrían protegido del rayo en 1504 (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Santas Justa y Rufina, en la Historia de la Iglesia de Sevilla
   Santas Justa y Rufina, vírgenes y mártires, patronas de la ciudad de Sevilla. Por no querer adorar a los ídolos, por orden del presidente Diogeniano, padecieron martirio. Justa murió en la cárcel y Rufina fue degollada poco después. Ocurrió hacia el 285. La Iglesia de Sevilla celebra su fiesta el 17 de julio.
   Las pintaron Hernando de Esturmio, Miguel de Esquivel, Ignacio de Ríes, Murillo y Goya, entre otros muchos artistas. La Giralda en medio de ellas, como sostenida y abrazada para que no sufriera daño cuando el terremoto de 1504, según cuentan viejas leyendas. Y a sus plantas los cacharros de loza, símbolo del gremio que patrocinan. Las esculpió Duque Cornejo. Les han cantado himnos desde san Isidoro de Sevilla hasta el divino Herrera y Rodrigo Caro. Las celebran por patronas, junto a Sevilla, otras ciudades como Manises, Orihuela, Talavera de la Reina... Toledo conserva una parroquia con su advoca­ción de resonancia histórica medieval. Las veneran no sólo en España, sino también en Portugal, Francia, Italia y Alemania. Y son la primera página histórica, y gloriosa, de la Iglesia de Sevilla.
   Ellas son santas Justa y Rufina, patronas de Sevilla. Modernamente, un gran poeta sevillano, Antonio Machado, las cantó así:
          Que por mucho que se diga 
          nadie aventajó en el arte 
          cerámico y de alfarería
          cual las Patronas del «barro» 
          las Santas Justa y Rufina.
          Su oficio es noble y bizarro 
          y entre todos el primero,
          pues para gloria del «barro»,
          Dios fue el primer alfarero
          y el hombre el primer cacharro.
   Los albores de la Iglesia de Sevilla están regados por la sangre generosa y joven de dos alfareras hermanas. Su martirio es el primer dato histórico de la Iglesia hispalense recogido en una Passio muy antigua con visos de autenticidad. Su estilo sobrio, la descripción de las adonías, fiesta en honor de la diosa siria Salambó, y la cita del obispo Sabino, que aparece segundo en el catálogo de los obispos de Sevilla del códice emilianense, son indicios suficientes de su autenticidad histórica.
   Así son descritas en el Pasionario hispánico:
   «Justa y Rufina, como mujeres que eran y muy sencillas por su relativa pobreza, llevaban adelante su casa con paciencia, casta y religiosamente, como necesitadas que todo lo poseen.
   Solían vender vasijas de barro. Con la venta ayudaban a los pobres, y guardaban para sí solamente lo suficiente para cubrir sus gastos cotidianos de comida y vestido. Se ocupaban también de hacer oración cada día...
   Un día, cuando estaban vendiendo sus vasijas, se les presenta no sé qué monstruo inmenso, al que la turba de los gentiles llaman Salambó, pidiéndoles que le den un donativo. Ellas resisten y se niegan a dar nada, diciendo: «Nosotras damos culto a Dios, no a este ídolo fabricado, que no tiene ojos, ni manos, ni vida alguna propia. A no ser que necesite una limosna o padezca necesidad, nosotras no le damos».
   El que, vestido de Zábulo, llevaba sobre sus hombros al ídolo, arremetió tan ferozmente, que rompió y destrozó totalmente todos los cacharros que tenían para vender las santísimas mujeres Justa y Rufina. Entonces estas religiosas y nobles mujeres, no por el daño de la pobreza, sino para destruir el mal de tan gran inde­cencia, empujaron el ídolo, y éste cayó por tierra, haciéndose pedazos. Se tomó esto como un sacrilegio, y corría en boca de los gentiles y proclamaban que eran reas de un gran crimen y dignas de muerte.
   En aquel tiempo era presidente Diogeniano, practicante de los ritos y observan­cias gentiles. Llegó enseguida a sus oídos la noticia de lo sucedido; rápidamente mandó que encerrasen a las piadosas mujeres en la oscuridad de la cárcel y que las condujesen a Sevilla bien custodiadas. Una vez llegadas a dicha ciudad, manda que las sometan a suplicios bajo el miedo de las torturas. Comparecen, pues, las devotas mujeres consagradas a Dios ante el crudelísimo juez Diogeniano. Como el leño penal de los reos no había llegado todavía, manda que traigan unos telares para que no se enfriase con la espera la crueldad de aquel gran furor. Enseguida son colgadas, no para pena, sino para gloria; y manda que las desgarren con uñas. Se humedecían sus entrañas con la sangre purpúrea, pero prometían el martirio. El interrogatorio del juez proclamaba el sacrilegio cometido, pero la confesión de las santas mártires no invocaba nada más que a Cristo, Señor de todas las cosas.
   Viéndolas Diogeniano con cara risueña y exultantes, llenas de alegría como si no sintiesen ningún dolor, dice: «Atormentadlas todavía con mayor oscuridad, encierro de cárcel y hambre».
   Después de algunos días, Diogeniano dispuso que se fuese a los montes Marianos y mandó que las santas mujeres les acompañasen a pie y descalzas por aquellos parajes ásperos y pedregosos.
   Se acercaba ya el tiempo de merecer la victoria. No podía demorarse la digna y debida corona de Dios a tantos padecimientos. La santísima Justa, encomendando a Dios su puro espíritu consagrado, entregó su alma en la cárcel. El guardián de la cárcel comunicó la noticia al presidente Diogeniano, y éste ordenó que arrojasen el cuerpo en un profundísimo pozo. Se enteró de esto el que era entonces religioso varón y obispo Sabino, y mandó que se sacase del pozo el cuerpo de santa Justa y se colocase honoríficamente en el cementerio hispalense.
   A la bienaventurada Rufina, que seguía en la cárcel, le cortaron la cabeza por orden del presidente Diogeniano y entregó a Dios su devoto espíritu. Mandó que llevasen el cuerpo al anfiteatro, donde fue entregado a atroces llamas. Pero el cuerpo, aunque quemado, como consagrado a Dios que estaba, fue sepultado con el mismo honor...»
   ¿Cuándo ocurrieron estos martirios? Un antiguo breviario hispalense señala el año 287, lo que supondría un hecho aislado en período de no persecución. Pero tal vez habría que situar estos martirios unos años después, a principios del siglo IV, durante la persecución general dictada por Diocleciano.
   Prudencia, que vivió cercano a estos sucesos, no refiere en su Peristéphanon a las santas Justa y Rufina. Tampoco hace referencias de otros mártires hispanos, comprobados históricamente. Ni Prudencia quiso agotar el tema ni se puede dudar de la existencia de estas santas, confirmadas por una tradición secular y unas actas que, aunque escritas hacia los siglos VI-VII, están inspiradas en documentos contemporáneos al martirio. Además, el obispo Sabino, que dio cristiana sepultura a sus cuerpos, está confirmado históricamente por su presencia en el concilio de Elvira. Sabino firmó segundo en las actas, lo que indica la antigüedad de su pontificado. «Del culto extraordinario a estas santas a partir del siglo VI dan fe las inscripciones con mención de sus reliquias, los numerosos exvotos en oro encontrados recientemente en Torredonjimeno, procedentes de un santuario, y los oficios de los libros litúrgicos y calendarios mozárabes. La Passio de las santas, de un gran valor histórico, se inspira en fuentes contemporáneas» (J. Vives).
   Tal vez su culto tardío puede justificar que no sean conocidas, ni nombradas, por Prudencio. ¿Y por qué su culto tardío? Discuten los autores si ello fue debido al canon 60 del concilio de Elvira: «Si alguno rompiere los ídolos de los gentiles y fuere allí muerto por eso, no sea recibido en el número de los mártires; porque ni hallamos aquello en el Evangelio ni en las Actas de los Apóstoles», en posible alusión a la actitud que tomaron las santas sevillanas. Los padres conciliares debían tener muy presente y vivo por lo reciente de las circunstancias en que murieron estas santas y debieron redactar este canon para moderar imprudencias que podrían provocar la ira de los paganos y la muerte consiguiente a manos de ellos.
   Es posible que esto fuera así y que el martirio de Justa y Rufina pasara durante unos años como en sordina. Tampoco son nombradas, ya pasado el tiempo, por san Isidoro, a quien se atribuye sin embargo el himno «Assunt punicca floscula virginum», a ellas dedicado.­ Pero una cosa es cierta y bien patente: en la época visigoda recibían culto, como se demuestra por las inscripciones y santuarios referidos a estas santas. Han aparecido inscripciones, con deposición de reliquias, en Salpensa (648), Alcalá de los Gazules (662), Vejer de la Miel (674?), y Guadix (652). En Torredonjimeno (antigua Ossaria, junto a Tucci, Martos) hubo en época visigoda un santuario dedicado a ellas. Y en época árabe, Toledo contaba con la iglesia mozárabe de Santas Justa y Rufina, que posiblemente exis­tiera ya en el período visigodo. Sevilla tenía una basílica o santuario a sus afueras, cuando fue invadida por los árabes. Hacia 720, en una mezquita construida junto a este santuario, fue asesinado Abd al-Aziz, según cuenta el historiador árabe Ibn al-Kuthiya.
   El Hieronimiano hace mención el 19 de julio de santa Justa: «In Spanis Iustae». Pero los calendarios hispanos colocan la fiesta de estas santas el 17 de julio, día en que las conmemora la Iglesia de Sevilla. Tampoco hay contradicción en ambas fechas, ya que las Adonías, como ha probado Cumont, se celebraban en Siria del 17 al 19 de julio.
    En el antiguo convento de trinitarios calzados de Sevilla, actual colegio de los salesianos de la Trinidad, se encuentra un calabozo subterráneo, que la piedad secular sevillana­ ha señalado como la cárcel en la que fueron encerradas las Santas Patronas de Sevilla, como así se las llama. Precisamente con este nombre tienen dedicada una calle en el antiguo barrio de la Cestería, junto a la Puerta de Triana, por creer que probablemente vivían en aquella zona. Extramuros de la ciudad, por la parte oriental, se halla el prado de Santa Justa, en el lugar llamado Campo de los Mártires, donde se cree que en la época romana se hallaba el cementerio (Carlos Ros, Sevilla Romana, Visigoda y Musulmana, en Historia de la Iglesia de Sevilla. Editorial Castillejo. Sevilla, 1992).
Conozcamos mejor la Biografía de las Santas Justa y Rufina, vírgenes y mártires
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     Santas Justa y Rufina, (¿Sevilla?, s. III – Sevilla, 17 de julio principios del s. IV). Vírgenes, mártires y santas.
     Los datos sobre la vida de estas dos santas (Justa y Rufina) son antiguos, e inscripciones de los siglos vi y vii recuerdan sus reliquias; el Martyriologium Hieronymianum menciona sólo a santa Justa, pero el Acta Sanctorum recoge numerosos documentos relativos a las dos hermanas, tanto de martirologios antiguos cuanto de escritores más recientes, como Ambrosio de Morales, Francisco de Padilla y Antonio de Quintadueñas, entre otros.
     Justa y Rufina, según la tradición, eran hermanas y se ganaban la vida como alfareras en Híspalis (Sevilla).
     En cierta ocasión, en la fiesta pagana de las Adonías, una procesión de gentes que llevaban en andas el ídolo de la diosa de origen babilónico, Salambó, pasó ante su mercado y requirieron de las mujeres algunas vasijas como ofrenda a la diosa; la negativa de éstas condujo a la ruptura de varias piezas y a la destrucción del ídolo. Acusadas de sacrílegas ante el gobernador Diogeniano, fueron encarceladas y sometidas a torturas como la de ir caminando descalzas por Sierra Morena. Justa murió de hambre y tormento en la cárcel y su cuerpo fue arrojado a un pozo, y Rufina, tras amansar a un león que iba a devorarla en el anfiteatro, murió degollada allí y su cuerpo fue quemado. El obispo Sabino unió las reliquias de las dos hermanas y probablemente la hagiografía de las santas ya estaba compuesta en los siglos VI-VII. El culto fue acrecentándose, sobre todo por la Bética, como atestiguan las inscripciones, los oficios de los libros litúrgicos, los calendarios mozárabes; y la cantidad de templos y altares que se les fueron dedicando a lo largo de los tiempos, entre los que destacan el templo mozárabe de santa Justa en Toledo y la iglesia y monasterio levantados sobre las cárceles de su martirio por el rey Fernando III el Santo.
     Iconográficamente se las representa juntas, vistiendo, por lo general, túnica talar al modo de las mujeres romanas, aunque sus vestimentas se han adaptado a los tiempos, como es el caso del magnífico lienzo de Goya, encargado en 1817 por el Cabildo de la catedral de Sevilla, en el que las santas aparecen ataviadas al modo de las mujeres del pueblo de la época; Sus atributos personales son los cacharros de barro rotos, a veces también un ídolo pagano mutilado y, en menos ocasiones, los símbolos de su martirio, la espada y los rastrillos de púas y un león que les lame los pies. Muchas veces, en la representación, aparece la Giralda haciendo alusión a la leyenda según la cual las santas bajaron del cielo y, apoyándose en ella, la salvaron de un violento terremoto que azotó Sevilla en el siglo XVI.
     Las santas Justa y Rufina son patronas de los alfareros y también de Sevilla, Orihuela, Huete y otras muchas localidades, y a ellas están dedicados numerosos templos; su fiesta se celebra el 17 de julio (Elena Sainz Magaña, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Estación del Ferrocarril Santa Justa, de Cruz y Ortiz, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la avenida José Laguillo, en ExplicArte Sevilla.

La Estación del Ferrocarril Santa Justa, al detalle:

viernes, 10 de octubre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, Ermita del Dulce Nombre o de la Soledad, Iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, Iglesia de la Vera Cruz, Villa romana de Fuente Álamo, Estación de AVE Puente Genil-Herrera, Museo Histórico Local, y Paraje natural Embalse de Cordobilla) de la localidad de Puente Genil (y II), en la provincia de Córdoba

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, Ermita del Dulce Nombre o de la Soledad, Iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, Iglesia de la Vera Cruz, Villa romana de Fuente Álamo, Estación de AVE Puente Genil-Herrera, Museo Histórico Local, y Paraje natural Embalse de Cordobilla) de la localidad de Puente Genil (y II), en la provincia de Córdoba.


Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria.-
     En el crucero, el retablo de la izquierda, de hacia 1775, está dedicado a San Antonio de Padua y luce en la parte superior un relieve con Santa Teresa; el de la derecha, de fecha semejante, lo está al Corazón de Jesús, de serie. Los altares de la nave alojan imágenes procesionales del Señor de los Afligidos, obra de Francisco Berlanga, de 1988, y Nuestra Señora del Rosario, del mismo autor, de 1996. La Santa Cruz titular de esta her­mandad es del siglo XVIII. Jesús de las Penas es obra de Manuel Luque Bonillo, de 1993, y Nuestra Señora de los Ángeles, de Berlanga en 1989, igual que San Juan, de 1991; la Magdalena es obra del pontanés Luis Sergio Torres Romero, del año 2000 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
 
Ermita del Dulce Nombre o de La Soledad.-

     A la derecha está el antiguo retablo de San José, labrado en yeso, que hoy tiene a San Juan de la Aguililla, obra de Juan de la Torre en 1859. En el remate lleva un relieve de la Circuncisión. Se reparten por la nave diversos lienzos, fechables en el XVIII, que representan a San Antonio y a San Pascual Bailón, y otros del XIX (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      De planta rectangular, una sola nave y sacristía en la cabecera, presenta cuerpo con bóveda rebajada con lunetos, presbiterio con bóveda sobre pechinas y coro a los pies. La sacristía de planta cuadrada no ofrece interés artístico ninguno.
     Exteriormente el edificio presenta una gran sobriedad, con puerta adintelada flanqueada por pilastras toscanas, óculo y espadaña como remate
     Poco se sabe de la historia de esta ermita, en cuanto a su datación histórica. Sólo podemos decir que, desde 1627 a 1631, estuvieron establecidos en ella los mínimos de San Francisco. El edificio ha sufrido varias reformas debido a su estado de ruina, la última en 1961 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno.-
     El antiguo retablo mayor, realizado por el lu­centino Pedro de Mena hacia 1772, fue trasladado a la ermita de la Vera Cruz, para sustituirlo por una arquitectura de mármoles italianos debida a Enrique Casanova en 1874. El camarín del Señor que es del XVIII, se adornó en el XIX, destacando los lienzos con escenas de la Vida de Cristo, obra de Montilla y Melgar de 1893. La imagen de Jesús Nazareno llegó a la villa en 1622. Estilísticamente es una talla completa de vestir que últimamente se ha relacionado con Pedro Freile de Guevara. En el presbiterio se ve un cuaro anónimo de San Paulino, donado en 1883.
     Preside el brazo izquierdo del crucero el reta­blo camarín de la Virgen de los Dolores, labrado también por Pedro de Mena Gutiérrez, en torno a 1772. La imagen titular es de candelero, probablemente del siglo XIX, pero radicalmente transformada por Antonio Dubé de Luque en 1986. Pueden mencionarse así mismo en este brazo las imágenes de San Simeón, del XVIII, y de San Cristóbal, el antiguo titular de la ermi­ta, obra cercana a Pedro Freile, de hacia 1612. También los lienzos de la Virgen de la Merced, de 1875, y de San Ignacio, ambos de Montilla y Melgar.
     En el lado derecho del crucero se encuentra el Cristo de la Misericordia, tallado en 1975 por el tallista local Francisco Palos Chaparro, secuela del Cachorro de Sevilla, y junto a él, la Virgen del Mayor Dolor; obra del mismo autor en 1972. En otro altar están San Juan y la Virgen de la Cruz, también de Palos, de 1984. En los muros hay lienzos de San Carlos Borromeo, de Monti­lla y Melgar; y de la Virgen del Carmen, de José Muñoz Contreras en 1875.
     La nave va adornada con lienzos en medio punto realizados entre 1880 y 1882: el Beso de Judas, el Descendimiento y el Pasmo de Sicilia son de Montilla y Melgar; los Azotes, el Rey de burlas, el Camino del Calvario, el Expolio y el Entierro de Cristo, de Muñoz Contreras. Los pequeños óvalos de la pilastras con santos y profetas son de Montilla y Melgar (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
       Fue construida entre final del siglo XVI y 1.612. El campanario se reedificó en 1.645, pero a principios del XIX, entre 1.825 y 1.826 se amplió la antigua ermita por la nueva cofradía a cargo del maestro Rodrigo García. La fachada la constituye un pórtico cubierto dentro del cual se abre la puerta de la ermita. La portada es de estilo ecléctico, con balaustrada y pilastrones jónicos. La torre, por detrás, descansa sobre un primer cuerpo desprovisto de adornos, después otro de orden dórico que contiene las campanas, finalizando en estilizado chapitel.
     Adosada en su parte lateral derecha existe una santería-antigua casa-hospedería y a continuación un cementerio.
     Su planta es de cruz latina desproporcionada, como es también la dimensión de la nave, que mide 28,50 metros de longitud por cinco de altura. Decorada al estilo dórico. Se remata con bóveda cilíndrica (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Primitiva Ermita que con la denominación de San Cristóbal se encontraba en un pequeño cerro extramuros de la Villa y que hoy día se encuentra integrada en el casco de la población, su origen data de la segunda mitad del siglo XVI y en ella se encuentra además del primitivo titular, San Cristóbal, la Imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno, Patrón de la Villa, Imagen que data del año 1.622. El primitivo edificio ha sufrido distintas transformaciones a lo largo de los siglos, siendo las más destacables, las realizadas en el año 1.824 por el Cofrade D. José Atanasio de Rivas y Gálvez y la del último tercio del siglo XIX, en torno a la década de 1.880 en la que se le incorpora el crucero que actualmente tiene y se coloca el nuevo retablo realizado en Málaga por el escultor Casanova realizado en mármol de Carrara. El pórtico se realiza en el año 1900, con lo que la primitiva Ermita, hoy Parroquia adquiere su configuración definitiva.
     Destacar en el interior del edificio, el retablo de la Virgen de los Dolores, de la segunda mitad del siglo XVIII y realizado por el mencionado anteriormente Pedro de Mena, es el único de estilo rococó que se encuentra en Puente Genil y posee dos magníficas esculturas de San Juan y de la Magdalena. Alberga una interesante colección de pinturas que se encuentran distribuidas por los nichales de la nave de la iglesia y que representan diversas escenas de la Pasión. Son cuadros de grandes dimensiones realizados por los pintores del siglo XIX Juan Montilla y José Muñoz Contreras, ambos pintores de Puente Genil, alguno de ellos son copias de cuadros célebres como el Pasmo de Sicilia de Rafael de Urbino o el Prendimiento del flamenco Van Dyck que se encuentran los originales en el Museo del Prado (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia de Nuestra Señora del Carmen.-
       El pueblo de Puente Genil está situado en la Campiña Cordobesa, un ámbito territorial que conserva interesantes ejemplos de la industrialización andaluza. 
     La construcción, a finales del siglo XIX, de la línea de ferrocarril que conecta Málaga con Córdoba, el carácter emprendedor de una incipiente burguesía enriquecida por la Desamortización, y la incorporación de la electricidad a los procesos productivos motivaron el gran desarrollo industrial de la Campiña Cordobesa occidental y, en especial, del pueblo de Puente Genil. 
     De este desarrollo industrial, en Puente Genil se encuentran ejemplos como la harinera e hidroeléctrica La Alianza SA, la fábrica de electricidad La Aurora, la casa del ingeniero Leopoldo Lemonier y las industrias de Nuestra Señora del Carmen.
     El grupo de industrias Nuestra Señora del Carmen se encuentra situado junto a la antigua estación de ferrocarril, en el barrio al que ésta da nombre. A modo de colonia industrial de finales del siglo XIX, las industrias del Carmen contaban con viviendas para obreros, escuelas, economato e iglesia como lugar de culto. 
     La iglesia, construida en el año 1917 para cubrir las necesidades de culto religioso de la barriada de la Estación, se encuentra situada al noreste del conjunto industrial, junto a la antigua fábrica de harinas, muy cerca de la estación de ferrocarril. 
     Se trata de un edificio de dos alturas y cubierta a cuatro aguas, formado, originalmente, por una única nave y transformado, posteriormente en el año 1958, en planta de cruz latina. De estilo neogótico, está construido en piedra de mármol policromado con decoraciones en piedra de tono claro. El patrón decorativo destaca por el uso de arcos apuntados en huecos con recerco, la decoración de las esquinas con piedra, y el subrayado de la separación de alturas con cenefas caladas de piedra. 
     En la fachada principal destaca la portada, formada por un arco apuntado recercado con molduras de piedra de tono claro en el que destaca la clave por su forma apuntada y su tono oscuro. El arco se apoya sobre impostas de molduras rectas. La portada se remata con un ángulo de molduras rectas. El edificio se corona con una espadaña de una única campana. En la parte trasera, poco conocida al estar junto a las vías del tren, se encuentra un azulejo con la imagen de San Antonio de Padua. 
     Al interior, la iglesia destaca por su colorido. La bóveda de arcos de crucería se encuentra pintada en color azul intenso y decorada con estrellas doradas, el mismo dorado con el que están decorados los nervios, capiteles y frisos. Los paramentos verticales están decorados en color rojo manteniéndose en color blanco las columnas, las jambas de los huecos y los paramentos de los arcos ciegos. 
     El altar mayor presenta un retablo barroco, de color verde con decoraciones doradas, tres hornacinas, sagrario y Sagrado Corazón. En su parte central tiene tres hornacinas. En la hornacina central, más grande que las otras dos, se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Carmen. Esta imagen procede de la desaparecida ermita de la Caridad de la calle Don Gonzalo, trasladada a esta iglesia después del incendio de 1936 que arruinó el retablo de 1917. A ambos lados de la Virgen del Carmen, el las hornacinas laterales se encuentra una imagen de San Antonio de Padua a la derecha y San José con el niño a la izquierda. El conjunto se completa con el manifestador y el sagrario situados bajo la hornacina central, una imagen del Sagrado Corazón de Jesús en una hornacina pequeña sobre la hornacina central y una cruz que corona el retablo. Destaca la inscripción JHS sobre la hornacina centra, justificada por la ocupación de esta hornacina, en su ermita original,  por la imagen de Jesús de la Humildad y Paciencia. 
     En la nave crucero, en el lado del Evangelio, el izquierdo, se encuentra el altar de Jesús Resucitado, obra atribuida a Alonso de Mena y Escalante del año 1636, procedente de la antigua ermita de la Veracruz, que fue trasladado a la parroquia del Carmen cuando se formó la actual cofradía que procesiona el Domingo de Resurrección. En el crucero del lado de la Epístola se encuentra el altar del Santísimo Cristo del Silencio, una imagen con mucha devoción en el Vía Crucis de la noche del Martes Santo. 
     El baptisterio se encuentra en el lado izquierdo de la nave principal, cerrado por una verja de color dorado. En su interior se encuentra la pila bautismal y un cuadro representando el Bautizo de Jesús realizado por el cordobés Díaz Peno. 
     Sobre el nártex se sitúa el coro, al que se puede acceder desde una escalera en la pared derecha de la nave, frente al baptisterio. Destacar la pequeña cripta que se sitúa en el centro de la iglesia, correspondiente a los benefactores del templo.
     La iglesia de Nuestra Señora del Carmen es el centro de culto de Colonia Industrial del mismo nombre formando parte de uno de los pocos ejemplos de colonia industrial de finales del siglo XIX en Andalucía. Aún no existiendo un proyecto global para la construcción de la colonia, se considera que ha adquirido a lo largo de su actividad, la autonomía industrial, social y económica que le corresponde para poder ser considera como tal. Es por sus valores propios y los derivados de formar parte de este conjunto industrial por lo que se estima que constituyen un ejemplo de significativa importancia para el patrimonio cultural andaluz.
     Desde su fundación en 1917 hasta el año de 1958, esta parroquia constaba de una sola nave, artística torre verja y altar mayor, cuyo retablo procede de la extinguida Ermita de la Caridad, sustituyendo a otro que ardió en el año 1936. En 1954 se amplió su edificación y estructura con ocasión de su conversión en Parroquia. El altar mayor fue bendecido por el Obispo de Córdoba Monseñor Jose Mª Cirarda el 16 de Julio de 1973. Actualmente "El Resucitado" -como se conoce popularmente- se encuentra en un taller de Sevilla restaurándose y ocupa este lugar una copia de "El Resucitado" a tamaño menor (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
 
Ermita de la Vera Cruz.-
      La Ermita de la Veracruz,  tiene su origen en el siglo XVI. No obstante el edificio actual data del siglo XVII, ya que se derribó la primitiva Ermita para levantar el convento de Franciscanos de la Asunción, que más tarde se llevaría al actual emplazamiento. Comenzaron las obras en el año 1644 y se abandonaron en el 1649. Por lo mismo las dimensiones de la Ermita son distintas, ya que la cúpula ocupa prácticamente todo el espacio.
     De planta rectangular y una sola nave de amplias proporciones, la ermita de la Veracruz presenta como acceso puerta adintelada, rematada en espadaña de traza moderna. La cubierta exterior es a base de tejas árabes, mientras que la exterior se resuelve con bóveda de cañón en el cuerpo de la iglesia y bóveda sobre pechinas en el presbiterio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Villa romana de Fuente Álamo.-
      La Villa Romana de Fuente Álamo se encuentra situada en una zona rústica dedicada actualmente al cultivo de la denominada trilogía mediterránea, vid, olivo y trigo; tratándose de un paisaje que no debe de diferenciarse mucho del contexto original de este yacimiento. El origen de esta villa se debe retrotraer a finales del siglo I d.C. o principios del siglo II d.C., mientras que su fase de apogeo se data en el siglo IV d.C., momento al que pertenecen los diferentes mosaicos hallados. Un siglo después se fija su abandono como resultado de las incursiones germánicas que penetran en la Península Ibérica, detectándose en este período huellas de saqueo e incendio. Por último, tras unos años de abandono, se produce una reocupación circunstancial de la villa, pasando a reutilizarse diversas habitaciones, ahora fundamentalmente con una función de cobertizo o simplemente como lugar de almacenamiento.
     Las excavaciones y prospecciones realizadas a lo largo de los años han permitido sacar a la luz diversos sectores de la "pars urbana" de esta villa, conocida fundamentalmente por la singularidad de sus pavimentos musivarios. El más famoso de estos mosaicos, de clara inspiración egipcia, representa en el tondo central diferentes personajes relacionados con un repertorio nilótico, como dos ibis enfrentados, un Dios Río, un cocodrilo y un hipopótamo sobre un fondo blanco; mientras que en los ábsides de la estancia se desarrollan varios episodios de luchas entre pigmeos y grullas, complementados con diversos epígrafes. Dicho mosaico fue extraído tras su excavación y actualmente se ubica en el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba.
     Por otro lado, esta villa mantiene in situ la mayoría de los pavimentos, algunos de ellos de gran relevancia. En uno de ellos se representa el tema de las Tres Gracias, desarrollado mediante una sencilla policromía, con teselas de color blanco, negro, rojo, naranja, amarillo y marrón. La figura femenina central aparece de espaldas, con la cabeza de perfil, mientras que las dos figuras laterales se muestran de frente. A la izquierda de esta escena y también enmarcada en un rectángulo se halla la figura de Pegaso siendo alimentado o abrevado por una ninfa. El primero presenta una línea muy esbelta, con las patas muy alargadas y las alas proyectadas hacia arriba. En cambio, a la derecha de las Tres Gracias, se desarrolla la escena de dos personajes en movimiento, un sátiro y una ninfa. El sátiro se representa de forma menos cuidada que la ninfa, observándose una gran desproporción entre sus miembros, aunque algunas partes de su cuerpo se representan con cierto detalle, como los dedos. Este personaje sostiene en su mano izquierda una siringa o «flauta de Pan» y en la derecha un pedum, mientras que la ninfa sostiene un báculo y un velo.
     Con otro tema figurativo se pavimenta el espacio principal del oecus de esta edificación, donde se representan dos escenas del dios Baco, enmarcadas por diferentes cenefas con motivos geométricos. El primer episodio que se desarrolla se interpreta como la conquista de la India, ocupando Baco la parte central de la escena acompañado por dos ménades y un sátiro. En cambio, en el rectángulo superior se representa un Triunfo de Baco, donde este dios aparece sobre una biga de tigresas. Una serie de personajes que forman parte de su cortejo se disponen alrededor de él. En primer lugar se observa a Sileno sobre un asno, asistido por una ménade y otro personaje masculino, posiblemente un sátiro. Entre el dios y este grupo se encuentra Pan en actitud danzante junto a otra ménade, mientras que al otro lado de Baco aparece una figura femenina, que se asemeja a Ariadna. La ejecución de esta escena es bastante diversa porque algunos personajes se representan con bastante desproporción, mientras que otros se realizan de forma más cuidada, respondiendo este hecho a la actuación de diversos mosaiquistas en su elaboración.
     El ábside del oecus estaba ocupado por un mosaico en forma de abanico, enmarcado con una cenefa de roleos que contiene flores de lis y frutos, cuya base es una banda trenzada. Este sector del pavimento se localiza en el Museo Arqueológico de Puente Genil.
     En el resto de los mosaicos conservados se representan motivos geométricos y vegetales, por un lado unos son bícromos, mientras que en otros el repertorio de colores se asemeja a los mosaicos anteriormente descritos. Dentro de este último grupo tenemos el llamado Mosaico del pórtico, en el cual se observan rombos, peltas, círculos y «nudos de Salomón», entre otros elementos.
     Los diferentes trabajos realizados han permitido obtener información muy diversa, estudiándose hasta el momento aspectos como el proceso de evolución de este asentamiento a lo largo del período romano imperial y su decadencia, así como la reestructuración del mundo agrario tanto en el mundo romano como en los inicios de la Edad Media. Las futuras intervenciones en la villa irán encaminadas a completar los estudios de investigación, conservación y difusión, posibilitando la puesta en valor del yacimiento (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Villa Romana de Fuente Álamo situada junto a un arroyo, es una villa hispano romana como tantas otras que proliferan en los S. III-IV d.C. en Hispania, la cual posee uno de los conjuntos de mosaicos figurativos y geométricos más importantes de España.
     Mil años de la historia de Andalucía pueden encontrarse en Fuente Álamo. Romanos, visigodos y árabes han dejado una huella que, enterrada durante mucho tiempo, hoy comienza a ver la luz.
     Se encuentra ubicada en la Ctra. Arenales, CO-6224 a 3 Km de Puente Genil.
(Diputación Provincial de Córdoba).

Estación de AVE Puente Genil - Herrera.-
     Puente Genil, históricamente, es una de las ciudades con una amplia tradición en materia ferroviaria. Debido a su inmejorable situación geográfica, cuenta con una estación de viajeros del tren de Alta Velocidad Española (AVE), así como una segunda estación en la que circulan otros trenes de corto y largo recorrido.
     Esta situación hace que Puente Genil se convierta en una de las pocas ciudades que tienen el privilegio de contar con dos estaciones de este importante medio de transporte; todo ello debido a la inmejorable situación de la localidad, como cabeza de comarca natural de muchas poblaciones vecinas, y sobre todo por las posibilidades de desarrollo económico de la zona (Diputación Provincial de Córdoba).

Museo Histórico Local.-
      El edificio data del año 1964, teniendo una construcción a base de hormigón en cimentación y estructura de ladrillo para cerramientos y compartimentaciones.
     El edificio es de dos plantas, con cubierta a cuatro aguas en la zona central y dos terrazas a ambos lados.
     Centrado en la parte posterior del edificio existe un amplio patio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Museo Histórico Local de Puente Genil fue creado en 1982 en la sede del Convento de “La Victoria”, edificio construido en el siglo XVII.
     El museo expone materiales arqueológicos, pertenecientes a diversas etapas, materiales arquitectónicos de época romana (capiteles, basas, etc.), mosaicos de la Villa hispanorromana de Fuente Álamo y materiales etnográficos relacionados con el cultivo del membrillo y su elaboración tradicional (Diputación Provincial de Córdoba).

Paraje natural Embalse de Cordobilla.-
     El Paraje Natural Embalse de Cordobilla se localiza sobre el Río Genil, en los términos municipales de Puente Genil y Aguilar de la Frontera de la provincia de Córdoba y en el de Badolatosa (Sevilla).
     Tiene una superficie de 1.460 hectáreas.
     Fue declarado como Paraje Natural mediante la Ley 2/1989, de 18 de julio, por la que se aprueba el inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía y se establecen medidas adicionales para su protección (BOJA núm. 60, de 27/07/1989); es Sitio Ramsar y Zona de Especial Protección para las Aves [ZEPA (2002)].
     La localización de este embalse, próxima a otros enclaves naturales de gran importancia, como las Lagunas del Sur de Córdoba, con las que está bastante ligado, realza su interés ecológico al contribuir a la supervivencia de numerosas especies de aves protegidas, que tienen en estos espacios sus áreas de nidificación e invernada.
     En cuanto a la vegetación hay que destacar los tarajales de Tamarix gallica. En las orillas existe una densa vegetación compuesta fundamentalmente de Enea (Typha dominguensis), Caña (Arundo donax) y Carrizo (Phragmites australis).
     Entre las aves que pueden observarse se encuentran la Malvasía (Oxyura leucocephala), el Calamón (Porphyrio porphyrio), la Garza Imperial (Ardea purpurea), la Garza Real (Ardea cinerea), la Garceta Común (Egretta garzetta), el Ánade Real (Anas platyrhynchos), el Pato Cuchara (Anas clypeata), el Aguilucho Lagunero (Circus aeruginosus), el Zampullín Chico (Tachybaptus ruficollis), la Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis), la Cerceta Común (Anas crecca), el Porrón Común (Aythya ferina), la Focha Común (Fulica atra) y la Polla de Agua (Gallinula chloropus).
     En los últimos años se viene observando también el Flamenco Común (Phoenicopterus ruber), la Cigüeñuela (Himantopus himantopus), la Avoceta (Recurvirostra avosetta), el Chorlitejo Patinegro (Charadrius alexandrinus) y el Chorlitejo Chico (Charadrius dubius).
     Las orillas y aguas someras están continuamente invadidas por numerosas especies limícolas en diferentes épocas del año (Diputación Provincial de Córdoba).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, Ermita del Dulce Nombre o de la Soledad, Iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, Iglesia de la Vera Cruz, Villa romana de Fuente Álamo, Estación de AVE Puente Genil-Herrera, Museo Histórico Local, y Paraje natural Embalse de Cordobilla) de la localidad de Puente Genil (y II), en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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domingo, 27 de julio de 2025

Un paseo por la plaza Bomberos del Toro y Rivero

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza Bomberos del Toro y Rivero, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 27 de julio, es el aniversario del incendio de los Almacenes Vilima (27 de julio de 1968) en el que fallecieron los bomberos del Toro, y Rivero, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la plaza Bomberos del Toro y Rivero, de Sevilla.
     La plaza Bomberos del Toro y Rivero es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Bernardo, del Distrito Nervión; y va de la avenida de Cádiz, a la calle Juan de Mata Carriazo.
    La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.  
    A comienzos de siglo aparece como pa­seo de la Estación de San Bernardo, y en 1929 simplemente como avenida de la Estación, ya que llevaba a la del ferrocarril. En 1936 se le sustituyó por el de avenida de Cádiz. Se traza sobre la Huerta de Borbolla, cuando en los primeros años de este siglo se construye la nueva estación del ferrocarril a Cádiz. Es un semicírculo ante la fachada de la estación; en el extremo de la acera derecha se accede a un túnel que permite salvar la vías y comunica con el barrio de San Bernardo (ya desaparecido). La calzada está pavimentada con adoquines, y las aceras, de notable anchura, son de losetas. Está flanqueada por árboles en alcorques, la mayoría plátanos, muy frondosos, por lo que la calle está muy sombreada. 
     En el semicírculo existen unas isletas para la distribución del tráfico y aparcamientos. realizadas recientemente. La iluminación es por medio de farolas de báculo de pie. El caserío oscila entre las dos y seis plantas de altura, en su mayor parte construido en la primera mitad de este siglo; y confluyen en  el  edificio de dos plantas de la estación. Posee una importante actividad comercial y de servicios. Casi todos los bajos están ocupados por tiendas, bares y talleres, éstos relacionados con la automoción, además de oficinas y de pensiones en los pisos superiores [Alida Carloni Franca, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la historia del incendio en el que perdieron la vida los personajes homenajeados en en esta vía del Callejero sevillano;
     En la memoria histórica de Sevilla, una tragedia quedó grabada para siempre. Fue la noche del 27 de julio de 1968 cuando el fuego arrasó los históricos Almacenes Vilima, ubicados entre la Plaza de la Encarnación y la Plaza del Pan, en la calle Lagar y calle Córdoba.  Aquella madrugada, marcada por el olor a humo y la desesperación, dos hombres dejaron su vida como fueron Joaquín del Toro y Francisco Rivero, dos bomberos que entregaron su vida en el intento de salvar la de otros.
     Del Toro y Rivero, padres de familia y ejemplo de vocación, acudieron a la llamada de auxilio sin dudarlo, aunque esa noche no les correspondía estar de servicio. Mientras sus 28 compañeros luchaban contra el incendio, ellos se enfundaron sus trajes y se lanzaron al infierno que consumía los populares almacenes. El fuego no daba tregua, y muchos bomberos ya regresaban del interior del edificio con quemaduras. En su afán por colaborar, Joaquín y Francisco se adentraron en el caos, pero no salieron con vida. Según las crónicas de la época, murieron sepultados bajo los cascotes que cayeron en el fragor del combate contra las llamas.
     Ambos eran pilares de sus familias. Del Toro, de 40 años, y Rivero, de 36, dejaron atrás a nueve hijos, sumidos en el duelo y la incertidumbre económica. Además de su labor en el cuerpo de bomberos, trabajaban como socorristas en Piscinas Sevilla para complementar sus ingresos y sustentar a sus familias, que vivían en los humildes barrios de Las Candelarias y Los Pajaritos.
     En honor a su valentía, el pleno municipal aprobó bautizar con sus nombres una plaza cercana a la Estación de Cádiz. Tras muchos años de olvido, se inauguró la Plaza de los Bomberos Del Toro y Rivero, en honor a los bomberos fallecidos en el incendio de los Almacenes Vilima (Sevilla Confidencial).
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La plaza Bomberos del Toro y Rivero, al detalle:

martes, 13 de mayo de 2025

Un paseo por la calle Juan de Mata Carriazo

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Juan de Mata Carriazo, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 13 de mayo es el aniversario del nacimiento (13 de mayo de 1899) de Juan de Mata Carriazo, historiador y arqueólogo, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Juan de Mata Carriazo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Juan de Mata Carriazo es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Bernardo, del Distrito Nervión; y va de la confluencia de las calles Demetrio de los Ríos, José María Moreno Galván, y avenida Eduardo Dato; a la glorieta Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     En este caso la calle tiene una descripción muy sencilla puesto que ocupa lo que fue parte de la línea del Ferrocarril Sevilla-Cádiz, soterrada con motivo de la Exposición Universal de 1992, siendo su principal edificación, la antigua Estación de Cádiz, o de San Bernardo, convertida hoy en Mercado de Abastos (Mercado Puerta de la Carne), y Gimnasio.
Conozcamos mejor la Biografía de Juan de Mata Carriazo, a quien está dedicada esta vía;
     Juan de Mata Carriazo y Arroquia, (Jódar, Jaén, 13 de mayo de 1899 – Sevilla, 20 de junio de 1989). Historiador y ar­queólogo.
     Aunque nacido en Jódar, toda su infancia transcu­rrió en Quesada (Jaén). Hijo de abogado y nieto de médico, tuvo acceso a una cuidada educación. Cursó por libre los estudios de bachillerato, salvo el último año, que realizó como alumno oficial en el Instituto General y Técnico de Jaén. Sus inquietudes literarias le llevaron a publicar, entre 1914 y 1918, una trein­tena de artículos en distintos periódicos de Jaén, a los que acompañaron más tarde otros trabajos en la re­vista Don Lope de Sosa, dirigida por Alfredo Cazabán. Con este bagaje y no poco empeño llegó Carriazo a la Universidad de Granada. Realizó en la Facultad de Filosofía y Letras los dos cursos comunes. Al no existir sección de Historia en la Facultad de Granada, decidió trasladar su expediente a Madrid, donde se licenció en Filosofía y Letras, Sección de Historia, en 1921.
     Mientras Carriazo realizaba el doctorado, murió su madre en Quesada. La lectura de la tesis docto­ral, sobre Las ideas sociales de Juan Luis Vives, tardó apenas año y medio (1923). Durante el curso 1923-1924 colaboró como “auxiliar interino gratuito” en la Facultad, pero fue en otras dos instituciones ma­drileñas donde el joven Carriazo completó su forma­ción: el Instituto-Escuela (1920-1927) y el Centro de Estudios Históricos (1922-1927). En el primero se formó como docente, en un contexto pedagógico in­novador. En el segundo se incorporó a la sección de Arqueología dirigida por Manuel Gómez-Moreno, al que siempre recordó como su maestro. Son los años decisivos para su formación como investigador. Pu­blica sus primeros artículos en el Archivo Español de Arte y Arqueología y prepara su edición de la Crónica de los Reyes Católicos de Valera; estudios arqueológicos e historiográficos que, desde entonces, se irán entrela­zando en constante y bien avenido matrimonio en la tarea cotidiana del historiador. En 1924 Carriazo rea­liza sus primeras excavaciones: la villa romana de Bru­ñel y la sepultura argárica del Corral de Quiñones, ambas en las proximidades de Quesada. En 1927, tras algunos años sin convocarse oposiciones, tiene la oportunidad de opositar a cátedra. Gana la plaza en julio, en agosto muere su padre y, fines de septiem­bre, ya está en su destino: Sevilla.
     Durante su primer curso sevillano proyecta, junto a Ramón Carande, la edición del Tumbo de los Reyes Ca­tólicos del Archivo Municipal. En 1929 conoce a Ma­ría Providencia Ramírez, con la que contrae matrimo­nio antes de terminar el año. Sus hijos, Diego y Juan, nacerán, respectivamente, en 1930 y 1932. En esta úl­tima fecha, Carriazo es nombrado director del Insti­tuto-Escuela de Sevilla y de las excavaciones de Itálica; tareas que añade a las propias de su cátedra en la Uni­versidad. Hasta 1936 compaginará sus ocupaciones en estos tres frentes, e incluso asume un nuevo proyecto: la edición de la Colección de crónicas españolas. No en vano, Espasa Calpe había contactado con Carriazo por indicación expresa de Ortega y Gasset. En 1933 parti­cipa en el célebre Crucero Universitario por el Medi­terráneo, en compañía de Gómez-Moreno.
     La Guerra Civil sorprendió a la familia en Madrid, trabajando Juan de Mata en las Crónicas. En noviem­bre de 1936, con notables dificultades, se trasladan a Valencia. Allí Carriazo se incorpora a la universidad, donde coincide con un plantel excepcional de profe­sores: Dámaso Alonso, Emilio García Gómez, Anto­nio García Bellido, Agustín Millares Carlo, Emilio Alarcos García y José Gaos, entre otros. A finales de mayo de 1937, la familia deja su domicilio en la ca­pital para hospedarse en la localidad de Alfara de Al­gimia. Algunos meses más tarde volverá a Valencia. Carriazo forma parte también de la Junta del Tesoro Artístico, lo que le obliga a intervenir en el rescate de piezas perdidas en aquellos dramáticos momentos. Avanzado el año 1938 se desplaza a Quesada, donde salva de la destrucción el Archivo Municipal. Allí per­manecerá hasta el final de la guerra. Mientras tanto, en Sevilla se desconoce su paradero, y se le busca. El proceso de “depuración” ya estaba en marcha. Durante nueve meses hubo de aguardar, encarcelado en la prisión provincial de Sevilla, el juicio que le devol­viera la libertad. Pese a todo, continuó preparando sus ediciones de las Crónicas españolas. Nunca quiso Carriazo recordar aquellos días, y nunca escribió so­bre ello. Prefirió enterrar aquella experiencia atroz que marcó a varias generaciones de españoles.
     El trabajo en la Universidad era intenso, aunque circunscrito al plano docente. Fiel a sus principios, declinó cualquier responsabilidad que no fuese ex­clusivamente científica. Entre 1950 y 1954 colaboró con la Escuela de Estudios Hispano-Americanos, organismo sevillano del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). La segunda mitad de la década de los cincuenta será pródiga en honores y dis­tinciones. Ahora bien, el nombramiento que habría de marcar la mayor parte de su madurez científica es el que le convirtió en delegado de zona del Servicio Nacional de Excavaciones Arqueológicas, cargo que desempeña desde 1956 hasta su jubilación en 1969. Como delegado de zona, vuelve a quedar bajo su su­pervisión el yacimiento de Itálica. Y como tal, acude a inspeccionar el hallazgo de los materiales aparecidos en septiembre de 1958 en el cerro de El Carambolo. Desde entonces el nombre de Carriazo ha quedado ligado al estudio de Tartesos. La importancia del yacimiento, así como los trabajos realizados en Ébora (Sanlúcar de Barrameda) y el descubrimiento del “Bronce Carriazo”, explican tal circunstancia.
     En mayo de 1969, al alcanzar los setenta años, re­cibe la jubilación. Meses más tarde muere su esposa. No obstante, la década de los setenta fue fructífera en trabajos y distinciones. En 1971 su Protohistoria de Sevilla recibía el Premio Ciudad de Sevilla. En 1973 veía publicado por fin su Tartesos y el Carambolo. El 16 de enero de 1976 fue elegido como numerario en la Real Acade­mia de la Historia para ocupar la medalla número 5, y tomó posesión de su plaza el 8 de mayo de 1977. Publicados ya los resultados de sus investigaciones sobre la cultura tartésica, Carriazo vuelve de lleno a los quehaceres historiográficos. La enfermedad y la muerte, el 20 de junio de 1989, le impedirán concluir la edición de la Crónica de Juan II de Castilla, de Alvar García de Santa María. La década de los ochenta fue para Juan de Mata la de las grandes demostraciones públicas de reconocimiento. En 1986 es nombrado hijo adoptivo de Sevilla, y en 1987, hijo predilecto de Andalucía (Juan Luis Carriazo Rubio, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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