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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 12 de mayo de 2026

Un paseo por la calle Santo Domingo de la Calzada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santo Domingo de la Calzada, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 12 de mayo, en la región de Castilla, en España, en la localidad posteriormente designada con su nombre, Santo Domingo de la Calzada, presbítero, que construyó puentes y caminos para uso de los peregrinos jacobeos y, movido por su inmensa piedad, edificó también un hospital de peregrinos, provisto de salas destinadas a socorrerlos (1060/1109)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte la calle Santo Domingo de la Calzada, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Santo Domingo de la Calzada es, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en los Barrios Huerta del Pilar, y La Buhaira, del Distrito Nervión; y va de la calle Luis Montoto, a la avenida Eduardo Dato.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
      Al menos desde 1910 (plano de Poley y Poley) es conocido como callejón de Santo Domingo un camino rural que conducía al convento de Santo Domingo de Portacoeli, fundado en 1457 por fray Rodrigo de Valen­cia en terrenos de la Huerta del Rey. En 1943 se acordó rotularlo oficialmente con idéntica denominación y en 1970 se le añadió "de la Calzada", según se dice en el expediente municipal, para que no se perdiera la denominación del barrio, si bien el barrio de la Calzada propiamente dicho (v. Campo de los Mártires) no se extiende hasta este punto de la ciudad. Los primeros planos históricos en los que figura este sector (1870), aún sin urbanizar, recogen la existencia de un camino rural, cuyo trazado coincide prácticamente con la actual calle, entre las huertas del Cardenal y de las Tenerías por el otro; dicho camino terminaba a las puertas del convento de Santo Domingo, que allí se conservó hasta comienzos de los años se­senta. A partir de la década de 1920 no se procede a la construcción de una serie de manzanas de viviendas en la antigua Huerta del Pilar, que impulsará la urbanización definitiva de esta calle. De trazado rectilíneo, es la vía que posee la mayor amplitud y longitud del conjunto de calles trazadas sobre la Huerta del Pilar. Confluyen, por los pares, Pirineos y Juan de Zoyas; y por los impares Luis Belmonte, Martínez de Medina y Fray Pedro de Zúñiga. Actualmente posee calzada de asfalto, en mal estado de conserva­ción, y sus aceras son de cemento o permanecen terrizas en algunos tramos. Cuenta con farolas de báculo de pie en el lado im­par.
     De la edificación originaria sólo se con­servan dos construcciones, a mitad de la calle, una frontera de la otra: la antigua carpintería de M. Casana, edificio hoy reutilizado como restaurante, y una casa de pisos de cuatro plantas (1939), promovida por la Obra Asistencial Familiar y construida por los arquitectos A. Balbontín y J. M. Benjumea. El resto de la edificación ha sido sustituido, en la última década, por bloques de pisos entre cuatro y doce plantas. En la acera de los pares, en la confluencia con Eduardo Dato, se encuentra un lateral del Hotel Portacoeli y, tras la confluencia de Pirineos, dos cancelas dan acceso al Parque de Santo Domingo (v. Pirineos). En la acera de los impares se conservan algunos solares, se desarrolla la fachada trasera del Hotel Los Lebreros con muro de mampostería y seto
verde, y se encuentra una fachada lateral del colegio El Buen Pastor, con entrada por Martínez de Medina. La proximidad de los hoteles citados y su ubicación en la activa zona comercial y de negocios de Luis de Morales explica la presencia en esta calle de restaurantes, otros locales de ocio y comercios de distinto signo en las plantas bajas de las nuevas construcciones. También se sitúa aquí la sede de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santo Domingo de la Calzada, presbítero, a quien está dedicada esta vía del callejero sevillano
;
     Ermitaño español motejado de la Calzada porque construyó un camino empedrado para facilitar a los peregrinos el acceso a Santiago de Compostela. Murió en 1109.
     A él se atribuyen los milagros del joven peregrino falsamente acusado y sostenido en el patíbulo, y el de los pollos resucitados, con el cual se honró al apóstol Santiago, para hacer verdad el adagio que asegura que sólo se presta a los ricos.
     Es patrón de los ingenieros de caminos y puentes de España.
     En las banderas de peregrinación se lo representa llevando un gallo y una gallina en brazos, animales que se sacrifican cada año el día de su fiesta. 
     Un puente a sus pies recuerda su actividad de constructor voluntario de puentes y caminos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Santo Domingo de la Calzada, personaje a quien está dedicada esta vía;
     Santo Domingo de la Calzada. (Viloria de Rioja, Burgos, c. 1019 – Santo Domingo de la Calzada, La Rioja, 12 de mayo de 1109). Ermitaño, colonizador, patrono de todos los Cuerpos de Obras Públicas de España.
     Era hijo de Jimeno García y de Orodulce, hacendados solariegos de la tierra, según documento de donación al monasterio de Valvanera en 1088, de indudable origen familiar. Otra donación de bienes personales de Orodulce, hecha al monasterio de San Millán de la Cogolla en el año 1087, confirma igualmente su origen y su identidad. Tanto los padres como su hijo Domingo se sienten vinculados y agradecidos a ambos monasterios riojanos de la Orden de San Benito. Más concretamente, Domingo García confiesa en el citado documento de 1088 que el santo abad Íñigo de Valvanera fue su “maestro y señor”, lo que parece indicar que siempre conservó, sin duda desde joven, una especial vinculación a dicho monasterio. Algo semejante podría decirse del monasterio vecino de San Millán de la Cogolla. Biógrafos posteriores destacan desde antiguo que Domingo fue postulante en uno y otro monasterio, pero que la divina providencia lo guiaba por otro camino.
     En 1040 alcanzaba la Península como legado de Benedicto IX un varón venerable, Gregorio, obispo de Ostia. El joven Domingo, abandonadas sus anteriores pretensiones de ser monje benedictino y tras su experiencia de anacoreta con un maestro por los montes del pico de San Lorenzo, se va a unir a la misión de Gregorio y le acompañará durante cuatro años como ayudante y discípulo de correrías apostólicas por la tierra. Al fallecer en Logroño su maestro san Gregorio en mayo de 1044, Domingo se asienta en un bosque de la vega del río Oja, por entonces zona semidesierta. Allí, a los veintitantos años de edad, comienza a centrar su definitiva y verdadera vocación. Es aquí donde empieza a compaginar su fe, su entrega a Dios y a sus semejantes con los problemas reales que le rodean y que le configuran como hombre de su tiempo. Sería deseable poseer documentación precisa de este momento tan importante de su vida, documentación que llegará después, tras la obra del santo.
     Hombre de su tiempo, el siglo XI sirve de fijación definitiva del Camino de Santiago, que concentra multitud de peregrinos de toda Europa y del mundo. Se necesitan campeones que comprendan y lleven adelante tan inmensa labor a todos los niveles profesionales de la técnica y de la asistencia humanitarias, tanto espiritual como material. Santo Domingo es uno de los principales protagonistas de esta hora.
     Historia y tradición caminan acordes, al señalar a Domingo como el constructor de la ruta jacobea entre Nájera y Redecilla del Camino, colaborando en la ingente tarea emprendida por los reyes Sancho Ramírez, en Aragón y Navarra, y Alfonso VI, en Castilla y León. A la iniciativa de Domingo se debieron el acondicionamiento del Camino en este importante tramo, así como la construcción de un puente de veinticuatro arcos sobre el río Oja, mejoras ambas de tal relieve que la ruta jacobea se trasladó definitivamente hacia el sur, camino de Burgos, capital recién fundada, a través del paso natural de los Montes de Oca.
     Domingo es el fundador, igualmente, de una modélica hospedería de peregrinos en el lugar de su retiro y centro de operaciones, el antiguo bosque del río Oja. Aquí atendía personal y desinteresadamente a los huéspedes que llegaban, según la consigna evangélica y benedictina, que tantas veces oyó sin duda de joven en los monasterios vecinos de Valvanera y San Millán: “Hospes, Christus”.
     En torno a esta hospedería comenzó a construir una iglesia, que más adelante será catedral. Éste es el origen del burgo o nueva ciudad que recibe hasta hoy su nombre. No es extraño que en 1076 el rey Alfonso VI, tan empeñado en los temas de Europa y del Camino jacobeo, visitara en persona a Domingo de la Calzada, animándole a proseguir la obra iniciada. Es ahora cuando se ve apoyado con la primera aportación de tierras y la primera ayuda oficial y moral. Es el momento en que nace o se consolida una floración espléndida de ciudades que participa del resurgimiento urbano y económico de Europa y del norte de España, en torno al Camino. Baste citar Jaca, Estella, Logroño, Nájera, el propio Santo Domingo de la Calzada, Burgos, Carrión de los Condes, Sahagún y, por supuesto, Santiago de Compostela. El Santo de la Calzada fue un hombre moderno, un hombre de su tiempo.
     Domingo es, en realidad, colonizador, repoblador y organizador de toda una amplia comarca que va desde el río Najerilla y el río Oja hasta el río Tirón, de La Rioja a tierras de Burgos. Al vitalizarla con la fijación del Camino, llamado aquí mejor Calzada, por lo bien hecha, originó riqueza, afincó comerciantes, labriegos, artesanos, dio nacimiento a una comunidad nueva. En el centro de esta interesante comarca surgió, por obra de Domingo, la ciudad que justamente lleva su nombre y que ha mantenido su hegemonía durante ya un milenio. Pocos se imaginan a Domingo de la Calzada comprando tierras, recibiendo donaciones, efectuando cambios y permutas para configurar lo que habría de ser el patrimonio de su fundación, que estaba pensada para trascender los tiempos y durar por generaciones y siglos. Domingo es, sin lugar a dudas, un hombre trascendente, que vive los problemas de su tiempo, y trata de darles una solución cristiana. El ermitaño —dice Justo de Urbel— era enfermero, médico, cocinero, albañil y arquitecto. Buenas condiciones para ser fundador de una ciudad y colonizador de una región.
     Es muy singular el caso de un hombre que, con su ejemplar y santa entrega, consigue en torno a sí lo que en aquella época colonizadora necesitaba toda una organización real o todo un monasterio con sus nutridas comunidades de monjes, de servidores y de colonos. Domingo no fue tampoco un eremita solitario; supo rodearse de colaboradores y de ayudantes, que aparecen continuamente en la amplia documentación que se posee. Y supo formar discípulos que continuaran su obra. Destaca entre ellos otro colonizador nato, el burgalés san Juan de Ortega, cuya vida es paralela a la de su santo maestro Domingo.
     Dios le concedió a Domingo comenzar a ver en vida resultados y frutos de su actividad. En el año 1106, tres antes de su muerte, el obispo Pedro I de Calahorra, a petición del propio Domingo, consagró la iglesia del nuevo burgo o ciudad, levantada por él. Asistió a la ceremonia el mismo rey en persona, Alfonso VI, que había donado años antes el fundo y los terrenos para dicha iglesia. El obispo confirmó, en el día de la consagración, una cofradía de aquel lugar, dando en concepto de limosna los frutos de la villa de Pino de Yuso. El templo y la cofradía comenzaban con fuerza su trayectoria histórica.
     Domingo de la Calzada murió en la ciudad por él fundada, a los noventa años de edad. Pocas semanas después fallecía su amigo y gran valedor Alfonso VI, rey de Castilla y de León. Domingo fue sepultado, según sus deseos, en el propio Camino jacobeo, a la vera de la iglesia por él edificada. Posteriormente dicha iglesia se ensanchó en uno de los laterales para dar cobijo dentro de sus muros al sepulcro del fundador, donde se encuentra en la actualidad, bajo una artística cripta pública y abierta, visitable por los peregrinos y fieles en general. En la tapa del sepulcro de piedra se puede admirar la estatua yacente del santo, de dos metros, uno de los pocos y mejores ejemplos del románico yacente español, finales del siglo XII, con ángeles o discípulos postrados, señal de culto y veneración.
     A los tres años de su fallecimiento, 1112, se encuentra documentada la denominación del nuevo burgo o ciudad con el nombre del fundador: Santo Domingo de la Calzada. Comienza su glorificación. En 1152, la mencionada iglesia edificada por el propio santo, consagrada a san Salvador y a santa María, fue elevada a categoría de colegiata, siendo obispo Rodrigo de Cascante. Finalmente, el papa Gregorio IX, mediante bula pontificia firmada en San Juan de Letrán el 14 de abril de 1232, eleva a rango de catedral la iglesia colegiata de Santo Domingo de la Calzada y autoriza al obispo Juan Pérez a residir en ella. Desde entonces, la catedral calceatense será sede compartida, y sus obispos se llamarán para siempre, hasta hoy, de Calahorra y La Calzada.
     El mejor legado que pudo dejar el santo colonizador Domingo de la Calzada no fue otro que un hospital para peregrinos, una hermandad que los atendiera, una calzada con su puente sobre el río Oja y una iglesia con unos clérigos emprendedores. Sumadas orgánicamente estas realidades, se fraguó el burgo abadengo calceatense, que no llevará otro nombre que el de su fundador. El crecimiento demográfico y el urbano se desarrollaron rápidamente a lo largo del tiempo. En la Hermandad del Santo se inscribían no sólo los vecinos locales, sino también los labriegos de pueblos de la comarca, como Morales, Manzanares, Villalobar, Leiva, Alesanco, Castañares, Hervías.
     Algunos cofrades se ofrecían de por vida a servir a los peregrinos y a los pobres. Toda una colmena de aliento y de vida. Se puede asegurar que el impulso fundacional del santo se prolonga en el tiempo y llega hasta hoy mismo de múltiples maneras. Habrá pocos casos más claros de identidad y de persistencia histórica como el de santo Domingo de la Calzada y los vecinos de la ciudad por él fundada y que lleva su nombre.
     Los biógrafos del santo cuentan multitud de milagros obrados por su intercesión. Es clásica la obra de Joseph González de Tejada, editada en Madrid en 1702, titulada y conocida por Abraham de la Rioja, donde se recogen hasta ochenta milagros. Especialmente famoso es el milagro del gallo y la gallina: en el siglo XIV peregrinaba a Compostela, acompañado de sus padres, Hugonell, joven de dieciocho años, procedente de Colonia. Por celos de una muchacha del mesón, fue acusado injustamente de robo y ahorcado por la justicia de la ciudad. Sus padres oyeron la voz del hijo, diciéndoles que estaba vivo, liberado por intercesión de santo Domingo. Corrieron los padres a comunicárselo al corregidor, el cual respondió que estaba tan vivo como el gallo y la gallina que, asados, se disponía a trinchar en su mesa. En ese momento el gallo y la gallina saltaron del plato ante el asombro del incrédulo corregidor. Desde entonces se repiten los famosos versos: “Santo Domingo de la Calzada / que cantó la gallina después de asada”. Como recuerdo, en un lucillo, o pequeño corralizo en el muro de la catedral, se conservan vivos un gallo y una gallina, cuyo canto esperan con ilusión todos los peregrinos. Frente a la hornacina o gallinero actual, que se construyó hacia 1445, y debajo de la ventana, se conserva un trozo de madera de la horca del peregrino. En el archivo capitular se guarda un documento del 6 de octubre de 1350 que habla ya de la catedral de la Calzada donde hay “un gallo y una gallina” (“gallum et gallinam ibidem existentes”). En dicho documento, que forma un cuaderno de doce folios en vitela, varios arzobispos y obispos de la cristiandad conceden indulgencias a quienes se encomienden devotamente a santo Domingo de la Calzada y giren en torno a su sepulcro recitando el padrenuestro y avemaría, ceremonia que se sigue practicando por numerosos fieles.
     El humanista siciliano Lucio Marineo Sículo (1460- 1533) habla en su obra De rebus Hispaniae mirabilibus del gallo y la gallina blancos que vio en la catedral de Santo Domingo de la Calzada, y cuenta que innumerables peregrinos de Europa y del mundo les cortan las plumas para adornarse con ellas, y que nunca se agotan. Dice que él mismo es testigo directo, porque lo vio, lo hizo y lleva una pluma consigo (“Hoc ego testor, propterea quod vidi et intefui, plumamque mecum fero”) (Felipe Abad León, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La calle Santo Domingo de la Calzada, al detalle:
antigua Carpintería de Manuel Casana.

viernes, 13 de octubre de 2023

Un paseo por el Barrio Huerta del Pilar

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Barrio de la Huerta del Pilar, de Sevilla, dando un paseo por él.
     El Barrio de la Huerta del Pilar es, en el Callejero Sevillano, un barrio que se encuentra en el Distrito de Nervión, delimitado por las calles Luis Montoto, Maese Farfán, Juan de Zoyas, Maestre Hamete, Pirineos, Virgen de Valvanera, San Ignacio, Fernando Tirado, Pirineos, Virgen de Valvanera, avda. Eduardo Dato, y Jiménez Aranda..
     El Barrio de la Huerta del Pilar lo componen las vías siguientes: c/ Blanco White, avda. Buhaira, c/ Chaves Nogales, c/ Diego Angulo Íñiguez, c/ Doctor Felipe Martínez, avda. Eduardo Dato, c/ Fernando Tirado, c/ Fuenteovejuna, c/ Jiménez Aranda, c/ José de la Cámara, c/ Juan de Zoyas, c/ Juan Sierra, c/ Luis Montoto, c/ Maese Farfán, c/ Maestre Hamete, c/ Manuel Halcón, c/ Monumental de Sevilla, c/ Nebli, grupo Óscar Carvallo, c/ Padre Luque, c/ Penibética, c/ Pirineos, c/ San Ignacio, c/ Santo Domingo de la Calzada, c/ Trovador, y c/ Virgen de Valvanera.
     El Barrio, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, siendo el conjunto de vías urbanas con características homogéneas, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     El Barrio, está dedicado a un abrevadero o pilar que existió en la calle Luis Montoto a la altura de la calle Virgen de Valvanera, desaparecido en los años cuarenta del siglo XX. 
    La historia, vicisitudes, y demás reseñas de interés están explicadas en las distintas vías que lo conforman,.
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martes, 21 de marzo de 2023

Un paseo por la calle Fernando Tirado

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Fernando Tirado, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 21 de marzo, es el aniversario del nacimiento (21 de marzo de 1862) del pintor Fernando Tirado, personaje a quien está dedicado esta vía, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Fernando Tirado, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   La calle Fernando Tirado, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en el Barrio de la Huerta del Pilar, del Distrito Nervión; y va de la calle Luis Montoto, a la calle Pirineos.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
      Figura por primera vez rotulada con este nombre en un plano parcelario de 1928, si bien la denominación no será oficial hasta 1950, en memoria del pintor y retratista sevillano Fernando Tirado y Cardona (1862- 1907), catedrático de dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla y miembro de la Real Academia Santa Isabel de Hungría. A comienzos de este siglo (plano de Poley y Poley, 1910) frente a la barriada de la Calza­da, se han construido una serie de edificaciones, cuya línea de fachada marca el límite entre el espacio urbano y la Huerta del Pilar, y correspondería a la acera de los pares de esta calle. En la década de 1920 al levantare tres manzanas de naves industriales frente a dichas edificaciones queda configurada la planta de esta vía y significan el inicio de la urbanización de las huertas del Pilar y de San Ignacio, aproximadamente el espacio comprendido entre  Fernando Tirado, Santo Domingo de la Calzadla y Pirineos. Posee un trazado rectilíneo y regular anchura; confluyen, por la acera de los impares, San Ignacio y Juan de Zoyas. Cuenta con calzada de asfalto, aceras de losetas de cemento cuadradas y farolas de báculo adosadas a las fachadas de los impares. La edificación originaria estuvo constituida, como queda dicho, por naves industriales de fachada uniforme de ladrillo visto. Buena parte de las mismas se conservan en la actualidad, preferentemente en la acera de la derecha, aunque se ha producido un cam­bio de uso hacia talleres de automóviles y almacenes de distintas mercancías. En la acera opuesta la mayor parte de las naves han sido sustituidas por bloques de viviendas de cuatro plantas, salvo en el tramo final, donde en varias de estas naves se encuentra instalado un almacén y garaje de Correos. Un bloque de dieciséis planta se levanta en la confluencia con Luis Montoto [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Fernando Tirado Aranda, personaje a quien está dedicada esta vía;
     Pintor español. Inició su formación en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, con Jiménez Aranda y Eduardo Cano de la Peña, la continuó en Madrid, en el estudio de Federico de Madrazo y finalmente marchó a París, pensionado por la ­Diputación Provincial de Sevilla en 1878. A su regreso, se afianzó como un experto ­retratista; no obstante, volvió por segunda vez a París para consolidar su formación. De regreso a su ciudad ­natal definitivamente, comenzó a ejercer la docencia, y llegó a ser en 1888 catedrático de dibujo del natural y antiguo en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla. Pintor de escenas costumbristas de ambiente sevillano, su fama se la debe a los retratos, como el de Doña María Cristina con Alfonso XIII (Museo de Bellas Artes de Sevilla). A lo largo de su vida elaboró una curiosa colección de caricaturas al óleo de personajes sevillanos de la época (Museo del Prado).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Fernando Tirado, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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miércoles, 18 de enero de 2023

Un paseo por la calle Luis Montoto

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Luis Montoto, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 18 de enero, es el aniversario del nacimiento (18 de enero de  1851) de Luis Montoto, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Luis Montoto, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Luis Montoto es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de La Florida, San Roque, La Buhaira, Nervión, Huerta del Pilar, y La Calzada, del Distrito Nervión; y en el Barrio Huerta de Santa Teresa, del Distrito San Pablo-Santa Justa; y va de la confluencia de las calles Menéndez Pelayo, San Esteban, y plaza de San Agustín, a la confluencia de las avenidas de la Cruz del Campo, Andalucía, y El Greco
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
    Calzada de origen romano, a partir del s. XIII pasó a llamarse calzada de los Caños de Carmona, por el acueducto que discurría paralelo a ella, hasta que, construido el tem­plete de la Cruz del Campo a fines del s. XV, comienza a ser conocida como calzada de la Cruz del Campo. En el s. XVII el primer tramo se denominará Alameda de San Beni­to, por la iglesia allí existente, y el resto siguió como calzada de la Cruz del Campo, fusionándose ambos topónimos en el de Oriente en 1869, por su condición de eje rectilíneo de levante de entrada a la ciudad, con el que se le conoció hasta que en 1920 es rotulada en memoria de Luis Montoto y Rautenstrauch, polígrafo y literato sevillano (l851-1929). Denominada de nuevo Oriente en 1931, toma definitivamente el nombre actual a partir de 1941; pero continuó siendo conocida y nombrada como calle Oriente.
     Vía radial que partiendo de las antiguas murallas enlaza con la carretera que condu­ce a Málaga y Granada, el estado de su infraestructura ha sido, desde siempre, preocupación constante del cabildo municipal, como lo atestiguan las reiteradas referencias que aparecen en los libros de las actas del cabildo. En la década de los años treinta de este siglo comienza a urbanizarse, ensanchándose considerablemente, pavimentándose con adoquines sobre el firme de hormigón y estableciéndose una alameda en ambas aceras, proceso éste paralelo a la construcción de los primero chalets. En 1929, Félix Ramírez Doreste levanta el puente sobre el ferrocarril recientemente demolido. Este se erige sobre la antigua Alcantarilla de las Madejas, puente adosados al acueducto que salvaba el arroyo Tagarete, llamado así por las madejas pintadas en las uniones de sus arcos. Hoy es una avenida de amplia calzada, provista de tres carriles en cada dirección separados por espina de hormigón, acerado de losetas, farolas de báculo y arbolado en ambas márgenes, en la que confluyen por la izquierda San Benito, Vía Crucis, San Florencio, Pilar, Céfiro, avenida de Kansas City, y Tomás Murube, y por la derecha, Jiménez Aranda, Eduardo Rivas, Maese Ferrán, Santo Domingo de la Calzada, Luis de Morales, Benito Más y Prats, José Luis de Casso, y Marqués de Nervión.
     En su primer tramo existió desde el s. XVII un arrabal conocido por la Calzada. A principios del s. XX al histórico arrabal se le va sumando una serie de construcciones que, comenzando por la Puerta de Carmona, ocuparán toda la avenida; así, en los años veinte aparece edificado el tramo comprendido entre la Puerta de Carmona y el arroyo Tagarete, coexistiendo las humildes viviendas del arrabal de la Calzada con los chalets construidos en estos año y con algunas barriadas como la de España. Ya en los años setenta edifican modernos bloques, de diferentes escalas, llegándose a una absoluta colmatación del espacio.
     Coetánea a la ocupación residencial, en los primeros años del s. XX se construyeron una serie de almacenes y fábricas, que hasta los años sesenta marcaron la función dominante de esta vía. Cabe destacar el Progreso Industrial, obra de Antonio Arévalo Martínez, en la confluencia con Santo Domingo de la Calzada, actual sucursal de la Caja de Ahorros [actualmente es un restaurante], destinada a la elaboración de hielo (1927-l929); los almacenes y fábrica de García de Longoria (1916-1928), obra de Vicente Traver y, finalmente, los almacenes construidos por José Espiau Muñoz, en 1924, para Domingo de Caso. En la actualidad la función económica sigue siendo de especial trascendencia, con innumerables locales comerciales y bares situados en los bajos de las viviendas, junto a edificios dedicados, en toda su superficie, a almacenes, garajes u hoteles, entre los que merece destacarse el Hotel Los Lebreros y El Corte Inglés, generador de un intenso movimiento.
     Otra de las funciones destacadas de esta avenida ha sido, y aún es, la de tránsito, al ser una de las salidas naturales de la población. Desde los siglos medievales era recorrida por los carruajes, recuas y caballerías que, una vez superado el portazgo situado junto al templete de la Cruz del Campo, entraban en la ciudad a través de la Puerta de Carmona. Este carácter de vía de acceso ha convertido a este espacio en un lugar de encuentro entre visitantes ilustres y anfitriones. Aunque podríamos multiplicar las citas, dos históricos acontecimientos podrán ilustrar este extremo: la llegada a Sevilla del duque de Angulema, en 1823, al que reciben gran número de personalidades precedidas por dieciséis alguaciles y seis músicos; o la de la infanta doña Luisa Fernanda y el duque de Montpensier el 7 de mayo de 1848. La función de tránsito explica, en la actualidad, la presencia a todas horas de gran número de vehículos y los continuos atascos de las horas puntas, pues al tráfico que se dirige hacia Córdoba y Madrid, Málaga o Granada, hay que unir el que se desplaza al Corte Inglés, a las oficinas situadas en San Francisco Javier y el que pretende alcanzar la ronda para penetrar en el casco. Finalmente, otra de las funciones a resaltar es la asistencial y sanitaria, con la presencia de algunas clínicas privadas, oficinas de la Consejería de Salud y Servicio Sociales de la Junta ele Andalucía, un asilo de ancianos, etc.
     En la acera derecha de la antigua calzada se levantaban los Caños de Carmona, acueducto reconstruido por los almohades en 1172, que principiaba en la Cruz del Campo y terminaba en la Puerta de Carmona, en la que existía un gran depósito desde el cual se distribuían las aguas a una parte considerable de la ciudad. Demolidos en 1912, todavía quedan dos tramos, uno junto a Jiménez Aranda. Hacia el final, en su acera izquierda, aún existe el templete de la Cruz del Campo, en lamentable estado de conservación, cuyo origen se remonta a 1482, año en que se decide construir una cruz sobre un templete, de estilo mudéjar, uno de los humilladeros existentes en varias entradas de la ciudad. Junto a él se erige la ermita de Nuestra Señora de la Soledad, a cuyos ermitaños estaba encomendado el mantenimiento de la cruz. Otro edificio histórico es el monasterio de San Benito, levantado por los benedictinos que acompañaron a Fernando III en 1249, que posteriormente pasó a ser ayuda de parroquia de la de San Roque, cuya iglesia es obra de Juan de Oviedo. Des­tacan asimismo una serie de edificaciones de noble factura que, construidas en el primer tercio del presente siglo, aún pueden verse a lo largo de la avenida, combinando los estilos modernista y, sobre todo, regionalista. Por último, hay que mencionar el vía crucis que la recorría desde el s. XVI, cuya primera y última estación se hallaban en la plaza de Pilato y en el humilladero de la Cruz del Campo respectivamente. Este vía crucis era objeto de gran veneración y participación. En 1956 las antiguas cruces de madera que indicaban la secuencia de las estaciones fueron sustituidas por los azulejos que aún hoy pueden verse. Otra fiesta religiosa en honor de la Virgen de Valvanera que se venera en San Benito, comenzó a celebrarse en Luis Montoto y calles adyacentes a partir de 1927 [Eduardo Camacho Rueda, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Luis Montoto, 45
. Casa de dos plantas, con patio de pilastras que sostienen arcos semicirculares en la planta baja y galería adintelada en la superior.
Luis Montoto, s/n. TEMPLETE DE LA CRUZ DEL CAMPO. Construcción de estilo mudéjar, formada por un templete abierto por sus cuatro frentes sostenidos por pilares de ladrillo con contrafuertes radiales y arcos apuntados, que sostienen una bóveda octogonal de casquete sobre trompas, sobre las cuales corre una inscripción conmemorativa de la obra, debida al asistente Diego de Merlo en 1482. Cobija un crucero que en 1571 labró el escultor Bautista Vázquez [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Luis Montoto, a quien está dedicada esta vía del callejero;
     Luis Montoto y Rautenstrauch, (Sevilla, 18 de enero de 1851 – 30 de septiembre de 1929). Poeta y cronista de Sevilla.
     Nació en Sevilla en una familia de origen gallego por parte de padre y de origen bohemio e italiano, por parte de madre. A los quince años se convirtió en bachiller en Artes y, poco después se trasladó a Madrid para estudiar Ingeniería, estudios que abandonó por los de Derecho. Pronto dejó Madrid para continuar estudiando en Sevilla, ciudad en la que vivió los aires de la Revolución de 1868, aunque intervino poco en política a lo largo de su vida.
     Aún sin terminar los estudios, le ofrecieron colaborar en el periódico La Revolución Española (más tarde El Español) que dirigía Antonio Otal, su tío. También repartía su tiempo con la creación literaria y participaba en tertulias. Aparte de la literatura, los toros y el teatro fueron sus otras aficiones.
     Su primera obra se publicó en 1872 y se titula Melancolía.
     En 1873 escribió una obra de teatro para inaugurar el Teatro Cervantes (23 de abril), El último día.
     Se casó en Utrera (Sevilla) con Asunción de Sedas y Viguera (25 de agosto de 1878) y tuvo ocho hijos: José Luis, Diego, Luis, María de los Ángeles, María Josefa (María), Santiago (abogado y escritor), Cástor y Alejandro.
     Desde el primer momento fue un hombre hogareño, amante de su mujer y de sus hijos y gran defensor de la familia. No en balde los Quintero lo llamaron “el poeta del hogar” al dedicarle su comedia El nido.
     Compaginó su trabajo como notario en el arzobispado de Sevilla con su producción literaria. Fue miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y secretario de esta corporación desde 1884.
     También compartió amistad con Antonio Machado y Álvarez, con quien trabajó en sus estudios sobre el folclore. Fruto de esta colaboración con Demófilo son los tomos I y IV de la Biblioteca de las tradiciones populares, en donde insertó, bajo el título de Costumbres populares andaluzas, catorce artículos sobre la vida en un corral de vecinos. En 1981 el Ayuntamiento de Sevilla publicó estos artículos con el título de Los corrales de vecinos, obra integrada en la colección Biblioteca de Temas Sevillanos.
     En 1890 publicó Tiquis Miquis que, junto con Personajes, personas y personillas que corren por las tierras de ambas Castillas, su hijo Cástor considera como las más importantes de la extensa producción de Montoto.
      En 1891 ocurrieron dos hechos importantes en su biografía: la publicación de Historia de muchos Juanes (su obra más querida) y la elección, nuevamente, como concejal del Ayuntamiento de Sevilla.
     En 1902, la convalecencia de una enfermedad lo llevó a la novela y empezó a escribir, como distracción, Los cuatro ochavos. Al año siguiente apareció la segunda parte titulada El duro del vecino.
     La relación con el escritor sevillano Muñoz y Pabón dio como resultado la obra Trébol (1907): sátira poética del Modernismo.
     A partir de 1909 empezó a editar sus Obras Completas, para atender al deseo de muchos de sus lectores, que no conocían la mayoría de sus libros, de tirada poco numerosa. Se publicaron ocho volúmenes: tomo I: De re literaria (anécdotas, críticas, artículos, etc.); tomo II: Noches de luna (poesías); tomo III: Estafeta Literaria; tomo IV: Algo que se va (cuentos y artículos); tomo V: La Sevillana-Sevilla (poesías y cantares); tomo VI: Poemas y Cantares; tomo VII: Historia de muchos Juanes. Desde el cortijo. Poesías varias; tomo VIII: Versos de antaño. La musa popular. Trébol.
     Fue nombrado cronista oficial de la ciudad en 1914, a la muerte de Manuel Chaves y Rey. Poseía la Cruz de Oro Pro Ecclesia et Pontifice otorgada por Benedicto XV y la Gran Placa de Honor y Mérito de la Cruz Roja Española. Era miembro, entre otras, de las siguientes instituciones: Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Sevilla; Real Academia de la Historia (correspondiente por Sevilla) y Academia de San Luis de Zaragoza.
     En febrero de 1929 con el agravamiento de su enfermedad cesó toda actividad literaria. Murió en Sevilla el 30 de septiembre de 1929. Descansa en el panteón familiar de la capilla de San José de la Iglesia de San Bartolomé (María Isabel Gallardo Fernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Luis Montoto, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Luis Montoto, al detalle:
Edificio Luis Montoto, 3-5
Edificio Luis Montoto, 9
    Retablo cerámico de la Virgen de las Madejas
Vía Crucis - Quinta Estación (Hdad. de Pasión)
    Vía Crucis - Sexta Estación (Hdad. del Valle)
    Retablo cerámico de la Virgen de Valvanera
Asilo de las Hermanitas de los Pobres
Vía Crucis - Séptima Estación (Hdad. de la Candelaria)
Hotel Ibis Styles Sevilla City Santa Justa
Edificio Luis Montoto, 73
Edificio Progreso Industrial
Vía Crucis - Octava Estación (Hdad. de Los Gitanos)
Hotel Los Lebreros 
El Corte Inglés
Colegio Borbolla
    Azulejo conmemorativo Niños - Pájaros
    Azulejo conmemorativo Hombres - Pájaros
Vía Crucis - Novena Estación (Hdad. de La Esperanza de Triana).
Edificio Centro de Menores
    Vía Crucis - Décima Estación (Hdad. de La Estrella)
    Vía Crucis - Undécima Estación (Hdad. de La Exaltación)
Vía Crucis - Duodécima Estación (Hdad. del Cachorro)
Edificio El Asador de Aranda
Vía Crucis - Catorceava Estación (Hdad. de Santa Marta)

viernes, 12 de agosto de 2022

Un paseo por la avenida Eduardo Dato

     Por amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida Eduardo Dato, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 12 de agosto, es el aniversario del nacimiento (12 de agosto de 1856) de Eduardo Dato, de ahí que hoy sea el mejor día para ExplicArte la avenida Eduardo Dato, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La avenida Eduardo Dato es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de La Buhaira, Huerta del Pilar, La Florida, Nervión, y San Bernardo, en el Distrito Nervión; y va de la calle Demetrio de los Ríos, a la plaza Gran Plaza
      La avenida no posee siempre una adscripción precisa. En términos generales corresponde a un gran eje urbano, bien caracterizado desde el punto de vista genético, porque estructura el crecimiento de la ciudad; morfológico, ya que es ancha; y funcional, sobre todo por canalizar el tráfico rodado. Sin embargo, de acuerdo con esta definición, no hay razones, más que las convencionales, para considerar a unas vías como avenida y su prolongación, como calle. En otros casos, las avenidas constituyen el eje principal de un sector determinado o de una barriada, y si bien poseen las características de vía principal en relación a ese sector, no alcanzan dicho valor en el conjunto de la ciudad. 
     La avenida posee sobre todo un valor simbólico, y prueba de ello es que en Sevilla la avenida por excelencia es la hoy denominada de la Constitución, centro neurálgico de la ciudad, tanto de sus fiestas religiosas como de la actividad bancaria, y así es es reconocida sólo como la avenida. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.       
          En 1859 se le dio el nombre de Monte Rey a un pequeño tramo comprendido entre la calle San Bernardo y la Fundición de Artillería por situarse junto a un promontorio de igual denominación, de cuya existencia hay referencias al menos desde 1727. En 1868 se denomina paseo de las Cañadas al tramo comprendido entre la Puerta de la Carne y San Bernardo, si bien este topónimo apenas tiene vigencia y se consolida el de Monte Rey. En el plano de Poley y Poley (1910) se denomina callejón de Santo Domingo a un camino rural que coincide en parte con la actual avenida y que recibe su nombre del Convento de Santo Domingo de Portacoeli, fundado en terrenos de la Huerta del Rey en 1457. En 1922 a Monte Rey y su prolonga­ción hasta la nueva barriada de Nervión se le dio la denominación que hoy conserva, en memoria de Eduardo Dato Iradier (1856-1921), jefe de gobierno, que murió víctima de un atentado anarquista.
     La formación de esta avenida se apoya en tres elementos, en principio desconecta­dos entre ellos: a) una fundición de bronce levantada en el s. XVI, a la que sustituyó a finales del XVIII la Real Fábrica de Fundición de Artillería, que estaban situadas tras el arroyo Tagarete y cuyo aislamiento de la ciudad se vería reforzado más tarde por el trazado de la línea de ferrocarril; en 1832 ya existía un paseo arbolado que conducía desde la Puerta de la Carne hasta la Fundición, aunque en 1855 la prensa hacía referencia a "la que fue alameda", en estado intransitable y convertida en pantano; b) caminos rurales entre las huertas de San Salvador y de las Palmas a la izquierda y la del Rey a la derecha, de trazado sensiblemente rectilíneo; y c) la barriada Nervión, construida sobre terrenos del Cortijo Maestre Escuela en la década de 1910. De principios de siglo datan sendos proyectos de alineación entre Monte Rey y Jiménez Aranda (1901-1906) y San Bernardo (1911-1913); pero en 1929 se ponen de manifiesto las irregularidades del trazado de la vía como consecuencia del distinto origen de sus tramos; su anchura oscilaba entre los 41 m. que tenía delante de la Fundición, los 30 de la barriada Nervión y los 7 m. de un trozo del antiguo callejón de Santo Domingo, y presentaba quiebros muy acusados; se procede entonces a una alineación general, completada en 1942 y 1956 con operaciones de detalle. En la década de 1920 fue dotada con un boulevard central, sacrificado en 1961 a las exigencias del tráfico rodado. A finales de la década de 1970 se inició en Sevilla la construcción de los túneles para la instalación del ferrocarril metropolitano, coincidiendo en parte el trazado de la línea 1 con el de esta avenida, por lo que estuvo cerrada al tráfico rodado mientras duraron las obras; posteriormente se produjeron deformaciones en la calzada, llegándose a temer un hundimiento. La de­cisión de desistir de la construcción del me­tro en Sevilla ha significado la paralización de dichas obras.
     Monte Rey se adoquinó en 1907 y 1916; y en 1941 la Inmobiliaria Nervión cedió al Ayuntamiento la parte de la vía que hasta entonces era considerada de propiedad particular y también se adoquina. Otras infraestructuras y equipamientos se fueron instalando progresivamente: en 1914 se construyó una cloaca, en 1943 se introdujo una línea de tranvías y en 1951 se instaló el alumbrado eléctrico. Actualmente posee calzada de asfalto con cuatro vías para la circulación de vehículos y amplías aceras con zonas ajardinadas pero no muy cuidadas. Se ilumina mediante farolas de báculo. Cuenta con varias cabinas de teléfono, quioscos de prensa y paradas de autobús a lo largo de su recorrido. Confluyen por la acera de los pares Guadaira, San Bernardo, Portaceli, avenida de San Francisco Javier, Echegaray, Palacio Valdés, Ventura de la Vega, Larra, Ramón de la Cruz, éstas cinco últimas con acceso peatonal únicamente, y San Juan de Dios; por la acera de los impares desembocan a esta avenida Jiménez Aranda, Virgen de Valvanera, Santo Domingo de la Calzada, Luis de Morales, José Luis de Casso y Goya; está cruzada en su parte final por Marqués de Nervión, Cardenal Lluch y Beatriz de Suabia.
     Se conservan restos arqueológicos de una villa romana datados en el siglo I d.C. en la denominada Huerta del Rey, y, cerca­nos a éstos, los de una necrópolis de los siglos V y XI; pero la ocupación permanente de la zona se vincula a la construcción del palacio de La Buhayra -cuyo significado etimológico es el de laguna- por el califa almohade Abu  Yaqub Yusuf en 1171; según las descripciones conservadas, estuvo rodeado de magníficos jardines, trasplantándose miles de pies de olivos desde el Aljarafe y dis­tintos tipos de árboles frutales desde Guadix y Granada; un acueducto derivado de los Caños de Carmona garantizaba el abastecimiento de agua de estos jardines. Tras la toma de la ciudad por Fernando III, es posi­ble que el palacio quedara arruinado y los jardines pasaron a ser llamados Huerta del Rey. En 1457 Juan de Monsalves donó unas tierras en la Huerta del Rey al Convento de Santo Domingo de Portacoeli, fundado en 1450 por fray Rodrigo de Valencia de la orden dominica, y antes de finalizar la centuria se había construido el convento y su iglesia; de su ubicación exacta no tenemos más referencia que la antedicha que la sitúa en la Huerta del Rey.
     Hacia 1770 tiene lugar la instalación en parte de los terrenos de Monte Rey de la Real Fundición de Artillería, que se levanta sobre otra fundición de bronce, que allí existía con anterioridad, propiedad de Juan Morel. Ello ocasiona la progresiva ocupación de los terrenos circundantes con edificaciones anexas a la Fundición, tales como un almacén de leñas, construido en 1789, o unos almiares para guardar la paja que con­sumía el ganado empleado en la fundición, en 1794; con todo, la ocupación del sitio de Monte Rey será lenta; todavía a comienzos del s. XIX se sembraba y cuando en 1846 se sacó a subasta, los vecinos de San Bernardo, San Roque y la Calzada manifestaron su disconformidad al ser terrenos de pastos: "Que Sevilla, más agricultora que artista, no tenía más egido ni punto de apoyo que los estrechos de los prados de Santa Justa y San Sebastián, y el corto y miserable a que se ha reducido las dos dehesas de Tablada para el descanso de sus ganados, y siendo notorio que los espresados puntos en las grandes riadas se hallaban cubiertos de agua, no les quedaba otro punto para ocupar estos que el nombrado de Monte Rey, y que en vista de lo espuesto, el Ayuntamiento se sirviera acordar la suspensión de la subasta del indicado terreno." (Sec. 10, 2-IV-1846).
     A principios de la presente centuria se edificaron una serie de naves industriales frente a la Fábrica de Fundición y los terrenos de la Huerta del Rey, donde se ubicaron instalaciones fabriles como el tostadero de café de la casa Trueba, o el establecimiento para almacenaje de madera e hierro de la empresa Torras; en 1916 José Lisén obtuvo autorización para construir una plaza de toros, que fue inaugurada en 1918; esta plaza estuvo situada aproximadamente frente al actual colegio de Portaceli, próxima al barrio de San Bernardo y al Matadero, de tanta tradición taurina, contó con el apoyo de Joselito el Gallo, pero tuvo una corta y azarosa vida, siendo clausurada en 1921.
     Van a ser las construcciones de carácter residencial la que terminarán marcando la fisonomía de la avenida. Sin tomar en consideración las construcciones más antiguas que se sitúan a comienzos de la avenida, separadas por el puente del ferrocarril, de las que las de la derecha pertenecen al barrio de San Bernardo, el punto de partida será la urbanización de los terrenos del Cortijo Maestre Escuela a cargo del marqués del Nervión a finales de la década de 1910, que dará lugar a la formación del barrio que lleva su nombre; de 1948-49 es un edificio de viviendas de seis plantas, el núm. 37, obra del arquitecto R. Arévalo Carrasco; en la década de 1950 la Diputación Provincial de Sevilla promueve la construcción de varias manzanas de viviendas de seis plantas, situadas entre la avenida de San Francisco Javier y San Juan de Dios, y en la de los sesenta se construirá el denominado Parque de Óscar Carvallo, con bloques de 12 y 14 plantas, rodeados de zonas ajardinadas, y el edificio Huerta del Rey, de diez plantas, obra del arquitecto M. Trillo de Leyva. Desde entonces se ha procedido a la urbanización y edificación de los terrenos aún libres, revalorizados a raíz de las anteriores construcciones. Sin embargo, no toda la avenida está flanqueada por edificios residenciales, pues sus propias dimensiones y el largo periodo de tiempo transcurrido en su ocupación han propiciado la instalación de otros establecimientos. 
     Al principio de la calle se ha mantenido en funcionamiento la Fábrica de Fundición de Artillería, edificio construido entre 1757 y 1782, según el proyecto del arquitecto V. Sanmartín, al que se le han ido adosando otras edificaciones posteriormente. En la década de 1920 fue construido pró­ximo a Luis de Morales el primer estadio de fútbol del Sevilla, C.F., sustituido a finales de la década de 1950 por el actual; los terrenos sin construir que quedan en su manzana son ocupados temporalmente por cines de verano o instalaciones de feria, pero al haber sido recalificados como urbanizables en el Plan de Ordenación Urbana de 1987 aprobado, en breve se construirá en ellos. En 1943 en un chalet existente en la manzana entre San Juan de Dios y Marqués de Nervión se instaló el Sanatorio Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, de los hermanos de San Juan de Dios, dedicado a la atención de niños enfermos; en 1946 se iniciaron las obras para la construcción del actual edifi­cio, a cargo del arquitecto A. Gómez Millán. A partir de 1946 sobre los terrenos de la Huerta del Rey, donados por la casa de Me­dinaceli a la Compañía de Jesús en 1928, se construyó el colegio del Inmaculado Cora­zón de María, más conocido como Colegio Portaceli, rodeado por amplias zonas ver­des. Finalmente, un hotel de lujo ha sido construido en los 80, esquina a Santo Do­mingo de la Calzada. Junto al colegio de Portaceli se conservan los que fueran los antiguos Jardines de la Buhayra, con restos de la villa romana, la necrópolis, una alberca del s. XII, un palacete neomudéjar, parte del acueducto y de las acequias; en 1972 este conjunto, constituido por 18 hectáreas, fue declarado monumento histórico-artísti­co, sin embargo desde entonces ha continuado deteriorándose y sufriendo nuevas amputaciones, y actualmente su misma existencia está amenazada por el nuevo trazado subterráneo de la línea del ferrocarril.
     La avenida de Eduardo Dato se configura como uno de los ejes urbanos más importantes de la ciudad. Por una parte, se constituye en una de su principales arterias en la canalización del tráfico rodado desde la Gran Plaza hasta la "ronda", a través de uno de los puentes que salvaban la vía férrea, el puente de San Bernardo, construido en 1924. Por otra, aglutina una gran diversidad de funciones, desde las industriales, representadas tradicionalmente por la Fundición de Artillería, a las residenciales, educativas, sanitarias y deportivas. Por último, la avenida está cobrando un gran dinamismo económico, sobre todo a partir de la confluencia de Luis de Morales y la nueva avenida de San Francisco Javier, que ha dado lugar a la instalación de múltiples establecimientos comerciales, centros asistenciales y locales de negocios, constituyéndose así en el núcleo de un subcentro comercial y de negocios del sector este de la periferia urbana [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Eduardo Dato, s/n. FUNDICIÓN DE ARTILLERÍA. El edificio actual se levantó en el solar de otra fundición de bronce, que allí existía desde el siglo XVI, que había pertenecido a Juan Morel. Más tarde, fue adquirido por el Estado y en tiem­pos de Carlos III se ordena la construcción de un nuevo edificio, cuyos planos se encargaron al arquitecto Vicente de San Martín, y que hoy se conserva, aunque algunas partes han sufrido alteraciones posteriores.
Eduardo Dato, s/n. LA BUHAIRA. En los jardines del Colegio de Portaceli existen los restos de un palacio almohade construido en el siglo XII, rodeado por unos grandes jardines [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Eduardo Dato, a quien está dedicada esta vía;    
     Eduardo Dato Iradier, (La Coruña, 12 de agosto de 1856 – Madrid, 8 de marzo de 1921). Jurista, político, jefe del Gobierno y del Partido Conservador.
     Perteneciente a un linaje hidalgo originario del Alto León, pero arraigado en la región de Murcia desde el siglo XIII, nació en La Coruña, donde su padre, el entonces teniente coronel Carlos Dato, se hallaba destinado; pero siempre se sintió más vinculado a Vitoria: su madre, Lorenza Iradier, había nacido en Lanciego (Álava) y en Vitoria nació su futura esposa, Carmen Barrenechea. 
   Como sus antepasados paternos, quiso seguir la carrera de las armas, pero el destronamiento de Isabel II en 1868 decidió a Carlos Dato a pedir el retiro y a apartar a su hijo de ese camino. Cursó la carrera de Derecho con gran aprovechamiento, licenciándose en 1875; ejerció como abogado, primero en el bufete de Mariano Aguilar, y luego en el de Gamazo, hasta que abrió bufete propio, alcanzando éxitos de gran resonancia, como el que obtuvo en la defensa de la duquesa de Castro-Enríquez, y en el pleito abierto en torno a la herencia del barón de Rotschild (lo que le convertiría en asesor jurídico del titular, en conexión con Bauer, su representante en España).
     Su entrada en la política activa la hizo como diputado por el distrito leonés de Murias de Paredes, en el que ejercía un patriarcal cacicato la familia de los Álvarez Carballo, cuyos bienes había administrado con talento y fortuna, y que le respaldaron en todo momento. Figuró por primera vez en las Cortes en 1884, afiliado al Partido Conservador de Cánovas del Castillo, pero en 1885, al producirse la muerte de Alfonso XII, se sumó a la disidencia de Romero Robledo, disconforme con la decisión de Cánovas de ceder el poder a Sagasta —decisión con la que aquél había procurado, acertadamente, afianzar el Régimen en un momento crítico—. Vuelto a la obediencia canovista en 1887, figuró ya como subsecretario de Gobernación en el Gabinete conservador de 1892, y por encargo de Fernández Villaverde, titular de aquella cartera, redactó un informe ejemplar sobre las irregularidades registradas en el Ayuntamiento madrileño.
     La resistencia de Cánovas a proceder —en consecuencia— contra el alcalde, Alberto Bosch, dio lugar a una crisis que provocó la nueva disidencia, esta vez iniciada por Silvela y Fernández Villaverde, a la que se sumó Dato.
     Tras el asesinato de Cánovas en 1897 y el desastre ultramarino bajo el penúltimo Gobierno Sagasta, Dato entró en el Gobierno regeneracionista presidido por Silvela (1899-1900), en el que asumió la cartera de Gobernación, iniciando entonces una importante política social a través de dos Leyes (la de Accidentes del Trabajo y la que regulaba el trabajo de mujeres y niños en las fábricas), punto de partida de una inédita orientación intervencionista ya preconizada por Cánovas en el Partido Conservador, que enfrentaría a Dato con el empresariado catalán, según se puso de relieve durante su visita al principado en mayo de 1900 (jornadas de las “xiulades”), al paso que le ganaba la adhesión entusiasta del obrerismo no captado por la corriente socialista de la Unión General de Trabajadores (UGT) o por el anarquismo de inspiración italiana, muy activo por entonces en Cataluña. En cambio, sus primeros esbozos de un proyecto de administración descentralizada, preconizado por Silvela, no llegaron a cristalizar, al interponerse la crisis de octubre de 1900, que daría paso a una nueva alternativa liberal y al último Gobierno Sagasta, que presidió la jura de Alfonso XIII al alcanzar éste la mayoría de edad el 17 de mayo de 1902.
     Ministro de Gracia y Justicia en el segundo Gobierno presidido por Silvela (1902-1904), puso en vigor la Ley de Descanso Dominical, pero la nueva crisis del partido, esta vez provocada por la disidencia de Villaverde —que presidía las Cortes recién elegidas— abrió paso a un nuevo turno liberal, durante el cual se produjo la retirada de Silvela de la política activa, tras señalar como su heredero al frente del partido a Antonio Maura, que había ingresado en él tras romper con el Partido Liberal juntamente con Gamazo.
     Aunque hasta ese momento Dato había sido considerado como el lógico delfín de Silvela, la decisión de éste, seducido por la fuerte personalidad de Maura y la brillantez de su programa regeneracionista identificable con el suyo propio, contó con la leal aceptación de Dato, que se convirtió en uno de los principales apoyos del maurismo en la década inicial del siglo XX. Durante el gobierno largo de Antonio Maura (1907-1909), ocupó primero la alcaldía de Madrid, y, al reunirse las Cortes conservadoras fue elevado a la presidencia de la Cámara Baja, en la que se mantuvo durante toda esta laboriosa etapa, liquidada lamentablemente, tras sus éxitos iniciales, a consecuencia de los graves sucesos de Barcelona, provocados por la desafortunada campaña de Melilla y la imprudente movilización de los reservistas. La represión de la Semana Trágica, dirigida por Cierva, y concretamente el proceso y ejecución del anarquista Ferrer Guardia (ejecución que Dato había desaconsejado) provocaron la clamorosa reacción antimaurista que no se limitó sólo a las izquierdas españolas —incluidas las dinásticas— sino a las europeas en general, decidiendo a Alfonso XIII a despedir a Maura y a dar acceso al Gobierno liberal de Canalejas tras el breve paso de Moret por el poder.
     La turbia campaña antimaurista había provocado la ruptura del Pacto de El Pardo y, por su parte, Maura declaró “implacable hostilidad” a los liberales. Aunque Canalejas intentó restaurar el Pacto durante su notable etapa de gobierno, su muerte en el atentado de Pardinas (1912) hizo imposible la reconciliación necesaria de ambos partidos. En 1913, agotada la situación liberal —que un débil Gobierno Romanones había prolongado— Alfonso XIII llamó a Maura al Poder, pero éste negó su colaboración al Rey, mostrándose incompatible con el liberalismo responsable de la crisis de 1909. Ante tal situación, la mayoría del Partido Conservador, entendiendo que no podía dejar sin asistencia al Monarca, se mostró favorable a que Dato asumiese la presidencia del Gobierno en lugar de Maura. Aunque la solución era perfectamente correcta bajo el punto de vista constitucional, desde entonces apareció el Partido Conservador dividido en dos facciones; la de los seguidores de Dato y Sánchez Guerra y la de los mauristas, que motejaron a aquéllos de idóneos; y aunque Dato rechazó, por lo pronto, la jefatura del Partido, al cabo hubo de aceptarla, respaldado por las Cortes (1914); por entonces, dejó de representar el distrito de Murias, que cambió por el de Vitoria, ciudad que le ha conservado una agradecida memoria.
     Este primer gobierno de Dato coincidió con el comienzo de la Primera Guerra Mundial, en la que la acertada y firme decisión de aquél de mantener la estricta neutralidad de España —de acuerdo con el Rey— abrió a nuestro país una coyuntura económica sumamente favorable, al paso que las gestiones de don Alfonso para aliviar la situación de las retaguardias en los países combatientes restauró la buena imagen de España, comprometida gravemente por la “ferrerada” de 1909. En cuanto al Pacto de El Pardo quedó en cierto modo restaurado: en 1915, Romanones encabezó un turno liberal, y en 1917 Dato volvió al poder al frente de los conservadores, en situación muy grave, pues hubo de hacer frente al movimiento militar de las Juntas de Defensa, al reto del regionalismo catalán (la “asamblea de Parlamentarios”, convocada por Cambó en Barcelona estando cerradas las Cortes) y, finalmente, a la huelga revolucionaria de agosto de ese mismo año, promovida por republicanos y socialistas, y estimulada por los inicios de la revolución bolchevique en Rusia. Dato aparcó el problema de las Juntas, disolvió la asamblea de parlamentarios, y logró superar la llamada “revolución de agosto” —que tuvo especial incidencia en la zona asturiana— contando con el Ejército, pero evitando derramamientos de sangre. Sin embargo, tras asegurar la pacificación del país hubo de dar paso a un nuevo turno liberal.
     En el Gobierno Nacional de 1918, nueva modalidad política que pretendía superar la fragmentación de los partidos dinásticos frente a la crecida de las fuerzas adversas al régimen, y que el Rey consiguió que presidiera Maura, Dato asumió la cartera de Estado, en la que hubo de hacer frente al riesgo de ruptura con Alemania, provocada por la guerra submarina desencadenada por ésta, y que afectó a buques españoles.
     Pero en octubre se produjo la crisis del Gobierno, dada la toma de posiciones de los partidos ante el final de la guerra y la construcción del nuevo orden mundial.
     En la etapa que siguió, Dato se esforzó por lograr que Maura fuese restaurado en la jefatura del Partido, empeño en que no coincidían, en absoluto, todos los llamados idóneos. En 1920, y aunque se resistió a ello, Eduardo Dato hubo de volver a presidir un Gobierno, en momentos difíciles, condicionados por la crisis de la posguerra. Especialmente grave era la situación de Cataluña, en que la guerra social (sindicato único, cenetista, frente a sindicato libre, apoyado por la patronal) había obligado a los regionalistas a aparcar sus propias reivindicaciones, pero reclamando a Dato el nombramiento de un hombre fuerte que al frente del gobierno del Principado fuese capaz de frenar el pistolerismo convertido en ley. Dato, que se había esforzado por paliar la situación con medios estrictamente constitucionales, al paso que culminaba su programa social con la creación del Ministerio del Trabajo, hubo de ceder a las presiones de las llamadas fuerzas vivas de Cataluña, que le señalaron al general Martínez Anido como el “hombre fuerte” que venían exigiendo. Aunque a disgusto, Dato designó al general dándole carta blanca para que actuase según su criterio; pero la dureza de aquél en su gestión (que tuvo su expresión más significativa en la aplicación de la tristemente célebre ley de fugas) se volvió, no contra el general, que sabía protegerse muy bien, sino contra el jefe del Gobierno que le había situado en Barcelona. La consecuencia fue el crimen —programado por la Confederación Nacional de Trabajadores— que puso fin a la vida de Dato en la plaza de la Independencia madrileña, el 8 de marzo de 1921, por obra de cinco sindicalistas catalanes que ametrallaron el coche oficial del ministro cuando éste se dirigía a su domicilio en la calle de Lagasca. Como ya había sucedido en el caso de Canalejas, el sindicalismo revolucionario eliminaba así a quien había sido máximo promotor de la justicia social en España.
     Dato se había casado, muy joven, con Carmen Barrenechea, natural de Vitoria, de la que tuvo un hijo —que murió niño— y tres hijas, Isabel, Carmen y Concha. El Rey otorgó al presidente el título ducal, que recibió su viuda y ésta transmitió a su hija Isabel.
     Dato perteneció a las Academias de Ciencias Morales y Políticas y a la de Jurisprudencia y Legislación, que llegó a presidir y en la que publicó notables estudios jurídicos (Carlos Seco Serrano, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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