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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 7 de diciembre de 2025

Un paseo por el pasaje José María del Rey

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el pasaje José María del Rey, de Sevilla, dando un paseo por él.
     Hoy, 7 de diciembre, es el aniversario del fallecimiento (7 de diciembre de 1987) de José María del Rey, a quien está dedicada esta vía, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el pasaje José María del Rey, de Sevilla, dando un paseo por él.
     El pasaje José María del Rey, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, en el Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Postigo del Carbón, Temprado, y Santander, al paseo Cristóbal Colón.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. 
   También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     El pasaje constituye un tipo de calle con características genéticas propias. Se da este nombre a aquellas vías abiertas en el casco histórico, en los siglos XIX y XX, cuya finalidad era romper grandes manzanas, sobre todo a partir del proceso desamortizador, cuando se urbanizan terrenos pertenecientes a instituciones religiosas. Generalmente, la apertura de un pasaje se debe a la iniciativa privada, que es la que urbaniza el sector, y después de un período más o menos largo pasa a propiedad municipal. Por extensión se ha seguido utilizando esta denominación, incorporada al topónimo oficial (Pasaje de los Seises, Pasaje del Ateneo, etc.), en operaciones de apertura de calle, en algunos casos techada, en la zona comercial de la ciudad.
     Es una vía peatonal abierta al construirse el edificio de la Previsión Española, conectando éste con la Torre de la Plata, por lo que todo su comentario se basa en la zona amurallada adyacente a ésta, destacando el gran arco cegado, que originalmente era la salida de los barcos desde las atarazanas almohades.
Conozcamos mejor la Biografía de José María del Rey, quien mereció ser recordado con su nombre en esta vía;
     José María del Rey Caballero, Selipe. (Sevilla, 1902 – Madrid, 7 de diciembre de 1987). Abogado, periodista y escritor taurino.
     Era hijo de otro escritor taurino de quien heredó aficiones y apodo. Su padre, el notario José María del Rey Delgado, había publicado en Sevilla, en 1894, Espartero y Guerrita. Apuntes por Selipe (con un prólogo por Cilva).
     Comenzó su carrera periodística en su Sevilla natal, donde llegaría a ser miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y a ser nombrado hijo predilecto de Sevilla.
     Ya licenciado en Derecho, fue redactor de El Noticiero Sevillano (1929‑1932) y, más tarde, subdirector y redactor de El Correo de Andalucía (1935‑1938). También, durante la Guerra Civil española, fue director en Sevilla del falangista FE (1938‑1939).
     Después de la guerra fue comentarista taurino de Semana de 1945 a 1960 y cronista de ABC desde la retirada de Giraldillo hasta 1958. Es curioso señalar que entre Selipe y Díaz Cañabate escribió de toros en ABC el mismo Luis Calvo, que luego sería su director. Nos consta al menos que cubrió la Feria de Sevilla de 1958 firmando como Don Jorgito.
     Fue redactor también de La Hoja del Lunes de Madrid de 1962 a 1969. Más tarde, colaboró con regularidad en la revista Diez Minutos y también en el diario Ya de la época de la Transición hasta por lo menos 1980.
     Selipe, sevillano, era un crítico de una gran seriedad, mesurado y de estilo conciso y elegante. Como R. Capdevila, escribía de toros sin abusar del lenguaje castizo ni del argot típicamente taurino, más bien todo lo contrario.
     Su prestigio como cronista taurino le llevó a sentar cátedra en numerosos foros. Por ejemplo, en 1946 ofreció una conferencia sobre Sevilla y la fiesta de los toros en el Club Taurino Madrileño. Es también autor de varios libros taurinos, sobre todo uno que dedica a comparar la figura de Manolete con la del pintor Vázquez Díaz.
     Estuvo casado con Flora Villaverde Alcáin, que le dio cuatro hijos, tres varones y una mujer (Alejandro Pizarroso Quintero, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el pasaje José María del Rey, de Sevilla, dando un paseo por él. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

El pasaje José María del Rey, al detalle:
Torre de la Plata
Edificio de la Previsión Española

martes, 21 de octubre de 2025

El edificio 3 "José Moñino, Conde de Floridablanca", y sus jardines, de Luis Gómez Stern, Alfonso Toro Buiza, y Rodrigo, y Felipe Medina Benjumea, en la Universidad Pablo de Olavide, en Dos Hermanas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el "José Moñino, Conde de Floridablanca", y sus jardines, de Luis Gómez Stern, Alfonso Toro Buiza, y Rodrigo, y Felipe Medina Benjumea, en la Universidad Pablo de Olavide, en Dos Hermanas (Sevilla)
     Hoy, 21 de octubre, es el aniversario del nacimiento (21 de octubre de 1728) de José Moñino, Conde de Floridablanca, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el edificio 3 "José Moñino, Conde de Floridablanca", y sus jardines, de Luis Gómez Stern, Alfonso Toro Buiza, y Rodrigo, y Felipe Medina Benjumea, en la Universidad Pablo de Olavide, en Dos Hermanas (Sevilla)
     Edificio perteneciente al núcleo de la antigua Universidad Laboral, hoy Universidad Pablo de Olavide, ejemplo de arquitectura del Movimiento Moderno que constituye una expresión de vanguardia en el contexto andaluz por el grupo de arquitectos OTAISA. El edificio es concebido a partir de una volumetría simple y racionalista, su materialidad original exterior fue la del mampuesto cerámico o ladrillo visto. Sin embargo, en el presente dicha textura se ve cubierta por un revoco pintado, de cromatismo variable según partes del mismo. El lenguaje formal adoptado, por tanto, es de  alta abstracción e identidad con el discurso racionalista propio de los años en que se construyó. 
     El edificio se ordena de acuerdo a un eje longitudinal, del cual dependen las circulaciones principales en sus cuatro niveles (planta baja y tres niveles superiores) y los distintos espacios servidos (despachos, aulas, depósitos). Tres líneas de circulación vinculan verticalmente los distintos pisos del edificio: una exterior -próxima al ingreso- y dos interiores. 
     Sólo una de dichas circulaciones se vincula a un sistema mecánico de ascensor. La respuesta funcional de esta arquitectura tiene una gran correspondencia con la disposición general en planta, estando también en directa relación con los espacios ajardinados exteriores. Al igual que las demás construcciones (edificios 2 al 14) se vincula en forma de peine con el pasillo central o llamado Pasaje de la ilustración, que hace las veces de columna vertebral del conjunto. 
     Los actuales edificios Conde de Floridablanca, José Moñino (edificio 3) y José María Blanco White (edificio 5) de la Universidad Pablo de Olavide conformaban el Colegio Fernando de Herrera de la antigua Universidad Laboral de Sevilla. 
     Este edificio albergaba salas de entretenimiento, en la planta baja, y residencia, en las cuatro restantes, para los estudiantes que cursaban Formación Profesional Industrial del grado de Maestría de Industrial.
      En la actualidad se localizan aulas para la docencia en diversas áreas del conocimiento, mientras que las antiguas habitaciones de los estudiantes han pasado a ser los despachos de los profesores de la actual universidad.
     Los Jardines están situados entre el Edificio 01. Cafetería y el Edificio 03. José Moñino, Conde de Floridablanca. Este patio es de planta rectangular y se configura en dos alturas. Está compuesto por diversas especies de arbustos, plantas, árboles, así como por una especie de palmera.
     Se distingue un rectángulo central, con terreno plano y base de hierba/tierra, que se encuentra delimitado por una hilera de adoquines que sobresalen del nivel del suelo. Desde aquí, el terreno se eleva en una suave pendiente, también con base de hierba/tierra y delimitado por una hilera de adoquines, que sobresalen del nivel del suelo.
     En los extremos oeste y este se localizan dos escaleras de piedra que dan acceso a la parte central del patio. Por todo el perímetro, a excepción del lado sur, se extiende un arriate construido con adoquines, que sirve para separar el jardín del acerado que lo rodea y en el que se localizan algunos setos. 
     Situado junto al edificio 1 y separado del patio por un tramo de acerado se encuentra otro arriate, que se extiende por todo el lateral del mismo.
     En cuanto a las especies presentes, en la cara sur se distinguen ejemplares de Adelfa (Nerium oleander), Tuya oriental (Thuja orientalis), Palmera canaria (Phoenix canariensis), Palmera mexicana (Washingtonia robusta), Pino australiano (Casuarina equisetifolia), Ciprés (Cupressus sempervirens) y Olivo (Olea europaea).
     La Adelfa presenta hojas simples y lanceoladas de color verde, con frutos pardo-rojizos, y flores agrupadas normalmente de color rosa, aunque también las hay blancas, rojas y amarillas; se trata de una planta muy tóxica, cuya ingesta produce la muerte. 
     La Tuya oriental es un árbol de talla pequeña. Sus hojas son de color verde claro, estrechas y escamosas, las flores se encuentran agrupadas y florecen en primavera; los frutos tiene forma de piña, son ovoides y algo carnosos.
     La Palmera canaria tiene un tronco de hasta 1 m de diámetro y puede crecer hasta los 20 metros de altura, sus hojas son de color verde brillante y están arqueadas, las flores pueden ser masculinas o femeninas y están presentes en ejemplares distintos; las flores femeninas producen frutos en forma de bayas de color naranja.
     La Palmera mexicana llega a superar los 30 m de altura, tiene un tronco fino, hojas muy grandes de color verde brillante, flores hermafroditas de color blanco y frutos pardos de menos de 1 cm.
     El Pino australiano tiene una altura de entre 25-30 m de altura y es un árbol perenne. Sus hojas son finas y escamosa, parecidas a las acículas de los pinos; se multiplica por semillas, las cuales son en forma de sámara.
     El Ciprés es una conífera que puede alcanzar los 30 metros de altura, con porte compacto y estrecho. Presenta hojas escamiformes, delgadas, aplanadas, de color verde oscuro y sin glándulas resiníferas. 
     El Olivo es un árbol que no suele superar los 10 metros de altura, sus hojas son verde oscuro en el haz y blanquecinas en el envés, las flores son blancas y se agrupan en racimos, y su fruto son las aceitunas.
     Ejemplares de Fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia) son visibles en la fachada oeste, junto con otros de Olivo (Olea europaea), Adelfa (Nerium oleander) y Tuya oriental (Thuja orientalis). El Fresno de hoja estrecha es un árbol caduco, con hojas opuestas, alternas, de borde dentado, y glabras por ambas caras, que puede alcanzar los 20 metros de altura; las flores son apétalas y el fruto es una sámara en forma de lengüeta aplastada.
     En la cara norte hay individuos de Cinamomo (Melia azedarach), Granado (Punica granatum), Palmera Canaria (Phoenix canariensis) y Palmera Mexicana (Washingtonia robusta). El Cinamomo es un árbol que puede crecer hasta los 12 metros de altura, con hojas de color verde claro. Sus flores son de color lila azulado, de unos 2 cm de ancho y se agrupan en racimos. El fruto es una drupa globosa de color amarillo que se mantiene en el árbol todo el invierno y resulta venenoso para personas y animales. El Granado es un pequeño árbol caducifolio que crece hasta los 6 metros de altura; presenta un tronco retorcido, hojas verde brillantes, flores solitarias o en grupo, de color rojo y tamaño grande; su fruto es la granada, una baya esférica de color rojo brillante y uno 6 cm de diámetro, en cuyo interior hay numerosas semillas.
     Las Oficinas Técnicas de Arquitectura e Ingeniería S.A. (OTAISA) recibieron el encargo de construir la Universidad Laboral de Sevilla en 1949.
     Además de las edificaciones destinadas a acoger a los alumnos, los arquitectos encargados de proyecto tuvieron en cuenta la importancia de los jardines en un campus como este, creando diferentes composiciones, que van desde espacios verdes pequeños a jardines de mayor envergadura y trazado geométrico, pasando por grandes arboledas que limitan con las zonas de cultivo cercanas a la universidad.
     Actualmente estos jardines forman parte de la Universidad Pablo de Olavide, que se asienta en los terrenos de la Antigua Universidad Laboral (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Biografía de José Moíno, Conde de Floridablanca, personaje que da nombre a la obra reseñada;
     José Moñino y Redondo, I Conde de Floridablanca. (Murcia, 21 de octubre de 1728 – Sevilla, 30 de diciembre de 1808). Estadista, político y jurista.
     Al ser bautizado, en la parroquia de San Bartolomé de Murcia, el 24 de octubre de 1728, le fueron impuestos los nombres de José Antonio Nolasco.
     Su padre, José Moñino y Gómez, que también había nacido y sido bautizado en Murcia, el 3 de abril de 1702, y que en esa misma ciudad murió el 10 de marzo de 1786, estaba empleado en el obispado de Cartagena, como oficial mayor de visita, hasta que, en 1735, fue nombrado notario mayor y archivero de la Audiencia episcopal. De progenie de ilustre abolengo, que se remontaba al año 1272, cuando fueron repartidas tierras, en Orihuela, a un tal Benito Pérez Moñino, sus rentas familiares no se hallaban parejamente desahogadas. Había contraído matrimonio, también en Murcia, el 4 de febrero de 1728, con Josefa Francisca Redondo y Bermejo, natural de Sigüenza (Guadalajara), donde había nacido el 5 de enero de 1701.
     Fue José el primogénito de cinco hijos, al que seguirían Manuela, Gregoria, Fulgencio y Francisco, todos ellos nacidos en la ciudad de Murcia.
     Su hermano Fulgencio (1740-1778) llegó a ser prebendado racionero de la iglesia catedral de Murcia, en 1770. La hermana mayor, Manuela, nacida en 1732, se casó con Carlos Salinas y Moreno, natural de Hellín.
     Su hijo, Francisco Salinas y Moñino, sería el sobrino predilecto del futuro conde de Floridablanca, apodado por él, cariñosamente, el Soldado, puesto que siguió la carrera militar, y también la diplomática, gracias al eficaz patrocinio de su tío. La segunda de sus hermanas, Gregoria Moñino y Redondo, contrajo matrimonio con Antonio Robles Vives, nacido en Lorca en 1735, tesorero administrador de la Bula de la Santa Cruzada en Murcia, fiscal de la Real Chancillería de Valladolid (1769) y consejero togado de Hacienda (1779). Una especial mención merece el hermano pequeño, Francisco Moñino y Redondo, cuya carrera debería mucho, igualmente, a la protección de su encumbrado hermano mayor.
     A los ocho años de edad, en 1736, José Moñino y Redondo ingresó en el seminario conciliar de San Fulgencio de Murcia. Prosiguió sus estudios en la Universidad de Orihuela, desde 1740, graduándose en Leyes el 30 de mayo de 1744. De regreso en su ciudad natal, pasó a desempeñar, entre 1745 y 1748, la Cátedra de Derecho Civil del seminario de San Fulgencio. Fue su primer catedrático de Instituta, al tiempo que trabajaba, desde el 12 de junio de 1744, como pasante en el bufete de un abogado murciano, Pedro Marín Alfocea. Ese último año, de 1748, con veinte de edad, se trasladó a Madrid, donde fue recibido como abogado de los Reales Consejos el 3 de agosto de 1748, y donde permaneció durante otros dieciocho, ejerciendo la abogacía. También desempeñó algunas comisiones, confiadas por el Consejo Real de Castilla, como, en 1752, la de juez pesquisidor en La Mancha y La Puebla de Don Fadrique, encargado de procesar a los agresores de un alcalde ordinario, y a los que causaban daños en los montes. Se encargó de la defensa letrada de los asuntos del duque de Arcos, en la Corte, desde 1755; y de este mismo año datan dos alegaciones jurídicas, ambas impresas, en pleitos de cierta envergadura, sobre posesión de mayorazgos y disfrute de vínculos por parte de familias originarias de Orihuela: las de Molins y Carrasco, y las de Masqueta y Rosel.
     Su talento y talante como abogado serían sintetizados por Alberto Lista (1775-1848), en un Elogio histórico póstumo, como de una elocuencia más penetrante que viva, más inclinada a la insinuación que a la vehemencia.
     Un carácter que le sería atribuido, como personal y distintivo, a lo largo de toda su carrera política. Fue mereciendo, paulatinamente, el apoyo y la protección de algunas otras poderosas familias nobiliarias, como la del duque de Osuna o la de la marquesa de Perales. En reconocimiento de sus méritos, Carlos III le otorgó honores de alcalde de Casa y Corte el 13 de julio de 1763.
     Más que esta distinción honorífica, contribuyó a su posterior ascenso profesional, y político, su apoyo al Tratado de la Regalía de Amortización, publicado, en 1765, por Pedro Rodríguez Campomanes, fiscal del Consejo de Castilla. Bajo el seudónimo de Antonio José Dorre, escribió Moñino una Carta apologética sobre el tratado de Amortización del Señor Campomanes, que dirigía a un innominado fray M., con fecha de 28 de agosto de 1765, defendiendo la facultad regia de limitar la adquisición de bienes raíces por parte de las manos muertas eclesiásticas. Tras los graves acontecimientos del motín contra Esquilache, de la primavera de 1766, y el nombramiento del conde de Aranda como presidente del Consejo de Castilla, Lope de Sierra y Cienfuegos, también fiscal del Consejo Real, fue ascendido a consejero el 9 de agosto de 1766. Quedaba, de esta forma, expedito el camino para que el anónimo —pero, bien conocido— apologista del Tratado campomanesiano accediese a la segunda fiscalía, que estaba vacante. Y así es como José Moñino fue nombrado fiscal de lo criminal del Consejo Real de Castilla, en virtud de título despachado por Real Provisión, expedida en San Ildefonso, de 31 de agosto de 1766. Al ser creada una tercera plaza de fiscal, por Real Decreto de 9 de junio de 1769, dada la acumulación de negocios y procesos pendientes, Campomanes, como fiscal más antiguo, se reservó el distrito territorial de Castilla la Vieja, lo que suponía entender de todos los negocios (criminales, contenciosos y gubernativos), pero sólo de los procedentes de la Chancillería de Valladolid, y de las Audiencias de Galicia y Asturias. Por su parte, a Moñino le correspondió el distrito de Castilla la Nueva, que abarcaba la Chancillería de Granada, y las Audiencias de Sevilla y Canarias.
     Una circunscripción, la castellana y manchega, que Moñino conocía muy bien, dado que, además de las mencionadas comisiones de sus tiempos de joven abogado, tras los motines provinciales de la primavera de 1766, había sido enviado por el Consejo de Castilla, el 9 de mayo de 1766, como corregidor interino y juez comisario a Cuenca, con el cometido de inquirir sobre los autores de la revuelta, restablecer la paz, y arreglar el gobierno municipal. Tomó posesión de su cargo el 15 de mayo de 1766, y, el 29 de mayo, ordenó la detención de los principales implicados en los tumultos.
     A continuación, de acuerdo con sus instrucciones, inició las operaciones de división de la ciudad en distritos (cuarteles y barrios), a cargo de regidores y diputados del común, la puesta en marcha de un hospicio, y el restablecimiento del orden público.
     Toda esta labor de reorganización municipal se vio interrumpida con su designación como fiscal de lo criminal del Consejo de Castilla, el 31 de agosto de 1766. En los seis años siguientes, a la sombra de Campomanes, cimentaría Moñino una sólida fama de regalista, prudente, ponderado en las formas, pero firme en el fondo.
     Como tal le calificaría José Nicolás de Azara, agente de Preces en Roma, en carta dirigida al primer secretario de Estado y del Despacho, Jerónimo Grimaldi, el 29 de noviembre de 1772: recogiendo, en ella, una expresión italiana, decía que poseía testa fredda e cuore caldo.
     Buena prueba de lo cual son varias de sus respuestas o alegaciones fiscales. En la primera de ellas, evacuada, con ocasión del llamado Expediente del Obispo de Cuenca, el 12 de abril de 1767, le recordaría Moñino a este prelado, Isidro Carvajal y Lancáster, una serie de regalías que no podían ser desconocidas por la Iglesia: que a la Corona le asistía el derecho de exigir tributo de los bienes adquiridos por las manos muertas; que el número excesivo de clérigos reclamaba una reducción de los beneficios eclesiásticos, y una mayor disciplina interna; o que era la jurisdicción real la atropellada por la jurisdicción eclesiástica, y no a la inversa. Mayor eco tuvo su participación en la redacción de la segunda versión (de 1769) del llamado Juicio Imparcial sobre el Monitorio de Parma, atribuido a Campomanes. Dispuesta, por Real Provisión de 16 de marzo de 1768, la recogida del breve pontificio con el que Clemente XIII había fulminado censuras, el 30 de enero, contra ciertas disposiciones regalistas del Duque de Parma, Grimaldi solicitó de Campomanes, el 23 de febrero, la elaboración de una réplica fundamentada. Así nació la primera versión del Juicio Imparcial, impresa en agosto de 1768.
     Calificada de excesivamente regalista por los prelados que integraban el Consejo extraordinario o Sala especial del Consejo de Castilla encargada del conocimiento y resolución de los expedientes relacionados con la expulsión de la Compañía de Jesús de España y las Indias, acaecida desde la promulgación de la Pragmática Sanción de 2 de abril de 1767, Carlos III resolvió, el 19 de noviembre de 1768, su censura y corrección oficial. Tal labor de revisión fue llevada a cabo por dichos prelados, junto con Moñino, hasta el mes de julio de 1769.
     Sólo entonces fue posible la impresión de esta segunda edición, y la recogida y eliminación de los ejemplares de la primera. Algunas ideas radicales, sostenidas por Campomanes en materia de historia eclesiástica, fueron suprimidas. Mantuvo Moñino, empero, la estructura campomanesiana del Juicio Imparcial, y sus ideas esenciales, sólo que expresadas más sutilmente: la sumisión de los eclesiásticos al poder civil en asuntos temporales, la carencia de jurisdicción temporal por parte de la Iglesia, el origen regio de las inmunidades eclesiásticas, etc.
     Unos argumentos regalistas que fueron apareciendo en otros dictámenes fiscales suyos, sobre cuestiones más o menos conexas: acerca de la libre disposición regia sobre los bienes ocupados a los jesuitas (1768) y la reivindicación del dominio, señorío y vasallaje del Estado de Montaragut (1768); o sobre los recursos de nuevos diezmos en Cataluña (1770) y las primicias de Aragón (1770). Sin olvidar los que eran de materia no necesariamente eclesiástica: sobre los presidios de África (1769), el acopio de trigo para el abasto de Madrid (1769), en el Expediente de la Provincia de Extremadura contra la Mesta (1770), o sobre el método de estudios de la Universidad de Granada (1772).
     Para cubrir la vacante ocasionada por el fallecimiento de Tomás de Azpuru, arzobispo de Valencia, José Moñino fue nombrado, por Carlos III, el 24 de marzo de 1772, ministro plenipotenciario interino ante la Santa Sede. En tal destino se requería a un buen y firme regalista, pero, además, el Monarca quería a alguien que estuviese persuadido de la conveniencia de la extinción de la Compañía de Jesús. Y, de eso, había dado probadas muestras en el dictamen fiscal que, acerca de su necesaria extinción, en cooperación con las Cortes de Versalles y Lisboa, había elaborado, conjuntamente con Campomanes, el 26 de noviembre de 1767. Ambos fiscales habían acusado a los jesuitas de obstinados defensores de doctrinas contrarias al poder temporal y real, y de desobedientes a la autoridad civil, dada su dependencia absoluta del Sumo Pontífice. Para acabar con la Compañía de Jesús era aconsejable, no la celebración de concilios generales o nacionales, sino la directa decisión de su extinción, adoptada por el Romano Pontífice, al igual que había hecho Clemente V para suprimir la Orden del Temple, en 1312. Con tal convencimiento, y cometido principal, partió Moñino de Madrid el 16 de mayo de 1772. Pocos días antes, mediante un Real Decreto de 5 de mayo, y posterior Real Provisión, expedida en Aranjuez, de 9 de mayo de 1772, le había sido concedida una plaza de consejero de Castilla; que se unía a la previa merced regia, el 22 de abril, de una cruz pensionada de la Orden de Carlos III. Llegó a Roma y tomó posesión de su cargo, el 4 de julio, y fue recibido en su primera audiencia, por el papa Clemente XIV, el domingo, 16 de julio de 1772. Con persuasiva firmeza, en sucesivas audiencias, Moñino fue minando la capacidad de resistencia del Papa, reiterando una y otra vez las acusaciones formuladas contra los jesuitas, acompañadas del plan de su extinción. Hasta conseguir ésta, ganándose la voluntad, mediante recompensas económicas, prebendas y provisiones beneficiales, del confesor y secretario del Papa, el franciscano Buontempi, y de monseñor Zelada, redactor de la minuta del breve y futuro cardenal, en la audiencia de 29 de noviembre de 1772. La expedición del breve de supresión fue acordada por Moñino con el cardenal Andrea Negroni, e impresa, en secreto, en el palacio de España, sede de la legación. Suscribió Clemente XIV dicho breve, Dominus ac Redemptor noster, de extinción de la Compañía de Jesús, el 21 de julio de 1773. En él, sin condenar su doctrina, ni sus costumbres, ni su disciplina, era suprimida como cuerpo religioso. Al morir Clemente XIV, el 22 de septiembre de 1774, tuvo Moñino que intervenir activamente en la elección del nuevo Papa, para asegurar que fuese afecto a las Cortes borbónicas, y enemigo de la Compañía de Jesús. Durante los cuatro meses de cónclave, que culminarían el 15 de febrero de 1775 con la proclamación, como Sumo Pontífice, del cardenal Angelo Braschi, Pío VI, impuso Moñino, no sólo su estrategia negociadora, dirigiendo los pasos y las voluntades de los cardenales pro-españoles, franceses, napolitanos, portugueses y austríacos (Solís, Bernis, Luynes, Orsini, Conti, Migazzi), sino también los criterios jurídico-canónicos que justificaban los intereses políticos y diplomáticos de dichos Monarcas europeos.
     Así, examinando cánones antiguos y las bulas primitivas, logró convencer al Sacro Colegio cardenalicio de que la elección de Papa correspondía al clero, pero, debiendo concurrir también el consentimiento del pueblo.
     Siendo los reyes, de España, Francia, Nápoles, etc., cabezas y representantes del pueblo cristiano, había de preceder su consentimiento, bajo la amenaza de nulidad, en caso contrario, y de un cisma en la Iglesia.
     En reconocimiento de sus servicios a la corona, y particularmente de los prestados en Roma, Carlos III otorgó a José Moñino y Redondo, el 7 de noviembre de 1773, la gracia de un título de Castilla, para sí y sus descendientes, el de conde de Floridablanca. Un título que el agraciado quiso que derivase de una de sus heredades murcianas, la de Floridablanca, en Alquerías, de unas ciento sesenta tahúllas de extensión, arrendada y dedicada al cultivo de la morera. Una posterior Real Cédula, de 10 de noviembre de 1773, le concedió la exención perpetua, para él y sus sucesores, en el pago de los derechos de lanzas y media anata. Además de la gracia regia, otras mercedes reales le fueron añadidas, y nada menos que la de ministro de la Real Cámara de Castilla, por Real Decreto de 10 de septiembre de 1773 (y Real Provisión, expedida en San Lorenzo de El Escorial, de 17 de octubre). Permaneció, sin embargo, desempeñando sus funciones en Roma, hasta que, al presentar Grimaldi su dimisión como secretario del Despacho de Estado, el 7 de noviembre de 1776, fue llamado Floridablanca para sucederle, el 12 de noviembre de ese mismo año. A través de José Antonio de Armona y Murga, corregidor de Madrid, autor de unas memorias o Noticias privadas de casa, útiles para mis hijos, escritas entre 1787 y 1789 (e inéditas hasta 1989), se sabe que Grimaldi siempre tuvo a Floridablanca por hechura suya, a quien había enviado a Roma sin conocerle, sólo por haber leído sus escritos, impresos de oficio, y que, después, se propuso traerle a la inmediación del Rey. Esta inmediación se concretó, en efecto, en la titularidad de la primera Secretaría de Estado y del Despacho, por Real Provisión de 19 de febrero de 1777. Se produjo, de esta forma, una curiosa permuta de cargos, puesto que Grimaldi, a su vez, pasó a Roma, como embajador extraordinario del Rey Católico, de donde Floridablanca partió, definitivamente, el 26 de diciembre de 1776. Pronto se ganaría la confianza y el afecto de Carlos III, dada su energía y capacidad para el despacho de los negocios. Anejos a su nuevo cargo, le fueron conferidos los de superintendente general de Correos (20 de febrero de 1777), superintendente general de Caminos (8 de octubre de 1777), superintendente general de Bienes Mostrencos y Vacantes (27 de noviembre de 1785), superintendente general de Pósitos (20 de mayo de 1790); amén de los honores y tratamiento de consejero de Estado, libre de media anata (25 de enero de 1777), que se convirtió en plaza efectiva de consejero de Estado desde el 28 de octubre de 1777. Entre otras distinciones, le fueron otorgadas la Gran Cruz de la Orden de Carlos III (28 de marzo de 1783), y la de caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro (28 de febrero de 1791). Al morir Manuel de Roda y Arrieta, secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia, el 30 de agosto de 1782, pasó a desempeñar Floridablanca, desde el día siguiente, 31 de agosto, dicha Secretaría con carácter interino, hasta que fue sustituido en ella, el 25 de abril de 1790, por Antonio Porlier y Sopranis, futuro I marqués de Bajamar.
     La dimisión de Grimaldi supuso la desaparición de los extranjeros (Wall, Esquilache) de los ministerios o secretarías durante el reinado de Carlos III, que pasaron a estar ocupados íntegramente por españoles. Como secretario del Despacho de Estado, Floridablanca se encargó, principalmente, de la dirección de la política exterior española durante quince años, entre 1777 y 1792. Desde un principio, hubo de aplicarse al despacho de graves asuntos, pues, ya para entonces, los colonos ingleses de Norteamérica habían proclamado su Declaración de Independencia en el Congreso de Filadelfia, el 4 de julio de 1776. Antes, tuvo que resolver el largo conflicto mantenido con Portugal, con motivo de la enconada disputa fronteriza en el Río de la Plata, alcanzando un beneficioso tratado de límites, el de El Pardo, de 24 de marzo de 1778. En virtud del cual España quedó como dueña absoluta del Río de la Plata y de la colonia de Sacramento, y adquirió las islas africanas de Fernando Poo y Annobón. Más difícil habría de resultar la cuestión de la independencia de las trece colonias inglesas de Norteamérica. La renovación con Francia del Tercer Pacto de Familia, de 1761, mediante la Convención de Aranjuez, de 12 de abril de 1779, situó a España al borde de la guerra con Inglaterra.
     Lo que trató de evitar Floridablanca por todos los medios, al temer el perturbador ejemplo que dicha independencia supondría para las posesiones españolas en América. Sin querer perder, tampoco, la oportunidad de frenar la expansión inglesa en el Nuevo Mundo, tras ayudar económicamente a los insurrectos, adoptó una actitud prudente y distante, que le granjeó duras críticas por parte del conde de Aranda, embajador en París, y de su facción de partidarios en la Corte, denominada “partido aragonés”, proclive a una política más beligerante. No pudo mantener Floridablanca su posición de neutralidad, ni el papel que deseaba de árbitro internacional, y, a instancias de Francia con el apoyo de Carlos III, hubo de suscribir dicha Convención de Aranjuez, que llevó a la declaración de guerra contra Inglaterra, y que concluiría, sin embargo, con la ventajosa Paz de Versalles, de 2 de septiembre de 1783, firmada por Aranda, por la que España recuperó la isla de Menorca y ambas Floridas, oriental y occidental. El éxito final dejó al descubierto, no obstante, las profundas diferencias que separaban a Floridablanca y Aranda, no sólo en materia de política exterior, sino también de gobierno interior, y aun de constitución política de la Monarquía (concretadas en un Plan de Gobierno, que Aranda remitió al príncipe heredero Carlos el 22 de abril de 1781), y que, con el transcurso del tiempo, habrían de derribar del poder a Moñino.
     A pesar de todo, durante los últimos años del reinado de Carlos III, Floridablanca fue consolidando su predominio político. El Monarca confió plenamente la dirección de la política exterior en él, convirtiéndose, de facto, en una especie de primer ministro: en un influyente primus inter pares, supervisor y coordinador de la labor de sus restantes colegas, los secretarios de Estado y del Despacho de Guerra, Hacienda, Marina e Indias. Una preponderancia ministerial y política que desembocaría, en 1787, en la constitución de la Junta Suprema de Estado. Mientras tanto, amparó e impulsó numerosas reformas generales de política interior: la mejora en el servicio de correos y postas, con particular atención a la puesta en vigor de la Real Ordenanza del correo marítimo, de 26 de enero de 1777; la apertura de diversos puertos peninsulares al comercio libre con las posesiones de América (que culminaría con el Reglamento y Aranceles Reales de 12 de octubre de 1778), y la creación de compañías privilegiadas de comercio, como la Real Compañía de Filipinas (en virtud de una Real Cédula de 10 de marzo de 1785); el desarrollo de las Sociedades Económicas de Amigos del País, que mantenían, por suscripción, montepíos para proporcionar trabajo a los pobres (de hilazas, tejidos, estampados), e impulsaban la libertad en la fabricación de tejidos, al margen de las restricciones contenidas en las ordenanzas gremiales; la regeneración social de los vagos, ociosos y malentretenidos, así como también su persecución y castigo, constituyendo una Superintendencia General de Policía, directamente dependiente de la primera Secretaría de Estado, en Madrid, por Real Cédula de 30 de marzo de 1782; la fundación del Banco Nacional de San Carlos (por Real Cédula de 2 de junio de 1782), encargado del descuento de los vales reales; la declaración de honradez de diversos oficios mecánicos (de curtidor, herrero, sastre, zapatero, carpintero y otros análogos), por Real Cédula de 18 de marzo de 1783; la construcción de canales de riego y navegación (el Imperial de Aragón, de Tortosa, de Lorca, de Manzanares y Guadarrama), y de puertos terrestres (de la Cadena, entre Astorga y Galicia, entre Málaga y Antequera, del Rey en Sierra Morena), puentes (de Tolosa, de Zaragoza, de Talavera sobre el río Alberche, de Alcolea sobre el Guadalquivir) y caminos (de Extremadura a Portugal, de Andalucía, de Castilla a Francia, de Barcelona por Valencia); la aplicación de medidas de reforma fiscal, como el establecimiento de la contribución de frutos civiles, por Real Decreto de 29 de junio de 1785; el fomento de la agricultura, facultando a los dueños, por ejemplo, a cercar sus heredades, según una Real Cédula de 15 de junio de 1788; la organización provincial, recogida en la España dividida en Provincias e Intendencias (1789), de acuerdo con los informes remitidos por los intendentes del reino; la limitación o prohibición, según los casos, en la fundación de mayorazgos, de acuerdo con su respectiva cuantía, titularidad y modo de transmisión (por Real Cédula de 14 de mayo de 1789); la regeneración educativa y cultural, también institucionalizada (como fue el proyecto de una Academia de Ciencias y Buenas Letras, en 1791, unido a otros organismos científicos anejos, como el Observatorio Astronómico, el Real Gabinete de Máquinas, el Gabinete de Historia Natural y el Jardín Botánico), etc.
     El período culminante de ejercicio del poder político, por parte de Floridablanca, se extendió, en efecto, entre 1787 y 1792, a partir de la creación de la Suprema Junta ordinaria y perpetua de Estado, prevenida en un Real Decreto de 8 de julio de 1787. Carente la Administración central de la Monarquía de un despacho periódico y colectivo, de sus diferentes ministros o secretarios del Despacho, que institucionalizase una política global coordinada, Floridablanca puso en marcha, y consiguió implantar, una asamblea o junta a la que pudiesen asistir, con regularidad, todos los ministros, a fin de adoptar colegiadamente los acuerdos oportunos.
     Erigida con carácter de ordinaria y perpetua, la Junta Suprema se reunía una vez por semana, en la sede de la primera Secretaría del Despacho, a fin de entender de todos los asuntos de interés general, actuando como secretario el del Consejo de Estado. Sin presidente previsto, en la práctica, su función fue desempeñada por el secretario del Despacho de Estado, que, como ministro encargado de los asuntos exteriores, disfrutaba desde principios del siglo XVIII de un rango principal.
     Es decir, de hecho, su presidente fue Floridablanca, lo que permitió a sus enemigos acusarle de querer monopolizar el poder. En cualquier caso, la Junta Suprema de Estado atendió a tres finalidades principales: tratar de aquellos negocios de los que pudiera resultar regla general, resolver los conflictos de competencias que se suscitasen entre las distintas Secretarías del Despacho, Consejos y demás tribunales superiores, y decidir en las propuestas de empleos que afectasen a diferentes departamentos (de virrey, gobernador, capitán general, intendente de provincia o de ejército). Por lo demás, el mencionado Real Decreto de 8 de julio de 1787 fue acompañado, con esa misma fecha, de una Instrucción reservada. Redactados sus trescientos noventa y cinco capítulos o apartados por Floridablanca, y revisada minuciosamente —e incluso enmendada de su puño y letra— por Carlos III, a lo largo de tres meses, con la asistencia del príncipe Carlos, y finalmente aprobada por el Soberano, constituyen un completo programa de gobierno, interior y exterior, de la Monarquía española de la segunda mitad del siglo xviii. También, al mismo tiempo, la síntesis del programa político de su autor, el conde de Floridablanca. Por lo que se refiere a la política exterior, sus objetivos fueron: el mantenimiento de estrechas relaciones diplomáticas, mediante alianzas por separado, con Francia y Nápoles; amistosas con Portugal, Rusia, Prusia, Turín, Venecia, Génova, la Toscana, los Cantones suizos, Dinamarca, Suecia, la Puerta Otomana (el Imperio Turco), Marruecos y algunas regencias berberiscas (Trípoli, Túnez); menos amistosas con Austria; y de abierta desconfianza, cuando no plena hostilidad, en actitud de vigilancia permanente, con Inglaterra. Los intereses ingleses, comerciales y estratégicos, en América, el Atlántico y el Mediterráneo occidental menoscababan, cuando no arruinaban directamente, los españoles en dichas áreas geográficas.
     Sin embargo, anclado en la tradicional doctrina del equilibrio europeo, vigente desde la Paz de Westfalia de 1648, Floridablanca tampoco quería la derrota total del poder inglés, que dejaría libre a Francia para imponer su voluntad sobre España.
     Las reticencias de Floridablanca por independizar a la diplomacia española de la francesa sufrieron un giro radical tras la Revolución Francesa, desde 1789. Aunque creyó, en un principio, que el movimiento revolucionario habría de ser temporal, y que se truncaría, finalmente, el incidente de Nutka, en 1790, que enfrentó nuevamente a España con Inglaterra, marcó el definitivo punto de inflexión: la Francia revolucionaria no acudió a la petición de auxilio de España, que quedó aislada internacionalmente. Los Pactos de Familia habían quedado rotos. Por otra parte, la propagación de las ideas revolucionarias en España coincidió, en sus inicios, con la gran crisis económica de 1789, provocada por la mala cosecha de cereales de 1788. El alto precio del pan originó tumultos en algunos pueblos y ciudades, ocasionando graves problemas de abastecimiento en el verano de 1789. En vista de la situación, Floridablanca adoptó medidas de precaución, con objeto de aislar a España del temido “contagio” revolucionario.
     De ahí que, con posterioridad, se haya hablado del “pánico” de Floridablanca, y de su política de “cordón sanitario”. Una política de control de los impresos, folletos y periódicos revolucionarios franceses para la que contó con la estrecha colaboración del Santo Oficio, desde un primer edicto inquisitorial de 13 de diciembre de 1789, que prohibía la introducción de cualquier papel sedicioso.
     La transformación diplomática y política del mapa europeo que la Revolución Francesa ocasionó estuvo acompañada, y precedida, en el caso de Floridablanca, de una clara pérdida de su prestigio y poder. El conde de Aranda, que se hallaba en Madrid desde octubre de 1787, de regreso de su embajada en París, dentro del complicado mundo de las intrigas y facciones cortesanas, había iniciado una ofensiva de descrédito contra la persona y la política de su máximo rival, lo que originó sucesivos panfletos y sátiras: una Conversación que tuvieron los Condes de Floridablanca y de Campomanes el 20 de junio de 1788; una fábula publicada en el Diario de Madrid el 4 de agosto de 1788, titulada El raposo, en la que ese raposo, envanecido por su privanza, no era otro que el ministro de Estado; o la Carta de un vecino de Fuencarral a un abogado de Madrid sobre el libre comercio de los huevos, aparecida en octubre de 1788.
     Estos ataques, muy explícitos para su destinatario, explican su Memorial de renuncia al ministerio, que presentó a Carlos III en El Escorial, el 10 de octubre de 1788, en el que incluía un balance de su gestión. No aceptó el Monarca la petición de relevo, pero fallecería a las pocas semanas, el 14 de diciembre de 1788. Por expresa recomendación de su padre, Carlos IV mantuvo a Floridablanca al frente de las dos Secretarías de Estado y del Despacho. Su situación se tornó, pese a todo, precaria. Al descrédito popular, y la oposición de Aranda y de sus partidarios, se unieron nuevos factores sobrevenidos: la reina María Luisa de Parma, que se constituyó en la verdadera árbitro del poder, que hizo recaer en Manuel Godoy; y el triunfo, ya anticipado, de los acontecimientos revolucionarios en Francia, en cuya procelosa complejidad naufragaría la política de firmeza de Floridablanca, al empeñarse en la defensa de los intereses de Luis XVI, pero, sin decidirse a una alianza con Inglaterra. La campaña de calumnias prosiguió, si cabe, con más fuerza, hasta el extremo de que, el 6 de noviembre de 1789, al día siguiente de la clausura de las Cortes, en las que tuvo una decidida participación a través de quien las presidía, en nombre del Soberano, el conde de Campomanes, redactando la proposición regia de derogación de la llamada ley sálica o principio de agnación impuesto por Felipe V en el conocido como Auto Acordado de 10 de mayo de 1713, en las Cortes de 1712-1713, además de presentar, para su aprobación, cuatro reales decretos y cédulas de restricción de los vínculos y mayorazgos, Floridablanca volvió a presentar, también en El Escorial, su dimisión, esta vez a Carlos IV. Tampoco ahora le fue concedido el retiro, y, con la autoridad quebrantada, continuó al frente de los destinos políticos de la Monarquía. El trance más peligroso, físicamente, estaba por llegar. En el palacio de Aranjuez, el 18 de junio de 1790, fue herido por Juan Pablo Peret, un cirujano francés que llevaba en España desde 1765, y que le agredió con una lezna. Aunque Peret se negó a confesar el móvil de su acción, planeó la sospecha de que era un agente de los jacobinos.
     La estrategia inflexible de Floridablanca, que culminaría con la negativa a admitir que Luis XVI había aceptado, libre y voluntariamente, la Constitución de 1791, hizo temer a los reyes, Carlos IV y María Luisa, por la vida del monarca francés, al esperar los revolucionarios una intervención armada de España, para restaurar el viejo orden absolutista. La destitución del sexagenario ministro murciano resultaba inminente. Su relevo no constituyó una simple exoneración ministerial, sino que adoptó la forma de una más compleja reforma institucional, consistente en la supresión de su gran obra de gestión administrativa, la Junta Suprema de Estado, y el restablecimiento efectivo del Consejo de Estado, en virtud de un Real Decreto, expedido en Aranjuez, de 28 de febrero de 1792. Por otro Real Decreto, de ese mismo día, 28 de febrero de 1792, el conde de Aranda fue nombrado decano del Consejo de Estado, y secretario interino del Despacho de Estado, en sustitución de Floridablanca.
     Desterrado fulminantemente de la Corte, Floridablanca fue obligado a abandonar el Real Sitio de Aranjuez en la madrugada del mismo 28 de febrero, trasladándose a Hellín, donde permaneció tres meses en casa de su hermano Francisco. Iniciada una enconada persecución política contra él, en junio de 1792, Floridablanca se trasladó a Murcia, donde fue acogido con solemnidad y afecto por el Ayuntamiento de su ciudad natal, pero, al retornar a Hellín, en la madrugada del 11 de julio de 1792, fue detenido por Domingo Codina, alcalde de Casa y Corte, y, cumpliendo órdenes del gobernador del Consejo de Castilla, Juan Acedo Rico, conde de la Cañada, conducido prisionero a la ciudadela de Pamplona, donde tendría ocasión de extender una prolija Defensa legal.
     Por cierto que, en el camino de destierro, de Aranjuez a Hellín, y en esta última villa, Floridablanca fue pergeñando lo que sería bautizado después como su “testamento político”. Se trata de trece cartas o extensas relaciones, dirigidas al conde de Aranda y escritas de memoria, sin apoyo documental alguno, desde la primera fechada en Corral de Almaguer, del mismo 28 de febrero, hasta la última, datada en Hellín el 14 de abril de 1792, que contienen información sobre los negocios pendientes y sus directrices políticas generales, hasta el día de su exoneración de la primera Secretaría de Estado.
     Acusado de abuso de poder, y de malversación de caudales públicos (en la financiación del Canal Imperial de Aragón), Floridablanca tuvo que responder a un proceso global de responsabilidad política. Le favoreció, no obstante, la rápida caída del poder de Aranda, el 15 de noviembre de 1792. Prisioneros Floridablanca y Aranda, el primero en Pamplona y el segundo en el alcázar de la Alhambra de Granada, luego desterrados ambos, aquél en Murcia y éste en sus villas aragonesas de Aranda y de Épila, Godoy había pasado a manejar los hilos del poder.
     La situación de Floridablanca mejoró a partir de un Real Decreto de 4 de abril de 1794, que le permitió regresar a Murcia, si bien con la obligación de responder a sus cargos. Con la celebración de la Paz de Basilea, el 25 de septiembre de 1795, quedó absuelto de toda responsabilidad política, siendo levantado el embargo de sus bienes. Pero, hasta la abdicación de Carlos IV, no recuperó su libertad, pese a que, para entonces, le había sido confiada la inspección de las obras y riegos de Lorca, Totana y Murcia. El nuevo Soberano, Fernando VII, declaró, el 28 de marzo de 1808, siendo Pedro Ceballos ministro de Estado, que su confinamiento había sido arbitrario, sobreseyendo su proceso, por lo que podía elegir libremente lugar de residencia.
     Decidió Floridablanca permanecer en Murcia, donde no tardó en llegarle la noticia de la invasión napoleónica, así como del levantamiento en armas del pueblo español contra los ocupantes franceses. La Revolución le había descabalgado del poder años antes, pero, ahora, su hijo más famoso, Napoleón Bonaparte, le ayudó a ascender, de nuevo, a él. Designado representante de la Junta provincial de Murcia, el octogenario ex ministro se trasladó a Aranjuez, el mismo Real Sitio donde había comenzado su destierro, y, el 1 de octubre de 1808, fue elegido presidente de la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino, depositaria de la autoridad soberana hasta la restitución a España de Fernando VII, cautivo en Francia. Pese a lo avanzado de su edad, y a su pronto fallecimiento, no sería una figura simbólica, ni un fugaz presidente. Trasladada la Junta Suprema Central a Sevilla, ante el avance enemigo, hizo público su primer Manifiesto a la Nación Española, datado el 26 de octubre de 1808. Previamente, Floridablanca había impulsado la aprobación de la Circular de 22 de junio de 1808, con la que la Junta de Murcia había convocado a la unidad y necesaria reunión, en nombre de Fernando VII, de todas las Juntas provinciales en un Gobierno central. Después, en su posada de Aranjuez, había impuesto la fórmula de una Junta Suprema, frente a las tesis de Jovellanos o del general Cuesta, más proclives a proclamar una Regencia. También habría de inspirar el contenido del póstumo Reglamento para el régimen de las Juntas provinciales, publicado por la Central el 1 de enero de 1809, donde aquéllas fueron despojadas de su apelativo de supremas, lo que preservaba la indisoluble unidad de la soberanía nacional, y el éxito de una instancia central de gobierno. E igualmente debe serle atribuido, si no la letra, al menos sí el espíritu del Reglamento para el gobierno interior, de finales de septiembre de 1808, que, a modo de ordenanzas de la Central, prevenía que sus vocales no representaban a una provincia concreta, sino a la nación entera.
     Ahora bien, esta intensa actividad, en el breve lapso de tiempo de tres meses, debió agotar la resistencia física del anciano Floridablanca, quien, enfermo, falleció en Sevilla, a las seis de la mañana del día 30 de diciembre de 1808. En razón del rango que ostentaba en el momento de su fallecimiento, asimilado al de miembro de la Familia Real, este ministro murciano, de origen modesto, fue enterrado en la iglesia catedral de Sevilla, al día siguiente, viernes, 31 de diciembre, a las diez de la mañana, con honores de infante de Castilla y no lejos de donde descansaban los restos mortales de Alfonso X el Sabio, conquistador y repoblador del reino de Murcia.
     El condado de Floridablanca recibiría la Grandeza de España, otorgada por la Junta Suprema Central, en nombre de Fernando VII, el 5 de enero de 1809, recayendo, ya con el título despachado el 3 de marzo de 1809, en su sobrina, Vicenta Moñino y Pontejos, V marquesa de Pontejos y II condesa de Floridablanca, hija de su difunto hermano Francisco (José María Vallejo García-Hevia, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el edificio 3 "José Moñino, Conde de Floridablanca", y sus jardines, de Luis Gómez Stern, Alfonso Toro Buiza, y Rodrigo, y Felipe Medina Benjumea, en la Universidad Pablo de Olavide, en Dos Hermanas (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Dos Hermanas (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

jueves, 14 de agosto de 2025

El Edificio de Viviendas y Locales Comerciales Huerta del Rey, de Felipe Medina Benjumea, y Manuel Trillo de Leyva, en la avenida Eduardo Dato, 22

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Edificio de apartamentos Huerta del Rey, de Felipe Medina Benjumea, y Manuel Trillo de Leyva, en la avenida Eduardo Dato, 22; de Sevilla.  
     El Edificio de apartamentos Huerta del Rey, se encuentra en la avenida Eduardo Dato, 22; en el Barrio de La Buhaira, del Distrito Nervión.
     La antigua Huerta del Rey fue objeto de varios proyectos de ordenación a lo largo de los años sesenta abarcando una amplia extensión de terreno; desde Portacoeli hasta el actual Hospital San Juan de Dios y desde la avenida Eduardo Dato hasta el actual edificio de oficinas del Sevilla-2. Tras varias propuestas sin éxito, finalmente se procederá a la segregación en varias partes de todo este extenso sector, siendo uno de ellos el que corresponde al que ocupa hoy este inmueble. 
     Ajeno a las anteriores propuestas de ordenación, OTAISA, en este caso bajo la dirección del arquitecto Manuel Trillo será el encargado de la construcción del "Proyecto de edificio para viviendas en comunidad y locales comerciales en Huerta del Rey, Sevilla".
     La avenida Eduardo Dato, conecta el centro histórico de la ciudad y la Gran Plaza, espacio representativo a finales de los años sesenta del barrio de Nervión y cuya forma y dimensión definió Aníbal González cuando en el año 1911 procedió a la ordenación del Cortijo de Maestrescuela. Siguiendo el proyecto de ordenación diseñado para la Huerta del Rey, el terreno liberado entre la Avenida Eduardo Dato y la Avenida San Francisco Javier, fue ocupado por edificios residenciales en altura, de diferentes tipologías, próximas a la idea de ciudad abierta que alternaba en proporciones adecuadas las edificaciones con los espacios verdes. 
     Entre los edificios construidos destaca por encima de todos, el situado en la esquina que definen las avenidas Eduardo Dato y San Francisco Javier: un bloque lineal de nueve plantas de apartamentos.
     Actualmente esta parte de la ciudad es considerada como una de las zona más cotizadas, revalorizada por la recientes construcciones de uso comercial y de ocio (Centro Nervión Plaza) y de oficinas y hoteles, ocupando los terrenos recalificados con la operación urbanística que la municipalidad llevó a cabo con el Sevilla F.C. en el año 1982. Tras estos grandes edificios comerciales, la avenida Eduardo Dato recupera su imagen urbana de uso eminentemente residencial con las manzanas situadas frente al campo de fútbol. 
     El edificio de viviendas comunales y locales comerciales de Huerta del Rey, supone la aparición en Sevilla de un modelo de residencia hasta entonces desconocido: un sistema habitacional de apartamentos que incorpora a la vivienda importantes servicios colectivos incluidos el novedoso uso y disfrute de la planta primera: un espacio libre y continuo para servicios comunitarios y relaciones entre los comuneros en el que la piscina, con su posición exenta y en el extremo, aparece como el elemento más expresivo de esta idea. Es evidente la relación que tiene este espacio con la planta de servicios que Le Corbusier construyera en sus unidades de habitación y que el arquitecto Manuel Trillo, utiliza aquí, además para resolver cuestiones funcionales y constructivas, para separar físicamente los locales comerciales y viviendas. Con ello resulta que la primera planta del edificio destinada a apartamentos se sitúa a una altura de 5,60 metros sobre la rasante.
     El uso comercial de planta baja se completaba con una cafetería para servicio de las viviendas y en la planta del primer sótano se situaba una pequeña guardería o jardín de infancia que tenía salida directa al jardín de la urbanización. El edificio tiene dos plantas de sótano para satisfacer la demanda de vehículos de las 112 viviendas de las que consta este edificio.
     El edificio se proyectó con un ancho no habitual ya que duplica el que normalmente suelen presentar los bloque laminares construidos en doble crujía. Con los vuelos alcanza un total de 20,80 metros. Esta circunstancia obliga a una solución diferente en el sistema de distribución de las viviendas, resuelto mediante un corredor interior y la disposición periférica de los apartamentos que colonizan completamente la fachada, a excepción del espacio que ocupa la escalera, que orientada al norte, garantiza una iluminación constante al interior del corredor. Esta manera de organizar el edificio evita los habituales testeros ciegos de los bloques en doble crujía. La imagen del edificio no diferencia entre orientaciones y la fachada queda modulada por la estructura, por las carpinterías y el balcón corrido de piezas prefabricadas de hormigón. Reducir el número de elementos que controlan la imagen del bloque es aplicar los criterios de racionalización por los que apostaron las arquitecturas más emblemáticas del Movimiento Moderno; es también utilizar un sistema que garantiza una economía en la construcción de la obra. El uso del distribuidor y la uniformidad de la imagen a través de la construcción sigue pautas similares a las que aplicara Mies van der Rohe en su edificio de Lake Shore Drive en Chicago al final de los años cuarenta.
     Atendiendo a su estructura, el edificio resulta también muy propositivo, con cinco crujías incluyendo los vuelos perimetrales que hacen que la sección sea simétrica. La compensación de los esfuerzos en los vanos más extremos se consigue mediante un vano central de mayor rigidez que alcanza la luz de 7,80 metros. En sentido longitudinal, el edificio se moduló en vanos de 5,00 metros, mostrando el proyecto un ajuste preciso entre estructura, distribución de los apartamentos y su organización funcional y espacial. Con los vuelos de los balcones corridos, la parte del edificio destinado a viviendas tiene una longitud total de 64,00 metros.
     Toda la planta baja se destina al uso comercial, colonizando la esquina que definen las dos avenidas. Con las cristaleras que debían construirse para los escaparates de los comerciales, se buscaba poner en valor los espacios libres interiores de la ordenación, que podrían verse desde la avenida Eduardo Dato. En este mismo sentido ha de entenderse el diseño de las rampas exteriores de acceso al garaje, especialmente la situada en el testero oeste, donde se construye una serie de bancadas que son aprovechadas para ampliar los jardines traseros y generar un paso entre estos y la avenida Eduardo Dato.
     El vestíbulo de entrada es una pieza excepcional en el edificio: un doble espacio vestibular a dos niveles estudiado para llevar al usuario de una manera secuencial desde la calle a la planta primera, lugar a partir del cual se ofrecen todas las posibles relaciones que el usuario puede tener con este edificio. Entre planta baja y primera la escalera de dos tramos, tiene una suave inclinación que facilita el caminar por ella, cambiando la luz progresivamente y de manera radical: de un espacio en penumbra cualificado por un mobiliario selecto "sillas Barcelona- y un relieve diseñado por el arquitecto-pintor Gerardo Delgado, da paso al espacio luminoso abierto y continuo de planta primera. 
     El edificio es un ejemplo de buena construcción con numerosos detalles a reconocer: las puertas de entrada al vestíbulo, la de los ascensores, el muro cortina de la caja de escalera, la zanca quebrada de la escalera, los pasamanos, las puertas de entrada a la vivienda, diseñadas con una celosía para crear corrientes de ventilación con el corredor. Inicialmente el edificio iba a tener los cerramientos de fachada de ladrillo revestido de plaqueta de gres color claro. Finalmente la obra se concluyó con ladrillo visto lo que sin duda ha favorecido su mantenimiento, ratificando la idea expresada en la memoria en el que la buena construcción, junto a la fuerza de su volumen y a las texturas de los materiales, serían los argumentos que pusiesen en valor al edificio. Otros aspectos de interés que ofrece esta arquitectura, se encuentra en ser pionera en la proposición de nuevas alternativas en el uso residencial y en la apuesta decisiva de vincular el edificio de viviendas colectivas con una determinada forma de hacer ciudad que potenciase los espacios libres, cuestiones que hoy son desgraciadamente poco frecuentadas. A pesar de la importancia que tiene esta obra de arquitectura, relacionada inexorablemente al compromiso y actitud que durante toda su trayectoria profesional mostró su autor (Manuel Trillo de Leyva), ha sido poco valorado y reconocida más allá del ámbito profesional. Resulta elocuente observar después de cuarenta años las escasas transformaciones que ha tenido, algo que sin embargo suele ser habitual en los edificios de viviendas; sólo reseñar las ocurridas en los locales comerciales perdiéndose en parte la relación que el proyecto proponía entre la calle y los jardines traseros, aunque esto sería fácil de recuperar.
     Fecha del proyecto: 25 de enero de 1967. El proyecto está firmado por Manuel Trillo de Leyva y Felipe Medina Benjumea como arquitectos.
     Licencia de obras concedida el 9 de marzo de 1967.
     El 19 de febrero de 1968, se informa de modificaciones en viviendas, consistentes en la unión de los tipos C y B1, formando uno nuevo, el C+B1. Este documento está firmado por Manuel Trillo de Leyva como arquitecto y los peritos aparejadores Francisco Adolfo Delgado Reina y Alfonso Conrado Toro. Como propiedad figura SAIRU (Sociedad Anónima Inmobiliaria Rústica y Urbana). El edifico de Huerta del Rey se cerró con un presupuesto de ejecución material de 26.350.000 pesetas.
     La ordenación de Huerta del Rey estaba formada por cuatro edificios residenciales con planta en forma de "U"  (tipo A  con una superficie edificada de 23.400 m2) y otros dos de igual tipología (tipo B con 11.700 m2). El edificio objeto de este estudio se rotula en los planos como tipo C con una superficie construida de 10.300 m2. En total siete bloques para el uso residencial que suponían 45.400 m2 construidos. Esta ordenación fue aceptada por el Ayuntamiento el 5 de julio de 1963.
     La producción arquitectónica de calidad de estos años en la ciudad de Sevilla está en buena parte ligada al nombre de OTAISA (Oficinas Técnicas de Arquitectura e Ingeniería Sociedad Anónima). Un equipo formado por cuatro arquitectos sevillanos, compañeros de promoción formados en la Escuela de Arquitectura de Madrid: Felipe y Rodrigo Media Benjumea, Luís Gómez Estern y Alfonso Toro Buiza. La desaparición progresiva de tres de sus integrantes iniciales fue compensada por la entrada de jóvenes arquitectos, entre ellos Manuel Trillo de Leyva, número uno de la primera promoción de recién inaugurada Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla. La colaboración de Manuel Trillo de Leyva en OTAISA coincide con la realización de obras muy significativas que constataban el relevo generacional que se estaba produciendo en esta oficina en los años sesenta. Junto al edificio de viviendas Huerta del Rey habría que añadir la Sede Social de la Compañía Sevillana de Electricidad (1969, en colaboración con Felipe Medina, Ángel Orbe, Luís Fernando Gómez-Estern y Fernando Villanueva) y el Edificio de Oficinas Sevilla 1(1969-72, en colaboración con Luis Fernando Gómez-Estern y Fernando Villanueva).
     El edificio de viviendas de Huerta del Rey constata la preocupación de este arquitecto por incorporar a la arquitectura de la ciudad obras que se argumentaban en el conocimiento de la producción y el pensamiento de los grandes maestros del Movimiento Moderno, en especial Le Corbusier y Mies van der Rohe, de los que era un admirador. Su sentido de una arquitectura actual, moderna y comprometida no era excluyente con el conocimiento de la historia más reciente de la ciudad, como demostró en su tesis doctoral sobre la arquitectura de la Exposición Iberoamericana de 1929.
     El edificio de viviendas de Huerta del Rey ha quedado como un ejemplo dentro de las tipologías residenciales de Sevilla, al resolver la vivienda y los problemas de iluminación y ventilación, en un bloque de gran ancho sin recurrir a patios interiores; una alternativa válida a los tradicionales bloques en "H" que tanto han condicionado la imagen de las periferias de las ciudades a partir de los años sesenta. El edificio Huerta del Rey, junto con el conjunto residencial La Estrella también producido en las oficinas de OTAISA- pueden considerarse dos arquitecturas paradigmáticas en el campo de la vivienda colectiva, utopías construidas, que deberían ensayarse con más frecuencia (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Ubicado en una zona de gran crecimiento urbano residencial en las décadas de 1960 y 1970, de bloques en altura y amplias zonas libres y destinado a una burguesía media alta en el barrio de Nervión, en la confluencia de dos importantes avenidas (Eduardo Dato y San Francisco Javier), el edificio de apartamentos de Huerta del Rey es, sin duda, uno de los ejemplos de vivienda más novedosos de la ciudad de Sevilla de su época, en todos sus aspectos. Por un lado, tipológicamente, establece un modelo residencial que no es conocido hasta ahora en esta ciudad, con un interesante concepto de apartamentos y un programa de viviendas de uno, dos o tres “ambientes”, como define el texto comercial de la época, donde la importancia de las zonas comunitarias es especialmente relevante. En este sentido, toda la planta primera, separada formalmente de la planta baja con una rotunda bandeja de hormigón, genera una amplia serie de espacios colectivos de diferentes usos, desde salas de reuniones, despachos, salones, zonas de vestuarios y aseos, y una gran terraza en la que se ubica la piscina, elemento casi escultórico de gran impacto visual.
     Las viviendas desarrolladas en este edificio, que presenta una anchura total poco habitual por su gran dimensión, se distribuyen en torno a una galería central con apartamentos a ambos lados y, en los extremos este y oeste, con una referencia a los modelos de vivienda de Mies van de Rohe en Chicago (Lake Shore Drive Apartments). El esquema se repite en todas las plantas, desvelándose en el exterior mediante una serie de potentes bandejas, revestidas de hormigón prefabricado, que producen la imagen más característica del edificio, y balconadas corridas con la fachada de ladrillo visto rehundida en un segundo plano.
     En este sentido, indicar también los novedosos sistemas constructivos, con recursos estructurales y materiales, que han permitido además un estupendo mantenimiento y facilitado su durabilidad.
     Cabe destacar el cuidado en la concepción espacial del vestíbulo, así como el diseño integral de este y las zonas comunes (mobiliario, elementos artísticos, carpinterías exteriores e interiores, ascensores, barandillas, elementos decorativos) que reflejan un cuidado extremo y que se ha mantenido perfectamente hasta la actualidad gracias a una comunidad de propietarios con una poco frecuente sensibilización hacia el valor arquitectónico del edificio (Juan Manuel García Nieto, en DOCOMOMO).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Edificio de Viviendas y Locales Comerciales Huerta del Rey, de Felipe Medina Benjumea, y Manuel Trillo de Leyva, en la avenida Eduardo Dato, 22; de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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miércoles, 13 de agosto de 2025

La Casa Riñón, edificio de viviendas de la calle Doña María Coronel, 26, de Cruz y Ortiz

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa Riñón, edificio de viviendas de la calle Doña María Coronel, 26; de Cruz y Ortiz, de Sevilla.
     La Casa Riñón, edificio de viviendas de la calle Doña María Coronel, 26; en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
     Sobre un solar de forma muy irregular en el centro histórico de Sevilla, debía construirse un edificio de 12 apartamentos. Toda la superficie libre se concentró en un patio cuya forma arriñonada resolvía las difíciles condiciones geométricas del perímetro, y que al tiempo constituía una figura fuertemente unitaria, capaz de hacer olvidar las múltiples directrices que se ocultan tras ella. El patio obvia los conflictos que lo rodean, introduciendo al espectador en un mundo aparte. El vacío resuelve así la organización del edificio, delimitando las zonas a ocupar por las viviendas, facilitando la situación de las escaleras e incluyendo, en planta baja, el acceso de los vehículos al sótano y el de los vecinos a los portales.
     La construcción y el uso de materiales tradicionales de la ciudad contribuyen en buena medida al carácter final del edificio, dotándole de una relativa intemporalidad que le permite instalarse confortablemente en un entorno históricamente muy denso (Cruz y Ortiz Arquitectos).
   El edificio se sitúa en el centro histórico de Sevilla, en una manzana de grandes dimensiones, ocupando una parcela de planta irregular, con dos brazos a norte y sur. El edificio tiene una altura total de cuatro plantas sobre rasante y una planta de sótano, destinada a garaje, al que se accede a través de una rampa desde el patio.
     El proyecto recurre a un patio de planta arriñonada para organizar las viviendas, que en cada planta quedan dispuestas bien en fachada, bien en cada uno de los dos brazos norte y sur iluminadas por patios de luces. En cada planta, las viviendas situadas al norte y con fachada a la calle comparten un núcleo de escaleras con ascensor, mientras que los apartamentos al sur cuentan con una escalera de un solo tramo.
     La forma del patio ofrece una imagen contundente y unitaria, a modo de fachada interior del edificio, actualizando las tipologías de la casa patio sevillana y de los corrales de viviendas de alquiler, siempre organizados alrededor de un espacio abierto central que adquiere condición de lugar de encuentro comunitario. El patio se reviste de ladrillo visto, en aparejo con estrías sobresalientes en la planta baja, y liso en las superiores. Queda, además, cubierto por un toldo de tela en verano, que forma parte de la imagen característica del proyecto.
     La fachada exterior del edificio cuenta con un zócalo del mismo ladrillo en las plantas baja y primera, mientras que las dos plantas superiores se revisten con enfoscado blanco. Gracias a esta composición material y a las dimensiones de los huecos de fachada, el proyecto facilita la integración del edificio en el entorno. Además de visual, esta integración es fundamentalmente tipológica, gracias a la reinterpretación de elementos culturales como el patio y el zaguán de acceso, que separa lo rodado y lo peatonal (Plácido González Martínez, en DOCOMOMO Ibérico).
      Edificación sobre una parcela irregular de unos 480 metros cuadrados en el caso histórico de Sevilla, en el barrio de Santa Catalina, con fachada a la calle Doña María Coronel, promovido por PANUR, S.A.
     Se localiza a 130 metros aproximadamente de la Plaza y de la Parroquia de San Pedro y calle Imagen, o a unos 190 metros de la Iglesia de Santa Catalina y de la Plaza Ponce de León.
     Su entorno urbano, de grandes manzanas de parcelas irregulares, queda caracterizado por la proximidad de importantes conventos (Convento de la Hermanas de la Cruz, Real Monasterio de Santa Inés), por el Palacio de Dueñas perteneciente a la Casa de Alba y por las iglesias mencionadas.
     El caserío tradicional y más en concreto la casa-patio, mantiene una clara presencia como tipología residencial dominante del sector, siendo apreciable su unidad morfológica aún a pesar del proceso de sustitución tipológico sufrido durante las décadas centrales del siglo XX.
     El edificio se construyó estando vigente el Plan de Reforma Interior del Casco Antiguo de 25 de abril de 1968, que fijaba el número de plantas y la ocupación máxima de la parcela en un 75% de su superficie. Se construyó como promoción libre sin bonificaciones fiscales. Consta de un total de cinco plantas, una de ellas bajo rasante.
     En planta baja se localizan la portería, la sala de servicios generales de la finca, una accesoria destinada a oficinas y dos viviendas. Hay tres viviendas por planta en plantas primera, segunda y tercera, quedando en la planta ático un local para la comunidad de propietarios. La planta bajo rasante está destinada al aparcamiento de vehículos.
     El edificio se caracteriza por la forma de su patio, arriñonado, que racionaliza la ocupación de la difícil parcela retomando la manera tradicional de construir la ciudad mediante espacios construidos en torno al patio entendido como estancia. En la misma línea, el patio establece una relación con la calle siendo su espacio más representativo.
    El acceso peatonal y de vehículos coinciden comunicando ambos con el patio, que facilita por su geometría el giro para la bajada al sótano y desde el que se accede a dos viviendas, A y B. Un núcleo de comunicaciones verticales, de escalera y ascensor que discurren de sótano a ático, da paso a las viviendas A y B de cada planta, mientras que una segunda escalera, de baja a tercera, sirve a la vivienda C.
     Las viviendas A y B presentan fachada a la calle Doña María Coronel y al patio, mientras que la vivienda C sólo lo hace al espacio libre interior. Dos patios menores, de luces, completan la descripción en planta del edificio.
     La fachada a la calle dispone de un zócalo que abarca las plantas baja y primera, de ladrillo visto macizo que será también protagonista en el interior del patio. Las dos plantas superiores se componen con huecos rectangulares que mantienen una adecuada relación con la calle.
     Es, como se ha indicado, el espacio interior el que asume el protagonismo espacial del edificio. El patio se reviste con el mismo ladrillo macizo del zócalo de fachada, introduciendo en el zócalo de una planta, la baja, rehundidos en diversas hiladas de ladrillo o cambiando el aparejo a la altura del primer forjado, para dibujar insistentemente el trazado curvo interior que se refuerza con el vaciamiento de la entrada o el recorte de la coronación del edificio contra el cielo. El patio permite mediante una estructura metálica cubrirse en verano con toldos que matizan su luz y temperatura.
     El edificio es un destacado paradigma que contribuyó a fijar un modelo de intervención en el caso histórico de la ciudad, convirtiéndose en cita reiterada de la arquitectura, no sólo local.
     Pero además de la solidez teórica que demuestra y que lo relaciona con los planteamientos de la Tendenza italiana, se trata de un excelente ejercicio de arquitectura que se demuestra en su entendimiento de la ciudad, en las relaciones espaciales entre la calle y el espacio interior, en su coherencia entre el proyecto y su construcción y en la sutil belleza de su espacio interior.
     El edificio se encuentra en muy buen estado de conservación, no apreciándose diferencias significativas entre el proyecto, su construcción y el estado actual.
     Fecha de proyecto: Noviembre de 1.973.
     Fecha de inicio de obras: julio de 1.974.
     Fecha de fin de obra: junio de 1.976.
     Cruz y Ortiz Arquitectos fue fundado en 1.971 al titularse por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid Antonio Cruz (Sevilla, 1.948). Esto sitúa la obra del edificio de viviendas en calle Doña María Coronel como la primera obra del estudio junto a las viviendas en calle Medina (1.972-75), ambas proyectadas incluso antes de la titulación en la misma Escuela en 1.974 de Antonio Ortiz (Sevilla, 1.947).
     Desde sus inicios desarrollan una cuidada actividad profesional, encadenando obras meditadas que manifiestan un continuo proceso de reflexión y coherencia.
     El modelo de intervención en el tejido residencial de la ciudad histórica que proponen las Viviendas de Doña María Coronel se ve refrendado con las Viviendas en Calle Lumbreras (1.978-1.980, Premio Ciudad de Sevilla en 1.982), las Viviendas en Calle Hombre de Piedra (1.983-85) o las Viviendas en Plaza de los Marteles (1.983-87), todas ellas en Sevilla. En todas se une a la dignidad obtenida en el diseño de las viviendas sociales -con lo que ello significa en cuanto a escasez de medios y de dimensiones- el acierto en la apuesta por el proyecto del espacio colectivo que se convierte en necesaria prolongación de las viviendas.
     Pensar la ciudad usando su arquitectura como instrumento de proyecto caracterizó a las principales intervenciones de viviendas en el parcelario histórico que en aquellos años se desarrollaron implicando a sus arquitectos más prestigiosos (algunos de ellos vinculados a arquitectos italianos como Aldo Rossi, Carlo Aymonino, Danielle Vitale, etc.) y promovidas muchas de ellas a instancias de la propia administración municipal con importantes competencias y creciente compromiso en la rehabilitación urbana.
     La participación con éxito de Cruz y Ortiz Arquitectos en numerosos concursos extiende el ámbito geográfico de su trabajo (Ceuta, Madrid, Cádiz) a la par que obtiene el respaldo de la crítica especializada y que culmina, entre otros, con el Premio Nacional de Arquitectura Española por la Estación de Ferrocarriles de Santa Justa en Sevilla (1.987-1.991), un hito en su trayectoria profesional por el que obtienen un reconocimiento internacional traducido no sólo en su participación en importantes proyectos fuera de España (Remodelación de la Estación de Basilea, Pabellón de España en la Exposición Universal de Hannover 2000, The New Rijksmuseum en Ámsterdam), sino también en su actividad docente como profesores de proyectos invitados en diversas Escuelas de Arquitectura (Zurich, Harvard, Cornell, Lausanne, Navarra, Columbia) alcanzando el mérito de Profesores Honorarios de la Universidad de Sevilla en 2.004. El conjunto de su obra ha sido objeto de numerosas publicaciones y exposiciones monográficas.
     Además de los premios obtenidos por sus concursos y obras, en 1.997 se les concedió la Medalla de Oro de Andalucía otorgada por la Junta de Andalucía y el Parlamento de Andalucía por el conjunto de su obra (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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