Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

Mostrando entradas con la etiqueta José Echamorro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Echamorro. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de enero de 2020

La Iglesia de San Ildefonso, de José Echamorro

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la iglesia de San Ildefonso, de José Echamorro, de Sevilla
   Hoy, 23 de enero, Memoria en la ciudad de Toledo, en la Hispania Tarraconense, de San Ildefonso, que fue monje y rector de su cenobio, y después elegido obispo. Autor fecundo de libros y de textos litúrgicos, se distinguió por su gran devoción hacia la Santísima Virgen María, Madre de Dios [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la iglesia de San Ildefonso, de Sevilla.  
   La Iglesia de San Ildefonso [nº 31 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla, y nº 54 en el plano oficial de la Junta de Andalucía] se encuentra en la plaza de San Ildefonso, s/n; en el Barrio de La Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo
   Con legendario origen visigodo o mozárabe, según los historiadores más aferrados a la leyenda, la iglesia de San Ildefonso ha sido alguna vez comparada con edificaciones hispanoamericanos, por sus torres y por la bicromía de su fachada. Situada frente a la puerta de acceso al torno del convento de San Leandro, es una edificación que sustituyó al ruinoso templo anterior, iniciándose sus obras en 1794, según un proyecto de Julián Barcenilla que dirigiría José Echamorro. Un proceso de construcción largo que se fue inaugurando por fases: se sabe que en 1816 se usaba como templo la nave izquierda, que acogía a la legendaria pintura mural de la Virgen del Coral, terminando las obras de forma definitiva en 1841. Es uno de los escasos templos puramente neoclásicos de la ciudad, todo un centro devocional por la talla del Cautivo que congrega, especialmente en Cuaresma, a numerosos fieles y devotos. Arquitectónicamente su fachada presenta dos torres iguales con tres cuerpos decrecientes y con depurada decoración alterna de blancas columnas y sencillos óculos sobre los vanos, un esquema derivado del barroco al que se despojó de toda ornamentación añadida. El mismo esquema de balaustradas y jarrones, con columnas blancas que desetacan sobre la bicromía almagra y albero de la fachada, se repite en la portada principal y la lateral. La principal, precedida de un pequeño atrio de acceso, se corona por una imagen en piedra de San Ildefonso, el titular de la iglesia. Encima se sitúa un frontón circular que acoge el emblema del santo. Junto a la portada lateral se sitúa un retablo cerámico de Antonio Kiernam que representa a la imagen de Jesús Cautivo.
     El interior del templo sigue los modelos academicistas, con gran pureza de líneas en su planta de tres naves con crucero y presbiterio. Las cubiertas se sustentan por pilares cuadrangulares con pilastras adosadas sobre las que se sostienen los arcos fajones de la bóveda de cañón, con entablamento y arcos formeros de medio punto. La nave central, los brazos del crucero y del presbiterio se cubren con bóvedas de cañón y lunetos, las naves laterales con bóveda de aristas. Sobre el crucero se sitúa una cúpula con tambor y linterna.
   Siguiendo modelos neoclásicos, no hay retablo en en la zona del presbiterio. Su lugar lo ocupa, al igual que construcciones coetáneas como la parroquia de Santa Cruz, un templete de inspiración clásica realizado por José Barrado en 1841. Está organizado mediante columnas de jaspe que sostienen un elemento cupuliforme sobre el que se sitúa una alegórica de la Fe. En su interior acoge una talla de la Inmaculada del siglo XVIII. Son un recuerdo del desaparecido retablo mayor de la antigua iglesia las esculturas de San Ildefonso, San Pedro y San Pablo, que están colocadas en hornacinas sobre el arco de acceso al presbiterio. Fueron realizadas por Felipe de Ribas en 1637, siendo restaurados por Juan de Astorga ya en el siglo XIX, con lo que se perdió su apariencia barroca original. 
   Si comenzamos nuestro recorrido por la nave de la Epístola (muro derecho), a sus pies se encuentra la capilla bautismal, con un excelente relieve de las Dos Trinidades, obra de Juan Martínez Montañés (1609). Combina la representación convencional de la Trinidad y de la Sagrada Familia, enmarcándose en un retablo neoclásico sin especial interés. Le sigue el retablo de comienzos del siglo XIX que aloja el grupo escultórico de la Aparición de la Virgen a San Cayetano, una representación del santo de la "divina providencia", realizado por Cristóbal Ramos en el siglo XVIII y que habría que poner en relación con el conjunto similar de la iglesia de Santa Catalina. El retablo de Nuestra Señora de la Soledad, neoclásico, cobija a la notable dolorosa que realizó Juan de Astorga hacia 1844, una obra de gran calidad que presenta la característica mirada ensimismada del maestro romántico. Aunque ha sido pretendida por varias hermandades, es una talla que no procesiona en Semana Santa. Del siglo XIX es también el retablo de San José con tallas de San Joaquín y de Santa Ana. En mármoles rojizos se enmarca la imagen de Santa María Magdalena. Por último, la cabecera del muro está presidida por el retablo dedicado a la Entrega de la casulla a San Ildefonso, con grupo titular del siglo XVIII que llegó a procesionar en el Corpus del año 1866. 
   La cabecera de la nave del Evangelio está presidida por la pintura mural de la Virgen del Coral, interesantísima representación de la Virgen con el Niño de la segunda mitad del siglo XIV que se encuentra enmarcada por un retablo neoclásico de mármol realizado por Bartolomé Piña y Antonio Barrado. La pintura muestra a la Virgen con el Niño, que porta un collar con fragmentos de coral que se interpretan como un símbolo de su sangre redentora. Es pintura que algunos autores quisieron datar "en tiempos de Recaredo" pero se debe situar en la corriente italogótica imperante en la ciudad hacia 1375. Ocupaba ya un lugar de privilegio en los muros de la antigua iglesia y fue conservada al realizarse el nuevo edificio. La pintura fue restaurada en 1980 por Francisco Arquillo, que eliminó repintes y barnices que no eran originales. 
   En el crucero, el retablo del Cautivo es obra del siglo XIX. La imagen del Cautivo es talla anónima realizada en el siglo XVIII, con pelo natural y siguiendo la iconografía que propagaron los frailes trinitarios, dedicados a la redención de cautivos presos en tierras de infieles. A los pies de la nave se sitúa el retablo neoclásico de la Virgen de los Sastres, imagen fernandina del siglo XIII que está flanqueada por las tallas de San Hermenegildo y San Fernando, cercanas al estilo de Pedro Roldán. La Virgen apenas conserva elementos de su origen gótico ya que debió ser remodelada en el siglo XVI. Sus ojos de cristal son ya del periodo barroco, al igual que la talla del Niño. Sigue el modelo de Virgen - trono y es titular de la histórica hermandad gremial de los Sastres o Alfayates, que gozaron del privilegio de custodiar los restos incorruptos del rey San Fernando. Su sede primitiva estuvo en el llamado Hospital de San Mateo, que estaba en la Alfalfa. En 1587 pasó al convento de San Francisco, en la Plaza Nueva, y en 1840 se trasladó a esta parroquia. En los últimos años ha recuperado su procesión anual bajo un palio de tumbilla.
   Ya junto a la puerta de entrada se sitúa una vitrina con un interesante grupo de la Piedad, del siglo XVIII. A la salida, las yemas de San Leandro del convento vecino nos esperan en una característica caja de madera... (Manuel Jesús Roldán,  Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     Tiene tres naves, capilla mayor semicircular muy profunda, y dos torres flanqueando la portada de los pies. Bóvedas de cañón con lunetos cubren la nave central, los brazos de la cruz y el presbiterio, apareciendo una cúpula con linterna en el crucero. Las naves laterales presentan bóvedas de arista y semiesféricas. La construccion del templo se inició en 1794, siguiendo los planos realizados por el académico Julián Barcenilla y dirigiendo la construcción el arquitecto José Echamorro. En 1816 se utilizaba ya la nave izquierda y en 1841 se concluyeron definitivamente las obras. El estilo neoclásico queda perfectamente claro tanto en los exteriores como en el interior de la iglesia. Las dos torres que enmarcan la portada de los pies presentan un campanario constituido por tres cuerpos decrecientes organizados mediante columnas, adornados con ba­laustrada y jarrones. Estos mis­mos elementos se repiten en la portada del lateral izquierdo y en la de los pies, que presenta una escultura de San Ildefonso en la hornacina del ático.
     El retablo mayor, realizado en 1841 por José Barrado, es un templete de estilo neoclásico, construido con jaspes y rematado con una figura alegó­rica de la Fe. Cobija una escultura de la Inmaculada, fechable en el siglo XVIII. Las escul­turas de San Ildefonso, San Pedro y San Pablo que figuran en unas hornacinas sobre el arco triunfal que da acceso a la capilla, proceden del retablo mayor del antiguo templo parroquial. Fueron realizadas por Felipe de Ribas entre 1636 y 1637, si bien Juan de Astorga las retocó entrado ya el siglo XIX.
     El retablo colateral izquierdo, también de mármoles, consta de  banco, un cuerpo y ático; es igualmente de estilo neoclásico, y fue construido por los artistas Bartolomé de Pina y Antonio Barrado. El cuerpo central está ocupado por una pintura mural de la Virgen del Coral, imagen mariana con recuerdos de la escuela internacional, fechable en el siglo XIV. El testero de la nave dere­cha lo ocupa un retablo del segundo cuarto del siglo XVIII que está presidido por el grupo escultórico de la Imposición de la Casulla a San Ildefonso, de la misma fecha.
     En la nave izquierda se sitúa el retablo de Jesús Cautivo, compuesto por banco, un cuerpo de tres calles y un ático. Data del siglo XIX, pero contiene elementos posteriores. La escultura titular es obra del siglo XVIII, al igual que las situadas en el banco, calles laterales y ático, a excepción de la Dolorosa, que pertenece al siglo XIX. El retablo de la Hermandad de los Sastres, situado en la misma nave, es obra neoclásica con aditamentos contemporáneos. Lo preside la escultura de la Virgen de los Reyes, obra de la primera mitad del siglo XVI, situándose en los laterales las esculturas de San Fernando y San Hermenegildo, realizadas por Pedro Roldán en 1674. El banco y el ático lo ocupan esculturas de San Marcos y San Mateo, respectivamente. El último retablo de la nave izquierda está dedicado a San Antonio de Padua, cuya imagen es de principios del siglo XIX. A los pies se sitúa una vitrina con un grupo escul­tórico de la Piedad, de finales del XVIII, y un lienzo de la Inmaculada, de principios de la misma centuria, obra de un seguidor de Murillo.
     El retablo colocado en el brazo derecho del crucero es de madera imitando mármoles y per­tenece al segundo cuarto del siglo XIX. Su hornacina central la ocupa una escultura de la Trinidad y las calles laterales, imágenes de santos trinitarios. En el ático, delante de una escultura de San Diego de Alcalá, se sitúa un grupo de marfil de la Sagrada Familia, obra de un taller hispano-filipino del siglo XVIII.
     Los retablos situados en la nave derecha están realizados en mármoles y se fechan en el segundo cuarto del siglo XIX. Dos de ellos corresponden a San Cayetano y San José, apareciendo en este último las imágenes de San Joaquín y Santa Ana. En la capilla bautismal, ubicada a los pies del templo, se encuentra el relieve que representa las dos Trinidades, realizado 'por Martínez Montañés en 1609, y enmarcado por un retablo neoclásico.
     En la sacristía, de planta rectangular con tres tramos cubiertos con bóvedas semiesféricas, existe una pintura sobre tabla representando el Calvario, del último tercio del siglo XVI, y un retrato de don Matías Espinosa, párroco de la iglesia, firmado por Antonio Cabral Bejarano, en Sevilla, en 1839. La cajonería y muebles del recinto corresponden a mediados del siglo XIX.
     Las piezas de orfebrería más destacadas que conserva la parroquia son un cáliz barroco y una cruz manierista. El primero es de plata dorada, liso, realizado probablemente en Madrid y donado por el cardenal Delgado y Venegas. Está fechado en 1780. La cruz procesional, fechable a fines del XVI o principios del XVII, lleva decoración de óvalos, puntas de diamante y rectángulos (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     Esta iglesia de estilo neoclásico, se compone de tres naves, presentando una capilla mayor semicircular muy profunda.
     La portada se encuentra a los pies, flanqueándose por dos torres. la nave se cubre con bóveda de cañón con lunetos, en la nave central, y de aristas y semicirculares en los laterales. El crucero se resuelve con cúpula con linterna. En el interior destacan los retablos y esculturas de los siglos XVI, XVII XVIII y XIX, como el retablo Mayor, realizado en 1841 por José Barrado, y los laterales, también de la misma época.
     Fue construida sobre una antigua iglesia del siglo XIV de la que se conserva una pintura mural de la Virgen del Coral. La construcción se inició en 1794 según planos de Julián de Barcenilla y el arquitecto José Echamorro, concluyéndose en 1841 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Pasado el convento, la primera bocacalle a la izquierda lleva a esta quieta plaza con forma de trapecio, lugar apacible y sereno, cualida­des que le dan las casas que en ella se alzan, pero, más aún, la iglesia de San Ildefonso y, sobre todo, el inmaculado muro del convento de San Leandro, cuya entrada se encuentra frente a la iglesia. Arquitectónicamente, la iglesia es uno de los mejores templos de Sevilla. La pareja de torres simétricas que enmarcan la fachada no tiene parangón. Muestran un alto cuerpo que lleva hasta la cumbre de la portada, y luego otros tres de estirpe serliana, el primero de base cuadrada, el segundo ochavado y el último circular, con finas columnas de mármol enmarcando los vanos y balaustradas perimetrales entre cuerpo y cuerpo. El templo es de construcción relativamente reciente, pues sus obras se iniciaron en 1794 y concluyeron en 1841. En la actualidad, recién restaurado, presenta un aspecto reluciente. Tiene tres naves y crucero, separadas por arcos de medio punto sobre pilares muy gruesos. El crucero se cubre con una gran cúpula semiesférica sobre tambor con linterna. Una gran cornisa perimetral recorre la nave principal, el crucero y el presbiterio. La capilla mayor es semicircular. En ella sobresale el retablo, realizado por José Barrado en 1841. Las imágenes de San Ildefonso, San Pedro y San Pablo, situadas sobre el arco triunfal, son obra de Felipe Ribas, quien las realizó entre 1636 y 1637. En la cabecera de la nave del evangelio figura un retablo de mármoles en el que se ve una pintura mural que data del siglo XIV. Es la Virgen del Coral. En la misma nave está el retablo de Jesús Cautivo, cuya imagen, anónima, data del siglo XVIII. La imagen de la Dolorosa es del siglo XIX. El Cristo, conocido como de Medinaceli despierta una gran devoción entre los sevillanos, siendo costumbre de larga tradición acudir a rezarle el primer viernes de Cuaresma, aunque nada tiene que ver con la Semana Santa y sus pro­cesiones. A continuación se encuentra el retablo llamado de la Hermandad de los Sastres en el que, además de la Virgen de los Reyes, anónima del siglo XVI, figuran San Hermene­gildo y San Fernando, tallados por Pedro Roldán en 1674. Otra obra de gran importancia se encuentra en la capilla bautismal, situada a los pies. Se trata del relieve denominado de las Dos Trinidades, preciosa talla de Martínez Montañés, fechada en 1609 (Rafael Arjona, Lola Walls. Guía Total, Sevilla. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2006).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Ildefonso, obispo;
HISTORIA Y LEYENDA
   Nació en 606 y en 657 fue designado titular de la sede episcopal de Toledo por el rey godo Recesvinto, en reemplazo de su tío san Eugenio. Murió diez años después, en 667.
   Al igual que san Bernardo en Francia, se distinguió por el ardor de su devoción a la Virgen. En su tratado, titulado De illibata Virginitate Sanctae Mariae, se convirtió en el campeón de la Santísima Virgen contra los heréticos y los judíos, sosteniendo que María había concebido y parido sin perder la virgi­nidad.
   Su devoción fue recompensada. Según la leyenda, san Ildefonso, que se había preparado con tres días de ayuno para celebrar la fiesta de la Asunción, vio a la Virgen rodeada por un enjambre de vírgenes, descender en su ca­tedral y sentarse en su trono episcopal. Se acercó a ella recitando la Salutación angélica, y María, para agradecerle su devoción, le entregó una magnífica casulla bordada, diciéndole: «Tú eres mj capellán.»
   Según otra versión, la Virgen le habría dicho: «Acércate y acepta de mi mano este presente que he cogido del tesoro de mi Hijo.»
   Este prodigio fue dado a conocer por el sucesor de san Ildefonso en la sede episcopal de Toledo.
   San lldefonso también habría visto aparecerse en la catedral de Toledo a santa Leocadia, quien le permitió cortar un trozo de su velo.
CULTO
   En los tiempos de la invasión de los moros y la guerra de Reconquista, que en España tuvieron los mismos efectos que las incursiones de los piratas normandos en Francia, las reliquias de san Ildefonso fueron transportadas a Zamora, donde operaban milagros.
   El cardenal Ximénez de Cisneros puso bajo su advocación un colegio en Alcalá de Henares que se convertiría en la principal universidad de Castilla, después de Salamanca.
   El culto de san Ildefonso se difundió en el siglo XVII en los Países Bajos es­pañoles. El archiduque Alberto, que antes de ser nombrado gobernador de los Países Bajos había sido arzobispo de Toledo, encargó a Rubens el magnífico tríptico para la cofradía de san Ildefonso, establecida en la iglesia de St. Jacques de Coudenberg, en Bruselas.
ICONOGRAFÍA
   El atributo habitual de san Ildefonso es la casulla que le entrega la Virgen (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Ildefonso, obispo;
     San Ildefonso de Toledo, (Toledo, c. 607 – 23 de enero de 667=. Abad, arzobispo, conciliarista y escritor.
     De la importancia de esta gran figura de la cultura hispanovisigoda da cuenta el hecho de que, a su muerte, mereció una sucinta biografía elaborada por uno de sus sucesores en la cátedra episcopal de Toledo, Julián (680-690). De este opúsculo, conocido como Elogium beati Ildefonsi, procede la mayor parte de los datos que se conocen acerca de su vida.
     Aunque Julián no alude a los orígenes familiares de Ildefonso, de la etimología germánica del nombre de este último se deduce que su familia era de etnia goda, y no hispanorromana. De su vida anterior a su episcopado, Julián dice que Ildefonso, sintiéndose desde niño atraído por la vida monástica, ingresó tempranamente en el monasterio de Agali (Toledo). A continuación, en una fecha indeterminada, pero antes de ser nombrado diácono en su comunidad (c. 632- 633), Ildefonso hizo construir un cenobio de vírgenes consagradas en un paraje denominado Deíbia, de difícil localización; si bien, es probable que se hallase en los alrededores de Toledo. Ildefonso asumió, además, a sus expensas, el mantenimiento de este cenobio, por lo que se conjetura que esto sólo pudo ser posible una vez que hubo entrado en posesión de la herencia paterna.
     De ahí que se suponga que su familia pertenecía a la alta nobleza visigótica. Asimismo, se cree que la finca de Deíbia sobre la que Ildefonso levantó el supradicho monasterio debía formar parte de los terrenos heredados de sus progenitores.
     Julián escribe que, con posterioridad a la fundación del monasterio de Deíbia, Ildefonso alcanzó el grado de diácono en Agali. Dado que el propio Ildefonso señala en su De uiris illustribus (cap. 6) que fue consagrado diácono por Heladio de Toledo hacia el final de la vida de éste, muerto hacia 633, esto permite saber que por esas fechas Ildefonso tenía veinticinco años cumplidos, edad mínima obligatoria para acceder al diaconato. Así, su nacimiento se sitúa hacia 607.
     Algunos años después fue elevado al abadiato de Agali.
     Este nombramiento hubo de producirse entre 633 y 653, en que Ildefonso suscribió en calidad de abad las actas del Concilio VIII de Toledo (16 de diciembre de 653). También como abad suscribió el Concilio IX de Toledo (2 de noviembre de 655). Se cree asimismo que hubo de asistir al año siguiente al Concilio X de Toledo (1 de diciembre de 656), pese a que en la suscripción de las actas de este sínodo no aparezca su nombre. Ello se explica por el hecho de que en el citado Concilio únicamente firmaron los obispos y sus representantes.
     En diciembre de 657, en el noveno año de Recesvinto, precisa Julián de Toledo, Ildefonso fue elevado a la cátedra episcopal de Toledo, sucediendo en dicha dignidad a otro gran autor visigodo, el poeta Eugenio II de Toledo. Ildefonso desempeñó este cargo hasta su muerte, durante nueve años y dos meses, dice Julián, quien incluso precisa el día exacto del deceso de Ildefonso: el noveno día antes de las calendas de febrero del decimoctavo año de Recesvinto, esto es, el 23 de enero de 667. Durante su episcopado, su firma no vuelve a aparecer en ningún concilio, por no haberse celebrado durante ese período sínodo alguno en Toledo.
     Ildefonso es uno de los autores más destacados de la Hispania visigótica. Se han conservado de él estos escritos: De uirginitate perpetua sanctae Mariae contra tres infideles, elaborado con anterioridad a su obispado, e incluso, quizás, a su abadiato, un tratado de carácter teológico y apologético en defensa de la virginidad de María, su obra más famosa; dos Epistulae dirigidas al obispo Quírico de Barcelona (c. 653-654 – c. 666), de hacia 656-657, en la primera, Ildefonso agradece a Quírico los elogios que este último dedica a su tratado De uirginitate perpetua, del que Ildefonso le había regalado un códice (con ocasión quizás de su encuentro en el Concilio X de Toledo), y en la segunda se disculpa ante Quírico por no sentirse con fuerzas suficientes para emprender la redacción de un tratado de exégesis de los pasajes bíblicos más oscuros, tal y como le propone el de Barcelona; el Liber de uiris illustribus, escrito durante su episcopado, destinado a completar la serie de los catálogos de los principales escritores cristianos iniciada por Jerónimo Estridonense, y continuada por Genadio de Marsella e Isidoro de Sevilla, si bien, Ildefonso, a diferencia de sus antecesores, dedica exclusivamente su obra a aquellas grandes figuras de la Iglesia hispana, y, en especial, de la toledana, que, a su juicio, han sido unos modelos de santidad y de buen gobierno eclesiástico, con independencia de que hayan dejado o no una producción escrita; el Liber de cognitione baptismi, redactado durante su episcopado, es un tratado doctrinal sobre el bautismo de claro tono antijudío, y, en fin, el Liber de itinere deserti, elaborado como complemento de la obra precedente, a modo de segunda parte de ésta, y destinado a instruir a los recién bautizados sobre el modo más adecuado en que deben comportarse en su nueva condición, si desean alcanzar la vida eterna, obra quizás inconclusa, pues contiene importantes lagunas en los capítulos 62 a 64.
     Gracias al Elogium beati Ildefonsi se tiene un inventario completo de la producción literaria de Ildefonso, lo que permite conocer el gran número de obras perdidas de este autor. Según Julián, el propio Ildefonso distribuyó sus obras, en razón de sus contenidos, en cuatro grandes secciones, cada una de las cuales ocuparía, quizás, un códice: composiciones teológicas y litúrgicas (una), epístolas (dos), escritos litúrgicos de ocasión resultado de su actividad pastoral (misas, himnos y sermones) (tres), y epigramas y epitafios (cuatro). De todas ellas, Julián cita expresamente los títulos siguientes: Liber prosopopeiae imbecillitatis propriae, suerte de autobiografía moral de carácter edificante; Opusculum de proprietate personarum Patris et Filii et Spiritus Sancti, tratado teológico sobre la Santísima Trinidad, y tres opúsculos sobre los oficios eclesiásticos y la liturgia, elaborados durante su etapa de monje en Agali: Adnotationes actionis diurnae, Adnotationes in sacris y Adnotationes in sacramentis.
     Como consecuencia de la información suministrada por Julián, algunos estudiosos atribuyen a Ildefonso otras composiciones, tales como misas, sermones, himnos, plegarias y poemas de dudosa autoría (José Carlos Martín Iglesias, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la iglesia de San Ildefonso, de José Echamorro, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Horario de apertura de la Iglesia de San Ildefonso:
      Invierno (de Octubre a Junio):
                     Lunes, Miércoles, Jueves y Sábados: de 18:00 a 20:00.
                     Martes: de 10:30 a 12:00.
                     Viernes: de 10:00 a 13:00, y de 18:00 a 20:00
                     Domingos: de 10:30 a 12:00

Horario de misas de la Iglesia de San Ildefonso:
       Invierno (de Octubre a Junio):
                      Lunes, Miércoles, Jueves y Sábados: 19:00
                      Martes: 11:30
                      Viernes: 11:30 y 19:00
                      Domingos y Festivos: 11:00
 
Enlace a la web oficial de la Parroquia de San Ildefonso:  www.parroquiasanildefonso.wordpress.com

La Iglesia de San Ildefonso, al detalle:

lunes, 23 de diciembre de 2019

La Galería de ABC (Iglesia del desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Galería de ABC (Iglesia del desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios), de Sevilla.   
   La Galería de ABC (Iglesia del desaparecido Convento de Los Remedios `[nº 111 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 30 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza de Cuba, 10; en el Barrio de Los Remedios, del Distrito de Los Remedios
   El Monasterio fue fundado en el año 1573 a instancias de la Orden de los Carmelitas Descalzos, en el lugar donde anteriormente existió una ermita denominada de Los Remedios que se supone fue levantada en el año 1540. En el citado año de 1573 la ermita fue cedida por el arzobispo Cristóbal de Rojas a la comunidad de religiosos, los cuales en 1574 iniciaron la construcción de un convento junto a ella.
   El riesgo de las frecuentes inundaciones y el estado ruinoso del edificio les obligó a abandonarlo, decidiendo entonces construir otro convento en el mismo lugar, pero algo más alejado de la orilla del río. Las obras del nuevo convento comenzaron en 1632 terminándose la iglesia, que fue consagrada por el Arzobispo don Jaime de Palafox, en 1700.
   Con la invasión francesa, en 1810 la comunidad abandona el edificio hasta el año 1814 en que vuelven los religiosos a hacerse cargo  del convento, y allí permanecerían hasta su exclaustración en 1835. En la centuria siguiente, y entre los años 1928 y 1929, el arquitecto Juan Talavera y Heredia lleva a cabo la dirección de las obras de adaptación del convento a un nuevo uso, como sede del Instituto Hispano-Cubano de Cultura. Con fecha de 17 de octubre de 1999 el edificio es la sede del Museo de Carruajes de la ciudad. 
   El antiguo convento de los Remedios de Sevilla, se encuentra situado en la margen derecha del Guadalquivir, muy próximo a la orilla del río, en la Plaza de Cuba, esquina con la calle Juan Sebastián Elcano del barrio de Los Remedios.
   El Monasterio se funda en 1573 por iniciativa de los padres de la Orden de los Carmelitas Descalzos junto a una antigua ermita allí existente. Parece ser que contaba con iglesia, compás de acceso, que se correspondería hoy con el patio situado delante de la iglesia, y claustro formado por arquerías sobre pilares, que definían galerías en sus dos plantas, y en torno al cual se disponían las salas principales del edificio: refectorio, sala de profundis... La gran huerta de los monjes se extendía donde ahora se levanta la barriada de los Remedios.
   La iglesia es lo único que ha quedado del primitivo convento, y data del siglo XVI, siendo reformada posteriormente en los siglos XVIII y XX. El templo forma hoy parte de una de las manzanas de la Plaza de Cuba y ha visto como una serie de construcciones han venido a yuxtaponerse al núcleo original hasta llegar a colmatarlo. Algunas de ellas provienen de la reforma que Juan Talavera hizo en el edificio, para adaptarlo a Instituto Hispano Cubano de Cultura, dotándolo de nuevas fachadas con una mayor dimensión urbana.
   La iglesia presenta planta de cruz latina y cuenta con tres naves, arquerías sobre pilares de fábrica, y bóveda semiesférica sobre el crucero, con naves laterales realizadas sobre el año 1780 con trazas del arquitecto José Echamorro. El presbiterio se sitúa en la cabecera de la nave principal.
Cuenta con una interesante fachada principal situada a los pies, ornamentada en su parte inferior por pilastras y con vanos a diferentes alturas. En el centro se sitúa la portada enmarcada entre pilastras que suben hasta el alero del tejado, y presenta un dintel compuesto por un entablamento y pequeñas ménsulas donde se apoya un balcón a eje de la puerta (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía). 
     El antiguo convento de los Remedios, en la margen derecha del río, se funda en 1573 por iniciativa de los padres de la Orden de Carmelitas Descalzos.
     Poca bibliografía existe acerca de este convento, que González de León lo define de "mediano tamaño». Parece ser que contaba con un claustro formado por arquerías superpuestas sobre pilares, que definían galerías en sus dos plantas. En torno a éste se disponían las salas principales del edificio (refectorio, sala profundis, etc.).
     La iglesia, única pieza del conjunto que aún permanece, tiene planta de cruz latina y arquerías sobre pilares de fábrica. El crucero se cubre con bóveda semiesférica y en su cabecera se si­túa el presbiterio.
     Las naves colaterales de la iglesia podrían fecharse en torno a 1780, con trazas de José Echamorro.
     Delante de la iglesia se situaba un compás (que podría coincidir con el patio que hoy existe) "con varias puertas y ventanas con rejas" que daba acceso también al convento.
     Contaba éste con una gran huerta, sobre cuyos terrenos se levantó, a partir de 1940, la barriada de Los Remedios.
     En 1928-29 Juan Talavera y Heredia realiza las obras de adaptación a su nuevo destino: Instituto Hispano-Cubano de Cultura.
     El edificio, que hoy forma parte de una de las manzanas de la plaza de Cuba, ha visto cómo una serie de construcciones han venido a yuxtaponerse al núcleo original del convento hasta llegar a colmatar el volumen primitivo y adquirir así sus fachadas una mayor condición urbana.
     El edilicio ocupa en planta baja una superficie aproximada, incluyendo patios y jardines, de 1.800 m2 (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
 El Museo pretende  presentar una exposición de carruajes con la que queremos acercar a los ciudadanos a nuestro centro y a la cultura en general ya que supone una importante fuente de información sobre nuestra historia y cultura que hay que preservar y difundir. El edifico elegido como sede del Museo de Carruajes, antiguo convento de los Remedios, condiciona el espacio expositivo de manera que la distribución de las piezas queda determinada por las dimensiones espaciales.
   La necesidad de seguir un discurso lógico en la presentación de las piezas y una estructuración coherente, hace que los contenidos se estructuren en torno a dos ejes principales, que corresponden a los dos espacios físicos que conforman la primera fase del Museo. Los carruajes se han agrupado por el ámbito en que se desenvolvían, con distinción entre lo rural y urbano.
   Los ejes principales del discurso expositivo son:
Forma y función: Evolución de los carruajes y sus elementos en el tiempo.
Usos sociales de los carruajes: Paisaje urbano en torno al enganche.
   En el Museo de Carruajes hemos querido dar primacía al objeto, limitando el tratamiento expositivo a contextualizar las piezas en dos grandes ámbitos rural-urbano desde los dos puntos de vista anteriormente mencionados. Se establece en la primera sala una reflexión sobre temas generales que tratan sobre el contexto social de los carruajes, basándose en los de ámbito urbano, dejando para la segunda sala el estudio de temas más específicos y descriptivos, como los tipos de enganche, las guarniciones, las peculiaridades andaluzas y los concursos de enganches.
   En este último caso se toma como base una representación escenográfica de un enganche con los arreos más característicamente andaluces, a la calesera, y los carruajes de carácter más rural y deportivo. Junto a cada carruaje se proporciona información en atriles en paneles, sobre la pieza en particular y sobre el contexto en el que por sus características ha sido encuadrado. La información que se transmite está igualmente estructurada en distintos niveles de especialización que el lector puede examinar de acuerdo con su nivel de edad, formación, o interés previo, pudiéndose limitar a ver los gráficos descriptivos, leer los textos de época o averiguar los detalles que caracterizan y diferencia a esa pieza con respecto a los demás. Aunque no hay un itinerario establecido, cada sala tiene un sentido globalizador, situando cada carruaje en el ambiente urbano y rural que le era propio.
   En la primera sala se familiariza al visitante con la historia, forma y uso de los coches urbanos. 
 En la segunda sala se pasa al análisis de los elementos materiales que constituyen el enganche, y de los elementos culturales y humanos ligados a ellos, desde la evolución técnica de piezas fundamentales en su funcionamiento, como las ballestas de los coches, los bocados y los arneses, hasta la variedad de tipos de enganche y de oficios artesanales ligados a ellos, pasando por los escenarios no urbanos y actividades deportivas protagonizadas por estos carruajes, diferentes en forma y función de los de la primera sala.
   En la tercera sala, una reproducción escenográfica de un caballo permite exponer al alcance de la vista un enganche completo a la calesera, identificándose los detalles mediante un panel que resalta gráficamente el funcionamiento y nombre de cada elemento.
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Galería de ABC (Iglesia del desaparecido Convento de Los Remedios (actual Galería de ABC), de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Horario de apertura de la Galería de ABC (Iglesia del desaparecido Convento de Los Remedios):
             De Lunes a Viernes: de 10:00 a 14:00

Página web oficial de la Galería de ABC (Iglesia del desaparecido Convento de Los Remedios): www.lagaleriadeabc.es

sábado, 24 de agosto de 2019

La Iglesia de San Bartolomé, de José Echamorro


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de San Bartolomé, de José Echamorro, en Sevilla.     
     Hoy, 24 de agosto, Fiesta de San Bartolomé, apóstol, a quien generalmente se identifica con Natanael. Nacido en Caná de Galilea, fue presentado por Felipe a Cristo Jesús en las cercanías del Jordán, donde el Señor le invitó a seguirle, agregándolo a los Doce. Después de la Ascensión del Señor, es tradición que predicó el Evangelio en la India y que allí fue coronado con el martirio (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Iglesia de San Bartolomé, de José Echamorro, en Sevilla.
     La Iglesia de San Bartolomé se encuentra en la calle Virgen de la Alegría, 5 (aunque la entrada al templo se efectúa por la calle San Bartolomé, 5, o por el lateral de la calle Virgen de la Alegría); en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
      En la antigua judería sevillana se encuentra una iglesia dedicada al apóstol que fue desollado, Bartolomé, llamado originalmente Natanael, el hijo de Tolomeo y acompañante de Felipe, el último elegido por Jesús. Evangelizó por Armenia, Persia, Arabia y la India. Cuentan que llegó a traducir al hindú el Evangelio de San Mateo. Y que un rey pagano, al que destruyó un ídolo, le quitó la piel a tiras. Toda una iconografía barroca que curiosamente en Sevilla, se plasma en una de sus iglesias neoclásicas, con una larga historia a sus espaldas.

      Junto a la calle Levíes, en la actual calle Virgen de la Alegría, se sitúa un templo que viene a suceder en el tiempo a una de las antiguas sinagogas del barrio judío de la ciudad. Tras la decadencia que supuso para los judíos el violento asalto de su barrio en 1391, la comunidad se mantuvo a duras penas hasta la definitiva expulsión en 1492. Precisamente este solar fue el único que mantuvieron los pocos judíos que se habían estabilizado en la ciudad en la época de Enrique II, ya que las otras dos sinagogas pasaron al patrimonio del cabildo catedralicio, siendo el germen de las iglesias de Santa Cruz y de Santa María la Blanca. Fue después de esa expulsión cuando se produjo el definitivo traslado  de la conocida como parroquia de San Bartolomé el Viejo, que ha existía en la ciudad desde la reconquista y que debía situarse en la zona actualmente ocupada por el convento de la Visitación (Salesas). El traslado al lugar actual debió producirse hacia 1500 y desde entonces comenzó a conocerse como parroquia de San Bartolomé el Nuevo, aunque mantuvo la antigua edificación judía. Así fue hasta 1779. En aquel año el edificio que fue mezquita, y que Alfonso X concedió a los judíos como sinagoga, estaba en estado ruinoso y fue demolido. Se comenzó la edificación de la actual iglesia con los donativos de los fieles y las limosnas del cardenal Delgado y Venegas. Especialmente importante fue la actuación del párroco José Granados, nombrado en 1781, que logró concluir las obras del nuevo templo.  

      La nueva edificación fue consagrada entre 1800-1806, dato que varía según las fuentes consultadas. La obra fue dirigida por el reconocido arquitecto neoclásico José Echamorro, que creó un edificio con planta de cruz latina, luminosa nave central cerrada con bóvedas de cañón y bóvedas laterales baídas. En el crucero dispuso airosa cúpula sobre tambor poligonal, colocando a los pies del templo el coro con su órgano en alto y el correspondiente sotocoro en la parte inferior. La entrada a la iglesia se realiza por el muro izquierdo, una puerta de austera decoración neoclásica coronada por frontón recto. Accede a un templo en cuya última restauración, muy discutida en algunos aspectos, se le añadieron nuevos canceles de madera, nuevo suelo y minimalistas pilas de agua bendita que contrastan con los otros estilos del edificio. Domina la blanca nave central un discreto retablo neoclásico presidido por una escultura de San Bartolomé, de época anterior. Está flanqueado por dos tallas que representan a San Juan Nepomuceno adorando al Crucifijo y a San Cayetano con el Niño en brazos, tallas anónimas de finales del siglo XVII, al igual que la Virgen con el Niño que se sitúa en la parte baja del conjunto. Sobre columnas clásicas de imitación marmórea se sitúa un ático presidido por el grupo escultórico de la Santísima Trinidad.

   En la cabecera de la nave derecha se encuentra la capilla de la Virgen de la Alegría, imagen del XVI atribuida al flamenco Roque Balduque, aunque fue transformada en la intervención a la que fue sometida en el siglo XVIII. Se sitúa en un retablo de plata de estilo neoclásico y está flanqueada por tallas de San Joaquín y Santa Ana, del siglo XIX. Una antigua leyenda hace provenir el título de la Alegría del próximo Oriente. En torno a la imagen se creó una hermandad cuyas primeras reglas datan de 1672, siendo la primera que, en 1690, celebró el primer rosario público cantado. Tras un periodo de decadencia, fue refundada en 1828 con nuevas reglas. Ya en 1972 se fusionó con la hermandad sacramental, siendo considerada la imagen de la Virgen la patrona del barrio. 

En el muro izquierdo del crucero se abre, tras una notable reja de forja del siglo XVII con figuras doradas, la capilla sacramental. Está presidida por un retablo de hacia 1650, en madera oscura y compartimentada por columnas estriadas. Lo preside el grupo escultórico de la Piedad, anónimo del siglo XVI, basado en iconografías centroeuropeas medievales y de gran expresividad. Lo flanquean diversas tallas de la segunda mitad del siglo XVII; San Juan de la Cruz, San Antonio de Padua, San Francisco de Asís y San Ignacio de Loyola. Por el estilo se puede atribuir ésta última a las manos de Pedro Roldán, que en 1672 contrató un retablo con la parroquia. Sobre el ático, también en madera sin policromar, se sitúa un gran relieve con el tema de la Imposición de la casulla a San Ildefonso, de la época del resto del retablo. De gran interés es el sagrario de la capilla, donado en 1630 por doña María de Arellano, y que se puede considerar como una copia, a menor escala, del gran tabernáculo que realizó Francisco de Alfaro para el retablo mayor de la Catedral sevillana. Precisamente, en la misma capilla se sitúa la lauda sepulcral de don Fernando López, de su mujer, María de Arellano, y de su hija doña Catalina, una notable obra de la primera mitad del siglo XVII. Dos lienzos de Esteban Márquez, un seguidor de Murillo de finales del siglo XVII, con los temas de Cristo Salvador y de la Dolorosa, completan la capilla. El mismo Esteban Márquez firma la mitad de un apostolado que se cuelga en las paredes del muro del crucero.

      Neoclásico, en blanco siguiendo las frías recomendaciones de los académicos, y sin gran interés, es el retablo del Corazón de Jesús, que se abre en la capilla colateral derecha, completándose con tallas de San Cayetano y de San Jerónimo. Ya en el lado derecho del crucero, un nuevo retablo neoclásico acoge a la talla de San José, del siglo XVII, con un relieve del Santo Patriarca en el ático del conjunto. El resto del apostolado de Esteban Márquez se sitúa en el testero del crucero. Por último, destaca en la nave derecha un retablo de estípites de hacia 1740, con un crucificado atribuido a Hernando de Uceda y una Dolorosa de candelero cercana al estilo de Cristóbal Ramos, que curiosamente sobrevivió a un incendio y cuyo rostro ha sido comparado por algunos autores con el de la dolorosa trianera de la Estrella. Destaca a los pies del templo un gran lienzo de la Asunción de la Virgen, firmado por Ignacio de Ríes en 1661.
      Tuvieron gran relación con la parroquia personajes como Bartolomé Esteban Murillo, que fue vecino y hermano de la hermandad sacramental, Miguel de Mañara, que fue allí bautizado, junto a su casa, y la familia Montoto, con sepulcro en la propia iglesia (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010). 
     Presenta planta de cruz latina con tres amplias naves separadas por pilares, cubriéndose las laterales con bóvedas de arista y la central con bóvedas de cañón, con arcos fajones y lunetos. En el crucero se dispone una cúpula sobre tambor octogonal, apareciendo bóvedas de cañón con lunetos en los brazos de la cruz. La fachada principal cuenta con una sencilla portada de estilo neoclásico, que concuerda con el esquema empleado en el cuerpo de campanas de la torre. En la iglesia intervinieron los arquitectos Antonio Matías de Figueroa y José Echamorro, inaugurándose en 1806.
     El retablo mayor, compuesto por banco, un cuerpo de tres calles y ático, puede fecharse en torno a 1800. Su hornacina principal alberga una escultura de San Bartolomé, del siglo XVII, situándose en las calles laterales y ático esculturas de San Juan Nepomuceno, San Félix Cantalicio y la Trinidad, todas ellas coetáneas del retablo.
     La capilla colateral izquierda está dedicada a la Virgen de la Alegría, cuya imagen de candelero, fechable en el siglo XVIII, ocupa el centro de un retablo de plata de estilo neoclásico. En las calles laterales se sitúan esculturas de San Joaquín y de Santa Ana, de principios del siglo XIX. De igual fecha son las imágenes de San Juan Bautista y San Fernando colocadas sobre ménsulas en el muro lateral izquierdo. En el lado izquierdo del crucero, precedida de una interesante reja realizada hacia 1600, se abre la Capilla Sacramental. El retablo que la preside, realizado en torno a 1650, presenta banco, un cuerpo de tres calles y ático. La calle central la ocupa un grupo escultórico de la Piedad de principios del siglo XVI, situándose en las calles laterales esculturas de San Juan de la Cruz, San Antonio de Padua, San Francisco y San Ignacio de Loyola, considerán­dose esta última parte del retablo contratada en 1672 por Pedro Roldán. En el ático aparece un relieve con la Imposición de la Casulla a San Ildefonso, coetáneo del retablo. El tabernáculo, de planta se­mioval y cubierto de cúpula, está inspirado en el del altar mayor de la catedral sevillana, habiendo sido do­nado por Doña María de Arellano y Sotomayor hacia 1630. En el muro derecho de la capilla se sitúa una espléndida lauda sepulcral realizada en mármoles de colores que corresponde al enterramiento de Don Femando López Ramírez, muerto en 1625, su esposa, Doña María de Arellano, fallecida en 1635, y la hija de ambos Doña Catalina Ramírez de Arellano, cuya sepultura está fechada en 1643. Frente al mencionado sepulcro se contemplan dos lienzos, uno de Cristo Salvador y otro de la Dolorosa, ambos de Esteban Márquez, de fines del siglo XVII. En medio de ellos se abre una hornacina con marco rococó que contiene una talla del Niño Jesús, de fines del siglo XVII.
     En el muro del crucero se halla un gran lienzo anónimo de la Sagrada Cena y la mitad de un Apostolado de Esteban Márquez, de finales del siglo XVII.
     En la capilla colateral derecha nos encontramos con un retablo neoclásico con el Sagrado Corazón en el centro y a los lados, esculturas de San Cayetano y San Jerónimo; se completa con un relieve de la Resurrección en el remate.
     A continuación, en el lado derecho del crucero, se sitúa la Capilla de San José con un retablo neoclásico que preside la imagen del titular, de fines del siglo XVII. En el ático va un relieve del Sueño de San José y en los laterales, figuras de santas. En el testero del crucero hay seis lienzos del Apostolado, también de Esteban Márquez.
     En la nave derecha se sitúa un retablo com­puesto por banco, tres calles y ático, organizado mediante estípites y fechable hacia 1740. En el centro va un Crucificado y a la derecha, una imagen de la Dolorosa, de vestir.
     En el testero a los pies del templo hallamos, en el lado derecho, una escultura de San Elías, de la segunda mitad del siglo XVII. A la izquierda, aparece un gran lienzo de la Asunción de la Virgen firmado por el pintor sevillano Ignacio de Ríes en 1661.
     La Capilla Bautismal es la más cercana a los pies de la nave izquierda y contiene una gran pila de mármol del siglo XVII y un relieve de la Coronación de la Virgen del siglo XVI.
     En la sacristía hay varios lienzos del siglo XVIII y en el despacho parroquial, tres pinturas de las llamadas de «enconchados», de hacia 1700 y procedencia mexicana, que representan a la Sagrada Familia, San Agustín y San Gregorio.
     Tanto la parroquia como la Hermandad Sacramental conservan magníficas piezas de orfebrería, entre las que destacan un cáliz con esmaltes de la segunda mitad del siglo XVIII marcado por Pinal y una magnífica custodia que puede situarse a comienzos del siglo XIX. La Hermandad de la Alegría posee además del retablo de plata ya mencionado, cuatro candeleros y dos atriles donados en 1680 y una gran bandeja a la que acompaña una pequeña jarra de pico donadas en 1697 y de origen mexicano (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     La Iglesia parroquial de San Bartolomé se encuentra situada intramuros de la ciudad, en el sector Este, cercana a la antigua muralla y en pleno barrio de lo que fue la judería sevillana. Por su situación se halla cercana al Palacio de Miguel de Mañara, a los conventos de San José, de Madre de Dios y de las Salesas y a la parroquia de San Nicolás de Bari y de Santa María la Blanca.
     Desde el punto de vista volumétrico el buque de la iglesia sobresale del resto del caserío que lo circunscribe, presentando tres fachadas, que superponen sus volúmenes recreando una perfecta cruz latina con tejados a dos aguas con buhardillas que se corresponden con la nave central y el crucero, con cubiertas a dos aguas. Otro elemento que destaca es la torre, adosada a los pies de la nave del Evangelio.
     El templo presenta planta de cruz latina con cabecera plana. Cuenta con tres naves separadas por arcos de medio punto que campean sobre pilares cruciformes, situándose el coro alto y bajo a los pies. A los costados de las naves y junto a la cabecera se adosan una serie de capillas y dependencias, de menor alzado que el cuerpo principal para permitir la iluminación de éste. La nave central, de doble anchura que los laterales, está cubierta por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones, mientras que las laterales poseen bóvedas de arista. Este esquema se modifica en el crucero, pues mientras que los tramos laterales utilizan la bóveda de cañón con lunetos, en el central se alza una cúpula de media naranja sobre pechinas con tambor sin linterna.
     El exterior del templo resulta muy sencillo, consta de tres fachadas, y se encuentra unido al resto de casas colindantes mediante la cabecera. La fachada del lado del Evangelio comunica con la calle San Bartolomé, la de los pies de la iglesia con calle Virgen de la Alegría y la del lado de la Epístola con un callejón sin salida que se denomina igual a la anterior.
     La fachada de la calle San Bartolomé, considerada como la principal del templo, presenta la clara disposición de superposición volumétrica de capillas adosadas a la nave del Evangelio, de la que sobresale el potente crucero con tejados y buhardilla, la cúpula decorada con tejas vidriadas en azul y blanco y la torre a los pies. A la altura del tercer tramo se abre una portada de claros aires neoclásicos. Se estructura en torno a un vano escarzano rebajado, enmarcado por molduras con orejeras superiores. Éste se encuentra flanqueado por pilastras toscanas sobre pedestales sobre el que corre un entablamento con el friso decorado por metopas que alternan con triglifos, rematándose por un frontón triangular en cuyo tímpano presenta el escudo parroquial, coronándose el conjunto por tres pequeños pilares con copetes, algunos de ellos desaparecidos.
     La fachada de los pies de la iglesia refleja al exterior la estructura interna del edificio, nave central más ancha que las laterales, cubierta a dos aguas, con chaflán y buhardilla, y las naves laterales, la de la Epístola a un agua, mientras que la unión de la nave del evangelio con la torre, adosada a los pies de la misma, se realiza mediante una estructura horizontal, fruto de posteriores añadidos como dependencias de la propia iglesia. En los muros se abren vanos para iluminación interna tanto del coro bajo, como del coro alto, para este último se abre un rosetón.
     La fachada del lado de la Epístola presenta similares características a la de la calle de San Bartolomé con la salvedad de que la portada se encuentra realizada en ladrillo visto. Estructuralmente presenta los mismos elementos que la de la nave del Evangelio, un vano, en este caso rectangular, flanqueado por pilastras toscanas con arquitrabe y friso decorado solo con triglifos y remate de frontón triangular.
     La torre, de planta cuadrada, se ubica a los pies de la nave del Evangelio, cuenta con dos cuerpos claramente diferenciados. La caña o fuste, muestra un primer tramo liso, seguido de otro que presenta un óculo en cada uno de sus frentes, sobre los que se dispone un balcón. Éste se estructura en tono a un vano rectangular flanqueado por moldura plana rematado por frontón triangular y protegido por baranda de forja. Sobre éstos se vuelve a situar un nuevo óculo que se presenta cegado en alguno de sus frentes. Este cuerpo se separa del cuerpo de campanas mediante un gran entablamento en cuyo friso simulan grandes triglifos sobre los que apoya una saliente cornisa muy moldurada. Sobre ésta se sitúa el cuerpo de campanas de planta octogonal. Muestra un vano de medio punto con decoración e la clave y enmarcado por una especie de alfiz y protegido por antepecho de balaustres, en cada uno de sus cuatro frentes. Los vanos se encuentran flanqueados por pilastras toscanas, disponiéndose en los frentes achaflanados una columna con capitel jónico elevada sobre pedestal. El conjunto se encuentra recorrido por un arquitrabe muy moldurado, sobre el que se sitúa un antepecho con decoración de perinolas o jarrones al hilo de las columnas de los chaflanes.
     Hemos de mencionar la existencia de decoración mural geométrica en los paramentos de sus fachadas, simulando sillares y otros elementos, destacando los enfoscados en albero y almagra. En la actualidad la decoración de los paramentos exteriores del edificio presenta un estado lamentable de conservación que contrasta con la magnífica conservación del interior del mismo
     Según la investigadora Pilar Velela Gallego, en el lugar donde hoy se ubica el templo, existió una mezquita que en el siglo XIII, hacia 1252, Alfonso X se la concedió a los judíos, concesión que duró poco tiempo ya que en 1391, tras la revuelta de los cristianos, tres sinagogas de la judería desaparecieron convirtiéndose en capillas dependientes de la Catedral. Una fue Santa Cruz, otra Santa María la Blanca y a la tercera se trasladó de un primitivo templo con advocación de San Bartolomé. Dicha sinagoga conservó la misma forma e incluso los textos en hebreo que la adornaban, y se le dotó de suntuosas capillas. Pero en el siglo XVII el edificio se encontraba muy deteriorado por lo que se tuvieron que realizar restauraciones, siendo las más importantes las efectuadas en la segunda mitad del siglo XVII y primeros años del siglo XVIII.
     Sin embargo, el desperfecto general del templo aconsejó su derribo y construcción de nueva planta, proceso este que se dilató en el tiempo y en el que intervinieron diferentes maestros mayores, hasta su derribo definitivo en el año 1779.
     Para la construcción del nuevo edificio se plantearon diferentes alternativas, una de ellas es la propuesta de Pedro de Silva, que consistía en conservar los muros exteriores del edificio y rehacer los soportes formados por seis columnas de orden jónico. El proyecto resultó ser demasiado caro por lo que se decide llamar a Antonio Matías de Figueroa para que opine sobre el proyecto de Silva. Antonio, en principio, lo aprobó, aunque con algunas modificaciones, pero una vez iniciadas las obras de restauración propuso derribarlo por completo por ser muy poco lo que se podía aprovechar de lo existente. La propuesta de Figueroa consistía en una planta de salón, de testero plano, dividida en tres naves con pilares cruciformes a los que se adosaban pilastras. En el crucero una cúpula de media naranja sobre pechinas, y las naves se cubrían con bóveda de cañón con lunetos la central y los brazos del crucero, y con bóvedas de aristas las laterales. La iluminación se realizaba mediante ocho buhardillas, cuatro ventanas en el cuerpo de la nave central y tres claraboyas. Los interiores serían de orden dórico.
     Los trabajos se iniciaron bajo la dirección del maestro alarife José Echamorro y en sus ausencias por Juan Romero. El 21 de agosto de 1782 es bendecida la nave del Evangelio y se traslada a ella el Santísimo, pero la falta de medios económicos obliga a paralizar las obras que no se reanudan hasta diez años más tarde. En septiembre de 1792 se aprueba la continuación de las mismas bajo la dirección de Rafael de Ledesma que no llega a intervenir nada en ellas.
     En 1793 se encarga de su dirección el maestro mayor Manuel Núñez, teniendo lugar en este periodo las primeras alteraciones del primitivo plano, alteraciones que proyecta el propio Figueroa a instancias de Núñez. El antiguo campanario es derribado y se proyecta la nueva torre a los pies de la nave del Evangelio, y junto a ella un almacén para la Hermandad del Santísimo sobre el que se proyecta la Sala del Cabildo. En 1794 el proyecto de Figueroa es variado por Fernando Rosales, que a partir de ahora se encargará de la dirección de las obras hasta la terminación del edificio. El 11 de julio de 1796 la fábrica estaba finalizada, a excepción de la torre, el patinillo o camposanto y el remate del interior del cuarto taller. Los feligreses propusieron a José Echamorro, maestro mayor del Ayuntamiento, la ejecución del cuerpo de campanas y su remate hasta concluirla, cosa que llevó a efecto, estrenándose el templo en 1800 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Es un templo de fachada muy sencilla que en estos momentos se encuentra en pleno proceso de restauración. Es un oratorio neoclásico, cuya inauguración se remonta sólo a 1806. Pero el interior es bastante coqueto y además guarda algunas obras de verdadero mérito. Tiene tres naves bastante amplias. En el crucero se alza una cúpula de media naranja sobre tambor octogonal. El retablo mayor se encuentra presidido por el titular de la parroquia, que data del siglo XVII. En la cabecera de la nave del evangelio se venera a la Virgen de la Alegría, imagen de candelero del siglo XVIII, instalada en un retablo neoclásico de plata. Por distintas partes del templo se reparte un buen conjunto de pinturas de Esteban Márquez, de finales del XVII. La capilla del Sagrario tiene un altar barroco de 1650 dividido en tres calles; en la central aparece el grupo escultórico de la Piedad y en las laterales, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, San Francisco y San Antonio de Padua, obras estas cuatro atribuibles al taller de Pedro Roldán (Rafael Arjona, Lola Walls. Guía Total, Sevilla. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2006).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Bartolomé, apóstol;
LEYENDA
   Los Evangelios sólo mencionan su nombre, que es un patronímico, Bar Tolmaï (hijo de Tomaï o de Tolomeo). Quizá sea Natanael a quien menciona San Juan (1:45), como uno de los doce apóstoles. No se lo mencionan en los Evangelios ni en los Hechos de los Apóstoles.
   Según la leyenda, después de la muerte de Cristo habría evangelizado Arabia, Mesopotamia y Armenia. Fue allí donde, según el martirologio romano, lo habrían desollado vivo (vivus decoriatus) por orden del rey Astiajer, furioso porque Bartolomé había convertido al cristianismo a gran número de sus vasallos.
   Esta versión resulta contradictoria con las tradiciones orientales que aseguran que habría sido crucificado, ahogado o decapitado.
   Pero como había muchos decapitados y crucificados entre los apóstoles, los hagiógrafos optaron por un martirio menos trivial y convirtieron a Bartolomé en un Marsias cristiano.
CULTO
Lugares de culto
   Sus reliquias fueron trasladadas desde Armenia a una de las islas Lipari en el siglo VI, más tarde, en 809, a Benevento y por último en 963, a Roma, a la isla Tiberina, donde el emperador de Alemania Otón III puso una iglesia bajo su advocación, que llamó San Bartolomeo all’Isola y que sustituyó la de San Adalberto.
   Se pretendía que su piel se conservaba en Pisa. Tenía otras iglesias italianas dedicadas, en Venecia, Foligno, Pistoia y Benevento. La catedral de Frankfurt del Meno que heredara en 1238 su bóveda craneana, se puso bajo su advocación. El día de la celebración de su fiesta señalaba el comienzo de la feria de otoño. La cartuja de Colonia se jactaba de poseer una de sus reliquias, al igual que la abadía benedictina de Lüne, cerca de Lüneburgo.
   San Eduardo el Confesor, de Inglaterra, ofreció el brazo del santo a la catedral de Canterbury y la más bella iglesia románica de Londres se llama de St. Bartholomew the Great.
   Su culto está probado también en Francia. Hay una iglesia puesta bajo su advocación en París, en la isla de la Cité, y otra en Taverny. Bénévent l’Ababaye (Creuse), adoptó ese nombre porque en el siglo XI se llevó hasta allí, desde Benevento, una reliquia del santo desollado.
Patronazgos
   Su martirio le valió la clientela de todas las corporaciones que se ocupaban de la preparación de pieles y manufactura o empleo del cuero: carniceros, curtidores, zurradores, guanteros, encuadernadores. Tal es lo que revela la advocación de las iglesias italianas como San Bartolomeo dei vaccinari (de los zurradores), dei pizziagnoli (de los chacineros).
   Lo reivindicaban los sastres porque lleva su piel bajo el brazo, como un abrigo.
   También tenía prestigio de santo curador. Se lo invocaba contra los espasmos, convulsiones y enfermedades nerviosas en general.
ICONOGRAFÍA
   De ahí procede la riqueza de su iconografía que contrasta con lo poco que se sabe de su persona.
   Se lo representa tanto cubierto como despojado de su piel, como el sátiro Marsias, víctima de los celos de Apolo.
   Sus atributos, en el primer caso, son el cuchillo grande con el cual lo desollaron, en el segundo caso su propia piel suspendida del brazo. Esa piel de recambio recuerda la cabeza de recambio de San Dionisio y de los cefalofóros.
   Los primeros estudios de Desollado (Écorché, Scorticato, Muskelmann) que servían de modelos en las academias de dibujo, se consideraban representaciones de San Bartolomé.
   En la pintura española, tiene además un demonio encadenado (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de José Echamorro, autor de la obra reseñada;
     José Echamorro, (Carmona, Sevilla, 1751 – Sevilla, agosto de 1825). Arquitecto, maestro de obras del Ayuntamiento de Sevilla.
     Nacido en Carmona en 1751, aprendió el oficio con su padre, el maestro de obras Antonio Echamorro, y también con el maestro alarife y vecino de Sevilla Francisco Romero, de quien fue su aprendiz.
     Echamorro aprobó el examen para el ejercicio profesional como maestro en 1775. A estos pasos de formación barroca y tradicional añadió Echamorro el aprendizaje en torno a instituciones docentes de la capital de signo más ilustrado: fue alumno de la Real Escuela de las Tres Nobles Artes de Sevilla desde el año de su titulación como maestro, al tiempo que cursaba también un año de Matemáticas en el Colegio de San Hermenegildo de Sevilla, materia sufragada por la Real Sociedad Patriótica y, según el propio maestro, mientras recibía clases en la Real Academia de San Carlos de Valencia por espacio de dos años. Del paso por estas instituciones fue especialmente relevante su aprendizaje en la Escuela de Artes de Sevilla, de cuyo director de Arquitectura, Lucas Cintora, se reconoció como discípulo.
     En 1786 optó a la plaza de maestro mayor de obras del municipio tras la renuncia del cargo por el arquitecto Félix Caraza, empleo que desempeñaría a lo largo de su vida en continuo litigio con el propio Caraza, que reivindicó posteriormente el puesto que abandonara, y desde 1809 con el arquitecto Cayetano Vélez.
     La arquitectura de Echamorro es fruto de superficial renovación hacia el academicismo de un arquitecto de formación tradicional y barroca. Pese a la eliminación del adorno y la introducción en sus obras de los soportes clásicos, éstos se disponen con una reiteración claramente retardataria. La incorporación de modelos y tipos cortesanos se efectúa de manera aislada, sin que sirvan para una renovación global de sus construcciones de acuerdo con los preceptos académicos.
     Obras suyas son la conclusión de la obra de la iglesia parroquial de Peñaflor, Sevilla (1794-1801), y las reformas de las iglesias de Utrera (Sevilla), de Santiago y Santa María (1794-1799). Su obra principal fue la construcción de la iglesia de San Ildefonso de Sevilla, iniciada en 1796 bajo diseño propuesto por la academia de Julián Barcenilla, con profundo ábside, modificado por Echamorro con carácter monumental al introducir dos torres en fachada. En su ciudad natal de Carmona amplió las casas capitulares (1790), edificó la cilla del arzobispado (1791), y sobre todo restauró la Puerta de Córdoba (1796 y 1800), acentuando el carácter representativo de este acceso a la ciudad desde época romana. Sin embargo, sus proyectos para arquitectura pública con destino a diversas localidades de la región fueron reprobados por la comisión de arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ya en la restauración fernandina, realizó el mercado de madera de la Encarnación en la plaza del mismo nombre de la capital sevillana, obra casi terminada en 1820, sobre un diseño inicial de Cayetano Vélez sobre el que introdujo importantes modificaciones. Echamorro elaboró al año siguiente otro proyecto de plaza de abastos para Triana, y por estos años de madurez de su carrera fue consultado sobre diversas operaciones urbanísticas en la ciudad de Sevilla, donde destaca su reforma de la plaza del Pan en 1820.
     La mejora de las condiciones de su vida profesional condujo a una situación económica favorable; era propietario de tres casas, situadas en la plaza de San Leandro y collación de Santa Cruz de la capital hispalense, y en la vecina población de San Juan de Aznalfarache.
     En 1803 fue acogido como hermano en la hermandad sacramental del Sagrario de la catedral.
     Estuvo casado con María de Torres, de la que enviudó en 1806. Fue enterrado en la capilla de Nuestra Señora del Coral de la iglesia de San Ildefonso el 8 de julio de 1825, en atención a sus servicios como constructor del templo (Francisco Ollero Lobato, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de San Bartolomé, de José Echamorro, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

La Iglesia de San Bartolomé, al detalle:
Capilla de la Virgen de la Alegría