Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

Mostrando entradas con la etiqueta Arcos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arcos. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de septiembre de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Aljibe de Mazmúllar, Arcos, Castillo La Tahona, y Meseta de Mazmúllar) de la localidad de Comares, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Aljibe de Mazmúllar, Arcos, Castillo La Tahona, y Meseta de Mazmúllar) de la localidad de Comares, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca de la Axarquía Costa del Sol
     Superficie: 26 km2
     Altitud: 685 m
     Latitud: 36º 51'  -  Longitud: -4º 14'
     Distancia a Málaga capital: 48'1 km
Datos demográficos
     Población: 1.339
     Gentilicio: Comareños
Ayuntamiento
     plaza Balcón de la Axarquía, s/n, 29195
     952509233 - 952509300     www.comares.es
     Comares es un pueblo de origen árabe situado en la franja fronteriza entre la comarca de Axarquía y los Montes de Málaga. Por su ubicación, sobre una elevada cima, es conocido como el "Balcón de la Axarquía".
     Sus laberínticas callejuelas y su arquitectura de reminiscencias moriscas son los elementos más característicos de su paisaje urbano. Parada imprescindible de la Ruta de la Pasa, este pueblo es además la cuna de un estilo de cante por verdiales que lleva su nombre.
     En Comares no puedes perderte sus monumentos: 
     El Castillo de Comares y el Aljibe de Mazmúllar son parte de la herencia que los árabes dejaron a este pueblo de la Axarquía. La fortaleza aún conserva dos de sus torreones y una parte de la muralla, que se conoce como La Tahona. El aljibe, construido en el siglo XIII, está declarado Monumento Histórico-Artístico.
     La iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación es otra de las principales obras arquitectónicas de Comares. Se encuentra en la parte más alta del pueblo y es de estilo mudéjar. Se construyó el siglo XVI, aunque más tarde se le añadió la capilla del Sagrario. Consta de tres naves y en su exterior destaca su torre con arcos mozárabes (Diputación Provincial de Málaga).
      En uno de los parajes de mayor inaccesibilidad, a caballo entre la Axarquía y los Montes de Málaga, se localiza esta población, en el cerro de un monte que encierra los vestigios de la antigua fortaleza y la parroquia. Esta atalaya fronteriza, acotada por lomas de fuerte pendiente, dispone de cultivos de olivos, almendros y vides en bancales.
     Sus orígenes se remontan a la época romana, probablemente un puesto de control fronterizo, como tam­bién lo fue el cerro de Masmullar. Posteriormente, los árabes levantaron una fortaleza de igual entidad constructiva que las de Zalía y Bentomiz. En los documentos se la cita como Hisn Qumarich. Se han conservado del antiguo recinto dos torreones, e integrados en su intrincado urbanismo dos arcos medievales. El emir nazarí Mohamed nombró alcaide a su yerno Abd Ishq Ibrahim, de la familia de los escayuelas, a mediados del siglo XIII, aunque éste se alió con el rey Alfonso X para arrebatarle el trono. El envío de tropas desde Granada para sofocar la traición fue rechazado, con la ayuda de las tropas cristianas. El 29 de abril de 1487 se rindió Comares a los Reyes Católicos, siendo sus capitulaciones de las más benévolas, declarando a la población vasallos del Rey. Poco después se integró en las posesiones de D. Diego Fernández de Córdoba. A pesar de no haber intervenido en el levantamiento morisco de 1568, la población tuvo que abandonar la zona. Su castillo-cementerio está declarado BIC con cate­goría de Monumento, y en el cerro de Mazmúllar, se conservan los restos de una ciudad de los siglos IX-XI, destruida y posteriormente reedificada, de la que es visible el trazado de sus calles, la necrópolis y edificios notables, especialmente su aljibe, recinto de mampostería de planta rectangular dividido en nueve compartimentos deslindados por arcos de herradura y bóvedas de cañón. Comares fue baluarte defensivo de Omar Ben Hafsún (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
       El tajo sobre el que Comares se alza es un balcón fantás­tico sobre la Axarquía desde el que se obtienen espectaculares vistas. En lo más alto de sus calles, adornadas con macetas de geranios, está el Ayuntamiento y la iglesia de la Encarnación, magnífico ejemplar de la arquitectura mudéjar del siglo XVI, con dos torres, una en la cabecera, y la otra sobre la capilla del sagrario. A unos 2 km del pueblo por la MA 165 se encuentra la meseta de Mazmúllar, impresionante macizo de piedra en el que en el siglo IX existía un poblado islámico del que puede verse todavía un aljibe declarado Monumento Histórico (Rafael Arjona. Guía Total, Málaga. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).
     
Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación
     Fue erigida en 1505 por el arzobispo de Sevilla D. Diego de Deza, y confirmada por Bula de Julio II en 1510. Obra del XVI, presenta tres naves separadas por pilares cruciformes, que sostienen arcos apuntados, inicialmente de ladrillo visto, con cabecera cuadrada cubierta con ar­madura de madera. Las naves, de diferente altura, se cubren con armaduras de lazo la central, y de colga­dizo las laterales. En 1721, la iglesia estaba en ruinas y se realizaron obras, según las inscripciones de los altares y los retablos, incluyéndose la ampliación de la sacristía. Dentro de esta reforma pue­de encuadrarse la intervención del mayordomo de la cofradía del Rosario, quien labró a su costa una capilla para la imagen, ampliada en 1756, y que puede identificarse con la actual del Sagrario. En 1930 este espacio fue intervenido por el párroco Julio Cuevas Montesinos, que hizo de albañil y maestro de obras. Tiene planta octogonal con pilastras en los ángulos, que sostienen un doble friso decorado con motivos vegetales, y sobre éste un anillo casi circular con pequeñas pechinas. Un segundo anillo, sostiene la bóveda semiesférica, dividida en ocho segmentos con ornamentación floral, espejos que envuelven los roleos, tornapuntas y veneras, abundante efectista. Al exterior presenta un poderoso volumen a modo de camarín-torre, de forma poligonal de tres pisos separados por impostas, con decoración muy similar a la de El Borge. La portada se formaliza con arco de medio punto, inscrito en un recuadro de ladrillo, sobre las impostas. A los lados, dos cuerpos salientes, como contrafuertes, realizados en ladrillo, y rematados con cruces.
     La torre, ubicada en el lado derecho del presbiterio, de planta cuadrada y del siglo XVI, mantiene elementos mudéjares, como los arcos en­marcados por alfiz.
     De los bienes muebles destaca su retablo, de la primera mitad del siglo XVIII, y en la sacristía diferentes piezas de orfebrería: un cáliz de plata blanca, de finales del siglo XVIII, decorado con motivos eucarísticos y de la Pasión y una naveta de plata blanca, de la primera mitad del setecientos (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación se encuentra situada en la parte principal del casco histórico de Comares, en lo más alto y céntrico de la población. Desde el punto de vista volumétrico destaca del conjunto del caserío que la envuelve por los tejados de la nave central, la torre y el camarín de la Virgen del Rosario. 
     Fue erigida en 1505 por mandato del arzobispo de Sevilla don Diego de Deza, con arreglo a la bula de Inocencio VIII y confirmada por bula de Julio II en 1510, sobre la antigua mezquita árabe del municipio malagueño, formando parte de la Vicaría de Málaga y bajo la advocación de la Encarnación. 
     Fue construida originalmente en estilo mudéjar. Consta de tres naves con orientación sureste-noroeste y cabecera plana de planta cuadrada, a la que se adosan la sacristía y la torre-campanario en el lado del Evangelio y de la Epístola, respectivamente.
     La nave central, de mayor altura que las laterales, se eleva sobre cuatro pilares cruciformes achaflanados, sobre los cuales se abren arcos apuntados sin alfiz que la separan de las naves laterales. Se cubre con una armadura mudéjar de par y nudillo, con cinco dobles tirantes que descansan sobre canes. El almizate está decorado con estrellas de ocho puntas y lazo con crucetas. En el centro del almizate se sitúa una estrella de doce puntas enmarcada en un cuadrado y, sobresaliendo a su vez del centro de éste, una piña de mocárabes. La parte baja de los faldones está decorada con una calle de lazos a base de crucetas y estrellas. Las naves laterales se cubren con simples armaduras de colgadizo. 
     La cabecera de la iglesia, de planta cuadrada y precedida por un gran arco triunfal apuntado, se cubre por una armadura mudéjar con limas mohamares y labor de menado sobre tablas. Del centro pende un octógono de mocárabes inscrito en un cuadrado formado por ocho crucetas. Los cuadrales que dibujan la forma octogonal apoyan sobre canes lobulados. 
     Todo el presbiterio presenta un rodapié de azulejos procedentes de un antiguo púlpito y en un lateral se conserva la pila bautismal de mármol tallado. 
     En el lado del Evangelio de la cabecera se sitúa la sacristía, desde la que se accede directamente al patio trasero, antiguo lugar de enterramiento. En el lado opuesto se levanta la torre-campanario, junto a la cual, en el flanco norte, se encuentra la antigua sacristía o cuarto de San Hilario, una estancia de planta cuadrada que se comunica directamente desde el exterior.
     A los pies de la nave central, elevado sobre una grada y cerrado por una barandilla de madera, se encuentra el coro, comunicado por una estrecha escalera situada en el último tramo de la nave del Evangelio.
     En 1721, ante la amenaza de ruina, se llevaron a cabo una serie de obras y reformas que afectaron principalmente a la sacristía y a la nave del Evangelio, en el centro de la cual se construye, en estilo barroco, la capilla del Sagrario la cual iba a albergar la imagen de la Virgen del Rosario y cuyos gastos fueron soportados por el mayordomo de la cofradía. Esta capilla, de planta cuadrada y adosada a modo de torre-camarín a la traza original, se resuelve interiormente con pilastras cajeadas que sostienen un doble friso con motivos vegetales y sobre los que se desarrolla un primer anillo de dieciséis lados, que soporta pequeñas pechinas entre los arcos ciegos que rematan los muros. Un segundo anillo sostiene la bóveda semiesférica de ocho nervios, decorados con motivos florales que surgen de un florón central y separado por segmentos adornados con espejos envueltos por roleos, hojas carnosas, tornapuntas y veneras. Hacia el exterior, la capilla se presenta como una torre-camarín poligonal de tres pisos separados por impostas, con decoración a base de placas triangulares en el cuerpo bajo, óculos en el cuerpo central y tejadillo octogonal como remate. Presenta una estructura similar al camarín de la iglesia de El Borge y del convento de monjas carmelitas de Vélez-Málaga.
     Exteriormente, la iglesia se resuelve mediante cuatro fachadas, la del lado oriental oculta por construcciones adosadas. 
     En la correspondiente al lado sureste se abre la portada principal, de gran sencillez decorativa, compuesta por un arco apuntado, enmarcado en un rectángulo que hace las veces de alfiz, con una destacada imposta, flanqueada por dos contrafuertes y coronada por un óculo. La fachada más occidental del templo, aunque abierta hacia la calle, queda prácticamente oculta por la cercanía de otras edificaciones.
     Junto a la cabecera se adosa la torre-camarín conocida tradicionalmente como capilla del Sagrario, levantada en el siglo XVIII, que está toscamente acabada en su interior y presenta hacia el exterior ventanas enmarcadas por alfiz siguiendo la tradición mudéjar. Es de planta cuadrada y la caja de escaleras se desarrolla en sus cuatro frentes dejando un hueco en el centro. Cuenta con dos cuerpos, el fuste o caña y el cuerpo de campanas rematado por un tejado a cuatro aguas coronado por cruz y veleta de forja. En sus frentes presenta vanos que se alternan dos y uno, de medio punto enmarcados por alfiz.
     Finalmente, en la fachada trasera del edificio, se ubica un patio rectangular cerrado actualmente por un muro encalado, que fue el lugar destinado a cementerio en tiempos pasados. El edificio presenta la totalidad de sus paramentos encalados en blanco.
     El incendio de 1929 y los destrozos de la noche del 13 de mayo de 1931 son las principales causas de la pérdida de los bienes muebles de la iglesia, entre los que cabe destacar, entre otros muchos, el retablo mayor, obra de estilo barroco del siglo XVIII, dedicado al patrón San Hilario. En la etapa de la posguerra, el programa decorativo del templo fue renovado con los altares e imágenes que encontramos en la actualidad.
     En la comarca malagueña de la Axarquía, entre grandes peñas y profundos tajos, se encuentra el que fue un privilegiado enclave defensivo durante la dominación musulmana, el pueblo de Comares. Escenario de continuas luchas entre los reyes nazaríes de Granada y los tres walies de la familia Axquilula, Comares fue finalmente conquistado por los castellanos en el año 1487, dando lugar a una de las capitulaciones más pacíficas y respetuosas con la población musulmana acontecidas en la Península Ibérica. El sitio, con el devenir de los tiempos, se ha configurado como un espléndido paisaje rural, salpicado de cortijos y pequeños caseríos dedicados al cultivo del olivo, el almendro y la vid.
     Sobre el cerro occidental del municipio, destacando sobre el paisaje urbano y ocupando el solar de la antigua mezquita, se levantó en 1505, por orden de los Reyes Católicos, la iglesia mudéjar de Nuestra Señora de la Encarnación. En el inmueble se conservan y combinan elementos de estilo mudéjar, como las espléndidas armaduras de lazo que cubren el interior del templo, entre las que cabe destacar la de la nave central, considerada uno de los mejores ejemplos conservados entre las parroquias de la provincia malagueña; y añadidos de épocas posteriores en estilo barroco, como la capilla del Sagrario, del siglo XVIII, que completa el programa arquitectónico, iconográfico y decorativo del edificio, el más representativo del municipio y uno de los mejores ejemplos de arquitectura mudéjar de la Axarquía malagueña.
     Tradicionalmente ha sido sede de cofradías y fundaciones religiosas de importante carácter popular, la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación fue en sus orígenes núcleo de la vida espiritual de los vecinos de esta población, siendo en la actualidad uno de los lugares más emblemáticos y simbólicos del municipio.
      En 1929 el templo sufrió un grave incendio. Tras la proclamación de la República se produjeron una serie de acontecimientos entre el 10 y el 13 de mayo de 1931, entre ellos la quema de conventos, figurando este edificio religioso entre los que fueron destrozados en la provincia de Málaga. Con la restauración llevada a cabo en la posguerra el edificio vio alterado el programa decorativo, añadiéndosele nuevo mobiliario litúrgico (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Obra del siglo XVI, es el monumento más sobresaliente de su historia. Su construcción, data del 25 de mayo de 1505, y se levanta sobre el solar que había ocupado la mezquita árabe, originando un edificio mudéjar de tres naves, que se distribuyen en torno a siete arcos apuntados.
     La techumbre es lo más destacado del edificio, con armadura tipo artesa, con ricas grecas geométricas y motivo de lazo central con mocárabes.
     Cuenta con cinco tirantas pareadas, encontrándose las extremas metidas en obra, resultando un bello conjunto de artesones entrelazados de gran  belleza y calidad histórico-artística.
     Cuenta también con una torre campanario y una torre-camarín, de forma octogonal de estilo rococó, obra de finales del siglo XVIII. Un gran arco apuntado cobija la puerta principal entre pilastras, y se cubre en el exterior con cubierta a dos aguas de teja árabe (Diputación Provincial de Málaga).

Aljibe de Mazmúllar
     Despoblado medieval del cual se conservan aljibes y cisternas para almacenamiento de agua, así como restos de estructuras edilicias que pertenecieron a grupos de viviendas. Los restos cerámicos aparecidos demuestran que este lugar estuvo densamente poblado en los siglos X-XI. 
     Destaca una forma rectangular o aljibe, dividido en 9 compartimentos por cuatro pilas cruciformes y arcos de herradura, que apean bóvedas alargadas de arista con un tamaño de 7,70 x 5,75 metros, obra de mampostería y sillarejos de época califal fechados en el siglo X-XI (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En la Mesa de Mazmúllar, podremos encontrar un aljibe árabe declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1931, en base a la descripción que de él hace D. Rodrigo Amador de los Ríos, obra que se remonta al siglo XI-XIII de nuestra era, formada por una elegante galería de arcos de herradura.
     Se halla, como decimos, en un despoblado al que llaman la Meseta de Mazmúllar al que se accede tras una hora caminando. 
     Este aljibe tiene forma de rectángulo y está dividido en nueve compartimentos por cuatro pilas cruciformes y cono de herradura que apean bóvedas alargadas de aristas. Su tamaño es de 7,7 por 5,7 metros.
     También en el Cerro de Masmullar existen restos de una ciudad de los siglos lX al X, destruida y posteriormente reedificada. Se sabe que fue uno de los principales baluartes defensivos de Omar Ben Hafsun, siendo un recinto tan importante que se señala la mesa de Mazmúllar, al lado de Comares, como la capital de dicho reino durante la época inicial del Califato cordobés (Diputación Provincial de Málaga).

Arcos

     En las calles más antiguas del pueblo se conservan dos arcos, probablemente de la época medieval (Diputación Provincial de Málaga).

Castillo de Comares - La Tahona
      El castillo, de época árabe, se encuentra parcialmente destruido y muy enmascarado por construcciones contemporáneas. Únicos testigos de su existencia son dos torres (tahona grande y tahona chica) y fragmentos dispersos de murallas. La utilización de su solar como cementerio urbano ha incidido de forma rotunda en la transformación visual de su recinto, donde además existe fuerte erosión eólica. 
     Los restos de la torre tienen un zócalo de fábrica de mampuestos con verdugadas de ladrillo, habiéndose perdido totalmente los revestimientos del cuerpo central y de la coronación. Dentro del cementerio se conservó un aljibe en buen estado de conservación. 
     En la zonificación realizada se incluye todo el entorno del casco urbano, pues si bien en la zona del cementerio se encuentra el castillo o Hisn primero, con posterioridad a época altomedieval la fortaleza debió extenderse rodeando el casco urbano actual. La falta de investigación, tanto en lo referente al fuentes historiográficas como a datos arqueológicos impiden hacernos una idea exacta de la configuración de la fortaleza en época bajomedieval. Sin embargo, la presencia de lienzos de muralla como el situado junto a la calle Agua o la desaparecida Puerta de Málaga, o de torres como la denominada Tahona Chica, evidencia que el recinto amurallado debió rodear todo el casco urbano moderno, el cual, por otra parte, conserva una traza de tradición islámica (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Del Castillo baluarte La Tahona sólo quedan restos de una muralla, de época incierta. Lo que sí se sabe es que se transformó en una fortaleza de grandes dimensiones durante la ocupación musulmana, levantada en el lugar que hoy ocupa el Camposanto.
     El castillo, de origen árabe, fue edificado a su vez sobre una antigua fortaleza romana. A los restos de la fortaleza le llaman popularmente “La Tahona”, y desde lo alto se puede contemplar una maravillosa vista general del pueblo, que parece suspendido en una roca, así como del impresionante macizo de Sierra Tejeda al Norte y el mar al Sur. De hecho, a Comares le llaman el Balcón de la Axarquía malagueña (Diputación Provincial de Málaga).

Meseta de Mazmúllar

     Se trata de un asentamiento medieval, concretamente mozárabe, situado en una meseta descendiente de norte a sur con una cronología en principio de los siglos IX al XII (d.n.e). Presenta las estructuras propias de un asentamiento medieval; domésticas, e hidráulicas. Entre ellas, cuenta con un aljibe que está declarado Bien de Interés Cultural. En la zona hay cultivos de olivos y almendros.
     Meseta con una superficie aproximada de una hectárea, donde aparecen materiales constructivos, lo que indica que hubo un asentamiento en la etapa medieval, aparece cerámica medieval, tras una prospección los restos materiales en superficie son escasos, y se aprecian cultivos de olivos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Existen en la meseta de Mazmúllar, cerca del pueblo de Comares, vestigios importantes que ratifican la existencia de un poblado asentado en aquel lugar.
     Por la cerámica encontrada los vestigios apuntan hacia la época musulmana pero la existencia de tumbas antropomorfas talladas en la piedra crean una duda razonable sobre este tema.
     Los musulmanes enterraban a sus fallecidos en posición lateral, mirando hacia La Meca y directamente sobre la tierra, lavados y cubiertos con un lienzo limpio.
     Por otra parte en un tiempo se creyó que las ruinas de Mazmúllar correspondían a la legendaria Bobastro de Omar ben Hafsun, no es cierto, pero si puede ser posible que en la meseta de Mazmúllar se asentara la perdida ciudad de Qámara, mencionada en relación con Omar y que desapareció tras la muerte de éste y de sus familiares. No perdamos de vista que etimológicamente Qámara puede ser la base de Comares y siempre se ha identificado a Qámara con las cercanías de Colmenar.
     Pero en cualquier caso en la meseta de Mazmúllar hubo una ciudad y una ciudad importante y digo este calificativo a colación de los vestigios encontrados y sobre todo al de su aljibe, declarado en 1926 como Monumento Histórico Artístico por el entonces presidente de la República don Niceto Alcalá-Zamora.
     Fue encontrado en 1907 cuando al arrancar una encina descubrieron un agujero que daba paso a una oquedad de apariencia bastante grande.
     En el diario “El Cronista” se inserta una noticia que informa del descubrimiento de unas salas subterráneas, que suponemos que rápidamente fue identificado como un aljibe y del que se hicieron los
primeros croquis.
     El tamaño del mencionado aljibe, el nivel de calidad de su construcción y su acabado dan idea de que debió de corresponder a una instalación muy especial, normalmente los aljibes se edificaban en los bajos de los castillos, por ejemplo en Comares se puede visitar el aljibe situado en el cementerio, que era justamente el castillo de la villa, pero me atrevería a decir que el de Mazmúllar es muy superior en capacidad y en calidad.
     Lo primero que llama la atención es la construcción con arcos de herradura y las paredes estucadas, para impermeabilizarlas, con una capa, aún hoy perfectamente lisa al tacto, de color rosado.
     En la parte sur de la meseta existen unos restos muy claros de edificaciones, con huecos en el suelo excavados a cincel, que servían de almacenes de granos.
     Creo poder seguir defendiendo que aquel lugar fue la sede de la ciudad de Qámara, la residencia de verano de Omar ben Hafsun, y que tal como ‘Abd al-Rahmãn III profanó las tumbas de Omar y sus hijos, quemó los restos y esparció las cenizas, para hacer patente su odio y su desprecio, con igual inquina destruyó la ciudad de Qamara, pero no pudo eliminar el aljibe del castillo de Omar.
     Los habitantes que sobrevivieron se trasladaron al vecino monte donde crearon la nueva villa de Qamara, que ha llegado hasta nosotros con el nombre de Comares y que, desde entonces, fue una plaza fuerte muy apreciada en todas las escaramuzas de la zona, que fueron muchas (Diputación Provincial de Málaga).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Aljibe de Mazmúllar, Arcos, Castillo La Tahona, y Meseta de Mazmúllar) de la localidad de Comares, en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

Más sobre la provincia de Málaga, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de San Pedro, Ermita de la Virgen de los Remedios, Arcos romanos: puente y acueducto, Casa de José González Marín, y Castillo) de la localidad de Cártama, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Pedro, Ermita de la Virgen de los Remedios, Arcos romanos: puente y acueducto, Casa de José González Marín, y Castillo) de la localidad de Cártama, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca del Valle del Guadalhorce
     Superficie: 105 km2
     Altitud: 161 m
     Latitud: 36º 42'  -  Longitud: -4º 37'
     Distancia a Málaga capital: 21'2 km
Datos demográficos
     Población: 28.412
     Gentilicio: Cartameños
Ayuntamiento
     c/ Juan Carlos I, 62, 29570
     952422195 - 952422349
     A sólo 17 kilómetros de Málaga se encuentra el municipio de Cártama, situado en el Valle del Guadalhorce. Este municipio es famoso por la producción de cítricos y de productos cárnicos, y cuenta con un gran legado arquitectónico y cultural. Está emplazado en un punto estratégico de la provincia, limitando con 8 pueblos, y muy bien comunicado con la capital. Esta situación entre caminos ha hecho que a lo largo de la historia diferentes pueblos se hayan asentado en su territorio, empezando por los fenicios. Los árabes fueron los que le dieron su nombre actual y convirtieron a Cártama en un centro de carácter económico, político y militar.
     Sus núcleos urbanos principales son Cártama Pueblo y Cártama Estación.
     En Cártama no te puedes perder sus monumentos;
     Las diferentes civilizaciones que se asentaron en Cártama han construido un mapa singular y muy interesante. Uno de los primeros edificios destacados que descubrirás al llegar a este municipio es su fortificación. El Castillo de Cártama fue construido por los romanos, pero remodelado y utilizado por los árabes, y ocupado por las tropas cristianas durante la Reconquista. Desde el castillo, tendrás una vista panorámica única de la vega del Guadalhorce.
     También en altura y con vistas memorables, podrás visitar la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, construida en el Monte de la Virgen. Este templo está declarado Bien de Interés Cultural y data del siglo XVI. De esa época es también la imagen de Nuestra Señora de los Remedios, encontrada por un pastor local según la leyenda. La devoción de la comarca entera por la patrona de Cártama hace que sus romerías sean de los eventos religiosos más importantes.
     Tal es su devoción, que la patrona cuenta incluso con un museo. En el año 2007 se inauguró un Museo de Nuestra Señora de los Remedios coincidiendo con la festividad de la patrona. Lo encontrarás junto a la parroquia de San Pedro.
     Seguimos el recorrido por la iglesia de San Pedro, construida en el siglo XVI sobre una mezquita de la época. Esta iglesia combina diferentes estilos arquitectónicos, con elementos mudéjares, góticos y también renacentistas, y conserva el alminar de la antigua mezquita, convertido hoy en torre.
     Destacar también un gran puente de hierro del siglo XX. Este puente sobre el río Guadalhorce sirve para unir los dos núcleos urbanos principales: Cártama Estación y Cártama Pueblo. Por último, otros puntos de interés de este municipio son Casa Museo del poeta y rapsoda González Marín, la Casa de José Alarcón Luján y una fuente del siglo XVI (Diputación Provincial de Málaga).
      Como otras localidades de la comarca, las tierras cartameñas han visto pasar pueblos que han dejado tras de sí su huella imborrable. Los fenicios se fusionaron con los aborígenes y le dieron el nombre de Cartha, «ciudad escondida». Durante la invasión romana, llamada entonces Cartima, asume el título de municipio, siendo, con Álora, uno de los más importantes de la provincia. Así lo constatan restos hallados en las proximidades de su casco urbano: una columna corintia del siglo II, a la que se incorpora en el s. XVIII una Cruz de forja, que con el tiempo se ha convertido en emblema de la ciudad y otros muchos restos: estatuas, lápidas, mosaicos, destacando el que fue trasladado al Museo Loringiano, en la finca de la Concepción de Málaga, y hoy se encuentra en un panteón bilbaíno. Tras el dominio romano pasó a poder de godos y musulmanes, hasta que fue conquistada por Fernando el Católico en 1485. Dominada por su Castillo musulmán, que data del siglo X y fue uno de los principales baluartes de la defensa de Málaga, su casco urbano, con calles largas y llanas, se derrama sobre la ladera del Cerro de la Virgen, donde hay algunas obras arquitectónicas modernas que albergan piezas de valor apreciable. Destaca la casa del rapsoda D. José González Marín, del siglo XIX, llena de sus recuerdos, la de D. José Alarcón Luján, de fachada neobarroca y otras, que son los escasos restos que quedan de su pasada grandeza.
     En 1811 se le incorporó el poblado de Casapalma, perteneciente al Conde de este título. Entre 1927-31 se construyó su famoso puente de hierro, sobre el Guadalhorce, para comunicar Cártama con la estación de Cártama; restaurado recientemente sólo es ya elemento de recreo e imagen (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
       Población situada en la Hoya de Málaga, junto al río Guadalhorce, en la falda del cerro de la Virgen y a sólo 20 km de la capital.
Historia y visita
     Los orígenes de la población se remontan a la dominación romana, época en la que aparece en las crónicas de los viajeros con el nombre de Cartima. Los árabes la llamaron Carthama, que siginifica "ciudad encendida".
     La villa se encontraba entonces en lo más alto del cerro. Los árabes construyeron el castillo y las murallas, cuyas ruinas subsisten todavía.
     La ciudad deja caer su blanca trama de casitas bajas y callejuelas entrelazadas por la falda del cerro. Sobre la llanura de la Hoya, amplia vega de rica agricultura con predominio de naranjales y limoneros, se alza la torre de la iglesia parroquial de San Pedro, gran templo construido en 1502, de tres naves separadas por arcos fajones de medio punto sobre pilares achaflanados y con cubierta de madera, la central de par y nudillo y las laterales de colgadizo.
     En la cumbre del cerro de la Virgen se levanta la ermita de la patrona, un gracioso edificio blanco desde el cual se obtiene una amplísima panorámica del valle.
Gastronomía
     Las cachorreñas, especie de sopa a base de naranja amarga, es el plato tradicional de esta ciudad, aunque tanto la carne de cerdo como el pes­cado, dada la cercanía de la costa, juegan también un importante papel en su mesa. En los últimos años, gracias a la creación de una potente industria chacinera, han cobrado un papel importante los embutidos, principalmente la morcilla y el chorizo.
Fiestas y tradiciones
     El 22 de abril se celebra la Bajada de la Virgen de los Remedios desde su ermita, que se levanta en la falda del cerro, hasta la parroquia del pueblo. El día 23 tiene lugar una procesión en honor de la patrona. Los días 24, 25 y 26 continúa la feria. El 15 de mayo es la romería de San Isidro, titular de la barriada de la Estación y en su honor se celebran varios días de feria (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Iglesia de San Pedro
     Su templo, perteneciente a la primera etapa constructiva cristiana fue consagrado en el año 1502, según consta en su portada; tiene tres naves separadas por arcos apuntados sobre pi­lares cruciformes, y cubierta la central con una hermosa armadura de madera de par y nudillo con restos de lazo y las laterales de colgadizo. El presbiterio, de sección cuadrada, se cubre con armadura octogonal sobre trompas. La torre tiene planta cuadrada y el cuerpo de campanas, ochavado, abierto con arcos de medio punto. En general, su estructura interior y exterior es una síntesis de las formas góticas y renacentistas, im­bricadas y amalgamadas por un marcado mudejarismo.
     En el interior cabe reseñar en la capilla mayor un Crucificado, de comienzos del siglo XX, en el lado del Evangelio, un Nazareno de vestir, del siglo XVIII, así como una Dolorosa, tam­bién de vestir, y un San Antonio, modernos; en la nave de la Epístola un Sagrado Corazón y un Ecce-Homo, en madera policromada, también recientes.
     La iglesia cuenta también con una capilla re­servada a la Virgen de los Remedios cuando baja al pueblo, a la que acoge en un tabernáculo de plata de factura moderna (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol data del año 1502. Fue construida sobre una antigua mezquita tras la reconquista cristiana por parte de los Reyes Católicos. 
     Originalmente fue consagrada bajo la advocación de Santa María de la Encarnación. Una vez que se constituyó en parroquia, se modificó su advocación a la de San Pedro Apóstol. En el año 1505, la parroquia es confirmada e instituida, como las restantes de la provincia, por el entonces obispo de Sevilla D. Diego de Leza.
     El edificio, de estilo neomudéjar, está compuesto de tres naves separadas por pilares, arcos de medio punto y cubiertas con armadura de madera, mezclándose elementos góticos, mudéjares y renacentistas. En las naves laterales encontramos hornacinas con imágenes de santos, cristos y vírgenes. Especial atención merece el altar del Nazareno, de autor anónimo, única talla conservada tras los expolios de la Guerra Civil. El altar donde se cobija esta pieza está recubierto por azulejos sevillanos que imitan a los conservados en el interior de la Parroquia del Salvador de Sevilla. En su capilla central permanece la imagen de la Virgen de los Remedios, patrona de Cártama, desde el día 22 de abril hasta el primer domingo de junio.
     El exterior del templo está presidido por una torre cuadrangular formada por tres cuerpos, recubierto su tejado con tejas árabes. Tras la última restauración se pueden apreciar las pinturas originales de la torre. Destaca igualmente su bella portada, con arco de medio y escudo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Esta iglesia data, según una inscripción que se encuentra en su fachada principal, del año 1502. Como era habitual en la Málaga cristiana, esta basílica se erigió sobre lo que antes había sido una mezquita musulmana.
     Consta de tres naves con cubierta de artesonado mudéjar. En ella se unen elementos góticos, mudéjares y renacentistas. En el exterior destaca la torre de planta cuadrangular que consta de tres cuerpos rematados con una cubierta de teja árabe, figurando en cada ángulo una especie de pináculo como elemento decorativo (Diputación Provincial de Málaga).

Ermita de la Virgen de los Remedios
     Junto con la iglesia del convento de Flores de Álora y la ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta en Coín, la de la Virgen de los Remedios, construida entre los siglos XV y XVI, aunque no­tablemente reformada, incluso reconstruida posiblemente en el XVIII, hacen de ella y, en es­pecial de su camarín, una de las muestras más importantes del barroco exaltado en la comarca del Guadalhorce. Su sencillo esquema de planta de cajón, cerrada con bóveda de medio cañón con fajones que se prolongan hasta el suelo por medio de pilastras cajeadas, es revestido de una generosa decoración de elementos vegetales que envuelven emblemas marianos. Así, se alternan escu­dos imperiales sobre los capiteles con cartelas vegetales, donde se inscriben frases dedicadas a la Virgen. Por encima de todas, destaca el detalle del florón, antes del arco de tránsito al Presbiterio, del que pende un angelillo, el cual porta una corona de laurel, quizá como imagen de victoria sobre el mal, y un huevo de avestruz, posiblemen­te como alusión a la perfección cósmica o simple objeto curioso.
     La cabecera del templo, y en especial su cú­pula, alzada sobre pechinas, concentra la carga iconográfica subrayada por las efigies de los Evangelistas, hoy inapreciables por su lamentable estado de conservación, y un abigarrado engalanamiento a través de molduras en capiteles y nervios. Esta antesala da paso a una explosión ornamental en el camarín, cuyo acceso, no obstante, se realiza a través de la sacristía. Su planta es hexagonal, subrayada por pilastras dispuestas en sus ángulos, dejando entre ellas una sobreabundante decoración vegetal, donde se engarzan veneras, cuernos de la abun­dancia y tórtolas pintadas. Del mismo modo, de su cúpula de seis paños con nervios, pende una ensortijada vegetación centrada en el medallón de su clave.
     Por su disposición como camarín-torre y el corte de su ornamentación en yeso, cabe relacionar esta obra con el maestro Felipe de Unzu­rrunzaga.
     El exterior es muy armonioso. La fachada de los pies se organiza como un pórtico, abierto con arco de medio punto en cada uno de sus frentes, en el cual se han recuperado unas pinturas que resaltan el material latericio y diseñan elemen­tos geométricos y otros simbólicos, entre los que destacan cruces y tórtolas. El acceso a la ermita, también con pinturas, es un simple arco de me­dio punto.
     Su espadaña, situada sobre el muro de la Epís­tola, tiene dos cuerpos abiertos con arcos, rematándose con pináculos de cerámica que responden a una obra más reciente. Sin duda, su abultada ornamentación viene a subrayar la importancia de su imagen titular, la Virgen de los Remedios, patrona de Cártama, una pieza del siglo XV, muy repintada, de la que se relata una singular historia. Salvada durante los desastres de la Guerra Civil, fue llevada a Hispanoamérica, donde suscitó fuertes devociones; conducida nuevamente a Cártama, sus exvotos y la presencia de las banderas de países del nuevo continente subrayan este periplo. Al entronizarse después de la guerra, se construyó el templete de plata que la cobija. Asimismo, merecen nuestra atención las efigies de dos pequeños niños desnudos que se disponen so­bre ménsulas a ambos lados del presbiterio, dirigiendo sus mi­radas y gestos a la Virgen, que datan del siglo XVIII.
     La tradicional bajada en pro­cesión de la Virgen de los Remedios a la parroquia, y la fiesta en honor de ella, que se celebra el 23 de abril, es fecha señalada en la localidad, evento al que acuden peregrinos de todas partes, y el primer domingo de junio tiene lugar «la Subía». Merecieron en el año 2002 la declaración de Interés Turístico por la Junta de Andalucía y en 2004 la Diputación Provincial de Málaga las señaló como de Singularidad Turística (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Tras un largo recorrido por un serpenteante y empinado camino que se adapta a lo escarpado del terreno, se llega a la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios en la que conviven la sencillez y el carácter popular de su imagen externa con el recargamiento barroco de su ornamentación interna. El primer espacio de congregación y de reposo después del ascenso, lo constituye un atrio de forma irregular al que se accede, superados tres escalones en rampa, a través de una reja de fundición. En el lado norte de este atrio se dispone un mirador desde el que se percibe una amplia vista panorámica de la localidad de Cártama y de la vega del Guadalhorce. Atravesando un pórtico abierto en sus lados exentos por arcos de medio punto y cubierto por tejadillo a tres aguas, se halla el único acceso al interior: una portada con arco de medio punto entre pilastras que sostienen un entablamento interrumpido por el anagrama de María. 
     La Ermita posee una sola nave cubierta por bóveda de medio cañón y fajones con decoración sobrepuesta dorada y medallón central, que apoyan en pilastras cajeadas de capiteles dóricos sobre los que cuelgan escudos imperiales. 
     Cartelas de hojarasca dorada con invocaciones al nombre de María jalonan los muros de la nave. 
     Los tramos de bóveda entre fajones ostentan un florón central entre recuadros de molduras mixtilíneas con decoración en su interior. Del florón más próximo al presbiterio cuelga un angelito sosteniendo una corona de laurel y un huevo de avestruz. 
    La bóveda semiesférica que cubre el espacio cuadrado del presbiterio descansa sobre pechinas en las que aparecen pinturas de los cuatro Evangelistas enmarcadas con adornos dorados. El intradós de la bóveda se divide en ocho gajos por estrechas fajas a modo de nervios que incluyen hojarasca y rosetas doradas. Entre las fajas quedan molduras mixtilíneas de forma triangular que encierran decoración dorada de acantos. En los muros laterales cuelgan unos pinjantes rodeados de acantos en cuyo fondo aparecen emblemas marianos. En el lateral derecho del presbiterio, mirando hacia el altar, se abre un hueco de paso a la sacristía y casa de la santera y se alcanza la escalera de ascenso al camarín. El punto focal de la iglesia es el camarín-torre, adosado a la cabecera, donde se alberga la diminuta talla de Nuestra Señora de los Remedios sobre templete de plata. En el camarín, de planta hexagonal, sus ángulos se resaltan por pilastras dobladas que quedan casi ocultas por macollas que derraman tallos con flores, acantos y frutos, mientras que los paños entre pilastras están presididos por una venera dorada de la que arrancan largas y carnosas hojas de acanto entrecruzadas, que parecen surgir de cuernos de la abundancia y se enrollan sobre sí mismas abriéndose en cascada en la base. En la bóveda, la abultada decoración vegetal lo cubre todo en una distribución radial que converge en el medallón hexagonal de la clave. 
     Aunque la construcción del inmueble posiblemente se remonte al siglo XVI, será en los años finales del siglo XVII o primeros del XVIII cuando, con la construcción del camarín y la redecoración del interior, se alcance la fisonomía de pleno barroco que actualmente ostenta (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Para acceder a la ermita hay que recorrer un sinuoso camino, siempre en pendiente, desde el que se disfruta de unas inmejorables vistas del Valle del Guadalhorce.
     La existencia de la Ermita se constata desde el siglo dieciséis, fecha que coincide con la aparición de la Virgen en el lugar y las noticias de una epidemia de peste en Cártama cuando la Virgen fue sacada en procesión y, al poco tiempo, cesaron las enfermedades, por lo que se le concedió el nombre de la Virgen de Los Remedios.
     El edificio actual no es el de aquellas fechas, ya que el Camarín de la Virgen y la espadaña de la Ermita son de finales del diecisiete y principios del dieciocho siendo la decoración interior de estilo neobarroco. En consecuencia, combina una sencilla arquitectura popular con el recargamiento barroco de su decoración interior y del camarín-torre.
     Consta de una sola nave a la que se accede a través de un pórtico cubierto por tejadillo a tres aguas. En su portada destaca el arco de medio punto entre pilastras que sostienen un entablamiento interrumpido por el anagrama de María. La cubierta es de bóveda de medio cañón con decoración dorada sobrepuesta y medallón central, que apoya sobre pilastras de capiteles dóricos.
     Ya en el interior destaca la capilla mayor, de estructura hexagonal. Y, por supuesto, la talla de la Virgen (del siglo dieciséis) que se conserva sobre un templete de plata en el camarín-torre, desde donde recibe culto.
     En septiembre de 2004, la Junta de Andalucía ha declarado todo el conjunto como Bien de Interés Cultural BIC, estableciendo un entorno de protección de 77600 metros cuadrados de suelos rústicos y urbanos en la colina del Monte de la Virgen sobre la que se emplaza el monumento (Diputación Provincial de Málaga).

Arcos romanos: puente y acueducto
     Existen varios arcos romanos de canalización de agua, uno de ellos situado en el casco urbano del pueblo.
     Las comunicaciones entre Cártama y Alhaurín el Grande en la antigüedad se realizaban a través de una calzada romana que unía ambos pueblos. Aún se conservan restos de esta vía como el puente y el acueducto. El puente está formado por un arco escarzano formado de ladrillo. Su base es de sillarejo con una altura algo superior a los dos metros. Por las dimensiones y estructura del acueducto se cree que su misión sería la de trasvasar el agua desde un nacimiento cercano hacia el pueblo (Diputación Provincial de Málaga).

Casa de José González Marín
     La Casa de José González Marín está situada en la localidad malagueña de Cártama, donde este poeta y rapsoda nació (1889) y murió (1956).
     Tras su paso por el Seminario comenzará los estudios de Derecho, que alterna en su juventud con la actuación en Teatro, donde llega a ser intérprete de cierto éxito en la compañía de la célebre María Guerrero. Su verdadera vocación la descubrirá, sin embargo, años más tarde. Destacará como rapsoda, organizando giras por toda España y Latinoamérica, donde la elegancia de su recitación le granjeará el favor del público y de numerosos intelectuales como Ramón María del Valle Inclán , José María Pemán o Jacinto Benavente , manteniendo incluso una estrecha amistad con varios miembros de la Generación del 27 como Rafael Alberti , Ignacio Sánchez Mejías o Federico García Lorca , que lo visita en su casa de Cártama y entabla una profunda amistad con él.
     En 1936 se ve obligado a huir de España por unas polémicas declaraciones contra el gobierno del Frente Popular realizadas en Madrid al término de una de sus actuaciones. Tras recoger en su pueblo natal a la Virgen de los Remedios, Patrona de Cártama inicia una improvisada gira que le lleva a visitar durante los primeros meses de la Guerra Civil Española países como Venezuela, Perú, Costa Rica o Cuba, regresando a España al término del conflicto. Durante las décadas de 1940 y 1950 continúa su exitosa carrera, siendo, tal vez, el único intelectual en recitar obras del genial autor granadino Federico García Lorca.
     A lo largo de su vida José González Marín fue nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, recibiendo numerosas distinciones y homenajes (Diputación Provincial de Málaga).

Castillo
     El castillo de Cártama es un buen ejemplo de asentamiento andalusí sobre un poblamiento anterior. Ocupa la cumbre de un cerro que domina el pueblo de Cártama hacia el sur. Su planta se adapta con precisión a las curvas de nivel. Se han preservado algunos lienzos de la fortaleza en mampostería irregular. En la cumbre se recogen, aún hoy, gran cantidad de fragmentos cerámicos de distintas épocas. La ermita próxima se relaciona históricamente con la fortaleza.
     Sólo los recios murallones quedan de la fábrica general del castillo. En los murallones se aprecia sobre la obra antigua, cimientos de hormigón y bases de piedra, distinguiéndose la obra califal, con sus característicos prismas rectangulares de mampostería, delimitados por hiladas de ladrillo, existiendo aún uno de los muchos aljibes que poseyó para el abastecimiento de aguas. Visigodos y árabes realizan obras en la fortaleza, manipulando los cimientos de hormigón y de piedra para hacer una obra califal donde ya aparecen los ladrillos y matacanes. Tiene planta rectangular con doble recinto defensivo; el primero disponía de diez torres, y el segundo que se acercaba a la ciudad mantiene ocho torres y una torre albarrana. El castillo estaba preparado para soportar el asedio mediante un aljibe realizado en época califal. Este depósito está excavado en la roca con forma cuadrangular cubierto con bóveda de cañón. La fortaleza de Cártama conserva torres cuadradas, rectangulares y circulares incorporadas en las transformaciones realizadas en diferentes períodos. En época de Fernando el Católico fue reparado cubriéndose las brechas y reforzándose el adarve, permaneciendo allí la corte mientras se realizaban las obras de consolidación.
     En el antiguo castro se asentaría hacia el 195 de nuestra era un poblado romano, el pequeño castro se convierte en castillo que se amplía y almena extendiéndose por el monte, será la Cartima, que Lafuente nos presenta como Certima Municipium.
     De aquel castro, luego castillo cuya entrada mira al norte, aparece escrito que entre sus ruinas está un lienzo perdido de un trozo de muralla primitiva.
     Se conquista en 1485, figurando su rendición en el tablero 7 del coro de la Catedral de Toledo. Después de la toma el castillo pierde importancia militar iniciándose un largo período de progresivo abandono.
     Las últimas noticias del castillo la obtenemos en 1812 cuando el general Francisco Ballesteros la rescató de la invasión francesa (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En la Hoya de Málaga, en el último tramo navegable del Guadalhorce, al pie de las sierras de Espartales y la Llana, nos encontramos con Cártama, puerto fluvial en época romana.
     Y muy cerca de Cártama, sobre la agreste cumbre del Cerro de la Ermita, desde la que se disfruta de inmejorables vistas de la Vega del Guadalhorce, un castillo musulmán del siglo X otea el horizonte. Fue uno de los principales baluartes de la defensa de Málaga. Tiene una planta rectangular, con doble recinto defensivo. El primero disponía de diez torres, y el segundo, que se acercaba a la ciudad, mantiene ocho torres y una torre albarrana.
     La fortaleza estaba preparada para soportar el asedio con el apoyo, entre otras cosas, de un aljibe realizado en época califal. Hoy el único asedio que sufre es el de pacíficos visitantes.
     En la Hoya de Málaga, en el último tramo navegable del Guadalhorce, al pie de las sierras Espartales y la Llana, Cártama, puerto fluvial en época romana.  Sobre la agreste cumbre del Cerro de la Ermita, desde la que se disfruta de inmejorables vistas de la Vega del Guadalhorce, un castillo del s. X, en plena dominación árabe otea el horizonte desde su posición estratégica. Fue uno de los principales baluartes de la defensa de Málaga. Tiene una planta rectangular, con doble recinto defensivo. El primero disponía de diez torres, y el segundo que se acercaba a la ciudad mantiene ocho torres y una torre albarrana. La fortaleza estaba preparada para soportar el asedio mediante un aljibe realizado en época califal. Este depósito está excavado en la roca, con forma cuadrangular cubierto con bóveda de cañón. La ermita próxima se relaciona históricamente con la fortaleza. Desde el municipio buscaremos el camino de la Ermita para llegar al castillo.
     El municipio de Cártama tiene una extensión de 105 kilómetros cuadrados y se encuentra compuesto por once núcleos poblacionales que se encuentran dispersados; así que podemos considerar este pueblo como una provincia dentro de la provincia de Málaga.
     La presencia del rio Guadalhorce y el respaldo de las sierras de Espartales (400 m) y Llana (405 m), que juntas conforman lo que se conoce como Sierra de Cártama, aportan la posibilidad de disfrutar de sus paisajes pintorescos en contacto directo con la naturaleza: Rio Grande, la Aljaima, Parque Ribera del Guadalhorce, explanada del Castillo; las viñas o Los Pechos.
     En el sur del municipio se encuentra la Sierra de Cártama, donde se puede caminar hasta alcanzar el Pico del  Águila o el Cerro Umbría y disfrutar de unas maravillosas panorámicas del Valle del Guadalhorce, Montes de Málaga, Sierra de las Nieves y de la Costa del Sol.
     En el centro y Norte se extienden Los Pechos de Cártama, de gran belleza natural y formados por un conjunto de colinas onduladas revestidos de palmitos y retamas. Al Oeste encontramos la Sierra de Gibralgalia, donde podemos visitar El Cerro del Tambor y descansar bajo la sombra de las encinas y algarrobos.
     En la ribera del rio Guadalhorce se pueden observar distintas aves acuáticas, como garzas, garcetas; además de barbos, tortugas, culebras de agua y ranas. Toda esta riqueza natural puede disfrutarse mediante la práctica del senderismo por las diversas rutas que atraviesan este municipio.
     El Castillo fortaleza ha sido el testigo mudo de la historia de Cártama desde sus primeros pobladores, en el siglo décimo.
     En su parte más alta se extiende de este a oeste formando una especie de rectángulo, con predominio de torres cuadradas, excepto una que mira al sur de forma semicircular. En el centro destaca el aljibe de planta rectangular, excavado en la roca y estucado, cubierto por una bóveda horadada para el paso del agua de lluvia.
     Por sus dimensiones se estima que podría abastecer a unas dos mil personas. Además, se aprecian restos de una plaza de armas, de la alcazaba, y de un doble muro (barbacana).
     En cuanto a los materiales empleados están la argamasa y, a veces, hay trozos recubiertos de piedras medianas e irregulares junto a piedras pequeñas dispuestas en hiladas horizontales. En las esquinas de las torres aparecen ladrillos alternados con piedras irregulares (Diputación Provincial de Málaga).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Pedro, Ermita de la Virgen de los Remedios, Arcos romanos: puente y acueducto, Casa de José González Marín, y Castillo) de la localidad de Cártama, en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

Más sobre la provincia de Málaga, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 28 de diciembre de 2023

La Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), de Antonio Gómez Millán

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), de Antonio Gómez Millán, de Sevilla.     
     Hoy, 28 de diciembre, Fiesta de los Santos Inocentes, mártires, niños que fueron ejecutados en Belén de Judea por el impío rey Herodes, para que pereciera con ellos el niño Jesús, a quien había adorado los Magos. Fueron honrados como mártires desde los primeros siglos de la Iglesia, primicia de todos los que habían de derramar su sangre por Dios y el Cordero [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), de Antonio Gómez Millán, de Sevilla
     La Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), se encuentra en la avenida de la Mujer Trabajadora, 2; en el Barrio de Los Arcos, del Distrito Norte.
       El proyecto de 1912 supone el estreno como arquitecto titular de la Diputación Provincial de Antonio Gómez Millán, en una parcela de la Huerta de San Jorge que había donado la condesa de Lebrija Dª Regla Manjón Mergelina, en la que el autor concibe un conjunto de 8 edificios reducido tras 1914 a los tres que se ejecutan y terminan en 1916.
       Consecuencia lógica de la aplicación de los estudios tipológicos a la funcionalidad de los edificios, la planta de la Casa Cuna se concibe primando criterios de orden y organización, apoyados en la simetría y el rigor, heredero todo el planteamiento de los esquemas funcionales de centros asistenciales y sanitarios que se fueron depurando durante el siglo XIX y que vino a aglutinar en la ciudad la larga serie de pequeñas dependencias, vinculadas a órdenes religiosas en las que, desde muy antiguo, se venía recogiendo y dando educación a niños expósitos.
       La ubicación buscada debía responder a un espacio de periferia de la ciudad, en la que fuese posible una amplia y acotada superficie. El edificio se ordena desde los accesos por la actual avenida de la Mujer Trabajadora en el que dos pequeños pabellones enmarcan el acercamiento al conjunto, con generosos espacios de apeadero ajardinado que centra la portada principal, historicista, de la Casa Cuna.
     Una serie de edificaciones complementarias se distribuyen por la parcela, acompañando sin competencia a la edificación principal y liberándola de usos que se desarrollan de forma independiente: capilla, aulas, oficinas utilizando los espacios ajardinados como vertebradores de las circulaciones entre los diferentes pabellones, valorándose en ellos especialmente el contacto con la notable vegetación.
     El edificio de Antonio Gómez Millán (1912-1916) ha sido recientemente reformado (1997) por Gonzalo Díaz Recaséns y Antonio Martín Molina, quienes adaptaron el edificio principal al programa de aulas requerido por el Instituto Internacional de la Fundación San Telmo. El actual PGOU le otorga un Grado de Protección C, estando incluido en su Catálogo Periférico CP.016 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
El arquitecto Antonio Gómez Millán (1883-1956).
     Nació en Sevilla, hijo del conocido arqui­tecto José Gómez Otero, fundador de una saga de artistas, entre los que cabe citar otros dos hermanos arquitectos, José, que le precedió, y Aurelio Gómez Millán. Otros descendientes de éstos han seguido la tradición familiar en arquitectura.
     Después de prepararse en la Universidad de Sevilla, ingresó en la Escuela de Arquitectura de Madrid (1902), en la que se tituló en 1907. Empezó a trabajar enseguida en Sevilla por el prestigio de su padre. Se incorporó como arquitecto a la Diputación Provincial de Sevilla en 1912, donde permaneció toda su vida profesional. Precisamente, en ese mismo año, proyectó para la Diputación una de sus mejores obras, el Hospicio de niños expósitos o Casa Cuna Provincial de Sevilla, que ahora comentamos, cuyas obras fundamentales se realizaron entre 1914 y 1916 (posteriormente, se hicieron reformas y ampliaciones). Tam­bién ejerció la profesión libre, en cuya acti­vidad destaca la restauración del Teatro ro­mano de Mérida y otras obras de conser­vación del patrimonio nacional, por lo que fue distinguido nombrándolo académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Femando de Madrid.
     Se incluye dentro del grupo de maestros del regionalismo sevillano, aunque muestra notables diferencias. En efecto, se inició como modernista para continuar, enseguida, como historicista con tradición clásica, sin dejar de practicar un cierto eclecticismo y, después, se introdujo en la vanguardia de un cierto estilo internacional.
     Rehusó, hasta cierto punto, el neomudéjar decorativista postulado por su cuñado Aníbal González y tampoco empleó el neoplateresco. Según Gómez Terreros, Antonio Gómez Millán prefiere la construcción bien hecha al estilo y huye de los primores decorativos procedentes de la Giralda o de las Casas Consistoriales de Sevilla. Esto no es completamente cierto pues, como veremos después, en alguno de sus proyectos para la Casa Cuna, introduce adornos de sebka y el escalonamiento de vanos, todo en ladrillo cerámico visto, propio de la tradición mudéjar.
     En opinión de Villar Movellán se preocupa en sus diseños por una mínima ornamentación, jugando con pequeñas masas volumétricas y huyendo de la monumentalidad en sus construcciones, excepto, quizás, la Casa Cuna que presenta cierta majestuosidad. Pero, a pesar de todo, sus resoluciones con ladrillo visto lo emparentan artísticamente con algunas obras de Aníbal González, al tiempo que se apoya en solu­ciones foráneas, a las que dota de un sello personal. A lo largo de toda su extensa obra se aprecia una producción desigual, a veces, con alejamientos evidentes del regionalismo. En resumen, Antonio Gómez Millán es un arquitecto relativamente historicista, "sin ex­cesivos matices regionalistas".
La Casa Provincial de Expósitos de Sevilla.
     Esta obra era un proyecto promovido por la Junta Protectora de Niños Expósitos, presidida por la condesa de Lebrija, con la co­laboración de otras damas ilustres de la sociedad sevillana (marquesa de Benamejí, Marquesa de Matallana, etc.).A este fin, la condesa cedió su finca "Huerta de San Jor­ge" a la Diputación (1913) para que en ella se construyese un nuevo hospicio, ya que el existente estaba totalmente desbordado y no reunía las condiciones adecuadas.
     Por entonces, ya estaban hechos y apro­bados unos planos por Antonio Gómez Millán, que recientemente había ingresado oficialmente como arquitecto en la Diputación provincial.
     La Huerta de San Jorge estaba situada a las afueras de Sevilla, en la zona norte de la ciudad, por la prolongación del camino de Miraflores.
     Para la elaboración de este proyecto, el arquitecto tuvo en cuenta la relevancia de la higiene, por lo cual el terreno era un lugar sano, espacioso, ventilado y bien ubicado. Asimismo, como iba a estar regentado por las Hermanas de la Caridad, encargadas de esta función desde 1838, de­bía contar con dependencias para la admi­nistración, aposentos para las monjas, capacidad para unos 200 expósitos, estancias diversas (lactancia, enfermería, juegos, ropería, etc.), casas para el médico y el ca­pellán, así como vaquería para asegurar la alimentación de nodrizas y lactantes. Por otra parte, los materiales tendrían que ser buenos y baratos, por lo cual se eligió el ladillo cerámico que, además, era muy conocido por la tradición de los buenos obre­ros sevillanos (baratos de adquisición y transporte). La piedra, fundamentalmente már­mol, se reservó para algunos detalles de la fachada (columnas, capiteles y suelos de la parte noble) y del interior (peldaños de las escaleras de acceso al piso superior).
     Conviene señalar que en esta obra el arquitecto muestra su predilección por el ladrillo visto y por la decoración sobria y clásica realizada con estos mismos elementos, sin apenas aditamentos ornamentales, excepto algunos detalles de azulejos combinados diestramente con la fábrica de ladrillo aparente. Realiza un dibujo cuidadoso con las líneas de la superficie y juega con la profundidad y distribución de los paramen­tos de ladrillo de la misma más que con los motivos añadidos de azulejos o mármol.
     También se debe mencionar que el propio autor en la memoria del proyecto reconoce ciertas influencias de la iglesia de San­ta Paula de Sevilla o del Monasterio de San Isidoro del Campo, especialmente notorias en la portada de la capilla, y del sobrio mudéjar aragonés.
     Como se puede apreciar en las ilustraciones que acompañamos, en el edificio se mezclan el Renacimiento (obsérvese la portada serliana y las galerías de vanos con arcos de medio punto), un austero mudéjar (discretos adornos obtenidos por la disposición de los ladrillos) y algunas deriva­ciones modernistas (los pináculos que co­ronan la fachada), todo ello conjugado con gran fluidez.
     El edificio principal es una de las construcciones más brillantes de su tiempo, muy volcada al exterior, en donde se disponen grandes y cuidados jardines, además de otras construcciones auxiliares estratégicamente dispuestas.
     La fachada tiene una gran monumentalidad, con evidentes rasgos renacentistas, como la serliana y los vanos ya comenta­dos, mudéjares (la decoración se consigue con el propio ladrillo) y eclécticos (vanos tripartitos) que, en conjunto, constituyen recursos historicistas. Esta fachada se corona con unos pináculos de carácter modernista ya comentados, compuestos por yuxtaposición de elementos geométricos que terminan en flameros cónicos.
     También son clasicistas las ventanas termales que se disponen en los frentes de las cuerpos laterales que dan a la fachada principal. Pero la construcción, a pesar de sus líneas sobrias y clásicas, tiene detalles constructivos de recuerdo mudéjar, que contribuyen a clasificar el edificio en la escuela regionalista sevillana. En efecto, además del primoroso trabajo en ladrillo cerámico, las dos torres de la capilla muestran una cierta influencia del mudéjar aragonés, unas ménsulas escalonadas recuerdan los royos de modillones de la Mezquita de Cór­doba, la acumulación de finas columnas para el soporte de la portada es un recurso nazarí, y la combinación de ladrillos con azulejos en bancos y enjutas de fachada y del arco de la capilla es también signo inequívoco de la escuela renacentista de Sevilla desarrollada en el primer tercio del siglo XX. 
     Tras la serliana, a través de un vestíbulo solado en mármol, donde constan unas placas conmemorativas de la fundación, se accede al interior. Hay una gran galería trans­versal, con suelo de mármol y zócalo de azulejo sevillano, a la que se abre la gran capilla en el centro y otras dependencias de la planta correspondiente.
     En todo el interior predomina la funcionalidad, con materiales elegidos con crite­rios de solidez y economía. Los muros de carga son de fábrica de ladrillo de distintos espesores según los esfuerzos que tienen que soportar, aparejados con morteros de cal y de cemento, mientras que los entra­mados de los pisos y cubiertas son de hie­rro con forjado de bovedillas. Estos entramados están ocultos en la planta alta me­diante cielos rasos, pero en la planta baja las bovedillas están enlucidas con mortero de cal. Todos los dormitorios estaban estucados con yeso. Los pavimentos eran de loseta hidráulica, excepto el vestíbulo y la galería principal, ya comentados, y la capilla y las dos escaleras laterales que eran de mármol. Los zócalos, en general, estaban chapados con piedra caliza.
     Conviene comentar que no se proyectó una escalera central de tipo imperial, como cabría esperar de la categoría del edificio, sino de dos laterales para lograr una mayor fun­cionalidad y acceso a los dos grandes cuerpos laterales del piso superior donde esta­ban dormitorios y otras dependencias.
     Pensando en una conservación barata y duradera para este edificio público de mu­cho tránsito y trabajo, se prescindió de la ornamentación, confiando toda la decoración a la propia disposición de los materiales. Así, el ladrillo visto en patios y otros sitios forma pilastras, arcos y molduras, aprovechando la destreza tradicional de los obre­ros artistas sevillanos.
     La salubridad, higiene, ventilación y luz estaban aseguradas en todas las habitaciones por la acertada disposición de los abun­dantes ventanales y la distribución de las galerías de servicio. No se consideró conveniente la calefacción por la posibilidad de cambios bruscos de temperatura entre habitaciones, galerías, escaleras y otros espacios. El servicio de agua potable se aseguró por una doble acometida a la red general y a un pozo propio en la zona ajardinada. Conviene recordar que, por entonces, la situación del servicio de agua a la dudad era precaria, confiado a una empresa extranjera que administraba los Caños de Carmona, mediante un largo acueducto, cuyos restos aun pueden apreciarse al principio de calle Oriente. Para las aguas residuales se dispu­so un pozo de depuración (fosa séptica).
     La distribución de las diversas dependencias se hizo de una forma funcional; es decir, las más cercanas a la puerta de entrada son las salas de uso frecuente por el público (iglesia, portería, sala de visitas, botiquín, etc.). En los grandes cuerpos laterales esta­ban las estancias de trabajo y alojamiento de expósitos, así como la residencia de las Hermanas de la Caridad, ropería, escuela, enfermería, cocina, comedores, etc.
     En la planta superior (planta principal), también dispuesta con gran funcionalidad, se organizan diversas estancias de día o de recreo, dormitorio de lactantes y nodrizas y otras salas o despachos para las hermanas o para la Junta Protectora de Expósitos.
Edificios posteriores y otras intervenciones
     Las más importantes son los pabellones de la entrada a ambos lados del recinto cerrado. En el proyecto original de 1912 ya constaban dos pabellones iguales situados si­métricamente a la entrada del complejo hospiciano. Estaban destinados a viviendas del médico y del capellán, y se concibieron como "chalets" independientes con una distribución sencilla, muy acertada. En un primer proyecto se propuso un tipo de edificio con torreón neomudéjar, en el que se podían reconocer adornos de sebka y vanos ciegos escalonados basados en los de la Giralda, pero se descartó por otro tipo. Los definitivos tienen una línea más clasicista, en vez de neomudéjar, a base de paramentos de ladrillo con diversa profundidad y arcos de medio punto parecidos a los del edificio principal. También se modificó su función, pues el de la izquierda, con una planta superior menor, se dedicó a portería con un tomo para la recepción anónima de los expósitos; en el de la derecha, además de la vivienda del médico, se organizó, al parecer, una enfermería.
     No consta la terminación de estos pabellones, pero debieron construirse casi al mismo tiempo del edificio principal, quizás entre 1916 y 1917.
Capilla
     Estaba prevista en los planos originales del edificio, pero se construyó entre 1921 y 1922. Hay que aclarar que el proyecto primitivo se reformó para ampliar el recinto en 4 m de longitud, de forma que resultó una verdadera iglesia para dar servicio, además, a los fieles de las cercanías. Tiene una puerta de ladrillo bicolor con trazas que recuerdan a la iglesia de Santa Paula. Estaba decorada con pinturas y posee un espectacular retablo barroco sin dorar, del siglo XVIII, que procede de un convento ruinoso de carmelitas de Carmona. El cuerpo de la iglesia se introduce entre los dos amplios patios de luces del edificio y, desde éstos, se observan las dos torres de inspi­ración mudéjar que la adornan, no visibles desde el exterior.
     Hay otros dos pabellones posteriores que no constan en el proyecto primitivo. El más antiguo es un edificio cuadrangular con zócalos y pequeñas zonas de ladrillo visto combinado con paramentos encalados. El otro, más amplio, es posterior a nuestra guerra civil, como se puede comprobar por la peor calidad de los materiales utilizados. Es un edificio funcional, no exento de cierta gracia, con arcadas y pérgola, compuesto por dos cuerpos paralelos, uno de ellos de dos pisos, probablemente utilizado en par­te para funciones administrativas.
     Como se comentará en un próximo artículo, destinado al complejo restaurado y dedicado a las nuevas funciones de San Telmo, el primero de estos pabellones alberga actualmente la cafetería y el comedor. El segundo pabellón es el que se adaptó en principio para las primeras actividades docentes del Instituto Internacional San Telmo (Carlos González Barberán, La antigua Casa Cuna de Expósitos, en Revista de la Agrupación de Miembros del Instituto San Telmo, junio 2006).
Conozcamos mejor la Leyenda, Historia, Culto e Iconografía de los Santos Inocentes, mártires;
La leyenda y su falta de historicidad
     Las pequeñas víctimas del cruel Herodes se evaluaban en el fabuloso número de ciento cuarenta y cuatro mil, como los mártires del Apocalipsis, que imploraban la venganza de Dios al pie de su altar.
     Según el relato de Mateo (2: 16 - 18), que completaron y ampliaron los Evangelios apócrifos, la Leyenda Dorada y el teatro religioso de los autos sacramentales, Herodes, furioso por el engaño de los Reyes Magos que advertidos por un ángel, en vez de ir a llevarle informes acerca de su visita a Belén regresaron por mar, ordenó la matanza de todos los niños de hasta dos años de edad (a binatu et infra) para tener la seguridad de que el futuro rey de los judíos no escapase con vida.
     Los hagiógrafos describen con complacencia esta carnicería. Evocan a la soldadesca arrancando a los pequeños de entre los brazos de sus madres y tronchándolos con las espadas o ensartándolos en la punta de sus lanzas. El número de víctimas de este infanticidio masivo se habría elevado a millares. El Menologio griego calcula su número en 144.000, cifra fabulosa que es la copia del número de los justos del Apocalipsis de san Juan.
     Sería superfluo cuestionar esas cifras agrandadas de buena gana por la credu­lidad popular. En un pueblo como Belén, que contaba sólo con algunos cientos de habitantes, los niños varones menores de dos años podían ser, cuando mucho, alrededor de veinte. Los cálculos más complacientes no superan un máximo de sesenta víctimas.
     Pero aún en un relato donde no se exageren las cifras ¿podría admitirse que ha ya una sola pizca de verdad histórica? Todo conduce a creer que no se trata de la exageración de un hecho real sino de una pura invención.
     La Presentación de Jesús en el templo había tenido lugar en Jerusalén. Cabe preguntarse por qué José, en vez de regresar a su casa en Nazaret, condujo a su familia al incómodo establo de Belén.
     Ya resulta sospechoso que el acontecimiento sólo se haya consignado en uno de los cuatro Evangelios canónicos: salvo el de Mateo, los otros tres lo ignoran completamente. Las dudas se agravan por el hecho de que los analistas romanos, y sobre todo el historiador judío Flavio Josefo, que relata la vida de Herodes hasta en sus menores detalles, no digan una palabra.
     Señalemos, además, que la Matanza de los Inocentes no es una leyenda aislada, específicamente judía: la historia del niño predestinado a quien el rey en el trono considera una amenaza para su reinado o su vida, y del cual se defiende de antemano haciendo asesinar a todos los niños de su edad, es un tema de la leyenda universal que se encuentra, con variantes, en las del dios hindú Krishna, Ciro, Rómulo y hasta Moisés, puesto que el Antiguo Testamento habla de la matanza de los niños de Israel ahogados en el Nilo por orden del faraón.
     Y por último -este argumento podría hacer innecesarios todos los demás- el evangelista admite el origen bíblico de su relato que no es más que una profecía realizada: «Entonces se cumplió la palabra del profeta Jeremías, que dice: Una voz se oye en Ramá, lamentación y gemido grande; es Raquel, que llora a sus hijos y rehúsa ser consolada,  porque  ya  no existen ».
     Así, la Matanza de los Inocentes sería, como la mayoría de los acontecimientos relatados en los Evangelios, la consumación de una profecía del Antiguo Testamento.
El culto de los Santos Inocentes
     Muy popular en la Edad Media, el culto de los santos Inocentes provocó en 1212 la asombrosa cruzada de los niños que acabó de manera miserable.
     La abadía de Saint Denis y la iglesia de los Inocentes en París, pretendían poseer, ambas, el cuerpo entero de uno de los pequeños mártires.
     La abadía benedictina de Brantôme (Dordogne), se jactaba de conservar las reliquias de san Sicario, uno de los Inocentes.
     En Saint Germain des Prés, una pierna relicario del siglo XIII contenía la tibia de uno de ellos. El Museo de Zurich recogió el pie relicario de otro, embutido en una pieza de orfebrería del siglo XV.
   La cartuja de Würzburgo, en Alemania, exponía el cuerpo de uno de los Inocentes. La Edad Media confundía en un solo culto a los santos Inocentes con los pequeños mártires cristianos que habrían sido víctimas de los asesinatos rituales de los judíos. Los niños encontrados (Findelkinder) y los niños de coro (Chorknaben), estaban puesto bajo su protección.
     Aunque la hecatombe de los Inocentes de Belén pertenece al dominio de la fábula, la piedad popular veneró a los muertos como a los primeros mártires cristianos: su bautismo de sangre se juzgó equivalente al bautismo por el agua.
     Su culto se desarrolló muy tempranamente, al principio en Palestina, en cuya basílica de Belén había una capilla dedicada a los Santos Inocentes.
     El día de su muerte, el 28 de diciembre, se consideraba día nefasto.
     Esta  devoción está probada en Francia por numerosos testimonios. Algunas de sus reliquias fueron llevadas desde Oriente por san Casiano, a la abadía de Saint Victor en Marsella, en el año 414. Dicha abadía cedió una  parte de las reliquias a otra gran abadía provenzal, la de Saint Maximin. En el siglo XII, la capilla capitular de Saint Caprais de Agen se puso bajo la advocación de los Santos Inocentes. El cementerio de los Inocentes de París, célebre por su Danza Macabra, tenía una iglesia aledaña a la cual el rey Luis XI ofreció «un Inocente entero en un gran relicario de cristal».
     Las representaciones de los Santos Inocentes en Italia se multiplicaron a partir del siglo XV a causa de la fundación de los orfelinatos que se pusieron bajo su patronazgo.
Iconografía
   Es infrecuente que estén representados con independencia de dicho tema. Tiene palmas como atributos.
     Los Inocentes, asimilados a los santos y a los mártires, está nimbados y tienen como atributo la palma del martirio. Están vestidos con una camiseta manchada de sangre o bien desnudos con un ceñidor de hojas.
     En los ciclos narrativos deben distinguirse seis episodios:
1. Herodes pregunta a los sacrificadores y a los escribas dónde nació Cristo.
2. Herodes ordenando la matanza de los inocentes. 
   Está sentado en un trono, como en la escena de la Visita de los Reyes Magos, un demonio le dicta malos consejos al oído.
3. La matanza de los inocentes.
   En las realizaciones más antiguas, los verdugos llevan a Herodes en brazos o al hombro a los niños que han quitado a sus madres.
   Después, la escena se volvió más dramática y brutal. Es una serie de furiosos duelos entre los brefoctones (matadores de niños pequeños) y las madres que defienden a sus hijos. Un soldado coge a un niño por el pie, lo deja colgando cabeza abajo y se dispone a cortarlo en dos con su espada, como en la simulación del Juicio de Salomón. Muchos de ellos son ensartados como lechones.
   En una segunda versión que parece de origen provenzal, los niños no reciben la muerte por espada sino que son aplastados contra el suelo, al pie del trono de Herodes.
   Las mujeres expresan su dolor mesándose la cabellera y desgarrándose las mejillas con las uñas. Una de ellas se afana en reunir los miembros dispersos de su hijo cortado en pedazos.
4. La huida a la montaña de Isabel y san Juanito
   Este episodio, incorporado a la Matanza de los Inocentes, se ha tomado de los Evangelios apócrifos, especialmente del Protoevangelio de Santiago y del Evangelio Armenio de la Infancia (cap. 14: 2).
   «Cuando Isabel supo que se buscaba a su hijo Juan, lo cogió y partió hacia la montaña y buscaba donde ocultarlo pero no encontraba escondrijo. Con un profundo suspiro dijo: -Montaña de Dios, recibe a una madre con su hijo. Y súbita­mente la montaña se abrió y los recibió.»
   La píxide bizantina de marfil procedente de la Bóveda Chilhac, cerca de Brioude (Louvre), ofrecería la más antigua representación conocida de este episodio que ha sido reeditado por los hagiógrafos en la leyenda de santa Bárbara. Se encuentran otros ejemplos en una miniatura del Homiliario de Gregorio Nacianceno (siglo IX, B.N., París), en los frescos de Capadocia (siglo XI), y en los mosaicos de Kahrié Djami, Constantinopla (siglo XIV).
   En el arte bizantino esta escena suele asociarse con la Matanza de los Inocentes.
5. La degollación de Zacarías
   Furioso porque san Juanito había escapado, Herodes hace degollar frente al altar a su padre, el sumo sacerdote Zacarías. Se encontró la sangre coagulada de éste, pero no su cuerpo que había desaparecido.
6. La muerte de Herodes
   Tantos crímenes merecían un castigo ejemplar. La justicia popular no trató a Herodes mejor que a Judas. La tradición lo hacía morir agusanado a causa de una enfermedad vermicular.
   Según Pedro Comestor, el cuerpo del tirano fue roído vivo por los gusanos que pululaban en sus testículos putrefactos: «Ipsa quoque verenda putrefacta scatebant vermiculis. Putredo testiculorum vermes generabat». Acaba  suicidándose con el cuchillo que usaba para pelar la fruta y los demonios se llevan su alma al infierno (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), de Antonio Gómez Millán, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la avenida de la Mujer Trabajadora, en ExplicArte Sevilla.