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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 28 de junio de 2023

Los principales monumentos (Monumento a la Coronación; Monumento a los Hermanos Niño; Panteón Zenobia y Juan Ramón; Capilla de San Sebastián; Ermita de Montemayor; Oratorio de Santa Ángela de la Cruz; y Capillas de las Cruces) de la localidad de Moguer (y IV), en la provincia de Huelva


    Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Monumento a la Coronación; Monumento a los Hermanos Niño; Panteón Zenobia y Juan Ramón; Capilla de San Sebastián; Ermita de Montemayor; Oratorio de Santa Ángela de la Cruz; y Capillas de las Cruces) de la localidad de Moguer (y IV), en la provincia de Huelva.

Monumento a la Coronación
     El monumento de la Coronación canónica de la Virgen de Montemayor se alza en la plaza de su nombre. Es obra del escultor Valentín Sabiote, de 1996. Se trata de una fuente rematada por un templete con la efigie de la Patrona de Moguer, acompañada por un ángel y por un campesino moguereño, todo trabajado en mármol blanco de Macael (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Monumento a los Hermanos Niño
     A la entrada de la ciudad, junto a la ermita de San Sebastián, está el monumento a los hermanos Niño, navegantes moguereños que hicieron posible el descubrimiento del Nuevo Mundo. El diseño es del artista onubense Juan Carlos Castro Crespo, en 1992. Su audaz silueta, inmersa en un estanque circular, que confiere al conjunto un gran dinamismo, queda rodeado por un espacio ajardinado y sugiere, a base de curvas y líneas rectas, las tres carabelas descubridoras (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     
Panteón Zenobia y Juan Ramón
     En el cementerio nos encontramos con el Panteón de Zenobia y Juan Ramón, que merecen ser mencionados por su interés artístico. Se localizan en el patio de San Pedro a la izquierda del crucero. Esta obra, realizada en piedra de granito y piedra de Novelda, fue realizada por el marmolista onubense Francisco Fuertes Pérez, en 1959 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Capilla de San Sebastián
     Se construyó, durante la Baja Edad Media, sobre la loma situada al noroeste de la ciudad, al pie de la carretera Moguer-San Juan del Puerto, punto de partida del antiguo Camino Real. Su primitiva edificación, de pequeño formato, coincidiría con el actual camarín de Ntro. Padre Jesús Nazareno. En el siglo XVI se produjo una ampliación del inmueble, pues se comienza a dar culto a San Roque y a la Virgen de Gracia.
     En 1617, Diego de Orozco fundó una capellanía. La crisis económica y demográfica del siglo XVII provocó la ruina del edificio. Por ello, se acometieron grandes obras en 1670, gracias a D. Pedro Gupil de Herrera, clérigo de menores. Entonces se realizó la techumbre de madera de la ermita, pero se demoró la construcción de la capilla mayor sacristía y oficinas. Por eso, en 1675, la Hermandad del Nazareno obtuvo permiso del Ayuntamiento, como patrono de la misma, para concluir las obras. Pero, ante la oposición del Arzobispado, la reedificación fue rematada por el citado Gupil de Herrera.
     Durante la primera mitad del XVIII, su estado de conservación fue inmejorable. Superado el seísmo de 1755 siguió abierta al culto. En 1810, con la invasión francesa, se utilizó como cuerpo de guardia; y, más tarde, como hospital. En 1835, el Cabildo municipal cedió detrás de la ermita los terrenos para el cementerio público, que comenzó a utilizarse al año siguiente. Poco después, entre 1840 y 1841, se efectuaron im­portantes reformas: Se hizo el presbiterio, se abovedó la nave, se levantó la espadaña y se dispuso en el costado izquierdo una galería porticada, que luego se cerró para ser usada como al­macén. En el flanco opuesto, desde el siglo XVII, estaba la casa del ermitaño.
     En 1936, los revolucionarios destrozaron el re­tablo mayor del siglo XVIII y las imágenes titulares. En 1950 se construyó, junto a la puerta principal, en el lado de la epístola, la capilla del Yacente. Y en 1999 se finalizaron importan­tes obras de consolidación, restauración y redistribución espacial. Se abrió, para equilibrar la composición tripartita de la fachada, una tercera puerta; y en el recinto interior dos nuevas capillas. De esa misma fecha son los azulejos polí­cromos de los titulares que flanquean la portada central.
     En definitiva, esta ermita se compone de ca­pilla mayor, camarín, una sola nave con bóveda de cañón, dos capillas laterales, tres salas de exposición, sacristía, sala de juntas y secretaría. Su imafronte mantiene, gracias al ondulante oleaje de su perfil superior, el regusto del tardobarroco popular. La bóveda semiesférica del presbiterio sobre pechinas, decorada con rocallas propias de fines del Setecientos, logra sugestivos efectos en su encalada arquitectura.
     En el flanco del evangelio, conforme se entra por la  portada principal de la ermita, hay una puerta que accede a una sala donde se expone el magnífico paso procesional de Ntro. Padre Jesús Nazareno. La talla fue realizada a partir de 1986 por Julián Sánchez Medina, en madera de cedro. Y Antonio Díaz lo doró en oro fino, en los talleres sevillanos de Santa Clara. Los faroles fueron ejecutados en el taller de orfebrería de Hijos de Juan Fernández, en 1993. Los bajorrelieves son obra del moguereño Miguel Ollero Márquez, desde 1998. Y los angelotes volande­ros se deben a Manuel Escamilla.
     Acto seguido, sobre el paramento, existe una pequeña placa de piedra donde se hace constar la fecha de la última restauración del inmueble, ultimada el 3 de diciembre de 1999. A continuación, abre un arco rebajado que permite el acceso a la capilla lateral de la Virgen de los Dolores. Se trata de una imagen de candelero para vestir gubiada por Antonio León Ortega en 1944. Dicho escultor restauró la efigie en 1977. Y en 1994 la remodeló el imaginero hispalense Berlanga de Ávila. Esta Dolorosa, también llamada Ntra. Sra. de Gracia, está  flanqueada por el Stmo. Cristo de la Misericordia y por San Juan Evangelista. El Crucificado fue tallado, entre 1970 y 1971, por Rafael Barbero Medina en Sevilla. El Evangelista, imagen de vestir, está atribuida a León Ortega en 1972.
     En la capilla mayor, con retablo pintado por Miguel Ollero, se deja ver, desde su camarín, la elegante escultura del Nazareno, imagen de vestir, efigiada por León Ortega en 1946. En la hornacina superior del retablo se expone el simulacro de San Sebastián, cotitular de la ermita, obra del imaginero cordobés Luis Sergio Torres Romero en 2002. Por el lado del evangelio, a través de una solemne puerta, se ingresa en la sacristía y desde allí, por la izquierda, se accede a una gran sala de exposición donde se atesoran los enseres artísticos más interesante del patrimonio cofrade. El techo de palio y las bambalinas, bordadas en oro y sedas de colores; e importantes piezas de orfebrería (varales, respiraderos, candelería, jarras, etc.). También se conserva la fi­gura de Simón de Cirene, escultura en madera policromada de Francisco Berlanga, de 1995. Y, por la derecha se sube al camarín del Nazareno, pintado al óleo por Miguel Ollero en 2005.
     Por el costado de la epístola, desde el presbiterio, se pasa a la Sala de Juntas, donde se expone el manto procesional de la Virgen de los Dolores, bordado en oro por los propios cofrades. Y des­de allí se ingresa en la Secretaría.
     De nuevo en la única nave de la ermita, frente a la capilla de la Virgen de Gracia o de los Dolores, se dispone la de Ntra. Sra de la Encarna­ción, imagen de candelero para vestir del siglo XVII, adaptada a dolorosa por León Ortega en 1972. Desde 1996 procesiona como Virgen de la Soledad, por ello fue restaurada en 2001 por el citado Luis Sergio Torres Romero. A sus plantas, sobre la mesa de altar se expone el yacente. Este Cristo, advocado de la Paz Eterna, fue gubiado por Antonio León Ortega entre 1961 y 1962. En otro altar contiguo se sitúa el grupo de la Oración del Huerto. Tanto el Cristo como el ángel confortador fueron tallados y policromados por el citado escultor ayamontino León Ortega, entre 1974 y 1975.
     Por último, otra puerta comunica con el salón donde se conserva el paso neobarroco del Cristo yacente, cuya urna fue tallada en madera por Alfonso Yañez Colomer y dorada por Eugenio Farelo (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Ermita de Montemayor
     Se alza sobre un altozano, a 2 km. de la ciu­dad, en dirección sureste. Su primitiva fábrica mudéjar, ya documentada en 1431, experimentó una gran transformación en 1745. Los albañiles moguereños Antonio Ruiz Guerrero y Manuel José de Garfias reconstruyeron la capilla mayor. El conjunto se completó con un soportal de dos arcos, espadaña y otras dependencias. En el total despuntaba la cúpula barroca que subsistió hasta la década de los setenta del siglo XX. Por en­tonces, sustituyeron tan interesante edificación por otra de mayores proporciones. La actual, con planta de cruz latina, tiene una sola nave, pronunciado crucero y capilla mayor con ábside facetado. A derecha e izquierda del presbiterio se disponen la sacristía y otra sala auxiliar. La capilla sacramental, de reducidas proporciones, se sitúa en el flanco del evangelio. Ahora, el pórtico presenta tres arcos.
     Flanquean la puerta principal del templo dos azulejos polícromos. El primero, dedicado como promesa por Manuel Morales Medina en 1924, representa a la titular con su espléndido manto verde. El otro reproduce un óleo sobre lienzo realizado por Benegas en 1956, que inmortaliza la procesión de la Virgen en la romería de 1955. Fue ejecutado por A. Chaves en la Fábrica Ramos Rejano de Sevilla y está fechado el segundo domingo de mayo de 1961. Y por el costado izquierdo del edificio se desarrolla otra galería porticada. En el lado opuesto hay un patio con pozo, la casa del er­mitaño y otros salones auxiliares.
     En su interior se ha colocado un Vía-crucis de cerámica polícroma, cuyas escenas están firma­das indistintamente por Cueto y por Sánchez Palacios en 2000. En la nave, en el lateral izquierdo, se expone el Santo Cristo de los Milagros, escultura en madera policromada de mediados del siglo XVI. En el interior de la capilla sacramental se guarda, desmembrado y mutilado, el retablo barroco que presidió la ermita hasta el tercer cuarto del siglo pasado. Se trata de un retablo de estípites ejecutado por el ensamblador sevillano José Cano en 1736. Y en el paramento derecho se cuelga un óleo de San José, de factura popular del Ochocientos. En el brazo del crucero, ubicado al lado del evangelio, hay dos lienzos. El prime­ro, copia de la Anunciación de Murillo, es obra reciente del pintor moguereño Francisco Manuel Rodríguez. El segundo, que reproduce el sacrificio de Isaac, corresponde al círculo de Sebastián de Llanos Valdés, hacia 1660-1665.
     La capilla mayor está presidida por la Virgen de Montemayor, patrona de la ciudad, imagen de candelero para vestir, con el Niño Jesús sobre su brazo izquierdo. Está firmada en Sevilla por Sebastián Santos Rojas en 1937. Se expone bajo el palio de sus plateadas andas procesionales, sobre un hermoso pedestal de azulejería blanca y azul, decorada con temas marianos. El diseño es del pintor moguereño José Enrique Azcárate Flores. Y se realizó en la década de los ochenta, en la fábrica sevillana de Mensaque, por el ceramista M. Romero.
     En el otro brazo del crucero existen otros dos óleos sobre lienzo. Uno, el de San Jerónimo penitente, es obra anónima de marcado sabor tenebrista. Y el otro, también pintado por Francisco Manuel Rodríguez, es copia de la Coronación de la Virgen de Velázquez. De nuevo en la única nave de la ermita, en el flanco de la epístola, está el enterramiento del obispo Infante. Y sobre él, en el mismo muro, se expone un retrato de tan ilustre moguereño.
     Piezas notables de la orfebrería de este santua­rio son las coronas de oro del Niño y la Virgen de la coronación canónica y el cetro, realizados por Orfebrería Villarreal en 1991, así como un cáliz vinajeras y copón neobarrocos, de 1931 y 1996, y un cáliz de plata dorada de Seco Velasco, de mediados del siglo XX. Entre los bordados del ajuar de la imagen de la Virgen hay que señalar el manto de terciopelo verde, con bordados del siglo XIX, atribuido a Juan Manuel Rodríguez Ojeda; un manto de terciopelo rojo, bordado en oro por Ana Camacho Roca en los años cuarenta del siglo XX; el manto procesional bordado por Francisco Contioso Camacho en 1967; el manto de la Coronación, realizado por los Talleres de Carrasquilla en 1991; dos sayas del siglo XVIII, bordadas en oro; y la saya y vestido del Niño, de la Coronación, estos últimos de 1991, realizados por Francisco Contioso (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Este edificio mudéjar del siglo XV debió ser reconstruido tras el terrible Terremoto de Lisboa de 1755, que asoló gran parte del suroeste andaluz. Era un edificio modesto y encalado, que se abría al exterior a través de un porche con dos arcos de medio punto, rematado por la espadaña que resguardaba la campana.
     En el siglo XX, y debido a las reducidas dimensiones del santuario, se decidió realizar una profunda remodelación del mismo, en la cual se levantan un nuevo porche de tres arcos, una espadaña más airosa que la anterior y un nuevo patio de estilo andaluz adosado a la iglesia. Además, se construye un crucero en la iglesia, que adquiere así planta de cruz latina. Así las cosas, el actual edificio debe fecharse en los siglos XVIII y XX.
     La ermita se alza sobre un altozano, en los pinares de Montemayor, a dos kilómetros del pueblo, en dirección sureste. Su primitiva fábrica mudéjar, ya documentada en 1431, experimentó una gran transformación en 1745. Los albañiles moguereños Antonio Ruiz Guerrero y Manuel José de Garfias reconstruyeron la capilla mayor. El conjunto se completó con un soportal de dos arcos, espadaña y otras pertenencias.
     En el total despuntaba la cúpula barroca que subsistió hasta la década de los setenta del siglo XX. Por entonces esta edificación fue sustituida por otra de mayores proporciones. La actual, con planta de cruz latina, tiene una sola nave, pronunciado crucero y capilla mayor con ábside facetado. A la derecha e izquierda del presbiterio se encuentran la sacristía y otra sala auxiliar.
     La capilla sacramental, de reducidas proporciones, se sitúa en el lado del Evangelio. El pórtico, actualmente presenta tres arcos.
     La ermita es el lugar de culto de la Virgen de Montemayor, patrona de Moguer. En sus inmediaciones se celebra una de las romerías más emblemáticas de la provincia.
     El primer dato históricamente documentado que nos habla de la existencia de esta ermita es del año 1380, momento en el que ya se encontraba levantado el templo y en él se rendía culto a "Santa María de Montemayor". Del primer tercio del siglo XV, más concretamente del año 1431, procede una donación testamentaria en favor de esta advocación por parte de un vecino de Moguer.
     La ermita se encuentra situada a dos kilómetros del núcleo urbano de la ciudad. Su construcción esta ligada a la aparición en el mismo lugar de la patrona moguereña la Virgen de Montemayor. Según cuenta la leyenda fue encontrada por el pastor Alonso Núñez en ese lugar, llamado Tamar o Tamaríz, donde fue escondida por el sacerdote moguereño Antonio Quinta Cabañas en el año 714.
     El segundo domingo del mes de mayo, se celebra la populosa Romería de Montemayor, que logra convocar a miles de personas cada año. La romería tiene lugar en los pinares donde se halla la ermita, que conforman un espacio natural público donde no existen casas privadas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Oratorio de Santa Ángela de la Cruz
     La devoción popular a Santa Ángela tiene su origen en la fundación de un convento de la Compañía de la Cruz, debida a doña María J. Piñar y Pickman, viuda de Flores, por lo que fue nombrada Hija Adoptiva de la ciudad en 1949. En la antigua calle de la Aceña, rotulada con el nombre de la Santa en 1997, se ubica dicho con­vento, frente al que se sitúa el actual oratorio. Esta pequeña edificación fue construida en 2004 por suscripción popular. Los planos de planta y alzado corresponden al artista moguereño José Enrique Azcárate Flores. Los maestros albañiles Manuel Domínguez Gómez y Antonio Romero Cumbreras realizaron  esta obra.
     La fachada principal presenta una puerta ad­intelada con sencillo enmarque de orejeras, sobre pilastras y traspilastras, con frontón triangular partido, en cuyo centro se dispone una hornacina con cruz de cerrajería. Sobre el alero del tejado despunta un castillete con almenas y merlones, resaltando en la cota más elevada una veleta de hierro. En su interior destaca un sobrio retablo, compuesto con elementos del siglo XVIII, es de madera dorada y policromada. En su hornacina se venera a Santa Ángela de la Cruz, escultura en madera policromada, obra de Juan Manuel Miñarro. Dicha efigie es una reproducción fidedigna de la realizada por este autor para la catedral de la Almudena de Madrid (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Capillas de las Cruces
     Desde finales del siglo XIX y a lo largo del si­glo XX se edifican las pequeñas capillas dedica­das a las Cruces. En 1906 poseía ya su oratorio la Cruz de la calle Olivos. Posteriores son las capillas de la Cruz de la calle Friseta, calle de Enmedio y calle Picos. Presentan en común su sencilla fachada con espadaña y campana y estructura interior de una sola nave (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Monumento a la Coronación; Monumento a los Hermanos Niño; Panteón Zenobia y Juan Ramón; Capilla de San Sebastián; Ermita de Montemayor; Oratorio de Santa Ángela de la Cruz; y Capillas de las Cruces) de la localidad de Moguer (y IV), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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domingo, 25 de junio de 2023

Los principales monumentos (Casa del Almirante Hernández Pinzón; Iglesia de Nuestra Señora de la Granada; Capilla del Hospital del Corpus Christi; y Teatro Felipe Godínez) de la localidad de Moguer (III), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Casa del Almirante Hernández Pinzón; Iglesia de Nuestra Señora de la Granada; Capilla del Hospital del Corpus Christi; y Teatro Felipe Godínez) de la localidad de Moguer (III), en la provincia de Huelva.

Casa del Almirante Hernández Pinzón
     El caserío de Moguer cuenta con algunos ejemplares de construcciones mudéjares, lo que es apreciable en los patios de algunas viviendas, como ocurre en la casa de los Rodríguez-Thorices. Igualmente hay un conjunto de edificios de arquitectura barroca, propias del Setecientos, y elegantes casas solariegas decimonónicas, entre las que cabe citar la casa del almirante Hernán­dez Pinzón. Los esquemas de viviendas de los si­glos XVIII y XIX se repiten hasta la saciedad a lo largo del siglo XX (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Iglesia de Nuestra Señora de la Granada
     La primitiva parroquia de Moguer, de estilo mudéjar, era de menores proporciones que la actual barroca. Los daños recibidos a raíz del terremoto de Lisboa hicieron que se levantara de nuevo, por la ruina en que estaba, la sacristía, aunque la torre y la misma iglesia quedaron muy afectadas por el seísmo. En la construcción de la sacristía intervino Pedro de San Martín. Pedro de Silva informó sobre las obras necesarias en la torre, que fueron ejecutadas por Antonio Guerrero y Lucas Cintora y concluidas hacia el año 1760, aunque ésta es la misma de la primitiva construcción.
     Años más tarde, en 1775, se decidió la ampliación de la iglesia, propuesta ya en 1760 por Pedro de Silva, aunque se creyó insuficiente lo proyectado. Intervino entonces José Álvarez, que levantó un nuevo plano de la planta del edificio, añadiendo lo que se debía agrandar. La estimación de estas obras ascendieron a los 500.000 reales de vellón.
     Sin embargo, en 1776, se decide construir una iglesia de nueva planta, debido a que la antigua no podría resistir a causa de la poca robustez de sus cimientos. Fue preciso incluir un pedazo de calle y dos casas. Ya en 1783, José Álvarez informaba de la terminación del nuevo edificio, a falta de algunos remates de poca consideración.
     En 1936 fue incendiado el edificio, incendio que provocó la caída de las bóvedas. La vida parroquial hubo de trasladarse a la iglesia de San­ta Clara. Después de la conveniente reconstrucción y restauración del templo se abrió al culto en 1944.
     La parroquial moguereña consta de cinco na­ves, crucero con media naranja, capilla mayor y dependencias auxiliares. La nave central está cubierta con bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones. Es de mayor altura que las laterales y de la misma altura que el crucero y la capilla mayor. La nave central y el crucero sobresalen marcadamente del conjunto tectónico. Las naves con­tiguas a la central ostentan bóvedas vaídas y las otras dos, bóvedas de arista. La principal característica de la iglesia es la austeridad en su planta y alzado, y la perfecta coordinación entre el todo y sus partes. El monumento, sobrio y expresivo, resucita esquemas herrerianos de la arquitectura filipense. Su decoración exterior se centra en las tres portadas-retablo y en la torre. La portada del imafronte, o del Sol, labrada en ladrillo lim­pio, es la más hermosa. Consta de dos cuerpos y ático. La del Evangelio, que simplifica el esquema de la anterior, abre a la plaza de la Iglesia. Y la tercera, en el costado de la epístola, comunica con el patio de los Naranjos. Ambas tienen un sólo cuerpo y ático. Este edificio, de aspiraciones catedralicias, es uno de los ejemplares arquitectónicos más notables del Setecientos en la actual provincia de Huelva.
     La primitiva torre de la parroquial de Moguer se hundió en 1655. Dos arquitectos mayores, Juan Domínguez y José Tirado, se encargan sucesivamente de su reconstrucción. El prime­ro acometió la reedificación de su caña, según proyecto fechado en 1689. El segundo dirigió las obras desde 1693 hasta su conclusión en 1714. José Tirado realizó, pues, la traza y levantó el cuerpo de campanas con su correspondiente chapitel. Poco después fue transformada por los arquitectos diocesanos Diego Antonio Díaz, tras el huracán de 1722, y Pedro de Silva, después del terremoto de 1755. En ambas ocasiones que­daron arruinados el cuerpo de campanas y el chapitel. Razón por la que su airosa fisonomía seiscentista quedó enmascarada por las referidas intervenciones dieciochescas. Gracias a ello la parroquial de Santa María de la Granada de Moguer conserva su bellísima torre, inspirada en la Giralda de Sevilla. En este sentido el poeta moguereño Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura, al referirse a ella, la define así: «La torre de Moguer de cerca, parece una giralda vista de lejos».
     Junto al cancel de la puerta principal, a la izquierda, está el altar de la Virgen de la Soledad, cuya titular es una imagen de candelero para vestir del siglo XVII, remodelada profundamente por el escultor palmerino Joaquín Moreno Daza. A continuación está el retablo de Ánimas, del siglo XIX, desprovisto de interés.
     En la capilla bautismal, clausurada con artística reja de hierro del último tercio del Setecien­tos, preside una pintura mural del Bautismo de Cristo, obra de Rafael Blas Rodríguez. La pila bautismal es de la época del templo. A ambos lados se sitúan la Virgen de Belén, imagen de candelero para vestir obra de Enrique Orce de h. 1930; y el grupo escultórico de San José con el Niño Jesús itinerante, también del mismo autor en  1941.
     Más adelante se encuentra el retablo de la Vir­gen de Fátima, pasado el cual se halla el cancel lateral del flanco del evangelio, tras el que se ubica un retablo dieciochesco, procedente del convento de San Francisco, con la Divina Pasto­ra, cuya titular es una imagen de vestir del siglo XVIII. Se transformó de Inmaculada en la actual advocación. Procede del convento de Capuchinos de Sevilla. Tras su adaptación como Divina Pastora fue bendecida por el Beato Diego José de Cádiz. Entre 2002 y 2003 fue restaurada por José María Leal en Sevilla. El retablo de San José, obra de mediados del siglo XX, se compone de mesa de altar, banco, un solo cuerpo y ático. En la hornacina principal se expone la escultura del titular obra de Joaquín Moreno Daza, de 1956. En los intercolumnios se sitúan la Virgen del Pi­lar y San Diego de Alcalá. En el ático hay una efigie de San Ginés, del siglo XVIII.
     El retablo de la Virgen del Carmen está com­puesto con elementos de altares dieciochescos del convento de San Francisco. La titular, escultura en madera y telas encoladas y policromadas, es obra del sevillano Enrique Orce, de 1938. Se puede contemplar a continuación el retablo de San Antonio, de madera tallada y dorada. Sigue el formato neobarroco de la época. Después está el retablo del simpecado de la Virgen del Rocío. Junto a él, en el muro, se ha colocado una leyenda que indica que «En este lugar estuvo el retablo de la Virgen del Rosario de Gloria, que lloró milagrosamente el 1 de noviembre de 1755, durante el terremoto de Lisboa».
     La capilla mayor está presidida por un temple­te, en madera tallada y dorada, con la Virgen de la Granada, firmada en la base por Enrique Orce, en 1941. Sobre la tribuna del órgano se cuelga el gran cuadro de la Asunción de la Virgen, pintado por Juan Antonio Rodríguez entre 1993 y 1995. Los ángeles lampareros que flanquean el presbiterio, esculturas en madera policromada, son obras de David Valenciano en 2003.
     La capilla sacramental, clausurada con rejas de hierro, tiene sus bóvedas pintadas con temas eucarísticos por Rafael Blas Rodríguez en 1944. Hay un mural de la Cena de Emaús, en el paramen­to, obra del mismo autor. El retablo del Corazón de Jesús, o del Sagrario, tiene mesa de altar, un cuerpo de tres calles y ático. Es obra del círculo de Felipe Fernández del Castillo, de h. 1720- 1740. Lo preside una imagen del Sagrado Corazón. En la hornacina del ático hay un Niño Jesús, talla en madera policromada del siglo XVIII. So­bre el altar está el tabernáculo, de madera dorada y con la puerta de plata, del siglo XX. El retablo de María Auxiliadora es obra anónima sevillana de h. 1720-1740. Sobre una mesa de altar se expone el Cristo de la Victoria, ejecutado por Enrique Orce entre 1938 y 1939, y restaura­do por Rangel entre 1992 y 1993. Su retablo, del siglo XVII, se encuentra hoy desmembrado en la capilla del Corpus Christi.
     De nuevo en el crucero está el retablo de es­típites de la Inmaculada, compuesto de mesa de altar y un cuerpo de tres calles, es de autor anónimo sevillano, de h. 1750-1780. Le sigue el retablito de Santa Ana, realizado por el artista moguereño José Manuel Picón en 1995. Por el cancel lateral se accede al patio de los naranjos. Sigue el retablo de San Isidro Labrador, anóni­mo sevillano de h. 1750. En la capilla de Vera- Cruz preside el grupo escultórico del Calvario. El Crucificado es copia del que hizo Enrique Orce en 1938, ahora en la capilla del Corpus Christi. La copia la realizó Joaquín Moreno Daza en 1988. La Virgen de la Paz, imagen de can­delero para ves­tir, fue gubiada por José María Leal en 2005. Y San Juan Evangelista es obra de Enrique Orce, h. 1939. Por último, junto al cancel de la puerta principal del templo se encuentra el retablo de San Juan Bosco, obra anónima sevillana, de la primera mitad del siglo XVII ¿?.
     La orfebrería de esta parroquial conserva dignos ejemplares de diversas épocas, siendo de destacar el portapaz del XVI. Del siglo XVII, con intervenciones de Blas Amat en el siglo XVIII, son los cuatro evangelistas de la antigua custodia procesional de plata. Hay también un cáliz y unas vinajeras de origen poblano, ambas piezas del siglo XVIII. De estilo rococó son un cáliz y un copón dieciochescos, en plata dorada. Igualmente la cruz parroquial dorada. Y de esta época es el magnífico ostensorio de plata dorada de Vicente Gargallo. Del siglo XIX hay un conjunto de sobrios cálices argénteos, con decoración de perlitas, y el cáliz del obispo Infante, realizado en plata dorada. De mediados del novecientos es un portaviático en forma de corazón, de plata dorada, imitando modelos de siglo XIX, así como un cáliz neobarroco del arcipreste D. José Domínguez Pabón.
     Entre la colección de antiguos bordados barrocos hay que señalar un terno litúrgico, denomi­nado de «la Granada», inmerso en la tradición de los bordados sevillanos de la época. Además, se conservan otros ejemplares correspondientes a frontaleras, paños de altar y paños de púlpito, ricamente bordados al gusto de los siglos XVIII y XIX (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El edificio actual es un enorme rectángulo repartido entre cinco naves, que definen una cruz latina central cuyo crucero está cubierto por una cúpula d media naranja. La nave central está cubierta con bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones. Es de mayor altura que las laterales y de la misma altura que el crucero y la capilla mayor. Las naves contiguas a la central se cubren con bóvedas vaídas y las otras dos con bóvedas de arista.
     La característica principal de la iglesia es la austeridad de su planta y alzado, y la perfecta coordinación entre el todo y sus partes Lo más llamativo del edificio está en el exterior; posee tres portadas-retablo barrocas de ladrillo limpio y una torre campanario que rompe la alineación de una de las esquinas del edificio. Se trata de una copia por libre de la Giralda, llegando hasta el extremo de reproducir sus campanas en pinturas al fresco sobre unos huecos simulados.
     La portada del imafronte consta de dos cuerpos y ático y es la más hermosa de las tres. La del Evangelio, que simplifica el esquema de la anterior, abre a la plaza de la iglesia, y la tercera, en el lado de la Epístola, comunica con el patio de los naranjos. Ambas tienen un solo cuerpo y ático.
     La primitiva torre de la parroquia se hundió en 1655. Los arquitectos mayores Juan Domínguez y José Tirado, se encargan sucesivamente de su reconstrucción. El primero acometió la reedificación de su caña, según proyecto fechado en 1689. El segundo dirigió las obras desde 1693 hasta su construcción en 1714. José Tirado realizó, pues, la traza y levantó el cuerpo de campanas con su chapitel.
     Poco después fue transformada por los arquitectos diocesanos Diego Antonio Díaz, tras el huracán de 1722, y Pedro de Silva, tras el terremoto de 1755. En ambas ocasiones quedaron destruidos el cuerpo de campanas y el chapitel, por lo que su airosa fisonomía seiscentista quedó enmascarada por las intervenciones del siglo XVIII. Gracias a ello conserva su bellísima torre inspirada en la Giralda de Sevilla.
     La primitiva iglesia parroquial de Moguer, de estilo mudéjar, era de menores proporciones que la actual barroca. Los daños causados por el terremoto de Lisboa hicieron que se levantara de nuevo la sacristía, aunque la torre y la misma iglesia quedaron muy afectadas por el seísmo.
     En la construcción de la sacristía intervino Pedro San Martín. Pedro de Silva informó sobre las obras necesarias en la torre, que fueron ejecutadas por Antonio Guerrero y Lucas Cintora y concluidas hacia 1760.
     En 1755 se decidió la ampliación de la iglesia. Intervino en esta ocasión José Álvarez que levantó un nuevo plano de la planta del edificio, añadiendo lo que se debía agrandar. Sin embargo en 1776 se decide construir una iglesia de nueva planta, debido a que la antigua no podría resistir a causa de la poca robustez de sus cimientos. En 1783, José Álvarez informaba de la terminación del nuevo edificio.
     En 1936 se produjo un incendio en el edificio que produjo la caída de las bóvedas. Después de la reconstrucción del templo, se abrió al culto en 1944 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ayuntamiento
     El terremoto de Lisboa dejó totalmente arrui­nado el antiguo ayuntamiento, cárcel y pósito de Moguer. Por tanto, en 1766, los capitulares deciden construir un nuevo complejo municipal, conforme al diseño formado por Francisco Díaz Pinto. El proceso constructivo sufrió grandes contrariedades administrativas. El Real y Su­premo Consejo de Castilla, en 1767, devolvió al intendente de Sevilla la planta y traza del consis­torio moguereño, para que fuesen examinadas por el arquitecto italiano Tomás Botani. Se dispuso, además, que éste tasara el coste de la obra a tenor de lo realizado. Y le encargaron también una nueva planta y las condiciones para la continuación de las obras. El proyecto de Botani no se respetó íntegramente, tomándose una solución intermedia, manteniéndose, en líneas generales, la traza y disposición de Pinto y omitiéndose su exuberante ornamentación, conforme al clasicismo formal del arquitecto italiano.
     Esta obra es la más representativa del siglo XVIII, en su tipología, de la provincia de Huel­va. Presenta una fachada con una doble logia, muy aireada, entre dos cuerpos macizos laterales. Su doble danza de cinco arcos de medio punto, con rosca moldurada y moldurón en la clave, cabalgan sobre columnas de mármol blan­co. Los arcos inferiores lucen ángulos triedros en las enjutas y los superiores, doblados pinjantes. La logia superior tiene techumbre mudéjar. El doble apilastrado de los cuerpos macizos de las esquinas, de orden dórico en la planta inferior y jónico en la superior, evidencia el carácter erudito de esta obra. Ambas plantas quedan sepa­radas por un entablamento decorado con triglifos. Y la superior está coronada por una volada cornisa de pareados modillones. El total resultante está rematado por un antepecho con jarros. En el centro, un pequeño ático, provisto de aletones y remate superior, enmarca el reloj, pro­pio de las edificaciones edilicias.
     A la sobriedad y mesura de la fachada, de elegante clasicismo, se opone la portada principal. Su traza, ágil y dinámica, constituye la nota ba­rroquizante más acusada del conjunto. Sus recortados perfiles definen el ondulante marco de esta puerta adintelada, cuya hornacina superior cobija la escultura de San José con el Niño itinerante, patrón de la ciudad (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Es un edifcio del siglo XVIII, y es la obra más representativa de ese siglo en su tipología, de la provincia de Huelva. El proyecto se debe al arquitecto italiano Tomás Bottani.
      Se construye por etapas, datándose su comienzo en el siglo XVI. El elemento más representativo es la fachada, de estilo neoclásico, construida en el siglo XVIII. Actualmente se encuentra en uso, restaurado y ampliado y en buen estado de conservación.
      Es obra del arquitecto italiano Tomás Bottani, el cual lo dotó de un estilo de transición entre el barroco y el neoclásico. Es un edificio rectangular de dos plantas cuyas dependencias se distribuyen alrededor de un patio central de gran sobriedad, La fachada principal es sin duda la más artística de todo el conjunto, destacando por encima de las viviendas del entorno.
     Presenta una doble logia, muy aireada, entre dos cuerpos macizos laterales.
     Consta de dos cuerpos con cinco arcos de medio punto cada uno, sostenidos por columnas de mármol con fuste liso y típico capitel genovés y un coronamiento centrado que da cobijo al ¿reloj del común". Los distintos niveles de fachada se disponen según el modelo clásico, superponiendo jerárquicamente los órdenes. La traza conecta con el modelo italiano (edificio gubernamental de la ciudad italiana de Como ¿1215-) importado en la mayoría de los casos por artistas y alarifes oriundos de Italia y afincados en España. Ese fue el caso de Tomás Bottani que se casó en Moguer con María Marchante.
     Su decoración es puramente arquitectónica (imposta, cornisamento, pilastras, columnas), salvo algunos elementos ornamentales tan característicos como los típicos festones. En el interior de la logia o galerín porticado de entrada al edificio municipal destaca un precioso ejemplar de portada barroca, ornamentada a base de molduraciones y voladuras, con una hornacina sobre el dintel de la puerta dedicada al patrón de la ciudad (San José). El vestíbulo conecta directamente con la escalera principal y el patio central porticada, abierto al exterior sólo en planta baja, a excepción de frente que coincide con el salón de actos y corredores del piso superior.
     En cuanto al artesonado en forma de artesa con tirantas que cubre la galería alta abierta a la plaza, obra mudéjar anterior al siglo XVIII, perteneció a la sala capitular del antiguo cabildo.
     El edificio del ayuntamiento, construido en el último tercio del siglo XVIII, sustituyó al anterior que fue demolido en 1766 como consecuencia del estado ruinoso en que había quedado tras el terremoto de Lisboa de 1755. La antigua "casa del cabildo" era una construcción de dos pisos de proporciones más reducidas que las actuales, algunas partes nobles y aquellos elementos estructurales (pilares) que conformaban el soporte de la fábrica. Contaba con una sala capitular de planta rectangular, donde se reunía el Concejo presidido por el Corregidor y Justicia Mayor de la Ciudad, y varias dependencias destinadas a archivo y oficinas, y las del pósito y la cárcel.
     Varios años estuvo Moguer sin edificio consistorial. La falta de presupuesto no permitió la reparación del antiguo, cuyo deplorable aspecto ofrecía a moradores y forasteros una imagen negativa de la ciudad y su institución municipal.
     En la sesión del 27 de enero de 1766 el Concejo, atendiendo a las sugerencias de Juan Francisco Ferreiro y Zerviño, acordó la construcción de un nuevo edificio para Ayuntamiento, Pósito y Cárcel, en consonancia con la política de reconstrucción nacional de las casas capitulares emprendida por el monarca ilustrado Carlos III.
     Una vez se arbitraron los recursos se llevó a cabo la demolición del antiguo cabildo, el cual sería sustituido por uno mucho más noble y espacioso con las piezas precisas, altos y bajos, oficio de escribanía pública y del cabildo, archivo, cárcel con varios calabozos y un pósito más amplio para las paneras. Mientras duraban las obras, el Concejo se trasladó provisionalmente a varios inmuebles localizados en la misma plaza pública.
     Hasta 1867 la fachada del edificio mantuvo sin alteración alguna su aspecto original. Ese año se colocaron las rejas de la arquería del piso bajo, procediéndose igualmente al acristalamiento de la galería superior. En 1942, gran parte de la crujía paralela a la calle de la Cárcel fue reconvertida en Casa de Socorro, Centro Primario de Higiene Rural y Centro Maternal.
     En 1970 dicha crujía desapareció después de la ampliación (áreas de oficinas y salón de actos en el espacio ocupado antes par el depósito carcelario) y restauración integral del complejo municipal realizada. Además se recuperó la fachada principal, la galería alta se abrió a la plaza al quitarle la cristalera que tenía, y se hizo dependencias interiores (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Capilla del Hospital del Corpus Christi
     Este edificio, conjuntamente con Santa Cla­ra, es el origen de la presencia franciscana en la ciudad. Aquí se fundó el primer convento de la Orden seráfica en Moguer, precisamente con el título del Corpus Christi, para religiosos franciscanos. La fundación la promovió el almirante mayor de Castilla, don Alonso Jofre Tenorio, junto a doña Elvira Álvarez, su esposa, en 1337. La comunidad de dicho cenobio desarrolló una intensa labor apostólica y cultural en escuelas de niños y cátedra de Gramática. La necesidad de un local más capaz para dichas actividades y la imposibilidad física de su ampliación por rodearlo numerosas viviendas, hizo que, en 1482, se trasladaran los frailes a un nuevo convento, titulado de Ntra. Sra. de la Esperanza. El VIII señor de Moguer, don Pedro Portocarrero, intentó fundar otro convento en el antiguo edificio del Corpus Christi, consiguiendo para ello una bula del Papa Julio II en 1504, pero la propia Orden estimó improcedente la existencia de dos conventos en la misma población.
     Es por ello, que el primitivo cenobio franciscano fue transformado en hospital para pobres. En 1515 se refundió con otros dos hospitales antiguos de la ciudad, dotándose por los señores de Moguer, que en 1685 nombraban ya a los administradores y tomaban cuentas del mismo. En la iglesia de este hospital, en 1712, sucedió el hecho prodigioso de que el Santo Cristo de la Sangre sudara ostensiblemente. Razón por la que la devoción popular hizo objeto de pecu­liar veneración a dicha imagen. Sin embargo, en 1732 el hospital estaba casi arruinado, y en 1747 se hacía constar que era insuficiente para el cumplimiento de sus fines asistenciales. En ese estado de penuria se encontraba el hospital cuando acaece el terremoto de Lisboa, tras el que fue demorada la restauración del edificio. En 1856 fue restaurado, componiéndose entonces de un patio rectangular del siglo XVI y una capilla pequeña. Todavía al comenzar el siglo XX subsistía como centro hospitalario. Hoy sólo existe la iglesia, que resultó destrozada en su interior en 1936, pues el hospital fue derruido y se construyó en su solar la Estación Enológica, cuya facha­da aún pervive, decorada con vistosos y polícromos azulejos de 1915. Hoy sirve de fachada al Teatro Municipal Felipe Godínez, construcción del arquitecto Ángel Gómez Macías en 1993.
     El templo presenta una sola nave, conservando su capilla mayor original. El ábside facetado, provisto de sus correspondientes contrafuertes, es obra gótico-mudéjar sevillano del siglo XIV. En el retablo de yesería que preside el presbiterio reciben culto las antiguas imágenes titulares de la Hermandad de la Vera Cruz, obras de Enrique Orce. El Crucificado, de 1938; y la Virgen de la Paz, imagen de candelero para vestir de 1942 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El templo presenta una sola nave, conservando su capilla mayor original. El ábside facetado, provisto de sus correspondientes contrafuertes es obra gótico- mudéjar del siglo XVI. A este al cual se accede por un largo pasillo perpendicular a la nave y que la comunica con la vía pública.
     El eje de la nave y presbiterio se orienta con dirección aproximada NO-SE, con cabecera SE, concretamente formando 30º con la dirección O-E. El pasillo pues comunica con la calle en la dirección NE. Adosadas a la nave por el SO existen dos dependencias separadas por un patio. De ellas la más próxima al presbiterio vendría ubicada a sacristía, y la más alejada al alojamiento de guardesa.
     Las dimensiones del edificio son reducidas y adopta en planta una curiosa forma de T con alas desiguales.
     El edificio de la capilla ha quedado segregado de la unidad arquitectónica que formaba con el hospital de la Sangre, y que primitivamente fue el convento de San Francisco. De dicho hospital que contaba con un patio cuadrado de arcos de medio punto adosado a la capilla, solo resta la fachada cuya continuidad arquitectónica solo se rompe en el extremo izquierdo con el frontis que cobija el arco apuntado del portalón de acceso al pasillo de la capilla.
     Así pues la capilla tiene unas dimensiones de 26 metros de largo por un ancho de 5.20 metros en la nave y 8.60 metros en el ábside, con un cuerpo adosado a la nave de unos 17 metros de longitud por 3.50 metros de ancho. Por último el pasillo presenta una fachada de 3.70 metros (la única del edificio) y un fondo de unos 20 metros.
     Este edificio, conjuntamente con Santa Clara, es el origen de la presencia franciscana en la ciudad. Aquí se fundó el primer convento de la orden seráfica en Moguer, precisamente con el título de Corpus Christi, para religioso franciscanos.
     La fundación la promovió el almirante mayor de Castilla, don Alonso Jofre Tenorio junto con su esposa. La comunidad desarrolló allí una intensa labor apostólica y cultural en escuelas de niños. La necesidad de un local más capaz para estas actividades hizo que en 1482 se trasladaran los frailes a un nuevo convento llamado de Nuestra Señora de la Esperanza.
     El primitivo cenobio franciscano se transformó en hospital para pobres. En 1515 se refundió con otros dos hospitales de la ciudad. En la iglesia de este hospital, en 1712, sucedió el hecho prodigioso de que el Santo Cristo de la Sangre sudara ostensiblemente. Razón por la que la devoción popular hizo objeto de peculiar devoción a dicha imagen.
     En 1732 el hospital estaba casi arruinado. En 1856 fue restaurado, componiéndose entonces de un patio rectangular del siglo XVI y una capilla pequeña. Al comenzar el siglo XX aún subsistía como centro hospitalario. Hoy día sólo existe la iglesia, que resultó destrozada en su interior en 1936, pues el hospital fue destruido y se construyó en su solar la Estación Enológica, cuya fachada aún pervive y hoy sirve de fachada al Teatro Municipal Felipe Godínez, que fue construido en 1992 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Teatro Felipe Godínez
     Para su construcción se eligió un solar dentro del casco histórico de la ciudad, muy cerca de Ayuntamiento. Este solar, entre las calles Andalucía y Castillo, tenía la peculiaridad de estar en parte " invadido " por el edificio de la vecina capilla Corpus Cristo y de conservar una antigua fachada, datada aproximadamente hacia 1915 atribuida al arquitecto Aníbal González. Se decidió por su interés conservarla e integrarla en el nuevo edificio que se iba a construir.
     El acceso principal al teatro se realiza a través de esta antigua fachada, de la que, a fin de dotarla de mayor transparencia, se han eliminado los antiguos cierres de puertas y de ventanas, ampliándose los huecos hasta el nivel del suelo.
     Tras ella, y dejando entre ambas un pequeño vestíbulo, se ha construido una nueva fachada, traspasada la cual nos encontramos en los primeros espacios del recinto, entre los que destaca el largo pasillo destinado a pequeñas exposiciones.
     Al fondo se levanta la sala del teatro para un número aproximado de 350 espectadores, y el volumen que alberga la zona destinada a escenarios, camerinos, tramoyas, almacén, etc.
     El edificio ha sido dotado con todo el equipamiento necesario, a nivel de iluminación, telones, maquinaria... para la representación de espectáculos teatrales y musicales.
     La Fachada trasera, a calle Pastillo se deja con entrada directa de servicio para esta zona y como salida de emergencia.
     En la realización de proyecto se han tenido muy en cuento los materiales y los acabados de todo el edificio, entre los que destacan la madera y el estuco, así como el aprovechamiento máximo allí donde es posible de la luz natural.
     Construido en 1992 en conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América, y dedicado al dramaturgo moguereño Felipe Godínez (contemporáneo de Cervantes).
     La construcción de la Sala Felipe Godínez se lleva á cabo dentro del Programa Colón 92, programa de información de infraestructura que se puso en macha, por iniciativa de la Junta de Andalucía, en Moguer, y otros tres municipios Andaluces- Santa Fe en Granada, Sanlúcar de Barrameda en Cádiz, y Palos de la Frontera en Huelva- estrechamente vinculados a la figura de Cristóbal Colón. El Proyecto y Dirección de obras fueron realizados por el arquitecto Ángel López Macías y el arquitecto técnico Manuel del Pino Izquierdo.
     Concebido como un centro cultural con posibilidades de albergar pequeñas exposiciones, conferencias, etc., su destino principal, y el que se han dedicado mayores esfuerzos, es el de sala para espectáculos teatrales. Goza de una programación cultural tan variada y extensa que ha colocado actualmente a Moguer en un lugar privilegiado dentro de la Comunidad Andaluza (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Casa del Almirante Hernández Pinzón; Iglesia de Nuestra Señora de la Granada; Capilla del Hospital del Corpus Christi; y Teatro Felipe Godínez) de la localidad de Moguer (III), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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jueves, 22 de junio de 2023

Los principales monumentos (Monasterio de Santa Clara; Casa natal Juan Ramón Jiménez; Casa Museo Zenobia y Juan Ramón Jiménez; y Convento de San Francisco, o de Nuestra Señora de la Esperanza) de la localidad de Moguer (II), en la provincia de Huelva


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Monasterio de Santa Clara; Casa natal Juan Ramón Jiménez; Casa Museo Zenobia y Juan Ramón Jiménez; y Convento de San Francisco, o de Nuestra Señora de la Esperanza) de la localidad de Moguer (II), en la provincia de Huelva.

Monasterio de Santa Clara
     El monasterio de Santa Clara fue fundado por don Alonso Jofre Tenorio, almirante de Castilla y I señor de Moguer y por su esposa doña Elvira Álvarez, entre octubre de 1337 y abril de 1338, para religiosas franciscanas, que habitaron su clausura hasta 1903, en que la ocuparon las Esclavas Concepcionistas del Divino Corazón. Desde 1956 hasta 1975 residieron en él los Padres Capuchinos. En la actualidad es sede del Museo Diocesano de Arte Sacro de Huelva. Santa Clara es uno de los edificios capitales de la arquitectu­ra andaluza. A lo largo de la historia fue objeto de preferencia para los Portocarrero, sus patronos, que con­virtieron su iglesia en panteón familiar. Es por ello que los señores de Moguer lo colmaron de sus­tanciosas concesio­nes, aumentadas por donaciones reales y particulares. En Santa Clara, el 16 de marzo de 1493, al volver de su primer viaje al Nuevo Mundo, cumplió Cristóbal Colón un voto hecho en la travesía.
     Desde el punto de vista arquitectónico, el monasterio se compone de dos cuerpos: el sector conventual y el templo. La iglesia constituye el último ejemplar de toda una serie de templos gótico-mudéjares derivados de la arquitectura alfonsí. El resto del edificio amalgama piezas de diferentes estilos: claustros mudéjares, salones y arquerías renacentistas, linternas y portadas barrocas, etc. Sin embargo, a pesar de su diversidad y a veces de su pobreza de medios, constituye la expresión del mundo religioso de las clarisas y el alma popular de la Tierra Llana de Huelva.
     La entrada al cenobio se efectúa por el compás, en el ángulo suroeste del edificio, que presenta un soportal mudéjar en forma de «L», con alfices que apean sobre pilares ochavados de capiteles estalactíticos. Los arcos rebajados de la galería central descargan sobre una columna de mármol blanco. Su techumbre es de ladrillo por tabla. En el compás se alzan también, por el lugar que primitivamente se completaba el soportal, sendas casas de fachada barroca, de las mandaderas de las monjas. A través de la puerta reglar se ingresa en un pequeño claustro mudéjar, de plata cuadrangular, con tres arcos ojiva­les con alfices por cada flanco, que responden al afán de cuadratura de la arquitectura hispano­musulmana. Los arcos apean sobre pilares ochavados con capiteles estalactíticos. La techumbre es también de ladrillo por tabla. Tanto el compás, como este claustro se pueden datar en el siglo XV. A través de la crujía abierta en el flanco occidental se accede a la enfermería, del siglo XVI, con dos plantas, que conforme a la tipología de estas construcciones se divide en dos naves por una elegante arquería central con columnas de mármol, de ori­gen genovés, con capiteles de castañuelas y basas de garras.
     Desde el claustrillo mudéjar se accede al claustro grande o de las Madres, a través de dos pa­sillos abovedados. El claustro de las Madres, de planta casi cuadrada, tiene dos cuerpos. El bajo ostenta, por cada lado, siete arcos de ojiva inscritos en peraltados alfices, sobre gruesos pila­ res. Las cuatro galerías se cubren con bóveda de cañón corrido. Este claustro, de tradición almohade, debe fecharse en el siglo XIV. Está considerado como el claustro más viejo de Andalucía. El cuerpo superior, remodelado en 1589, es el contrapunto ideal del inferior, por su frágil y aireada arquería. Los arcos rebajados, los alfices y el hecho de que los pilares fueran sustituidos por columnas de mármol nos remiten a la época de los Reyes Católicos. La arquería, por influjo de la arquitectura palatina sevillana, discurre sólo por los flancos norte y este, para no restar sol invernal a la planta baja. La influencia arquitectónica de este claustro y la luminosidad de su blanco encalado es apreciable en claustros de Hispanoamérica. Alrededor del claustro de las Madres se dispone el entramado de dependencias principales de la clausura: sala capitular, cocina, refectorio abovedado, sala de profundis con techumbre mudéjar del siglo XVI, dormito­rios construidos en 1589, etc.
     En el muro occidental de la planta baja del salón-dormitorio, situado en el lado septentrional del claustro de las Madres, se conserva un mural del Padre Eterno sobre un fondo arquitectónico, que responde al modelo imperante a finales del siglo XVI. En la sala de las abadesas se encuentra un óleo sobre lienzo, de finales del siglo XVII, de fuerte sabor popular que representa a Santa Clara de Asís. En la galería oriental del cuer­po superior del claustro grande hay un mural, consistente en un dibujo, que no pasa de ser un mero esbozo, de San Cristóbal. La esquemática composición, propia del gusto barroco, está rea­lizada en líneas de color sanguina.
     Siguiendo la orientación litúrgica de la arqui­tectura cristiana, hacia el este u oriente, el recinto eclesiástico se alza siguiendo una dirección ortogonal a la del claustro de las Madres. Es el núcleo coordinador de las partes públicas y privadas del monasterio, al tiempo que constituye la joya artística del mismo. En el tem­plo, cada una de las partes se subordina y ar­ticula perfectamente en el total resultante. Es una edificación de estilo gótico con elementos mudéjares, patente en el interior. Por el exterior, sin embargo, responde al tipo de iglesia-fortaleza. Sus obras comenzaron en 1338. En 1405 hay constancia de que estaba abierto al culto, aunque su construcción se demoraría a causa de las graves epidemias de 1348, 1374 y 1384. Su ábside nos remite al último cuarto del siglo XIV. El templo, totalmente abovedado, consta de tres naves cubiertas con bóvedas de crucería sexpartita, elevadas casi a la misma altura, y ábside poligonal, como corresponde a las iglesias de planta y alzado de salón. El templo, que carece de crucero  y triforio, al adoptar la tipología parroquial, constituye una notable excepción en el concierto de iglesias conventuales andaluzas.
     En la organización interior las bóvedas de crucería, con espinazo a la burgalesa, apoyan sus nervios en ménsulas, originando una arquitectura suspendida al estilo del Císter. A las tres bóve­das centrales corresponden cinco en cada lado. Las ménsulas están ornamentadas con cabezas de atlantes, hojas de vid, etc. Y las nervaduras góticas se enriquecen con puntas de diamantes, dientes de sierra, etc. En la fábrica sólo se usa el ladrillo, por la influencia mudéjar, a excepción de los rosetones, ventanales del ábside, nervios góticos de la nave central y espinazo a la burga­lesa de las laterales trabajados en piedra. Los estribos exteriores, concebidos a modo de aletas, sirven para contrarrestar empujes. Su disposición nos recuerda las del mudéjar aragonés o las del renacimiento granadino. Entre ellos se ubican las capillas laterales, de acusada autonomía espacial, que manifiestan la ascendencia al­mohade en sus bóvedas de cañón trespuntados con aristas. Sus troneras, con base escalonada y bovedita cónica rampante, son de clara tradición románica. En la capilla lateral de los pies de la nave de la epístola hay una lápida episcopal, tallada en granito, de sabor medieval. En el pavimento de la nave lateral del evangelio, otra lau­da, ésta de mármol, señala el enterramiento de Pedro Gupil de Herrera. Es del año 1682.
     El ábside facetado, del tipo sevillano de la repoblación, cegó sus tres ventanales góticos al instalarse, en el presbiterio, el magnífico retablo mayor manierista, ejecutado por Jerónimo Velázquez entre 1635 y 1640. El retablo consta de mesa de altar, banco, -en el que hay lienzos con varios santos y escenas de la vida de Cristo-, dos cuerpos de tres calles y dos entrecalles y ático. En su hornacina principal preside la titular, Santa Clara, escultura en madera policromada de Francisco Zamudio, de finales del siglo XX. Entre los elementos usados en la ejecución de esta pieza de fuerte influencia montañesina destacan las columnas corintias entorchadas. Los frontones y entablamentos presentan varios tipos, siendo triangulares en los extremos del primer cuerpo, curvos en el segundo y partidos en el ático, excepto en la calle central, donde son partidos en los dos primeros cuerpos y en el ático se sustituye por un copete, bajo el que está un Crucifi­cado del círculo de Pedro Millán, de h. 1500. La decoración del retablo es muy sobria, sólo a base de volutas, guirnaldas, dentellones, cartelas, etc. Los vanos de las calles laterales y entrecalles lo ocupan lienzos con la temática de escenas apocalípticas, de los que se conservan sólo ocho de los doce originales. El resto está ocupado por lienzos de otras épocas y temáticas.
     En el interior de la capilla mayor se ubican los enterramientos de los fundadores del monasterio y de sus descendientes, los Portocarrero, cuyas estatuas yacentes recuerdan las exequias de corpore insepulto. El túmulo central y el se­ pulcro del lado del evangelio, de estilo gótico, se datan en 1518. Y el del lado de la epístola, de estilo renacentista italiano, fue labrado por Gian Giacomo della Porta, con la colaboración de Giovanni María da Pasallo, a partir de 1549. El hecho de ser utilizada esta iglesia como pan­teón familiar de los señores de Moguer explica la magnificencia de la misma y la erección en el siglo XVI de este ciclo de sepulturas tan singular en la Andalucía occidental. Al entrar en la capilla mayor, a la izquierda, destaca el púlpito de cerrajería, procedente del convento de San Francisco, obra anónima de marcado formato barroco.
     En la cabecera de la nave de la epístola se en­cuentra un retablo dedicado a la Virgen Franciscana, compuesto de los despojos de otros re­tablos antiguos y que consta de mesa de altar y un cuerpo, en el que se expone una tabla de la Virgen con el Niño, del último cuarto del siglo XVI. En el lado opuesto, ocupando la cabecera de la nave del evangelio, está otro retablo, tam­bién realizado con trozos de otros antiguos, en el que se exhibe una pintura hispano-flamenca del Descendimiento de Cristo, obra anónima del círculo de Juan de Campaña, del segundo tercio del siglo XVI.
     En la nave de la epístola se puede contemplar una pintura mural de San Cristóbal, del último cuarto del siglo XV, y en el intradós del primer arco de la nave lateral izquierda vemos un mural de la Santísima Trinidad, de la misma época. A los pies del templo, en el primer pilar de la arquería lateral izquierda, otra pintura mural re­presenta una alegoría de la muerte. Es también obra del último cuarto del siglo XV. A los pies de la nave del evangelio está un retablo, dedicado a la Inmaculada, que es obra anónima sevillana de h. 1740. En el ático hay un relieve polícromo de la Misa de San Gregorio Magno. En la hornacina de su único cuerpo se venera una talla de la Purísima, del círculo de Duque Cornejo, de la segunda mitad del siglo XVIII.
     A lo largo de los muros de las naves laterales se exhiben algunas obras pictóricas de interés, como una tabla de la Anunciación procedente de la iglesia de San Francisco, obra anónima de h. 1500. Otra Anunciación, esta vez pintada al óleo sobre lienzo, es de las postrimerías del siglo XVII, de la escuela de Valdés Leal. De principios del siglo XVIII es el lienzo de la Dormición de la Virgen, firmado por Arellano. El óleo de Jesús camino del Calvario es una pintura sobre lienzo firmada por José Reinoso en 1816, copia inspirada en un grabado de Rubens. 
   Entre las dependencias auxiliares del templo, la sacristía carece de interés artístico. Sin embargo, ocurre todo lo contrario en el coro de doble planta, dispuesto a los pies del recinto sa­cro. Las puertas del coro bajo, cuyas deliciosas pinturas son una lograda síntesis de la espiritualidad franciscana, se fechan a finales del siglo XV. Reproducen, pues, misterios de la infancia y de la pasión y muerte de Cristo. A la derecha de la reja del coro está el comulgatorio, realiza­do en madera dorada y policromada, de estilo rococó. Ya dentro del coro llama la atención su espléndida sillería, con decoración nazarí, que está datada hacia el tercer cuarto del siglo XIV. Su ornamentación pictórica es posterior, del úl­timo cuarto del siglo XV Encima del comulgatorio está una pintura mural de Santa Úrsula, que se puede fechar en la época de los otros murales de la iglesia. En esta estancia coral se pueden ver expuestos dos imágenes cristíferas. La primera, es un Ecce Homo en alabastro con restos de policromía, anónimo de la Escuela de Nottingan. El segundo es un Varón de Dolores o Cristo de los Remedios, del siglo XVIII. Y la pintura sobre tabla de la Sagrada Estirpe, del círculo de Pedro Villegas Marmolejo, de hacia 1560-1570, en la que aparecen los padres y familiares de la Virgen María.
     En el pavimento hay algunas laudas sepulcra­les. Del siglo XVI son las de Pedro Portocarrero, X señor de Moguer y la de Juana de Cárdenas, VIII señora de la ciudad; y del siglo XVII la de Andrés de Vaias, visitador general del Arzobis­pado. Sobre la puerta que comunica el coro con el antecoro, bajo la bóveda de medio cañón hay una pintura mural de finales del siglo XVI, que representa a la Virgen y a San Juan Evangelista que flanqueaban una escultura del Crucificado, componiendo un calvario rodeado de hojarasca y ángeles pasionarios pintados en el siglo XVIII. Las puertas están decoradas con escudos heráldicos, pertenecientes a las religiosas profesas de este monasterio.
     En el antecoro encontramos diversas piezas artísticas, algunas de ellas de considerable mé­rito. Hay dos retablos de azulejos, uno instalado frente a la puerta de acceso y otro en el lateral izquierdo, entrando desde el coro. Los dos tienen idéntica traza, en formato rectangular decorado con cerámica polícroma plana, con abundancia de azules sobre fondo amarillo, obras del círculo de Hernando de Valladares, de hacia 1600. Uno de estos retablos está presidido por el relieve, en madera de cedro policromado, de la Presentación de Jesús en el Templo y Purificación de Ma­ría, obra de Juan Martínez Montañés de 1606, procedente de la antigua iglesia de San Francisco de Huelva, que fue restaurada por Francisco Arquillo Torres en 1986. Expuestos en esta sala están el popular Niño de las lágrimas, obra anó­nima sevillana, tallado en madera policromada en el siglo XVIII; las imágenes de los llamados vulgarmente los «Santos Pelones» de los comedios del siglo XVI. Y la Virgen del Subterráneo o del Soterraño, imagen de madera y telas encoladas del siglo XVIII. Asimismo se exhiben los libros de coro, miniados en papel de nonato, de los siglos XV al XVII. El antecoro se cubre con cubierta mudéjar de formato cuadrangular, de finales del siglo XVI.
     Ejemplar muy destacado de la orfebrería de la provincia de Huelva es el ostensorio de plata sobredorada, que ahora está ex­puesto en el coro, pieza de orfebrería sevillana de entre 1500 y 1525, con la marca de la primitiva Giralda. El basamento y el astil son de clara factura gótica, sin embargo el sol es obra del siglo XVIII. De plata dorada es un copón rococó con una inscripción del año 1784.
     Entre los ejemplares de las artes suntuarias de este monasterio hay que señalar los ornamentos bordados al romano sobre terciopelo carmesí en el siglo XVII. Destaca el llamado erróneamente «terno de los Reyes Católicos», compuesto de casulla y capa pluvial de imaginería, así como de dalmáticas con el escudo he­ráldico de los Portocarrero. Se conser­van también las dalmáticas del «terno de San Francisco», de la misma época, con el escudo de la Orden seráfica.
     El monasterio de Santa Clara es un edificio espacioso, rodeado por una alta y almenada cerca. Tras este muro se extienden huertas y jardines a la manera musulmana. Esta significativa construcción del mudéjar andaluz, antiguo monasterio de clarisas, es un conjunto arquitectónico que resulta de la yuxtaposición de estancias y patios de distintas épocas, constituyendo un ejemplar de planificación española siguiendo una directriz quebrada con atrio, claustro e iglesia en un flanco (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Desde el punto de vista arquitectónico, el monasterio se compone de dos cuerpos: el sector conventual y el templo. La iglesia constituye el último ejemplar de toda una serie de templos gótico-mudéjares derivados de la arquitectura alfonsí.
     El resto del edificio amalgama piezas de diferentes estilos: claustros mudéjares, salones y arquerías renacentistas, linternas y portadas barrocas, etc. Sin embargo, a pesar de su diversidad y a veces de su pobreza de medios, constituye la expresión del mundo religioso de las clarisas.
     La entrada al cenobio se efectúa por el compás, en el ángulo suroeste del edificio, que presenta un soportal mudéjar en forma de "L", con alfices que apean sobre pilares ochavados de capiteles estalactíticos. Los arcos rebajados de la galería central descargan sobre una columna de mármol blanco. Su techumbre es de ladrillo por tabla. En el compás se alza también, por el lugar que primitivamente se completaba el soportal, sendas casas de fachada barroca, de las mandaderas de las monjas. A través de la puerta reglar se ingresa en un pequeño claustro mudéjar, de planta cuadrangular, con tres arcos ojivales con alfices por cada flanco, que responden al afán de cuadratura de la arquitectura hispanomusulmana. Los arcos apean sobre pilares ochavados con capiteles estalactíticos. La techumbre es también de ladrillo por tabla. A través de la crujía abierta en el flanco occidental se accede a la enfermería, con dos plantas, que conforme a la tipología de estas construcciones se divide en dos naves por una elegante arquería central con columnas de mármol, de origen genovés, con capiteles de castañuelas y basas de garra.
     Desde el claustrillo mudéjar se accede al claustro grande o de las Madres, a través de dos pasillos abovedados. El claustro de las Madres, de planta casi cuadrada, tiene dos cuerpos. El bajo ostenta, por cada lado, siete arcos de ojiva inscritos en peraltados alfices, sobre gruesos pilares. Las cuatro galerías se cubren con bóveda de cañón corrido. Este claustro está considerado como el más viejo de Andalucía. El cuerpo superior, remodelado en 1589, es el contrapunto ideal del inferior, por su aireada arquería. Alrededor del claustro de las Madres se dispone el entramado de dependencias principales de la clausura: sala capitular, cocina, refectorio, sala de profundis con techumbre mudéjar, dormitorios, etc.
     Siguiendo la orientación litúrgica de la arquitectura cristiana, hacia el este oriente, el recinto eclesiástico se alza siguiendo una dirección ortogonal a la del claustro de las Madres. Es el núcleo coordinador de las partes públicas y privadas del monasterio, al tiempo que constituye la joya artística del mismo. El templo es una edificación de estilo gótico con elementos mudéjares. Se encuentra totalmente abovedado, y consta de tres naves cubiertas con bóvedas de crucería sexpartita, elevadas casi a la misma altura, y ábside poligonal, como corresponde a las iglesias de planta y alzado de salón. La iglesia carece de crucero y triforio, al adoptar la tipología parroquial, constituye una notable excepción en el concierto de iglesias conventuales andaluzas. En la organización interior, las bóvedas de crucería, con espinazo a la burgalesa, apoyan sus nervios en ménsulas, originando una arquitectura suspendida al estilo del Císter. A las tres bóvedas centrales corresponden cinco en cada lado. Las ménsulas están ornamentadas con cabezas de atlantes, hojas de vid, etc. Y las nervaduras se enriquecen con puntas de diamantes, dientes de sierra, etc.
     En la fábrica sólo se uso el ladrillo, por la influencia mudéjar, a excepción de los rosetones, ventanales del ábside, nervios de la nave central y espinazo de las laterales.
     Los estribos exteriores, a modo de aletas, sirven para contrarrestar empujes y entre ellos se ubican las capillas laterales.
     El Monasterio de Santa Clara fue fundado por don Alonso Jofre Tenorio, almirante de Castilla y I señor de Moguer, y por su esposa doña Elvira Álvarez, entre octubre de 1337 y abril de 1338, para religiosas franciscanas, que habitaron su clausura hasta 1903, en que la ocuparon las Esclavas Concepcionistas del Divino Corazón. Desde 1956 hasta 1975 residieron en él los Padres Capuchinos.
     En la actualidad es sede del Museo Diocesano de Artes Sacro de Huelva. A lo largo de la historia fue objeto de preferencia para los Portocarrero, sus patronos, que convirtieron su iglesia en panteón familiar. Es por ello que los señores de Moguer lo colmaron de sustanciosas concesiones, aumentadas por donaciones reales y particulares. En Santa Clara, el 16 de marzo de 1493, al volver de su primer viaje al Nuevo Mundo, cumplió Cristóbal Colón un voto hecho en la travesía (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).    

Casa natal Juan Ramón Jiménez
     En la calle Ribera se ubica la casa natal del Nobel, bello ejemplar de sabor neomudéjar (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La casa natal de Juan Ramón Jiménez se sitúa en la esquina de las calles Zenobia Camprubí y de la Ribera. Es una edificación de dos plantas, tres crujías y patio posterior. Los cuatro muros de carga que la sustentan discurren paralelos a la fachada principal. El acceso desde la calle hasta el patio central se corresponde con el eje central de la vivienda, a ambos lados del cual aparecen diversas estancias de uso variable. La planta alta, por su parte, alberga dormitorios y salas de estar, como era normal en este tipo de edificaciones burguesas. Como es tradicional, a esta estructura básica de vivienda se le añade un cuerpo posterior lateral situado en el patio trasero y donde se localizaban los zonas de servicio de la casa.
     La fachada principal, historicista, presenta un esquema compositivo propio del siglo XIX; está compuesta en base a una simetría de grandes huecos, coronada por un pretil de cerrajería. En planta baja destaca la portada que enmarca el vano de acceso. Sobre ésta se apoya un amplio balcón encima del cual se abre un hueco de inspiración neomudéjar. Conviene destacar la existencia de otros dos balcones laterales, protegidos por cierres metálicos, así como potente cornisa que remata todo el frente.
     La casa donde nació Juan Ramón Jiménez, sita en la calle de la Ribera, fue construida por el padre del poeta hacia 1874, fecha que aparece como testimonio en el tímpano de la cancela del zaguán, cuando los negocios familiares todavía marchaban bien y no había de que preocuparse: los viñedos producían uva suficiente y muchos lagareros la pisaban cada vendimia en las cuatro bodegas que Víctor Jiménez tenía en Moguer. En esta casa vivió Juan Ramón hasta la edad de seis años en que se trasladó con su familia a la casa número 10 de la calle Nueva que Víctor Jiménez, padre del poeta había alquilado a su hermano Gregorio. Esta casa estaba mejor situada y su distribución, también dos plantas con azotea, resultaba mucho más cómoda que la vivienda que Víctor Jiménez había construido en la esquina de la calle Ribera con la de las Flores.
     La casa de la calle Ribera fue cuartel de la Guardia Civil con los herederos de Domingo Paniagua. Posteriormente fue vendida, en 1978, al Ayuntamiento de Moguer, conforme al acuerdo plenario adoptado previamente por la corporación municipal. Casi un siglo estuvo la Benemérita ocupando la casa natal de Juan Ramón, hasta que el Ayuntamiento decidió la compra del inmueble, animado por la cercanía del centenario del poeta. El edificio fue sometido, con posterioridad, a una intensa restauración para devolverlo a su estado original: entre 1984 y 1986 se ejecutaron las primeras obras, financiadas por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en colaboración del Ayuntamiento de Moguer, y en 1990, el arquitecto José María de Reyna se encargó, en una tercera fase, del proyecto de restauración integral.
     Finalizadas las obras de rehabilitación la Casa Natal fue destinada a los talleres municipales de artes plásticas y, en los últimos años de la década de los noventa, a sede administrativa de las escuelas-taller. Actualmente es la sede provisional del Museo de Zenobia y Juan Ramón y de la Fundación que se encarga de la gestión de la Casa Museo, mientras duran las oras de restauración del inmueble, sito en la calle Nueva. Todos los muebles, cuadros y objetos personales del matrimonio Jiménez, así como la biblioteca y hemeroteca del poeta se encuentran expuestos en las plantas alta y baja.
     La zona de oficinas se localiza también la planta baja. En torno al patio se encuentran unas dependencias que fueron construidas en la última intervención, con acceso directo por la calle Zenobia Camprubí o de las Flores, que son utilizadas como aula municipal de teatro, sala multiuso, aseos y almacén.
     Juan Ramón, al referirse a la casa donde nació, obvia al autor del proyecto, aunque menciona a un tal maestro Garfia, que debió trabajar por la zona. Se trata de un apellido frecuente en Moguer y es posible que tuviera que ver en la construcción de la casa de la calle de la Ribera que al poeta no le gustaba por los toques árabes de su fachada, además de otras razones que llevaron la la familia Jiménez-Mantecón a trasladarse a la casa de la calle Nueva, mejor situada y más en consonancia con su status. Del mismo modo pudo ser obra de cualquier otro arquitecto o maestro alarife relacionado con la construcción de las estaciones de trenes de la línea Huelva-Sevilla (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Casa Museo Zenobia y Juan Ramón Jiménez
     La casa-museo «Zenobia y Juan Ramón», es un perenne home­naje al poeta moguereño de fama universal, cuya visita es obligada al albergar interesantes recuerdos y documentos de la vida familiar y literaria de Juan Ramón Jiménez (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Es una vivienda del tipo casa-patio construida en 1885, de dos plantas, de influencia netamente sevillana, organizada alrededor de un patio central de mármol con un aljibe en medio.
     La fachada es lisa, de cal, tiene un portón de entrada con dos hojas de madera; las ventanas se cierran con herrajes salientes de hierro macizo forjado.
     En la planta alta aparece un balcón corrido.
     La Casa Museo, sita en la antigua calle Nueva, hoy denominada calle Juan Ramón Jiménez, número 10, es donde el poeta moguereño vivió con su familia hasta que les sobrevino la ruina económica y posterior embargo del patrimonio. Desde este recinto, que había sido construido a finales del siglo XVIII, dejaba pasar la vida creando personales y nutridas evocaciones de este espacio familiar y proyectaba hasta lo universal el paisaje urbano y agreste de su pueblo. Juan Ramón comentaba en una carta en Hato Rey, en abril de 1954, y dirigida a la revista Caracola, de Málaga, que había vivido en esta casa hasta sus veinte años, cuando murió su padre y él se fue a Madrid. Esta casa fue la que «llenó de experiencia que luego serían entes y sombras, mi niñez y primera juventud». Si el «azul» era el color de la casa de la calle de la Ribera, el «amarillo» fue el color que Juan Ramón eligió para referirse a la casa de la calle Nueva. Con los años, ya en el exilio, el matrimonio Jiménez apoyó la creación de la Casa Museo en el inmueble que la Diputación Provincial de Huelva adquirió en 1956 para albergar los muebles, libros y objetos personales que habían donado al pueblo de Moguer.
     La casa, es uno de los edificios de tradición barroca, del último tercio del siglo siglo XVIII, que destaca por su volumen y tipología edilicia en su lugar de emplazamiento, donde existen otros inmuebles de indudable interés histórico y artístico y que conforman el entorno inmediato de la Casa-Museo. La fábrica original fue ampliada con posterioridad, ocupando del solar contiguo de una vieja bodega, en fecha que se desconoce, aunque es posible que se ejecutara a mediados del siglo XIX, con una nueva crujía que la comunica con la planta baja. Estamos ante un típico edificio de la arquitectura doméstica que representa el modelo de casa-patio, de estilo barroco y en conexión con otros ejemplares similares existentes en la localidad y otras poblaciones de la comarca y bahía de Cádiz. No se han podido identificar a los artífices del edificio, por lo general eran maestros de obras afincados en la localidad los encargados de levantar los planos y ejecutar la construcción según el canon al uso en la época (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Convento de San Francisco, o de Nuestra Señora de la Esperanza
     Don Alonso Jofre Tenorio (+ 1340), almirante de Castilla y I señor de Moguer y doña Elvira Álvarez, su mujer, fundaron dos conventos de frai­les y monjas franciscanos, entre octubre de 1337 y abril de 1338. En 1482, don Pedro Portocarre­ro y doña Juana de Cárdenas, construyeron un nuevo edificio conventual, más amplio, a escasos metros de distancia del anterior, bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Esperanza.
      Las obras de mayor envergadura corresponden a los siglos XVI y XVII. La iglesia se concluyó en el último tercio del Quinientos, gracias a las importantes aportaciones económicas del vecinda­rio y muy especialmente de los indianos. Respec­to al sector residencial se sabe que, en 1584, el carpintero Gaspar Ruiz obtuvo 35 vigas para el entresuelo del refectorio. Y, en 1598, Bernardo García y Alonso García Lobo consolidaron y repararon el claustro, caja de la escalera principal y dependencias anexas a la iglesia.
     El terremoto de  1755 produjo  graves  daños en su fábrica. En 1766 dio comienzo la reedificación. El edificio, se conserva al noroeste de la ciudad, en la antigua calle de San Francisco, que conduce directamente al muelle. Aún subsisten, y es fácil apreciar, los dos cuerpos principales del monumento que nos ocupa: la vivienda conventual y la iglesia.
     El claustro central, obra del último cuarto del siglo XVI, en torno al cual se disponían las principales dependencias del cenobio, se compone de dos cuerpos. En el inferior presenta, por cada costado, cinco arcos de medio punto, moldurados, que apean sobre columnas de mármol blanco sustentadas por elegantes y altos pedestales. En las enjutas aparecen sendos discos de cerámica azul cobalto vidriada, elemento ornamental muy difundido por Hernán Ruiz. Remata todo el conjunto un entablamento, cuyo friso está decorado con triglifos, que mantiene el espíritu clasicista del mismo. Las techumbres lígneas de las crujías presentan casetones y vigas decoradas con trenzados.
     El segundo cuerpo ostenta una arquería por cada flanco exceptuando el oriental. Su arquitectura es semejante a la inferior, pero las columnas carecen de basamento y los arcos son rebajados. Se cubre con techumbre de madera del tipo denominado de colgadizo. El antepecho es de ce­rrajería. Por el contrario, el lateral que queda sin arquería tiene antepecho de material perforado con cinco gárgolas.
     Por el costado septentrional abre un arco pa­lladiano, con decoración almohadillada, del que arranca la solemne escalinata de traza manierista, que accede al cuerpo superior y al coro alto de la iglesia. Se compone de dos tramos. En el rellano, a la derecha, hay tres arcos, también almohadillados, que apean sobre dos columnas de mármol blanco y capitel dórico. El barandal es de madera tallada. Y el zócalo, de pintura mu­ral incisa en tonos rojo, amarillo y negro. En tan fragmentada y arcaizante ornamentación pictórica se combinan figuras geométricas y florales.
     En el ángulo sureste, hay un pozo con brocal de ladrillo; y en el ángulo opuesto un aljibe con pileta octogonal, decorada con losanges grises sobre fondo rojo. Este claustro, inmerso en la tradición de los seguidores de Hernán Ruiz, puede fecharse entre 1575 y 1600. Por el flanco norte se accedía al refectorio; por el sur, a la iglesia; por el este, a la portería, y por el oeste a las celdas.
     Contiguas al convento se hallaban la hospedería, la bodega, los establos, el granero y la huerta de más de 30 hectáreas de extensión, con su noria. Actualmente, esta zona la ocupa el colegio público «Pedro Alonso Niño» y parte de las viviendas municipales de la actual Plaza de San Francisco.
     El templo, dispuesto al costado meridional del convento, es «de cajón puro». Sus robustos contrafuertes le confieren un sello personal a su fisonomía externa. La iglesia, de sabor manierista, se compone de capilla mayor y de una sola nave sin capillas laterales. A los pies, se dispone el coro alto, cuyo sotocoro de arco rebajado es de la misma tipología arquitectónica. Abarca los dos últimos tramos y también tiene lunetos. La tribuna superior al igual que ocurre en la iglesia de la Merced de Huelva, avanza por los laterales en dos alas. El barandal es de madera.
     La bóveda elíptica, ubicada ante el presbiterio, es típicamente manierista. Descarga sobre pechi­nas. En ellas están representados los cuatro pon­tífices de la Orden de San Francisco: Alejandro IV; Nicolás V, Sixto IV; y Sixto V. En el centro de la bóveda se alude a la Estigmatización del sera­fín de Asís. Estas pinturas murales pueden datar­ se hacia  1700.
     Al presbiterio se accede gracias a una amplia escalinata. Debajo del cual se halla la cripta. A nivel de la solería del templo hay dos ventanucos con rejillas que son los respiraderos de la misma. Tanto la escalera, como el frontal del presbiterio están recubiertos de cerámica. Aún conserva restos de la espléndida azulejería de tradición sevi­llana, de h. 1600, destacando un San Sebastián y un San Roque.
     La capilla mayor, acabada en testero plano, se cubre con bóveda de cañón. Su gran retablo, labrado en madera dorada y policromada, es obra atribuible al sevillano Manuel García de Santiago, de h. 1760. Desgraciadamente fue mutilado en 1936. Se compone de sotobanco, banco, un solo cuerpo con estípites y ático semicircular. En la calle central aparece el camarín de la Virgen de la Esperanza, imagen de candelero para vestir, realizada por Joaquín Moreno Daza en 1952 y remodelada posteriormente por Antonio León Ortega en 1962. Más arriba, en el manifestador, se exhibe una escultura de San Francisco de Asís, obra del citado León Ortega.
     En las calles laterales se exponían sobre sendas repisas a Santo Domingo de Guzmán y a San Francisco de Asís. Sobre dichas repisas campean dos medallones con Santa Clara de Asís y Santa Inés. Dos ángeles rematan los estípites laterales. En el ático, al centro, hay una cruz sobre la ciudad de Jerusalén, en cuyo lugar se dispondría en origen un calvario. Por último, se incluyen sobre ménsulas laterales a San Bernardino de Siena y a San Juan de Capistrano. Preside el total, el es­cudo de la Orden seráfica. La frontalera del altar es nueva. Se colocó entre septiembre y octubre de 1960.
     Sobre el pavimento perduran varia laudas se­pulcrales que corresponden a ciertas familias linajudas de la localidad, ya extinguidas. En el antepresbiterio encontramos una lápida con la heráldica de don Gonzalo Prieto de Tovar y sus sucesores, fallecido en 1575. En el tramo anterior del templo subsiste la lápida del enterramiento de Cristóbal de Abre(...) y de sus herederos. En el tramo siguiente está la losa sepulcral de don Diego Serrano, de su mujer y descendientes, fe­chada en 1575.
      La portada principal del templo, trabajada en piedra, adopta un esquema clasicista de hacia 1580. Junto a ella, una lápida recuerda que la cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad surgió a mediados del siglo XVI en este convento, en cuyo atrio contó con capilla propia desde 1585. Todo ello prueba que la iglesia fue labrada en el último tercio del siglo XVI. Sin embargo, el buque del templo responde al gusto arquitectónico de la segunda mitad del siglo XVIII.
     Por último, destaca, en todo el conjunto monumental, la airosa espadaña. Se compone de dos cuerpos superpuestos, con sendos arcos de medio punto. El inferior presenta un frontón triangular partido. El superior otro completo. Se decora con recuadros y discos de cerámica vi­driada, inspirado en la órbita de Hernán Ruiz. Es obra anónima de finales del siglo XVI.
     En el interior de la iglesia se conservan tam­bién otras obras de arte. En el paramento del lado del evangelio, a los pies del templo, se ex­pone sobre una mesa de altar la Virgen del Ro­sario, imagen de candelero para vestir, obra de Antonio Valentín, de 1992, reformada por Ángel Rangel en 2005. Pasada la puerta que accede al claustro conventual, sobre otra mesa de altar, se sitúa el grupo escultórico formado por el Cris­to del Amor de la Entrada Triunfal en Jerusalén y por Zaqueo, esculturas de vestir, realizadas por Moreno Daza en 1952. Más tarde, en 1972, la efigie cristífera fue remodelada por Antonio León Ortega, que incluso realizó una nueva ca­beza. A continuación, colgado del muro, hay un óleo de Santa Ángela de la Cruz, firmado por Dolores Morales en 2005. Luego, sobre su correspondiente mesa de altar, se exhibe una escultura de vestir de San Juan Evangelista, obra de Elías Rodríguez Picón en 2005. Y, después, destaca sobre el muro otro óleo sobre lienzo de Cristo flagelado, firmado por José Joaquín Mora Cruzado. En el flanco de la epístola se ubica una escultura de vestir de San Pedro, ejecutada por el citado Rodríguez Picón en 2004. Finalmente, sobre una mesa de altar, está el Santo Cristo del Remedio, escultura de vestir gubiada por Ángel Rengel en 2000 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Se trata de un complejo conventual fundado entre 1337 y 1338, muy destruido por las ocupaciones posteriores, del que sólo permanece la iglesia y el claustro.
     Varios sucesos coinciden en el tiempo con la desmembración y destrucción del patrimonio artístico del convento: el saqueo perpetrado por los franceses (1810); la exclaustración e inmediata desamortización eclesiástica (1836); el abandono secular del edificio; y, finalmente, la guerra civil de 1936. Desde el exterior destaca la severidad de los muros de la iglesia con su sistema de contrafuertes.
     El claustro central, obra del último cuarto de siglo XVI, en torno al cual se disponían las principales dependencias del cenobio, se compone de dos cuerpos. En el cuerpo inferior presenta por cada lado cinco arcos de medio punto, moldurados, que apean sobre columnas de mármol blanco sustentadas por elegantes pedestales. En las enjutas aparecen discos de cerámica vidriada azul cobalto, elemento ornamental muy difundido por Hernán Ruiz. Remata el conjunto un entablamento, cuyo friso está decorado con triglifos, que mantiene el espíritu clasicista del mismo. Las techumbres lígneas de las crujías presentan casetones y vigas decoradas con trenzados.
     El segundo cuerpo ostenta una arquería por cada flanco exceptuando la oriental. Su arquitectura es semejante a la inferior, pero las columnas carecen de basamento y los arcos son rebajados. Se cubre con techumbre de madera del tipo de colgadizo. El antepecho es de cerrajería, y en el lateral que queda sin arquería el antepecho es de material perforado con cinco gárgolas.
     Por el costado septentrional abre un arco palladiano, con decoración almohadillada, del que arranca la escalinata de traza manierista, que accede al cuerpo superior y al coro lato de la iglesia. Se compone de dos tramos. En el rellano hay tres arcos almohadillados que apean sobre dos columnas de mármol blanco y capitel dórico. El barandal es de madera tallada y el zócalo de pintura mural incisa en tonos rojo, amarillo y negro.
     En el ángulo sureste hay un pozo con brocal de ladrillo, y en el ángulo opuesto un aljibe con pileta octogonal. Este claustro puede fecharse entre 1575 y 1600. Por el flanco norte se accedía al refectorio, por el sur a la iglesia, por el este a la portería y por el oeste a las celdas.
     Contiguas al convento se hallaban la hospedería, la bodega, los establos, el granero y la huerta con su noria. Actualmente esta zona la ocupa el colegio público Pedro Alonso Niño y parte de las viviendas municipales de la actual Plaza de San Francisco.
     El templo, de estilo manierista, y dispuesto al costado meridional del convento, es de planta de cajón. Posee una sola nave con capilla mayor y sin capillas laterales. A los pies se dispone el coro alto, cuyo sotocoro tiene arco rebajado.
     Abarca los dos últimos tramos y también tiene lunetos. La tribuna superior avanza por los laterales con un barandal de madera.
     La bóveda elíptica, ubicada ante el presbiterio es típicamente manierista y descarga sobre pechinas, en las que están representados los cuatro pontífices de la Orden de San Francisco. En el centro de la bóveda se alude ala estigmatización de San Francisco de Asís. Se accede al presbiterio por una amplia escalinata, y bajo este se la cripta. Tanto la escalera como el frontal del presbiterio se hallan recubiertos de cerámica. La capilla mayor, acabada en testero plano, se cubre con bóveda de cañón.
     La nave se caracteriza por su desnudez: los retablos fueron trasladados a la parroquia después de 1936, a excepción del retablo mayor. Igual suerte corrieron otros objetos de arte, hoy expuestos en el monasterio de Santa Clara, sede del Museo Diocesano de Arte sacro.
     La portada principal del templo, de piedra, adopta un esquema clasicista hacia 1580. La iglesia fue labrada en el último tercio del siglo XVI sin embargo el buque del templo responde al gusto arquitectónico de la segunda mitad del XVIII.
     Destaca de todo el conjunto la airosa espadaña que se compone de dos cuerpos superpuestos con arcos de medio punto. El inferior presenta un frontón partido y el superior otro completo. Se decora con recuadros y discos de cerámica vidriada, inspirada en la obra de Hernán Ruiz. Es obra anónima de finales del siglo XVI.
     En el último tercio del siglo XV el convento franciscano del Corpus Christi resultaba insuficiente para una comunidad de frailes en aumento incapaz de atender las demandas sociales y religiosas de la población. Por este motivo, los señores de Moguer, Pedro Portocarrero y su mujer Juana de Cárdenas, mandaron construir a su costa el nuevo Convento de San Francisco.
     Los franciscanos se trasladaron al mismo en 1482. El nuevo edificio conventual llegó a albergar a un número respetable de religiosos.
     En 1836 tendría lugar la exclaustración, pasando todos sus bienes, incluida la residencia conventual, con la única excepción de la iglesia, a dominio público. Los franciscanos ejercieron en Moguer a través de una escuela de niños y cátedra de gramática un apostolado religioso y cultural relevante. Por otro lado, la proximidad al monasterio de Santa Clara revela la estrecha relación que existió entre ambos desde su fundación.
     La notable influencia que la orden de San Francisco ejerció sobre la población ayudó al mantenimiento del convento.
     Subsistía gracias a una serie de rentas y, sobre todo, a los donativos y limosnas de los particulares y señores de Moguer.
     El importe se destinaba a finales concretos: sustento de la comunidad, reparos y ampliación del edificio, adquisición de objetos de culto, obra social y educativa, servicio litúrgico, jornales de los empleados, etc. Otros ingresos procedían de las capellanías y memorias fundadas en la iglesia del convento, de los sermones y misas de difuntos, y de las cofradías instituidas en dicho cenobio.
     Las obras del edificio conventual se iniciaron en las últimas décadas del siglo XV, aunque las intervenciones más importantes se llevaron a cabo en la centuria siguiente Queda algún rasgo de la época de los Reyes Católicos en la base de la espadaña. A lo largo de los siglo XVI y XVII el convento fue sometido a numerosas reparaciones, realizadas por alarifes locales. En 1584 Gaspar Ruiz, carpintero, se comprometió por 90 ducados a labrar treinta y cinco vigas para el entresuelo del refectorio nuevo. En 1598 Bernardo García y Alonso García Lobo procedieron a la reparación y afianzamiento de parte del claustro, caja de la escalera principal y dependencias anexas al templo. Este cenobio llegó a contar con la biblioteca más rica de toda la provincia de Huelva durante la Edad Moderna.
     La reconstrucción de la iglesia tras el terremoto de Lisboa de 1755 fue la actuación más importante. En 1818 los invasores franceses lo saquearon. En el momento de la exclaustración definitiva (1836) el conjunto contaba con una amplia residencia y terreno de huerta que más tarde pasó a dominio público. Madoz comenta en su diccionario el aspecto de ruina y precariedad que presentaba el edificio a mediados del siglo XIX.
     Después de la marcha de los frailes la zona residencial del convento fue reconvertida en función a las necesidades de la población: las dependencias circundantes al claustro, y parte de éste, se usaron como viviendas; en el solar que ocupó la huerta se construyeron las escuelas públicas, accediéndose a ellas por la plaza de la Soledad, antiguo atrio del convento.
     Igualmente y en paralelo al muro de la huerta, se edificaron once viviendas de protección oficial.
     En 1961 la crujía del refectorio fue demolida construyéndose en su lugar el antiguo centro de salud. En 1991 y dentro del convenio Colón 92, este centro de salud fue demolido para construir en su lugar la Biblioteca Iberoamericana y Archivo Histórico, también se restauró la iglesia y el claustro del primitivo convento (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Monasterio de Santa Clara; Casa natal Juan Ramón Jiménez; Casa Museo Zenobia y Juan Ramón Jiménez; y Convento de San Francisco, o de Nuestra Señora de la Esperanza) de la localidad de Moguer (II), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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