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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 30 de julio de 2025

Los principales monumentos (Iglesia Santa María de la Mota - Museo Arqueológico, Iglesia de Santiago - Museo de la Semana Santa, Iglesia de San Juan de Letrán, Casa de las Tercias - Museo del Aceite, Hospital de Jesús Nazareno, Casas señoriales, y Puerta de la Torremocha) de la localidad de Montoro (II), en la provincia de Córdoba

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia Santa María de la Mota - Museo Arqueológico, Iglesia de Santiago - Museo de la Semana Santa, Iglesia de San Juan de Letrán, Casa de las Tercias - Museo del Aceite, Hospital de Jesús Nazareno, Casas señoriales, y Puerta de la Torremocha) de la localidad de Montoro (II), en la provincia de Córdoba.


Iglesia Santa María de la Mota - Museo Arqueológico.-
     La antigua parroquia de Santa María de la Mota, restaurada a comienzos de los ochenta para usos culturales, se construyó a fines del XIII con tres naves de estructura mudéjar y conserva restos de pintura mural del XIV y un camarín del XVIII (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se encuentra situada en un punto estratégico del casco histórico de la ciudad, cercana a la Plaza de España y contigua al desaparecido castillo de la localidad.
     Fue la primera parroquia que tuvo la ciudad siendo trasladada en el siglo XVI a la de San Bartolomé, ubicada en el nuevo centro estratégico del municipio, por haberse quedado pequeña para alojar a la población. Tras este suceso pasó a ser denominada documentalmente como ermita.
     El inicio de su construcción podría fijarse en la segunda mitad del siglo XIII. En 1260 aparece citada en determinadas fuentes documentales relacionadas con la concesión de tierras a la iglesia de Montoro. 
     La iglesia, de estilo gótico-mudéjar, tiene planta rectangular con tres naves y cabecera plana a la que se añadió en el siglo XVIII un camarín para alojar a la Virgen de la Aurora.
     Las naves se encuentran separadas por seis arcos apuntados enmarcados por alfiz. Éstos se sustenta mediante la alternancia de columnas sobre plintos, con basas romanas reutilizadas, y pilares rectangulares con columnas y medias columnas adosadas en sus frentes interiores. Los capiteles, de traza románica, se encuentran decorados con diversos motivos destacando elementos fitomorfos de flora abstracta, zoomórficos y antropomórficos y otros de clara inspiración clásica, en todos ellos se aprecian distintos tratamientos estilísticos. Toda la construcción se encuentra realizada en la característica piedra molinaza de la localidad.
     En su origen, las naves estuvieron cubiertas por techumbres de madera, de par y nudillo la central y en colgadizo las naves laterales. Estas cubiertas fueron reemplazadas por unas nuevas en la rehabilitación que se llevó a cabo del edificio para adaptarlo a Museo Arqueológico Municipal. El camarín barroco se cubre al interior por cúpula sobre pechinas y al exterior a cuatro aguas.  
     El acceso al tempo se realiza a través de dos puertas. Tanto la situada a los pies como la de la nave de la Epístola fueron modificadas en el siglo XVII. La portada principal se estructura en torno a un arco de medio punto con pilastras laterales y cornisa, rematándose el conjunto por un frontón curvo.
     Por último, cuenta con una espadaña de un sólo cuerpo con arco de medio punto entre pilastras y coronada por un frontón triangular.
     Su origen estuvo vinculado al desaparecido castillo del siglo X, hasta que fue mandado derribar, junto con otros, mediante el pacto de Écija de 1469, por haber apoyado Montoro la causa del infante don Alfonso frente a su hermano Enrique IV.
     Es la iglesia más antigua de la localidad y quizás una de las más tempranas de la provincia, junto a la parroquial de Castro del Río y la conventual de San Pablo de Córdoba. Fue la primera parroquia que se construyó para la ciudad conocida durante la Edad media con la advocación de Santa María y a partir del siglo XVI como santa María del Castillo, si bien vulgarmente ha venido denominándose como Santa maría de la Mota.
     En los momentos previos a la Guerra Civil española, el edificio fue saqueado e incendiado, desapareciendo al completo su mobiliario litúrgico. En la década de 1980 se inició la restauración del edificio, fomentada por don Félix Hernández Jiménez y continuada por don Eduardo Barceló Torres. En todo momento se tuvo como objetivo que fuese la sede del Museo Arqueológico Municipal de la ciudad, objetivo que se hizo realidad.
     El Museo Arqueológico Municipal de Montoro, se inauguró el 28 de febrero de 1992 . Tiene dos secciones  de las que las piezas  que las componen pueden ordenarse según una secuencia  de tiempo; desde  las rocas y minerales formadas en tiempos en que la Tierra carecía de vida, hasta la dominación  árabe, pasando por fósiles de las diversas eras  geológicas y los restos  de la Prehistoria, y de las civilizaciones ibérica, griega y romana. 
     El Museo tiene  básicamente carácter didáctico, considerándose  éste como el principal objetivo al que debe tender la conservación del patrimonio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Museo Arqueológico Municipal de Montoro se encuentra ubicado en la ermita medieval de Santa María de la Mota.
     El Museo recoge colecciones de minerales y roca así como exposiciones de fósiles, restos arqueológicos del paleolítico, Neolítico, Calcolítico así como piezas de cerámica íbera, griega, etc.
     Su pieza más destacada es una escultura thoracata de época del emperador Trajano (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia de Santiago - Museo de la Semana Santa.-
     La iglesia de Santiago, de una sola nave, reformada en 1730 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      Se encuentra situada en la confluencia de las calles Santiago y Puente, antiguamente llamada Coracha, dentro del casco histórico de la ciudad.
     La iglesia para salvar en gran desnivel que existe entre la calle Santiago y la calle Puente, se asienta sobre un elevado basamento de grandes sillares de piedra molinaza, el resto del edificio está construido por gruesos muros de carga con pilastrones de piedra que se distribuyen por las esquinas y paños, entre los que se intercalan cajones de tapial.
     La iglesia consta de una nave rectangular y cabecera cuadrada. Los muros de la nave se encuentran recorridos por grandes pilastras que llegan hasta el techo plano de escayola que sustituyó al original en una intervención llevada a cabo en 1924. El presbiterio se cubre con cúpula sobre pechugas decoradas con pinturas murales de mediados del siglo XVIII, representándose en las pechinas las figuras de los cuatro evangelistas. Éste se separa de la nave mediante un gran arco toral, que porta en la clave el escudo de la orden de Santiago, mientras que en las enjutas se despliegan elementos decorativos vegetales y florales.
     El inmueble cuenta con dos portadas de acceso una situada a los pies de la iglesia y otra en el muro de la Epístola de la nave, ambas realizadas en piedra clara que la diferencia del resto del conjunto realizado en piedra molinaza. La primera de ellas es de finales del siglo XVI, parte de dos pilastras que sostienen un arco de medio punto, con decoración en la clave, realizado en sillares de piedra, encalados los alternos imitando dovelas. Sobre el arco se sitúa el arquitrabe, rematado por un frontón triangular en cuyo tímpano se encuentra un relieve con el alfa y el omega y una cruz con sudario, todo ello envuelto en un sol radiante. Por último, sobre el frontón, tres pináculos terminados en bola coronan el conjunto.
     Sobre la portada y rematando el muro de la fachada se sitúa la espadaña, realizada a finales del siglo XVI o principios del XVII. Consta de un solo cuerpo que arranca de dos grandes aletas o mensulones entre los que emerge la estructura central compuesta por un vano de medio punto, flanqueado por pilastras y rematado por un frontón triangular sobre el que sirve de soporta a una cruz con veleta de forja.
     La portada lateral está fechada en 1730. Consta de un arco de medio punto flanqueado por pilastras toscanas que soportan un sencillo entablamento, con arquitrabe, friso y cornisa carentes de decoración, sobre el que asienta un frontón triangular. Éste se encuentra coronado en sus laterales por remates sobre pedestales que portan bolas y en la parte central una cruz de piedra. La decoración se centra en el vano de acceso con un escudo de la orden de Santiago en la clave; en las enjutas del arco con decoración de roleos vegetales y flores y en el tímpano del frontón donde se representa el anagrama de Jesús Hombre Salvador (JHS) dentro de un sol en llamas, recordando al escudo de la Compañía de Jesús.
     Exteriormente presenta cubierta a dos aguas en la nave y a cuatro aguas en la cabecera, aumentando su volumetría espacial al caminar por la calle puente debido al gran desnivel en el que está construido en edificio. Junto a la iglesia se encuentra adosada una pequeña casa destinada al santero.
     Las características arquitectónicas de la iglesia de Santiago responden a mediados del siglo XVI. Aunque no se han encontrado fuentes documentales en las que se detalle su fundación, si se cuenta con datos que atestiguan la presencia de la Cofradía de la Vera Cruz en esta iglesia desde 1554, volviendo a tener constancia entre los años 1725 y 1732 cuando la cofradía se traslada a la iglesia de San Bartolomé debido a la obras que se estaban realizando en este templo.
     En 1924 se realizaron una serie de obras en el edificio, entre las que destaca el cambio de la techumbre de la nave, siendo sustituida por paneles de escayola al interior.
     Durante la Guerra Civil, la iglesia fue utilizada como polvorín, sufriendo graves desperfectos y destruyéndose la totalidad del mobiliario litúrgico así como las imágenes devocionales. A partir de 1940 se hizo cargo de ella el patronato de Regiones Devastadas, interviniéndose nuevamente en 1955 al detectarse una serie de grietas en el muro derecho que fueron subsanadas, instalándose la solería que se conserva en la actualidad.
     En 1997 el Ayuntamiento de Montoro firmó un acuerdo con el Obispado de Córdoba por el que se cedía el uso de esta iglesia, que llevaba sin culto desde 1940, para sede del Museo de Semana Santa. 
     A partir de este momento se procedió a su restauración y adaptación como centro de exposiciones, participando en la redacción del proyecto el Servicio de Arquitectura y Urbanismo (SAU) de la Diputación de Córdoba con la colaboración de la Delegación de Turismo. El 5 de diciembre de 2007 abrió sus puertas el Museo de Semana Santa montoreña (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
 
Iglesia de San Juan de Letrán.-
     Se fundó como colegio en 1791 por don Juan Antonio del Peral y Buenrostro, vicario de la parroquia de San Bartolomé. Durante el siglo XIX pasó a las Hijas del Patrocinio de María, que estuvieron hasta 1990. El templo presenta tres naves cubiertas por bóvedas de arista y separadas por arcos sobre columnas. La cabecera se cubre con bóveda de media naranja sobre pechinas. Llama la atención el camarín neonazarí, de fines del XIX. Junto al coro se conserva la cratícula con relieve del Cordero sobre el libro de los siete sellos. Se veneran aquí las devotas imágenes de Jesús Nazareno y la Dolorosa, hechas por Pío Mollar en 1940 v restauradas por Andrés Valverde en 1991 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se encuentra situada en la Plaza de Jesús Nazareno, aledaña a la Plaza Mayor de la ciudad, concretamente a espaldas y lindero al Ayuntamiento.
     La iglesia de San Juan de Letrán es la única parte que ha llegado hasta nuestros días de lo que fue Colegio de Niñas Educandas. El templo y sus dependencias se encuentran anexos al resto del caserío que conforma la plaza, destacando en uno de sus frentes la portada de acceso al recinto. 
     La iglesia, de planta irregular consta de tres naves, cabecera de planta cuadrada y camarín con testero plano. La nave central, más ancha y alta, se encuentra separada de las laterales mediante arcos de medio punto que apoyan en columnas toscanas con cimacio, estructurando el espacio en tres tramos. Las naves se cubren con bóveda de arista con arcos fajones. A los pies de la iglesia, ocupando el primer tramo, se sitúa la tribuna del coro sobre un arco escarzano que genera una bóveda con lunetos, en correspondencia con la nave central, y arcos peraltados que acogen bóvedas de aristas similares a los de las naves laterales.
     La cabecera se cubre con cúpula sobre pechinas con decoración de rocallas correspondientes al siglo XVIII, distribuyéndose entre la decoración de las pechinas lienzos ovalados con los evangelistas. En el testero de la cabecera se encuentra el camarín de Nuestro Padre Jesús Nazareno, obra realizada durante el último tercio del siglo XIX.
     La portada de acceso es similar en material y diseño a la de otros templos de la localidad. A través de ella se accede a una sala de tránsito que pone en comunicación la sacristía y el exterior con la nave del Evangelio. Consta de un arco de medio punto, con ménsula en la clave, flanqueado por pilastras toscanas que soportan un friso con molduras mixtilíneas en sus extremos, sobre el que asienta un frontón triangular rematado por tres copetes, destacando el central a modo de flamero. 
     La espadaña, realizada con sillares de piedra molinaza, se ubica junto a la portada principal, concretamente sobre el muro que cierra los pies de la fábrica. De estructura sencilla, consta de un solo vano de medio punto rematando el conjunto una cruz con veleta de forja.
     Fue fundado como Colegio de Niñas Educandas en 1764 por don Juan Antonio del Peral y Buenrostro, Vicario de la parroquia de San Bartolomé, aledaño a una iglesia que al parecer su origen se remonta al siglo XVI. A lo largo de su historia ha pasado por varias vicisitudes, siendo atendido en fechas recientes por la Comunidad de Monjas del Patrocinio de María, quienes se vieron obligadas a abandonar la institución en 1990.
     Por estas fechas el edificio fue adquirido por la administración local, siendo reformado y rehabilitado para albergar dependencias del Ayuntamiento de la localidad, como por ejemplo las actuales oficinas de intervención que se ubicaron en lo que era conocido como Salón Verde, lugar aprovechado por la Congregación de Hermanas del Patrocinio de María como sala de usos múltiples, y donde, según testimonios orales, se realizaron algunos cabildos y reuniones de cofradías locales como por ejemplo la de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Otras dependencias del edificio se destinaron para la sede de la Seguridad Social y para la Mancomunidad del Alto Guadalquivir, Policía local, Archivo, etc.
      Como muchas otras parroquias de la época, la iglesia y la Cofradía perdieron la mayoría de sus enseres durante los acontecimientos acaecidos en la Guerra Civil (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Casa de las Tercias - Museo del Aceite.-
     La Casa de las Tercias se encuentra ubicada en una de las calles más próximas a la Plaza mayor, formando parte del casco histórico de la población.
     Este edificio se puede encuadrar en el tipo arquitectónico que consta de una nave transversal de fachada y tres naves en dos alturas perpendiculares a ésta. Debido a su función cuenta con una arquitectura austera y sencilla. Presenta planta rectangular ligeramente achaflanada en uno de sus vértices. Tiene planta en forma de rectángulo irregular, ya que posee dos ángulos en chaflán, uno de los cuales fue hecho "ex profeso" para permitir el giro de los carros, al quedar entre dos calles, hacia las cuales el edificio se muestra exento. Se accede por una portada en uno de los chaflanes y se ingresa en un pequeño patio ubicado en uno de los lados menores de la tercia; a continuación se pasa al interior por una portada con inscripción. 
     Cuenta con dos plantas que se comunican entre sí mediante una escalera situada en uno de los lados del patio. La baja, que en realidad es un entresuelo por la acusada pendiente de la calle, cuenta con un vestíbulo y una pequeña estancia a la izquierda iluminada por una ventana al patio; a continuación se levantan tres naves de igual altura, separadas entre sí mediante cuatro arcos formeros de medio punto a cada lado, soportados por anchos pilares de sección cuadrangular. Se generan cuatro tramos en cada nave que se cubren mediante bóvedas de arista. Los muros de carga perimetrales son muy gruesos y en el que da a la calle se perforan cuatro vanos de iluminación con fuerte derrame al interior. Estos muros aparecen enlucidos y enjalbegados.
     Originalmente, esta planta baja fue utilizada como almacén de aceite, de vino, o ambas cosas, pues se encontraron cuarenta y ocho tinajas de barro cocido semienterradas, puesto que el gollete quedaba a ras de suelo, con el fin de preservar a baja temperatura el producto almacenado y así conseguir una mejor conservación. Esto se conseguía al mismo tiempo por el hecho de ser esta planta un semisótano y estar en penumbra, ya que las ventanas no son muy grandes y están las justas para iluminar lo imprescindible. En la actualidad las tinajas han sido rellenadas y cubiertas. En el tramo final de la nave izquierda había estacas que seguramente sirvieron para colgar objetos.
     La planta alta es accesible por la escalera, la cual se ilumina mediante una ventana practicada en el techo y que probablemente se corresponde con una de las buhardas que se aprecian en el tejado desde el exterior. Esta planta, que servía para almacenar el grano, repite prácticamente la estructura de la baja, pues cuenta con una nave transversal desde la cual se accede al gran espacio de almacenamiento, constituido por tres naves separadas mediante cinco arcos formeros de medio punto a cada lado que apean sobre pilares de sección rectangular. La central se cubre con bóveda de cañón apuntado, con cuatro tirantes de hierro retorcido y las laterales mediante bóveda de cañón rampante tabicadas. 
     La iluminación se efectúa mediante tres vanos en forma de arco de medio punto con derrame hacia el interior, en el cual es posible apreciar el considerable grosor de los muros, y alféizar con mamperlán de madera. La solería era primitivamente de ladrillo plano; la actual, en el mismo material, se dispone en espiga.  
     Según recoge la descripción del edificio en el informe previo a la restauración, "desde la meseta superior de la escalera parte un estrecho y largo pasillo con solería de ladrillo y bóveda de cuarto de esfera, con lunetos para iluminación. En las paredes hay grafitis, probablemente de los años cuarenta [del pasado siglo]. Al final del pasillo hay una habitación alargada transversal a las naves de la estancia contigua, y cuyas dimensiones son mucho menores. Esta habitación se ha separado del resto en fecha posterior por medio de un tabique. Tiene cubierta plana reforzada por medio de dos arcos diafragma, una ventana y pavimento igual que las otras". 
     Tras la reforma, en esta parte del edificio se creó una entreplanta para alojar oficinas.
      El edificio presenta una cubierta de teja curva, con la cumbrera paralela a la línea de fachada y dispuesta a dos aguas. En este tejado se abrieron buhardas, con distinta finalidad: las que dan a la calle Sor Josefa Artola servían para ventilación de las propias cubiertas, en tanto que las opuestas fueron utilizadas para abrir vanos de iluminación en la bóveda que cierra la nave lateral opuesta al lado de la calle.
     La portada principal se abre en chaflán, justamente en el encuentro de dos calles "Sor Josefa Artola y Mártires". Es adintelada, flanqueada por pilastras despiezadas en sillares cogidos con mortero blanquecino que ejerce un efecto bicromo con el rojizo de la molinaza, muy efectista. Estas pilastras se alzan sobre basas molduradas y sostienen el dintel adovelado en el que se lee el año de construcción. Sobre el dintel corre el arquitrabe con finas molduras en gradiente. Las antiguas puertas eran de madera con clavos. 
     Originariamente, el patio era terrizo. Sigue la traza de un rectángulo irregular por los ángulos achaflanados, más arriba aludidos. Sus muros perimetrales, con seis remates piramidales, son de considerable grosor y en uno de ellos se abre la portada que, si hacia fuera es adintelada, hacia el interior del patio  torna en arco carpanel. A un lado se encuentra la escalera. Sus peldaños son de piedra y el pretil de ladrillo enfoscado. Hacia la calle Mártires el muro que cierra el patio presentaba un enfoscado en el que se había fingido un aparejo de sillares con esgrafiado en tono rojizo que no dejaba ver la mampostería. En otros muros del patio el aparejo es de tapial y verdugadas de ladrillo, oculto por el revestimiento, de manera que únicamente se empleó el sillar en una parte de los muros exteriores y en la portada.
     En el patio, la planta alta luce un vano de iluminación similar a los restantes.
     Una inscripción ilustra el dintel de la portada de ingreso al pósito desde el patio, además de aparecer decorada con una espiga y una rama de olivo en alusión al uso del edificio. Reza: "Se hizo esta obra con intervención del Sr. D. Juan Antonio del Peral y Buenrrostro, prelado de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba y vicario de la de Montoro, artífice Francisco Luis de Mora, vecino de la ciudad de Buxalance y se acabó en 25 de Diciembre de 1786". 
     En cuanto a la fachada que da a la calle Sor Josefa Artola, se aprecia la división del conjunto en dos plantas, que quedan separadas por una línea de imposta. La planta inferior muestra el aparejo constituido por sillares de arenisca rojiza, también conocida como molinaza, bien escuadrados. Antes de la restauración, la superior aparecía enfoscada y enjalbegada de blanco, lo que se ha eliminado. En la inferior se perforaron tres vanos para aireación del entresuelo; son sencillos, rectangulares, apaisados y llevan reja de hierro en tubo formando retícula. Los de la planta superior, en número de cinco, repiten similar modelo. 
     En la parte alta de la calle se abre otra portada del pósito, en un muro que describe ligero chaflán. Lo más destacable es su dintel monolítico con mochetas. 
     El muro medianero con la casa contigua remata en piñón y consta de dos contrafuertes prismáticos y lisos. Bajo el piñón, una pequeña ventana serviría de ventilación para las cubiertas.
     Para la construcción de la tercia se emplearon sillares de piedra molinaza, autóctona, procedente de las canteras de la cercana sierra y que da un característico color rojizo. También se utilizaron ladrillos, mampostería y tapial; materiales que en la mayoría de los casos hoy no se ven porque fueron enfoscados y enjalbegados. El ladrillo se empleó en parte de la fábrica de los muros, parte del pavimento y en las bóvedas tabicadas. Madera y herrajes se destinaron a la carpintería, aunque las ventanas actuales carecen de rejas y están renovadas por completo.
     Edificio de carácter industrial construido en 1786 por iniciativa de Juan Antonio Peral y Buenrrostro, Vicario de Montoro, y costeado por el Cabildo de la Catedral de Córdoba con arreglo a un proyecto de Francisco Luis de Mora, arquitecto natural de Bujalance. El edificio se destinaría a almacén de productos agrícolas procedentes del cobro de los diezmos eclesiásticos.
     Perdida su función originaria al desaparecer los diezmos, el edificio fue utilizado como cárcel, escuela, carpintería y almacén, hasta quedar finalmente abandonado. En la actualidad es propiedad del Ayuntamiento quien lo adquirió en 1995 con la finalidad de rehabilitarlo para sede del Museo del Olivo.
     La tercia de Montoro surgió para gestionar el cobro del diezmo a la Iglesia. El obispado contaba con una herramienta: la Diputación de Rentas Decimales, regida por un vicario, delegado del obispo, para controlar la subasta de los diezmos, los cuales se dividían en cuatro categorías: menudo (ganado, lana, queso, huertas), vino, pan y aceite (Moya Ulldemolins). 
     Las subastas se solían hacer unos  domingos prestablecidos del año. Una vez deducidos los gastos, los beneficios se dividían en tres partes: una para el cabildo, otras para la fábrica de la iglesia y otra para sus ministros. 
     En la década de los setenta del siglo XVIII hubo buenas cosechas, pero los productos se acumulaban en los almacenes existentes y eso redundó en un aumento de la humedad y el consiguiente deterioro del pan. Fue entonces cuando intervino el vicario de Montoro (1764-1802), Peral y Buenrrostro, prelado de Córdoba, quien decidió hacer la tercia. A sus espaldas tenía su experiencia como administrador del diezmo del aceite en 1762. Fue diligente a la hora de negociar para quedarse con el solar del hospital de Jesús Nazareno, que en 1777 ya fue trasladado a un nuevo lugar. El 24 de mayo de 1784 se firmó la escritura de compraventa, tras haber autorizado el cabildo a Peral y Buenrrostro para que los nueve mil 
reales en que fue tasado el solar pudieran ser adelantados por Peral a cuenta de los diezmos.
     La inscripción  da la fecha de conclusión: el 23 de diciembre de 1786. Posiblemente, el alarife fue Francisco Luis de Mora.
     Los difíciles años que siguieron se entreven en las noticias referidas al año 1841, cuando las tercias montoreñas fueron incautadas por el estado; no obstante, el obispado, tras interponer un recurso, recobró la propiedad en 1846. Cuando en 1861 se crearon los Registros de la Propiedad, tras la aparición de una ley hipotecaria que así lo decretaba, la tercia de Montoro fue inscrita a nombre del Cabildo eclesiástico de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, tras haber realizado el escribano Luis Mª Pedrajas las oportunas indagaciones.
     Poco después, viendo el obispado que el edificio había quedado sin utilidad alguna, lo puso en venta en agosto de 1863 y lo compró el canónigo Joaquín Ramírez Gallardo por 23.000 reales. Después pasó a Francisca de Paula Alonso y Barrera, vecina de Córdoba, quien lo arrendó, al menos entre 1875 y 1876, a la Junta Provincial de Instrucción Primaria. En 1879 lo vendió a Juan Antonio Benítez Gómez en 6.500 pesetas, quien se lo dejó a su hijo Bartolomé Benítez Romero. Queda éste viudo en 1911 y lo heredan sus hijos Juan Antonio y Mª Rosa Benítez Romero, pero queda en manos del primero, quien lo 
transmite en 1943 a su hija Mª Rosa Benítez Cañuelo quien lo utiliza como almacén. 
     A lo largo de su azarosa historia ha conocido pocas transformaciones y sólo se ha visto afectado por la adición de algunos tabiques para compartimentarlo y hacer algunas dependencias. Una parte sirvió como carpintería. Al parecer, también fue cárcel y escuela.
      En 1995 fue comprado por el Ayuntamiento por casi 10.000.000 pesetas y ha sido rehabilitado por una escuela taller con el fin de hacer un Museo del Olivo y albergar talleres.
      Las obras de restauración concluyeron en 2006 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hospital de Jesús Nazareno.-
     El  Hospital de Jesús Nazareno, fundado en l696 por el hermano Diego de la Cruz, se reconstruyó con la forma actual en el siglo XVIII, pero perdió sus enseres en 1936. Tiene la imagen de Cristo atado a la columna, tallado por José Sacrest en 1958 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El antiguo hospital de Jesús Nazareno se encuentra situado en una de las calles más céntricas de la ciudad de Montoro, aledaña a la Plaza de España.
     Es un edificio civil de grandes dimensiones, al que con el paso del tiempo se han ido anexionando otras construcciones de menor interés, ocupando gran parte de la manzana.
     Es un complejo conjunto de edificaciones y patios del que destaca su  superposición de volúmenes, resaltando las dependencias de tres plantas destinadas a hospital y la iglesia. Desde el punto de vista constructivo se alterna la utilización de la piedra molinaza para los paramentos del cuerpo inferior, para las esquinas y para la iglesia, alternada con muros de tapial encalados en blanco, lo que produce un efecto bícromo que acentúa la división de espacios .En planta, asemeja a un rectángulo casi perfecto en el que se distribuyen las dependencias en torno a tres patios.
    La fachada del edificio se dispone en sentido paralelo en la calle Alta, destacando en ella dos portadas de ingreso que, una para el hospital y otra para la iglesia, ambas realizadas en el siglo XVIII. 
     Dentro del conjunto de edificaciones y patios que componen el hospital, y que a comienzos del siglo XX estaban dedicados a salas de medicina, de cirugía, farmacia, botiquín, dispensario, etc., destacan el patio principal y la iglesia.
     Las trazas de la iglesia son atribuidas a Francisco Hurtado Izquierdo, por la similitud del esquema desarrollado por éste en la iglesia de San Juan de Dios en la localidad de Priego. Consta de una nave cubierta por bóveda de cañón con lunetos y dividida en tres tramos por arcos de medio punto, situándose el coro alto a los pies. La cabecera es plana y se cubre con cúpula sobre pechinas, dividida en ocho segmentos, donde se distribuye la profusa decoración de yeserías polícromas. 
     A la iglesia se accede por una portada situada en el penúltimo tramo de la nave, en el muro de la Epístola. Su construcción se ajusta a 1778, año en que finalizaron las obras del templo. Consta de un arco de medio punto, con ménsula en la calve, flanqueado por pilastras cajeadas sobre pedestal. Éstas sirven de base a un entablamento sobre el que campea un frontón triangular partido con remates de perinolas. Del centro emerge una hornacina de medio punto flanqueada por pilastras y coronada por un frontón curvo partido en cuyo centro se erige una cruz. Algunos investigadores atribuyen la realización de esta portada a Antonio Pérez Palomino o a Francisco de Mora, maestros de Bujalance, activos en estas fechas en la localidad de Montoro.
     La portada del hospital, se estructura mediante un arco de medio punto dovelado, con decoración de un escudo en la clave, apoyado sobre pilastras toscanas, conjunto realizado en piedra molinaza. En el nivel superior se asienta un entablamento con inscripción en el friso, que sirve de base a un balcón. Tras el zaguán se accede al patio principal de planta rectangular, conformado por cuatro crujías con siete arcos de medio punto cobre columnas, con éntasis, en el piso bajo, mientras que en el superior, encontramos un balcón central de tres vanos con arcos rebajados sobre columnas flanqueado por dos ventanas rectangulares enmarcadas por molduras mixtilíneas.
     En la confluencia de las calle Salazar con la calle Sor Josefa Artola, se sitúa sobre la cornisa del edificio un la espadaña. 
     Consta de un cuerpo, dividido en tres vanos de medio punto para las campanas, siendo el los vanos laterales más anchos que el central, sobre el que se dispone un óculo y remate a modo de frontón fingido. 
     Su historia se remonta a 1632, aunque su creación tuvo lugar el 5 de enero de 1699, a cargo del Cardenal Salazar, quien mandó fundar el Hospital bajo la advocación de Jesús Nazareno, declarando que el residuo  que quedase de las rentas pertenecientes al Hospital y Obra Pía de la Caridad, que ya existía en esta ciudad, fuese entregado al nuevo hospital, así quedaban unidos ambos centros. Debido a que el edificio que ocupaba se encontraba obsoleto y con dificultades para ser ampliado, se decidió trasladarlo al lugar que hoy día ocupa. 
     Las obras del edificio se atribuyen a Francisco Hurtado Izquierdo, reproduciendo en la iglesia el esquema de la de San Juan de Dios de Priego, siendo inaugurado el 11 de enero de 1778. 
     Desde su apertura hasta los años 1867-1868 sufrió sucesivas transformaciones destinadas a mejorar las condiciones higiénicas del edificio. El Hospital ha sido administrado por el Ayuntamiento de Montoro, al que por Real Orden de 17 de Julio de 1898 se le reconoció el carácter de Patrono de la Fundación. Con posterioridad por Real Orden de 23 de julio de 1927 fue considerado de beneficencia particular mixta. 
     La iglesia, lo largo de su historia ha sufrido dos incendios uno el 20 de junio de 1849, que destruyó parte del templo, y otro en 1936 en el que desapareció el retablo mayor, siendo restaurada con posterioridad.
     Actualmente es Residencia de Ancianos Jesús Nazareno, regida por el Patronato de la Fundación benéfica del mismo nombre (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Casas señoriales.-
     Blasones, escudos nobiliarios, frontones característicos de molinaza… Es la oportunidad perfecta para que puedas apreciar en primera persona estos exclusivos emblemas que no encontrarás igual en ninguna otra ciudad.
     Durante tu recorrido por el casco histórico de Montoro, verás muchas de estas casas con portadas engalanadas por escudos de armas y otros elementos característicos relacionados.
     Los escudos de armas nacen como tales en el siglo XII con motivo de distinguir a los caballeros que demostraban mayor valentía en campo de combate contra los musulmanes.
     Generalmente este tipo de blasones se colocaba en las Casas Solariegas, es decir, en la residencia de nobles y ricos que vieron en Montoro el sitio idóneo para construir su residencia habitual.
     Estos edificios han soportado el paso del tiempo y nos permiten conocer, de primera mano, cómo vivían las clases acomodadas del siglo XVIII. En estos pequeños palacios se respira historia, ya que en sus paredes ha quedado grabado el paso del tiempo en cada una de sus rejas, puertas o ventanas.
     Son muy abundantes las casas antiguas con portadas que van desde el siglo XVI al XIX. Por citarte alguna, destacamos la situada junto a la cabecera de la Parroquia de San Bartolomé, con cuatro blasones de piedra en la fachada de distintas épocas -dos del siglo XVII y dos más de transición al neoclásico-.
     Existe una considerable variedad de escudos que podrás contemplar en tu visita. Una de las características que más  han atraído la atención a los historiadores del arte que han participado en el análisis de alguno de estos emblemas nobiliarios es el uso y florituras de los yelmos colocados sobre la caja del escudo.
     De la misma forma, muchos de estos expertos han comentado que algunos linajes no se corresponden con los representados en los diferentes cuarteles del emblema.
     Asimismo, también encontrarás propias invenciones de carácter religioso como el situado en la calle Bartolomé Camacho, que representa la cita: «de la Verdad de la vida con las llaves de San Pedro».
     Destacamos: casa señorial en la calle Manuel Criado Hoyo. Te invitamos a que observes en la calle Manuel Criado Hoyo, 4 -consecutiva a la Plaza de España-la fachada de esta casa señorial del siglo XVI: llamará tu atención su prominente portada de estilo renacentista con sillares de molinaza almohadillados, y rematada con un frontón partido sobre el que se asienta un pequeño balcón flanqueado por escudos nobiliarios (Ayuntamiento de Montoro).

Puerta de la Torremocha.-
     La Torre Mocha se encuentra situada en una zona de la muralla de Montoro en la que posteriormente se realizó la apertura de una puerta. Se encuentra visible desde el interior del patio o corral de una vivienda midiendo aproximadamente entre 6 y 7 metros de lado.
     Debido al estado de deterioro en que se encuentra se percibe más fácilmente la estructura de la misma, comprobándose que el interior de la torre posee relleno de material recubierto por sillares bien cortados de piedra molinaza dispuestos a soga y tizón, salvo en sus dos primeras hiladas donde se colocan los sillares a soga.  La parte superior ha perdido los sillares, quedando a la vista el relleno de la torre. 
     La disposición a soga y tizón en la misma hilada se utiliza mucho hasta el siglo XI. En Córdoba será cada vez más frecuente entre los siglos XI y XV la reducción de la dimensión de las hiladas hasta los 0,40 metros de altura, medida a la que aproximadamente se ajusta la altura de los sillares de la Torre Mocha. Estos datos pueden hacer pensar que su cronología estaría cercana al siglo XI.  
     Por el exterior sólo es posible ver uno de los paramentos, en el cual son patentes los trabajos de consolidación con materiales que enmascaran parte de la torre. Sin embargo, se comprueba que no posee un lienzo de sillares continuos tal y como sucede en el interior, sino que se ha ido colocando piedra de distintos tamaños para la contención de la misma y el adecentamiento de este acceso. 
     Su estado de conservación es deficiente. La torre queda embutida en los edificios colindantes, puesto que actúa como muro medianero entre dos parcelas con un saliente muy reformado hacia el "Callejón de la Torre Mocha" y, concretamente, al arco del mismo nombre. Desde el interior se advierte su situación de deterioro propiciada por una oquedad de grandes proporciones en la parte sur, hoy utilizada como corral de gallinas, y, sobre todo, por la colocación en su parte superior de una terraza de ladrillo con cubierta de uralita  hoy se encuentra casi en su totalidad en el patio interior de una vivienda de la calle Santos Isasa, en el casco urbano de Montoro (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia Santa María de la Mota - Museo Arqueológico, Iglesia de Santiago - Museo de la Semana Santa, Iglesia de San Juan de Letrán, Casa de las Tercias - Museo del Aceite, Hospital de Jesús Nazareno, Casas señoriales, y Puerta de la Torremocha) de la localidad de Montoro (II), en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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lunes, 19 de mayo de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Torre Mocha, y Museo de Ciencias Naturales) de la localidad de Guadalcázar, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Torre Mocha, y Museo de Ciencias Naturales) de la localidad de Guadalcázar, en la provincia de Córdoba.
     Sueña Guadalcázar con pasadas épocas de esplendor, cuyo testimonio encontramos en su antiguo palacio. Parapetada entre alomadas tierras cerealistas, sueña Guadalcázar con pasadas épocas de esplendor, cuando el primer marqués de igual nombre, Diego Fernández de Córdoba, volcó en la villa señorial muchas de las riquezas acumuladas durante sus virreinatos del Nuevo Mundo. Pálido testimonio de aquel añorado esplendor es aún la torre desmochada sobreviviente del antiguo palacio.
     Villa situada al oeste de la provincia, a 10 km. de la autovía de Andalucía.
     Distancia a Córdoba: 28 Km.
     Altitud: 158 m.
     Extensión: 71,9 Km2
     Habitantes: 1.261.
     Gentilicio: Guadalcazareños.
     Mancomunidad: La Vega del Guadalquivir.
     La actual población surgió a partir de 1377 cuando Lope Gutiérrez de Córdoba (que había recibido el señorío de Montilla y lo cambió al señor de Aguilar por otras propiedades, entre las que se hallaba la heredad de Guadalcázar) obtiene permiso real para edificar en el lugar una fortaleza y poblarla con sesenta vasallos, instituyendo así el señorío de Guadalcázar. Entre sus titulares destacó Diego Fernández de Córdoba, que en 1609 obtuvo de Felipe III el rango de marqués y llegó a desempeñar los cargos de virrey de Nueva España y de Perú (Diputación Provincial de Córdoba).
     La villa tuvo probablemente su origen en el llamado Cortijo del Alcázar, donado por Fernando III a la orden de Santiago y a la Casa de Montánchez, el 20 de febrero de 1241. Lope Gutiérrez de Córdoba, que poseía aquí la heredad de Guadalmazán, logró de Enrique II, en 1377, la facultad de establecer en ella una población, surgiendo así el señorío de Guadalcázar. En 1609 su titular, don Diego Fernández de de Córdoba, recibió de Felipe III el título de marqués y se construyó aquí un palacio a su regreso de América en 1629 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).

Iglesia de Nuestra Señora de Gracia.-

     El templo se comenzó en el siglo XVI, pero no se inauguró hasta 1619, gracias al arzobispo de Sevilla Luis Fernández de Córdoba, hijo de los señores de Guadalcázar. Tiene una sola nave con testero plano, capillas laterales y coro alto a los pies; la techumbre es plana, colocada en la restauración de 1971.
     El retablo mayor se realizó entre 1616 y 1620 por Felipe Vázquez de Ureta y Juan Bautista de Botada, dorándose en 1621 por Agustín de Borja y Andrés Fernández. La calle central la ocupan dos hornacinas, una con las tallas del Cristo de la Salud y de la Virgen de la Caridad, esta de estética tardogótica, y la otra con la Virgen de Gracia, de hacia 1620. Las calles laterales tienen pinturas con San Luis de Anjou y San Fernando, San Andrés y el Nazareno, y esculturas de San Pedro y San Pablo, coetáneas del retablo. El Crucificado del ático se dice americano y de pasta de bambú, de finales del siglo XVII.
     En las capillas de la izquierda destaca la imagen de Jesús Nazareno, anterior a 1782. A la derecha se encuentra la capilla del Sagrario. Su retablo, datable en torno a 1770, luce una buena talla de la Inmaculada de hacia 1630, atribuida a Felipe de Ribas. Del ajuar litúrgico destacan unas crismeras de Damián de Castro, de hacia el año 1780 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      La iglesia es de planta rectangular, de una sola nave, a la que se adosan capillas y la sacristía. Sobre la capilla bautismal existe una tribuna que comunicaba con el convento de monjas, construido a la par de la iglesia, a principios del XVII.
     La portada que hoy podemos observar, adintelada de ladrillo, fue realizada por Don Florencio García Moreno hacia 1968, a causa de la ruina que ofrecía la fachada antigua. Esta poseía una portada flanqueada entre pilastras que arrancaban de un zócalo. Sobre la misma se hallaba un gran frontón partido, y encima un gran ventanal rodeado de pilastras apoyadas en ménsulas. En la nueva fachada han desaparecido todos los elementos decorativos.
     La torre, construida en ladrillo, parece corresponder a reformas y obras del XVIII o XIX.
     En 1972 hubo necesidad de demoler las antiguas cubiertas debido a su precariedad.
     Anterior a la parroquia actual existía otra, a la que se conocía como iglesia vieja, que al menos se remonta a 1564.
     La actual iglesia fue construida a principios del siglo XVII, bajo el patronazgo del arzobispo de Sevilla, Don Luis Fernández de Córdoba. Las obras parecen que fueron iniciadas por los maestros canteros Francisco Portillo y Juan García, y el albañil Andrés Fernández (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La parroquia de Nuestra Señora de Gracia, construída hacia 1620, es de nave única, aunque originalmente tuvo crucero, hoy perdido al convertir sus brazos en capillas.
     Las reformas realizadas a lo largo del tiempo también afectaron a la bóveda y a la fachada, sustituidas respectivamente por un techo raso y un paramento bastante anodino.
     El bello retablo mayor renacentista del templo fue realizado a principios del XVII por Felipe Vázquez Ureta y Juan Bautista Botada; la hornacina central del mismo acoge dos pequeñas imágenes góticas realzadas por un barroco pedestal: Nuestra Señora de la Caridad y el Cristo de la Salud.
     El retablo también conserva varias pinturas originales, entre las que descuella San Andrés, que J.M. Palencia atribuye a Juan Cornejo (Diputación Provincial de Córdoba).

Torre Mocha.-
     Junto a la parroquia existió el palacio de los marqueses de Guadalcázar, del que queda en la actualidad una torre y el basamento de otra.
     Fue construido por Diego Fernández de Córdova en 1609 y su interés es más que nada histórico. Según se desprende de los restos actuales el palacio constaba de un cuerpo alargado con dos torres en los extremos. No se sabe si con intención de formar en su día un cuadrado con cuatro torres en los ángulos. El cuerpo principal ya no existe, ni se tienen noticias de cómo llegó a ser ni de la posible importancia de su portada.
     La torre existente es toda de ladrillo, excepto el gran basamento sobre el que se alza, las fajas angulares, las horizontales que señalan los forjados, los enmarques de los huecos y la cornisa, que son de piedra. Está constituido por un prisma cuadrado. Sus caras están recorridas verticalmente por seis fajas resaltadas, y horizontalmente por otras que determinan tres cuerpos. En el centro de cada cuerpo se abre una ventana recercada con clave resaltada. Los paramentos quedan en forma almohadillada, entre fajas rehundidas, siguiendo la moda de la época.
     Esta torre estuvo cubierta a cuatro aguas. Por haber perdido dicha cubierta, se la conoce hoy por la Torre Mocha. En el costado correspondiente, queda aún la señal del tejado a dos aguas, que cubría el cuerpo central (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Junto a la parroquia pervive la Torre Mocha, construida en ladrillo, único vestigio del antiguo palacio de los marqueses de Guadalcázar, erigido en el siglo XVII, que «parece evocar las construcciones madrileñas de los Austrias», según el profesor Rivas (Diputación Provincial de Córdoba).

Museo de Ciencias Naturales.-
     Estamos reparando y reforzando la cubierta superior, e incorporando piezas nuevas a la colección.   Pronto se abrirá con una nueva sala de exposición permanente y otra de exposiciones esporádicas.
     El Museo se distribuye en cuatro plantas, cada una dedicada a disciplinas, como Paleontología, Mineralogía, Gemología y Entomología, podríamos indicar que las finalidades se agruparían en cuatro objetivos:
     Objetivo Científico: Debido a que los ejemplares proceden de una región concreta, están clasificados con localización de origen, hay una buena variedad de piezas de cada yacimiento y nos encontraremos con algún ejemplar muy raro.
     Objetivo Educativo – Instructivo: el Museo puede ser perfectamente un día de clase para alumnos de los últimos cursos de primaria y para todos los alumnos de secundaria, sin olvidarnos de un amplio sector del alumnado de la Universidad de Ciencias.
     Objetivo de concienciación medioambiental: Se tratará de explicar que todos los ejemplares que nos encontraremos en el Museo, han sido regalados por la naturaleza y que el coleccionismo no esta reñido con la conservación, siempre que se cumpla la normativa vigente, la cual tiene como fin, el cuidar y preservar el Patrimonio Natural.
     Objetivo lúdico y recreativo: La simple realidad de recrear la vista ante cristales bellos y curiosos procedentes del corazón de la tierra. Dar un paseo a lo largo de casi 600 millones de años de la vida natural de nuestra Comunidad Andaluza y sus alrededores.
     Objetivo, la simple curiosidad: La inquietud de los conocimientos y la curiosidad del saber y conocer animales y plantas que habitaron en nuestro planeta hace millones de años y concretamente donde nos encontramos. Así como observar las piedras preciosas y semipreciosas del mundo.
     Podemos deducir que el Museo en general está dirigido a todos los públicos, niños, jóvenes, adultos y mayores de ambos sexos. Aunque cabe decir que tal y como se ha creado y diseñado el museo, entre todos los objetivos, predominan los Educativos e Instructivos.
Paleontología 3ª planta
     Los Fósiles están organizados según Período, intentando dar una idea del ecosistema de cada uno de ellos, siendo un recorrido fantástico y cronológico a través del tiempo.
     La exposición comienza en el Período Cámbrico, pasando por diversos períodos como el Jurásico de las Subbéticas, el terciario de la cornisa del Guadalquivir, hasta llegar al Cuaternario sevillano.
     Destacamos la vitrina del cámbrico por sus raros y antiquísimos ejemplares como el Trilobite (Lendadella Linarensis) y la vitrina dedicada a los tiburones del mioceno cordobés (espectaculares piezas) en los que nos encontramos varios buenos ejemplares de dientes del <<Cacharón Megalodón>> ascendiente del actual Gran Tiburón o Tiburón Blanco, conocido como Leviatán, habitó hace 8 millones de años en el Mar Thetis (Valle del Guadalcquivir) medía mas de 20 metros de largo.
Mineralogía y Gemalogía (4ª planta)
     Minerales y Piedras preciosas de Andalucía, comunidades limítrofes, norte de África. Las gemas o piedras preciosas proceden de los principales yacimientos del mundo, dando un toque mágico a la sala con tanta luz y belleza.
     Destacaríamos los cristales de cuarzo y las verdes piroorfitas. Las gemas se exponen en dos vitrinas, proceden de todo el mundo, son las que se conocen como piedras semipreciosas y preciosas.
     Están colocadas de forma que se aprecia la piedra en su estado natural y al lado la gema tallada o pulida por el hombre, la espectacularidad está en la colección sin destacar ninguna.
     La sala termina con la exposición de minerales de gran belleza y calidad procedentes de todo el mundo. Estos están acompañados de productos elaborados por el hombre cuyas materias primas son sustancias o metales extraídos de los mismo.
Aula mixta (interdisciplinar) 5ª planta
     Cuatro disciplinas que forman el Museo.
     En primer lugar encontraremos una sala oscura, dónde se aprecia una característica de los minerales denominada Luminiscencia, los minerales se encienden ante la luz ultravioleta. Se continúa con una pequeña pero interesantísima muestra de insectos fósiles de todo el mundo, con un buen ejemplar de mosquito en ámbar del mar Báltico, así como una colección de prácticas lupas con ejemplares adecuados a cada disciplina científica. También encontramos un binocular microscopio de fácil manejo con muestras de insectos, un telescopio, varias urnas con insectos disecados y otros seres vivos (insecto palo). Para terminar debemos citar los dos mapas del mundo y de España con una creación de mariposas naturales atendiendo a su distribución geográfica.
Entomología (6ª planta)
      En esta sala podemos contemplar varios miles de insectos, tales como rarísimos y coloridos escarabajos joya, dípteros (avisas, abejas, mosquitos, etc.), odonatos (libélulas y caballitos del diablo) así como bellos ejemplares adultos (mariposas, con una amplia representación que llega a superar el 70% de las especies de nuestro país. Se representa la metamorfosis de estos insectos, y juntos a los ejemplares adultos (mariposas) podemos observar los huevos o puesta, sus estado larvario (oruga) y su cámara con la pupa o crisálida (capullo).
     Cabe destacar por su singularidad, el cuadro-expositor de la Graellsia isabellae más conocida como "Luna Española", también, por su rareza, la Parnassius apollo conocida como "Apolo" y por último la gigantesca "Attacus atlas", más conocida como Atlas.
     Todas las vitrinas y expositores de las cuatro salas, están bien documentadas con rótulos, nombres y procedencias. Y que también se dispone de un buen despliegue de carteles y póster que guiarán e introducirán al visitante por estos mundos de las ciencias naturales (Ayuntamiento de Guadalcázar).

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miércoles, 22 de junio de 2022

La Torre de Don Fadrique, en Albaida del Aljarafe (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Torre de Don Fadrique, en Albaida del Aljarafe (Sevilla).
     Hoy, 22 de junio, es el aniversario (22 de junio de 1993) de la declaración de la Torre de Don Fadrique, como Bien de Interés Cultural, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Torre de Don Fadrique, en Albaida del Aljarafe (Sevilla).
     La Torre de Don Fadrique, se encuentra en la calle Torremocha, s/n; en Albaida del Aljarafe (Sevilla).
    Construcción gótica de carácter militar, de mediados del siglo XIII. Del tipo de Torre-vigía o Atalaya, de 10,15 x 8,30 metros.
     De planta rectangular, se halla edificada sobre un podio o zócalo. Construida de hormigón, cantería en las esquinas y puertas, y ladrillos en las roscas de las ventanas y cubiertas de las rampas. Se accede por una puerta adintelada inscrita en un arco escarzano, a una estancia cuadrada que estuvo cubierta por una bóveda de arista, de la que sólo quedan los arranques. Alrededor de ella se desarrollan tres rampas, que suben al cuerpo alto, cubiertas por bóvedas de aristas. El cuerpo alto no existe, en su lugar hay una plataforma. Sobre la puerta existe una lápida con inscripción sobre su construcción (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Torre de Don Fadrique o Torre Mocha es el símbolo más representativo de Albaida del Aljarafe. Es Bien de Interés Cultural desde 1985 y testigo de los acontecimientos más importantes de la historia de este pueblo, como la venta de la villa en 1578 al II conde de Olivares. Se cree que su origen es anterior al periodo musulmán, ya que por aquí cruzaba la calzada romana que unía Onuba (Huelva) con Itálica e Híspalis.
     Es la torre a mayor altura de un conjunto defensivo que vigila el valle del río Guadiamar, un corredor verde que une Sierra Morena con Doñana. Es probable que fuese la primera en detectar las posibles amenazas y alertaría a las demás torres con señales como banderas, fuego, humo, etc.
     Una inscripción en la puerta de entrada apunta que el infante Don Fadrique la mandó construir en 1253. La planta de esta es rectangular, de 10,15 por 8,30 m, y está sobre un podio o zócalo de 2,4 m de altura y 0,5 metros de resalte. La obra es de hormigón de la época y cantería en las esquinas y la puerta, con un espesor de sus muros de 1,65 m. El revestimiento interior es de ladrillo y tiene una rampa de subida, bóveda de arista y arcos.
     Al desaparecer la amenaza de invasión musulmana durante el reinado de los Reyes Católicos se redujo la infraestructura defensiva, una medida con la que se controlaba el poder de la nobleza. Muchas torres vigía fueron mutiladas y estas fueron llamadas popularmente torres mochas (Turismo de la provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Biografía del Infante Don Fadrique, quien da nombre al monumento reseñado;
     Fadrique de Castilla, (Guadalajara, 1223 – Burgos, abril de 1277). Infante de Castilla y León, hijo de Fernando III.
     Segundo de los hijos varones de Fernando III, rey de Castilla y León, y su esposa Beatriz de Suabia, hija del emperador Felipe Hohenstaufen y la princesa bizantina Irene Angelos.
     Desde su nacimiento, su madre le destinó a heredar el ducado de Suabia, que le pertenecía por linaje. Por eso, en 1240, fue enviado a Italia para solicitar un reconocimiento de este derecho de estirpe al emperador Federico II. Durante un lustro, hasta 1245, permaneció en Italia sin obtener otro resultado que las buenas palabras de su poderoso pariente, más comprometido en los asuntos con el Papado que condujeron a un enfrentamiento abierto durante esa misma etapa. En recuerdo de esta vinculación de linaje, siempre portó en sus armas las águilas de los Hohenstaufen cuarteladas con los emblemas paternos.
     A su vuelta de Italia, participó en las empresas militares de su padre al frente de su propia mesnada, al igual que sus hermanos Alfonso y Enrique. En 1248, después de la toma de Sevilla, recibió un extenso patrimonio, tal y como figura en el posterior Repartimiento en Sanlúcar, La Algaba, Albaida, Cambullón, Gelves, Gicirat, Brenes, Rianzuela, La Isla, Chozas, Puslena, la Torre de Alpechín, y, por supuesto, diversas propiedades sitas en la propia ciudad de Sevilla, en su parte norte. Señor de Guadalajara, su ciudad natal, allí residió durante varios años.
     A la muerte de su padre se mantuvo fiel al sucesor, Alfonso X, especialmente en 1255 mientras duró la revuelta de su hermano el infante Enrique, que capitaneaba a un amplio sector de la nobleza en el que se encuentra a los últimos mayordomo mayor y alférez del difunto Fernando III y aún al señor de Vizcaya.
     Durante esos años, don Fadrique ordenó traducir el Sendebar, llamado en Castilla El libro de los engaños y de los ensañamientos de las mujeres, una colección de cuentos árabes de raíz persa o hindú. Si de su interés por el mundo de la cultura resta el ejemplo antes referido, de sus inquietudes arquitectónicas han sobrevivido a los siglos la torre hispalense llamada de don Fadrique que forma parte de las posesiones del convento de Santa Clara de Sevilla así como las ruinas de otra que se conserva en Albaida del Aljarafe.
     Junto a Alfonso X permaneció hasta 1260, fecha en la que desaparece de los diplomas de la cancillería real, aunque tampoco se rastrea su presencia en las Cortes de Toledo de 1259. De ambas situaciones se desprende que las pretensiones al Imperio de su hermano mayor, gestadas durante esos mismos años (1256-1260), fueron consideradas por el infante como una intromisión del Monarca en sus derechos hereditarios, pues no en vano la madre de ambos, Beatriz Hohenstaufen, había cedido los suyos a Fadrique respecto al ducado de Suabia y la herencia alemana.
     En 1260 le encontraremos como mercenario junto a su hermano menor don Enrique al servicio del califa de Túnez. Junto a él, participa en la toma de la ciudad de Miliana. Los beneficios obtenidos por estos servicios permitieron a ambos príncipes gozar de suficiente fortuna para mantener a sus mesnadas e, incluso, optar a intervenir en el reino de Sicilia pocos años más tarde.
     En 1265, Manfredo, hijo ilegítimo del emperador Federico II, se hace con el trono de Sicilia. El Papa, ante el creciente poder del Soberano y sus apoyos gibelinos, se inclina por un aliado capaz de enfrentarse a éstos con garantías de éxito: el conde Carlos de Anjou, hermano del rey de Francia, a quien corona como nuevo Monarca de Sicilia. Los partidarios de ambos contendientes buscaron la ayuda de los dos infantes castellanos en Túnez, aunque con diferentes resultados: si el dinero de don Enrique ayudó a pagar las pretensiones de Carlos, el infante Fadrique con sus hombres, conocidos como los caballeros de la muerte en las crónicas italianas que registran estos episodios, optan por acompañar a Manfredo, causa que apoya el señor de Túnez con el envío de arqueros. El 26 de febrero de 1266, en Benevento se enfrentan ambos ejércitos y consta la presencia de Fadrique de Castilla entre las huestes de su pariente Manfredo, que es derrotado y muerto en el campo de batalla. 
   Después de unos meses de prudente regreso a Túnez, el infante volverá a reaparecer en el teatro de operaciones italiano, si bien en esta ocasión compartiendo suerte con su hermano Enrique. Éste, deseoso de recuperar el dinero prestado a Carlos de Anjou u obtener en contrapartida por el mismo un feudo digno, obtuvo sendas negativas del ahora único Monarca de Sicilia, por lo que optó por solicitar la intervención del Papa, que le nombró senador de Roma.
     Mientras Enrique afianza su posición en el centro de Italia, don Fadrique, en 1267, es reclamado por Conrado Capece y otros nobles del partido gibelino para que invada Sicilia. Con sus propios caballeros, a los que se sumarán teutones, toscanos y tunecinos, amén de los propios sicilianos favorables a la causa gibelina, el infante castellano se hace con Palermo, Mesina y Siracusa.
     Entretanto, su hermano Enrique el Senador abre las puertas de Roma a las tropas de Konrad, nieto del emperador Federico II, y se suma a su deseo de recomponer la herencia italiana de los Staufen. Ambos infantes, Enrique y Fadrique, son excomulgados por el Papa.
     Carlos de Anjou, empujado por el norte, invadido por Sicilia, se enfrentará en Tagliacozzo a Enrique en 1268, capturando a sus adversarios en el campo de batalla o en su huida. Pero si en Tagliacozzo concluye el desafío gibelino peninsular, en Sicilia será necesario enviar a Guillermo de Stendardo, senescal de Carlos de Anjou, para que expulse a los gibelinos comandados por don Fadrique, a cuyas órdenes se suman los supervivientes alemanes e hispanos de la desafortunada batalla. Después de diversos encuentros, el infante castellano, ante la imposibilidad de recuperar el dominio de la isla, decide cruzar de nuevo a Túnez, no sin antes cobrarse venganza dando muerte a Stendardo y muchos otros caballeros franceses en 1269.
     Al servicio, de nuevo, del tunecino, don Fadrique se convierte en el jefe de la mesnada cristiana gibelina y castellana. Junto a él encontraremos a nobles destacados defensores de los Staufen como el conde Federico Lancia, entre otros.
     En 1270 el rey de Francia convoca una nueva Cruzada para luchar contra los musulmanes, siendo su objetivo el Monarca de Túnez. Su hermano, Carlos de Anjou, rey de Sicilia, se sumará a su empeño, participando en la empresa africana, al igual que otros príncipes y nobles europeos. Entre los defensores, don Fadrique, quien, reunido con el señor de Túnez, aconseja que no se llegue a una confrontación armada so riesgo de sufrir una derrota. Entretanto, mientras las negociaciones siguen su curso, en el ejército cristiano invasor se propaga la peste, que causa estragos entre los franceses, falleciendo su mismo Soberano.
     El consejo del castellano es aceptado por los musulmanes y, a cambio de la entrega de ciento cinco mil onzas de oro, los cruzados abandonan para siempre Túnez.
     Meses después, don Fadrique regresa a Castilla, junto a su hermano Alfonso X, que le devuelve parte de su patrimonio original y de quien ha de convertirse, hasta la víspera de su muerte, en uno de sus más leales vasallos. Pero si el rey sabio supo recuperar la lealtad del infante y le regaló el perdón, no ocurrirá lo mismo con el Papa de Roma, que renovará en dos ocasiones más su excomunión a don Fadrique, en recuerdo de los turbulentos episodios vividos pocos años antes.
     Quedaba por resolver, además, un complicado asunto que implicaba tanto al Pontífice como al señor de Castilla: la cuestión del Imperio. En 1275 Alfonso X decide acudir a entrevistarse con el Papa para revocar el nombramiento reciente de Rodolfo de Habsburgo.
     En lugar del Rey se encontrará al infante heredero: Fernando de la Cerda. Junto a él, don Fadrique, uno de sus pilares más sólidos.
     La prematura muerte del joven príncipe, en 1275, abrirá la difícil cuestión sucesoria, que ha de marcar los años finales del reinado de Alfonso X, dividido entre la tradición hereditaria, representada por el infante Sancho, y las nuevas costumbres que desea imponer y que transmiten los derechos de Fernando de la Cerda a sus vástagos.
     Se desconoce qué papel exacto jugó en esta compleja situación el infante Fadrique, mas lo cierto es que, apenas unos meses después del retorno del Monarca castellano, los recelos hacia su hermano aparecen en el horizonte político. Suspicacias que, en 1277, conducen a la fulminante ejecución del príncipe y su yerno, Simón Ruiz de los Cameros, sin juicio previo ni explicación de motivos, pues las fuentes se limitan a caminar de puntillas sobre las órdenes del Monarca, que mandó prender a Simón Ruiz y quemarle vivo y ese mismo día de la captura, envió a Diego López de Salcedo a apresar a don Fadrique, a quien, por decisión de Alfonso X, se ejecutó por ahogamiento en Burgos, donde su cadáver, después de ciertos episodios, recibiría sepultura en el convento de la Trinidad de dicha ciudad castellana.
     La dureza de ambas muertes ha despertado múltiples interpretaciones que oscilan desde el supuesto castigo a la descubierta homosexualidad de ambos reos hasta el escarmiento por sus actividades conspiradoras contra el Rey. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por encontrar cierta racionalidad en estos hechos, sólo se puede suponer un cierto apoyo a la segunda de las hipótesis mencionadas, ya que varios magnates castellanos optaron por extrañarse del reino apenas tuvieron noticia de esta muestra de contundencia jurídica del Monarca.
     Gil de Zamora nos dejó una descripción del infante Fadrique, a quien califica de discreto, ingenioso, astuto en los negocios, valiente en la lid, sereno y reflexivo en todas las situaciones militares y civiles. A este esbozo psicológico se suma el perfil que se debe, según es tradición, al mismo Alfonso X cuando, en 1258, hubo de desposar a la princesa Cristina de Noruega y elegir a uno de sus hermanos para tal menester.
     Afirmaba el Monarca que Fadrique era valiente, gran jinete, amante de la justicia, buen cazador y que tenía el labio partido por culpa de un desafortunado incidente venatorio. Su trayectoria vital, como se ha comprobado, no desmerece de tales calificativos coevos.
     Por lo que respecta a su vida familiar, se sabe que, en 1258, o bien se encontraba viudo o todavía no había desposado, pues su mano es una de las que se barajan para unir a la de la infanta noruega. El exilio en 1260 le alejará del reino los años necesarios para que sobre su matrimonio y descendencia existan algunas lagunas y dudas de difícil resolución.
     Pellicer y otros genealogistas posteriores aceptaron su enlace con una dama de nombre Catalina Dukas, hija del déspota del Épiro, aunque más recientes investigaciones localizan este desposorio en el seno de la familia Malaspina, concretamente en una de las hijas del marqués Conrado Malaspina, destacado gibelino italiano cuyo patrimonio se apoya en posesiones de la Toscana y vinculado espúreamente por parentesco con Federico II. Esta dama, de nombre Beatrice, se habría unido al infante durante sus estancias discontinuas en Italia. Sea de un linaje o de otro, lo único que se puede aseverar con certeza es que don Fadrique hubo de este matrimonio una hija de nombre Beatriz, mujer en primeras nupcias de Alfonso Téllez de Meneses y, en segundas, de Simón Ruiz de los Cameros.
     Durante su vida italiana se sabe que mantuvo el príncipe castellano al menos una relación amorosa que generó prole en la estirpe di Troia. Un hijo de Fadrique, de nombre Alfonso, le acompañará a su regreso desde Túnez, y, en tiempos de Enrique III de Castilla, a las costas hispanas arribó un tal Lancelotto, hijo de Federico di Troia, que era biznieto del infante Fadrique y como a tal se le reconoce en 1394 (Margarita Torres Sevilla, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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viernes, 10 de diciembre de 2021

El Convento de Loreto, en Espartinas (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Convento de Loreto, en Espartinas (Sevilla).
      Hoy, 10 de diciembre, la iglesia católica celebra la Festividad de Nuestra Señora de Loreto, así que hoy es el mejor día para explicarte el Convento de Loreto, en Espartinas (Sevilla).
     El Convento de Loreto, se encuentra en el camino de Loreto, 103; en Espartinas (Sevilla).
   Cercano al pueblo se halla este antiguo y rico convento, cuya construcción corresponde a varias épocas y que ocupa una extensión considerable. Consta de una torre, un recinto de entrada o compás, una iglesia y parte de otra, más dos claustros, con galerías y espacios intermedios que unen los núcleos principales. El con­junto de las construcciones corresponde en su mayor parte al siglo XVIII, aunque se conservan núcleos anteriores.
     Según la tradición, existía ya un santuario en el siglo XIV, en donde, en la primera mitad del XVI y bajo la advocación de la Virgen de Loreto, se instalaron unos padres franciscanos que edificaron un convento. A comienzos del siglo XVII se hicieron importantes obras, de las que resta la capilla mayor de la antigua iglesia, hoy convertida en sacristía. En la primera mitad del siglo XVIII se rehizo la casi totalidad del convento. La exclaustración de 1835 no dañó considerable­mente al edificio, ni a su tesoro artístico, volviendo a ser ocupado por los franciscanos en 1881, y así ha seguido hasta la actualidad.
     Se entra al recinto por un pórtico fechado en 1727 que da paso al compás, en cuyo centro se halla un crucero revestido de azulejos de tipo montería en blanco y azul contemporáneos del edificio. Frente a la entrada de la calle está el acceso a la iglesia y convento, con pórtico fechado en 1719. La iglesia tiene planta de cruz latina de una sola nave, se cubre por bóveda de cañón con lunetos, y media naranja en el crucero. Fue construida entre 1716 y 1733 sobre proyecto de Diego Antonio Díaz.
     El retablo mayor fue costeado por fray Francisco de San Buenaventura y Tejada, fraile del convento y posteriormen­te arzobispo de Guadalajara (México). Fue realizado entre 1749 y 1750 por Manuel García de Santiago y se compone de tres calles y hornacinas con esculturas de santos de la orden. Entre ellos figuran Santa Clara, San Buenaventura y San Francisco. En la hornacina central está la Virgen de Loreto, pequeña escultura rehecha en 1732 y adornada con corona, ráfaga y peana de plata repujadas, de la misma época. Junto a la Virgen se hallan dos pequeñas estatuillas, que representan dos esclavas liberadas de los sarracenos por la intervención de la Virgen y relacionadas, según la tradición, con la fundación del convento. En el camarín y en el acceso al mismo hay numerosas pinturas, entre las que se encuentran la Sagrada Familia, San Miguel arcángel, San Francisco Javier y el retrato del arzobispo de Guadalajara, benefactor del convento. En el presbiterio están las sepulturas de otros protectores del convento y algunos cuadros de interés, tales como un gran lienzo del Crucificado, de medio cuerpo, de la primera mitad del siglo XVIII. De la misma época es otro lienzo que representa la aparición de San Francisco a los frailes.
     En el muro izquierdo hay varios retablos de tamaño mediano, con una sola calle y ornamentación de estípites, bellamente decorados y jaspeados, conteniendo las esculturas de San Antonio y de San José. Ambos pueden situarse a mediados del siglo XVIII y relacionarse con Manuel García de Santiago. De mayor tamaño y algo posterior es el retablo dedicado a San Francisco de Asís, con decoración de rocallas, gran movimiento de cornisas y columnas dóricas. En la parte superior se dispone un Crucifijo con cuatro clavos de la primera mitad del siglo XVII.
     En el muro derecho los retablos son semejantes a los anteriores y también vinculables a García de Santiago, destacando el que contiene la magnífica escultura de San Diego de Alcalá, obra de fines del siglo XVI. Otro de los retablos de este lado aloja en su hornacina central un grupo de la Piedad, de pequeño tamaño, de la segunda mitad del siglo XVIII, época a la que corresponde el retablo.
     La iglesia antigua se halla situada detrás de la actual y constituye la sacristía. Fue construida en el siglo XVII y sólo resta de ella la capilla mayor. Se trata de una nave con bóveda de cañón con lunetos, dividida en tres tramos. En los laterales se encuentran los enterramientos de los fundadores, cuyas inscripciones fechan la decoración del recinto en 1665. Al fondo se sitúa un gran retablo de mediados del siglo y relacionable con Manuel García de Santiago y una cajonería del mismo siglo. En el centro se halla la Virgen con el Niño, llamada de los Ángeles. Hay también varios lienzos del siglo XVIII representando a Santa Ana y la Virgen, San Juan Bautista, la Inmaculada y una Virgen de Guadalupe firmada por Cornero. Del siglo anterior es la Virgen del Rosario.
    El convento presenta dos claustros, siendo el más antiguo el llamado del Aljibe, por el pozo que contiene. Es de traza mudéjar con dos pisos, cuyas galerías se forman por arcos de medio punto peraltados y con alfiz, que se apoyan en pilares octogonales. En los ángulos hay yeserías barrocas de tipo geométrico. El patio parece que fue construido a principios del siglo XVI, pero se reformó durante el XVIII, probablemente en la misma fecha en que se puso el brocal del pozo fechado en 1757. El segundo claustro es del siglo XVIII, época de la gran reconstrucción del convento. Alrededor de los claustros se hallan estancias y galerías, que contienen numerosas obras de arte, especialmente pinturas. La estancia más interesante del convento, tanto por su significación religiosa como por su contenido artístico, es la Capilla de San Francisco Solano, situada en la galería alta del claustro mudéjar. Es una pequeña estancia, que fue celda del citado santo y que hoy día contiene importantes piezas, como un bello Crucifijo de marfil hispanofilipino, de gran tamaño y de la primera mitad del siglo XVII. Hay también esculturas de Santa  Clara, San Bernardino, San Juan Capristano y San Francisco, todos del siglo XVIII. El lienzo de San Pedro es de comienzos del XVIII y el de San Francisco Solano del XIX. Entre las piezas de platería que se conservan destacan un ostensorio manierista de plata dorada, fechado  en  1626, y un portapaz de bronce dorado con representación de la Inmaculada. De mediados del siglo XVII es el relicario de San Francisco Solano, de metal dorado y en forma de ostensorio. Un con­junto muy importante lo forman el regalo del mencionado fray Francisco de San Buenaventura, compuesto por dos atriles, tres sacras, una cruz de altar y un cáliz, todos de plata, decorados con motivos vegetales y algunos con el escudo del obispo. Son obras mexicanas de mediados del siglo XVIII, teniendo tanto los atriles como las sacras el punzón de Guadalajara (México). Hay además algunas piezas cordobesas y sevillanas de los siglos XVIII y XIX.
     En la iglesia hay un importante conjunto de plata barroca de la primera mitad del siglo XVIII, regalo también del arzobispo de Guadalajara, pero realizado en Sevilla por el platero Villaviciosa; se trata de la corona, ráfaga, peana, tronco y lámpara que adornan a la Virgen de Loreto, obras bellamente repujadas de vegetación carnosa. El punzón aparece en la peana y en la corona, pero por la identidad de estilo pueden asimilarse todas las piezas al mismo platero. Hay que men­cionar también unas andas de plata para la Virgen cuya parte superior pertenece a la primera mitad del siglo XVII, recordando al estilo de Alfaro, y la parte inferior es de metal dorado, hecho en el siglo XX.
     Junto al convento se halla una torre militar, construcción cristiana como la de Albaida, de planta cuadrada y de unos quince metros de altura, hecha en mampostería y ladrillo, y que presenta refuerzos de sillares en las esquinas. Posee cuatro plantas a las que se accede por escaleras, cubriéndose por bóvedas de crucería y rebajadas, estando la puerta exterior de acceso muy elevada sobre el nivel del suelo (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     Se trata de un Monasterio-Hacienda con almazara, señorío, torre fortificada y capilla. Cuenta con dependencias para la molienda de la aceituna y producción de aceite y con el lagar para la producción de vino. Además de granero, cuadras y caballerizas.
    Conforman el convento un recinto de entrada o compás, la torre, la iglesia, la sacristía, dos claustros con galerías, patios, estancias y espacios intermedios que unen los núcleos principales, cuyas características tipológicas se corresponden con un edificio conventual con la siguiente distribución: En el frente septentrional se ubican el compás, iglesia y sacristía y a la derecha de estas edificaciones la zona de residencia conventual.
     El acceso a su interior se realiza en su costado oeste a través de una portada, de traza barroca, que comunica con el compás.
     El compás es un recinto de planta cuadrangular delimitado, por el frente este con la fachada de los pies del templo y fachada principal del recinto conventual. Por sus frentes sur, oeste y norte, por un muro, aproximadamente de tres metros de altura, terminado en ángulo, cuyo paramento se encuentra enfoscado y pintado de blanco. En el centro de este recinto se levanta un crucero, a modo de pilar, revestido de cerámica vidriada mostrando representaciones de montería.
     El acceso a la iglesia por la portada de los pies se efectúa a través de un pórtico de planta rectangular, cubierto con bóveda de cañón y lunetos, reforzado con arcos perpiaños. Este pórtico comunica por su costado derecho, a través de un vano de medio punto, con el pórtico que da acceso al recinto conventual. En el muro frontal a la portada, se abre el acceso al interior del templo, a través de un vano adintelado recercado con molduras también pintadas en color ocre.
     La iglesia ocupa el costado septentrional del conjunto construido. Tiene planta de cruz latina, de una sola nave de cuatro tramos, cubierta con bóveda de cañón y lunetos, reforzada con arcos fajones o perpiaños. El crucero se cubre con cúpula de media naranja sobre pechinas.
     El alzado de los dos tramos primeros que conforman la nave está dividido por la tribuna del coro. Esta se ubica a los pies del templo y descansa sobre tres bóvedas de cañón rebajadas y lunetos y reforzadas con arcos perpiaños, una que se corresponde con la zona superior del pórtico de acceso al templo, y dos ubicadas en el primer y segundo tramo de su interior. En el muro perimetral que cierra la nave de la iglesia, por su costado derecho, se encuentra en el primer tramo una repisa a modo de hornacina, realizada en madera, cuyo interior alberga la imagen del Niño Jesús de Praga, obra de escaso valor. Siguiendo hacia la cabecera, en el segundo tramo se ubica un lienzo cuyo tema iconográfico muestra la muerte de San Francisco. En el tercer tramo se halla el retablo de la Virgen de la Piedad, que aloja, en la hornacina central, la imagen titular.
     En el cuarto tramo, se abre la portada que comunica con el claustro del aljibe. Su composición es similar al resto de los retablos existentes en la nave. Se estructura mediante un vano central, adintelado, cubierto con puerta de madera de doble hija, acasetonada y flanqueada de una profusa decoración a base de relieves compuestos de espirales y formas mixtilíneas.
     En el muro que cierra la nave por su costado izquierdo, se abre, en el segundo tramo, el acceso al coro. Es un recinto rectangular donde se levanta la escalera, dispuesta en ocho tramos. Es obra reciente. El crucero se estructura mediante cuatro pilares cuadrangulares, en cuyos frentes se adosan pilastras cajeadas y entablamento superior de cornisa volada en la que apean cuatro arcos torales y la cúpula de media naranja sobre pechinas. La citada cúpula se encuentra dividida radialmente, en ocho segmentos iguales que parten desde un círculo central.
     En los muros perimetrales que cierran los brazos del crucero se ubican los retablos de San Diego de Alcalá y de San Francisco de Asís.
     El presbiterio se levanta a nivel más alto que la nave, se accede a través de una amplia escalinata de cuatro peldaños realizados en mármol blanco. Tiene planta rectangular cubierta con bóveda de cañón y lunetos. En el testero plano está situado el retablo mayor.
     El recinto conventual se sitúa en el costado suroriental del conjunto. El acceso a su interior se realiza por su fachada principal, ubicada en el costado derecho del frente este que delimita al compás a través de un pórtico de planta rectangular y cubierta plana.
     Este pórtico comunica con el pórtico de acceso a la iglesia por su costado izquierdo. Un vano adintelado cubierto con puertas de madera y postigo central, abierto en el muro frontal del acceso al pórtico que lo precede, da paso al interior del Convento a través de una estancia de planta rectangular, cubierta con techo plano reforzado con dos vigas de madera que apoyan, en los extremos, en ménsulas. En el muro frontal a la puerta de entrada, se abren dos vanos de medio punto que conectan con otro recinto que da paso al claustro del Aljibe. La tipología de este claustro es de indudable carácter mudéjar, tiene planta cuadrangular y alzado de dos pisos, cuyas galerías porticadas, de la planta baja, presentan en sus cuatro frentes arcos de medio punto peraltados inscritos en alfiz, que apoyan en pilares de sección octogonal. Las galerías de la planta baja que delimitan al claustro están cubiertas con bóvedas de aristas separadas por arcos perpiaños que descansan en trozos de entablamento adosados al muro. En sus cuatro ángulos, las cubiertas de aristas presentan ornamentación de relieves de formas geométricas, circulares y cuadrados, realizados en yeserías.
     La galería, situada en el flanco este del claustro, conecta por su costado derecho con una estancia de planta rectangular. En ella se abren, a demás, los accesos al segundo claustro, a la escalera principal, que comunica con el piso superior y con la Capilla de Santa Ana.
     La capilla de Santa Ana, posiblemente es la zona más antigua del Convento, a ella se accede a través de una portada, compuesta de un vano central de medio punto flanqueado por dos cuerpos verticales, que, a modo de pilastras, se coronan con capiteles jónicos. La zona superior muestra un friso de balaustres decorados con dos figuras zoomorfas aladas. El conjunto está realizado en madera tallada y muestra profusa decoración a base de balaustres, ménsulas y espirales.
     El interior de la citada capilla es de planta rectangular cubierta de bóveda de cañón con lunetos. En sus muros laterales se abren vanos apuntados y doblados, actualmente cegados. En su costado derecho se ubica, en el interior del muro, un retablo dispuesto a media altura, realizado en yesería, compuesto de una hornacina central flanqueada con pilastras y frontón partido en la zona superior.
     El conjunto se encuentra decorado con relieves a base de ménsulas, espirales, cestos de frutos y flores. En la hornacina, actualmente se encuentra la imagen de un nazareno, de pequeño formato y escaso valor.
     El patio interior del claustro está pavimentado, al igual que las galerías, con ladrillos rectangulares, de barro y dispuestos a la espiga.
     En el centro de este recinto se ubica un brocal de un pozo. En el subsuelo se encuentra construido un aljibe, de ahí su denominación.
     El segundo claustro ocupa la zona más oriental del recinto construido. Su acceso se realiza a través de un pasillo, cubierto con bóveda de arista, que comunica los dos claustros. Tiene planta poligonal y galerías en tres de sus frentes, cubiertas con bovedillas.
     Su alzado es de dos pisos, compuesto, en planta baja, de vanos de medio punto, cinco en sus costados norte y este y cuatro en sus frente sur, flanqueados por pilastras, en su frente norte e inscritos en alfiz en sus costados este y sur. En la zona superior de esta arquería se establece una cornisa volada sobre la que apoya el alzado del piso superior.
     El segundo cuerpo se compone de vanos escarzanos inscritos en alfiz y cubiertos con puertas de madera y cristal, dispuestos en eje de simetría con los vanos del piso inferior de los costados norte y este, y asimétricos en su frente sur. El frente que delimita al claustro por su costado oeste presenta también un alzado de dos pisos. Este costado no posee galería y, en su muro, se abren vanos o ventanas rectangulares cubiertas con puerta de madera y cristal, de doble hoja, y cerrados en la planta baja, con reja de balaustres de hierro fundido. Termina en su zona superior con cornisa y antepecho.
     En las tres galerías que circundan al patio, se abren estancias de plantas rectangulares. La galería ubicada en su costado norte comunica con la sacristía a través de un recinto-distribuidor de planta cuadrada desde donde parte también la escalera principal de acceso al piso superior de los dos claustros. Desde esta galería se accede, asimismo, al refectorio y cocina. La biblioteca ocupa el frente oriental del mismo claustro. Se compone de una amplia estancia de planta rectangular muy alargada, cubierta de techo plano y dividida por una arquería, dispuesta de norte a sur, formada con vanos de medio punto que apean sobre siete columnas, de mármol blanco, y capiteles compuestos de diferentes formas, y cimacio superior.
     El paramento de los muros que conforman el claustro, así como sus galerías y estancias, se encuentran enfoscados y pintados de blanco, el pavimento está realizado con losas de cerámica de realización reciente.
     Volvemos al claustro del Aljibe y entramos, por su galería sur, a un recinto de planta rectangular cubierto de bovedilla que comunica con el patio grande. Este patio es de planta rectangular, de grandes dimensiones, porticado en su frente Oriental cuyo alzado de dos pisos presenta: En la planta baja, vanos de medio punto inscritos en alfiz sobre los que se levanta el segundo cuerpo, en cuyo muro se abren vanos o ventanas rectangulares, dispuestas en eje con la arquería del piso inferior, cubiertas con puerta de madera y cristal.
     La galería anteriormente descrita comunica también con el claustro segundo y con una estancia de planta rectangular que actualmente se utiliza como sala de reuniones.
     El patio está flanqueado en su costado Norte por edificaciones de dos plantas, que se corresponden con las estancias interiores de acceso desde el claustro del Aljibe y entrada al Convento y por otro patio menor, que tiene acceso también desde el exterior a través de una amplia puerta de hierro. Por su frente oeste, con la torre defensiva y por un muro o tapia, aproximadamente de tres metros de altura que lo delimita de la Hacienda de Loreto. Por su frente Sur, por otras edificaciones perteneciente, la primera, a la Hacienda y la segunda al Convento, cuyo alzado de ambas es de dos plantas.
     A la segunda planta se accede a través de la escalera principal. Esta escalera está formada mediante cinco tramos, dos primeros afrontados, que parten: Uno desde el costado Oriental de la galería del claustro del Aljibe y el segundo desde un recinto-distribuidor, que da acceso también a la Sacristía y que se abre a la galería Norte del claustro segundo.
     Los dos tramos citados terminan en un descansillo o meseta rectangular, desde donde parte el tercer tramo ubicado en el centro de la caja de escalera, el cual termina en otro descansillo, de cuyos laterales parten los dos tramos de escalera que desembarcan, el de la derecha en la segunda planta del claustro del Aljibe y el de la izquierda, en la segunda planta del claustro segundo.
     La escalera está realizada con peldaños compuestos de mamperlanes y ladrillo visto y la contrahuella de azulejos vidriados decorados con motivos de putti, candellieri y motivos florales. En ambos lados se cubre con antepecho de balaustres realizados en madera.
     La caja de escalera es de planta rectangular, está cubierta con bóveda vaída, rebajada, decorada con pintura al fresco. 
   El acceso desde la escalera hacia el Claustro del Aljibe se efectúa a través de un vano escarzano, abierto en la galería superior de su costado Este.
     Las cuatro galerías que circundan el patio central, presentan: Un alzado con arquería, anteriormente descrito, cubierta plana y el paramento de sus muros enfoscado y pintado de blanco. Asimismo, en sus muros se abren vanos adintelados cubiertos con puertas de madera, que dan acceso a las diferentes estancias del convento.
     La Hacienda se encuentra adosada al monasterio por su costado suroccidental. Su tipología es característica, dentro de la arquitectura rural, en la que se combinan: Un núcleo central destinado a vivienda, compuesto de zaguán, dos patios, dispuestos en eje y situados de este a oeste, elementos distribuidores de las diferentes estancias que los conforman. Este núcleo central está delimitado por su costado septentrional por tres crujías dedicadas a bodegas y por su frente meridional por un amplio corral necesario para las labores del campo. El acceso a su interior se realiza desde su fachada principal, a través de un vano de medio punto cubierto con puerta de madera con clavazón, de doble hoja y postiguillo en la hoja derecha. Este acceso comunica con el zaguán, que da acceso, a la izquierda, a las bodegas, ya al frente al primer patio. Este patio es de planta rectangular, las crujías que lo delimitan por sus costados Norte y Sur presentan un alzado de una sola planta. En ellos se abren vanos de medio punto cubiertos con puertas adinteladas de madera y los medios puntos con cristales de colores dispuestos en forma radial. Estos vanos alternan con otros de herradura inscritos en alfiz, también cubiertos con puertas de madera, cristal y reja de hierro. Terminan estos dos frentes con antepecho coronado con merlones escalonados de color almagra, que delimitan una azotea superior.
     La crujía del frente oriental del patio presenta un alzado de tres pisos. En ambos se abren vanos o ventanas adintelados cubiertos con reja, alternando en el segundo piso con balcones cubiertos de antepecho de hierro. La planta baja se estructura mediante un amplio vano, de medio punto, con rosca realizada en ladrillo visto dispuestos radialmente, que descansa en columnas dóricas sobre basamento de mármol. Este vano da acceso a un recinto distribuidor, que comunica, al frente, con el segundo patio y, a ambos lados, con otras estancias de la vivienda.
     El segundo patio es de planta rectangular, está delimitado por sus frentes oeste y norte por crujías compuestas de un alzado de tres y dos plantas, cerrando los costados sur y este una tapia aproximadamente de tres metros de altura. La planta baja del costado septentrional presenta una galería cubierta con vigas de madera y ladrillo. En su muro perimetral izquierdo, se abren vanos de medio punto cubiertos con puertas de madera que comunican con otras estancias o habitaciones de la vivienda. El frente de esta galería está realizado en ladrillo visto, se compone de seis vanos de medio punto, doblados, que apean sobre columnas de capiteles compuestos, en cuyas claves se establecen ménsulas que apoyan en una cornisa volada que corre horizontalmente el paramento.
     Sobre esta cornisa se levanta un segundo cuerpo, en su muro se abren vanos adintelados, dispuestos en eje con la arquería inferior, cubiertos con antepecho de hierro y flanqueados mediante molduras, que, a modo de pilastras, conectan con la cornisa superior.
     Termina esta fachada con antepecho reforzado con pilares escalonados de sección rectangular. El paramento de este segundo cuerpo se encuentra enfoscado y pintado de color ocre.
     La crujía que cierra el patio por su costado occidental es la zona habitada por los dueños de la Hacienda, en su muro se abren, en los dos pisos superiores, vanos adintelados cubiertos, en el primero con antepecho de hierro y en el segundo cerrados con reja.
     Las bodegas se ubican en el costado noroccidental de la Hacienda. Se compone de tres naves dispuestas en ángulo recto y cerradas con cancelas de hierro de medio punto. Sus plantas son rectangulares y están cubiertas con cerchas y tirantes de madera de tipología inglesa. En sus muros perimetrales se abren vanos adintelados cubiertos. Las dos bodegas ubicadas en su costado noroccidental comunican con un patio o corral donde se encuentra la Torre Mocha.
     En la intersección de las dos bodegas situadas conforme se entra desde el zaguán, se levanta la torre mirador, su planta rectangular presenta un alzado compuesto de vanos de medio punto, dos en los lados mayores, que apoyan en el centro sobre una columna de mármol, y uno en los costados menores, todos descansan en sus laterales sobre pilastras adosadas al muro. Estos vanos están flanqueados por dobles pilastras dobladas y entablamento superior ornamentado con línea de ménsulas.
     El conjunto presenta el paramento enfoscado y pintado de color ocre, que alterna con color almagra, en las molduras de los vanos, imposta y cornisa superior. Se cubre a cuatro aguas con teja curva árabe.
     El repartimiento de Sevilla, después de la Reconquista por Fernando III el Santo, nos indica la existencia de numerosos cortijos fortificados, de origen musulmán, en las alquerías y aldeas del alfoz sevillano, construcciones que fueron aprovechadas por los conquistadores, quienes en muchos casos se limitaron a añadirles torres de defensa. Este ejemplo lo tenemos, entre otros, con la Torre Mocha de Loreto. La torre está enclavada dentro del Monasterio franciscano de Loreto, en la zona colindante con la Hacienda del mismo nombre. Se asienta sobre el solar de la romana Laurentum donado en el repartimiento de Sevilla a Micer Enrique y se edificó para defender su aldea, heredera de la alquería musulmana de Lorit.
     La tradición cuenta que, en 1384, apareció la Virgen siendo venerada con la advocación de Santa María de Valverde, en una ermita inmediata al heredamiento de Loreto.
     Hacia 1520, Don Enrique de Guzmán y su esposa Doña María Ortíz Manuel, donaron terrenos de dicha Hacienda a los religiosos franciscanos para la fundación de un convento. Con tal fin, el arzobispo de Sevilla cedió la citada ermita. 
   Más tarde, la fundadora al ingresar en el convento de Santa María de Jesús de Sevilla, vendió su Hacienda al Conde de Castellar y cedió a su hermano D. Pedro Ortíz Manuel, el Patronato.
     No sabemos la fecha exacta en la que se vendió la Hacienda a los Condes de Castellar, no obstante consideramos que varias generaciones de esta familia fueron sucediéndose, al menos, hasta 1838, como dueños de la Hacienda de Loreto y ligados como protectores del Convento.
     El claustro del aljibe fue construido en el siglo XVI y posteriormente reformado en el siglo XVIII. Fruto de esta reforma son también las yeserías que decoran las bóvedas de aristas, dispuestas en los ángulos de las cuatro galerías que circundan el patio.
     La sacristía fue construida en el siglo XVII. En 1716 se decidió la construcción de la nueva iglesia derribando la nave y manteniendo en pie tan solo la capilla mayor. La iglesia quedó cubierta en 1724. La construcción finalizaba en 1732, inaugurándose el templo en 1733.
     El segundo claustro es obra de fines del siglo XVIII, época de gran reconstrucción del convento, donde se aprecia en su fábrica un barroco atemperado que se manifiesta por una decantación de elementos decorativos.
     Referente a la Hacienda, tenemos constancia de su existencia a partir de 1384, unida a la aparición de la Virgen de Valverde en la ermita inmediata a dicho heredamiento. De esta primitiva construcción apenas quedan vestigios.
     No obstante, para el resto de la construcción del edificio, carecemos de documentación escrita (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El santuario de Ntra. Sra. de Loreto es uno de los sitios destacados de Turismo Religioso de Andalucía.
     Declarado Bien de Interés Cultural, se trata de un monasterio hacienda con almazara, señorío, torre fortificada y capilla. Cuenta con dependencias para la molienda de la aceituna y producción de aceite y con el lagar para la producción de vino. Además de granero, cuadras y caballerizas.
     Conforman el convento un recinto de entrada o compás, la torre, la iglesia, la sacristía y dos claustros con galerías, patios, estancias y espacios intermedios que unen los núcleos principales. Las características de estos se corresponden con un edificio conventual con la siguiente distribución: en el frente septentrional se ubican el compás, iglesia y sacristía y a la derecha de estas edificaciones la zona de residencia conventual.
     El acceso a su interior se realiza en su costado oeste a través de una portada, de traza barroca, que comunica con el compás. El compás es un recinto de planta cuadrangular delimitado por el frente este con la fachada de los pies del templo y fachada principal del recinto conventual.
     La iglesia ocupa el costado septentrional del conjunto construido. Tiene planta de cruz latina, de una sola nave de cuatro tramos, cubierta con bóveda de cañón y lunetos, reforzada con arcos fajones o perpiaños. El crucero se cubre con cúpula de media naranja sobre pechinas.
     El recinto conventual se sitúa en el costado suroriental del conjunto. El acceso a su interior se realiza por su fachada principal, ubicada en el costado derecho del frente este que delimita al compás a través de un pórtico de planta rectangular y cubierta plana. Este pórtico comunica con el pórtico de acceso a la iglesia por su costado izquierdo.
Horario
     Consultar horarios y vistas para ver las distintas estancias visitables: iglesia, camarín de la Virgen, sacristía, claustros y las dos salas de exposición permanente.
     Martes cerrado. 
Conozcamos mejor la Festividad de Nuestra Señora de Loreto;
     La Iglesia celebra cada 10 de diciembre la fiesta de la Virgen de Loreto, en honor a la Virgen bajo la advocación que recuerda el misterio de la Encarnación.
     La advocación a Nuestra Señora de Loreto, patrona de la aviación, tiene su origen en una tradición cristiana del siglo XIII según la cual, en el año 1291, cuando los cruzados se vieron obligados a abandonar Tierra Santa, la casa de la Virgen fue transportada milagrosamente por ángeles volando desde Nazaret a Croacia y desde allí, en la noche del 10 de diciembre de 1294, a un bosque de laureles, del latín lauretum, de donde derivó posteriormente el nombre Loreto en Italia.
     El Papa Benedicto XV declaró a Nuestra Señora de Loreto patrona de todos los aeronautas en el año 1920, y ese mismo año el Rey Alfonso XIII creó y puso en marcha el Servicio de Aeronáutica Militar.
     El Santuario de Loreto se encuentra en la localidad italiana del mismo nombre. Desde la Edad Media, se venera en ese Santuario la Santa Casa de Loreto, una construcción que la piedad popular ha identificado con la misma casa de Nazaret en la que vivió Jesús junto a sus padres José y María. En ella se habría producido la Anunciación y la concepción divina de Jesucristo.
     Según el Decreto sobre la celebración de la bienaventurada Virgen María de Loreto para inscribir en el Calendario Romano General, del 31 de octubre de 2019, “este santuario recuerda el misterio de la Encarnación y estimula a todos aquellos que lo visitan a considerar la plenitud del tiempo, cuando Dios mandó a su Hijo, nacido de mujer, y a meditar tanto en la palabra del Ángel que anuncia el Evangelio, como en las palabras de la Virgen, que responde a la llamada divina”.
     “Bajo la sombra del Espíritu Santo, la humilde sierva del Señor se transforma en casa de la divinidad, imagen purísima de la santa Iglesia”.
     En el Decreto se señala que el santuario está “estrechamente vinculado a la Sede Apostólica, alabado por los Sumos Pontífices y conocido universalmente, ha sabido ilustrar de modo excelente, en el curso del tiempo, no menos que Nazaret en Tierra Santa, las virtudes evangélicas de la Sagrada Familia”.
     También se recuerda que “en la Santa Casa, delante de la imagen de la Madre del redentor y de la Iglesia, santos y beatos han respondido a la propia vocación, los enfermos han invocado consuelo en el sufrimiento, el pueblo de Dios ha iniciado a alabar y suplicar a Santa María con las Letanías lauretanas, conocidas en todo el mundo”.
     En particular, “cuantos viajan en avión han encontrado en ella la celestial patrona”.
     La celebración de la Virgen de Loreto “ayudará a todos, especialmente a las familias, los jóvenes, los religiosos, a imitar las virtudes de la perfecta discípula del Evangelio, la Virgen Madre que, concibiendo a la Cabeza de la Iglesia, nos acoge también a nosotros consigo” (Aciprensa). 
     La Santa Casa de Loreto es la misma casa de Nazaret que visitó el Arcángel Gabriel en la Anunciación a la Santísima Virgen María. Es allí donde el Verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros. Allí también vivió la Sagrada Familia a su regreso de Egipto y donde Jesús pasó 30 de sus 33 años junto a La Virgen y San José.
     Pronto La Santa Casa se convirtió en lugar de reunión para la celebración de la Santa Misa de los primeros Cristianos. Podemos imaginarnos con qué amor y veneración cuidaban este Santo Lugar.
     Actualmente la Santa Casa está situada dentro de la Basílica que para ella se construyó en Loreto, Italia. Dentro de la casa de Loreto se venera la pequeña estatua de La Virgen de Loreto. La Santa Casa en Nazaret tenía dos partes: una parte era una pequeña gruta y la segunda parte una pequeña estructura de ladrillos que se extendía desde la entrada de la gruta. La estructura de ladrillos no tenía sino tres paredes, ya que un lado pegaba con la pared de la gruta.
     ¿Cómo llegó la casa de Nazaret a Loreto, Italia? Hay varias tradiciones. Una de ellas habla de ángeles que transportaron la casa por los aires. Pero hay documentos que parecen indicar que el responsable del traslado es un comerciante llamado Nicéforo Angelo del siglo XIII. Quizás su apellido inspiró la idea del traslado por medio de ángeles. En todo caso, tan extraordinaria empresa, sin duda, tuvo la protección y guía del cielo. Ya lo había dicho el ángel a la Virgen en esa misma casa: "Para Dios nada es imposible".
Tratan de destruir la Santa Casa
     La casa de Loreto es sagrada en virtud de quienes en ella habitaron. Muchos consideran la Santa Casa de Loreto como uno de los lugares más sagrados del mundo y Dios no quiso que esta casa fuese profanada o destruida, sino preservada para siempre. El demonio, los hombres, y el mundo usualmente van contra todo lo que Dios quiere y con esta bendita casa no fue diferente. En 1291, los Sarracenos conquistaban la Tierra Santa. Quisieron acabar con toda la historia del cristianismo y la mejor forma para ellos era destruyendo todos los lugares sagrados. Pensaban que eliminando todos los signos visibles del cristianismo, apagarían el amor y la devoción.
     Fueron en busca de cada lugar venerado por su asociación con la vida de Cristo. Cuando llegaron a las proximidades de Nazaret, La Santa Casa no tenía defensa humana. Esta era bien conocida, porque los cristianos desde el tiempo de los Apóstoles la tenían con gran reverencia y celebraban allí la Santa Misa. Los enemigos se decían: "Nunca más los cristianos celebrarán aquí la Anunciación"
     La Basílica construida sobre la Santa Casa ya había sido destruida dos veces antes. La primera vez fue en 1090 A.D. Sin embargo, la casa quedaba intacta. Los cruzados reconstruyeron la Basílica, pero en 1263 fue destruida de nuevo. Una vez más la Santa Casa fue protegida. Esta vez los cruzados no pudieron reconstruir la Basílica y la Santa Casa se quedó sin protección.
La tradición del traslado Angelical
     Según esta tradición, en 1291, cuando los cruzados perdían control sobre la Tierra Santa, Nuestro Señor decidió enviar a los ángeles a proteger su Santa Casa y les dio el mandato de que movieran la casa a un lugar seguro. Llévense la Santa Casa a un lugar seguro, lejos del odio de mis enemigos de esta tierra donde nací. Elévenla sobre los aires, donde no la puedan alcanzar. Que no la vean.
     El 12 de mayo de 1291 los ángeles trasladaron la casa hasta un pequeño poblado llamado Tersatto, en Croacia. Muy temprano en la mañana la descubrieron los vecinos y se asombraron al ver esta Casa sin cimiento y no se explicaban cómo llegó ahí. Se adentraron y vieron un altar de piedra. En el altar había una estatua de cedro de la Virgen María, que tenía al niño Jesús en sus brazos. El niño Jesús tenía sus dos dedos de la mano derecha extendido como bendiciendo. Con su mano izquierda sostenía una esfera de oro representando al mundo. Ambos estaban vestidos como con unas batas y tenían coronas de oro.
     Unos días más tarde, la Virgen María se le apareció a un sacerdote de ese lugar y le explicó de dónde venía la casa. Ella dijo: "Debes saber que la casa que recientemente fue traída a tu tierra es la misma casa en la cual yo nací y crecí. Aquí, en la Anunciación del Arcángel Gabriel, yo concebí al Creador de todas las cosas. Aquí, el Verbo se hizo carne. El altar que fue trasladado con la casa fue consagrado por Pedro, el Príncipe de los Apóstoles. Esta casa ha venido de Nazaret a tu tierra por el poder de Dios, para el cual nada es imposible.
     Ahora, para que tú puedas dar testimonio de todo esto, sé sanado. Tu curación inesperada y repentina confirmará la verdad que yo te he declarado hoy." El sacerdote, que había estado enfermo por mucho tiempo, se sanó inmediatamente y anunció al pueblo el milagro que había ocurrido. Comenzaron las peregrinaciones a la Santa Casa. Los residentes de este pequeño pueblo construyeron sobre la Santa Casa un edificio sencillo para protegerla de los elementos de la naturaleza. Pero la alegría de los croatas duró poco tiempo. Después de tres años y cinco meses de estar la casa en este poblado, en la noche del 10 de diciembre, de 1294, la casa desapareció de Tersatto para nunca más volver.
     Un residente devoto de Tersatto construyó una pequeña iglesia en el lugar donde estuvo la casa, una réplica de esta. Y puso la siguiente inscripción: ¨La Santa Casa de la Virgen María vino de Nazaret el 10 de diciembre de 1291 y estuvo hasta el 10 de diciembre de 1294.¨La gente de Croacia continuó venerando a Nuestra Señora en la réplica de la Santa Casa. Fue tanta su devoción, que el Papa Urbano V envió a la gente de Tersatto una imagen de Nuestra Señora en 1367. Esta imagen se cree fue esculpida por San Lucas.
La Santa Casa es llevada a Italia
     El 10 de diciembre de 1294, unos pastores de la región de Loreto en Italia reportaron que habían visto una casa volando sobre el mar, sostenida por ángeles. Había un ángel vestido con una capa roja (San Miguel) que dirigía a los otros y la Virgen María con el Niño Jesús estaban sentados sobre la casa. Los ángeles bajaron la casa en un lugar llamado Banderuola.
     Muchos llegaban a visitar esta santa casa, pero también habían algunos que llegaban para asaltar a los peregrinos. Por esta razón las personas dejaron de llegar y la casa nuevamente fue trasladada por los ángeles a un cerro en medio de una finca. La Santa Casa no se quedaría aquí por mucho tiempo. La finca era de dos hermanos que comenzaron a discutir sobre quién era el dueño de la casa. Por tercera vez la casa es trasladada a otro cerro y la colocaron en el medio del camino. Ese es el lugar que ha ocupado ya por 700 años.
     Los habitantes de Recanati y Loreto verdaderamente no sabían la historia de la Santa Casa, solo sabían de los milagros que se acontecían ahí. Dos años más tarde, la Virgen María se le apareció a un ermitaño llamado Pablo y le contó el origen y la historia de la Santa Casa: “Se mantuvo en la ciudad de Nazaret hasta que por el permiso de Dios, aquellos que honraban esta casa fueron expulsados por los enemigos. Ya que no se le honraba y estaba en peligro de ser profanada, mi Hijo quiso trasladarla de Nazaret a Yugoslavia y de ahí hasta tu tierra”. Pablo entonces se lo contó a las personas del pueblo y comenzaron a hacer gestiones para verificar la autenticidad de la casa. Fueron primero a Tersatto y luego a Nazaret.
Investigaciones de los expertos
     Los expertos asignados a este proyecto fueron a Tersatto. Ahí les verificaron que las paredes eran de color rojizo y cerca de 16¨ de ancho. Descubrieron también que la replica medía exactamente igual que la de Loreto, 31 ¼ pies de largo por 13 pies y 4 pulgadas de ancho por 28 pies de alto. Tenía una sola puerta de 7 pies de alto y 4 1/2 de ancho. Tenía también una ventana. Todas las descripciones, incluso las de los elementos interiores y las estatuas, coincidían.
     En Nazaret: descubrieron que de verdad era la casa de la Virgen. Las medidas de la fundación eran exactas a las de Loreto y la maqueta construida en Tersatto. Después de 6 meses regresaron a Loreto y declararon la autenticidad de la Santa Casa. Años más tarde, encontraron monedas debajo de la casa, no solo del área de Nazaret, sino que del período en que la casa estuvo en Nazaret. Las piedras y la tierra utilizada para el relleno de la casa era idéntica a las que se usaban en Nazaret en ese tiempo y civilización. La casa no tiene cimientos, ya que estos se quedaron en Nazaret.
Anécdotas de la Santa Casa de Loreto
     Llegó un tiempo en que muchos peregrinos iban a este santuario y el Papa Clemente VII mandó que se cerrara la puerta original y se construyeran tres puertas, ya que solo había un puerta y las personas se peleaban para entrar y salir. Solo había un problema y era que nadie le había pedido permiso a la Virgen María para las alteraciones. Cuando el arquitecto cogió su martillo para comenzar, su mano se marchitó y comenzó a temblar. Enseguida se fue de Loreto y nadie más quiso hacer el trabajo. Tiempo después un clérigo llamado Ventura Barino aceptó hacer el trabajo, pero primero se arrodilló y rezó a la Virgen. Este le dijo que no era su culpa, sino la orden del Papa, que si ella estaba enojada que lo tomara contra el Papa y no contra él¨. El clérigo pudo completar el trabajo. Las personas de Loreto también decidieron proteger la Santa Casa poniéndole una pared de ladrillo, pero después que terminaron con la pared, la pared se separó de la casa. Por eso hay un espacio entre la Santa Casa y la pared que fue construida.
Devolverle a la Virgen lo que es de Ella
     Una historia relata que el Obispo de Portugal visitó la Santa Casa y quiso llevarse una piedra para construir una Iglesia en honor a la Virgen de Loreto. El Papa le dio permiso y el Obispo mandó a su secretario a sacar la piedra y llevársela. El Obispo se enfermó de repente y cuando llegó su secretario casi estaba muerto. El Obispo les pidió a algunas hermanas religiosas que rezaran por él y algunos días después recibió este mensaje: "Nuestra Señora dice, si el Obispo desea recuperarse, debe devolver a la Virgen lo que él se ha llevado". El secretario y el Obispo se asombraron de esto, pues nadie sabía lo de la piedra de la Santa Casa. El secretario se fue inmediatamente de regreso a Loreto con la piedra y cuando llegó, el Obispo estaba completamente sanado. Por esta razón, durante los siglos, los Papas han prohibido, bajo amenaza de excomunión, la extracción de cualquier parte de la Santa Casa.
Un Lugar Sagrado
     La Santa Casa es considerada entre los lugares más sagrados del mundo. Antes de que la Santa Casa fuese trasladada, San Francisco de Asís había profetizado que un día Loreto se iba a llamar el lugar más sagrado del mundo y que por ello debían abrir una casa allí.
     Muchos santos, beatos y Papas han visitado esta casa. Entre ellos: San Francisco de Sales: hizo sus votos de celibato en la Santa Casa; Santa Teresa de Lisieux: antes de ir a pedir permiso al Papa para entrar al Carmelo a la edad de 15 años, visitó la Santa Casa; San Maximiliano Kolbe: en su regreso a la ciudad de la Inmaculada, poco antes de ser llevado al campo de concentración; y muchísimos otros santos.
     El Papa Juan XXIII fue el día antes de convocar el Concilio Vaticano II y pidió a la Virgen de Loreto la protección del Concilio. Juan Pablo II ha visitado muchas veces la Casa de Loreto y ha tenido allí convenciones de jóvenes y familias.
     Muchos peregrinos van cada año a visitar a la Santa Casa. A visitar el lugar donde la Sagrada Familia vivió y a recibir las gracias que Dios les quiere dar. Es una tradición rezar de rodillas el Santo Rosario alrededor de la Casa. Es un rosario penitencial pidiendo la intercesión poderosa de la Stma. Virgen. Procesiones con velas del Santísimo Sacramento forman parte de las celebraciones en la Basílica de la Santa Casa de Loreto.
     La imagen de Nuestra Sra. de Loreto, se encuentra en el interior de la Casa, tiene una la túnica tradicional decorativa. El color oscuro de la imagen representa a la estatua original de madera, que con los siglos se oscureció con el hollín de las lámparas del aceite que se usaba en la capilla. En 1921 se destruyó la estatua original en un incendio, y otra similar fue colocada en el lugar (Catholic.net).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e  Iconografía de la Virgen con el Niño;  
    Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad 
     Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
     En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques. 
     Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
     Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres. 
     Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
     Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
     En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
     Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
     Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
     Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
     A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
     La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones. 
      El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
     Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles. 
     A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
     Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
     A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
     Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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