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sábado, 29 de agosto de 2026

La desaparecida Iglesia de San Juan de Acre, en el también desaparecido barrio homónimo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la desaparecida Iglesia de San Juan de Acre, en el también desaparecido barrio homónimo, de Sevilla.   
     Hoy, 29 de agosto, Memoria del martirio de San Juan Bautista, a quien el rey Herodes Antipas retuvo encarcelado en la fortaleza de Maqueronte, en el actual Israel, y al cual mandó decapitar en el día de su cumpleaños, a petición de la hija de Herodías. De esta suerte, el Precursor del Señor, como lámpara encendida y resplandeciente, tanto en la muerte como en la vida dio testimonio de la verdad (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la desaparecida Iglesia de San Juan de Acre, en el también desaparecido barrio homónimo, de Sevilla.
     La desaparecida Iglesia de San Juan de Acre, se encontraba, aproximadamente, en la calle Mendigorría, s/n; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
Las primeras noticias: siglos XV - XVI
     Los datos con los que contamos para los momentos iniciales del priorato son muy escasos. La primera mención conservada acerca de la iglesia es de principios del siglo XV y es la referida al primer prior de la orden, frey Pedro de Baure, titular en 1421 y al menos desde 1406 de su iglesia prioral, advocada entonces a Santa Ana, que algunos autores consideran que llevaría bastante tiempo erigida (González Carballo 2002a:24).
     La siguiente noticia data de 1526 y es la recogida por Diego Ortiz de Zúñiga sobre la reedificación de la iglesia (Ortiz de Zúñiga, 1988:360):
        "Reedificó este año la Iglesia de San Juan de Acre de esta ciudad, que amenazaba total ruina, Fray Miguel Ximénez, prior de ella y parece que tenía algunos más religioso y forma de convento, según hallo en papeles de aquel tiempo, siendo juntamente parroquial de aquel distrito, exenta del Arzobispo y sujeta a la Religión como siempre lo fue y es dependiente del convento de Santa María del Monte, por razones que no puedo expresar por no haber visto papeles suyos. De los de la Santa Iglesia Catedral consta que el Arzobispo D. Alonso Manrique a instancia del prior Fray Miguel Ximénez concedió indulgencias a los que a su obra acudiesen con limosnas. Tuvieron altar y entierro en esta Iglesia los Cabreras, linaje sevillano aunque avecindado en la villa de Lora y que dio a la Religión de San Juan ilustres caballeros y comendadores."
     En referencia a este mismo acontecimiento, González Carballo comenta que la obra pudo llevarse a cabo, posiblemente, gracias a la generosidad testamentaria de Francisco Bernal, quien dejó una capellanía a dicha iglesia, y a las indulgencias concedidas por el arzobispo Don Alonso Manrique a quienes ayudaran a su obra con limosnas (González Carballo 2002b:253). Asimismo, refiere que aunque las labores comienzan en 1526, a mediados del siglo XVI aún debía encontrarse en obras por un montante de 82.081 maravedíes gastados en reparar la nave mayor (González Carballo 2002b:l69).
     Desconocemos el alcance que tuvieron estos trabajos, aunque por lo que nos transmite Ortiz de Zúñiga, dado el mal estado en el que se encontraba la iglesia primitiva pudo tratarse de la erección de un templo de nueva planta. Es interesante el hecho de que estas obras coinciden con el momento de edificación del barrio sobre los terrenos de la Orden. En este mismo periodo se produce 1a reedificación de las iglesias del Convento de Santa Clara y del Monasterio de San Clemente.
     En cualquier caso, fue en este momento cuando la iglesia adquirió las características formales que mantuvo hasta el siglo XIX.
     Respecto a la planta de la Iglesia sabemos que se trataba de un edificio de dos naves desiguales y bajas, cubiertas por techumbre de madera y teja, separadas por arcos sobre pilares de material (González de León 1844:232-23).
     Contaba con una torre y campanario con dos campanas de la que no es posible precisar si se integraba en el cuerpo principal de la iglesia o se adosaba lateralmente, y con una sacristía y un huerto adyacentes. La puerta principal de la iglesia se situaba a los pies de la nave menor.
     Desde la iglesia se accedía a la Sacristía y al Cementerio.
     Interiormente, la iglesia tenía los altares mayor y menor con sus retablos, y varias capillas, todo ello ornado de diversas esculturas, imágenes y otros motivos artísticos y de culto. Contaba también con varias criptas para los enterramientos principales, y otras separadas para el común, que fueron denominándose de forma diferente con el paso del tiempo. La visita efectuada en 1553 por fray Juan de la Serna y fray Gonzalo de Monroy ofrece gran información acerca de la disposición de estos elementos (González Carballo 2002b:170).
     En la nave mayor se situaba el altar mayor, revestido de azulejos. En él se ubicaba un retablo de lienzo con tres imágenes: una de de la Virgen vestida, San Juan y la de Santa Ana con la Virgen y el niño en brazos.
     En la nave menor estaba el altar de San Juan. Éste se encontraba cerrado con una verja rematada por una imagen de cristo crucificado, tenía un retablo pintado con la figura de Dios Padre y en él un San Juan Bautista de bulto y un crucificado. En algún lugar distinto al retablo se exponía otra imagen pasionista alusiva al Desamparo de la Cruz. Por la descripción que se hace parece que este retablo constaba de una sola calle, un cuerpo central en el que se situaba la imagen del santo y en el ático una pintura con el Padre Eterno.
     El año de la visita de 1553 se estaba construyendo un retablo construido para las imágenes del Santo Cristo de la Columna y la Verónica, que para entonces ya existían en la iglesia.
     Junto con estos existió también un retablo pintado dedicado a San Bartolomé.
     En 1587 sabemos que el Sagrario se ubicaba a la izquierda del altar mayor, en la parte del Evangelio (González Carballo 2002b:170). Ese mismo año una cofradía de legos se había establecido en la iglesia para dar culto al Santísimo Sacramento y entierro digno a sus hermanos. Las actas más antiguas que se conservan de la hermandad datan de 1594. Este tipo de hermandades comienzan a proliferar en las parroquias sevillanas gracias a la labor de Teresa Enríquez, que en 1511 llega a Sevilla con el séquito del Rey Fernando el Católico trayendo una bula papal que la autorizaba a realizar estas fundaciones con las mismas gracias que la de San Lorenzo y Dámaso, de Roma (Roda 1998:27).
     Respecto a las Criptas de enterramientos, tenemos constancia de la existencia para finales del siglo XVI de, al menos, una ubicada en la capilla mayor en la nave de la Epístola. Todos los registros de enterramientos correspondientes a este periodo hacen men­ción a esta bóveda
El momento de apogeo: siglo XVII - inicios siglo XVIII
     Para este periodo contamos con gran cantidad de noticias referidas a la iglesia entre las que destacan las tres visitas que se realizan por parte de los visita­dores generales de la Orden en los años 1648, 1655 y 1677. En ellas se nos da noticia del estado de la iglesia y del funcionamiento de la parroquia. Asimismo, han sido de gran interés los datos aportados por los Libros de Enterramiento de los que se han conservado los comprendidos entre los años de 1570 y 1836 que ofrecen información sobre la localización de las criptas y altares, así como del ritual funerario.
     A través de la documentación recopilada se observan ciertas reformas en la iglesia, fruto de la nueva religiosidad surgida tras el Concilio de Trento (1545-1563), en la que se potencia el culto a la eucaristía. Es por ello que en 1648 se ordena la localización del Sagrario, que estaba colocado en el lateral del evan­gelio, en el altar mayor. Hasta ese momento era habitual que éste no estuviese expuesto en el retablo mayor, sino apartado de los fieles. Con esto se pre­tendía acercar el Santísimo Sacramento al pueblo.
     Para ello, o bien se colocan las sagrarios en el altar mayor, o se realizan capillas sacramentales donde se guarda la eucaristía y el fiel puede tener un encuentro más íntimo con la divinidad.
     En este momento la Hermandad Sacramental de San Juan de Acre se encuentra en un periodo de florecimiento. Prueba de ello es la realización de una capilla para dicha hermandad "entre el altar mayor y la puerta de la torre", es decir, en el muro de la izquierda de la nave de la epístola.
     El retablo de San Juan se mantiene prácticamente tal y como lo describen para el siglo XVI, si bien se añade a ambos lados las esculturas de un San Antonio con un niño Jesús en la mano y la Virgen María.
     Una de las imágenes de mayor devoción será el Santo Cristo de la Columna que, como se ha comentado, tenía retablo propio en la iglesia. Tal es el fervor que en 1649, con motivo de la epidemia de peste que azota la ciudad, la imagen es sacada en procesión. Con este mismo fin se organizó en la ciudad una procesión a la Catedral con la imagen del Santo Cristo de San Agustín, del convento de este nombre, así como con la Virgen de la Hiniesta de la Parroquia de San Julián. Paralelamente, los feligreses de San Juan de Acre organizan, como jurisdicción propia que son, su particular rogativa ante tal calamidad, con su mayor imagen devocional. Así, el Santo Cristo salió de la Parroquia de San Juan para llegar a la capilla de la Virgen de la Estrella, que sería el lugar en el que se celebraría la ceremonia religiosa para pedir el cese de la epidemia.
     A fines del siglo XVII e inicios del siglo XVIII, se funda dentro de la iglesia la Hermanad de la Virgen del Rosario. El auge de los rosarios públicos durante este periodo tendrá su reflejo en la Parroquia de San Juan, en la que se comienza a dar culto a una imagen de la Virgen bajo esta advocación y que junto con la de la Estrella, que se veneraba en su capilla propia, serán los referentes devocionales del compás, sustituyendo al Santo Cristo de la Columna. La imagen estaba situada en una capilla con su retablo correspondiente localizada en la nave de la epístola, frontero al altar mayor.
     A través de menciones puntuales sabemos también que la iglesia constaba de un coro ubicado en la nave menor, un púlpito de madera viejo y una pila bautismal. La presencia de esta última era obligada al tratarse de una iglesia parroquial para la administra­ción del sacramento del bautismo. Sobre ésta se encontraba un armario en el que estaban deposita­das las crismeras de plata, es decir, tres recipientes en los que se guardaba el óleo catecumenal (con el que se unge a los que van a bautizarse), el óleo de enfer­mos (para ungir a los que reciben el Sacramento de la Unción de Enfermos) y el Santo Crisma. La situación de ésta, siguiendo la tradición cristiana, sería a la izquierda de la puerta principal, inmediatamente tras ella. Ello tiene un valor simbólico, ya que el catecúmeno entra a formar parte de la iglesia mediante este acto, de ahí la colocación de la pila a la entrada del templo.
     Respecto a los espacios dedicados a sepultura durante este periodo, las partidas de defunción mencionan la existencia de tres criptas o bóvedas. Una de ellas, la denominada "bóveda de en medio", ubicada en la nave del Evangelio, frente a la puerta principal, debajo del altar de San Juan Bautista. El hecho de que esta capilla sea la mencionada para el entierro de dos priores de la Orden nos hace suponer que se trata de la denominada con posteriori­dad "bóveda prioral".
     Otra era la "bóveda del Santo Cristo de la Columna" que aparece mencionada desde 1627 y que, a par­tir de 1708, pasa a ser la cripta de enterramiento de la Hermandad Sacramental y de la que desconocemos su ubicación. Esta cripta va a ser la más solicitada entre los feligreses durante el siglo XVII, fruto de la gran devoción que había por esta imagen.
     A partir de 1733 se menciona la bóveda de Nuestra Señora del Rosario, ubicada bajo la capilla que tenía dicha imagen a los pies de la nave de la Epístola.
     Estos lugares de sepultura eran espacios privilegia­dos dentro de la iglesia y estaban reservados tradicionalmente a las clases acomodadas y a los miembros de la jerarquía eclesiástica de la Orden. Dentro de la iglesia, la distribución del espacio estaba en relación directa con el nivel económico y social del difunto. Así, el precio pagado por un enterramiento dependía, en buena parte, de su ubicación en el tem­plo, atendiendo a la creencia generalizada de que una mayor cercanía al altar mayor era equivalente a la cercanía con el cielo por ser el lugar sagrado por excelencia. (Bárbara Hernández, 1790).
Decadencia y ruina. Mediados del siglo XVIII - Mediados del siglo XIX
     La decadencia económica, demográfica y social que experimentó la jurisdicción de San Juan de Acre desde la segunda mitad del siglo XVIII, propició el paulatino abandono de su iglesia.
     Entre 1737 y 1749 D. Juan Lombo, Teniente Prior, queda al frente del compás. Durante el ejercicio de su cargo comienzan a detectarse los primeros síntomas del estado de postración que va a sufrir el compás, siendo una muestra el pleito por los "excesos cometidos" por el propio prior.
     En 1752, cuando fray D. Antonio Castaño y Guerrero fue nombrado prior de San Juan de Acre encontró la iglesia "sin pila baptismal ni campana maior, baptizando en una palangana mucho tiempo havía, y toda la yglesia llena de goteras; y la asotea de la torreo campanario hundida, que quando llobía no se podía entrar en dicha yglesia; sus ornamentos todos destrosados y aniquilados".
     Este deterioro estuvo asociado a un declive social y "moral advertido por las autoridades y vecinos del compás,... el experimento que tengo en el tiempo que resido en esta iglesia, es la falta de culto y adoración de los fieles de esta parroquia y sus cercanías, tan indevotos a su concurrencia, que sólo en los casos que por precepto les obligan, concurren a ella. Me informé de los más antiguos en estos contornos si había sido así siem­pre, a que me respondieron que no, y que era principal parte de causales para su tibieza, la falta de misas que en ella había, pues los unos se iban a donde las hallaban a las horas regulares de la mañana, y otros se que­ daban sin hacer la diligencia por no dilatarse a otras iglesias, o por sus ocupaciones u omisiones de sus relajadas devociones..."
     Otro de los síntomas de la decadencia del barrio y del declive económico de la población es la presencia, a partir de mediados del siglo XVIII, de una cripta destinada a los feligreses más pobres. En 1753 aparece la primera mención a "la bóveda común" a la que también se denomina como "bóveda última", localizada a los pies de la iglesia. Parece que es una cripta que se realiza en este momento, apareciendo de manera constante en los registros de enterramiento señalán­dose habitualmente que se trata de entierros de "beneficio" o "de limosna".
     El estado de precariedad en el que se encontraba la iglesia se acentuó terriblemente tras el terremoto de Lisboa, que en 1755 hizo estragos en la ya maltrecha fábrica de la iglesia, a lo que se unió la mala gestión de los escasos recursos con los que contaba la parroquia. En 1776 el maestro alarife Juan de Silva realiza un reconocimiento del templo en el que informa que es necesario, ante el estado de ruina que presenta el edificio, "derrivar dos paredes y levantar las paredes del cuerpo de la iglecia y capilla maior una vara, para dar más corrientte a las aguas". Además, "Las puerttas de la iglecia se hallan tan indecenttes y con tan poca segurida que se halla hacer presiso hacerlas nuevas". Al reconocer el techo encuentra que la mayoría de los elementos de la armadura de madera en ambas naves están "desechos y fuera de su sittio''. Sin embargo, tras este reconocimiento no hay la consiguiente obra de reparación, lo que acarrea que en el año 1789 se caiga la techumbre de la nave menor.
     Otro nuevo desplome tendrá lugar el 9 de Febrero de 1792, en el que "estando tocando a misa el sacristán se vino abajo la mitad del campanario''. Esta situación hace que por primera vez, ante la imposibilidad de acometer la restauración deseada de la iglesia, se plantee el traslado de la parroquia a la vecina capilla de la Virgen de la Estrella, que pertenecía a la jurisdicción. Esto será una constante desde ahora, ante el peligro que representaba para la integridad física de fieles y clero la celebración del culto en tan ruinoso edificio. El 11 de Febrero de este mismo año el maes­tro albañil José de la Chica reconoce la iglesia y orde­na que se derribe una capilla que se estaba comenzando a desplomar considerando que es necesario "desbaratar la armadura que cubre dicha yglesia (...) construyéndolo todo de nuebo''.
     Las autoridades de la encomienda, conscientes de la importancia de conservar y mantener los recintos sagrados, "destruida la iglesia es consiguiente la despoblación del territorio", expusieron en numerosas ocasiones el estado ruinoso de las propiedades de la Orden. Son frecuentes los ruegos a los Grandes Priores de la Orden para que se concedan rentas que permitan su restauración. No obstante, las rentas percibidas no permitieron hacer frente a los gustos derivados del culto religioso (salarios, ostias, ropas, reparos de fábricas) ni atender a los feligreses del compás, "los más pobres del pueblo".
     Tras las continuas súplicas realizadas el 26 de Agosto de 1804, el Infante Don Pedro de Borbón, Gran Prior de la Orden, autoriza el traslado de la parroquia a la vecina Capilla de la Virgen de la Estrella mediante el oficio del Conde de Limera, exponiendo que esta decisión es con carácter provisional, mientras tiene lugar la restauración de la iglesia. Sin embargo, tal restauración nunca llegaría y en 1815 se procedió al derribo de la nave que quedaba considerando que su estado ruinoso impedía cualquier reparación.
     Tres años más tarde se solicita autorización al Infante Carlos María Isidro, para que "habiendo venido a ruina la yglesia de dicha jurisdicción y la casa prioral" pueda ser cedido en censo enfitéutico un solar que ocupa parte de la iglesia. En 1820 se concede licencia para que los materiales de ésta puedan ser enaje­nados.
     El nuevo propietario de los terrenos terminó por arrasar lo poco que debía quedar de la iglesia, ya que como se denunció poco más tarde "(...) tuvo la audacia de romper las bóvedas para sacar el material y extrajo precisamente porque le estorbaban, los cadáve­res, huesos y reliquias para labrar un huerto a su antojo, introduciéndose hasta dos varas de profundidad." El espacio que ocupó la iglesia de San Juan fue así convertido en huerto.
     En las primeras décadas del siglo XIX, en puertas de la promulgación de los decretos desamortizadores  de 1836 que supondrían la extinción de la jurisdicción excepta de San Juan de Acre y la incautación de las propiedades de la orden sanjuanista, el compás presentaba una imagen desoladora (Jesús López. La Iglesia parroquial de San Juan de Acre, en San Juan de Acre. La historia recuperada de un barrio de Sevilla. Ayuntamiento de Sevilla. Sevilla, 2007).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Juan Bautista, precursor del Señor; 
EL ÚLTIMO DE LOS PROFETAS DE ISRAEL Y EL PRECURSOR DEL MESÍAS

   San Juan Bautista (en su traducción de los Cuatro Evangelios -1943-, Hubert Pernot sustituyó la denominación usual de San Juan Bautista por la de San Juan el Inmersor, pero la innovación no tuvo eco), el Precursor o, como dicen los griegos, el Prodromos del Mesías, es la "fíbula" viva que une el Antiguo con el Nuevo Testamento. Pertenece al reino de la Ley y al mismo tiempo al reino de la Gracia: ha vivido sub lege y sub gratia.
   Aunque su historia sea contada en el Nuevo Testamento, no se podría separar de los profetas de la Antigua ley: es el último y el más grande de la estirpe ¿Acaso el propio Cristo no lo ha llamado profeta y más que un profeta? "Hic est enim propheta et plus quam propheta." Pasa por ser la reencarnación del profeta Elías: "Delante del cual irá él, con el espíritu y la virtud de Elías", dice Lucas (1: 17).
   La piedad popular y el arte cristiano siempre le han reservado un lugar aparte de los apóstoles y de los santos. En la Coronación de la Virgen, del primitivo artista de Aviñón Enguerrand Quarton (1453), San Juan esta en las filas de los profetas, en el lado opuesto a San Pedro y a los apóstoles. En la Asunción del Libro de Horas de Étienne Chevalier, Jean Fouquet lo sitúa junto a Moisés. A principios del siglo XVI, en su pintura La Adoración de la Santísima Trinidad por todos los santos o de la Santísima (Allerheiligenbild) en el Museo de Viena, A. Durero, fiel a la tradición, sitúa a Juan el Bautista en la cohorte de los justos del Antiguo Testamento, junto a Moisés y el rey David.
   Pero si Juan Bautista es el último de los profetas, también es el primero de los mártires de la fe de Cristo. Merecería, más que el díácono Esteban, el título de protomártir. La Iglesia le rinde el mismo culto que a los santos. En la hagiografía ocupa un lugar análogo al de San Miguel, venerado como arcángel y como santo al mismo tiempo.
   Así se explica que pueda figurar dos veces en un mismo programa iconográfico, donde representa simultáneamente el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es el caso de la portada de la iglesia de San Servais, de Maastrich, donde se encuentra en los dos derrames: a la izquierda, pisoteando a Herodes y a Herodías, y a la derecha, bautizando a Cristo en el Jordán.
HISTORIA
   La historicidad de San Juan ha sido discutida tanto como la de Cristo. Ciertos mitólogos lo identifican, como a Jonás, con el dios pez babilonio Oannes. 
  El historiador judío Josefo dice sólo que su predicación inspiraba gran esfervecencia en el pueblo, lo cual provocó su detención (Antigüedades judías, Lib. XVIII). Ese relato no concuerda con las fuentes cristianas.
   Brevedad de los Evangelios canónicos. Lo que las Sagradas Escrituras nos enseñan acerca de su vida puede resumirse en pocas palabras.
   Hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, prima de la Virgen María, recibió el nombre de pila Johanan o Jochanaan. Se retiró muy joven al desierto de Judea para llevar allí una vida ascética y predicar la penitencia. En Jesús, que se hizo bautizar por él en el Jordán, reconocía al Cordero de Dios, al Mesías anunciado por los Profetas. Ese acontecimiento capital habría ocurrido en el año 28.
   Arrestado en el 29, en la fortaleza transjordana de Macarea o Macerón (Mekavar) por el tetrarcade Galilea Herodes Antipas, cuyo matrimonio con Herodías, que era su sobrina y su cuñada a la vez (Herodes no podía justificarse por la ley judía de los levitas puesto que Herodías tenía cuatro hijos de su primer matrimonio), se había atrevido a censurar, fue decapitado sin que Jesús interviniese para salvarlo.
   Sólo en Marcos y en Mateo encontramos el relato de la Pasión de Juan desde su detención hasta su decapitación. El cuarto Evangelio no hace ninguna alusión al hecho, y San Pablo calla al respecto.
   Las adiciones de los Apócrifos. Sobre ese delgado cañamazo bíblico la leyenda bordó innumerables anécdotas que inspiraron al arte cristiano durante siglos. 
   Los hagiógrafos desprovistos de imaginación recurrieron a otras fuentes mal disfrazadas. El evangelista Lucas ya había dado un ejemplo en tal sentido, contando el anuncio del nacimiento de San Juan Bautista según el modelo de los nacimientos de Isaac (Gen. 18: 10), de Sansón (Jue. 13:2) y de Samuel (I Rey. :1). El ángel Gabriel se apareció a Zacarías y le anunció el nacimiento de un hijo que se llamaría Juan. Zacarías, tan escéptico como la vieja Sara, respondió que era demasiado anciano, al igual que su mujer, como para creer en esta buena noticia. Para castigarlo por su incredulidad, el ángel le declaró que permanecería mudo hasta el día en que se realizara la promesa divina.
   La Virgen embarazada fue a visitar a su prima Isabel. Al acercarse Jesús, el niño se estremeció de alegría en el vientre de su madre.
   El mismo día de su nacimiento, contrariando la costumbre judía, recibió el nombre de Juan: tan pronto como su padre Zacarías, que hasta entonces permaneciera mudo, lo escribió sobre una tabla, recuperó la palabra; su lengua se liberó y se repuso de su largo silencio profetizando.
   De acuerdo con una tradición que se remonta Orígenes y a San Ambrosio, y que ha sido recogida por Pedro Comestor y por Jacopo de Vorágine en la Leyenda Dorada. el futuro precursor habría sido recibido en su nacimiento por la Virgen María. Buenaventura cuenta que María tomó en sus brazos al hijo de Isabel. El niño fijaba la mirada en ella como si hubiese comprendido quién era y cuando ella quiso devolverlo a su madre, él inclinaba la cabeza hacia la Virgen y sólo parecía encontrar placer en ella.
   Lucas no dice nada acerca de la infancia de Juan Bautista, pero los Apócrifos colman la laguna. Ahí se inventa la huida de Isabel con su hijo en el momento de la Matanza de los Inocentes, fuga poco motivada puesto que habitaban lejos de Belén.
   Retirado en el desierto (o en los bosques), Juan, vestido con una túnica de pelo de camello, se contenta con alimentarse de langostas (este alimento no tiene nada de anormal para un habilitante del desierto. Todavía en la actualidad los árabes comen sin asco alguno langostas secas, limpias de élitros, que se venden a espuertas en los mercados al aire libre o en los zocos. Han seguido "acridófagos". No obstante, numerosos comentaristas piensan que un asceta sólo podía ser vegetariano y pretenden que la palabra akrides ha sido traducida por langostas pero que debería interpretarse como brotes tiernos o frutas silvestres, quizás algarrobas , que en alemán se llaman Johannessbrotfrüchte -panes de San Juan-. Cf. Henri Grégoire, Les sauterelles de saint Jean-Baptiste, 1930. En inglés el algarrobo se denomina locust-tree, y las algarrobas locust-beans) y miel silvestre (locustae et mel sylvestre). Exhorta a la penitencia a sus discípulos, que lo toman por el Mesías, anunciándoles que el Reino de los Cielos está próximo.
   Después del Bautismo de Cristo deja de predicar. Como Natán censurando el adulterio de David, reprocha al tetrarca de Galilea Herodes Antipas el incesto con su cuñada. Para vengarse, Herodías aconseja a su hija Salomé, que había embrujado al tetrarca con su danza, que le pida como recompensa la cabeza de San Juan Bautista.
   Según el Evangelio de Nicodemo, habría precedido a Cristo en los Infiernos, donde habría servido de anunciador, igual que en la tierra.
   El profeta fue perseguido aún después de su muerte: se contaba que el emperador Juliano el Apóstata, para poner fin al culto que se le rendía, hizo desenterrar y quemar sus huesos.
   Puede advertirse lo que agregan los Apócrifos al relato de los Evangelios canónicos: la presencia de la Virgen en el nacimiento de Juan, la leyenda de la montaña que se abre frente a la madre y al niño, su descenso a los Infiernos donde precede y anuncia a Cristo, la incineración de sus reliquias.
   La ciencia moderna. El descubrimiento de los manuscritos hebreos en el desierto de Judá, al fondo de las grutas cavadas en los cantiles del mar Muerto, en 1947, ha renovado nuestro conocimiento de los orígenes del monacato cristiano. Sobre todo se descubrió que las prácticas y enseñanzas de los Esenios había ejercido profunda influencia en la predicación del Bautista. La traducción de los rollos del mar Muerto sin duda confirmará esta filiación espiritual.
CULTO
   San Juan Bautista es el primero en la jerarquía de los santos. Su primado es reconocido por la liturgia. En las Letanías se lo invoca inmediatamente después de los arcángeles, antes que a San José, esposo de la Virgen. En el Confiteor, su nombre es enunciado antes que el de San Pedro, príncipe de los Apóstoles. San Pedro Crisólogo lo glorifica como un superhombre, el igual de los ángeles: major homine, par angelis.
FIESTAS
   Por un privilegio excepcional, la Iglesia celebra el día de su nacimiento y el de su muerte: su Natividad es el 24 de junio, su Decapitación el 29 de agosto. Ahora bien, sólo hay otras dos Natividades inscritas en el calendario litúrgico, la del Mesías y la de la Santa Virgen.
   Antiguamente había incluso otra fiesta de San Juan Bautista, la de la Concepción de San Juan Bautista. Celebrada en Oriente, en el calendario romano ha sido reemplazada por la Visitación, que conmemora implícitamente la santificación de San Juan en el vientre de su madre.
   La fiesta de la Natividad de San Juan, fijada en junio, seis meses antes de la Natividad de Jesús, se llamaba en otros tiempos Navidad de verano. Durand de Mende nos enseña en su Rational (VII, 14) que entonces, como en la Nochebuena, se cantaba un doble oficio: el primero al anochecer y el segundo a medianoche.
   Más popular todavía, la Pasión o Decapitación, celebrada en agosto, reemplaza fiestas paganas que el cristianismo, consciente de la fuerza de su tradición, supo desviar en su provecho. Los fuegos encendidos en las cimas durante el solsticio de verano, después de la puesta de sol, se convirtieron en los fuegos de San Juan.
RELIQUIAS
   El culto de los santos generalmente está fundado en sus milagros y sus reliquias. Ahora bien, los judíos nunca han atribuido al Bautista un solo milagro y sus reliquias habrían sido reducidas a cenizas.
   Un panegirista de San Juan que escribiera en el siglo XII, se alegra de que éste no haya sido elevado al cielo como Cristo, la Virgen y San Juan Evangelista, porque si hubiese resucitado -agrega, ingenuamente- estaríamos privados de sus reliquias.
   A decir verdad, la historia de la combustión de los huesos de San Juan por órdenes de Juliano el Apóstata resultaba muy molesta porque parecía quitar a los santuarios de la cristiandad toda esperanza de conquistar las reliquias del primero de los santos. En verdad, quedaban las cenizas que los genoveses se jactaban de haber recogido. Pero se las arreglaron para sortear el obstáculo: se supuso que la combustión no había sido total y que un discípulo había conseguido sustraer al fuego huesos que fueron transportados a Alejandría y se difundieron y multiplicaron a través del mundo.
   Numerosas iglesias se disputaban la gloria y las ventajas de poseer las reliquias del Precursor. A causa de una confusión de nombre, se considera que la tumba de San Juan Damasceno en la mezquita de los Omeyas de Damasco contiene el cuerpo de San Juan Bautista.
   Los Juanistas o Caballeros de San Juan habrían recogido un brazo en su iglesia de Malta.
   Las pequeñas iglesias se contentaron, modestamente, con los dedos del Precursor. San Juan de Maurienne poseía su pulgar y San Juan del Dedo -en Bretaña- el índice, todavía más precioso, que señaló al Cordero de Dios a orillas del Jordán.
   El duque Juan de Berry legó a los cartujos de París el mentón y las sandalias de su santo patrón contenidos en un relicario de plata.
   Pero la reliquia más codiciada era la cabeza del decapitado que Constantinopla pretendía poseer en el monasterio de Studios.
   Sólo en Italia se conocían cinco ejemplares de su cabeza. En dos iglesias de Roma, S. Silvestre in capite y S. Juan de los Florentinos, en S. Lorenzo de Génova, en S. Marcos de Venecia y en la catedral de Anagni.
   A las pretensiones italianas se oponían las reivindicaciones francesas. En 1204, después de la cuarta Cruzada, un canónigo de Picardía habría llevado desde Constantinopla a Amiens la parte anterior de la cabeza de San Juan Bautista con la marca del cuchillo de Herodías. La parte posterior de la "cabeza del Señor San Jehan" había quedado en Constantinopla. San Luis la adquirió a precio de oro para la Sainte Chapelle; era la pieza más preciosa del tesoro, después de las reliquias de la Pasión.
   Otra cabeza (de otro San Juan), encontrada en 1014 y conservada en un magnífico relicario, atraía a los peregrinos a San Juan de Angély, en Saintonge (Calvino se burla en su Tratado de las Reliquias: "Los de Amiens se jactan de tener el rostro y la máscara que muestran hay una marca de una cuchillada sobre el ojo que dicen que le asestó Herodías. Pero los de San Juan de Angély los contradicen y muestra la misma parte."). Santa Verónica habría aportado a Bazas una "mappula" con la cual habría secado la sangre del Precursor en la prisión.
   En España, la iglesia de San Isidoro de León se jactaba de poseer la mandíbula del Precursor.
   A causa de esta multiplicación, a finales de la Edad Media se contaba doce cabezas y sesenta dedos del Bautista, lo cual es evidentemente excesivo. Pero como sólo se presta a los ricos, se han atribuido al Bautista huesos que pertenecían a sus homónimos, tales como San Juan de Edesa.
LUGARES DE CULTO
   La popularidad de San Juan está probada no sólo por el número paradójico de sus reliquias que parece haber tenido, como el fénix, el privilegio de renacer de sus cenizas, sino además por la multitud de iglesias puestas bajo su advocación.
   Roma no le consagró menos de ocho, la más célebre de las cuales es San Juan de Letrán, madre de todas las iglesias, "omnium ecclesiarum mater et caput", fundada por Constantino, el primer emperador cristiano. En Italia era, además, patrón de Génova, de Florencia -que estampaba en sus florines la imagen de San Juan Bautista- y de Turín, que le dedicó su catedral.
   En Venecia, la iglesia de San Giovanni Decollato se llama en dialecto San Zan Degola.
   En Francia, le están dedicadas numerosas catedrales, especialmente la de Lyon, sede del Primado de las Galias. Además, era venerado en Perpiñán, que le dedicó dos iglesias: San Juan el Viejo y San Juan el Nuevo, en Bazas; San Juan de Angély en Saintonge; San Juan del Dedo en Bretaña, San Juan de Maurienne en el Delfinado y la abadía de San Juan de las Viñas en Soissons.
   A ello hay que agregar que los baptisterios que en otros tiempos se levantaban junto a las catedrales, estaban obligatoriamente consagrados al Bautista: tal es el caso del baptisterio San Juan de Poitiers; de San Giovanni in Fonte, en Ravena, y los baptisterios de Parma, Pisa y Florencia. En Francia se los llamaba San Juan de las Fuentes o San Juan el Redondo, a causa de su planta circular.
   Numerosas órdenes religiosas o militares se vindican de San Juan Bautista: Los caballeros de San Juan de Jerusalén expulsados a Rodas por la reconquista musulmana, que luego pasaran a Malta; los cartujos, cuya devoción se repartía entre San Juan, patrón de los ascetas y San Bruno, fundador (Claus Sluter lo ha representado en la portada de la Cartuja de Dijon como patrón de los Cartujos, protegiendo a Felipe el Atrevido. La cartuja del Valle de la Bendición, fundada por el papa Inocencio VI en Villeneuve de Aviñón, originalmente estaba consagrada a San Juan Bautista; por ello los frescos de la capilla ilustran escenas de su vida. En España, Fernando Gallego pintó para la Cartuja de Miraflores un ciclo de la historia del Bautista) de la orden.
   En 1310, en Haarlem, se fundó una Encomienda de la orden de San Juan. Para ella fue ejecutado el gran retablo de Geertgen Tot sint Jans, uno de cuyos paneles se encuentra en el Museo de Viena.
CULTO POPULAR
   Numerosos santos nunca han recibido más que un culto litúrgico y, por así decir, oficial, pero San Juan Bautista es, por el contrario, el tipo del santo popular.
   Los fuegos de San Juan, las hierbas de San Juan (las verbenas) son una herencia del paganismo que sobrevive en el folklore cristiano.
   Las corporaciones y las cofradías se disputaban el patronato de tan poderoso intercesor: por ello su imagen es tan frecuente en los báculos procesionales de las cofradías.
   San Juan Bautista era el patrón de los sastres porque se vistió a sí mismo en el desierto; de los peleteros, a causa de la túnica de pelo de camello; de los fabricantes de cinturones, zurradores y talabarteros porque llevaba cinturón de cuero; de los cardadores de lana porque tenía un cordero como atributo.
   En Florencia había adquirido la clientela del Arte di Calimala, es decir, del gremio de comerciantes de paño francés.
   En memoria del festín de Herodes, era venerado por los posaderos. La prisión le valió la clientela de los pajareros porque también él había sido metido en una jaula y su decapitación la de los cuchilleros y afiladores porque le habían cortado la cabeza.
   A causa de su prisión y decapitación también era el patrón de los prisioneros y condenados a muerte. Las cofradías de la Misericordia que se habían fijado como misión acompañar a los condenados al suplicio y sepultarlos, habían elegido como emblema la cabeza de San Juan en una bandeja. Por eso la capilla de los Penitentes Negros de Aviñón, adosada a la prisión, está dedicada a San Juan Bautista, y los bajorrelieves de la fachada representan a dos ángeles que llevan su cabeza en una bandeja.
   Sin embargo, a primera vista se explica difícilmente, que también sea el patrón de cantores y músicos. En este sentido, es necesario recordar que los nombres de las notas de la escala han sido tomadas por el monje benedictino Guido d'Arezzo de un himno en su honor: ut (luego do), re, mi, fa, sol, la son las sílabas iniciales de los versos donde se lo celebraba, y la nota si está compuesta por la S y la I de San Juan (Sancte Iohannes), invocada al final de la estrofa.
   Como todos los santos populares, el Bautista era también un santo curador.
   La cabeza de San Juan en una bandeja (Johannischüsse) era objeto de una particular devoción por parte de los fieles que sufrían de migraña o jaqueca: se les presentaba la bandeja de San Juan, y a veces incluso se les colocaba su cabeza de metal hueco para "aspirar" la enfermedad.
   En Amiens, la cabeza de San Juan curaba la epilepsia (se llamaba a la epilepsia el mal de San Juan). En San Juan de las Viñas de Soissons, a donde los pacientes acudían en peregrinación, se lo invocaba contra las enfermedades de garganta, las anginas y los ahogos.
   En el Tirol, los campesinos conseguían la curación de los dolores de cabeza dando tres vueltas en torno al altar con una "Johannisschüssel" (algarroba). Arrojada al agua, la cabeza de San Juan ayudaba a a encontrar los cuerpos de los ahogados.
   A causa del Bautismo en el Jordán, tradicionalmente se consideraba a San Juan protector de las fuentes.
   En Rusia, los popes recomendaban abstenerse de todo fruto o legumbre, pera o calabaza cuya forma pudiera recordar la de la cabeza humana en el día de la fiesta de la Decapitación del Prodromo.
   Si a todas esas creencias populares se suma el hecho de que los nombres de San Juan y Juana eran extremadamente usuales en todos los países y que su empleo hacía que quienes lo eligieran se hicieran pintar bajo la protección de su santo patrón, se explica fácilmente la profusión de imágenes de San Juan en el arte cristiano.
ICONOGRAFÍA
   Tipos
. La mayoría de los santos no tienen más que un tipo iconográfico. A nadie se le ocurriría representar un San Pedro o un San Pablo niños. Pero San Juan Bautista aparece en el arte cristiano, por el contrario, con dos aspectos diferentes: como niño y como adulto, como compañero de juegos del Niño Jesús y con los rasgos de un predicador ascético. Desde este punto de vista puede compararse con David, representado ya como joven pastor vencedor de Goliat, ya como rey coronado tocando el arpa.
San Juanito
   Fue el Renacimiento italiano el que popularizó el tipo del bambino de cabellos rizados jugando respetuosamente con el Niño Jesús bajo la tierna vigilancia de la Madona.
   El tema del pequeño San Juan asociado con el Niño Jesús no tiene fundamentos alguno en la Biblia, porque si hay que creer en el testimonio de San Juan Evangelista (1: 31), el Bautista habría dicho al ver a Jesús avanzar hacia él para ser bautizado en las aguas del Jordán: "Yo no le conocía".
   Pero se explica sin dificultad el atractivo que un tema semejante debía ejercer sobre los pintores de la maternidad y de la infancia. Según Botticelli, fue Leonardo da Vinci quie en su Virgen de las Rocas ha ofrecido el modelo más perfecto de esas Sagradas Familias ampliadas que luego inspiraron a Rafael (bastará recordar la Madonna della Tenda en la Pinacoteca de Munich; la Virgen del vel o y ls Sagrada Familia de Francisco I, en el Museo del Louvre) y a Murillo tantas obras maestras de gracia conmovedora.
   Señalemos sólo que desde el punto de vista iconográfico ese tema se presta a las variaciones más delicadas: San Juanito es ya el compañero del Niño Jesús al que entrega su cordero, ya el adorador de Aquél a quién, a la sazón, confusamente, siente "mayor que él" ¡Pero cuántos matices entre la camaradería y la adoración!
   Aunque los dos niños hayan nacido con algunos meses de intervalo, la diferencia de edades está muy marcada: Juan aparece siempre muy claramente como el mayor.
   Los artistas florentinos del Quattrocento representaron a San Juan adolescente con los rasgos de un efebo imberbe de nerviosa elegancia (Donatello, Verrocchio) o de gracia andrógina (da Vinci).
   En el siglo XVII, Murillo lo transformó en muchacho andaluz.
   En el siglo XIX, los escultores franceses Paul Dubois y Dampt enriquecieron el tema.
San Juan adulto
   Por encantador que resulte el tipo pueril o juvenil del Giovannino italiano, San Juan aparece en el arte cristiano casi siempre con los rasgos de un asceta demacrado "alimentado con langostas y miel silvestre", predicando la penitencia en el desierto de Judea.
   El arte realista de finales de la Edad Media y del Renacimiento lo representa de buena gana como un faquir esquelético, uno yogui hindú o un beduino nómada macilento y quemado por el sol, de barba descuidada y cabellos hirsutos.
   No obstante, ese San Juan ascético de origen oriental estuvo precedido por representaciones de tipo pastoral o sacerdotal en las manifestaciones paleocristianas de Ravena.
   Vestimenta. Según los Evangelios de Mateo (3, 4) y de Marcos (1, 6), está vestido con una túnica corta (exomis). Pero su vestidura característica es un sayo de pelo de camello (trikhinon himation) ajustado en la cintura mediante un cinturón de cuero. (Joannes erat vestitus pilis cameli et zona pellicea circa lumbos ejus.) En el arte pictórico del siglo XV, la piel de la cabeza del camello pende entre sus piernas. La piel manchada de un tigre que viste en un mosaico bizantino de Parenzo, en Istria, es una excepción. El sayo tejido con pelo de camello se reemplazó en Occidente con una piel de oveja o de cabra que le deja los brazos, las piernas y hasta una parte del torso desnudos. El palio púrpura que tiene encima en la escena de la intercesión del Juicio Final, alude a su martirio.
   Atributos. En el arte bizantino, está representado como un ángel con grandes alas (alígero). Esta concepción del Prodromo alado se remonta a una profecía de Malaquías (3:1): "He aquí que envío a mi mensajero para preparar mi camino, el ángel de la Alianza que deseáis." En el principio del Evangelio de San Marcos (1:2), se lo califica de mensajero celestial; no es otra cosa que la traducción literal de las palabras de Cristo que lo glorifica como "el igual de un ángel".
   En su mano, como los santos "cefalóforos", tiene una bandeja con su cabeza cortada: con frecuencia esa bandeja es reemplazada por un cáliz donde reposa como una hostia viva el Niño Jesús desnudo.
   Sus atributos son muy diferentes en el arte de Occidente. El más frecuente es el cordero cruciforme que presenta en un tondo, en un pliegue de su manto, apoyado sobre un libro o derramando su sangre en un cáliz, a sus pies. Ese símbolo es el que conviene más a un Precursor, puesto que saluda a Jesús diciendo: "He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo."
   Con frecuencia tiene una cruz de cañas en la que una filacteria lleva la inscripción: Ecce Agnus Dei. Un panal de miel alude a su alimento en el desierto.
   Por el índice elevado expresa, como el arcángel Gabriel, su misión de Anunciador (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la desaparecida Iglesia de San Juan de Acre, en el también desaparecido barrio homónimo, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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domingo, 16 de agosto de 2026

La pintura "San Roque", de Hernando de Esturmio, en la Iglesia del Convento de Santa Clara

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Roque", de Hernando de Esturmio, en la Iglesia del Convento de Santa Clara, de Sevilla.
     Hoy, 16 de agosto, en Lombardía, en Italia, Memoria de San Roque, que, nacido en Montpellier, en la región francesa del Languedoc, adquirió fama de santidad con su piadosa peregrinación por toda Italia curando a los afectados por la peste (c. 1379) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "San Roque", de Hernando de Esturmio, en la Iglesia del Convento de Santa Clara, de Sevilla.
      El Convento de Santa Clara [nº 56 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 65 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Santa Clara, 40; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
     A los pies del muro derecho (de la Epístola) se sitúa una monumental pintura sobre tabla de San Roque, el protector contra las epidemias de peste, obra del siglo XVI que se atribuye a Hernando de Esturmio y que sigue los modelos habituales de pintura colosal con la que se suele representar a San Cristóbal (Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011).
      La pintura, realizada hacia 1550, con unas medidas de 2,95 x 1,75 mts, representa un amplio paisaje con montañas y una ciudad junto a un río. En primer plano aparece la monumental figura de San Roque, con túnica corta y calzas. Con la mano derecha levanta parte de la túnica para dejar ver las vendas que le cubren las llagas. En la mano izquierda porta un cayado. Se cubre los hombros con un manto, anudado al cuello. A su lado, viendo las llagas, un ángel vestido con túnica larga, sobre otra corta y un pequeño manto sujeto en los antebrazos. A sus pies, un perro acostado, contemplando la escena, con la cabeza levantada (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La intervención sobre la Tabla de San Roque procedente del convento de Santa Clara se ha desarrollado  por encargo del Instituto de la Cultura y de las Artes de Sevilla en colaboración con Real Maestranza de Caballería de Sevilla.
     La obra, de gran valor histórico-artístico, pone de manifiesto la calidad de encargos de bienes muebles que atesoraban los edificios religiosos en la Sevilla del siglo XV. Por sus características morfológicas y estilísticas se puede relacionar con la escuela flamenca y la última etapa artística del pintor Hernando de Esturmio entre 1548 y 1556.
     Es muy probable que proceda de la extinta y muy poco conocida Hermandad de Nuestra Señora de la Estrella y del Señor san Roque establecida en su propia ermita o capilla, bajo la jurisdicción de la también desaparecida parroquia de San Juan de Acre, junto a la puerta de San Juan o de los Ingenios de la ciudad de Sevilla.
     La temática de  la tabla se centra en la  leyenda y el entorno de San Roque, un santo nacido en la ciudad francesa de Montpellier, cuya iconografía tiene su origen en el periodo que pasó apartado al contraer la peste y los elementos que lo caracterizan como la fuente, surgida para aplacar su sed, el perro que le traía pan o el ángel que curaba sus heridas, todos ellos compendiados en la tabla.
     El santo se ha representado como un peregrino, barbado y lleva como atributos un sombrero, manto con esclavina, bordón, calabaza y zurrón; igualmente, es habitual representar al santo con la calza bajada para enseñar en el muslo de una de sus piernas el bubón de peste que propicia su retiro al bosque, que centra la composición.
     La obra está pintada al óleo y realizada sobre un soporte de madera de roble y con telas enlenzada por toda la superficie. Los pigmentos que se utilizan en el cuadro son los habituales de la escuela flamenca, siendo más claros y luminosos en la escuela de los renacentistas flamencos del segundo tercio del siglo XVI, caracterizada por colores brillantes y de una gran calidad en los materiales empleados.
     El dibujo que emplea Esturmio en su obra, en general es muy marcado y conciso, tendente a precisar con nitidez los contornos. La perspectiva es una mezcla de la tradición de los primitivos flamencos de finales del siglo XV y la influencia de la escuela italiana rafaelista. Al fondo aparece un paisaje montañoso en tonos verdes y azulados con gran vegetación y unos edificios idealizados inspirados en grabados, mientras en la cercanía destaca como un manantial a la derecha del santo con elementos vegetales y animales, donde se aprecia una pequeña ave y varios caracoles.
     El desarrollo de este proyecto ha estado dirigido hacia la estabilización y consolidación de los elementos degradados, eliminando numerosas intervenciones realizadas en épocas anteriores que dificultaban el correcto análisis estilístico de la obra.
     Esta intervención ha estado condicionada, además, por el gran formato y peso de la obra, por su fragilidad y características particulares de algunas de las piezas constitutivas y por las intervenciones antiguas a las que había sido sometida.
     En líneas generales el estado de conservación que presentaba esta tabla era pésimo. El deterioro se debía principalmente al proceso natural de envejecimiento y a los daños originados por las intervenciones antrópicas, así como a la afección biológica y microbiológica. 
     El estado de conservación guarda una estrecha relación con los daños presentes en el soporte, ya que éstos se hacen patentes en los estratos superpuestos al mismo.
     Los criterios de intervención aplicables al soporte han sido preferentemente de tipo conservativo, primando aquellos procesos que exigían una mínima intervención, respetando la configuración estructural original del soporte. Excepcionalmente, la actuación ha sido más intervencionista sobre aquellos  problemas de conservación que presentaba el soporte, causados por uno de los principales agentes de destrucción de la madera, los insectos xilófagos, siendo incluso necesaria la sustitución de dos de los travesaños de refuerzo.
     El tratamiento sobre otros elementos de la obra como la capa de protección,  estrato de preparación y capa pictórica, se ha abordado de una forma integral. Para ello se han tenido que acometer procesos de restauración en lo referente a las fases de fijación, limpieza, reposición y reintegración de estos estratos.
     Se diseña y realiza un nuevo sistema de enmarcado, que, además, de controlar en mayor o menor medida los movimientos del soporte pictórico, contribuye a evitar futuros daños ocasionados por la manipulación de la obra (I.A.P.H.).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Roque; 
     Santo antipestoso del siglo XIV cuyas biografías, francesas o italianas, de carácter legendario, se remontan a finales del siglo XV. Puede decirse que "era más conocido por la devoción popular que por la historia de su vida". Algunos historiadores han llegado a sostener que su existencia era tan mítica como la de san Fuerte de Burdeos.
LEYENDA
   Nació en Montpellier hacia 1350 y habría venido al mundo con una pequeña cruz roja sobre el pecho. Quedó huérfano a muy temprana edad. Cuando murieron sus padres repartió la fortuna familiar entre los pobres y los hospitales, vistió hábito de peregrino y en 1367 se dirigió a Roma donde estu­vo tres años, hasta 1371.
   Al llegar a Acquapendente, en los Apeninos, encontró la ciudad devastada por la peste: asistió y animó a los enfermos a quienes curó haciendo la señal de la cruz sobre ellos.
   Al regresar de su peregrinación, en Plasencia sintió los primeros síntomas de la enfermedad. Una noche un ángel le advirtió que le había llegado la hora de sufrir. Aunque se sintió atravesado por el dolor, en vez de quejarse, dio gracias a Dios y se retiró en un bosque impenetrable para morir en soledad y no contagiar a nadie.
   Dios le envió un ángel consolador y curador para que lo asistiese en su soledad, el cual aplicó un bálsamo sobre su herida, y también hizo brotar  una fuente para que Roque pudiera aplacar su sed febril. Además, lo aprovisionó de alimentos: cada día, el perro de un señor de la región le llevaba un pan robado de la mesa de su amo. El perro proveedor tiene en esta leyenda la misma función que el cuervo que alimentó al profeta Elías y a san Pablo ermitaño.
   Restablecido, partió hacia Montpellier donde nadie pudo reconocerle, ni siquiera su tío. Fue denunciado como espía y lo encarcelaron. Un día, su carcelero lo encontró muerto, irradiando una luz sobrenatural.
   En verdad habría muerto en Lombardía (Angeria), hacia 1379.
   Esta leyenda parece copiada en parte de la de san Alejo, quien regresó de los Santos Lugares para morir en Roma como mendigo anónimo, bajo la escalera de la casa paterna.
CULTO
   El culto de «monseñor san Roque, verdadero preservador de pestilencia", se desarrolló tarde, incluso en Montpellier, cuya universidad en 1410 todavía se encomendaba a san Sebastián para hacer que cesara una epidemia de peste. Evidentemente, fue la competencia de un santo universal como, San Sebastián, invocado desde mucho tiempo antes contra las flechas de la  peste, quien postergó el progreso de la devoción a san Roque, aunque éste haya tenido sobre aquélla ventaja de haber curado apestados y de haber contraído él mismo esa terrible enfermedad.
   Hay dos hechos que explican la difusión del culto de san Roque en el siglo XV: la decisión del concilio de Ferrara, que amenazado por una epidemia de peste habría prescrito plegarias públicas para pedir la intercesión del  santo de Montpellier, y el traslado de una parte de sus reliquias a Venecia, en 1485.
   A partir de entonces, las cofradías de san Roque se multiplicaron en Francia, y también en Italia, donde llevan el título de Confraternita o Scuola di San Rocco. El teatro de los autos sacramentales también contribuyó a la popularidad de san Roque. En 1493 se puso en escena un Mystere de Monseigneur saint Roche (Misterio de monseñor san Roque). Una cofradía de san Roque tiene una capilla en la iglesia de los carmelitas de París.
   Este culto popular precedió a su canonización oficial. Fue recién en el siglo XV cuando el papa Gregorio XIII inscribió su nombre en el Martirologio, en el XVII cuando fue canonizado por el papa Urbano VIII.
Lugares de Culto
   En el sur de Francia se dedicaron numerosas capillas al "gentilhombre de Montpellier", al «glorioso san Roque», sobre todo en ocasión de las epidemias de peste de 1630 y de 1720. En París, Luis XIV colocó en 1653 la primera piedra de la iglesia de la calle Saint Honoré, destinada a reemplazar una capilla que se había vuelto demasiado pequeña. En Pontcarré en Brie, los peregrinos pasaban bajo el relicario de san Roque para preservarse del cólera.
   En Italia, Venecia adoptó a san Roque, cuyas reliquias se había procurado en 1485 porque estaba particularmente expuesta a la peste a causa de sus relaciones comerciales con Oriente, cuna de las epidemias. Se glorificaba al santo por haber salvado de la terrible enfemedad, mediante la señal de la cruz, a numerosas ciudades de Italia (multas Italiae urbes a morbo epidemiae signo crucis liberavit).
   El culto de san Roque está probado no sólo en Venecia sino en Portugal (Lisboa), en Alemania (Bingen), donde se realiza una peregrinación en su memoria a Rochusberg, y en Bélgica (Amberes y Huy). No obstante, la extensión del culto de san Roque permaneció limitada a Europa occidental, el Oriente cristiano nunca lo ha reconocido.
Patronazgos
   Algunas corporaciones lo habían adoptado como patrón: los marineros del Loira, los canteros y los empedradores, porque empleaban en su trabajo trozos de roca (roche).
   También se lo consideraba protector de los animales. El 16 de agosto, día de su fiesta, el sacerdote bendecía hierbas: jaramago (fr.: roquette), menta y poleo, que los campesinos mezclaban con el pienso del ganado para preservarlo de las enfermedades contagiosas.
   El culto de san Roque, vinculado con las epidemias de peste, no ha tenido una duración muy larga. Cuando la plaga se volvió más infrecuente y menos mortífera, la devoción al santo declinó. «Passato el pericolo, gabbato il Santo» Tanto más por cuanto san Roque no fue el último de los santos «antipestorosos», tuvo un temible competidor en san Carlos Borromeo, quien diera pruebas de una heroica devoción durante la Peste de Milán: la gloria del arzobispo de Milán, exaltado por el papado y la orden jesuita, eclipsó a la del humilde peregrino de Montpellier.
   San Roque conoció una provisional reanimación de su popularidad en el siglo XIX, con las epidemias de cólera de 1835 y 1854. Es la ley hagiográfica de la transferencia de especialidad lo que explica este fenómeno.
   El culto popular del santo amenazaba extenderse junto con la peste y el cólera, enfermedades de las que era el «preservador». Si sobrevivió en el campo fue porque pasó, por deslizamiento, desde las personas a los animales, a quienes protege contra las epizootias, y a la vid, que inmuniza contra la filoxera.
   Un indicio impresionante de esta decadencia, es que el nombre de pila Roch, que posiblemente haya sido en su origen un apellido: Roq, muy difundido en Montpellier, cayó completamente en desuso, a nadie volvió a ocurrírsele bautizar Roch a su hijo.
ICONOGRAFÍA
   San Roque es uno de los santos más fácilmente reconocibles de la iconografía cristiana. Su atuendo de peregrino, llamado sarrocchino, con sus accesorios tradicionales: bordón, cantimplora y zurrón, podrían hacer que se lo confunda con el apóstol Santiago o san Sebaldo, pero es el único peregrino que muestra en el muslo un bubón pestilente, que a veces venda un ángel, y además es alimentado por un perro que le lleva un pan en las fauces. El bubón, el ángel y el perro nutricio, tales son los atributos distintivos del santo patrón de Montpellier y de Venecia.
   A veces, aunque es infrecuente, lleva en la mano unas tarreñas o tablillas de leproso, atributo que comparte con el pobre Lázaro.
   En las imágenes más antiguas, san Roque está simplemente representado con el atavío tradicional de los peregrinos, el sombrero de ala ancha sobre el cual está aplicada la insignia de las llaves cruzadas que identifica al «romero» en camino hacia la Ciudad Eterna, mientras que la Santa Faz y las conchas recuerdan a otras dos peregrinaciones, a Jerusalén y a Santiago de Compostela. Además, lleva el bordón, la cantimplora y el zurrón.
   Con la mano descubre una úlcera (Pestbeule) que sus biógrafos sitúan en la ingle (peste inguinale), pero que por decencia los artistas trasladan más abajo, al centro del muslo.
   El ángel enfermero y el gozque aprovisionador se sumaron a su iconografía a partir del siglo XVI.
   El ángel que Dios habría enviado a san Roque en el bosque de Plasencia, para curarlo y confortarlo, aparece por primera vez hacia 1550, en un grabado que adorna la portada de su biografía.
   El santo se arrodilla para aplicar sobre la herida del apestado un bálsamo destinado a cicatrizarla mediante un pincel, o bien  la desinfecta con el líquido contenido en un pequeño frasco. A veces, oprime el bubón con los dedos para extraer el pus.
   El perro de san Roque, tan popular como el cerdo de san Antonio, llamado gozque, aunque la palabra no tenga parentesco etimológico alguno con el nombre del santo, sólo se convierte en compañero inseparable de éste en la ima­ginería y las banderas de peregrinación del siglo XVI. A causa de una contaminación con la iconografía del pobre Lázaro, patrón de los «leprosos», a veces el perro lame la úlcera del leproso; pero en la mayoría de los casos, está acuclillado junto a él, y en sus colmillos sostiene el pan cotidiano roba­do a su amo. Así se diferencia del perro de santo Domingo (Domini canis) que tiene manchas blancas y negras, y que en las fauces lleva una antorcha encendida. En una xilografía alemana del siglo XV se yergue en dos patas. Con frecuencia, San Roque ha sido representado aisladamente, pero en los exvotos y retablos, al igual que en la imaginería popular, suele aparecer asociado con sus colegas «antipestosos» san Antonio, san Adrián, y sobre todo San Sebastián (tríptico de Jean Bellegambe en la catedral de Arras; estatua en la iglesia de Saint Riquier (Somme); boceles de la portada de Caudebec; tríptico de Cario Crivelli en la iglesia de San Giacomo dell' Orto, Venecia; postigo de grisalla  del tríptico del Tránsito de la Virgen, de Joos van Cleve, Pinacoteca Munich; políptico de los antonitas de Issenheim, Museo de Colmar).
   La mayoría de las pinturas que lo representan son cuadros votivos dedicados, que se encuentran en las capillas corporativas u hospitales (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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miércoles, 24 de junio de 2026

La desaparecida Puerta de San Juan

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la desaparecida Puerta de San Juan, de Sevilla.
     Hoy, 24 de junio, Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista, Precursor del Señor, que, estando aún en el seno materno, al quedar lleno del Espíritu Santo exultó de gozó por la próxima llegada de la salvación del género humano. Su nacimiento profetizó la Natividad de Cristo el Señor, y su existencia brilló con tal esplendor de gracia que el mismo Jesucristo dijo no haber entre los nacidos de mujer nadie tan grande como Juan el Bautista [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la Puerta de San Juan, de Sevilla
      La Puerta de San Juan, se encontraba al final de la calle Pérez de Garayo, en su confluencia con la avenida de Torneo; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo, de Sevilla.
     Tradicionalmente se situaba al final de la calle Guadalquivir -antigua de la Estrella-, en la plaza de Santiago de la Espada. Sin embargo, reciente­mente se ha propuesto, a partir de un plano de la compañía MZA de 1856 y de las excavaciones en c/Torneo 26, que su emplazamiento correspondería al espacio de la calle Pérez de Garayo.
     Esta puerta no aparece documentada en las fuentes musulmanas, ni en los documentos castellanos del siglo XIII y ni siquiera en los de los siglos XIV y XV, en los que figura con el nombre del "engenno", de manera que no será hasta el siglo XVI cuando se la denomine con el nombre de San Juan.
     En cuanto al origen del primero de los topónimos, la historiografía sevillana se muestra prácticamente unánime al relacionarlo con la existencia, a su altura, de un ingenio del antiguo muelle de la ciudad, y que tenemos documentado al menos desde 1418. Peraza es el único autor que se aparta de esta etimología, al sostener que el origen del nombre obedecía a lo "ingeniosamente" que la puerta estaría hecha para detener las inundaciones, a la vez que con este topónimo designa a la última puerta del lado del río, a la que el resto de la historiografía denomina de la Almenilla o Barqueta.
     En relación al topónimo San Juan, la unanimidad es total entre los historiadores sevillanos al considerar que obedecía a la proximidad de la iglesia de San Juan de Acre.
     Acerca de su primitiva estructura islámica, contamos con testimonios contradictorios. Por una parte, la descripción que de ella hace Peraza: "tiene esta puerta una torre sobre sí con quatro ventanas", que podría coincidir con un documento de los Papeles del Mayordomazgo fechado en 1422, en el que se recoge el importe de unas obras en las casas que estaban encima de esta puerta.
     Sin embargo, testimonios más tardíos hacen referencia a dos torres que la flanqueaban. Así, González de León afirma que "sólo tiene dos castillos para su defensa", mientras que Álvarez- Benavides la describe como "un arco de poco radio y elevación (...) colocado entre dos torreones almenados". De la misma manera en el plano de Olavide y en el de la compañía MZA, la puerta figura flanqueada por dos torres.
     Por mi parte, creo que la puerta primitiva es la que describe Peraza, mientras que la que describen González de León y Álvarez-Benavides podría ser el resultado de las obras que se efectuaron en 1758 en los lienzos de muralla contiguos y que, en lo que a la puerta se refiere, debieron consistir en la apertura de una nueva, puesto que las avenidas del Guadalquivir la habrían hecho intransitable. Por lo tanto, no coincido con quienes consideran que la primitiva puerta estaría flanqueada por dos torres y sería de acceso directo, puesto que a través del testimonio de Peraza parece intuirse que se trataría de una puerta similar a las de Córdoba o del Sol, es decir una torre-puerta, con acceso en recodo único y protegida por barbacana.
     En este sentido, en un documento contenido en los Papeles del Mayordomazgo y fechado en 1386, encontramos una referencia que con­firma que esta puerta era de acceso en recodo: "en las puertas del engenno".
     En cuanto a las inscripciones, sobre esta puerta sabemos que estuvo situada una en árabe.
     Además, en 1758 se colocó una lápida con inscripción en castellano, conmemorativa de las reparaciones que en ella y en los lienzos adyacentes se habían efectuado como consecuencia de la inundación que había tenido lugar ese mismo año, y que estuvo sobre su arco.
     No he localizado noticia alguna de esta lápida, por lo que es muy posible que fuera destruida cuando entre los años 1863 y 1864 se procedió al derribo de la puerta (Daniel Jiménez Maqueda, Estudio histórico-arqueológico de las puertas medievales y postmedievales de las murallas de la ciudad de Sevilla. Guadalquivir Ediciones. Sevilla, 1999).
     Determinados a perseguir los fantasmas de las viejas puertas de la ciudad, decidimos recorrer el perímetro de la desaparecida muralla en sentido inverso al de las agujas del reloj para invo­car así el prodigio que nos permitiera viajar atrás en el tiempo. El empeño fue imposible, pero también es verdad que algunos de los fantasmas acabaron apareciendo.
     Un adefesio característico de los años setenta del siglo pasado y un solar donde, mientras se construyen y no los apartamentos que allí anuncia la valla instalada por su promotor, ha crecido una espesa y selvática vegetación, enmarcan hoy en una de las bocacalles que dan a la avenida Torneo (avenida que en el habla popular sevillana nunca dejó de ser calle) las esquinas del lugar donde antaño se cree que estuvo la Puerta de San Juan, también llamada anteriormente del Ingenio; una de las más enigmáticas y desconocidas puertas que tuvo la muralla de Sevilla. Tan desconocida que de ella no quedó más recuerdo que la somera descripción dejada por el inevitable Álvarez-Benavides, pues fue de las pocas que no retrató Bartolomé Tovar en su, no menos inevitable, colección de litograf ías realizadas en 1878. Una omisión a la que acaso contribuyera el hecho de que para entonces hiciera ya catorce años de su demolición, pasando definitivamente al extenso archivo de pérdidas irreparables sufridas por el patrimonio de Sevilla so pretexto del progreso. Claro que también es cierto que cuando Tovar hizo sus litografías la mayoría de las puertas había corrido ya la misma suerte. La misma mala suerte.
     «La arquitectura de la Puerta de San Juan ofrecía bien poco de notable -dice el referido Álvarez-Benavides- pues solo estaba com­puesta de un arco de poco radio y elevación, colocado entre dos almenados torreones cuadrangulares». No son, evidentemente, las mejores referencias como para considerar la de este postigo como una pérdida irreparable, si bien cabe apreciar cierta parcialidad en la fuente, ya sabemos lo que pasa con el libro de los gustos.
     Otro autor, Ortiz de Zúñiga, refiere en sus Anales la existencia junto a la puerta de una inscripción en árabe, la cual fue traducida por el erudito Rodrigo Caro. Dicha inscripción, que según cuenta Ortiz de Zúñiga, sería robada, decía así: «En el nombre de Dios, piadoso de piedad. Alabanzas de Dios sobre Mahomad. Mandado quedó de mano del señor Mahomad la puerta que hizo el año de la tribulación de los Moros, por agua convenció la ley sobre el hijo de Iuseph Alcafer: Venza su mandado y la tregua entre los Fieles. Después dijo el señor Ali, a quien Dios dé larga vida y lugar venturoso: Mandado fin el bendito con la alabanza de Dios y amparo de su ayuda. Vencedor de la ley, y largueza de vida de ellos, y el mandado de Dios el alto. De mano de Alaziz. Rueguen a él que le dé Dios victoria. Todos quantos entraren de esta puerta hecha de mano del Santo el Peregrino de la casa de Meca. Yo el siervo del temeroso Ellaratene, cumpla con la alabanza de Dios y el amparo de su ayuda, siervo del amoroso, saludo a todos". El que quiera entender, que entienda.
     Álvarez-Benavides nos ofrece otro detalle interesante en rela­ción no tanto con la Puerta de San Juan, sino con la muralla en el sector donde la puerta se abría: "Esta puerta -dice- y su inmediata de la Barqueta estaban unidas por un lienzo de muralla, dándose el detalle de ser circulares los doce torreones que aparecían en los intermedios de aquella mole de granito". O sea, que entre una y otra puerta hubo una interesante colección de torreones, lo cual debió de constituir un curioso espectáculo arquitectónico en este tramo de la muralla que discurría junto al cauce del Guadalquivir.
     El nombre del río lleva precisamente la calle que conduce hasta donde se cree que se hallaba esta puerta, la cual antaño se abría de par en par a un paraje silvestre de la ribera que durante siglos debió de parecerse bastante a esa anárquica y dejada fronda que la crisis hizo brotar en el solar abandonado de su esquina izquierda, entre fachadas recubiertas con pasta impermeabilizante de un estridente color amarillento, que el tiempo hizo virar en dorado, matizando su estridencia.
     Existe, sin embargo, una cierta controversia en torno a la ubica­ción exacta de la Puerta de San Juan. Hay teorías que discuten que estuviera, como muchos aseguran, al final de la calle Guadalquivir. Por ejemplo, la que sostiene Daniel Jiménez Maqueda, basada en trabajos arqueológicos realizados por Fernando Amores en la parcela del número 26 de la calle Torneo, que la sitúan a la altura de la actual calle Pérez de Garayo, en realidad un callejón sin salida, que se abre a la derecha de la calle Guadalquivir unos metros más al norte. Claro que por unos metros no nos vamos a pelear, así que, haciendo esta salvedad, convengamos, como hizo el Ayuntamiento al bautizar con su nombre esta esquina, que la Puerta de San Juan estaba exactamente aquí. Y si no exactamente, más o menos.
     Imaginando el paisaje al que se abría tan ignota puerta, un nuevo enigma se suscita: ¿cuál era entonces su función sino daba a ningún sitio? En primer lugar, eso de que no diera a ningún sitio tampoco es del todo exacto. En realidad, si la puerta estuvo aquí es porque hubo algo antes que ella con lo que la ciudad precisó comunicarse. Ese algo era el antiguo muelle y, en concreto, un artefacto del mismo, denominado engenno, cuya presencia está documentada a partir de 1418. Este ingenio, como podría traducirse, y de hecho se tradujo, prestaría su nombre a la puerta, después de haber motivado su propia existencia, pues de ella no existen noticias hasta bien entrado el siglo XIV, de lo cual se infiere que la Puerta de San Juan se abrió varios siglos después de la conquista de la ciudad por las tropas castellanas. Algo que extraña si se tiene en cuenta que ya en la época musulmana los historiadores ubican el muelle principal del río a esta altura del cauce; ubicación que tiene bastante consistencia, pues lo que hoy en día es la calle Torneo fue durante siglos el sector del casco urbano más próximo al cauce del Guadalquivir. Raro es, por eso, que los musulmanes no abriesen puerta alguna en la muralla que diese a este lugar. Las noticias que nos proporciona Ortiz de Zúñiga refuerzan este parecer: "La (...) llamaban del ingenio (engeño decía el vulgar), porque cerca estaba el antiguo muelle donde se descargaban las mercaderías".
     El tiempo pasó, la ciudad creció, el puerto acabaría siendo trasladado y la muralla en este punto apenas quedó para servir como muro de defensa contra las avenidas del río, reduciendo la importancia y el papel de la Puerta de San Juan a la condición de un mero postigo que comunicaba el ahora solitario páramo selvático de la ribera del Guadalquivir con el infranqueable barrio de San Juan de Acre, una especie de estado libre asociado surgido en este intrincado confín de la ciudad, por el que no era obligado pasar para a ir a ningún sitio, que fue donde vino a establecerse la orden militar que daría nombre a la puerta y el barrio, del que haría su particular predio, radicado en torno a un templo dedicado al santo que dio nombre a la orden.
     Tal fue la autonomía de que gozó la collación de San Juan de Acre que sus habitantes se otorgaron un fuero particular que incluía leyes, impuestos y policía propia. La guardia real no podía atravesar las fronteras de la collación sin una autorización expresa de sus gobernantes. Los habitantes del barrio de San Juan eran en general gentes dedicadas a la fabricación y manufactura de la seda, hecho que hoy en día todavía allí recuerda una calle denominada Arte de la seda. Durante años, aquel fue un negocio próspero, pero cuando decayó, los vecinos de San Juan de Acre vieron acabarse su particular mundo. Ida la prosperidad, no tardarían en caer las fronteras que separaban tan peculiar y reservado universo del resto de la ciudad. De todo aquello hace ya mucho tiempo, demasiado. Tanto que nadie se acuerda; como nadie se acuerda ya, desde hace más de un siglo, de cómo era la Puerta de San Juan. La puerta del fin del mundo. La puerta que daba a ninguna parte. Algo, empero, nos dice hoy que tal vez quede algo de ella aquí debajo, en este promon­torio que desciende hasta el lugar donde se encuentran las calles Guadalquivir, San Vicente (a estas alturas ya Vicentillo) y Pizarra, donde aún se puede aspirar el aroma de las virutas de cedro desbastadas por el maestro arquitecto de retablos Guzmán Bejarano, que aquí labró, con la misma paciencia que los viejos artesanos de la seda, la mayor parte de sus grandes obras. A este, también devastado, paraje se asoman las curiosas trazas del colegio de la Merced, un edificio con demasiadas adherencias pero entre las que son claramente perceptibles unos detalles mudéjares que se antojan coetáneos de la vecina Torre de Don Fadrique.
     Ajena a todo ello y a las órdenes de los semáforos que regulan el escaso tráfico que por aquí sigue pasando, la maleza de la esquina continúa lenta e imperceptiblemente su proceso de anárquica multiplicación, evocando con su selvática estampa el paisaje al que durante siglos dio este vomitorio de la ciudad por el que ahora, como hace desde que fuera demolida la puerta que aquí se alzó, solo regurgita nostalgia por lo que fue una vez y no volverá a ser nunca más, condenada -tal le ocurrió cuando se celebró la Exposición Universal de 1992- a contemplar la vida desde lejos (Juan Miguel Vega, Veintitantas maneras de entrar en Sevilla. El Paseo. Sevilla, 2024). 
        Ubicada en un lugar impreciso en la actual confluencia de las calles Guadalquivir y Torneo, su denominación más antigua fue Puerta del Ingenio al encontrarse frente a ella junto a la orilla del río un artefacto -un ingenio- que se utilizaba para cargar y descargar los barcos, pues en este lugar es­tuvo el muelle de Sevilla hasta el año de 1574. El nombre de San Juan le viene pues junto a ella estuvo el templo y la collación de San Juan de Acre. Su construcción era muy simple. Apenas un arco y sin ornato alguno. A lo largo de la historia sufrió varias transformaciones, la última tuvo lugar el año 1757 por mandato del Asistente D. Pedro Sama­niego, Marqués de Monterreal. En 1850 fue objeto de unas obras de reparación a cargo del arquitecto municipal Balbino Marrón. Catorce años después, en 1864, fue demolida para facilitar la construcción de la vía férrea (Exposición Puertas de Sevilla, ayer y hoy. Sevilla, 2014).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Juan Bautista, precursor del Señor:
EL ÚLTIMO DE LOS PROFETAS DE ISRAEL Y EL PRECURSOR DEL MESÍAS
     San Juan Bautista (en su traducción de los Cuatro Evangelios -1943-, Hubert Pernot sustituyó la denominación usual de San Juan Bautista por la de San Juan el Inmersor, pero la innovación no tuvo eco), el Precursor o, como dicen los griegos, el Prodromos del Mesías, es la "fíbula" viva que une el Antiguo con el Nuevo Testamento. Pertenece al reino de la Ley y al mismo tiempo al reino de la Gracia: ha vivido sub lege y sub gratia. 
     Aunque su historia sea contada en el Nuevo Testamento, no se podría separar de los profetas de la Antigua ley: es el último y el más grande de la estirpe ¿Acaso el propio Cristo no lo ha llamado profeta y más que un profeta? "Hic est enim propheta et plus quam propheta." Pasa por ser la reencarnación del profeta Elías: "Delante del cual irá él, con el espíritu y la virtud de Elías", dice Lucas (1: 17).
     La piedad popular y el arte cristiano siempre le han reservado un lugar aparte de los apóstoles y de los santos. En la Coronación de la Virgen, del primitivo artista de Aviñón Enguerrand Quarton (1453), San Juan esta en las filas de los profetas, en el lado opuesto a San Pedro y a los apóstoles. En la Asunción del Libro de Horas de Étienne Chevalier, Jean Fouquet lo sitúa junto a Moisés. A principios del siglo XVI, en su pintura La Adoración de la Santísima Trinidad por todos los santos o de la Santísima (Allerheiligenbild) en el Museo de Viena, A. Durero, fiel a la tradición, sitúa a Juan el Bautista en la cohorte de los justos del Antiguo Testamento, junto a Moisés y el rey David.
     Pero si Juan Bautista es el último de los profetas, también es el primero de los mártires de la fe de Cristo. Merecería, más que el díácono Esteban, el título de protomártir. La Iglesia le rinde el mismo culto que a los santos. En la hagiografía ocupa un lugar análogo al de San Miguel, venerado como arcángel y como santo al mismo tiempo.
     Así se explica que pueda figurar dos veces en un mismo programa iconográfico, donde representa simultáneamente el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es el caso de la portada de la iglesia de San Servais, de Maastrich, donde se encuentra en los dos derrames: a la izquierda, pisoteando a Herodes y a Herodías, y a la derecha, bautizando a Cristo en el Jordán.
HISTORIA
     La historicidad de San Juan ha sido discutida tanto como la de Cristo. Ciertos mitólogos lo identifican, como a Jonás, con el dios pez babilonio Oannes.
     El historiador judío Josefo dice sólo que su predicación inspiraba gran esfervecencia en el pueblo, lo cual provocó su detención (Antigüedades judías, Lib. XVIII). Ese relato no concuerda con las fuentes cristianas.
     Brevedad de los Evangelios canónicos. Lo que las Sagradas Escrituras nos enseñan acerca de su vida puede resumirse en pocas palabras.
     Hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, prima de la Virgen María, recibió el nombre de pila Johanan o Jochanaan. Se retiró muy joven al desierto de Judea para llevar allí una vida ascética y predicar la penitencia. En Jesús, que se hizo bautizar por él en el Jordán, reconocía al Cordero de Dios, al Mesías anunciado por los Profetas. Ese acontecimiento capital habría ocurrido en el año 28.
     Arrestado en el 29, en la fortaleza transjordana de Macarea o Macerón (Mekavar) por el tetrarca de Galilea Herodes Antipas, cuyo matrimonio con Herodías, que era su sobrina y su cuñada a la vez (Herodes no podía justificarse por la ley judía de los levitas puesto que Herodías tenía cuatro hijos de su primer matrimonio), se había atrevido a censurar, fue decapitado sin que Jesús interviniese para salvarlo.
     Sólo en Marcos y en Mateo encontramos el relato de la Pasión de Juan desde su detención hasta su decapitación. El cuarto Evangelio no hace ninguna alusión al hecho, y San Pablo calla al respecto.
     Las adiciones de los Apócrifos. Sobre ese delgado cañamazo bíblico la leyenda bordó innumerables anécdotas que inspiraron al arte cristiano durante siglos.
   Los hagiógrafos desprovistos de imaginación recurrieron a otras fuentes mal disfrazadas. El evangelista Lucas ya había dado un ejemplo en tal sentido, contando el anuncio del nacimiento de San Juan Bautista según el modelo de los nacimientos de Isaac (Gen. 18: 10), de Sansón (Jue. 13:2) y de Samuel (I Rey. :1). El ángel Gabriel se apareció a Zacarías y le anunció el nacimiento de un hijo que se llamaría Juan. Zacarías, tan escéptico como la vieja Sara, respondió que era demasiado anciano, al igual que su mujer, como para creer en esta buena noticia. Para castigarlo por su incredulidad, el ángel le declaró que permanecería mudo hasta el día en que se realizara la promesa divina.
     La Virgen embarazada fue a visitar a su prima Isabel. Al acercarse Jesús, el niño se estremeció de alegría en el vientre de su madre.
     El mismo día de su nacimiento, contrariando la costumbre judía, recibió el nombre de Juan: tan pronto como su padre Zacarías, que hasta entonces permaneciera mudo, lo escribió sobre una tabla, recuperó la palabra; su lengua se liberó y se repuso de su largo silencio profetizando.
     De acuerdo con una tradición que se remonta Orígenes y a San Ambrosio, y que ha sido recogida por Pedro Comestor y por Jacopo de Vorágine en la Leyenda Dorada. el futuro precursor habría sido recibido en su nacimiento por la Virgen María. Buenaventura cuenta que María tomó en sus brazos al hijo de Isabel. El niño fijaba la mirada en ella como si hubiese comprendido quién era y cuando ella quiso devolverlo a su madre, él inclinaba la cabeza hacia la Virgen y sólo parecía encontrar placer en ella.
     Lucas no dice nada acerca de la infancia de Juan Bautista, pero los Apócrifos colman la laguna. Ahí se inventa la huida de Isabel con su hijo en el momento de la Matanza de los Inocentes, fuga poco motivada puesto que habitaban lejos de Belén.
   Retirado en el desierto (o en los bosques), Juan, vestido con una túnica de pelo de camello, se contenta con alimentarse de langostas (este alimento no tiene nada de anormal para un habilitante del desierto. Todavía en la actualidad los árabes comen sin asco alguno langostas secas, limpias de élitros, que se venden a espuertas en los mercados al aire libre o en los zocos. Han seguido "acridófagos". No obstante, numerosos comentaristas piensan que un asceta sólo podía ser vegetariano y pretenden que la palabra akrides ha sido traducida por langostas pero que debería interpretarse como brotes tiernos o frutas silvestres, quizás algarrobas , que en alemán se llaman Johannessbrotfrüchte -panes de San Juan-. Cf. Henri Grégoire, Les sauterelles de saint Jean-Baptiste, 1930. En inglés el algarrobo se denomina locust-tree, y las algarrobas locust-beans) y miel silvestre (locustae et mel sylvestre). Exhorta a la penitencia a sus discípulos, que lo toman por el Mesías, anunciándoles que el Reino de los Cielos está próximo.
     Después del Bautismo de Cristo deja de predicar. Como Natán censurando el adulterio de David, reprocha al tetrarca de Galilea Herodes Antipas el incesto con su cuñada. Para vengarse, Herodías aconseja a su hija Salomé, que había embrujado al tetrarca con su danza, que le pida como recompensa la cabeza de San Juan Bautista.
     Según el Evangelio de Nicodemo, habría precedido a Cristo en los Infiernos, donde habría servido de anunciador, igual que en la tierra.
     El profeta fue perseguido aún después de su muerte: se contaba que el emperador Juliano el Apóstata, para poner fin al culto que se le rendía, hizo desenterrar y quemar sus huesos.
     Puede advertirse lo que agregan los Apócrifos al relato de los Evangelios canónicos: la presencia de la Virgen en el nacimiento de Juan, la leyenda de la montaña que se abre frente a la madre y al niño, su descenso a los Infiernos donde precede y anuncia a Cristo, la incineración de sus reliquias.
     La ciencia moderna. El descubrimiento de los manuscritos hebreos en el desierto de Judá, al fondo de las grutas cavadas en los cantiles del mar Muerto, en 1947, ha renovado nuestro conocimiento de los orígenes del monacato cristiano. Sobre todo se descubrió que las prácticas y enseñanzas de los Esenios había ejercido profunda influencia en la predicación del Bautista. La traducción de los rollos del mar Muerto sin duda confirmará esta filiación espiritual.
CULTO
     San Juan Bautista es el primero en la jerarquía de los santos. Su primado es reconocido por la liturgia. En las Letanías se lo invoca inmediatamente después de los arcángeles, antes que a San José, esposo de la Virgen. En el Confiteor, su nombre es enunciado antes que el de San Pedro, príncipe de los Apóstoles. San Pedro Crisólogo lo glorifica como un superhombre, el igual de los ángeles: major homine, par angelis.
FIESTAS
     Por un privilegio excepcional, la Iglesia celebra el día de su nacimiento y el de su muerte: su Natividad es el 24 de junio, su Decapitación el 29 de agosto. Ahora bien, sólo hay otras dos Natividades inscritas en el calendario litúrgico, la del Mesías y la de la Santa Virgen.
     Antiguamente había incluso otra fiesta de San Juan Bautista, la de la Concepción de San Juan Bautista. Celebrada en Oriente, en el calendario romano ha sido reemplazada por la Visitación, que conmemora implícitamente la santificación de San Juan en el vientre de su madre.
     La fiesta de la Natividad de San Juan, fijada en junio, seis meses antes de la Natividad de Jesús, se llamaba en otros tiempos Navidad de verano. Durand de Mende nos enseña en su Rational (VII, 14) que entonces, como en la Nochebuena, se cantaba un doble oficio: el primero al anochecer y el segundo a medianoche.
     Más popular todavía, la Pasión o Decapitación, celebrada en agosto, reemplaza fiestas paganas que el cristianismo, consciente de la fuerza de su tradición, supo desviar en su provecho. Los fuegos encendidos en las cimas durante el solsticio de verano, después de la puesta de sol, se convirtieron en los fuegos de San Juan.
RELIQUIAS
     El culto de los santos generalmente está fundado en sus milagros y sus reliquias. Ahora bien, los judíos nunca han atribuido al Bautista un solo milagro y sus reliquias habrían sido reducidas a cenizas.
     Un panegirista de San Juan que escribiera en el siglo XII, se alegra de que éste no haya sido elevado al cielo como Cristo, la Virgen y San Juan Evangelista, porque si hubiese resucitado -agrega, ingenuamente- estaríamos privados de sus reliquias.
     A decir verdad, la historia de la combustión de los huesos de San Juan por órdenes de Juliano el Apóstata resultaba muy molesta porque parecía quitar a los santuarios de la cristiandad toda esperanza de conquistar las reliquias del primero de los santos. En verdad, quedaban las cenizas que los genoveses se jactaban de haber recogido. Pero se las arreglaron para sortear el obstáculo: se supuso que la combustión no había sido total y que un discípulo había conseguido sustraer al fuego huesos que fueron transportados a Alejandría y se difundieron y multiplicaron a través del mundo.
     Numerosas iglesias se disputaban la gloria y las ventajas de poseer las reliquias del Precursor. A causa de una confusión de nombre, se considera que la tumba de San Juan Damasceno en la mezquita de los Omeyas de Damasco contiene el cuerpo de San Juan Bautista.
     Los Juanistas o Caballeros de San Juan habrían recogido un brazo en su iglesia de Malta.
     Las pequeñas iglesias se contentaron, modestamente, con los dedos del Precursor. San Juan de Maurienne poseía su pulgar y San Juan del Dedo -en Bretaña- el índice, todavía más precioso, que señaló al Cordero de Dios a orillas del Jordán.
     El duque Juan de Berry legó a los cartujos de París el mentón y las sandalias de su santo patrón contenidos en un relicario de plata.
     Pero la reliquia más codiciada era la cabeza del decapitado que Constantinopla pretendía poseer en el monasterio de Studios.
     Sólo en Italia se conocían cinco ejemplares de su cabeza. En dos iglesias de Roma, S. Silvestre in capite y S. Juan de los Florentinos, en S. Lorenzo de Génova, en S. Marcos de Venecia y en la catedral de Anagni.
     A las pretensiones italianas se oponían las reivindicaciones francesas. En 1204, después de la cuarta Cruzada, un canónigo de Picardía habría llevado desde Constantinopla a Amiens la parte anterior de la cabeza de San Juan Bautista con la marca del cuchillo de Herodías. La parte posterior de la "cabeza del Señor San Jehan" había quedado en Constantinopla. San Luis la adquirió a precio de oro para la Sainte Chapelle; era la pieza más preciosa del tesoro, después de las reliquias de la Pasión.
     Otra cabeza (de otro San Juan), encontrada en 1014 y conservada en un magnífico relicario, atraía a los peregrinos a San Juan de Angély, en Saintonge (Calvino se burla en su Tratado de las Reliquias: "Los de Amiens se jactan de tener el rostro y la máscara que muestran hay una marca de una cuchillada sobre el ojo que dicen que le asestó Herodías. Pero los de San Juan de Angély los contradicen y muestra la misma parte."). Santa Verónica habría aportado a Bazas una "mappula" con la cual habría secado la sangre del Precursor en la prisión.
     En España, la iglesia de San Isidoro de León se jactaba de poseer la mandíbula del Precursor.
     A causa de esta multiplicación, a finales de la Edad Media se contaba doce cabezas y sesenta dedos del Bautista, lo cual es evidentemente excesivo. Pero como sólo se presta a los ricos, se han atribuido al Bautista huesos que pertenecían a sus homónimos, tales como San Juan de Edesa.
LUGARES DE CULTO
     La popularidad de San Juan está probada no sólo por el número paradójico de sus reliquias que parece haber tenido, como el fénix, el privilegio de renacer de sus cenizas, sino además por la multitud de iglesias puestas bajo su advocación.
     Roma no le consagró menos de ocho, la más célebre de las cuales es San Juan de Letrán, madre de todas las iglesias, "omnium ecclesiarum mater et caput", fundada por Constantino, el primer emperador cristiano. En Italia era, además, patrón de Génova, de Florencia -que estampaba en sus florines la imagen de San Juan Bautista- y de Turín, que le dedicó su catedral.
     En Venecia, la iglesia de San Giovanni Decollato se llama en dialecto San Zan Degola.
     En Francia, le están dedicadas numerosas catedrales, especialmente la de Lyon, sede del Primado de las Galias. Además, era venerado en Perpiñán, que le dedicó dos iglesias: San Juan el Viejo y San Juan el Nuevo, en Bazas; San Juan de Angély en Saintonge; San Juan del Dedo en Bretaña, San Juan de Maurienne en el Delfinado y la abadía de San Juan de las Viñas en Soissons.
     A ello hay que agregar que los baptisterios que en otros tiempos se levantaban junto a las catedrales, estaban obligatoriamente consagrados al Bautista: tal es el caso del baptisterio San Juan de Poitiers; de San Giovanni in Fonte, en Ravena, y los baptisterios de Parma, Pisa y Florencia. En Francia se los llamaba San Juan de las Fuentes o San Juan el Redondo, a causa de su planta circular.
     Numerosas órdenes religiosas o militares se vindican de San Juan Bautista: Los caballeros de San Juan de Jerusalén expulsados a Rodas por la reconquista musulmana, que luego pasaran a Malta; los cartujos, cuya devoción se repartía entre San Juan, patrón de los ascetas y San Bruno, fundador (Claus Sluter lo ha representado en la portada de la Cartuja de Dijon como patrón de los Cartujos, protegiendo a Felipe el Atrevido. La cartuja del Valle de la Bendición, fundada por el papa Inocencio VI en Villeneuve de Aviñón, originalmente estaba consagrada a San Juan Bautista; por ello los frescos de la capilla ilustran escenas de su vida. En España, Fernando Gallego pintó para la Cartuja de Miraflores un ciclo de la historia del Bautista) de la orden.
     En 1310, en Haarlem, se fundó una Encomienda de la orden de San Juan. Para ella fue ejecutado el gran retablo de Geertgen Tot sint Jans, uno de cuyos paneles se encuentra en el Museo de Viena.
CULTO POPULAR
   Numerosos santos nunca han recibido más que un culto litúrgico y, por así decir, oficial, pero San Juan Bautista es, por el contrario, el tipo del santo popular.
     Los fuegos de San Juan, las hierbas de San Juan (las verbenas) son una herencia del paganismo que sobrevive en el folklore cristiano.
     Las corporaciones y las cofradías se disputaban el patronato de tan poderoso intercesor: por ello su imagen es tan frecuente en los báculos procesionales de las cofradías.
     San Juan Bautista era el patrón de los sastres porque se vistió a sí mismo en el desierto; de los peleteros, a causa de la túnica de pelo de camello; de los fabricantes de cinturones, zurradores y talabarteros porque llevaba cinturón de cuero; de los cardadores de lana porque tenía un cordero como atributo.
     En Florencia había adquirido la clientela del Arte di Calimala, es decir, del gremio de comerciantes de paño francés.
     En memoria del festín de Herodes, era venerado por los posaderos. La prisión le valió la clientela de los pajareros porque también él había sido metido en una jaula y su decapitación la de los cuchilleros y afiladores porque le habían cortado la cabeza.
     A causa de su prisión y decapitación también era el patrón de los prisioneros y condenados a muerte. Las cofradías de la Misericordia que se habían fijado como misión acompañar a los condenados al suplicio y sepultarlos, habían elegido como emblema la cabeza de San Juan en una bandeja. Por eso la capilla de los Penitentes Negros de Aviñón, adosada a la prisión, está dedicada a San Juan Bautista, y los bajorrelieves de la fachada representan a dos ángeles que llevan su cabeza en una bandeja.
     Sin embargo, a primera vista se explica difícilmente, que también sea el patrón de cantores y músicos. En este sentido, es necesario recordar que los nombres de las notas de la escala han sido tomadas por el monje benedictino Guido d'Arezzo de un himno en su honor: ut (luego do), re, mi, fa, sol, la son las sílabas iniciales de los versos donde se lo celebraba, y la nota si está compuesta por la S y la I de San Juan (Sancte Iohannes), invocada al final de la estrofa.
     Como todos los santos populares, el Bautista era también un santo curador.
     La cabeza de San Juan en una bandeja (Johannischüsse) era objeto de una particular devoción por parte de los fieles que sufrían de migraña o jaqueca: se les presentaba la bandeja de San Juan, y a veces incluso se les colocaba su cabeza de metal hueco para "aspirar" la enfermedad.
     En Amiens, la cabeza de San Juan curaba la epilepsia (se llamaba a la epilepsia el mal de San Juan). En San Juan de las Viñas de Soissons, a donde los pacientes acudían en peregrinación, se lo invocaba contra las enfermedades de garganta, las anginas y los ahogos.
     En el Tirol, los campesinos conseguían la curación de los dolores de cabeza dando tres vueltas en torno al altar con una "Johannisschüssel" (algarroba). Arrojada al agua, la cabeza de San Juan ayudaba a a encontrar los cuerpos de los ahogados.
     A causa del Bautismo en el Jordán, tradicionalmente se consideraba a San Juan protector de las fuentes.
     En Rusia, los popes recomendaban abstenerse de todo fruto o legumbre, pera o calabaza cuya forma pudiera recordar la de la cabeza humana en el día de la fiesta de la Decapitación del Prodromo.
     Si a todas esas creencias populares se suma el hecho de que los nombres de San Juan y Juana eran extremadamente usuales en todos los países y que su empleo hacía que quienes lo eligieran se hicieran pintar bajo la protección de su santo patrón, se explica fácilmente la profusión de imágenes de San Juan en el arte cristiano.
ICONOGRAFÍA
     Tipos. La mayoría de los santos no tienen más que un tipo iconográfico. A nadie se le ocurriría representar un San Pedro o un San Pablo niños. Pero San Juan Bautista aparece en el arte cristiano, por el contrario, con dos aspectos diferentes: como niño y como adulto, como compañero de juegos del Niño Jesús y con los rasgos de un predicador ascético. Desde este punto de vista puede compararse con David, representado ya como joven pastor vencedor de Goliat, ya como rey coronado tocando el arpa.
San Juanito
     Fue el Renacimiento italiano el que popularizó el tipo del bambino de cabellos rizados jugando respetuosamente con el Niño Jesús bajo la tierna vigilancia de la Madona.
     El tema del pequeño San Juan asociado con el Niño Jesús no tiene fundamentos alguno en la Biblia, porque si hay que creer en el testimonio de San Juan Evangelista (1: 31), el Bautista habría dicho al ver a Jesús avanzar hacia él para ser bautizado en las aguas del Jordán: "Yo no le conocía".
     Pero se explica sin dificultad el atractivo que un tema semejante debía ejercer sobre los pintores de la maternidad y de la infancia. Según Botticelli, fue Leonardo da Vinci quien en su Virgen de las Rocas ha ofrecido el modelo más perfecto de esas Sagradas Familias ampliadas que luego inspiraron a Rafael (bastará recordar la Madonna della Tenda en la Pinacoteca de Munich; la Virgen del velo y la Sagrada Familia de Francisco I, en el Museo del Louvre) y a Murillo tantas obras maestras de gracia conmovedora.
     Señalemos sólo que desde el punto de vista iconográfico ese tema se presta a las variaciones más delicadas: San Juanito es ya el compañero del Niño Jesús al que entrega su cordero, ya el adorador de Aquél a quién, a la sazón, confusamente, siente "mayor que él" ¡Pero cuántos matices entre la camaradería y la adoración!
     Aunque los dos niños hayan nacido con algunos meses de intervalo, la diferencia de edades está muy marcada: Juan aparece siempre muy claramente como el mayor.
     Los artistas florentinos del Quattrocento representaron a San Juan adolescente con los rasgos de un efebo imberbe de nerviosa elegancia (Donatello, Verrocchio) o de gracia andrógina (da Vinci).
     En el siglo XVII, Murillo lo transformó en muchacho andaluz.
     En el siglo XIX, los escultores franceses Paul Dubois y Dampt enriquecieron el tema.
San Juan adulto
     Por encantador que resulte el tipo pueril o juvenil del Giovannino italiano, San Juan aparece en el arte cristiano casi siempre con los rasgos de un asceta demacrado "alimentado con langostas y miel silvestre", predicando la penitencia en el desierto de Judea.
     El arte realista de finales de la Edad Media y del Renacimiento lo representa de buena gana como un faquir esquelético, uno yogui hindú o un beduino nómada macilento y quemado por el sol, de barba descuidada y cabellos hirsutos.
     No obstante, ese San Juan ascético de origen oriental estuvo precedido por representaciones de tipo pastoral o sacerdotal en las manifestaciones paleocristianas de Ravena.
     Vestimenta. Según los Evangelios de Mateo (3, 4) y de Marcos (1, 6), está vestido con una túnica corta (exomis). Pero su vestidura característica es un sayo de pelo de camello (trikhinon himation) ajustado en la cintura mediante un cinturón de cuero. (Joannes erat vestitus pilis cameli et zona pellicea circa lumbos ejus.) En el arte pictórico del siglo XV, la piel de la cabeza del camello pende entre sus piernas. La piel manchada de un tigre que viste en un mosaico bizantino de Parenzo, en Istria, es una excepción. El sayo tejido con pelo de camello se reemplazó en Occidente con una piel de oveja o de cabra que le deja los brazos, las piernas y hasta una parte del torso desnudos. El palio púrpura que tiene encima en la escena de la intercesión del Juicio Final, alude a su martirio.
     Atributos. En el arte bizantino, está representado como un ángel con grandes alas (alígero). Esta concepción del Prodromo alado se remonta a una profecía de Malaquías (3:1): "He aquí que envío a mi mensajero para preparar mi camino, el ángel de la Alianza que deseáis." En el principio del Evangelio de San Marcos (1:2), se lo califica de mensajero celestial; no es otra cosa que la traducción literal de las palabras de Cristo que lo glorifica como "el igual de un ángel".
     En su mano, como los santos "cefalóforos", tiene una bandeja con su cabeza cortada: con frecuencia esa bandeja es reemplazada por un cáliz donde reposa como una hostia viva el Niño Jesús desnudo.
     Sus atributos son muy diferentes en el arte de Occidente. El más frecuente es el cordero cruciforme que presenta en un tondo, en un pliegue de su manto, apoyado sobre un libro o derramando su sangre en un cáliz, a sus pies. Ese símbolo es el que conviene más a un Precursor, puesto que saluda a Jesús diciendo: "He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo."
     Con frecuencia tiene una cruz de cañas en la que una filacteria lleva la inscripción: Ecce Agnus Dei. Un panal de miel alude a su alimento en el desierto.
     Por el índice elevado expresa, como el arcángel Gabriel, su misión de Anunciador (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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