Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Sepulcro del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, en la Capilla de la Virgen de la Antigua, de la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla.
Hoy, 3 de noviembre, es el aniversario del testamento (3 de noviembre de 1739) del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Sepulcro del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, en la Capilla de la Virgen de la Antigua, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
La Catedral de Santa María de la Sede [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de la Antigua [nº 048 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Cuando estaba dedicada a san Pedro albergó los altares de la Virgen de la Antigua (capilla de san Pedro) y de la Alcobilla, es decir, de la qubba que fue mihrab de la aljama. Sus patronos, entre otros muchos clérigos, han sido los arzobispos Hurtado de Mendoza, Zúñiga y Avellaneda y Salcedo y Azcona, que en ella están enterrados (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
En la Capilla de la Virgen la antigua, podemos contemplar el Sepulcro del Cardenal D. Luis de Salcedo y Azcona, en el paramento de la Epístola de la Capilla de la Virgen de la Antigua.
Fue encargado a Pedro Duque Cornejo y Roldán en 1734, tomando por modelo el que Fancelli compuso para el Cardenal Hurtado de Mendoza, existente en el paramento frontero de la citada Capilla, y como él, constituido por un gran arco de medio punto, según la fórmula de los sepulcros parietales, utilizados frecuentemente en el Renacimiento.
La parte escultórica está constituida por la figura yacente del Prelado, revestido con ornamentos pontificales, seis imágenes de santos situadas entre las columnas y las jambas, las historias de la Asunción (bajo el medio punto), Anunciación, Visitación y los Apóstoles en torno al sepulcro de María, en sendas cartelas, colocadas en el tablero de fondo, mas toda la ornamentación que campea en fustes columnarios, arquivoltas, enjutas y cresterías, tratando de coordinar con aquel. Es obra torpe, sin distinción alguna, inspirada en análogos temas de la imaginería sevillana. El estado de conservación es malo, sobre todo en la parte derecha, por su profunda erosión que afecta a esculturas, elementos arquitectónicos y decoración. Los citados relieves marianos son finos y bien tratados, minituarizando; las figuras de los interespacios están inspiradas en las de Fancelli y Nicolás de León (capillas del alabastro) aunque quedan muy lejos de ellas; destacan por su mayor finura las de San Juan Evangelista y Santiago el Menor; otras no son identificables, por la referida erosión o ausencia de símbolos parlantes.
El cadáver del Arzobispo fue sepultado en 1741 [José Hernández Díaz, Retablos y Esculturas, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1991].
Conozcamos mejor la Biografía del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, personaje protagonista de la obra reseñada;
Luis de Salcedo y Azcona (Valladolid, 9 de diciembre de 1667-Sevilla, 1741) fue un religioso y mecenas español.
Segundo hijo del Primer titular del Condado de Gómara Luis de Salcedo y Arbizu. Estudió en el Colegio Mayor de San Bartolomé de Salamanca (1686-1689), fue Oidor de la Audiencia de Sevilla (1694) y Granada (1699), siendo después Obispo de Coria, luego en propiedad de Santiago, de donde fue promovido á Sevilla el año de 1722.
Siendo Obispo de Coria realizó un memorable Inventario artístico durante una visita pastoral realizada a lo largo de su episcopado (1713-1716).
Encargó el nuevo órgano para la Catedral de Sevilla, que realizó el organero Fray Domingo de Aguirre, siendo el diseñador de la caja, Luis de Vílchez y el decorador Pedro Duque y Cornejo. Los pórticos de ingreso se deben al arquitecto Diego Antonio Díaz.
A este mismo arquitecto encargó la realización de la Iglesia Parroquial de Umbrete, así como la reconstrucción del palacio del Arzobispo de esta localidad, cuyas obras comenzaron en el año de 1723 cuando de Salcedo y Azcona tomó posesión del Arzobispado de Sevilla y ordena a D. Diego Antonio Díaz, maestro mayor de fábrica, que haga los planos del Palacio para residencia y lugar de descanso de arzobispos y venerables sacerdotes. El diseño del edificio recuerda bastante en su estructura y forma al Palacio Arzobispal de Sevilla y se une a la Parroquia por un bello arco cuya función era permitir el paso, cuando se encontraba de visita en la villa.
Asimismo financió la realización del gran retablo de la capilla de la Virgen de la Antigua de la Catedral, de cuya advocación era fiel devoto; un valioso retablo ejecutado en el año 1738, según diseño de Juan Fernández de Iglesias y con esculturas de Pedro Duque Cornejo.
Luis de Salcedo y Azcona murió en Sevilla en el año 1741, y su cuerpo se halla enterrado en la capilla de la Virgen de la Antigua de la catedral Hispalense, bajo el sepulcro realizado por aquella fecha por el propio Duque Cornejo.
Le sucedió al frente del arzobispado hispalense Luis de Borbón y Farnesio, Arzobispo de Sevilla entre los años 1741 y 1754.
Conozcamos mejor la Biografía de Duque Cornejo, autor de la obra reseñada;
Pedro Duque Cornejo, (Sevilla, 14 de agosto de 1678 – Córdoba, 1757). Escultor y arquitecto.
Perteneciente a una de las estirpes de artistas más importantes del barroco andaluz, Duque Cornejo, representa el máximo exponente y culmen de las escuelas sevillana y granadina en la escultura barroca.
Además de escultor de tallas, trabajará como arquitecto de retablos, fundamentalmente realizando el diseño o traza, y también conociéndose obras suyas en pintura y grabado. Se le considera el imaginero y entallador más destacado del siglo XVIII en Andalucía.
En su figura confluyen factores importantes, como es una rica formación en varias disciplinas artísticas, que le permiten no dedicarse exclusivamente a la talla; y la culminación de la idea de artista que ejerce las tres artes, que está presente en la tradición andaluza desde la figura singular de Alonso Cano. Conocedor de su propia valía, siempre tuvo un alto concepto de sí mismo, e intentó por ello la consecución del título de escultor de cámara del rey, que no logró nunca, aunque sí obtuvo el de escultor de la reina, así como privilegio de hidalguía, concedido por la Real Chancillería de Granada en 1751. Dejó muestra de su trabajo por gran parte de Andalucía, fundamentalmente Sevilla, Granada y Córdoba, y también trabajó en Madrid. Sus esculturas se van a caracterizar por las poses afectadas y el impulso barroco conseguido con las grandes ondulaciones de las telas, en sus retablos va a ser constante la aparición del estípite, como elemento definitorio de las arquitecturas.
Sus padres fueron el escultor de origen granadino José Felipe Duque Cornejo y Francisca Roldán Villavicencio, pintora de oficio e hija a su vez del escultor Pedro Roldán. Pedro Duque Cornejo se formará en el entorno del taller familiar de su abuelo, al que hay que considerar su maestro, ya que su padre fue un escultor mediocre. El taller de Pedro Roldán era el más activo de la Sevilla del último cuarto del siglo XVII, y estaba nutrido por toda la saga familiar dedicada a oficios artísticos, como su tía Luisa Roldán, la Roldana. En este ambiente aprendería todo lo concerniente a la escultura y a la pintura y policromía de las imágenes. Su dedicación a la arquitectura vendrá algo más tardía, por el trabajo conjunto con dos arquitectos importantes, Jerónimo Balbás en Sevilla y Francisco Hurtado Izquierdo en Granada, figuras importantes para entender la obra retablística de Duque Cornejo.
Sus primeras obras se fechan en torno a 1702, dedicándose en estos primeros momentos a la escultura de tallas y a los grabados. Empieza a granjearse cierta fama en Sevilla, lo que hace que se le encarguen las esculturas del retablo mayor de la iglesia del Sagrario de Sevilla (desaparecido en el siglo XIX), la parte arquitectónica corrió a cargo de Jerónimo Balbás, insistiendo el cabildo catedralicio en la participación de Duque Cornejo, esta empresa ocupó al escultor entre 1706 y 1709.
En 1709 contrae matrimonio en Sevilla con Isabel de Arteaga, con la que tendrá un total de siete hijos, algunos de ellos dedicados a la pintura y escultura, van a destacar Enrique, José y María, que trabajarán como ayudantes en el taller paterno.
Este trabajo junto a Balbás le anima a emprender su carrera como arquitecto y en 1711 contrata su primera obra como maestro arquitecto y escultor, el también desaparecido retablo de la iglesia parroquial de San Lorenzo de Sevilla; en sus retablos va a hacer gala de un barroquismo exaltado. Durante este período no deja de realizar también encargos propiamente escultóricos.
En 1714 está documentado su traslado a Granada, ciudad en la que permanecerá hasta 1719. Su principal encargo es para la iglesia de la Virgen de las Angustias, donde va a realizar la transformación de la imagen titular y añade en la nave de la iglesia esculturas monumentales de tamaño superior al natural.
También se le encarga la realización del retablo de la Virgen de la Antigua en la catedral granadina, donde se va a ocupar del diseño y ejecución de la arquitectura y escultura. Su diseño es deudor de Hurtado Izquierdo.
De vuelta en Sevilla, recibe el encargo de dos retablos para la cartuja de Santa María de las Cuevas, primer contacto con la Orden cartuja, que le proporcionará otros dos encargos importantes: la realización de las esculturas para la cartuja de Granada y para la de El Paular en Madrid. Las esculturas de Granada las realizará en su segunda estancia en la ciudad entre 1723 y 1728, trabajando junto con los mejores escultores granadinos del momento. Mientras realiza el encargo granadino, recibe el de Madrid, donde viajará en 1725, alternando los dos proyectos. En ambos, la arquitectura corre a cargo de Hurtado Izquierdo. Las esculturas para las cartujas de Granada y El Paular son consideradas el mejor exponente de la escultura de Duque Cornejo.
En estos años alternará su estancia en Granada y Madrid, con estancias también en Sevilla, donde realizará encargos importantes en la catedral.
Durante la permanencia de la Corte de Felipe V en Sevilla, el llamado “Lustro Real”, entre 1729 y 1733, Duque Cornejo intenta entrar en la órbita de los artistas cortesanos, consiguiendo el nombramiento de escultor de la reina Isabel de Farnesio, gran aficionada a las Bellas Artes. La intención del artista es conseguir el nombramiento de escultor de cámara, que no logrará.
En 1731 recibe su encargo más ambicioso: la realización de la arquitectura y las esculturas de los retablos de la iglesia de San Luis de los Franceses de Sevilla y de la capilla de los Novicios, para los Jesuitas. El retablo de la capilla de los Novicios es considerado su mejor intervención en el campo de la retablística.
A partir de este momento, Duque Cornejo recibirá multitud de encargos de retablos, como los sevillanos de San Leandro o el de la parroquia de Nuestra Señora de la Consolación de Umbrete (Sevilla). En 1734 se ocupa del encargo de la realización del retablo de la Virgen de la Antigua de la catedral y del sepulcro del arzobispo Salcedo y Azcona, para situarlo en la misma capilla. El retablo es una realización en piedra.
La obra que va a ocupar los últimos años en la vida del maestro es el encargo del coro de la catedral de Córdoba. Primero se le encomendará la ejecución de los laterales y luego el frente a modo de retablo, concertando lo primero en 1747 y el frente en 1752.
Duque Cornejo diseña tanto la arquitectura como la escultura de esta inmensa obra repleta de ornamentación, relieves y esculturas de bulto. Cuando el coro se inauguró el 17 de septiembre de 1757, Duque Cornejo había fallecido unos meses antes, siendo enterrado en la misma catedral cordobesa (Cipriano García-Hidalgo Villena, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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