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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 14 de octubre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Iglesia de la Santísima Trinidad, Iglesia del Espíritu Santo, Ermita del Calvario, Ermita de San José, Iglesia del Asilo del Santo Cristo de los Remedios, Torre de las Monjas, Casa-Museo de Alfonso Ariza, Torreón del Castillo, y Museo de la Cerámica) de la localidad de La Rambla, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Iglesia de la Santísima Trinidad, Iglesia del Espíritu Santo, Ermita del Calvario, Ermita de San José, Iglesia del Asilo del Santo Cristo de los Remedios, Torre de las Monjas, Casa-Museo de Alfonso Ariza, Torreón del Castillo, y Museo de la Cerámica) de la localidad de La Rambla, en la provincia de Córdoba.
     La gracia sevillana de sus barrocas torres le da a la Rambla un leve aire ecijano. Pero sin despreciar sus monumentos, esta población campiñesa es famosa por su blanca alfarería tradicional -cuyos botijos refrescan los veranos de media España- y por su pujante industria alfarera. Y es que el oficio no se improvisa: en La Minilla han aparecido vasos campaniformes moldeados hace cuatro milenios por los primeros rambleños.
     Villa situada al suroeste de la provincia, a 4 Km. de la N-331.
     Distancia a Córdoba: 41 Km.
     Altitud: 325 m.
     Extensión: 134,4 Km2
     Habitantes: 7.410.
     Gentilicio: Rambleños.
     Mancomunidad: Campiña Sur.
     Aunque se desconoce su topónimo, existió una población romana que fue amurallada a finales de época republicana. Los árabes le dieron su actual nombre al-Ramla, que significa arenal. En 1480 la tenencia de su castillo fue otorgada a Gonzalo Fernández de Córdoba, el futuro Gran Capitán. El 6 de febrero de 1521 La Rambla vivió una jornada de protagonismo histórico, al reunirse en ella las ciudades anticomuneras de Andalucía, que redactaron un manifiesto en contra de las Comunidades de Castilla y en apoyo de Carlos I, gesto de fidelidad que le valió del rey el privilegio de nombrar procuradores en Cortes. La Rambla era villa de realengo perteneciente a la jurisdicción de Córdoba. En 1647 Felipe IV le permite nombrar alcalde mayor, pero cinco años más tarde la entrega al Conde Duque de Olivares, cuyo heredero, el marqués de El Carpio, la vende en 1677 a los marqueses de Almodóvar, más tarde señores de La Rambla.
Oficina de Turismo de La Rambla
     +34 957 682 712
     http://www.larambla.es (Diputación Provincial de Córdoba).
     Aunque de origen islámico, las primeras noticias fehacientes son a partir de su conquista por San Fernando, entre 1240 y 1241. La población crecerá en torno al castillo, sometida como villa de realengo a la jurisdicción de Córdoba. En 1647 Felipe IV la eximirá de la dependencia de la capital, y en 1652 el propio monarca la entregará al Conde Duque de Olivares. En 1677, su heredero, el marqués del Carpio, venderá la villa a los marqueses de Almodóvar, y así permanecerá hasta la abolición del régimen señorial. Del recinto amurallado, probable obra islámica de los siglos XI-XII, quedan algunos muros y una torre (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Es esta una notable población con muy buenos edificios barrocos, como la iglesia de la Asunción o la torre de las Monjas (Rafael Arjona. Guía Total, Córdoba. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2009).
      
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.-
     Su construcción corresponde al primer tercio del siglo XVI, con  intervención de destacados maestros, como Hernán Ruiz el Viejo, autor de la portada de los pies, fechada en 1530. En el siglo XVIII experimentó una importante reforma, rea­lizada entre 1788 y 1800 bajo la dirección del maestro Juan Hidalgo Palomero. La planta es de tres naves y capillas; la central lleva bóveda de cañón y las laterales de arista, mientras que en la cabecera se recurre a la bóveda de horno.
     Adorna el presbiterio un templete actual con sagrario manifestador de mediados del XVIII, que cobija un Crucificado de hacia 1700. Por encima cuelga un lienzo de la Inmaculada, inspirado en modelos murillescos. A los lados del templete hay dos cuadritos con escenas de la vida de San Pedro, y por detrás y en el alto, hay una tribuna y un órgano del siglo XIX. De los muro laterales del presbiterio cuelgan dos lienzos anónimos de hacia 1650, que representan a Santa Marina y a Judith decapitando a Holofermes. Hay además cuatro columnas salomónicas y dos estípites colocados sobre peanas, procedentes del antiguo retablo desaparecido.
     En los pilares de la nave central se disponen repisas para  imágenes; en las del presbiterio están Santa Ana con la Virgen, y San José con el Niño, tallas de hacia 1620, anónimas de taller sevillano. Le siguen Santa Catalina de Siena y Santa Lucía, en el lado de la izquierda, y San Juan Bautista y la Virgen con el Niño en el de la derecha, de distinta época y procedencia. Cierra la nave, sobre el cancel, una pintura en medio punto de San Lorenzo, de hacia 1700. Por los muros del templo se dis­ponen lienzos de un Apostolado de cuerpo entero, fechable en el XVIII. 
     La cabecera de la nave izquierda la ocupa la capilla del Sagrario, construida entre 1759 y 1775, decorada con yeserías, obra de los artífices Antonio Cabello y  Pedro de Mena Gutiérrez. Se adorna con un templete de estuco policromado y estética neoclásica, trazado por Miguel Verdiguier en 1773. Al centro se dispone el Sagrario, de madera y plata, contrastado en 1773 por Martínez; por encima se halla la imagen de Cristo partiendo el pan, rematando con el Ojo Trinitario en­tre ángeles. A los lados, sobre peanas de nubes, aparecen la Fe y la Iglesia. En los muros laterales hay dos óvalos con los Apóstoles en la Sagrada Cena, dispuestos seis a cada lado, al modo bizantino; toda la imaginería es también obra de Verdiguier. En el muro derecho hay un lienzo con la Aparición de la Virgen a San Cayetano.
     Ya en la nave, puede verse una hornacina con imagen sedente de San Pedro, del siglo XVIII; a este lado abren tres capillas, pudiendo destacar­se la del Corazón de Jesús, con retablo en medio punto de Gaspar Lorenzo de los Cobos, de hacia 1730, y un interesante grupo de San José carpintero con el Niño, obra italiana del siglo XVIII, sobre el arco de ingreso se ve un lienzo de la Inmaculada, anónimo de hacia 1650. En la capilla de Nuestra Señora de la Esperanza, imagen de Venancio Marco Roch de 1926, se guardan tam­bién las de Jesús atado a la columna, de estética manierista, y Cristo de la Veracruz, de hacia 1600. La capilla de la Aurora guarda un retablo del siglo XVIII, en el que se venera la imagen titular, de esa fecha pero muy retocada.
     En la cabecera de la nave derecha se encuentra la capilla del Bautismo, hoy dedicada a la Virgen del Carmen; tiene un pequeño retablo del siglo XVIII con imagen de la titular de estética barroca, y un gran marco de talla con escudo trinitario, que alberga un lienzo de la Virgen cambiando pañales al Niño, firmado por Antonio Ja­ralli, obra del siglo XVII procedente de Nápoles. En el muro de la nave hay una hornacina jaspeada con talla de San Lorenzo, de hacia 1700, y los lienzos de la Sagrada Cena, firmada por J. Carbonero en 1847, y la Adoración de los pastores, de primera mitad del XVII.
     En las dependencias parroquiales se guardan varias pinturas de interés, entre ellas un lienzo barroco de San Dimas y una Inmaculada, obra sevillana que sigue la estética de Francisco Pa­checo. Del ajuar litúrgico destacan una custodia peruana del XVII, donada por Pedro de Gárate; del siglo XVIII, un altar portátil y otra custodia de mano, de Antonio Ruiz, y la custodia procesional de Damián de Castro (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
        La iglesia presenta actualmente planta rectangular de tres naves divididas en cinco tramos. La nave central más alta se cubre con bóveda de cañón con lunetos y las laterales, de arista reforzada con arcos fajones. Las tres naves están separadas mediante vanos de medio punto que descansan en pilares cruciformes, a los cuales se adosan pilastras, que hacia la nave central son de orden gigante. Sobre las citadas pilastras descansa un entablamento corrido que continúa hasta el presbiterio. La capilla mayor es de testero plano y está cubierta con bóveda de horno sobre pechinas. A media altura del muro de la cabecera se dispone una tribuna o coro. En la cabecera de la nave de la epístola se abre la capilla del Bautismo, de planta rectangular cubierta con bóveda de arista. Asimismo, en la nave del evangelio se abren cinco capillas; en su cabecera la capilla del Sagrario, cuya construcción tuvo lugar entre 1759 y 1779. Es de planta cuadrangular cubierta de cúpula de media esfera sobre pechinas, dividida en ocho paños separados por anchos nervios de dinámicos perfiles, en los que se inscriben medallones cuadrilobulados. Culmina la cúpula una linterna decorada con yeserías, obra de Pedro de Mena, en cuyo anillo de arranque se decora con angelotes, cintas y espejos. Las cuatro capillas restantes se abren en el muro perimetral de la nave del evangelio, la primera, situada en el primer tramo de la nave es la antigua capilla del Carmen, actualmente cegado su acceso desde la nave, figurando en su lugar un nicho retranqueado que alberga la imagen del Resucitado. La capilla de la Aurora se abre en el segundo tramo de la nave, tiene planta de cruz latina cubierta con bóveda de cañón en los brazos y cúpula sobre pechinas en el crucero dividida en ocho paños que acogen marcos ovalados con decoración mural representando los padres de la iglesia. Le sigue la capilla de la Virgen de la Esperanza en el tercer tramo, espacio rectangular cubierto con bóveda de arista. En el cuarto tramo de la nave se abre la capilla del Corazón de Jesús, de planta cuadrada y cubierta de cúpula sobre pechinas divididas en cuatro paños mediante nervios de perfil mixtilíneo. En la fachada de los pies del templo se abre la portada plateresca realizada por Hernán Ruiz I. Se estructura en dos cuerpos, en el primero se abre un vano central escarzano entre pilastras cajeadas, sobre alto pedestal, que soporta un entablamento superior. El segundo cuerpo está compuesto de tres calles y una entrecalle en ambos laterales. Las calles albergan en su interior tres hornacinas, aveneradas y con peanas de repisa. Están separadas por cuatro columnas abalaustradas que soportan un entablamento interrumpido en el centro por un vano de medio punto. 
     Las dos entrecalles se continúan en los dos cuerpos mostrando en planta baja repisas con dosel. Se corona esta composición con un tondo central flanqueado por triglifos y sobre el entablamento, una figura mixtilínea en cuyo interior alberga el escudo del obispo don Juan de Toledo. En los laterales del conjunto descrito flanquean fuertes pilastras que arrancan sobre pedestal, con una estructura gótica en planta baja y terminadas con repisas y dosel en pináculo a la altura del primer entablamento, siguen en planta alta con una columna fajada con grueso capitel y remate de perinola torneada. 
     El conjunto presenta una decoración minuciosa a base de cenefas, rosas de cuatro pétalos y cabezas de ángeles alados, entre otros. La segunda portada, abierta en el muro perimetral de la nave de la epístola fue construida en 1799 en estilo neoclásico. Consta de un vano adintelado entre pilastras dóricas y frontón curvo superior. La torre es obra del siglo XVIII. 
     Está construida en ladrillo visto y se encuentra adosada a la fachada de los pies en su costado izquierdo. Tiene planta cuadrada y alzado de dos cuerpos. El primero, presenta el paramento de sus cuatro lados cubierto, a excepción del frente suroccidental en el que se abre un vano rectangular. Termina con una cornisa volada. El cuerpo de campanas muestra en cada frente dos vanos escarzanos sobre los cuales se abren dos balcones de medio punto alargados y abocinados con resaltada imposta y cubiertos con antepecho de hierro forjado. Termina con una cornisa sobre la que descansa un antepecho rematado en los ángulos con pináculos. Corona el conjunto un cuerpo circular en cuyos frentes se abren 
vanos de medio punto. Se cubre con chapitel cónico.
     La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es el edificio más emblemático de La Rambla. Aunque sus orígenes se remontan a la Edad Media, su fábrica data desde el siglo XVI, habiendo trabajado en el inmueble el arquitecto Hernán Ruiz I, responsable de la espléndida portada principal. No obstante, la imagen que ofrece en la actualidad es producto de las reformas a que fue sometido a finales del siglo XVIII, bajo la dirección de Juan Hidalgo Palomero. El resultado es un espacio de carácter neoclásico, con interesantes vestigios de la fábrica anterior (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Templo de origen medieval, reconstruido sucesivamente, la obra se concluyó con Fray Juan de Toledo, cuyas armas se conservan en la portada plateresca de la fachada.  Debido a Hernán Ruiz I, dicha portada muestra todavía rasgos góticos en los potentes machones que la encuadran, aunque las galas del plateresco se adueñan de ella dando lugar a una hermosa composición adornada por pilastras y balaustres en primer y segundo cuerpo respectivamente. Este último hace un grandioso entablamiento sobre los balaustres, interrumpido en el centro por el medio punto del nicho principal, que así forma una típica serliana o arco entre dinteles.
     Todo ello se enriquece con bellos grotescos que otorgan un suntuoso aspecto al conjunto, sin duda uno de los más importantes de ese momento en la provincia de Córdoba.
     Salvo esta portada, nada queda de la antigua parroquia, ya que volvió a reconstruirse a finales del S. XVIII. La amenaza de ruina obligó a formar un nuevo edificio, ahora de sólo tres naves, cuya creación se llevó a cabo en 1788. Este nuevo templo acusa una configuración propia del neoclásico.
     Las naves tienen ahora arcos de medio punto, mediando entre ellas pilastras de orden gigantes con textiles colgantes bajo sus capiteles, los cuales soportan un entablamiento corrido de origen clasicista, provisto de triglifos. Bóvedas de medio cañón voltean sobre la nave conduciendo hasta el mencionado cuarto de esfera de la capilla Mayor.
     En la segunda mitad del S. XVIII se realizaron obras importantes en esta parroquia, como la torre de los pies y la Capilla del Sagrario, cuya construcción se llevó a cabo aprovechando una antigua capilla dedicada a los Santos Reyes (Ayuntamiento de La Rambla).

Iglesia de la Santísima Trinidad.-

     De la fundación trinitaria establecida en La Rambla sólo queda la iglesia restaurada en 1993, después de haber permanecido en deplorable estado durante mucho tiempo. El templo es de una sola nave, con cubierta de madera en artesa, empleándose en el presbiterio bóveda de horno, decorada con pinturas murales; tiene coro alto a los pies. Tras la restauración las capillas situadas en el lado izquierdo se han dispuesto a modo de nave lateral.
     En la capilla mayor se ve un retablo marmóreo de mediados del siglo XVII, reformado en el XVIII: en el centro hay una imagen actual de la Virgen de Gracia, y en las calles laterales, las de San Simón de Rojas y San Ramón Nonato, obras seiscentistas, y San Félix de Valois y San Juan de Mata, del Setecientos. Sobre el sagrario se ve una buena talla del Cristo de la Misericordia, menor que el natural, de hacia 1660. En el ático, la Santísima Trinidad, obra de Bernabé Gómez del Río.
     La capilla del Sagrario, a la que se accede por arcos enmarcados por alfices, conserva un retablo de 1790. Sobre los arcos de ingreso cuelga un lienzo de San Miguel, del siglo XVIII, que procede de la parroquia.. El último espacio lo ocupa la capilla del Cristo de la Expiración, talla anónima sevillana de excelente factura, de hacia 1626-36, restaurada en 1993 por Rosa Cabello y Enrique Ortega (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
        Al construirse contiguo a esta iglesia el convento de los religiosos Trinitarios en el 1527, la iglesia empezó a llamarse por el pueblo, de la Santísima Trinidad.
     Durante los siglos XVI y XVII tuvo una sola nave (hoy principal) de tres tramos separados por pilastras que se continúan con arcos fajones por la bóveda de cañón de yesería, ábside cuadrangular con bóveda de cuarto de esfera sobre pechinas. El muro lindante con el convento presenta un pronunciado desplome, estando atirantada la cubierta.
     En el siglo XVIII se amplió el templo con otra nave lateral para el sagrario, abriendo arcos ojivales enmarcados al estilo árabe, cubriéndose la nave por bóveda de cañón con lunetos y ábside con bóveda elíptica. El conjunto del retablo del Sagrario, rococó, dorado, imágenes del escultor Juan de Salazar del 1768. Se encuentran en ésta nave, tres hermosos camarines neoclásicos.
     La fachada, muy modificada, presenta una portada barroca con frontón partido y hornacina bajo frontón triangular de remate. dos ventanales altos y amplios iluminan el interior. Termina con hastial donde se sitúa lateralmente el campanario.
     En la trayectoria histórica de la Iglesia y antiguo Convento de la Santísima Trinidad, en La Rambla, concurren diferentes valores a destacar. Históricamente sobresale la antigüedad del edificio que comienza su construcción a partir de 1527, año que la comunidad religiosa de los Trinitarios Redentores Calzados se hacen cargo de una antigua iglesia, que una vez bendecida recibe su denominación bajo la advocación de Nuestra Señora de los Remedios. El Convento llegó a convertirse en uno de los más importantes que tuvo esta Orden en Andalucía, celebrándose en él la mayoría de los Capítulos Generales. 
     Exclaustrado en 1835, se hace cargo del sostenimiento de la Iglesia y su culto la Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de los Dolores. Posteriormente, en 1893 los trinitarios regresaron al Convento, concediéndole el obispado de Córdoba la Iglesia y los respectivos bienes muebles, hasta 1960 que marcharon definitivamente.   
     Posteriormente, en 1741 se construye una segunda nave en la Iglesia, junto al muro perimetral Norte de la nave principal, dando con ello su actual configuración al templo de un estilo marcadamente barroco. También en este período se incorporan la torre campanario y dos camarines anexos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Fundada en 1517, su aspecto actual revela diversas intervenciones de los siglos XVII, XVIII Y XIX. Dicha iglesia tiene una gran nave precedida de interesante portada de mármoles, fundamentalmente rojos, que puede fecharse en la segunda mitad del seiscientos. Es adintelada con marco de orejetas y pilastras remetidas, rematándose en hornacina con un frontón recto. El interior del templo deja ver una reforma con frontón recto. El interior del templo deja ver una reforma neoclásica con pilastras jónicas y cornisa troquelada fruto de las obras realizadas en el curso del S. XIX. Paralela a la gran nave corre otra menor por el lado del evangelio formada por las sucesivas capillas que en ese flanco fueron erigiéndose o arreglándose en el S. XVIII. Presenta cinco tramos con bóvedas de aristas, y al final, la Capilla del Sagrado, con cúpula oval. En el centro destaca la capilla correspondiente al Cristo de la Expiración, también con cúpula, aunque lo más interesante de este recinto es su camarín. Obra igualmente del S. XVIII se realizó en la época del neoclásico construyéndose entonces el bello camarín oval articulado por columnas compuestas y cubierto por cúpulas (Ayuntamiento de La Rambla).

Iglesia del Espíritu Santo.-
     Las fuentes señalan que el origen de este tem­plo se remonta al siglo XVII, sin embargo la construcción actual corresponde fundamentalmente al siglo XIX, con nave única, crucero y testero plano. El retablo mayor, de gusto neoclásico, enmarca el camarín para la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, talla completa para vestir, obra de Juan de Mesa y Velasco fechada en 1622; fue restaurada en 1994 por Rosa Cabello y Enrique Ortega. En el presbiterio, a la derecha, está San Juan Evangelista, imagen de vestir, anónima del siglo XVII, restaurada por Romero Zafra.
     En el crucero puede verse, a la izquierda, una pintura con moldura de yeserías representando a la Sagrada Familia, con San Joaquín y Santa Ana, del primer tercio del siglo XVIII, y a la derecha, el camarín de la Virgen de la Soledad, realizada en 1929 por el escultor valenciano Venancio Marcos; a sus pies se encuentra la imagen de Jesús Yacente, talla de estética manierista de hacia 1600. En el muro hay una pintura circular de San Pascual Bailón, fechable en el XVIII.
     En la nave, por la izquierda, es interesante la figura setecentista de San Joaquín, y por la derecha, la de San Francisco y Santa Teresa, obras anónimas de finales del XVII. De los lienzos que adornan la nave merecen destacarse el de San Cayetano, anónimo del XVIII, y en el sotocoro, Nuestra Señora de los Ángeles, de hacia 1600 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
       El convento al que pertenece la Iglesia, hoy vacío, es un edificio complejo que ha sufrido múltiples obras y modificaciones que lo hace difícilmente legible. Quedan restos de arquerías primitivamente de claustros que hoy son fachadas, tabicadas casi inapreciables.
     La Iglesia es barroca de planta de cruz latina, reconstruida en el siglo XIX, de una sola nave con bóveda de medio cañón sostenida sobre pilastras con lunetos. Cúpula semiesférica en el crucero y ábside con retablo y camarín con imágenes de Nuestro Padre Jesús de las Penas de Juan de Mesa.
     En el convento hay también una talla de Alonso Cano, un crucifijo gótico. La portada de la iglesia es neoclásica precedida de un pórtico de gran altura con arco de medio punto.
     La torre es una obra de ladrillo barroca de tres cuerpos girada 45º grados con respecto a la dirección de la nave (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Construida en lo que fue antiguo convento de los Antonianos, esta reconstrucción neoclásica se levantó a partir de 1819. En ella aparecen pilastras jónicas y un plan de cruz latina con cúpulas montando en el tramo central del crucero. También es interesante el camarín del Nazareno, recinto circular con pareja de columnas compuestas, que soportan la cornisa y cúpulas. Tiene portada muy clasicista con columnas, entablado con triglifos y rosetas y frontón triangular, siendo cobijados por un pórtico de medio punto. La torre que hay junto a él se aprovechó del antiguo convento y es una obra barroca de ladrillo.
     Especialmente importante para la población por encontrarse en ella la devota imagen de JESUS NAZARENO, obra del escultor Juan de Mesa de 1621, en él que perfeccionó su versión nazarena del Gran Poder sevillano.  Su Primera Salida Procesional tuvo lugar el 25 de Marzo de 1622. Cruz de plata. Donación a la Hermandad del Coronel D. Antonio de Peralta y Córdoba en 1723. Consta de 15 módulos cilíndricos en hueco que encajan en la cruz de madera, está grabada con motivos florales y presenta dedicatoria de dicha donación en su parte superior.
     Imagen tallada de cuerpo entero, destaca la posición de la zancada con apoyo sobre un pie y el avance del otro, junto con el estudio anatómico de la figura.
     La primera restauración tuvo lugar en la primera mitad del siglo XIX, la menos acertada de todas. Se raspa la pintura original, reemplazándose por otra nueva, afectando primordialmente al rostro.
     La segunda restauración en 1958 por Castillo Lastrucci, que nuevamente se centra en la policromía de la obra mayormente.
     Última restauración en 1994 por la Junta de Andalucía. Técnicos: D. Enrique Ortega y Dña. Rosa Cabello. En esta última se encontraron restos de la pintura original en todo el cuerpo y se hizo respetando la misma (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita del Calvario.-

     La ermita del Calvario está presidida por el grupo de la Virgen de las Angustias, obra de Enrique Ruiz Flores, de 2000. A la derecha está Nuestra Señora del Calvario, de vestir, del siglo XVIII, con ángeles del XVII y una luna de plata de Martínez, de 1800. A la izquierda se ve la imagen de papelón del Señor de La Humildad, de taller local del XVIII. Hay también diversos lienzos con los ángeles Miguel, Gabriel y Custodio, la Piedad y un Ecce Homo, del XVIII, procedentes de los trinitarios (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
        A la ermita se accede a través de una portada adintelada de ladrillos, siendo de planta de cruz latina y una sola nave. 
     Presenta en el cuerpo de la iglesia bóveda de cañón rebajada y en el crucero bóveda vaída. Los distintos tramos de la iglesia se hallan compartimentados por medio de pilastras de orden jónico.
     Históricamente se cree que el actual lugar ocupado por la ermita o en sus alrededores, se levantó un monumento conmemorando el castigo que el rey Don Pedro el Cruel impuso a varios súbditos rebeldes. Su hermano y sucesor don Enrique, lo mandó demoler a instancias del nuevo Señor de Aguilar, erigiéndose una ermita con el nombre de Nuestra Señora del Calvario. Se colocó en el altar del Santo Sepulcro con la imagen de Jesús muerto y encima un camarín con la Virgen Dolorosa, estableciéndose una cofradía en la que procesionaba el Santo Entierro en la noche del Viernes Santo. 
     A consecuencia del decreto de Carlos IV, en 1798, fueron vendidos los bienes de la cofradía. Ante la falta de seguimiento, la ermita se arruinó y en 1807, se sacó de cimiento, levantando el Ayuntamiento algunos muros con las limosnas de los fieles. Debido a la Guerra de la Independencia, las obras se paralizaron durante 24 años. El 2 de enero de 1831, el Ayuntamiento reactivó la reconstrucción nombrando como patrono al Regidor 1º de la Corporación, como diputados a don Juan Luque Alcántara y don Cristóbal Hidalgo, y depositario de fondo a don José Pedroso Díaz, presbítero. Sería definitivamente en 1843 cuando se dio por terminada. En esos momentos la hermandad del Santo Aguilero, llevaba cerca de 40 años en la Iglesia del Espíritu Santo negándose al traslado a la ermita. Fue cuando se decidió llevar la imagen de Nuestra Señora de las Angustias, procedente de la iglesia de la antigua Escuela de Cristo (más tarde sería suplida por la Santa Teresa que hoy subsiste). 
     Actualmente, se encarga de la ermita la hermandad del Santísimo Cristo de la Humildad y Nuestra Señora de las Angustias. En la citada ermita a lo largo del año tiene lugar tres festividades importantes. En primer lugar, en Cuaresma se celebra el Triduo; posteriormente, el 15 de mayo tiene lugar la festividad de San Isidro; y, por último, se celebra el tercer domingo de mayo la Fiesta de Regla (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de San José.-
     La ermita de San José tiene un retablo del primer tercio del XVII, con el titular de talla del XVIII y pinturas de la Asunción y vida de San José (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
       A la ermita se accede a través de una portada adintelada que se abre en la nave de la Epístola, rematada en un frontón triangular partido, en cuyo centro se abre una hornacina que culmina en frontón semicircular. La cubierta exterior es a dos aguas. 
     Su interior de una sola nave presenta a primera vista una gran sencillez ya que posee cubierta plana en el cuerpo y una pequeña bóveda elíptica sobre pechinas en el presbiterio. Sin embargo, ese sencilla cubierta plana enmascara la verdadera cubierta que es un magnifico artesonado de vigas de madera formado por casetones con decoración de ochos. En este piso falso se encuentra además un potente arco toral con ménsula en la clave datado en el siglo XVII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia del Asilo del Santo Cristo de los Remedios.-
     La iglesia del asilo del Santo Cristo de los Remedios, construida en 1731, se renovó en 1958 y conserva algunos lienzos del XVIII, entre ellos, los Desposorios de la Virgen, la Estigmatización de San Francisco, la Magdalena y la Ado­ración de los Pastores (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
 
Torre de Nuestra Señora de Consolación - Torre de las Monjas.-

     La emblemática Torre de Nuestra Señora de Consolación, del XVIII, único resto del antiguo convento de dominicas (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
        La torre, llamada "de las Monjas", que perteneció al Convento de Santo Domingo del que sólo quedan algunos vestigios, posee una gran esbeltez. Con altura de 30 metros sobre planta de 4,20 x 4,20 y data de la primera mitad del siglo XVII.
     Al igual que otras de la Andalucía de ese tiempo, es de ladrillo con un primer cuerpo ciego, y un segundo de campanas con doble arquería, manteniendo la planta y cubierta con cúpula de media naranja. Sobre este cuerpo se levanta otro octogonal con cuatro arcos coincidiendo con las caras de la planta cuadrada, con cúpula sobre el que existe un chapitel de cuatro cascos rematado por piña sobre la que se dispone veleta con cruz en parte superior.
     Se accede a la torre por medio de escalera en la cara Este, con puerta a 3,60 sobre el terreno. A lo largo del interior se desarrolla escalera de cuatro tramos con cinco peldaños en cada uno. A partir del primer piso del cuerpo de campanas la escalera es de caracol (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Del desaparecido convento de la Consolación se conserva la torre de su iglesia, conocida popularmente como TORRE DE LAS MONJAS que data del 1757. Es como una recreación barroca del modelo de la Giralda. Tiene esbelto fuste prismático de ladrillo y cuerpo de campanas del mismo material, abierto en parejas de arcos, mediando entre ellos estípites apilastrados, que con otros motivos de carácter geométricos confieren especial riqueza y decoración a la torre, una de las más originales de la provincia de Córdoba (Diputación Provincial de Córdoba).

Casa-Museo de Alfonso Ariza.-
     La casa-museo de Alfonso Ariza (1920-l989) contiene objetos personales del pintor y obras propias, junto a otras de destacados pintores de su generación (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Casa-Museo de Alfonso Ariza, el gran sueño de este polifacético artista rambleño, se hizo realidad en julio de 1995 con la apertura pública de sus puertas y, digámoslo así, su presentación en sociedad.
     Pero hasta llegar ahí, a ese mes de julio del 95, muchos fueron los trabajos y esfuerzos conjuntos de no pocos rambleños, especialmente el propio Alfonso Ariza, al que le costó, más de lo que debieran costar estas cosas, convencernos a la mayoría de los rambleños de lo interesante que sería este centro cultural, que hoy es la Casa Museo "Alfonso Ariza", para nuestro pueblo. Para ello dio él el primer paso, donando su vivienda y su taller, y toda la obra que en ese momento había en su poder al Ayuntamiento de La Rambla. Importante fue también el grupo de jóvenes artista, poetas y pintores en su mayoría, que bajo el nombre de Grupo Cultural "Alfonso Ariza", impulsó con decisión este proyecto, y, en la medida de sus posibilidades, "veló" porque el Ayuntamiento cumpliera con sus obligaciones después de la muerte del artista local acontecida en marzo de 1989. Así se fueron sucediendo las obras de acondicionamiento de salas y catalogación de obras entre los años 1990-95, hasta desembocar en la apertura del Museo.
     Pero mucho y muy interesante es el trabajo que se ha realizado a partir de esa fecha. Porque una vez abierto el museo, es decir, cubierto el primer reto, aunque importante, no era el más difícil, a pesar de que el esfuerzo económico fue sólo municipal, por no poder contar con otros apoyos institucionales. Pero como decimos el gran reto era dotar de contenido y vida al museo, no sólo exponer obras de Alfonso o de otros artistas e ir variando esas obras en función de exposiciones itinerantes o temporales, sino que las instalaciones del museo tuvieran dinamismo, se impregnaran del espíritu de investigación e innovador que Alfonso Ariza siempre tuvo.
     Con ese carácter se han venido desarrollando un gran número de actividades que han abarcado desde los talleres de formación, a encuentros literarios, lecturas poéticas, exposiciones pictóricas , de esculturas o instalaciones cerámicas, que han contado en todos los casos con una gran participación y han llevado a numerosos rambleños y foráneos hasta la casa museo, bien de visita, bien como parte activa de algunas de las actividades. Cabe destacar entre otras actividades la Beca de escultura en barro "Alfonso Ariza", que cada verano, en los últimos seis años, congrega en La Rambla a un grupo de artistas nacionales e internacionales, que trabajan en los talleres durante tres semanas y exponen después las obras realizadas durante ese periodo de tiempo; el Taller de Cerámica Histórica, que a no pocos rambleños ha mostrado las técnicas de fabricación de la cerámica campaniforme o la decoración romana e ibérica, y quedan aún por hacer los módulos de la cerámica visigoda o la cerámica tradicional de La Rambla; las Jornadas de Arte Abstracto, organizadas con el objetivo de acercar al visitante y a los estudiantes de la localidad a esta forma de expresión tan común en muchas de las obras que se exponen en este museo; las lecturas poéticas y exposiciones organizadas a través del grupo cultural "Alfonso Ariza"; los talleres didácticos, organizados para las visitas de los centros escolares de la provincia y de nuestra comunidad autónoma, o las publicaciones de la revista internacional "Con barro", del que se acaba de publicar el número 4, que ha contado en todos sus números con la colaboración de la Diputación Provincial, a través de su Fundación de Artes Plásticas "Rafael Botí" en las últimas ediciones, o de la Delegación Provincial de Cultura y Cajasur que colaboraron en los tres primeros números; o la edición de la Guía didáctica del Museo Alfonso Ariza, coeditada con la Diputación, a través de su Área de Cultura.
     No obstante y a pesar de todo lo realizado, mucho queda por hacer, y se continúa haciendo. En el mes de agosto de 2002 la Casa-Museo fue incluida por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en la Red de Museos de Andalucía, tras haber sido previamente aprobado nuestro proyecto de museo, trabajo laborioso que finalmente ha visto la luz con este acuerdo favorable, y que confiamos que nos permita una financiación más acorde con los objetivos previstos que la que hasta ahora se ha podido destinar (Diputación Provincial de Córdoba).

Torreón del Castillo.-

        Situado el Castillo frente a la parroquia que, probablemente, se alzó sobre la primitiva mezquita. Está casi destruido, pues sólo queda de él una torre. Por el tamaño de envergadura de la torre es de suponer que fuera de notables proporciones, abarcando un gran perímetro. No hace mucho se podía ver la barbacana y trozos de muralla que aún duraban y ya están del todo demolidos.
     La gran torre parece un cubo, pues al desmocharla disminuyó su altura, siendo de planta cuadrada. Se han tapado por fuera los ajimeces que la adornaban e iluminaban sus estancias. Sus muros son de argamasa y las esquinas de ladrillo. 
    Tiene dos pisos que albergarían salones, pero sus bóvedas, al haber caído, han dejado las pechinas que poligonaban las cubiertas. Las bóvedas fueron de rosca de ladrillo; la inferior, semiesférica sobre pechinas cóncavas, y la superior, octogonal sobre pechinas en forma de nichos con arcos de herradura. Algunas están completas.
      La actual puerta de la torre es un arquillo escarzano, posiblemente remiendo posterior, así como la cubierta del corredor de entrada. Tras la puerta hay una sola quicialera sin gorronera, que parece resto de pedestal romano de mármol blanco (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La importancia de La Rambla en época medieval lo sigue pregonando la imponente torre que, desmochada, todavía subsiste como único vestigio del CASTILLO FORTALEZA de la población. Este torreón presenta una disposición cuadrada, albergando en su interior dos pisos abovedados, cuyas cubiertas se han desplomado. Además de esta fortaleza, podemos ver numerosas Casas Señoriales, de lucidas fachadas, algunas del S. XVII, pero la mayoría pertenecen al S. XVIII. De entre todas ellas destaca el antiguo Pósito, hoy Ayuntamiento, una construcción del S. XVIII que asoma con una hermosa fachada presidida por un balcón curvado. Esta construcción es la única de la provincia de Córdoba que acusa la curva en la fachada (Ayuntamiento de La Rambla).

Museo de la Cerámica.-
     La Rambla, ciudad tradicionalmente conocida por su producción ceramista y alfarera, cuenta con una importante trayectoria en este oficio tradicional.
     Los primeros datos que hacen referencia a la producción de cerámica, datan de más de 4000 años, durante la edad del bronce, ya que así lo demuestran los vasos campaniformes hallados en el yacimiento arqueológico de la minilla, hace algunos años, en los que su barro, llamado greda, un barro de color amarillento, es el mismo que se extraía en las canteras situadas a 2 km de la localidad.
     Tras la reconquista, fue cuando el oficio obtiene un desarrollo y una consolidación, así los siguientes datos que hacen referencia al oficio tradicional, datan de 1460, cuando se nombra a Miguel Ruiz, cantarero.
     A partir de esta fecha las alusiones al oficio no faltan, y así en el siglo XVI, se constata que en la localidad de la rambla existe una calle llamada “Los Cantareros”.
     Con el paso de los años, el oficio adquiere su evolución, y son muchos los ciudadanos de la localidad los que van formando sus propios talleres de cerámica, llegando a formar más del centenar de ellas.
     Fue en 1926, cuando se dio un cambio a esta trayectoria alfarera, y se comienza a celebrar la exposición de cerámica, con la celebración de un concurso, premiando aquellas piezas, que gozan de una belleza exclusiva, así las piezas ganadoras, forman parte de los fondos del actual museo de la cerámica.
     Esta exposición es la más antigua de España, hoy en día con carácter internacional, y declarada como bien de interés turístico.
     Así, La Rambla, empieza a adquirir, una importante colección de piezas alfareras, por lo que se hace necesaria la creación del Museo de la Cerámica.
     El museo de la cerámica de la rambla forma parte de la red de museos vinarea asociada a la ruta del vino Montilla Moriles, integrada por nueve municipios de la comarca.
     Los contenidos expositivos integrados en el museo muestran la identidad de la alfarería moderna y tradicional de La Rambla y su relación con la importancia de la cerámica a lo largo de la historia y en la actualidad.
     Las piezas que forman parte de la colección del museo proviene de la exposición monográfica de alfarería y cerámica más antigua de España que se celebra desde el año 1926, coincidiendo con las fiestas en honor a San Lorenzo.
     Así, la exposición integra un concurso de cerámica internacional cuyas mejores piezas pasan a formar parte de los fondos del museo, por ello la colección sigue aumentando año tras año dotando al museo de gran dinamismo.
     Además el museo incluye otros aspectos más didácticos, audiovisuales e interactivos y pretenden enseñar al visitante toda la magia y creatividad que rodea a la industria de la cerámica (Ayuntamiento de La Rambla).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Iglesia de la Santísima Trinidad, Iglesia del Espíritu Santo, Ermita del Calvario, Ermita de San José, Iglesia del Asilo del Santo Cristo de los Remedios, Torre de las Monjas, Casa-Museo de Alfonso Ariza, Torreón del Castillo, y Museo de la Cerámica) de la localidad de La Rambla, en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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viernes, 11 de julio de 2025

Un paseo por la calle San Benito

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle San Benito, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 11 de julio, Fiesta de San Benito, abad, patrono principal de Europa, que, nacido en Norcia, en la región de Umbría, pero educado en Roma, abrazó luego la vida eremítica en la región de Subiaco, donde pronto se vio rodeado de muchos discípulos. Pasado un tiempo, se trasladó a Casino, donde fundó el célebre monasterio  escribió una Regla, que se propagó de tal modo por todas partes que por ella ha merecido ser llamado "Patriarca de los monjes de Occidente". Murió, según la tradición, el veintiuno de marzo (547) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      La calle San Benito es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Calzada, del Distrito Nervión; y va de la calle Luis Montoto, a la calle Lictores
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Un padrón de 1665 recoge la existencia de "la calle espaldas de San Benito"; en fecha imprecisa pasó a llamarse Dormitorio de San Benito, ya que hacia ella abrían las habitaciones de los religiosos del convento; más tarde, con seguridad al menos desde 1844, se acortó en la forma que hoy se mantiene. La calle forma un ensanche en la con­fluencia con Lictores, que ocasionalmente ha recibido la denominación de plaza de San Benito. Se formó a partir de la fachada lateral de la iglesia y monasterio de San Benito, cuyas tapias han conformado hasta fecha reciente prácticamente toda su acera par. Este, inicialmente bajo la advocación de Santo  Domingo de Silos, fue fundado en el s. XIII en el punto que hoy ocupa, en solares donados por Alfonso X. El monasterio permaneció como una edificación aislada y
alejada de la ciudad durante varios siglos, pero sirvió de punto de referencia y apoyo para el arrabal de la Calzada (v. Campo de los Mártires), que se fue formando extramuros a fines del s. XVII y comienzos del XVIII. Con pocas variaciones, San Benito ha conservado hasta la actualidad el mismo traza­do que puede apreciarse en la cartografía del s. XIX; calle de trazado rectilíneo y estrecho, con ligera pendiente en ascenso desde Luis Montoto, y que se abre formando una plazuela en la confluencia con Lictores. A principios de esta centuria (1914) este en­sanche fue dotado con una fuente-farola y se instalaron varios pies de árboles en su alrededor, reforzándose así su carácter de plazuela; progresivamente fue deteriorándose, los pies de árboles se perdieron y la fuente ya no estaba en aquel lugar en los años cua­renta. Fue adoquinada y dotada de aceras en la década de 1910, y el alumbrado eléctrico instalado en 1943.
     Actualmente su calzada continúa pavimentada con piezas de adoquín de gran tamaño y mal estado de conservación, por lo que no deben haber sido sustituidas desde­ principios de siglo: cuenta con farolas adosadas a las fachadas. La calle ha sido sometida a una nueva alineación y, salvo una parcela esquina a Luis Montoto, toda la acera par ha sido retranqueada hasta la nueva alineación. Ademár se encuentra incluida dentro del Plan Especial la Calzada que prevé un nuevo trazado para la parte interior de la calle que supondrá la eliminación de la histórica plazuela y su comunicación con Campo de los Mártires a través de Alerce, que es también ensanchada dentro de esta modificación del trazado viario. La acera par se inicia, como queda dicho, con la fachada lateral de la Iglesia de San Benito (v. Luis Montoto) y una tapia anexa al mismo; varias casas de vecinos de dos plantas, en deficiente estado de conservación pero ha­bitadas, se levantan en la confluencia con Lictores. En la acera impar se conserva una casa con entrada por Luis Montoto y fuera de alineación, que deberá ser demolida; tras ella y hasta la confluencia con Lictores, hay varios bloques entre medianeras de cinco plantas. Las viviendas de la parte final de la calle de una y otra acera se verán afectadas por la nueva alineación aprobada y en conjunto toda la calle ha de experimentar un profundo cambio, morfológico y social, a partir de la remodelación urbanística a la que se encuentra sometida en la actualidad [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].          
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Benito, abad;
HISTORIA Y LEYENDA
   Los diálogos de San Gregorio Magno son la fuente principal y casi única de su biografía.
   Nacido hacia 480 en la provincia de Norcia (también, aunque de empleo menos frecuente, “Nursia”, ciudad de la provincia de Perusa), en Umbría, era hermano gemelo de Santa Escolástica.
   Hacia el año 500 se retiró a una gruta llamada Sacro Speco, cerca del lago de Subiaco, para llevar una vida de ermitaño.
   En 528, a mitad de camino entre Roma y Nápoles, fundó el monasterio del monte Cassino (Montecassino), sobre una antigua acrópolis consagrada en la antigüedad al culto de Júpiter. Allí compuso la regla de la orden de los benedictinos, y allí murió en 547.
   Sobre esta trama histórica el ingenio de los monjes y la imaginación popular bordaron adornos que Santiago de Vorágine recogió cuidadosamente en su Leyenda Dorada, de la que tomaron sus temas los artistas.
   En principio fue el milagro del tamiz partido. Cuando a su nodriza se le cayó un tamiz, él tomó las dos mitades y las volvió a unir sin que quedara huella alguna de su fractura.
   Cuando vestía hábito monástico, se retiró a la caverna del Sacro Speco donde era aprovisionado por el monje Romano, que le bajaba el pan en un cesto atado a una cuerda, y le avisaba con el sonido de una campanilla. Satán rompió la campanilla.
   Como no consiguió rendirlo por hambre, el diablo desató contra él las tentaciones carnales. Hizo aparecer una mujer que encendió su concupiscencia. San Benito rodó desnudo entre las zarzas espinosas que rodeaban la gruta, expulsó la codicia sensual mediante las llagas de su carne, y así se impuso al pecado.
   Elegido abad del monasterio de Vicovaro, por su rigor se atrajo el odio de los monjes que envenenaron su comida. Pero escapó a la tentativa de envenenamiento haciendo la señal de la cruz sobre el vaso que se quebró de inmediato en pequeños fragmentos, como si lo hubiese golpeado una piedra, mientras un cuervo se llevaba el pan envenenado en el pico.
   Salvó al monje Plácido, su discípulo, cuando estaba a punto de ahogarse, enviando en su auxilio a San Mauro, quien sostenido por su bendición, lo salvó de la muerte caminando sobre el agua.
   En el monasterio sólo quedaban cinco panes, pero al día siguiente, ante la puerta de la celda de San Benito se encontraron cien moyos (medida antigua de capacidad que equivale a ocho cántaros o ciento veintinueve litros) de harina.
   Totila (rey de los ostrogodos de Italia, que se confunde con frecuencia con Atila, rey de los hunos), rey de los godos, intentó engañarlo sin éxito, cuando delegó a uno de sus oficiales disfrazado de rey.
   Su hermana Santa Escolástica, a punto de morir, le impidió partir desencadenando una tormenta y haciendo caer una lluvia torrencial. El santo vio el alma de su hermana ascender al cielo en forma de paloma.
   Cuando murió su alma también ascendió al cielo en un chorro de luz. Como el profeta Elías en su carro de fuego.
CULTO
   Patrón de la orden de los benedictinos, de los conventos de Subiaco y del monte Cassino, San Benito es un santo más monástico que popular.
   Sus reliquias, transportadas en 672 desde Montecassino a la abadía de Fleury, en Francia, que adoptó el nombre de Saint Benoît sur Loire, nunca atrajeron tantos peregrinos como las de San Martín de Tours o las de Santiago de Compostela.
   En verdad, su autenticidad siempre ha sido cuestionada por los italianos quienes creen haber encontrado los auténticos huesos de San Benito y de su hermana Escolástica en Montecassino, en 1950.
   Se lo invocaba contra el veneno, la erisipela y sobre todo contra los cálculos de los que habría curado al emperador de Alemania, Enrique II. También se recurría a su intercesión para obtener la gracia de una buena muerte.
ICONOGRAFÍA
   Se lo representa ya imberbe, ya barbudo. Vestido con una cogulla negra de benedictino. No obstante, en los cuadros encargados por los benedictinos reformados, cistercienses, camaldulenses y olivetanos, aparece con una túnica blanca. 
   Sus atributos son un tamiz partido, varas con las que habría corregido a un monje, una copa de la que escapa una serpiente venenosa, alusión a la tentativa de envenenamiento de los monjes  de Vicovaro (comparte este atributo con San Juan Evangelista) y finalmente un cuervo que se lleva el pan envenenado en el pico. Se observará que a diferencia del cuervo proveedor de San Pablo ermitaño, que le lleva el pan cotidiano, el de San Benito retira un pan envenenado.
   Para diferenciar su copa envenenada de la de San Juan, los escultores alemanes del siglo XVIII hacen salir de ella dos pequeños serpientes (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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La calle San Benito, al detalle:
    Retablo cerámico de Nuestro Padre Jesús en su Presentación al Pueblo
    Retablo cerámico de San Benito, abad
    Retablo cerámico del Santísimo Cristo de la Sangre
    Retablo cerámico de Nuestra Señora de la Encarnación
Residencia de las Hermanitas de los Pobres

martes, 30 de noviembre de 2021

El Asilo de San Andrés, en Lebrija (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Asilo de San Andrés, en Lebrija (Sevilla).  
   Hoy, 30 de noviembre, Fiesta de San Andrés, apóstol, natural de Betsaida, hermano de Pedro y pescador como él. Fue el primero de los discípulos de Juan el Bautista a quien llamó el Señor Jesús junto al Jordán y que  le siguió, trayendo consigo a su hermano. La tradición dice que, después de Pentecostés, predicó el Evangelio en la región de Acaya, en Grecia, y que fue crucificado en Patrás. La Iglesia de Constantinopla lo venera como muy insigne patrono (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Asilo de San Andrés, en Lebrija (Sevilla).
   El Asilo de San Andrés, se encuentra en la plaza Manuela Murube, 2; en Lebrija (Sevilla).
   Una de las personas que continuó la obra social que en su día iniciasen Andrés Sánchez de Alva y Otilia Calderón fue su prima Manuela Murube, quien dedicó gran parte de su vida a ayudar a mantener el asilo y proporcionar unas buenas condiciones de vida a quienes allí vivían. Además de esto, Doña Manuela donó unos valiosos cuadros de la pintora lebrijana Antonia Rodríguez Sánchez de Alva al asilo. Entre los cuadros que se pueden ver aún en su interior destacan San Francisco de Paula, Los desposorios de la Virgen con San José, San Pablo Ermitaño y San Esteban.
     Además de todo ello, Doña Manuela Murube fundó, en el año 1917, el colegio San José, al que sólo podían asistir niñas. Este colegio estuvo en manos de las Hijas de la Caridad del Asilo de San Andrés. Actualmente, el Asilo es en una reconocida residencia de ancianos. 
     Una de las personas que continuó la obra social que en su día iniciasen Don Andrés Sánchez de Alva y Dña. Otilia Calderón, fue su prima Doña Manuela Murube quien dedicó gran parte de su vida a ayudar a mantener el asilo y proporcionar unas buenas condiciones de vida a quienes allí vivían. Además de esto, Doña Manuela donó unos valiosos cuadros, de la pintora lebrijana Antonia Rodríguez Sánchez de Alva, al asilo. Dichos cuadros se pueden ver aún en su interior.
     Debido a su gran dedicación, en el año 1962 se le dio el nombre de Plaza de Manuela Murube al lugar en el que se encuentra ubicado el asilo.
     Además de todo ello, Doña Manuela Murube fundó, en el año 1917, el colegio San José, al que solo podían asistir niñas. Este colegio estuvo en manos de las Hijas de la Caridad del Asilo de San Andrés. Actualmente el Asilo es en una reconocida residencia de ancianos.
     Fue D. José Monge quien realizó el diseño y llevó a cabo la construcción del Asilo San Andrés. Este lebrijano fue también el artífice de la conocida “Casa de Dña. Salud”, ubicada en la calle Ignacio Halcón, junto al Ayuntamiento. Ayuntamiento.
     Durante los siglos XV y XVI la plaza Manuela Murube, junto con las actuales plazas “Juan Díaz de Solís” y “Manuel Halcón” (también conocida como “El Pilar”), formaron un único emplazamiento que llevó el nombre de “Campo del Príncipe”. A este lugar llegaban los ganaderos en busca de un sitio donde descansar y dar agua a sus reses, por lo que popularmente fue llamado “El abrevadero”.
     Posteriormente llevó diferentes nombres como “Plaza de San Francisco” y “Plaza del Príncipe Alfonso”, hasta que finalmente se le dio su nombre actual. 
   Antonia Rodríguez Sánchez de Alva, fue una reconocida pintora romántica lebrijana. Nació el 19 de mayo de 1835, en el número 4 de la calle Trinidad, y murió el 23 de enero de 1868. Comenzó a pintar siendo sólo una niña y destacó pronto en este difícil mundo gracias a sus pinturas de temática religiosa y al género del retrato.
     Aunque desafortunadamente murió muy joven, dejó un importante legado artístico. Hubo dos obras que marcaron especialmente su carrera artística, “Autorretrato” y “San Cristóbal”. Esta última obra estuvo durante varios años en la Parroquia de Santa María de la Oliva (Lebrija). Lo más sorprendente de esta pintura, no era su gran tamaño ya que mide 5,29 x 2,73 m, sino que fue realizada cuando Antonia contaba con apenas 17 años y fue terminada en tan solo 43 días.
     En diferentes lugares de nuestro pueblo podrá observar algunas de sus obras. En el Asilo de San Andrés, por ejemplo, se encuentran algunas de ellas, de las que podemos destacar: “San Francisco de Paula”, “Los desposorios de la Virgen con San José”, “San Pablo Ermitaño” y “San Esteban”.
     En los años 60, la Hermana Sor María Rodríguez decidió organizar, en la antigua huerta del asilo, una tómbola para ayudar a las personas más necesitadas de otros países. Con el paso de los años, esta tómbola se convirtió en una tradición que llega hasta nuestros días.
     Así, cada año aprovechando los meses de verano, las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul junto con la ayuda de los jóvenes de JMV (Juventudes Marianas Vicencianas) y un grupo de mujeres de la Medalla de la Milagrosa, organizan este festival benéfico conocido popularmente como “Mercadillo misionero”.
     Se celebra, generalmente, durante las tardes del primer fin de semana de agosto en la Plaza Manuela Murube. En él podrá encontrar desde libros y juguetes hasta ropa, donados por diferentes empresas y comercios. Durante las noches se puede disfrutar de diferentes tapas típicas lebrijanas y de las actuaciones de distintos grupos musicales, que también colaboran de forma altruista con la causa. Todos los beneficios recaudados son destinados a labores sociales, entre las que podemos destacar las misiones de los Padres Paúles en Madagascar y las misiones que tienen las Hermanas de la Caridad en Marruecos (Ayuntamiento de Lebrija).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Andrés, apóstol
   Hermano mayor de san Pedro, y como él, simple pescador de Galilea, su nombre, que es griego y no judío, significa viril.  Fue el primero en seguir a Cristo. Por ello los griegos lo motejaron Protokletos o Protoclite (el primer llamado) y los rusos Pervozvanny.
   En los Evangelios se lo menciona dos veces, a propósito de las vocaciones de los dos primeros apóstoles y del milagro de la Multiplicación de los pa­nes. Su leyenda sólo cuenta con la garantía de los Hechos apócrifos.
   Después de la muerte de Cristo habría sido designado para evangelizar la Escitia, es decir, la actual Rusia. Ese apostolado es tan fabuloso como la evangelización de España por el apóstol Santiago. A lo sumo podría admi­tirse que hubiese estado en Ucrania, a orillas del mar Negro; pero se pretendió que había llegado a Roma por «la ruta de los varegos», pasando por Kiev, un itinerario que supera los límites de la credulidad.
   Al tiempo que predicaba en Escitia, un ángel se le apareció y le dijo: «Ve hacia Mateo.» Fue milagrosamente guiado hacia Etiopía donde el apóstol y evangelista san Mateo había sido cegado y metido en prisión. Las puertas de la cárcel se abrieron ante él, se arrodilló junto al mártir, se puso a orar, y al pun­to los ojos reventados de san Mateo volvieron a abrirse a la luz.
   Cumplida su misión, llegó a Grecia y luego a Asia Menor, donde consumó una serie de milagros. Expulsó de la ciudad de Nicea siete demonios metamorfoseados en perros, y en Tesalónica apagó un incendio.
   Encarcelado por el procónsul romano Quirino, gobernador de Macedonia, que lo acusaba de incitar a la destrucción de los templos y desviar al pueblo del culto de los dioses, fue arrojado a las fieras. Lo respetaron un jabalí, un toro y hasta un tigre, que en vez de devorarlo, saltó a la tribuna del circo y trituró con los dientes la cabeza del hijo del gobernador.
   Cuando visitó el Peloponeso, en Patras, que gobernaba el procónsul Egeas, curó a su mujer, Maximila. No obstante Egeas, quien le reprochaba predi­car la desobediencia al  emperador, lo hizo azotar con varas, luego ordenó que lo ataran con cuerdas a una cruz con forma de X (crux decussata), sin cla­varlo, para que la muerte se demorara más. Habría agonizado dos días en la cruz y expirado en el tercero. Fue enterrado por Maximila. En cuanto a Egeas, fue estrangulado por dos demonios.
   Su crucifixión, de la que se habla por primera vez en los Hechos gnósticos, fue imaginada para igualar a la de su hermano san Pedro. Pero al mismo tiem­po era necesario diferenciarla, por ello se le atribuyó un modo diferente de crucifixión que cabeza abajo en una cruz latina. Se supuso, sin la menor prue­ba, que había sido descuartizado sobre una cruz en forma de X, letra que recordaba la inicial griega del nombre de Cristo.
CULTO
   Su culto también se explica, en Oriente al menos, por el deseo de competir con san Pedro que había sido acaparado por la Iglesia de Roma. Por ello Andrés fue reivindicado por la Iglesia griega.
1. Culto en Oriente
   En 357 las reliquias de san Andrés habrían sido trasladadas de Patras a Constantinopla centro que, falto de poder para procurarse las osamentas de los príncipes de los apóstoles, san Pedro y san Pablo, quería poseer el cuer­po de uno de los primeros discípulos de Cristo.
   Pero los habitantes de Patras pretendían haber conservado el cuerpo auténtico del apóstol y hacia 1850 lo cedieron al gobierno ruso a cambio de una canalización de agua potable de cuya financiación se hizo cargo éste. Fue así como san Andrés, a quien se suponía evangelizador de la Escitia y muerto en Patras, se convirtió en patrón de Grecia y también de Rusia. De acuerdo con el cronista Néstor, habría plantado una cruz en el emplaza­miento de Kiev y predicho la grandeza futura de esa ciudad.
   Una de las principales iglesias de Kiev, construida en el siglo XVIII por Rastrelli, en estilo rococó, está puesta bajo su advocación.
2. Culto en Occidente
   Sin embargo la Iglesia latina no quería dejarse confiscar por los griegos cismáticos un apóstol de primera categoría, el propio hermano de san Pedro. Tres países, Escocia, Italia y Francia hicieron valer sus reivindicaciones con­tradictorias.
   Se imaginó que las reliquias de san Andrés habían sido llevadas desde Patras hasta Escocia. De ahí el nombre de la ciudad universitaria de Saint Andrews, adonde habrían llegado, y la introducción en las armas de Escocia de una cruz de san Andrés que está junto a la cruz de san Jorge sobre la Union Jack del Reino Unido de Gran Bretaña.
   Esas pretensiones concordaban mal con las de Italia donde se afirmaba que el cuerpo del apóstol había sido transferido en 1210 desde Constantinopla a la catedral de Amalfi, cerca de Nápoles. Por otra parte, la cabeza de san Andrés (o al menos una de las cabezas de este apóstol policéfalo) fue depo­sitada en Roma en 1462, por el papa Pío II que ambicionaba reunir los restos de los dos hermanos. Junto al Volto santo de santa Verónica, la lanza de Longinos y un fragmento de la Vera Cruz, es una de las cuatro grandes reli­quias veneradas en San Pedro de Roma.   
   Roma le dedicó una de sus principales iglesias bajo la advocación de S. Andrea della Valle. Además, San Andrés es el patrón de Pesara, Vercelli, Mantua, Brescia y Rávena, ciudad ésta que le consagró una iglesia muy an­tigua llamada S. Andrea dei Goti.
   Pero el principal centro de su culto sigue siendo Amalfi cuya catedral le está dedicada y expone en su cripta, para la veneración  de los peregrinos, la pretendida osamenta del apóstol de la que rezuma un aceite milagroso que se llama maná de san Andrés.
   La ciudad de Santander, en España, es el antiguo Fanum sancti Andreae.
   Inglaterra le consagró las catedrales de Rochester y de Wells.
   En Alemania, su sandalia es una de las piezas principales del tesoro de la ca­tedral de Tréveris.
   En Francia, el apóstol se convirtió en patrón de la Casa ducal de Borgoña, porque se lo consideraba evangelizador de la Escitia de la que creían proceder los burgundos. Felipe el Bueno puso bajo su protección a la orden del Toisón de Oro cuyos caballeros llevaban como insignia una cruz en X. El grito de guerra de los borgoñones era Montjoie saint Andrieu.
   Además de Borgoña, en el reino de Francia deben citarse la catedral de Saint André de Burdeos, fundada por san Marcial al mismo tiempo que la de Saint Pierre de Poitiers, la iglesia de Saint André de Ruán y la abadía de Saint André en Villeneuve, Aviñón, frente al palacio de los papas. En París, la iglesia Saint André des Arts fue edificada sobre el emplazamiento de una capilla dedicada a su casi hornónimo san Andeolo, apóstol del Vivarais. El hueso braquial del santo se conservaba en un relicario de Notre Dame de París.
   Además, San Andrés había sido adoptado como patrón por las corporaciones emparentadas de los pescadores de agua dulce (de coulce yaue), los pescaderos y los cordeleros que proveen a los pescadores la cuerda para las redes. Lo invocaban las mujeres casaderas que deseaban encontrar un marido, quizá porque el nombre Andrés evocaba en griego (andros) la idea de un macho, como san Colomán (Mann) en los países de lengua alemana.
   Como curador, era invocado contra la gota, calambres, tortícolis, (stiffneck), erisipela y disentería que se llamaba el mal de san Andrés.
ICONOGRAFÍA
   El atributo más popular de san Andrés es la cruz aspada de brazos oblicuos en forma de X, que los latinos llamaban crux decussata (de decem o decussis: diez, en números romanos, se expresa X), y que tornó el nombre de cruz de san Andrés. También se la llamaba cruz de Borgoña, porque en 1433, el duque Felipe el Bueno, habiendo recibido de Constantinopla un fragmento de la cruz que se habría empleado en la crucifixión del apóstol en Patras, la con­virtió en la insignia de su orden del Toisón de Oro.
   Esta tradición no se apoya en texto alguno. La Patrología griega (t.II,col.1238) sólo nos dice que el cuerpo de san Andrés fue «distendido con juncos», que la leyenda interpretó diciendo que el procónsul lo hizo atar a la cruz con cuer­das para hacerle sufrir más tiempo. En ninguna parte se habla de una cruz con forma de X.
   De hecho, el arte cristiano de la Edad Media ha vacilado mucho tiempo antes de adoptar la cruz en X como atributo de san Andrés. Hasta el siglo XV, la mayoría de las veces se lo representa sobre una cruz latina de brazos hori­zontales, en todo semejante a la de Cristo.
   Los ejemplos abundan.
   En el arte italiano del Quatroccento, la cruz latina todavía es la regla, como lo prueban las pinturas de Fiorenzo di Lorenzo, en Perusa, de Pinturicchio en Spello, de Fra Angelico en Florencia, la Virgen de la Victoria de Mantegna (Louvre) y el tondo de terracota esmaltada de Luca della Robbia en la capilla de los Pazzi, en Santa Croce de Florencia.
   ¿En qué momento aparece la cruz en X? Según E. Mille, el ejemplo más antiguo se encontraría en una vidriera del siglo XIII, en la catedral de Tours. En sus Caracteristiques des saints, el padre Cahier pretende, por otra parte, que «la cruz oblicua o en X, que lleva hoy entre nosotros el nombre de cruz de san Andrés, no se remonta más allá del siglo XIV».
   Esas dos afirmaciones son inexactas. En realidad, la cruz de san Andrés aparece a partir del siglo X en el Tropario de Autun. Debe dejarse de lado el capitel de Saint Pons (Hérault), actualmente conservado en la Universidad de Montpellier, que ha sido reproducido con una leyenda errónea por el ar­queólogo norteamericano Kingsley Porter en su Corpus de la escultura romana. Ese capitel no representa en modo alguno el martirio de san Andrés sino la crucifixión de san Pons, patrón de la abadía del Languedoc.
   Fue a partir del siglo XV cuando la cruz en X se convirtió en parte integrante de la iconografía de san Andrés, posiblemente por la influencia de la insignia de la orden del Toisón de Oro. Esta innovación apareció simultánea­mente en Francia, los Países Bajos y Alemania. Entre otros ejemplos, pue­den citarse en el arte francés una vidriera de la catedral de Ruán, la minia­tura de Jean Fouquet en el Libro de Horas de Étienne Chevalier, una pintura de Holbein el Viejo, un grabado de Lucas Cranach; y en el arte alemán, la estatuilla de bronce de Peter Vischer adosada al relicario de la iglesia de San Sebaldo, en Nuremberg. Al mismo tiempo, la cruz, que era portátil, se con­virtió en gigantesca.
   En el siglo XII, la cruz en X triunfó definitivamente, como lo prueban las pinturas de Ribera, Murillo (Museo del Prado), Cario Dolci (Gal. Pitti), Rubens o la estatua colosal de François Duquesnoy bajo la cúpula de San Pedro de Roma. No obstante, hacia 1610, Caravaggio representaba todavía a san Andrés con las muñecas atadas con cuerdas al travesaño horizontal de una cruz latina.
   ¿Cómo explicar esta sustitución de la cruz latina por la cruz en X cuando los textos no precisan la forma del instrumento del suplicio de san Andrés? Es posible que se haya querido diferenciar la crucifixión de los apóstoles de la de Cristo y que, así como San Pedro había querido ser crucificado cabeza abajo por humildad, se haya tenido la idea de representar a su hermano no sólo atado con cuerdas como los dos ladrones, sino descuartizado sobre la cruz. En principio se había supuesto que había sido crucificado horizontalmente, per transversum. 
   El capitel de la iglesia de Besse (Auvernia) que lleva la extraña inscripción en acusativo: Passionem sancti Andreä Apostoli, copiada literalmente de la primera frase de la leyenda del santo en un manuscrito de la Biblioteca de Clermont, sugiere otra hipótesis. Se observa en efecto, que sobre ese capitel, san Andrés está atado a una cruz latina mediante cuerdas anudadas en forma de X alrededor de brazos y piernas. Quizá esas cuerdas entrecruzadas hayan dado a los artistas la idea de representar al apóstol ligado a una cruz con los brazos en diagonal. Ya se sabe cuantas leyendas deben su nacimiento a imá­genes malinterpretadas.
   Los pies y las manos del mártir están casi siempre atadas con cuerdas. La miniatura del Menologio de Basilio donde está clavado sobre la cruz es una excepción.
   Señalemos, también a título de excepción,  un segundo atributo de san Andrés que alude al oficio que ejercía antes de su vocación: una gran red de pescador de la cual a veces emergen cabezas de peces, como en las pintores­cas sillas del coro de la catedral de San Pedro de Ginebra (siglo XV). Una es­tatua de piedra del siglo XVI, en la colegiata de Saint Vulfran de Abbeville presenta la misma particularidad (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).   
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