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martes, 15 de septiembre de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Monasterio de San Benito, o Palacio Prioral, Iglesia de San Francisco, Ermita de Santiago y San Ildefonso, Iglesia de Nuestra Señora del Pilar, Iglesia de la Santa Cruz, Capilla de Santa Isabel, Casa de la Tercia, Casa Consistorial, Plaza de España, Casa de los Bolos, La Jabonera, Castillo de la Encomienda, y Casa Tradicional Villanovense) de la localidad de Villanueva de la Serena, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Monasterio de San Benito, o Palacio Prioral, Iglesia de San Francisco, Ermita de Santiago y San Ildefonso, Iglesia de Nuestra Señora del Pilar, Iglesia de la Santa Cruz, Capilla de Santa Isabel, Casa de la Tercia, Casa Consistorial, Plaza de España, Casa de los Bolos, La Jabonera, Castillo de la Encomienda, y Casa Tradicional Villanovense) de la localidad de Villanueva de la Serena, en la provincia de Badajoz.
     La población se sitúa en el borde occidental del Partido Judicial, en el ámbito donde se solapan las vegas del Guadiana y las llanuras de terreno seco y duro que se extienden hacia levante.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 152 Km2
     Altitud: 254 m.
     Distancia Capital: 118 Km.
     Partido Judicial: Villanueva de la Serena
     Comarca: Vegas Altas
     Otras Entidades: Casas del Castillo (Barriada), Encomienda (Cortijo), Entrerríos (E.L.M.), Valdivia (E.L.M.), Zurbarán (E.L.M.)
     Gentilicio: Villanovense
Ayuntamiento de Villanueva de la Serena
     Plaza de España, 1
     06700 Villanueva de la Serena (Badajoz)
     Teléfono: 924846010
     Fax: 924843529
     Web: www.villanuevadelaserena.es
Historia.-
    La presencia de pobladores desde los tiempos más remotos, queda testimoniada por los hallazgos ,de época prehistórica, aparecidos en el asentamiento celta de "Los Ranchos", situado a orillas del Guadiana.
     El núcleo ostentó sucesivamente los nombres de Aldea de los Freyres, Aldeanueva de Magaela, Villanueva de Lares y, ya en el siglo XVI, el definitivo de Villanueva de la Serena.
     A finales del siglo XVI y comienzos del XVII, cuando , con una población aproximada de 3.500 habitantes, se convirtió en el pueblo más importante de la comunidad de Villa y Tierra de Magacela; y en la cabeza de los 18 pueblos enclavados en el territorio de la Real Dehesa de la Serena.
     La población se sitúa en el borde occidental del Partido Judicial, en el ámbito donde se solapan las vegas del Guadiana y las llanuras de terreno seco y duro que se extienden hacia levante.
     Villanueva ha experimentado en los últimos tiempos un extraordinario desarrollo, habiéndose convertido en pocas décadas en una ciudad moderna, abierta y dinámica, muy pujante en el terreno económico, social y cultural, constituyendo, junto con Don Benito, un poderoso centro de servicios, cuya influencia se proyecta con fuerza sobre todo el territorio circundante.
     Sus centros e instalaciones comerciales, mercantiles, educativas o deportivas, y sus equipamientos, nada tienen que envidiar en la actualidad a los centros de mayor entidad.
     Los naturales continúan siendo conocidos en el partido judicial por el apelativo popular de "serones".
     Con antecedentes aún no bien establecidos en los enclaves romanos de Portículus y Vesci, el asentamiento surgió en la Edad Media con categoría de aldea, al amparo de la vecina fortaleza musulmana de Mojáfar. En 1303 el núcleo fue cedido por Fernando IV a la Orden de Alcántara para su repoblación, bajo el nombre de Aldeanueva. En 1423 alcanzó el rango de Villa, contando entonces con una cerca amurallada de la que no se conserva ningún vestigio, pero cuyo trazado resulta bien conocido. En 1.504 se instalaba en ella el Priorato de la Orden trasladado desde Magacela.
     Villanueva de la Serena adquiere en 1856 la categoría de Ciudad, por un Real Decreto de Isabel II.
     Sucesivamente y según la jurisdicción en que se integraba, ostentó los apelativos de Villanueva de los Freyres, de Lares y de Magacela, hasta alcanzar el definitivo de la serena en el siglo XVI.
     Desde esa época la población luce en su escudo el lema que la señala como "Puerta de la Serena". Junto con Siruela, fue la sede de las reuniones de la Mesta, distinguiéndose a partir del siglo XVII como uno de los centros más florecientes de la región. En el XIX recibió de Isabel II el título de Ciudad.
     Villanueva es cuna de extremeños ilustres, como el conquistador de Chile Pedro de Valdivia y, en el apartado de las letras, el autor de "Jarrapellejos", Felipe Trigo (el premio literario que lleva su nombre, instituido por el Ayuntamiento, acrecienta su renombre de año en año) (Diputación Provincial de Badajoz).
     Uno de los más importantes núcleos de la Baja Extremadura, a caballo entre las Vegas Altas del Guadiana y la parte más occidental de La Serena, siendo difícil determinar dónde comienza una comarca y dónde concluye la otra, Villanueva pasa por ser la puerta de La Serena.
Historia
     Su primitivo nombre de Aldeanueva alude a las repoblaciones llevadas a cabo en el siglo XIII, origen de la villa. Dentro de los dominios dela Orden de Alcántara, se constituye en cabeza de la Real Dehesa de la Serena en el siglo XVI, preeminencia que tuvo en épocas posteriores merced a una modesta pero intensa actividad industrial y mercantil. Aquí nació, en 1864, el escritor Felipe Trigo, que alcanzó gran difusión con sus novelas naturalistas de acentuado erotismo. El término municipal acoge uno de los más destacados centros de agricultura biológica de España.
Gastronomía
     Además de los platos habituales de la comarca, tales como las migas o la caldereta, son específicos de la localidad el ajo de peces y las bogas asadas. Buenos vinos de las Vegas Altas del Guadiana y quesos de La Serena.
Artesanía
     La mayoría de los viejos oficios artesanos ha desaparecido pero todavía perdura la fabricación de romanas, el tradicional instrumento de peso ya en desuso.
Fiestas
     El Domingo de Resurrección tiene lugar la procesión de encuentro o carrerita de la Virgen de la Aurora. El barrio de Cruz del Río celebra las mayas con cruces engalanadas. Del 24 al 16 de julio se desarrollan las fiestas patronales en honor de Santiago y Santa Ana, y un mes después las de San Bartolomé, en la barriada de ese nombre.
Vida urbana
     Los alrededores de la plaza de Maura, con la calle Pasadera y la peatonal de Ramón y Cajal, configuran la principal zona de comercio y brindan también algunos lugares para el tapeo. A las afueras, en torno a la plaza del Corazón de Jesús, numerosos bares y pubs acogen el ambiente joven.
     A lo largo de todo el año son muy nume­rosas las actividades culturales (teatro, cine, conferencias), entre las que destacan, tras el Festival Internacional de Danza (en junio), el Festival Folclórico de las Comunidades (en julio), que cuenta con la participación de grupos de las diferentes autonomías, y el Festival de Teatro en la Calle (14-17 de Julio), que se viene celebrando año tras año con mucho éxito.
VISITA
     El desarrollo urbano ha afectado a la conservación del patrimonio artístico y, al igual que ocurre con la vecina población de Don Benito, más que como un objetivo turístico en sí misma, la ciudad, bien dotada de servicios y con una activa vida urbana, constituye un idóneo punto de estancia y partida para visitar la región.
     El espacio neurálgico es la plaza de España, provista de soportales en uno de sus lados y presidida por la estatua de Pedro de Valdivia, el conquistador de Chile, nacido en la villa. En ella se encuentran el Ayuntamiento (siglo XVI, reformado en el XVIII), con un atrio porticado y el llamativo escudo de la villa, en el que figura una sirena, y la iglesia de la Asunción (siglo XVII), templo de marcada horizontalidad herreriana. Son destacables sus tres portadas clasicistas y, en el interior, una talla de la Virgen de los Dolores, obra de M. Benlliure, y una tabla de Luis de Morales.
     La antigua casa de los Priores, trans formada en convento de monjas concepcio­nistas, data de finales del siglo XV, aunque fue reconstruida durante el año 1627. Muy cercana se encuentra la ermita del Cristo del Santo Sepulcro, con el escudo del águila bicéfala de los Austrias.
     De las casonas solariegas merecen citarse, en la calle Zurbarán, la popularmente conocida como casa de los Bolos y la contigua casa de González-Haba, donde existe un pequeño museo etnográfico.
     También tienen interés la ruinosa casa de la Tercia, antigua sede de La Mesta, en la calle Pizarro, y el conjunto de casas de la calle de la Carrera (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 

Monumentos.-
     Su importancia histórica y su abolengo quedan de manifiesto en las numerosas realizaciones monumentales y religiosas, casas solariegas, etc., que la ennoblecen. Entre ellas cabe recordar el convento franciscano de San Bartolomé, fundado en 1575 a las afueras del núcleo, junto a la vieja ermita de Santa Ana.
     El Ayuntamiento fue concluido en su estructura principal en 1583 y ampliado en 1.595 con la adición de la Cárcel del Partido. Se trata de uno de los edificios de su especie más señalados de la región. En su fachada luce airoso pórtico y balconada, coronándose con el escudo de la población, en el que luce la emblemática sirena. La obra fue rehecha en 1701.
     También del XVI es la casa de la Tercia, situada en la calle Judería, hoy en ruinas, y que durante algún tiempo sirvió como Ayuntamiento y como sede para las reuniones de las Órdenes Militares y la Mesta.
     De 1.604 databa el convento de la Concepción, que se erigía en el lugar donde hoy se abre el Parque de la Constitución. Resultó demolido en 1.926 para construir en su lugar la plaza, trasladándose entonces la comunidad al edificio que actualmente ocupa. Este había sido en el siglo XV monasterio de los Freyres o de San Benito, y poco después sede del Priorato de Alcántara, tras su traslado desde magacela. En 1.626 el palacio fue reconstruido, siendo reedificado de nuevo en 1.788, en tiempos de Carlos III, datando de esa época su actual aspecto. En el interior se conserva una excelente tabla de Luis de Morales representando una Virgen con el Niño Jesús y San Juanito.
     Adyacente al convento se halla la pequeña ermita del Cristo del Santo Sepulcro. Otras fundaciones religiosas de interés son las ermitas de Santiago y Jesús Nazareno, hoy conectada a una vivienda particular.
     Numerosas casonas solariegas de los siglos XVI al XVIII correspondientes a los linajes históricos más significados proliferaban en la ciudad, luciendo en sus fachadas los blasones de sus armas. Muy significativos del crecimiento experimentado por la localidad en el siglo XIX, son los palacetes de estilo ecléctico y modernista que aparecen en el entorno de la Plaza de la Constitución, entre los que resaltan el llamado "de los Bolos", o el de los González-Haba, hoy sede de un interesante museo.
     En la Plaza de España, ámbito de gran sabor perimetrado por arquerías porticadas, se sitúa el Ayuntamiento en unos de sus costados. En ella se alza el monumento de Pedro de Valdivia, obra en bronce realizada en 1927 por Gabino Amaya.
     Preside la plaza la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción, obra de grandes proporciones y suntuosa arquitectura de severo estilo herreriano, ejecutada con sillares, es sin duda la realización arquitectónica más significada de la ciudad. Fue erigida en el siglo XVI sobre otra anterior del XIV, y en ella destacan su hermosa torre, levantada en el XVII por Pedro Sánchez de Estrada, y las tres magníficas portadas de elegante diseño clasicista.
     El interior presenta planta de salón con tres naves de igual altura sobre columnas toscanas. Entre sus contenidos llama la atención una excelente talla de la Virgen de los Dolores, obra de Mariano Benlliure; la réplica realizada por Gabino Amaya del Cristo de la Pobreza, perdido con todos los demás componentes del templo durante su incendio en 1936, y las bellísimas imágenes de la Virgen de la Soledad y Jesús Nazareno, obras del artista local Eduardo Pino.
     A unos 8 km. por la carretera de Valdivia se encuentra el Castillo de Castelnovo o de La Encomienda. Construido sobre las ruinas del castillo musulmán de Mojáfar, fue residencia de los Comendadores de la Orden de Alcántara y resulta impresionante por las dimensiones del recinto, el estado de conservación, así como la perfecta armonía que guarda con el río Guadiana (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.-
     Edificio declarado Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de monumento en 2021.
     Construido en granito con arquitectura de estilo herreriano. Sobre su planta existió una iglesia primitiva, antecesora de la actual que databa de 1265, levantándose el cuerpo principal en 1325 y en 1575 la capilla mayor. La obra fue reedificada de nuevo, según su aspecto presente en 1608, concluyéndose la torre en 1634.
     De planta rectangular, el interior consta de cabecera y tres naves, la primera con cúpula que se eleva a 33 metros del suelo y bóveda de arista, las laterales, de 25 metros, están sostenidas por ocho soberbias columnas. La torre se halla a la derecha de la portada principal, cuadrada y de notables dimensiones, es una construcción de piedra sillar dividida en tres cuerpos separados por sencillas cornisas.
     El retablo que preside el Altar Mayor es obra de Antonio Martín Martínez de Zafra. En el segundo cuerpo se encuentra la hornacina de la Virgen de la Asunción, titular de la parroquia, obra del escultor Sebastián Santos. Las pinturas fueron realizadas por los artistas sevillanos Rafael de Blas Rodríguez y su hijo, Juan Antonio de Blas.
     Junto a los valores históricos -artísticos del templo, existen bienes muebles en el interior que igualmente están protegidos. Entre ellos destacan la excelente talla de la Virgen Nuestra Señora de los Dolores, obra del escultor Mariano Benlliure, así como una réplica realizada en 1948 por Gabino Amaya del Cristo de la Pobreza; además de las rejas de las capillas de Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora del Carmen. Bienes igualmente protegidos en el interior del templo son la Custodia, la pila bautismal, El Retablo Mayor y la obra de Luis de Morales “La Virgen con su Hijo y San Juan niños”.
     Las verjas y cerrajería artística, fueron diseñadas, forjadas y repujadas por los artistas villanovenses Alfonso Pineda e Hijos. La verja del baptisterio se debe a José Roldán, artesano de la localidad (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Monasterio de San Benito, o Palacio Prioral.-
     Construido por el Maestre de la Orden de Alcántara, Juan de Zúñiga y Pimentel en 1494; reconstruido durante el reinado de Carlos III. En el Siglo XVIII  tras el saqueo e incendio provocado por las tropas francesas, se reedificó de nuevo.
     La Capilla del Santo Sepulcro, anexa a la iglesia de San Benito, fue construida por el Concejo de la Mesta y en 1673 el Prior de Magacela Don Luis Velázquez de Zúñiga fundó en este edificio la Capilla. En el exterior tiene un impresionante escudo de granito (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Iglesia de San Francisco.-
     En 1575 se autorizó por Real Cédula la fundación de un convento en lo que actualmente es la avenida de San Francisco y en ese momento eran las inmediaciones de la Puerta de la Villa. Un convento atendido por franciscanos.
     El templo, es una edificación de una sola nave con presbiterio, cuerpo general y una capilla de forma octogonal adosada al lado norte. Con techo de bóveda y cúpula en el crucero.
     La iglesia fue construida en 1595, al final de la etapa Renacentista y principios del Barroco. Está hecha en ladrillo, empleando el granito solo para las partes más nobles: columnas, pilares y puertas.
     En la actualidad, se conservan el claustro y la Iglesia, han desaparecido la extensa huerta y el enterramiento que primitivamente existía. Anexo al templo, existe una edificación posterior que es un hospital (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Ermita de Santiago y San Ildefonso.-
     Fue fundada en 1552 bajo ambas advocaciones por el villanovense Don Gonzalo Vázquez de Ecija en el mismo sitio donde ha sido edificado el templo actual.
     Con el transcurso del tiempo sólo se conservó en la ermita la imagen del Apóstol. San Ildefonso pasó a un altar de la Parroquia a la derecha del altar mayor. Se trata de una ermita pequeña de nave única, planta rectangular y entrada principal en uno de los laterales.
     En la Guerra Civil fue destruida la antigua imagen de madera, reemplazándose por una nueva. La ermita actual es fruto de una remodelación total que finalizó en 1980 (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Iglesia de Nuestra Señora del Pilar.-
     La edificación de este templo se llevó a cabo según proyecto redactado por el arquitecto Don Luis Rodríguez Hernández en marzo de 1969. No quedó abierto al culto hasta el 12 de octubre de 1974.
     Su configuración, de líneas sencillas, consta de un solo volumen con planta rectangular y cubierta de techos planos.
     Preside junto al crucifijo, una imagen de la Virgen del Pilar en trono de cerrajerías artísticas con adornos de metal repujado (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Iglesia de la Santa Cruz.-
     Antes denominada de San Miguel. Las obras de este templo, con 775 metros cuadrados de superficie construida, corresponden al proyecto de junio de 1970 de los arquitectos Don. Manuel Briñas Coronado y Don. Daniel Calero González. Los autores del diseño tuvieron en cuenta las conclusiones de teólogos y técnicos, emanadas del Concilio Vaticano II. Fue inaugurada el 17 de diciembre de 1973.
     El edificio consta de unos porches cubiertos, atrio de iglesia, cuatro naves o volúmenes principales para fieles, y tres cuerpos laterales que constituyen la capilla del sagrario, confesionario y sacristía.
     Cuatro entradas a las naves agilizan el acceso de asistentes a los actos religiosos (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Capilla de Santa Isabel.-
     Situada en el mismo lugar donde estuvo el anterior cementerio parroquial, ya desaparecido. Su fundación data del año 1893, fue promovida por el matrimonio villanovense Don Julián Escribano Sánchez y Doña Ana Montero González, que la hicieron construir en memoria de su hija Isabel, fallecida en plena juventud.
     La Capilla con amplio vestíbulo, verjas de hierro forjado, frontón triangular rematado por espadaña con campana, tuvo en el altar una imagen del crucificado y en hornacina superior, otra de Santa Isabel.
     Los fundadores pretendieron que pudiera servir para el culto público, dando mayor solemnidad a los oficios de los sepelios que se desarrollaban en el portal de entrada al cementerio.
     Durante años, la edificación ha estado en desuso y fue deteriorándose con el paso del tiempo. Esta capilla ha sido sometida a un completo proceso de rehabilitación y recuperación del edificio, gracias al convenio firmado entre el Ayuntamiento y el Arzobispado de Mérida-Badajoz.
     Actualmente, el edificio está destinado a uso social y lleva por nombre Centro Social Joaquina Ruiz. Maestra (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Casa de la Tercia.-
     Su nombre es debido a su función de almacén de granos recaudados de los tributos que abonaban todos los vecinos a la Orden.
     Edificio de gran importancia histórica ubicado en la calle Pizarro (antigua Judería). Construido en 1310, era el domicilio de algunas personalidades de la Orden de Alcántara. Se instaló en ella la Mesa Maestral. “De Villanueva de la Serena salió la voz qué había de contribuir eficazmente a la pacificación de Castilla“. El día 17 de marzo de 1313 se reunieron los Comendadores y Maestres de las diferentes Órdenes, acordaron unirse para defender los derechos de Alfonso XI.
     Se trata de un edificio de dos pisos con fábrica de mampostería encalada y piedra, con portada granítica adintelada en el bajo y tres ventanas con sus rejas en el alto. En la actualidad se encuentra en estado de rehabilitación.
     Durante el siglo XVII la contaduría corrió a cargo de los banqueros Fugger (conocidos como Fúcares), se les concedió el asiento del Maestrazgo a cambio de las sumas proporcionadas a las arcas reales, exhaustas con los gastos de la elección imperial y las guerras (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Casa Consistorial.-
     El Concejo, Justicia y Regidores de Villanueva solicitaron y obtuvieron del rey Felipe II, con fecha 25 de agosto de 1575, licencia para construir el Ayuntamiento y los edificios necesarios al Concejo. Obtuvieron asimismo licencia para tomar del censo a cantidad de 250.000 maravedís, para edificar la Casa, incluyendo “pósito para el trigo, cárcel y Audiencia, por no haber en dicha villa, lo que debía haber”
     La obra fue concluida parcialmente en 1583, según reza en el escudo de entrada de la Casa de Austria. Sin duda es el edificio más representativo de la ciudad, y una de las Casas Consistoriales de mejor traza de la región.
     En la zona baja se abren tres amplios arcos de medio punto, sobre columnas jónicas, configurando un atrio porticado. En el piso superior se dispone de una balconada corrida, con cinco ventanas adinteladas de sobrio enmarque granítico. En el coronamiento en forma de frontón se aloja el escudo de la Villa y una inscripción señalando el año de 1583 “siendo gobernador el señor licenciado Duarte de Laguna“ (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Plaza de España.-
     Era un ensanchamiento del camino ganadero de la trashumancia a su paso por la población. Los soportales, construidos para protección de vecinos y de los antiguos puestos del mercado, no aparecen hasta 1781 con la decadencia de la Mesta. Las miles de cabezas de ganado, que componían los rebaños de la Mesta, atravesaban la población entrando por la Puerta de la Villa y saliendo por la otra puerta de la muralla.
     La plaza de Villanueva recibió su actual denominación de Plaza de España el 2 de noviembre de 1938.
     En 1896 concluía la edificación de portales en el lateral que va desde el Ayuntamiento hasta la calle de Santa María de Guadalupe y finalmente se terminaron los que aparecen frente a la Casa Consistorial en su último tramo al iniciarse la década de los años cincuenta (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Casa de los Bolos.-
     Con esta denominación se conoce en Villanueva un edificio situado en la calle Zurbarán junto al parque central. Su terminación coincidió con el primer cuarto de nuestro siglo. Consta de dos plantas y torreón; mirador de madera con decoraciones de azulejos, al igual que la cornisa, y en el torreón, un ajimez cuyo alfiz enmarca el blasón de los Reyes Católicos en cerámica policromada. Zócalo de sillares de cantería almohadillados.
     Distribuidos por la fachada de la planta alta destacan los bolos esféricos de granito que dan nombre a la mansión. Sobre al arco de la puerta principal, las armas de la Casa Mendoza. Las artísticas rejas de hierro se forjaron en Villanueva y las maderas, antiguas, fueron traídas ex profeso de diversas procedencias.
     El palacio fue construido por el maestro de obras villanovense Don Juan Santos Sánchez, por iniciativa y siguiendo las directrices de su propietario Don Ricardo Guisado Casillas (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

La Jabonera.-
     Denominación popular de la Fábrica de Jabones propiedad de Don José Gallardo, único exponente en la ciudad de la arquitectura industrial del siglo XIX. Esta impresionante casa de estilo ecléctico, además de ser la más floreciente industria del entorno, dando empleo a casi un centenar de personas, fue la primera vivienda particular que contó con ascensor y calefacción en la localidad.
     Posee también claras influencias de la arquitectura del hierro, tan característica del arte industrial decimonónico. El edificio se compone de casa de tres plantas, sótano y azotea, y un conjunto de naves industriales. Al exterior, una valla de hierro rodea el perímetro. La fachada se presenta adintelada y surcada de vanos enmarcados por un friso de motivos vegetales.
     Las ventanas de la primera planta se protegen con rica rejería forjada. En la segunda destaca un mirador con visera. Para romper la horizontalidad del edificio, la fachada se remata con un gran rectángulo con decoración de angelitos en relieve, flanqueado por dos rectángulos más pequeños a los lados (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Castillo de la Encomienda.-
     Tras la conquista de Trujillo en 1232 por Fernando III, el monarca, acompañado por los caballeros de Alcántara y por el obispo de Plasencia, penetra en la comarca de La Serena reconquistando algunas fortalezas islámicas. Don Arias Pérez rendiría y echaría por tierra el castillo musulmán de Mojáfar, construyéndose después este nuevo castillo, sobre el mismo emplazamiento o en un lugar próximo, el cual ha conservado hasta nuestros días el nombre de Castilnovo que define sus orígenes.
     Lo más antiguo de la fortaleza parece datar del siglo XIV. Emplazada sobre un cerro al norte del río Guadiana. Se constituye con un cuerpo principal en cuyo flanco meridional sobresalen una torre prismática y otra cilíndrica, comunicadas entre sí y con los adarves mediante un sistema de andenes y escaleras que potencia y garantiza su seguridad y permite una fácil defensa; circundándose todo con una barbacana reforzada también con algunos cubos.
     En los últimos años del siglo XV se añadió otro cuerpo a modo de barbacana en el lado meridional, como continuación de la primera barrera, configurado en forma de recinto rectangular con cubos cilíndricos en sus dos esquinas. Quedó entonces en el interior el baluarte citado, permitiendo la creación de un patio de armas en cuyos flancos se construirán varias dependencias residenciales y pecuarias durante la segunda mitad del siglo XVI (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Casa Tradicional Villanovense.-
     El patrimonio civil se complementa con la vivienda tradicional de principios del siglo XX. Predominaban dos tipos de construcciones: medias casas y casas enteras, diferenciándose por la ubicación de dependencias a uno o ambos lados del pasillo.
     El adobe secado al sol o en hornos era el material constructivo para paredes y suelo. Para la techumbre se empleaban palos y cañizos.
     La estructura de la viviendas se configuraba en dos alturas. La parte inferior de dos, tres o cuatro naves, contaba con un pasillo realizado con chinatos, denominado vereda o caño de casa. En la primera nave se situaban sala y dormitorio, en la segunda cocina y dormitorio y en la última la bodega. El fondo de la vivienda lo ocupaban el patio y las cuadras. La segunda altura se destinaba a “doblao“ (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Monasterio de San Benito, o Palacio Prioral, Iglesia de San Francisco, Ermita de Santiago y San Ildefonso, Iglesia de Nuestra Señora del Pilar, Iglesia de la Santa Cruz, Capilla de Santa Isabel, Casa de la Tercia, Casa Consistorial, Plaza de España, Casa de los Bolos, La Jabonera, Castillo de la Encomienda, y Casa Tradicional Villanovense) de la localidad de Villanueva de la Serena, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

martes, 18 de febrero de 2025

Los principales monumentos (Convento de San Francisco, Puerta de Carlos V, Puerta de Almocábar, Iglesia del Espíritu Santo, Convento de Santa Isabel, y Palacio de Mondragón - Museo Municipal) de la localidad de Ronda (II), en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Convento de San Francisco, Puerta de Carlos V, Puerta de Almocábar, Iglesia del Espíritu Santo, Convento de Santa Isabel, y Palacio de Mondragón - Museo Municipal) de la localidad de Ronda (II), en la provincia de Málaga.


     En la zona más llana de la Ronda antigua, el ba­rrio de San Francisco crece extramuros tras la conquista cristiana, con un carácter eminentemente agrícola, característica que aún conserva. Sus antiguos conventos y ermitas se sitúan junto a una gran plaza, utilizada, hasta la construcción de la plaza de Toros, como escenario principal de los festejos relacionados con los toros y ca­ballos.

Convento de San Francisco
     Fundado en 1485 por los Reyes Católicos, y situado al final del barrio al que confiere su nombre, este convento de Frailes Menores fue considerado, hasta el momento de su exclaustración en 1836, y gracias al talante propio de la Orden, como la institución religiosa más popular, integrada y cercana al pueblo de cuantas se establecieron en la Ciudad del Tajo. Del edificio se conserva únicamente la iglesia, de planta de cruz latina, en la que sobresalen las bóvedas de terceletes en los brazos del crucero y presbiterio, con los escudos heráldicos de la familia Ovalle y Mendoza. Sin duda, lo más interesante del conjunto es la portada gótico-isabelina abierta en el muro del Evangelio, que, ejecutada en piedra berroqueña, expone un esquema a partir de un arco mixtilíneo rodeado en su perímetro con baquetones de guirnaldas de laurel, hojas de cardina y tallos de rosas entrelazados. A modo de alfiz, un baquetón continuo alterna el laurel con una cinta lisa en espiral, para dejar paso a un remate triunfal, presidido por el emblema franciscano de las cinco llagas rodeado del cordón seráfico, que se finaliza con una cruz arbórea sobre el Calvario. Flanqueando este último motivo, dos escudos heráldicos dispuestos en diagonal, hacen referencia a los patronos de la iglesia, en los nombres del noble matrimonio formado por Fernando Enríquez de Ribera e Inés de Portocarrero (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El convento original fue construido en el siglo dieciséis, en el lugar que ocupó el rey Fernando el Católico durante el asedio de la Ciudad en 1485 y que, posteriormente, correspondió a Don Juan Dávila en el repartimiento. Más tarde fue destruido por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia y posteriormente reconstruido. Sólo se conserva la Iglesia con planta de cruz latina, de estilo gótico-mudéjar. La nave central se cubría con armadura mudéjar de par y nudillo (desaparecida en un incendio en 1936) y que luego se ocultó con bóveda de medio cañón con lunetos.
     El acceso a la capilla mayor y brazos de crucero se efectúa a través de arcos diafragma apuntados que se apoyan en pilastras con baquetones y capitel corrido de cardina.
     Lo más interesante de este edificio es la portada de estilo isabelino, en piedra berroqueña, con arco mixtilíneo, formado por baquetones ricamente decorados con hojas de laurel, tallos entrelazados, hojas de cardo y todo ello enmarcado en alfiz. Encima de éste, y enmarcado por el cordón franciscano, está el emblema de la orden y otros escudos heráldicos (Diputación Provincial de Málaga).

Puerta de Carlos V
     Puerta de estilo renacentista del siglo dieciséis, decorada en su parte superior por el escudo de la Casa de los Austrias. Se encuentra ubicada junto a la Puerta de Almocábar, quedando a la derecha de la muralla musulmana (Diputación Provincial de Málaga).

Puerta de Almocábar
     La más monumental y mejor conservada de las puertas militares de las murallas rondeñas, comunicaba y comunica los barrios del Espíritu Santo, junto a la iglesia del mismo nombre, y San Francisco.
     Levantada durante la época nazarí, entre los siglos XIII y XV, daba acceso a la medina y a la alcazaba desde el sur, donde la muralla se hacía más alta y fuerte por ser el sector menos protegido por los accidentes naturales de Ronda. Su nombre deriva de la españolización de la palabra maqbara, que designaba al cercano cementerio. Siguiendo la tipología de puertas hispanomusulmanas entre dos torres semicirculares, adopta un ingreso recto o directo, con triple arco de entrada, el primero de herradura apuntada, al que sigue un espacio cubierto con bóveda de cañón y dos arcos de medio punto enmarcados por alfiz. Restaurada en 1965, se conserva en buen estado. Como otros monumentos de Ronda, se engloba en la protección del Conjunto Histórico de la ciudad (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Almocábar, de al-maqabir, el cementerio, es la puerta árabe que al sur de la ciudad daba acceso al Alcázar. Se abre entre dos torreones de sillería y planta semicircular. Su arco exterior es de herradura de fábrica de ladrillo macizo, y sus jambas son de sillería. Posee además dos arcos apuntados construidos también de ladrillo macizo unidos por bóvedas. 
     Los torreones tenían habitación en la parte alta cubiertas con bóvedas, una esquifada y otra de medio cañón. A su izquierda se encuentra otra puerta, mucho más reciente erigida en el siglo XVI, consta de dos pilastras rematadas en pináculos que enmarcan un arco de medio punto de sillería, formando un entablamento que se corona a través de un escudo.
     La configuración actual es fruto de una nueva ordenación realizada por el arquitecto Pons Sorolla, que modificó la primitiva puerta que se configuraba con la superposición de ambas.
     Su construcción data de finales del siglo XIII o principios del XIV. Forma parte de las puertas árabes con dos torres semicirculares a los lados y con el ingreso en enfilada o directo, según el sistema cristiano. 
     Durante el siglo XVIII recibió diferentes nombres Puerta de Ximena, de San Francisco, de la Alameda y de los Caños. La puerta fue restaurada en 1965. Esta gran puerta da paso al barrio del Espíritu Santo, a una plazuela de forma triangular, llamada en el siglo XVIII de los Caños, de donde arrancaba la antigua calle de las Imágenes, que pasaba por debajo de una torre y desembocaba en la puerta homónima, única entrada por este lado a la medina musulmana, con puente levadizo y rastrillo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La ubicación de Ronda en un promontorio rocoso le ha conferido, a lo largo de la historia, un marcado valor estratégico y defensivo. En época musulmana se localizaba la Medina Musulmana, claramente delimitada tanto por la barrera natural que supone la garganta excavada por el río Guadalevín como por las propias murallas de la ciudad.
     De la importante cerca amurallada que se conserva debemos destacar la puerta de Almocábar situada en el sector sur de la Medina, construida en el siglo trece y reestructurada en el periodo de Carlos Quinto. Esta puerta toma su nombre de la palabra "Al-maqabir" (cementerio) por estar cerca de la necrópolis principal extramuros, según costumbre islámica. Fue una de las puertas principales de acceso a la ciudad y daba entrada al barrio alto (actualmente del Espíritu Santo) y a la Medina Musulmana. Es una puerta árabe que se sitúa entre dos torres semicirculares en mampostería y consta de tres arcos consecutivos: los dos exteriores de herradura apuntada con alfiz y arquivolta y el central de tipo ojival.
     A mediados del siglo dieciséis se añadió otro cuerpo de acceso a la muralla en su parte delantera. Éste es de planta cuadrangular y con puerta principal almenada de estilo renacentista, consistente en un arco de medio punto en piedra, sobre el que figura un gran escudo real sostenido por el águila imperial.
     Otro hito importante de la cerca amurallada se localiza en el sector este de la ciudad: las murallas y puertas de la Cijara. Este área se compone de una doble línea defensiva que albergaba los arrabales islámicos de Ronda, donde se localizaban los Baños Árabes.
     Por último, destacar en el sector oeste de la ciudad, las murallas de la Albacara, cuya función era defender áreas productivas de la ciudad (molinos) y albergar el ganado en caso de riesgo. En este sector se localizan otras dos puertas de acceso a la Medina: la Puerta denominada del Cristo o de los Molinos y la puerta del Viento (Diputación Provincial de Málaga).

Iglesia del Espíritu Santo
     De prestancia monumental, responde al tipo de iglesia de grandioso buque exterior, bastante habitual en la arquitectura española de finales del XV y principios del XVI, encuadrándose en una estética de transición gótico-renacentista, marcada por la coexistencia entre los viejos mo­delos y el vocabulario culto de estirpe humanis­ta. El interior presenta coro elevado a los pies sobre arco carpanel y una sola nave, dividida en cuatro tramos, cubiertos tres de ellos con bóvedas góticas de terceletes y ligaduras, introduciendo una nota diferencial respecto a la bóveda ochavada del XVIII que cubre la capilla mayor. Los exteriores revelan rasgos singulares, pese a la gran sobriedad y efecto compacto de la fábrica de piedra, cuyos muros jalonan poderosos contrafuertes. Junto a los ventanales de tipo florentino, sobresale la portada principal, con arco de medio punto enmarcado por alfiz y un segundo cuerpo provisto de arco abocinado y geminado, rematado en frontón triangular que da réplica a la doble pendiente de la techumbre.
     Mermado en parte por el desenlace de los acontecimientos históricos, el patrimonio artístico del templo viene a ser casi inexistente. en cuanto al referente escultórico. El retablo del presbiterio, de corte rococó y estípites, se com­pleta en las calles laterales con las figuras de San Juan Bautista y San José con el Niño, ambas del siglo XVIII y desvirtuadas por el deterioro de la policromía. El retablo mayor incluye un lienzo con la Venida del Espíritu Santo y una tabla del siglo XVI con la Virgen de la Antigua, rescatada de un altar de estilo goticista existente en su día en el convento de San Francisco. En el muro de la Epístola del presbiterio, un altar dieciochesco enmarca una pintura de considerables dimensio­nes, en la que se representa la Adoración de los Reyes Magos.
     Los testimonios pictóricos del lado del Evangelio, de los siglos XVIII y XIX, tocan temas como la Inmaculada Apocalíptica, Divina Pastora y Cristo Resucitado. Gran interés histórico-artístico se aprecia en el lienzo de la Virgen de las Nieves, procedente del antiguo desierto carmelita situado en las cercanías de El Burgo. A su indudable calidad como objeto de arte, se une el valor gráfico y documental acerca de un complejo religioso de la Edad Moderna, que entre sus límites disponía de diferentes ermitas de peni­tencia alrededor del edificio monacal de referencia. Asimismo, la representación como motivo central de la Virgen de las Nieves constituye un testimonio de primer nivel en cuanto a presencia y estética de la antigua escultura. En el lado de la Epístola están las pinturas de Santa Ana y la Virgen niña, San Cayetano, Dolorosa, San José y el Niño, y Cena de Jesús en casa de Simón el Fa­riseo, este último de considerables dimensiones, copia del que ejecutó Miguel Manrique para el convento de la Victoria, hoy en la capilla de San Julián de la Catedral de Málaga. Es interesante un armario de Pasión, del siglo XVIII (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Fue mandada edificar por los Reyes católicos sobre una mezquita situada en la torre ochavada por donde penetraron en la ciudad los primeros soldados cristianos. Su construcción data de 1505.
     Responde su estilo en líneas generales al gótico isabelino conforme con las modalidades que presenta sus últimas evoluciones. Mantiene una gran sencillez en planta y alzado. Su fachada principal se levanta sobre una pequeña rampa. 
     Arcos de medio punto enmarcan tanto la fachada como el ventanal central, abocinado con parteluz y óculo. Dos contrafuertes laterales ascienden a través de la fachada y rematan en pináculos. El interior consta de una sola nave con el coro situado sobre la puerta de ingreso, sostenido por un arco carpanel de mínima curvatura. Posee una nave transversal de crucero enrasada con los muros exteriores de las capillas, abiertas entre los contrafuertes. Sus bóvedas de crucería nervadas están apoyadas sobre pilares semicilíndricos.
     Sobre la cabecera se levanta una cúpula esférica con pechinas más alta que las bóvedas de crucería, bajo ella sobre una plataforma a la que se accede mediante una escalinata se encuentra el altar mayor (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Su construcción se inició, por mandato de los Reyes Católicos, el mismo año de la conquista de la Ciudad (1485), concluyéndose veinte años después y erigiéndose sobre la mezquita del Arrabal Alto. Es de estilo híbrido gótico-renacentista, con una sola nave dividida en tres tramos cubiertos con bóveda de crucería estrellada y tres capillas. Antes de llegar al arco toral, a ambos lados, se abren dos capillas cubiertas con bóvedas de crucería estrelladas: la de la Virgen de Fátima y la del Sagrado Corazón. La capilla mayor se abre por un arco triunfal de medio punto y tiene bóveda semiesférica.
      Su sobria fachada se halla enmarcada por dos vigorosos estribos que la abrazan de arriba abajo, estando coronada por un frontón triangular con un ojo de buey en su tímpano como único motivo ornamental. Del mismo modo presenta una ventana de vidriera geminada y, bajo ella, una hornacina que alberga una paloma que representa al Espíritu Santo.
     La zona del presbiterio se encuentra cubierta por una bóveda de ocho nervios que cabalga sobre arcos de medio punto. Es curioso el aspecto que presentan las pecunias ensambladas entre sí por una original nervadura.
     El Altar Mayor ofrece un retablo barroco muy próximo al rococó, que contiene una tabla de influencia bizantina con imágenes de Nuestra Señora de la Antigua y el cuadro de la venida del Espíritu Santo. Es de destacar, en una de sus capillas laterales, la representación escultórica del Santo Entierro, con una extraordinaria urna y una magnífica imagen del Cristo yaciente y que se procesiona el Viernes Santo al caer la tarde.
     El exterior tiene un aire de solidez, debido a su origen de torre fortificada de la muralla, con grandes contrafuertes rematados con pináculos renacentistas. La portada de sillería está compuesta por un arco de medio punto enmarcado por alfiz de corte mudéjar.
     En definitiva, nos encontramos ante un edificio gótico de gran homogeneidad (Diputación Provincial de Málaga).

Convento de Santa Isabel
     Entre 1541-1542, el matrimonio formado por Luis de Oropesa y Catalina Triviño veía hecho realidad su deseo de fundar un convento de clarisas en Ronda.
     La iglesia se ajusta al característico espacio de nave congregacional única, presbiterio elevado y coros alto y bajo, propio de la Orden Franciscana. Hasta el XVII, el templo presentaba una arma­dura de madera, que quedó oculta por una falsa techumbre, dividida por un arco fajón presidido por el blasón franciscano bellamente policromado. Con esta solución se determinan dos tramos cubiertos con bóvedas de arista, resaltadas por baquetones de yesería y pintoresco pinjante de mocárabes. El presbiterio se cubre con bóveda de media naranja sobre pechinas, con pinturas de los pontífices franciscanos, y los nervios se pueblan de vistosas ornamentaciones en yeso policromado a base de medallones simbólicos, columnillas salomónicas, bustos de santos y niños atlantes, entre carnosos acantos. Al exterior sobresalen la majestuosa y esbelta torre-campanario, cuadrada, con cuerpo de campanas octogonal, el barroco escudo franciscano y la portada de piedra arenisca, coronada por una hornacina con la escultura de Santa Isabel de Portugal, datada en 1695, aunque con aditamentos posteriores de rocalla de factura dieciochesca.
     Por su estructura y decoración barroca, propia del siglo XVIII, y por los seudo cortinajes que lo enmarcan, como si de un escenario teatral se tratara, el retablo mayor de la iglesia continúa, muy simplificado, el esquema básico que pusiera en práctica en Sevilla y Córdoba el escultor y en­tallador Pedro Duque Cornejo, también repetido en los altares colaterales dedicados a San Nicolás de Bari y San José. Pese a su avanzado deterioro, las pinturas de la primera capilla del lado de la Epístola, de los siglos XVII y XVIII, reflejan un correcto tratamiento estético en la representación del Milagro de la Porciúncula, enmarcado por coros de ángeles músicos y guirnaldas a base de hojas de acanto y flores. Con ciertos errores, en cuanto a perspectiva y proporciones, las pinturas murales del coro bajo, del siglo XVIII, completan dos ciclos iconográficos fundamentados en la Pasión de Jesús, con la Oración en el Huerto, Camino del Calvario y Exaltación Eucarística, y en personajes celestiales vinculados a la Orden Seráfica, como San Francisco de Asís, Santo Domingo de Guzmán, San Antonio de Padua y San Miguel Arcángel. El programa pictórico se com­pleta en el refectorio de la clausura con la Santa Cena, acompañada de las efigies de San Francisco y Santa Clara de Asís (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     De la construcción primitiva hay bastantes restos en el convento sobre todo en el patio, que aunque restaurado en 1.952, conserva el aspecto renacentista con arcos de medio punto sobre columnas de capiteles acanalados y arcos de medio punto sobre columnas de capiteles acanalados y arcos escarzanos en el cuerpo superior, recordando el contemporáneo Palacio de Mondragón.
     En 1.669 el edificio hubo de ser ampliado debido al mayor número de monjas y esta reforma afectó también a la iglesia que se cubrió con bóvedas de adornos barrocos ocultando la primitiva armadura mudéjar uno de cuyos extremos puede verse desde el coro alto.
     La iglesia tiene una sola nave cortada por el coro de las monjas que presenta un aspecto diferente al cubrirse con armadura de madera actualmente oculta bajo falso techo de los dormitorios (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Palacio de Mondragón. Museo Municipal
     A las espaldas de Santa María, en el solar que fuera primero alcázar musulmán y después palacio nazarí, se levanta el principal edificio nobiliario rondeño. El palacio de Mondragón sirvió de vivienda a los reyes taifas de Ronda, a Hamet el Zegrí, el último gobernador musulmán de la ciudad, y después a los Reyes Católicos, en 1485, durante la conquista, y más tarde, en 1501, con motivo de la sublevación de los moriscos. Ya en época moderna, perteneció a Melchor de Mon­dragón y en el siglo XVII, al marqués de Villasierra.
     Su larga historia se plasma en su planta, que aún muestra su pasado árabe en su composición asimétrica, en las direcciones quebradas, en las yeserías y los espacios yuxtapuestos, sobre todo de los patios, irregulares, y algunos asomados al barranco del Tajo. La mayor parte de la fábrica es mudéjar-renacentista, destacando el llamado patio mudéjar las azulejerías y los artesonados. La portada, de finales del s. XVII, es de piedra labrada, adintelada entre pares de columnas toscanas acanaladas, ostentando escudo en la clave; se corona con balcón, en el que se repite el esquema compositivo, presentando en su entablamento los símbolos marianos, rematando con frontón curvo abierto. Está descentrada respecto a la fachada, que dominan dos torres miradores, con vanos de arcos rebajados enmarcados en alfiz, destacando el volado alero sobre canecillos.
     En el edificio tiene su sede el Museo de Ron­da, de titularidad municipal. Sus colecciones se estructuran en tres grandes secciones: historia, etnografía y entorno natural. Las salas más interesantes muestran la evolución histórica de Ron­da y comarca, desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna, con piezas originales que proceden de los numerosos yacimientos y excavaciones de los alrededores de la ciudad, sobre todo de la vieja Acinipo, la gran fundación romana cuyos restos se yerguen aún majestuosos en la carretera de Setenil (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La Casa de Mondragón es una síntesis de los más variados estilos. Representa dentro de la arquitectura civil de Ronda, el más claro exponente de la fusión, en un solo edificio, de estilos, concepciones artísticas y hasta civilizaciones dispares. 
     El conjunto del edificio muestra un trazado de base árabe, sin ningún plan preconcebido y una yuxtaposición de los espacios propia de la arquitectura musulmana. 
     Desde el exterior, lo que más impresiona del Palacio es su impresionante fachada en piedra con una portalada flanqueada por columnas y rematado por un balcón. Sobre el balcón, se destaca el frontón que tiene una hornacina que debió contener alguna imagen.
     El interior del Palacio se articula entorno a tres patios; uno renacentista, uno gótico tardío y un tercero mudéjar, que comunica con el anterior por un arco de herradura de gran elegancia, y un jardín oculto a las miradas exteriores, con hermosas vistas sobre el Tajo. Parece, pues, probable que este antiguo palacio perteneciera a algún notable moro y que fuera donado más tarde a algún caballero cristiano de las huestes de los Reyes Católicos. Sin embargo, acerca de este palacio no existe la menor mención entre los documentos que acreditan los repartimientos de Ronda.
     Sobre la base de este posible palacio árabe, los sucesivos propietarios fueron añadiendo y quitando a su gusto, hasta convertirlo en una mansión de estilo renacentista con reminiscencias mudéjares. La portada exterior está claramente descentrada en la fachada y es de estilo renacentista clásico en su mitad superior, sobre amplio pedestal. El entablamento aloja en su centro un escudo con lambrequines, yelmo y cimera. Sobre este entablamento descansa un balcón guarnecido de pilastras jónicas y frontón curvo partido.
     La fachada va flanqueada por dos torreones mudéjares abiertos por arcos escarzanos emparejados en cada fachada. La elegante portada se abre a un amplio zaguán que aún conserva un poyo para descabalgar.
     Toda la fachada es de sillería hasta el alero muy volado, como los de estilo nazarí, pero apoyado sobre ménsulas clásicas de perfil en S.
     El Palacio de Mondragón es el edificio civil más representativo de Ronda y en él está ubicado el Museo de Historia de la Ciudad. Está situado en el centro histórico, la Ciudad.
     Se trata del palacio donde vivió el último alcalde de Ronda en época islámica, Hamed el Zegrí, aunque no se conserva ningún resto de la época. Tras la conquista, Felipe II lo donó al Capitán Melchor de Mondragón que le dio su apellido al Palacio.
     En la parte habilitada como Museo de la Ciudad se podrá realizar un recorrido por la historia de Ronda y la Serranía, desde los primitivos pobladores pasando por los iberos, romanos, con especial detenimiento en la presencia árabe en la zona.
     También estará representada la Ronda moderna y contemporánea, con especial atención al medio ambiente, centrado en los tres parques naturales de la Serranía de Ronda: Los Alcornocales, Sierra de las Nieves y Grazalema.
     El Palacio Mondragón está situado en el borde de la cornisa y todas sus estancias y patios están orientado hacia las espectaculares vistas sobre el Parque Natural de Grazalema, siendo especialmente atractivo el paseo por los jardines de inspiración árabe del patio mudéjar que, entre cursos de agua y fuentes, llevan al visitante hasta un balcón suspendido sobre el abismo.
     De entre las sucesivas reconstrucciones y ampliaciones realizadas en Mondragón a lo largo de la historia, quizás la más relevante por su impacto, ha sido la última y más reciente efectuada por la Escuela Taller de Ronda que ha permitido recuperar este palacio del abandono para destinarlo a uso público como museo municipal (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Palacio de Mondragón, conocido también como Palacio del Marqués de Villasierra, es sin duda el monumento civil más significativo de Ronda.
     Cuenta la historia que fue residencia del rey Abbel Malik o Abomelic, hijo del sultán de Marruecos Abul Asan. A los pocos años de la muerte de Abomelic, el reino de Ronda pasó a depender del de Granada, sabiendo que el último gobernador musulmán Hamet el Zegrí también residió en este palacio.
     Resulta difícil, sin una exploración arqueológica, determinar cómo sería este palacio en fase musulmana, aunque se puede asegurar que se organizaría alrededor del patio más cercano al Tajo, con el actual jardín incorporado, no existiendo, desde luego, la actual crujía de la fachada.
     En época cristiana es cuando se realizaron las obras más importantes, como el patio más cercano al Tajo por el que se accede al jardín. Es un patio muy original con triple arquería baja en tres de sus lados, a partir de arcos de medio punto primorosamente aparejados en ladrillo raspado sobre columna de mármol con basa capitel y ábaco. Una fina moldura labrada en ladrillo saliente del paramento recuadra los arcos a modo de alfiz, creando una franja horizontal continua, tangente al trazado de los arcos.
     La cornisa también se organiza basándose en ladrillo moldurado dejando una faja lisa entre la cornisa y la franja que trasdosa los arcos, la cual se decora con riquísima azulejería. Igualmente se decoran los triángulos curvilíneos que se forman entre el trasdós de los arcos y el recuadro molturado que los envuelve con círculos de clara vocación renacentista.
     El segundo patio es de estilo gótico tardío, portado con columnas de piedra y capiteles reutilizados que soportan zapatas de madera, dando acceso a la planta intermedia donde se encuentran las diversas salas del Museo Arqueológico.
     El patio de entrada es primoroso, con galería en dos de sus testeros, con arcos de medio punto, arquitrabe, friso decorado con triglifos, metopas y cornisas. Todo ello magníficamente labrado en ladrillo, sobre columnas con basa y capitel corintio renacentista de gran calidad. Muy parecido a este patio, se construyó uno en Sevilla en el desaparecido Patio de Levíes y que actualmente se encuentra montado como galería en los Reales Alcázares.
     En el siglo dieciocho se construyó el cuerpo exterior de fachada, con importante sillería y portada con doble orden de columnas marcadas sobre pedestal dórico el bajo y jónico apilastrado el alto, coronándose la organización con un frontón curvo que se rompe en el centro para alojar un tercer orden decorativo con columnas corintias apareadas. Todo este cuerpo dieciochesco se ocupa en planta baja con el apeadero y las antiguas cuadras.
     Mención especial merece el Salón noble del palacio con extraordinario artesonado mudéjar.
     En el interior se ubica el MUSEO ARQUEOLOGICO DE LA CIUDAD.
     El Museo Municipal de Ronda Palacio de Mondragón, conocido también como Palacio del Marqués de Villasierra, constituye el monumento civil más significativo de Ronda. Dice la leyenda que fue residencia del gran rey Abbel Malik o Abomelic, hijo del sultán de Marruecos Abul Asan.
     El Museo Municipal de Ronda Palacio de Mondragón, de carácter histórico-arqueológico, alberga en sus instalaciones una colección permanente que ofrece un discurso sobre la historia de la comarca apoyado en las diferentes investigaciones arqueológicas desarrolladas hasta el momento en el territorio.
     Entre las salas expositivas del museo hay una dedicada a la metalurgia, en la que destaca el excepcional molde de producción de espadas tipo Ronda-Sa-Idda hallado en el casco antiguo de la ciudad. El museo también dedica un espacio a los primeros oppida ibéricos que a partir del s. VI a.C. empiezan a implantar en la comarca, incluida la propia Ronda, un modelo de urbanismo de influencia fenicia que ya incorpora ejes estructurales en su red viaria.
     En el interior del museo podemos establecer y distinguir cuatro zonas diferentes. La Sección de Historia refleja la riqueza, variedad y significación histórica del patrimonio arqueológico e histórico de Ronda. Componen esta sección el mundo de las cuevas, el mundo megalítico, monografía de Acinipo, el mundo funerario romano, la Ronda Antigua, el mundo funerario musulmán, la evolución de la ciudad como espacio físico e histórico y la Ronda decimonónica.
     La Sección de Etnografía: Recoge una muestra del patrimonio etnográfico más representativo, como el mundo del corcho, el alambique, la producción tradicional del queso, la cocina y la albardonería. La de Entorno Natural tiene como protagonistas a los espacios naturales existentes en la comarca: Parque Natural Sierra de las Nieves, Parque Natural los Alcornocales y Parque Natural de Grazalema.
     Además, cuenta con un taller de restauración, gabinete pedagógico, tienda, bar, zonas ajardinadas, aula experimental, salón de usos múltiples, biblioteca y sala de proyecciones permanentes, entre otros recursos (Diputación Provincial de Málaga).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Convento de San Francisco, Puerta de Carlos V, Puerta de Almocábar, Iglesia del Espíritu Santo, Convento de Santa Isabel, y Palacio de Mondragón - Museo Municipal) de la localidad de Ronda (II), en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

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viernes, 31 de mayo de 2024

El sitio arqueológico de la Huerta de Santa Isabel, en El Coronil (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico de la Huerta de Santa Isabel, en El Coronil (Sevilla).
     Hoy, 31 de mayo, Fiesta de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María, con motivo de su viaje al encuentro de su prima Isabel, que estaba embarazada de un hijo en su ancianidad, y a la que saludó. al encontrarse gozosas las dos futuras madres, el Redentor que venía al mundo santificó a su precursor, que aún estaba en el seno de Isabel, y al responder María al saludo de su prima, exultante de gozo en el Espíritu Santo, glorificó a Dios con el cántico de alabanza del Magnificat [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte el sitio arqueológico de la Huerta de Santa Isabel, en El Coronil (Sevilla).
     El material recogido en superficie presenta una amplitud cronológica que nos lleva desde el Calcolítico-Bronce (existencia de grandes hachas pulimentadas) a época hispano-musulmana (cerámica vidriada), pasando por época romana, con sigillata, galbos de ánforas y cerámica común (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María:   
La Visitación de la Virgen
I. El tema. Su fuente en las escrituras e interpretación simbólica
 La Visitación es la visita que la Virgen, embarazada de Cristo, (Virgo praegnans), hace en secreto a Hebrón, a su prima mayor, Isabel, embarazada de San Juan Bautista, el Precursor (Johanne impregnata), para comprobar con este embarazo milagroso la verdad del mensaje del ángel Anunciador.
   La fuente de este tema es un pasaje del Evangelio de Lucas (1: 39 - 56): «En aquellos días partió María apresuradamente a las montañas, a una ciudad de Judá. Y habiendo entrado en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. Y sucedió que al oír Isabel la salutación de María, la criatura dio saltos en su vientre (exultavit infans in utero ejus) e Isabel se sintió llena del Espíritu Santo ( ...) gritó: Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre» (benedictus est fructus ventris tui).
   ¿Cuánto tiempo permaneció María en casa de su prima? Las estimaciones oscilan entre varios días y varios meses. De acuerdo con una tradición bizantina recogida en las Homilías del monje Santiago, la Virgen habría esperado hasta el nacimiento de Juan Bautista y asistido al parto de Isabel.
   Una de las prefiguraciones de este acontecimiento es el regreso de Judit a Betulia con la cabeza de Holofernes. Osías la recibió como Isabel acogió a la Virgen victoriosa de Satán.
   Los teólogos han visto una prefiguración de la Visitación en este versículo de los Salmos (85:11): «Se han encontrado la piedad y la fidelidad, se han dado el abrazo la justicia y la paz.» 
 Según Bossuet, la Virgen e Isabel son el símbolo de la Iglesia y de la Sinagoga que se ofrecen las manos.
II. Culto
   La fiesta de la Visitación, que por lógica debería estar más cerca de la Anunciación, fijada el 25 de marzo, ha sido traslada al 2 de julio. Fue instituida en el siglo XV para conseguir la finalización del gran Cisma  de Occidente.
   En la Edad Media, los aserradores celebraban la Visitación porque la actitud de la Virgen y de Isabel, inclinadas cada una hacia la otra, les evocaba el gesto de los leñadores inclinándose simétricamente para aserrar el tronco de un árbol.
   En el siglo XVII, en 1610, San Francisco de Sales asistido por la bienaventurada Juana de Chantal, instituyó en Annency la orden de las religiosas de la Visitación, llamadas también salesas.
III. Iconografía
   La relativa esterilidad del tema de la Visitación se explica en primer lugar por razones teológicas: desde el punto de vista de la Redención (Der Ratschluss der Erlösung), la Visita de la Virgen embarazada a su prima no es más que un episodio secundario que no se podría comparar con la Anunciación, preludio de la Encarnación, y en consecuencia de la Salvación.
   No obstante, las Revelaciones de santa Mechthild de Magdeburgo, en el siglo XV, popularizaron esta escena interpretada como la primera estación terrena del Redentor «fruto de las entrañas de la Virgen .»
   Pero también deben tenerse en cuenta razones de orden estético.
Analogías y diferencias con el tema de la Anunciación
   La Visitación, como la Anunciación, es esencialmente una escena de dos personajes.
   Sin embargo el tema de la Visitación, menos rico en posibilidades que el de la Anunciación, se distingue por tres rasgos muy claros.
   Los personajes son de la misma naturaleza en vez de pertenecer a dos esferas diferentes. María e Isabel son dos criaturas humanas que comparten los mismos sentimientos, al tiempo que la Anunciación relaciona dos seres disímiles por su esencia, uno de los cuales tiene un papel activo y el otro lo tiene pasivo.
   En vez de estar separadas, más o menos distantes, las dos mujeres se estrechan las manos, se tocan o se abrazan. El principio de unidad y de simetría predomina sobre el de dualidad y disimetría inherente a la Anunciación.
   Finalmente, el espacio, en vez de estar repartido entre un interior y un exterior, tiene el mismo carácter de unidad: la escena se sitúa al aire libre, frente a la casa de Isabel que sale al encuentro de María, y no en su interior.
   Por lo tanto hay menos oposiciones y contrastes, y en consecuencia, menor dinamismo que en la escena precedente. La gama de los matices psicológicos es mu­cho más restringida, puesto que los únicos sentimientos susceptibles de expresión son la alegría maternal y el agradecimiento a Dios.
   No obstante hay que agregar que la diferencia de edades entre las primas aporta un elemento de variedad del cual los artistas supieron sacar buen partido.
   Podrían señalarse analogías aún más estrechas con el Encuentro de Ana y Joaquín en la Puerta Dorada, puesto que en los dos casos aparece el tema del Abrazo.
Los cinco episodios
   En los ciclos narrativos, el episodio de la Visitación está dividido en cinco cuadros que comportan numerosas escenas: el Viaje, el Encuentro, el Canto del Magnificat, el Nacimiento de San Juan Bautista, el Retorno seguido de los Reproches de José.
1. El Viaje
   En principio asistimos a la partida de la Virgen. Tiene la cabeza cubierta con un sombrero de paja de ala ancha para protegerse del sol de Julio, y se apoya en un bastón que se asemeja a un bordón de peregrino.
   Como el camino a través de la montaña es rudo y poco seguro, no camina sola, habitualmente se la supone acompañada por una criada que lleva un cesto al hombro, y a veces hasta por José y los ángeles que la guían.
   El Reposo de la viajera, notoriamente copiado del Descanso en la Huida a Egipto, es un tema infrecuente. En los dos manuscritos bizantinos de las Homilías del monje Santiago (siglo XI), un niño trepado en un árbol recoge fruta y la entrega a la Virgen. Una  mujer con el torso desnudo cerca de una fuente, personificación de la Tierra y no de Eva suplicante, como lo creyera Rohault de Fleury, le tiende los brazos.
2. El Encuentro
   Desde el punto de vista de la composición, la escena del Encuentro presenta grandes analogías con la Anunciación.
   Se trata de una escena con dos actores y el tema común es la Salutación de la Virgen, ya por el ángel Gabriel, ya por Isabel. Sin embargo, en este caso los dos personajes son, en vez de un ángel y una mujer joven, dos mujeres de diferentes edades, y el encuentro entre las dos primas tiene carácter de afectuosa intimidad: no se limitan a saludarse, se abrazan y besan.
   El tema comporta numerosas variantes que reflejan la evolución del culto mariano: la Salutación, el Abrazo, la Genuflexión de Isabel.
     a) Las dos mujeres de pie se saludan a distancia
   Santa Isabel y la Virgen se inclinan ceremoniosamente una hacia la otra.
   De acuerdo con G. Millet, que distingue en todos los temas de iconografía cristiana una fórmula helénica y otra siria, tendríamos allí la expresión del ideal griego.
   Es la fórmula usual en el arte francés de los siglos XII y XIII (portada de Moissac, vidriera de Chartres; grupo de la portada de la catedral de Reims).
   Esta actitud llena de dignidad, pero de una reserva un tanto fría, concordaba mal con las tendencias del arte realista y más humano de finales de la Edad Media que lo sustituyó con otro motivo.
     b) Las dos mujeres se abrazan de pie
   Una segunda fórmula cuyos orígenes se remontan al arte sirio (ampolla de Monza, frescos de Capadocia) del cual pueden citarse ejemplos precoces en la escultura francesa del siglo XII (capiteles de Die y de Saint Benoît sur Loire), se introdujo en la pintura italiana en el siglo XIV, con Giotto.
   Las dos primas, a quienes acerca el embarazo común, se echan cada una en brazos de la otra y se estrechan tiernamente, de manera que "Sacri junguntur uteri".
   Es la réplica del abrazo de las Justitia et Pietas, tal como fue representado en el siglo XII, en el tapiz tramado de Quedlinburg.
     c) Isabel se arrodilla ante la virgen
   El culto mariano exigía que las dos mujeres no fuesen representadas sobre un pie de igualdad. Aquella que va a parir al Precursor, San Juan Bautista, se arrodilla frente a la que lleva al Mesías en el vientre.
   Desde principios del siglo XV este motivo apareció en las Muy Bellas Horas de Nuestra Señora, iluminadas para el duque Juan de Berry, al igual que en las Horas de Rohan.
   La fórmula, adoptada por el arte italiano de finales del siglo XV (Ghirlandaio, Andrea della Robbia), se impuso después del concilio de Trento en el arte barroco, que mediante un rodeo hacia el tipo ceremonioso retornó de ese modo al primer arte cristiano. A veces dos ángeles levantan la cola del manto de la Virgen Reina.
   La escultura popular bretona del siglo XVII ofrece numerosos ejemplos.
     d) La representación del embarazo en transparencia con los dos embriones visibles "in utero"
   Habría sido preferible que el arte cristiano se hubiera contentado con esos tres tipos iconográficos, uno más solemne, los otros más dinámicos y vivaces; pero cada uno de ellos con sus posibilidades de belleza, y en los cuales es preciso reconocer, en cualquier caso, el mérito de la decencia.
   Por desgracia, el arte realista de la decadencia de la Edad Media no se detuvo allí, y de la misma manera que se había atrevido a representar en la Anunciación al Niño Jesús completamente formado, zambulléndose desde lo alto del cielo en el vientre materno, también subrayó el embarazo de las dos mujeres y mostró a sus hijos en estado de embriones, visibles «in utero».
   Era difícil, sin duda, no indicar el embarazo de las dos primas, que es uno de los datos esenciales del tema; pero también era posible sugerirlos discretamente, sin insistir en ello. Es lo que hicieron los imagineros de las catedrales francesas con una reserva llena de tacto: en el trascoro de Notre Dame de París, Isabel coloca la mano sobre el pecho de María, y se maravilla al sentir su vientre hinchado.
   Estas alusiones no bastaron en el siglo siguiente, cuyo gusto fue más basto. En el contrato relativo a un grupo de la Visitación, que se encargó en Dijon al escultor aragonés Juan de la Huerta, está debidamente especificado que la Virgen e Isabel serán representadas «estando preñadas de niños». No se imagina nada mejor que mostrar dos matronas palpándose el abdomen para asegurarse recíprocamente de sus embarazos.
   En un gran retablo del altar mayor de la catedral de Friburgo, Brisgau (Suiza), Hans Baldung Grien pone a retozar una pareja de conejos, símbolo de fecundidad, a los pies de ambas mujeres.
   Pero las cosas no pararon allí. Como si esas explicaciones no hubieran sido suficientes, se llegó a representar a los dos niños visibles en el vientre abierto o transparente de sus madres.
   La responsabilidad de esta aberración del gusto no debe imputarse al arte occidental de finales de la Edad Media. El tema tiene indudable origen oriental, puesto que aparecen ejemplos en el arte bizantino a partir del siglo XI. Puede citarse una obra de ese período en la ilustración del Salterio Jludov de Moscú. De la misma manera que Jonás aparece en transparencia en el vientre de la ballena, Jesús y el pequeño San Juan Bautista se transparentan en los diáfanos vientres de sus madres embarazadas.
   El Tetraevangelio serbio de la Biblioteca de Belgrado, donde el pequeño San Juan se transparenta en el vientre de Isabel ofrece, en el siglo XIII, otro ejemplo probatorio. Quizá haya que ver aquí una imitación o reminiscencia de las Vírgenes bizantinas del tipo de la Platytera (Blacherniotissa), en la que el Cristo Emmanuel se inscribe en un tondo inserto en el pecho de la Virgen.
   Sea como fuere, este tema de dos niños visibles in utero fue adoptado por el arte de Occidente hasta el siglo XV. Los pintores representaban, como si hubiesen previsto la radiografía, a los dos fetos fosforescentes en el vientre transparente de sus madres. Los escultores, al no contar con este recurso, cavaban en el vientre de las dos mujeres pequeños nichos abdominales, fenestrellas, por las cuales se veían los embriones como si fuesen reliquias en un relicario. Una estatua de madera en Görlitz representa una Virgen ahuecada de esa manera, con un visor de cristal a través del cual se ve al Niño. Esta idea pudo serle sugerida al artista por las Vírgenes abrideras de madera, marfil o alabastro en cuyos interiores se tallaba o esculpía el grupo de la Trinidad.
   La iconografía de la vida prenatal del Niño Jesús no se detiene allí.
   La evolución del tema conduce a una última fase. Ya no se contentan con representar a los dos embriones, o más bien los dos homúnculos, inmóviles en los vientres de sus madres; además se los representa en acción, «duplicando»,  por así decir, los gestos maternales: Jesús de pie hace un gesto de bendición, al tiempo que el pequeño San Juan Bautista se arrodilla frente al Niño Dios, del cual él ya tiene consciencia de ser sólo el humilde Precursor.
   Esta mímica intrauterina sólo traduce el texto del Evangelio de Lucas (1: 39-41), que narra que al oír la voz de la Virgen, el hijo que Isabel llevaba en el vientre dio saltos de alegría (exultavit infans in utero).
   De ahí a ponerse de rodillas no había más que un paso. Los pintores podían leer en una historia de San Juan Bautista versificada a finales del siglo XV:
     Notre Dame qui était pleine / De nostre Seigneur Jésus Christ / Si vint voit sa chère cousine. / Or       entendez que l'enfant fist: / Dedans le ventre de sa mère / S'agenouilla devant son maistre.
     Nuestra Señora que estaba llena
     De nuestro Señor Jesucristo
     Fue a visitar a su querida prima.
     Y ahora oíd lo que hizo el hijo de ésta:
     En el vientre de su madre
     Se arrodilló frente a su señor.
   La literatura fue todavía más lejos que la pintura. El autor de un poema en versos octosílabos acerca del Nuevo Testamento no se limitó a describir los movimientos de los dos niños «ceñidos» en el vientre de sus madres: los hizo hablar. El pequeño San Juan adora a su Señor y le dirige una plegaria, Jesús le responde desde el vientre de María. Cuán estupefactas debieron quedarse las dos mujeres, ventrílocuas sin proponérselo, al oír ese diálogo milagroso de sus hijos que hablaban antes de su nacimiento.
   Puede citarse, es cierto, un precedente en el Antiguo Testamento. El profeta Jonás entonó una acción de gracias a Yavé en el vientre de la ballena. Pero por inverosímil que sea esta fábula bíblica, fue superada por la imaginación desenfrenada de los hagiógrafos medievales.
   Se cuenta que en un cuadro de la iglesia de San Juan, en Zara, se veía en otros tiempos una Visitación en que el pequeño Juan Bautista brincaba de alegría en el vientre de su madre. Ese cuadro fue quemado por orden del obispo que lo encontraba chocante como espectáculo, no sin razón.
   Muchas representaciones de ese género debieron correr la misma suerte después de la Contrarreforma, hecho que explica su relativa escasez. Sin embargo, pueden citarse buen número de ejemplos esculpidos, pintados o grabados, de Visitaciones con embriones visibles, sobre todo en el arte alemán.
Personajes accesorios: los dos maridos, las dos Marías
   El Evangelio no dice que José haya acompañado a la Virgen. Además, la Visitación generalmente comporta sólo dos personajes, la Virgen e Isabel; se trata de un secreto de mujeres intercambiado sin testigos.
   Pero muy temprano se complicó la escena sumando a las dos primas, sus maridos. La presencia de Zacarías es natural, puesto que el encuentro tiene lugar en su casa. La de José lo es mucho menos, puesto que la Virgen se considera de incógnito y la presencia de José resulta irreconciliable con la apenada sorpresa que expresa luego, al descubrir el embarazo de su mujer. Dicha presencia contradice al mismo tiempo el texto del Evangelio y la verosimilitud. Pero su ausencia, por otra parte, estaba en contra de las costumbres orientales que vedaban a una mujer viajar sola.
   Los dos maridos generalmente están situados a ambos lados del grupo de las dos mujeres, a quienes enmarcan. No obstante, a veces expresan su alegría estrechándose la mano o abrazándose, sin hablarse, puesto que Zacarías estará mudo -por no haber creído en la promesa del ángel- hasta el nacimiento de su hijo.
   El más antiguo ejemplo de esta añadidura se remonta al siglo VI, y es un bajorrelieve de marfil del púlpito de Maximiano en Ravena. El tema es particularmente frecuente en la escuela veneciana del siglo XVI, como lo prueban en el Museo de Viena los cuadros de Palma Vecchio y de Giovanni Cariani. Los artistas románicos flamencos lo introdujeron en los Paises Bajos (Martin de Vios, Museo de Dijon). Vuelve a encontrárselo en el arte francés del siglo XVII (Colgadura de la Vida de la Virgen, catedral de Estrasburgo. Dibujo y grabado de Claudine Bouzonnet Stella, Bibl. de Metz).
   A los dos esposos se los sustituye, o se suman, en ciertas ocasiones, dos criadas o las dos Marías, hermanas maternas de la Virgen, María Cleofás y María Salomé. Ghirlandaio ha adoptado este último partido en su célebre Visitación del Louvre.
   Más excepcional resulta la presencia de dos ángeles turiferarios o caudatarios, oficiando de pajes y llevando la cola del manto de la Virgen. Ese detalle, que se observa en una miniatura de las Horas del mariscal de Boucicaut (Museo Jacquemart André), procede de una contaminación con la Coronación de la reina de los cielos. A consecuencia de estos añadidos de personajes de compañía (Begleifiguren), la Visitación se separa cada vez más del tipo de la Anunciación, cuyo tema resulta incompatible con la presencia de espectadores.
3. La Virgen cantando el Magnificat
   Lucas, 1: 46 - 56. Después de la salutación de su prima Isabel, María entona un cántico de acción de gracias que se llama Magnificat. «Mi alma glorifica al Señor. Y mi espíritu está transportado de gozo en el Dios Salvador mío. Porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava, por tanto ya desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones».
   Ese cántico, calcado del que entona Ana, madre de Samuel, es la única plegaria conocida de la Virgen. A decir verdad, aunque la Vulgata diga expresamente: Et ait Maria, ha sido cuestionada por los teólogos modernos: Harnack, Loisy y Goguel, que sostienen que el Magnificat debe ser restituido a Isabel, también ella estéril durante largo tiempo.
   Los bizantinos representan a la Virgen con el alma en las manos, en forma de un niño orante, y ofreciéndolo a Dios.
   En Occidente este tema sólo ha inspirado a un reducido número de artistas.
4. La Virgen asiste al nacimiento de san Juan Bautista
   De acuerdo con una tradición que se remonta a Orígenes y a san Ambrosio, la Virgen habría permanecido tres meses junto a su prima, con el objeto de esperar el nacimiento de Juan. San Buenaventura cuenta que María tomó en sus brazos al hijo de Isabel. «El niño fijaba sus miradas en María, como si hubiese comprendido quien era; y cuando ésta quería devolverlo a su madre, inclinaba la cabeza hacia la Virgen y parecía sólo encontrar placer en ella.»
5. El Regreso a Nazaret y la Justificación de la Virgen
   Al tiempo que la Visitación se basa en el Evangelio de Lucas, todos los episodios complementarios, situados entre el regreso a Nazaret y la Natividad están tomados de los Evangelios apócrifos: Protoevangelio de Santiago (capítulos XIII, XIV), Evangelio del Seudo Mateo (cap. X), Evangelio Armenio de la Infancia (cap. VII).
   Después del nacimiento de San Juan Bautista, la Virgen retomó el camino de Nazaret. Pero al volver al hogar fue acogida por los celos de José que cuando descubrió su embarazo la acusó de adulterio y amenazó repudiarla. Ella se justificó contra esas injuriosas sospechas soportando la prueba de las aguas amargas.
   Las escenas son cinco: l. La Virgen se despide de Isabel.; 2. Los celos de José; 3. La Admonición del ángel; 4. La prueba del agua amarga; 5. El arrepentimiento de José que se disculpa por sus infundadas sospechas.
     a) La Virgen se despide de Isabel
   Tema escasamente tratado.
     b) Los celos de José
   Después de la Visitación, que le habría abierto los ojos de haber asistido a ella, José, de regreso de Cafarnaum donde había ido a trabajar en su oficio, descubrió con estupor el embarazo de María. «Se quedó estupefacto» al verla encinta.
   Seguro de no tener nada que ver en ello, le dirigió duros reproches por su mala conducta. La interrogó en presencia de sus cuatro hijos: «¿Por qué has hecho esto tú, que has sido alimentada por un ángel?». Le advirtió que debía lapidarse a una mujer embarazada que no había conocido a su marido. Ella respondió sin perder la calma que aunque estuviese efectivamente embarazada, seguía siendo virgen y no había conocido hombre alguno en su ausencia.
   José permaneció incrédulo, y para evitar un escándalo, decidió repudiarla discretamente. Pero un ángel del Señor se le apareció y le hizo desistir del proyecto afirmándole que el Niño que María llevaba en el vientre había sido concebido por el Espíritu Santo, y que ella estaba «tan virgen como lo fue al nacer».
   Esta escena de celos y reproches está en germen en un pasaje del Evangelio según Mateo (1: 19 - 21), donde se dice que José pensó en devolver a la Virgen, a ocultas (Voluit occulte dimittere eam). Pero fue introducida en el arte cristiano por los evangelios apócrifos, y popularizada por el teatro de los Misterios que desarrollaron con complacencia la comedia de las quejas del marido engañado.
Iconografía
   José observa con expresión irritada a la Virgen encinta que intenta disculparse. Ya ha hecho un paquete con sus ropas y está dispuesto a abandonarla, cuando en el momento crítico aparece un ángel para aplacar su cólera.
   El tema resulta tan familiar en el arte bizantino como en el de Occidente.
   En todo el Oriente helenizado, griego o eslavo, ha sido popularizado por el célebre Himno Akatista, compuesto en el siglo VII cuya sexta estrofa comienza con estas palabras: Una tormenta en el corazón.
   María se justifica con un pasaje de los Salmos 44: 12: Kai epihumesei o Basileus («Prendado está el rey de tu hermosura») que ella le muestra inscrito sobre una filacteria.
   En las puertas de bronce de la catedral de Pisa, María responde: Rore coelesti fe­cundar (Es el rocío celestial quien me ha fecundado).
   Este tema escabroso fue eliminado del repertorio del arte católico en el siglo XVI, por el concilio de Trento.
     c) Primera aparición de un ángel a José para calmarle y disculpar a la Virgen
   Un ángel aparece ante José para darle «sosiego» e impedirle repudiar a la Virgen embarazada. Le explica la «maravillosa impregnación» de su mujer por el Espíritu Santo.
   La declaración tranquilizadora del ángel está glosada en una vidriera de la iglesia Saint Gervais de París, por esta cuarteta ingenua:
     Un ange de Dieu luy nonça
     Et pour verité prononça
     Que de l'Esprit elle estoit pleine:
     Par quoy fut son cuer hors de peine.
   (Un ángel de Dios le anunció / Y con verdad  pronunció / Que del Espíritu ella estaba llena / Por lo cual su cuerpo era inocente.)
   La variante que se lee en la iglesia de Sainte Croix de Provins es del mismo estilo:
     Prens, ô Joseph, ton épouse sans crainte
     Du Saint-Esprit, non d 'homme est enceinte
     Fils de Dieu, vierge, elle enfantera
     Lequel Jésus un chascun nommera.
   (Toma José a tu esposa no temas nada / Del Espíritu Santo, no de hombre, está embarazada / Un Hijo de Dios, aún Virgen, parirá / A quien Jesús, cada cual, llamará.)
   Este tema suele aparecer asociado con el precedente. Ya se lo encuentra en el arte cristiano primitivo, sobre un sarcófago de Puy.
     d) María bebiendo el agua probática en el tempo
   De acuerdo con una ley mosaica que sin duda es un vestigio del culto del agua (hidrolatría), aplicada por numerosas tribus, la mujer sospechosa de infidelidad era conducida al templo y debía no sólo jurar que era inocente sino beber «el agua probática» o «de convicción de Dios», que Henri Estienne llamó en el siglo XVI, en su Apología para Herodoto, «el agua de redargución». Si era inocente la bebía sin molestias, pero si por el contrario era culpable, el agua purgativa y detectora, cargada de maldiciones por el sumo sacerdote, la ponía gravemente enferma. Se trataba en suma, como en el caso de la ordalía del fuego de mayor difusión en la Edad Media, de una forma de Juicio de Dios.
   He aquí los términos en que está enunciada la ley en el Libro de los Números (5: 11 - 28): «El Señor habló a Moisés, diciendo: ( ...) Si una mujer casada se extraviare, y despreciando al marido yaciere con otro hombre, y el marido no pudiere averiguarlo ( ...) la llevará delante del sacerdote... (éste) la conjurará, y dirá: Si no se ha acostado contigo hombre ajeno, y si no te has deshonrado con hacer traición al marido, no te harán daño estas aguas amarguísimas sobre las cuales he amontonado maldiciones. Pero si te has enajenado de tu marido, y te has deshonrado, y acostado con otro hombre, incurrirás en estas maldiciones. Póngate Dios por objeto de execración y escarmiento de todos en su pueblo: haga que se sequen tus muslos, y que tu vientre hinchándose, reviente.»
   Traducido al lenguaje de la medicina moderna, el castigo con que amenaza el Dios de Moisés a la mujer adúltera es la hidropesía.
   Los Evangelios canónicos no hablan de esta prueba humillante infligida a la Virgen. Pero el Protoevangelio de Santiago (16, 1) supone que se le aplicó la ley de Moisés. Además, agrega  que el pobre José, el marido inquieto, debió someterse también a este juicio de Dios, para probar que había respetado la virginidad de su mujer. En el Liber de ortu Beatae Mariae, jura «quod nunquam penitus tetigisset eam», que él sólo se había permitido acariciarla sin poseerla.
   «El sacerdote dijo: Os haré beber el agua probática del Señor y vuestra falta será revelada. Y habiendo vertido el agua, hizo beber a José y lo envió a la montaña, y éste regresó sin molestias. E hizo beber también a María y la envió a la montaña, y ella regresó igualmente indemne».
   Según otra versión incluida en el Evangelio del Seudo Mateo, el hombre y la mujer sospechosos de adulterio o de comercio carnal ilícito, después de haber bebido el agua de la prueba debían dar siete vueltas alrededor del altar sin que les a apareciera signo alguno de malestar en el rostro.
   Si soportaban victoriosamente el examen, los acusadores, sospechosos de falso testimonio, debían beber a su vez el agua amarga. En el teatro religioso de la Edad Media se veía a los acusadores de la Santísima Virgen caerse muertos después de la contraprueba.
   El sumo sacerdote que presenta a María y José la copa amarga, está identificado con Zacarías, padre de San Juan Bautista.
Iconografía
   El arte cristiano de Occidente ha rechazado con razón esta anécdota poco edificante de la purga acusadora. Pero el arte oriental o bizantino no tuvo los mismos escrúpulos de decencia y ofrece numerosos ejemplos de este tema que se ve ilustrado cabalmente en las Homilías del monje Santiago. Los dos acusados son aprehendidos y conducidos brutalmente frente al sumo sacerdote; los cuatro hijos de José son expulsados a bastonazos.
     e) El arrepentimiento de José
   Convencido por la Aparición del ángel y el juicio de Dios de que su mujer sigue pura a pesar de las apariencias, José se retracta públicamente: se arrodilla frente a la Virgen y le pide perdón por sus sospechas infundadas.
   Más reservado que el arte bizantino, el de Occidente se abstuvo de insistir con un tema que amenazaba ridiculizar a José, marido demasiado crédulo, y de comprometer el respeto debido a la Madre del Salvador.
   Desde este punto de vista, es característico que en la Arena de Padua, Giotto pase directamente de la Visitación a la Natividad (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Festividad de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María;
   La fiesta deriva del ciclo navideño y parte de Lucas 1, 39-56. Aunque parezca extraño, porque es un acontecimiento salvífico evangélico, antes del siglo XIII no hay documentos históricos que la atestigüen, en que consta que los franciscanos la celebraban fervorosamente según prescripción del Capítulo General de 1263, siguiendo la exhortación de por San Buenaventura.  La predicación de los Menores hizo que se extendiera a muchas Iglesias, aunque con diversos días de celebración: por ejemplo, en Praga (de cuyo caso hablamos a continuación) y Ratisbona, el veintiocho de abril; en París, el veintisiete de junio; en Reims y Ginebra, el ocho de julio. Se conservan hasta nueve Oficios de esta fiesta. Para su extensión definitiva a la Iglesia Latina fue fundamental la labor del poderoso Arzobispo de Praga y Canciller del Emperador Juan Jenstein (+1400), que en el fragor del Cisma de Occidente se interesó por la fiesta y, habiéndole preparado personalmente Oficio rimado y Misa, la promulgó para su Iglesia en un sínodo diocesano el dieciséis de junio de 1386, señalándole el veintiocho de abril y trabajó por extenderla a otras diócesis y congregaciones, escribiendo a obispos y superiores y dirigiendo varias peticiones a Urbano VI Prignano para que la extendiera a toda la Iglesia para rogar que se erradicara el cisma que azotaba a la Iglesia.
   El papa el mismo 1386 le prometió acceder a su petición en cuanto las turbulencias políticas se lo permitieran, porque se encontraba exiliado en Génova. Habiendo regresado a Roma y estudiado el tema, el citado Urbano VI, en consistorio público, promulgó la fiesta para toda la Iglesia Latina con voto de que se recompusiera su unidad perdida el seis de abril de 1389. En un segundo consistorio público, en los meses de mayo o junio del mismo año, determinó que se fijase el dos de julio y que tuviese vigilia y octava como la del Corpus, y que se rezaran los textos eucológicos de Jenstein. Pero el decreto definitivo no pudo promulgarlo porque le sorprendió la muerte, tras haberla celebrado en Santa María la Mayor, en el mes de octubre del mismo año; la dilación pudo ser por sus múltiples ocupaciones o por objeciones de algunos teólogos a los textos de Jenstein. Le correspondió publicarlo a su sucesor Bonifacio IX Tomacelli el nueve de noviembre del citado año, con la esperanza de que Cristo y su Madre visitaran la Iglesia y pusieran fin al Gran Cisma que dividía la túnica inconsútil de Cristo. El Oficio fue definitivamente redactado por el Cardenal Adam Easton, monje benedictino inglés y Obispo de Lincoln.  Como fue extendida durante el Cisma, muchos obispos de la obediencia opuesta no habían adoptado la nueva fiesta, por lo que fue confirmada, republicando la bula de Bonifacio IX, por el Concilio de Florencia en 1441, bajo la presidencia de Eugenio IV Condulmer, y se ordenó a Tomás de Corcellis un oficio nuevo, que tuvo bastante difusión. En dicho concilio aceptaron también la fiesta en la misma fecha los patriarcas sirio, maronita y copto.  Nicolás V Parentucelli, para que se produjera una total introducción de la fiesta en las Iglesias particulares, volvió a republicar la bula bonifaciana en la suya Romanorum gesta Pontificum de veintiséis de marzo de 1451. Sixto IV della Rovere, por su parte, franciscano conventual, en 1475, hizo introducir en los libros libros litúrgicos de su Orden un nuevo Oficio propio. Fue ratificada, aunque sin octava, por el calendario postridentino de San Pío V Ghislieri, que abolió todos los Oficios propios y le señaló el mismo Oficio de la Natividad mutatis mutandis. Sin embargo, muchas órdenes religiosas, como los carmelitas, los dominicos, los cistercienses, los mercedarios, los servitas, entre otras, así como Siena, Pisa, Loreto, Vercelli, Colonia y otras diócesis, conservaron la octava, así como Bohemia, que celebraba la fiesta el primer domingo de julio como doble de la primera clase. Poco después, Clemente VIII Aldobrandini, en la revisión de los libros litúrgicos de 1602, la elevó a doble mayor e introdujo un Oficio propio compuesto por el franciscano Padre Ruiz. El Beato Pío IX Mastai-Ferretti la elevó, después de su vuelta a Roma del destierro de Gaeta, el trece de mayo de 1850, a doble de segunda clase.  Se señaló primeramente para su celebración el dos de julio, porque es el primer día después de la octava de la Natividad de San Juan Bautista, estimándose que para aquella fecha acabaría la estancia de María en casa de su prima Isabel. Si se hubiera escogido el comienzo de la misma, habría coincido con la cuaresma.
   Fue trasladada en la reforma de 1969 al treinta y uno de mayo como colofón del Mes de María, con el rango de memoria obligatoria, insertándola así entre la Anunciación y la Natividad del Bautista. La Iglesia alemana, sin embargo, ha conservado la fecha del dos de julio, para celebrarla junto con los luteranos. En la comunión anglicana es una conmemoración. Si es verdad que los bizantinos celebran el dos de julio una fiesta mariana, nada tiene que ver con esta celebración, pues lo que conmemoran es la colocación del vestido de la Virgen en la basílica de las Blanchernas (año 473). Para el establecimiento de una fiesta que conmemore la Visitación en la Iglesia Ortodoxa hay que esperar al siglo XIX, por la labor litúrgica del Archimandrita Antonin Kapustin (+1894), cabeza de la Misión Eclesiástica Ortodoxa de Rusia en Jerusalén, que incluso compuso un servicio para el Menaion, que la incluyó en el calendario después de la consagración de la Iglesia del Encuentro de la Virgen y Santa Isabel, promovida por él en Jerusalén, el treinta de marzo de 1883 según el calendario juliano, día que quedó señalado para la fiesta. Sin embargo, no ha sido aceptada por todas las Iglesias bizantinas (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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