Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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sábado, 28 de octubre de 2023

La Estación-Apeadero del Ferrocarril, en Carrión de los Céspedes (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Estación-Apeadero del Ferrocarril, en Carrión de los Céspedes (Sevilla).  
     Hoy, 28 de octubre, es el "Día del Tren" en España, una efeméride en la que se conmemora la puesta en marcha de la primera línea férrea peninsular, entre Barcelona y Mataró, un 28 de octubre de 1848, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Estación-Apeadero del Ferrocarril, en Carrión de los Céspedes (Sevilla).
     La Estación-Apeadero del Ferrocarril, se encuentra en la ctra. SE-637 - Estación del Ferrocarril, s/n; en Carrión de los Céspedes (Sevilla).
   Perteneciente a la línea MZA (Madrid-Zaragoza-Andalucía) y de inconfundible estilo “neomudéjar-regionalista”, tal al gusto de los sevillanos de comienzos del siglo XX (Ayuntamiento de Carrión de los Céspedes).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Estación-Apeadero del Ferrocarril, en Carrión de los Céspedes (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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sábado, 30 de abril de 2022

El Apeadero, de Vermondo Resta, del Real Alcázar

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Apeadero, de Vermondo Resta, del Real Alcázar, de Sevilla.
     El Real Alcázar [nº 2 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 2 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza del Triunfo, 5 (la salida se efectúa por la plaza Patio de Banderas, 10); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
     En el Real Alcázar, se encuentra el Apeadero [nº 53 en el plano oficial del Real Alcázar]
     Es un amplio zaguán que atravesándolo nos conduce a la salida del Alcázar por el Patio de Banderas. Este vasto espacio fue remodelado a comienzos del siglo XVII (1607-1609), por el arquitecto milanés Vermondo Resta, Maestro Mayor de obras del Palacio en aquellas fechas, quien construyó esta entrada suntuosa y solemne que posee el carácter casi de espacio basili­cal, organizándolo con tres naves de la misma altura, siendo la más ancha la central, con rítmi­cas arquerías de medio punto apeadas en columnas de mármol pareadas de orden toscano, que tienen su correspondencia en las pilastras murales sobre las que se sustentan arcos rehundidos en el paramento. Bellas molduras de cuño manierista decoran las enjutas y roscas de estos arcos.
     A este gran espacio abren las puertas que dan acceso al antiguo Cuarto del Sol en el flanco izquierdo y al Cuarto del Maestre en el derecho, donde actualmente se hallan las oficinas del Alcázar. Al fondo parte el corredor por el que hemos llegado desde los jardines y arranca el pasaje que conduce hasta el Patio de la Montería.
     Sobre este Apeadero, originalmente se construyó una sala alta que en el siglo XVIII, durante el reinado de Felipe V, se transformó en Armería Real. Aún ostenta en su techo la decoración al fresco con el emblema heráldico del monarca y de su esposa Doña Isabel de Farnesio. En la actualidad suele utilizarse como sala de exposiciones y su puerta de acceso se halla en el flanco derecho del Apeadero.
     Este zaguán posee una suntuosísima portada que vierte al Patio de Banderas, obra tam­bién del arquitecto Vermondo Resta, ejecutada por el cantero Diego Carballo, que en ella nos dejaría una de las piezas maestras del ma­nierismo arquitectónico sevillano. En la zona central, sobre el vano de entrada, destaca una lápida de mármol con la siguiente inscripción:
     "Reynando en España Phelipe Terzero se edificó esta obra año de MDCVII reparase ampliase y aplicase a Real armería Reynando Felipe V año de MDCCXXIX"
     En el remate de la fachada, debajo de una gran corona de cerrajería, campea el escudo del monarca Felipe V ejecutado en cerámica y a su pie se halla otro azulejo con la fecha de su más reciente renovación (Ana Marín Fidalgo, El Alcázar de Sevilla. Ed. Guadalquivir, 1992).
     Fue trazado por el arquitecto milanés Vermondo Resta en 1607, finalizándose dos años más tarde junto a la puerta que le precede y que es el acceso al palacio desde el Patio de Banderas. Se organiza en tres naves de desigual anchura, pues la central es más amplia, mediante parejas de columnas toscanas que apean arcos de medio punto. Los muros laterales se organizan de igual manera con pilastras que sostienen arcos rehundidos en el muro. Esquemas geométricos sirven para decorar las enjutas de los arcos. La techumbre es plana, sobre viguería de madera. Tan singular organización basilical de este majestuoso espacio guarda estrecha relación con otras creaciones de Resta en el ámbito de la arquitectura religiosa. 
   En el testero de la nave central se sitúa un retablo de madera dorada y poli­cromada cuya escena central, flanqueada por columnas salomónicas, corresponde a la Presentación de la Virgen en el Templo. Se trata de una obra del último tercio del siglo XVII. Sobre este espacio y con acceso por medio de una escalera abierta en el muro de poniente se accede a una sala ubicada en el piso alto, que sirvió de armería durante el reinado de Felipe V.
     La portada de este Apeadero también fue trazada por Resta, aunque se remodeló en el siglo XVIII, como indica una lápida de mármol emplazada sobre el dintel: "Reynando en España Phelipe Terzero se edificó esta obra año de MDCVII, reparase ampliase y aplicase a Real Armería reynando Felipe V año de MDCCXXIX". En el diseño de esta refinada portada demuestra Vermondo Resta su conocimiento del lenguaje clásico y su capacidad para trastocar las reglas que lo rigen. Algo simple resulta el hueco superior, aunque las intervenciones del siglo XVIII debieron alterarlo. Remata la portada una corona de hierro cobijando un panel de azulejos con el escudo del citado Felipe Y, que fue elaborado por alfares trianeros a partir del diseño que en 1889 realizó José Gestoso, en sustitución de otro anterior de pintura que estaba muy deteriorado.
     La portada comunica con el Patio de Banderas, amplio espacio en el que se solían organizar distintos festejos con motivo de las visitas reales y con ocasión de las diversas efemérides relacionadas con la familia real. Desde esta singular plaza, ordenada y perfumada por naranjos y arrullada por el murmullo de una fuente, se tiene una visión privilegiada de la grandiosa mole de la catedral gótica y de su esbelta torre, la Giralda (Juan Carlos Hernández Núñez, Alfredo J. Morales. El Real Alcázar de Sevilla. Scala Publishers. Londres, 1999).
Conozcamos mejor la Biografía de Vermondo Resta, autor de la obra reseñada;
     Vermondo Resta, (Milán, Italia, 1555 – Sevilla, 23 de diciembre de 1625). Arquitecto, maestro mayor de fábricas del Arzobispado y de los Reales Alcázares de Sevilla.
     Figura clave en el ámbito de la arquitectura sevillana de finales del siglo XVI y principios del XVII, al que se puede considerar como introductor de la corriente italianizante y de un lenguaje renovador en el que aplica nuevos conceptos espaciales y decorativos.
     Hijo de Alejandro Resta e Isabel Milach, llegó a la ciudad hispalense en torno a 1582. Tres años más tarde es nombrado maestro mayor de fábricas del Arzobispado, puesto que ocuparía hasta el año 1606, trazando iglesias y conventos, y dando diseños para retablos, monumentos conmemorativos, etc. Alcanzó un gran prestigio en la ciudad, entrando en contacto con la élite artística del momento, colaborando en numerosas ocasiones con arquitectos como Juan de Oviedo y de la Bandera, Diego López Bueno o Miguel de Zumárraga, escultores como Andrés de Ocampo o pintores como Francisco Pacheco, llegando incluso a supervisar proyectos trazados por otros arquitectos como el de Alonso de Vandelvira para la iglesia del convento de Santa Isabel de Sevilla.
     Las primeras obras documentadas, aunque desgraciadamente desaparecidas, fueron los hospitales sevillanos del Espíritu Santo y del Amor de Dios para los que dio trazas entre 1587 y 1588, concluyéndose ambos en 1602. 
     Fueron encargados expresamente por el cardenal Rodrigo de Castro que estuvo al frente del arzobispado hispalense desde 1582 a 1600. En 1592 diseña el Colegio de Jesuitas de Monforte de Lemos en Lugo, fundado por el indicado prelado y elegido como su lugar de enterramiento. Tras su muerte en 1600, Resta se desplazó a la ciudad gallega con el objeto de dirigir los trabajos necesarios para depositar los restos del cardenal en el citado Colegio. En 1603, da las trazas y las condiciones para la construcción de la iglesia, coros, locutorios y salas del convento de San José (Las Teresas), en Sevilla.
     En 1604, es nombrado maestro mayor de los Reales Alcázares, institución en la que realizó una importante e intensa labor arquitectónica y urbanística.
     Destaca la construcción del Apeadero, espacio en el que introdujo el uso de las columnas pareadas solución que tendrá un amplio eco en la arquitectura sevillana del siglo XVII y cuya portada demuestra sus conocimientos del lenguaje manierista y su habilidad para la composición. De su actividad en el noble recinto, cabe resaltar también la labor realizada en el Jardín de las Damas, y la Galería del Grutesco, proyectada sobre una vieja muralla en la que dispuso grutas con diferentes figuras mitológicas (Juan Antonio Arenillas, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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sábado, 21 de noviembre de 2020

El Retablo de la Presentación de la Virgen en el Templo, en el Apeadero del Real Alcázar

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo de la Presentación de la Virgen en el Templo, en el Apeadero del Real Alcázar, de Sevilla.  
   Hoy, 21 de noviembre, Memoria de la Presentación de Santa María Virgen. Al día siguiente de la dedicación de la basílica de Santa María la Nueva, construida junto al muro del antiguo templo de Jerusalén, se celebra la dedicación que de sí misma hizo a Dios la futura Madre del Señor, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena su Concepción Inmaculada [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el Retablo de la Presentación de la Virgen en el Templo, en el Apeadero del Real Alcázar, de Sevilla.
     El Real Alcázar [nº 2 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 2 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza del Triunfo, 5 (la salida se efectúa por la plaza Patio de Banderas, 10); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
   En el Real Alcázar, en la parte final del recorrido oficial de las visitas, se encuentra el Apeadero [nº 53 en el plano oficial del Real Alcázar]; el muro del fondo del Apeadero muestra un retablo dorado y policromado de finales del siglo XVII, en el que se muestra una escena de La Presentación de la Virgen. 
   Es un bonito relieve escultórico, enmarcado por retablito barroco, que puede catalogarse -con cierta manga ancha- como "de arte popular", aunque tiene un sabor más bien palaciego y aristocrático (el edificio donde está, ya lo dice todo). Sin duda, ha sufrido abundantes retoques en su policromía, pues hoy se ve parduzca, un tanto rancia y oscurecida. A tales intervenciones deben corresponder unas letras en el banco o peana, indicando que se restauró en 1873 y en 1965. Señalemos, por último, que la escalinata por donde asciende María Niña está dispuesta con buen efecto de perspectiva (Juan Martínez Alcalde, Sevilla Mariana. Repertorio iconográfico. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1997).
   Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Festividad de la Presentación de la Virgen en el Templo o la Virgen de la Escalera;
   El tema, tomado de los Evangelios apócrifos (Protoevangelio de Santiago, caps. VII y VIII; y Evangelio del Seudo Mateo (cap. IV), en la Edad Media fue popularizado por la Leyenda Dorada.
   Cuando María tuvo tres años, sus padres la condujeron al templo con el objeto de consagrarla a Dios. Para llegar al altar de los holocaustos que se encontraba en el exterior del santuario, era necesario ascender quince peldaños (quindecim gradus) que corresponden a los quince Salmos graduales (120-134), también llamados Cánticos de los grados (cantica graduum) porque eran cantados por el pueblo de Israel cuando ascendía en peregrinación a Jerusalén. María los subió sola, sin la ayuda de nadie, y sin volverse hacia atrás, hacia sus padres, como lo hacen normalmente los niños de esta edad. 
 Así, la Presentación de la Virgen se distingue claramente de la del Niño Jesús. María tiene más años, asciende sola los peldaños y se ofrece ella misma al Señor.
   Interpretación y culto. En el arte de la Edad Media, la Virgen presentada en el templo está prefigurada en el niño Samuel consagrado a Yavé por su madre.
   San Francisco de Sales celebra con devota suavidad el destete de «esta gloriosa Pepona, llevada al templo para ser consagrada, como Samuel, que fue conducido a ese lugar por su madre, y dedicado al Señor a la misma  edad».
   En el siglo XVII, la consagración de la Virgen en el Templo se consideró un símbolo de la vocación sacerdotal: el sacerdote ascendiendo los peldaños del altar se comparó con la Virgen subiendo la escalinata del templo.
   La fiesta de la Presentación, suprimida por Pío V pero restablecida por el papa Sixto V y fijada el 21 de noviembre, gracias a Jean Jacques Olier, que en sus escritos insiste en el «sacerdocio de la Virgen», en París se convirtió en la fiesta patronal del Seminario de Saint-Sulpice y de todo el clero francés.
Iconografía
   La niñita asciende hasta lo alto de la escalinata en cuya cima la espera el sumo sacerdote Zacarías, que a veces la abraza (miniatura de las Homilías del monje Santiago).
   En el arte bizantino (Menologio de Basilio, mosaico de Dafni), detrás de los padres de la Virgen avanza una procesión de niñas que llevan antorchas encendidas, reminiscencia del rito nupcial de la antigüedad. Ese detalle se tomó del Protoevangelio de Santiago (VII, 2), donde se dice que Joaquín hizo encender antorchas a las vírgenes sin mancha, recomendándoles que las dejaran encendidas «por miedo a que la niña se volviera atrás y que su corazón quedara cautivo fuera del templo del Señor.»
   En el cortejo de las doncellas portadoras de antorchas a veces se agrega a la tropa de los sesenta valientes armados de lanzas de la visión de Salomón (Homilías del monje Santiago).
   En Occidente, el arte prefigurativo puso el acento en el carácter simbólico de esta escena de consagración. En una miniatura del Speculum Humanae Salvationis (Munich), la niñita está sentada sobre el altar. Al mismo tiempo, el Speculum encuentra prefiguraciones de la Presentación en el Antiguo Testamento y en la mitología pagana: son el Sacrificio de la hija de Jefté y la historia contada por Valerio Máximo, de unos pescadores que extraen del fondo del mar un trípode de oro que consagran a Apolo (Mensa aurea oblita in templo).
   A partir de finales de la Edad Media, y con mayor razón en la época del Renacimiento y de la Contrarreforma, el arte ya no tiene más en cuenta la tradición fijada por los Evangelios apócrifos. Los pintores ya no se sienten obligados a representar los quince peldaños rituales de la escalinata, y reducen arbitrariamente su número. La «Niñita» no asciende sola los escalones, es ayudada por su madre o por un ángel (Tapices de Beaune y Retablo de Saluces en Bruselas). En la mitad del itinerario se vuelve hacia sus padres que la siguen con la mirada (Orcagna). La escena de separación se hace más humana, y el artista encuentra en ella la ventaja de no mostrar a la Virgen de espaldas. La psicología y la estética se coligan contra el texto y triunfan.
   El carácter religioso de esta consagración de una niña al Señor se desdibuja progresivamente. En la composición se introducen detalles pictóricos. La escalinata se presta a efectos de perspectivas; al pie de los peldaños, Tiziano acuclilla a una vendedora de huevos. Claude Vignon toma de la Presentación de Jesús el motivo de la ofrenda ritual de las dos palomas. Después del concilio de Trento, para acentuar la solemnidad, se introdujeron ángeles turiferarios (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Festividad de la Presentación de la Bienaventurada Virgen María;
   Fiesta de origen oriental, probablemente jerosolimitano, quizá date de la dedicación el veintiuno de noviembre del 543 por orden del Emperador Justiniano de una iglesia en memoria de este episodio mariano transmitido por los apócrifos, sobre todo por el Protoevangelio de Santiago, de la consagración de la Virgen en el Templo a los tres años, sobre las mismas ruinas del Templo de Jerusalén, Santa María la Nueva, y que ha sido confirmada por la arqueología.  Por este origen local, la destrucción de esta iglesia por los persas en el 614 frenó por algún tiempo la extensión de la fiesta. La primera mención clara la encontramos en San Germán Patriarca de Constantinopla del 715 al 730, del que conservamos dos homilías para ella5. En la crónica del monasterio de Studio (Constantinopla) de Teodoro Estudita (+826) se habla de la celebración de esta fiesta.  A partir de Constantinopla se divulga enseguida por Oriente y genera una abundante literatura homilética; así la encontramos celebrada en el mismo día en las Iglesias siria, armenia y maronita, el veintinueve de noviembre en la etíope y el doce de diciembre en la copta. En 1143 pasó a ser de precepto en el Imperio Bizantino, y en 1166 Manuel I Commeno la señala como fiesta de precepto de primera clase. Esta fiesta cobró tal importancia en la Iglesia Bizantina que entró a formar parte del Dodecaorton o ciclo de las doce principales fiestas del año litúrgico y a considerarse de precepto, lo que se mantiene en la actualidad, y su celebración tiene vigilia y se prolonga cuatro días más en vez de ocho por estar dentro del periodo penitencial preparatorio de la Navidad que empieza el quince de noviembre. En Occidente, una vez que no fue introducida en Roma por el Papa Sergio I (+701), empezó a celebrarse en los monasterios griegos del sur de Italia, en donde ya aparece en el siglo IX. De aquí pasó a Inglaterra en el siglo XI.  Pero su lanzamiento definitivo vino de la mano del noble francés Felipe de Mazières, Canciller del Rey de Chipre que, cuando regresó de Oriente a una misión en la corte de Aviñón, trajo consigo un ejemplar del Oficio de los griegos y se lo presentó a Gregorio XI de Beaufort, quien, tras hacerlo examinar por una comisión especial, la celebró con los cardenales adaptando el Oficio griego y autorizó en 1373 su celebración en Aviñón y en algunas otras Iglesias; en el mismo 1373 fue adoptada en la Sainte Chapelle de París. Se propagó la fiesta por Occidente a finales del siglo XIV y durante el siglo XV: en 1418 se introdujo en Metz, en 1420 en Colonia. Pío II Piccolomini la concedió en 1460 con vigilia al Duque de Sajonia. En Toledo fue asignada en 1500 por el Cardenal Cisneros al treinta de septiembre.
   Sixto IV della Rovere la introdujo en Roma en 1472 con Oficio propio. Tras haber sido suprimida por San Pío V Ghislieri, por el decreto Quod a nobis de 1568, debido a su dependencia de los apócrifos, y Sixto V Peretti la restableció oficialmente en la Iglesia Latina por la Bula Intemeratae del uno de septiembre de 1585, ordenándose el Oficio de la Natividad de la Virgen, al que se le cambiaba simplemente el título. Clemente VIII Aldobrandini enriqueció el Oficio y elevó la fiesta, como otras menores de María, a la categoría de doble mayor. En la reforma del calendario de 1969 se redujo a memoria obligatoria con el Oficio del Común de la Virgen. Conmemora no sólo este hecho puntual, independientemente de su historicidad6, sino la vida de María desde su concepción inmaculada y su nacimiento hasta la anunciación, que supone un tiempo de preparación y de afianzamiento de su vocación de entrega voluntaria por completo a Dios (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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