Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 21 de noviembre de 2025

El sitio arqueológico "Almuédano", en Salteras (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico "Almuédano", en Salteras (Sevilla)
      En una extensión aproximada de 1200 metros cuadrados se localizaron abundantes restos de tejas y ladrillos. Hay dos yacimientos yuxtapuestos, uno es islámico y otro cristiano. La mayor parte del material cerámico es islámico, posiblemente almohades; abundan los ataifores y las jofainas con gallones. Junto a este a unos 15 metros al Nororeste se hallaron algunos fragmentos cristianos. Asentamiento árabe (almohade) y bajomedieval. La fecha del despoblamiento no es segura. Lo único que parece claro es que no hay material cerámico posterior al siglo XV (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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jueves, 15 de mayo de 2025

El sitio arqueológico Rancho de San Isidro, en Salteras (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Rancho de San Isidro, en Salteras (Sevilla).  
     Hoy, 15 de mayo, Memoria de San Isidro, labrador, que en Madrid, en el reino de Castilla, juntamente con su mujer, Santa María de la Cabeza, llevó una dura vida de trabajo, recogiendo con más paciencia los frutos del cielo que los de la tierra, y de este modo se convirtió en un verdadero modelo del honrado y piadoso agricultor cristiano (c. 1130) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte el sitio arqueológico Rancho de San Isidro, en Salteras (Sevilla).
      En superficie se localizaron fragmentos de ladrillos y tégulas romanas. Asentamiento rural romano (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Isidro, labrador:
LEYENDA

   Santo legendario español que habría nacido en Castilla hacia 1070  muerto en 1130. Su vida y milagros fueron relatados a finales del siglo XIII por Juan Diácono.
   Peón de granja en los alrededores de Madrid, interrumpía su trabajo con frecuencia para rezar. Sorprendido por su patrón, fue reemplazado en el arado por un ángel que terminó el surco mientras él se entregaba a la oración. Hizo brotar una fuente con su laya. Condujo al molino un cargamento de granos que llegó completo, aunque durante el camino hubiera alimentado a las palomas hambrientas. Dio a un pobre la sopa que cocía para sí en el fuego, y la olla se llenó de nuevo, milagrosamente. Salvó a un niño que se había ahogado en un pozo.
   La historicidad de este santo rústico es dudosa. Como en el caso de Santa Eulalia, es posible que se trate de un caso de duplicación o dicotomía. Para competir con Sevilla, Madrid también quería tener un San Isidoro, muy diferente por cierto, al Doctor egregius: un trabajador manual en lugar del intelectual, que trabajaba no con su cerebro sino con sus manos. Pero resulta sorprendente que una ciudad que fue elevada al rango de capital del reino en el siglo XVI haya elegido precisamente a un campesino como santo patrón.
CULTO
   Beatificado cuatro siglos después de su muerte, en 1618, Isidro Labrador fue canonizado en 1622 por el papa Urbano VIII, en la misma promoción que San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y Santa Teresa de Jesús. Su fiesta se fijó el 15 de mayo, en primavera, en la estación de la siembra.
   Su mujer fue igualmente santificada, con el nombre de Santa María de la Cabeza, a causa de su cabeza relicario que los campesinos llevaban en procesión para conseguir que lloviera.
   Se convirtió en patrón de Madrid, donde la antigua iglesia de los jesuitas se transformó en catedral bajo la advocación de San Isidro el Real.
   En Roma, el convento de la iglesia de San Isidoro, cerca de la Porta Pinciana, debe su fama sobre todo a los prerafaelitas alemanes, llamados Nazarenos, que se instalaron allí a principios del siglo XIX, para hacer una vida monástica a la manera de Fra Angelico.
   El culto de San Isidro enjambró en el siglo XVIII en ciertas provincias francesas: en Forez, Picardía y Bretaña, donde está representado como campesino de la región. Su popularidad está igualmente probada en Baviera, en Austria, y sobre todo en el Tirol
   Es el patrón de los labradores y de los granjeros y se lo considera el protector de las cosechas.
ICONOGRAFÍA
   Vestido de campesino, conduce un tiro de bueyes blancos o reza arrodillado mientras un ángel lo reemplaza en el arado. Además del arado suele tener como atributos otras herramientas agrícolas: una podadera, guadaña, mayal e incluso una gavilla de espigas de trigo. Además se lo reconoce porque hace brotar una fuente con un golpe de laya. 
   La laya podría hacerlo confundir con San Fiacro. Pero el arado, la hoz y la gavilla de trigo permite identificarlo.
   En Bretaña lleva el traje típico campesino: sombrero redondo con cinta, chaleco bordado y calzones anchos (este caso, muy infrecuente, de un santo español bretonizado es una curiosidad iconográfica que merece subrayarse. San Fiacro, otro santo rústico de origen irlandés, también fue "naturalizado" en Bretaña, pero éste se había convertido en francés por su apostolado en Brie, mientras que San Isidro nunca estuvo en Francia, Santa Zita de Lucca también ha sido representada con la cofia bretona).
   En Alemania a veces forma pareja con Santa Notburga (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Isidro, labrador;
     San Isidro Labrador, (Madrid, f. s. XI – f. s. XII). Santo, patrón de Madrid.
     San Isidro es más conocido por la tradición popular que por los datos auténticamente históricos que se poseen sobre su vida. A pesar de todo, es uno de los pocos santos medievales cuyos milagros fueron recogidos en un códice, redactado en la segunda mitad del siglo XIII y en latín, por orden del rey Alfonso X para la Capilla Real ubicada junto al altar mayor de la parroquia de San Andrés de Madrid, en donde, desde hacía varias décadas, era venerado su cuerpo incorrupto, generando uno de los lugares de peregrinación más importantes de Castilla. El autor del códice fue Juan Gil de Zamora, un cortesano, teólogo, franciscano, sabio escritor, erudito y humanista, colaborador de Alfonso X en su obra hagiográfica, conocida, sobre todo, por Las Cantigas de Santa María.
     De la primera parte de dicho códice es de donde se extraen los escasos datos biográficos que se tienen, luego confirmados, en unos casos, y aumentados, en otros, por la tradición popular, bien intencionada, aunque, desafortunadamente, falta, en algunos casos, de criterio histórico. Se trata de cinco milagros realizados en vida del personaje, todos ellos contextualizados en la realidad social y económica de su tiempo, por lo que, prescindiendo del hecho extraordinario en sí que supone cualquier tipo de milagro, se pueden rastrear conceptos e ideas que ayudan, bien que de manera incompleta, a reconstruir aunque sólo sea algunos retazos de su vida.
     Al no tratarse de una biografía al uso, ni pretender su autor que lo fuera, el códice no señala lugar y fecha de nacimiento, ni filiación ni otros datos que ilustren realmente sobre el ciclo vital del personaje. La tradición señala que nació en Madrid, allá por finales del siglo XI, coincidiendo con la nueva coyuntura histórica que supuso el paso del reino de Toledo a manos cristianas en el año 1085 por el rey Alfonso VI, tras un pacto o acuerdo con el rey taifa Al-Qādir. Madrid y otros lugares pertenecientes a este reino se convierten, así, en zonas fronterizas con la España islámica, muy castigadas por el ataque, primero de almorávides y luego de almohades, todo lo cual determinó el carácter y hasta la vida política, institucional y religiosa de sus gentes. Su vida se desarrolló durante los reinados en Castilla de Alfonso VI, la reina doña Urraca y Alfonso VII.
     Es muy probable que fuese mozárabe, ya que este grupo social fue numeroso en tierras toledanas, es decir, del antiguo reino de Toledo, que comprendía también Madrid y Guadalajara, estableciéndose en los fértiles valles fluviales, dedicándose a la agricultura y sus miembros repartidos en alquerías, aldeas y villas; la mayor parte lo hizo como campesinos independientes o collazos adscritos a la tierra y vinculados a algún señor, caso de san Isidro con Juan de Vargas, un plebes milites, o sea, caballero villano de ascendencia mozárabe que pudo beneficiarse de los repartimientos de tierras de Alfonso VI gracias a los servicios prestados al Rey cuando la toma de Toledo.
     El códice sólo señala que san Isidro estaba casado y era padre de un hijo. Es la tradición la que pone nombre a la esposa, María de la Cabeza, y al hijo, Juan o Illán, el cual de niño cayó a un pozo y fue rescatado sano y salvo por las oraciones de sus padres. De adulto llegó a adquirir fama de santo, cuando marchó a vivir a la ribera media del Tajo, en tierras de Toledo, en donde realizó algunos milagros muy parecidos a los de su padre. El códice señala que san Isidro era un humilde arrendatario que trabajaba a cambio de un sueldo anual, lo cual encaja perfectamente con la definición de collazo, siendo costumbre que estuvo la mayor parte de su vida vinculado a los Vargas, aunque se le conocen otros amos.
     Asimismo, el códice lo presenta trabajando en Madrid y establecido en un campo próximo a la villa, que la tradición, de nuevo, identifica con la heredad de Juan de Vargas en Carabanchel, junto a la ribera derecha del río Manzanares, entonces llamado Guadarrama, en una casa de labor situada en medio de tierras fértiles dedicadas al cultivo de cereales. Recuérdese que dichas tierras ocupan una buena parte de las terrazas fluviales de dicho río y que sobre la casa de labor que ocupó la familia se levantaría, ya en el siglo XV, una ermita, aprovechando el manantial y la fuente construidos por el mismo santo, cuyas aguas tienen propiedades curativas, según fue reconocido por Roma en el propio proceso de canonización. Este hecho llevó a identificar al personaje no sólo como labrador, sino también como pocero, atribuyéndosele muchos de los pozos que hoy día se conservan en distintos puntos de Madrid.
     Los cinco milagros, que se pueden denominar biográficos, muestran a un campesino madrileño que realizaba las labores propias de su oficio: la labranza de la tierra con yugo de bueyes y arado y que acudía al molino a moler trigo en el invierno. Cotejando estas noticias con los datos históricos que se tienen sobre la vida campesina de la época, se encuentra uno con una realidad fehaciente, una agricultura de arado y la práctica de la molienda durante el invierno, después de la siega del verano, cuando el grano, que había permanecido recogido en silos, era transportado a alguno de los molinos hidráulicos madrileños que funcionaban a pleno rendimiento, porque el Manzanares venía muy crecido de agua, cuya energía hacía funcionar la rueda de moler.
     En este contexto se sitúan los dos primeros milagros: el del molino y el de los bueyes. En el primer caso, el santo se dirigía a un molino, que la tradición identifica con el de La Arganzuela, junto al puente de Toledo, en compañía de un mozo o ayudante, para moler trigo, y en mitad del camino ofreció de comer a unas hambrientas palomas, ateridas por el frío y la nieve, siendo objeto de la burla de su acompañante por derrochar de esa manera el trigo. El milagro se produjo cuando, al llegar al molino, los costales de ambos se encontraban repletos, sin que faltase nada.
     La moraleja refleja una idea muy propia de la mentalidad religiosa de la época: la caridad hacia los animales, obra de Dios y seres de la Creación, y la Providencia Divina para quien la practica.
     El segundo milagro muestra cómo el tiempo dedicado a la oración no merma el rendimiento laboral, más al contrario, lo hace fructificar y multiplica sus beneficios, poniendo de manifiesto que la vida del cristiano no se fundamenta exclusivamente en el trabajo, sino también en la oración, en un momento histórico, como el siglo XIII, época de redacción del códice, en que la mentalidad burguesa proponía el trabajo como la única meta de realización personal.
     Según el códice, los compañeros se quejaban al amo de que san Isidro se incorporaba tarde a la labranza, porque desde el amanecer se pasaba la mayor parte del día rezando por las iglesias que había a su alrededor.
     El amo, queriendo comprobar personalmente las acusaciones, espió una mañana a Isidro y observó atónito cómo un yugo celestial de bueyes blancos, a la par que su propio yugo, ayudaba al santo a realizar la labranza, aumentando, de esta manera, los rendimientos y los esfuerzos de su trabajo, supuestamente disminuidos por el tiempo dedicado a la oración.
     El resto de los milagros se contextualizan no en el trabajo rural, sino en el marco de las prácticas religiosas de la época: el milagro del lobo, el de la olla y el de los pobres. El primero presenta a un Isidro espiritual que no abandonaba la oración ni la posponía ante ningún contratiempo. Unos chiquillos, mientras estaba rezando un día de verano en la iglesia de Santa María Magdalena, identificada con la actual ermita del cementerio parroquial de Carabanchel Bajo, le alertaron de que había un lobo feroz que persiguió a su borriquillo, ocasionándole heridas de muerte. Sin embargo, el santo, pacientemente, terminó de hacer su oración y cuando salió de la iglesia se encontró al lobo muerto y al jumento en perfecto estado. El nombre de la iglesia, uno de los pocos topónimos que aparecen en el códice, y la idea del borriquillo, trasladan al ambiente histórico de una época en que los campesinos se valían de estos animales para sus desplazamientos y como bestias de carga y sin los que no se entiende la gran movilidad de estas gentes de unos lugares a otros, recorriendo, a veces, grandes distancias.
     Los dos últimos milagros se refieren a la práctica de la caridad. En el de la olla, la comida se multiplicó repentinamente cuando un pobre acudió un sábado a su puerta demandando limosna. Parece ser que había costumbre de que este día se repartiesen alimentos entre los más necesitados. El pobre del relato llegó el último y, al parecer, la comida se había terminado; sin embargo, san Isidro interpeló a su esposa y le rogó que mirase si aún quedaba algo en la olla. Ésta acudió, llena de incredulidad, y comprobó sorprendentemente que estaba llena.
     El último de los milagros presenta la existencia de cofradías seglares, que durante los siglos XII y XIII fueron muy dinámicas, y se manifestaron como el medio más ideal de la participación de los laicos en la vida de la Iglesia, así como la recuperación de un estilo de vida cuyas raíces se hunden en la espiritualidad de las primeras comunidades cristianas. San Isidro perteneció a una de estas cofradías y, durante una de las comidas de hermandad, llegó tarde, debido a que había estado rezando en las iglesias, introduciendo consigo a unos pobres que había encontrado en la puerta pidiendo limosna. La comida se había acabado, quedando sólo la ración que los comensales habían reservado al santo. El milagro quiso que la olla estuviese, de repente, repleta de comida, con lo que se pudo dar de comer a los pobres y aún sobraron alimentos para muchos más. Este milagro se sitúa junto a la iglesia de Santa María Magdalena, a donde los cofrades, que habían presenciado el milagro, acudieron a dar gracias a Dios. Ello provocó que la tradición identificara esta cofradía con la que desde muy antiguo existió en Carabanchel Bajo, bajo la advocación del apóstol Santiago.
     Este hecho vincula, una vez más, a san Isidro con la entonces aldea madrileña y sus tierras, pareciendo más que probable que durante la mayor parte de su estancia en Madrid viviese en este contexto rural y no en la villa, según se desprende del propio códice.
     La tradición, sin embargo, le vincula también laboralmente con otros lugares de fuera de Madrid, en donde los Vargas tenían heredades, básicamente la sierra norte madrileña y las tierras del Jarama, caso de Buitrago del Lozoya, Talamanca y, especialmente, Caraquiz, en los términos municipales de Torrelaguna (Madrid) y Uceda (Guadalajara), en donde pudo conocer a su esposa y contraer matrimonio.
     El último relato biográfico representa la muerte de san Isidro y su enterramiento. Se trata de un reflejo del ideal de la perfecta muerte cristiana, acompañada de unos gestos y símbolos concretos que reflejan y se enmarcan, de nuevo, en la realidad histórica. El santo hizo testamento de sus escasos bienes, considerado por la Iglesia como un acto de piedad y de fe. Después, ya enfermo, y en el lecho de muerte, recibió el viático, se golpeó el pecho, en señal de arrepentimiento, juntó sus manos, cerró los ojos, realizó la señal de la cruz y, por último, exhaló el espíritu.
     Esto sucedía a finales del siglo XII, en una fecha imprecisa que varía, según los biógrafos, entre la década de 1170 y la de 1190. La tradición asegura que pudo morir un 30 de noviembre, festividad del apóstol san Andrés, ya nonagenario y en la casa que Juan de Vargas tenía en la collación de San Andrés, que no sería la casa principal del caballero, sino una de sus propiedades para sirvientes y demás, en una collación donde predominaban los campesinos mozárabes vinculados a su familia y en la que habría cuadras, silos, graneros, establos y otros habitáculos en un ambiente muy rural, de ahí la llamada cuadra de San Isidro, donde, según la tradición, el santo guardaba el ganado. Es evidente que, ya de mayor, se retiró a vivir sus últimos años a esta collación. Durante este tiempo la tradición popular asegura que continuaba con sus prácticas piadosas, especialmente la devoción a la Virgen de Atocha, cuyo santuario se había convertido en un importante centro de peregrinación, y a Nuestra Señora de la Almudena.
     Fue enterrado en el cementerio de la parroquia de San Andrés, la última que, durante su vida laboral, visitaba antes de proseguir su camino hacia el campo.
     Allí, en una sencilla fosa, sin lápida, ni nombre, ni ninguna otra señal, permanece casi olvidado de todos, hasta tal punto que en tiempo de lluvias un arroyuelo penetraba en su interior, inundando la sepultura.
     Después de cuarenta años, su cuerpo fue localizado milagrosamente, según creencia popular, por revelación divina, encontrándose incorrupto y siendo trasladado al interior de la iglesia.
     A raíz de su identificación por Alfonso VIII como el pastor que había ayudado a las huestes cristianas a vencer a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa de 1212, se desarrolló su culto, construyéndose una capilla y un arca para contener su cuerpo, todo lo cual quedó bajo el patronato de la Corona, permaneciendo, de este modo, el santo y todo lo referente a su tradición vinculado secularmente a la Casa Real.
     A finales del siglo XVI, se dieron los primeros pasos para su canonización, que no concluyó hasta el siglo siguiente. En 1619, el papa Pablo V le declaró beato y el 12 de marzo de 1622 Gregorio XV le canonizó, junto a los españoles Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jesús y el italiano Felipe Neri.
     Sin embargo, su bula de canonización no fue emitida por Roma hasta el 4 de junio de 1724, bajo el pontificado de Benedicto XIII. El 16 de diciembre de 1960 Juan XXIII le declaró patrón de los agricultores españoles.
     Ya desde el siglo XVI, a raíz de la colonización de América y el imperio español, su culto se había extendido por América, Filipinas y parte de Europa.
     Es patrón de Madrid y de otros muchos pueblos y ciudades (Tomás Puñal Fernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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martes, 28 de mayo de 2024

El sitio arqueológico del Águila, en Salteras (Sevilla)

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     Se localizaron fragmentos de ladrillos, tégulas, ánforas, fondos de vasijas, cerámica común romana y sigillata clara A y D. 
     Villa romana ocupada del siglo I al IV d.C. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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sábado, 9 de septiembre de 2023

La Capilla de Nuestra Señora de la Oliva, en Salteras (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de Nuestra Señora de la Oliva, en Salteras (Sevilla)
     Hoy, sábado 9 de septiembre, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la Capilla de Nuestra Señora de la Oliva, en Salteras (Sevilla).
     La Capilla de Nuestra Señora de la Oliva, se encuentra en la calle Niño Practicante, 1; en Salteras (Sevilla).
     Es un edificio de una sola nave que ha sido tan restau­rado modernamente que apenas puede reconocerse parte de la antigua edificación. Se debió de levantar en la segunda mitad del siglo XVIII, como atestiguan la espadaña y el azulejo de la Virgen que se hallan en la portada de los pies. En el interior hay un retablo neogótico con la Virgen  de la Oliva, imagen de candelero de la segunda mitad del siglo XVIII. Destacan además un Niño Jesús de tipo montañe­sino y algunas pinturas, como la que representa a la Virgen con el Niño, obra de factura cortesana, que puede fechar­se en la primera mitad del siglo XVII. Hay también dos cuadros del siglo XVIII que representan el Sacrificio de Isaac y el Abrazo ante la Puerta Dorada. En la orfebrería hay algunas piezas de calidad, como la lámpara fechada en 1772 y punzonada por Cárdenas y Amat, y todos los aderezos de la Virgen, entre los que se cuentan una corona de plata dorada con esmeraldas del siglo XVIII, un cetro decorado con rocalla del mismo siglo y una media luna de plata dorada y repujada con motivos barrocos que lleva la fecha de 1745 (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     La Ermita de la Virgen de la Oliva se encuentra dentro del casco urbano de la población, muy cercana al templo parroquial. Por la espadaña y por la tipología del azulejo que aparece en su fachada se podría fechar el edificio en los últimos años del siglo XVIII. No obstante ha sufrido numerosas modificaciones que enmascaran totalmente la construcción primitiva.
     El edificio tiene una sola nave cubierta con medio cañón y ábside plano, con la portada principal a los pies del templo.
     La Virgen de la Oliva es la patrona del pueblo y celebra su fiesta el dos de febrero aunque en la actualidad se ha trasladado al primer domingo de este mes. Durante la semana permanece en el templo parroquial para de nuevo volver a su ermita. La imagen procesiona también en la festividad del Corpus Christi, acompañando a la custodia (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Construida en 1954 sobre lo que fue su antigua ermita, es uno de los edificios monumentales más importantes de la ciudad. Alberga en su interior la imagen de Ntra. Sra. de la Oliva, patrona de Salteras y de todos los olivareros de la provincia. Datada en el siglo XVI y de autor desconocido, fue coronada en el año 2005. La capilla es un edificio de una sola nave en el que destaca la espadaña y el azulejo dedicado a la Virgen, que se halla en la portada.
     El patrimonio histórico artístico de la ermita y la Hermandad de la Virgen de la Oliva está formado por un conjunto de piezas de escultura, pintura, bordados, orfebrería, tallas, dorados y documentación histórica de enorme valor, entre las que destacan un retablo barroco y un Niño Jesús de la escuela de Martínez Montañés.
     Entre sus curiosidades históricas destaca el origen de la ermita y el antiguo hospital colindante, hoy casa de hermandad, al que acudían a curarse las mujeres enfermas de la comarca, y en cuya parte posterior se hallaba el famoso olivo sagrado, al que se encomendaban estas y por el que acabó denominándose a la Virgen cuya advocación fue reconocida por la jerarquía de la Iglesia diocesana (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
   Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
  Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
       De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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sábado, 2 de septiembre de 2023

La Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva, en Salteras (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva, en Salteras (Sevilla)
     Hoy, sábado 2 de septiembre, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva, en Salteras (Sevilla).
     La Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva, se encuentra en la calle Nuestra Señora de la Oliva, s/n; en Salteras (Sevilla).
     Construcción  mudéjar de grandes proporciones, organizada en tres naves separadas por pilares que sostienen arcos apuntados. Las naves están cubiertas por estructuras de madera, teniendo la capilla mayor bóveda vaída. Al exterior muestra tres sencillas portadas, una en cada fachada del templo. La torre, situada a los pies de la nave izquierda, presenta un campanario de dos cuerpos y chapitel piramidal  recubierto  de  azulejos. Fue terminada en el siglo XVII. La iglesia puede fecharse a fines del siglo XV o comien­zos del XVI, salvo la cabecera y las portadas que datan de fines de este siglo. Consta que en 1727 el maestro alarife Andrés de Silva realizó diversas reparaciones y que en 1762 Marcos Lebrón trabajaba, bajo la dirección de Pedro de Silva, en una nueva armadura para la nave central.
     El gran retablo mayor consta de cinco calles y presenta pinturas con escenas de la vida de la Virgen. En la calle central aparece un lienzo de la Inmaculada sostenida por cuatro ángeles y en el remate un grupo escultórico del Calvario. En el presbiterio hay algunas pinturas del siglo XVII, de gran tamaño, como la que representa la Aparición del Ángel a los Pastores, que recuerda a los Bassano, y la del Ecce Homo.
     En la nave izquierda hay varias esculturas, entre las que pueden citarse la de Santa Ana enseñan­do a la Virgen, ambas con coronas de plata, del siglo XVIII, y la del Crucificado, imagen de tama­ño natural, de fina talla y afilados pliegues en el sudario, de comienzos del siglo XVI, que aparece acompañado de una Virgen de vestir y una Magdalena de talla, esta última de la primera mitad del siglo XVII. En cuanto a las pinturas destacan un gran lienzo de la Trinidad de la pri­mera mitad del siglo XVIII, con marco de la época, aunque en mal estado de conservación, y una Inmaculada de inspiración murillesca, de la misma época. Incrustada en el muro y cercana al presbiterio se halla una lápida de época visigoda fechada en el 520 con reinscripción de 1612, fecha en que debió de colocarse en este lugar. A la nave izquierda se abre la capilla del Sagrario en la que destaca un gran lien­zo de la Inmaculada rodeada de ángeles y vestida con los colores rojo y azul, que puede situarse en la primera mitad del siglo XVII. En la misma capilla hay una escultura de San Miguel de mediano tamaño de fines del siglo XVII y otra de San Ginés, algo posterior y de carácter más popular. La primera lleva escudo de plata con rayos ondeantes y lisos, copia del escudo primitivo que tuvo la imagen. El actual es obra de comienzos del XIX con los punzones de la ciudad de Sevilla, del contraste García y del autor Quesada. Es de destacar tam­bién un magnífico frontal de altar de madera tallada, que imita un tejido, de la primera mitad del siglo XVIII.
     En la nave derecha hay un pequeño retablo de un solo cuerpo, pilastras corintias, hornacina central y frontón, que puede situarse en la primera mitad del siglo XVII, época en la que se datan las pinturas que lo adornan. En la misma nave se halla una mesa de altar, con Sagrario y frontal de madera tallada y pintada al estilo rococó, sobre los que se apoya un Niño Jesús de escuela montañesina. En cuanto a la pintura, merecen mencionarse un Ecce Homo y una Santa Faz, ambas del siglo XVIII.
     En la sacristía se conserva un exvoto dedicado al beato Fray Diego de Cádiz, que representa uno de sus milagros y está fechado en 1801. Piezas de orfebrería de interés son una lámpara fechada en 1769, decorada con rocallas y con los punzones del contraste Cárdenas y el autor Amat, un ostensorio manierista, de la primera mitad del siglo XVII, y varios cálices y copones del siglo XVIII (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     Es una iglesia de estilo mudéjar, de finales del s. XV o principios del XVI. Dispone de tres naves separadas por pilares. El gran retablo mayor consta de cinco calles, con pinturas relativas a la vida de la Virgen. En ella destacan lienzos del siglo XVII con representaciones religiosas, esculturas, una lápida funeraria visigoda de Susana Fámula, así como un retablo neogótico que data del XVII. Destacar también su rica orfebrería.
     Constituye un conjunto de torre y campanario que se construyeron en el siglo XVII. Situada en la nave lateral izquierda o del Evangelio. Se compone de tres cuerpos, culminándose el cuerpo de campanas con chapitel. La torre es de planta cuadrada, con acceso directo desde la iglesia, en el cual la escalera abovedada sustituye la antigua de madera.
     El primer cuerpo de campanas se adorna con cornisa de triglifos y metopas. En el segundo cuerpo se alzan cuatros pináculos en las esquinas, culminándose por un chapitel de planta octogonal y sección tronco-piramidal, revestido de azulejos azules y blancos, que representan estrellas de cinco puntas.
     La torre campanario fue concluida en 1619, destruida por un rayo a finales del siglo XIX, la restauró Ignacio Ayuso Quintana, parcialmente, en 1939 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Su autoría recae en Alonso Beltrán, Pedro Díaz de Palacio, Juan de Burgos y Pedro Silva. De planta basilical y distribuida en tres naves interiores, entre sus elementos más característicos se encuentra la torre, adosada a los pies de la nave izquierda y concluida en el siglo XVII. Está rematada con un campanario de dos cuerpos y un chapitel ochavado recubierto de azulejos.
     En su interior destacan pinturas y esculturas del siglo XVII, piezas de orfebrería de los siglos XVII y XVIII, y una lápida funeraria visigoda fechada en el año 520 perteneciente a la mártir cristiana Susanna Fámula, martirizada durante el reinado de Leovigildo. Es de gran valor histórico y cultural el retablo clásico que preside el templo, de connotaciones herrerianas esculiarienses, fechado en el siglo XVII y que dispone de algunos lienzos pertenecientes a la escuela de Ocampo.
     Otro de sus elementos singulares es el reloj de su torre, que constituye un monumento a la mecánica relojera y al arte de construir relojes mecánicos, una profesión artesanal que tiende a desaparecer. Se construyó por iniciativa del Ayuntamiento de Salteras y, tras la autorización de la diócesis de Sevilla para su colocación en el templo, quedó completamente colocado el 1 de septiembre de 1865. Realizado en Bilbao en la fábrica de José Zugasti e Hijos, similar al de la iglesia de San Lorenzo de Sevilla, ha sufrido diversas reparaciones y restauraciones, la última ejecutada en el año 2004 y que supuso su retorno a lo alto de la torre tras varios años en el Consistorio.
     Es sede del patrón de Salteras, San Sebastián, la Hermandad del Nazareno y la del Rocío (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
   Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
  Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
       De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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domingo, 12 de marzo de 2023

La Hacienda "El Mayorazgo", actual Casa de la Cultura, en Salteras (Sevilla)

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     La Hacienda "El Mayorazgo", se encuentra en la calle Hermanos Quintanilla Vázquez, s/n; en Salteras (Sevilla).
     Hacienda de olivar convertida en Casa de Cultura. Conserva patio de labor, torre y nave de molino (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Para conocer a fondo la arquitectura popular de la localidad es idóneo visitar este enclave del siglo XVII. Antigua hacienda de olivar convertida en la actualidad en Casa de Cultura, conserva patio de labor, torre y nave de molino (Turismo de la Provincia de Sevilla).
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jueves, 15 de diciembre de 2022

La Fábrica "La Cartuja de Sevilla", en Salteras (Sevilla)

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     La Fábrica "La Cartuja de Sevilla", se encuentra en la carretera N-630, km. 805; en Salteras (Sevilla).
     Esta fábrica centenaria de loza está especializada en los servicios o conjuntos de mesa, además de alguna pieza artística. Fabricación y venta de artículos de loza. Hoy día, la Cartuja de Sevilla continúa fiel a ese compromiso adquirido hace más de siglo y medio: ofrecer a los consumidores más exigentes las piezas ornamentales y los conjuntos de loza fina de uso cotidiano, en las que la artesanía tradicional y la más alta calidad de fabricación se dan la mano para constituir un referente mundial.
     La actual fábrica se encuentra a pocos kilómetros de Sevilla, en Salteras, y recoge los almacenes de materias primas, las instalaciones de manufactura, los almacenes logísticos de los productos terminados y expediciones, las oficinas comerciales y una tienda abierta al público en la que se ofrecen todos los productos del catálogo de La Cartuja de Sevilla y series y piezas especiales en régimen de outlet.
     La Cartuja de Sevilla está a abierta a la visita de particulares y grupos que quieran conocer la historia y proceso de fabricación de las piezas (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Página web oficial de la fábrica La Cartuja de Sevilla
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lunes, 9 de mayo de 2022

La Fuente árabe "La Alberquilla", en Salteras (Sevilla)

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     De naturaleza rústica y emplazada en la finca del mismo nombre en un entorno de gran valor medioambiental a 3 km de la localidad. Está entre las poblaciones de Olivares y Salteras. Se accede por el camino de Alcalá paralelo a la carretera a los depósitos de Aljarafesa, a 1 km desde la carretera de Salteras a Olivares. 
     Fuente de origen árabe con torreón en forma de hornacina. Es un edificio abovedado de ladrillo que protege el manantial. Sus aguas son apreciadas en la zona.   
   Existe una teoría, aunque poco creíble, que sostiene que esta fuente es un resto de un antiguo acueducto romano que llegaba hasta el anfiteatro de Itálica en Santiponce.
     Actualmente se encuentra en buen estado de conservación gracias a la restauración llevada a cabo hace pocos años por el Ayuntamiento de Salteras (Turismo de la Provincia de Sevilla).
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lunes, 8 de noviembre de 2021

La localidad de Salteras, en la provincia de Sevilla

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Datos del Municipio
     Situación: Situada en el Aljarafe sevillano, en una pequeña loma de 154 m. de altitud.
     Coordenadas GPS: x = -6111913 - y = 37.418539
     Extensión: 57 km2
     Distancia a Sevilla: 11,5
     Altitud: 154 m
     Entorno: Asentado sobre una pequeña loma, destacamos el Parque Medioambiental de la Cárcava del Chorrito, de alto valor paisajístico y lugar de recreo para el visitante.
Datos del Ayuntamiento
     Dirección: c/ Pablo Iglesias, 2, CP. 41909
     Teléfono: 955 70 88 50
     Fax: 955 70 71 92
     Web: www.salteras.es
Información turística
     El municipio ocupa un cerro que estuvo habitado desde la antigüedad, ya que quedan abundantes testimonios prehistóricos y romanos.
     Entre sus edificaciones de interés histórico-artístico destacan la Iglesia de Santa María de la Oliva, la Capilla de la Virgen de la Oliva y el Museo Pickman Cartuja de Sevilla. También son reseñables la Hacienda el Mayorazgo y la fuente árabe de la Alberquilla.
     No te puedes perder...   su paisaje (Diputación Provincial de Sevilla).
     La población ocupa un cerro que debió de estar habitado desde muy antiguo, ya que se han localizado diversos vestigios arqueológicos en su término, habiéndose reutilizado algunos cipos funerarios como marmolillos en algunas calles. Debió de ser una alquería en época musulmana, con escaso desarrollo tras la conquista cristiana, no produciéndose su crecimiento hasta los años finales del siglo XVI (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
Salteras, tradición olivarera y cultura musical 
     Salteras se encuentra solo a 12 km de Sevilla. Está ubicada sobre una pequeña loma en la comarca del Aljarafe. Destacan de su entorno natural el Parque Medioambiental de la Cárcava del Chorrito, lugar de recreo de alto valor paisajístico. 
     Salteras, pertenece a la Comarca del Aljarafe, con una extensión de 57'50 km², a una altitud de 152 m. sobre el nivel del mar, y con 5.477 habitantes.
    El origen de este municipio olivarero se remonta a los tiempos prehistóricos. En la época romana debió tener relativa importancia y, según algunos historiadores, parece corresponder al nombre de Pesula, citada por Plinio, en la región de la Turdetania. En tiempos de la invasión y dominación musulmana no pasó de ser una alquería árabe, como muchos otros pueblos del Aljarafe, que fue agrandándose con nuevos caseríos hasta formar una villa, que el rey Fernando III repartió entre su corte guerrera. En el siglo XVIII fue repoblada por el caballero Juan Federegui.
     Conocido en toda la provincia por sus bandas musicales, guarda grandes encantos entre sus calles. Su patrimonio histórico es claro ejemplo de la tradición olivarera. Destacan la iglesia de Ntra. Sra. de la Oliva, la Hacienda del Mayorazgo o la fuente de La Alberquilla. 
     Las fiestas son otro reclamo turístico de Salteras. Las más esperadas se celebran en honor a la Virgen de la Oliva durante el mes de febrero. Y en agosto la Feria y el Corpus Christi, siendo uno de los municipios sevillanos, junto a Umbrete, que no festeja este evento religioso en primavera.
     Pero, además, Salteras ofrece una exquisita gastronomía. En sus restaurantes, la carne a la brasa es la especialidad. Otros platos típicos son el arroz con liebre o los garbanzos con bacalao, muy típicos en Salteras. Y para endulzarte, los barcos de sidra. ¡Repetirás seguro!
     Si vas coche desde Sevilla, debes tomar la autovía A-8077 y sobre una media hora habrás llegado a tu destino. 
     También puedes viajar en tren desde la capital. La línea C5 de cercanías hace parada en la estación de Salteras.
     Pero si prefieres el autobús, desde la estación sevillana de Plaza de Armas tienes la línea metropolitana M-175. 
   Salteras no es un pueblo muy grande, por lo que recorrerlo a pie es la mejor opción. Si te llevas tu bicicleta, también puedes pasear por su entrono natural o ir a otros pueblos cercanos, como Valencina de la Concepción, por un carril bici habilitado.
     Entra en la capilla de la Virgen de la Oliva, pregunta por el olivo sagrado y qué tipo de edificio era antiguamente.
     Disfruta en las fiestas locales de la Asociación Filarmónica Ntra. Sra. de la Oliva y la Sociedad Filarmónica Cultural Ntra. Sra. del Carmen. Tienen reconocido prestigio en toda Andalucía. 
     Adéntrate en el Museo Pickman de la Cartuja de Sevilla, para conocer una gran colección de la cerámica sevillana.
     Situada entre Olivares y Salteras encontramos la fuente árabe de La Alberquilla. Si paseas en bicicleta o haces senderismo por la zona, refréscate en sus aguas.
     Atrévete a correr frente al toro de fuego de la Feria de Salteras. Fabricado artesanalmente y repleto de fuegos artificiales.  
     Relájate en el merendero del Parque del Chorrito. Disfruta de su paisaje natural y llévate algo de comer para pasar un día agradable en plena naturaleza. 
     Realiza una visita guiada a la fábrica de sombreros artesanales de Salteras, Fernández y Roche. Solo quedan diez en el mundo como esta. Cuenta con maquinaria de más de un siglo de historia. 
     Puedes comenzar tu visita desde la Plaza de España, allí encontrarás la parroquia de Santa María de la Oliva, de estilo mudéjar. En su interior destacan pinturas y esculturas barrocas, además de piezas de orfebrería y una lápida funeraria visigoda del año 520. 
     Junto a la iglesia, a pocos metros, está la capilla de la Virgen de la Oliva, la patrona de Salteras. Este monumento es de los más importantes del municipio. Fue levantado sobre una antigua ermita y la actual casa hermandad era un hospital. Pregunta por la historia del olivo sagrado, el cual dio nombre a la virgen. 
     Luego, si tienes apetito, entra en algunos de los mesones del pueblo. La especialidad es la carne a la brasa, así que no dudes en probarla. Aunque si prefieres comer al aire libre, tienes el merendero en el Parque del Chorrito a diez minutos caminando desde el ayuntamiento.
     A las afueras del pueblo, está el famoso Museo Pickman de la Cartuja de Sevilla, en el que verás una gran colección de cerámicas de esta firma sevillana tan famosa (Turismo de la Provincia de Sevilla).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame, ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la localidad de Salteras, en la provincia de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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La localidad de Salteras, al detalle:
Cerrada del Polvillo
Charcos
Cortijo del Aceitero
Cortijo de Almuérdago
Cortijo de Campofrío
Cortijo de Casa Buena
Cortijo de Ciriaco
Cortijo de Hormaza
Cortijo Juradillo
Finca de Eliche
Gelillo
Hacienda de Molino Viejo
Hacienda Villadiego
Industrias Sombrereras Españolas, Fernández y Roche
Los Lagares
La Melgareja
Palmaraya Dueñas
El Polvillo
Punto Kilométrico 527
Salteras
La Venta
Venta de Pie de Palo