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viernes, 28 de abril de 2023

La Casa de las Sirenas, de Joaquín de Ayarragaray

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa de las Sirenas, de Joaquín de Ayarragaray, de Sevilla.  
     La Casa de las Sirenas, se encuentra en la plaza Alameda de Hércules, 13; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
     Este palacete romántico, hoy en estado irreparable de ruina [afortunadamente restaurado], fue mandado construir por don Lázaro Fernández de Angulo, marqués de Esquivel, finalizando su construcción en 1864. El proyecto -redactado en 1861- y la dirección de las obras estuvieron a cargo del arquitecto J. Fernández Ayarragaray (que habría de trabajar unos años más tarde en la restauración del crucero y nuevo cimborrio de la catedral).
     Se trata de una edificación aislada, situada en el centro del jardín acotado por sus cuatro mu­ros. El que da fachada al paseo de la Alameda está constituido por una crujía en planta baja -caballerizas y dependencias de servicio-, perforada por vanos circulares y una terraza con balaustres en la alta. El resto de los cerramientos del jardín se construyen mediante un zócalo alto y una verja de fundición arriostrada entre pilares de ladrillo avitolados.
     La casa, de planta cuadrada, poseía una nítida estructura paladiana, con la construcción de una crujía de borde en torno al espacio central. La escalera se sitúa en una de las crujías laterales, transgrediendo el perfecto esquema simétrico de la composición de la planta. Los recursos formales utilizados en las fachadas se aproximan, sin embargo, a los de los palacetes de mediados del XIX, de referencias estilísticas francesas, puestas en evidencia en la cubierta amansardada en las buhardillas, que remata la edificación.
     Las cuatro fachadas, idénticas en su composición, se dividen en calles verticales por pilastras corintias sobre pedestales en planta baja, y toscanas en la alta. El zócalo, la línea de imposta y la cornisa recorren horizontalmente el edificio. Sobre ésta apoyarán las buhardillas de la planta segunda, unidas por un pretil de obra que recoge la cubierta de pizarra.
     Construcción de características bastante singulares en nuestra ciudad, pero que responde claramente a la tipología de palacete al estilo francés, que habría de prodigarse en Madrid (duques de Santo Mauro, Portugalete, Uceda, Linares, etc.) en tantas construcciones en torno a la Castellana.
     La casa con el jardín ocupa en planta baja una superficie aproximada de 1.700 m2, estimándose una superficie total construida para la casa de l.200 m2 (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
     Se sitúa el palacete en el centro de una parcela de planta cuadrada cerrada por una verja en los flancos lateral y el trasero donde aparece la puerta para el servicio. Se compone de una parte inferior realizada de fábrica en la que apoyan los machones que sostienen el enverjado superior. El diseño se repite por igual en sus distintos tramos presentando su mayor complicación en las zonas inferior y superior y coronándose por una crestería que remata en puntas. Los pilares que soportan los diferentes paños de rejas son de sección cuadrada terminados en una pequeña cornisa y recorridos por hendiduras horizontales.
     Se trata de una edificación exenta, situada en el centro del jardín acotado por cuatro muros.
     Presenta una planta simple que puede entenderse con facilidad. Basada en un perfecto orden y cuidada simetría distribuye equitativamente ocho dependencias, en torno a un patio central que lógicamente resulta un cuadrado de mayores proporciones. Las salas estaban destinadas a salones de diversos usos en la planta baja y dormitorios en la superior, quedando el cuerpo de escaleras a la derecha del patio. El sótano se destina a cocinas y área de servicios.
     El tratamiento de las fachadas mantiene idénticos rasgos en sus cuatro frentes. Responden a la misma ordenación de sus elementos decorativos que se sitúan en una perfecta correspondencia con la compartimentación estructural del interior, y apareciendo el mismo número de vanos en cada una de ellas. Quedan divididas en dos pisos que se fragmentan por pilastras corintias apoyadas sobre basas, las inferiores cajeadas y las superiores estriadas. Resulta una compartimentación tripartita que alberga un vano en los cuerpos laterales y tripartita que alberga un vano en los cuerpos laterales y tres en los centrales. Estos se decoran con marquesinas que presentan veneras y motivos vegetales en la planta baja donde los vanos parten desde la altura del zócalo a modo de ventanas, y frontones rotos de sección curva que cobijan jarrones con frutas en los superiores. En estos una pequeña balaustrada sirve de antepecho puesto que el vano arranca desde la línea de la cornisa.
     El jardín, que rodea la vivienda, se encuentra acotado por cuatro muros El correspondiente al paseo de la Alameda está constituido por una crujía en planta baja (caballerizas y dependencias de servicio), perforada por vanos circulares y una terraza con balaustres en la alta. El resto de los cerramientos del jardín se construyen mediante un zócalo alto y una verja de fundición entre sillares de ladrillo avitolados.
     Desde el siglo XVI, el sevillano Paseo de la Alameda de Hércules ha sido para la ciudad zona de esparcimiento y recreo. El asistente Don Francisco Zapata y Cisneros, Primer Conde de Barajas, convertiría este sector en un paseo renacentista. En la segunda mitad del siglo XVII, la burguesía quiso recuperar un espacio excepcionalmente bien ubicado en la ciudad para destinarlo nuevamente a paseo. Fue el arquitecto Balbino Marrón quien presentó el plan de alineación y ordenación de los márgenes del Paseo de la Alameda de Hércules, pero el proyecto no llega a realizarse. En la venta de estos terrenos, el Marqués de Esquivel adquiere el lote nº 2 del Proyecto de Reforma que Balbino Marrón realizara en 1857. Lo consideró lugar idóneo para la realización de un palacete que le equiparara a la fuerte burguesía madrileña que por estos años levantaba residencias de este tipo. Encargó su casa a Joaquín Fernández Ayarragaray. La Casa de las Sirenas se comienza a construir en 1861 y se concluye en 1864; es un inmueble que conjuga su planta sencilla, la clara y simétrica disposición de sus cuartos, con la organización clasicista de sus fachadas y el atemperado ornato de la tradición francesa. Actualmente acaba de ser restaurada por el Ayuntamiento de Sevilla y en ella se realizan distintas actividades culturales (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Biografía de Joaquín de Ayarragarray, autor de la obra reseñada;
     Joaquín Fernández de Ayarragaray, Joaquín de Ayarragaray. (Hernani, Guipúzcoa, 17 de agosto de 1821– Sevilla, 26 de marzo de 1900). Arquitecto.
     Nació en Hernani (Guipúzcoa), pero la mayor parte de su carrera profesional transcurrió fuera del País Vasco. Tuvo una proyección señalada en Sevilla, donde destacó por las reminiscencias francesas de su estilo. Ganó por oposición una cátedra en la Escuela de Bellas Artes de esta ciudad. Su obra capital consistió en la restauración de la catedral sevillana, en la que se empleó los diez últimos años de su vida. A él se deben también la Casa de las Sirenas, en la Alameda de Hércules, el Hotel Roma, la casa del conde de las Atalayas, la de los señores de Portella, la sucursal del Hotel Madrid, el palacio del duque de Montpensier en Sanlúcar de Barrameda, el jardín de Venta Eritaña y el palacio de los duques de Madrid en Villamanrique. En el cementerio hispalense de San Fernando erigió una pequeña capilla clasicista, para la que se inspiró en un sepulcro del parisino Père-Lachaise. También trabajó en su villa natal, para la que proyectó una nueva casa consistorial (la anterior había sido destruida en 1875, en el transcurso de la Guerra Carlista). El edificio de Ayarragaray se terminó de construir en 1899 y está incluido en el Inventario Provisional de Patrimonio Histórico Arquitectónico del País Vasco. Otra de sus últimas obras fue el trazado para la ordenación de la entrada al túmulo de Menga (Antequera), que no llegó a construirse. Proyectó una plaza en la entrada y un edificio destinado a albergar la recepción y la exposición, con una torre-mirador y una casa para el guarda (Elena Legorburu Faus, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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domingo, 1 de diciembre de 2019

La Capilla de la Hermandad del Museo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de la Hermandad del Museo, de Sevilla.  
   Hoy, 1 de diciembre, Conmemoración en Noyon, lugar de Neustria, asimismo en Francia, a San Eloy, obispo, que siendo orfebre y consejero del rey Dagoberto edificó monasterios y construyó monumentos a los santos con gran arte y elegancia, y más tarde fue elevado a las sedes de Noyon y Tournai, donde se dedicó con gran celo al trabajo apostólico (660) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Capilla de la Hermandad del Museo, de Sevilla, corporación fundada en 1575 por el gremio de plateros que tienen por patrón a San Eloy.
   La Capilla de la Hermandad del Museo, se encuentra en la plaza del Museo, 10; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
   Cuenta el Abad Gordillo que la hermandad del Cristo de la Expiración "tuvo su institución por devoción de unos mancebos oficiales de la platería, los cuales se propusieron, el día de Domingo de Ramos oyendo la Pasión en el dicho monasterio de la Merced, y se aficionaron en atender el particular paso y tiempo en que Cristo Nuestro Señor esperó las aflicciones que refiere el Santo Evangelista y consideraron que levantaba la cabeza al cielo en llamamiento de su Padre Eterno". Nacía así la hermandad del Cristo de la Expiración, fundada en 1575 en la parroquia de San Andrés, hoy conocida por la "del Museo", al residir junto al antiguo convento mercedario desde comienzos del siglo XVII. Antes pasaron unos años de desencuentro con los mercedarios, periodo en el que residieron en la parroquia de la Magdalena y, tras pasar por otra capilla, erigir definitivamente en 1613 el templo actual.
  Se trata de una iglesia de una sola nave, rectangular, contigua a la principal del antiguo convento mercedario, hoy Museo de Bellas Artes. Tiene acceso por una sencilla portada realizada en 1883, una actuación obligada tras la reforma a la que sometió Balbino Marrón a la antigua fachada monástica. Al derribarse el antiguo compás, la capilla se hizo visible desde el exterior, realizándose un nuevo diseño que parecer corresponder al académico Joaquín Fernández Ayarragaray. Decora su muro un excelente retablo cerámico firmado por Antonio Morilla Galea en 1963 y que representa al Cristo de la Expiración  a la Virgen de las Aguas. 
   El interior de la iglesia presenta un cubrimiento de madera acasetonado, que corresponde a una reforma posterior a la obra inicial, donde se estipulaba una cubrición por bóveda de cañón. Preside la alargada nave un retablo neoclásico, dorado en fecha posterior a su ejecución, que se sitúa hoy en el lado contrario al que estuvo originalmente. Los preside la impactante imagen del Cristo de la Expiración, realizada en pasta de madera por el escultor Marcos Cabrera en 1575 aunque durante mucho tiempo se creyó en la vieja leyenda de un tal capitán Cepeda, un soldado que estuvo en Italia y que tiró los moldes de la obra al río para que no se repitiera. La realidad nos habla de un impactante crucificado expirante que sigue los modelos del manierismo de la alargatura y, muy especialmente, del dibujo que Miguel Ángel realizó para Victoria Colonna, todo un compendio del arte convulso y crispado que se realizó en el último tercio del siglo XVI. La obra debió suponer todo un éxito ya que se citó como modelo para diversos crucificados posteriores. En 1895 fue levemente reformado por Gutiérrez Cano, que quiso imprimir un aire más dramático al añadir un paño de pureza  realizado con telas encoladas de acusado dinamismo. Menos afortunada fue la intervención de 1978 de Peláez del Espino: a los pocos años la talla sufrió un proceso de ennegrecimiento que motivó una feliz restauración en 1991 por los hermanos Cruz Solís. La otra titular de la hermandad es la Virgen de las Aguas, situada a los pies del Cristo, una obra realizada en barro policromado por Cristóbal Ramos en 1772. Originalmente genuflexa, debió cambiarse su posición en alguna intervención del siglo XIX. Ya en 1922, Infantes Reina le cambió el juego de manos entrecruzadas por unas separadas, al estilo del resto de las dolorosas sevillanas. En 1962, Sebastián Santos intervino de nuevo sobre la mascarilla de la imagen y le realizó un nuevo candelero. Aunque procesiona sobre elegante palio de malla, obra de Sobrinos de Caro, y con manto azul liso en el que antiguamente se colocaban las alhajas de las familias acomodadas del barrio, antaño procesionó a los pies del crucificado en posición de Stabat Mater. Completan el retablo principal las tallas que flanquean el paso de Cristo, cuatro excepcionales esculturas de Francisco Antonio Gijón que representan a los Evangelistas, con un sentido del dinamismo y de la expresión propios de uno de los mejores artistas del barroco. Del notable patrimonio  del resto de la capilla destaca, a los pies de la nave, la imagen sedente de la Virgen de la Merced, conocida como la Comendadora, que debió pertenecer al patrimonio del convento, donde presidiría el coro de los mercedarios. Es obra atribuida a Benito Hita del Castillo (h. 1750), aunque también se ha relacionado con el estilo de José Montes de Oca. Varios tallas destacan en el muro de la Epístola. Primero el Cristo atado a la columna de Jerónimo Hernández, pieza procedente de la sala de profundis del antiguo cenobio mercedario y que debe fecharse hacia 1580. Le sigue el santo del candado, San Ramón Nonato, el mercedario que fue martirizado con un candado que le cerró la boca (aunque dicen que "aún así evangelizaba"), una talla muy cercana a las obras de Juan de Mesa. Sus manos son un añadido posterior de peor calidad. Excelente talla es la imagen de la Virgen del Rosario, atribuida también a Jerónimo Hernández por su similitud con otras obras documentadas del mismo autor. Está sentada, con el aire romano que el autor imprimía a tallas como la Virgen de la Paz conservada en la Parroquia de Santa Cruz. A sus pies se sitúa una miniatura de un nazareno con los mismos rasgos que el Cristo de Pasión, considerado por algunos como un boceto y que, probablemente, sea una copia de la imagen que estuvo situada en los muros contiguos. Otras imágenes destacables son una talla de Santa Lucía, un grupo romántico de San José con el Niño y un buen grupo de Santa Ana y la Virgen del siglo XVIII.   
 Con la invasión francesa la capilla perdió dos obras pictóricas fundamentales: el lienzo de la Resurrección de Cristo, de Bartolomé Esteban Murillo, que hoy se expone en la Academia de San Fernando de Madrid y un San Miguel, firmado por Francisco Varela en 1626, hoy conservado en una colección particular (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Eloy, obispo;
HISTORIA Y LEYENDA
   Según su Vita, redactada por su amigo san Audoeno, nació en Chaptelat, Limousin, hacia 590. Después de haberse formado como aprendiz en el taller de Abbon, orfebre de Limoges, se relacionó en París con Bobbon, tesorero de ClotarioII, y obtuvo el cargo de monedero. El rey Dagoberto lo convirtió más tarde en tesorero y le confió misiones más importantes.
   Después de la muerte del rey Dagoberto se hizo ordenar sacerdote.
   En 632 fundó el monasterio de Solignac cerca de Limoges. Pero la última parte de su vida transcurrió en el norte de Francia, donde en 640 fue nombrado obispo de Noyon, cuya diócesis comprendía Tournai y todo el país de Flandes. Habría fundado la iglesia de las Dunes (las Dunas), cuna de Dunkerque. Murió en 659.
   Sus obras de orfebrería más importantes son los relicarios de san Martín de Tours, san Dionisio, san Severino -en Chateau Landon-, de los santos Crispino y Crispiniano en Soissons, que han desaparecido, al igual que el cáliz de la abadía de Chelles que fue fundido en 1792. La única obra que subsiste y que se le atribuye es el trono de Dagoberto, conservado en la Sala de las Medallas de la Biblioteca Nacional de Francia. En realidad se trata de una silla curul de bronce de la época románica, reformada  en la abadía de Saint Denis en el siglo XII.
   Según la leyenda, antes de convertirse en orfebre y luego en obispo, habría sido herrador. El milagro del caballo herrado y la historia del diablo metamorfoseado en mujer a quien cogió de la nariz con la tenaza, contribuyeron mucho a su popularidad.
   Con el objeto de herrar con mayor comodidad un caballo arisco, san Eloy le habría cortado una pata delantera, la habría puesto sobre el yunque, y después de haber herrado el casco, habría vuelto a colocar el miembro en el animal. Una variante de la historia asegura que ese milagro habría sido consumado por su  ayudante, que no  era otro que Cristo disfrazado.
   Un día, el diablo disfrazado de mujer (impudica femina) se presentó en su taller. San Eloy lo reconoció y le apretó la nariz con la tenaza de herrero calentada al rojo. Esta leyenda del diablo cogido por las narices puede ser una copia de la de san Apeles, herrero genovés. En Inglaterra se atribuye a San Dunstano. Gaidoz ha supuesto que el orfebre y el herrero eran dos personas diferentes y que hubo sincretismo y contaminación entre la leyenda del obispo de Noyon, Eloy, y los vestigios sobrevivientes del culto de un dios herrero. No se necesita esta hipótesis para explicar que un orfebre representado con un instrumento como el martillo haya podido confundirse con un herrero.
   Esta leyenda sólo pudo nacer mucho tiempo después de la muerte de san Eloy, puesto que éste vivió en la primera mitad del siglo VII, y la práctica de herrar los caballos no apareció en Occidente antes del siglo XI. Por lo tanto el milagro del caballo herrado es un anacronismo.
   San Hilonio, monje de Solignac a quien se considera su discípulo, quizá no sea más que una duplicación. En Bretaña, a causa de la semejanza fónica, suele confundírselo con san Alar, obispo de Quimper y con san Telo o Elo, que como él, es protector de los caballos.
CULTO
   Hay pocos santos más populares que san Eloy. Su fiesta se celebraba dos veces por año: en invierno y en verano (para la traslación de sus reliquias).
1. Lugares de culto
   El culto de san Eloy tiene como centros principales Limousin, su provincia natal, y el norte de Francia donde fue obispo de Noyon y de Tournai. Desde allí se expandió hacia Alemania e Italia.
   El monasterio que san Eloy había hecho construir en la isla de la Cité de París, bajo la advocación de san Marcial, patrón de Limousin, se puso bajo su patronazgo. La catedral de Notre Dame de París poseía un brazo de san Eloy que  donó en 1212 el capítulo de Noyon. Los barnabitas conservaban entre otras reliquias preciosas, un cobertor de cama manchado de sangre "que se cree fue de san Eloy que solía sangrar por la nariz". En el siglo XIV, el rey de Francia Carlos V ofreció reliquias del santo orfebre al emperador Carlos IV de Bohemia.
   La iglesia de Saint Éloi de Ruán fue dedicada al culto protestante.
   La principal iglesia de Dunkerque se puso bajo la advocación de san Eloy (Saint Éloi), a quien se considera el fundador de la ciudad. 
 Roma tiene tres iglesias consagradas al santo: San Eloy dei Ferrari, San Eloy deglo Orefici y San Eloy dei Sellai. En los tiempos de la dinastía angevina en Nápoles, se puso una iglesia bajo su advocación. Y también era venerado en Bolonia.
2. Patronazgos
   San Eloy había sido elegido como patrón por numerosas corporaciones: los orfebres, batidores de oro, doradores de cobre, fabricantes de campanillas, cuchilleros, cerrajeros, herreros, herradores, fabricantes de espuelas y guarnicioneros, los tratantes de caballos (a causa del caballo cuya pata repegara milagrosamente el santo después de haberla herrado), los carreteros y arrieros, los arrendadores de carrozas y los cocheros. En nuestros días, en la época del automóvil, los mecánicos y los arrendadores de cocheras o estacionamientos reemplazan en su clientela a los herradores y cocheros.
   Por la misma razón era el protector de los caballos a los cuales solían llevarse en peregrinación a las capillas de san Eloy, adornados con guirnaldas y empavesados con pequeños banderines de forma triangular sujetos a la collera. El clero participaba en esta procesión montando a caballo, y se bendecía a los animales con el martillo de san Eloy. El día de la fiesta del santo se eximía de trabajo a los caballos. La ceremonia de la bendición de los caballos todavía subsiste en numerosas provincias francesas, al igual que en Flastrolf, en Sarre.
   Su patronazgo de los caballos y el milagro del caballo herrado le habían valido también los sufragios de los palafreneros y la consideración de los veterinarios. A causa de la curación de un lisiado, se lo consideraba patrón de los hospitales. También se demandaba su intercesión para el tratamiento de las úlceras, y los cólicos o gastroenteritis infantil.
   Se lo invocaba contra los incendios porque había salvado del fuego la iglesia de Saint Martial de París.
ICONOGRAFÍA
   Los tejos de plomo historiados que se encontraron en los dragados del Sena, cerca del antiguo priorato de Saint Éloi, presentan siete tipos diferentes de la imagen del santo.
   Pero todos ellos pueden reducirse a tres tipos iconográficos: el herrador, el orfebre y el obispo.
   La mayoría de las obras de arte: estatuas, pinturas y vidrieras que lo representan, fueron donadas por corporaciones de herradores o de orfebres.
1. El herrador o herrero
   Está representado con tenaza y martillo rematado en una corona. Sus otros atributos son un yunque, una herradura o un caballo, del cual a veces tiene en la mano una pata cortada, en alusión al milagro del caballo herrado, y una vela enrollada cuyo significado no está claro.
2. San Eloy orfebre
   Ya realiza el trabajo de artesano como el de comerciante en su tienda.
   Sostiene un cáliz o un anillo de boda, símbolos de la orfebrería religiosa y laica.
3. San Eloy obispo
   Está tocado con la mitra y lleva el báculo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Horario de Misas de la Capilla de la Hermandad del Museo:
     Lunes a Sábados: 20:30.
     Domingos: 11:30.

Página web oficial de la Capilla de la Hermandad del Museo:  www.hermandaddelmuseo.org/patrimonio/