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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 19 de diciembre de 2023

Los principales monumentos (Castillo de San Romualdo; Conjunto arqueológico Hornos Púnicos y Fenicios; Molino de Mareas "El Zaporito"; Callejón Croquer; Iglesia de la Pastora; Iglesia del Cristo de la Vera-Cruz; Escuela de San José; Cerro de los Mártires; Castillo de Sancti Petri; Salina de San Vicente; Salina del Estanquillo; y Bodega Vinifícate) de la localidad de San Fernando (y V), en la provincia de Cádiz

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo de San Romualdo; Conjunto arqueológico Hornos Púnicos y Fenicios; Molino de Mareas "El Zaporito"; Callejón Croquer; Iglesia de la Pastora; Iglesia del Cristo de la Vera-Cruz; Escuela de San José; Cerro de los Mártires; Castillo de Sancti Petri; Salina de San Vicente; Salina del Estanquillo; y Bodega Vinifícate) de la localidad de San Fernando (y V), en la provincia de Cádiz.


Museo Histórico Municipal (Castillo de San Romualdo)
         Se trata del edificio más antiguo de la ciudad. A lo largo de su larga historia ha tenido diferentes usos: defensivo; casa señorial; lugar de culto con la capilla de Santa María; uso doméstico con viviendas particulares a modo de patio de vecinos; restaurante; almacén y reñidero de gallos, entre otros.
     Actualmente, tras su rehabilitación, acoge un espacio donde se expone una colección de restos arqueológicos hallados en la ciudad.
     Entre sus fondos destacan los relativos al yacimiento arqueológico del Campo de Hockey, hallado y excavado en el año 2007. Se trata de un interesante poblado neolítico en cuya necrópolis aparecieron los restos de dos personas en posición de abrazo y que son conocidos hoy como ‘Los Enamorados’. Se trata del enterramiento doble abrazado más antiguo descubierto hasta el momento a nivel mundial (Ayuntamiento de San Fernando).

Conjunto Arqueológico Hornos Púnicos y Fenicios
     La privilegiada situación geográfica de La Isla de León en el litoral, hizo de ésta un lugar de asentamiento más o menos estable del hombre desde tiempos muy remotos. Esto originó la explotación de los recursos marinos sobre todo para las conservas y salas (garum). Esta industria conservera originó otra auxiliar: la Alfarera, necesaria para la fabricación de los envases (ánforas). Los Hornos fenicios y púnicos se exhiben en la rotonda del mismo nombre, constituye un conjunto excepcional en Occidente, tanto por el elevado número de estructuras productivas excavadas como por su estado de conservación. En ella se exhiben los restos de dos importantes talleres alfareros asociados a la ciudad de Gadir: el alfar tardo-púnico de Torre Alta y los hornos fenicios procedentes del Sector III de Camposoto (Ayuntamiento de San Fernando).

Molino de Mareas "El Zaporito"
     Todo comenzó hace ya más de 300 años con Juan Domingo Saporito. Este noble genovés, afincado en el próspero Cádiz de finales del siglo XVII y principios del XVIII, decidió construir un canal que comunicara el caño de Sancti Petri con los terrenos de su propiedad. El objetivo era facilitar el transporte de mercancías que realizaban los candrays y los faluchos a través del gran caño.
     El edificio del molino restaurado cuenta con la caldera y una zona de arcos y saetines realizados con sillares de piedra ostionera, muy característica de la zona.
     El caño Zaporito fue un núcleo de gran actividad. Además del complejo industrial y comercial que suponía el molino de mareas, este espacio contó en diferentes momentos de su historia con un astillero y la actividad de carpintería de ribera. También fue embarcadero y zona de baños públicos (Ayuntamiento de San Fernando).

Callejón Croquer
     El Callejón Croquer era un pasaje de una antigua finca que pertenecía a Rafael Cróquer de los Cameros, datada en 1754.
     El callejón siempre ha estado abierto al uso público durante el día, pero por la noche se cerraban las puertas por seguridad de la finca. En 1852 se descolgaron las puertas de acceso y no se volvieron a colgar.
     Es un callejón singular que presenta cierros en sus viviendas altas y típicas ventanas en las bajas.
     Se encuentra cubierto en su principio y final por algunas dependencias de las casas situadas en alto, pudiéndose apreciar en estos dos puntos las clásicas vigas de madera.     
     En su punto medio, tiene un pintoresco pasillo con herrajes que comunica las azoteas a ambos lados de la calle.
     Sus portadas y zócalos utilizan la piedra ostionera típica de nuestro entorno.
     Tiene una alternancia de barro y mármol, así como la decoración con motivos geométricos que han dado un singular aspecto al suelo del callejón.
     Su arquitectura bella y original, lo hacen especial en nuestra ciudad.
     Por último, añadir que ha sido sometido a dos restauraciones, una en 1971 y otra en 1992 (Ayuntamiento de San Fernando).

Iglesia de la Pastora
     La construcción de la iglesia de la Divina Pastora intervinieron operarios del Arsenal de la Carraca. Es uno de los templos más antiguos de San Fernando.
     En 1782 fue fundada la Hermandad de la Divina Pastora por operarios de la Maestranza del Arsenal de la Carraca, en uno de los barrios más antiguos próximo al Castillo San Romualdo. En 1789, Juan Malpica cede unos terrenos para la construcción de la iglesia donde dar culto a la imagen titular.
     La imagen de la Divina Pastora preside el altar mayor, ostenta el título de Real concedido por Alfonso XIII y es copatrona de San Fernando desde 2004 (Ayuntamiento de San Fernando).

Iglesia del Cristo de la Vera-Cruz
     La Capilla del Santísimo Cristo de la Vera Cruz de San Fernando presenta una fachada constituida por sillares de piedra ostionera. De forma rectangular, con puerta de entrada en el centro de arco vaído, con dos pilastras adosadas de orden dórico que sostienen un entablamiento. Sobre éste un frontón triangular partido por una pequeña hornacina y a los lados de ésta, dos volutas y remates. Cierra un entablamento plano de cornisa moldurada con una espadaña de tres vanos de mampostería. En la misma se sitúan las tres campanas que posee la Capilla: la más antigua de todas es la pequeña situada a la izquierda de la espadaña (visto desde la calle). Se llama “Santo Cristo de la Misericordia” y está realizada por Vicente Palomo Callejas en el año 1792. La segunda es la mediana situada a la derecha, llamada “Santíssima Virgen de Gracia” realizada por Carlos Marco y Ragel en 1889. La central es la más moderna, llamada “Santísimo Cristo de la Vera Cruz” realizada por los talleres de Artillería-Carraca en 1944.
     La Capilla se concibe con planta de Salón, sin crucero ni capillas anexas. Construida en claro estilo neoclásico con techumbre de vigas de madera. Dispone un Retablo Mayor neoclásico de orden dórico en madera de pino policromado, formado por un banco con una chimenea de mármol decimonónica en el centro. El cuerpo con hornacina con arco de medio punto que alberga al Santísimo Cristo de la Vera Cruz, Nuestra Señora del Mayor Dolor y San Juan Evangelista con columnas pareadas dóricas estriadas apoyadas en plintos con cajetones (Ayuntamiento de San Fernando).

Escuela de San José
          En el centro de la plaza consagrada a la memoria del patrón de la ciudad, San José, se halla ocupando todo un lateral de la misma un centro privado de educación.
     Se construyó a inicios del siglo XIX, por impulso de intelectuales de la Ilustración que entendían la educación de las clases populares como elemento vital para potenciar el progreso en las ciudades. Este centro de formación profesional dio salida a la demanda existente de profesionales en los oficios relacionados con el mar. A corta distancia, en la calle Real, se halla otro centro fundado por los salesianos y en la entrada de la ciudad se ha instalado recientemente un monumento a San Juan Bosco, por parte de un grupo de alumnos de un centro de formación profesional de otra ciudad. Son síntomas de la importancia que ha tenido para San Fernando este tipo de enseñanza.
     Algunas décadas después la plaza entera donde se ubica este centro fue remodelada siguiendo el mismo estilo artístico del neoclasicismo en que se construyó el centro educativo. Planta rectangular, a dos alturas con huecos proporcionales y simétricos cubiertos por un frontón entero de clara ascendencia clasicista. Como ingredientes curiosos de este neoclasicismo gaditano destacar que las paredes no son de piedra sino de ladrillo y que se utiliza la típica bicromía andaluza como elemento decorativo así como algunos arcos de medio punto que rompen el tradicional adintelamiento de este tipo de edificios.
     Actualmente el colegio continúa funcionando como centro privado de formación profesional. Algo absolutamente necesario para las profesiones del mar, con la que tanta relación tiene todavía San Fernando (Ayuntamiento de San Fernando).

Cerro de los Mártires
     El Cerro de los Mártires es uno de los puntos más altos de San Fernando, y recibe este nombre porque según cuentan las leyendas, en él fueron martirizados y decapitados los Santos Mártires San Servando y San Germán allá en el 305.
     La Ermita actual no es la original, sino la segunda inaugurada en 1945 y que dista 50 metros de la primera ubicación.
     La Capilla del Cerro de los Mártires cuenta con un mirador desde donde se puede ver el lugar de la batalla contra los franceses durante la invasión. Dicha capilla fue reedificada en 1945 y sustituyó a la primitiva que se erigió en memoria de las mártires San Servando y San German, Copatronos de la ciudad.
     El lugar en que se encuentra asentada la capilla es muy rico en yacimientos arqueológicos.
     En el mes de octubre se celebra la tradicional Romería del Cerro en honor a los Santos Copatronos de San Fernando.
     Esta celebración tuvo sus orígenes el 24 de octubre de 1880, pues se bendecía la primera ermita, que había sido mandada construir sobre el sitio que según el padre Ramón Jiménez creía que era el lugar sobre el que se había ejecutado el martirio de estos Santos, después de haber visto a un jilguero contemplar su oración desde un lentisco con bastante insistencia y asiduidad (Ayuntamiento de San Fernando).

Castillo de Sancti Petri
     Islote y castillo de Sancti Petri y el caño que les da nombre (entre los términos municipales de San Fernando y Chiclana de la Frontera) están vinculados históricamente a uno de los templos más importantes y famosos de la Antigüedad: el templo de Melqart (o Melkart) – Hércules.
     La historiografía mitológica atribuye a Hércules la fundación de Cádiz. Este habría llegado a la zona durante uno de sus Doce Trabajos: el robo de los toros del rey Gerión de Tartessos.
     La representación de la figura de este “héroe fundador” aparece en los actuales escudos de Cádiz, de la provincia gaditana y de Andalucía.
     La fama del templo se extendía por todo el Mediterráneo. Escritores clásicos como Estrabón, Filóstrato o Posidonio narran la visita de personajes como los cartagineses Amílcar Barca y Aníbal o el romano Julio César. Cuentan que Aníbal ofreció sus votos antes de emprender la conquista de la península Itálica. Dicen también que Julio César lloró ante la estatua de Alejandro Magno, pues, contando con su misma edad, aún no había alcanzado la gloria del macedonio.
     Estas historias y leyendas son explicadas de manera didáctica en las visitas que se realizan.
     También podremos conocer interesantes datos sobre la pesquería del atún (almadrabas); la construcción del castillo y la defensa del litoral de Cádiz en diferentes momentos de la Historia o los valores medioambientales de la isla de Sancti Petri. Además, este espacio único acoge actividades como talleres de astronomía, puestas de Sol, conciertos, eventos gastronómicos, y avistamiento de aves, entre muchas otras (Ayuntamiento de San Fernando).

Salina de San Vicente
       La Salina San Vicente fue una de las tres salinas reales en el término municipal de San Fernando y que tras la desamortización de Madoz y de Mendizábal pasó a manos particulares en 1870, aunque consta en los archivos de Simancas que ya en 1775 existía como tal y estaba en plena producción.
     Hoy salina San Vicente es un espacio salinero donde además de poder ver como se produce la sal marina virgen o la flor de sal, podemos comprobar que la naturaleza y la actividad humana no solo convergen sin dañarse sino que se mejoran. La biodiversidad de estos espacios naturales bajo la mano del salinero tradicional, ha logrado la mejora de los ecosistemas propios y el aumento de la biodiversidad.
     En la Salina San Vicente es posible observar permanentemente la flora adaptada a las condiciones de salinidad extrema, algunas de ellas cultivables y comestibles como la “Salicornia”, una avifauna con exponentes tan emblemáticos como los chorlitejos, las espátulas, avocetas, cigüeñuelas y hasta los impresionantes flamencos.
     Además de la sal en Salinas San Vicente es posible degustar los productos tradicionales y también los de una cocina más elaborada pues también cuenta con un restaurante para ello y también la actividad concertada del despesque tradicional en el que se pescan las especies propias como las doradas, lubinas, lisas, etc... que serán degustadas directamente en la mesa del restaurante.
     La visita a las salinas es más recomendable desde finales de primavera y hasta principios del otoño, pues son las fechas en las que la salina comienza y finaliza su actividad productiva de sal marina virgen. El resto del año es visitable pero su fisonomía queda enmascarada por las aguas de lluvia.
     Conozca las peculiaridades de la sal marina virgen y de la flor de sal, sales que por su menor contenido en sodio que las industriales, contienen más elementos como el magnesio, potasio o yodo naturales, que hacen que estas sales sean menos saladas y más sabrosas y por ello muy apreciadas internacionalmente (Ayuntamiento de San Fernando).

Salina del Estanquillo
     En el extremo opuesto del término municipal de San Fernando se encuentra esta otra salina, muy próxima al Centro de Visitantes del Parque Natural Bahía de Cádiz y de nuestra playa de Camposoto.
     Las visitas a sus instalaciones, son planificadas por el Centro de Visitantes, que organizan puntualmente recorridos y en ocasiones catas de Sal, para dar a conocer el valor cultural, etnográfico y ambiental de las salinas (Ayuntamiento de San Fernando).

Bodega Vinifícate
     Las instalaciones de Bodegas Vinifícate están situadas en el polígono industrial de Fadricas. Disponen de un pequeño despacho de vinos donde podemos conocer su peculiar manera de trabajar el vino así como adquirir y degustar sus productos.
     También organizan catas de vinos para pequeños grupos (Ayuntamiento de San Fernando).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo de San Romualdo; Conjunto arqueológico Hornos Púnicos y Fenicios; Molino de Mareas "El Zaporito"; Callejón Croquer; Iglesia de la Pastora; Iglesia del Cristo de la Vera-Cruz; Escuela de San José; Cerro de los Mártires; Castillo de Sancti Petri; Salina de San Vicente; Salina del Estanquillo; y Bodega Vinifícate) de la localidad de San Fernando (y V), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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miércoles, 25 de octubre de 2023

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Carmen; Pósito de Labradores; Centro de Interpretación Etnográfica Sierra de Cádiz; Fuentes de Acá, y de Allá; Parque Infantil; y Salinas y Yacimiento arqueológico de Iptuci) de la localidad de Prado del Rey, en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Carmen; Pósito de Labradores; Centro de Interpretación Etnográfica Sierra de Cádiz; Fuentes de Acá, y de Allá; Parque Infantil; y Salinas y Yacimiento arqueológico de Iptuci) de la localidad de Prado del Rey, en la provincia de Cádiz.
    El utillaje paleolítico encontrado en las cercanías del pueblo habla de la antigüedad del poblamiento. Sin embargo, los restos más importantes corresponden al asentamiento ibérico de Iptuci, localizado en la cumbre de la Cabeza de Hortales. Fue con posterioridad un municipio romano que acuñó moneda según Plinio y se desarrolló al amparo de las salinas descubiertas por los fenicios. Se conservan en este yacimiento algunos lienzos de las murallas, el cipo funerario incrustado en la fachada de la iglesia parroquial y un fragmento del Tratado de Hospitalidad con la colonia de Ucubi. A principios del siglo XII fue destruida, permaneciendo deshabitada hasta la refundación por colonos de las serranías de Ronda y Grazalema a mediados del siglo XVIII, como parte de la red de poblaciones creadas por Carlos III. Aún conserva la planta ortogonal con que fueron trazadas sus calles y testimonios del tipo constructivo utilizado en este proceso urbanizador, la vivienda de dos plantas con patio. A la misma época corresponde el pósito de labradores, edificio de dos plantas con bóveda de aristas, sede actual del casino (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     Prado del Rey, enclavada en la breve elevación de cerro Verdugo. El tra­zado reticular de sus calles prueba su fundación por parte de Carlos III en el siglo XVIII.
     En la plaza de la Constitución se levanta la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Carmen, construida en 1830. Su importante retablo mayor procede del convento de la Encarnación de Arcos y puede ser atribuido a Diego López Bueno. En el cerro de las Cabezas de Hortales, a unos 4 km al sur de la ciudad, se localiza la ciudad ibérica de Iptuci, con explo­tación salinera incluida, que pusieron en marcha los fenicios y que, más tarde, aprovecharon los romanos. Desde 2002, cuenta con la declaración de Bien de Interés Cultural (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).  
     Villa de la Ruta de los Pueblos Blancos situada sobre una pequeña elevación denominada Cerro Verdugo, a los pies de sierra Margarita.
Historia y visita
     Aunque en su entorno se han encontrado restos prehistóricos, romanos y árabes, la villa fue fundada en el siglo XVIII por Carlos III, con el reparto a casi dos centenares de colonos de las dehesas Almajar y Prado del Rey, que hasta entonces habían pertenecido al concejo de Sevilla. Esta circunstancia confiere a la población las características propias de las ciudades carolinas: superficie rectangular y calles delineadas en perfecta retícula. Luego, los vecinos se han encargado a lo largo del tiempo de mantener las casas inmacula­damente enjalbegadas y las calles orladas de arriates henchidos de flores, hechos que representan el principal atractivo de la ciudad.
     En la plaza de la Constitución se alza la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Carmen, obra de 1830, de tres naves con bóveda de cañón. El retablo del altar mayor, en el que se guarda la imagen de la Virgen, se encontraba en el convento de la Encarnación de Arcos de la Frontera y es obra de Felipe Rivas.
Fiestas
     El 15 de mayo tiene lugar la romería de San Isidro, del 15 al 19 de julio son las fiestas patronales en honor de la Virgen del Carmen y hacia el 20 de octubre, el Concurso Nacional de Cante por Serranas.
Alrededores
     Aproximadamente a unos 4 km al noroeste de la población, siguiendo hacia la serranía, se encuentran las ruinas de la ciudad romana Iptuci (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Iglesia de Nuestra Señora del Carmen
     Sustituyó en 1830 al edificio construido en el siglo XVIII. Es de tres naves, cubiertas con bóveda de cañón y arcos fajones, sostenidas por pilares de sección cuadrada y enlazados por arcos de medio punto, mientras que en el crucero se eleva una cúpula de me­dia naranja. Su fachada principal tiene portada de vano rebajado flanqueada por pilastras y coronada por frontón triangular con remates en ángulos. La torre es una caña cuadrada con las aristas fortalecidas y cuerpo único de campanas con pilastras, arcos de medio punto y entablamento sobre el que se asienta la base del chapitel, apiramidado y recubierto de azulejos que se concluyó en 1840.
     El altar mayor se completa con un retablo procedente de Arcos de la Frontera. Es de principios del XVII, de estética purista y acorde con la producción de Diego López Bueno, y se or­ganiza en banco, dos cuerpos de tres calles separadas por colum­nas entorchadas de or­den corintio y ático. En el banco la puerta del Sagrario se decora con la pintura de un Buen Pastor dieciochesco. Los lienzos han sido recortados para ser encajados en los huecos. En el primer cuerpo se aloja la patrona de la localidad, una imagen moderna de la virgen del Carmen, así como las representaciones de San Cayetano, San Vicente Ferrer y dos santos frailes a un lado, y Santa Teresa de Jesús, Santa María del Socorro y Santa Clara de Asís en el otro. El segundo cuerpo aparece centrado por una Inmaculada del siglo XIX de escasa calidad, flanqueada por otros dos lienzos. El de la izquierda representa a la Sagrada Familia en la mitad superior y tres santas religiosas en la inferior, y el de la derecha muestra a San Luis Obispo de Tolosa y San Juan de la Cruz, sobre San Ignacio y San Nicolás de Bari. En el ático se ha adaptado la mitad izquierda de un cuadro que representaba la Trinidad. En general, una curiosa mezcolanza de santos repre­sentativos de distintas órdenes religiosas, elaborada en la primera mitad del siglo XVIII. En la cabecera de la nave de la Epístola el retablo procede de otra iglesia y alberga un Crucificado con la Virgen de los Dolores. A continuación se muestra una pintura sobre tabla de la segunda mitad del siglo XVI perteneciente al círculo de Villegas Marmolejo, en donde se representa a la Virgen del Rosario.
     A los pies de esta nave cuelga una versión de­cimonónica de la Madona Sixtina, de Rafael. En el mismo tramo de iglesia, pero en el lateral izquierdo, hay un cuadro con la Adoración de los Pastores de la primera mitad del XVII, posiblemente de escuela sevillana. En esta misma nave, avanzando hacia el testero, nos encontramos con el retablo de la Milagrosa, obra moderna, como la Virgen a la que da cobijo, pero que presenta en el ático hay un lienzo recortado de la Coronación de la Virgen, realizado a fines del siglo XVII. Contiguo a él se encuentra una buena co­pia decimonónica de Santo Tomás de Villanueva, de Murillo (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Esta iglesia consta de tres naves: la nave central se separa de las demás a través de diez pilares. En ella está situado en altar (más alto que el resto de la nave) y sobre esta nave hay una pequeña bóveda. Al principio de la nave está la puerta de acceso y en el centro de la nave están los bancos donde se sientan los feligreses. A la derecha del altar hay una pequeña capilla donde está el Nazareno y la Virgen de la Soledad; y a la izquierda está la capillita del Sagrario. En las naves laterales (la de la izquierda es más amplia que la de la derecha) se distribuyen una serie de retablos que contienen las imágenes de las 6 hermandades que tienen su sede en la Iglesia. En la fachada nos encontramos con una puerta de madera de doble hoja, y la torre del campanario a la derecha. Los muros son de mampostería (piedra, cal y arena) de unos 40-50 cm. de grosor. Cinco pilares sostienen la nave central. El entramado de la techumbre es de solería de cemento blanca y negra. En la capillita de la derecha existe un zócalo de mármol de azulejos sevillanos. Hay un zócalo de mármol rojo en las naves laterales y base de los pilares. En el interior de la Iglesia se combinan el blanco como base y los adornos de yeso se pintan en amarillo. Cabe destacar el Altar principal; capillas laterales; y los retablos de las naves laterales. Este inmueble es de enorme interés etnográfico ya que es la sede de las 6 hermandades de la localidad. A lo anterior debemos añadir su buen estado de conservación y su interés artístico ya que data de principios del S.XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Pósito de Labradores
     Construido en 1789, es el edificio civil más antiguo que se conserva. Anejo a la Casa del Cabildo, en el mismo se hace acopio de cereales para prestarlo a los pobladores en tiempos de escasez. Actualmente, se puede observar los amplios muros rematados en bóvedas de arista (Ayuntamiento de Prado del Rey).

Centro de Interpretación Etnográfica Sierra de Cádiz

     El Centro Interpretación Etnográfico Sierra de Cádiz es un interesante museo que muestra todos los valores de la comarca de la Sierra, de modo que el visitante puede conocerla en esencia para posteriormente visitar pueblo por pueblo. Al mismo tiempo, hace especial hincapié en una cuestión local como el Yacimiento de Iptuci y las salinas de Hortales.
     El Centro Interpretación Etnográfico Sierra de Cádiz es un un lugar en el que queda recogida y mostrada su identidad, su manera de ser, de forma que no sólo el visitante foráneo disfruta de una visita a un lugar atractivo y divulgativo, sino que el propio "poblaor" de Prado del Rey se reconozca en el mismo (Guía de Cádiz).

Fuentes de Acá, y de Allá
Fuente de Acá. La fuente se compone de dos pilas separadas por una columna que sostiene dos pequeños arcos de medio punto que cubren a los dos pilares. Sobre la pared a la que se adosa la fuente hay una moldura que rodea a la fuente. La columna es de mármol; las dos pilas de piedra; el capitel de la columna y algunas yeserías que adornan la fuente están pintadas en amarillo. Hay dos bancos que se disponen al lado de la fuente. Esta fuente forma parte de la antigua red local de abastecimiento de agua formando parte del patrimonio etnológico de Prado del Rey, al ser una construcción de uso colectivo que se ha mantenido hasta la actualidad. Su ubicación en "el paseo" de la localidad a dado pie a que genera en torno a ella se ha generado un espacio de reunión e interacción social (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).    
Fuente de Allá
. La fuente está realizada al estilo Carlos III. El paño adosado al muro está compuesto por piedra, teniendo sólo un caño con un pequeño pilar incrustado en el suelo que recoge el agua y lo desagua de manera subterránea. El paño adosado al muro está realizado en piedra y cemento. El caño es de bronce con un tapón de madera y el pilar que recoge el agua es de piedra de cantería. Tiene una pequeña cornisa en la parte superior. Esta fuente forma parte de la antigua red local de abastecimiento de agua formando parte del su patrimonio etnológico, al ser una construcción de uso colectivo que se ha mantenido hasta la actualidad. Al estar situada en "el paseo" de la localidad, se ha generado en torno a ella un espacio de reunión e interacción social (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Parque Infantil
     Si vienes con niños, no hay mejor plan que un estupendo parque diseñado y pensado sólo para ellos, donde estamos seguros que disfrutarán de un día inolvidable y unas bonitas vistas de Cerro Verdugo (Ayuntamiento de Prado del Rey).

Salinas y Yacimiento arqueológico de Iptuci
Salina Salinillas. Salinas de interior con calentadores, pozas, regaderas y saleros. Realizada a base de guijarros dispuestos a modo de mosaico (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Salinas de interior Iptuci. Las salinas son lugares donde se produce sal mediante el proceso de evaporación de agua salada, de manera que el líquido se volatiliza por la acción del sol y del viento, cristalizando y el cloruro sódico. El proceso consiste en llevar el agua desde el nacimiento natural, donde afora el manantial, hasta la extensión donde están construidas las pozas, lugar donde deposita la sal. El agua se conduce hasta estas pozas pasando por distintos depósitos y conductos, con el propósito de que la temperatura vaya aumentando para aligerar el proceso de evaporación. Primero el líquido pasa a unos lagos o calentadores, hasta que es conducido a la cabecera de la salina o a un canal poco profundo, desde el que se distribuye el agua salada a las pozas, entrando directamente mediante la apertura de las compuertas. Una vez que la sal ha "cuajado" se recolecta y se deja secar.
     En Prado del Rey se encuentran salinas de interior que han sido tradicionalmente modeladas por la acción del hombre, como es el caso de las Salinas de Iptuci, también conocidas como de Raimundo, en la cuales se produce sal mediante un sistema de aprovechamiento de fuentes naturales de aguas salinas, siguiendo procedimientos tradicionales (Guía Digital del Patrimonio Cultural Digital).   
Yacimiento arqueológico de Iptuci
. El yacimiento de Iptuci se encuentra ubicado en el cerro del mismo nombre, con una altura de 472 metros sobre el nivel del mar, aunque en su cima presenta una zona amesetada, que sirve de ubicación al mismo. También aparecen restos esparcidos por toda la ladera norte, donde además se localizan vestigios de una necrópolis, en la que se distinguen varios mausoleos turriformes, que se hallan muy deteriorados. En la superficie del sitio arqueológico se observa gran cantidad de materiales cerámicos de distinta tipología y cronología.
     Los trabajos realizados en 1993 han detectado igualmente la existencia de una necrópolis situada al sureste de la ciudad, de aproximadamente 15.000 metros cuadrados, donde se aprecian cámaras hipogeas talladas en la roca arenisca que disponen en su interior de bancos corridos, donde debieron situarse los enterramientos de incineración y sus correspondientes ofrendas.
     En la zona noroeste se aprecian igualmente los restos de un mausoleo colmatado casi en su totalidad, que permiten identificar en esta zona complejos funerarios.
     Asimismo, fuera del perímetro urbano, tanto romano como medieval, que ocupa, el primero, la totalidad de la zona amesetada del cerro, y en el que se distinguen los restos de la muralla antigua, se observan otro tipo de construcciones, como podrían son cisternas y aljibes de gran tamaño, que definen el enclave, y que podrían corresponder a sectores o barrios industriales, tales como hornos o alfares.
     Los materiales arqueológicos recogidos en la prospección realizada en 1993 abarcan una cronología que arranca en momentos de nuestra prehistoria reciente, con posible poblamiento de la meseta superior en un período no definido de la Edad del Bronce, representado por fragmentos cerámicos espatulados y parcialmente bruñidos, así como material lítico pulido y tallado. Posteriormente, y ya como ocupación indígena anterior al momento romano, aparecen cerámicas pintadas, características de un período ibero-púnico que podría situarse entre los siglos V al III a.C.
     En cuanto al momento de ocupación romano, está representado por cerámicas de barniz negro, tipo campanienses, así como de terra sigillata y cerámicas comunes que abarcan una cronología desde momentos republicanos (siglo I a.C.) hasta época bajoimperial (siglos III-IV d.C.).
     En la planicie del cerro se observan los restos de una fortaleza andalusí, recientemente puesta en valor. En la actualidad, se aprecian los restos de las murallas que conforman su planta cuadrangular de unos 1.000 metros cuadrados. Destacan el lienzo sur y las torres semicirculares macizas en sus ángulos suroeste y sureste. La entrada está situada en el lateral este, tiene forma acodada y está flanqueada por dos torres cuadradas y otra rectangular. La puerta de acceso está realizada a base de materiales reutilizados de edificios anteriores, posiblemente romanos. Asimismo, pueden observarse algunos restos pertenecientes a la barbacana. La técnica constructiva recuerda modelos orientales de los siglos VIII al X d.C.
     La presencia de cerámicas andalusíes de tipos comunes, como candiles y otras pintadas, decoradas en vidrios melados y manganeso, o verdes, así como con decoración de cuerda seca, estampilladas y con decoración epigráfica, aporta una cronología que rondaría desde final del Califato a momentos posteriores, no definidos aún con claridad, del siglo XIII d.C.
     En suma, el sitio arqueológico ocupa en su totalidad unas 13 hectáreas, donde se documentan períodos de población continua desde la Edad de Bronce a época medieval (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

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sábado, 19 de marzo de 2022

La Hacienda de San José, o Casa Salinas, en Castilleja de la Cuesta (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda de San José, o Casa Salinas, en Castilleja de la Cuesta (Sevilla).  
     Hoy, 19 de marzo, Solemnidad de San José, esposo de la Bienaventurada Virgen María, varón justo, nacido de la estirpe de David, que hizo las veces de Padre para con el Hijo de Dios, Cristo Jesús, el cual quiso ser llamado hijo de José, y le estuvo sujeto como un hijo a su padre. La Iglesia lo venera con especial honor como patrón, a quien el Señor constituyó sobre su familia [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hacienda de San José, o Casa Salinas, en Castilleja de la Cuesta (Sevilla).
     La Hacienda de San José, o Casa Salinas, se encuentra en la plaza de Santiago, 9; en Castilleja de la Cuesta (Sevilla).
     Conocida también como la Casa de los Siete Balcones y situada en la plaza de Santiago, presenta una hermosa portada renacentista labrada en piedra y rematada por un frontón triangular con escudo nobiliario del siglo XVI.
     Cuenta con un magnífico señorío, quedando a la izquierda del mismo la entrada al patio de labor junto al que se halla el molino aceitero, con una interesante torre del XVII. Su arquitectura mezcla elementos renacentistas y mudéjares.
     La hacienda toma su aspecto actual en 1910 demoliendo toda la construcción anterior y ejecutándose una nueva diseñada por el arquitecto Aníbal González Álvarez Osorio, principal referente del regionalismo andaluz de principios del siglo XX (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Leyenda, Culto e Iconografía de San José, esposo de la Bienaventurada Virgen María;
LEYENDA
   José, esposo de la Virgen y padre nutricio de Jesús, apenas es mencionado en los Evangelios canónicos; y el de san Marcos ni siquiera lo nombra.
   Los Evangelios Apócrifos, especialmente el Protoevangelio de Santiago y la Historia de José el carpintero, escritos coptos del siglo IV, se dedicaron a colmar esta laguna con detalles pintorescos copiados en su mayoría del Antiguo Testamento.
   Relatan que José, descendiente de la estirpe de David, a pesar de sus orígenes reales, ejercía el humilde oficio de carpintero (faber lignarius), que fabricaba yugos, arados y hasta ratoneras. Según otra tradición, menos difundida, que se explica por el significado habitual de la palabra faber (obrero, artesano), habría sido herrero.
    Este pretendido descendiente «proletarizado» de los reyes de Israel habría tenido más de ochenta años cuando se casó con  la Virgen que tenía catorce. El milagro del florecimiento de la vara gracias al cual se impuso a los otros pretendientes más jóvenes, es una copia evidente del relato de la designación de Aarón como sumo sacerdote, que está en el Pentateuco (Números,17).
   Del mismo libro (Números,6:11-29) los Evangelios Apócrifos copiaron la historia de María bebiendo el agua probática en el templo, Juicio de Dios infligido a José y a la Virgen, después del descubrimiento de su embarazo.
   Las revelaciones de las místicas María de Ágreda y Catalina Emmerich, lo asimilan a su homónimo, José de Egipto. Igual que éste, habría sido perseguido por sus hermanos. Demás está decir que estas novelas piadosas sólo tienen un objetivo edificante.
   Los teólogos de la Edad Media han discutido interminablemente acerca de la naturaleza del matrimonio de José: ¿Ha sido el marido, o sólo el protector de la Virgen?¿El vínculo que les unía debe calificarse de copula carnalis o de maritatis societas?¿Puede llamarse esposos a quienes viven juntos sin te­ner relaciones carnales?
   Los doctores de la Iglesia opinan con la afirmativa. Explican que ese matrimonio casto (virginale conjugium) era indispensable para que la Virgen no fuera acusada de haberse dejado seducir, lo cual la habría expuesto a ser lapidada, y sobre todo para dar el pego al demonio, siempre al acecho, y ocultarle el misterio de la Encarnación (Huic Maria desponsatur ne Diabolo prodatur ratio mysterii).
   La virginidad de María no basta a los teólogos de la Edad Media: además, pretenden establecer, por añadidura, la virginidad de José antes y después de su boda. La tradición le atribuía numerosos hijos de su primera mujer, pero a santo Tomás de Aquino le repugna admitirlo. Según éste, debe creerse que así como la madre de Jesús permaneció virgen, lo mismo ocurrió con José. «Credimus quod, sicut Mater Jesu fuit virgo, sic Joseph.» Un hagió­grafo contemporáneo lo califica de padre virgen de Jesús.
   José acompaña al Niño Jesús a Egipto y lo trae de nuevo a Nazaret tras la muerte de Herodes. Después de lo cual desaparece de la escena. Ignoramos la fecha de su muerte, aunque la leyenda lo haya convertido en un pa­triarca centenario, se supone que murió antes de la Pasión de Jesús, puesto que no aparece en las Bodas de Caná, adonde sin duda habría sido invitado en compañía de la Virgen. En cualquier caso, está ausente en la Crucifixión y reemplazado en el Descendimiento de la Cruz y en el Enterramiento,  por otro José, José de Arimatea. .
   Casi no se puede dudar -escribió san Francisco de Sales-que el gran san José falleció antes de la muerte del Salvador quien, de no ser por ello,no hubiese encomendado su madre a san Juan.
CULTO
   No existen reliquias personales de san José, de lo cual se creyó poder concluir, al igual que en el caso de la Virgen, que su cuerpo había sido elevado al Cielo.
   La colegiata de Saint Laurent de Joinville, en Champaña, se jactaba de poseer el verdadero cinturón de san José, que habría sido confeccionado por la  Santísima Virgen y llevado a la cruzada de 1254 por el Señor de Joinville. Nada más singular que la curva o representación gráfica del culto de José, quien después de haber sido escarnecido durante la Edad Media como un personaje menor, e incluso cómico, a partir del siglo XVII se convirtió en uno de los santos más venerados de la Iglesia católica, asociado con la Virgen y con Jesús en una nueva Trinidad que se llama la Trinidad jesuítica (Jesús, María y José) y promovido en 1870 a la jerarquía de patrón de la Iglesia universal. En los anales de la devoción existen pocos ejemplos de un ascenso se­mejante y de un retorno tan completo.
El escarnio de José
   Puede decirse que en la Edad Media san José también ha sido sistemáticamente rebajado al tiempo que se exaltaba a la Virgen. En verdad, se trataba de probar la divinidad de Cristo, nacido de una Virgen y del Espíritu Santo, y de no permitir que se creyera que José pudiera ser su verdadero padre. De ahí la tendencia auspiciada por la Iglesia de reducirlo a la condi­ción de un mero figurante.
   Los autos sacramentales del teatro de los Misterios le asignaban un papel ridículo de anciano pasmado, tenía el empleo del «bufón» de los dramas shakespearianos. En el momento del parto, la Virgen lo envía a buscar una linterna; como si se hubiera resfriado en la gruta, José estornuda y apaga la luz. María le pide que caliente la sopa, pero él vuelca el caldero con torpeza. Como no tenían pañales para arropar al recién nacido, él ofrece unos viejos cal­zones agujereados.
   Su torpeza sólo se iguala con su avaricia de roñoso. Se apresura a meter en el cofre las ofrendas de los Reyes Magos, y cuando se trata de pagar un óbolo para la Presentación de Jesús en el templo, mete la mano en la bolsa re­funfuñando.
   Durante la Huida a Egipto, su comportamiento es aún más indigno. Un ángel le anuncia los malos designios de Herodes y le ordena evacuar hacia Egipto a la Virgen con el Niño. Ejecuta la orden de muy mala gana, des­pués de haber empeñado el velo de la Virgen y su propio turbante para conseguir dinero que le permita comprar vino (o cerveza, según un auto de fe alemán).
   Se queja porque debe cargar el equipaje en solitario, y recomienda a la Virgen María que llene bien su cantimplora, puesto que es viejo y necesita reconfortarse con tragos frecuentes. E incluso invita a la Virgen a beber un trago con él, y ésta le reprocha que haya vaciado la botella que debiera durar al menos tres días más.
   Los versos del poeta Eustache Deschamps muestran hasta qué punto «el bueno de José» era poco respetado a finales de la Edad Media:
   En Égypte s'en est alié,
   Tout lassé,et troussé
   D'une cotte et d'un baril.
   Viel, usé
   C'est Joseph le rassoté.
   (A Egipto se fue / Cansado y provisto / De un sayal y un barril. / Viejo, gastado / Está José, el tonto.)
   Auténtica «cabeza de turco», es el blanco de los versificadores del teatro de los Misterios, que lo acribillan con burlas irreverentes, al igual que a otro personaje de los Evangelios, Nicodemo, el «descendedor» de Cristo, cuyo nom­bre abreviado dio el sustantivo nigaud (bobo).
   Aún en la época del concilio de Trento, el teólogo Molano confirma que a José se le endilgó reputación de tonto que apenas podía contar hasta cinco (Qui vix quinque numerare possit).
   En el siglo XVIII, Gentileschi lo muestra durmiendo a pierna suelta, parece oírsele roncar mientras la Virgen amamanta al Niño.
La Glorificación de José
   ¿Cómo semejante personaje de comedia pudo convertirse en uno de los santos favoritos de la devoción popular? El mérito corresponde a las campañas de sus defensores franceses, el más ardiente de los cuales fue el canciller de la universidad de París, Jean Gerson; a las órdenes especialmente dedicadas a la Virgen (carmelitas, servitas) ya los predicadores  populares. Los Martirologios lo llaman gemma mundi, nutritor Domini. El anillo de boda de ónice que habría dado a la Virgen, era venerado en Perusa, en la Capilla del Anillo (Cappella dell' Anello). Su bastón se conservaba en la iglesia de los camaldulenses de Florencia. A principios del siglo XV, el teólogo Juan Gerson compuso en su honor un poema latino de tres mil versos titulado Josephina: en él se solicita al concilio de Constanza la institución de la fiesta de los Desposorios de san José. En el año 1489, Tritemio (Trithemius) compuso un tratado que se titula De Laudibus S. Josephi. Por último, el papa franciscano Sixto IV (1471-1484) introdujo la fiesta de san José en la liturgia de la iglesia romana.
   En el siglo XVI, el dominico Isolano redactó en Pavía, en 1522, un Sumario de los dones de san José, a quien atribuye los siete dones del Espíritu Santo. Fue él quien popularizó el relato apócrifo de la Muerte de José.
   La corporación de los carpinteros de obra y carpinteros, edificó en 1958 la primera iglesia romana que se puso bajo la advocación de san José: San Giuseppe dei Falegnami. En Bolonia se le había dedicado otra, más antigua.
   Su creciente popularidad después del concilio de Trento, sobre todo se debe a santa Teresa, reformadora de la orden carmelita, a los fundadores de la orden jesuítica y de la orden salesiana: san Ignacio de Loyola y san Francisco de Sales.
   Santa Teresa adoptó como patrón al glorioso san José a quien llamaba «El padre de su alma», le atribuía su curación y le dedicó su primer convento de Ávila. La iglesia de los carmelitas de París también fue puesta bajo la ad­vocación de Saint Joseph.
   Los jesuitas le concedieron un sitio en su Trinidad: J. M. J.(Jesús, María, José), popularizada por esta oración:
   O veneranda Trinitas
   Jesus, Joseph et Maria.
   En el siglo XVII, Francisco de Sales, quien consideraba a José como el mayor de todos los santos, lo convirtió en patrón de las religiosas salesianas (de la orden de la Visitación). Las ursulinas siguieron el ejemplo de las salesianas y de las carmelitas.
   La nueva devoción a san José es una copia de la que se profesaba a la Virgen. Los Siete Dolores y los Siete Gozos de san José están simbolizados por un cordón de siete nudos que los devotos llevaban bajo la ropa.
Patronazgos
   Las únicas corporaciones que lo reivindican son las de los trabajadores de la madera: carpinteros de obra y carpinteros, a las cuales se asocia la de los zapa­dores, porque  colocaban el maderamen de los puentes. En nuestra época se lo convirtió en el patrón de los obreros en general.
   Como en Belén no encontró alojamiento para la Virgen y él, se convirtió además en el patrón de los mal alojados o sin casa, clientela singularmente im­portante en nuestros días de crisis de la vivienda.
   Su fama de virgen le valió el ser invocado por los laicos, y sobre todo por los religiosos, para conservar su castidad. Se recurría a él para reprimir los impulsos de la carne (carnis motus refrenare) o para enfriar los ardores lle­vando el cordón de san José (pro castitate servanda) sobre la piel.
   O sancte Joseph, propera.
   Aestum carnis refrigera.
   Los himnos compuestos en su honor lo glorifican por haber sido: senex expers libidinis, sponsus pudicissimus, e incluso hasta «eunuchus puerperae».
   San Bernardo lo comparaba con su homónimo José de Egipto, tanto por su castidad como por la frecuencia con que Dios lo advertía en sueños.
   Al mismo tiempo, se convirtió en el patrón de la buena muerte. En efecto, se contaba  que Jesús lo había asistido durante su agonía y le había enviado a los arcángeles Miguel y Gabriel para recoger su alma acechada por el demonio. De ahí deriva el hecho de que su intercesión sea invocada por los moribundos, con preferencia a la de los ángeles que tienen la misma función en el Ars bene moriendi.
   El nombre de pila José era practicamente desconocido en la Edad Media. Fue a partir del siglo XVII que se dio a los grandes señores, e incluso a los reyes de Portugal o a los emperadores de la dinastía de los Habsburgo.
   En 1621, el papa Gregorio XV decidió que la Iglesia entera celebrara la fiesta de san José el 19 de marzo.
   En el siglo XIX se consagró oficialmente  su triunfo. En 1847, Pío IX instituyó el culto del Patronazgo de san José. En 1870 el papa elevó el rito de su fiesta (19 de marzo) y lo proclamó patrón de la Iglesia universal. El mes de marzo se convirtió en el mes de san José, para formar pareja con el mes de María.
   El culto del santo se difundió tanto que la Santa Sede se vio obligada a cal­mar el fervor de los devotos. La Congregación de los Ritos condenó el culto al corazón de San José copiado del profesado al Sagrado Corazón de Jesús, en 1873; al igual que la plegaria Ave José, que es un calco del Ave María.
   A pesar de dichas advertencias y  frenos, la devoción a san José adquirió en Canadá un auge prodigioso. Ya en 1624 los primeros habitantes de Quebec lo habían elegido como patrón. En 1904, F. André construyó cerca de Montreal un modesto oratorio de madera que en 1941 se convirtió en una majestuosa basílica de piedra blanca cuya cúpula rivaliza en amplitud con la de San Pedro de Roma. Es el mayor santuario del mundo dedicado a san José. Montreal se convirtió en un centro de Joselogía.
ICONOGRAFÍA
   La iconografía de san José es paralela a la evolución de su culto; es tardía, y alcanzó su apogeo con posterioridad al concilio de Trento.
   Comporta dos tipos muy diferentes. En el arte de la Edad Media, el esposo virginal de la Virgen (virgineus sponsus Virginis) está representado casi siempre con los rasgos de un anciano de cabeza calva y barba blanca. A partir del siglo XVI, los artistas lo rejuvenecieron y le confirieron el aspecto de un hombre de cuarenta años, con todo el vigor de esa edad. Los teólogos habían tomado la delantera, desde  principios del siglo XV, en el concilio  de Constanza, el canciller de la universidad de París, Juan Gerson, sostenía que san José no tenía ni cincuenta años cuando se casó con la Virgen María.
   Además, mientras el arte medieval casi nunca lo representa aisladamente, sin duda por temor de justificar mediante imágenes la herejía de la concepción natural de Cristo, después de la Contrarreforma se lo honró representándolo por sí mismo, ya como carpintero de obra, ya como padre nutricio de Jesús.
   l. En el primer caso, tiene como atributos los utensilios de su oficio: un hacha, una sierra, una garlopa o una escuadra.
   2. En el segundo caso, se lo reconoce por su vara florecida, que alude a su victoria sobre los otros pretendientes de la Virgen, transformada en tallo de lirio, símbolo de su matrimonio virginal. Tiene un cirio o una linterna durante la noche de la Natividad. Lleva al Niño Jesús en los brazos o le conduce de la mano como el arcángel Rafael acompañando al joven Tobías. Excepcionalmente, está caracterizado como Judío por el cuchillo de circuncisión y el sombrero puntiagudo de la judería.
   A veces forma pareja con su homónimo, José de Arimatea. Los dos José del Nuevo Testamento forman de esa manera una pareja hagiográfica análoga a la de los dos santos Juanes.
   Gracias a la propaganda de su defensora, santa Teresa, se hizo singularmente popular en el arte español. Es, junto a la Virgen de la Inmaculada Concepción, el tema preferido de Murillo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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martes, 15 de junio de 2021

Un paseo por la calle Mateos Gago

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Mateos Gago, de Sevilla, dando un paseo por ella
   Hoy, 15 de junio, es el aniversario del nacimiento (15 de junio de 1827) de Francisco Mateos Gago, a quien está dedicada esta vía del callejero sevillano, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Mateos Gago.   
   La calle Mateos Gago es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y va de la plaza Virgen de los Reyes, a la calle Fabiola
     La calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     La vía, en este caso una calle, está dedicada a Francisco Mateos Gago, intelectual sevillano, que vivió en sus inmediaciones.
     Resultado de la unión bajo un solo topónimo en 1869 de dos calles, la que iba de la plaza Virgen de los Reyes hasta la confluencia de Mesón del Moro y la otra desde ésta a Fabiola. La primera fue conocida desde el s. XIII como Borceguinería o de los Borceguineros, porque allí tenían sus tiendas estos fabricantes de zapatos o borceguíes, que tuvieron ordenanzas aprobadas por los Reyes Católicos. Con esta denominación será conocida hasta 1869, en que pasará a denominarse Comuneros, en recuerdo de las comunidades de Castilla enfrentadas a Carlos I y derrotadas en Villalar; en 1875, de nuevo Borceguinería, hasta 1893, en que se acuerda rotularla Mateos Gago en reconocimiento de Francisco Mateos Gago (1827-1890), teólogo, catedrático y decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, que había vivido y muerto en las inme­diaciones. El segundo tramo, el que va de Mesón del Moro a Fabiola, era conocido al menos desde el s. XVI como Corral de don Juan, por el que allí existió. Con esta denominación fue conocido hasta finales del s. XVII en que la orden de Clérigos Regulares Menores labraron iglesia y convento (1657-1728), pasando a denominarse calle de los Menores. En 1869 se une con Borceguinería para ser rotulada Comuneros, poco después Borceguinería y finalmente Mateos Gago.
     Describe un amplio arco; el primer tramo es ancho y rectilíneo y más estrecho e irregular el segundo; se ensancha a modo de plaza triangular al confluir con Fabiola. Según González de León era "bastante angosta, desigual y torcida", descripción que le hará justicia hasta los años veinte de este siglo en que se ensancha. La fisonomía tradicional nos es conocida por los numerosos dibujos y fotografías conservados, dado que desde ella se conseguía una de las más amplias y bellas perspectivas de la Giralda. Desde el s. XIX existieron proyectos para comunicar el centro con la estación de San Bernardo por el barrio de Santa Cruz, que incluía su ensanche, pero éstos no se iniciaron hasta la segunda década del presente siglo y afectaron especialmente a la acera de los impares en su primer tramo, siendo culminados en los años de la Exposición Iberoamericana de 1929, según  proyecto de A. Arévalo, al amparo de los beneficios legales promulgados para la misma. Como consecuencia de este ensanche desapareció el tacón constructivo y el ángulo que hacía Don Remondo al confluir con Virgen de los Reyes; también desapareció el ángulo en la confluencia con Abades. En la acera de los pares se actuó también en este período en la confluencia con el callejón de Santa Marta, que perdió su primer tramo, plaza del Tambor (hoy Rodrigo Caro), Mesón del Moro, Guzmán el Bueno y Fabiola. Hace algunos años desaparecieron las columnas unidas por cadenas existentes en la puerta de la parroquia de Santa Cruz, siendo sustituidas por marmolillos y permitiendo así un pequeño ensanche en la confluencia con Guzmán el Bueno. 
     Estuvo originariamente enladrillada y desde comienzos del s. XVII empedrada. La actividad económica que en ella se desarrollaba y las posadas, con el consiguiente tráfico de calesas, dieron lugar a numerosas quejas del vecindario por el mal estado del empedrado y a continuas reparaciones. En 1617 ordenó el Cabildo que se taparan los caños que vertían a la calle aguas proceden­tes de los bodegones, tintoreros y otros establecimientos para evitar el lodo y las inmundicias que llegaban hasta las gradas de la Catedral. Las quejas y las reparaciones con piedra continuarán en los s. XVIII y XIX hasta 1859, en que fue adoquinada poco después de haber instalado el gas. En las primeras décadas del presente siglo fueron adoquinados los espacios incorporados a la vía pública con la demolición de casas y en los años setenta cubierta de asfalto. Recientemente se ha recuperado el adoquinado. Las aceras son de losetas de cemento. En un primer tramo existen naranjos en alcorques y se ilumina con farolas fernandinas; el segundo tramo carece de árboles y posee farolas tipo gas adosadas.
     La actual fisonomía es consecuencia de las actuaciones en las primeras décadas del s. XX; casi todos los edificios constan de tres o cuatro plantas. Quedan, sin embargo, edificios notables de épocas anteriores concentrados en el segundo tramo, como la parroquia de Santa Cruz, originariamente iglesia de los Mínimos bajo la advocación del Espíritu Santo, terminada en 1728 y cuya facha­da se levantó en 1929 con diseño del arquitecto Juan Talavera; la casa-patio núm. 39, esquina a Fabiola, del s. XIX, con dos plantas, fachada avitolada y portada de piedra con pilastras cajeadas y un riquísimo patio de columnas; destaca asimismo la núm. 19, con tres plantas, fachada avitolada y cierre de madera. En el primer tramo y ya en los años veinte de nuestro siglo, destaca el edificio esquina a Virgen de los Reyes, obra de Vicente Traver, que conserva una bóveda octogonal sobre trompas, restos de una sala de baños árabes; y la núm. 9, obra del mismo arquitecto. Las casas núms. 24 y 26 con fachadas de ladrillo visto, ésta última inspirada en la famosa Casa de las Conchas de Salamanca, son de Aníbal González; merece mencionarse también la construida por Juan Talavera esquina a Rodrigo Caro, de fachada avitolada con cinco plantas y mirador, y la realizada por Antonio Arévalo en el núm. 18.
     Tuvo desde antiguo una gran actividad comercial. Así tras el asentamiento de los borceguineros en el s. XIII hay referencias de que hubo tintoreros y bodegones en el s. XVI, y desde el s. XVII empieza a ser característica la función de hospedaje, con la proliferación de tabernas, mesones y posadas, a la que no sería ajena la transformación, en el mismo siglo, en bodegones y casas de mala nota del Corral de los Olmos y del Corral de don Juan, situados en ambos extremos de la calle. Lo estrecho y quebrado del espacio y la proliferación de calesas de camino y "sillas volantes" obligaron al Ayuntamiento a prohibir en 1726 el estacionamiento de estos vehículos porque dificultaban el tránsito; esta prohibición se mantuvo a lo largo del siglo, como lo demuestran los escritos que propietarios y arrendatarios dirigen al municipio pidiendo excepciones, prórrogas y hasta autorización para construir cobertizos extramuros donde albergar los carruajes. Por otra parte en 1800 se solicita autorización para abrir una posada de carruajes "cómoda y decente", lo que habla de la persistente función y de la concurrencia de forasteros. Esta concurrencia se vería aumentada con la presencia de la oficina de administración general de Rentas Nacionales instalada en la que fue casa de los duques de Veragua y condes de Gelves, que permaneció hasta 1839, así como la Ca­sa Real de Postas existente en el s. XIX. Santiago Montoto también sitúa, sin precisar fecha, la Carnicería de los Dolientes, encargada de proporcionar carne a los enfermos durante la Cuaresma. Hazañas y la Rúa sitúa el Corral de don Juan en el solar que hoy ocupa la parroquia de Santa Cruz y el colegio público propiedad de Juan Ortiz y posteriormente de Juan Ponce de León. Este corral de vecinos, de gran capacidad, fue convertido en corral de comedias, en donde actuaron en el s. XVI Lope de Rueda y el italiano Alberto Nacer de Ganassa y se representa­ron las obras de Juan de la Cueva. Posterior­mente, en el s. XVII, fue ocupado por mujeres de mala fama.
   En la actualidad sigue teniendo funciones semejantes; los viajeros de otro tiempo son los turistas de hoy que abarrotan los numerosos bares y restaurantes, y junto a ellos las agencias de viajes, tiendas de re­cuerdos (souvenirs), algún anticuario y un hostal. Los atascos de los siglos pasados se repiten hoy durante todo el día a pesar del ensanche, de la circulación en un solo sentido y de la implantación en la zona de aparcamiento limitado; aquéllos son provocados en las mañanas fundamentalmente por los repartidores y por la noche por los muchos asistentes a los bares. Entre los más concurridos se encuentran el Bar Giralda y la tradicional bodeguita de Juan García Avilés, que expende vinos de Manzanilla; ambos tienen gran atractivo para los jóvenes universitarios. Los restaurantes allí instalados están orientados para el turismo. Hay, asimismo, tres librerías, una de ellas especializada en libros antiguos de Sevilla. En la casa núm. 21 nació y murió Santiago Montoto, ilustre historiador y polígrafo, autor entre otros muchos libros del titulado Las calles de Se­villa. En la puerta se conserva una lápida referida a su padre con la siguiente inscripción: "En esta casa morada falleció el día 30 de Septiembre de 1929 el Excmo. Sr. D. Luis Montoto y Rautenstrauch, poeta del lugar, cantor de los mártires del trabajo, polígrafo insigne, cronista de Sevilla, a la que consagró su corazón y su pensamiento, espejo de caballeros y dechado de humildad. La ciudad de Sevilla dedica este mármol a la grata memoria de su hijo predilecto. 1929".
     Por sus peculiaridades esta vía ha atraído a muy diversos artistas: escritores, pintores y fotógrafos; así, la han descrito literariamente o han situado escenas en ella Vélez de Guevara en El diablo cojuelo (1646), Ford en el Manual para viajeros por Andalucía (1830), Luis Montoto en un episodio de En aquel tiempo (1873), Palacio Valdés en La Hermana San Sulpicio (1880), Sánchez del Arco en Cruz de guía (1943), Grosso en Gi­ralda 2 (1984), Barrios en La Espuela (1964), etc. Este último la describe así: "Se sabe cada sonido y cada piedra. Se sabe el énfasis de la lápida al prócer y el quejido perezoso de la verja que cierra la parroquia de Santa Cruz; la vieja blancura de las figurillas de marfil -como muertos pequeñitos- en la tienda de antigüedades, las risas que se escapan de la Academia de Corte, el olor del vino repuntado y peleón de las tascas vecinas -"La Goleta", "Las Campanillas",..- y la bandera descolorida y lacia del Distrito de la Policía Urbana con penumbras en las que se amon­tonan bicicletas y carretillas de reparto". Se han conservado numerosas pinturas, dibujos y fotografías en los que el propósito principal fue dejar constancia de la Giralda, pero a la vez se han recogido la fisonomía de la calle y el ambiente humano; así destacan el lienzo de G. Pérez de Villaamil (1830- 1840), la litografía de D. Roberts (1833), que supone una visión un tanto distorsionada y en la que aparecen soportes de hierro para entoldar la calle, y la litografía de A. Haig (1885).
       A mediados del s. XIX formaba parte del recorrido de la procesión de Nuestra Señora de la Alegría de la parroquia de San Bartolomé. El Martes Santo es escenario de la salida procesional de las imágenes de la Hermandad de la parroquia de Santa Cruz. Existía en la entrada de la Borceguinería un retablo callejero dedicado a la Purísima Concep­ción que se libró de la limpieza revolucionaria realizada en 1868; existió también una pequeña capilla sobre las gradas de la parro­quia de Santa Cruz dedicada a Nuestra Se­ñora de la Rosa de Jericó, que ya hubo intentos de retirar en 1859. En 1990, con motivo de obras de infraestructura y pavimentación, se puso de manifiesto la muralla de la Judería que corre desde la esquina de Mesón del Moro a Fabiola girando en este punto hacia Aire [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]
Mateos Gago, 1. En la planta baja de este edificio se conserva una bóveda octogonal sobre trompas sostenida por cuatro columnas y rodeada por espacios abovedados de probable origen musulmán, posiblemente una sala de baños.
Mateos Gago, 8. Edificio de dos plantas y ático con vanos de medio punto. En el interior, patio de columnas.
Mateos Gago, 19. Casa de tres plantas, de fachada avitolada y portada resaltada.
Mateos Gago, 32. PATIO DEL ANTIGUO CONVENTO DE MENORES. Consta de tres plantas, la inferior con galería de pilares cruciformes sobre los que cabalgan arcos rebajados. La planta principal está compuesta por pilastras toscanas, que enmarcan esbeltos arcos ciegos semicirculares en los que se abren balcones. En la tercera planta, balcones separados por pilastras. La escalera se cubre con bóveda en cuyo centro se conserva un fresco de la Resurrección. En torno a este patio se conservan algunas salas.
Mateos Gago, 39. Casa de dos plantas, con fachada avitolada y portada de piedra con pilastras cajeadas a media altura que sostienen un entablamento. El zaguán está cerrado por una cancela interesante. En el interior, patio de columnas con una rica decoración de yesería de tipo plateresco, en ambas plantas. Algunas salas se cubren con artesonados [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor a quien está dedicada esta vía del callejero sevillano, Mateos Gago:
      Francisco Mateos Gago (Grazalema, Cádiz, 15 de junio de 1827 – Sevilla, 10 de octubre de 1887), numismático, profesor universitario de Teología, erudito y activo miembro de los círculos intelectuales sevillanos del siglo XIX.
     Nació en una familia de medianos recursos y, tras la epidemia de cólera de 1834 quedó huérfano, encargándose de su custodia su tío materno, médico titular de Grazalema. No obstante su educación se realizó en Sevilla, ingresando en la Universidad Literaria en 1840, donde cursó la carrera de Filosofía y Letras y siete años de Teología, asistiendo además a clases de Jurisprudencia. Durante ese período, participó también en la creación de la Biblioteca Provincial de Sevilla.
     En 1850 ganó por oposición la cátedra de Latín y Castellano del seminario conciliar de San Isidoro y San Francisco Javier de Sevilla. Dos años más tarde fue ordenado presbítero y poco después nombrado vicerrector del seminario conciliar de Cádiz. Tras estos importantes hitos en su carrera académica, Mateos Gago se planteaba acceder como docente en la Universidad consiguiendo, tras adquirir el grado de doctor en Teología, la cátedra interina en 1855. Ganó por méritos propios la cátedra de Teología en la Universidad Central, aunque acabaría siendo transferido a la Hispalense en 1859. Ejerciendo en ella como decano interino de la Facultad de Teología, abrió el curso académico de 1860-1861 con su “Discurso sobre el paganismo y la Teología”.
     El mencionado artículo es el comienzo de la parte más notoria de su obra, los Opúsculos, y refleja cuáles fueron los principales intereses de la misma. En efecto, Mateos Gago se vio acuciado a exponer su pensamiento tras el auge del liberalismo que siguió a la Revolución de 1868, señalándose como uno de los más acendrados defensores de la tradición católica a través de una producción escrita sembrada de airadas diatribas contra políticos del momento, cosa que marcó su fama de activo polemista. La defensa de sus ideas se tradujo en la colaboración con varias publicaciones periódicas hispalenses, dependientes en algunos casos de la Iglesia, pero no siempre.
     Sus actividades no se limitaron a este campo y sus inquietudes y aficiones arqueológicas y numismáticas le valieron ser nombrado censor de la Diputación Arqueológica Sevillana en 1865, miembro de la Comisión de Monumentos Históricos Sevillana en 1868 y académico electo de la Academia de Buenas Letras de la misma ciudad, un año después. Fue notable su preocupación por el Patrimonio artístico y arquitectónico hispalense que sufría en aquellos días importantes mermas por incapacidad del gobierno local según Mateos Gago, mientras que por su parte reunía objetos arqueológicos y, muy en especial, monedas de las que era buen conocedor. Activo miembro del Circulo Numismático Sevillano, colaboró escribiendo algunos artículos en la conocida obra de Antonio Delgado Catálogo de las medallas de las colonias y pueblos de España. Su excelente colección de monedas, formada por más de doce mil piezas, sería vendida tras su muerte por su hermano al Ayuntamiento Hispalense, cuyo catálogo se está actualizando.
     Varios viajes le sirvieron para acrecentar sus colecciones, especialmente la estancia de año y medio (1869-1870) en Roma como teólogo para la preparación del Concilio Ecuménico Vaticano, y algunas visitas al norte de África. Extinta la Diputación Arqueológica, fue miembro fundador de la Sociedad Arqueológica Sevillana en 1870, continuando la labor de protección y difusión del Patrimonio histórico y arqueológico, tarea que le valdría ingresar como académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, en 1887.
     Su ideología, plasmada básica pero no exclusivamente en los Opúsculos, muestra una faceta de polemista apegado a un tradicionalismo a ultranza, pero fue la Numismática lo que dejó una huella más viva de Mateos Gago. Para entenderle es interesante transcribir una frase que él dijo de sí mismo: “No soy político ni historiador, ni teólogo ni filósofo, sino a condición de ser católico”.
     Muerto a los sesenta y tres años, los reconocimientos a sus méritos fueron numerosos y el Ayuntamiento hispalense rotuló con su nombre una céntrica calle de Sevilla en 1893 (Francisca Chaves Tristán y Manuel Fernández Chaves, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La calle Mateos Gago, al detalle:
El edificio de la calle Mateos Gago, 1
El edificio de la calle Mateos Gago, 8
El edificio de la calle Mateos Gago, 9
El edificio de la calle Mateos Gago, 14
El edificio de la calle Mateos Gago, 18
El edificio de la calle Mateos Gago, 19
El edificio de la calle Mateos Gago, 32 (Patio del Antiguo Convento de Clérigos Menores)