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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 3 de abril de 2026

La Hermandad del Cachorro

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad del Cachorro, de Sevilla.  
     Hoy, viernes 15 de abril, es Viernes Santo. En este día, en que "ha sido inmolada nuestra Víctima Pascual: Cristo (1 Cor 5, 7), lo que por largo tiempo había sido prometido en misteriosa prefiguración se ha cumplido con plena eficacia: el cordero verdadero sustituye a la oveja que lo anunciaba, y con el único sacrificio se termina la diversidad de las víctimas antiguas" (cf. san León Magno).
     En efecto, «esta obra de la Redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada antes por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo, el Señor, la realizó principalmente por el Misterio pascual de su bienaventurada Pasión, Resurrección de entre los muertos y gloriosa Ascensión. Por este misterio, muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró nuestra vida. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera» (SC, 5).
     La Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su propio nacimiento y su misión de extender a toda la humanidad sus fecundos efectos, que hoy celebra, dando gracias por tan inefable don, e intercede por la salvación de todo el mundo (CO, 312) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad del Cachorro, que procesiona en la tarde de hoy.
     La Hermandad del Cachorro, tiene su sede canónica en la Basílica del Santísimo Cristo de la Expiraación (Cachorro - Capilla del Patrocinio) [nº 91 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 25 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], con la Casa de Hermandad anexa a la misma, y se encuentra en la calle Castilla, 178; en el Barrio de Triana Oeste, del Distrito Triana..
       La Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Madre y Señora del Patrocinio en su Dolor y Gloria; es ésta una corporación fundada en 1689 y  con  sede  canónica  en  la  Basílica  del  Santísimo  Cristo  de  la  Expiración, del sevillano barrio de Triana, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Expiración, realizado por Francisco Antonio Gijón en 1682; Nuestra Madre y Señora del Patrocinio Dolorosa, obra de Luis Álvarez Duarte en 1973, y Nuestra Madre y Señora del Patrocinio Gloriosa, talla anónima del siglo XVII.
     El escudo de la Hermandad, que figura reproducido en anexo, representa un águila bicéfala exployada, cargada de dos escudos ovalados y acolados, rematada por corona real.
     El diestro, cortado en dos cuarteles superiores y uno inferior, trae en campo de plata los anagramas de Jesús y María de sable, el inferior trae en campo de plata el anagrama de San Juan.
     El siniestro trae campo de plata la tiara y llaves Pontificias de sable sostenida por la divisa" AÑO MDCLVI ALEXANDRO PAPA VII, FELIPE IV, REX".
     En punta y asido por las garras del águila, listel horizontal con la inscripción "DEDISTI PROTECTIONEM SALUTIS TUAE".
     Poco podían imaginar los antiguos vecinos de las afueras de Triana, al sitio del camino del campo de Castilla, que aquel templete que en el siglo XVII cobijaba la entrañable y menuda imagen de la Virgen del Patrocinio fuera a convertirse con el paso del tiempo en lugar de profundas devociones de proyección universal. El origen de este centro de veneración se pierde aún en la contradictoria nebulosa de la historia y de la tradición oral. De una parte los investigadores aluden a una corporación con hospital propio fundada por negros en 1584 en la cercana calle Portugalete, como hermandad penitencial de Nuestra Señora del Rosario. Debido a los pleitos de exclusividad que sobre esta advocación interpuso la comunidad dominica de Sevilla hubieron de ir variando sucesivamente tal título, a la par que por diversas vicisitudes mudaban también de ubicación.
     Así en 1587 pasó a llamarse de Nuestra Señora de las Cuevas, trasladándose por aquel entonces – tal vez a causa de la reducción de hospitales ordenada en 1586 – al entorno del monasterio de la Cartuja en que hoy la conocemos. Más adelante recobró el título de Rosario, al cesar las reclamaciones de la Orden de Predicadores en este sentido, y de entonces proviene que a este último tramo de la calle Castilla se le denominara largo tiempo como calle Rosario. En 1660 se le otorgó que pudieran tomar a censo perpetuo un pedazo de tierra calma que pertenecía a las monjas del Dulce Nombre y en cuyo suelo levantaron la capilla. Nuevamente, cuando la Orden de Santo Domingo se instala en Triana en 1673, en la ermita de la Candelaria (actual iglesia de San Jacinto), la cercanía reaviva el litigio del nombre y adoptan finalmente la advocación del Patrocinio. Junto a estas indagaciones, se ha perpetuado a través de las generaciones la creencia de que esta advocación se había creado en torno a una imagen gloriosa encontrada en el brocal de un pozo, en cuyo lugar se levantó un primer templete dándole culto bajo el nombre de Patrocinio.
     En la visita del monarca Felipe IV a Sevilla en 1624, una tarde que paseaba en su falúa por el río, acudió a postrarse ante dicha imagen, cuyo título tanto defendería posteriormente en gratitud por los favores dispensados por la virgen durante su reinado, extendiéndolo entre sus reinos y consiguiendo de Roma en 1656 la institución de la Fiesta del Patrocinio de Nuestra Señora. Por este motivo la hermandad ha organizado desde tiempo inmemorial, cada año, solemnes sufragios por su alma. Bien pudieran conciliarse ambas teorías intuyendo, como se ha apuntado, que es por la eclosión que se vive en toda la nación respecto a la prodigada advocación del Patrocinio por lo que se la elige en 1673 cuando se debe abandonar definitivamente la del Rosario, más aún cuando el monarca que tanto hizo por su propagación pudo haber venerado personalmente el sagrado simulacro de la virgen trianera medio siglo antes. Mientras algunas opiniones insinúan el pronto declive de esta hermandad, resulta extraño a tan escaso tiempo de los hechos narrados y cuando en 1671 había labrado un retablo, ejecutado por el maestro ensamblador Marcos de Yepes, para el cristo con la cruz a cuestas al que igualmente daba culto. Pero lo cierto es que en 1680 surge en la pequeña capilla una nueva corporación, la del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de la Paz, que en 1682 encarga la realización de una efigie de cristo en la cruz al joven imaginero utrerano afincado en Sevilla Francisco Antonio Gijón. Esto supondrá el hito de mayor trascendencia en la historia que abordamos. La imagen que Ruiz Gijón entrega supone algo muy distinto a lo que el barroco andaluz había producido durante su ya larga y fecunda trayectoria, hasta el punto que ha dado en considerarse el canto de cisne último de tal estilo. Como escribiera el catedrático de Arte Jorge Bernales, «después de este cristo vino el silencio de las gubias». De él se han escrito todo tipo de elogios tanto por la crítica de Arte como por la literatura piadosa. En su hechura viene a unir el postrer estertor de agonía de Jesús en el madero y el triunfo de la Resurrección que su muerte anuncia. La mirada elevada, la fortaleza de su pecho, la agitada violencia de su sudario y la sedienta expresión de su rostro han confortado durante tres siglos a miles de devotos, hasta el punto de convertir aquella humilde ermita originaria en foco inconfundible de fe y de religiosidad.
    En 1689 el cardenal Ambrosio Spínola fusiona ambas corporaciones mencionadas, pasando a constituir una sola como Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora del Patrocinio. Se establece para su salida penitencial la tarde del Viernes Santo. También por aquellos años, a finales del XVII, posiblemente en relación con estos hechos, se amplió la capilla añadiéndosele el primer cuerpo, reedificándola y restaurando todo lo demás. Esta obra se hizo a costa de Sebastián Fernández Barrantes quien al morir sería enterrado en el presbiterio. Desde entonces ha sido creciente el auge de la corporación resultante dado el continuo crecimiento de la devoción hacia ambos titulares. Nuestra Señora del Patrocinio añade en 1750 al carácter letífico con que contaba, el carácter penitencial incorporando a la procesión de Semana Santa una dolorosa encargada al escultor Cristóbal Ramos.
     Durante el siglo XIX y debido a epidemias y calamidades son numerosas las ocasiones en que se han organizado rogativas con el Santísimo Cristo de la Expiración. Así en 1800, 1849 y 1865. Entre las principales mejoras de la capilla destaca que a principios de dicho siglo, en 1814, se instaló el retablo mayor de la capilla, procedente de la iglesia de San Alberto a cuya comunidad le sería adquirido. En 1846 cruza el río por vez primera en su estación de penitencia para acudir a la catedral pues hasta entonces la realizaba a la Real Parroquia de Señora Santa Ana y desde 1878 la realiza regularmente cada año pues hasta entonces no acudía de forma continuada.
     La imagen corporativa de la hermandad va definiéndose tal y como hoy la conocemos hacia principios del XX. En 1909 se establece definitivamente su característico hábito penitencial, con túnica y antifaz negro y capa blanca. En 1921 sustituye la imagen dolorosa de la Virgen del Patrocinio por otra de autor desconocido de rostro más letífico y acorde con la advocación. En 1923 se transforma el color de su paso de palio pasando del negro al rojo, estrenando el riquísimo palio de malla de oro bordada, diseñado por Herminia Álvarez Udell y realizado por el taller de Hijos de Olmo.
     Será en 1926 cuando enriquezca su patrimonio con uno de los enseres que más contenido espiritual proclama: en noviembre de ese año estrena el «Mediatrix», insignia que proclama la defensa y voto realizado solemnemente por la hermandad de defender la creencia antes aludida en la mediación de la Virgen, voto que renueva cada año, esta insignia toma su nombre de la inscripción latina «Mediatrix omnium gratiorum, dedisti protectiones salutis tuae».
     En la primera mitad del siglo XX y ante la numerosa cantidad de fieles que congregan los cultos de la hermandad comienza a celebrarse el anual quinario en honor de sus titulares en la parroquia de Santa Ana. No es sin embargo hasta 1946 cuando al fin se logra aprobar el proyecto realizado por el hermano y arquitecto Aurelio Gómez Millán, para un nuevo templo acorde con las necesidades espirituales y materiales de la hermandad, colocando su primera piedra el Domingo de Resurrección de 1947 el cardenal Pedro Segura y Sáenz, con asistencia de las primeras autoridades de la ciudad. Catorce años después, el 8 de marzo de 1960 el cardenal José María Bueno Monreal bendice el nuevo templo del Santísimo Cristo de la Expiración que ha respetado la antigua capilla del Patrocinio conectándola como capilla del Sagrario. El crucificado, que antes se veneraba en un pequeño altar lateral de mármol, pasa a ser ahora el centro de veneración ocupando el altar mayor. En 1975, cuando las cofradías sevillanas homenajean a Bueno Monreal con motivo de sus bodas de oro sacerdotales, no encuentran mejor ofrenda que una reproducción a tamaño académico del Cahorro. Esta reproducción presidió su habitación particular hasta su muerte y hoy preside el salón de actos del seminario mayor de Sevilla. Para más abundancia, habiendo fallecido fuera de la ciudad, en la entrada en Sevilla de sus restos mortales la ciudad lo recibió con un responso en la capilla que años antes había consagrado. Se debe destacar cómo desde finales del siglo XIX en que tan afectada resultara en numerosas ocasiones por las crecidas del río, la corporación ha dado continuas muestras de estímulo ante la desgracia, saliendo recuperada y fortalecida. Pero la mayor de ellas es la demostración de devoción y superación tras el incendio fortuito sucedido el 26 de febrero de 1973 en la capilla, dónde milagrosamente se salvó la imagen del cristo mientras la de la virgen, que estaba a sus pies, fue totalmente destruida por las llamas.
     Se sustituyó de inmediato la efigie de la virgen por otra de similar o mejores calidades y que se le asemejaba. Se restauró la efigie del cristo y comenzó una nueva etapa de fuerte esplendor, tanto en número de hermanos como en patrimonio y sobre todo vida religiosa. Otros hechos singulares acaecidos en este tiempo han sido la participación en el viacrucis del Consejo de Hermandad y Cofradías de Sevilla en 1977. En 1982 se celebró del tercer centenario de la hechura del cristo, trasladándose a la catedral y organizándose un triduo predicado por Carlos Amigo Vallejo. Aquel año se reabrió al culto la antigua capilla que había quedado temporalmente en desuso por su mal estado y que con obras posteriores y recientes se afianzó estructuralmente con garantías.
     Con motivo de la función principal del quinario de 2012, durante el ofertorio el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo Pelegrina, anunció el nombramiento de basílica menor para el templo del Santísimo Cristo de la Expiración. Ese mismo año, el propio arzobispo, el día 3 de junio, consagró el altar mayor de la ya basílica.
     Como curiosidades históricas, el título de Real que ostenta la hermandad junto a los de Pontificia e Ilustre, manifiesta una tradición histórica que arranca de los tiempos de Felipe IV y llega hasta nuestros días. El rey Juan Carlos I, que presenció su procesión, es hermano mayor honorario de la corporación y hasta su fallecimiento fue camarera del cristo su madre la condesa de Barcelona, cargo heredado a su vez de su madre, la infanta Luisa de Orleans. También se han postrado ante el cristo otros reyes como Balduino y Fabiola de Bélgica o Gustavo y Silvia de Suecia (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad del Cachorro, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre las Hermandades y Cofradías de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Página web oficial de la Hermandad del Cachorro: www.hermandaddelcachorro.org
 
La Hermandad del Cachorro, al detalle:
- Sede Canónica: Basílica del Santísimo Cristo de la Expiración
- Día de Salida Procesional: Viernes Santo
- Imágenes Titulares:  - Santísimo Cristo de la Expiración
                                      - Nuestra Madre y Señora del Patrocinio en su Dolor
                                      - Nuestra Madre y Señora del Patrocinio en su Gloria  

jueves, 28 de noviembre de 2024

Los principales monumentos (Museo Interactivo de la Música, Museo Acuario Aula del Mar, Centro de Arte Contemporáneo C.A.C., Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, y Museo de la Cofradía de la Expiración) de la localidad de Málaga (IX), en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Museo Interactivo de la Música, Museo Acuario Aula del Mar, Centro de Arte Contemporáneo C.A.C., Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, y Museo de la Cofradía de la Expiración) de la localidad de Málaga (IX), en la provincia de Málaga.


Museo Interactivo de la Música

     Sobre parte del Convento de San Francisco y de su iglesia se instaló el Liceo Artístico y Literario de Málaga, el centro cultural y recreativo más importante de la ciudad en el siglo XIX, actualmente también sede del Real Conservatorio de Música María Cristina, que, fundado en 1856, se encuentra aquí desde 1885. Con el paso de los años y ya extinguido el Liceo en 1899, el edificio fue degradándose y cuando el Conservatorio pasó, en 1971, a las nuevas instalaciones construidas en El Ejido, el viejo edificio quedó sin uso, aumentando su ruina hasta que a fines de 1975 la Caja de Ahorros de Ronda se hizo cargo de su restauración, que llevó a cabo el arquitecto Enrique Atencia, inaugurándose en octubre de 1976. Actualmente mantiene su uso como sala de conciertos y centro cultural, con el nombre de Antiguo Real Conservatorio María Cristina.
     Al edificio se accede a través de un profundo compás que cierra una bella reja decimonónica procedente del Palacio del Marqués de Valdecañas, que se encontraba junto al convento. Al fondo una austera portada de mármol, barroco­ clasicista, trasladada de otra edificación, da paso al Conservatorio.
     En su interior destaca el llamado Salón mudé­jar, hoy vestíbulo, con columnillas de fundición y cubierta con decoración neomudéjar. El Salón de los Espejos ocupa el lugar del antiguo coro de la capilla y está decorado con ornamentación pseudorrococó y espejos, sobre los que José Nogales pintó unos deliciosos ramos de flores para disimular las grietas producidas por el terremoto de 1884; en el techo se encuentra una Alegoría de la Música, pintada por Javier Cappa.
     Un arco sobre columnas abre paso al Salón de Conciertos en el espacio de la antigua capilla, la sala más rica del edificio. El eclecticismo de su decoración interior combina la sobriedad de los elementos de recuerdo clásico con una más am­pulosa de regusto barroco.
     La cubierta plana del salón articula tres composiciones alegóricas y de carácter mitológico que representan a La Aurora y El tocado de Venus, realizadas por José Denis Bel­grano. El espacio central, de mayor sobriedad, está pintado por Joaquín Martínez de la Vega, quien realizó una alegoría de la Cultura personificada en La Coronación de Dante.
     Al fondo a la derecha se situaba el Salón del Senado, en el que se procuró, como zona noble, una  cuidada decoración. Con las nuevas funciones del edificio este salón, llamado de exposiciones, es en realidad una sala más de las muchas que rodean el Salón de Conciertos, y en él se integró un lienzo con danza de angelitos procedente del Palacio de Valdecañas que se atribuye a Denis Belgrano. También contaba el Liceo con una importante biblioteca que albergaba, en 1894, unos 2.530 volúmenes.
     Desaparecido el centro cultural en 1899, esas obras fue­ron a los salones del Círculo Mercantil, en la nueva calle del Marqués de Larios y, muchos de ellos se quemaron en el incendio de 1936.
     El edificio está incoado por su declaración como Monumento desde 1985.
     En el aparcamiento subterráneo de la Plaza de la Marina se conservan restos de la muralla nazarí (s. XIV-XV), del antiguo castillo de los genoveses (s. XV) y de un lienzo el puerto del siglo XVII, así como parte de una construcción abaluartada aparecidos en las obras de remodelación, que fueron declarados Monumento en 1995. Entre ellos se ha integrado un gran muro vitrina y con un pavimento de espejo que refleja los muros históricos, se ha instalado el Museo Interactivo de la Música, después de la intervención llevada a cabo en 1998 por el arquitecto José Luis Daroca (Rosario Camacho Martínez, Isidoro Coloma. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo I. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     El antiguo Conservatorio de Música de Málaga se encuentra ubicado en la plaza de San Francisco, uno de los espacios fronterizos de la ciudad intramuros, plaza que ocupa parte de lo que fuera el compás y convento franciscano. 
     La fachada principal está precedida por un estrecho y alargado patio que funciona como compás. Se accede traspasando una excelente reja de forja, procedente del palacio del Marqués de Valdecañas, compuesta con elementos de estética neogótica y neorrenacentista. La portada, situada al otro extremo del patio, procede también del mencionado palacio y está realizada en mármol blanco, según el estilo barroco. Esta magnífiIca portada, muy depurada en sus formas ornamentales y similar a otras presentes en la ciudad, como la del palacio Zea Salvatierra o la del conde de Villalcázar, presenta vano adintelado flanqueado por pilastras toscanas cajeadas con retropilastras que sostienen un entablamento muy movido y un cuerpo de ático ligeramente volado. 
     En la primera crujía del inmueble aún pueden reconocerse los muros del primitivo convento y su antiguo torreón gótico-mudéjar, el cual fue restaurado en 1975 y se eleva sobre el salón de actos. 
     Tras el vestíbulo se encuentra el denominado «salón mudéjar», un amplio espacio cuadrangular, con ornamentación historicista y neomudéjar, cuyo magnífico techo artesonado está decorado alternativamente con tableros cuadrangulares en cuyo interior se inscriben octógonos y estrellas de ocho puntas, policromados en colores rojo y azul, junto a otros estrechos paneles donde se ubican las delgadas columnillas de fundición que sostienen la estructura. Las puertas que sirven de acceso al salón contienen decoración neomedieval de arcos apuntados. En el tercio inferior de la pared se dispone un zócalo de madera con decoración alterna de cruces rojas y azules inscritas en cuadrados, mientras que la mitad superior del muro se divide en grandes paneles bícromos en los que cuelgan pinturas sobre cristal con motivos figurativos de hombres y mujeres vestidos a la usanza medieval. El suelo es de baldosa hidráulica. 
     El espacio contiguo es el elegante y refinado «salón de los espejos» que ocupa el correspondiente al antiguo coro de la iglesia conventual. Es de planta cuadrangular y en sus paredes cuelgan espejos, de mediano y gran formato de estilo pseudorrococó, cuya decoración fue realizada por el pintor José Nogales Sevilla tras el terremoto de 1884. Son una serie de pinturas de carácter foral, sobre todo de rosas de gran efectismo, que ocultan los desperfectos producidos en los cristales. El techo se encuentra decorado con una gran pintura al óleo sobre lienzo, que representa la Alegoría de la Música, debida al pintor Javier Cappa. 
     Tras pasar por un arco sostenido por columnas, se accede al denominado «salón de conciertos», el más emblemático de todos, situado en lo que fuera la antigua capilla del edificio conventual. Los muros presentan un ambiente clásico, mediante la disposición de pilastras corintias que alternan con amplios paneles sin decorar y cuyo entablamento lo compone un friso corrido interceptado por ménsulas. El magnífico techo está dividido en tres partes: en la central se dispone la pintura con la escena de La Coronación de Dante del pintor Joaquín Martínez de la Vega y en las laterales, La Aurora, de Joaquín Martínez de la Vega, y El Tocado de Venus, de José Denis Belgrano. 
     A continuación se encuentra una serie de salas paralelas con usos auxiliares, como la sala de exposiciones de recuerdos románticos del Conservatorio, bar, aseos, etc. y tras estas dependencias, atravesando un pasillo, se accede al llamado «palco de luto», antiguo «salón del senado», con vista directa al podium del salón principal. 
     Destacan las puertas de ingreso a las diferentes salas, todas con similares diseños, y la decoración del resto de las habitaciones, con la misma tónica general que el salón principal y con una unidad decorativa que refuerza el interés artístico del conjunto.
     El origen del antiguo Conservatorio de Música de Málaga fue un monasterio de la orden franciscana, fundado por los Reyes Católicos en 1489, construido a extramuros bajo la advocación de San Luis el Real, cuya superficie en el siglo XVIII se extendía por el oeste hasta el cauce del río Guadalmedina, por el este hasta la calle Ollerías, por el norte hasta las calles Don Rodrigo y Los Cristos, y por el sur hasta la plaza de San Francisco. Un complejo conventual estructurado en torno a varios patios y con una extensa zona de huertas y jardines. Tras su desamortización, en 1836, tanto el inmueble como las huertas sufrieron una profunda transformación que conllevaría a la secularización, desmembramiento y parcelación de sus propiedades, conservándose solo algunos elementos del primitivo cenobio masculino, como una parte de la primera crujía, la capilla y la torre que queda embutida en añadidos posteriores. 
     La configuración actual del inmueble del antiguo Conservatorio se corresponde con la etapa del antiguo Liceo, una sociedad cultural fundada en 1843 por iniciativa del alcalde don Pedro Gómez Sancho, institución que llegó a tener una gran influencia en la vida política y cultural de la sociedad malagueña, el cual se ubicó en 1871 sobre los restos del antiguo edificio conventual. A principios del siglo XX, una vez extinguido el Liceo, se trasladó a este inmueble el Conservatorio de Música, denominado por el apoyo de la reina María Cristina, Real Conservatorio de Música «María Cristina».
     La instalación del Liceo en el antiguo convento y en parte de la residencia de las Madres Reparadoras, hoy desaparecida, transformó definitivamente el inmueble, dotándolo de una importante decoración pictórica, destacando la del salón mudéjar, la del salón de los espejos y la del salón de conciertos. Decoración de estilo ecléctico y academicista debida a los pintores más representativos de su época, como José Denis Belgrano, Joaquín Martínez de la Vega o José Nogales Sevilla. 
     Tras la construcción en la plaza de El Ejido, en 1971, de una nueva sede para el Conservatorio de Música, el edificio fue ocupado por la comunidad religiosa de Hermanas Nazarenas. En 1975 fue adquirido por la Caja de Ahorros de Ronda que lo rehabilitó, mediante proyecto del arquitecto Enrique Atencia, para uso como sede cultural. Actualmente se denomina Sala María Cristina y es propiedad de la Fundación Obra Social Unicaja (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En sus orígenes fue el denominado Convento de San Francisco, construido a finales del siglo XV y deshabitado tras la desamortización de Mendizábal. Luego, el edificio lo ocupó el Liceo de Málaga y la Sociedad Malagueña de Ciencias, y ya en 1880 fue sede del Conservatorio de Música María Cristina, hasta su traslado en 1971. Cuenta en su interior con murales de Nogales Sevilla, Sixto Cappa, Martínez de la Vega, Denis Belgrano, Moreno Carbonero, Emilio Ocón, Muñoz Degrain, Ponce, Nogales, Alvarado, Blanco Coris, Merino y Simonet.
     Del exterior destaca su hermosa torre mudéjar. Fue reconstruido por el arquitecto Enrique Atencia Molina y forma parte actualmente de la Fundación Unicaja teniendo lugar en ella diversas actividades culturales.
     En este Liceo, verdadero museo pictórico y biblioteca del XIX, en una de sus piezas llamada 'El Senado', se celebraron las tertulias de sus socios más distinguidos, y fue aquí donde Pablo Picasso sería bautizado con champán por Martínez de la Vega, con motivo del éxito obtenido por el joven artista en las exposiciones Nacional y Provincial de Bellas Artes de 1897, con su obra 'Ciencia y Caridad.
     El Museo Interactivo de la Música, ubicado en el Palacio Conde de las Navas de la calle Beatas, en pleno centro histórico de la ciudad de Málaga, es un centro participativo, interactivo y que genera nuevas experiencias en sus visitantes. Su premisa es la contraria a la acostumbrada en estos espacios, "Se ruega tocar, Please play". El objetivo de este museo es llegar a todo tipo de público y para ello, además de su exposición permanente, organiza actividades educativas y musicales.
     La colección Miguel Ángel Piédrola Orta abarca más de 400 piezas en exposición permanente y casi mil en su totalidad, de diferentes épocas, países y culturas, agrupados de la siguiente manera: orígenes de la música; instrumentos (primitivos, de cuerda, de viento, y de percusión); historia del sonido grabado; música y cine, y la radio.
     A través de los distintos instrumentos se puede realizar un recorrido por la cultura musical y el folklore de los cinco continentes, abarcando un amplísimo período que comprende desde la prehistoria del hombre hasta nuestros días. Una auténtica ocarina precolombina, un Huara Puara o flauta de piedra de los incas, flautas construidas con fémures, un Kissar o lira africana hecha con calavera y utilizada en ceremonias fúnebres o un laúd chino del siglo VIII son algunos ejemplos de los originales instrumentos que podrá encontrar el visitante en el MIMMA.
     El museo cuenta con varios tipos de espacios diferenciados por colores. El blanco se utiliza para las instalaciones e instrumentos de gran formato, pianos, la Mano Guidoniana o la Pasarela de las Musas, la sala de exposiciones temporales y restos arqueológicos de época romana y de la antigua muralla medieval de la ciudad. En las salas de color negro se expone la colección permanente, en la que se puede personalizar la visita a través de los puestos interactivos. Las paredes rojas albergan los espacios más característicos del MIMMA, en los que el público puede tocar instrumentos y experimentar con la música con la ayuda de un profesor virtual que les explica cómo tocar el violín, el udú, el violonchelo o el cajón flamenco, por ejemplo.
     El MIMMA, que nació como consecuencia del proyecto Música en Acción, iniciado en La Casa de las Ciencias de A Coruña en 1996, abrió sus puertas en Málaga en 2003. Su primera sede fue el subterráneo de la Plaza de la Marina hasta su traslado al Palacio Conde de las Navas (Diputación Provincial de Málaga).

Museo Acuario Aula del Mar
     El Museo Alborania-Aula del Mar es un espacio expositivo, cultural y de información turística que promueve esta asociación y que se encuentra situado en El Palmeral de las Sorpresas, en el muelle 2 del puerto, en un edificio de unos 400 metros cuadrados cedido por la Junta para los próximos 28 años.
     El objetivo del museo es dar a conocer a los visitantes los diferentes ecosistemas que componen el mar de Alborán, uno de los ámbitos de mayor biodiversidad del Mediterráneo; llamar la atención sobre la fragilidad de éstos últimos y sobre la importancia de su conservación, así como resaltar las relaciones culturales e históricas que unen los pueblos mediterráneos, especialmente entre España y África.
     Para ello, el Aula del Mar, que recibe anualmente la visita de unos 20.000 escolares, pero también viajeros y visitantes de la ciudad de Málaga, prevé acoger, además del museo, un acuario y un Centro de Información de Actividades de Ecoturismo, que tendrá como objetivo dar a conocer la biodiversidad de la costa andaluza y fomentar un turismo responsable que contribuya a la conservación de su patrimonio natural y cultural. Este Centro ofrecerá datos actualizados sobre los valores naturales y culturales de los casi 1.000 kilómetros de costa andaluza atlántica y mediterránea, así como sobre sus equipamientos de restauración, de alojamiento y de ocio. El Centro servirá para mostrar la oferta de actividades recreativas que impliquen una mayor concienciación y experiencia con nuestra costa, tales como itinerarios costeros en barco, recorridos para senderismo o cicloturismo, submarinismo, piragüismo, avistamiento de cetáceos y aves, o visitas a paisajes costeros singulares y a enclaves históricos como yacimientos fenicios, romanos y árabes o torres vigía medievales.
     El nuevo Museo hereda del anterior Museo Aula del Mar gran parte de sus contenidos en cuanto a acuarios y salas relacionadas con restos de animales marinos de más de 1.000 especies se refiere (caparazones, conchas, estructuras oseas, etc.), respecto de vertebrados (peces, tortugas y cetáceos) e invertebrados, así como de tiburones y rayas, sin olvidar piezas relacionadas con este mundo (náutica, pesquerías, arqueología submarina, acuicultura, etc.) (Diputación Provincial de Málaga).

Centro de Arte Contemporáneo. C.A.C.

     El  Centro  de  Arte  Contemporáneo  de  Málaga (cacMálaga) abrió sus puertas en febrero 2003. De propiedad municipal, la gestión se adjudica a empresas particulares tras un concurso previo, y sus objetivos son acercar a los malagueños las nuevas tendencias del arte. Instalado en el antiguo Mercado de Mayoristas, esta obra está reconocida por su valor tipológico y arquitectó­nico en el primer registro de obras (1996) del DOCOMOMO, así como en el Catálogo Andaluz de Arquitectura Moderna (1997) elaborado por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Asimismo, tiene incoado expediente para su declaración de Monumento desde 1987.
     El antiguo Mercado de Mayoristas fue proyectado en 1939 por Luis Gutiérrez de Soto e inaugurado en 1942. Es el edificio más representativo de la arquitectura racionalista en la ciudad, al que se añadieron los emblemas franquistas pro­pios del período autárquico.
     La estructura de hormigón armado, con multitud de pilares que dibujan una planta trapecial con los lados paralelos curvos, se levanta en dos plantas de altura más un sótano y soporta un edificio definido por líneas rectas y netos volú­menes cúbicos.
     El conjunto se asienta, al exterior, sobre una base pétrea en la que se integran, como dientes de sierra, los muelles de descarga, elemento característico de su antigua función y que le prestan especial singularidad. El cuerpo prin­cipal, de horizontales acentuadas por terrazas, marquesinas y cornisas, se contrapone a la facha­da principal, formada por una portada monumentalista, muy sencilla y la torre que aporta la contraposición vertical al edificio. En portada y torre se acoplan los emblemas del régimen anterior (águila) y del partido único, la Falange (yugo y flechas). Los paramentos estaban cubiertos de un revoco en rojo almagra que ofrecían un fuerte contraste con las líneas horizontales de piedra blanca que también embocaban los vanos.
     En el interior la amplia y funcional lonja de contratación se organiza en sección escalonada. Las paredes, perforadas por multitud de peque­ños vanos cuadrados dispuestos en bandas horizontales, aseguraban una correcta y cambiante iluminación con las horas del día. La zona de fachada y torre estaba ocupada por oficinas y otros recintos de servicios.
     Concluida la función de mercado, Rafael Mo­neo hizo una propuesta de reforma del edificio para usos múltiples en 1984, e Isidoro Coloma el proyecto museológico para Museo de la Ciudad de Málaga en 1989, a la vez que se incoaba expe­diente para su declaración como Bien de Interés Cultural, en 1987.
     Es en 1999 cuando Miguel Ángel Díaz Romero completa un proyecto de rehabilitación para uso del edificio como Centro de Arte Contemporáneo, con ayuda de la empresa municipal PRO­ MÁLAGA y la Fundación UNICAJA. Las obras concluyeron en 2002 y devolvieron un edificio muy parecido al primigenio: color exterior al­ magra, espacios interiores diáfanos, etc.
     A los pocos meses el edificio sufrió nuevas transformaciones en las que se perdió mucha de su singularidad para estandarizarse en lo que algunos entienden es un Centro de Arte Contemporáneo: fachadas exteriores pintadas de blanco sin marcar vanos, ocultación de los emblemas históricos de fachada y torre, cegamiento de va­nos lumínicos y bajada de las luminarias artificiales a unos pocos metros del suelo, construcción de un tabicado hasta la altura de las luminarias que parecía móvil y se ha quedado estable, etc. A pesar del nombre de la institución el cacmálaga alberga una colección permanente de más de cuatrocientas obras que posibilitan un recorrido multidisciplinar por la evolución artística del siglo XX y en la que están representados artistas próximos (malagueños y andaluces) y no faltan los internacionales o emergentes. Alex Katz, Ruscha, Susana Solano, Cherna Cobo, Juan Muñoz, Peter Halley, Juan Uslé, T Struth, T Hirsch Horn, Victoria Civera, Miguel Barceló, J. Piensa, Rogelio López Cuenca, Cristina Martín Lara son algunos de los más interesantes. No sabemos si esta colección superará el período de contrata de la actual campaña de exposiciones o sólo ocupa un espacio que hace más asequible el programa de exposiciones.
     En la plaza que se abre ante el cacmálaga se han instalado dos esculturas: Sombra azul (2003), de Cherna Alvargonzález, es una pieza en acero pintado, de gran tamaño y sobriedad geométrica en la que se desarrolla la interpenetración de los espacios; Man moving 2 (2003), obra de Stephen Balkenhol, es una representa­ción figurativa, zigzagueante y nerviosa, realiza­da en bronce policromado, versión posmoderna del expresionismo (Rosario Camacho Martínez, Isidoro Coloma. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo I. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     El CAC Málaga está ubicado en el antiguo Mercado de Mayoristas de Málaga, un edificio histórico proyectado en 1927 por Luis Gutiérrez de Soto y construido en 1939 sobre una planta triangular, con dos alturas y definido con espacios cúbicos y líneas rectas. El museo está destinado a la divulgación y reflexión del arte contemporáneo. Exposiciones, publicaciones, conferencias, programas pedagógicos, talleres y seminarios son algunas de las múltiples actividades que hacen del CAC Málaga un centro vivo, un lugar dinámico, innovador y abierto a todo tipo de propuestas artísticas y culturales de la vanguardia internacional.
     La colección permanente, que cuenta con más de 400 piezas, está en constante evolución, además de nuevas adquisiciones por parte del Ayuntamiento de Málaga, propietario del museo, ha introducido el sistema de cesión por el que coleccionistas privados ceden sus obras por un tiempo determinado.
     El visitante podrá realizar un recorrido por los movimientos y tendencias artísticas del siglo XX, en especial de las últimas décadas, desde los años 50 a la actualidad. Louise Bourgeois, Art & Language, Olafur Eliasson, Thomas Hirschhorn, Damian Hirst, Julian Opie, Thomas Ruff o Thomas Struth son algunos artistas que disponen de obras en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga.
     En estos fondos tienen cabida todas las disciplinas artísticas, desde la pintura y la escultura, hasta la fotografía, la instalación, la videocreación o la mezcla de lenguajes expresivos. Cuenta con una librería especializada en temas artísticos y cinematográficos. Se encuentran libros de arte, cine y fotografía; revistas especializadas y una sección para público infantil.
     El espacio, que dejó de ser utilizado como mercado en los años 80 y abrió sus puertas como museo en 2003, cuenta con 6.000 metros cuadrados de superficie total, de los que 2.400 se dedican a exposiciones y el resto para conferencias y otros actos culturales.
     El centro cuenta con otra sala de exposiciones, CAC Málaga La Coracha (subida a La Coracha, 25, distrito Centro, 29016), anexa al Museo del Patrimonio Municipal pero que forma parte de la programación expositiva de su centro matriz (Diputación Provincial de Málaga).

Iglesia de Nuestra Señora del Carmen

     Esta iglesia fue la del convento de los carmelitas descalzos. Su fundación se remonta al 1584, concediéndoles el corregidor Diego Ordóñez la ermita de San Andrés y los almacenes de las Torres de Fonseca, junto a la playa. La primitiva iglesia quedó muy dañada por la inundación de 1628 y casi totalmente destruida por el terremoto de 1680; debió realizarse entonces una gran obra, pues su estructura permite situarla en la etapa final del siglo XVII. Nuevas restauraciones sufrió la iglesia a lo largo del siglo XVIII que afectaron a su estructura y ornamentación.
     Con la Desamortización los carmelitas fueron expulsados y las dependencias del convento vendidas y adaptadas a muy diferentes fines. En 1856 se instaló en ella la sede parroquial de San Pedro, aunque el Ayuntamiento era propietario del inmueble; éste, a petición de los vecinos, en 1841 había solicitado del Gobierno su cesión, como recuerdo histórico de Torrijos y sus compañeros, mártires por la causa de la libertad, que pasaron allí su últi­ma noche en la víspera de su muerte, en 1831. Fue incendiada en 1931, y durante la guerra civil convertida en almacén, habiendo desaparecido de ella todos sus retablos y altares primitivos. La restauración que se realizó posteriormente, aun­que ha conservado su carácter espacial, la ha revestido de un sentido más clásico, adaptando el piso superior de las naves laterales, cegado a la iglesia, en zona de residencia para los padres redentoristas que cuidan del culto y de la pastoral de este sector.
     La iglesia tiene tres naves con capillas en el lado de la Epístola y amplio crucero. La capi­lla mayor, de planta rectangular, y los brazos del crucero se cubren con bóvedas de medio cañón con lunetos, fajones y marcos de yeserías, como en la nave central, abriéndose a aquélla un pequeño camarín que ha perdido su primitiva de­coración. Pero se han conservado doce pinturas del S. XVIII que representan santos carmelitas, en las cuatro pechinas y en los tímpanos de los brazos del crucero, testimonio iconográfico de su primitiva pertenencia a la Orden del Carmelo. Como era habitual en las iglesias carmelitas presenta el coro alzado sobre un amplio atrio exterior, con lo que el interior resulta más amplio y desahogado.
     La iglesia está situada en el centro de las de­pendencias conventuales de modo que la fa­chada principal se eleva al final de un compás formado por dos alas del convento que avanzan hasta cerrar en una reja. Esta fachada, de regusto manierista y un tanto arcaizante dado que en la clave de la ventana central se encuentra la fecha de 1745, se levanta tras el compás y trasluce las tres naves rehundiendo la calle central en la que se abre la portada de medio punto, re­matada con la característica ventana coral. Los tramos laterales, destacados ligeramente del plano de la fachada, imprimen a ésta una mayor verticalidad, y mediante un resalto de table­ros enfatizan la sensación de fortaleza del paramento como si fueran torres, aunque rematan en airosas espadañas. Alrededor de la portada, en piedra blanca, se ha recuperado, en 2003, una hermosa decoración pictórica, de temas florales, de la mediación del siglo XVIII.
     Preside la capilla mayor una imagen de vestir de la Virgen del Carmen, realizada hacia 1945 por el escultor granadino José Navas Parejo.
     La capilla de la Cofradía de la Misericordia, ubicada en el lado de la Epístola presenta diferentes espacios. Tiene planta octogonal cubierta con bóveda de media naranja con decoración de yeserías carnosas, muy restauradas, y en su testero se abre un interesante camarín, hexagonal, decorado con el mismo tipo de yeserías, y con sacristía propia; bajo ella se dispone una interesante cripta que conserva restos de pinturas mu­rales del siglo XVIII. Por su ornamentación, que han mantenido en parte las restauraciones, esta capilla se asemeja al camarín de la Victoria y a la capilla del Pilar de Santiago, por lo que puede situarse en los primeros años del siglo XVIII, y relacionarse con el maestro Felipe de Unzurrunzaga.
     En ella reciben culto los titulares de la citada Cofradía. La imagen de Jesús Nazareno de la Misericordia, «El Chiquito», es talla del imaginero granadino José Navas Parejo, de 1944, que reproduce a la desaparecida en 1931, atribuida al círculo de los Mora. La Virgen del Gran Poder es una imagen de vestir del círculo malagueño del s. XVIII, restaurada y transformada por el escultor sevillano Luis Álvarez Duarte.
     La sacristía se abre a la derecha de la capilla mayor y es una estancia cuadrada cubierta con cúpula sobre pechinas.
     A la izquierda se encuentra la llamada Sala de Torrijos, más pequeña pero de similar disposición, donde es tradición que el General pasó la víspera de su ejecución. Sin embargo otra sala del convento, conservada en mal estado, parece ser, con más fundamento, la que lo alojó (Rosario Camacho Martínez, Isidoro Coloma. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo I. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Esta Iglesia, sigue, en su composición arquitectónica y espacial, el tipo de iglesias carmelitas barrocas, con planta basilical y un coro elevado a los pies sobre un gran atrio, conseguida por sus tres naves y su amplio crucero, pero ello parece deberse a su ubicación en uno de los barrios más populosos de la ciudad. Las tres naves se encuentran separadas por arcos de medio punto sobre pilares cuadrados a los que se adosan pilastras cajeadas; sostienen un entablamento con friso, una bóveda de medio cañón con lunetos y fajones y unos recuadros centrales decorados con yeserías. Las naves laterales se cubren con bóvedas de arista. La capilla mayor es cuadrada, y en ella se abre un pequeño camarín. En el lado de la Epístola se encuentra la Sacristía cubierta con casquete esférico sobre pechinas, y la Capilla de la Misericordia, en la que destaca su decoración muy semejante a la del Camarín de la Victoria, aunque está muy intervenida. 
     La fachada es de corte manierista, con dos torres que la franquean, una composición poco usual en nuestra ciudad, y que otorga al inmueble un aspecto muy singular.
     La fachada principal, abierta tras de un amplio compás hoy carente de carácter conventual, deja translucir las tres naves, rehundiendo la calle central y destacando las laterales que se coronan de espadañas idénticas, siguiendo el modelo de iglesia de la Santa en Ávila. En la calle central se abre se abre arco de medio punto guarnecido, al igual que el muro del primer cuerpo, de un frío almohadillado negativo. Encima se abre una alta ventana rematada en medio punto y una hornacina de fecha más reciente. Las calles laterales muestran en ambos casos un triple apilastrado dórico decorándose los entrepaños con cuadros resaltados. Encima se levantan las dos espadañas, cada una con dos cuerpos y tres claros coronándose los de arriba con frontones triangulares. Tras el arco de entrada se abre un amplio vestíbulo con bóveda de medio cañón muy rebajada y, más adentro, una portada en piedra con arco de medio punto, de clave e imposta resaltada, entre pilastras toscanas dobladas sobre altos pedestales.
     En cuanto al Convento de San Andrés, del mismo sólo se conservan un patio, que posiblemente fuera el claustro del convento y unas dependencias anexas, entre las que se encuentra la utilizada como refectorio. El estado de conservación de estos elementos es muy deficiente, pero aún dejan ver claramente como seguían las directrices de la Orden de Santa Teresa en el empleo de materiales muy pobres y en una gran sencillez decorativa.
     Nada se sabe del primitivo templo que fue destruido a raíz del terremoto de 1680. Tras éste se llevó a cabo una gran obra que queda patente en la estructura del templo, que sigue las líneas de las edificaciones del siglo XVII. Con posterioridad, el inmueble ha ido sufriendo varias transformaciones, que sin embargo han ido respetando su estructura primitiva. Así, a mediados del siglo XVIII, e realizó una nueva restauración que en la fachada quedó patente con la apertura de una ventana donde aparece la fecha de 1745. Hacia 1776 sufrió una nueva intervención como consecuencia de un incendio que sufrió y que llegó hasta la media naranja del crucero. En el año 1931 el templo fue incendiado, perdiendo gran parte de sus bienes muebles, y en 1944 se procedió a su restauración, teniendo como base un proyecto del arquitecto E. Atencia, que en líneas generales respetó la estructura del inmueble, pero le añadió sobre las naves laterales un cuerpo superior para residencia de religiosos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Museo de la Cofradía de la Expiración
     Esta iglesia, de 1629, se levantó por el cantero Pedro de Astudillo según planos del maestro ma­yor de la catedral, Pedro Díaz de Palacios, aun­que ha sido transformada. La primera reforma data de 1658 al erigirla el obispo Martínez de Zarzosa en ayuda de la pa­rroquia de San Juan. En 1791 se estableció ella la co­fradía de la Expiración. De­signada parroquia en 1838, aunque trasladado el culto a la parroquia del Carmen, fue arruinándose quedando destrozada en 1931 y 1936, pero con su fábrica en pie. Fue reconstruida por el Obispado según proyecto del arquitecto diocesano D. Enrique Atencia, reestableciéndose el culto en  1945. Ha sido declarada Monumento en 2005.
     El templo tiene una sola nave cubierta por armadura de lazo con tirantes, muro de la cabecera recto y coro elevado a los pies. En el lado del Evangelio destaca la recoleta y artística capilla del Sagrario del siglo XVIII, junto a las moder­nas capillas de la Cofradía de la Expiración, realizadas entre 1943-46 por Atencia.
     Al exterior la portada primitiva, de piedra rojiza, resalta sobre el enjabelgado del muro, con pilastras dóricas flanqueando el arco de acceso, coronada con hornacina avenerada y frontón partido para encajar el escudo episcopal; junto a ella la sencilla torre de fuste cuadrado. En el lado izquierdo se encuentra una gran portada que da acceso directo a las capillas de la Cofradía de la Expiración.
     Las dos capillas del Cristo de la Expiración y de Ma­ría Santísima de los Dolores Coronada, abiertas a la iglesia, son cuadradas y pueden funcionar como una sola; se decoran con pinturas al temple de temas de la Pasión de Cristo, ejecutadas en el año 1951 por el artista sevillano Wenceslao Chamorro. En ellas hay sendos altares para los titulares de la Cofradía: el Santísimo Cristo Crucificado de la Expiración, es una talla de gran belleza plástica de Mariano Benlliu­re, de 1940, y la Virgen de los Dolores imagen de candelero, de Vicente Asensio de la Cerda (1775-83).
     La capilla del Sagrario es la pieza de mayor interés artístico del templo. Construida hacia 1720, puede relacionarse con el estilo del maestro Felipe de Unzurrunzaga. De planta hexagonal, con pilastras de orden compuesto en los ángulos, se decora con hojarasca barroca y se remata por bóveda semiesférica sobre linterna y reforzada con seis nervios en los que continua la decoración del cuerpo inferior. En los plementos de la bóveda hay escenas pintadas al temple sobre temas de la vida de la Virgen (Desposorios, Anunciación, Visitación, Adoración de los Pastores, Adoración de los Reyes, y Presentación de Jesús en el templo), realizadas en torno a la segunda década del s. XVIII, atribuidas, por su estilo, a Diego de la Cerda aunque recientemente se apunta la intervención de Pedro de Hermo­silla, ligado a los jesuitas quienes tuvieron misión de adoctrinamiento en esta iglesia.
     La preside un lienzo de la Inmaculada, obra anónima del siglo XIX (restaurado y transformado por Luis Molledo), cuya composición es copia de la de Alonso Cano del Oratorio de la sacristía de Granada. También destaca el Sagrario, en madera dorada del siglo XVIII, que entronca con el resto de la decoración, en cuya puerta se pinta al Niño Jesús como Pastor, iconografía usual en los Sagrarios españoles del barroco.
     En el muro de la Epístola se cuelga un óleo so­bre lienzo de un Ecce-Homo rodeado de los atributos de la Pasión, obra anónima devocional del círculo malagueño del siglo XVIII. En la sacristía se guarda una casulla bordada y una custodia neogótica, ambas piezas del siglo XIX, y un cáliz de plata sobredorada, del siglo XVIII.
     Adosada a la cabecera de la iglesia de San Pedro, entre 1964-67 se realizaron las obras de la Casa- Museo de la Cofradía de la Expiración, según proyecto del arquitecto diocesano Enrique Aten­cia. El edificio, funcional, con cinco plan tas y ático, respondía a un diseño moderno que no se logró enteramente, quizá más por el contraste con la obra de la iglesia cuyos perfiles rompía, pero en 1999 ha sido transformado en una especie de palacete, integrando molduras en el fenestraje y balcones así como una torre, que lo acercan al pastiche.
     En la planta baja se muestra permanentemente el patrimonio artístico y cofrade de la Hermandad. Son notables los dos espléndidos y monumentales tronos: el de la Virgen, en plata cincelada y estilo neobarroco, es obra excepcional del orfebre sevillano Manuel Seco Velasco, y el del Cristo, de estilo neorre­nacentista en metal dorado y calado, es pieza de gran calidad artística y acertada simbología de los talleres madrileños del padre Félix Granda y  Buylla. En las vitrinas se exhiben los enseres de culto y de procesión (jarras, insignias, guiones, estandartes, paños de bocinas, cruz-guía, mazas, báculos, faroles). También es excepcional el monumental manto de la Virgen de los Dolores (8 x 4,75 m.), en terciopelo negro profusamente bordado en filigrana de oro, obra neobarroca ejecutada en el taller sevillano de Manuel Elena Caro, que se estrenó en la Semana Santa de 1955. El resto del edificio presenta diversas dependencias para archivo, salón de actos, almacenes, etc. de la Cofradía (Rosario Camacho Martínez, Isidoro Coloma. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo I. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La Iglesia de San Pedro se ubica en el antiguo barrio del Perchel de Málaga. Su construcción comienza en el año 1629 y a pesar del largo proceso llevado a cabo en su edificación, en el que el inmueble ha sufrido diversas transformaciones en su fábrica, conserva gran parte de los elementos originales. 
     Actualmente el templo presenta una construcción muy sencilla, de una sola nave, cubierta con armadura de par y nudillo, reforzada con tirantes de lazo que apoyan en pares de canes empotrados en los muros laterales. El muro piñón de la cabecera se reviste de madera mientras en los pies aparece desnudo, en cuyo frente se abren tres óculos. En los muros perimetrales se adosan grandes arcos de medio punto, doblados, en su mayor parte ciegos, soportados por pilastras de orden dórico. En la zona superior de los mismos se abren vanos abocinados cubiertos de vidrieras. La capilla mayor presenta la cabecera con testero plano, compuesto de un arco de medio punto ciego y adosado, de similares características que en los muros perimetrales de la nave. En el lado izquierdo del presbiterio se ubica la pila bautismal. 
     Está realizada entre 1600 y 1699, en piedra caliza, tallada y pulimentada. Se compone de un pie cilíndrico sobre base de sección octogonal y pila de forma circular con interior y exterior avenerado. 
     A los pies de la nave se encuentra el coro, realizado en madera, elevado sobre cuatro jacenas, de las cuales la primera apoya sobre dos canes y soporta un antepecho de balaustres. En el muro lateral izquierdo de la nave se abren tres capillas. La primera, contando desde los pies del templo, es la del Cristo de la Expiración. Tiene planta cuadrangular cubierta con falsa bóveda de ocho paños, óculos en sus lados exteriores y linterna superior. El acceso a la capilla desde la nave se realiza a través de un vano de medio punto cubierto con reja de fundición y forja, compuesta de balaustres y un friso decorado con motivos de candilieri y roleos. Le sigue la capilla de la Virgen de los Dolores, de planta rectangular cubierta con techo plano decorado con pinturas doradas. Estas dos capillas fueron realizadas por el arquitecto Enrique Atencia Molina en 1943, y están decoradas con pinturas al temple en composiciones trapezoidales, representando temas de la Pasión de Cristo, ejecutadas en 1951 por Wenceslao Chamorro. La tercera, denominada capilla del Sagrario, se abre a la nave a través de un vano de medio punto coronada su clave con cartela oval rodeada de hojarasca e intradós cajeado con carnosos acantos dispuestos en guirnalda. Está cubierto con reja de fundición y forja compuesta de balaustres dorados y negros, crestería superior decorada con roleos, Candilieri, florones e iconografía con temas eucarísticos y referentes a San Pedro, titular de la iglesia. La capilla tiene planta hexagonal cubierta con bóveda semiesférica sobre tambor. Su alzado presenta pilastras corintias, cajeadas, entre arcos carpaneles y entablamento superior, volado, decorado con ménsulas de hojarascas. El tambor muestra ventanas rectangulares entre pilastras y exuberante decoración de yeserías, sobre él descansa la bóveda semiesférica, reforzada con pilastras que encuadran espacios trapezoidales en los que aparecen notables pinturas al fresco con el tema iconográfico de la vida de la Virgen: Desposorios, Anunciación, Visitación, Adoración de los pastores, Adoración de los reyes y Presentación de Jesús en el templo. 
     En el costado derecho de la nave se ubican: la sacristía, con acceso al presbiterio, salas de reuniones, despacho y torre. 
     El exterior del templo presenta una serie de añadidos arquitectónicos que entorpecen su estructura primitiva, fruto de la reforma llevada acabo en la década de los años cuarenta. Sólo cabe destacar en la fachada principal o de los pies del templo la portada primitiva, realizada en piedra rojiza. Se estructura a modo de retablo, con dos cuerpos, compuesto el primero, de un vano de medio punto con ménsula en la clave y puntas de diamante en las enjutas, flanqueado por pilastras toscanas y entablamento superior terminado en ambos lados con pináculos de bola. El segundo cuerpo o ático presenta sobre el entablamento una hornacina avenerada flanqueada con pilastras, desarrollo lateral de roleos y frontón superior partido que alberga el escudo episcopal. En la zona superior de esta composición se abren tres óculos. El vano que da acceso al interior de la nave está cubierto con puerta de madera, de doble hoja con postigo y remaches de hierro. 
     Está realizada entre 1750 y 1799 y mide 4,65 x 3,47 x 0,15 m. 
     En el lado izquierdo de la fachada se abre una gran portada de corte neoclásico, que da acceso a la capilla de la Cofradía del Cristo de la Expiración. Está compuesta de un vano de medio punto, cubierto con puerta de madera de dos hojas, con remaches de hierro, flanqueado por pilastras en los laterales y entablamento superior coronado por un frontón triangular. 
     Asimismo, en el lado derecho de la fachada, se encuentra un mosaico con la representación de las dos imágenes de la hermandad, guarnecido por un tejaroz. El resto de la fachada por su costado derecho se corresponde con el cuerpo de la torre, en cuyo frente se abren vanos rectangulares, superpuestos, terminando la zona superior con dos arcos de medio punto en sus cuatro lados.
     La parroquia de San Pedro Apóstol del malogrado barrio de los Percheles, es una construcción levantada en la primera mitad del siglo XVII, pero muy transformada con posterioridad.
     En los primeros tiempos, tras la conquista de Málaga por los Reyes Católicos, el barrio de los Percheles pertenecía a la parroquia de San Juan y fue en los primeros años del siglo XVII cuando se determinó erigir la Iglesia de San Pedro a fin de poder administrar los sacramentos de urgencia. El encargo del proyecto lo recibió el maestro mayor Pedro Díaz de Palacios. Este retomó las obras recién iniciadas, elaborando un nuevo proyecto en 1629.
     La vida de la parroquia de San Pedro se desarrolló a través de las cofradías allí radicadas y que agrupaban a buena parte de la feligresía de los Percheles. 
     Un cambio de categoría aconteció en 1831, con el nuevo arreglo de las parroquias malagueñas, pasando San Pedro, como parroquia independiente y no filial de San Juan, a tener una jurisdicción propia.
     En Mayo de 1931 tuvo lugar el incendio de la Iglesia de San Pedro, con la pérdida de casi todo los bienes muebles que contenía, quedando en estado ruinoso. En 1942 se decretó la separación de las parroquias de San Pedro y Nuestra Señora del Carmen, con lo que en 1943 dio comienzo la restauración del templo bajo la dirección del arquitecto diocesano Enrique Atencia Molina, cambiando totalmente la fisonomía de la iglesia (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Iglesia de San Pedro es un templo católico situado en el antiguo barrio de El Perchel de Málaga, siendo una de las pocas construcciones que restan del mismo en lo que la actualidad es la Alameda.
     El origen del inmueble se remonta a un ambicioso proyecto inacabado, de Pedro Díaz de Palacios, entonces maestro mayor de la catedral de Málaga, al que se le encarga en 1629 la construcción de la Iglesia de San Pedro en el barrio del Perchel, como apoyo a la antigua parroquia de San Juan. Para ello se proyecta una iglesia de tres naves, capilla mayor, sacristía y torre, en la que se combinan elementos ornamentales clásicos, heredados del renacimiento, junto con el mudejarismo de la magnífica armadura de par y nudillo que cubre la nave. Por diversas causas, este proyecto no se concluyó, llevándose a cabo sólo la construcción de una nave, así como la simplificación de otros elementos, en la cabecera, y quedando la proyectada torre en una espadaña, eliminada posteriormente por la torre-campanario vigente. En el primer cuarto del siglo XVIII se construyó la monumental capilla del Sagrario, de claro estilo barroco, atribuida al maestro Unzurrunzaga. Destaca en ella su rica ornamentación, compuesta de exuberantes yeserías y pinturas, próximas al pintor malagueño Diego de la Cerda.
     A comienzos del siglo XX y después de los sucesos acaecidos en 1931 y 1936, al encontrarse el inmueble en estado ruinoso, se decide su reconstrucción, según los proyectos presentados en 1942 y 1943 por el arquitecto Enrique Atencia. En la memoria de la restauración, se respetaba la estructura de la iglesia pero añadiéndole dos capillas para albergar las imágenes de la cofradía del Cristo de la Expiración. En la actualidad el inmueble destaca por la sobriedad y monumentalidad de sus formas, junto a la sencillez que presenta su magnífica portada, realizada en piedra rojiza que resalta sobre el enjabelgado del muro. Asimismo se pueden señalar los valores identitarios, incrementado en los últimos cincuenta años por la presencia de la cofradía del Cristo de la Expiración, cuyas imágenes titulares poseen un gran poder de devoción y concentración para buena parte de la población malagueña
     El templo presenta una construcción muy sencilla, de una sola nave, cubierta con armadura de par y nudillo, reforzada con tirantes de lazo que apoyan en pares de canes empotrados en los muros laterales.
     El muro piñón de la cabecera se reviste de madera mientras en los pies aparece desnudo, en cuyo frente se abren tres óculos. En los muros perimetrales se adosan grandes arcos de medio punto, doblados, en su mayor parte ciegos, soportados por pilastras de orden dórico. En la zona superior de los mismos se abren vanos abocinados cubiertos de vidrieras.
     La capilla mayor presenta la cabecera con testero plano, compuesto de un arco de medio punto ciego y adosado, de similares características que en los muros perimetrales de la nave.
     En el lado izquierdo del presbiterio se ubica la pila bautismal. Está realizada entre 1600 y 1699, en piedra caliza, tallada y pulimentada. Se compone de un pie cilíndrico sobre base de sección octogonal y pila de forma circular con interior y exterior avenerado.
     A los pies de la nave se encuentra el coro, realizado en madera, elevado sobre cuatro jacenas, de las cuales la primera apoya sobre dos canes y soporta un antepecho de balaustres.
     Las capillas laterales:
     En el muro lateral izquierdo de la nave se abren tres capillas.
     La primera, contando desde los pies del templo, es la del Cristo de la Expiración. Tiene planta cuadrangular cubierta con falsa bóveda de ocho paños, óculos en sus lados exteriores y linterna superior. El acceso a la capilla desde la nave se realiza a través de un vano de medio punto cubierto con reja de fundición y forja, compuesta de balaustres y un friso decorado con motivos de candilieri y roleos.
     Le sigue la capilla de la Virgen de los Dolores, de planta rectangular cubierta con techo plano decorado con pinturas doradas.
     Estas dos capillas fueron realizadas por el arquitecto Enrique Atencia Molina en 1943, y están decoradas con pinturas al temple en composiciones trapezoidales, representando temas de la Pasión de Cristo, ejecutadas en 1951 por Wenceslao Chamorro.
     La tercera, denominada capilla del Sagrario, se abre a la nave a través de un vano de medio punto coronada su clave con cartela oval rodeada de hojarasca e intradós cajeado con carnosos acantos dispuestos en guirnalda. Está cubierto con reja de fundición y forja compuesta de balaustres dorados y negros, crestería superior decorada con roleos, Candilieri, florones e iconografía con temas eucarísticos y referentes a San Pedro, titular de la iglesia. La capilla tiene planta hexagonal cubierta con bóveda semiesférica sobre tambor. Su alzado presenta pilastras corintias, cajeadas, entre arcos carpaneles y entablamento superior, volado, decorado con ménsulas de hojarascas.
     El tambor:
     El tambor muestra ventanas rectangulares entre pilastras y exuberante decoración de yeserías, sobre él descansa la bóveda semiesférica, reforzada con pilastras que encuadran espacios trapezoidales en los que aparecen notables pinturas al fresco con el tema iconográfico de la vida de la Virgen: Desposorios, Anunciación, Visitación, Adoración de los pastores, Adoración de los reyes y Presentación de Jesús en el templo.
     En el costado derecho de la nave se ubican: la sacristía, con acceso al presbiterio, salas de reuniones, despacho y torre.
     El exterior:
     El exterior del templo presenta una serie de añadidos arquitectónicos que entorpecen su estructura primitiva, fruto de la reforma llevada acabo en la década de los años cuarenta. Sólo cabe destacar en la fachada principal o de los pies del templo la portada primitiva, realizada en piedra rojiza.
     Se estructura a modo de retablo, con dos cuerpos, compuesto el primero, de un vano de medio punto con ménsula en la clave y puntas de diamante en las enjutas, flanqueado por pilastras toscanas y entablamento superior terminado en ambos lados con pináculos de bola. El segundo cuerpo o ático presenta sobre el entablamento una hornacina avenerada flanqueada con pilastras, desarrollo lateral de roleos y frontón superior partido que alberga el escudo episcopal. En la zona superior de esta composición se abren tres óculos.
     El vano que da acceso al interior de la nave está cubierto con puerta de madera, de doble hoja con postigo y remaches de hierro. Está realizada entre 1750 y 1799 y mide 4,65 x 3,47 x 0,15 m.
    En el lado izquierdo de la fachada se abre una gran portada de corte neoclásico, que da acceso a la capilla de la Cofradía del Cristo de la Expiración. Está compuesta de un vano de medio punto, cubierto con puerta de madera de dos hojas, con remaches de hierro, flanqueado por pilastras en los laterales y entablamento superior coronado por un frontón triangular. Asimismo, en el lado derecho de la fachada, se encuentra un mosaico con la representación de las dos imágenes de la hermandad, guarnecido por un tejaroz.
     El resto de la fachada por su costado derecho se corresponde con el cuerpo de la torre, en cuyo frente se abren vanos rectangulares, superpuestos, terminando la zona superior con dos arcos de medio punto en sus cuatro lados (Diputación Provincial de Málaga).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Museo Interactivo de la Música, Museo Acuario Aula del Mar, Centro de Arte Contemporáneo C.A.C., Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, y Museo de la Cofradía de la Expiración) de la localidad de Málaga (IX), en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

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domingo, 30 de octubre de 2022

El Cementerio del Santísimo Cristo de la Expiración, en Osuna (Sevilla)

 
   Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Cementerio del Santísimo Cristo de la Expiración, en Osuna (Sevilla).  
   Hoy, domingo 30 de octubre, como todos los domingos, ha de considerarse como el día festivo primordial para la Iglesia. Es el primer día de cada semana, llamado día del Señor o domingo, en el que la Iglesia, según una tradición apostólica que tiene sus orígenes en el mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el Misterio Pascual.
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte el Cementerio del Santísimo Cristo de la Expiración, en Osuna (Sevilla).
     El cementerio se encuentra junto al camino de Écija, al norte de la población. Al recinto rectangular originario se le han ido adosando ampliaciones laterales, dando como resultado una serie de patios sucesivos, de diferente carácter, de los cuales los dos primeros tienen la ordenación más interesante. Lo rodea una tapia alta enjabelgada con caballete de fábrica también encalado. El acceso esta sobreelevado respecto al camino, por lo que una peana corre a todo lo largo de la fachada. La portada es un discreto hueco con arco de medio punto coronado con una cartela en piedra con lápida conmemorativa. Los dos primeros patios presentan conjuntos de nichos entre pilastras con embocadura de cancelita metálica, jugando con motivos varios, dentro de una armonía general. Los panteones más destacados pertenecen a los Valderrama, imitación de la Torre de los Escipiones; el del Excmo, Sr. D. Juan de Dios de Córdoba Govantes Figueroa y Bizarrón, personaje muy condecorado que fue Teniente General del ejército; otro blasonado, de D. Luis Fernández de Córdoba y Valcárcel (1840), Teniente General también, con relación de batallas; de los Moreno Vázquez, Torres y Castro, Caro Zamora (1930) y Fernández. Hay una serie con corralito y cadena, en los que el acceso al hipogeo se cubre y cierra con una plancha metálica abovedada, que lleva la inscripción en resalto. Son los de Fernández Caballero (1899); González y Pachón (1916); Contreras y Govantes (1900); Valdivia de la Puerta (1905); Oriol y Puerta (1914) y Campoverde (1903).
     Hay uno figurativo de Muñoz Juárez. La Capilla es de mediados del XIX, obra del alarife Rodríguez Cabello. De planta cuadrada, con cúpula, bien escuadrada. Dentro, un altar de madera de buena traza y cuadros de 1900 de López y Torres. Una inscripción lo data en 1846, siendo Alcalde Constitucional D. Mariano de Estrada. Sin embargo parece que abre en realidad de 1847, después de un largo trámite que inicia el Gobernador en 1836 para quitar el que había junto a la Colegiata. En realidad la obra no se ataca con decisión hasta 1846. En 1851 ya hay que ampliar osarios y en 1866 se hace el de no católicos. Después hay obras continuas - el BOP de 23-12-1900 convoca la subasta del tercer patio- hasta 1980.
     En el Ayuntamiento hay abundante documentación. Los enterramientos ducales están en la Colegiata. Se conserva manuscrito el Reglamento de 1847 con disposiciones muy interesantes así como curiosas advertencias para el sepulturero (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Crucifixión
¿Por qué Jesús fue condenado a la crucifixión?
   Si sólo hubiese sido justiciable para sus correligionarios, como blasfemo debió sufrir el suplicio específicamente judío de la lapidación, el que padeció el protomártir san Esteban. Ciudadano romano, como san Pablo, habría sido condenado a la decapitación por hacha o espada. Pero al no ser ni una ni otra cosa, se le infligió el suplicio que correspondía a los esclavos fugitivos o en rebelión contra su amo (supplicium servite): la crucifixión.
   Este suplicio espantoso era esencialmente romano, pero de origen persa. Habría sido inventado para que el condenado no ensuciara la tierra, consagrada a Ormuz y por ello, sacrosanta.
La historicidad de la crucifixión
   La Crucifixión de Jesús sobre la colina del Gólgota es el hecho mejor probado de su vida; según los historiadores que se apoyan en el texto de Tácito (Anales, XV) hasta sería el único acontecimiento probado. «Nada en los relatos evangélicos, escribía Alfred Loisy -tiene consistencia de hecho, salvo la crucifixión de Jesús por sentencia de Poncio Pilato en virtud  de una causa  de agitación mesiánica.»
   No obstante, ese hecho fundamental que constituye la base del cristianismo también ha sido cuestionado. Ninguno de los textos citados constituye una prueba histórica incontrovertible, los mitologistas han tomado argumentos de ellos para emitir la hipótesis de que en ese caso, como en muchos otros, los evangelistas simplemente habían puesto en escena profecías mesiánicas cuya consumación les interesaba mostrar.
   Las fuentes de la Crucifixión de Jesús serían los Salmos 22 y 69.
   En el primero, el reparto de las vestiduras y la perforación de manos y pies están claramente anunciados:
          «¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? 
          ( ...) me cerca una turba de malvados;
          han taladrado mis manos y mis pies ( ...)
          Se han repartido mis vestidos
          y echan suertes sobre mi túnica.»
   En cuanto a la hiel y al vinagre que bebe Cristo en la cruz, parecen tomados del Salmo 69.
          "(...) esperé que alguien se compadeciese, y no hubo nadie; 
          (...) Dierónme hiel en la comida
          Y en mi sed me abrevaron con vinagre."
   Según esta interpretación, la Crucifixión no sería más que una ficción destinada a dar la razón a las profecías de la Biblia, puesto que todas ellas debían consumarse.
   En la tragedia de la Muerte de Cristo deben distinguirse tres actos: Cristo con la Cruz a cuestas, Cristo esperando la muerte, y la Crucifixión en el Calvario.
La Crucifixión
   Es necesario distinguir dos fases:
   1. Jesús está clavado en la cruz.
   2. Jesús muere en la cruz.
   Sería conveniente dar a la primera operación el nombre de Crucificamiento y a la segunda, que es un estado y no una acción, el nombre de Crucifixión; pero en el lenguaje usual no se ha hecho esta distinción.
2. Jesús muere en la Cruz
   La imagen de Cristo en la cruz se impone al pensamiento de todo cristiano no sólo como la figura del sacrificio del Dios Redentor, sino como el emblema y la garantía de su propia salvación. Es el tema central de la iconografía cristiana, cuyo lugar tradicional es el eje del coro de las iglesias, el centro del trascoro o la vidriera axial del presbiterio.
   Para analizar los elementos de este tema tan complejo, estudiaremos en principio a Cristo crucificado cuya representación ha variado mucho a través de los siglos, reflejando al mismo tiempo la evolución de las doctrinas teológicas y el sentimiento religioso -la representación simbólica o pictórica que lo acompaña- y finalmente la leyenda de la Vera Cruz antes y después de Cristo.
A) Cristo en la cruz
   Si se quiere resumir en pocas palabras la evolución de este tema esencial del cristianismo, puede decirse que durante los primeros siglos cristianos, la Crucifixión fue eludida o evocada indirectamente mediante símbolos. Cristo aparece en la cruz con forma humana, sólo en el siglo VI. Hasta mediados del siglo XI, Cristo en la cruz está representado vivo, con los ojos abiertos. A partir de esta época se osó representarlo muerto, con los ojos cerrados. 
    Por lo tanto, deben diferenciarse tres fases en la iconografía de Cristo crucificado, que se han empleado sucesivamente: mediante símbolos, vivo en la cruz, y finalmente, muerto.
1. El cordero simbólico
   A los artistas paleocristianos les repugnaba poner ante los ojos de los fieles la muerte ignominiosa del Mesías, clavado en la cruz entre dos delincuentes rebeldes como si fuese un esclavo. Esta imagen fue erradicada al mismo tiempo por el arte de las catacumbas, que se inspira sólo en la esperanza de la salvación eterna, y por el arte triunfal de la época de Constantino, que sólo apunta a glorificar a Jesucristo.
   En los frescos de las catacumbas, el sacrificio de Cristo siempre está simbolizado mediante el tema pastoral del Cordero místico. Cuando se acabó la era de las persecuciones y el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio, Constantino y Helena levantaron sobre la colina del Gólgota una gran cruz gemmada cuyo reflejo nos deslumbra en Roma, en el mosaico del ábside de Santa Pudenciana. Esa cruz, que simboliza la Crucifixión, es una crux nuda, desprovista de la imagen de Jesús.
   El arte paleocristiano se atrevió, cuando más, a inscribir en la intersección del asta con los brazos de la cruz, un tondo con la imagen de Cristo (Salterio Barberini). Todavía en el siglo VI, en los mosaicos de San Apolinar il Nuovo, en Rávena, el ciclo de la Pasión se detiene claramente en Cristo con la Cruz a cuestas.
   A falta de una imagen cristiana de Cristo crucificado se ha creído reconocer su caricatura pagana en un dibujo hecho a mano, que representa un Crucificado con cabeza de asno, descubierto en 1856 por Garrucci, en un muro del palacio imperial del Palatino. La existencia de esta caricatura autorizaría, lógicamente, a suponer la existencia de representaciones análogas en el arte cristiano.
   Sin embargo, no es seguro que el autor del garabato haya querido ridiculizar a Cristo. Ciertos arqueólogos se preguntan si no se trataría más bien del dios egipcio Set -que los griegos llamaron Typhon- adoptado por la secta gnóstica de los setianos, divinidad que, justamente, estaba dotada de una cabeza de asno. En tal caso habría que erradicar ese célebre graffito de la iconografía cristiana. Pero por ingeniosa que sea esta hipótesis, debe admitirse que si bien explica la cabeza de asno, no da cuenta de la presencia de la cruz.
2. El crucificado vivo y triunfal.
   A partir del siglo V el suplicio de la cruz perdió su carácter infamante y se corrió el riesgo de representar a Cristo clavado en el patibulum entre los dos ladrones.
   Las obras que representan la Crucifixión se volvieron de golpe muy numerosas. Las más conocidas, algunas de las cuales están fechadas con precisión, son una placa de marfil que se encuentra en el Museo Británico, el bajorrelieve de madera de la puerta de Santa Sabina, en el Aventino, una miniatura del Evangeliario sirio de Rabbulos (586), una ampolla palestina del tesoro de Monza y un fresco del siglo VIII de la iglesia romana de Santa María la Antigua, al pie del Palatino.
   Además de las realizaciones que han perdurado hasta hoy, hay otras señaladas por los textos. Gregorio de Tours informa hacia 590 (In Gloria Martyrum) que una pintura que representaba a Cristo en la cruz existía en su tiempo en la iglesia Saint Gènes, de Narbona, y que su desnudez escandalizó.
   Esas primeras Crucifixiones pertenecen a dos tipos muy diferentes.
   En Santa Sabina de Roma, Cristo está representado en actitud de orante, sus pies no están clavados y se apoyan en el suelo, está representado igual que en el marfil del Museo Británico, desnudo, apenas cubierto con un estrecho ceñidor. Ese tipo perduraría en las miniaturas carolingias, donde la desnudez de Cristo imberbe y juvenil sólo está velada por un ceñidor.
   Por el contrario, en las Crucifixiones del tipo sirio, que son las más numerosas. Cristo siempre está vestido con una larga túnica sin mangas llamada colobium. El ejemplo más antiguo es la famosa miniatura del Evangelio sirio de Rabbulos, donde se ven aparecer por primera vez los elementos simbólicos y realistas de todas las Crucifixiones posteriores: el Sol y la Luna, el Lancero, el Portaesponja,  los soldados echando a suertes la túnica sin costuras. En ese modelo se inspira el fresco de la iglesia románica de San Maria la Antica, que en el siglo VII estaba a cargo de monjes sirios. Este tipo de Cristo barbudo y con faldas se popularizaría en Occidente a causa de la Santa Faz (Volto Santo) de Lucca.
   ¿Por qué la Crucifixión realista reemplazó al símbolo del Cordero a partir del siglo VI? La única explicación válida para ese cambio de fundamental importancia es el triunfo de las nuevas doctrinas teológicas elaboradas en Bizancio para luchar contra las herejías.
   El docetismo monofisita, que absorbía la naturaleza humana de Cristo en su naturaleza divina, sólo adjudicaba a sus sufrimientos en la cruz un valor simbólico. Para refutar esta herejía mediante la parábola y la imagen, la Iglesia se vio obligada a insistir en el dogma de la Encarnación: recordó a los fieles engañados por el docetismo que los sufrimientos del Redentor no fueron vana  apariencia, que él fue realmente clavado en la cruz, en carne y hueso, en la forma humana en la que se había encarnado.
   Por ello el concilio de Trullo o Quinisexto,  que se realizó en Constantinopla en 692, recomendó a los artistas que en adelante representaran a Cristo no con el símbolo del Cordero, sino «con su forma humana». Así, no hacían más que confirmar una transformación de la iconografía operada desde hacía un siglo.
3. Cristo muerto
   Todas estas representaciones de Cristo en la cruz, sean cuales fueren las diferencias de detalles entre los tipos griegos y orientales, tuvieron durante mucho tiempo un rasgo común de fundamental importancia.  Sea juvenil  o barbudo, desnudo o vestido, Cristo siempre está representado vivo en la cruz, con los ojos bien abiertos. Pero no sólo está vivo, sino triunfal: en vez de la corona de espinas, lleva en la frente una diadema real. Con la cabeza erguida, el pecho recto, los brazos extendidos horizontalmente, se yergue sobre el madero de la infamia con la misma majestad que sobre un trono.
   A partir del siglo XI se comenzó a representar a Cristo muerto. Sus ojos se cierran, su cabeza cae sobre el hombro derecho, su cuerpo se desploma y flexiona: ya no es más que el cadáver de un hombre muerto en el suplicio que ha perdido toda majestad real y que sólo inspira compasión.
    ¿Cómo explicar esta extraordinaria revolución iconográfica? Se ha intentado hacerlo mediante consideraciones estéticas, por el empuje de una moda naturalista.
   Según Dom Hesbert, esta innovación procedería de una interpolación del Evangelio de San Mateo, que sustituyó al relato del Evangelio de san Juan.
   Si se osó representar a Cristo muerto, fue porque los teólogos enseñaban que su muerte se debió no a un proceso orgánico sino a un acto de su voluntad divina.
   Tal es lo que implica el rito griego del zeon, es decir, la comunión térmica con el vino calentado por agua caliente (zeon udor), símbolos de la sangre y del agua que brotaron calientes del costado de Cristo. Este rito está vinculado con la creencia en la incorruptibilidad del cuerpo de Jesús.
   Por ello, Teodoro Balsamón, patriarca de Antioquía, condenó como una herejía el rito de la Iglesia romana que emplea vino no calentado en el sacramento de la comunión, puesto que para él, ello equivale a creer que la divinidad ha abandonado el cuerpo de Cristo después de su muerte, de manera que el cadáver del Hombre Dios no se diferenciaría en nada de los cadáveres de los ladrones.
   Así, Cristo muerto conserva en su cuerpo incorruptible el calor de la vida, y el arte bizantino lo representaría a partir de entonces de acuerdo con esta doctrina teológica. El arte de Occidente sólo habría imitado a aquél.
   Esta tesis seductora, a decir verdad, promueve ciertas objeciones.
   ¿Por qué el rito del zeon, introducido en la liturgia de Constantinopla a partir del siglo VI no habría producido efectos en la iconografía de la Crucifixión hasta el siglo XI?
   Por otra parte, ¿cómo explicar la aparición simultánea en el arte de Occidente del tipo de Cristo muerto con los ojos cerrados? Italia lo adoptó en el siglo XIII, pero apareció mucho antes en Renania y en el norte de Francia. Se lo encuentra a partir del siglo XI en una miniatura del Sacramentario de San Gereón de Colonia, en el siglo XII en una vidriera de Chartres, en los misales de la abadía de Anchin (Biblioteca de Douai), de Saint Corneille de Compiegne (B.N., París) ¿Se dirá que esas miniaturas y esas vidrieras se inspiran en la teología y la liturgia bizantinas, formalmente condenadas por la Iglesia de Roma como una doctrina perniciosa, y una diabólica suggestio? ¿No resulta más verosímil atribuir el cambio a una transformación profunda de la sensibilidad cristiana cuyos inicios son éstos, y que se acentuaría a finales de la Edad Media?
   El misticismo sentimental que se desarrollará a partir del siglo XIII por la influencia de san Francisco de Asís, las Meditaciones del Pseudo Buenaventura y las Revelaciones de santa Brígida, revela, por otra parte, un espíritu muy diferente al de la teología bizantina. Ya no se trata de glorificar a Cristo manteniéndolo vivo en la muerte, sino de conmover  a los fieles con  el espectáculo  de sus padecimientos.
   Santa Brígida describe así a Jesús crucificado. «Estaba coronado de espinas. La sangre le corría por los ojos, orejas y barba; tenía las mandibulas distendidas, la boca abierta, la lengua sanguinolenta. El vientre hundido le tocaba la espalda como si ya no tuviese intestinos.»
   El arte de la Edad Media representó a Cristo en la cruz con este aspecto lastimoso. E incluso superó en horror a la alucinante visión de santa Brígida. En su retablo del convento hospital de los antonitas de Isenheim, donde se atendía a los apestados y sifilíticos, el pintor alemán Mathis Nithart (Grünewald) no vaciló en presentar a los ojos de los enfermos un Cristo no sólo muerto sino ya pútrido. Lo muestra cubierto de heridas sangrantes y verdosas a causa de la descomposición, de un realismo tan desmedido que es un horror casi insostenible; todo lo contrario del dogma bizantino de la incorruptibilidad del cuerpo del Redentor.
   Después de haber mostrado la evolución del tipo de Cristo en la cruz, al principio simbolizado por el Cordero, después representado in natura, ya vivo, ya muerto o incluso presa de la descomposición,  nos queda por examinar de qué manera está vestido y fijado a la cruz.
   Ni por la ropa ni por el modo de fijación a la madera de la cruz el arte cristiano ha demostrado la menor preocupación por la verdad histórica.
   Los esclavos romanos condenados al suplicio de la cruz estaban completamente desnudos. Méliton dice de Jesús: Nudus erat in cruce. A pesar de esa tradición, siempre se ha representado a Cristo crucificado, vestido ya con una larga túnica sin mangas, ya con un ceñidor anudado alrededor de la cintura. El colobium sirio o el perizonium helénico también son, uno y otro, poco «históricos». Estas convenciones indumentarias sólo se justifican por un escrúpulo de decencia del cual pocos artistas se han atrevido a liberarse.
   Antes que el colobium sin mangas que vemos en el Evangelio sirio de Rabbulos, el fresco de Santa María la Antigua y la Santa Faz de Lucca, el arte de Occidente prefirió el perizonium, que a veces se transforma en tema decorativo. Por la influenciad de los grabados de Schongauer, los pintores alemanes de los siglos XV y XVI, Durero y Lucas Cranach por ejemplo, hacen tremolar al viento, como una oriflama , los extremos de ese «Lendenschurz», calificado con el nombre pictórico de "Herrgotts-röcklein", cuyas volutas se vuelven tan complicadas como las líneas de un párrafo caligráfico.
   Sólo con el Renacimiento la pasión del desnudo se impuso a las conveniencias. Miguel Ángel, en su Cristo de la Minerva y en su Juicio Final de la capilla Sixtina, Benvenuto Cellini en su Crucifix de marfil de El Escorial, que escandalizó no sin razón la púdica devoción del rey de España Felipe II, se atrevieron a suprimir el ceñidor tradicional y representar a Cristo completamente desvestido. Pero estos casos de neo paganismo son excepcionales en el arte cristiano.
   ¿Jesús fue crucificado con la cabeza desnuda o tocado con la corona de espinas? Acerca de este punto reina la misma incertidumbre. En las Crucifixiones triunfales de la alta Edad Media, lleva la corona real. En el siglo XVII, Rubens y Van Dyck lo representan ya coronado, ya sin corona.
   En cualquier caso, la cruz casi siempre está rematada por el titulus o inscripción trilingüe, a veces tan ancha que parece un segundo travesaño.
¿Cómo fue fijado a la cruz el cuerpo de Cristo?
   Sabemos que en el antigüedad romana, los crucificados estaban sentados a horcajadas sobre una clavija de madera (sedile), especie de «misericordia », mucho me­nos confortable que la ménsula que aliviaba la fatiga de los canónigos de pie en las sillas del coro; esta clavija pasaba entre los muslos y sostenía el peso del cuerpo, prolongando así el suplicio con el pretexto de hacerlo menos inhumano. En la iconografía cristiana, este banquillo es reemplazado por una tablilla colocada bajo los pies (suppedaneum). Para emplear la terminología alemana, el Sitzpflock se ha transformado en Fusspflock. También aquí, esta derogación de la historia se justifica por el decoro.
Los clavos de las manos y los pies
   Aunque no se hable de clavos más que en el relato del Evangelio de Juan, donde se narra la aparición de Cristo resucitado a santo Tomás, es una tradición universalmente recibida que Jesús fue fijado a la cruz no mediante cuerdas, sino con clavos. No obstante, su número nunca fue establecido de manera invariable. En las obras de la alta Edad Media, el cuerpo de Cristo está fijado por cuatro clavos, a partir del siglo XIII, con tres clavos solamente, porque los dos pies están puestos uno sobre otro.
   A partir de la Contrarreforma ya no se observa regla alguna. El teólogo Molanus (Vermeulen), en su tratado de las Santas Imágenes que registra la teoría del concilio de Trento, deja a los artistas toda la libertad en este detalle. Guido Reni pintó un Cristo crucificado con tres clavos (iglesia de San Lorenzo in Lucina, Roma).
   Simon Vouet retornó al empleo de cuatro clavos (Museo de Lyon). En cuanto al escultor Montañés, que se inspira en las Revelaciones de santa Brígida, cruza los pies de Cristo uno sobre el otro perforándolos ilógicamente con dos clavos.
   Se ha querido saber si los dos clavos de las manos habían sido hundidos en las palmas o en los puños del crucificado. Los anatomistas han observado que el peso del cuerpo habría desgarrado inexorablemente los tejidos de las palmas, incapaces de soportar un esfuerzo de tracción tan grande, y que en consecuencia, los verdugos debieron hundir los clavos entre los huesos de la muñeca, más resistentes. Pero si, como es probable, el cuerpo suspendido estaba sostenido por una clavija insertada entre los muslos, la objeción cae. En todo caso, los artistas siempre han colocado las heridas de Cristo, al igual que los estigmas de san Francisco de Asís, en el medio de las palmas.
El Cristo de los brazos estrechos
   La actitud de Cristo suspendido de la cruz es muy variable: la posición de los brazos oscila entre la horizontal y la perpendicular.
   Cristo con los brazos ampliamente extendidos, significa que murió por todos los hombres, es el Cristo católico, al tiempo que el Crucificado con los brazos poco abiertos o estrechos, sería el jansenista, que reserva la gracia a unos pocos elegidos. Esta denominación es errónea, puesto que los brazos en posición perpendicular aparecen a finales de la Edad Media, mucho antes que Jansenio y su doctrina de la gracia, y suele encontrárselos en los pintores del siglo XVII auténticamente católicos y hasta vinculados con los jesuitas, tales como Rubens (Museo de Toulouse), Van Dyck y Le Brun.
Las diferentes formas de la cruz
   Los Evangelios no dicen nada preciso acerca de la forma de la cruz. La palabra griega stauros puede designar un simple poste y no implica, como la palabra latina crux, el cruzamiento de dos vigas. Según parece, originalmente se representó a Cristo fijado a un poste. Pero la tradición que asegura que Cristo tuvo las manos clavadas y los brazos extendidos sobre el madero, hizo prevalecer la forma de una cruz de travesaño, compuesta  de dos elementos ensamblados.
   Si este fue el tipo adoptado, ello también se debe a que la cruz ofrece a los fieles la imagen emblemática de un orante estilizado. Ella se convertía también en el símbolo de la oración.
   Ya sea muy baja o muy alta, la cruz ofrece en la iconografía cristiana numerosas variantes que se pueden reducir a tres tipos:
l. La cruz escuadrada.
2. La cruz verde o Árbol de vida (Lignum Vitae).
3. La cruz viva o braquial.
1. La cruz escuadrada
   Es el tipo más común, constituido por el ensamblaje de dos vigas escuadradas.
   Sus brazos (segmentos horizontales) pueden ser iguales o desiguales al pie y a la cabeza (segmentos verticales inferior y superior): en el primer caso se la llama cruz griega y en el segundo, cruz latina.
   a) Cruz griega. Entre las cruces de segmentos iguales, se distingue, de acuerdo con la forma de sus extremos, la cruz ansada (cruz ansata, Henkelkreuz), cuya ex­tremo superior termina en un pequeño anillo; la cruz gamada (crux gammata, Hakenkreuz), también designada con el nombre hindú de svástika, cuyos cuatro segmentos terminados en gancho se asemejan a la letra griega gamma.
   El origen de estas cruces es muy anterior al cristianismo. La cruz ansada es de origen egipcio. En cuanto a la gamada, puede encontrársela en épocas tan remotas que su primitivo significado resulta oscuro ¿Era un emblema solar o de fecundidad? Lo cierto es que se asemeja a un embrión estilizado y se ha comprobado que se aplicaba, en la alfarería antropomórfica o en los ídolos esculpidos, en el lugar de los órganos genitales. Sea como fuere, durante siglos estuvo reducida a la condición de simple ornamento, y sólo recuperó una vida temible en época reciente, al convertirse en el símbolo del nacionalismo racista de los alemanes, oponiéndose por ello a la cruz de Cristo.
   La cruz potenzada es una cruz griega cuyos extremos se acaban en caveto, seguido de un ángulo recto.
   La cruz de Malta tiene los extremos ensanchados. La cruz de san Andrés o de Borgoña tiene los travesaños cruzados en forma de X, por ello en latín se la denomina cruz desussata (de decem, "diez", escrito en cifra romana: X).
   b) Cruz latina. Se caracteriza por la desigualdad de sus segmentos, los verticales o asta son más largos que el travesaño horizontal, o brazos.
   También comporta numerosas variedades.
   La crux commissa o patibulata  (con forma de horca), que se llama cruz de San Antonio, adopta la forma de la letra griega tau.
   La crux immisa tiene un asta que sobrepasa el travesaño.
   La cruz patriarcal o cruz de Anjou, que se convirtió en la cruz de Lorena, se diferencia por tener doble travesaño. La Cruz papal tiene tres, igual que la tiara, es una triple corona. Esta multiplicación de los travesaños se explica por la adición a los brazos de la cruz del titulus inscripción y del suppedaneum que sirve de soporte a los pies de Cristo. Puede que se trate también de la superposición de los dos emblemas de la Salvación en el Antiguo y Nuevo Testamento: la tau y la cruz.
   La Cruz horquillada (Gabelkreuz) es excepcional.
   Estas cruces multiformes varían, además, por su ornamentación.
   La cruz triunfal cubierta de piedras preciosas que el emperador Constantino hizo erigir en Jerusalén y que se reproduce en el mosaico del ábside de la iglesia de Santa  Pudenciana, en Roma, se llama cruz gemmada  (Gemmenkreuz).
   En la época gótica se adornó la cruz de tau o potenzada, recortando sus extremos en forma de trébol o de flor de lis (trebolada y flordelisada).
2. La cruz verde o Árbol de Vida (Lignum vitae)
   Por la virtud vivificadora de la Santa Sangre, el árbol muerto al que Cristo fuera sujeto, vuelve a la vida. Una popular antífona comenzaba por O crux, viride lignum. Esta idea mística, popularizada por san Buenaventura en su Lignum Vitae, ha inspirado un cierto número de obras de arte.
   Una variante del Árbol de Vida es la cruz podada (Kreuz mit Aststümpfen), compuesta por dos troncos de árbol no descortezados, a los cuales simplemente se han quitado las ramas. Con frecuencia el travesaño se curva por el peso del cuerpo del crucificado (Crucifixión de Isenheim), igual que un arco sometido a la tensión de la cuerda, para sugerir así la idea de un cuerpo que será proyectado hacia el cielo como una  flecha que dispara  un arquero.
   Pero el arte simbólico prefiere a la cruz podada, la cruz arborescente, de la que parten ramas floridas. Con frecuencia esas ramas llevan los frutos místicos que corresponden a los acontecimientos de la vida de Cristo. Y a veces son discos (tondos) en los que están inscritos los nombres de las virtudes del Redentor, o bien grandes hostias de blancura deslumbrante con el sello de la imagen del Crucificado entre la Virgen y san Juan.
   Este árbol de la Redención (Albero della Redenzione) es el atributo habitual de San Buenaventura.
3. La cruz viva o braquial
   Se ha llegado aún más lejos en esta «animación» de la cruz del Redentor: no satisfechos con darle una vida vegetal, con transformar la madera muerta en un tallo arborescente, el arte simbólico la convirtió en una criatura humana. Además del Árbol de la Vida, se imaginó una cruz viva o braquial, cuyas ramas están reemplazadas por brazos.
   De los cuatro segmentos de la cruz se ven salir y moverse brazos humanos.
   El brazo superior, erguido en medio de la cabeza de Cristo, abre con una llave la puerta de la Jerusalén Celestial.
   El brazo inferior, bajo los pies de Cristo, hunde a martillazos la puerta de los Infiernos, detrás de la cual aparece Satán encadenado y los justos del Antiguo Testamento que esperan su liberación.
   El brazo lateral derecho sostiene una corona encima de la cabeza de la Iglesia, que recoge la sangre de Cristo en un cáliz. A veces está montada sobre un león y rodeada por los cuatro evangelistas: san Mateo, san Juan, san Lucas y san Marcos, cada uno con sus atributos.
   Finalmente, el brazo izquierdo está armado con una espada que hunde en el cuerpo de la Sinagoga ciega montada en un asno. La Sinagoga tiene los ojos vendados y lleva en la mano un estandarte con el asta partida, donde hay un escorpión pintado, símbolo de la perfidia de los judíos.
   A los pies de la cruz está el esqueleto de Adán extendido horizontalmente, como en la Crucifixión esculpida en el tímpano de la portada central de la catedral de Estrasburgo.
   El arte francés, italiano y alemán nos ofrece numerosos ejemplos de este curioso tema: una miniatura del Hortus Deliciarum, pinturas anónimas del Museo de Cluny, en París, del Museo de Beaune, de San Petronio de Bolonia y de la Pinacoteca de Ferrara, el tímpano esculpido de San Martín de Landshut (1432); un fresco en Insbruck (Tirol); un cuadro de Hans Fries, en Friburgo (Suiza), xilografías... A estos ejemplos se agrega un fresco ruso del siglo XVII, en la  iglesia de San Juan Bautista de Iaroslav, sobre el río Volga.
   El fresco de laroslav -escribe Paul Perdrizet, que lo comentó en 1923 en una revista alsaciana- es una representación «completamente única». Y agrega: «El brazo izquierdo de la cruz se termina en un brazo humano que detiene la Muerte y la desmonta en el momento en que sobre un caballo negro del Erebo (sic) se lanza contra el Crucificado.»
   Allí hay un doble error. Ese motivo está lejos de ser único, puesto que se pueden citar al menos una  decena de ejemplos anteriores en el arte de Occidente. Además, la interpretación que hace Perdrizet es pura fantasía. La Muerte que se precipitaría contra el Crucificado es simplemente la Sinagoga a la cual el brazo de Cristo parte el cráneo con un mandoble, y el «caballo negro del Erebo» que le sirve de montura es, más prosaicamente, un asno que encarna, al igual que el macho cabrío, uno de los símbolos tradicionales del judaísmo.
   Para convencerse de que ese es el significado de esta representación, basta observar que la figura que hace juego con la Sinagoga es la Iglesia, encima de la cual el otro brazo de la cruz braquial suspende una corona.
   Lo cierto es que el fresco de Iaroslav, que combina los temas del Árbol de vida y de la cruz viva no es una creación original. El pintor moscovita la ha calcado de un prototipo occidental. probablemente un grabado tomado de la Biblia holandesa de Piscator. Pero tuvo la precaución de rusificar el modelo introduciendo en el decorado una iglesia de cinco cúpulas bulbosas.
   Cualquiera sea el sentido de esta alegoría, debe admitirse que la cruz braquial es una monstruosidad estética cuya desaparición no lamentará nadie.
El color de la cruz
   Los relatos de los evangelistas resultan poco explícitos tanto acerca del color como de la forma de la cruz de Cristo.
   En las vidrieras francesas del siglo XII está pintada ya de verde, ya de rojo. En la fachada occidental de la catedral de Chartres, en la vidriera de la Pasión, el Crucificado está clavado en una cruz verde. Es la traducción plástica de la antífona que comienza con estas palabras: O crux, viride lignum.
   El color verde de la cruz, tanto si es escuadrada o podada, significa que la cruz salvadora no es una madera muerta sino el Árbol de Vida. 
   Por el contrario, en el coro rectangular de la catedral de Saint Pierre de Poitiers, la magnífica vidriera de la Crucifixión nos muestra a Cristo clavado a una cruz roja del color de la sangre. Se adivina la intención del pintor vidriero para quien esta "cruz más roja que herida que sangra" simboliza no el Árbol de Vida, sino el sangriento sacrificio del Redentor.
B) La representación simbólica
   A diferencia del crucifijo donde Cristo se representa aislado, la Crucifixión siempre se acompaña con una representación simbólica o pictórica.
   Antes de convertirse en un cuadro vivo y espectacular que reúne en la cima del Gólgota a todos los protagonistas y actores de reparto del drama, como sobre la escena de un teatro, la Crucifixión ha sido concebida como la unión simbólica del Antiguo y el Nuevo Testamento.
   En las miniaturas y en las vidrieras prefigurativas, Cristo en la cruz está flan­queado por sus cuatro prefiguraciones bíblicas inscritas en tondos: Abel, que fue ases­inado por su hermano Caín, como Jesús por los judíos; la Serpiente de bronce curadora que Moisés hizo elevar sobre una pértiga, como lo fuera el Redentor sobre la cruz; la Fuente de agua viva que brotó de la roca golpeada por la vara de Moisés, como el agua del flanco de Jesús abierto por la herida de la lanza de Longinos; el Racimo de uvas de la Tierra Prometida suspendido de una pértiga, como Jesús crucificado cuya sangre roja llena el cáliz de la Iglesia.
   Aún con mayor frecuencia, Cristo aparece enmarcado en el cielo por el Sol y la Luna, en la tierra por la Iglesia y la Sinagoga, al tiempo que la calavera de Adán recuerda que la muerte del Mesías redimió el pecado Original.
1. El Sol y la luna.
   Fuentes en las Escrituras
   Los Evangelios  (Mateo, 27: 45; Marcos, 15: 33; Lucas, 23:44) informan que entre la sexta y la novena hora, es decir, desde el mediodía  hasta las tres de la tarde, el momento en que Cristo expiró, el sol se oscureció y las tinieblas cubrieron la tierra.
   Este eclipse simbólico recuerda una profecía del Antiguo Testamento (Amós, 8:9): "Aquel día, dice el Señor Yavé, / haré que se ponga  el sol al mediodía, / y en pleno día tenderé tinieblas sobre la tierra."
   El texto no explica por qué al sol se agregó la luna que no podía resultar visible al mediodía. Pueden darse tres razones de ello. La primera, es que se produjo una confusión entre los signos que acompañan la Muerte de Cristo y los que se producirán en el Juicio Final. En el Evangelio de san Mateo (24: 27 - 29) se lee: « ... así será la venida del Hijo del hombre ( ...) después de la tribulación de aquellos días, se oscurecerá el sol, y la luna no dará su luz...». Ese pasaje fue aplicado a la Crucifixión.
   La luna también convenía al arte simbólico que se complacía en ver en los dos sitios que se eclipsan no sólo la imagen de la naturaleza en duelo por la muerte del Redentor, sino también los emblemas del Antiguo y Nuevo Testamento. San Agustín compara explícitamente el Antiguo Testamento, inexplicable sin la intermediación del Evangelio, con la Luna, que toma su luz del Sol.
   Finalmente -y esta  explicación  tal vez nos exima  de las otras- los artistas que no pueden prescindir de la  simetría,  necesitaban  la  luna,  simplemente para  hacer pareja con el sol y equilibrar sus composiciones.
Orígenes paganos
   Los orígenes orientales y helénicos de estas representaciones astrales son indudables. Los monumentos dedicados en Persia al dios Mithra ofrecen cantidad de ejemplos de esta asociación del sol y la luna con una divinidad superior.
   Cinco siglos antes de la era cristiana, en el frontón del Partenón, Fidias había enmarcado entre el Sol que asciende y la Luna que desciende en el horizonte, el Nacimiento de Atenea, divinidad epónima de Atenas.
   Por otra parte, la Antigüedad pagana atribuía al Sol y a la Luna, consideradas residencias de los muertos, un significado funerario: así se comprende que el arte cristiano haya aplicado este simbolismo a la muerte de Cristo.
Iconografía
   Las representaciones de los dos astros tienen por otra parte un carácter pagano muy marcado. Y se clasifican en dos series: anicónica y antropomórfica.
   A veces el Sol está representado por un disco radiado, la Luna por un creciente inscrito en un círculo; pero en la mayoría de los casos los dos astros están personificados por divinidades paganas que no se tomaron el trabajo de cristianizarse. Son tanto bustos de Helios y de Artemisa sosteniendo una antorcha, como el Sol que conduce una cuadriga tirada por caballos al tiempo que la Luna se contenta más modestamente con una biga tirada por dos vacas.
   A veces ocurre que la Luna, transformada en Lunus, esté representada por un personaje masculino.
   El lugar que ocupan los dos astros simétricos encima de los brazos de la Cruz está regido por una especie de ceremonial planetario: al Sol siempre corresponde el lugar de honor, a la derecha de Cristo; la Luna está a su izquierda.
   Este ordenamiento, aunque tradicional, registra sin embargo algunas excepciones. En ciertas portadas de Evangeliarios, el Sol y la Luna están reemplazados por los animales del Tetramorfos. En una placa de oro repujado del Evangeliario Ashburnham (Margan Library, Nueva York) que procede de la abadía de Saint Denis, los astros están superpuestos encima de la cabeza de Cristo.
   Para dar la idea de un eclipse, los artistas recurrieron a procedimientos muy ingenuos: las nubes tapan un segmento de los discos del Sol y de la Luna o toda su superficie está cubierta de color oscuro.
   Para expresar la tristeza al mismo tiempo que el oscurecimiento, los dos astros personificados se tapan el rostro con las manos.
   En la Crucifixión del Salterio Jludov, el Sol da vuelta la cabeza.
   Al mismo tiempo que se eclipsa el Sol, el velo del templo se desgarra por el centro (velum Templi scissum est.). Esos dos símbolos tienen el mismo carácter antropomórfico. De la misma manera que los hombres de la Antigüedad expresaban su duelo no sólo velándose la cara, sino, además, desgarrando sus vestiduras, la ruina del templo de Jerusalén se anuncia por el desgarramiento del velo del santuario.
   El Sol y la Luna forman pareja con la Tierra y el Mar (Terra et Oceanus), que están al pie de la cruz.
2. La iglesia v la sinagoga
   Estos símbolos cósmicos no están solos.
   La Iglesia y la Sinagoga, que volveremos a encontrar en la iconografía del Juicio Final, donde simbolizan a los Elegidos y a los Réprobos, en las crucifixiones tienen la misma función antitética que el Sol y la Luna.
   En el momento en que Cristo expiró, el velo del templo se rasgó por el centro, desde arriba hasta abajo (Mateo, 27: 51). Dicha ruptura señala simbólicamente el fin del reinado de la Sinagoga a la cual sucederá la Iglesia de Cristo.
   A la derecha, la Iglesia, apoyada con orgullo en el asta de un estandarte, recoge la sangre de Cristo en un cáliz. A la izquierda, la Sinagoga, con los ojos vendados por un velo o una serpiente, empuña los fragmentos de su lanza quebrada, y, renunciando a la lucha, deja caer las Tablas de la Ley.
   A veces se observan curiosas variantes. En una miniatura del Hortus Deliciarum (siglo XII), la Iglesia reina sobre un animal de cuatro cabezas que simboliza a los Evangelistas, al tiempo que la Sinagoga está sentada sobre un asno que tropieza. En otras representaciones, monta un macho cabrío. En algunas miniaturas francesas del siglo XIII (Misal de la Biblioteca de Lyon, Misal de san Vanne en la Biblioteca de Verdun), se ve a la Sinagoga ciega golpear con su lanza al Cordero de Dios.
   En el Descendimiento de la cruz de B. Antelami, un ángel obliga a la Sinagoga a bajar la cabeza.
   Este tema ya aparece con frecuencia en el arte carolingio, y se lo encuentra en los marfiles y en las miniaturas (Sacramentario de Drogon, hacia 850); en el siglo XII pasó a la escultura monumental.
3. Adán al pie de la cruz
   El primer hombre por medio del cual entró el pecado en el mundo está representado simbólicamente al pie de la cruz redentora.
   Aparece en diversas formas, la mayoría de las veces, reducido a una cabeza o a una calavera; pero en ciertas ocasiones, con el esqueleto entero e incluso resucitado por la sangre divina.
     1. La calavera de Adán
   Los cuatro evangelistas recuerdan (Mateo, 27: 34; Marcos, 15: 62; Lucas, 23: 31; Juan, 19: 17), que la colina del Gólgota sobre la cual fuera crucificado Jesús, en arameo significa «calavera», sin duda porque la colina pelada tenía esa apariencia.
   Por eso casi siempre los artistas de la Edad Media incluyen la representación de una calavera al pie de la cruz, que parece ser, simplemente, un signo toponímico, el jeroglífico del Calvario.
   Al principio sólo se vio en ella, indudablemente, el símbolo de la muerte solar, la cual se yergue triunfal la cruz, símbolo de vida.
   Pero no se trata de una calavera cualquiera. La leyenda la identifica con la de Adán, que habría sido enterrado en el Gólgota, en el mismo lugar donde se plantó la cruz de Jesús. En el momento en que el Salvador expiró, «la tierra tembló y se hendieron las rocas; se abrieron los monumentos, y muchos cuerpos de santos que dormían, resucitaron» (Mateo, 27: 52), por eso la calavera del primer hombre, enterrada desde hacía milenios, volvió a salir a la luz.
   En verdad, los evangelistas no hablan de Adán, la inclusión de éste es una pura invención de los teólogos que deseaban establecer una relación entre el pecado Original y la Muerte redentora de Cristo. La Cruz, construida con la madera procedente de una vara del árbol de la Ciencia plantado sobre la tumba de Adán, se consideraba brotada en su cráneo. La misma idea se expresa con una serpiente enrollada al pie de la cruz, que tiene en sus fauces el fruto de perdición.
   Ocurre que a la calavera de Adán se le agregue la costilla de la que saliera Eva, o bien se sustituya aquélla por ésta, emblema de la principal culpable del pecado Original.
   En Dafni, la calavera de Adán está rociada por la sangre que sale de las heridas de los pies de Cristo. Incluso a veces, como ocurre en un cuadro de la escuela de la Kunsthaus de Zurich del siglo XIV, la calavera puede estar colocada al revés bajo la cruz, y cumple la función de cáliz donde gotea la sangre del Redentor.
     2. El esqueleto de Adán
   En el arte de la Edad Media se conocen pocos ejemplos con el cuerpo de Adán extendido al pie de la cruz.
   El más antiguo es una miniatura del Apocalipsis del Beato que se encuentra en la Biblioteca Capitular de la catedral de Gerona (975). Al pie de la cruz donde la Sangre de Cristo gotea en un cáliz, reposa en un sarcófago el cuerpo de Adán, envuelto en fajas como una momia.
   Un dibujo a la pluma del Hortus Deliciarum iluminado en el siglo XII por los soldados de la abadesa alsaciana Herrada de Landsberg, muestra bajo la cruz ya no el cadáver sino el esqueleto de Adán acostado en un ataúd.
   Es probable que en este dibujo se haya inspirado el escultor anónimo del tímpano de la portada central de la catedral de Estrasburgo. La exactitud de la anatomía de las mandíbulas, de los huesos de la pelvis y de las articulaciones del codo, sorprende en una obra del siglo XIII, permite suponer que el artista copió un esqueleto que vio en una tumba abierta, ya en un osario medieval, ya en una necrópolis prehistórica.
   Esta innovación  no creó escuela, sin embargo puede advertirse la influencia de esta obra en el Juicio Final de la catedral de Friburgo, Brisgau (Suiza), donde al contrario de lo que ocurre en la tradición francesa, aparecen esqueletos entre los muertos resucitados.
     3. El Resurgimiento de Adán
   Después de la descripción de las señales que acompañaron la muerte de Cristo, en el Evangelio de Mateo (27: 52) se lee que "muchos cuerpos de santos que dormía, resucitaron".
   Los teólogos concluyeron que Adán fue devuelto a la vida por la virtud vivificadora de la sangre de Cristo.
   A partir del siglo X, en la miniatura del Apocalipsis de Gerona, Adán, nuevo Lázaro, abre los ojos bajo el rocío redentor de la sangre de Cristo, fuente de vida.
   Este tema era conocido por los bizantinos, porque en el siglo XII, en un mosaico de San Lucas en Fócida, se ve a Adán resucitado por la sangre divina, que abre los ojos al pie de la cruz.
   Pero los honores del enriquecimiento del tema se deben al arte Occidente.
   No se limitaron a representar a Adán al pie de la cruz y con los ojos abiertos, éste sale de su tumba. Ya elevando las manos unidas hacia el Redentor, ya recogiendo su sangre en un cáliz.
   Este tema se ha representado con frecuencia, a partir del siglo XII, en las cruces medievales de orfebrería. Citemos, por ejemplo, la bella cruz procesional de la iglesia de Tredos, en el valle de Arán (Lérida ): Adán sale semidesnudo de su tumba y une las manos.
   En Saint Michel de Lüneburg, en Westfalia, esta representación está acompañada por una inscripción explicativa: Adae morte novi, redit Adae vita priori. Por la muerte del nuevo Adán (Jesucristo), la vida regresa al primero.
   Es lo que muestra también una miniatura del siglo XIII en el Misal de Saint Remi (Biblioteca de Reims) donde la resurrección del primer hombre viene acompañada de esta inscripción explicativa: Ecce resurgit Adam cui dat Deus in cruce vitam.
   Una miniatura del siglo XIV, del Salterio de Robert de Lisle (Museo Británico), representa a Adán saliendo de la tumba.
   En el retablo de madera labrada de Saint Thibault en Auxois, que también se remonta al siglo XIV (hacia 1320), Adán resucitado se yergue al pie de la cruz del Redentor.
   La evolución de este tema comporta también una tercera y última etapa.
   En un Misal del Mont Saint Éloi (Biblioteca de Arras), iluminado hacia 1360, una miniatura evoca a Adán saliendo de su tumba para recoger en un cáliz la sangre de Cristo. El mismo tema se encuentra en el manuscrito Arundel del Museo Británico en una vidriera de la catedral de Beauvais y en el monumental crucifijo del municipio de Wechelburg, en Sajonia, que se remonta, aproximadamente a 1335.
   De esa  manera  se atribuye a Adán  resucitado el papel que habitualmente desempeña la figura alegórica de la Iglesia o los ángeles que planean alrededor del Crucificado.
4. Dios Padre
   Dios Padre aparece excepcionalmente en busto, encima de la cruz, para bendecir a su Hijo en el momento en que entrega el alma.
5. Los ángeles recogen la sangre de Jesús
   Este tema, que aparece en el siglo XIV, está inspirado en la creencia en los ángeles psicopompos que recogen en un lienzo inmaculado las almas de los muertos. Nada más gracioso que esos ángeles que vuelan alrededor de Cristo como golondrinas alarmadas y quejumbrosas.
   Su número es variable, a veces hay cinco, uno por cada herida, en ese caso cada cual lleva un cáliz en la mano. Casi siempre son tres, porque habría que hacerlos volar muy bajo para recoger la sangre de los pies: es la mejor solución plástica. Cuando su número se reduce a dos, el mismo ángel, con un santo Grial en cada mano, debe recoger la sangre de la mano derecha y de la herida del costado, lo cual no es una solución muy feliz.
   Los ángeles no se limitan a esa función  de recolectores de la sangre de las heridas en los cálices. Los hay que se lamentan, o se velan el rostro como si fuesen incapaces de soportar el horror del espectáculo. En un fresco italiano del siglo XIII que se encuentra en la capilla de San Silvestre, en Roma, un ángel quita la corona de espinas y la reemplaza por una corona real. Duccio inventa el gesto ingenuo de dos angelitos que, en los dos extremos del travesaño de la cruz, besan tiernamente las manos del Crucificado.
   Además hay un ángel delegado para recibir el alma del Buen Ladrón, al tiempo que un demonio coge el alma que escapa de la boca convulsa del Mal Ladrón.
6. El pelícano simbólico
   El simbolismo animal de los Bestiarios también tiene un papel en la Crucifixión.
   El pelícano que se abre el pecho para alimentar con su sangre a sus polluelos hambrientos, se considera un emblema de Jesucristo sangrando en la cruz para redimir a la humanidad. El arte se limita a ilustrar las palabras del Salmo l02: 7, que en la Vulgata están traducidas así: Similis factus sum pelicano (Me parezco al pelícano).
   El pájaro simbólico posado en lo alto de la cruz ha sido representado de dos maneras diferentes. En las obras más antiguas, se ve brotar de la cima del Árbol de la Cruz una rama verde en cuyo follaje ha anidado el pelícano. A partir del siglo XV, aparece simplemente posado sobre la madera de la cruz.
7. David y San Juan Bautista
   Para terminar con la representación simbólica de la Crucifixión, todavía se debe mencionar la introducción de personajes muertos antes que Cristo o nacidos muchos siglos después que él, y que en consecuencia no han podido asistir a su sacrificio.
   A veces se representan a cada lado de la cruz, al rey David y al precursor San Juan Bautista, a título de profetas de la Crucifixión.
   A David se atribuye, en efecto, el Salmo 22, donde se dice: «... han taladrado mis manos y mis pies (Forerunt manus et pedes meos).»
   En cuanto a san Juan Bautista, señala y saluda a Cristo en la cruz como lo hiciera ante el pueblo de Jerusalén cuando Jesús fuera a hacerse bautizar en el Jordán, diciendo: Ecce Agnus Dei.
   Este tema, bastante infrecuente, sólo se encuentra con cierta asiduidad en la pintura alemana de principios del siglo XVI.
   Con el mismo espíritu los pintores introdujeron en la escena de la Crucifixión santos e incluso donantes que se asocian anacrónicamente a ella por medio oración, de la misma manera que se los encuentra agrupados alrededor de la Virgen en una Santa Conversazione.
   Fra Angelico arrodilla al pie de la cruz al fundador de su orden, santo Domingo. En las Crucifixiones franciscanas, es san Francisco de Asís, naturalmente, a quien se reserva el privilegio. También se ve aparecer a san Jerónimo.
     C) La representación histórica
   En las Crucifixiones que buscan representar la realidad del acto de la Redención y no el símbolo, Cristo en la cruz aparece rodeado de personajes que tuvieron un papel activo o pasivo en el acontecimiento. Su número creció sin cesar entre el siglo XII y finales de la Edad Media, luego, se volvió un tema infrecuente.
   Según el número de personajes, pueden distinguirse numerosos tipos de Crucifixiones:
1. La Crucifixión con un solo personaje: Cristo está solo en la cruz.
2. La Crucifixión con tres personajes. A cada lado de la cruz están la Virgen y Juan. Es el tema de las cruces triunfales erigidas sobre mástiles o en los trascoros.
3. La Crucifixión con cuatro personajes. María Magdalena arrodillada al pie del crucifijo se suma a la Virgen y san Juan.
4. La Crucifixión como gran espectáculo, con la multitud invadiendo el Calvario.
   Este último es el que prevalece en el arte de finales de la Edad Media y el Renacimiento.
   Por la influencia de la puesta en escena de los autos sacramentales de la Pasión, los elementos simbólicos tienden a desaparecer para dejar su lugar a un «cuadro que no tiene nada de reconstrucción histórica (porque los anacronismos abundan en él), pero donde se juntan desordenadamente todos los actores y espectadores de la triple ejecución.
   Para el pueblo de la Edad Media, una ejecución era una diversión. Las horcas de los patíbulos atraían tantos curiosos como las portadas reales. Por ello se explica que la Crucifixión tendiera a convertirse en un espectáculo, como el cortejo de los Reyes Magos.
   Lo pictórico gana con ello, pero en detrimento de la unción, y a veces hasta de la decencia. Ciertas Crucifixiones del siglo XV hacen pensar involuntariamente en una "feria callejera", o en una ruidosa verbena en el Calvario.
   La nueva fórmula toma el principio de ordenación simétrica del tema simbólico enriqueciéndolo. En la multitud que pulula en el Gólgota destacan parejas simétricas que conforman la armadura inmutable de la composición: el Buen y el Mal Ladrón, el Lancero y el Portaesponja, la Virgen y San Juan, que corresponden respectivamente al Sol y a la Luna, a la Iglesia y a la Sinagoga, a David y a san Juan Bautista.
   Todos estos personajes pueden repartirse en dos categorías: actores y espectadores apiadados, indiferentes u hostiles.
1. Los Actores
   Los actores de reparto del drama  que protagoniza Jesús, son los dos Ladrones, el Lancero y el Portaesponja y finalmente los soldados que sortean las vestiduras del Redentor.
     1. Los dos ladrones
   Muy pronto la iconografía se esforzó en diferenciar al Buen del Mal Ladrón, llamados Dimas y Gestas, oponiéndolos, por una parte a Cristo, y por otra, entre sí.
   Para diferenciarlos del Redentor, a veces se los representa con los ojos vendados. 
   Pero sobre todo se diferencian por la forma de la cruz y el modo en que están fijados a ella. Al tiempo que en el arte bizantino y en la pintura italiana que deriva de éste, los Ladrones están crucificados de la misma manera que Cristo, en cruces semejantes y clavados, los países del norte adoptaron otra fórmula: en vez de estar clavados como Cristo sobre una crux immissa, están atados con cuerdas a una crux commisa en forma de tau (T). Resulta de ello que los brazos de Cristo están extendidos, mientras que los Ladrones los tienen pasados por detrás del travesaño. En el tímpano de la iglesia de Saint Pons de Thomieres, al igual que sobre el Arca Santa de la catedral de Oviedo, aparece una curiosa variante: el travesaño de la cruz tiene dos perforaciones en las que están metidos los brazos de los Ladrones.
   Cabe señalar, de paso, que esta diferencia entre los instrumentos del suplicio es irreconciliable con la leyenda de la Invención de la Santa Cruz de santa Helena. No se habría necesitado un milagro para reconocer a la verdadera Cruz (Vera Cruz), es decir, la de Cristo, si las de los Ladrones eran de otra clase que la suya.
   Además, los verdugos les parten las piernas a golpes de maza, mientras que Cristo es atravesado por una lanzada.
   También se cuidó diferenciar al Buen del Mal Ladrón. El Buen Ladrón siempre se sitúa a la derecha de Cristo, es joven e imberbe, lo cual se corresponde con el ideal griego de belleza y de bondad, al tiempo que su compañero es barbudo. El bueno es calmo y resignado, mientras que el malo se retuerce entre las ligaduras como un Laocoonte apresado por serpientes. El primero eleva los ojos confiados hacia Cristo, mientras que el otro los baja o vuelve la cabeza. Un ángel recoge el alma del Ladrón arrepentido a quien Jesús ha prometido el Paraíso (Lucas, 23:43), al tiempo que un negro demonio con alas de murciélago se apodera del alma del impenitente.
   A título de curiosidad iconográfica, debe señalarse la manera del todo anormal en que los hermanos de Limbourg han representado al Mal Ladrón en las Muy Ricas Horas del duque de Berry. Está sujeto a la parte posterior de la cruz, de tal manera que da la espalda a los espectadores.
   En su Crucifixión del Museo de Amberes, Antonello da Mesina  imaginó un Mal Ladrón enardecido por el dolor, cuyo cuerpo está tenso como un arco.
     2. La lanzada del centurión
   El relato del Evangelio de Juan y las fuentes bíblicas. Los Evangelios sinópticos no dicen nada de la transfixión de Cristo por el lancero. Sólo en el Evangelio de san Juan (19: 28-37) se encuentra un relato circunstanciado de este acontecimiento: "Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba ya consumado, para que se cumpliera la escritura, dijo: Tengo sed. ( ...) Fijaron en una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la llevaron a la boca. Cuando hubo gustado el vinagre, dijo Jesús: Todo está acabado, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
   "Los judíos, como era el día de la Parasceve, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el día de sábado, por ser día grande aquel sábado, rogaron a Pilato que les rompiesen las piernas y los quitasen. Vinieron, pues, los soldados y rompieron las piernas al primero y al otro que estaba crucificado con Él; pero llegando a Jesús, como le vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado, y al instante salió sangre y agua. (...) esto sucedió para que se se cumpliese la Escritura: No romperéis ni uno de sus huesos."
   De ese relato resulta en principio, con evidencia, que los episodios de la esponja empapada en vinagre y de la transfixión por la lanza (aceto potatus, lancea perforatus) han sido inventados por el evangelista sólo para justificar la consuma­ción de las profecías del Antiguo Testamento. En los Salmos 69 y 22 estaba escrito "... y en mi sed me dieron a beber vinagre." Por otra parte, la Ley mosaica (Éxodo, 12:10, Números, 9: 12) prescribe que en ningún caso los huesos del cordero pascual deben quebrarse. Y como Cristo crucificado está asimilado al Cordero pascual, de allí deriva que las piernas de Cristo tampoco podían quebrarse. Por ello no se le inflige el crurifragium, que era la regla en la Antigüedad para asegurarse de la muerte de los condenados, y se la reemplazó por la lanzada.
   Según San Juan, Jesús ya estaba muerto cuando recibió la lanzada. Pero en la iconografía y la liturgia se encuentran las huellas de la otra tradición que se inspira en un pasaje interpolado del Evangelio de san Mateo, que dice que Jesús aún estaba vivo cuando el soldado le dio el golpe de gracia. Esta  tradición sobrevive en el responso Tenebrae del Oficio del Viernes Santo; y además, el erudito benedictino D. Hesbert de la abadía de Solesmes,  ha encontrado una serie de obras de toda naturaleza: miniaturas, frescos, baldaquino de oro de San Ambrosio de Milán, repartidas entre los siglos VI y XII, que representan incuestionablemente la Transfixión de Cristo vivo.
   Por lo tanto nos encontramos en presencia de dos tradiciones contradictorias: según el Evangelio interpolado de san Mateo, la transfixión del Redentor habría tenido lugar antes de su muerte; de acuerdo con san Juan, que se dice testigo ocular, habría ocurrido después.
   Interpretaciones fisiológica y simbólica del agua y de la sangre que corren de la herida de Cristo. La medicina moderna explica a su manera, sin recurrir al milagro, el humor sanguinolento, mezcla de sangre y de agua, que brotó de la herida de Cristo Jesús, que tenía predisposición a la  tuberculosis, simplemente habría contraído una pleuresía durante la noche de su arresto.
   Esta interpretación patológica parece pueril si se piensa que en el espíritu del autor del cuarto Evangelio y de los teólogos de la Edad Media, ese fenómeno cuenta menos como hecho real que como símbolo bautismal y eucarístico. El agua simboliza el bautismo, y la sangre, la eucaristía.
   En el arte prefigurativo, la Lanzada está enmarcada por dos prefiguraciones bíblicas: Eva, imagen de la Iglesia, sale de la costilla de Adán y Moisés hace brotar una fuente de la roca con ayuda de su vara.
   La Leyenda popular de Longinos y de Stephaton. La devoción de la Edad Media no podía contentarse con textos, auténticos o interpolados de los Evangelios canónicos y con símbolos imaginados por los clérigos. Lo que el pueblo quería conocer, sobre todo, eran los nombres del lancero y del portaesponja. De acuerdo a los Acta Pilati, se llamaban Longinos y Stephaton.
   La fuente del nombre Longinos es transparente: en griego, «lanza» se longke. Longinos sólo sería una lanza personificada.
   Pero desgraciadamente no había acuerdo acerca de la personalidad de Longinos. Juan sólo habla de un soldado anónimo que atravesó con su lanza el costado de Cristo. Pero los Evangelios sinópticos (Mateo, 27: 54; Marcos, 15: 39; Lucas, 23: 47) mencionan el testimonio de un centurión, quien, convertido por la muerte de Cristo, habría exclamado: «Verdaderamente, éste era Hijo de Dios (Vere Filius Dei erat iste)». Ese centurión inscrito en el Menologio griego en la fecha 16 de octubre, fue identificado con el lancero y bautizado Longinos, aunque sea poco razonable admitir que el mismo hombre haya podido atravesar el costado de Jesús y confesar su divinidad.
   La Leyenda Dorada lo convirtió en un héroe de novela. Se imaginó que era ciego: habría sido curado milagrosamente por una gota de sangre que brotó de la herida del Redentor.
   Ese es el fabuloso Longinos (puesto que resulta difícil de creer que los romanos hayan empleado soldados ciegos para asestar el golpe de gracia a los condenados a muerte) que adoptó la Iglesia católica. Y hasta lo convirtió en un santo figura en el Martirologio romano, en la fecha 15 de marzo: su lanza se convirtió en una de las más insignes reliquias de la basílica de San Pedro de Roma.
   El resultado de esta combinación hagiográfica es que en el arte cristiano se encuentran dos Longinos que parecen excluirse, pero que, cosa curiosa, a veces han sido yuxtapuestos. En el gran retablo de Conrad de Soest. en Niederwildungen (1404) Westfalia, esos personajes duplicados forman pareja, a cada lado de la cruz: el centurión convertido tiene una filacteria en la cual está inscrito su "testimonio verídico" (Vere filius Dei erat iste) y el ciego, guiado por un escudero, hunde su lanza en el costado de Cristo, cuya sangre ha de devolverle la vista.
   La iconografía de san Longinos es bastante rica. Mantegna lo representó entre los patrones de Mantua en la Madonna della Vittoria (Louvre). Mathis Nithart (Grünewald) le hace un lugar, a título de heraldo de la divinidad de Cristo, en su pequeña Crucifixión de Basilea.
   En la pintura barroca, la obra más poderosa inspirada por este tema es el célebre cuadro Lanzada, de Rubens, que se encuentra en el Museo de Amberes.
   La Edad Media se interesó mucho menos en el portaesponja que en el lancero, llamado generalmente Stephaton, según los Acta Pilati, en el arte bizantino se le llamó Esopo, simple deformación de hisopo, de la misma manera que Longinos deriva de longke (la lanza). Los teólogos lo convirtieron en el símbolo de los judíos recalcitrantes, para oponerlo al lancero, que simboliza a los gentiles convertidos. Por eso es siempre es situado a la izquierda de Cristo (el flanco de la Sinagoga). Se conocen muy escasas excepciones a esa regla. No obstante, en un Evangeliario irlandés del siglo VIII que se conserva en la Biblioteca de San Galo, en contra de la tradición, es el lancero el representado a la izquierda de Cristo.
   En cierto número de esculturas prerrománicas, en piedra o en orfebrería, Longinos y Stephaton están representados a cada lado de Cristo crucificado, con una rodilla en tierra.
3. Los soldados echan suertes sobre la túnica de Cristo
   Juan, 19: 23. «Los soldados, una vez que hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costuras, tejida toda desde arriba. Dijéronse, pues, unos a otros: No la rasguemos, sino echemos suertes sobre ella para ver a quién le toca, a fin de que se cum­pliese la Escritura: 'Dividiéronse  mis vestidos y sobre mi túnica echaron suertes.'»
   Esta referencia al Salmo 22: 19, es la mejor prueba de que el Evangelio ha tomado esta escena, como las precedentes, del Antiguo Testamento. Por otra parte, es muy verosímil, porque la ropa de los condenados pertenecía por derecho a los verdugos y a sus ayudantes, que obtenían con ello pequeños beneficios suplementarios.
   Los artistas eligieron tanto uno como el otro de los dos episodios indicados en el Evangelio según san Juan. A veces los soldados cortan las ropas de Cristo con un cuchillo (Partiuntur vestimenta); en la mayoría  de los casos, por el contrario juegan a los dados o a la murra (italiano morra) la túnica sin costuras que constituye un lote indivisible.
   Por lo general, en número de cuatro, están acuclillados en un rincón, en primer plano, y disputan con encono el pobre botín.
   Esos truhanes, que estarían más en su sitio alrededor de la mesa de una taberna, en la puesta en escena de la Crucifixión aportaron una nota picaresca que apreciaba mucho el público poco exigente del teatro de los Misterios.
2. Los espectadores
   Entre los espectadores, unos son parientes o discípulos que se lamentan y los otros simples curiosos que asisten con indiferencia a la Crucifixión del Redentor.
     1. Los Llorosos
         La Virgen
   En todas las Crucifixiones anteriores a finales del siglo XIII, la Virgen y San Juan, la madre y el discípulo preferido a quien Cristo agonizante había confiado y como encomendado uno al otro (Juan, 19: 26), forman pareja, uno a cada lado de la cruz, como el Sol y la Luna, el Buen y el Mal Ladrón, el Lancero y el Portaesponja. El lugar tradicional de la Virgen es a la derecha de su Hijo crucificado, mientras que san Juan se sitúa a la izquierda.
   En el siglo XIV se introdujo la costumbre de agruparlos a ambos del mismo lado.
          El segundo desmayo de la Virgen
   Este desplazamiento comporta un cambio radical en la actitud de la Virgen. Hasta entonces la Madre en duelo se mantenía estoicamente de pie bajo la cruz, puesto que no había nadie para sostenerla.
   En lo que expresan los tres primeros versos de la admirable endecha franciscana atribuida al hermano Jacopone di Todi:
          Stabat mater dolorosa
          Juxta crucem lacrimosa
          dum pendebat filius.
   A partir de entonces, se la ve desfallecer o caer hacia atrás en los brazos de San Juan o de las Santa Mujeres; con frecuencia se desmaya. El Desmayo reemplaza el Stabat.
   La Iglesia protestó energícamente contra esta manera de representar a la Virgen desfalleciente, que contradecía la tradición evangélica y que, además, era indecorosa ¿Convenía que la Madre de Dios fuera menos valiente que la madre de los siete hermanos Macabeos, que asistió a la tortura de sus siete hijos sin mostrar el menor síntoma de debilidad? Ciertos teólogos llegaron a calificar el Desmayo de la Virgen de indecencia.
   Desde el punto de vista artístico habría podido agregarse que este motivo presentaba además el grave inconveniente de crear un segundo centro de interés en la escena de la Crucifixión, y de quitarle unidad, desviando la atención de Cristo agonizando en la cruz.
   Pero todas estas objeciones resultaron ineficaces. Ese motivo más patético triunfó en el arte de la Edad Media, e incluso en el de la Contrarreforma (Lanfranc, Simon Vouet).
   El culto mariano, siempre invasor, exigía que en todos los temas evangélicos se precediera a la Virgen un lugar cada vez más importante, y que la Compasión de la Madre fuese mostrada al mismo tiempo que la Pasión del Hijo.
   Esta invención, más emotiva que racional, concuerda tanto con la sensibilidad religiosa de los siglos XV-XVII, que se la multiplicó de manera desmedida. María se desmaya en tres oportunidades, en el momento en que está Cristo con la cruz a cuestas, en ocasión de la Crucifixión y en el Descendimiento.
   No obstante, parece que se dudó largo tiempo antes de representar a la Virgen desfalleciendo y perdiendo el conocimiento al pie de la cruz. Si se sigue de cerca la evolución de este motivo, puede comprobarse que existe toda una gama de transiciones o gradaciones entre el Stabat y el Spasimo. En el arte del siglo XIV, la Virgen, que se siente desfallecer y necesita ser sostenida, todavía está de pie y tiene fuerzas como para mirar a Cristo. Sólo en las pinturas del siglo XV se la ve sentarse o caer al suelo.
   Más tarde, por la influencia de los jesuitas y de la nueva devoción de los Siete Dolores, el motivo del Desmayo fue reemplazado por la espada simbólica que atraviesa el corazón de la Madre dolorida.
   En las obras que acusan la tradición oriental, la Virgen se lleva la mano izquierda a la mejilla: el arte antiguo expresaba el dolor con ese gesto. En otra parte, cruza las manos sobre el pecho. En Aquileia, su mano derecha se apoya sobre la de una de las Santas Mujeres, compasiva, que quiere consolarla.
   Ciertos rasgos legendarios o simbólicos que se encuentran en la pintura de los siglos XIV y XV no son más que curiosidades iconográficas.
   a) La Virgen, asistida por San Juan, suplica al centurión que no rompa las piernas de su Hijo como lo hiciera a los dos Ladrones. Esta escena conmovedora pirada por las Meditaciones del Pseudo Buenaventura, fue ilustrada en el siglo XIV, en un manuscrito sienés de Juana de Evreux, y en el siglo XV en las Horas de Rohan (B.N., París).
   b) La Virgen recibe en pleno pecho el chorro de sangre que brota del costado del Crucificado y que parece atravesarla como una lanzada. Díptico parisino de marfil de Kremsmünster (siglo XIV).
   c) La Virgen extiende su manto azul para recibir la lluvia de sangre que cae desde los pies de su Hijo clavado en la cruz.
   Este detalle aparece en un tríptico español del Museo de Valencia, dedicado a la Santa Cruz y procedente de la cartuja de Porta Coeli.
   d) La Virgen adorando la cruz. Tema bastante infrecuente del cual se puede citar un ejemplo en el trascoro de la catedral de Chartres.
   San Juan permanece solo para representar a los apóstoles que se dispersaron después de haber traicionado, negado o abandonado a su Maestro.
   La Magdalena, que había perfumado y secado con su pelo los pies de Cristo vivo, siempre tiene su lugar habitual al pie de la cruz. A veces enjuga con su cabellera rubia la sangre que fluye de las heridas de Cristo muerto.
   Su desesperación siempre estalla con mayor violencia que en la Virgen quien estoica o desmayada, invariablemente mantiene en su dolor mudo la dignidad que corresponde a la Madre de Dios.
   Los pintores de Colonia de finales del siglo XV la representaron de buena gana arrodillada entre la Virgen y san Juan de pie, al pie de la cruz que abraza llorando.
   En una Crucifixión del pintor alemán G. Mälesskircher se la ve arrastrarse, literalmente.
   A estos tres personajes que conducen el duelo se agrega la compañía doliente de las Santas Mujeres, María Cleofás y María Salomé, que están mucho menos individualizadas y que tienen el papel del coro fúnebre en una tragedia.
          Los Indiferentes
   No corresponde insistir demasiado en los otros espectadores, que sólo son compaña. Están allí apenas para hacer número y amenizar la composición con la colorida diversidad de los justillos, los reflejos de las corazas, las plumas de los cascos, las grupas encaparazonadas de los caballos (Pfenning, 1449. Museo de Viena).
   Esos elementos pictóricos resaltan sobre un paisaje de fondo que en general está concebido en armonía con el tema. En el siglo XV Fra Angelico levanta la cruz contra un cielo azul. Pero en la obra de Lucas Cranach, las nubes de tormenta propinan sombra sobre el drama. Después del concilio de Trento, Guido Reni, Philippe de Champaigne, Rubens y sobre todo Rembrandt, retornaron al texto del Evangelio que muestra las tinieblas invadiendo la tierra en la hora en que muere Cristo.
Reacción de la Contrarreforma contra los excesos pictóricos
   La Contrarreforma no podía dejar de reaccionar contra esta multiplicación de personajes que quitaba a la Crucifixión toda nobleza y dignidad.
   El "primer pintor" de Luis XIV, Charles Le Brun, expresó el pensamiento de toda su generación cuando postuló como principio que una Crucifixión,  para ser conmovedora, debe comportar sólo un pequeño número de personajes. La  que no tiene más que tres -según este artista- es la más perfecta.
   La nueva iconografía sólo admite a la Virgen de pie, a San Juan que está frente a la cruz y a la Magdalena  arrodillada  que abraza los pies de su amado Maestro.
   Más austero que el solemne Le Brun, el jansenista Philippe de Champaigne excluye a la pecadora de Magdala cuya presencia le resulta chocante en semejante sitio y momento (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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