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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 3 de julio de 2025

Los principales monumentos (Alcazaba, Fortificación abaluartada, Torre de Espantaperros, Puerta de Palmas, Convento de las Adoratrices, Convento de Santa Ana, Convento de las Descalzas, y Convento de las Carmelitas) de la localidad de Badajoz (I), en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Alcazaba, Fortificación abaluartada, Torre de Espantaperros, Puerta de Palmas, Convento de las Adoratrices, Convento de Santa Ana, Convento de las Descalzas, y Convento de las Carmelitas) de la localidad de Badajoz (I), en la provincia de Badajoz.
     Factor decisivo para conferir a Badajoz su entidad de núcleo más importante de la región, es la estratégica situación geopolítica que ocupa, en pleno centro del boquete que se abre entre la sierra de Montánchez y el Guadiana, como único paso natural practicable en la zona. Es decir, dominando el camino más corto entre la Meseta Ibérica y el Atlántico. De tal modo, las comunicaciones entre Castilla y Lisboa, pasan obligadamente por Badajoz.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 1530,8 Km2
     Altitud: 186 m.
     Partido Judicial: Badajoz
     Comarca: Tierra de Badajoz
     Otras Entidades:
        Albala (cortijos) a 17 km.
        Alcazaba (poblado de colonización) a 26 km.
        Alvarado-La Risca (poblado de colonización) a 17 km.
        Atalaya (zona residencial) a 11 km.
        Balboa (poblado de colonización) a 16 km.
        Botoa (caserío) a 18 km.
        Campofrío (zona residencial) a 11 km.
        Las Carboneras (cortijos) a 17 km.
        Club Campo Pino (zona residencial) .
        Corazón de Jesús (barriada).
        La Corchuela (caserío) a 7 km.
        Cuartel de Sancha Brava (cuarteles) a 11 km.
        Dehesilla de Calamón (zona residencial) a 11 km.
        Los Fresnos (caserío) 29 km.
        Gévora del Caudillo (Poblado de colonización) a 6 km.
        Golf Guadiana (urbanización residencial)
        Guadiana del Caudillo (poblado de colonización) a 32 km.
        El Manantío (zona residencial)
        Los Montitos (urbanización).
        Novelda del Guadiana (poblado de colonización) a 18 km.
        Los Pinares (zona residencial).
        Pueblo Nuevo del Guadiana (poblado de colonización) a 24 km.
        Río Caya (zona residencial) a 11 km.
        Sagrajas (poblado de colonización) a 11 km.
        Santa Engracia (caserío) a 3 km.
        Tres Arroyos (zona residencial).
        Las Vaguadas (zona residencial) a 4 km.
        Valdebotoa (poblado de colonización) a 12 km.
        Villafranco del Guadiana (poblado de colonización) a 10 km.
     Gentilicio: Pacense - Badajocense
Ayuntamiento de Badajoz
     Plaza de España, 1
     06001 Badajoz (Badajoz)
     Teléfono: 924210000
     Fax: 924210120
     Web: www.aytobadajoz.es
Historia.-
    Su situación como la población española más cercana a Portugal hizo de Badajoz en las épocas de pugnas y conflictos una plaza fronteriza de importancia estratégica fundamental; en tanto que en los tiempos de paz, esta misma proximidad al país vecino la convierte en enclave no menos importante, al ofrecerle horizontes de ilimitadas posibilidades de ensanche y proyección en todos los campos, dada su privilegiada situación.
     En lo que concierne a su localización geográfica concreta, Badajoz se desarrolla a partir del núcleo asentado primitivamente sobre una de las dos colinas que flanquean el Guadiana en el punto en que la aparición de materiales geológicos duros por delante, obligan al río a describir un brusco giro hacia el sur.
     La altura en la que se erigió la población primitiva es el llamado Cerro de la Muela o cabezo del Monturio, concreción rocosa que, no obstante su escasa entidad, constituye un bastión fundamental, ya que permite dominar los llanos que se despliegan en el entorno.
     Sobre un núcleo visigodo ya despoblado, establecido a su vez encima de remotos asentamientos prehistóricos, fundó el rebelde musulmán Ibn-Marwan el Chilliqui, en el año 875, como antecedente de la ciudad actual, un pequeño poblado someramente fortificado, con el nombre de Batallyos.
     En el siglo XII, bajo los almohades, este modesto enclave constituía ya una importante ciudad rodeada por una fuerte Alcazaba que, básicamente, es la misma que aún perdura. Hasta su reconquista en 1230 por Alfonso IX, Badajoz fue una floreciente población árabe, cabeza en ciertos momentos de uno de los más poderosos reinos musulmanes de la Península.
     Las guerras civiles castellanas en los siglos XIII y XIV, la división eclesiástica, y la existencia de grandes consejos de realengo, marcaron la vida de esta ciudad durante la Edad Media.
     En los siglos posteriores, Badajoz ha jugado un importante papel histórico debido a su situación fronteriza con las tierras portuguesas de Alentejo, lo que obligó a su intervención en numerosos enfrentamientos bélicos hispanos-lusos.
     El siglo XVII, con la ampliación de la zona amurallada del sistema Vauban, nos confirma el carácter defensivo y estratégico de Badajoz, que le obligó a vivir intramuros hasta el primer tercio del siglo XX. Paradójicamente, el paso del tiempo ha ido convirtiendo a esta bella ciudad, regada y dependiente del río Guadiana, en el principal puente de unión con el vecino país, Portugal, a través de las vías terrestres de comunicación.
     La vida universitaria, junto al crecimiento paulatino de la ciudad, le ha convertido en el núcleo urbano más poblado de Extremadura.
     Su extenso patrimonio histórico-artístico y cultural hacen de Badajoz una ciudad atractiva. La sociabilidad de sus habitantes y su estratégica situación geográfica la convierten en un lugar siempre agradable de conocer y visitar (Diputación Provincial de Badajoz).
     Atravesada por el río Guadiana, Badajoz es una ciudad en la que encontrarás de todo. La historia se respira en fachadas y esquinas, tienes parques para pasear y hacer deporte y una gran oferta de servicios para poder disfrutar de esta ciudad a tus anchas.
     Badajoz fue fundada por Ibn Marwan en el año 875 sobre un asentamiento visigodo cuando los musulmanes dominaban la Península Ibérica. Nace sobre una colina conocida como Cabezo de la Muela, desde la que se extiende hasta llegar a ser la ciudad que es hoy. En ella podrás pasear por sus tradicionales calles y por establecimientos con encanto, y también tienes la posibilidad de conocer tranquilos parques como el de La Galera, el de La Alcazaba o el de La Legión. Próxima a Portugal, Badajoz ofrece además muy buenas comunicaciones con el país vecino: Portugal.
     Puedes comenzar tu recorrido por su casco histórico desde la restaurada Plaza Alta. La parte norte, de estilo medieval, contrasta con la parte sur, objeto de una reforma inacabada y que al ser cerrada, imprimió un estilo similar al de la plaza mayor de otras ciudades de España (como Madrid o Salamanca). En ella también puedes contemplar las Casas Mudéjares, las Casas Coloradas o La Alcazaba. Muy cerca encontrarás la recoleta Plaza de San José -que alberga el Convento de las Adoratrices-, y desde aquí te recomendamos que llegues hasta La Alcazaba. Esta construcción, que data del siglo XII, es una de las más grandes de su tipo en la Península y acogía a toda la población pacense. Desde sus murallas disfrutarás de unas increíbles vistas que comienzan en las aguas del Guadiana, incluyen la Catedral, la Ermita de la Soledad -patrona de la ciudad-, o la Giralda y llegan hasta tierras portuguesas. Si te  reservas esta visita para la puesta de sol, disfrutarás de un paisaje inolvidable.
     En un corto paseo llegarás a la plazuela de la Soledad, perfecta para que puedas ver la Giralda, o el edificio modernista de Las Tres Campanas. Muy cerca está la Plaza de España, centro neurálgico de la ciudad, ya que alberga la Catedral de Badajoz, también conocida como Catedral de San Juan Bautista. Iniciada su construcción a mediados del siglo XIII, su característica arquitectónica más importante, la torre campanario, es uno de los detalles más especiales y entrañables de la silueta de la ciudad. Muy cerquita está la Plaza de Cervantes, aunque su estatua central representa al ilustre Zurbarán y es más conocida en la ciudad como Plaza de San Andrés, de ahí que popularmente sea conocida como la plaza de las Tres Mentiras. Pequeña y empedrada al estilo portugués, está rodeada por casas señoriales como la Casa del Hotel Cervantes o la Casa Puebla. Y de plaza en plaza pásate por la de San Antón y la de Minayo que va a desembocar en el Paseo de San Francisco. Remodelado en el siglo XIX, aún conserva su templete, sus longevas palmeras y algunas farolas de estilo fernandino.
     Si tienes tiempo, no dejes de visitar la cara más actual de Badajoz, una ciudad que además alberga uno de los cuatro campus de la Universidad de Extremadura. Una apuesta decidida por la arquitectura contemporánea es el Palacio de Congresos. Construido en el interior del bastión de San Roque, ocupa el lugar de la antigua plaza de toros y fue elegido por el MOMA como uno de los edificios más representativos de la arquitectura de nuestro país. Otro de los lugares que representa la perfecta unión entre historia y vanguardia es el MEIAC (Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo). Y hablando de historia, merece especial visita el Museo arqueológico provincial de Badajoz.
     A todo ello se suma que Badajoz cuenta con tres fiestas declaradas de Interés Turístico Nacional, que son Almossassa, sus carnavales y su Semana Santa. Tres estupendos momentos para conocer la ciudad (Turismo de Extremadura).
     La ciudad pacense constituye el mayor núcleo de población de Extremadura y es capital de la provincia más extensa de España. La proximidad a la frontera portuguesa ha marcado una historia de conflictos bélicos y repetidos asedios, cuyas huellas aún son visibles en el recinto urbano. Actualmente, su condición de centro administrativo y comercial, que trasciende hasta las vecinas poblaciones lusas, hacen de ella una ciudad en expansión y con futuro .
Historia
     Sus orígenes se remontan a tiempos prehistóricos, a juzgar por los abundantes hallazgos de industria lítica y cerámica realizados en excavaciones recientes. Restos de viviendas e interesantes sistemas de riego de época romana (de la Pax que dio origen al gentilicio «pacense»), así como huellas arquitectónicas visigodas, atestiguan la continuidad de población en esos períodos.
     Será, sin embargo, bajo dominio musulmán cuando la ciudad alcance su esplendor, hasta el punto de que algunas fuentes sitúan en el año 875 la fundación de Batalyoz. La sublevación de muladíes acaudillada por Ibn Marwan, "el hijo del gallego", propició una notable independencia respecto al debilitado emirato de Córdoba, al tiempo que supuso la afirmación de la capitalidad regional de la villa frente a la tradicional de Mérida. Bajo su mandato (850- 910) se inicia un periodo de florecimiento que prosigue, pese a la pérdida de la independencia (930), con Abderramán III y llega al apogeo cultural y artístico del reino aftásida, una de las taifas surgidas en el siglo XI tras la desintegración del Califato de Córdoba. Por su posición en la línea fronteriza con los reinos cristianos, la villa pacense se convierte en campo de luchas encarnizadas entre leoneses, portugueses y musulmanes. La incorporación definitiva a la órbita cristiana tiene lugar en 1230, tras la derrota de Abenhud en Alange frente a Alfonso IX y el breve cerco a la ciudad.
     Aunque en principio Badajoz queda bajo la influencia de las Órdenes Militares, adquiere el estatuto definitivo de concejo independiente durante el reinado de Sancho IV el Bravo. Las frecuentes rivalidades bajomedievales entre banderías nobilia­rias tuvieron aquí uno de sus episodios más sangrientos: la disputa entre bejaranos y portugaleses por la hegemonía de la ciudad. La intervención de Sancho IV (1289) a favor de sus protegidos, los nobles de origen lusitano, supuso el exterminio de los bejaranos y el final del enfrentamiento. Las luchas fronterizas con el vecino reino de Portugal, que asolan y empobrecen la región, alcanzan su máxima expresión bajo el reinado de Juan I de Portugal, con la toma de Badajoz (1386), y en episodios posteriores como la sublevación portuguesa de 1640, que culminaría con la independencia de este país y que supuso un nuevo asedio y conquista de la ciudad (1658). Esas situaciones se repiten durante la Guerra de Sucesión española y se prolongan en el siglo XIX durante la Guerra de Independencia, en la que Badajoz, tras ser conquistada por Soult en 1811, fue liberada por Wellington al año siguiente. Tan azarosa historia llega hasta la Guerra Civil de 1936, con el trágico episodio del asalto a la ciudad por las tropas legionarias del general Yagüe. Hoy, Badajoz es una ciudad moderna con una actividad creciente.
Gastronomía
     La presencia habitual de platos de la cocina regional hacen posible la degustación de variadas especialidades. El desayuno, con migas, cachuela (guiso a partir de las asaduras del cerdo) o manteca colorá, es una arraigada costumbre local. Entre los platos más destacables figuran la caldereta, el bacalao dorado, especialidad portuguesa adoptada por la cocina pacense como propia, y también los asados de cor­dero o cabrito. El cerdo ibérico ocupa por sí sólo un apartado, en el que sería imperdonable olvidar el jamón de Fregenal de la Sierra, Jerez de los Caballeros o Mones­terio. Y si el apetito es bueno, la mejor opción puede ser perdices estofadas, judías con liebre o perdiz, o un cocido extremeño acompañado de zorongollo, ensalada a base de pimientos asados, cebolla, aceite y vinagre. Los vinos con D.O. Ribera del Guadiana tienen como más afamados los producidos en Tierra de Barros y en las Vegas Altas del Guadiana.
Fiestas y tradiciones
     El carnaval, recuperado a partir de 1980, cuenta con una extraordinaria participa­ción popular (tal vez la más multitudinaria del país) y enorme pujanza. Los concursos de murgas y el gran desfile de comparsas son sus momentos clave. El primer domingo de mayo se celebra la colorida romería de Bótoa, aldea próxima a Badajoz, hoy despoblada, donde se encuentra la ermita de la Virgen en medio de un encinar. Las tradicionales ferias de San Juan, en honor del patrono de la capital, poseen una fuerte inspiración andaluza: casetas, caballos, trajes típicos.
Vida urbana
     Punto de referencia obligado para vivir el ambiente pacense es el casco histórico, que se articula entorno a la plaza de España, de la que parten Virgen de la Soledad, San Juan y Meléndez Valdés, estrechas calles dominadas desde siempre por el comercio más tradicional. Un laberinto peatonal con esencia de zoco que parece ser también el hábitat natural de tiendas de artesanía, cafés llenos de encanto y las tabernas más señeras a la hora del tapeo, tan del gusto del visitante, como La Giralda, La Corchuela, el Café Victoria... Una atractiva combinación, que en la calle Muñoz Torrero se torna en una sucesión de locales de comida con precios muy cómodos y variados sabores.
     Por otro lado las vías Juan Carlos I y Menacho forman el núcleo comercial más bullicioso y moderno. En la primera, al amparo de los soportales que cobijan las tiendas de primeras marcas de moda, se crea una corriente que fluye hacia Menacho, desbordada por un ingente número de tiendas de ropa y complementos.
     Con otros aires, la avenida de Europa sube hasta la plaza de la Constitución, cuajada de bancos y oficinas, para prolongarse hasta la plaza de los Conquistadores, presidida por el enorme Corte Inglés, símbolo de una modernidad que aún se prolonga por la calle Villanueva.
     El ambiente juvenil y universitario se hace sentir desde la noche del jueves por las tabernas y cafés del casco histórico, y adquiere su punto álgido los fines de semana en dos zonas de la parte más moderna de la ciudad: la urbanización Guadiana, en torno a la avenida de Elvas, al otro lado del río Guadiana, y la llamada zona de Valdepasillas, situada en torno a Sinforiano Madroñero, donde las discotecas Trasgu y Cosmópolis ponen fin a la noche.
VISITA
     Asentada sobre el cerro de La Muela, en la margen izquierda del Guadiana, la ciudad ha extendido su perímetro a uno y otro lado del río con nuevas barriadas, amplias avenidas radiales y zonas verdes que, a modo de círculos concéntricos, rodean el núcleo primitivo, muy transformado, y la antigua Alcazaba.
El casco histórico
     La plaza de España es el centro del Badajoz tradicional. En ella se alzan el edificio del Ayuntamiento de fachada neoclásica, y la catedral de San Juan*, sencillo y macizo templo de aspecto gótico. Su construcción la inició el obispo Pedro Pérez (1232) sobre el solar de una antigua iglesia mozárabe, lo que explicaría su situación a extramuros de la alcazaba, aunque las obras se prolongaron hasta el siglo XVIII, con la consiguiente mezcla de estilos que van del gótico al barroco pasando por el renacentista. Posee un marcado carácter de fortaleza, acentuado en el exterior por la sólida torre almenada en la que posteriormente se abrieron ventanas gótico-platerescas. El interior, de la transición del románico al gótico, tiene planta de cruz latina, con tres naves y doce capillas. Dentro de la sobriedad general destacan la sillería del coro, obra de Jerónimo de Valencia (siglo XVI); el retablo churrigueresco (1708) del altar mayor; el conjunto de rejas del presbiterio, diversas imágenes renacentistas y barrocas y el claustro gótico manuelino. En la sacristía cuelgan tapices flamencos del siglo XVII. La antigua sala capitular acoge el Museo Catedralicio, que exhibe orfebrería sacra y valiosas pinturas, entre ellas cinco tablas del artista pacense Luis de Morales, apodado «el Divino» (siglo XVI).
     Un laberinto de bulliciosas y sombreadas calles arranca de la plaza cargado del sabor que crean las tabernas y cafés más señeros y los aires de zoco del comercio más tradicional. Precisamente por Virgen de la Soledad (la calle con más encanto) y Duque de San Germán, se llega al museo de Bellas Artes. Instalado en dos casas-palacio colindantes de principios del siglo XIX, reúne una amplia colección de obras realistas y costumbristas de artistas extremeños, con espe­cial atención a los siglos XIX y XX.
     Ascendiendo por la calle San Juan desde la plaza de España hacia la Alcazaba, salen al paso la iglesia de la Concepción (siglo XVII), erigida según planos de Ventura Rodríguez, y la Plaza Alta, un singular espacio porticado y colorido, construido en el siglo XV y reformado en el XVII, que antiguamente desempeñaba funciones de Plaza Mayor, mercado y centro de espectáculos. Se encuentra, al igual que otras zonas contiguas, en proceso de restauración que poco a poco parece devolverle todo su esplendor.
La Alcazaba
     El arco del Peso del Colodrazo da paso, desde la Plaza Alta, a la contigua plaza de San José, donde se levantan un último reducto de asoportaladas casas mudéjares, el convento de las Adoratrices y la portada renacentista que precede al acceso originario a la alcazaba, la puerta del Capitel, característica entrada almohade en recodo llamada así por el capitel romano que hay incrustado sobre el arco de herradura apuntado. La alcazaba*, que se remonta al siglo IX, se vio favorecida por sucesivas reformas y ampliaciones, en especial las del califa Abu Yacub Yusuf (siglo XII), quien le confirió su impo­nente aspecto actual. Su perímetro ovalado (400 x 200 m) mantiene las murallas, algunas de sus puertas y varias torres defensivas, todo ello en un precario estado de conservación. Dentro del recinto, junto a los solares ajardinados del alcázar y la mezquita, la torre de la antigua catedral de Santa María del Castillo y el reconstruido palacio de los duques de la Roca, sede del Museo Arqueológico Provincial. Con cuatro torres flanqueando las esquinas y un amplio arco ate­rrazado en la fachada principal, alberga piezas procedentes de toda la provincia, desde el Paleolítico hasta la Edad Media.
     Desde la muralla se dominan sugeren­tes perspectivas sobre el Guadiana y sus cua­tro puentes. Unida a ella por medio de un adarve puede verse la torre albarrana popularmente conocida como Espantaperros. De planta octogonal, su interior se dispone en dos cuerpos rematados por una terraza almenada, siendo en su aspecto muy similar a la Torre del Oro sevillana, a la que sirvió de modelo. Enlazando con la muralla se construyeron en el siglo XVII las fortificaciones que envolvían la totalidad del casco histórico y donde el uso de la artillería obligó a consolidar una sucesión de ocho baluartes ajustados al diseño del ingeniero militar francés Vauban, quien acabaría dando su nombre a este sistema defensivo. Así mismo, en la muralla se abrieron varios accesos, entre los que destacan la puerta de la Trinidad y la puerta del Pilar por su buen estado de conservación. La visita a este conjunto supone un gran paseo, que el fatigado caminante puede limitar a los interesantes baluartes de San Vicente, sobre el río Guadiana, y el sucesivo baluarte de San José con estéticas garitas colgadas sobre las murallas.
     En el descenso desde la Alcazaba, tras pasar por la plaza de la Soledad, la torre de la iglesia de la Soledad y el edificio La Giralda, en dirección al río se llega a uno de los monumentos más representativos de la ciudad: la puerta de Palmas, construida en el siglo XVI para control del puente. Sus dos sólidos torreones almenados, a los que rodea el cordón franciscano, se unen por un arco de medio punto y la hornacina con la Virgen de los Ángeles. Frente a la puerta se prolonga el puente de Palmas, erigido en 1596 siguiendo los planos de Juan de Herrera y aprovechando, según se cree, pilares de la época romana. En la orilla opuesta conserva el baluarte defensivo, así como dos torreones centrales desde donde se obtienen las mejores panorámicas del recinto amurallado de la alcazaba.
     El parque de Castelar, muy cercano a este punto, o el parque de la Legión, al este del casco antiguo a modo de prolongación del bosque de pinos del castillo, son es­pacios idóneos para el paseo.
     Muy a tener en cuenta es la sugerente oferta cultural que supone el museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporá­neo, que dispone de una de las mejores colecciones de arte peninsular e iberoamericano del momento; y el museo de la ciudad Luis de Morales, ubicado en una casa­ palaciega del siglo XVI conocida como Casa de Luis de Morales (plaza de Santa María). Comprende varias salas explicativas de la historia de Badajoz, una de ellas dedicadas a Luis de Morales, genial pintor manierista de temática religiosa que contradiciendo a la creencia popular nunca habitó en esta casa (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Alcazaba.-
     Situada en la parte más alta de Badajoz, fue originalmente construida en el año 875 de la mano de Abd-al-Ramman Ibn Marwan “El Yilliqui” y siendo modificada y completada por los distintos gobiernos sucedidos en la ciudad. Su configuración actual es básicamente el producto de la mayor reforma realizada y que sufrió en el siglo XII de mano de los almohades, aunque su mayor periodo de esplendor fuera en el siglo XI durante la Dinastía Aftásida. Cuenta con tres puertas principales: Puerta del Capitel y Puerta del Alpéndiz, ambas almohades; y puerta de Carros o de Yelbes posiblemente construida sobre una puerta anterior a dicho periodo. Cuenta también con un portillo, el llamado de La Coracha o del Río. Entre los numerosos torreones de refuerzo de las cortinas amuralladas, y las torres avanzadas de vigilancia (torres albarranas), cabe recordar las del Ahorcado, y las Siete Ventanas, además de la del Alpéndiz. Otras, pertenecen ocultas tras las edificaciones que se fueron adosando a la fortificación en distintas épocas. En el interior de la Alcazaba se mantuvo todo el caserío que constituía la ciudad, a excepción del importante arrabal del noroeste, hasta el siglo XV. Encerradas en tal ámbito, y según la bibliografía tradicional, parece ser que existieron tres mezquitas, convertidas posteriormente en iglesias bajo las advocaciones de San Pedro; Santiago (ya desaparecida); y Santa María de Calatrava o de los Freyres. Ibn Marwan levantó la Mezquita Mayor que se convirtió después de la conquista de Alfonso IX de León en catedral durante ciertos períodos, también llamada "La Obispal", o "La See", con culto hasta finales del siglo XVIII. Se alzaron asimismo en el interior de la Alcazaba suntuosos palacios, como el de los monarcas árabes de la dinastía aftásida, y mas tarde el renacentista de los Duques de Feria, o de los Condes de la Roca, buen ejemplo de residencia señorial fortificada, con un bello claustro mudéjar, y donde en la actualidad se halla instalado el Museo Arqueológico Provincial. Como expresión de la arquitectura militar-asistencial del siglo pasado, debe mencionarse el complejo del Hospital Militar, existente también en el recinto árabe. La panorámica que se domina desde la parte norte de la Alcazaba, merece por si sola la visita a este monumento (Ayuntamiento de Badajoz).
     La Alcazaba árabe domina, desde su ubicación en lo alto del cabezo de "La Muela" al resto de la ciudad. El califa almohade Abu Yacub Yusuf, con residencia en Sevilla, mandaría edificar la Alcazaba en el año 1169, tal como hoy se conoce, convirtiéndose esta plaza en una de las más importantes de la Península Ibérica por su situación estratégica y defensiva.
     Torres de planta cuadrangular refuerzan los lienzos de muralla, de entre ellas la de la Atalaya se ha convertido en emblema pacense, conocida popularmente como "Espantaperros".
     Esta torre es de época almohade, aunque el campanario que la remata, es obra mudéjar del s. XVI.
     De las puertas conocidas con los nombres de Coraxa, Carros, Apéndiz y Capitel, destacan estas dos últimas, totalmente opuestas en su situación sobre la muralla. La denominada Capitel, le debe su nombre al capitel romano que se encuentra empotrado en la parte alta del arco de herradura apuntado, que tiene en su entrada.
     Esta Alcazaba contó con tres mezquitas, una de las cuales se convirtió en templo cristiano con el nombre de Santa María del Castillo, hasta el siglo pasado.
     La Alcazaba de Badajoz fue declarada Monumento Histórico-Artístico en el año 1931 (Diputación Provincial de Badajoz).

Fortificación abaluartada.-
     Erigida en la segunda mitad del siglo XVII para reforzar las defensas de Badajoz con ocasión de las guerras de separación de Portugal de la Corona de España, entre 1640 y 1668, su disposición respetó la Alcazaba árabe, a la que se adosa en sus arranques por los extremos NW y SE. La obra esta fabricada en piedra, ladrillo, y hormigón de cal, con refuerzo de sillares en distintos puntos, y constituye un completo sistemas de murallas y todos los demás elementos complementarios propios de este modelos de fortificación representando un acabado e insuperable ejemplo de ingeniería militar de la época. Contaba la muralla con ocho baluartes, todos dispuestos hacia el sur, al estar la defensa por el norte garantizada por los ríos Guadiana y Rivilla. Los baluartes, comenzando por el extremo de Levante, son los siguientes: 
     1) San Pedro, junto a la Puerta de Mérida. 
     2) La Trinidad, en la que se abre la puerta del mismo nombre. 
     3) Santa María, o de la Laguna, donde más tarde se erigió el colegio de "Los Pinos", o Lope de Vega. 
     4) San Roque, donde a mediados del siglo Pasado se construyó la Plaza de Toros Vieja y actualmente se levanta el Palacio de Congresos. 
     5) San Juan, o de la Bomba, donde se ubicó en el siglo XVII el Cuartel de Caballería. Entre los dos últimos se abre la puerta del Pilar, antes llamada de Jerez, o Santa Marina. Este baluarte no existe en la actualidad. 
     6) de Santiago, o de los mixtos, donde existió un polvorín, y posteriormente se colocó el monumento al General Menacho, que heroicamente perdió la vida defendiendo la ciudad de los franceses,  y donde actualmente se encuentra el Parking del mismo nombre. 
     7) San José, donde se sitúa el Cuartel de la Policía. 
     8) San Vicente, donde se construyó la Escuela de Artes y Oficios "Adelardo Covarsí", hoy Instituto Politécnico. 
     Distintos hornabeques y medias lunas o lunetas, semibaluartes, taludes, fosos, glacis, escarpas y contraescarpas, cañoneras, caponeras, pasos cubiertos, garitas angulares, y otros elementos, completaban el cerco amurallado principal. Mencionemos, entre las fortificaciones complementarias, los fuertes de San Cristóbal, Cabeza del Puente de Palmas y Pardaleras; semibaluartes de Puerta de Palmas; polvorines de San Vicente, Santiago, San Roque, y San Gabriel; y los revellines la luneta de San Roque, la Picuriña y Verlé o de Orinaza, frente al fuerte de San Cristóbal. Las tres puertas principales originarias del sistema fueron las citadas de la Trinidad, el Pilar, y Puerta Nueva o de Palmas, pasando después tal denominación de Nueva a la abierta tras el Palacio de Godoy, a finales del siglo XVII. Parecidos sistemas dispusieron los portugueses en Olivenza y Elvas. Estos dos, junto con los de Cádiz, Pamplona, y pocos lugares más, son las únicas realizaciones similares parangonables al formidable sistema Fortificación abaluartada de Badajoz (Ayuntamiento de Badajoz).
     El sistema Vauban estaba constituido por una serie de elementos defensivos como fuertes, baluartes, semibaluartes, revellines, lunetas y fosos, que lo hacían prácticamente inexpugnable. La muralla Vauban, que suplantó a la medieval, respetó, sin embargo, a la Alcazaba. La Fortificación consta de varias puertas: Trinidad, Puerta del Pilar... (Diputación Provincial de Badajoz).

Torre de Espantaperros.-
     Resulta la más monumental y destacada de las torres albarranas de la Alcazaba. Llamada en lo antiguo de la Atalaya, en la actualidad resulta mas conocida por el apelativo popular de Torre de Espantaperros, derivado del agudo tañido de una campana que en otro tiempo poseyó. Su fisonomía resulta muy característica siendo considerado uno de los monumentos más representativos de la ciudad. Su estructura monumental recuerda a la de la sevillana Torre del Oro, que aunque de mayores proporciones, es preciso recordar que resulta posterior a la de Badajoz, y edificada tomando a ésta como modelo. Construida en argamasa y tapial, alcanza los 30 metros de altura. Su planta es octogonal, coronada por un cuerpo cuadrangular, avanzado unos 25 metros sobre la cerca principal, a la que se une mediante un lienzo amurallado, habiendo servido en otro tiempo para vigilar y dominar el arrabal de La Galera, que se extendía a sus pies. Adosado a la torre se encuentra en la actualidad un edificio del siglo XVI, conocido también como La Galera, que ha servido sucesivamente como ayuntamiento, pósito o panera, hospicio, cárcel, y finalmente Museo Arqueológico, hasta la fecha bien reciente. En su entorno se desarrolla un bello jardín, aprovechando diversos restos arqueológicos (Ayuntamiento de Badajoz).

Puerta de Palmas.-
     Se trata del monumento quizá más representativo de la ciudad. Consiste en una puerta dispuesta frente al Puente de Palmas, flanqueada por dos sólidos torreones cilíndricos coronados de almenas, y rodeados en la parte superior y en la base por sendos cordones decorativos. La fachada que mira al río se estructura mediante un doble arco de medio punto con casetones, medallones, y otros elementos decorativos de gusto renacentista como el escudo imperial de Carlos V, mientras que por otro lado queda resuelta de forma mas compleja, por medio de un cuerpo adosado del que forman parte una terraza y una triple hornacina, posiblemente posteriores a la fábrica original. En la cara exterior reza una inscripción donde se alude a la fecha de 1551 siendo príncipe Felipe II y emperador Carlos V, según consta en la correspondiente inscripción. Durante un tiempo fue conocida como "Puerta Nueva", hasta que tal denominación pasó a corresponder a otra entrada abierta posteriormente en las proximidades de la Ermita de Pajaritos. En sucesivas etapas, el entorno de la Puerta de Palmas sufrió numerosas remodelaciones en su ordenación y elementos adyacentes, aunque manteniéndose siempre como punto de acceso fortificado a la ciudad, y más tarde de control a efectos aduaneros y fiscales. Sólo en tiempo reciente perdió esta condición, quedando como monumento exento. Hasta época no muy lejana, los dos torreones de esta puerta fueron prisión real "para los reos de muy graves delitos", según nos informan los documentos (Ayuntamiento de Badajoz).

Convento de las Adoratrices.-
     En origen (S. XIII) se levanta una pequeña ermita en honor a San José, debido a la llegada de los cristianos con el rey Alfonso IX de León. Fue sede de la Cofradía de San José fundada en 1.556. Durante la Guerra de Independencia (S. XIX) la ermita fue bombardeada y en declive durante los sucesivos años, hasta que en 1.917 se levanta el actual convento, de estilo neogótico, y ocupado por las Madres Adoratrices Esclavas del Santísimo y de la Caridad (Ayuntamiento de Badajoz).

Convento de Santa Ana.-
     Fundado por Doña Leonor Laso de la Vega y Figueroa en 1.518, ha servido como refugio para otras comunidades religiosas (Clarisas franciscanas). Es preciso mencionar que ostenta el monasterio el título de “Real” desde el siglo XVIII (1.771), pasando a llamarse “Real Monasterio de Santa Ana” desde aquel momento. De su interior, destacar un precioso claustro mudéjar con pinturas de los Estrada y los Mures (S. XVIII y XIX) y las importantes obras que alberga en su museo religioso (Ayuntamiento de Badajoz).

Convento de las Descalzas.-
     Convento de Nuestra Señora de la Merced, conocido popularmente como “Las Descalzas”. Parece ser que la fundación se debió a Fray Simón de Sousa en el siglo XIV. Se tienen noticias de que en el último cuarto del siglo XVI (1.573) las Madres Clarisas se encontraban ya en su antiguo convento, situado en lo que hoy es el Hospital Provincial de San Sebastián, hasta que se realiza un cambio de ubicación para albergar allí el citado hospital y marcharse las religiosas a unas casas cerca del Real Convento de San Onofre, entorno a la actual calle Menacho (1.674). La sencillez y el clasicismo son dos características que definen la fachada del convento. La Virgen de la Merced es la advocación principal del convento (Ayuntamiento de Badajoz).

Convento de las Carmelitas.-
     Fundado según la regla de Santa Teresa. Sobre el anterior beaterio Nuestra Señora de los Ángeles, o de San Antonio. Reducida Capilla edificada en los inicios del siglo XVIII, y ampliada posteriormente, de muy modesta presencia interior, pero de profundo atractivo en la sencillez de sus contenidos (Ayuntamiento de Badajoz).

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miércoles, 12 de junio de 2024

Los principales monumentos (Palacio de Nájera - Museo de la Ciudad, Convento de Santa Catalina de Siena, Archivo Histórico Municipal - Antiguo Pósito, Iglesia de San José - Museo Conventual Descalzas, Palacio Marqueses Peña de los Enamorados, y Convento de la Victoria - Museo y Capilla Beata Madre Carmen del Niño Jesús) de la localidad de Antequera (V), en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Palacio de Nájera - Museo de la Ciudad, Convento de Santa Catalina de Siena, Archivo Histórico Municipal - Antiguo Pósito, Iglesia de San José - Museo Conventual Descalzas, Palacio Marqueses Peña de los Enamorados, y Convento de la Victoria - Museo y Capilla Beata Madre Carmen del Niño Jesús) de la localidad de Antequera (V), en la provincia de Málaga.


Palacio de Nájera - Museo de la Ciudad

     El palacio de Nájera, en la plaza del Coso Viejo, Museo Municipal, con un destacado patio, de impronta barroco-mudéjar, paradigmático de la tipología antequerana, y singular caja de escalera de doble tramo y cúpula con profusión de yeserías; el ático y la torre-mirador, una de las más bellas de los palacios andaluces, trazada por Nicolás Mejías, se añaden en la segunda mitad del s. XVIII.
     El Museo Municipal de Antequera tiene su sede en el Palacio de Nájera, que fue rehabilitado por el Ayuntamiento para su adecuación museística, proceso que ha continuado, con intervenciones puntuales o a mayor escala, como la que afectó a la fachada en 1988.
     La gestación y apertura de un Mu­seo en Antequera fue un proyecto largamente acariciado y demandado.
     En 1908, el Ayuntamiento había acordado la formación del Museo Arqueológico Municipal, a instancias del arabista y arqueólogo Rodrigo Amador de los Ríos. La base de la colección fueron los epígrafes arrancados al Arco de los Gigantes, el dintel visigodo de la Torre del Homenaje, la pila bautismal de San Salvador y fragmentos diversos de estatuaria y arquitectura. La información sobre estos anhelos y buenos deseos frustrados la conocemos de la pluma de José María Fernández, pintor, archivero y erudito antequerano, principal adalid cultural de la Antequera de los primeros cuarenta años del siglo XX, quien a través de la reivindicaciones en los periódicos locales abogaba por la necesidad de ordenar y exponer en condiciones decorosas las importantes piezas que ya empezaban a formar una colección, y que estaban amon­tonadas de forma arbitraria en el claustro bajo del Ayuntamiento. Finalmente en 1966 tuvo lu­gar su inauguración.
     La colección se estructura en tres secciones, Arqueología, Bellas Artes y Etnografía, distribuidas  por el patio, las salas que lo rodean, la monumental escalera, los corredores altos y las estancias abiertas a éstos. Los fondos se componen de un notable conjunto de piezas arqueológicas, fundamentalmente del período romano, y de una importante colección de pintura y escultura religiosa, piezas de platería y orfebrería, ajuar procesional y mobiliario procedentes de palacios, iglesias y conventos antequeranos, cedidas o depositadas, a las que hay que sumar las obras contemporá­neas de dos pintores antequeranos: el fondo José María Fernández, no expuesto actualmente al público, y la colección Cristóbal Toral.
     La sección arqueológica se concentra en planta baja. Alrededor del patio, numerosos elementos arquitectónicos romanos dispersos, como capite­les, fragmentos de columnas y frisos, comparten  espacio con una importante colección epigráfica procedente de la  ciudades  de Oscua, Nescania, Antikaria y Singilia, algunos de los cuales formaron parte del Arco de los Gigantes. La llamada «Antesala del Efebo», muestra material prehistórico y singulares piezas romanas como un pequeño bronce con la diosa Tyche, personificación de la ciudad de Antiocheia sobre el río Orontes -siglos I-II d.C.-, un busto de Germánico y los últimos hallazgos procedentes de las campañas arqueológicas de la Villa de la Estación: fragmen­tos de mosaicos, Eros dormido, un surtidor de fuente con forma de amorcillo sobre un delfín, un retrato masculino y las sobre­salientes cabeza de sátiro y Venus de Antequera, todas del siglo II d.C. La sala principal de esta sección está dedicada en exclusiva al conocido «Efebo de Antequera», excepcional bronce hueco del siglo I, procedente de Singilia Barba, considerado como uno de los más hermosos de la península. 
     En la monumental escalera podemos contem­plar interesantes piezas procesionales y de mo­biliario, como un farol procesional de hojalata y cristal, utilizado hasta el siglo XIX en el Rosario de la Aurora, y el arca de caudales de la ciudad, y tres lienzos: el retrato de Francisco Cerio de Esquivel, canónigo de la Colegiata en el siglo XVII, y las representaciones del siglo XVII de Santa Tecla y Santa Eufemia, de estilo zurbaranesco.
     Distribuida por los corredores altos encon­tramos una serie compuesta por siete pinturas sobre lata con la vida de Jesús, enmarcadas en suntuosas cornucopias y espejos, procesionadas por la Hermandad Sacramental de San Pedro, y doce lienzos con la vida de la Vir­gen, tres de El Mudo Arellano y nueve del mejicano Juan Correa, del último tercio del siglo XVII o principios del XVIII, procedentes de San Pedro. Este ámbito se completa con piezas de desigual valor, sobresaliendo una Inmaculada del taller de Mena, La aparición de la Virgen con el Niño a San Cayetano, realizado por Fernando Farfán hacia 1668, el Niño Jesús de la Buena Muerte, de 1781 y una interesante colección de exvotos de la Virgen del Rosario, de Santo Domingo, de gran valor etnográfico.
     La sala del Facistol recibe su nombre de la pieza procedente del coro de San Francisco, excelente trabajo de ebanistería con dibujos de tradición mudéjar taraceados en distintas maderas, que sigue el modelo marcado por el que trazara Alonso Cano para la catedral granadina. Aloja esta sala un importante conjunto de esculturas, entre las que sobresale un busto relicario de Santa Eufemia, de la segunda mitad del siglo XVI, un Ecce-Homo de escuela sevillana de finales del mismo siglo, una escultura de San Cristóbal, del siglo XVII, ataviado a la morisca, San José, imagen de cuerpo entero, del siglo XVIII y una Dolorosa de vestir de escuela malagueña, del siglo XIX. Dos retablos pendientes del siglo XVIII cobijan los lienzos coetáneos del Ecce-Homo y la Magdalena Penitente. El capítulo pictórico se completa con una interesante Inmaculada de Antonio Van De Pere, fechada en 1674. Se mues­tra asimismo una destacada colección de piezas de platería entre las que sobresalen una bandeja gótica de comienzos del XV, un cáliz limosnero de 1698, una importante custodia procesional de Salvador de Argüeta, de 1714, y una pareja de relicarios de plata y madera del siglo XVIII. Al ajuar de la Virgen del Rosario de Santo Domin­go pertenecen la media luna de plata, de 1680, y las coronas de la Virgen y el Niño, ambas del siglo XVIII. De la capilla del mismo nombre pro­cede la puerta del Sagrario, una de las más bellas de la platería barroca antequerana, realizada probablemente por José Ruiz, con la representación de la Apoteosis de Santo Tomás de Aquino. Completa la sala el Pendón de Antequera, singular pieza bordada del siglo XV.
     La sala de las Tacas exhibe dos importantes colecciones: una pictórica y otra de platería y orfebrería en las tacas o vitrinas que dan nombre a la Sala, y que ponen de manifiesto la importancia que tuvo el Colegio de Plateros de Antequera. El capítulo pictórico concentra una sobresaliente muestra de la obra del pintor manierista Antonio Mohedano: Virgen de la Antigua, Santa Lucía, La Asunción, la Asunción-Inmaculada Niña (h. 1610), Cuadro votivo, con el magistral retrato de un niño orante (h. 1610), y La Virgen del Silencio. Asimismo, encontramos importantes lienzos de Pedro Atanasio Bocanegra: La Inmaculada (h. 1680), Virgen coronada, Muerte de San Francisco y Visión de San Francisco en el monte Alverna. Exhibe la sala las importantes tablas del retablo de San Juan Bautista, anónimo castellano de mediados del siglo XVI, procedente de San Zoilo. Completan este apartado, una obra de Fernando Farfán, La Virgen y el Niño con San Cayetano (h. 1668), dos lienzos de Miguel Domínguez Montelaisla, La muerte de San Nicolás de Tolentino, del segundo cuarto del siglo XVII, y Tránsito de Santo Domingo, y San Jerónimo, óleo atribuido al cordobés Antonio del Castillo. Destacan asimismo dos cobres dieciochescos, La adoración de los pastores y La adoración de los Reyes, con marcos rococó.
     La colección de platería y orfebrería se compone de piezas de gran valor artístico. La Taca I muestra las más antiguas: copón plateresco de 1536; cálices rena­centistas del último tercio de este mismo siglo; jarra bautismal de finales del XVI; dos portapaces manieristas del cordobés Juan Bautista de Herrera, de 1617 y un cáliz limosnero de 1699, entre otros. En la Taca II destacan dos bandejas, labradas en Méjico por Diego González de la Cueva hacia 1735, y dos espléndidos atriles de estilo rococó, de finales del  siglo XVIII. La Taca III exhibe algunas de las obras más importantes: un juego de oro formado por cuatro piezas, donado a la Colegial en 1796 por el obispo Manuel Fe­rrer, un copón del cordobés A. Ruiz y la pieza más importante salida del Colegio de Plateros de Antequera, un portaviático rococó, de los plateros Félix Gálvez y Ga­briel de Navarrete.
     Otras piezas de interés son la imagen de Magdalena penitente, de Diego de Vega, del siglo XVI y la colección de ornamentos sagrados del tesoro de la Colegiata, como los ternos carmesí y de réquiem y las casullas de Santa Eufemia, del siglo XV, y la de los Evangelistas, de fi­nales del XVI, y otros ornamentos de la Cofradía de la Virgen  de los Remedios.
     Desde esta sala se accede a un pequeño espacio cubierto con armadura de madera policromada que provoca un gran impacto en el visitante, al estar ocupado en exclusividad por la impresionante escultura de San Francisco de Asís, de Pedro de Mena. En origen su destino fue el monasterio de la Magdalena, desde donde pasó a la parroquia de San Miguel, y de allí al Museo. Su iconografía, de tamaño natural y cuerpo entero, recoge el momento en que el cadáver del santo es descubierto en su tumba, de pie, incorrupto con la mirada dirigida al cielo como si estuviera aún vivo.
     La sala de la Virgen del Socorro está dedicada íntegramente a la exposición de parte de los enseres proce­sionales y de culto interno de la Pontificia, Real e Ilustre Archicofradía de la Santa Cruz en Jerusalén, Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima del Socorro: las dos túnicas del Nazareno, una de finales del XVIII; el manto nuevo de la Virgen (1890); dos «soles» de plata del siglo XVIII; la cruz de plata del Nazareno y estandartes del mismo siglo; estandarte de la Virgen y la Cruz de Jerusalén del platero del siglo XIX Francisco Durán; y va­rias tarjetas procesionales. Completa la sala una buena muestra de las típicas túnicas de terciope­lo bordadas en oro que llevan los hermanos mayores de paso y los niños campanilleros de lujo.
     De nuevo en la planta baja, hacia la salida nos encontramos con las dos últimas salas. En la de la Virgen del Rosario, no abierta al público, se guarda parte del tesoro de esta imagen, piezas procedentes de la Colegiata y algu­nas pertenecientes a la Virgen de los Remedios.
     Entre las obras de mayor empeño de la titular de la sala destacamos las andas de plata en forma de templete, magnífico ejemplar de la platería rococó andaluza. Dos miembros del Colegio de Plateros de Antequera, Félix Gálvez y Gabriel de Navarrete la labraron entre 1786 y 1788. Piezas de excepcional valor artístico son la custodia y andas del Corpus, compuestas por la custodia-farolillo y el arca eucarística, labradas por el platero granadino Salvador de Argüeta entre 1710 y 1711; el templete que las cobija fue realizado en 1860 por el antequerano Francisco Durán. Completan el ajuar de la Virgen del Rosario los mantos confeccionados con los ricos tejidos que vestían a las novias aristocráticas de los siglos XVIII y XIX, y otras piezas de tamaño menor como lámparas de plata, atriles y sacras.
     La última estancia del Museo está dedicada en exclusividad al pintor antequerano Cristóbal Toral, nacido en 1940. La colección está compuesta por óleos fecha­dos entre 1962 y 1975, entre los que señalamos El paquete (1975), presentado en la XIII Bienal de Sao Paulo (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Su fachada muestra dos partes claramente diferenciadas en el tiempo. La más antigua, que corresponde a las plantas baja y principal, es de comienzos del siglo XVIII, mientras que la torre-mirador y el cuerpo del ático se levantaron ya en la segunda mitad del siglo referido. Esta torre es obra de Nicolás Mejías.
     El patio tiene planta cuadrada y dispone doce columnas de orden toscano sobre las que descansan arcos de ladrillo y un segundo cuerpo bastante compacto. La caja de escalera se cubre con bóveda de media naranja sobre pechinas, todo decorado de yeserías del estilo de Antonio Rivera.
     Se comenzó la construcción de este palacio -aprovechamiento de una portada más antigua, hoy muy restaurada -en el primer tercio del siglo XVIII, para servir de morada a Don Alfonso de Eslava y Trujillo, quien a su muerte -sobrevenida en 1.736- dejó el inmueble casi concluido. Fue su hijo, Don Francisco de Eslava y Almazón, el que completó el edificio, añadiéndole, además, la bellísima torre-mirador (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Museo de la ciudad de Antequera constituye un servicio municipal del Ayuntamiento de Antequera, concebido como una empresa colectiva y como un núcleo de proyección cultural y social, adquiriendo un papel protagonista en el desarrollo e impulso de la cultura, además de ser un innegable elemento de atracción turística.
     El Museo de la ciudad de Antequera tiene sentido en función de su papel sociocultural en el que los ciudadanos acceden siendo conscientes del disfrute de un patrimonio que les pertenece y demandando una mayor calidad en los servicios que presta el Museo (Conforme se dispone en la Ley 8/2007, de 5 de octubre de Museos y Colecciones Museográficas de Andalucía).
     El Museo de la ciudad de Antequera participa de los criterios de gestión integrada que propone el Sistema Andaluz de Museos de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, y velará por el mantenimiento de su rango como Museo integrado a la Red Andaluza de Museos.
     Con ello el actual Museo Municipal de Antequera, creado por Orden Ministerial de 2 de diciembre de 1966, publicada en el B.O.E. de 31 de diciembre de 1966 pasa a convertirse en Museo de la Ciudad de Antequera, integrado en el Sistema Andaluz de Museos y Colecciones Museográficas.
     El Museo de la ciudad de Antequera está ubicado en el Palacio de Nájera, situado en Plaza del Coso Viejo y Calle Nájera, que está convenientemente adecuado a las necesidades museológicas y museográficas que deben desempeñar este tipo de centros.
     Este Museo Municipal, del siglo XVIII, destaca por su torre mirador como una de las más bellas de la arquitectura civil del barroco andaluz.
     En cuanto a la construcción del edificio, muestra dos periodos claramente diferenciados en el tiempo. La planta baja y la principal son de comienzos del siglo XVII mientras que, la torre-mirador y el ático corresponden a la segunda mitad del XVIII.
     La torre, en ladrillo cortado, está considerada como una de las más bellas entre los palacios andaluces tratándose de una traducción al barroco del modelo que se venía repitiendo en la ciudad desde el siglo XVI.
     A través del zaguán, en el que se contempla un bello zócalo, se accede al patio claustral barroco-mudéjar. Este, de planta cuadrada, con doce columnas de orden toscano en caliza roja del Torcal y arcos de ladrillo, se conceptúa como "clásico patio antequerano".
     También, dentro del capítulo arquitectónico, tenemos que destacar la magnífica caja de la escalera. Presenta planta cuadrada y doble tramo de ida y vuelta, cubriéndose con cúpula decorada con profusas yeserías.
     A continuación y escuetamente haremos un recorrido por las distintas SALAS de este MUSEO:
     Las colecciones con las que cuenta, se inician con la Sección de arqueología ubicada en la planta baja, con importante material encontrado en Singilia Barba, Nescania y Iluro y que en su mayoría formaron parte del Arco de los Gigantes.
     En la antesala del Efebo, encontramos materiales prehistóricos y romanos entre los que sobresale un bronce personificación de Antiocheia sobre el Orontes y el busto en mármol blanco de Druso el Mayor.
     La siguiente sala, está presidida por la obra emblemática del museo: El Efebo de Antequera, bronce romano del siglo I considerado por entendidos como "la pieza antigua más hermosa salida de suelo peninsular".
     La visita continua en la primera planta con la Sección de Bellas Artes.
     La galería alta es ocupada por dos series pictóricas sobre La Vida de Jesús y sobre la Vida de la Virgen, completándose su decoración con otras obras entre las que destacan el busto-relicario de Santa Eufemia y una Inmaculada del taller de Pedro de Mena.
     La Sala del Facistol, llamada así por albergar en su centro un atril de bello diseño que sostiene dos magníficos libros corales de 1570, cuenta entre otras con obras de Pedro Atanasio Bocanegra e importantes piezas de orfebrería.
     En la Sala de las Tacas, además de lienzos de autores como Antonio Mohedano Gutiérrez o Pedro Bocanegra, se encuentran las hornacinas que le dan nombre. En ellas, se exponen espléndidas piezas de orfebrería de los siglos XVI, XVII y XVIII.
     En la sala colindante se expone la segunda obra emblemática del museo: el magnífico San Francisco de Asís (1663) del granadino Pedro de Mena y Medrano, en madera policromada y tamaño natural.
     Significativas son también la Sala de la Virgen del Socorro y la Sala de la Virgen del Rosario que albergan importantes depósitos de las cofradías antequeranas. En la sala de abajo, encontramos unas diecisiete obras del pintor contemporáneo antequerano Cristóbal Toral. En el sótano, se sitúan dos salas de uso múltiple con objetos de tecnología tradicional y popular (Diputación Provincial de Málaga).

Convento de Santa Catalina de Siena

     Las religiosas Dominicas fundaron convento en Antequera, en la plaza del Coso Viejo, gracias al patrocinio del eclesiástico antequerano Francisco de Padilla y Alarcón, fallecido en 1607. Dedicado a la santa terciaria dominica sienesa, es conocido popularmente como las Catalinas. La iglesia se edificó entre 1724 y 1735 para sus­tituir a otra anterior consagrada en 1670. El nuevo diseño es obra documentada del alarife Andrés Burgueño. Al mismo tiempo se estaba construyendo enfrente el Palacio de Nájera, por lo que ambas fachadas ofrecían sus perfiles más «dignos» y monumentales a un ámbito eminen­temente comercial y popular, contribuyendo con sus funciones religiosa y cívico-aristocrática a aumentar la significación de este espacio.
     Burgueño ideó una planta y alzado sobrios y sencillos, siguiendo el modelo característico de iglesia conventual de monjas. Se estructura en una única nave, con bóveda de cañón con fajones y lunetos, arco toral de acceso a la capilla mayor, destacada por su bóveda gallonada sobre pechinas y por la profundización espacial con un tramo que se cubre con bóveda de cascarón y camarín polilobulado. Tiene coro bajo a los pies. Al exterior se resuelve con la misma tónica, sin renunciar a la incorporación de elementos gráciles en el muro del lado del Evangelio, que mues­tra su longitudinalidad hacia la plaza: la portada de acceso al templo, la torre en esquina y la repetición rítmica de las celosías altas que aligeran el paramento liso. La portada deriva de la de San Juan de Dios, de Melchor de Aguirre; su acceso de medio punto, entre medias pilastras toscanas, se corona con la imagen en terracota de Santa Catalina, cobijada por una hornacina avenerada rematada en frontón curvo y enrolla­do; dos escudos de la orden dominica culminan los ángulos del entablamento, a ambos lados de la hornacina. Sobre un alto basamento de planta cuadrangular la torre eleva sus dos cuerpos de campanas, coronándose con una cupulilla se­miesférica y veleta de hierro.
     El interior de la iglesia ha sido restaurado en el año 2000, tanto en sus elementos estructurales como en los bienes muebles. La capilla mayor cubre su testero con un retablo de finales del siglo XVIII, en madera dorada y policromada, semejando mármol veteado. El camarín central, un interesante espacio decorado con yeserías, cobija una talla de vestir de la Virgen del Rosario sobre peana, atribuida a Miguel Márquez; las hornacinas laterales guardan las imágenes de Santo Domingo de Guzmán y Santa Catalina de Siena, mientras que en las ménsulas superiores se apoyan las esculturas de San Vicente Ferrer y Santo Tomás de Aquino; el ático abre su hornacina central a una Inmaculada del siglo XVII. El programa ornamental afecta asimismo a las bóvedas que reciben una decoración de yeserías con escudos, florones, elementos simbóli­cos y lienzos de santas. En los muros laterales del presbiterio cuelgan sendos óleos de temática dominica. De la cúpula desciende una notable lámpara de plata blanca, de finales del siglo XVII. A los pies de la iglesia, en los paramentos de separación del coro con la nave, cuelgan tres lienzos interesantes: una Anunciación, al estilo de Mohedano, del siglo XVII, la Adoración de los Reyes y San Lucas. En el muro del Evangelio sendos retablos se dedican a Santa Catalina de Rissi y Santa Rosa de Lima, tallas de vestir dieciochescas. En este lado se hallan el púlpito de hierro con tornavoz de madera tallada, piezas del siglo XVIII. Tras la restauración, algunas piezas de la clausura han pasado a ocupar espacios preferentes en la iglesia, entre ellas los lienzos de Santa Te­resa y Santo Domingo de Guzmán, en el antepresbiterio. También en este tramo cuelga la reproducción de una imagen de gran devoción: el Dulce Nombre de Jesús, del convento de Santo Domingo.
     En el lado de la Epístola, sobre la puerta de la sacristía, destaca un lienzo votivo de la Virgen de las Angustias de Granada. En el mismo espacio se alza un retablo neogótico con una interesan­te imagen decimonónica del Corazón de Jesús Niño. Otros dos retablos del siglo XIX enfrentan a los del lado opuesto. Piezas destacadas del último de ellos son un Ecce-Homo, una Dolorosa de vestir de medio cuerpo y San José con el Niño, grupo escultórico relacionado con la producción de Carvajal. También en este lado son de señalar una pequeña imagen de vestir de Santa Teresa en una urna de cristal y hojalata, posible obra de Miguel Márquez, y los lienzos del Nazareno, de finales del siglo XVII, Virgen con el Niño y San Juanito con el Cordero.
     Completan el patrimonio mueble las piezas de la sacristía: juego de vinajeras, cáliz y copón del siglo XVII, y lienzos del Cristo de la Expiración y María Magdalena, de los siglos XVII y XVIII; en el coro hay numerosas piezas escultóricas y pictóricas, entre las que destaca un lienzo de la Inmaculada del siglo XVII y una serie litográfica del Vía Crucis (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Desarrolla una sola nave cubierta con bóveda de medio cañón, con arcos fajones y lunetos, que descansa sobre amplio entablamento del que cuelgan placas recortadas; un arco triunfal de medio punto sobre pilastras de capitel corintio, de paso a la capilla mayor que se cubre con bóveda gallonada sobre pechinas centradas por escudos nobiliarios sobre lienzo rodeado de carnosas yeserías. El presbiterio profundiza un pequeño tramo más que se cubre con bóveda de cascarón sobre dos pechinas que repiten un programa parecido al de la cúpula; tras el testero del altar mayor se levanta un camarín polilobulado con decoración de yeserías en la bóveda de gajos.
     El exterior resuelve como fachada principal todo el lateral del evangelio, que da a la antigua Plaza de Verduras o Coso viejo. Como elementos más interesantes destacan la portada en caliza roja del torcal y la torrecilla en esquina. La primera presenta acceso de medio punto, jalonado de medias pilastras toscanas, y ático con hornacina avenerada rematada en frontón curvo enrollado, que ocupa una imagen en terracota policromada de Santa Catalina; a ambos lados de la hornacina, y en el mismo eje de las pilastras laterales dos escudos de la orden dominica. La torre, de planta cuadrada y tres cuerpos, está realizada en ladrillo y abre arcos de medio punto entre pilastrillas en los cuatro frentes de sus dos cuerpos superiores; se remata en cúpula semiesférica con vistosa veleta de hierro.
     La actual fábrica de la iglesia se elevó entre los años 1.724 y 1.735, estando documentada la autoría del maestro Andrés Burgueño (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Conocido popularmente como las Catalinas, este convento, que acoge a las Dominicas, se fundó con los legados de Don Francisco Padilla y Alarcón, ilustre eclesiástico antequerano autor de numerosas obras en latín y castellano.
     La primitiva iglesia fue sustituida por la actual que data de 1735, obra de Andrés Burgueño.
     Su estructura responde a la típica iglesia conventual de monjas, de una sola nave, capilla mayor y coro bajo los pies.
     El exterior es de gran sencillez y belleza destacando la torrecilla de la esquina, la rítmica serie de celosías altas y la portada de ingreso al templo.
     La decoración interior a base de yeserías es de un barroquismo recargado con profusa decoración de angelitos y formas vegetales que se debe a Antonio Rivera.
     Las piezas que decoran el interior de la iglesia, aunque ninguna particularmente notable, crean un conjunto agradable y sencillo. En el retablo mayor destaca la Virgen del Rosario, obra probablemente de Diego Márquez y Vega.
     En el aspecto pictórico, destaca una Anunciación del siglo dieciséis (Diputación Provincial de Málaga).

Archivo Histórico Municipal - Antiguo Pósito
     Edificio civil de sumo interés es el Pósito, en la cuesta de Barbacanas, creado como almacén de trigo municipal para abastecer a la población y recuperado para sede del Archivo Histórico Municipal, tras la intervención rehabilitadora llevada a cabo por los arquitectos Ricardo Alario, Sebastián del Pino y Rafael Salgado, en armonía con el espíritu original del inmueble. Se trata de un conjunto de construcciones adosadas, de distintas épocas. El volumen mayor y más antiguo es el de la Gran Nave o Pósito propiamente di­cho, que acoge el grueso principal de los fondos, edificada en 1733 por Tomás de Melgarejo, según trazas de Andrés Burgueño, y reedificada de nueva planta en 1765; la Casa del Mayordomo también se levantó en esta misma época, labrán­dose en su interior, en 1770, un arca de caudales, conservada en la rehabilitación como espacio distribuidor enlace de cuerpos principales y ámbito administrativo. En 1773 Martín de Bogas sería el encargado de ampliar la capacidad de almacenaje con una nave anexa, conocida como la Panera, sala de investigadores y custodia de los fondos de origen eclesiástico y actas capitulares municipales (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Los sondeos realizados confirman la existencia de restos de habitación de época romana en este punto de la ciudad, por otro lado en el siglo XVI se construye el pósito de la ciudad, aunque posteriormente ha recibido importantes remodelaciones, particularmente en el siglo XVIII. 
     Los elementos más significativos, aparte de su interés como volumen de fuerte presencia, son la portada principal labrada en piedra arenisca y las fuertes cornisas con gárgolas. 
     El actual Archivo Histórico de la ciudad de Antequera surge de la rehabilitación del Antiguo Pósito, un edificio situado en la Cuesta de las Barbacanas, en la parte alta de la ciudad. La edificación se compone de tres piezas que conforman una L, que tienen orígenes distintos y obedecen a diferentes configuraciones formales, espaciales y constructivas. El lado mayor lo constituye la Gran Nave, el lado menor es una ampliación posterior y en el encuentro entre ambos lados se sitúa la Casa del Mayordomo, de una escala más doméstica que las anteriores construcciones.
     La intervención dota al conjunto de una continuidad secuencial de usos a través del tratamiento espacial y de los materiales utilizados, que pone de manifiesto la adecuada integración y el enfoque arquitectónico global de todos los edificios para concebir un nuevo uso. Se recuperaron con gran rigor los elementos de mayor valor, en concreto las bóvedas rebajadas del salón rectangular del edificio llamado La Panera, en el lado menor, o las bóvedas del semisótano de la Gran nave, se eliminaron los elementos añadidos no originales, y se reconstruyeron los más deteriorados aplicando tecnologías claramente diferenciadas, con lo que se introduce una distancia histórica y constructiva apreciable. Destaca la innovación aportada con la sección genérica que se propone para el cuerpo del antiguo depósito de cereales como elemento claramente identificable de la propuesta (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Edificio construido como Pósito Municipal en 1733 por Tomás Melgarejo. Utilizado durante la Guerra Civil como cárcel y tras numerosas transformaciones y añadidos, ha sido rehabilitado, recientemente, para albergar más de 3.000 metros lineales de documentación.
     Con planta en forma de L y una superficie de 816,23 metros cuadrados, está dividido en tres plantas. La gran nave principal, recoge el volumen mayor de fondos; la sala de La Panera, los de origen eclesiástico y actas municipales y, La Casa del Mayordomo, los servicio administrativos y una amplia zona de investigaciones.
     En este archivo encontramos algunas colecciones importantísimas como la de 64 libros cantorales del siglo XVI al XIX con miniaturas muy interesantes (Diputación Provincial de Málaga).

Iglesia de San José - Museo Conventual Descalzas
     La fundación de las Carmelitas Descalzas de Santa Teresa se remonta a 1632. De la fábrica original se conserva la puerta reglar de acceso al convento, cuya sencillez responde a las normas constructivas de esta comunidad. En los solares contiguos al establecimiento primitivo se edificó el templo actual, cuyas obras se dilataron desde 1707 hasta 1734. El cenobio, cuya extensión no ha mermado demasiado desde el siglo XVIII, se articula alrededor de la iglesia, y cuenta con tres patios claustrales, un claustrillo, una huerta y un pequeño cementerio. La planta del templo sigue el esquema de cruz latina de brazos poco pronunciados, cabecera plana y coro a los pies. Su única nave se cubre con bóveda de medio cañón con fajones y lunetos, destacando sobre el crucero una cúpula gallona­da rematada en linterna. Desde el ámbito presbiterial se accede a la sacristía cuyo es­quema rectangular se ciñe en su tramo intermedio por una bóveda de medio cañón y en los extremos por cuartos de esfera. La decoración de placas recortadas de los fajones recuerda la obra de Cristóbal García, documentada en otros templos antequeranos. Destaca la solución en alzado, que combina elementos lineales tectónicos, como las pilastras y un soberbio entablamento corintio, con la plasticidad más orgánica aportada por la decoración de yeserías que cubre las pechinas. Una de las aportaciones más notables es su fachada, realizada en ladrillo, abierta a la plaza de las Descalzas. Si bien el diseño general responde a los esquemas carmelitanos, ahora evolucionados, su programa ornamental, con motivos mitológicos, rompe con el espíritu afín a los mismos y se relaciona con el estilo de Tomás de Melgarejo. El gran paño rectangular, encajado entre pilastras de orden gigante, con portada articulada en dos cuerpos, se corona con un frontón horadado por un óculo. Particularmente singular es la labra del ladrillo minuciosamente tallado y las figuras mitológicas realizadas en barro cocido, que ocupan el cajeado de las pilastras, los capiteles y las ménsulas, en forma de sirenas, tritones, pegasos y mascarones. En el centro del segundo cuerpo una hornacina guarnecida por pilastras cajeadas y dobladas y frontón partido cobija la escultura en terracota de San José; el mismo esquema, a menor escala, se repite a los lados, para los escudos de la or­den, y sobre ellos ventanas de perfil moldurado coronados por frontones en cortina. Lateralmente se aprecian restos de pintura mural, resaltando la textura del material latericio.
     La comunidad de Carmelitas Descalzas posee un sobresaliente patrimonio artístico, tanto por su cantidad como por la calidad de las piezas, exhibidas desde 1999 de forma museística en el conocido, desde en­tonces, como Museo de las Des­calzas. La propia iglesia está integrada dentro  del  recorrido de la exposición. Tres retablos coetáneos ocupan el presbiterio. El mayor, construido en el último tercio del siglo XVIII y atribuido al taller de Diego Márquez, despliega un programa iconográfico de santos papas y obispos de la orden y está presidido por una imagen del Santo Patriarca, de comienzos del siglo XVII; también aquí luce la cabeza que en 1759 tallara Andrés de Carvajal para sustituir a la original, cortada por un rayo, que se exhibe en la sala de la Soledad. En el retablo colateral de la Epístola hay una talla anónima del siglo XVIII de Santa Teresa de Jesús.
     En el lado del Evangelio destaca el retablo ro­cocó del testero del crucero dedicado a la Dormición de la Virgen y al Triunfo de San Miguel sobre la Muerte, con piezas notables como el Arcángel venciendo al Diablo, imagen napolitana del  XVIII, y la talla de vestir de la Virgen del Tránsito. Entre el resto de obras de este espacio resaltamos: Jesús Caído, lienzo del mexicano  Antonio de Torres, activo entre el último tercio del XVII y el prime­ro del XVIII, y dos barrocas Perspectivas arquitectónicas. El crucero del lado opuesto lo preside una notable imagen de la Virgen del Carmen, anónima del siglo XVII, presente ya en la primitiva iglesia conventual, y dos nuevas Arquitecturas, parejas de las anteriores. Sin duda, entre las obras más importantes de la Iglesia-Museo se encuentran dos lienzos del pintor Pedro Atanasio Bocanegra: San José con el Niño y San Juanito, en el lado del Evangelio, y La Virgen con el Niño adorados por santos, en el lado de la Epístola.
     Desde la iglesia accedemos a la sacristía, donde vemos un Cristo de marfil bajo doselete del siglo  XVIII, los retratos de dos personajes de Indias relacionados con el convento, del mismo siglo, las figuras en barro policromado de Santa Ana maestra de la Virgen y San Joaquín y una copia dieciochesca de Rubens del Pasaje de la vida de María de Médicis, con espléndido marco barroco.
     En la parte alta nos detenemos en la Sala de la Tribuna, que muestra una de las partes más importantes del patrimonio conventual. En el centro, un busto de Dolorosa de Pedro de Mena. Una urna guarda un significativo conjunto com­puesto por una imagen de la Virgen del Rosario y su templete, réplica de la venerada talla de San­to Domingo, ejemplo singular de una práctica común en la época. La sala acoge una interesan­te colección de imágenes del Niño Jesús, de los siglos XVII y XVIII; uno de ellos, exhibido en su propia urna decimonónica, es el llamado Niño Jesús «Misionero», de Andrés de Carvajal. En­tre el resto de piezas subrayamos un Misterio de Belén, delicada muestra quiteña del siglo XVIII, y una serie de crucificados de marfil, entre los que destaca una pieza manierista del siglo XVI. El apartado pictórico reúne, entre otras obras, un importante conjunto del pintor Antonio Mo­hedano, como el San Miguel Arcángel vencien­do al Demonio, la bellísima Virgen del Silencio, Aparición de la Virgen y el Niño a San Alberto de Sicilia, y un óleo sobre tabla de la Virgen con el Niño. Numerosas piezas de plata completan la estancia, aunque la colección se amplía en la sala siguiente, que agrupa el más importante conjunto litúrgico del Museo.
     En la Sala de San Luis destacan dos importantes obras napolitanas del escultor Nicolás Fumo, realizadas en 1705 y donadas al convento en 1774: Inmaculada y San José, cobijadas en urnas de madera de palo santo, carey y bronce. Una de las joyas del Museo, el Niño Jesús Pastorcito, es una encantadora escultura atribuida a Francisco Salcillo. Del mexicano Antonio Torres se exhiben dos lienzos, La Virgen de Guadalupe y la Virgen de la Asunción o de los Remedios. Del siglo XVI es una tabla hispano-flamenca con la Piedad, en un retablo plateresco, muestra de de­voción doméstica. Por último, dos retratos sobre lienzo de personajes vinculados a la orden: Sor Elvira -Manuela Mariana de San José, fundadora del convento hermano de Vélez-Málaga- y San Juan de la Cruz.
     La Sala de la Soledad recibe el nombre por la imagen que la preside: la Virgen de la Soledad o de las Lágrimas, del siglo XVII, talla de vestir de medio cuerpo, del antequerano Antonio del Castillo; su retablo muestra una Virgen con el Niño, de la escuela de Mena. En esta sala se expone otra de las joyas del Museo, una espléndida Vir­gen de Belén atribuida a Luisa Roldán. Asimismo se exhibe la cabeza original del San José del retablo mayor, ya mencionado, y una Virgen de los Dolores, imagen de vestir de Miguel Márquez. Dentro de la sección escultórica destacan asimismo: la Niña María dormida, tierna terracota del siglo XVIII; nuevos Niños Jesús; un Crucificado de la Expiración, obra notable del siglo XVII, y un  ingenuo grupo decimonónico, en barro policromado, de la subida de San Elías al cielo en el carro de fuego. Entre los lienzos hay: una espléndida Santa Teresa doctora, de Luca Giordano, la pareja formada por la Virgen del Rosario y el Nazareno, de taller antequerano del XVIII, y un óleo sobre cobre del siglo XVII con la cabeza de San Francisco Javier.
     La incorporación de las dos galerías que con­ forman los corredores altos del claustrillo, y a la que se abren las puertas de las salas, sitúan la visita dentro de ese espíritu conventual que ins­pira el conjunto. Para este ámbito se ha escogido parte de la extensa colección de urnas acristaladas con imágenes dedicadas al Niño Jesús, la Virgen y San José, obras dieciochescas de gran sabor popular (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La Iglesia de San José y su Convento es un edifcio religioso antequerano hogar de la congregación de las Carmelitas Descalzas de Santa Teresa. Ocupan el lugar desde el año 1632, cuando las monjas de Santa Teresa de Jesús vinieron a fundar el convento en Antequera, bajo el patrocinio de una singular dama de la época, doña María de Rojas y Padilla. La actual iglesia se levantó entre los años 1707 y 1734. 
     El conjunto de la iglesia, convento y el museo Conventual de las Descalzas se hallan en la Plaza de las Descalzas, situada en el casco antiguo de la ciudad, ocupando uno de los vértices de la misma, junto a las calles Cuesta de los Rojas y Barbacanas. La fachada se abre a la ajardinada plaza. 
     La extensión del conjunto conventual llegó a tener una superficie de 3.400 metros cuadrados, que salvo pequeños recortes han llegado hasta nuestros días. El convento se compone de Iglesia, sacristías, tres patios claustrales, otro más sencillo y una huerta y cementerio de pequeñas dimensiones. Del exterior de todo el conjunto destaca la importante fachada principal de la iglesia resultando muy original la disposición de los materiales de su fábrica: caliza roja y gris, arenisca, ladrillo tallado y aplicaciones de barro cocido.
     El Museo Conventual de las Descalzas fue inaugurado el día 16 de octubre de 1999, coincidiendo con las Jornadas Europeas de Patrimonio que en ese año estaban dedicadas a los monasterios y conventos andaluces. Se accede al Museo a través de una pequeña puerta situada entre la entrada principal al templo y la puerta del convento, desembocando en un pequeño vestíbulo donde el visitante es atendido por un Guía. En la actualidad, el Museo Conventual muestra algunas dependencias del Convento y las importantes obras pictóricas, escultóricas y de platería que se guardan en la clausura. También, desde el año 2007 se ha colocado una verja de hierro forjado, rematada con flores de lis, para la protección de la portada de la iglesia en la que destacan, como se ha indicado, numerosas aplicaciones en barro cocido (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La fachada de su iglesia es genuina representación del barroco antequerano y en el interior hay un interesante Museo Conventual.
     Fundada en 1632, esta casa convento es conocida popularmente como Las Descalzas.
     En el conjunto de su exterior destacan la elegante portadita de regla del tiempo de su fundación y la fachada barroca de la actual iglesia de comienzos del siglo diecisiete, atribuible a Tomás de Melgarejo.
     La planta de esta iglesia es de cruz latina, de una sola nave y con los brazos del crucero poco profundos. El alzado resulta bellísimo en sus volúmenes espaciales y perfecto en la elaboración de todos sus detalles.
     El retablo mayor está articulado en tres calles y rematado en medio punto. La hornacina principal está ocupada por una interesante imagen de la Virgen del Carmen de principios del diecisiete. En los muros laterales destacan diversos cuadros como La Virgen del Silencio o San Miguel Arcángel.
     A ambos lados de la capilla mayor, en el crucero, hay dos retablos de la misma época que el mayor, ocupados por las esculturas de Santa Teresa, bella imagen del siglo dieciocho y la de San José, de comienzos del diecisiete. Por cierto, que esta última quedó cortada de cuajo por la cabeza por una chispa eléctrica durante una tormenta optando las monjas por encargar una nueva cabeza al escultor Andrés de Carvajal y colocando la original en una vitrina, que aún podemos contemplar en la sala de la Soledad del Museo Conventual.
     En el brazo del crucero, encontramos un retablito rococó con una encantadora Virgen del Tránsito vestida con ricas telas. Sobre este retablo, un interesante lienzo de Jesús Ciado con la Cruz a Cuestas de Antonio Torres.
     A lo largo de la nave del templo, podemos ver los mejores lienzos de la iglesia: una Virgen Guadalupana (1709), un Jesús a la Columna del siglo diecisiete o el interesantísimo San José con el niño y San Juanito, obra de Pedro Atanasio Bocanegra.
     En el lateral de la Epístola, destacamos una de las composiciones más celebradas del patrimonio local, la Virgen con el Niño adorados por San Miguel, San Gabriel y San Ildefonso y Santa Catalina, también obra de Bocanegra.
     Aunque toda la clausura conventual es un auténtico museo, resaltaremos la llamada "Sala de la Santa" presidida por una Santa Teresa de tamaño natural sentada. A ambos lados, dos magnificas esculturas del napolitano Nicolás de Fumó fechadas en 1705 que representan a San José y a la Inmaculada sin olvidar, un relicario de plata en el que se enmarca una carta autógrafa de la Santa de Ávila.
     El Museo Conventual de las Descalzas está situado en las propias dependencias del convento de las Carmelitas Descalzas, y fue inaugurado en 1999. Es fruto del deseo y esfuerzo de estas religiosas por exponer la amplia colección de obras propias de destacado valor artístico hasta entonces desconocidas para el gran público.
     Se accede por la puerta de la Iglesia de San José que es la primera estancia que se visita y que encontrará descrita en apartado propio.
     Se continua por la Sacristía desde donde se accede a las salas altas del Museo, no sin antes detenernos y contemplar piezas como un espejo velazqueño, un Cristo de marfil o varios retratos al óleo del siglo XVIII de personajes de las Indias relacionados con el convento.
     Una escalera nos conduce a la galería llena de celosías y urnas acristaladas a la que se abren las tres salas del museo: la de la Tribuna, la de San Luis y la de la Soledad. A través de ellas se puede contemplar un patio conventual con una fuente central.
SALA DE LA TRIBUNA: Centrando la estancia nos encontramos un busto de Dolorosa del granadino Pedro de Mena. En sus paredes, nos sorprende un importante conjunto de obras del pintor manierista Antonio Mohedano destacando el lienzo de influencia de la América mestiza de San Miguel Arcángel venciendo al Demonio.
     En esta misma sala se exponen, en una vitrina en la pared, un interesante conjunto de imágenes del Niño Jesús, las figuras del misterio de Belén y numerosísimas piezas de plata. Igualmente destaca por su singularidad la imagen-réplica de la Virgen del Rosario guardada en un magnifica urna de hojalata y cristal.
SALA DE SAN LUIS: En ella resaltan las magníficas esculturas de la Inmaculada y la de San José, realizadas por Nicolás Fumo en 1705; y una de las piezas más preciadas del museo, la pequeña escultura del Niño Jesús Pastorcito, atribuida a Francisco Salcillo.
     Por último en esta sala, reseñamos la Vitrina-escaparate donde se expone un importante conjunto de piezas de platería, llamando nuestra atención el relicario del siglo XIX en el que se guarda una carta autógrafa de Santa Teresa fechada en 1577.
SALA DE LA SOLEDAD: Su nombre hace referencia a la imagen de vestir de medio cuerpo de la Virgen de la Soledad o de las Lágrimas, obra documentada del siglo XVII del escultor antequerano Antonio del Castillo. En la misma sala se expone una de las mejores esculturas del museo, la Virgen de Belén, pieza de suma delicadeza, atribuida a Luisa Roldán "La Roldana" (Diputación Provincial de Málaga).

Palacio Marqueses Peña de los Enamorados

     El palacio de los Marqueses de la Peña de los Enamorados, hoy Colegio de Padres Carmelitas, cuya construcción original corresponde a la segunda mitad del siglo XVI, muy reformada, tanto exterior como interiormente, para su adecuación colegial. Su fachada de ladrillo, tiene como modelo los alcázares urbanos castellanos torreados en las esquinas (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     El buque de la gran fachada de ladrillo responde al modelo de alcázar urbano castellano -torreado en las esquinas-, pero en él se combinan formas y volúmenes del mudéjar andaluz. 
     El conjunto de la maqueta de la fachada es una réplica libre de otro palacio antequerano -el del Conde de la Camorra-, lamentablemente demolido en 1.979. Presenta al exterior siete ejes de huecos, con rejas en planta baja y balcones en la principal, rematándose en un ático o sobrado, que se le añadió modernamente. Las torres siguen el modelo típico local. El patio presenta columnas toscanas y arcos de ladrillo en planta baja.
     Su construcción corresponde a la segunda mitad del siglo XVI, aunque debe advertirse que el aspecto general que ahora presenta dista bastante del que ofreciera en principio. Ello es debido a las distintas reformas y añadidos que ha sufrido a lo largo de su existencia, siendo particularmente importante las obras efectuadas en 1.947-1.949 para convertir el edificio en colegio e internado de P.P. Carmelitas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Palacio de finales del siglo dieciséis, construido bajo los cánones del mudéjar y el renacentismo. Es el actual Colegio de las Carmelitas.
     En el aspecto histórico, este edificio es uno de los más significativos entre los de carácter civil de Antequera. En él residió durante siglos la familia de los Rojas, cuyo ascendente más lejano en esta ciudad fue don Martín de Rojas Manrique, que participó en la conquista junto al Infante Don Fernando.
     El título de Marqués de la Peña de los Enamorados le fue concedido a su descendiente Don Jerónimo Francisco de Rojas a mediados del siglo dieciocho. La influencia de esta familia en la vida de la ciudad fue muy grande hasta el siglo diecinueve. Señalamos el detalle significativo de la estancia en este palacio de toda la familia real durante la visita de la reina Isabel II a Antequera en 1862.
     En el aspecto arquitectónico, la fachada de ladrillo del edificio responde al modelo de alcázar urbano castellano, torreado en las esquinas, pero en él se combinan formas y volúmenes del mudéjar andaluz. Su construcción corresponde a la segunda mitad del siglo dieciséis, aunque su actual aspecto dista bastante del que ofreciera en principio debido a distintas reformas, siendo particularmente importantes las obras efectuadas entre 1947 y 1949 para convertirlo en Colegio e internado de los Padres Carmelitas.
     Interiormente conserva muy poco de su disposición primitiva debido al incendio sufrido durante la guerra civil. El patio sólo tiene tres alas de columnadas que presentan cada una cinco arcos de ladrillo sobre columnas toscanas de caliza roja del Torcal. El segundo cuerpo se ve coronado por un pretil de celosía de barro (Diputación Provincial de Málaga).

Convento de la Victoria - Museo y Capilla Beata Madre Carmen del Niño Jesús
     La primitiva fundación, debida a los frailes Mínimos de San Francisco de Paula, se remonta al año 1585. La iglesia actual, construida entre 1712 y 1718, vino a sustituir a otra anterior finalizada en 1669. El proceso desamortizador hizo que el convento estuviera abandonado hasta 1884, cuando lo ocuparon las Religiosas Terciarías  Franciscanas, capitaneadas por la antequerana Madre Carmen del Niño Jesús, de gran predicamento en la ciudad. Esta congregación lo convirtió en la insti­tución colegial que ha llegado a nuestros días.
     El diseño en planta y alza­do lo sitúa entre los edificios religiosos más singulares de Antequera. Desarrolla un esquema centralizado doble de gran complejidad: un primer octógono de lados desiguales conforma la nave propiamente dicha, que da acceso en eje a la capilla mayor, tratada como ámbito hexagonal independiente. Ambas unidades se cubren con bóvedas que parecen preparadas para recibir una decoración pintada. En los alzados están particularmente tratados los entablamentos de ancho recorrido, que apoyan en pilastras corintias de fuste cajeado. La decoración de yeserías encaja en elementos arquitectónicos resaltados: los fustes, recorridos por guirnaldas, y el entablamento, las pechinas y las enjutas, con placas de florones y escudos. En el lado de la Epístola  se abre una capilla cubierta con una extraña solución de tres bóvedas de arista irregulares; desde aquí se accede a la capilla del Resucitado, pequeño espacio sobre gradas, ornamentado con yeserías, del último tercio del siglo XVII, posibles restos del templo primitivo. La fachada principal, de sillería, está recorrida por un orden gigante de pilastras compuestas que sostienen un potente entablamento. Sobre el ático, de escaso desarrollo, se eleva una espadaña de ladrillo añadida en el XVIII. La portada propiamente dicha otorga al edificio un marcado aspecto civil, al volar sobre el cuerpo superior un amplio balcón, acom­pañado de otros dos en los laterales; el cuerpo bajo se abre con doble arco, entre columnas, cuyo arranque se resalta con un pinjante.
     Ocupa el testero de la capilla mayor un retablo neoclásico, realizado entre los siglos XVIII y XIX, que sirve de embocadura a un camarín de planta hexagonal, cubierto de yeserías dieciochescas, cuya imagen titular carece de interés. Los medios puntos de la bóveda principal se decoran con pasajes de la Vida de San Francisco de Paula.
     La mayor parte de los retablos de los testeros de la nave son de la primera mitad del XVIII. En el lado del Evangelio destaca el dedicado a San José, obra documentada de Antonio Rivera, de 1720; la imagen titular es pieza del siglo XVII. En el tramo central del lado de la Epístola se abre la capilla de San Francisco de Paula, cuyo retablo parece obra del mismo autor; en él señalamos las tallas de los beatos Gaspar de Bono y Nicolás de Longobardio, realizadas en 1800 por el fraile Manuel Bidal. En la capilla del Resucitado, la imagen titular se puede relacionar con el círculo de Pablo de Rojas. En el mismo ámbito se encuentra una de las piezas más destacadas del templo: un lienzo con la Alegoría de la Eucaristía, de principios del siglo XVII, relacionable con Lucas Valdés. En la nave de nuevo, en el tramo cercano al cancel, se encuentra el retablo de San Francisco de Sales, construido con restos de piezas manieristas para cobijar dos interesantes pinturas sobre tabla del siglo XVII, y en el ático una talla de San Juanito, del estilo de Alonso de Mena (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La iglesia, muy interesante en su disposición de planta y alzado, es un ejemplar de verdadera rareza entre los templos antequeranos. Su fachada, toda ella realizada en piedra de sillería, aunque muy deteriorada, organiza tres ejes divididos por un orden gigante de pilastras corintias y coronada de entablamento de fuerte claroscuro. Sobre el ático se superpone una espadaña de ladrillo en forma de tríptico con tres huecos de medio punto, del último tercio del siglo XVIII.
     Pero lo realmente importante de este templo es su interior. La nave propiamente dicha es un octógono de lados desiguales, conformando un espacio alargado y articulándose con una capilla mayor hexagonal; el testero mayor ocupa el camarín de la imagen titular.
     Fue construida esta iglesia por los Frailes Mínimos de San Francisco de Paula, entre los años 1.712 y 1.718, en sustitución de otro templo anterior. Desde 1.884 la Iglesia y Convento de la Victoria pertenecen a la Orden Terciaria Franciscana de los Sagrados Corazones (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Cuenta con una iglesia del primer tercio del siglo dieciocho que se construyó siguiendo un esquema similar al de algunos modelos del barroco italiano.
     La Congregación de Religiosas Terciarias fundada por la antequerana Madre Carmen del Niño Jesús ocupa desde 1884 este inmueble que en el siglo diecinueve fue abandonado por los frailes Mínimos como consecuencia de la Desamortización.
     La iglesia, construida entre los años 1712 y 1718, resulta interesantísima en su disposición de planta y alzado ya que es un ejemplar de verdadera rareza entre los templos antequeranos.
     La fachada, realizada en piedra de sillería, presenta un acusado aspecto civil mientras que el interior muestra un modelo de planta central muy elaborado y nada habitual en la arquitectura española hasta bien entrado el siglo dieciocho.
     La nave es un octógono de lados desiguales, conformando un espacio alargado articulado por una capilla mayor de planta hexagonal cuya decoración se realiza a base de yeserías y cuyo retablo responde a un concepto neoclásico (Diputación Provincial de Málaga).
     
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Palacio de Nájera - Museo de la Ciudad, Convento de Santa Catalina de Siena, Archivo Histórico Municipal - Antiguo Pósito, Iglesia de San José - Museo Conventual Descalzas, Palacio Marqueses Peña de los Enamorados, y Convento de la Victoria - Museo y Capilla Beata Madre Carmen del Niño Jesús) de la localidad de Antequera (V), en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

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