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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 2 de enero de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Santiago el Mayor, Convento de Santa Clara de la Columna, Castillo de los Sotomayor, Convento de los Santos Mártires de Marruecos, Hospital de San Antonio, Ermita de Nuestra Señora de Gracia de Alcantarillas, Ermita de Nuestra Señora de Consolación, Ermita de San Sebastián, Ermita de San Antón, Puente de San Pedro, Fuente del Pilar, y Pósito) de la localidad de Belalcázar, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santiago el Mayor, Convento de Santa Clara de la Columna, Castillo de los Sotomayor, Convento de los Santos Mártires de Marruecos, Hospital de San Antonio, Ermita de Nuestra Señora de Gracia de Alcantarillas, Ermita de Nuestra Señora de Consolación, Ermita de San Sebastián, Ermita de San Antón, Puente de San Pedro, Fuente del Pilar, y Pósito) de la localidad de Belalcázar, en la provincia de Córdoba.
     Destaca su castillo gótico de los Sotomayor, un pétreo centinela que guarda la puerta noroeste de la provincia. El soberbio castillo de los Sotomayor es como un pétreo centinela que guarda la puerta noroeste de la provincia de Córdoba, donde termina Andalucía y empieza, enseguida, Extremadura. Sus berroqueños sillares, proclamando el poderío ya marchito del viejo condado, escriben en el paisaje una página de historia medieval, mientras la parroquia de Santiago el Mayor, en el corazón ajardinado de la villa, emula en volumen y granito a la fortaleza.
     Villa situada al oeste de Los Pedroches, junto a la carretera C-420.
     Distancia a Córdoba: 100 Km.
     Altitud: 488 m.
     Extensión: 355 Km2
     Habitantes: 3.567.
     Gentilicio: Belalcazareños.
     Mancomunidad: Los Pedroches
     La actual población fue fundada por los árabes hacia el siglo VIII con el nombre de Gafiq que cambió por Gahet o Gahete tras la conquista cristiana. La etapa más importante de su historia se inicia en 1444, cuando Juan II la dona, con la vecina Hinojosa, al maestre de Alcántara Gutierre de Sotomayor, por los servicios prestados en sus luchas contra el infante Don Enrique. Elvira de Zúñiga logró en 1466 para su hijo Gutierre II el título de conde y terminó la construcción del castillo de la familia, que la llevó a cambiar el nombre del pueblo por el de Belalcázar o bello alcázar. Fue Belalcázar desde entonces la capital del condado de su nombre que comprendía además Hinojosa, Villanueva del Duque y Fuente la Lancha, cuya titularidad ostentó desde 1518 el duque de Béjar. Durante la invasión napoleónica el castillo cobijó a una guarnición francesa, que se vio hostigada por una partida guerrillera comandada por el cura Clemente Arribas. Entre los hijos ilustres que ha dado la villa destacan el oftalmólogo árabe Al-Gafequi y el conquistador Sebastián de Belalcázar.
     Oficina de Turismo de Belálcazar
     +34957146321
     https://www.belalcazar.es/ (Diputación Provincial de Córdoba).
     Fue conocida en tiempos islámicos como Gafiq, castellanizado luego en Gahete. Su reconquista debió tener lugar entre 1236 y 1241, pasando en 1243 a depender de Córdoba. En 1444 la villa fue donada por Juan II a Gutierre de Sotomayor, maestre de la orden de Alcántara, con oposición de Córdoba. En 1466 Alfonso I de Sotomayor recibió el título de conde y la villa pasa a llamarse Belalcázar, en atención al hermoso castillo que había construido en el lugar. En 1518 Francisco I casó con Teresa de Zúñiga, heredera de las casas de Ayamonte y Béjar. El último señor fue el duque de Osuna, titular del ducado de Béjar (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Belalcázar, famoso por sus hijos, Sebastián de Belalcázar, conquistador americano, y Corpus Barga, escritor, tanto como por su castillo, cuya estampa renacentista se yergue en un montículo al norte de la población, y su convento de Santa Clara, uno de los principales conjuntos conventuales de la provincia, que ha mantenido a lo largo del tiempo y prácticamente incólume la impronta gótica de su fundación en 1476 (Rafael Arjona. Guía Total, Córdoba. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2009).
     Este bello pueblo serrano de aspecto medieval se alza a los pies del castillo que acabó dándole nombre, en el extremo más occidental del valle de los Pedroches.
Historia
     La ciudad adquirió el nombre actual a par­tir de 1466 con la terminación del castillo de los Sotomayor, al que el vulgo llamó "bello alcázar". Durante la primera época de la dominación árabe se llamó Gafik y entre los siglos XII y XV, Gahet o Gahete, siendo por entonces una de las ciudades más importantes de Al-Ándalus y cuna, entre otros muchos personajes importantes, del farmacólogo Yafa al-Gafiqi y del oftalmólogo Astan al-Gafiq que ejerció la medicina en Córdoba y que, ya en el siglo XII, operaba con éxito de cataratas.
     Don Gutierre de Sotomayor, maestre de la Orden de Calatrava, fundó el señorío a partir de 1444, gracias a la donación de Juan II de Castilla.
     Los señores de Sotomayor embellecieron la ciudad fundando la mayoría de los monumentos que actualmente conserva. Sebastián Moyano, natural del pueblo y de familia humilde, que luego se hizo llamar Sebastián de Belalcázar, fue el conquistador de Nicaragua y el fundador de Quito.
Fiestas
     El día de San Antón, último domingo de enero, los vecinos acuden en procesión con sus animales a la ermita del santo, a cuyo alrededor dan tres vueltas para que los proteja de los dolores de barriga. El último fin de semana de abril tiene lugar la romería de Nuestra Señora de Gracia de Alcantarilla.
VISITA
     Las casas de la ciudad muestran en los dinteles de sus puertas y ventanas la abundancia de granito con que cuenta la zona. Muchos de ellos forman arcos de diversos tipos, principalmente escarzanos, como el de la puerta del antiguo pósito, situado en la calle del Padre Torrero. La plaza de la Constitución alberga la parroquia de Santiago, inmenso navío de piedra granítica jalonado en sus muros laterales por poderosos contrafuertes que le dan el aspecto de iglesia gótica catalana.
ALREDEDORES
     El castillo*, que no es posible visitar, se encuentra en un altozano, extramuros de la ciudad. Es más un palacio que una fortaleza guerrera y, aunque algo dañado en el exterior y completamente saqueado por dentro, sobre­coge su grandiosidad y su belleza.
     Fuera también del casco urbano, a unos 2 km en dirección a Hinojosa del Duque, se levanta el convento de Santa Clara*, habitado por monjas clarisas, joya del gótico isabelino y uno de los más interesantes de toda la provincia. Destaca la portada de la iglesia, con un precioso arco trilobulado, y el claus­tro con dos pisos de galerías abiertas (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Iglesia de Santiago el Mayor.-
     El edificio, que se comenzó a construir a mediados del siglo XVI, se ha relacionado con la producción de Hernán Ruiz II y Juan de Ochoa; a lo largo del siglo XVII se le añadieron capillas, conservando casi todas escudos nobiliarios; a raíz del hundimiento de las cubiertas, en 1967 el templo fue sometido a una profunda reforma, que afectó sobre todo a éstas, al presbiterio y a las capillas del lado izquierdo.
     A la izquierda, sobre el acceso a la sacristía, se ve un relieve con el Padre Eterno, de principios del XVII, que debió pertenecer a una portada. De las imágenes devocionales de las capillas pueden citarse la de Nuestra Señora de Gracia de Alcantarilla, de vestir moderna, que lleva un Niño procedente de otra anterior perdida, la Dolorosa de vestir, atribuida a Martínez Cerrillo, Jesús Nazareno, obra de Castillo Lastrucci de 1940, restaurada en 1996, María Santísima de la Soledad, de 1952, y San Juan, de 1952, y San Juan, de 1948, obras de José Callejón Gutiérrez. El Cristo de la Salvación es anónimo cordobés de 1941, como el Yacente, donado en 1948.
     Del ajuar litúrgico cabe destacar una cruz parroquial de mediados del XVII recompuesta, un cáliz dorado con cabujones esmaltados y piedras semipreciosas de 1623, otro liso de plata fechado en 1669 y otro con leve decoración incisa que lleva fecha de 1702 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Iniciado en 1559 y terminado en el siglo XVII, es un templo renacentista de una sola y amplia nave, cuya primitiva grandeza arquitectónica disminuyó la restauración llevada a cabo para reparar los daños de la Guerra Civil, que afectó a la bóveda y exedra semicircular del presbiterio.
     Se da como probable la intervención en sus obras de los arquitectos Hernán Ruiz II y Juan de Ochoa (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia conventual de Santa Clara de la Columna.-

     Fue fundado en el último cuarto del siglo XV por doña Elvira de Zúñiga. Se restauró en 1995 bajo la dirección del arquitecto Arturo Ramírez Laguna. Al compás abre la fachada de la iglesia, con portada en arco carpanel donde se ven la tallas acéfalas en piedra de Cristo bendiciendo entre María Magdalena y Sana Clara, fechables en los primeros años del XVI.
     El interior de la iglesia es de una sola nave con bóvedas de crucería y capilla mayor cuadrada cubierta con bóveda estrellada, decorada con pinturas de motivos vegetales carnosos y medallones con ángeles que llevan símbolos pasionistas, fechables a mediados del siglo XVIII. La imaginería que adorna la iglesia es de carácter devocional (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El Convento de Santa Clara de la Columna está constituido por numerosos patios y dependencias que dan lugar a una compleja organización. Reconocido como uno de los más importantes monasterios de la provincia de Córdoba, ocupa una extensión construida de más de 7.000 metros cuadrados entre salones, corredores, escaleras y patios, todo ello construido en granito de la zona. Uno de los elementos más característicos de este conjunto lo constituyen sus techos de madera y sus artísticos artesonados. 
     La iglesia, de una sola nave, está cubierta con bóvedas de crucería que arrancan de ménsulas. Tiene coro alto y bajo a los pies, como corresponde a un templo conventual. La sala capitular, conservada aún a los pies del templo, presenta dos bóvedas de crucería estrellada, realizada en la misma época, pero el resto de las dependencias conventuales responde fundamentalmente a los estilo mudéjar y renacentista.
     La fachada de la iglesia, de estilo Reyes Católicos, presenta un arco conopial flanqueado por agujas estriadas rematadas con ramilletes. La entrada está formada por un arco carpanel que enmarca otro trilobulado, recorrido en su interior por un cordón franciscano. En el tímpano se sitúan tres esculturas hispano-flamencas de fines del siglo XV o comienzos del XVI, que representa a Cristo en pie, con el torso desnudo, acompañado por la Magdalena y Santa Clara, a los lados, ambas arrodilladas.
     El claustro tiene dos pisos de galerías abiertas, el primero con arcos carpaneles y el segundo, adintelados sobre zapatas y con bellos pretiles de primorosas labores góticas. Estas galerías del claustro aún se cubren con artesonados planos, vistosos por sus excelentes lacerías y decoración pintada. El refectorio y la escalera poseen otros interesantes artesonados.
     Fue creado en 1476 por doña Elvira de Zúñiga como monasterio de varones perteneciente a la orden de San Francisco, tras su muerte, en 1483, sus hijas Leonor e Isabel lo convirtieron en cenobio femenino, cuando los varones pasaron al convento próximo de los Cinco Mártires de Marruecos. 
     El antiguo Convento de los franciscanos fue ocupado por las monjas en el año 1.490. Vinieron a este lugar monjas clarisas procedentes del Convento de Nuestra Señora de la Consolación de Calabazanos (Burgos), trayendo un trozo de la Columna en la que ataron a Jesucristo para azotarle. Llegaron el 21 de febrero de 1.494 y desde entonces se llamó Convento de Santa Clara de la Columna (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Fundado por Elvira de Zúñiga, se convirtió en el retiro espiritual del primer Conde de Belalcázar, Gutierrez II, que profesó aquí bajo el nombre de Fray Juan de la Puebla.
     En 1490 este convento pasó a ser ocupado por monjas, tomando a partir de ese momento el nombre de Santa Clara de la Columna, y agregándose a la provincia de Los Ángeles.
     Catalogado como uno de los más importantes monasterios de la provincia de Córdoba, ocupa una extensión construida de más de 7.000 metros cuadrados entre salones, corredores, escaleras y patios, todo ello construido en granito de la zona.
     Uno de los elementos más característicos de este conjunto lo constituyen sus techos de madera y sus artísticos artesonados.
     La portada de la capilla está construida bajo los parámetros del último gótico flamígero, con un arco trilobulado que cobija en su interior una serie de esculturas góticas de la segunda mitad del siglo XV que representan a Jesús de pie, a Santa Clara y a la Magdalena arrodillada. Entre la serie de molduras de este arco cabalga un cordón franciscano, que refuerza la pertenencia del templo a la orden, y los escudos de los Sotomayor y Zúñiga (Diputación Provincial de Córdoba).

Castillo de los Sotomayor.-

     El monumento civil más emblemático es el antiguo castillo de los Sotomayor, construido a partir de una fortaleza islámica por el primer conde de Belalcázar, Alfonso de Sotomayor, hacia 1460. Entre 1531 y 1544 Francisco de Zúñiga, conde de Belalcázar y duque de Béjar, le añadió un palacio renacentista, obra probable de Hernán Ruiz el Viejo, hoy una venerable ruina (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El Castillo de Gahete se encuentra enclavado sobre un cerro de gran altura, al norte de Belalcázar, controlando por completo desde su emplazamiento la localidad y su entorno. La delimitación del Bien incluye el castillo propiamente dicho, el recinto amurallado de éste y la superficie comprendida entre ambas construcciones, ya que dicho espacio intramuros debió acoger a una primitiva alcazaba, siendo el lugar donde se encuentra el foso que rodeaba el castillo restos de una primitiva ermita, así como parte del camino empedrado que formaba parte del antiguo camino de Almadén. 
     La planta de la fortaleza es de forma trapezoidal, adaptándose a la meseta donde se sitúa. Su perímetro, que encierra intramuros un patio central donde se establecen las estancias residenciales y se localiza el aljibe, está flanqueado por ocho torres. De éstas, las cuatro macizas se sitúan en las esquinas y las otras cuatro, huecas, en los centros de los lienzos murarios, destacando en el lado de levante la Torre del Homenaje, que se encuentra orientada hacia la población. 
     Las primeras referencias históricas sobre el recinto amurallado de Belalcázar se refieren a época romana, aunque será durante el s. IX cuando se constaten los primeros documentos históricos sobre la existencia de una fortaleza y, posteriormente durante el siglo XV, cuando se conforme la edificación del actual castillo. Su imagen definitiva se logrará a partir de la construcción en el s. XVI de una edificación de carácter residencial adosada al costado oriental del perímetro primigenio, lo que le dará un aire más palaciego. 
     El palacio se conformó mediante una doble crujía que se adosó al lienzo originario de la fortaleza, compactando el espacio que quedaba entre el saliente de la torre centrada en el lado sur y la esquina sureste de la Torre del Homenaje, dejando embutida la torre esquinera sureste. Este edificio consta de tres plantas superpuestas, de anchura creciente en inversa proporción al grosor de sus muros; igualmente existe una progresión creciente de la altura de las salas, manteniéndose la jerarquización de espacios que se refleja en la decoración arquitectónica. La iluminación se realizaba mediante pequeñas ventanas rectangulares adinteladas, de las que se conservan cegadas las tres del frente sur y sólo dos del costado oriental, decoradas con una serie de motivos de rosetas, bajos relieves y animales mitológicos, destacando en el tercer piso del ala oriental un hueco enmarcado por el arco de medio punto donde se localizan los escudos de los Zúñiga y de los Sotomayor, y en el ala a levante un hueco que en su parte superior se ha rematado con el busto de una mujer que se trata al parecer de doña Teresa de Zúñiga y Guzmán, esposa del duque don Francisco de Sotomayor, cuarto Conde de Belalcázar y tercer Duque de Béjar. Todo el piso del ala oriental se debió de rematar con una cornisa moldurada con listel y nacela. 
     La Torre del Homenaje se sitúa en el centro del lienzo oriental, con una altura de 47 metros, siendo la más alta de España, constituyendo un gran hito en el paisaje. Esta construcción responde a dos momentos constructivos sucesivos, con una distancia en el tiempo mínima, realizados sin solución de continuidad, pero con diseños, planteamientos técnicos, funcionales y estilísticos muy diferentes. Al primer momento constructivo que se corresponde con la construcción del resto del castillo, se le asignan los tres pisos inferiores y el aljibe, mientras que a la segunda fase de la torre hay que asignarle el cuerpo de remate superior en el que se desarrollan dos plantas más. Los dos tercios inferiores están constituidos por un prisma cuadrangular, y el tercio superior, por un cuerpo de sección casi circular cuyos ejes son iguales a los del otro cuerpo inferior. 
     Destaca el gran despliegue decorativo y alegórico de la Torre del Homenaje, en ventanas, escaraguaitas, matacán,... Las ocho escaraguaitas, también denominadas garitas o garitones, se sitúan a la cota del adarve, situándose cuatro escaraguaitas sobre las esquinas y otras cuatro en el centro de sus lados, ocupando las centrales toda la altura de los dos pisos superiores, mientras que las de las esquinas se desarrollan desde la parte superior hasta media altura de dicho cuerpo; el centro de su decoración está compuesto por los escudos de los Sotomayor. 
     Es importante en la cuarta planta el gran ventanal que se abre al patio, que se adscribe al estilo gótico flamígero, compuesto por un arco bilobulado, con la clave invertida enmarcado por columnillas góticas, rematadas por pequeños capiteles. Este arco se encuentra a su vez enmarcado por sendos arcos conopiales, decorados en sus extremos con motivos de cardinas góticas. 
     El recinto amurallado que circunda la actual edificación del castillo, a una cota bastante inferior al mismo, se adapta a las condiciones topográficas del lugar, presentando una disposición irregular con un total de 21 torres, en diferentes estados de conservación, las cuales quedan entrelazadas por muros en los que se puede observar la evolución histórica del recinto. Entre los elementos principales, destacan la torre coracha y la torre albarrana. 
     La torre coracha, conocida como Torre de los Vargas, se encuentra en el centro del sector oriental de la muralla, asentada al pie del arroyo Caganchas. Presenta unas dimensiones mayores que las de las restantes torres, su planta es aproximadamente rectangular aunque a mitad de su lado norte realiza un quiebro para enlazar con la muralla. Se trata de una torre maciza en sus dos tercios inferiores, hasta el nivel de suelo intramuros, a partir de este punto presenta una amplia estancia interior. Por el tipo de sillares y por la marca de los canteros se corresponde cronológicamente con el período de construcción del Castillo de los Sotomayor, de mediados del siglo XV. 
     La Torre Albarrana se localiza en el centro del sector norte, el único que no queda rodeado por el arroyo Caganchas. Su identificación como albarrana es evidente por la separación de la muralla y su unión al recinto por un gran arco escarzado con la rosca de ladrillo; su única habitación interior está colmatada por derrumbes, espacio que según Ramírez de Arellano estaría reservado para una noria que extraería agua de un pozo interior. 
     La disposición del puente y de la torre no es perpendicular a la muralla, sino que está oblicua Sureste-Noroeste, lo que hace que su planta sea irregular. Se edifica sobre un pequeño plinto alamborado, siendo su cuerpo inferior macizo hasta unos 10 metros de altura, a partir del cual hay una estancia cuadrada iluminada por una estrecha ventana en el norte. 
     La torre se distancia del recinto, por un puente de una anchura algo estrecha para paso de tropa constituido por un primer cuerpo macizo de sillares de 3,30 metros de longitud y un gran arco escarzado. La torre pertenece al mismo momento en el que se realiza el Castillo de los Sotomayor, a mediados del siglo XV, siendo por tanto obra cristiana, tal y como queda constatada por las marcas de canteros que están labradas en sus sillares de granito de dimensiones aproximadamente cuadradas. 
     En el conjunto de dicho recinto destaca el empleo de un amplio abanico de materiales constructivos y la combinación de distintas técnicas edilicias, fruto de las distintas fases constructivas que corresponden a los distintos momentos históricos, provocando continuas reformas y ampliaciones, ya que se tienen documentadas actuaciones desde el siglo IX hasta el XVI. 
     En la actualidad, existen restos del propio castillo en la localidad de Belalcázar: ocho escudos labrados en piedra y los alfarjes de madera, en la fachada de la casa sita en la calle Blas Infante, núm. 15, del municipio de Belalcázar, antigua casa del administrador del señorío. Con la misma procedencia, en la casa del actual propietario del castillo, se conserva una balaustrada de piedra, donde se puede observar la labor de cantería, presentando una decoración calada con motivos ojivales. 
     Desde el punto de vista de la protección, también se ha considerado que forman parte del castillo los restos de una primitiva ermita consistentes en un muro de obra de mampostería de pizarra, adosados a una edificación relativamente reciente de carácter accesoria, en las inmediaciones del extremo sureste del castillo y entre el foso y el recinto amurallado. Esta ermita se denominaba de Villacerrada o de la Virgen del Castillo en clara referencia a la primitiva fortaleza allí existente. 
     Asimismo, hay que contemplar también la existencia del camino empedrado por el que se accede hoy en día al propio castillo, que va recorriendo de sur a norte la totalidad de la superficie comprendida dentro de los límites del recinto amurallado. Dicho camino formaba parte al parecer de la antigua ruta a Almadén, ya que Belalcázar era un lugar estratégico dentro de la ruta que unía los Montes de Toledo con Córdoba por el valle de la Alcudia. Dicho camino, en el tramo que se corresponde con el recinto amurallado, aparece delimitado en sus laterales por muretes de obra de mampostería irregular de aproximadamente un metro de altura.
     El Castillo de Gahete constituye un referente obligado de la arquitectura defensiva del siglo XV en la Península Ibérica, respondiendo a la tipología clásica de estas edificaciones de la Baja Edad Media castellana, de planta generalmente regular, y donde se destaca una gran torre. Dicho conjunto aumenta sus valores cuando, ya en el siglo XVI, se construye en el interior del recinto el señorial palacio de los Zúñiga-Sotomayor.
     La denominación de Bel Alcázar, asignada a la singular y relevante Torre del Homenaje de la fortaleza de Belalcázar desde su construcción, propició el nombre definitivo de la villa donde se asienta, que había sido conocida hasta entonces, al igual que el castillo, como Gaete o Gahete (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Levantado sobre los restos de una antigua fortaleza árabe, el magnífico castillo palacio de los Sotomayor aparece resguardado por una antigua muralla que rodea al arroyo Caganchas, sobre el que se sitúan torres albarranas, una de ellas dedicada a la extracción de agua.
     Su Construcción se inició en torno a 1.450 utilizando granito de la zona.
     Ocupa una superficie de más de 3.500 metros cuadrados, contando con ocho torres de 22 metros de altura que se elevan sobre los lienzos de su muralla.
     El emblema de este castillo se lo proporciona su majestuosa torre del homenaje que alcanza una altura de 45 metros y está coronada por unas garitas en las que aparece esculpido el escudo de los Sotomayor.
     La impronta de este edificio hizo que Gahete cambiase su nombre por el de Belalcázar, debido al carácter palaciego de este conjunto que se vería acrecentado en el siglo XVI, cuando el duque Don Francisco de Zúñiga y Guzmán de Sotomayor mandó construir un palacio de estilo plateresco sobre una de las alas del castillo.
     Hace unos años fue adquirido por la Junta de Andalucía la cual procedió a su restauración y a día de hoy es un castillo visitable.
     Para más información: +34 957 146 004 (Diputación Provincial de Córdoba).

Convento de los Santos Mártires de Marruecos.-

     Del convento franciscano de los Santos Mártires de Marruecos, fundado en 1486, no queda más que la iglesia desacralizada, de una nave, en deplorable estado. La capilla funeraria de los Vargas es obra de Hernán Ruiz el Joven, de hacia el año 1555 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El Antiguo Convento de San Francisco de los Santos Mártires de Marruecos, se encuentra ubicado en la zona este de la localidad de Belalcázar, en el límite de la calle de San Francisco y el barrio del Marrubial. Su estado es totalmente ruinoso. 
     Del complejo conventual prácticamente sólo subsisten restos de su iglesia, de una sola nave de una altura considerable, con cuatro arcos apuntados. Dichos arcos arrancan del propio suelo y están construidos con piedra de granito. Su bóveda es de medio cañón y la pequeña cabecera es rectangular. 
     En la fachada, en la parte central que bordea la portada, se emplearon grandes sillares de granito, piedra abundante en la zona, mientras que en el segundo cuerpo, de remate en piñón, la piedra adopta la forma de sillarejo o simple mampostería irregular. La portada es de ladrillo que debió estar enlucido y pintado originalmente. Ésta se compone de dos cuerpos: El inferior con el vano de ingreso en arco de medio punto rebajado enmarcado por pares de semicolumnas sobre pedestal, y el superior formado por un amplio friso que contiene una hornacina central y tres pilastras a cada lado. 
     Sobre él, en un frontón trebolado, campea un escudo de piedra granítica que ostenta las armas de don Gutierre III de Sotomayor y doña Teresa Enríquez, condes de Belalcázar y bajo cuyo patronato se fundó el Convento. 
     Junto a la portada, en el lado superior izquierdo, hay una pequeña espadaña de un solo vano y, adosada al lado derecho o de la Epístola, otra espadaña, en este caso de importante altura y notoria presencia en la imagen del templo. La forman tres cuerpos. El inferior con dos vanos en arco de medio punto superpuestos; el central con dos huecos separados por pilastras en el mismo nivel; y el de remate, de menor anchura, con un sólo hueco. 
     Actualmente el exterior del lado de la Epístola no es visible por las construcciones adosadas a él. El exterior del lado del Evangelio ofrece a la vista una masa pétrea reforzada con contrafuertes. En la cabecera se aprecian los restos de un ábside semicircular que se interpretan como una obra de ampliación no concluida. 
     Accediendo al interior a través de la portada de los pies antes descrita, se accede a un espacio rectangular tripartito, a modo de atrio, cubierto por bóvedas de arista que descansan en ménsulas voladas con decoración de estrías. Tras él y traspasado el coro bajo, abre la única nave de la iglesia cubierta por bóveda de cañón con fajones levemente apuntados realizados en piedra granítica. Los empujes de los fajones se trasmiten a unos pilares adosados a los muros. La cabecera, ubicada en una cota considerablemente superior, es plana. El ingreso en ella se hace a través de un gran arco apuntado. 
     En el muro de la Epístola se conserva la portada de una capilla, datable en el siglo XVI, formada por arco de medio punto con despiece de dovelas y el intradós decorado con motivos vegetales. Las enjutas y el friso muestran una abigarrada decoración a base de motivos vegetales, roleos y pequeñas cabezas, decoración que se repite en el frontón de remate, centrado por una hornacina avenerada. En el lado del Evangelio y situada a nivel inferior al resto de la Iglesia, hay otra capilla, también del siglo XVI, relativa-mente bien conservada, a la que se accede por un arco de medio punto de piedra, cuya clave ostenta un escudo. Conforma un espacio cuadrangular cubierto por cúpula muy plana decorada en círculos, emparentada con obras cordobesas del siglo XVI y atribuida a Hernán Ruiz I. El testero de la capilla conserva un retablo de columnas acanaladas y capitel toscano sobre las que descansa un friso con triglifos y metopas rematado por frontón triangular.
     Se trata de un interesante ejemplo de arquitectura religiosa de los siglos XV y XVI. Del antiguo convento, actualmente abandonado y muy deteriorado persiste solo la Iglesia y parte de la cerca de piedra. Ya a finales del siglo XIX se encontraba abandonado y la Iglesia durante la Guerra Civil fue duramente expoliada y quemada, desapareciendo todos los bienes muebles que aún se conservaban. 
     El nombre se debe a la fecha de inicio de su construcción, el 16 de enero de 1488, día de los "Cinco Mártires de Marruecos". Sirvió de enterramiento a figuras ilustres, como la esposa de don Fernando de Sotomayor, los Céspedes, los Vargas, fray Juan de Robles o fray Andrés Camacho. En 1533, el cardenal Fray Francisco de los Ángeles Quiñónez, lograría indulgencias por conservarse en él algunas importantes reliquias, en especial dos cabezas de las "Once Mil Vírgenes", Santa Eunodia o Santa Manila, y en su interior se veneraba "El Cristo de los Alivios" de gran devoción (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Convento de San Francisco o de los Cinco Mártires de Marruecos, fue fundado en 1.486 por bula del papa Inocencio VIII para que en él habitaran los frailes desplazados de Santa Clara.
     De él sólo subsiste la iglesia, hoy abandonada, de nave única y grandiosa, pero austera, y fachada de piedra en cuyo eje se instala una portada con el primer cuerpo formado por parejas de columnas y otro menor articulado por varias pilastrillas.
     Es del s. XV y constituye un testimonio claro de las obras que, con posterioridad a la fundación se practicaron en el templo, aunque todavía pueden verse rasgos góticos que avalan la antigüedad del edificio (Diputación Provincial de Córdoba).

Hospital de San Antonio.-
     El antiguo hospital de San Antonio, situado en la plaza y muy reformado, se construyó en la primera mitad del siglo XV (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).

Ermita de Nuestra Señora de Gracia de Alcantarillas.-

     El edificio se encuentra ubicado en un cerro junto al río Zújar, en la carretera CO-450 de Belalcázar a Monterrubio de la Serena, a 20 km de Belalcázar.
     Se trata de un templo con orientación Este, de planta rectangular dividida en tres naves con cinco tramos y capilla mayor de planta cuadrada. Las naves están separadas por arcos de medio punto sobre columnas. Los arcos son de granito, de perfil rectangular achaflanado, y apoyan en gruesos fustes cilíndricos, en varios de los cuales se han inserto, como capiteles o basas, elementos reutilizados. La capilla mayor se cubre con bóveda de crucería simple con perfilería gótica de doble escocia sobre arranques en esquina y clave central, mientras las naves lo hacen con techumbres de madera: armadura de par e hilera con tirantes en la nave central y de vigas a la molinera en las laterales.
     Tiene dos puertas con vanos de medio punto. La que se abre en el lado Sur presenta la rosca del arco realizada en granito con arista achaflanada hacia el exterior; la del Norte tiene un chaflán en escocia con baquetón central corrido por jambas y arco. La iluminación interior se realiza a través de una ventana en el testero de los pies, rectangular, con capialzado de granito.
     En el presbiterio de encuentra un retablo moderno, de madera, con banco, un solo cuerpo y tres calles separadas por finas columnillas salomónicas. En la nave de la epístola hay un púlpito de granito y una pila de agua bendita adosada a la columna más cercana a la entrada Norte. En una esquina se incorporó una lápida funeraria romana con la inscripción VIBI*VASCO/RVS*PARR/IF C.
     Los muros son de mampostería con zonas de tapial. Por tres de sus lados, la ermita se rodea de un pórtico que se apoya en pilares de sección octogonal rematados por capiteles troncopiramidales. Los pilares se unen por un peto de fábrica rematado en alféizar. Un banco corrido pegado al muro de la ermita se cobija bajo el pórtico. Alrededor de la cabecera se disponen una serie de dependencias con un patio cercado que completan la planta rectangular del conjunto.
     El aspecto exterior de la ermita es elemental y rústico, destacando la horizontalidad subrayada por el pórtico; de él emerge el hastial de fachada que se corona por una espadaña con arco para campana y remate en frontón. El edificio está blanqueado, salvo los elementos de granito. La techumbre, que sigue los faldones de la cubierta de la nave, es de tejas curvas, propias del lugar. 
     La Ermita actual data de finales del siglo XV y está construida con restos de edificaciones romano-visigóticas y árabes, que posiblemente existieran en el mismo lugar. Está rodeada por pórticos abiertos en su parte posterior y laterales, como continuación de estos pórticos y rodeando el espacio central de la ermita existen unas estancias para descanso de los cofrades.
     El estado de conservación de la misma es muy bueno (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Debe su nombre a la proximidad de un puente sobre el río Zújar cercano a su emplazamiento, y por su traza recuerda a otras construcciones de este tipo de Castilla y Extremadura.
     Su interior cuenta con tres naves separadas por cinco arcos formeros. Los capiteles son de procedencia romana y pertenecieron a construcciones cercanas de antiguos poblados y villas.
     Es una de las ermitas más características y antiguas de la zona, estando datada su construcción a finales del siglo XIII y principios del XIV (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de Nuestra Señora de Consolación.-
     Templo de gran antigüedad aunque bastante reformado. De su primitiva construcción conserva grandes pilares monolíticos con toscos cimacios. Presenta tres naves separadas por arcos rebajados y ábside con cubierta de crucería simple, probablemente debido a una reforma de finales del XV o principios del XVI. El exterior, muy rústico, presenta un pórtico a los pies formado por pilares de piedra sin labrar que descansan en zapatas de madera. Los tejados son de gran amplitud y le dan un aspecto achatado al conjunto (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Ermita de Consolación, que fue parroquia de la antigua aldea de Coslada, data del s. XV y se compone de tres naves con arcos rebajados.
     Dista de la villa algo más de 4 Kilómetros en dirección a Valsequillo (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de San Sebastián.-
     El edificio, de gran antigüedad, data de los ss. XIII o XIV , aunque en la actualidad se encuentra muy reformado. Presenta una sola nave con crucero y cubierta de madera a dos aguas. Los arcos de medio punto, ligeramente apuntados, descansan sobre pilares que descargan a su vez en contrafuertes exteriores. El presbiterio se cubre con bóveda de crucería simple, de la primera mitad del siglo XVI.
     En 1980 fue restaurada de nuevo por la comunidad franciscana y por subscripción popular, de la que queda constancia en una lápida en el muro de la epístola del crucero. Aunque estuvo haciendo las veces de parroquia durante varios años bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción, en la actualidad no tiene culto. Se celebran en su interior los concursos de villancicos de la comarca (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de San Antón.-
     Aunque de construcción antigua, muy probablemente, las continuas reformas han ocultado cualquier rasgo alusivo a su antigüedad. Repite el tipo de ermita de la zona, con arcos transversales que descansan en contrafuertes exteriores. 
     También al exterior presenta un pórtico y la parte más antigua, el ábside, de estilo gótico y decorado con pinturas murales.
     La devoción a San Antón, muy grande en la población, viene dada por la antigua vinculación de la misma a la ganadería, en la actualidad completamente olvidada, y se demuestra por la gran cantidad de exvotos de cera que posee la ermita, aunque sin romería (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Puente de San Pedro.-
     El Puente Romano de San Pedro, en el camino de la Mesta, parece, por su aspecto actual que fue obra del Renacimiento.
     Sobre él pasaba una calzada romana de carácter secundario que enlazaba el balneario romano con Santa María de la Selva (Diputación Provincial de Córdoba).

Fuente del Pilar.- 
     El conjunto hidráulico de la Fuente del Pilar se encuentra situado en la zona norte de la villa, donde parte el antiguo camino o vía a Almadén, y por la que se accede al castillo desde la población. Entre sus diversos elementos destacan un pilar octogonal, el abrevadero de 40 metros de longitud, así como el lavadero, alberca de riego de las huertas adyacentes y el espacio público que los rodea. La construcción se remonta a 1570, habiendo sido sufragada la obra tanto por los Duques de Béjar como por los vecinos de la villa. 
     El pilar octogonal, al que se accede por medio de unos escalones de granito, consta de un machón central integrado por seis piezas diferentes, la primera (más baja en contacto con el fondo del pilar) tiene sección circular, las siguientes son cuadrangulares de diferentes dimensiones y la última es un monolito vertical. En el machón central se sitúan cuatro caños de bronce, uno de sección hexagonal que vierte el agua directamente al pilar para el abrevadero, y los otros tres circulares que vierten sus aguas a través de un orificio circular practicado en tres grandes losas, diseñadas para recoger en cántaros y vasijas el agua. El agua sobrante del pilar-abrevadero, y la que sale de una pequeña fuente anexa, piloncillo de 1,30 metros de longitud por 85 centímetros de anchura, se emplea para surtir el lavadero. 
     La fuente próxima a esta gran obra del Pilar se halla junto al ángulo noreste del abrevadero, adosada a una pared por cuyo interior discurre la canalización que le surte de agua. El lavadero está formado por una habitación rectangular, en cuyos laterales se adosan las pilas unas junto a otras (en número de cuarenta) y por cuya parte central discurre un estanque amplio de agua surtida por la fuente para el lavado. El agua sobrante se almacenaba en la alberca cercana que servía para regar las huertas próximas. 
     El espacio público que rodea a la Fuente del Pilar y forma parte del conjunto hidráulico, parte de la calle Cuesta del Pilar, desde lo más alto de la villa, bajando y rodeando a la fuente. Consta de una tosca balaustrada de granito, que se eleva sobre la fuente, rodeándolo, como un balcón para contemplarlo. Dicho espacio público está pavimentado con un empedrado antiguo que sigue las pautas de las calzadas del siglo XVI. 
     Dicho conjunto ha tenido desde su fundación un uso múltiple, el primero el de abastecer a la población a través del pilar octogonal y de los caños, el segundo proveer el consumo animal a través del pilar-abrevadero, el tercero atender a las necesidades del lavado de ropa de los vecinos de la villa a través del lavadero, y por último el agua sobrante se almacenaba en albercas para regar la huertas colindantes (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Pósito.-
     Edificio de planta rectangular, con un apéndice en la parte trasera correspondiente a una crujía. El núcleo principal, con fachada corrida hacia la calle, se articula en dos cuerpos contiguos que tienen estructuras diferentes. Al primero se accede desde la portada principal y a través de un zaguán cubierto con bóveda de cañón con lunetos, encalada, al igual que los paramentos, y se compone de tres naves paralelas a la calle, separadas entre sí mediante dos arcos de medio punto a cada lado, con escasa fecha, de ladrillo, con rosca lisa y apeados sobre pilares de sección cuadrangular y carentes de capiteles o molduras, renunciándose así a cualquier tipo de ornato. Resultan robustos, tanto por su ancha rosca e intradós, como por la escasa fecha, estructura idónea para el fin al que sirve: la de crear una composición de gran fortaleza para contener las fuertes tensiones. Esta finalidad se acentúa con la disposición de unos arcos similares a los anteriores, pero muy rebajados y sobre pilares mucho más bajos en los muros laterales (noreste y suroeste); es decir, el de fachada y el opuesto. Son arcos ciegos, de descarga - los próximos a fachada de medio punto y los opuestos, carpaneles-, cuya finalidad es aligerar el empuje de los gruesos muros. La cubrición de la nave paralela a fachada se realiza mediante bóveda de cañón con lunetos, la central con cañón, y con cañón rampante la nave del fondo, en la cual se abrieron unas lucernas rectangulares para entrada de luz. 
     Bajo este primer cuerpo y en dirección perpendicular a la línea de fachada, existe un semisótano en forma de galerías paralelas de más de 2 metros de anchura cada una, en perfecto estado, de las cuales una al menos es practicable hoy día. Ésta se halla cubierta con bóveda de cañón y servía como cámara de aislamiento del grano respecto a la humedad del suelo. Este semisótano se ilumina mediante pequeños ventanucos que se abren en la fachada a ras de calle y perfectamente apreciables desde el exterior.
     El segundo cuerpo, anexo al anterior y comunicado con él por un arco, es un espacio amplio y diáfano, de lograda concepción estética, que cuenta con sólo cuatro soportes: rudas columnas labradas en granito, material característico del entorno, y compuestas únicamente de fuste liso y capitel. Dos de estos capiteles son troncopiramidales, sin ornato, con las caras lisas; otros dos son derivaciones del dórico, pues constan de equino, pero tienen un ábaco prismático de gran desarrollo. Uno de los soportes presenta la particularidad de que, por motivo desconocido -premura, impericia...-, figura toscamente labrado en una parte como si se tratara de un pilar con dos fustes adosados. Sobre estos soportes arrancan nueve bóvedas de arista rebajadas y fabricadas en ladrillo puesto de canto, que proporcionan una visión unificada del espacio, aumentada por la continuidad de las bóvedas. Dicho espacio se comunica mediante dos arcos de medio punto con una crujía trasera compuesta de tres tramos con bóvedas, en las que en fecha imprecisa se abrieron grandes lucernas para entrada de luz.
     La fachada es muy sencilla y arranca de un zócalo moderno de cemento que pretende imitar piedra granítica. Algunos vanos de iluminación se reparten irregularmente. Caben dudas acerca de cuándo se abrieron todos ellos, pues es posible que no todos estuvieran originalmente. Del único que no hay incertidumbre acerca de su origen primitivo es del ubicado a la derecha de la portada, con reja de hierro forjado dibujando retícula y ancho recercado de granito, como es típico en la zona, de la cual es también característica la portada, que traza un arco de medio punto rebajado, con ligero baquetoncillo que moldura la parte interna de la rosca, en tanto que delgados fletes recorren el extradós. Dos mensulillas con fuerte impronta del gótico tardío soportan la moldura. El arco, dispuesto sobre dos anchos plintos lisos, se caracteriza esencialmente por los grandes sillares graníticos que modelan tanto jambas como las dovelas colocadas radialmente. 
     Salvo el zócalo, la portada y el recercado de algún vano, el resto del paramento está encalado, ofreciendo ese contraste tan singular en este área geográfica. 
     El conjunto se cubre con tejado, cuya hilera discurre paralela a la fachada. Es visible la reforma a la que se sometió la cubierta del segundo cuerpo -el cubierto con nueve bóvedas de ladrillo-, pues su alero es ostensiblemente moderno; sin embargo, el del primer cuerpo, aunque restaurado, mantiene el ladrillo en esquinilla.
     A falta de un estudio previo del edificio que recabe la posible información acerca de este pósito, únicamente se pueden recoger los testimonios que han pasado de generación en generación. En el Catálogo Artístico y Monumental de la Provincia de Córdoba (t. 1, p. 232) se fecha en el siglo XVI, datación que corroboran los autores del libro "Pósitos, Cillas y Tercias de Andalucía" (p. 207) que concretan más: en el reinado de Felipe II (1556-1598). En efecto, la portada, aunque de fuertes resabios goticistas, es muy típica en el norte de la provincia en fechas tan avanzadas como la dicha, por el retraso con el que llegó a la zona el Renacimiento y la pervivencia del gótico, de fuerte arraigo. Bien es verdad que en el primer cuerpo descrito, justamente el que encontramos nada más franquear la portada, tiene ya bóvedas de cañón y de arista, más en consonancia con fechas más tardías, ya a partir del XVII, pero cabe la posibilidad de que obedecieran a una reforma. Sin embargo, los soportes y bóvedas del segundo cuerpo sí que parecen responder a la época primigenia del edificio. Sobre todo, el tipo de columnas y capiteles los encontramos en otros edificios históricos de Belalcázar, como el convento de Santa Clara de la Columna, fundado en 1483, pero edificado en esencia a lo largo del XVI.
     Estilísticamente, la composición de la portada se podría emparentar con modelos toledanos, lo cual no deja de tener cierta lógica, teniendo en cuenta las relaciones de esta zona norteña de la provincia con el sur de la cercana Extremadura, especialmente a partir de la Baja Edad Media, a través de los caminos de trashumancia que interconectaban una amplísima zona. No hay que olvidar la relación de la familia condal ¿condes de Belalcázar y posteriormente, en el XVI, duques de Béjar- con el valle de la Serena (al este de la provincia de Badajoz), hasta donde se extendían sus dominios. 
     Influencias toledanas también son perceptibles en el magnífico convento de Santa Clara de la Columna, en la propia Belalcázar, fundación de los condes.
     En cuanto a la evidente diferenciación entre los dos núcleos principales que conforman el conjunto del pósito, hoy día, careciendo de datos históricos que lo atestigüen, nos atrevemos a apuntar que pudo deberse a una separación de los productos que se almacenaban en cada uno de los dos y, posiblemente, incluso a una reforma. Mientras que parece más lógico que el primero, contiguo a la portada y con unas cámaras abovedadas debajo, sirviera para almacén de grano, por la cuestión del aislamiento de la humedad, la otra parte pudo haber sido utilizada para vino o aceite. Habrá que esperar los resultados de futuras investigaciones que lleven a aclarar de forma más segura el porqué de la diferencia entre ambos espacios.
     Se aprecian dos momentos importantes en la historia del pósito de Belalcázar: el de fundación en el siglo XVI y una ampliación en la siguiente centuria. Después, pocas reformas parece haber sufrido y si las hubo, no han desvirtuado el carácter primigenio de su estructura, por lo que se manifiesta hoy como uno de los ejemplares mejor conservados en la provincia.
     Entre los usos que ha tenido, aparte de pósito, se sabe que en el siglo XIX, durante una época, albergó al Ayuntamiento; también ha servido de escuela, plaza de abastos, hogar juvenil, museo, casa de la juventud y, ahora, casa de cultura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santiago el Mayor, Convento de Santa Clara de la Columna, Castillo de los Sotomayor, Convento de los Santos Mártires de Marruecos, Hospital de San Antonio, Ermita de Nuestra Señora de Gracia de Alcantarillas, Ermita de Nuestra Señora de Consolación, Ermita de San Sebastián, Ermita de San Antón, Puente de San Pedro, Fuente del Pilar, y Pósito) de la localidad de Belalcázar, en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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miércoles, 1 de noviembre de 2023

La Ermita de los Santos Mártires, en Peñaflor (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Ermita de los Santos Mártires, en Peñaflor (Sevilla).  
     Hoy, 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, que están con Cristo en la gloria. En el gozo único de esta festividad, la Iglesia Santa, todavía peregrina en la tierra, celebra la memoria de aquellos cuya compañía alegra los cielos, recibiendo así el estímulo de su ejemplo, la dicha de su patrocinio y, un día, la corona del triunfo en la visión eterna de la divina Majestad [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, Solemnidad de Todos los Santos, para ExplicArte la Ermita de los Santos Mártires, en Peñaflor (Sevilla).
     La Ermita de los Santos Mártires, se encuentra en la calle Blancaflor, 15; en Peñaflor (Sevilla).
     Construcción del siglo XVIII adosada a una tumba de época romana excavada en la roca. Situada en la calle Blancaflor, está compuesta por una tumba rupestre, que hace las veces de capilla, una pequeña antesala y una agraciada espadaña. La ermita está dedicada a San Críspulo y San Restituto pues es en este lugar donde una leyenda sitúa el martirio que sufrieron los dos santos a manos de los musulmanes en el siglo IX, durante el Emirato de Córdoba. En el siglo XVII, el Ayuntamiento los declaró patronos de Peñaflor, al atribuir la finalización de una epidemia de peste a la intercesión de los dos santos (www.turismoyculturapenaflor.com).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Solemnidad de Todos los Santos;
CULTO
     La Iglesia necesitó muy pronto celebrar de manera global los innumerables martirios que no contaban con un día de fiesta en el calendario.
   El primer esbozo de este culto apareció en Antioquía y en Edesa, Siria.
   Su introducción en Roma coincide con la consagración del Panteón que el papa Bonifacio IV transformó en Panmartyrion en el año 610, puesto que sustituyó a todos los dioses paganos, cuyas estatuas ocupaban los nichos de la rotonda, por todos los mártires cristianos cuyas osamentas mandara  recoger en las catacumbas. Luego, a los mártires se sumaron los confesores.
   De acuerdo con una tradición popular recogida en la Leyenda Dorada, uno de los vigilantes de la basílica de San Pedro de Roma, que se había dormido durante el transcurso de una ronda nocturna, tuvo un sueño: vio al Rey de Reyes sentado en un trono, entre la Santísima Virgen y San Juan Bautista; hacia él se dirigía una innumerable multitud de mártires, guerreros, ermitaños y vírgenes. Dios ordenó al vigilante que dijera al papa que instituyese una fiesta en honor de todos los santos.
   En 835, el papa Gregorio IV transfirió la fiesta del Panteón, que tuviera lugar el 13 de mayo al 1 de noviembre, y decidió que esta fiesta, que en principio sólo se celebraba en Roma, fuera a partir de entonces una fiesta universal. De esa manera quería ofrecer una reparación a los santos ultrajados en Oriente por los emperadores iconoclastas.
   El nuevo culto, que en Francia fue introducido por Ludovico Pío, está probado por la advocación de cierto número de abadías o de iglesias. La abadía de Toussaint, en Angers, en la actualidad está en ruinas. Además, pueden citarse la Allerheiligenkirche de Schaffouse, y la iglesia florentina de Ognissanti.
ICONOGRAFÍA   
   La iconografía de la fiesta de Todos los Santos de la Iglesia no es muy abundante, pero en cambio ha sido ilustrada por algunas obras de enorme im­portancia en la historia de la pintura, tales como el Políptico de la Adoración del Cordero Místico de Jan van Eyck y el retablo de la Santísima Trinidad de Albrecht   Durero.
   Las primeras representaciones de Todos los Santos se copiaron de la iconografía de los Veinticuatro ancianos del Apocalipsis reunidos alrededor del Cristo de la visión de san Juan.
   Pueden clasificarse en dos series, según los santos rodeen al Cordero Místico o a la Santísima Trinidad (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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miércoles, 11 de octubre de 2023

Los principales monumentos (Iglesia San Juan de Dios; Ermita de los Santos Mártires; Puentes Romanos; Teatro Miguel Mihura Álvarez; Paseo del Muro; Molino de Trigo; Iglesia de San Fermín; Iglesia de San Isidro Labrador; Iglesia del Convento de San Agustín; Ermita de San Cristóbal -Santo Cristo de la Sangre-; Ermita de Santa Ana; Monasterio del Cuervo; y Castillo de Torrestrella) de la localidad de Medina Sidonia (y IV), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia San Juan de Dios; Ermita de los Santos Mártires; Puentes Romanos; Teatro Miguel Mihura Álvarez; Paseo del Muro; Molino de Trigo; Iglesia de San Fermín; Iglesia de San Isidro Labrador; Iglesia del Convento de San Agustín; Ermita de San Cristóbal -Santo Cristo de la Sangre-; Ermita de Santa Ana; Monasterio del Cuervo; y Castillo de Torrestrella) de la localidad de Medina Sidonia (y IV), en la provincia de Cádiz.



Iglesia San Juan de Dios
        La historia del convento hospital de San Juan de Dios, titulado del Dulce Nombre de Jesús, es paralela al de la Victoria. Se fundó también en 1579 y en 1650 se procedió a permutar su casa, cercana a la plaza de la corredera, por la que hasta entonces habían habitado los mínimos, pues el lugar, alejado del centro urbano, en la zona de extramuros, donde se levantaba la antigua ermita de San Sebastián, ya que convenía más a los fines hospitalarios de la orden. El conjunto conventual e iglesia fueron entonces levantados de nueva planta y, a pesar de las múltiples transformaciones acaecidas tras la desamortización, aún se han conservado en gran parte.
     Las dependencias conventuales sirven en la actualidad de sede a un instituto de enseñanza secundaria y se centran por un amplio claustro de planta rectangular cuyo primer cuerpo está constituido por arcos de medio punto sustentados por columnas toscanas de mármol, mientras que en el segundo se abren sencillos vanos rectangulares separados por fajas. En torno a él se disponen algunas dependencias abovedadas.
     La iglesia tiene planta rectangular con nave cubierta por bóveda de cañón con lunetos y cúpula rebajada sobre pechinas ante el presbiterio. En los muros laterales del tramo de la cúpula se abren dobles arcos para albergar capillas decorados con yeserías geométricas. Esta solución atípica debe obedecer al hecho de haberse aprovechado parte de la antigua ermita de San Sebastián, cuyo presbiterio conforma una de estas capillas, y la portada de los pies pasó a ser el vano de comunicación con el claustro. El exterior es de líneas muy sencillas con portada a los pies flanqueada por columnas adosadas de orden toscano y torre en la confluencia de las fachadas de fuste cuadrangular con cuerpo de campanas articulados por fajas a modo de pilastras entre las que se abren vanos de medio punto. Remata el conjunto un cuerpo octogonal con chapitel piramidal cubierto de cerámica vidriada.
     El retablo mayor, de madera policromada y dorada, es obra fechable en torno a 1730 y cercano al estilo de Juan de Gatica. Tiene planta lineal y consta de un cuerpo dividido en tres calles por estípites y ático tripartito. El camarín, que conserva la estructura de un retablo anterior realizado a mediados del siglo XVII, está presidido por la imagen de candelero de la Virgen de la Salud, traída según la tradición por los frailes al fundar el convento y que presenta un aspecto muy alterado por numerosas intervenciones posteriores. En los laterales se disponen las tallas de los arcángeles san Rafael, obra jerezana contemporánea del retablo, y san Miguel fechable hacia la segunda mitad del siglo XVII, ambas con repintes posteriores. El ático está presidido por una imagen de san Juan de Dios, flanqueada por san José y san Antonio de Padua, todas ellas contemporáneas del retablo.
     La primera capilla del lado del evangelio tiene un retablo en madera oscura realizado hacia 1740. Consta de un cuerpo dividido en tres calles por medio de estípites y ático. Está presidido por la imagen de candelero de la Virgen de los Dolores, obra reciente de Luis González Rey. El resto de las tallas, san Francisco de Paula, san José y la Inmaculada son contemporáneas del retablo. En el lado de la epístola hay dos capillas, una de las cuales puede corresponderse con el presbiterio de la antigua ermita de San Sebastián, que habrían reconstruido los frailes mínimos en las primeras décadas del siglo XVII. Tiene planta cuadrada cubierta por cúpula semiesférica sobre pechinas en las que se disponen tarjas. El arco de acceso es casetonado y descansa sobre capiteles toscanos a los que se han añadido yeserías rococó a mediados del siglo XVIII. Está presidida por el crucificado de la Reconciliación, obra de madera policromada de finales del siglo XVI, relacionada con el círculo de Andrés de Ocampo. La capilla siguiente tiene un retablo academicista realizado en mármoles de colores a finales del siglo XVIII, vinculable a la producción de Torcuato Benjumeda. Ocupa la hornacina una talla dieciochesca de santa Rosalía.
     En el templo se conservan varios lienzos del siglo XVIII, entre ellos un san Juan Nepomuceno en el presbiterio y dos escenas de la vida de san Juan de Dios procedentes de la serie que decoraba el claustro, situados a los pies de la nave. En una hornacina del lado del evangelio se conserva la imagen de talla de san Sebastián, titular de la ermita, pieza original de mediados del siglo XVI con importantes alteraciones del siglo XX.
      La sacristía es de planta rectangular y se cubre con bóveda de cañón con lunetos decorada con fajas. Está centrada por una mesa de mármol rojo de finales del siglo XVII.
     Conserva el templo algunas piezas de orfebrería, entre ellas dos cálices manieristas del primer tercio del siglo XVII, y otras obras del siglo XVIII, entre ellas un cáliz, un copón, dos cetros y un portaviático (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Ermita de los Santos Mártires
        Se sitúa a las afueras de la localidad, en una de las faldas de la colina sobre la que ésta se asienta. Su emplazamiento coincide con una villa romana y existe constancia de su existencia desde el año 403. Durante el período visigodo el conjunto fue reconstruido a iniciativa del obispo Pimenio, quien la bendijo el año 630. Durante la etapa musulmana este templo acogió el culto cristiano y a finales del siglo XV fue sometida a una reconstrucción casi total, aunque persisten importantes restos de las construcciones precedentes. El templo presenta planta basilical con tres naves separadas por arcos de medio punto enmarcados por alfiz que descansan sobre pilares circulares con capiteles de molduración tardogótica. Como parte del fuste de uno de estos pilares se reaprovechó un cipo romano sobre el que se gravó en el año 630 una inscripción conmemorativa de la consagración del templo por el obispo Pimenio.
     Otros pilares reaprovechan fustes y capiteles romanos. La cabecera fue muy reformada en los siglos XVIII y XIX por lo que en la actualidad resulta difícil identificar su aspecto original y la armadura original de la cubierta también se ha perdido. Las dependencias adosadas al lado del evangelio presentan gran interés y en ellas se incluye la torre, cuya estructura es de origen romano si bien fue reformada en el siglo XVI. En estas dependencias se conservan varios elementos arquitectónicos de época visigoda, entre ellos un vano arquitrabado cuyo dintel presenta una inscripción y un arco decorado con pámpanos y centrado por un Crismón. En las enjutas dos tondos bajo los que se disponen sendas palmeras.
     En el interior del templo se conservan algunas piezas de interés entre ellas la talla de la Virgen de Loreto que preside la capilla mayor, traída de Italia en 1666. Otras imágenes son de tipo popular y en las naves laterales se dispone un Vía Crucis compuesto por paneles de azulejos sevillanos de mediados del siglo XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     Se encuentra situada a las afueras de Medina Sidonia, rodeada de vegetación.
      Se trata de una torre a la que se adosó una ermita en época posterior. Algunos autores la consideran visigoda porque en ella aparecieron algunos epígrafes visigodos. En realidad no hay ningún estudio monográfico sobre ella. En los mismos terrenos de la Torre se constata la presencia de material cerámico romano.
     La Ermita de los Santos Mártires se ha fechado de época visigoda, hacia el año 403, siendo la más antigua que se ha conservado en Andalucía.
     La ermita fue una antigua domus romana perteneciente a un patricio, llamado Lepero. La casa constaba de varias habitaciones, una de las cuales comunicaba con una torre. Dicha torre ha sido construida en diferentes épocas: la base es romana y la parte superior es de época andalusí.
     La ermita fue reedificada y bendecida por el obispo de Assido Pimenio, el 16 de diciembre del 630, como constata una lápida que sirve de umbral a la actual puerta de la sacristía. 
     Tras la conquista árabe de la Península Ibérica, la iglesia Asidonense se retiró con sus vasos sagrados a esta ermita para celebrar los oficios divinos. Tras la conquista de castilla se amplió, formándose tres naves y pasando a ser el antiguo altar a la actual sacristía.
     Destaca la inscripción "Lepero re vonit sed sacrv" ("Lepero la renovó y ofreció a Dios"), esculpida en un pedestal romano que fue aprovechado para formar la segunda columna de la iglesia. En las columnas de la puerta y en el antealtar se han conservado capiteles romanos y corintios. 
     En el altar o ara paleocristiano de mármol blanco se venera la imagen de la virgen del Loreto.
     Dada la importancia militar que desde un punto de vista estratégico tenía este conjunto monumental para la defensa militar de Medina Sidonia, el Rey Alfonso X el Sabio acometió las siguientes reformas:
        - Rehabilitación de la torre y construcción del almenado.
        - Construcción de una aspillera por cada una de las cuatro fachadas.
        - Construcción de una balconera sobre ménsulas.
        - Apertura de un vano de iluminación para la habitación cimera.
        - Transformación de la habitación contigua a la torre y que servía de acceso a la misma en un baluarte defensivo, forrando su pared exterior con un muro de mampostería de 1,30 metros de espesor (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Puentes romanos
Puente Calzada Real - Un Ojo. Puente romano con un arco central. Está construido con fabrica de opus caementicium y reparcheado con ladrillos.
Puente sobre el arroyo del Saltillo. Este puente se encuentra en el kilómetro 10,5 de la carretera comarcal Medina Sidonia-Chiclana. Es de un solo vano con bóveda y boquilla escarzana de sillería. Los tímpanos son de mampostería concertada que enlazan con los estribos de muros en vuelta mediante semitajamares cilíndricos. Los pretiles son de mampostería tosca rematados con albardilla de cemento.
     El puente tiene una longitud total de 19,30 metros, una altura máxima rasante de 6,60 metros y la anchura del tablero es de 9 metros. Se encuentra en uso.
Puente Calzada Real - Tres Ojos. Puente romano con tres arcos. Está construido con fabrica de opus caementicium y ladrillo. Presenta un ojo central apuntado y dos laterales de medio punto. Además, a ambos lados del arco principal presenta dos contrafuertes de opus caementicium (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Teatro Miguel Mihura Álvarez
    El Teatro Miguel Mihura Álvarez es un espacio escénico imprescindible para las actividades culturales de la ciudad. Está acondicionado y dotado técnicamente para acoger todo tipo de actos: obras de teatro, conciertos, ballets, óperas, etc.  Su programación y funcionamiento general se gestiona y coordina desde la Delegación Municipal de Cultura. El aforo total es de 319 butacas, distribuidas en patio (247) y palco (72). Cuenta además con diferentes aulas y espacios destinados a exposiciones y otras actividades que precisen de menor aforo; así como de dos terrazas exteriores que pueden acoger programaciones paralelas.
     En este solar existía en el siglo XVI la ermita de la Veracruz y de San Isidro, que fue derribada para construir la iglesia del convento de los franciscanos, poco después de que éstos llegaran a la ciudad en 1620. Quedó en ruinas en 1812, después de que las tropas napoleónicas desmontarán parte del edificio para construir con sus materiales algunas defensas en el castillo, hasta  que se decidió construir un teatro aprovechando parte de sus paredes, inaugurándose el 15 de febrero de 1852 con la obra Guzmán el Bueno. Ya entrados en el siglo XX se le daría el nombre de "Doctor Thebussem", por el escritor local Mariano Pardo de Figueroa, que usaba dicho seudónimo; y hasta los años ochenta del siglo pasado ha estado en uso como cine y lugar de espectáculos.
     Será derruido para construir el edificio actual con el nombre de Miguel Mihura Álvarez, más funcional y de líneas arquitectónicas totalmente innovadoras, a excepción de parte de su fachada oeste, único vestigio conservado de lo que fue el altar mayor y cripta de la iglesia franciscana. 
   En el siglo XVI Pedro de Medina y Diego Pérez de Messa inician una  tradición que ha tenido calado en la historiografía posterior de Medina Sidonia, pues en el Libro de grandezas y obras memorables de España, obra escrita por el primero y corregida por el segundo, afirman que los fenicios, con la autorización del rey turdetano Beto, además de ser los fundadores de la ciudad, construyeron un templo dedicado a Melkart –asimilado al Hércules romano-, que fuera posteriormente derruido y arrasado. Sin embargo estos autores no alegan noticias arqueológicas o hallazgos concretos sobre tal templo, aunque sí alusiones a vestigios materiales que parecen tomadas de la obra de Barrantes Maldonado.
     Ya en el siglo XVIII, el historiador local Francisco Martínez Delgado relaciona esta creencia con los importantes hallazgos producidos al cimentar la capilla de los terceros en el convento de San Francisco, lugar en el cual apareció en el año 1625 restos de un edificio monumental con firmes arquerías, grandes columnas, estatuas y otras piezas antiguas. Las columnas de grandes dimensiones no pudieron ser extraídas y quedaron sepultadas en la obra, no así siete de ellas al parecer de menos tamaño, que fueron colocadas en la plaza de la Iglesia Mayor, de las cuales aún se conservaban 5 en 1875 y a día de hoy aún permanecen algunas, mientras que 2 más fueron utilizadas en la construcción del antiguo matadero de la C/ Rubiales.
     Aunque el descubrimiento se identificó con los vestigios del templo de Hércules ligado a la fundación de la ciudad, se trataría más bien de la localización de un importante edificio columnado de época romana, que estudios recientes apuntan a que podría tratarse de un lugar de espectáculos, probablemente un teatro.
     En los trabajos arqueológicos que se desarrollaron con anterioridad a la construcción de este nuevo teatro, los únicos hallazgos que se produjeron en el perímetro inmediato del solar fueron restos de muros de dos edificaciones romanas altoimperiales, pero que no alcanzan a la monumentalidad de la que hablan los autores mencionados y, entre otros, un conjunto de tumbas de época romana tardía –siglos III-IV d. C. –. De haberse conservado algo de ese supuesto templo o edificio monumental, debe de estar bajo los espacios que hoy ocupa el colegio público "Doctor Thebussem", que en su día también formaron parte del convento de San Francisco (Ayuntamiento de Medina Sidonia).

Paseo del Muro

Molino de Trigo
     Molino de harina clasificado tipológicamente como horizontal o rodezno con cubo. Estos molinos tienen su auge en Andalucía Occidental entre los siglos XV y XVIII, aunque están en funcionamiento hasta el siglo XX. Con frecuencia eran conocidos en función del nombre del molinero o de su familia, como en este caso que se conoce como molino Moreno. Está situado en Los Badalejos, formando parte de un conjunto de molinos hidráulicos que aprovechaban la corriente del arroyo de Los Nacimientos. Actualmente no hay datos sobre su construcción, aunque por su estructura constructiva es posible que sea muy antiguo. De la edificación original se conservan restos de lo que sería el cao o conducto de agua, el cubo y parte del saetillo. Este molino al igual que otros que se localizan por la zona, abastecería  a la población que vivía y trabajaba en los cortijos y ranchos dispersos por las tierras de labor.
     En el mes de Abril se hace una recreación sobre la forma de vida a mediados del siglo XX (Ayuntamiento de Medina Sidonia).

Iglesia de San Fermín

Parroquia de San Isidro Labrador
 
Iglesia del Convento de San Agustín
     La fundación del Convento de Nuestra Señora de la Paz, de agustinos calzados, tuvo lugar en 1575, asentándose en lo que hasta entonces había sido hospital de Nuestra Señora de la Paz, fundado en torno a una ermita de la misma advocación. Las obras comenzaron inmediatamente y fueron financiadas en gran parte por Mateo de Guevara y por los duques de Medina Sidonia. En 1596 los canteros Esteban de Isaguirre y Bernabé Rodríguez concluyeron de labrar una nueva capilla mayor, que costeó Mariana de Estupiñán y donde se colocó la imagen de la Virgen de la Paz. Años más tarde, en 1635, se comenzó a edificar la nave del templo, que fue bendecida en 1665. Tras la exclaustración de Mendizábal el conjunto ha sufrido diversos avatares, estando en nuestros días el templo cerrado al culto y en pésimo estado de conservación.
     En la estructura de la iglesia se manifiestan con claridad las dos fases constructivas del templo, pues el crucero y presbiterio son algo más bajos que la nave. El resultado es una iglesia con planta de cruz latina y nave articulada por fajas a modo de pilastras entre las que se abren capillas enmarcadas por arcos de medio punto, disposición que se repite en las tribunas que van sobre ellas. La cubierta es de bóveda de cañón con lunetos y bóveda rebajada sobre pechinas en el crucero. Sobre el tramo de los pies se sitúa el coro, apoyado sobre arco rebajado. Gran parte de los paramentos y bóvedas presentan una decoración al fresco que imita las formas barrocas, realizada a inicios del siglo XX. El exterior es de gran sencillez con portada flanqueada por pilastras toscanas y rematada por frontón triangular roto que alberga una hornacina con el mismo tipo de remate, destacando la utilización de diversos fustes y capiteles romanos de mármol, embutidos en algunos de los ángulos de la zona trasera.
     El retablo mayor, de madera policromada y dorada, puede fecharse en torno a 1690 y recuerda el estilo de Francisco Bartolomé de Medina. Es de planta rectilínea y consta de un cuerpo dividido en tres calles por medio de columnas salomónicas y ático ocupado por la imagen de san Agustín, única que se ha conservado del repertorio iconográfico original. El amplio camarín rococó que centra la calle principal es fruto de una intervención realizada a mediados del siglo XVIII para albergar a la Virgen de la Paz, hoy en Santa María la Coronada. En los muros laterales del presbiterio hay dos lienzos que representan a santa Mónica y san Agustín, obras sevillanas de mediados del siglo XVII. Los testeros frontales del crucero albergan dos retablos gemelos de madera policromada y dorada, cuya cronología y rasgos estéticos son similares a los del mayor. Constan de un cuerpo sustentado por columnas salomónicas y áticos ocupados por lienzos. Todos los retablos del lado del evangelio de la nave son de estípites realizados hacia 1730, excepto el correspondiente al tercer tramo, que es decimonónico, de formas neoclásicas. El primero está ocupado por una dolorosa de candelero y el segundo por la imagen de san Antón, mientras que los áticos conservan pinturas de san Pablo y los Sagrados Corazones, todas obras dieciochescas contemporáneas de sus retablos.
     En el lado de la epístola el primer retablo es de principios del siglo XVIII, muy alterado posteriormente. A continuación hay otro retablo decimonónico con la talla dieciochesca de san Cayetano, santo a quien también representa un lienzo del mismo siglo situado en uno de los muros laterales. La primera capilla de este lado de la nave conserva una talla de Cristo crucificado de escuela sevillana, fechable en el primer tercio del siglo XVIII. En el testero del crucero hay un retablo de madera policromada y dorada realizado a finales del siglo XVII que consta de un cuerpo dividido en tres calles por columnas salomónicas y ático en el que aún se conserva la pintura original que representa el Éxtasis de santa Teresa. Las tallas de san Jacinto y san Francisco que ocupan las calles laterales del cuerpo principal son de los siglos XVIII y XVII respectivamente. En los muros del templo hay diversos lienzos barrocos, entre ellos un san Cristóbal situado en el lado del evangelio del crucero y una Piedad con Dios Padre del círculo granadino que ocupa el testero del coro. En el crucero hay un púlpito de madera tallada a inicios del siglo XVIII y el cancel del vano de los pies es obra de madera tallada y dorada de mediados del siglo XVII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Ermita de San Cristóbal (Santo Cristo de la Sangre)
     El origen de este templo, ubicado en las afueras del núcleo urbano, se sitúa en la segunda mitad del siglo XV, cuando se levantó como sede de un beaterio bajo la advocación de san Cristóbal. En 1512 fue reconstruida y en 1526 albergó el convento de agustinas ermitañas que más tarde, en el siglo XVII, se trasladaron a las cercanías de la plaza de la entonces plaza mayor. En 1683 se instaló aquí la Escuela de Cristo y tras sufrir diversas reformas pasó a convertirse en vivienda particular el año 1928, permaneciendo en la actualidad en estado de ruina y abandono.
     Presenta planta rectangular con dos  tramos cubiertos por bóvedas de crucería sobre arcos de medio punto que descansan en ménsulas y cabecera rectangular con bóveda de medio cañón. Esta última, al igual que la portada, corresponde a reformas llevadas a cabo a finales del siglo XVII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).  

Ermita de Santa Ana
     Esta pequeña ermita se levantó en las cercanías del núcleo urbano en la vertiente oriental del cerro del castillo y su origen puede situarse en el siglo XVI, si bien se realizaron importantes reformas a principios del XVII. Fue dedicada a santa Ana como protectora de los efectos del viento de levante. En nuestros días se encuentra muy deteriorada tras haberse perdido las cubiertas. El templo es de planta rectangular con dos capillas en la cabecera. Todo ello se cubría con armaduras de tradición mudéjar realizadas en 1606 y hoy desaparecidas (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).

Monasterio del Cuervo
     Se fundó este monasterio, dedicado a San José, como desierto de la provincia carmelitana de la Baja Andalucía en 1713 y para ello se eligió el paraje conocido como la garganta del Cuervo, cerca del nacimiento del río Celemín, en un entorno natural de gran belleza que además permitía la vida retirada de los frailes, quienes promocionaron el uso de las numerosas fuentes de aguas medicinales situadas en el entorno. Tras dos años de prueba para comprobar lo idóneo de la situación, en 1715 tienen lugar diversos trabajos y el monasterio comenzó a construirse en 1717, según trazas realizadas por fray Bartolomé de San Pablo. Tras un lento proceso se reanudan las obras en 1721 bajo la dirección del hermano Acisclo de San Rafael, maestro de la fábrica, que debía estar concluida a mediados de siglo, cuando ya realizaba algunos trabajos de talla el escultor genovés afincado en Cádiz Jácome Desiderio Vaccaro. Tras la desamortización de Mendizábal los frailes fueron expulsados del monasterio, si bien se mantuvo el culto durante tres décadas más, quedando en ruinas desde entonces.
     El conjunto monacal, de líneas austeras, como corresponde a su finalidad, está realizado en cantería y presenta planta cuadrada. En el centro se sitúa la iglesia, en torno a la cual se distribuyen tres patios. Las dependencias conventuales se disponen en tres plantas, siendo la baja completamente abovedada. El templo es la pieza más destacada del conjunto, levantado sobre una amplia cripta abovedada, que ayuda a salvar el desnivel del terreno, presenta planta de cruz latina con una sola nave, que en el crucero tiene pilastras toscanas. Las cubiertas, hoy parcialmente perdidas, eran de bóvedas de medio cañón rebajado, con arcos fajones y cúpula semiesférica sobre pechinas en el crucero. Los brazos de dicha zona presentaban cubierta ochavada, como indican trompas que aún se conservan en sus ángulos. En el entorno hay restos de varios eremitorios y a orillas del río Celemín se sitúa un molino unido al conjunto monacal por un camino enlosado con varios bancos tallados en las rocas (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El monasterio de San José del Cuervo, cuya composición volumétrica es clara por su erección en el paisaje como un potente paralelepípedo, refleja exteriormente con rotundidad su planta cuadrada de la que emerge el volumen de la iglesia debido a su mayor altura. Dicha planta presenta dos salientes, uno en la fachada norte, que corresponde a un zaguán, y otro en la fachada sur, usado como cuadra o granero.
     Hacia el interior el monasterio se resuelve siguiendo el modelo de la arquitectura de estilo herreriano, mediante dos crujías perimetrales que dejan en su intersección un amplio espacio en el que se encuentra la iglesia, originando tres patios interiores de diferentes características, dos de ellos simétricos, situados a ambos lados de los pies del templo, y un tercero rodeando la cabecera desde ambos lados del crucero.
     Las dos crujías perimetrales del edificio presentan actualmente dos alturas. La galería interior es de menor anchura y sirve para circular en torno a los patios, pues la comunicación con la iglesia se realiza a través de las otras dos galerías que enlazan con los brazos del crucero, conservándose en una de ellas un aguamanil, tallado en piedra, de un caño, adornado con una media esfera gallonada y taza semicircular con gallones. En la crujía exterior es donde se disponen las distintas piezas habitables. En la planta baja se ubican las dependencias comunes y la planta superior alberga las celdas.
     A las plantas superiores se acceden desde unas escaleras situadas en los ángulos de la fachada norte, de las que solo se conservan algunos restos.
     Las galerías inferiores conservan sus cubiertas de bóvedas de cañón, con aristas en las intersecciones de las mismas. El resto de dependencias igualmente se cubrían mediante bóvedas de cañón, con lunetos en los casos donde se abren los huecos para su iluminación. Las galerías superiores actualmente se encuentran desprovistas de sus originales cubiertas.
     Las fachadas del conjunto monacal reflejan su disposición interior de dos plantas con soberado. La fachada del lado oeste quedó inacabada en su parte central. Las otras tres fachadas, de disposición similar, se encuentran divididas en dos cuerpos mediante una pequeña moldura de la que apenas se conservan restos en la fachada este. El primer cuerpo, que presenta vanos de acceso adintelados, está rematado en sus esquinas por un resalto a modo de pilastras que enlazan con la cornisa superior. Las plantas segunda y tercera presentan vanos adintelados de iluminación, siendo los del segundo piso prácticamente el doble en número que los de la tercera planta.
     El pórtico de acceso, adosado a la fachada norte del edificio, es de planta cuadrada y presenta tres arcos de medio punto, uno a cada lado. En la clave de la bóveda del pórtico quedan restos de un bajorrelieve con el escudo heráldico de la Orden del Carmelo inscrito en una orla circular tallada, con lambrequines, volutas y motivos vegetales. Así mismo, situado sobre el arco principal de este pórtico, se conservan restos de otro relieve en la clave del arco, formado por dos tibias cruzadas sobre la figura de una calavera, motivo iconográfico conocido como «MEMENTO FINIS», en alusión al momento final de la muerte y lo banal de todo lo mundano, una alegoría o «vanitas» propiamente barroca.
     La iglesia se alza en el interior del inmueble adosada al lado noroeste. El templo es de una sola nave, con planta de cruz latina cubierta con bóveda de cañón rebajada, con lunetos y arcos fajones. Dicha nave se ubica a la altura de la planta superior, lo que permite disponer en la zona inferior de otra nave, de planta similar aunque de menor altura, a modo de cripta, aunque situada a la cota natural del terreno y no enterrada. El crucero de la iglesia se cubría con un casquete semiesférico sobre pechinas, aunque solo quedan estas últimas. Adosada a los pies de la fachada norte del templo se conserva una escalera de planta cuadrangular con una interesante forma helicoidal desde la que se accedería al campanario y a las cubiertas.
     La fachada de la iglesia está dividida en dos cuerpos mediante una hilera de sillares. En el inferior se sitúa la entrada a la cripta o nave inferior, formada por un arco remontado que posiblemente quedase oculto tras una escalera de acceso a la nave principal de la iglesia. El segundo cuerpo de la fachada corresponde a la entrada de la misma, presenta dos vanos adintelados, uno para el acceso y otro para iluminación situado en la parte superior. La fachada se remata con una cornisa volada que continúa por todos los paramentos exteriores de la iglesia.
     La orden del Carmen descalzo, o más conocidos como los Carmelitas, necesitan a principio del siglo XVIII formar un desierto o convento, debido a que el inicial de San José del Valle no cumplía las condiciones idóneas.
     Finalmente, hacen un asentamiento en la Garganta del Cuervo (1713), que es un lugar con condiciones favorables. Así el 24 de septiembre de 1715 lo dona Medina, pero para conseguir la licencia de ese pueblo hacen firmes cláusulas, una de ellas era la devolución de las tierras en caso de no ser construidas o ser abandonadas. El 15 de Octubre de 1715 lograron la donación de los terrenos por el Ayuntamiento de Medina Sidonia, que comprendía todo el territorio desde el principio de la garganta del Cuervo hasta la pasada del Helecho, con una extensión total de 610 fanegas. En 1770 comenzó el monasterio a funcionar, siendo su prior el padre Francisco de San Agustín.
     Hoy se halla medio arruinado, aunque la planta baja y parte del piso se conserva bastante bien. Aún se ve el escudo de la Orden en la fachada y esta sentencia, grabada en piedra, propia de estos lugares: Memento finis. También la iglesia se halla sin techo y muy ruinosa, como es de suponer, después de tantos años de abandono... No debió de tener muchas ermitas. Todavía se ven las ruinas de una de ellas, y otra excavada en la roca, que tiene el escudo de la Reforma. Algunas más tendría, probablemente. En la parte inferior del monte donde el convento está edificado, se cultivaban algunos tablares para hortalizas y árboles frutales, entre ellos higueras y melocotoneros. Aprovechando el agua que corre por el fondo de la garganta del monte se construyó un molino, al cual se bajaba desde el monasterio por un camino empedrado, que a trechos tenía descansos abiertos en el mismo terreno rocoso. En la actualidad se conserva el molino aunque en estado ruinoso y si se sube por el camino que va junto al río (el que recomendamos), es el lugar en el que se ha de abandonar el camino y subir hacia la izquierda. Aquí el sendero se empina y a veces ha sido invadido por la vegetación, no obstante, todavía se observa algún descansillo de los comentados.
     A finales del siglo XVIII vivió el convento su mejor época, la fama de sus aguas medicinales trascendió y eran numerosas las personas enfermas que acudían en busca de solucionar sus problemas de salud. Con estas visitas también llegó el dinero y la riqueza, pero también la envidia y los problemas. De esta época es la formación de la leyenda negra, que todavía persiste en la zona, según la cual en el convento se practicaban prácticas inquisitoriales, hecho muy improbable si pensamos que la Santa Inquisición estaba en plena decadencia.
     En 1835 se cerró definitivamente el convento con la desamortización de Mendizábal. La finca ha pasado desde entonces por diversos propietarios privados hasta llegar a Andrés Pérez Mena, el ganadero "Canito" y en la actualidad pertenece a una empresa de los Países Bajos.
     En cuanto a su uso después de la desamortización ha sido muy variado, desde refugio de bandoleros o contrabandistas hasta el campismo más reciente para los vecinos de los pueblos próximos. Esta última práctica ha sido prohibida por los actuales propietarios, ante la degradación que presentaba la zona. Hace poco tiempo salió en la prensa un posible proyecto para la creación en él de un hotel de lujo, pero dicho proyecto parece que no ha salido hacia delante (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Castillo de Torrestrella
     Se levanta en las cercanías de Medina sobre un pequeño cerro que domina una amplia extensión de tierras de campiña. Es un castillo roquero de finales del siglo XIII relacionado con las fortificaciones fronterizas dispuestas por Alfonso X el Sabio, quién la entregó a la Orden Militar de Santa María. Se trata de una construcción mudéjar con planta rectangular a la que se accede por un arco apuntado de ladrillo. Destaca en el conjunto la torre del homenaje, con estancias cubiertas por bóvedas vaídas, que presenta al exterior un vano lobulado enmarcado por alfiz. En sus muros se conservan algunos restos de pinturas murales con elementos arquitectónicos simulados. En uno de los extremos del castillo hay una dependencia cuadrangular con trompas en los ángulos para sustentar una bóveda esquifada, que posiblemente fuese originalmente un oratorio tipo «qubba» (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se trata de los restos de un castillo de origen andalusí, que posteriormente perteneció a los Caballeros de la Orden de Torre Estrella.
     La planta es de traza rectangular alargada, con el eje longitudinal orientado de levante a poniente. El acceso se realizó por el lado derecho del flanco sur de la cerca, donde la pendiente de ladera es menos escarpada, a través de un doble arco apuntado protegido por un rastrillo. Tras este se encuentra un pequeño patio de armas al que se abre, cubriendo el corto flanco este, una estancia alargada de la que todavía restan los muros y los arranques de una bóveda apuntada de cañón.
     En el centro del recinto y apoyada en el flanco norte de la cortina, asentada en la propia roca madre, se eleva la torre principal o del homenaje, de planta rectangular, que cobija dos cámaras intercomunicadas por un arco apuntado, cubiertas por bóvedas vaídas, aparejadas en ladrillo. Por el lado sur, encajonado entre las cercas y las torres del homenaje, transcurre un empinado pasadizo por el que se accede, Tras franquear un arco, hoy derruido, se llega a un segundo patio de armas y a la puerta de entrada a la torre del homenaje, en cuya fachada campea un arco de herradura apuntado, ciego, trasdosado de lóbulos enmarcados por un alfiz.
     Dando frente a la fachada principal del homenaje ocupando el flanco oeste de la fortaleza, se hallan los restos de una estancia cuadrada. De su cubrición sólo quedan en las esquinas los arranques ochavados de unas trompas diédricas de parejos latericios, propios de las rábitas, lo que lleva a pensar en su posible uso como capilla. Entre ambas construcciones, cerrando los otros dos lados de este segundo patio, existen dos estrechas estancias volteadas con bóvedas de cañón apuntados.
     El Castillo se encuentra alzado en la cumbre de un promontorio de rocas situado a unos 6 Kilómetros de distancia al este de la población de Medina Sidonia. Aunque el origen de este castillo es incierto, pues ha sido reiteradamente atribuida su fundación a Alfonso X para uso conventual de la Orden Militar de Santa María de España, creada a su vez por el mismo Rey en la segunda mitad del siglo XII, la opinión más generalizada se decanta por aceptar que se trata de una fortaleza de construcción árabe, de estilo mudéjar, reformada posteriormente a la reconquista de la zona por las Huestes Cristianas para defensa de la banda morisca (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

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