Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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sábado, 6 de diciembre de 2025

Procesiones de hoy, sábado 6 de diciembre, en Sevilla

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, sábado 6 de diciembre, en Sevilla
     Hoy, sábado 6 de diciembre, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la hermandad de la Pura y Limpia: 

      Hdad. de la Pura y Limpia: La Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María; es ésta una corporación con orígenes en el siglo XVII, aunque sus primeras reglas son de 1778, con sede canónica en su capilla propia del Postigo del Aceite, siendo su imagen titular la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, talla anónima de mediados del siglo XVIII y atribuida a Pedro Duque Cornejo.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Pura y Limpia del Postigo: www.puraylimpiadelpostigo.org

       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de la tarde del sábado 6 de diciembre, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

viernes, 24 de enero de 2025

Un paseo por la barreduela Francisco de Pelsmaeker

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la barreduela Francisco de Pelsmaeker, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 24 de enero, es el aniversario del nacimiento (24 de enero de 1901) de Francisco de Pelsmaeker, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte la barreduela Francisco de Pelsmaeker, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La barreduela Francisco de Pelsmaeker es, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo; en la calle Cuna
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. Algunas vías reciben una denominación diferente a la de calle, en función de características genéticas, morfológicas o funcionales. Cuando se encuentra cerrada por construcciones en uno de sus extremos se llama barreduela o adarve, y en el uso popular callejón, y a veces callejuela. Son muchas las barreduelas que se conservan en el casco histórico como herencia de la ciudad medieval, pero tampoco son infrecuentes en la periferia. Una característica peculiar de las barreduelas es que sus edificios poseen numeración correlativa, mientras que en las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
       También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Al parecer fue conocida en el pasado con los nombres de Limpia y callejón del Verdugo, ambos claramente populares. El primero debió tener intención irónica, aludiendo quizás a su descuido y suciedad; y el segundo "por haber vivido en ella el verdugo" (González de León), dato que no se ha comprobado documentalmente. En el plano de Olavide (1771) aparece sin rótulo, lo que permite pensar que estaba oficialmente agre­gada a Cuna, hasta que en 1868 se le llamó Adelfa. En 1974, y a propuesta de la Univer­sidad, se rotuló con el nombre actual, en homenaje a este catedrático de Derecho Romano, fallecido en los años 70. La elección de la calle obedeció a su cercanía al viejo edificio universitario de Laraña, donde aquél impartió lecciones durante muchos años y en cuyas proximidades tenía su domicilio.
     Hasta la apertura de Vargas Campos a principios de nuestro siglo, fue una barreduela limitada por la trasera del desaparecido convento de Santa María de la Pasión (v. Sierpes). Es estrecha, rectilínea y relativamente corta, con asfalto en mal estado y aceras muy estrechas en algún punto. Se ilumina con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. Carece prácticamente de casas propias, pues está conforma­da por el lateral de un edificio regionalista de Cuna y el de la casa-palacio de la conde­sa de Lebrija, ambos con fachadas principales en la citada calle. Se trata de un espacio muy descuidado y con poco movimiento. A mediados del s. XIX estuvo ocupado en buena parte por un teatro [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Francisco de Pelsmaeker, personaje a quien se le dedica dicha vía
;
     Francisco de Pelsmaeker e Iváñez (Granada, 24 de enero de 1901 - Sevilla, 22 de noviembre de 1973). Catedrático de Derecho Romano.
     Catedrático español de Derecho Romano de la Facultad de Derecho de la Universidad Hispalense de Sevilla (1931-1971) que ejerció una notable influencia en la formación de generaciones de juristas de Andalucía occidental y sur de Extremadura .
     Francisco de Pelsmaeker e Iváñez nació en Granada el 24 de enero de 1901 y murió en Sevilla el 22 de noviembre de 1973. Mayor de cuatro hermanos hijos del ingeniero belga Luis Pelsmaeker y van der Weeën, cónsul honorario de Bélgica en Granada, y de la dama granadina María J. Iváñez .
     En los primeros años (hasta 1918) inicia su formación en Bélgica, donde le sorprendió la I Guerra Mundial. Vuelto a España se nacionalizó español y realizó las licenciaturas de Derecho y Filosofía y Letras en la universidad de Granada, doctorándose en Derecho en Madrid. Fue discípulo del profesor Rafael Acosta Inglott (1859-1941).
     Sus aspiraciones docentes fueron frenadas en los años de la Dictadura de Primo de Rivera (1923-29) al quedar congeladas las oposiciones a cátedra, dedicándose entonces afanosamente a completar su formación como auxiliar en la Cátedra de Derecho Romano de Granada, preparando los programas de Derecho Romano, Historia del Derecho Español y Derecho Civil. Becado por la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (Centro de Estudios Históricos) estuvo un año (1927) en la Universidad alemana de Friburgo en Brisgovia donde profesaba el gran romanista Otto Lenel que tanta influencia ejerció en Europa.
     El 5 de junio de 1929 Pelsmaeker se presentó a las primeras oposiciones que se convocan todavía con el reglamento antiguo y obtiene la Cátedra de Derecho Romano de La Laguna (Tenerife), donde imparte hasta 1931. Inicia su traslación en base al escalafón a la Universidad de Sevilla, donde tuvo acumulada la cátedra de Derecho Civil. Sucedió al profesor José López de Rueda con el enérgico propósito de rehabilitar la enseñanza del Derecho Romano en Sevilla. Había contraído matrimonio con la granadina Concepción Cassinello y de la Chica.
     La escritora Mercedes Fórmica asistió a sus clases en 1932 como primera y única alumna mujer (acompañada siempre por una señora o doña). Recuerda en su autobiografía a un bisoño Pelsmaeker antipedagógico, carente de intuición y paciencia e incapaz de transmitir a sus alumnos; distribuía sus clases, de dos horas de duración, en una mitad de explicación y apuntes y otra mitad a preguntas.
     En Sevilla Pelsmaeker fraguó una gran amistad con el también catedrático de Derecho Canónico y político de la C.E.D.A. Manuel Giménez Fernández al que siempre consideró como un hermano y que lo introdujo en la política local durante el bienio negro como presidente de la Junta de Reforma Agraria de Sevilla. Pero el asunto fallido Carmona-De la Lastra lo arrastró junto al ministerio Giménez Fernández.
     «Entre las recomendaciones que recibí a lo largo de mi carrera estaba la de dos personalidades [...]. Sospecho que esas cartas me llegaron porque los secretarios las pusieron a las firmas respectivas y pasaron desapercibidas a aquellos señores».
     También fue miembro por la Universidad Hispalense de la Comisión de Reorganización y Saneamiento de la Hacienda Municipal de Sevilla. Pero Pelsmaeker nunca demostró ambición por la política, aunque fuese desde luego un hombre profundamente preocupado por los problemas de su país, dentro de una clara y arraigada ideología política conservadora, militando en la C.E.D.A. Quedó en una inestable situación administrativa tras ser declarado en excedencia forzosa de su cátedra de Derecho Romano, en aplicación de Sentencia del Tribunal Supremo, publicada en la Gaceta de Madrid sobre una Orden del 24 de abril de 1936. Pero en esto le sorprende el Alzamiento Nacional el 18 de julio de 1936 estando de vacaciones en su ciudad natal; allí se incorpora a las Milicias nacionales (Españoles Patriotas) y está entre los que inician el Movimiento Nacional en Granada, pasando fugazmente por la Comisaría de Vigilancia y Seguridad durante la represión en caliente.
     Se reincorpora a la Universidad de Sevilla en agosto-septiembre de 1936. La Comisión de Cultura y Enseñanza, presidida por Pemán y equivalente al primer ministerio de los de Franco, organizó enseguida la represión en el ámbito educativo nacional. En este preceptivo proceso de depuración del personal docente universitario, el Rector insurgente José Mariano Mota y Salado (con nombramiento vitalicio del general Queipo de Llano) firmaba sus decisivos informes para la Comisión A con una misma fórmula ritual cuando se trataba de sí mismo y de aquellos profesores, como Pelsmaeker, que consideraba fieles al Movimiento Nacional.
     "Persona de derechas con actividades políticas, de buena conducta moral y religiosa y cumplidor con exceso de sus obligaciones académicas" (Archivo-Biblioteca Universitaria de Sevilla, Legajo 1992-A, depuraciones).
     Pero los demás profesores, considerados contrarios a aquella situación, serían implacablemente inhabilitados, expulsados y en el mejor de los casos salvarían sus vidas]. La notitia criminis podía variar según la envidia que les profesase el denunciante o el delator : actividades políticas, haberse divorciado, ser un rojo, ser masón o tener una amante.
     El reducido claustro residual se reunía episódicamente para trámites administrativos bajo la presidencia del Rector o del Decano correspondiente, con Pelsmaeker como secretario en Derecho, y permaneció prácticamente inactivo a efectos docentes durante la Guerra Civil . Estaba integrado, como era de esperar, por personas afectas de ideología conservadora, que no dudaron en colaborar con los sublevados en las tareas oportunas de propaganda o de represión política, según sus habilidades.
     De esta oscurecida etapa de su vida sabemos, por confesión propia, que fue nombrado capitán jurídico honorario, seguramente por su colaboración técnica (vocal ponente, auditor) en el aparato jurídico militar del momento. De aquella época conservó una muy buena opinión del liberador de Sevilla, el general Gonzalo Queipo de Llano, al que consideraba como una persona humana, muy humana.
     Acabada la guerra, la nueva política de educación universitaria que se avecinaba la describió el propio ministro de Educación Nacional, José Ibáñez Martín, en los discursos de apertura de los cursos 1939-1940 y 1940-1941:
     «Queremos sobre todo una Universidad nacional subyugada con fuerte disciplina a los intereses materiales y morales de la Patria [...] Haremos que un mismo pensamiento y una misma voluntad sean nota común de los afanes del profesorado [...] Ha de ser empeño del nuevo Estado impedir que las actividades científicas puedan en ningún caso ser instrumento perverso contra los sagrados principios de la Patria.»
     La Universidad autárquica nacional-católica, surgida de la LOUE (Ley de Ordenación Universitaria española del año 1943) pronto se articuló en torno a la "cátedra en propiedad" como un espacio de poder, centrado por un catedrático estable que disfrutaba de un estatus privilegiado reinando sobre una corte inestable y aduladora (adjuntos, auxiliares, encargados de curso, ayudantes, colaboradores, familiares y otros allegados) cuyo futuro dependía de su vinculación al catedrático . El punto de interés del catedrático y su área de poder oscilaba entre tres polos : su supuesta excelencia académica, las prebendas y sinecuras que le proporcionaba el ejercicio libre y su legado. El sistema se reproducía por oposiciones con una suerte de darwinismo académico natural : el catedrático más hábil lograba reproducirse en muchos catedráticos-discípulos hábiles, que a su vez integraban los tribunales de oposición etc. Así nacieron y se extinguieron con naturalidad las escuelas y las familias académicas.
     Pelsmaeker no estaba entre los más hábiles. Reanudada la actividad académica, instalado definitivamente en su cátedra de Derecho Romano, y hasta su jubilación en la Universidad de Sevilla en 1971, se comportó como un profesor prestigioso, burócrata austero y entregado en cuerpo y alma a la docencia universitaria. Los numerarios de Derecho romano no solían ser “autores” (línea publicista), excepto acaso de algún libro de texto de carácter didáctico elemental. Pelsmaeker se consideró un formador de juristas y contribuyó a la renovación pedagógica del romanismo por su aura alemana y por sus traducciones de textos italianos. El doctorado comenzó a descentralizarse . Por orden de 14 septiembre 1945 el ministerio autorizó la impartición en Sevilla de cursos monográficos de doctorado y la dirección de tesis, que luego eran leídas en Madrid . Pelsmaeker se estrenó con : "El imperio y la decadencia de la originalidad jurídica del pueblo romano". Organizó eficientemente el Servicio de Publicaciones de la Universidad y dirigió la revista Anales de la Universidad Hispalense (1938-1967). Pero evolucionó sin adaptarse al corrupto medio ambiente franquista.
     Hombre honesto, fue recordado como catedrático de apuntes, lección magistral y examen duro. Convirtió su asignatura en la más ardua, compleja y difícil de cuantas se cursaban en la carrera . Cultivó entre los alumnos un metus reverentialis que trascendió hasta el mito.
     «Mire, al entrar yo en el aula, el silencio se hacía impresionante; tiraban los cigarros y se arreglaban la corbata, poniéndose todos [los alumnos] de pie. Es cuanto puedo decirle»... 
     Todas las Universidades y todas las carreras de aquella época necesitaban de algún mecanismo filtrador (“hueso” al decir de los estudiantes), y Derecho de Sevilla presumía de la figura atrabiliaria del profesor Francisco de Pelsmaeker e Iváñez, quien era temible por sus exigencias en la materia del Derecho Romano, hasta el punto de que era la asignatura que casi todos llevaban arrastrando un curso tras otro especialmente los alumnos matriculados "por libre" de las provincias vecinas.
     Mercedes Fórmica fue suspendida con un 99,9 de puntuación, faltándole una décima de punto. Para una ciencia humanística interpretativa, parece algo excesiva la metodología evaluatoria. Como ella dijo " [Me faltó] ¡Algo así como el aire que contiene un suspiro!". El escritor sevillano Manuel Barrios Gutiérrez describe su humor dispéptico:
     Pelsmaeker me cateaba siempre en Derecho Romano, hasta que en uno de los exámenes se acercó y me dijo :"¿Usted cuándo va a aprobar?". Yo le dije: "Cuando nos pongamos de acuerdo". Él se sorprendió y entonces yo le aclaré :"Cuando usted me pregunte algo que yo sepa o cuando sepa algo que usted me pregunte". Y entonces me dijo :"Le voy a aprobar porque me ha hecho usted sonreir y hoy me duele el estómago".
     Pelsmaeker había dado un significado a su propia conciencia utilizando la violencia estructural. Suspendió todo vínculo de connivencia, complacencia o indulgencia, quebrando las relaciones de complicidad y conveniencia social que generalmente unía a todos los componentes del juego docente. En aquella estructura autoritaria, corporativa y proteccionista las garantías eran nulas para los alumnos. En 1956 el decano de Derecho Alfonso de Cossío y Corral disuade con amabilidad a una representación de alumnos de 2º curso reclamantes ante un incidente por evaluación arbitraria de examen de otro profesor.
     "El catedrático tiene facultad ilimitada sobre los alumnos oficiales" [...]. "El catedrático ni siquiera tiene obligación de leer los ejercicios [de examen al calificar] porque sus derechos son ilimitados [...]. "De nada sirven las garantías [a los alumnos] porque nadie garantiza al garantizador" [...]. "Sin dejar de ser justo, y examinando de acuerdo a un programa, podría suspender a todos los [catedráticos] civilistas de España y ellos a mí".
     Pero Pelsmaeker fue absolutamente íntegro y no tuvo conflictos aunque, curiosamente, consta documentalmente que había practicado el arte de la recomendación durante sus años de político. Esta pureza venía posibilitada por sus genes flamencos y, naturalmente, por la dedicación exclusiva del profesor Pelsmaeker (extravagancia poco usual entre disciplinas lucrativas).
     «Soy el perro de presa que se enfrenta y se enfrentó a muchas personas, como profesor y miembro de tribunales [,,, ] dicho en lenguaje vulgar, no me caso con nadie...».
     Discípulos promovidos por Pelsmaeker fueron los profesores Faustino Gutiérrez-Alviz Armario (1915-2006), José Aparici Díaz (1920-1996), que le sucedió en la Cátedra de Derecho Romano de Sevilla y Manuel García Garrido (1928).
     Durante los últimos veinte años sólo dirigió una tesis doctoral. Según expresó en una entrevista, hubiese deseado evitar el beneficio de la jubilación y morir con la toga puesta, explicando en el estrado a sus alumnos [49]. Un mes antes de su muerte el ministro de Educación y Ciencia le concedió el ingreso en la Orden Civil de Alfonso X el Sabio en la categoría de Encomienda con placa. 
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viernes, 6 de diciembre de 2024

Procesiones de hoy, viernes 6 de diciembre

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     Hoy, viernes 6 de diciembre, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la hermandad de la Pura y Limpia

      Hdad. de la Pura y Limpia: La Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María; es ésta una corporación con orígenes en el siglo XVII, aunque sus primeras reglas son de 1778, con sede canónica en su capilla propia del Postigo del Aceite, siendo su imagen titular la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, talla anónima de mediados del siglo XVIII y atribuida a Pedro Duque Cornejo.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Pura y Limpia del Postigo: www.puraylimpiadelpostigo.org

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miércoles, 6 de diciembre de 2023

Procesiones de hoy, miércoles 6 de diciembre

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     Hoy, miércoles 6 de diciembre, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la hermandad de la Pura y Limpia: 

      Hdad. de la Pura y Limpia: La Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María; es ésta una corporación con orígenes en el siglo XVII, aunque sus primeras reglas son de 1778, con sede canónica en su capilla propia del Postigo del Aceite, siendo su imagen titular la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, talla anónima de mediados del siglo XVIII y atribuida a Pedro Duque Cornejo.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Pura y Limpia del Postigo: www.puraylimpiadelpostigo.org

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martes, 6 de diciembre de 2022

Procesiones de hoy, martes 6 de diciembre

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     Hoy, martes 6 de diciembre, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la hermandad de la Pura y Limpia

      Hdad. de la Pura y Limpia: La Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María; es ésta una corporación con orígenes en el siglo XVII, aunque sus primeras reglas son de 1778, con sede canónica en su capilla propia del Postigo del Aceite, siendo su imagen titular la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, talla anónima de mediados del siglo XVIII y atribuida a Pedro Duque Cornejo.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Pura y Limpia del Postigo: www.puraylimpiadelpostigo.org

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viernes, 17 de diciembre de 2021

Un paseo por la calle Almirantazgo

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     La calle Almirantazgo es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo, y va de la avenida de la Constitución, a la confluencia de las calles Arfe, y Dos de Mayo.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     La calle actual está formada por dos espacios que durante siglos estuvieron diferenciados: el inmediato al Postigo del Aceite y el tramo que desde la avenida de la Constitución llega hasta Tomás de Ibarra. El primero se ha tendido a identificar con el nombre del citado postigo, pero más como elemento de referencia que como nombre propio de dicho espacio, al menos hasta el s. XIX. No obstante, de forma ocasional se la ha conocido con nombres propios, así plaza de las Carnicerías de los Abades. El plano de Olavide (1771) y González de León (1839) son las únicas referencias, ya que otros documentos coetáneos o próximos siguen aludiendo al nombre del postigo. Un plano de 1869 la denomina plaza del Aceite. Esta denominación se debe a que por el mencionado postigo entraba todo el aceite del Alja­rafe y en esta calle estaba el mercado al por mayor y menor de este articulo desde los siglos medievales, de gran importancia en la economía de la ciudad. El nombre de Carnicerías responde al hecho de que aquí se encontraban las particulares del Cabildo Catedral, en el conjunto del desaparecido Colegio de San Miguel. Según González de León, y tras él otros autores, se llamó también de San Andrés; sin embargo, la plaza de este nombre no pudo estar aquí.
     Por lo que se refiere al otro tramo de la calle, desde el s. XV se alude a ella diciendo que es la que va desde el Postigo del Aceite hasta Gradas, por tanto, sin nombre propio, aunque en alguna ocasión se la identificaba con la vecina Vitoria y Cuernos. En el plano de Olavide aparece como Alfolí, por el almacén central de sal ubicado en ella, por lo menos desde el s. XIV. En 1839 se le asigna el nombre actual, en recuerdo de la existencia del tribunal o juzgado del Almirante, asimismo situado en esta calle, esquina a la actual avenida, también desde los siglos medievales.
     Ha sido y es una calle de trazado irregular a pesar de las reformas. Inicialmente era más larga, ya que ocupaba parte de la citada avenida, hasta que en la década de 1920 se lleva a cabo la reestructuración de la zona y se le da la dimensión actual. Coincidiendo con dichas reformas, desaparece la barreduela del Alfolí, que existía en la acera izquierda. La de los pares ha experimentado en el presente siglo importantes cambios: sufre un retranqueo de las fachadas del primer tramo, quedando mucho más ancha que en los siglos precedentes y todas las construcciones de la misma pertenecen a las décadas de los sesenta y setenta. Hoy es una calle relativamente ancha, de la que parte Tomás de Ibarra, por la izquierda, y un pasaje comunica, por la derecha, con la plaza del Cabildo, pero su forma es quebrada, compuesta por tres tramos en ángulo recto. En cuanto a sus dotaciones, hay noticias de que estaba empedrada en el s. XVII y adoquinada a comienzos del s. XX; hoy está asfaltada. Salvo en el primer tramo de los pares en que la acera es bastante ancha, en general son estrechas y a veces apenas puede caminar por ella una persona. En la parte ancha existen varios naranjos.
     Desde siempre ha tenido una función eminentemente comercial, como se ha indicado anteriormente, al ubicarse importantes centros de esta naturaleza: mercado de la sal, del aceite, carnicerías, etc. El Alfolí estaba en la esquina de la avenida, y la última reparación importante que sufrió es de 1724; Santiago Montoto alcanzó a conocerlo convertido en corral. También estuvo la Aduana entre 1520 y 1587, aproximadamente. Por todo ello no es raro que se concentrasen aquí en los siglos XVI y XVII los arrieros con sus animales, en espera de que sus servicios fuesen requeridos, a pesar de las prohibiciones. En el s. XVIII se alude a puestos diversos (panaderos, lecheros) y en el s. XIX ya existe un mercado diario de artículos de subsistencia, que se desborda por la inmediata Arfe; los rigores de la estación veraniega se miti­gaban mediante toldos. Aunque desde los años de 1870 hay intentos por erradicar este mercado, no se consiguió hasta la construcción del mercado del Postigo en este siglo. En la actualidad, salvo Correos, cuya fachada lateral domina una gran parte de los impares, y una entidad bancaria, los bajos de las casas de esta calle están ocupados exclusivamente por bares y tiendas de alimentación, manteniendo así el recuerdo de aquella actividad decimonónica; algunos de dichos bares tienen mesas en el espacio pú­blico. Llama la atención la carnicería inme­diata al Postigo. En cuanto a la calzada, los ángulos muertos originados por su trazado quebrado están aprovechados como aparcamientos. La proximidad de Correos y el ser vía de comunicación con el Arenal hace que tenga un tráfico bastante intenso, sobre todo por las mañanas. El ambiente estudiantil que tuvo en los años sesenta lo ha perdido; sin embargo, en Semana Santa es un punto especial de concentración, por las numerosas cofradías que pasan por el Postigo, y por la afluencia a los bares de las gentes que están en las "sillas" de la avenida. De su pasado sólo quedan dos restos: la puerta o Postigo del Aceite, perteneciente a la muralla del periodo almohade y reforma­da en 1573 por Benvenutto Tortello, a cuyo momento corresponde el bello relieve con el escudo de la ciudad existente en su parte interior; en las jambas se conservan dos fustes de columnas con sendas canales para encajar los tablones que reforzaban la defensa de la puerta en los momentos de desbordamiento del río. El otro es la capillita barroca adosada a dicha puerta, dedicada a la Inmaculada Concepción, por una hermandad, de cuya existencia hay noticias por lo menos desde el s. XVIII; coincidiendo con su festividad se celebraba una velada en esta calle durante el primer tercio del presente siglo [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Almirantazgo, 6 A-B
. Casa de tres plantas del siglo XVIII, con balcones moldurados. La planta inferior de la crujía de fachada ha perdido su primitivo carácter por la instalación  de  locales comerciales.
Almirantazgo, s/n. POSTIGO DEL ACEITE. Es una de las puertas de la muralla de Sevilla, que por encontrarse en sus inmediaciones el mercado del aceite, tomó dicho nombre. Conserva las dos torres de flanqueo, con las salas abovedadas, embutidas en construcciones posteriores. Por la fachada que miraba al interior de la ciudad se conserva un relieve con el escudo de la misma y una inscripción conmemorativa de su reconstrucción en 1573. A ambos lados del vano de la puerta se conservan todavía unos fustes con sendos canales para colocar los tablones en los períodos de avenidas del río. Junto a dicha puerta existe una capillita dedicada a la Inmaculada [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
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La calle Almirantazgo, al detalle:
Correos
Edificio de la calle Almirantazgo, 6.

lunes, 6 de diciembre de 2021

Procesiones de hoy, lunes 6 de diciembre

     Por Amor al Arte
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     Hoy, lunes 6 de diciembre, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la hermandad de la Pura y Limpia

     Hdad. de la Pura y Limpia: La Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María; es ésta una corporación con orígenes en el siglo XVII, aunque sus primeras reglas son de 1778, con sede canónica en su capilla propia del Postigo del Aceite, siendo su imagen titular la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, talla anónima de mediados del siglo XVIII y atribuida a Pedro Duque Cornejo.

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domingo, 8 de diciembre de 2019

La Capilla de la Pura y Limpia del Postigo

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de la Pura y Limpia del Postigo, de Sevilla.   
   Hoy, 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, que, realmente llena de gracia y bendita entre las mujeres en previsión del nacimiento y de la muerte salvífica del Hijo de Dios, desde el primer instante de su Concepción fue preservada de toda culpa original, por singular privilegio de Dios. En este mismo día fue definida por el papa Pío IX como verdad dogmática recibida por antigua tradición (1854) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
       Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Capilla de la Pura y Limpia del Postigo, de Sevilla.
     La Capilla de la Pura y Limpia del Postigo se encuentra en la calle Almirantazgo, 10; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
   Las antiguas murallas de la ciudad tuvieron un amplio número de puertas de acceso que se completaron con otras entradas menores, conocidas como postigos. Junto a uno de ellos, primero conocido como el de los Azacones (por su cercanía al puerto), y luego como Postigo del Aceite (era el lugar de entrada de este producto), se sitúa la capilla más pequeña de la ciudad, dedicada a la Inmaculada y conocida popularmente como la Pura y Limpia del Postigo. Es un ejemplo de las numerosas capillas abiertas que se dedicaron a la Inmaculada en Sevilla, de las cuales sólo se conservan ésta, la del patio de Banderas y la de las gradas de la Catedral, financiada por gorreros y sederos.
   Es una iglesia en su mínima expresión. Encalada hacia el exterior, con clásica espadaña e incluso campanario, muestra hacia el exterior la imagen de una barroca Inmaculada del siglo XVIII enmarcada en un retablo documentado del entallador Juan José González, talla que fue encargada por la hermandad en el año 1753 por el precio de 2.000 reales. Porque aunque pudiera pensarse otra cosa, la capilla es centro devocional de larga historia y tradición. Según refiere Benavides, era frecuente que en ella se celebraran misas de forma periódica, en unos tiempos en los que el tráfico lo permitía, con una concepción de la liturgia que recordaría a las capillas abiertas del mundo colonial hispanoamericano. Tiene hermandad propia con origen en el siglo XVIII, desconociéndose la fecha exacta de su fundación, aunque se sabe que el cardenal Luis Salcedo y Azcona ya le concedió en 1727 indulgencias a los que rezaran delante de la Inmaculada. Desde entonces, la hermandad mantiene el culto a la imagen, habiendo conocido diversas procesiones extraordinarias y la celebración de un Rosario de la Aurora que se celebraba a las dos de la mañana de cada 15 de agosto, festividad de la Asunción.
   A pesar de sus reducidas dimensiones, en su interior, junto a la titular, se exponen unas repisas donde aparecen  imágenes barrocas de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán, estando coronado el retablo por un medallón con el tema de la Coronación de la Virgen. En el muro izquierdo se dispone un lienzo anónimo con la iconografía de San José coronado por el Niño Jesús y en el muro derecho se muestra una copia del lienzo de Santa Justa y Santa Rufina de Murillo. En el exterior, una sencilla orla de azulejos con el lema "Bendita sea tu pureza" recuerda el carácter devocional de la capilla. Las reducidas dimensiones de la capilla motivan que la hermandad celebre sus cultos y actos anuales en la parroquia del Sagrario, la capilla de la Carretería o, incluso, en la cercana plaza del Cabildo (Manuel Jesús Roldán,  Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
   Muchas son las imágenes concepcionistas que atesora Sevilla; pero con ser todas devotas, nos atrevemos a decir que ninguna alcanza el intenso grado de veneración familiar, continuo y cotidiano que goza esta imagen de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora, a la cual el pueblo de Sevilla conoce con el sugerente y cariñoso nombre abrevidado de "la Pura y Limpia". Linda y atractiva talla barroca del s. XVIII, de sólo 80 cms. de alto, esculpida con enorme gracia y con un fuerte sentido pictórico, que le presta apariencia flotante y voladora. Asienta sobre la media luna, cuyos picos se dirigen  hacia abajo, como estimaban los antiguos tratadistas que era la interpretación correcta del escabel selénico. Luce corona de orfebrería, y cuando está fuera del camarín se le suele añadir también una ráfaga. Tiene simpática hermandad que le da culto, aunque (por el reducido tamaño del recinto) los actos principales suelen trasladarse a otras iglesias de la misma zona; sin embargo, a principios de siglo aún se decía misa en su capilla a hora muy temprana, para lo cual se instalaban asientos en medio de la calzada. Sólo ha salido en procesión esporádicamente, porque es una efigie "más de ara que de andas", "más de tabernáculo que de paso", hecha para la confidencia sincera e íntima, sin bullas ni ruidos que distraigan. Su altar, visible desde la calle a través de una reja, mantiene el carácter de "retablo público", uno de los pocos de este tipo que han quedado. Aquí, al comenzar la madrugada del 8 de diciembre tiene lugar el emotivo canto de la Salve, con la cual Sevilla saluda al día celeste por antonomasia. La gran tradición inmaculista de nuestra ciudad exige que este bendito simulacro sea coronado canónicamente; a ello se encaminan muchos esfuerzos, y si con el favor de Dios se consigue, quedará como hito inolvidable dentro de la secular historia concepcionista. De todas maneras, esta efigie ha tenido otro honor aún más grande: y es ver arrodillado a sus plantas a un Soberano Pontífice (Juan Pablo II), como ocurrió en la "Statio Orbis" del Congreso Eucarístico de 1993; momento "no previsto por el protocolo", en que el mismo Papa dio una lección a todos, para alegría y orgullo del pueblo hispalense que -entre un repeluco de emoción- supo valorar perfectamente ese gesto (Juan Martínez Alcalde. Sevilla Mariana. Repertorio Iconográfico. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1997). 
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María;
   En el orden de la Creación, la Concepción de la Virgen que existía en el pensamiento de Dios antes del comienzo del  mundo (inmente Dei abinitio conceptionis), es el punto de partida de su existencia. Pero si nos situamos en el punto de vista de la evolución iconográfica, es en último lugar que este tema debería estudiarse puesto que es casi extraño al arte de la Edad Media y aparece mucho tiempo des­pués que las Vírgenes de Majestad y de Piedad.
   Para comprender las representaciones de este tema,  frecuentemente interpretado a contrario sensu, es necesario definir brevemente el dogma de la Inmaculada Concepción y recordar la historia del progreso del culto hasta su consagración oficial por el papado.
El dogma
Definición. La Inmaculada Concepción es el privilegio en virtud del cual la Virgen María es la única que habría sido concebida sin pecado entre todos los descen­dientes de Adán y Eva. 
 En principio desechemos el menosprecio, demasiado frecuente. La Inmaculada Concepción no es la concepción de Cristo en el vientre de la Virgen sino la concepción de la Virgen en el vientre de santa Ana o, más bien, en el pensamiento de Dios, que por una gracia única la eximió del pecado original. Para emplear las expresiones de los teólogos de la Edad Media, se trata de una Conceptio passiva y no de una Conceptio activa.
   La Inmaculada es la Virgen elegida antes de su nacimiento. Aquella que fue elegida antes de haber nacido, concebida antes que Eva, en la eternidad. «Ab aeterno ordinata sum. Nondum erant abyssi et ego jam concepta eram» (Prov. 8: 22). Por esa razón se la representa muy joven. Ella desciende del cielo a la tierra para redimir la fal­ta de Eva. De esa manera se opone a la Virgen de la Asunción, que animada de un movimiento inverso, después de su muerte asciende desde la tierra hacia el cielo. La Inmaculada Concepción es entonces enteramente diferente de la Maternidad virginal y de la Asunción con las cuales se la confunde constantemente.
La elaboración del dogma
A) Las objeciones
   La elaboración del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen ha sido lenta y laboriosa. No debería sorprender, puesto que esta creencia no tiene ningún fundamento en las Sagradas Escrituras, a menos que se fuerce el sentido de la salutación angélica: Ave Maria gratia plena, y que se asimile la Virgen, situada fuera del alcance de Satán, a la Mujer del Apocalipsis que escapa al dragón.
   Los argumentos bíblicos o patrísticos que se han invocado en su favor no tienen valor probatorio. Todo cuanto puede decirse de buena fe, es que las Escrituras no se oponen al privilegio de María, pero tampoco lo afirman.
   Los Inmaculistas se vieron forzados a apoyarse en la tradición de la Iglesia. Ahora bien, los Padres de la Iglesia, y especialmente san Agustín, nunca osaron atri­buir a María la exención del pecado original que reservaban sólo a Cristo, concebido por el Espíritu Santo y no por un hombre. Según ellos, la Virgen, como todas las criaturas humanas, fue concebida en el pecado y redimida por el Redentor. Tal es la doctrina de la Iglesia primitiva; tal es también la de san Bernardo que, no obstante, fue uno de los más fieles «caballeros de Nuestra Señora».
   A pesar de su devoción por la Virgen, san Bernardo admite su «sanctificatio in utero Annae», es decir su santificación en la fase embrionaria de su existencia, después y no antes de su concepción.
   En una carta a los clérigos de Lyon que habían introducido la fiesta de la Concepción de María en su calendario litúrgico, toma partido contra esa innovación, claramente: «¿De dónde tendría María la santidad de su concepción? Ella no ha podido ser santa antes de ser. Ahora bien, antes de su concepción no existía ¿Se dirá que ha sido concebida por el Espíritu Santo y no por un hombre? Es lo que hasta ahora nadie se ha atrevido a afirmar. Si se permite expresar lo que piensa la Iglesia, la gloriosa María ha concebido del Espíritu Santo, pero no ha sido concebida por él. Si ella no ha podido ser santificada antes de ser concebida porque entonces no existía, ni tampoco en el momento de su concepción porque el pecado estaba unido a ese acto, sólo queda que ha sido santificada en el vientre de su madre después de su concepción, y esa santificación ha vuelto santa su natividad, pero no su concepción. 
 «Sólo el Señor Jesús ha sido concebido del Espíritu Santo, porque sólo él era santo antes de su concepción. Excepto él, no hay hijo alguno de Adán a quien no se aplique la palabra del Salmista: Yo he sido concebido en el pecado.
   «En esas condiciones ¿cuál puede ser la razón de la fiesta de la Concepción de María? ¿A qué título llamar santa una concepción que no es la obra del Espíritu Santo (por no decir que es la obra del pecado) y por qué celebrarla si no es santa?» En el siglo XIII, san Buenaventura, el Doctor seráfico, se unió a la opinión de san Bernardo: «Creemos -escribió- como se cree comúnmente, que la Virgen ha sido santificada después de haber contraído el pecado original.»
   Los dominicos compartían la opinión de san Bernardo.
   Según Alberto Magno, la Virgen contrajo el pecado original porque fue concebida por generación sexual, que implica la concupiscencia carnal.
   Un teólogo todavía más ilustre, santo Tomás de Aquino, el Doctor angélico, se sitúa sin rodeos entre los negadores de la Inmaculada Concepción. En su Summa theologica postula que María ha sido necesariamente concebida con el pecado original, puesto que lo fue por la unión de los sexos. Ahora bien, la unión sexual que después del pecado de nuestros primeros padres no puede hacerse sin concupiscencia (sine libidine), transmite el pecado original al niño.
   Además, si María hubiese escapado a la mancha común, no habría tenido necesidad de ser redimida por Cristo. Así, Cristo ya no sería el Redentor universal. Finalmente:¿María no murió como los demás humanos? Entonces, como ellos, había contraído el pecado original, puesto que éste es quien introdujo la muerte en el mundo.
   De ese modo, el postulado de la Concepción Inmaculada de la Virgen aparece en contradicción con dos dogmas fundamentales de la doctrina cristiana: la universalidad del pecado entre los descendientes de Adán y la universalidad de la redención por Cristo. Si se quiere sustraer a María de la ley común del pecado, es necesario al mismo tiempo sustraerla de la redención universal de Cristo.
B) El triunfo de los inmaculistas
   Semejante consenso de los representantes más autorizados del  pensamiento cristiano, todos «maculistas», desde san Agustín hasta san  Bernardo, san Buenaventura y santo Tomás de Aquino, pudo haber sofocado en germen la cre­encia en la Inmaculada Concepción de la Virgen, pero no ocurrió nada parecido. La creencia en que, desde su concepción, la Virgen estuvo exenta de la mácula del pecado original, fue ganando terreno. A partir del siglo IX, la fiesta de la Conceptio B. M. Virginis, de origen oriental, como todas las fiestas de la Virgen, se in­trodujo en el calendario irlandés.
   El principal argumento que se utilizó fue que el papel de María en la Redención implica su exención del pecado original. «¿Cómo suponer -dijo Denis el Cartujo­que debiendo aplastar un día la cabeza de la serpiente, haya podido nunca ser hija del demonio?» Así, la concepción virginal de Cristo comportaría la concepción in­maculada de su madre.
   Los franciscanos tomaron partido contra las tesis de san Bernardo y de santo Tomás que san Buenaventura, otro franciscano, defendió. Éste y Escoto Eriúgena, el Doctor sutil, proclamaron que la gloriosa Virgen María fue preservada del peca­do original "a primo instanti» y no a partir de su nacimiento o de la Encarnación. Los carmelitas les hicieron coro.
   Pero la adhesión más eficaz a la campaña de los inmaculistas fue la de la Universidad de París, representada por sus cancilleres Pierre d'Ailly y Jean Gerson. La doctrina de la Inmaculada Concepción, nacida, como la mayoría de las creen­cias, de un postulado teológico, de un deseo transformado en afirmación positiva, de un voto sentimental erigido en certeza, aprobada por el papa franciscano Sixto IV en 1477, fue aceptada por la Sorbona en 1496, que la formuló en estos térmi­nos: «Mater Dei a peccato originali semper fuit preservata.»
   La creciente popularidad de la Inmaculada Concepción a finales de la Edad Media está probada por la devoción que le ofrecía la familia de los duques de Borbón. En 1370, Luis II de Borbón fundaba la orden del Caballero de Nuestra Señora de Esperanza, cuya insignia representaba a la Virgen del Apocalipsis, coro­nada por doce estrellas y con los pies reposando sobre la luna creciente. Así la representó el Maestro de Moulins, hacia 1498, en su célebre tríptico de la catedral.
   En el siglo XVI los jesuitas, después de los franciscanos, se convirtieron en sus campeones. El concilio de Trento consagró su triunfo.
   La doctrina ganó a todos los países católicos antes de convertirse en dogma. Desde Ruán, metrópoli de Normandía donde la fiesta de la Concepción era particularmente popular (se la llamaba Fiesta de los normandos), esta devoción se difundió en las otras diócesis de Francia. En 1644, la fiesta de la Inmaculada Concepción se intro­dujo en España en la jerarquía de las grandes y obligatorias (de praecepto). Así se explica la importancia de este tema en la pintura española del siglo XVII.
   Sólo quedaba un paso por dar. En 1708 la creencia, resistida durante largo tiempo, se convirtió en obligatoria para el conjunto de la Iglesia. Y en virtud de la encíclica Ineffabilis Deus, publicada por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, se transformó en un dogma de la Iglesia romana. Los maculistas habían sido derrotados.
Iconografía
   La Inmaculada Concepción ha sido representada de dos maneras completamente diferentes: en primer lugar, simbólica o alusivamente, mediante el Abrazo de Ana y de Joaquín ante la Puerta Dorada; más tarde, en la forma de la Sulamita del Cantar de los Cantares, o de la mujer envuelta en el sol, del Apocalipsis, con la luna debajo de los pies.
1. El abrazo de san Joaquín y de santa Ana ante la puerta dorada
   En la iglesia oriental y en la primera versión del arte de Occidente, la Inmaculada Concepción de la Virgen está asociada con el encuentro de sus padres, Ana y Joaquín, frente a la Puerta Dorada de Jerusalén. La Madre de Dios no habría sido concebida de manera natural (ex coitu), sino por medio de un simple beso en los labtios (ex osculo).
   A veces el ángel que anuncia la buena nueva a cada uno, por separado, planea por encima de los viejos esposos para acercar sus bocas.
   Señalemos una curiosa versión en una vidriera de Saint Ouen, ejecutada a principios del siglo XVI por el pintor vidriero holandés Arnoldo de Nimega. Sobre el vientre de santa Ana, representada de pie y con las manos unidas, aparece la Virgen en forma de niña pequeña desnuda en una mandorla, y recibiendo el ho­menaje de los dos principales profetas de la Encarnación: Isaías y David.
   En los ciclos mariológicos, esta escena precede con frecuencia a la Natividad de la cual se considera el preludio.
2. El descendimiento de la Virgen Inmaculada
   Hacia finales de la Edad Media apareció una representación novedosa del tema.
   La Virgen Inmaculada, enviada desde el cielo por Dios que la había elegido para la obra de Redención, desciende a la tierra. De pie sobre la luna, coronada de estrellas, extiende los brazos como las orantes de las catacumbas, o une las manos so­bre el pecho.
   Para distinguirla de la Virgen ascendente de la Asunción, se la representa con los ojos dirigidos hacia la tierra, al tiempo que aquélla los tiene elevados al cielo donde Cristo la espera.
   Esta diferencia está muy bien señalada en las dos estatuas ejecutadas por Puget en Génova: la Inmaculada Concepción, encargada por los Lomellini, que se encuentra en el oratorio de san Felipe Neri; y la Asunción, encargada por los Brignole para el Hospicio de los Pobres (Albergo dei Poveri).
   Otra característica de la Inmaculada Concepción es que se presenta rodeada por los símbolos de las Letanías, que son su escudo de armas (Arma Virginis), de la misma manera que los instrumentos de la Pasión constituyen el blasón de Cristo (Arma Christi).
Fuentes
   ¿Cuáles son las fuentes de esta representación? Procede del Antiguo, y también del Nuevo Testamento, del Cantar de los Cantares y del Apocalipsis.
1. La Virgen Inmaculada está asimilada a la novia del Cantar de los Cantares. Es la Sulamita del Seudo Salomón, como lo prueban las palabras inscritas en una filacteria: Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te, y las metáforas bíblicas sembradas alrededor  de ella  como las perlas de un collar.
   Estos símbolos han sido popularizados por las Letanías de la Virgen de Loreto, cuya forma actual data de 1576. La nueva Sulamita es comparada con los astros: con el sol (electa ut sol); con la luna representada por un  creciente de plata (Pulchra ut luna), con la estrella del mar (Stella maris).
   Otros emblemas están tomados de los árboles y las flores. La Inmaculada es un Jardín cerrado o cercado (Hortus conclusus), una Fuente de los jardines (Fons hortorum), un Pozo de agua viva (Puteus aquarum viventium). Se la compara con el cedro del Líbano (Cedrus exaltata), con el olivo (Oliva speciosa) con el lirio que flore­ce entre espinas (Lilium inter spinas), y con un rosal (Plantatio rosae).
   «Eres jardín cercado, hermana mía, esposa; eres jardín cercado, fuente sellada.» (Cant. 4: 12).
   Espejo sin mancha (Speculum sine macula), la Virgen es finalmente saludada con los nombres de Torre de David (Turris Davidica cum propugnaculis), _Ciudad de Dios (Civitas Dei), Puerta del cielo (Porta coeli).
2. Los otros atributos de la lnmaculada Concepción están tomados del Apocalipsis I 2: "Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas (amicta sole, luna sub pedibus, in capite corona stellarum duodecim)."
   La luna que nunca se representa llena, como en la Crucifixión, sino recortada en forma de creciente, evocaba la castidad de Diana.
   Después de la victoria de Lepanto, la cristiandad gustó interpretar el creciente de la luna bajo los pies de la Virgen Inmaculada como un símbolo de la victoria de la Cruz sobre la Media luna turca.
La fechad de aparición del tema
   ¿En qué momento apareció por primera vez este motivo en la iconografía del arte cristiano?
   De acuerdo con E. Mate, que adopta la tesis sostenida por Maxe Werly, este tema apareció a principios del siglo XVI, exactamente en 1505, en forma de xilografía, en las horas de la Virgen para el uso de Roma, publicadas en París por Thielman Kerver, retomadas en 1518 en las Horas de Simon Vostre.
   "Hasta el momento -escribe E. Mâle- no he encontrado una sola miniatura que represente la Inmaculada Concepción que sea anterior a 1505; por otra parte, todas las vidrieras, todos los bajorrelieves consagrados al mismo tema son, o lo parecen, posteriores a 1505. Es necesario admitir por lo tanto, salvo que se pruebe lo contrario, que el grabado de un Libro de Horas ha hecho conocer a Francia entera ese nuevo motivo."
   Sin abandonar los dominios de los Libros de Horas, se puede encontrar una ilustración de ese tema dos años anterior, en las Horas para uso de Ruán, impresas en París en 1503, por Antoine Vérard.
   En realidad es unos veinte años más vieja, y se remonta a finales del siglo XV. Los emblemas de las Letanías ya están representados en la catedral de Cahors, en la capilla de Notre Dame, que fue construida en 1484. Es el primer monumento edificado en Francia para la gloria de la Virgen Inmaculada, rodeada por sus atributos místicos.
   Por otra parte, la pintura italiana del Quattrocento nos ofrece al menos un ejemplo de este tema que data de 1492: es la Inmaculada Concepción del veneciano Carlo Crivelli, que se encuentra en la National Gallery de Londres. Es verdad que la Virgen no planea entre el cielo y la tierra, pero la inscripción de la filacteria que Dios Padre y los ángeles sostienen encima de su cabeza no deja ninguna duda acerca del significado de esta figura de orante, allí se lee: Ut in mente Dei ab initio concepta fui, ita et facta sum.
   Los Países Bajos han conocido ese tema en la misma época. El hecho está probado por un gran retablo de santa Ana que se conserva en el Museo histórico de Frankfurt, encargado a un maestro de Bruselas por el prior del convento de los carmelitas Rumold de Laubach. Puesto que ese personaje, singularmente interesado en el culto de santa Ana, murió en 1496, hay que concluir, forzosamente, que el retablo fue ejecutado antes de finales del siglo XV.
   Sobre uno de los paneles, los carmelitas arrodillados, asistidos por san Agustín y el papa Sixto IV, están representados en oración frente a santa Ana, que se mantiene de pie ante el altar. El homenaje se dirige menos  a ella que a la Virgen Inmaculada, que aparece en transparencia en su vientre, en medio de una aureola de rayos, en forma de niña pequeña y desnuda, sobrevolada por la paloma del Espíritu Santo y flanqueada por dos ángeles.
   La prueba de que se trata de la Inmaculada Concepción es que encima del busto de Dios Padre bendecidor, sobre una filacteria, se lee el canto de amor del Cantar de los Cantares: «Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te», y que alrededor del turbante de Salomón, que está en frente del rey David, se desarrolla en una filacteria este pasaje de los Proverbios, siempre aplicado a María Inmaculada: «Nondum erant abyssi et ego jam concepta eram.»
   Estos tres ejemplos tomados del arte francés, italiano y flamenco, prueban sin duda que el tema de la Inmaculada Concepción no aparece en el arte cristiano a principios del siglo XVI sino en el último cuarto del XV.
Evolución
   Después de haber precisado las fuentes y la fecha inicial de este tema, veamos como ha evolucionado entre los siglos XVI y XIX, a partir de Francia y de Signorelli, pasando por Puget, y Murillo, hasta llegar a la Virgen de Lourdes.
   En la pintura italiana del Renacimiento, la Inmaculada Concepción se presenta como la contrapartida y la redención del pecado original. La idea que se quiere poner en evidencia es que la gracia de María redime la falta de Eva.
   Quos Evae culpa damnavit,
   Mariae gratia solvit.
   Por ello Signorelli, en su cuadro de la catedral de Cortone, evoca a la Virgen descendiendo del cielo en una lluvia de flores y posándose sobre el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, a cuyo pie Adán y Eva cometen el pecado. Luis de Vargas (catedral de Sevilla) y Ant. Sogliani (Uffizi) subrayan la misma oposición.
   Pero es el arte barroco del siglo XVII el que tiene el mérito de haber creado el tipo definitivo de Inmaculada Concepción. Libre de todos los símbolos de las Letanías con que la habían sobrecargado los teólogos, rodeada sólo por los ángeles, ella pla­nea en una mandorla sobre un creciente de luna. A veces, para recordar su victoria sobre el pecado original, sus pies, que se apoyan sobre el globo, aplastan la ca­beza de la serpiente tentadora.
   La España mística se apoderó de este tema creado en Italia y le imprimió la marca de su genio. Y consiguió hacer su propia versión, tan es así que no puede pen­sarse en la Inmaculada Concepción sin evocar la estatua de Martínez Montañés en la catedral de Toledo, las telas de Zurbarán, de Ribera, y sobre todo las de Murillo, que trató el tema veinte o veinticinco veces.
   La forma más reciente tomada por la Inmaculada Concepción es la Virgen de Lourdes. El historiador de las religiones Salomon Reinach ha sostenido que el origen de las apariciones de la Virgen a Bernadette Soubirous en 1858 no es otro que el cuadro de Murillo adquirido por el Louvre en 1852.  
   Esta tela se hizo inmediatamente popular y había sido vulgarizada por la imaginería y los periódicos ilustrados. Es probable que uno de esos grabados coloreados cayera bajo la mirada de la joven pastora pirenaica y que, como María Alacoque lo hiciera en el siglo XVII con las imágenes del Sagrado Corazón, Bernadette proyectara, más  o menos inconscientemente y en forma de aparición, el recuerdo de la imagen piadosa que la había impresionado. La bella mujer que vio aparecer en una gruta, en medio de una nube de oro, con las manos cruzadas sobre el pecho, cubierta con un vestido blanco ajustado en la cintura por una  cinta azul, se parece como una hermana a la Purísima del Museo del Prado. Así, sería una obra maestra de Murillo la fuente de la peregrinación más popular del siglo XIX. Esta hipótesis reforzaría la teoría que postula la influencia de las imágenes en el nacimiento de los cultos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María
     Su fecha obedece al cómputo de nueve meses antes del nacimiento; es la primera fiesta grande del año litúrgico y la presentación de la figura de María en la liturgia. Contrariamente a lo habitual, el fervor popular con su sensus fidei y su plasmación en la liturgia le llevaron la delantera a la reflexión teológica y al magisterio jerárquico.  Originalmente celebraba la concepción prodigiosa de San Joaquín y Santa Ana, siguiendo los apócrifos Protoevangelio de Santiago (siglo II) y Evangelio de la Natividad de María (siglo IV). Por eso los libros litúrgicos orientales la designan todavía hoy con el título de Concepción de Santa Ana, lo cual no quiere decir que no se crea en el misterio de la Inmaculada Concepción, y la señalaban para el nueve de diciembre, sin duda dependiendo de la del ocho de septiembre, de la Natividad, más antigua. La fiesta surge en Oriente en los siglos VII-VIII, en cuya área se desenvuelve la primera fase de ella. Se documenta por primera vez en el canon (himno) de San Andrés de Creta (+720) y en un sermón de Juan Obispo de Eubea (+740)8, que hace una relación de las fiestas marianas existentes, aunque le concede una importancia menor que las de las cuatro fiestas principales: Natividad, Purificación, Anunciación y Asunción.  Poco a poco se va extendiendo y ganando importancia; en el siglo IX aparece en el Nomocanon de Focio (883) y en el calendario marmóreo de Nápoles (850), que como otros lugares de Italia meridional estaba sujeto a influencias bizantinas. El Emperador Manuel Commeno decretó la abstención de trabajo servil en ella en 1166 y el Emperador León VI (+912) el Filósofo la extendió a todo el imperio a principios  del siglo X.
   En el Occidente latino, en donde se desarrolla la segunda fase de la fiesta, se empieza a celebrar, al menos, en el siglo IX, a partir de las ciudades italianas meridionales, sometidas al Imperio Bizantino, como Nápoles, Sicilia y Cerdeña. De aquí pasó a Irlanda, donde se la menciona en el martirologio de Tallaght (ca. 800) y en el calendario de Oengus (ca. 825), con el nombre de Concepción de María Virgen, aunque fijada el tres de mayo, seguramente por influencia de la tradición copto-alejandrina, que celebraba en este día a los Santos Joaquín y Ana.  De Irlanda pasó a Inglaterra, donde fue puesta en relación con la Natividad y señalada el ocho de diciembre; en el siglo IX se documenta ampliamente la celebración allí como Concepción de la Santísima Virgen María. En dos abadías de Winchester es mencionada sobre el 1030, y poco después, en torno al 1050, en el Misal y en el Pontifical de Leofrico, Obispo de Exeter. Pero fue suprimida por los clérigos normandos que llegaron allí con Guillermo el Conquistador en el 1066, por lo que no aparece en los libros litúrgicos de finales del XI y principios del XII.  Pero pronto refloreció, en parte por un milagro legendario. Helsin, Abad de Ramsay, Kent, en un viaje a Dinamarca como embajador de Guillermo el Conquistador, envuelto en una feroz tormenta en el Mar del Norte, fue informado en una visión que se salvaría si hacía voto de celebrar el ocho de diciembre la fiesta de la Inmaculada y de difundir esta devoción en sus sermones9. Igualmente, fue apoyada por la escuela de San Anselmo de Canterbury (+1109), pues Anselmo el Joven (ca. 1125), su sobrino, fue gran promotor de la misma10, junto con su discípulo y biógrafo Eadmero de Canterbury (+1124), que defendió piadosa creencia y fiesta11, y Osberto de Clara, Prior de Westminster (ca. 1119), y adquirió entonces un decidido tinte inmaculista: de celebrar la concepción de la futura Madre de Dios pasa a conmemorarse su santidad original desde el primer momento de su ser natural. Esta nueva oleada concepcionista hizo que la fiesta pasase a Francia por Normandía; la Archidiócesis de Ruán con sus seis sufragáneas fue la primera en acogerla, hasta llegar a otorgarle en los tiempos del Arzobispo Otorico (+1183) igual dignidad que a la de la Anunciación, y los estudiantes normandos de la Universidad de París la tomaron como su fiesta patronal.  El avance siguió, extendiéndose por el resto de Francia, los Países Bajos y Alemania, e, incluso, cruzó los Alpes y penetró en Italia: Ogero de Vercelli (ca. 1160) alude a ella en un sermón, y Sicardo de Cremona (+1215) en un sermón indicó que en su ciudad, pese a cierta polémica, se celebraba desde hacía ya tiempo. Del siglo XII se conservan ya una quincena de Oficios de esta fiesta. Todo ello pese a las objeciones que le habían puesto personajes de la talla de San Bernardo de Claraval, decididamente mariano por otro lado, que desaconsejó su celebración a los canónigos de Lyon, que la habían introducido en su catedral en torno a 1140 por decantarse, siguiendo rigurosamente a San Agustín, por la opinión maculista12. Algunos piensan sin mucho fundamento que el Papa León IX Egisheim-Dagsburg (+1054) celebró la fiesta de la Concepción. Más probable parece que la introdujera Adriano IV Breakspeare (+1159), además de por su origen inglés por haber sido devoto y apologeta de este misterio mariano. Con más peso se puede afirmar, ya a principios del siglo XIII, de Inocencio III dei Conti di Segni (+1216), por testimonios coetáneos, que se celebraba la Inmaculada en la capilla pontificia, lo cual no es de extrañar por haber apoyado la Inmaculada en sus escritos como doctor privado. San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino, entre los dominicos, y San Buenaventura, entre los franciscanos secundaron la tesis maculista. Pero este último no prohibió su celebración entre los Menores, en parte porque aceptó la leyenda de Helsin como una revelación privada auténtica, pues en el Capítulo General de Pisa de 1263 se prescribió la fiesta de la Inmaculada para los Menores13. Esto hizo que comenzara la controversia en el campo litúrgico y su celebración pasara por un periodo de declive y fuera suprimida en muchos calendarios, aunque vuelve a resurgir su celebración en el siglo XIV, en que se hizo prácticamente universal.  A partir de las diatribas del Beato franciscano Juan Duns Scoto (+1308)14, en Cambridge, Oxford, París y Colonia, se llegó a una solución teológica aceptable al problema de la redención universal, de la que no podía ser exceptuada María como criatura, con la doctrina preservativa.  La opinión inmaculista ganó entonces rápidamente terreno, y a ella se adhirieron muchas familias religiosas, con los franciscanos a la cabeza: carmelitas, agustinos, cistercienses… así como numerosísimas Iglesias particulares, frente a los irreductibles tomistas, que no aceptaban la fiesta o llamaban a la celebración fiesta de la santificación de María. Incluso, por influencia de los carmelitas, el Papa Juan XXII Duèze llegó a celebrarla con la corte pontificia en Avignon hacia 1330, un año en la iglesia de éstos y después en la propia capilla, con Oficio propio y solemnidad. Aunque sólo se tratara de un gesto de devoción privada, era un paso adelante hacia el reconocimiento oficial de la fiesta por el papado.
   Entretanto, el Reino de Aragón se decantó por la defensa de la Inmaculada y extensión de su fiesta, lo que heredaría la monarquía hispánica y habría de convertirse en casi una cuestión de Estado en la era del barroco, que no podemos desarrollar aquí por cuestión de espacio15. El catorce de marzo de 1374 Juan I de Aragón ordenó que se celebrara esta festividad en sus dominios así como prohibía predicar en contra de esta por entonces opinión piadosa16. La misma prohibición pidieron que sancionara el Rey de Aragón las Cortes Catalanas el nueve de abril de 1456, a la que accedió y promulgó el veintiocho de mayo de 145617. La Inmaculada Concepción planteada por los legados hispanos a petición del Rey Alfonso V de Aragón, fue definida en el Concilio de Basilea el diecisiete de septiembre de 143818. Juan de Segovia, por orden conciliar, compuso Oficio propio. Aunque no se le reconoció valor dogmático porque los legados papales habían ya retirado su participación, sí pesó decisivamente entre los argumentos inmaculistas.  Sin embargo, Roma, que en un principio adoptó una actitud de tolerancia con respecto a las demás Iglesias, a partir de este momento pasó a introducirla oficialmente en su liturgia e, igualmente, en la de toda la Iglesia Latina, por obra de Sixto IV della Rovere, que había sido franciscano conventual, famoso teólogo de la escuela escotista, que aprobó por la Constitución Cum praeexcelsa de veintiocho de febrero de 1476, la misa y Oficio compuestos por Leonardo de Nogaroles, clérigo de Verona y Protonotario Apostólico, indulgenciándolos como los del Corpus, y con el Breve Libenter ea de cuatro de octubre de 1480 los redactados por el franciscano observante Bernardino de’ Bustis (+1513). Por el hecho de estar indulgenciados, obtuvieron una mayor propagación los textos del primero. A estos dos Oficios se añadieron los de los franciscanos el Cardenal Francisco de Quiñones (+1540), aprobado por Clemente VII Médici, y el de Ambrosio Montesino (+1514) para las monjas concepcionistas, sancionado por Inocencio VIII Cybo en la aprobación de la Orden del treinta de abril de 1489. Una segunda Constitución de este papa en 1481, la Grave nimis, en la que condenaba los ataques a la opinión inmaculista del dominico Vicente Bandelli (+1506), ratificaba el asunto, reafirmada por una segunda homónima en 1483. La fiesta, por tanto, quedaba preservada de ulteriores ataques.  En la reforma de San Pío V Ghislieri fueron abolidos los Oficios propios y sustituidos por el Oficio de la Natividad, sustituyendo la palabra nativitas por conceptio. Sin embargo, posteriormente, fue restablecido el Oficio de Nogaroles para la familia franciscana por Gregorio XIII Buoncompagni el nueve de junio de 1583, por Sixto V Peretti el treinta de mayo de 1588 y Paulo V Borghese el veintiuno de enero de 1609. Los dominicos, entretanto, aunque habían aceptado la fiesta, la seguían llamando equívocamente Santificación de María, hasta que un decreto de Gregorio XV Ludovisi por un decreto del veinticuatro de mayo de 1622 Sanctissimus prohibió cualquier pronunciamiento contra la doctrina inmaculista y el uso del término santificación por concepción, que es tanto como añadir inmaculada. Clemente VIII Aldobrandini (+1605) elevó la fiesta a rito de doble mayor. Tras petición regia, por Breve de diez de noviembre de 1644 de Inocencio X Pamphili fue declarada fiesta de precepto en los reinos de España, pues por decreto de Urbano VIII Barberini había dejado de celebrarse con tal rango litúrgico por no ser patrona principal. Francia siguió el ejemplo de su vecina. Finalmente, Alejandro VII Chigi en la constitución Sollicitudo omnium ecclesiarum de ocho de diciembre de 1661 definió exactamente el objeto de la fiesta: la inmunidad del alma de María del pecado original en el primer instante de su creación e infusión en el cuerpo. A partir de aquí prácticamente cesó la polémica concepcionista. El Rey Felipe IV de España, en 1664, según propuesta de su Junta de la Inmaculada de treinta y uno de enero, pidió al mencionado papa, que se le añadiera a la fiesta octava en todos los dominios hispánicos, que tenían ya concedida algunas diócesis, como Málaga, Sevilla y Valencia y algunas familias religiosas, como franciscanos y carmelitas.  El veintiuno de junio entrego el memorial el Embajador al papa. Éste encargó el asunto a la Sagrada Congregación de Ritos, la que nombró una Junta, y finalmente dio un decreto favorable el dos de julio, sancionado por el Breve Quae inter praeclara del siete del mes citado. Impuso bajo precepto a ambos cleros (incluidos los dominicos) de España y de sus Indias el rezo del Oficio de la Inmaculada con octava. Después fue extendido a los demás Estados, a petición del Rey, que no llegó a saberlo por su fallecimiento: Nápoles el dieciocho de septiembre, Sicilia y Cerdeña el veinticuatro de octubre, Flandes y Borgoña el veintiséis de dicho mes.  La Reina Gobernadora Mariana de Austria elevó una petición al papa en 1667 para que extendiera a toda la Iglesia el rezo de la Inmaculada que resultó infructuosa, aunque sí le concedió la Sagrada Congregación de Ritos el Oficio y misa de la Inmaculada para España y sus dominios con rito de segunda clase, como se practicaba en Roma y en los Estados Pontificios. Inocencio XII Pignatelli, a instancias del Rey Carlos II de España, elevó la fiesta en 1693 a doble de segunda clase con octava para la Iglesia Latina. Clemente XI Albani la hizo fiesta de guardar para toda la Iglesia Latina en 1708 por la Bula Commissi nobis. Los últimos coletazos de la oposición maculista surgieron en la primera mitad del XVIII, y fueron definitivamente contestados por el gran San Alfonso de María de Ligorio, que fundamentó su defensa en el sentimiento casi unánime del pueblo de Dios y en la celebración universal de su fiesta. Su doctrina se extendió como reguero de pólvora gracias a su libro Las Glorias de María, publicado en 1750.
   Clemente XIII Rezzonico, el mismo año que declaró, a ruegos del Rey Carlos III, a la Inmaculada Concepción patrona de España y de sus Indias, 1761, concedió para España y sus Indias que se rezase el Oficio Sicut lilium y la misa Egredimini de los franciscanos. A pesar de ello, en muchos sitios siguieron rezando los suyos de siempre, hasta que  se impuso como obligación por Cédula Real de diez de mayo de 1788, a petición de la Junta de la Inmaculada del día anterior. En 1863, el Beato Pío IX Mastai-Ferretti, que había definido en 1854 la Inmaculada Concepción como dogma de fe, promulgó un nuevo Oficio y misa. Éste había sido encargado a Monseñor Luca Pacifici, el redactor de la bula de definición, pero por haberle sobrevenido la muerte de manera inopinada, el papa lo encargó a una comisión presidida por el Cardenal Costantino Patrizi y con Monseñor Domingo Bartolini como secretario, que aprobó tras muchas correcciones el Oficio de Luigi Marchesi. León XIII Pecci, así mismo, elevó la fiesta a doble de primera clase con misa vigiliar, suprimida en la reforma de 1962.  En el calendario de 1969 tiene el máximo rango de solemnidad con precepto. El hecho de que caiga en el Adviento para nada distrae de su carácter contemplativo de gozosa espera navideña, pues en la Inmaculada Concepción Dios se prepara una Madre digna de sí; es por tanto, como dice el Cardenal Gomá, una auténtica fiesta de pureza en un tiempo de purificación (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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