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martes, 28 de abril de 2026

El Hotel Alfonso XIII, de José Espiau

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Hotel Alfonso XIII, de José Espiau, de Sevilla.
     Hoy, 28 de abril, es el aniversario de la inauguración (28 de abril de 1928) del Hotel Alfonso XIII, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Hotel Alfonso XIII, de José Espiau, de Sevilla.
     El Hotel Alfonso XIII se encuentra en la calle San Fernando, 2; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.   
   En el límite del casco histórico, en la tradicional Puerta de Jerez, abriendo paso al sector sur de la ciudad de Sevilla, aquel que se desarrolla en torno al gran acontecimiento de la Exposición Iberoamericana, se levanta el Gran Hotel Alfonso XIII sobre los antiguos jardines de Eslava, que fueron donación real al pueblo de Sevilla (donde se ubicaban un café y teatro), dando respuesta al concurso convocado por los organizadores de la muestra, en el que se busca un hotel en el llamado "estilo sevillano".
     La parcela, de 13.088 m2, situada en un lugar protagonista de los aconteceres urbanos del primer tercio del siglo XX, coloca al edificio como puerta de acceso desde el centro histórico a los terrenos de la Exposición de 1929, con una impronta visual certeramente aprovechada por Espiau, quien lejos de reproducir referentes monumentales inmediatos (Fábrica de Tabacos, Palacio de San Telmo), busca su autonomía en una síntesis ecléctica de los elementos más reconocibles del regionalismo sevillano, enriqueciendo el trabajo de la fábrica de ladrillo con un uso magistral de las artes aplicadas en numerosos detalles artesanales del edificio, resolviendo con todo ello los referentes estilísticos mudéjares, renacentistas o barrocos que abundan en la conformación formal de sus fachadas.
     El edificio propuesto, de planta rectangular que gravita en torno a un gran patio cuadrado, es presentado bajo el lema Guadalquivir por Urcola y Espiau, realizando una sabia interpretación de valores espaciales, lingüísticos y constructivos, en una apuesta por la construcción de un palacio monumental que hace uso del más completo repertorio del estilo sevillano que había salido ya de las fronteras, urbanas o provinciales, en las que se había gestado, para extender su quehacer por el resto de España, alcanzando ya una singular parte de la producción hispano americana de la época. Las referencias historicistas, la singularización de una portada de carácter monumental, el recurso a una torre mirador que marca la esquina principal del conjunto, abierto por ella a las vías centrales de la ciudad y al río, y sobre todo, el uso de unos materiales sabiamente leídos desde una tradición que busca una máxima expresividad, en texturas, colores, formas y emplazamientos, hacen del edificio un importante referente de la arquitectura sevillana del primer tercio del siglo XX.
     El proyecto contempló la distribución: "en planta ático, 27 habitaciones a fachada con baño, 8 departamentos de dos habitaciones y baño, 4 habitaciones a fachada sin baño, 3 habitaciones al patio principal con baño, 8 habitaciones al patio principal sin baño, un departamento de 2 habitaciones interiores con baño, 9 habitaciones interiores sin baño, un salón de piso; en la planta segunda, 32 habitaciones a fachada con baño, 3 departamentos a fachada de dos habitaciones con baño, seis habitaciones a fachada sin baño, cuatro habitaciones al patio principal con baño, 8 habitaciones al patio principal sin baño, 4 habitaciones interiores en departamentos sin baño, 4 habitaciones interiores independientes sin baño, 3 salones, una antesala; piso principal con igual distribución al piso segundo; planta de honor, con 9 habitaciones a fachada con baño, un departamento a fachada con dos habitaciones con baño, cuatro habitaciones al patio principal con baño; en sótano, 7 habitaciones a fachada con baño, 18 habitaciones a fachada sin baño, 2 habitaciones interiores con baño".
     Desde que se inició el proyecto para la celebración de una Exposición Internacional en la ciudad de Sevilla se planteó, como prioridad, la necesidad de levantar en la ciudad un gran hotel con el que se diera respuesta a las demandas de un turismo de lujo, ausente hasta ese momento en una ciudad que comenzaba a mirar al visitante como una notable fuente de ingresos, explotando la importancia de un gran patrimonio histórico, arquitectónico y cultural. La búsqueda inicial de suelo de propiedad municipal señaló pronto los Jardines de Eslava como lugar de su posible ubicación, a veces cuestionada por la posibilidad de utilizar los cercanos Jardines del Cristina.
     En  abril de 1915 se decide que por delegación municipal sea el Comité Ejecutivo de la Exposición quien gestionaría la construcción del gran hotel. En mayo de ese mismo año se convoca el concurso realizado sobre bases que redacta Aníbal González. Previamente había habido anteproyectos de Francisco Urcola, Casalis y Templier que no se elevaron a definitivos.
     El concurso solicitaba la realización del hotel en dos fases de construcción, una primera que posibilitara alcanzar 200 habitaciones, que habrían de poder ampliarse definitivamente a 300.
     En opinión del profesor Manuel Trillo la propuesta presentada por Talavera bajo el lema "Euritmia" era la más interesante de todas. El proyecto ganador del concurso desarrolla el anteproyecto de Urcola. Este arquitecto construye la Plaza de Toros Monumental de Sevilla en Eduardo Dato, cuya dirección de obra compartía con Espiau. Ambos presentan su propuesta bajo el lema Guadalquivir. Sus planos están fechados el 14 de julio de 1916, con un presupuesto inicial de 2.342.576,93 ptas. (1916), comprendiendo las instalaciones de calefacción, ventilación y refrigeración que debía tener un edificio de la categoría buscada.
     Pocos años después José Espiau y Muñoz (1884-1938) renueva los planteamientos de este Hotel en el proyecto no realizado que propone para la construcción de un Hotel de lujo en la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda, al final de La Calzada, en lugar que habría de presidir su naciente Paseo Marítimo.
     Las primeras actividades que se celebran en el edificio, aún sin terminar, son un congreso de oleicultura, recogido en el "Noticiero sevillano" de 4 de diciembre de 1924: "El Gran Hotel Alfonso XIII estaba poco menos que en esqueleto y por consiguiente carecía de condiciones para ser utilizado. En menos de un mes, el arquitecto del Hotel, señor Espiau, ha realizado el milagro de habilitar para comedor, bar y casino, el amplio salón que mira a San Telmo y a los jardines de la planta baja que rodean el edificio".
     El 19 de abril de 1925 se celebra una fiesta andaluza en el patio del Gran Hotel, para lo que se acondiciona el mismo, acto recogido en "El Liberal" de ese día. El patio principal quedaba inicialmente bajo la rasante de las galerías, con jardines y cuatro accesos laterales. La carpintería prevista para las galerías, de madera de caoba, se llevó a los salones de la Plaza de España por orden del Sr. Cruz Conde (Comisario Regio de la Exposición), sustituyéndose en el Hotel por carpinterías metálicas.
     En la zona del fondo había servicios y juegos de niños; se reformó posteriormente para ampliación de habitaciones y nuevo servicio. En la parte trasera se disponía de pista de patinaje.
     Si polémico fue el fallo del concurso, no menos lo fue la construcción del hotel, muy dilatada en el tiempo hasta su inauguración en marzo de 1928. Las últimas obras finalizaron entre 1927-1928. Los detalles de obra los dibujaba Espiau, a tamaño natural, en la misma obra.
     Ha sido restaurado en 1971 por Antonio Delgado Roig (1902 - titulado 1929 - 2002), y por Rafael Manzano Martos para la Exposición Universal de 1992 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Desde su inauguración en 1928, el Hotel Alfonso XIII ha sido el punto de referencia de los sevillanos y viajeros elitistas de todo el mundo.
     Construido a instancias del rey Alfonso XIII para albergar a las personalidades invitadas a la Exposición Iberoamericana de 1929, el hotel lleva más de 85 años siendo el alojamiento favorito de miembros de la realeza, jefes de Estado y huéspedes seducidos por su aura histórica y su encanto. A día de hoy, su arquitectura de estilo mudéjar, caracterizada por grandes arcos, ladrillo visto, hierro forjado, torres ornamentales y remates de cerámica, sigue seduciendo a huéspedes y sevillanos y consolida aún más su consideración como símbolo de la ciudad. Bienvenidos al Hotel Alfonso XIII Sevilla.
     Redescubra las habitaciones y suites del Hotel Alfonso XIII, decoradas en elegantes estilos morisco, castellano y andaluz, amuebladas con el mayor lujo y confort y dotadas de todas las comodidades de un hotel majestuoso concebido para convertirse en un icono de Sevilla (Turismo de la Provincia de Sevilla).
San  Fernando, 2. HOTEL ALFONSO XIII. Obra del arquitecto José Espiau Muñoz, dentro del llamado "estilo sevillano". Utiliza los materiales típicos de la región, como ladrillo en limpio, azulejos, zó­calos y otros elementos decorativos de azulejos y patio de columnas [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984] 
Conozcamos mejor la Biografía de Alfonso XIII, a quien está dedicado el edificio reseñado;
   Alfonso XIII (Madrid, 17 de mayo de 1886 – Roma, Italia, 28 de febrero de 1941). Rey de España.
   Hijo póstumo de Alfonso XII y de su segunda esposa, M.ª Cristina de Austria, recibió en la pila bautismal los nombres de Alfonso, León, Fernando, María, Santiago, Isidro, Pascual, Antón. Le apadrinaron el papa León XIII —representado por el nuncio, cardenal Rampolla— y la infanta doña Isabel, su tía.
     Nació Rey, pero no asumió sus poderes en cuanto tal hasta alcanzar la mayoría de edad marcada por la Constitución, el 17 de mayo de 1902. Ejerció la regencia durante su minoría, con pulcritud intachable, la Reina viuda, su madre.
     Su educación estuvo marcada por la orientación militar: militares, fundamentalmente, integraron su Cuarto de Estudios, formado en 1896, bajo la presidencia del general Sanchiz, aunque en él tuvo lugar destacado su profesor de Derecho Constitucional y Administrativo, el ilustre jurista Vicente Santamaría de Paredes.
     El jesuita Fernández Montaña se encargó de su formación religiosa.
     Los ingenuos diarios escritos por el Rey niño en vísperas y en los inicios de su reinado revelan el impacto que en don Alfonso supuso la experiencia del Desastre: de aquí que haya podido decirse de él que fue “la conciencia del 98 en el trono”. La primera etapa de su reinado personal (1902-1907) coincidió con la crisis de jefatura en los partidos dinásticos. La rivalidad entre los posibles herederos de Cánovas y de Sagasta sólo quedó resuelta entre 1905 y 1907 con la designación de Antonio Maura, como jefe del Partido conservador, y la de Segismundo Moret, como jefe del Liberal. De aquí la fugacidad de los primeros gobiernos designados por el joven monarca, lo que daría pie al maligno apelativo de “crisis orientales” (en alusión al Palacio de Oriente), que acusaban injustamente a don Alfonso de manipulador de las distintas facciones políticas, para prevalecer sobre ellas.
     En 1904, durante un primer gobierno Maura, éste llevó al Rey a Barcelona, viaje que constituyó un gran éxito personal del Rey y de la Monarquía, pero no contribuyó a que don Alfonso captase el sentido integrador de la naciente Lliga Regionalista: el acendrado españolismo del Rey estuvo siempre matizado por un castellanismo a ultranza que no le permitía entender el catalanismo como potenciador de una gran España, según lo concebían Prat de la Riba y Cambó.
     Desde 1905 se iniciaron sus viajes por Europa (su visita a París quedó marcada por el primer atentado sufrido por don Alfonso, junto con el presidente Loubet, y del que ambos salieron ilesos). Estos viajes, multiplicados por el monarca a lo largo de su reinado, harían de él el más cosmopolita de los reyes españoles desde los días de Carlos I, y un gran experto en la política internacional de su tiempo.
     En esta línea, siempre se esforzó en recuperar para España “un lugar bajo el sol”, apoyándose sobre todo en una Inglaterra que en los comienzos de su reinado se hallaba enfrentada con Francia tras la crisis de Fashoda; las bodas hispano-británicas de 1906, de las que se trata a continuación fueron muy importantes a este propósito. La conferencia de Algeciras había asegurado una posible zona de influencia para España en Marruecos; las entrevistas de don Alfonso con Eduardo VII en aguas de Cartagena (1907) le permitieron salvar la situación de las Canarias, en las que ya habían puesto sus miras los alemanes, y en general proteger las costas españolas, en tanto reconstruía España sus fuerzas navales —gracias a la Ley de 1908, que dio paso a la creación de una escuadra moderna.
     El 31 de mayo de 1906 había contraído matrimonio con la princesa británica Victoria Eugenia de Battenberg, nieta de Victoria I hija de la princesa Beatriz y de Enrique de Battenberg. Al retorno de la ceremonia, celebrada en la madrileña iglesia de San Jerónimo, el cortejo nupcial se vio ensangrentado por la bomba que el anarquista Mateo Morral le lanzó desde un balcón de la calle Mayor. Aunque la pareja real salió indemne, el atentado causó numerosas víctimas que ensombrecieron el acontecimiento. 
   En este matrimonio coincidían el interés diplomático, según ya se ha señalado, y la elección sentimental, pero pronto se nublaría la felicidad doméstica de los esposos al detectarse la hemofilia en el primogénito, el príncipe Alfonso, nacido en mayo de 1907.
     En 1908 vino al mundo el infante don Jaime, libre de esta dolencia, pero que, a consecuencia de una mastoiditis mal curada, padecería siempre de sordomudez, apenas paliada por una esmeradísima educación.
     De los cuatro hijos restantes —dos mujeres, Beatriz (1910) y Cristina (1911)—, sólo el menor, Gonzalo, se vería afectado también por la hemofilia. Felizmente, la continuidad dinástica quedaría garantizada en la persona de don Juan, nacido en 1913 y perfectamente sano.
     Esta desgraciada situación distanciaría a la larga a los regios cónyuges. De aquí la evasión del Rey en aventuras extramatrimoniales, aunque sólo una de ellas revistió relativa importancia: la que le unió, en los años veinte, a la actriz Carmen Ruiz Moragas, de la que tuvo dos hijos.
     La segunda etapa del reinado (1907-1912) había registrado los dos grandes empeños regeneracionistas que, desde la vertiente conservadora asumió Maura, y desde la de un liberalismo democrático desplegó José Canalejas. El gobierno del primero naufragó en 1909 a raíz de los sucesos que, como réplica a la guerra de Melilla, ensangrentaron Barcelona (Semana Trágica), y cuya represión subsiguiente (fusilamiento del anarquista Ferrer Guardia) suscitó una desaforada campaña antimaurista y antiespañola, orquestada por las izquierdas europeas, y que en España se tradujo en la ruptura del Pacto del Pardo, al declararse el jefe del Partido liberal, Moret, incompatible con Maura.
     Este último no perdonaría nunca al Rey la inevitable crisis que le apartó del gobierno, aunque la única alternativa posible hubiera sido una dictadura maurista de difícil salida. Tras un breve gobierno de Moret, Canalejas, con una notable gestión de efectiva orientación democrática y de apertura social, iniciada en 1910, se esforzó en restaurar la normalidad constitucional, pero el crimen que acabó con su vida en 1912 aceleró la descomposición de los partidos y el ocaso del turnismo (a su vez, el propio Rey sería objeto de un nuevo atentado en 1913, del que salió ileso por fortuna).
     Al estallar la Primera Guerra Mundial (1914), Alfonso XIII afirmó la neutralidad española, respaldado por el entonces jefe del Gobierno, el conservador Eduardo Dato. Esta paz en la guerra propició una coyuntura excepcional a los mercados españoles —lo que sería determinante del notable salto hacia el desarrollo experimentado por el país en este reinado—, y, de otra parte, permitió al Rey entregarse a una extraordinaria labor humanitaria abierta a los dos campos combatientes, lo que le valdría un prestigio insólito a la hora de la paz, borrando la imagen negativa de España provocada por la ferrerada en 1909: el homenaje rendido a los Reyes en Bruselas, en 1922, hizo patente esta feliz realidad. 
     En este mismo año, la famosa expedición a las Hurdes —comarca que resumía todas las viejas lacras de la llamada “España negra”— ilustró la otra preocupación regeneracionista de don Alfonso; y la fundación del Patronato Real de las Hurdes daría continuidad a aquella expedición redentora, sugerida por Gregorio Marañón, que hubo de reconocer en el gesto del Rey “el comienzo de una reconquista del propio suelo descuidado durante siglos y que comienza valerosamente en el propio corazón de la miseria nacional”.
     Sin embargo, las salpicaduras de la gran conflagración y de sus derivaciones —la Revolución rusa, la eclosión de los nacionalismos—, llegaron a España con las perturbaciones internas de 1917: iniciativas anticonstitucionales del nacionalismo catalán (asamblea barcelonesa de parlamentarios) y huelga revolucionaria de agosto. Aunque Dato, jefe del Gobierno en aquellos momentos, consiguió superar ambos conflictos sin derramamiento de sangre, la llegada de la paz exterior tuvo dos graves contrapartidas en España: por una parte, la radicalización de los nacionalismos insolidarios, en Cataluña y en el País Vasco; por otra, la recesión económica debida al cierre de los mercados exteriores, al reconvertir los países beligerantes su economía de guerra a una economía de paz. Lo cual a su vez agudizó los conflictos sociales, que en Cataluña tomaron el carácter de una “guerra social”, culminante en la huelga de La Canadiense (1919). Aunque la debilidad de los viejos partidos fue paliada por el Rey con la nueva modalidad de los “gobiernos de concentración”, ello sólo permitiría poner de manifiesto la capacidad de estadista del catalán Francisco Cambó. Pero la grave crisis de fondo —que costó la vida, pese a sus notables iniciativas de reforma social, a Eduardo Dato, asesinado por los anarquistas en 1921—, vino a doblarse ahora con el problema de Marruecos, esto es, la necesidad de fijar sólidamente el protectorado reconocido a España mediante el acuerdo hispano-francés de 1912, en función de los acuerdos de la Conferencia Internacional de Algeciras (1906). La imprudencia e imprevisión del comandante general de Melilla, Fernández Silvestre, en su empeño de alcanzar la posición clave de Alhucemas, provocaron (julio de 1921) un desastre de enormes proporciones (Annual), frente a la rebelión del caudillo rifeño Abd el-Krim.
     La apertura del llamado “expediente Picasso” (por el general que lo instruyó), para fijar las responsabilidades derivadas del Desastre —que el socialista Indalecio Prieto se esforzó en que salpicaran al propio Rey— fue un ingrediente más de la inestabilidad generalizada, reverdeciendo la inquietud de jefes y oficiales —agrupados estos últimos, desde 1917, en las llamadas “juntas de Defensa”—. La llegada al poder de una coalición liberal de amplio espectro, presidida por García Prieto, no resolvió nada, y en septiembre de 1923 se produjo en Barcelona el golpe de Estado del general Primo de Rivera, que, acogido con entusiasmo por la mayoría del país —incluido, muy significativamente, el sector intelectual animado por Ortega y Gasset desde El Sol—, y ante la impotente pasividad del Gobierno, fue aceptado por el Rey (día 13). Aunque luego se acusaría a don Alfonso de haber sido el auténtico artífice del golpe, las fuentes documentales han desmentido irrefutablemente tal supuesto, que sostuvieron con alardes de escándalo Blasco Ibáñez en Francia y Unamuno en España.
     La dictadura aportó, de hecho, una pacificación social y un gran éxito exterior, el acuerdo con Francia que, tras el brillante desembarco en Alhucemas, permitió poner fin a la guerra de Marruecos (1927). En una segunda fase (Directorio Civil) llevó a cabo una impresionante labor de modernización de las infraestructuras viarias y un notable impulso a la economía (recogiendo el inicial balance favorable de la neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial). 
   Pero cometió dos graves errores, enfrentándose con el nacionalismo catalán —supresión de la Mancomunidad—, y con el Arma de Artillería —a la que quiso imponer la llamada “escala abierta”—. Y dilató excesivamente la solución del problema político —una posible reforma constitucional que tardíamente intentó sin éxito mediante la asamblea consultiva convocada en 1927—. Desalentado en 1929 ante las primeras salpicaduras de la crisis de Wall Street, y sintiéndose desasistido por el sector militar, tras una disparatada consulta a sus mandos, el dictador acabó presentando su dimisión al Rey.
     El fracaso de la dictadura hizo a don Alfonso víctima de dos ofensivas: la de los representantes de la vieja política, resentidos con su presunta “traición” de 1923, y el de los defensores de la dictadura, que no le perdonaron el “cese” de Primo —fallecido en París apenas transcurridos dos meses—. A esa ofensiva se sumaron de forma decisiva los mismos intelectuales que en 1923 habían aplaudido el golpe militar. El intento de reconstruir el viejo orden constitucional, empeño en que fracasó el general Berenguer —que hubo de habérselas con el pronunciamiento republicano de Jaca—, desembocó en un último gobierno de concentración, presidido por el almirante Aznar, que apeló a una consulta electoral cuyo primer tramo (las elecciones municipales el 12 de abril de 1931) se interpretó por republicanos y socialistas —y por el propio presidente del Gobierno— como un referéndum perdido por la Monarquía. Decidido a evitar derramamientos de sangre, Alfonso XIII decidió exiliarse (14 de abril de 1931).
      De su reinado ha podido decir Laín Entralgo: “El Rey se fue, y con él se hundió la Monarquía de Sagunto [...] Pese a tantos y tan graves contratiempos vividos en su tiempo [...], el progreso de España durante su reinado fue, sin exagerar una tilde, sensacional [...]”, lo fue tanto en el despliegue demográfico como en la notable aproximación al desarrollo económico- social, pero sobre todo en el plano cultural, a través de tres generaciones intelectuales extraordinarias —la del 98, la del 14 y la del 27—, cauce de una “edad de plata”, o —según otros críticos— de una “segunda edad de oro”.
     El escritor Vilallonga ha trazado una semblanza personal de Alfonso XIII que parece bastante ajustada a lo que fue, como hombre y como rey, don Alfonso XIII: “El Rey de España se hubiera equilibrado con una crítica prudente y tranquilizadora. Era un hombre de una inteligencia razonable, afable, cortés, profundamente recto, prefiriendo de mucho a la lectura y al estudio el galope de un caballo y la caza de un faisán. Como todo hombre de su época nacido en buena posición, era naturalmente y sin esfuerzo un liberal. También era —eso sobre todo— un aristócrata-tipo, descendiente de una raza muy antigua, de un valor desconcertante, demasiado escéptico para no estar desengañado y siempre con un toque de tristeza en su mirada, frecuentemente ausente”. Semblanza que conviene completar con la que dedicó a don Alfonso en su libro Figuras contemporáneas, Winston Churchill: “Se sintió [...] el eje fuerte e indiscutible en torno al cual giraba la vida española [...] es [...] como estadista y gobernante, y no como monarca constitucional siguiendo comúnmente el consejo de sus ministros, como él desearía ser juzgado, y como la Historia habrá de juzgarle [...]”.
     En el exilio, centrado primero en Francia, y repartido luego entre Roma y Lausanne (la Reina, por su parte, acabó por marchar a Londres: se había llegado a un acuerdo de separación informal entre los regios cónyuges), Alfonso XIII hubo de reordenar la sucesión al trono, mediante la renuncia de sus hijos Alfonso y Jaime a favor de don Juan —que había ultimado su carrera de marino en la Escuela Naval británica (1934)—. Aquéllos contrajeron matrimonios morganáticos —don Alfonso con Edelmira Sampedro, y don Jaime con doña Enmanuela Dampierre. 
     Don Juan casaría, a su vez con doña María de las Mercedes de Orleáns-Borbón—. Apoyó, al estallar la guerra civil, al sector llamado nacional, dado que la revolución proletaria, desencadenada ya desde la llegada del Frente popular al poder, apuntó esencialmente sus tiros contra la Monarquía y contra la Iglesia. Pero cuando, terminado el conflicto, se vio rechazado por los franquistas, dado el carácter liberal que había tenido su reinado, y por el hecho de que su declarada aspiración, si volvía al trono, era lograr “la reconciliación de las dos Españas” decidió abdicar sus derechos en su hijo don Juan, de quien esperaba que un día llegase a reinar sobre “todos los españoles”.
     Un mes más tarde (28 de febrero de 1941) fallecía en un Hotel de Roma. Se había reconciliado con la reina Victoria, que le asistió en sus últimos días. Enterrado en la iglesia romana de Montserrat, sus restos no volverían a España hasta 1980, reinando su nieto don Juan Carlos (Carlos Seco Serrano, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
        Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Hotel Alfonso XIII, de José Espiau, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la calle San Fernando, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Doña María de Padilla, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Palos de la Frontera, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la avenida (paseo) de Roma, en ExplicArte Sevilla.

martes, 2 de septiembre de 2025

Los principales monumentos (Museo Victorio & Lucchino, Paseo Alfonso XIII y Jardín Reina Victoria, Mirador del Río Genil, Puente de Hierro sobre el Río Guadalquivir, Plaza de Andalucía, Capilla de las Angustias, Murallas, Puerta del Sol, Alhóndiga, Palacio de los Portocarrero, Ermita del Buen Suceso, Alcazaba, y La Tercia) de la localidad de Palma del Río (y III), en la provincia de Córdoba

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Museo Victorio & Lucchino, Paseo Alfonso XIII y Jardín Reina Victoria, Mirador del Río Genil, Puente de Hierro sobre el Río Guadalquivir, Plaza de Andalucía, Capilla de las Angustias, Murallas, Puerta del Sol, Alhóndiga, Palacio de los Portocarrero, Ermita del Buen Suceso, Alcazaba, y La Tercia) de la localidad de Palma del Río (y III), en la provincia de Córdoba.


Museo Victorio & Lucchino.-

     Ubicado en el Espacio Creativo y Cultural Santa Clara acoge entre sus históricas estancias los bienes cedidos por la fundación Victorio & Lucchino al Ayuntamiento de Palma del Río, que incluyen sus diseños y otros objetos significativos.
     Entrada: Gratuita
     Dirección: Calle Santa Clara, S/n.
     Horarios: Viernes y Sábados de 12:00h a 20:00h Domingos de 10:00h a 14:00h.
     Más Información: 957644370 / 682924225 (Diputación Provincial de Córdoba).

Paseo Alfonso XIII y Jardín Reina Victoria.-
     Este paseo nació en el siglo XVIII sobre terrenos del Llano de San Francisco.
     Se creó como un lugar de expansión hacia el río entre álamos negros y blancos. Se le dotó de dos calles arboladas.
     Junto a éste se encuentran los Jardines Reina Victoria, el Teatro Coliseo, El Recinto Ferial, el Mirador del Genil, la Ribera de los Niños… (Diputación Provincial de Córdoba).

Mirador del Río Genil.-
     Ofrece vistas sobre el Río Genil en su curso más bajo, cercano a su desembocadura. Desde donde podemos ver el Puente de San Fco. Javier, una isleta del río y una Alameda conocida popularmente como «Alameda del Suizo».
     Coincide con la localización de una antigua «azuda» y pertenece a las instalaciones de una antigua harinera (molino de harina). Es un lugar idóneo para pasear, con Escaleras, Rampa y Bancos para sentarse (Diputación Provincial de Córdoba).

Puente de Hierro sobre el Río Guadalquivir.-
     El puente está tendido en un terreno de vega con el amparo por el norte de los últimos cerros de Sierra Morena. Esta situación hizo necesaria la creación de dos estribos hasta el cauce del río siendo el situado al sur sobre la planicie muy largo, para poder elevar el puente y salvar la zona inundable.
     La obra tiene una longitud aproximada de 800 mts., con una parte central donde se desarrolla el ingenio metálico de 297 mts. Los estribos son viaductos de piedra con arquerías. Presenta resaltes, a modo de apeaderos o contrafuertes, en algunos tramos.
     La construcción es a base de pilas de piedra de paredes interiores atalauzadas con esquinas de sillería de arenisca y líneas de imposta resaltadas en el arranque de los arcos. Todos los arcos son de medio punto con rosca ligeramente destacada. En las enjutas de los arcos sobre el aplacado de sillarejos que sirven de recubrimiento destacan unos fondos en piedra de perfil ondulado. La línea superior se regulariza con una moldura compleja en piedra, a modo de cornisa, sobre la que están colocados los pretiles. Los estribos descritos debieron ser construidos algún tiempo antes de la instalación del puente metálico sin haberse podido precisar la fecha exacta. Terminan los extremos en unos fuertes macizos, ligeramente atalauzados y fajados con molduras.
     El puente metálico es una estructura formada por dos vigas continuas triangulares de perfiles metálicos. Estas vigas limitan la calzada y la sostienen, apoyándose en cuatro pares de pilas cilíndricas de carcasa metálica con pedestal y capitel. Las vigas que están arriostradas entre si por tirantes y cruces de San Andrés de hierro penetran profundamente en el lecho del río. Actualmente, estos elementos han sido reforzados con hormigón armado y capa de rodadura.
     La estructura se encuentra pintada en gris, y dispone de unas placas con la siguiente inscripción: Anciens.Etab TS Coil 1885 París (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Proyectado por los hermanos Darget, es un ejemplo de fuerza y sobriedad de la denominada arquitectura del hierro.
     Se construye como consecuencia de la creación de la línea férrea que une Córdoba y Sevilla a finales del siglo XIX sobre un primitivo puente de madera.
     Está declarado Bien de Interés Cultural.
     Situado en la Antigua entrada a Palma del Río (Diputación Provincial de Córdoba).

Plaza de Andalucía.-

     La plaza mayor, sede del Ayuntamiento nació en el arrabal desde el siglo XIV y tomó su actual configuración en el XVI con la creación del Palacio Portocarrero en su nueva ubicación y la regulación de las Casa Consistoriales. Es entorno a esta plaza donde se regula el Consejo y sus dependencias como el la tercia, la Alhóndiga, los juzgados, la cárcel y una estructura que permita la convivencia y la fiesta. La evolución de este popular lugar con los siglos, concentró en este espacio público la Sala Capitular, el lugar de reunión del Corregidor, Regidores, Alguacil Mayor Portero, los hombres que «ayuntados» reunidos, constituyen el Ayuntamiento.
     Por su forma, rectangular pero con una disposición de tráfico circular, fue por siglos la Plaza de Toros de Palma del Río. Los grandes eventos nacionales y locales se celebraban con luminarias y festejos taurinos colocando un entramado de maderas para el callejón y el público, así como el alquiler con mejores vistas de los balcones del Cabildo. A finales del siglo XIX perdió esta función.
     Una plaza que ha recibido muchos nombres a lo largo de su historia, Plaza del Cabildo, Plaza Mayor, Plaza del Concejo, Plaza de las Casas Consistoriales, Plaza de la Constitución, Plaza del Ayuntamiento, y durante el régimen franquista se llamó Plaza del Comandante Baturone. En 1972 se presentó el proyecto de nueva Casa Consistorial, derrumbando el viejo edificio neoclásico, derribando los arcos de la calle Ruiz Muñoz y Feria con la plaza, y levantándose el actual edificio. Ya en democracia, se decidió llamar al epicentro de la vida municipal palmeña con el nombre de Plaza de Andalucía. El 29 de diciembre de 2015 la Corporación Municipal en Pleno aprobó su rotulación como Plaza Mayor de Andalucía. En esta plaza se encuentra hoy la sede de la oficina de turismo.
     EQUIPAMIENTOS E INFRAESTRUCTURAS: Señalización de información turística
     ACCESIBILIDAD: Accesible para todo el mundo, es un recurso turístico abierto.
     HORARIOS Y DÍA DE CIERRE: Recurso turístico abierto (Diputación Provincial de Córdoba).

Capilla de las Angustias.-
     Cuenta la historia, que los moros atacaron la villa de Palma en el año 1483 por la puerta norte. Los defensores optaron por quemar aquella puerta del arco y así impedir el paso de las tropas musulmanas. La victoria fue sonada y llamaron todos al lugar, Arquito Quemado. Dispuso la señora Francisca Manrique, que la imagen protectora de la Virgen de las Angustias fuera colocada en el interior de aquella torre. Así nació un nombre singular de la toponimia palmeña.
     En esa torre se construyó en el siglo XVIII una pequeña capilla barroca en un espacio cuadrado cupulado sobre pechinas y con linterna. Cuatro nichos cubiertos con bóveda conforman los laterales. Una escalera en lado. En el altar hubo por siglos una pintura de la Virgen de las Angustias. Aquí tenía lugar la novena y velá en honor a la citada Virgen.
     EQUIPAMIENTOS E INFRAESTRUCTURAS: Señalización de información turística, escaleras.
     ACCESIBILIDAD: Parcialmente accesible para personas con movilidad reducida.
     HORARIOS Y DÍAS DE CIERRE: Según visitas establecidas por la Oficina de Turismo.
     PRECIOS: Entrada gratuita (Diputación Provincial de Córdoba).

Murallas.-

      El núcleo originario de la villa de Palma del Río lo constituye el recinto amurallado que comprende dos estructuras diferenciadas: la Alcazaba, de posible origen almorávide, y la Cerca, construida por los almohades a finales del siglo XII, y que formaría parte del conjunto de recintos militares levantados en Al-Andalus bajo su dominio en una época de inseguridad en que esta zona era frontera con los cristianos.
     La Cerca rodea la antigua villa con sus muros de tapial (donde hoy son visibles los restos de los latiguillos de madera que sujetaban los encofrados), de unos dos metros de ancho y entre 6 y 8 metros de alto. Los flancos sur y oeste de la muralla almohade están menos fortificados al estar protegidos por el Genil que discurre a sus pies. El adarve superior está protegido al exterior por almenas rectangulares, de las que quedan algunas originarias y otras restauradas. Tiene once grandes torres prismáticas de 11 metros de altura, dos accesos originales con puertas con entrada en recodo en la salida al Camino de Écija, y un tercer acceso realizado en el siglo XVI, al final de la C/ Santa Clara. Junto al castillo, en el lienzo de la C/ Los Rosales, se localiza uno de los accesos originales, el llamado Arquito Quebrado. Este lienzo, de orientación este-oeste, tiene una longitud de 95 m y su altura, irregular a causa del deterioro en la zona superior, rebasa muy poco los 5 metros desde el nivel actual de la calle, careciendo de almenas y adarve. En su extremo este se unía originariamente a la torre poligonal llamada de las Angustias, la única del recinto de disposición ochavada, torre donde se alojaba una de las dos puertas en recodo mediante las que se accedía al interior de la villa. Presenta seis filas de agujeros, impronta dejada por las agujas o cárceles, separadas unas de otras 9 centímetros y quedando la primera de ellas a 30 centímetros del nivel actual de la calle.
     El segundo de los accesos originales, Puerta del Sol o Puerta Este, se abre delante de la parroquia de la Asunción y del antiguo Palacio de Portocarrero. Forman un pasadizo con gran arco y bóveda de crucería reforzada por potentes nervios de ladrillo, cuya clave luce cuatro escudos. Su decoración de cardina gótica tardía podría dar una fecha cercana a finales del siglo XV o comienzos del XVI. Ello está indicando las reformas llevadas a cabo en el recinto fortificado por la familia Portocarrero.
     El Castillo-alcazaba se encuentra en el ángulo noroeste de la Cerca, entre la C/ Los Rosales y la C/ Río Seco.
     El recinto acogería la medina en la que existió una mezquita, hoy desaparecida, en la actual Iglesia de Santa María. Fuera del recinto existió un arrabal (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El recinto amurallado de Palma del Río, declarado Bien de Interés Cultural BIC, es un espacio de contacto físico con la historia de esta ciudad. Las murallas fueron en un principio, una alcazaba o castillo que ocupaba el ángulo noroeste del recinto próximo a un meandro del río Genil. Cinco torres definían un espacio pentagonal, unidas por los muros, apenas ya visibles éstos y escasamente sus torres, como la llamada Mesa de San Pedro.
     Los almohades, reforzaron el castillo almorávide, ampliando sus defensas militares con nuevos muros y más y mejores torres. La cerca almohade cuenta con amplios lienzos de muralla fortalecidos por gran número de torreones, que afortunadamente se conservan. Mirando al norte se encuentra una de aquellas viejas puertas en recodo, que en época cristiana se reforzó con su nueva forma hexagonal y donde se construyó en su interior una capilla a la Virgen de las Angustias. La otra puerta, igualmente con la técnica defensiva de recodo, se encuentra al este, dando a la plaza del Cabildo. En ella se abrió un arco, conocido como Puerta del Sol, y sobre la misma el balcón del palacio. Recientemente, se ha recuperado los arcos de herradura de la defensa en recodo.
     EQUIPAMIENTOS E INFRAESTRUCTURAS: Señalización de información turística
     ACCESIBILIDAD: Accesible para personas con discapacidad, no dispone de baño.
     HORARIOS Y DÍA DE CIERRE: Es un recurso turístico abierto
     PRECIOS: Entrada gratuita (Diputación Provincial de Córdoba).

Puerta del Sol.-
     Esta es la puerta principal de entrada al Recinto Amurallado, a este recinto se accedía a través de dos puertas una de ellas es esta puerta que se trata de la puerta Este y otra es la puerta Norte llamada Torre Capilla de las Angustias. Sobre esta puerta se encuentra el balcón del Palacio de los Portocarrero.
     Esta puerta tiene una apertura lateral que la realizan los Almohades como técnica de defensa llamada entrada en recodo, de esta forma si los enemigos intentaban entrar al recinto eran atacados desde la torre, desde la muralla y desde encima de la puerta. Por encima de la puerta podemos apreciar un sistema de defensa que tenían los Almohades llamado MATACÁN, este sistema consistía en tirar desde ahí arriba aceite hirviendo.
     La cúpula es de nervios, ya que tiene distintos nervios unidos todos a un mismo centro.
     ACCESIBILIDAD: Accesible para personas con discapacidad.
     HORARIOS Y DÍA DE CIERRE: Sin horario, es un recurso turístico abierto
     PRECIOS: Entrada gratuita (Diputación Provincial de Córdoba).

Alhóndiga.-

     Actualmente es la sede de la Oficina de Turismo de Palma del Río, antiguamente en el siglo XVI se encontraban las tiendas de Palma a través de estos arcos la gente compraba los productos. La planta alta era la continuación del balcón del Palacio de los Portocarrero.
     Más tarde sería casa de vecinos, para distintas familias.
     Actualmente el Ayuntamiento rehabilita la estructura del edificio y lo usa como sede de Oficina de Turismo.
     EQUIPAMIENTOS E INTRAESTRUCTURAS: Guía, Escaleras, Ascensor y Señalización de información turística.
     ACCESIBILIDAD: Accesible para personas con discapacidad y dispone de baño.
     HORARIOS Y DÍA DE CIERRE: De lunes a viernes de 10-14h. y de 16:30-19h., sábados de 10-14h. y de 16:30-18:30h. y domingos de 10-14h..
     PRECIOS: Entrada gratuita (Diputación Provincial de Córdoba).

Palacio de los Portocarrero.-
      Palacio del S.XVI en el cual se distinguen claramente las distintas etapas y superposiciones que ha sufrido este edificio hasta llegar a nuestros días. 
     Consta de dos plantas que se articulan en torno a dos patios cuadrados con elegantes arquerías sobre columnas de mármol, ricos artesonados y una interesante fachada coronada por arquerías. El cuerpo principal del palacio se encuentra en contacto con ambos patios presentando su fachada principal a uno de ellos mediante logia de dos plantas de altura con arco de medio punto sobre columna de mármol. 
     La otra edificación es de tres plantas con cubierta a cuatro aguas. Estas dos piezas principales se articulan en esquina por medio de un gran patio con galerías en todos sus lados. De su fachada principal destaca un interesante balcón de estilo plateresco, con balaustrada de hierro cincelado, flanqueado por dos columnas corintias sobre grandes ménsulas y sobre esto un coronamiento donde destaca el escudo de armas de los Portocarrero (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Palacio de Portocarrero junto con sus jardines botánicos, forma un conjunto espectacular único en España al combinar un Alcázar Almohade (S. XI) con un palacio renacentista (S. XVI).
     El Palacio se encuentra enclavado en el corazón de Andalucía, en la Fértil Palma del Río, entre Córdoba y Sevilla. Una joya arquitectónica que estaba oculta y en estado de ruina, tras muchos años de cuidadosa restauración, vuelve a brillar de nuevo.
     Descubra el Paraíso milenario con una riquísima historia mezcla de civilizaciones que se forja en la leyenda romana (s. II d.C.).
     Al visitar el Palacio y pasear por sus patios y jardines nos envuelve su grandiosa y mágica atmósfera, una mirada exclusiva a la cultura española, a un modo de vida aristocrático que sigue vivo y donde se cuidan los detalles. Disfrute de un paseo por el tiempo.
     El recinto ha sobrevivido al paso del tiempo y se encuentra ahora en todo su esplendor, listo para organizar cualquier tipo de evento exclusivo que pueda desear al más alto nivel: visitas guiadas al palacio y sus jardines, visitas teatralizadas, eventos privados, reuniones de empresa, fiestas temáticas, celebraciones de bodas, veladas árabes, cursos de pintura, de cocina o flamenco, degustaciones, almuerzos o cenas creativas, fines de semana culturales, etc. (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita del Buen Suceso.-
      Construida en el siglo XVIII de autor  desconocido. Su planta es de cruz latina, con bóveda de cañón, y el crucero está resuelto con una bóveda calada semiesférica, tratada con pinturas decorativas, y con cubierta de planta octogonal que destaca sobre el resto de los volúmenes. Es de estilo barroco de gran sencillez compositiva.
     Al fondo, tras el altar, va adosada la sacristía, con techo abovedado y tres huecos de iluminación de distribución simétrica abiertos a un pequeño patio.
     A la derecha, recayente a fachada, existen unas dependencias de dos plantas de altura, con una escalera que, a su vez, permite el acceso al coro, situado sobre la entrada al templo. Estas dependencias se conectan directamente con la sacristía a través de un estrecho patio al que se abren los huecos de iluminación del crucero. En el plano opuesto, estos huecos están cegados pues todo el lado izquierdo de la construcción es medianería con la finca colindante.
     La fachada es de una gran simplicidad constructiva y compositiva, con una sencilla portada coronada por un frontón correspondiente al hastial de cubierta y con un campanil dispuesto ortogonalmente al plano de fachada.
     El edificio, en su historia más reciente, ha albergado funciones de escuela, actividades parroquiales y culturales (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     A principios del siglo XVIII, en 1723 según leemos en la fachada, se levantó la ermita de Ntra. Sra. del Buen Suceso. Puede ser que el buen suceso ocurrido fue conmemorar un hecho naval, un barco salvado milagrosamente de una tempestad tal como recogen las pinturas e inscripciones de la bóveda.
     La iglesia fuera del casco histórico fue cercada por edificios adosados, que le han restado visibilidad. Destruida en la Guerra Civil, permaneció cerrada, luego fue academia y hoy está ocupada por la Hermandad del Santo Entierro, que le da vida con un hermoso nacimiento en los días navideños.
     No obstante es admirable la sencillez y belleza de esta ermita con una portada de ladrillo con curioso arco trilobulado y flanqueado por estípites adosados como soporte apalastrado. Aún podemos distinguir su pequeña espadaña, su coqueto coro y su magnífica cúpula octogonal en el crucero. La cúpula aparece profusamente decorada con motivos vegetales pintados y las pechinas con pinturas alusivas al escudo de Palma. La nave está cubierta por bóveda con lunetos, donde se hace referencia a la conmemoración naval con un elegante barco y sus velas desplegadas.
     EQUIPAMIENTOS E INFRAESTRUCTURAS: Señalización de información turística
     ACCESIBILIDAD: parcialmente accesible para personas con movilidad reducida.
     HORARIOS Y DÍAS DE CIERRE: Según horarios de culto
     PRECIOS: Entrada gratuita (Diputación Provincial de Córdoba).

Alcazaba.-

     Alcazaba o castillo, de posible origen almorávide, que se encuentra en el ángulo noroeste de la Cerca (recinto amurallado); subsisten ruinas con torreones y murallas.
     Se trata de una cerca medieval muy bien conservada de finales del siglo XI-principios del XII, que albergaba una alcazaba.
     La alcazaba está situada en el extremo noroeste, tiene una planta cuadrilonga con un muro que seguía el antiguo meandro del Genil, un muro orientado al norte quebrado por dos torres, de la primera de las cuales partía la cerca exterior y un muro al este defendido por tres torres. Se completaba con un tramo al sur que cerraba en quiebro, de donde partía la cerca de la villa. Entre 1940-73 se rellenó con escombros hasta una cota aproximada  de 2-2,40 metros.
     La cerca la construyen  los almohades a principios del siglo XIII. Parte del norte  -de la alcazaba- y sigue en línea recta hasta la Puerta Quemada y otra torre, se curva en dirección sureste en un tramo con cuatro torres hasta llegar a la Puerta del Sol o de la Villa. Sigue en dirección suroeste otro tramo con otras cuatro torres, hasta la esquina, hoy sin torre, punto desde donde parte un lienzo en arco hasta llegar al muro de la alcazaba. Su construcción es a base de tapial con tongadas de dos metros de espesor y una altura aproximada de seis a ocho metros. Tuvo un adarve superior protegido por almenas. En 1914 se demolió parte de la muralla.
     La Puerta del Sol tiene un espacio interior cubierto con una cruceta de arcos en diagonal a modo de nervios sobre ménsulas en esquina de piedra labrada y con clave de piedra en la que se esculpen cuatro escudos. Sobre estos nervios de ladrillo, cuatro plementos de bóveda gallonada de ladrillo en sardinel. La Puerta Quemada es poligonal, en forma de L con un espacio interior cupulado sobre pechinas con linterna y unos nichos laterales con bóvedas de cañón. Se convirtió en capilla de la Virgen de las Angustias en 1770 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

La Tercia.-
      Es un edificio de planta ligeramente trapezoidal, pues salvo la fachada posterior que traza un leve achaflanamiento, el resto es prácticamente un rectángulo. Aparece exento, rodeado de la vía pública, extramuros, muy próximo a la Puerta del Sol.
     Consta de dos pisos y planta basilical, compuesta de tres naves -la central más alta- comunicadas entre sí hacia su mitad por sencillos arcos de medio punto realizados con ladrillos. Una de las naves de la planta inferior se cubre mediante bóveda de cañón realizada con ladrillos de plano, en tanto que las demás lo hacen con armaduras. La del extremo derecho, según nos situamos frente al edificio, es de grandes proporciones, pues ocupa toda la nave y sigue el tradicional sistema mudéjar de ladrillo por tabla, con grandes jácenas -algunas de ellas sin desbastar, en realidad, a modo de rollizos- y tornapuntas para reforzar las jácenas, ya que se embuten en los muros laterales. 
     Al fondo se hizo, quizá con posterioridad, una escalera rústica de madera. A la derecha, se conservan unos sencillos pesebres. La planta superior está muy transformada. No conserva los techos originales, sólo algunos marcos de puertas, realizados con vigas de madera toscamente labradas, y una ventana que da hacia el palacio, con reja antigua. 
     Las cuatro fachadas siguen conservando su aspecto primigenio. La principal muestra dos alturas. En la planta baja se abren tres puertas: una mayor a la izquierda, en forma de medio punto rebajado, otra a continuación de medio punto, y otra próxima al extremo opuesto, de medio punto rebajado. Salvo la primera que tiene más luz y flecha, las otras dos son bastante estrechas; eso sí, es palpable al cruzarlas el extraordinario grosor de los muros. A la derecha de la última puerta referida se halla una ventana sencilla con reja, que se eleva sobre el zócalo. En esta misma planta se abren tres pequeños vanos de iluminación y, sobre todo, de ventilación: uno a la derecha de la puerta intermedia, otro por encima de la puerta derecha y otro culminando la ventana extrema. En el segundo nivel sólo hay tres huecos pequeños que únicamente tenían como finalidad airear el grano cosechado para evitar su podredumbre a causa de la humedad. El material empleado es ladrillo, que aparece enlucido y enjalbegado. 
     Curiosamente, el edificio no remata en hastial, sino que los tejados se independizan, quizás obligados por la gran anchura del edificio, por lo que los cuerpos laterales se cubren con teja árabe dispuesta a un agua, en tanto que el central tiene su tejado a cuatro vertientes, dos más largos para los costados del edificio y otros dos faldones cortos que dan respectivamente a la fachada principal y a la posterior. 
     La fachada trasera carece de puertas y los vanos son los mismos pequeños que hay en la principal. En cuanto a la recayente al palacio, consta de un vano en la planta inferior y tres en la superior. Su mayor tamaño indica que debieron ser agrandados para su conversión en edificio cultural. Algo parecido ocurre en el lado opuesto.
     Actualmente, se están concluyendo las obras que convertirán la antigua tercia en Escuela de Música, si bien ya anteriormente conoció la reforma de finales de los años 80, llevada a cabo por la escuela taller, que, intentando preservar su aspecto primigenio, hizo de este edificio primeramente Casa de la Juventud y después, Museo Local de Palma del Río, ahora en fase de traslado al cercano convento de Santa Clara, una vez terminada su restauración. De ahí que hoy se halle en buen estado de conservación y, a pesar de haber perdido la característica rampa de estos almacenes, tiene a su favor conservar el aspecto característico, sobre todo externo, de esta arquitectura protoindustrial. También preserva con marcada autenticidad la planta baja, tanto por sus bóvedas de ladrillo como por sus techumbres con rollizos, algunos de considerable escuadría. 
     La intención actual de acondicionar el edificio para Escuela de Música pasa por respetar los elementos originales, con el fin de que no pierda su valor etnológico. 
     Está pendiente la investigación del Archivo que contiene la documentación de la Casa de los Portocarrero que en el futuro arrojará luz sobre la época de construcción, pues ni siquiera la tercia cuenta con elementos artísticos que ayuden a su datación. Se concibió como un almacén sin concesión al ornato; era puramente funcional. 
     Hasta ahora este edificio venía siendo identificado como las caballerizas del palacio de los Portocarrero, el cual está justamente al otro lado de esta estrecha calle. Para establecer este uso del edificio lo único que se argüía era la presencia de pesebres en la nave central, pero carece de lógica que el propio palacio no tuviera entre sus dependencias alguna para este fin y que hubiera que cruzar la calle para preparar las caballerías. Más parece que fueran destinados estos pesebres a los animales que trasladaban hasta aquí el grano y con un uso más bien temporal, hasta que terminaran de descargar todas las bestias de una misma recua. 
     Probablemente, la escalera se abriera al piso de arriba con posterioridad, con el fin de adaptar el inmueble a otros usos, tal y como ha sucedido en otros edificios de almacenaje, ya que las bestias subían por la doble rampa, hoy desaparecida, que se hallaba en el costado izquierdo de la tercia, según se mira de frente.
     Descartada, por tanto, la posibilidad de que se tratara de las caballerizas de palacio, hay que mirar alrededor para darse cuenta de la importante ubicación de la tercia: extramuros, junto a la Puerta del Sol, en la antigua muralla almohade reutilizada por los cristianos, al lado del palacio de los Portocarrero, señores de Palma, del cual sólo la separaba la calle, al final de la cual se halla la iglesia parroquial de la Asunción y el convento de Santa Clara, y, muy cerca, el de los dominicos.
     Hasta tanto la investigación del Archivo confirme la hipótesis y una vez desechada la idea de que esto fuera las caballerizas, hay que ir planteando que se trataba de una tercia señorial, mandada construir por los Portocarrero con el fin de almacenar las cosechas de sus tierras (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).


     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Museo Victorio & Lucchino, Paseo Alfonso XIII y Jardín Reina Victoria, Mirador del Río Genil, Puente de Hierro sobre el Río Guadalquivir, Plaza de Andalucía, Capilla de las Angustias, Murallas, Puerta del Sol, Alhóndiga, Palacio de los Portocarrero, Ermita del Buen Suceso, Alcazaba, y La Tercia) de la localidad de Palma del Río (y III), en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

Más sobre la provincia de Córdoba, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 3 de agosto de 2025

Un paseo por la calle Palos de la Frontera

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Palos de la Frontera, de Sevilla, dando un paseo por ella.
    Hoy, 3 de agosto, es el aniversario (3 de agosto de 1492), de la partida de Colón del puerto de Palos de la Frontera, en el viaje del Descubrimiento del Nuevo Mundo, así que hoy es el mejor día para Explicarte la calle Palos de la Frontera, de Sevilla, dando un paseo por ella.
       La calle Palos de la Frontera es, en el Callejero de Sevilla, una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y va de la avenida de Roma, a la glorieta de San Diego. 
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Aunque los planos históricos no dan nombre a este camino, es posible que se usara como término de referencia el convento de San Diego, establecido allí a finales del s. XVI. A comienzos del s. XX ya hay alusiones al arrecife del Foso por el que bordea el lado sur de la Fábrica de Tabacos. En 1928 se rotula como Palos de Moguer, por ser el nombre más usual al referirse en la época a Palos de la Frontera, villa desde donde partió Colón en 1492 y en clara relación con la Exposición Iberoamericana. En 1966 por iniciativa del ayuntamiento de esa localidad se rectificó, dándole su actual de­nominación.
     Desde la Edad Media existió un camino que, antes de la construcción de los jardines de la Eslava sobre los que se edificó el Hotel Alfonso XIII, en el último tercio del s. XIX, cruzaba diagonalmente desde la Puerta de Jerez a la esquina del foso junto a San Telmo. Con la construcción en 1592 del convento de San Diego, en 1682 de la Universidad de Mareantes (Palacio de San Telmo) y en 1728 de la Fábrica de Tabacos, queda conformado casi en su totalidad el camino o arrecife que tras salir alineado con la fachada principal de San Telmo, gira en ángulo recto antes de alcanzar este edificio y continuar paralelo junto al foso hasta alcanzar la fachada del convento.
     Es ancha y describe dos curvas muy pronunciadas. Las aceras son también amplias y están embaldosadas con losetas de cemento. El tramo de acera contigua al parque se ensancha, dando lugar a una amplia franja de albero sobre la que se sitúan dos hileras de castaños de Indias. La presencia de arboles a ambos lados del antiguo camino o arrecife será una constante a través de los siglos. Ya en 1614 los franciscanos de San Diego fueron autorizados a plantarlos en el camino que conducía desde el convento a la Puerta de Jerez. Confluyen Doña María de Padilla por la izquierda y La Rábida por la derecha. Es una vía muy singular, pues está delimitada por las verjas de los tres únicos edificios que la conforman: un tramo de los jardines de San Telmo, conocidos popularmente como la Madrina; parte del foso de la antigua Fábrica de Tabacos (hoy Universidad), y un lienzo de pared de los jardines del palacio de San Telmo. Este edificio ofrece en su fachada norte doce esculturas de sevillanos ilustres realizadas en 1895 por Antonio Susillo (v. Avenida de Roma). La Fá­brica de Tabacos, obra de Sebastián Van der Borcht, terminada en 1771, y el Hotel Alfonso XIII,  obra  del  arquitecto José Espiau (1928), ofrecen sus fachadas posteriores a esta calle junto con un tramo del foso que bordea a la Universidad y que fue el último en ser terminado. En los años sesenta se construyó un puente sobre el mismo que da acceso a la que fue Facultad de Ciencias, hoy de Filología. Frente a este edificio y rodeado de frondosa arboleda se encuentra un sencillo pabellón conocido corno de la Madrina, que fue colegio de niñas ciegas y posteriormente Hemeroteca Municipal, hasta el traslado a su actual sede en Almirante Apodaca.
     Hay referencias en 1726 de autorizaciones para depositar escombros en esta zona a los cargadores que salieran por la Puerta de Jerez y los postigos del Aceite y del Carbón y noticias de arreglos en el arrecife en el s. XIX. En 1830 fue pavimentada de piedra, adoquinada en 1904 y readoquinada en los años setenta. Es una de las pocas avenidas de la ciudad que no ha sido cubierta de asfalto. El alumbrado sobre farolas de báculo fue sustituido en 1975 por farolas fernandinas de fundición con tres brazos. Esta vía que originalmente no era sino el comienzo del camino a Jerez, adquirirá su carácter de vía urbana en función de la reforma del viario con motivo dela Exposición Iberoamericana de 1929. Con anterioridad, en el úl­timo tercio del s. XIX, fue terminal de una de las líneas de tranvías que partía de la calle Hernando Colón y atravesaba la Puerta de Jerez. Hasta 1946 formó parte de la cañada del Juncal que hasta esa fecha pasaba por San Fernando. Desde la década de los seten­ta soporta un intenso tráfico, proveniente del centro y oeste de la ciudad, en una sola dirección. La doble curva y el exceso de velocidad ha provocado en ocasiones la caída al foso de la Universidad de vehículos [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Palos de la Frontera, s/n. HOTEL ALFONSO XIII
. Obra del arquitecto José Espiau Muñoz, dentro del llamado "estilo sevillano". Utiliza los materiales típicos de la región, como ladrillo en limpio, azulejos, zó­calos y otros elementos decorativos de azulejos y patio de columnas.
Palos de la Frontera, 2. PALACIO DE SAN TELMO. Fue construido para Colegio de Mareantes; en el siglo XIX lo adquirieron los Duques de Montpensier para su residencia y, finalmente, por donación de la infanta Luisa, destinado a Semi­nario.
     Su construcción se inicia a fines del siglo XVII y se continúa en el siguiente con algunas detenciones. Las obras de reforma y adaptación continuaron hasta este siglo. La fisonomía actual se la da en el siglo XVIII el arquitecto Leonardo de Figueroa. La fachada principal se inspira en la del Archivo de Indias, y destaca en ella la gran portada de tres cuerpos. La fachada norte se corona por una galería de estatuas de figuras de sevillanos, obra de Antonio Susillo.
Palos de la Frontera, s/n. FÁBRICA DE TABACOS. Se inicia su construcción en 1726 por el ingeniero militar Ignacio Salas, al que sucedió el coronel Diego Bordick, y encargándose del proyecto, en 1750, Sebastián van der Borch; terminó la obra, en 1766, Juan Vicente Catalán. Los cuatro remates de las esquinas fueron labrados por Cayetano Acosta, así como la portada principal. Esta consta de dos cuerpos con columnas corintias y está rematada por la Fama. El amplio vestíbulo, la hermosa escalera y los más bellos lucernarios de las azoteas son obras de Van der Borch, y el patio primero, así como la torre del reloj se deben a Lucas Cintora. En la actualidad este edificio está destinado a Universidad, para lo cual ha sufrido importantes transformaciones internas [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor el hecho histórico que se conmemora en el día de hoy
     El 23 de mayo de 1492 los vecinos de Palos de la Frontera escucharon en la iglesia de San José la orden de los reyes para que colaboraran, sin ambages, en la empresa colombina. Debían suministrar a sus expensas dos carabelas, que habían de servir o entregar a los reyes durante doce meses y, además, tenían que partir a las órdenes de Cristóbal Colón «...rumbo a ciertas regiones de la Mar Oceana». La orden dejó estupefactos a los «expertos marinos» habitantes de la villa marinera onubense, ya que se trataba de alcanzar Las Indias por Occidente, bajo el mando de un capitán prepotente, extraño y desconocido. 
     La cuestión se suavizó sobremanera cuando la principal familia marinera de la villa, la de los Pinzón, se sumó a la aventura con su jefe Martín Alonso Pinzón (tenía cerca de 50 años) a la cabeza, que también había concebido la idea de ir a Japón por Occidente; este hecho sería utilizado en 1515, por los testigos de los pleitos de los Colón con el Emperador Carlos V, para desmerecer a Cristóbal Colón enalteciendo a Martín Alonso Pinzón; Vicente Yáñez Pinzón, el hermano menor, también se enroló. En Moguer la familia de los Niños también aportó hombres (Juan, el cabeza de familia, con su carabela la Niña, y dos de sus hermanos) y los Quintero proporcionarían la Pinta. La nao Santa María fue alquilada a un patrón cántabro, de Santoña, Juan de la Cosa que también se embarcaría.
     La cadena de mando en las naves hispanas del momento era piramidal. El capitán o máximo responsable, el maestre que solía ser el propietario del barco, mandaba a los marineros y dirigía todas las operaciones, y el piloto que como segundo en el mando de la marinería se encargaba de trazar la carta de navegación y la marcha de la nave; bajo sus órdenes se encontraba el contramaestre que tenía el control directo de las tareas que motivaban el buen orden a bordo de los barcos. Fueron 87 los hombres enrolados, marinos avezados, ni aventureros ni proscritos. 
     Colón mandaba la Santa María con Juan de la Cosa como maestre y era, además, el capitán general de la flota. Martín Alonso Pinzón (1440-1493) mandaba La Pinta con su hermano Francisco Pinzón como maestre, y su hijo Vicente Yáñez Pinzón La Niña con Juan Niño como maestre. Todos los marineros eran españoles salvo tres genoveses y un portugués, la mayoría andaluces del ducado de Niebla, pero había varios del norte o cántabros como el mencionado Juan de la Cosa y el contramaestre vizcaíno Chachu. Sólo había cuatro fugitivos de la justicia alistados, uno condenado a muerte por homicidio en una riña y sus tres cómplices. Nadie fue obligado a embarcarse y se pagaron 600 maravedís a los marineros noveles, 1.000 a los veteranos, 1.500 a los contramaestres y 2.000 para los pilotos; podían incrementar su salario cambiando su «pacotilla» con los indígenas. Luis de Torres, hebreo converso era el intérprete; Diego de Harana, primo de la amante de Cristóbal Colón, era el alguacil de la flota con carácter policial. Además iban un escribano para levantar actas de las tierras descubiertas, tres médicos y dos funcionarios regios: un «veedor real», agente fiscal para controlar los gastos y reservar la parte de la Corona (antiguamente era un funcionario público encargado de la inspección y control de las actividades de los gremios y sus establecimientos; a partir de las Cortes de Toledo de 1480, los Reyes Católicos le atribuyeron una jurisdicción por la que debería rendir una visita anual de control de los oficiales regios) y un «repostero de estrados del rey» sin misión específica y embarcado motu proprio. No había soldados a bordo, ya que la misión era de exploración.
     La Niña y La Pinta tenían 20 metros de eslora, 6´5 de manga y 3 de calado con una capacidad de 60 toneladas; la Santa María (llamada «La Gallega» y dedicada a Santa María la Grande, que es la patrona de los pontevedreses; texto del padre Sarmiento del siglo XVIII) poseía unos 25 metros de eslora, 8 de manga, 4 de calado y 100 toneladas de capacidad. Eran naves de altas bordas y redondeadas, con un velamen complejo de tres mástiles, capaces para soportar tempestades en alta mar, pero que por su calado reducido les era posible acercarse mucho a la costa, aún en aguas poco profundas. Su coste era escaso, dos millones de maravedís y un cuarto de millón al mes para el pago de la tripulación. La leyenda de la reina Isabel I La Católica de León y de Castilla empeñando sus joyas no tiene ningún fundamento. 
     Colón aportó la octava parte prestada por el duque de Medinaceli y el resto fue aportado por Luis de Santangel con fondos de la Santa Hermandad, cofradía armada que se encargaba de mantener el orden público en los reinos de León y de Castilla. Se embarcaron víveres para un año y en diez semanas todo estuvo aparejado. Al amanecer del 3 de agosto de 1492 la flota se hizo a la mar. «Vuestras Altezas como católicos cristianos y príncipes amadores de la Santa Fe Cristiana y acrecentadores de ella y enemigos de la secta de Mahoma y de todas las idolatrías y herejías, pensaron en enviarme a mí, Cristóbal Colón a las dichas partidas de India para ver los dichos príncipes y los pueblos y las tierras y la disposición de ellas y de todo, y la manera que se pudiera tener para la conversión de ellos a nuestra fe.» (José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, Anales críticos sobre Cristóbal Colón, el Gran Almirante de la Mar Océana).
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