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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 28 de octubre de 2025

La Estación del Ferrocarril Santa Justa, de Cruz y Ortiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Estación del Ferrocarril Santa Justa, de Cruz y Ortiz, de Sevilla.
     Hoy, 28 de octubre, es el "Día del Tren" en España, una efeméride en la que se conmemora la puesta en marcha de la primera línea férrea peninsular, entre Barcelona y Mataró, un 28 de octubre de 1848, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Estación del Ferrocarril Santa Justa, de Cruz y Ortiz, de Sevilla.
     La Estación del Ferrocarril Santa Justa, se encuentra en la avenida José Laguillo, s/n; en los Barrios de San José Obrero, y Huerta de Santa Teresa del Distrito San Pablo-Santa Justa.
      El edificio de la estación está construido sobre el haz de vías, cobrando la apariencia de una estación término. El mejor esquema funcional que este tipo de estaciones proporciona justifica esta decisión, a partir de la cual, una cierta metáfora o analogía del movimiento y la llegada, se hace patente.
     Las seis naves bien diferenciadas que albergan los andenes se unen en un sólo espacio transversal desde el que se produce la comunicación con el vestíbulo y la marquesina de entrada. Para reforzar esta secuencia espacial, la luz se hace llegar de formas diversas, apoyándose en un sistema de cubiertas diferenciadas que nunca revelan su solución estructural.
     Se trata, por tanto, de un edificio compuesto de zonas de carácter muy diverso -bóvedas sobre los andenes, cubierta inclinada o el techo plano del vestíbulo, que define un ámbito prismático en el interior de un edificio tan expresivo del movimiento- al que se dota de un carácter unitario por medio del tratamiento de la luz, la elección de materiales o la disposición de los espacios en sentido transversal a los recorridos de los viajeros (Cruz y Ortiz Arquitectos).
     En el más celebrado de los edificios de la Sevilla de finales del XX, sus autores consiguen construir en una sección, aquella que acompaña el movimiento del usuario del transporte ferroviario, todo un cúmulo de aconteceres que dotan al edificio del innegable atractivo de lo cambiante, auxiliado por una maestra utilización de la escala de los espacios y la luz precisa para cada uno de los recintos.
     Desde un exterior marcado de forma definitiva por la más elegante de las marquesinas de la ciudad, en la que el espacio se achica para acoger sin abrumar al visitante, se accede tras un espacio de transición al gran recibidor en el que la actividad se hace obvia por la sencillez y rotundidad del recinto que favorece su inmediata comprensión. 
     Tras él, la sección no deja descanso a la calidad espacial que logra en los lugares de acceso y bajada a las vías y en las cubiertas curvas de las mismas, con un prodigioso juego de niveles, de comunicaciones, escaleras y rampas entre los mismos, de espacios que dominan visiones siempre diferentes de un lugar con voluntad de unidad y que invita a prolongar las vías, mucho más allá de lo perceptible, con la imaginación, hasta la Atocha de Moneo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santas Justa y Rufina, vírgenes y mártires
   Eran dos hermanas andaluzas, hijas de un alfarero de Sevilla, que se ganaban la vida vendiendo cacharros de cerámica en el mercado.
   Como se negaban a entregarse a los paganos en la fiesta de Adonis, y tam­bién a  ofrecer sacrificios a Venus, sus mercaderías fueron destruidas. Justa murió en la calle y Rufina fue estrangulada.
   Patronas de Sevilla y también de Burgos, en cuyo monasterio de Las Huelgas se conservaban sus reliquias.
   En Francia fueron elegidas como patronas por los alfareros de Montauban. La iglesia de Prats de Molló, en el Rosellón, está puesta bajo su advocación.
ICONOGRAFÍA
   Están caracterizadas por alcarrazas, cacharros de alfarería que llevan en las manos, trozos de ídolos esparcidos en el suelo, un león que les lame los pies. Las santas enmarcan a la Giralda, antiguo alminar de Sevilla, que ellas habrían protegido del rayo en 1504 (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Santas Justa y Rufina, en la Historia de la Iglesia de Sevilla
   Santas Justa y Rufina, vírgenes y mártires, patronas de la ciudad de Sevilla. Por no querer adorar a los ídolos, por orden del presidente Diogeniano, padecieron martirio. Justa murió en la cárcel y Rufina fue degollada poco después. Ocurrió hacia el 285. La Iglesia de Sevilla celebra su fiesta el 17 de julio.
   Las pintaron Hernando de Esturmio, Miguel de Esquivel, Ignacio de Ríes, Murillo y Goya, entre otros muchos artistas. La Giralda en medio de ellas, como sostenida y abrazada para que no sufriera daño cuando el terremoto de 1504, según cuentan viejas leyendas. Y a sus plantas los cacharros de loza, símbolo del gremio que patrocinan. Las esculpió Duque Cornejo. Les han cantado himnos desde san Isidoro de Sevilla hasta el divino Herrera y Rodrigo Caro. Las celebran por patronas, junto a Sevilla, otras ciudades como Manises, Orihuela, Talavera de la Reina... Toledo conserva una parroquia con su advoca­ción de resonancia histórica medieval. Las veneran no sólo en España, sino también en Portugal, Francia, Italia y Alemania. Y son la primera página histórica, y gloriosa, de la Iglesia de Sevilla.
   Ellas son santas Justa y Rufina, patronas de Sevilla. Modernamente, un gran poeta sevillano, Antonio Machado, las cantó así:
          Que por mucho que se diga 
          nadie aventajó en el arte 
          cerámico y de alfarería
          cual las Patronas del «barro» 
          las Santas Justa y Rufina.
          Su oficio es noble y bizarro 
          y entre todos el primero,
          pues para gloria del «barro»,
          Dios fue el primer alfarero
          y el hombre el primer cacharro.
   Los albores de la Iglesia de Sevilla están regados por la sangre generosa y joven de dos alfareras hermanas. Su martirio es el primer dato histórico de la Iglesia hispalense recogido en una Passio muy antigua con visos de autenticidad. Su estilo sobrio, la descripción de las adonías, fiesta en honor de la diosa siria Salambó, y la cita del obispo Sabino, que aparece segundo en el catálogo de los obispos de Sevilla del códice emilianense, son indicios suficientes de su autenticidad histórica.
   Así son descritas en el Pasionario hispánico:
   «Justa y Rufina, como mujeres que eran y muy sencillas por su relativa pobreza, llevaban adelante su casa con paciencia, casta y religiosamente, como necesitadas que todo lo poseen.
   Solían vender vasijas de barro. Con la venta ayudaban a los pobres, y guardaban para sí solamente lo suficiente para cubrir sus gastos cotidianos de comida y vestido. Se ocupaban también de hacer oración cada día...
   Un día, cuando estaban vendiendo sus vasijas, se les presenta no sé qué monstruo inmenso, al que la turba de los gentiles llaman Salambó, pidiéndoles que le den un donativo. Ellas resisten y se niegan a dar nada, diciendo: «Nosotras damos culto a Dios, no a este ídolo fabricado, que no tiene ojos, ni manos, ni vida alguna propia. A no ser que necesite una limosna o padezca necesidad, nosotras no le damos».
   El que, vestido de Zábulo, llevaba sobre sus hombros al ídolo, arremetió tan ferozmente, que rompió y destrozó totalmente todos los cacharros que tenían para vender las santísimas mujeres Justa y Rufina. Entonces estas religiosas y nobles mujeres, no por el daño de la pobreza, sino para destruir el mal de tan gran inde­cencia, empujaron el ídolo, y éste cayó por tierra, haciéndose pedazos. Se tomó esto como un sacrilegio, y corría en boca de los gentiles y proclamaban que eran reas de un gran crimen y dignas de muerte.
   En aquel tiempo era presidente Diogeniano, practicante de los ritos y observan­cias gentiles. Llegó enseguida a sus oídos la noticia de lo sucedido; rápidamente mandó que encerrasen a las piadosas mujeres en la oscuridad de la cárcel y que las condujesen a Sevilla bien custodiadas. Una vez llegadas a dicha ciudad, manda que las sometan a suplicios bajo el miedo de las torturas. Comparecen, pues, las devotas mujeres consagradas a Dios ante el crudelísimo juez Diogeniano. Como el leño penal de los reos no había llegado todavía, manda que traigan unos telares para que no se enfriase con la espera la crueldad de aquel gran furor. Enseguida son colgadas, no para pena, sino para gloria; y manda que las desgarren con uñas. Se humedecían sus entrañas con la sangre purpúrea, pero prometían el martirio. El interrogatorio del juez proclamaba el sacrilegio cometido, pero la confesión de las santas mártires no invocaba nada más que a Cristo, Señor de todas las cosas.
   Viéndolas Diogeniano con cara risueña y exultantes, llenas de alegría como si no sintiesen ningún dolor, dice: «Atormentadlas todavía con mayor oscuridad, encierro de cárcel y hambre».
   Después de algunos días, Diogeniano dispuso que se fuese a los montes Marianos y mandó que las santas mujeres les acompañasen a pie y descalzas por aquellos parajes ásperos y pedregosos.
   Se acercaba ya el tiempo de merecer la victoria. No podía demorarse la digna y debida corona de Dios a tantos padecimientos. La santísima Justa, encomendando a Dios su puro espíritu consagrado, entregó su alma en la cárcel. El guardián de la cárcel comunicó la noticia al presidente Diogeniano, y éste ordenó que arrojasen el cuerpo en un profundísimo pozo. Se enteró de esto el que era entonces religioso varón y obispo Sabino, y mandó que se sacase del pozo el cuerpo de santa Justa y se colocase honoríficamente en el cementerio hispalense.
   A la bienaventurada Rufina, que seguía en la cárcel, le cortaron la cabeza por orden del presidente Diogeniano y entregó a Dios su devoto espíritu. Mandó que llevasen el cuerpo al anfiteatro, donde fue entregado a atroces llamas. Pero el cuerpo, aunque quemado, como consagrado a Dios que estaba, fue sepultado con el mismo honor...»
   ¿Cuándo ocurrieron estos martirios? Un antiguo breviario hispalense señala el año 287, lo que supondría un hecho aislado en período de no persecución. Pero tal vez habría que situar estos martirios unos años después, a principios del siglo IV, durante la persecución general dictada por Diocleciano.
   Prudencia, que vivió cercano a estos sucesos, no refiere en su Peristéphanon a las santas Justa y Rufina. Tampoco hace referencias de otros mártires hispanos, comprobados históricamente. Ni Prudencia quiso agotar el tema ni se puede dudar de la existencia de estas santas, confirmadas por una tradición secular y unas actas que, aunque escritas hacia los siglos VI-VII, están inspiradas en documentos contemporáneos al martirio. Además, el obispo Sabino, que dio cristiana sepultura a sus cuerpos, está confirmado históricamente por su presencia en el concilio de Elvira. Sabino firmó segundo en las actas, lo que indica la antigüedad de su pontificado. «Del culto extraordinario a estas santas a partir del siglo VI dan fe las inscripciones con mención de sus reliquias, los numerosos exvotos en oro encontrados recientemente en Torredonjimeno, procedentes de un santuario, y los oficios de los libros litúrgicos y calendarios mozárabes. La Passio de las santas, de un gran valor histórico, se inspira en fuentes contemporáneas» (J. Vives).
   Tal vez su culto tardío puede justificar que no sean conocidas, ni nombradas, por Prudencio. ¿Y por qué su culto tardío? Discuten los autores si ello fue debido al canon 60 del concilio de Elvira: «Si alguno rompiere los ídolos de los gentiles y fuere allí muerto por eso, no sea recibido en el número de los mártires; porque ni hallamos aquello en el Evangelio ni en las Actas de los Apóstoles», en posible alusión a la actitud que tomaron las santas sevillanas. Los padres conciliares debían tener muy presente y vivo por lo reciente de las circunstancias en que murieron estas santas y debieron redactar este canon para moderar imprudencias que podrían provocar la ira de los paganos y la muerte consiguiente a manos de ellos.
   Es posible que esto fuera así y que el martirio de Justa y Rufina pasara durante unos años como en sordina. Tampoco son nombradas, ya pasado el tiempo, por san Isidoro, a quien se atribuye sin embargo el himno «Assunt punicca floscula virginum», a ellas dedicado.­ Pero una cosa es cierta y bien patente: en la época visigoda recibían culto, como se demuestra por las inscripciones y santuarios referidos a estas santas. Han aparecido inscripciones, con deposición de reliquias, en Salpensa (648), Alcalá de los Gazules (662), Vejer de la Miel (674?), y Guadix (652). En Torredonjimeno (antigua Ossaria, junto a Tucci, Martos) hubo en época visigoda un santuario dedicado a ellas. Y en época árabe, Toledo contaba con la iglesia mozárabe de Santas Justa y Rufina, que posiblemente exis­tiera ya en el período visigodo. Sevilla tenía una basílica o santuario a sus afueras, cuando fue invadida por los árabes. Hacia 720, en una mezquita construida junto a este santuario, fue asesinado Abd al-Aziz, según cuenta el historiador árabe Ibn al-Kuthiya.
   El Hieronimiano hace mención el 19 de julio de santa Justa: «In Spanis Iustae». Pero los calendarios hispanos colocan la fiesta de estas santas el 17 de julio, día en que las conmemora la Iglesia de Sevilla. Tampoco hay contradicción en ambas fechas, ya que las Adonías, como ha probado Cumont, se celebraban en Siria del 17 al 19 de julio.
    En el antiguo convento de trinitarios calzados de Sevilla, actual colegio de los salesianos de la Trinidad, se encuentra un calabozo subterráneo, que la piedad secular sevillana­ ha señalado como la cárcel en la que fueron encerradas las Santas Patronas de Sevilla, como así se las llama. Precisamente con este nombre tienen dedicada una calle en el antiguo barrio de la Cestería, junto a la Puerta de Triana, por creer que probablemente vivían en aquella zona. Extramuros de la ciudad, por la parte oriental, se halla el prado de Santa Justa, en el lugar llamado Campo de los Mártires, donde se cree que en la época romana se hallaba el cementerio (Carlos Ros, Sevilla Romana, Visigoda y Musulmana, en Historia de la Iglesia de Sevilla. Editorial Castillejo. Sevilla, 1992).
Conozcamos mejor la Biografía de las Santas Justa y Rufina, vírgenes y mártires
;
     Santas Justa y Rufina, (¿Sevilla?, s. III – Sevilla, 17 de julio principios del s. IV). Vírgenes, mártires y santas.
     Los datos sobre la vida de estas dos santas (Justa y Rufina) son antiguos, e inscripciones de los siglos vi y vii recuerdan sus reliquias; el Martyriologium Hieronymianum menciona sólo a santa Justa, pero el Acta Sanctorum recoge numerosos documentos relativos a las dos hermanas, tanto de martirologios antiguos cuanto de escritores más recientes, como Ambrosio de Morales, Francisco de Padilla y Antonio de Quintadueñas, entre otros.
     Justa y Rufina, según la tradición, eran hermanas y se ganaban la vida como alfareras en Híspalis (Sevilla).
     En cierta ocasión, en la fiesta pagana de las Adonías, una procesión de gentes que llevaban en andas el ídolo de la diosa de origen babilónico, Salambó, pasó ante su mercado y requirieron de las mujeres algunas vasijas como ofrenda a la diosa; la negativa de éstas condujo a la ruptura de varias piezas y a la destrucción del ídolo. Acusadas de sacrílegas ante el gobernador Diogeniano, fueron encarceladas y sometidas a torturas como la de ir caminando descalzas por Sierra Morena. Justa murió de hambre y tormento en la cárcel y su cuerpo fue arrojado a un pozo, y Rufina, tras amansar a un león que iba a devorarla en el anfiteatro, murió degollada allí y su cuerpo fue quemado. El obispo Sabino unió las reliquias de las dos hermanas y probablemente la hagiografía de las santas ya estaba compuesta en los siglos VI-VII. El culto fue acrecentándose, sobre todo por la Bética, como atestiguan las inscripciones, los oficios de los libros litúrgicos, los calendarios mozárabes; y la cantidad de templos y altares que se les fueron dedicando a lo largo de los tiempos, entre los que destacan el templo mozárabe de santa Justa en Toledo y la iglesia y monasterio levantados sobre las cárceles de su martirio por el rey Fernando III el Santo.
     Iconográficamente se las representa juntas, vistiendo, por lo general, túnica talar al modo de las mujeres romanas, aunque sus vestimentas se han adaptado a los tiempos, como es el caso del magnífico lienzo de Goya, encargado en 1817 por el Cabildo de la catedral de Sevilla, en el que las santas aparecen ataviadas al modo de las mujeres del pueblo de la época; Sus atributos personales son los cacharros de barro rotos, a veces también un ídolo pagano mutilado y, en menos ocasiones, los símbolos de su martirio, la espada y los rastrillos de púas y un león que les lame los pies. Muchas veces, en la representación, aparece la Giralda haciendo alusión a la leyenda según la cual las santas bajaron del cielo y, apoyándose en ella, la salvaron de un violento terremoto que azotó Sevilla en el siglo XVI.
     Las santas Justa y Rufina son patronas de los alfareros y también de Sevilla, Orihuela, Huete y otras muchas localidades, y a ellas están dedicados numerosos templos; su fiesta se celebra el 17 de julio (Elena Sainz Magaña, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Estación del Ferrocarril Santa Justa, de Cruz y Ortiz, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la avenida José Laguillo, en ExplicArte Sevilla.

La Estación del Ferrocarril Santa Justa, al detalle:

martes, 9 de abril de 2024

Un paseo por la calle Agustín Moreto

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Agustín Moreto, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 9 de abril, es el aniversario del bautismo (9 de abril de 1618) de Agustín Moreto, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Agustín Moreto, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Agustín Moreto es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Huerta de Santa Teresa, del Distrito San Pablo-Santa Justa; y va de la calle Baltasar Gracián, a la avenida de El Greco
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Rotulada en 1978, su nombre recuerda al célebre dramaturgo español nacido en Madrid en 1618. La cruza Tomás Murube. De calzada de asfalto y acerado de losetas de cemento alternando el gris y el rojo, presenta arbolado de acacias y naranjos en ambas aceras. El alumbrado lo constituyen farolas de jardín. Predomina el tipo de construcción de casas unifamiliares con pequeño jardín delantero, aunque también existen edificios de tres y cuatro plantas, siguiendo el esquema de pequeña zona verde que separa la vivienda de la vía pública. Cabe destacar en su acera par, la parroquia del Santísimo Cristo del Perdón, de construcción moderna. Se trata de una vía residencial, de aspecto tranquilo, alegre y cuidado, a lo que contribuye la abundancia de arbolado y las zonas verdes particulares [María del Carmen Medina, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Agustín Moreto y Cavana, personaje a quien está dedicada la vía
;
     Agustín Moreto y Cavana, (Madrid, 9 de abril 1618 bautismo – Toledo, 28 de octubre de 1669). Dramaturgo.
     Nació en Madrid de padres italianos dedicados al comercio y con una posición económica desahogada. Fue bautizado en la parroquia de San Ginés el 9 de abril de 1618. Cursó Artes en la Universidad de Alcalá, licenciándose en 1639, año de su primera publicación conocida: un soneto en Lágrimas panegíricas de homenaje a Pérez de Montalbán. Tres años después era clérigo de órdenes menores y como tal tomó posesión de un beneficio en la iglesia de Santa María Magdalena en Mondéjar (Toledo), del que, después de un largo pleito que llegó incluso al Tribunal de La Rota, tuvo que dar parte a Pedro Manjarrés de Heredia, que se lo disputó. A pesar del beneficio de Mondéjar, parece que residió de continuo en Madrid, con breves escapadas a Sevilla y Aragón. En Madrid concurría a las academias literarias y en 1649 pertenecía a la Academia Castellana. En 1656 se encontraba en Sevilla, donde escribió unas loas para el Corpus y donde, según una curiosa noticia de los Avisos de Barrionuevo (del 21 de febrero de 1657), tuvo lugar uno de los pocos lances que alteraron la sosegada vida de Moreto. Por motivos desconocidos, disputó con unos vizcaínos que le persiguieron para tomar venganza y se vio obligado a abandonar la ciudad. En 1657, el arzobispo de Toledo, Baltasar de Moscoso y Sandoval, le pidió su colaboración para reorganizar el Hospital de la Hermandad del Refugio: “Para cuidar de él nombró a don Agustín Moreto, capellán suyo, hombre bien conocido en el mundo por su festiva agudeza, que, renunciados los aplausos que le daban merecidamente los teatros, consagró su pluma a las alabanzas divinas, convertido el entusiasmo o furor poético en espíritu de devoción. Y para que su asistencia fuese continua, le dispuso posada en el mismo Hospital [...]”. Los últimos años de la vida de Moreto transcurrieron en Toledo. A pesar de la afirmación de que abandonó el teatro, se cree que Moreto siguió escribiendo obras seculares hasta 1664, aproximadamente.
     Cuando murió, el 28 de octubre de 1669, se encontraba escribiendo la comedia sacra Santa Rosa del Perú, que, posteriormente, fue acabada por Lanini.
     Es habitual destacar en la biografía de Moreto su carácter apacible y modesto, sin grandes ambiciones.
     Con frecuencia se alude a su testamento para demostrar su humildad y buenos sentimientos. En él pide que sus escasos bienes se den a los necesitados y que le entierren en el Pradillo del Carmen, el cementerio de los pobres, petición que no fue satisfecha, ya que sus restos mortales descansan en la capilla de la Escuela de Cristo, en la parroquia de San Juan de Toledo.
     A pesar de llevar la vida propia de un hombre mesurado y prudente, se han atribuido a Moreto ciertas aventuras de capa y espada que hoy han caído en el más absoluto desprestigio. Se llegó a decir que había dado muerte a Baltasar Elisio de Medinilla, cosa imposible, ya que cuando murió el poeta, Moreto tenía dos años.
     Moreto, en su época, con una producción dramática de unas setenta comedias, compitió a menudo con Calderón por el aplauso del público, y puede ser considerado, junto con Lope, Alarcón, Tirso, Calderón y Rojas Zorrilla, uno de los seis dramaturgos más importantes del Siglo de Oro. Sin embargo, la crítica posterior, especialmente la del siglo xix, ha exagerado la falta de originalidad de los temas de sus obras dramáticas, basándose en el conocido y repetido Vejamen de la Academia Castellana de Jerónimo de Cáncer, publicado en 1651, en el que, entre bromas y veras, se acusa a Moreto de entrar a saco en las comedias de otros autores. Y aunque no hay más remedio que estar de acuerdo con que en la obra dramática de Moreto hay una gran deuda para con sus fuentes literarias en cuanto a la temática, no debe de ser exagerado este aspecto hasta el punto de que oscurezca el verdadero valor de su teatro. Afortunadamente, en los estudios posteriores a la mitad del siglo pasado se subraya la clara evolución que en el Siglo de Oro hubo en la actitud hacia la comedia: de hacer hincapié en la novedad y en la invención aconsejadas por Rueda o Lope de Vega, se tendió hacia un mayor interés en la perfección que se manifiesta en los autores del ciclo de Calderón.
     Lo que tiene interés para el crítico actual es la técnica dramática. Se juzga la obra como un producto final, y se condena un sistema crítico que sólo enfocaba las semejanzas temáticas. Por ello, se está volviendo a valorar la producción dramática de Moreto.
     Agustín Moreto escribió la mayoría de sus obras dramáticas en colaboración con otro u otros escritores y, como la mayoría de ellos, descuidó la publicación de su teatro. En vida solamente publicó doce comedias en la Primera parte de comedias (1654), que son las que hoy ofrecen garantías de autenticidad. Otras fueron publicadas sueltas o formando parte de distintos volúmenes, pero, como era usual en la época, con todo tipo de alteraciones y falsas atribuciones. El estudio de R. L. Kennedy clarifica un poco la enmarañada bibliografía sobre el teatro de Moreto y propone una clasificación del mismo, dividiéndolo en teatro religioso (San Franco de Sena o el lego del Carmen, Antes morir que pecar) y teatro profano y subdividiendo este último en comedias de argumento (Amor y obligación, El parecido en la corte) y comedias de carácter (El desdén con el desdén, El lindo don Diego).
     La obra dramática de Moreto se caracteriza por dos rasgos fundamentales que coinciden con los de la personalidad del dramaturgo: la discreción y la reflexión.
     Si se compara a Moreto con los tres grandes dramaturgos del Siglo de Oro (Lope de Vega, Tirso y Calderón), hay que admitir su menor brillantez, pero, como afirma Fernández Guerra, si bien no tiene la fuerza creadora de ellos “llegó a superarlos en el conocimiento de la escena, en el mecanismo de desenvolver y regularizar la acción, de venir pronto al asunto, de disponer y justificar los acontecimientos, dando sumo atractivo a la exposición, gran novedad a los incidentes, interés y efecto a la obra”. Ruiz Ramón ha señalado la cualidad esencial sobre la que reposa el humor de Moreto en sus obras de más éxito: la “abstracción cómica de la realidad individualizada genéricamente en una figura o tipo teatral, protagonista y motor de la acción”, de suerte que la vis cómica no parte de la intriga, sino del “tipo” en torno al cual se teje la intriga.
     Pero este juicio no puede aplicarse a la obra dramática de Moreto en general; sólo atañe a un tipo de obras en las que Moreto fue especialista: la llamada comedia de figurón que se centra en un personaje protagonista grotesco y caricatural, como es El lindo don Diego.
     Para Alonso Cortés el mayor defecto del teatro de Moreto “estriba en ser demasiado reflexivo”, ya que tiende con frecuencia a la expresión de pensamientos sentenciosos y morales.
     Pedraza y Rodríguez clasifican las comedias de Moreto en tres grupos: de carácter o sicológicas (El desdén con el desdén, No puede ser..., De fuera vendrá quien de casa nos echará, El poder de la amistad, El licenciado Vidriera); de enredo (El parecido en la corte, El valiente justiciero, Yo por vos, vos por otro, La confusión de un jardín), y de santos (San Franco de Sena, La adúltera penitente, Vida de San Alejo, El Cristo de los milagros). Las comedias más acertadas son las de carácter y algunos títulos de enredo, y lo más flojo de la obra dramática de Moreto, el teatro religioso. Mackenzie apunta que “la fama de que Moreto gozaba en su propia época tenía mucho que ver con su éxito y producción en el género cómico”, afirmación que corrobora con el testimonio de contemporáneos del dramaturgo, como Cubillo de Aragón o Gracián, para quien Moreto era “el Terencio de España”. Las obras más famosas de Moreto, El desdén con el desdén y El lindo don Diego, se sitúan precisamente en el territorio de la llamada comedia cómica: El desdén con el desdén como prototipo de comedia palatina en la que la simplicidad y el esquematismo constructivo producen una arquitectura de gran eficacia cómica; en El lindo don Diego la fuente principal de la comicidad mana del personaje del figurón, un lindo vanidoso y narcisista cuyo aspecto moral y físico componen un conjunto ridículo, y a cuya necedad se oponen el ingenio y el desparpajo de la pareja de criados formada por el gracioso Mosquito y Beatriz.
     Mención aparte merece el dramaturgo Agustín Moreto como excelente entremesista. Según Cotarelo, que no incluye entremeses de Moreto en su Colección, es el entremesista de mayor gracia del siglo xvii, después de Cervantes y Quiñones de Benavente. De la importancia que tiene el gracioso en sus comedias y del agudo sentido de la comicidad que en ellas demuestra, se desprende la facilidad que tiene para el cultivo del entremés.
     Entre la treintena de piezas menores que se le atribuyen en diversas colecciones y manuscritos, se encuentran algunas de las más graciosas y mejor logradas del teatro barroco.
     En general, Moreto urde sus piezas sobre la gracia y resortes cómicos de los caracteres escénicos y hace poco uso de elementos cómicos verbales. Recurre frecuentemente al canto y a la música, lo que da a su obra gran movilidad y alegría. A pesar de estos méritos, son muy pocas las ediciones modernas de sus entremeses, bailes y loas (no escribió, que se sepa, jácaras y mojigangas). En el entremés de Doña Esquina, el carácter de la protagonista está trazado con verdadera riqueza de matices psicológicos; en El aguador, el tipo de mujer que pretende encumbrarse socialmente queda magistralmente retratado: Doña Estafa, pretenciosa de títulos y riquezas, es burlada por el aguador que se hace pasar por un mariscal francés. Francisco Rico, en el afán de “sugerir la necesidad de estudiar las comedias del Siglo de Oro a la luz del más amplio contexto espectacular de que solían formar parte”, edita la comedia de Moreto El desdén, con el desdén, acompañada de dos obras cortas de este mismo autor: el entremés de Las galeras de la honra y el baile entremesado de Los oficios. Las galeras de la honra es un entremés de tendencia más satirizante que la mayoría de los de Moreto: se trata de un desfile satírico de diversos personajes que, después de exponer su problema, “forzados de la honra”, son obligados a remar en galeras.
     En el entremés de Los gatillos se suceden una serie de escenas llenas de colorido que reflejan el despertar bullicioso de figones y tenderetes en los aledaños de la Plaza Mayor madrileña; la pieza incide en una vena característica del teatro menor en la que Moreto fue maestro: el costumbrismo (Celsa Carmen García Valdés, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Agustín Moreto, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Agustín Moreto, al detalle:
Iglesia del Santísimo Cristo del Perdón

miércoles, 14 de febrero de 2024

El Vía Crucis, de la Casa de Pilatos al Templete de la Cruz del Campo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Vía Crucis, de la Casa de Pilatos al Templete de la Cruz del Campo, de Sevilla
     Hoy, 14 de febrero es Miércoles de Ceniza, día de ceniza e inicio de la muy sagrada Cuaresma: he aquí que vienen días de penitencia para la remisión de los pecados, para la salvación de las almas; he aquí el tiempo favorable, en el se asciende a la montaña santa de la Pascua [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     El Vía Crucis, de la Casa de Pilatos al Templete de la Cruz del Campo, se encuentra en las siguientes vías: plaza de Pilatos, en el Barrio de San Bartolomé del Distrito Casco Antiguo; calle San Esteban, en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo; calle Puerta Carmona, en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo; y calle Luis Montoto, en los Barrio de San Roque, La Calzada, y Huerta de Santa Teresa, del Distrito Nervión
   El origen de este Vía Crucis se remonta al año 1521, gracias a Don Fadrique Enríquez de Ribera (Marqués de Tarifa y Cuarto Adelantado Mayor de Andalucía). Todo ello como consecuencia de un viaje a Tierra Santa, del que vino gratamente sorprendido.
   El comienzo tiene lugar en la capilla de las Flagelaciones, que se encuentra en el interior de la Casa de Pilatos (Plaza de Pilatos), siendo la residencia del Marqués de Tarifa. En la actualidad, pertenece a la Casa Ducal de Medinaceli. El final lo encontramos en el Templete o Humilladero de la Cruz del Campo, situado en la calle Luis Montoto (antigua calle Oriente). El hecho de que el Vía Crucis tuviera lugar entre estos dos puntos, era la creencia de que había la misma distancia que entre el Palacio de Pilatos en Jerusalén, y el Monte Calvario. El paso del tiempo ha demostrado que este hecho es incierto, siendo la distancia en Sevilla superior a la de Jerusalén.
   A lo largo de los años, el número de estaciones ha ido aumentando. Pasando de las siete iniciales, variando a doce, y llegando a las catorce actuales, que son las siguientes:
        - Juicio a Jesús: Cruz de mármol en la fachada de la Casa de Pilatos (plaza de Pilatos), complementada por Nuestro Padre Jesús de la Sentencia de la Hermandad de la Macarena (fachada lateral de la Casa de Pilatos - plaza de Pilatos).
            - Jesús es cargado con la Cruz: Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Hermandad del Silencio (plaza de Pilatos, 2).
            - Jesús cae por primera vez: Nuestro Padre Jesús de las Penas de la Hermandad de las Penas de San Vicente.
            - Jesús se encuentra con María: Nuestro Padre Jesús del Gran Poder.
            - Jesús es ayudado por el Cirineo: Nuestro Padre Jesús de las Penas de la Hermandad de San Roque.
            - Jesús se encuentra con la Verónica: Nuestro Padre Jesús con la Cruz al hombro de la Hermandad del Valle.
            - Jesús cae por segunda vez: Nuestro Padre Jesús de la Salud de la Hermandad de la Candelaria.
            - Jesús se encuentra con las santas mujeres: Nuestro Padre Jesús de la Salud de la Hermandad de los Gitanos.
            - Jesús cae por tercera vez: Santísimo Cristo de las Tres Caídas de la Hermandad de la Esperanza de Triana.
            - Jesús es despojado de sus vestiduras: Nuestro Padre Jesús de las Penas de la Hermandad de la Estrella.
            - Jesús es clavado en la Cruz: Santísimo Cristo de la Exaltación.
            - Jesús muere en la Cruz. Santísimo Cristo de la Expiración de la Hermandad del Cachorro.
            - Jesús en el regazo de María: Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de la Piedad, de la Hermandad del Baratillo.
            - Jesús es trasladado al sepulcro: Santísimo Cristo de la Caridad de la Hermandad de Santa Marta.
     El Vía Crucis de la Cruz del Campo se celebró hasta 1873 (estando considerado por los historiadores como el origen de la Semana Santa), para restablecerse posteriormente en 1957 por descendientes del Marqués de Tarifa. Este último año participó el Cardenal Bueno Monreal.
     Desde 1986 se desarrolla íntegramente en el interior de la Casa de Pilatos el primer viernes de marzo. Pasando a denominarse como Vía Crucis de la Pía Unión, que está integrada por los hermanos mayores de las hermandades de penitencia (patrimoniodesevilla).
     En la propia plaza de Pilatos, junto a los azulejos de las dos primeras estaciones, encontramos estos dos azulejos conmemorativos:

"FVE ERIGIDO CANONICAMENTE ESTE SANTO VÍA CRVCIS
A LA CRVZ DEL CAMPO EN LA CVARESMA DE MDXXI A INS-
TANCIAS DEL I MARQVÉS DE TARIFA, PRACTICADO POR ALGV-
NAS HERMANDADES DE PENITENCIA HASTA MDCCCLXXIII Y
RESTABLECIDO POR LOS DESCENDIENTES DE ESTA CASA, EL VIII DE MARZO
DE MCMLVII. CATORCE COFRADÍAS DE PENITENCIA  DE SEVILLA COSTEARON
ESTOS RETABLOS CON SVS IMÁGENES TITVLARES, QUE FUERON BENDECI-
DOS POR EL EMMO. Y RVDMO. CARDENAL BVENO MONREAL, ARZOBISPO HIS-
PALENSE, HERMANO MAYOR HONORARIO DE LA PÍA VNIÓN, QVE VELARÁ POR
LA CONSERVACIÓN DE ESTA PRÁCTICA DEVOTA."

"POR ACVERDO PLENARIO D LA PÍA VNIÓN
DL VÍA CRVCIS A LA CRVZ DEL CAMPO LOS
AZVLEJOS D SUS ESTACIONES FVERON
COMPLETADOS Y RESTAVRADOS EN EL AÑO
DL SEÑOR D MIL NOVECIENTOS NOVENTA Y
CINCO SIENDO HERMANA MAYOR LA DVQUESA D
MEDINACELI - MARQVESA DE TARIFA Y SOLEMNE-
MENTE BENDECIDOS EL VEINTE D MAYO D
ESE MISMO AÑO POR EL EXCMO. Y RVDMO.
SEÑOR FRAY CARLOS AMGO VALLEJO
ARZOBISPO D SEVILLA"

Conozcamos mejor la Historia y Significado del Vía Crucis
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     La expresión latina "Vía Crucis" significa "camino de la Cruz", es decir, el que recorrió Cristo durante su Pasión, desde el Pretorio de Pilatos hasta el Calvario. Dicha expresión se utiliza también de modo habitual para designar una forma de oración acompañada de meditación sobre los acontecimientos ocurridos en ese camino de Cristo, al que se añaden el hecho de su muerte en la cruz, el descendimiento de la misma y su sepultura. Junto a diversas oraciones, en general de penitencia y arrepentimiento, se van intercalando catorce meditaciones, que se llaman «estaciones», porque los que hacen este ejercicio de piedad se «estacionan» o detienen unos momentos para meditar en cada uno de los siguientes acontecimientos o escenas:
     Los precedentes del Vía Crucis datan de los primeros siglos del cristianismo, de la piadosa compasión con que los cristianos primitivos veneraban los pasos de la Vía Dolorosa. La española Silvia Eteria, peregrinó a Tierra Santa en el siglo IV. Y en su Peregrinatio describe el ejercicio piadoso de los cristianos de Jerusalén, recorriendo durante la Semana Santa el camino del Calvario.
     La mayoría de estas «estaciones» han sido tomadas del Evangelio, otras las ha deducido o añadido la tradición piadosa del pueblo cristiano con una sana lógica.
     Las escenas o «estaciones» directamente descritas en los Evangelios son las siguientes:
· Primera: en Mt 27,1-31; Mc 15,120; Lc 23,1-25; Jn 18,28-40 y 19,1-16.
· Segunda: en Jn 19,17.
· Quinta: en Mt 27,32; Mc 15,21 y Lc 23,26.
· Octava: en Lc 23,27-32.
· Décima: en Mt 27,35; Mc 15,24; Lc 23,34 y Jn 19,23-24.
· Undécima: en Mt 27-25 s.; Mc 15,24 s.; Lc 23,33 s. y Jn 19,18.
· Duodécima: en Mt 27,50-51; Mc 15,37; Lc 23,46 y Jn 19,30-33.
· Décimo tercera: en Mt 27,57-59; Mc 15,42-45 y Lc 23,50-53.
· Décimo cuarta: en Mt 27,55-61; Mc 15, 42-47; Lc 23,50-55 y Jn 19,38-42.
     Las otras estaciones –tercera, cuarta, sexta, séptima, novena– que ha añadido la tradición piadosa de los cristianos están relacionadas o deducidas de la descripción que los evangelistas hacen del camino que recorrió Jesús hacia el Calvario. Son posibles las caídas –estaciones 3ª, 7ª y 9ª, debido al agotamiento del Huerto, de los interrogatorios y sobre todo de las vejaciones –azotes, espinas– y episodios que acompañaron al arresto. Se deduce al menos una del hecho de haber pedido a Simón de Cirene que llevase la cruz, y se suponen lógicamente otras caídas, aunque no podamos saber el número exacto. Fue casi seguro el encuentro de Cristo con su Madre antes de la cruz (4ª estación), según Jn 19,25-27 y otros pasajes. Es muy probable el episodio de la Verónica según Lc 23,27 ss. y relatos escritos que se remontan a los siglos III y IV que pueden depender de relatos y tradiciones orales anteriores.
     En cuanto a los orígenes de este ejercicio piadoso, es cierto que los cristianos de las primeras centurias veneraron los lugares relacionados con la vida y muerte de Cristo. Esto se facilitó a partir de la paz otorgada a la Iglesia por Constantino, con lo que se multiplicaron las peregrinaciones a los Santos Lugares, y de las que se conservan descripciones desde el s. IV. La célebre peregrina Eteria, por ejemplo, da una relación de los actos que se celebraban en Jerusalén en la Semana Santa en los distintos lugares relacionados con la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
     Con motivo de las Cruzadas se manifestó aún más la devoción hacia los lugares en que se había realizado algún episodio de la Pasión de Cristo. No se contentaron los cruzados con haber venerado esos mismos lugares, sino que trajeron a sus respectivos países la idea de realizar algo parecido a lo que habían visto y obrado en Jerusalén. De ahí que se erigiesen en muchas partes «Calvarios», luego «Vía Crucis», con los que los fieles manifestaban su fervor, agradecimiento y amor a la Pasión de Cristo, oraban y meditaban en ella, etc.
     Los franciscanos contribuyeron mucho a extender y propagar esta devoción, aún no muy bien definida, sobre todo cuando en el s. XIV se les concedió la custodia de los Santos Lugares. También la difundió mucho el beato Álvaro de Córdoba, dominico, a su regreso de Tierra Santa (1420). Después, el principal apóstol de esta devoción fue San Leonardo de Puerto Mauricio, que, en el curso de unas misiones por Italia (1731-51), erigió más de 572 Vía Crucis.
     Había cierta diversidad con respecto al número de «estaciones».
     Fueron los franciscanos los que establecieron en sus iglesias el número de catorce, para que los fieles las recorriesen a imitación de los devotos peregrinos que iban personalmente a venerar los Santos Lugares de Jerusalén. Parece que la forma definitiva, según se suele practicar hoy, surgió en España. De aquí pasó a Cerdeña y a otros lugares. En el s. XX diversos autores han pretendido que se añadiese otras estaciones, como la Resurrección, con la que culmina la Pasión y Muerte histórica de Cristo, y su Vía Crucis continuado a lo largo de la historia humana.
     La práctica del Vía Crucis, pues, viene a arrancar de los primeros siglos y se halla muy extendida entre los cristianos. Es necesario meditar y conocer bien la vida y persona de Cristo, también su Pasión y Muerte, para facilitar la identificación con El a que está llamado todo hombre. Esta devoción es de gran importancia para la vida cristiana. Nos da la oportunidad de contemplar la pasión y muerte de Jesús, nuestro Salvador. Contemplación de los dolores en el cuerpo y en el alma del Señor. Recorrer la Vía dolorosa actualizando sus sufrimientos. La pasión de Jesús es real y actual. El motivo de sus dolores es el de siempre: el pecado. Cada vez que un cristiano peca, de algún modo crucifica de nuevo a Cristo. En cambio, cuando llevamos por amor a Jesús la cruz de cada día podemos decir, como San Pablo: "Completo en mi carne lo que falta a la Pasión de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia" (Co 1,24).
¿Cómo se reza?
     El Vía Crucis o Camino a la Cruz es una de las más antiguas devociones practicadas por los Católicos en todo el mundo.  Consiste en acompañar a Jesús en su Pasión y Muerte, en sus horas finales, repasando 14 momentos (las 14 Estaciones del Vía Crucis) desde que fue condenado a muerte hasta su sepultura.
     Más recientemente a veces se suele agregar una nueva 15ª Estación:  la Resurrección del Señor, en consideración a que si Cristo no resucitó, vana sería nuestra Fe (1 Cor 15, 14).
     El Vía Crucis se reza de pie, y en algunos momentos de rodillas.  Debe hacerse caminando, deteniéndose en cada estación, para recordar el camino de Jesús al Calvario. Es por eso que las imágenes de la representación del Vía Crucis están en la pared, alrededor del templo.  Si se reza en casa, ayuda tener en la mano imágenes de la Pasión y Muerte del Señor, para que puedas recordar e imaginar su dolor.
.         + En el nombre del Padre + del Hijo + y del Espíritu Santo.
Amén
.        Señor, que la meditación de tu Pasión y Muerte nos anime y ayude a tomar la cruz de cada día y seguirte, para un día resucitar contigo en la gloria.
Amén.
     Rezo de las catorce estaciones.
     Oración final:
     Señor mío Jesucristo, que con tu Pasión y Muerte diste vida al mundo, líbranos de todas nuestras culpas y de toda inclinación al mal, concédenos vivir apegados a tus Mandamientos y jamás permitas que nos separemos de Ti.  Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
.           Amén (Catholic.net)
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El Vía Crucis, de la Casa de Pilatos al Templete de la Cruz del Campo, al detalle:
- II Estación, Cristo carga con la Cruz 
- III Estación, Cristo cae por primera vez
- calle Puerta de Carmona
- IV Estación, Cristo se encuentra con su Madre
- V Estación, Cristo es ayudado por Simón de Cirene
- VI Estación, Cristo se encuentra con la Verónica
-VII Estación, Cristo cae por segunda vez
- VIII Estación, Cristo se encuentra con las Mujeres
- IX Estación, Cristo cae por tercera vez
- X Estación, Cristo despojado de sus vestiduras
- XI Estación, Cristo clavado en la Cruz
- XII Estación, Cristo muere en la Cruz
- XIII Estación, Cristo es descendido de la Cruz
- XIV Estación, Cristo es llevado al Sepulcro

miércoles, 18 de enero de 2023

Un paseo por la calle Luis Montoto

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Luis Montoto, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 18 de enero, es el aniversario del nacimiento (18 de enero de  1851) de Luis Montoto, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Luis Montoto, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Luis Montoto es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de La Florida, San Roque, La Buhaira, Nervión, Huerta del Pilar, y La Calzada, del Distrito Nervión; y en el Barrio Huerta de Santa Teresa, del Distrito San Pablo-Santa Justa; y va de la confluencia de las calles Menéndez Pelayo, San Esteban, y plaza de San Agustín, a la confluencia de las avenidas de la Cruz del Campo, Andalucía, y El Greco
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
    Calzada de origen romano, a partir del s. XIII pasó a llamarse calzada de los Caños de Carmona, por el acueducto que discurría paralelo a ella, hasta que, construido el tem­plete de la Cruz del Campo a fines del s. XV, comienza a ser conocida como calzada de la Cruz del Campo. En el s. XVII el primer tramo se denominará Alameda de San Beni­to, por la iglesia allí existente, y el resto siguió como calzada de la Cruz del Campo, fusionándose ambos topónimos en el de Oriente en 1869, por su condición de eje rectilíneo de levante de entrada a la ciudad, con el que se le conoció hasta que en 1920 es rotulada en memoria de Luis Montoto y Rautenstrauch, polígrafo y literato sevillano (l851-1929). Denominada de nuevo Oriente en 1931, toma definitivamente el nombre actual a partir de 1941; pero continuó siendo conocida y nombrada como calle Oriente.
     Vía radial que partiendo de las antiguas murallas enlaza con la carretera que condu­ce a Málaga y Granada, el estado de su infraestructura ha sido, desde siempre, preocupación constante del cabildo municipal, como lo atestiguan las reiteradas referencias que aparecen en los libros de las actas del cabildo. En la década de los años treinta de este siglo comienza a urbanizarse, ensanchándose considerablemente, pavimentándose con adoquines sobre el firme de hormigón y estableciéndose una alameda en ambas aceras, proceso éste paralelo a la construcción de los primero chalets. En 1929, Félix Ramírez Doreste levanta el puente sobre el ferrocarril recientemente demolido. Este se erige sobre la antigua Alcantarilla de las Madejas, puente adosados al acueducto que salvaba el arroyo Tagarete, llamado así por las madejas pintadas en las uniones de sus arcos. Hoy es una avenida de amplia calzada, provista de tres carriles en cada dirección separados por espina de hormigón, acerado de losetas, farolas de báculo y arbolado en ambas márgenes, en la que confluyen por la izquierda San Benito, Vía Crucis, San Florencio, Pilar, Céfiro, avenida de Kansas City, y Tomás Murube, y por la derecha, Jiménez Aranda, Eduardo Rivas, Maese Ferrán, Santo Domingo de la Calzada, Luis de Morales, Benito Más y Prats, José Luis de Casso, y Marqués de Nervión.
     En su primer tramo existió desde el s. XVII un arrabal conocido por la Calzada. A principios del s. XX al histórico arrabal se le va sumando una serie de construcciones que, comenzando por la Puerta de Carmona, ocuparán toda la avenida; así, en los años veinte aparece edificado el tramo comprendido entre la Puerta de Carmona y el arroyo Tagarete, coexistiendo las humildes viviendas del arrabal de la Calzada con los chalets construidos en estos año y con algunas barriadas como la de España. Ya en los años setenta edifican modernos bloques, de diferentes escalas, llegándose a una absoluta colmatación del espacio.
     Coetánea a la ocupación residencial, en los primeros años del s. XX se construyeron una serie de almacenes y fábricas, que hasta los años sesenta marcaron la función dominante de esta vía. Cabe destacar el Progreso Industrial, obra de Antonio Arévalo Martínez, en la confluencia con Santo Domingo de la Calzada, actual sucursal de la Caja de Ahorros [actualmente es un restaurante], destinada a la elaboración de hielo (1927-l929); los almacenes y fábrica de García de Longoria (1916-1928), obra de Vicente Traver y, finalmente, los almacenes construidos por José Espiau Muñoz, en 1924, para Domingo de Caso. En la actualidad la función económica sigue siendo de especial trascendencia, con innumerables locales comerciales y bares situados en los bajos de las viviendas, junto a edificios dedicados, en toda su superficie, a almacenes, garajes u hoteles, entre los que merece destacarse el Hotel Los Lebreros y El Corte Inglés, generador de un intenso movimiento.
     Otra de las funciones destacadas de esta avenida ha sido, y aún es, la de tránsito, al ser una de las salidas naturales de la población. Desde los siglos medievales era recorrida por los carruajes, recuas y caballerías que, una vez superado el portazgo situado junto al templete de la Cruz del Campo, entraban en la ciudad a través de la Puerta de Carmona. Este carácter de vía de acceso ha convertido a este espacio en un lugar de encuentro entre visitantes ilustres y anfitriones. Aunque podríamos multiplicar las citas, dos históricos acontecimientos podrán ilustrar este extremo: la llegada a Sevilla del duque de Angulema, en 1823, al que reciben gran número de personalidades precedidas por dieciséis alguaciles y seis músicos; o la de la infanta doña Luisa Fernanda y el duque de Montpensier el 7 de mayo de 1848. La función de tránsito explica, en la actualidad, la presencia a todas horas de gran número de vehículos y los continuos atascos de las horas puntas, pues al tráfico que se dirige hacia Córdoba y Madrid, Málaga o Granada, hay que unir el que se desplaza al Corte Inglés, a las oficinas situadas en San Francisco Javier y el que pretende alcanzar la ronda para penetrar en el casco. Finalmente, otra de las funciones a resaltar es la asistencial y sanitaria, con la presencia de algunas clínicas privadas, oficinas de la Consejería de Salud y Servicio Sociales de la Junta ele Andalucía, un asilo de ancianos, etc.
     En la acera derecha de la antigua calzada se levantaban los Caños de Carmona, acueducto reconstruido por los almohades en 1172, que principiaba en la Cruz del Campo y terminaba en la Puerta de Carmona, en la que existía un gran depósito desde el cual se distribuían las aguas a una parte considerable de la ciudad. Demolidos en 1912, todavía quedan dos tramos, uno junto a Jiménez Aranda. Hacia el final, en su acera izquierda, aún existe el templete de la Cruz del Campo, en lamentable estado de conservación, cuyo origen se remonta a 1482, año en que se decide construir una cruz sobre un templete, de estilo mudéjar, uno de los humilladeros existentes en varias entradas de la ciudad. Junto a él se erige la ermita de Nuestra Señora de la Soledad, a cuyos ermitaños estaba encomendado el mantenimiento de la cruz. Otro edificio histórico es el monasterio de San Benito, levantado por los benedictinos que acompañaron a Fernando III en 1249, que posteriormente pasó a ser ayuda de parroquia de la de San Roque, cuya iglesia es obra de Juan de Oviedo. Des­tacan asimismo una serie de edificaciones de noble factura que, construidas en el primer tercio del presente siglo, aún pueden verse a lo largo de la avenida, combinando los estilos modernista y, sobre todo, regionalista. Por último, hay que mencionar el vía crucis que la recorría desde el s. XVI, cuya primera y última estación se hallaban en la plaza de Pilato y en el humilladero de la Cruz del Campo respectivamente. Este vía crucis era objeto de gran veneración y participación. En 1956 las antiguas cruces de madera que indicaban la secuencia de las estaciones fueron sustituidas por los azulejos que aún hoy pueden verse. Otra fiesta religiosa en honor de la Virgen de Valvanera que se venera en San Benito, comenzó a celebrarse en Luis Montoto y calles adyacentes a partir de 1927 [Eduardo Camacho Rueda, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Luis Montoto, 45
. Casa de dos plantas, con patio de pilastras que sostienen arcos semicirculares en la planta baja y galería adintelada en la superior.
Luis Montoto, s/n. TEMPLETE DE LA CRUZ DEL CAMPO. Construcción de estilo mudéjar, formada por un templete abierto por sus cuatro frentes sostenidos por pilares de ladrillo con contrafuertes radiales y arcos apuntados, que sostienen una bóveda octogonal de casquete sobre trompas, sobre las cuales corre una inscripción conmemorativa de la obra, debida al asistente Diego de Merlo en 1482. Cobija un crucero que en 1571 labró el escultor Bautista Vázquez [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Luis Montoto, a quien está dedicada esta vía del callejero;
     Luis Montoto y Rautenstrauch, (Sevilla, 18 de enero de 1851 – 30 de septiembre de 1929). Poeta y cronista de Sevilla.
     Nació en Sevilla en una familia de origen gallego por parte de padre y de origen bohemio e italiano, por parte de madre. A los quince años se convirtió en bachiller en Artes y, poco después se trasladó a Madrid para estudiar Ingeniería, estudios que abandonó por los de Derecho. Pronto dejó Madrid para continuar estudiando en Sevilla, ciudad en la que vivió los aires de la Revolución de 1868, aunque intervino poco en política a lo largo de su vida.
     Aún sin terminar los estudios, le ofrecieron colaborar en el periódico La Revolución Española (más tarde El Español) que dirigía Antonio Otal, su tío. También repartía su tiempo con la creación literaria y participaba en tertulias. Aparte de la literatura, los toros y el teatro fueron sus otras aficiones.
     Su primera obra se publicó en 1872 y se titula Melancolía.
     En 1873 escribió una obra de teatro para inaugurar el Teatro Cervantes (23 de abril), El último día.
     Se casó en Utrera (Sevilla) con Asunción de Sedas y Viguera (25 de agosto de 1878) y tuvo ocho hijos: José Luis, Diego, Luis, María de los Ángeles, María Josefa (María), Santiago (abogado y escritor), Cástor y Alejandro.
     Desde el primer momento fue un hombre hogareño, amante de su mujer y de sus hijos y gran defensor de la familia. No en balde los Quintero lo llamaron “el poeta del hogar” al dedicarle su comedia El nido.
     Compaginó su trabajo como notario en el arzobispado de Sevilla con su producción literaria. Fue miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y secretario de esta corporación desde 1884.
     También compartió amistad con Antonio Machado y Álvarez, con quien trabajó en sus estudios sobre el folclore. Fruto de esta colaboración con Demófilo son los tomos I y IV de la Biblioteca de las tradiciones populares, en donde insertó, bajo el título de Costumbres populares andaluzas, catorce artículos sobre la vida en un corral de vecinos. En 1981 el Ayuntamiento de Sevilla publicó estos artículos con el título de Los corrales de vecinos, obra integrada en la colección Biblioteca de Temas Sevillanos.
     En 1890 publicó Tiquis Miquis que, junto con Personajes, personas y personillas que corren por las tierras de ambas Castillas, su hijo Cástor considera como las más importantes de la extensa producción de Montoto.
      En 1891 ocurrieron dos hechos importantes en su biografía: la publicación de Historia de muchos Juanes (su obra más querida) y la elección, nuevamente, como concejal del Ayuntamiento de Sevilla.
     En 1902, la convalecencia de una enfermedad lo llevó a la novela y empezó a escribir, como distracción, Los cuatro ochavos. Al año siguiente apareció la segunda parte titulada El duro del vecino.
     La relación con el escritor sevillano Muñoz y Pabón dio como resultado la obra Trébol (1907): sátira poética del Modernismo.
     A partir de 1909 empezó a editar sus Obras Completas, para atender al deseo de muchos de sus lectores, que no conocían la mayoría de sus libros, de tirada poco numerosa. Se publicaron ocho volúmenes: tomo I: De re literaria (anécdotas, críticas, artículos, etc.); tomo II: Noches de luna (poesías); tomo III: Estafeta Literaria; tomo IV: Algo que se va (cuentos y artículos); tomo V: La Sevillana-Sevilla (poesías y cantares); tomo VI: Poemas y Cantares; tomo VII: Historia de muchos Juanes. Desde el cortijo. Poesías varias; tomo VIII: Versos de antaño. La musa popular. Trébol.
     Fue nombrado cronista oficial de la ciudad en 1914, a la muerte de Manuel Chaves y Rey. Poseía la Cruz de Oro Pro Ecclesia et Pontifice otorgada por Benedicto XV y la Gran Placa de Honor y Mérito de la Cruz Roja Española. Era miembro, entre otras, de las siguientes instituciones: Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Sevilla; Real Academia de la Historia (correspondiente por Sevilla) y Academia de San Luis de Zaragoza.
     En febrero de 1929 con el agravamiento de su enfermedad cesó toda actividad literaria. Murió en Sevilla el 30 de septiembre de 1929. Descansa en el panteón familiar de la capilla de San José de la Iglesia de San Bartolomé (María Isabel Gallardo Fernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Luis Montoto, al detalle:
Edificio Luis Montoto, 3-5
Edificio Luis Montoto, 9
    Retablo cerámico de la Virgen de las Madejas
Vía Crucis - Quinta Estación (Hdad. de Pasión)
    Vía Crucis - Sexta Estación (Hdad. del Valle)
    Retablo cerámico de la Virgen de Valvanera
Asilo de las Hermanitas de los Pobres
Vía Crucis - Séptima Estación (Hdad. de la Candelaria)
Hotel Ibis Styles Sevilla City Santa Justa
Edificio Luis Montoto, 73
Edificio Progreso Industrial
Vía Crucis - Octava Estación (Hdad. de Los Gitanos)
Hotel Los Lebreros 
El Corte Inglés
Colegio Borbolla
    Azulejo conmemorativo Niños - Pájaros
    Azulejo conmemorativo Hombres - Pájaros
Vía Crucis - Novena Estación (Hdad. de La Esperanza de Triana).
Edificio Centro de Menores
    Vía Crucis - Décima Estación (Hdad. de La Estrella)
    Vía Crucis - Undécima Estación (Hdad. de La Exaltación)
Vía Crucis - Duodécima Estación (Hdad. del Cachorro)
Edificio El Asador de Aranda
Vía Crucis - Catorceava Estación (Hdad. de Santa Marta)