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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 17 de diciembre de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Plaza de los Naranjos, Ayuntamiento, Casa del Corregidor, Casa de la Plazuela del Altamirano, Ermita de Santiago, Hospital de San Juan de Dios, Convento de la Trinidad, Ermita del Santo Cristo, Ermita del Calvario, Hospital Bazán - Museo del Grabado Español Contemporáneo, y Puerto Banús) de la localidad de Marbella (II), en la provincia de Málaga

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Plaza de los Naranjos, Ayuntamiento, Casa del Corregidor, Casa de la Plazuela del Altamirano, Ermita de Santiago, Hospital de San Juan de Dios, Convento de la Trinidad, Ermita del Santo Cristo, Ermita del Calvario, Hospital Bazán - Museo del Grabado Español Contemporáneo, y Puerto Banús) de la localidad de Marbella (II), en la provincia de Málaga.


Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación
     Sobre una primitiva iglesia, fundada por los Reyes Católicos pocos años después de la con­quista de la ciudad, se levanta la parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación de Marbella. La mayor parte del edificio data de las primeras décadas del siglo XVIII, aunque las nuevas obras se habían iniciado entre 1617-23; una lápida empotrada en uno de los laterales, con el escudo del obispo D. Luis Fernández de Córdoba y la fecha 1618, lo confirma. No hay noticias de su arquitecto, aunque sí de sus carpinteros, Pedro del Castillo y Salvador Gálvez, y del cantero José Gómez, que en 1756 labró la magnífica portada
principal, posiblemente según diseño de Anto­nio Ramos. La iglesia sufrió los desastres de la Guerra Civil, perdiéndose casi la totalidad de sus bienes muebles, así como las cubiertas, modificadas éstas en la década de 1940. Es de planta basilical, con tres naves separadas por arcos de medio punto, que descansan en pilares cruciformes. A la nave de la epístola, se añaden sendas capillas de planta cuadrada, abriendo además la sacristía en el brazo correspondiente del crucero. Las cubiertas, modernas, son bóvedas de medio cañón, excepto el crucero, cubierto con cúpula rematada con cupulín, y el presbiterio, de planta semicircular con bóveda de cuarto de esfera.
     Al exterior, lo más destacado es su bella portada, de estilo rococó, labrada en piedra roja, que adopta una elegante forma de arco polilobulado, jalonado por columnas corintias con el fuste decorado con rocallas, que sostienen un frontón circular abierto para acoger un cuerpo con pilastras y óculo. También sobresale el campanario, muy alto, con cuatro cuerpos prismáticos, con pilastras cajeadas y arcos de medio punto, y cubierta con chapitel, con cerámica policromada.
     La imagen del interior y de sus capillas y retablos, nada tiene que ver con la original anterior a julio de 1936 y que, según algunos autores de los siglos XVIII y XIX, era especialmente rica y suntuosa. En la actualidad, todos los altares, imaginería y telas son modernos. En el presbiterio, el gran y aparatoso retablo de estilo neobarroco fue realizado en 1940 y destacan la imagen de San Bernabé, patrón de Marbella, realizado en 1941, reproduciendo fielmente el destruido en 1936, además de sendos lienzos de finales del siglo XVIII. En la nave del Evangelio sobresale un Crucificado, del siglo XIX y de estilo neo-romá­nico, y en la de la Epístola, en el tramo cercano a los pies, un lienzo con la Aparición de la Virgen a San Agustín, fechado en 1841 y firmado por el duque de Rivas. A los pies, en la parte destinada al coro, se ubica el órgano de Sol Mayor, consi­derado uno de los más importantes construido en España en los últimos dos siglos. La sacristía, cuenta también con algunas obras artísticas de interés, adquiridas tras la Guerra Civil, como una Visitación y un Buen Pastor, del siglo XVII, y un San Juan Bautista y una Inmaculada, del siglo XVIII (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006). 
     La iglesia es de planta basilical, con tres naves separadas por arcos de medio punto que apean en pilares cruciformes, cubriéndose la central y los brazos del crucero con bóvedas de medio cañón con lunetos y fajones, el presbiterio -que es de planta semicircular- con cuarto de esfera y el crucero con bóveda semiesférica rematada en cupulino. 
     En alzada se desarrolla a lo largo de la nave central y crucero un orden de pilastras corintias sobre plintos de piedra y apeando en entablamento muy clásico. Las naves laterales, divididas en tramos cuadrados mediante arcos fajones dobles que apoyan en pilastras corintias, se cubren con bóvedas de arista.
     A la nave de la epístola se añaden sendas capillas de planta cuadrada, abriéndose además la sacristía en el brazo correspondiente del crucero.
     En su exterior destaca la portada de estilo rococó, de piedra roja, situada a los pies del templo, con arcos de acceso polilobulado jalonado de columnas corintias labradas con rocallas sobre plintos, y un segundo cuerpo, separado por entablamento denticulado y frontón partido, en el que se abre un óculo abocinado entre pares de pilastras toscanas rematadas en frontoncillo curvo y cruz. La portada del lado del Evangelio es bastante más sencilla o, por mejor decirlo, inexistente, ya que se limita a una solución provisional -acceso adintelado con tejadillo de poco vuelo- pensada para encajar en su día otra portada de piedra que no se llegó a colocar.
     La torre campanario tiene cuatro cuerpos prismáticos, destacando los que emergen por encima de la iglesia, con pilastras cajeadas entre las que se abren arcos de medio punto coronados con claraboyas ovales; se corona el chapitel piramidal de cerámica policromada.
     Sobre una primitiva iglesia, fundada por los Reyes Católicos pocos años después de la conquista de la ciudad, se levanta la parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación de Marbella.
     La mayor parte del edificio data de las primeras décadas del siglo XVIII, aunque las nuevas obras se habían iniciado entre 1617-1623; una lápida empotrada en uno de los laterales con la fecha 1618 lo confirma.
     No hay noticias del arquitecto pero si de sus carpinteros, Pedro de Castillo y Salvador Gálvez, y del cantero José Gómez, que en 1756 labró la magnífica portada principal, posiblemente según diseño d Antonio Ramos.
     La iglesia sufrió los desastres de la Guerra Civil, perdiéndose casi la totalidad de los bienes muebles, así como las cubiertas, modificadas estas en la década de 1940 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Se comenzó a construir el 11 de mayo de 1615 y se concluyó ocho años más tarde. En la fachada principal destaca una hermosa portada de piedra roja, tallada en estilo barroco. Consta de tres naves que tuvieron que ser reconstruidas después de la Guerra Civil de 1936. La nave central termina en una cabecera de forma semicircular con pilastras corintias adosadas al muro y cubiertas por una bóveda esférica. El retablo principal, de estilo barroco, tiene en su centro la imagen del patrón de la ciudad, San Bernabé (Diputación Provincial de Málaga).

Plaza de los Naranjos
     Corazón de la vida ciudadana de Marbella durante siglos, hoy es el centro neurálgico de su casco antiguo y uno de los rincones más bellos y mejor conservados de toda la Costa del Sol. Se levantó tras la conquista de la ciudad en 1485 por el rey Fernando el Católico, según el modelo de las plazas castellanas, aunque aquí sin soportales, acogiendo los principales edificios de la ciudad, como el ayuntamiento, la cárcel, la fuente pública, la casa del Corregidor el pósito y una ermita, la de Santiago. La fuente actual, de bella traza y ricos materiales, data de 1704 (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  

Ayuntamiento

     La obra actual la mandó levantar el corregi­dor Juan de Pisa en 1568, y acoge en su fachada numerosas lápidas conmemorativas de los siglos XVI y XVII, además de un majestuoso balcón corrido de hierro forjado, que servía a las autoridades para presenciar los festejos que se celebraban en la plaza. En su interior sobresalen la armadura mudéjar y las pinturas al fresco, con los escudos de Marbella y Felipe II (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Data su construcción del siglo XVI, sufriendo posteriores ampliaciones en los siglos XVII y XVIII. 
     Su fachada se orienta a la actual Plaza de los naranjos destacando en ella su portada de ingreso formada por una puerta de arco peraltado de medio punto enmarcada por un alfiz en fábrica de ladrillo visto. El resto de la fachada se encuentra construido por sillares de piedra. Sillería oculta por el enfoscado actual. Destaca también en el nivel superior una balconada corrida a la que se abren tres huecos también con arco de medio punto y por último el remate en alero volado sostenido por canecillos de doble nacela.
     En el interior su sala capitular se cubre con armadura mudéjar de cuatro paños de limas. El almizate se decora con una piña de mocárabes rodeada por ocho estrellas y cabezas hermanas en dorado. Está muy repintada, circunstancia que habla de las varias restauraciones que ha tenido a lo largo del tiempo. De todas formas, su tipología responde a la primitiva que debió tener en el siglo XVI, cuando se construyó el Ayuntamiento y su imprescindible salón de sesiones.
     Los muros pintados al fresco se encuentran hoy bastante deteriorados por problemas de humedades.
     La obra actual la mandó levantar el corregidor Juan de Pisa en 1568, y acoge en su fachada numerosas lápidas conmemorativas de los siglos XVI y XVII, además de un majestuoso balcón corrido de hierro forjado, que servía a las autoridades para presenciar los festejos que se celebraban en la plaza (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Casa del Corregidor
     El más bello ejemplo de arquitectura civil re­nacentista de la Costa del Sol es este palacio, datado en 1552, del que se conserva su fachada labrada en piedra, en la que se funden las formas del último gótico con el mudéjar y algunas soluciones propias del Renacimiento (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
      Palacio del siglo XVI que conserva una interesante fachada de piedra, con portada de ingreso y un balcón en el primer piso, con arco apuntado y enmarcado por alfiz, sustentado y rematado por discos y bolas. Se rodea de un segundo alfiz rematado en imposta y baguetillas laterales. Lleva a ambos lados escudos acuartelados, idénticos. La parte alta de la fachada lleva arcos de medio punto con alfiz descentrado, apoyados en columnillas sobre plintos.
     Su interior se encuentra muy restaurado para su uso actual de Bar-Cafetería en planta baja y vivienda en las altas.
     Por su situación privilegiada y ventajosa comercialmente, como de interés turístico no corre peligro de desaparecer aunque si de sufrir reformas profundas, en parte ya realizadas.
     La Casa del Corregidor es el más bello ejemplo de arquitectura civil renacentista de la Costa del Sol. Datado en 1552, se conserva su fachada labrada en piedra, en la que se funden las formas del último gótico con el mudéjar y algunas soluciones propias del renacimiento (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Construida en 1552. Destaca su fachada en piedra con escudos y un mirador de tres arcos, donde se funden el gótico-mudéjar con rasgos renacentistas. Forma parte del conjunto arquitectónico de la Plaza de Los Naranjos. En la actualidad han convertido la parte baja de la casa en un típico restaurante (Diputación Provincial de Málaga).

Casa de la Plazuela del Altamirano

     En este recoleto enclave, se conserva esta casa principal del siglo XVIII, de rítmica composi­ción en fachada e interesante portada (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  

Ermita de Santiago
     Se trata de la construcción religiosa más anti­gua de Marbella, erigida a finales del siglo XV, incluso antes de las trazas de la plaza de los Na­ranjos. Muy sencilla, sus formas y estructura se ajustan a una única nave de cajón.
     Actualmente es la sede de la Cofradía del Santísimo Cristo del Amor, y cuenta con una de las piezas más importantes de la imaginería marbellera, una talla de San Juan Evangelista, atri­buida al círculo del escultor Mariano Benlliure y adquirida a la Archicofradía de la Expiración de Málaga (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La Ermita de Santiago es el edificio religioso más antiguo de Marbella. Fue mezquita consagrada tras la Reconquista.
     En 1505 el arzobispo de Sevilla la erigió Parroquia y tuvo ese rango hasta aproximadamente el s. XVII que pasó a adquirir la categoría de ermita.
     Se trata de una construcción sencilla, de una sola nave, de planta rectangular (8 x 16 metros). En el interior cubierta rasa y a dos aguas en el exterior. Del exterior destacar una pequeña espadaña. Puerta adintelada con molduras recreando pilastras y entablamento con cornisa En lateral del templo que da a la Plaza de los Naranjos, una hornacina, contiene una escultura contemporánea del Apóstol Santiago.
     Actualmente es sede de la Cofradía del Cristo del Amor y cuenta con una de las piezas más importantes de la imaginería marbellí, una talla de San Juan Bautista atribuida a Mariano Benlliure (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Ermita de Santiago es un templo católico del siglo XV, y es el edificio religioso más antiguo de la ciudad, construido tras la toma de Marbella por la Corona de Castilla. Se encuentra situada en la plaza de los Naranjos, en el centro del casco antiguo.
     La ermita consta de una sola nave rectangular y cubierta de doble vertiente de tejas moriscas. Es sede de la Cofradía del Santísimo Cristo del Amor, María Santísima de la Caridad y San Juan Evangelista (Diputación Provincial de Málaga).

Hospital de San Juan de Dios

     En origen, fue fundación real, bajo el nombre de Real  Hospital de la  Misericordia y data del siglo XVI. De su fábrica destacan la portada, la­brada en piedra, su capilla, la armadura mudéjar y el patio interior. En la actualidad, es la sede de la cofradía de Nuestro Padre Jesús a su entrada en Jerusalén y María Santísima de la Paz (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Se trata de una construcción del siglo XVI aunque muy reformada en épocas posteriores. de su fábrica destacan la portada, labrada en piedra, su capilla, la armadura mudéjar y el patio interior.
     Tiene una sola nave, cubierta con armadura de madera de par e hilera con tirantes dobles en las que en lugar de lazo tiene tallados los símbolos eucarísticos, lo que demuestra el desgaste de la tradiciones mudéjares y la curiosa simbiosis de elementos mudéjares y cristianos. La capilla mayor se cubre con bóveda semiesférica sobre pechinas y se accede a ella bajo arco triunfal de medio punto. 
     La fachada, muy desfigurada por absurdos añadidos, conserva elementos góticos como el friso de bolas abulenses sobre el acceso de medio punto o las dos hornacinas laterales que jalonan aquel.
     Fue fundado por los Reyes Católicos, a finales del siglo XV. En documentos antiguos se le cita como "Hospital Real, para que en él se curen personas forasteras". Fue desmantelada en julio de 1936. Por documentos del siglo XIX se tiene constancia de la existencia de imágenes que formaban parte del mobiliario del hospital.
     En la actualidad es la sede de la cofradía de Nuestro Padre Jesús a su entrada en Jerusalén y María Santísima de la Paz (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Hospital Real de la Misericordia, antes denominado Hospital de San Juan de Dios, fue fundado por los Reyes Católicos, quienes le otorgaron el privilegio de Real.
     Data en el s. XVI. Formó parte del hospital del pueblo. La fachada es de piedra en su parte inferior y encalada al estilo popular la parte del pequeño campanario. Su construcción combina elementos renacentistas, góticos y mudéjares. Destaca su portada labrada en piedra, su puerta de madera con el escudo real y de la orden de San Juan de Dios y la techumbre de su capilla con armadura mudéjar (Diputación Provincial de Málaga).

Convento de la Trinidad

     Del gran convento que los trinitarios fundaran en Marbella en el siglo XV y que dio cobijo a personajes tan ilustres como el propio Miguel de Cervantes, hoy sólo queda en pie parte de un claustro y una capilla de estilo tardogótico. Fue fundación real y uno de los más importantes, junto con el de Coín y Málaga, del sur de España (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     El Convento de la Trinidad, un emblemático edificio que data del finales del siglo XV y que se levanta en pleno corazón del casco antiguo de Marbella.
     Es una de las fundaciones religiosas de los Reyes Católicos. Ocupaba una manzana comprendida entre la Plaza de la Iglesia y las calles Trinidad, Viento y Salinas. Se trataba de una edificación de dos plantas y de relativo gran porte por lo extenso de su solar y de los amplios ventanales que se advierten en la parte ruinosa subsistente.
     Sirvió de albergue a una comunidad de religiosos Trinitarios Calzados que, entre otras funciones tuvo la de atender el Hospital Bazán.
     Del edificio actualmente se conserva un tercio, La Capilla de Santa Catalina, de estilo gótico, con arcos apuntados y el Claustro con interesantes columnas.
     En la calle Viento se puede observar en la fachada un blasón en piedra que simboliza la cruz de malta, emblema de los trinitarios.
     Próximamente va a ser rehabilitado para convertirse en el Museo de la Arquitectura y Diseño Moderno (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita del Santo Cristo
     Situada en la zona alta de la ciudad antigua, data del siglo XVI, aunque en el siglo XVIII se le añadió una torre camarín. Consta de una nave con el coro a los pies, sostenido por una colum­na toscana. La portada es de piedra labrada, con piedra armera (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006). 
      Considerada como una de las edificaciones cristianas más antiguas de Marbella, su construcción podemos datarla en el siglo XVI aunque en el XVIII fue ampliada añadiéndole una torre camarín.
     La fachada cuenta con un remate triangular por la cubierta a dos aguas. En el lado izquierdo, una torre campanario con cubierta piramidal hecha en azulejo azul y blanco. 
     Se accede a la iglesia por un gran portón enmarcado a modo de arco de triunfo, siendo el arco central apuntado. Este portón se encuentra elevado por una escalinata, de formas redondeadas; se utiliza para marcar el eje principal y manifestar de esa manera la organización interna de la fachada. Sobre el portón, una puerta de aire enrejada, con remates bulbosos y una cruz.
     Tiene planta de cruz latina con una sola nave. En el crucero una cúpula sobre pechinas, que se proyecta al exterior por medio de un cimborrio. El coro se sitúa sobre columnas toscanas de mármol. Se utiliza el albero para resaltar molduras y ornamentación. El cimborrio es de forma octogonal, articulado por pilastras compuestas que sustentan un entablamento. 
     Está rematada por un tejado a cuatro vertientes (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Está situada en la plaza del mismo nombre del llamado Barrio Alto. Es una de las edificaciones cristianas más antiguas de Marbella, pues su construcción podemos datarla del siglo dieciséis, aunque fue ampliada en el dieciocho añadiéndole una torre camarín.
     Consta de una sola nave. En su interior destaca el coro ubicado a los pies que utiliza para su apoyo una columna toscana que se hunde en la pila bautismal situada bajo el mismo.
     A destacar en el exterior su portada de piedra labrada y piedras armeras, una pequeña torre campanario y, sobre todo, el exterior del camarín de estructura octogonal con pilastras dobladas que flanquean óculos y plinto con pináculo en los ángulos que sostiene un tejadillo de cerámica vidriada también octogonal.
     Ermita construida en el siglo quince, ampliada en el dieciocho y restaurada en el año 1992. La fachada principal luce una sencilla construcción en piedra y el tradicional acabado en cal. En el extremo izquierdo del tejado destaca una torre cuadrada, con un tejadillo de forma octogonal cubierto por cerámica vidriada (Diputación Provincial de Málaga).

Ermita del Calvario

     Sencilla edificación de nave de cajón, del si­glo XVIII, que corona una pequeña colina. Su portada, enjalbegada, es de arco apuntado y a su derecha se levanta una pequeña espadaña con arco de medio punto (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
      Situada junto a la actual Iglesia y parroquia del mismo nombre, junto a bloques de viviendas de gran altura aún permanece, en estado semirruinoso, esta pequeña ermita construida a comienzos del siglo XVI y restaurada posteriormente. 
     Se trata de una construcción con una sola nave de cajón aunque anexa tiene otra pequeña nave del lado de levante que en su momento sirvió como dependencia al ermitaño que asistía a la misma. Su puerta de arco apuntado se abre entre resaltes de molduras y todo ello coronado con un óculo. 
     Su fachada, limitada por el remate triangular de la cubierta, se abre mediante arco apuntado, surgiendo hacia la derecha la pequeña espadaña de un sólo vano, obra del siglo XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hospital Bazán. Museo del Grabado Español Contemporáneo
     Denominado en las fuentes antiguas Hospital de la Encarnación, fue fundado por Alonso de Bazán en 1568 sobre tres casas de origen musulmán, hecho que explica la asimetría de su planta, donde no falta el patio. En el piso alto destaca su torreón rectangular, de piedra, con tres arcos de medio punto enmarcados por alfiz y decoración heráldica y de rosetas en las enjutas.
     Desde 1992 acoge el Museo del Grabado Espa­ñol Contemporáneo, creado a partir de la colección de D. José Luis Morales Marín; considerado uno de los más importantes de España en su género, en sus cinco salas de exposición permanente, muestra obras de los grandes maestros de las vanguardias históricas, como Picasso, Miró o Dalí, además de otras de artistas españoles más contemporáneos, como Gordillo, Chillida, Bar­celó y otros (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     El Hospital Bazán de Marbella, instituido a principios del siglo XVII en cumplimiento de las disposiciones testamentarias de 1568 de don Alonso de Bazán sobre sus «casas principales», es un edificio resultante de la unión de las que serían dos construcciones independientes levantadas sobre un terreno de acusada pendiente, razón por las que su interior queda marcado por un continuo cambio de niveles. 
     Se estructura en torno a varios espacios de reparto. Tras la primera crujía se sitúa un patio principal, cuadrangular, conformado en sus flancos norte y oeste por pandas de arcos de medio punto de ladrillo visto enmarcados por alfices sobre columnas toscanas. En su lado occidental se dispone el espacio de lo que fue la capilla del hospital y panteón familiar de los Bazán, de una sola nave orientada norte-sur, rectangular e irregular, con presbiterio de planta cuadrada cubierto por bóveda hemiesférica que apoya sobre pechinas decoradas con escudos pintados y orlados por lambrequines de yeso en bajorrelieve. 
     Desde otro patio, unido al anterior por el lado de levante, se accede a un núcleo de reciente formalización con un hueco vertical con lucernario cenital que atraviesa todas las cotas, ordena la circulación y distribuye las galerías perimetrales. 
     En la cota inferior o planta semisótano hallamos dos estancias, una de ellas, en la que se encuentra un pozo, cubierta por dos bóvedas de medio cañón rebajado con apoyo intermedio en una pilastra y unas toscas columnas de mármol sin capitel sobre las que voltean arcos escarzanos; en el nivel de la planta baja se disponen tres recintos, destacando una sala rectangular con cubierta mudéjar de par y nudillo; en la planta primera encontramos otra sala perteneciente a la edificación inicial, con cubierta mudéjar de par y nudillo con tirantes de lazo, y, en la planta segunda, además del ámbito de la torre cuya cubierta interior ofrece una armadura mudéjar de lima bordón y par e hilera sin nudillos con unos tirantes de lazo y otros sin decorar, otra dependencia con armadura, en este caso, de par e hilera con tirantes sin lacería. 
     En general las fachadas presentan un acabado de enfoscado y pintura de color blanco, si bien puntualmente el enfoscado se ha suprimido dejándose vistas las hiladas de ladrillo y sillares que conforman el paramento. 
     Elemento que singulariza el edificio es la torre mirador, situada en el ángulo suroccidental, de planta rectangular y realizada en sillería de piedra arenisca. En su lado occidental el mirador se abre con un solo vano de medio punto, con intradós rehundido y rosetones en la rosca, enmarcado por alfiz y con antepecho de cantería calado en el que aparece el escudo de los Bazán; en el lado sur se constituye una galería de tres arcos enmarcados por un alfiz común, de características semejantes al antes descrito aunque con algunas variantes en los detalles ornamentales. De los varios accesos destacan los dos que se encuentran en el cuerpo bajo de la torre. El del lado occidental es una puerta arquitrabada de ladrillo visto; el del lado sur es también adintelado, realizado en sillares de arenisca y rematado con alero de ladrillos escalonados. 
     Ubicado en pleno casco antiguo de la ciudad, muy cercano a los restos de la muralla califal y a la Iglesia de la Encarnación.
     A través de las estrechas callejuelas, se llega al antiguo Hospital de la Encarnación, hoy más conocido como Hospital Bazán. Se trata de un edificio de carácter renacentista pero marcado por una notable impronta gótico-mudéjar. La fundación del Hospital Bazán fue uno de los acontecimientos más importantes de Marbella por su trascendencia histórica. Durante los cerca de tres siglos que mantuvo su actividad asistencial.
     Su fundador, el alcalde de la fortaleza y regidor perpetuo de la ciudad, Alonso de Bazán, en 1570 establecía en su testamento que sus casas principales fueron destinadas a hospital para pobres de la localidad, con el nombre y bajo la advocación de Santa María de la Encarnación. 
     Para llevar a cabo esta última voluntad, se constituyó una Junta de Patronos que ha venido administrando la fundación hasta fecha relativamente reciente. Está situado justo al lado del arruinado convento de la Trinidad. El hospital de Bazán estuvo atendido por los religiosos de dicho convento.
     Atendido por los religiosos trinitarios del convento cercano, como hospital funcionó hasta fecha relativamente reciente. 
     Durante cierto tiempo fue Casa de maternidad para el cuidado de expósitos de Marbella y Estepona, sirviendo con posterioridad para usos muy diversos. 
     En 1989 se inició la restauración del edificio que pasó a convertirse en sede del Museo del Grabado Español Contemporáneo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Museo del Grabado Español Contemporáneo fue inaugurado en 1992 en base a una primera donación compuesta de 1.350 obras gráficas de autores españoles contemporáneos realizada por José Luis Morales y Marín. El Ayuntamiento de Marbella habilitó para tal fin el antiguo Hospital Bazán, un representativo conjunto de la arquitectura civil renacentista de la ciudad, fechado en el siglo XVI, situado en el casco histórico y declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento.
     La colección permanente de la Fundación Museo del Grabado Español Contemporáneo ha ido creciendo a lo largo de estos años hasta sobrepasar las 4.000 estampas que abarcan todo tipo de tendencias y los autores más significativos del panorama artístico contemporáneo español. De esta forma, se favorece la continua renovación expositiva de las salas y la capacidad de simultanear muestras fuera de su sede. El centro cuenta con obra de Joan Miró, Claudio Bravo, José Caballero, Miguel Barceló, Andrés Cillero, José Hernández, Lucio Muñoz y Eduardo Naranjo, entre otros artistas.
     Por expreso deseo de su fundador, el Museo ha sido desde su creación un centro vivo de reflexión y acción en torno al arte, con especial foco en lo contemporáneo español y de manera fundamental el mundo de la obra gráfica original. Además de exposiciones temporales, se han organizado premios nacionales de grabado, taller de grabado, conferencias, congresos y cuenta también con una biblioteca especializada.
     Horario de apertura: lunes y martes de 10:00 a 14:00, miércoles, jueves y viernes, de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00, sábados, domingos y festivos de 11:00 a 14:00. 1 de enero, 29 de marzo, 11 de junio, 24, 25 y 31 de diciembre, cerrado (Diputación Provincial de Málaga).

Puerto Banús
     A 6 kilómetros de Marbella, y cuenta con más de 900 puntos de amarre, siendo, tal vez, el puerto deportivo más famoso de España, proyectado en 1970 por Alberto Díaz Fraga. Su raíz elitista y cosmopolita ha creado un ambiente especial, rodeándose de un amplio complejo residencial, casino, restaurantes y bares.
     Al lado Este del puerto se ha levantado un nuevo complejo arquitectónico, en torno a la torre del Duque (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Plaza de los Naranjos, Ayuntamiento, Casa del Corregidor, Casa de la Plazuela del Altamirano, Ermita de Santiago, Hospital de San Juan de Dios, Convento de la Trinidad, Ermita del Santo Cristo, Ermita del Calvario, Hospital Bazán - Museo del Grabado Español Contemporáneo, y Puerto Banús) de la localidad de Marbella (II), en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

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lunes, 12 de octubre de 2020

La Puerta del Pilar, o del Lagarto Nueva, de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Puerta del Pilar, o del Lagarto Nueva, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.    
   Hoy, 12 de octubre, Fiesta de Nuestra Señora del Pilar. Según una venerada tradición, la Santísima Virgen María se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Esta tradición encontró su expresión cultual en la misa y en Oficio que, para toda España, decretó el papa Clemente XII [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Puerta del Pilar, o del Lagarto Nueva, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
   La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
   En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Puerta del Pilar, o del Lagarto Nueva [nº 072 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Recibe este nombre por su proximidad al simulacro de madera de un cocodrilo que cuelga frente a ella. Durante la Edad Media la "puerta del Lagarto" era la actual Puerta del Lagarto [nº 129 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]. Hasta 1992 existía, colocada en el dintel septentrional de esta puerta gótica, una imagen de la Virgen de Consolación, que quizás fuese la que en la catedral mudéjar estaba en la parte de los pies del edificio (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
   Es una portada gótica, despojada de cualquier atisbo de decoración escultórica ya que es una prolongación de la nave del Lagarto del Patio de los Naranjos.
   Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Festividad de Nuestra Señora del Pilar
   La leyenda, tal está atestiguada por primera vez en unos documentos del siglo XIII que se conservan en la Catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. Se dice que, por entonces (ca. 40), el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España.
   Los documentos dicen textualmente que Santiago, “pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del Reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso”.
   En la noche del dos de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando “oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol”. La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que “permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”.
   Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, con el concurso de los convertidos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresar a Judea. Esta fue así la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen, estando Ésta aún viva.
   Muchos historiadores e investigadores defienden esta tradición y aducen que hay una serie de monumentos y testimonios que demuestran la existencia remota de una iglesia dedicada a la Virgen de Zaragoza. El más antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza, datado en el siglo IV, cuando la santa fue martirizada. Algunos interpretan en un bajorrelieve del sarcófago el descenso de la Virgen de los cielos para aparecerse al Apóstol Santiago.
   Así mismo, hacia el año 835, un monje de San Germán de París, llamado Almoino, redactó unos escritos en los que habla de la Iglesia de la Virgen María de Zaragoza, "donde había servido en el siglo III el gran mártir San Vicente", cuyos restos fueron depositados por el obispo de Zaragoza en la iglesia de la Virgen María. También está atestiguado que antes de la ocupación musulmana de Zaragoza (714) había allí un templo dedicado a la Virgen.
   Desde el siglo XV los textos litúrgicos celebran la dedicación de esta iglesia a la Virgen. Pero la devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se arraigó tanto entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como "una antigua y piadosa creencia".
   En 1438 se escribió un Libro de milagros atribuidos a la Virgen del Pilar, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que el Rey Fernando el Católico dijo: "creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Santa y Purísima Virgen y Madre de Dios, Santa María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros".
   Pero el más famoso de los milagros atribuidos a la Virgen el Pilar es el de Miguel Pelicer, el Cojo de Calanda (1640).  Se trata de un hombre a quien le amputaron una pierna.  Años más tarde, mientras soñaba que visitaba la basílica de la Virgen del Pilar, la pierna volvió a su sitio.  Era la misma pierna que había perdido. Miles de personas fueron testigos y en la pared derecha de la basílica hay un cuadro recordando este milagro.
   El Papa Clemente XII Corsini sancionó en el siglo XVIII la fecha del doce de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar. El diez de octubre de 1613, el Concejo de Zaragoza había acordado guardar anualmente este día, con lo que la fiesta religiosa había pasado a ser también festividad civil. En el siglo XIX fue extendida a todas las Iglesias de España y el Venerable Pío XII Pacelli lo hizo a las naciones hispanoamericanas.
   La oración colecta de la fiesta de Nuestra Señora del Pilar es una obra maestra de síntesis teológica y sencilla plegaria y resume su simbolismo: “Dios todopoderoso y eterno, que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar, concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor” (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016)
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jueves, 7 de mayo de 2020

El Patio de los Naranjos, de la Catedral de Santa María de la Sede


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Patio de los Naranjos, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar el Patio de los Naranjos [nº 118 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Hay abundantes datos, desde el siglo XIII hasta el XVII, de que se le llamaba "Corral", alternando desde entonces con "Patio"; desde comienzos del siglo XV es "de los Naranjos" (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
      Probablemente en 1182 el Patio de los Naranjos estaba iniciado y sus obras detenidas desde seis años antes. En 1188 se reanudaron las obras del Patio, finalizándose en 1196.
      En el Patio en si, es decir la parte descubierta, apenas si ha sufrido cambios en el transcurso de los siglos, pero si sus galerías. En los primeros momentos estas fueron colmatándose por medio de capillas de las que permanece la de la Virgen de la Granada, al pie de la Giralda, y restos de otras. En una de sus naves del fondo, concretamente la más próxima a la Giralda, se ubicó, entre 1248 y 1662, la capilla del Sagrario, estudiada por el profesor Falcón Márquez, quien así mismo nos da la fecha de 1617 como data para el derribo del único lado del Patio que ha desaparecido, es decir el Poniente, ocupado desde entonces por la Iglesia del Sagrario.
      Otra de las capillas que se alojaron en las naves del Patio fue la Real entre 1433, cuando se derribó la parte de la Sala de la Oración que había venido ocupando desde el siglo XIII, y 1533, momento en que los sepulcros reales y la propia Virgen de los Reyes pasaron a un emplazamiento provisional en el mismo Patio, en tanto se inauguraba la nueva Capilla Real, cosa que no ocurrió hasta 1579.

      Estas obras y otras similares fueron transformando el Patio, sobre todo en el sentido de cegar arcos, ocupar galerías e invadir ligeramente su ámbito descubierto. La más notable de estas transgresiones, amén de la propia Iglesia del Sagrario y la fábrica gótica de la Catedral, fue precisamente una ruptura de la fachada de ésta; en 1535 el obispo de Scalas construyó en el Patio el acceso a una de las capillas del templo, la que pocos años después alojó su cenotafio y que ha perdurado hasta nuestro siglo XX.
      Además de estos añadidos hemos de señalar otros varios, de los que los mejores integrados son las capillas exteriores ubicadas entre los estribos de la fachada Norte y los distintos arreglos añadidos de la puerta axial del Patio, escalonados entre 1519 y 1568; el de menor interés arquitectónico, y que más destrozo ha producido, ha sido el alojamiento de la Biblioteca Capitular y Colombina, institución que ha deambulado de una galería a otra del Patio a partir de la época de Don Alonso el Sabio hasta 1543, cuando se alojó en una planta alta construida de antiguo en el costado de Levante del Patio.
      Toda esta serie de añadidos han sido removidos en los últimos cincuenta años, a lo largo de las obras realizadas con motivo de la Exposición Iberoamericana y las diversas obras de restauración acometidas entre 1945 el día de hoy [1991], de manera que actualmente es posible contemplar el conjunto, aunque mutilado, más próximo al aspecto que poseyó en algún momento intermedio de su construcción.

      El patio de la Mezquita dibujó en planta un rectángulo de 43,60 m. en sentido Norte-Sur por 82,40 m., que vamos a describir como si estuviese completo. Los lados cortos eran sendas danzas de siete arcos gemelos, que son de herradura túmida, doblados y con arranques en nacela; aparecen recuadrados por alfices muy altos, que quedan perdidos visualmente ante la potencia de la cornisa y de los fuertes estribos que apean los pilares de arco a arco. La citada cornisa está construida por una espesa batería de modillones cuyo perfil lo forman tres macelas escalonadas; el ritmo sólo se rompe sobre los estribos, donde la pareja de modillones afectados se transforman en ménsulas en "S". El único elemento que produce la transición entre cornisa y el orden de arcos y estribos, es una moldura muy simple que va reproduciendo todas las inflexiones horizontales de la fábrica. La cornisa sostiene unas tejas y merlones de gradas, de cinco escalones por cada lado.
      La organización que acabamos de describir se repite en todos los tramos que daban al Patio, e incluso en las arquerías que subdividen las galerías cortas. Lo único que varían son los soportes; así los de los dos lados largos son cruciformes, con estribo por dentro y por fuera y arcos duplicados en profundidad, detalle que la mayoría de las mezquitas andaluzas repiten, siguiendo la solución de emergencia que se arbitró en la Mezquita de Córdoba en el año 958; los pilares de los lados cortos son como los anteriores pero cortados por la mitad, mientras los que subdividían las naves de Levante y Poniente son simples rectángulos. Este repertorio de soportes se repitió en la Sala de Oración, siendo los normales los del tipo rectangular simple.

      El exterior del Patio muestra una apariencia que podemos suponer extendida a todo el resto del edificio. Es un simple muro almenado, ritmado por estribos que repiten, con ligerísimas incongruencias, la cadencia interna. Por lo que sabemos, cada costado del patio poseyó tres puertas gemelas, más otra en el lado del eje mayor, llamada hoy del "Perdón".
      Las puertas laterales son arcos de herradura, sobre impostas con macelas, con alfiz muy alto y sin dobladura este arco se repite al otro lado del muro, incluyendo el resto de éste una bóveda de mocárabes.
      La puerta actual mencionada es algo más compleja que las laterales. Su tránsito del muro es idéntico, aunque todo de mayor tamaño, traspuesto el arco interior aparecen otros dos, de los típicos de las galerías del Patio, paralelos al eje de éste y que apoyan en el muro exterior y en los pilares del sahn.
      La cubierta que poseyeron estas naves fue del mayor interés, y hemos de suponer que se articuló en tantas hileras de dos aguas como naves existieron. La estructura de estas cubiertas, cuyos materiales ya han sido descritos. Fue la primera serie de armaduras de par y nudillo que se documentan en Andalucía, pues los restos subsistentes confirman la existencia de tirantes pareados y bien separados, como demostración que el salto en el concepto estructural se acababa de producir, pues pocos años antes las cubiertas aún se resolvían a la manera antigua, es decir, repitiendo tijeras muy próximas.

      El sector descubierto del Patio posee hoy una rígida ordenación de naranjos, cuyos alcorques, están conectados por medio de unas liebas que dibujan temas de lazo; todo ello, realizado con ladrillo a sardinel, es obra reciente de Don Félix Hernández. Destacan en él cuatro saltadores de mármol, las bocas de los aljibes subterráneos y una fuente, cuya taza superior procede de las termas romanas que mencionamos al comienzo; de estos depósitos subterráneos apenas si podemos aportar alguna noticia, salvo el dato que nos ofreció hace años Don Félix Hernández de que estos aljibes están cerrados con bóvedas de cañón y recorrer el Patio de Norte a Sur, mientras en las naves van en dirección Este-Oeste.
      Diversos autores se han referido a las formas de la Mezquita como ejemplos de austeridad, como si la estupenda fábrica de ladrillo que conforma sus elementos fundamentales y los cajones de tapial hubiesen quedado vistos, cuando es evidente que los puntos claves poseyeron yeserías, así las puertas pequeñas llevaban sus aristas molduradas y las arquivoltas festoneadas o con lambrequines; dado que tales formas menudas corrigen y ocultan las tectónicas, evidencian que la decoración pertenece, probablemente, a la etapa de Abn Yusuf, algo similar le ocurría a los arcos generales del Patio. El que se abre en el eje muestra que su figura primitiva era lobulada y que fue corregida y decorada con unas hermosas yeserías, muy cordobesas, que se conservan perfectamente. También iban decoradas las bóvedas de las puertas pequeñas, pues una ostenta decoración de mocárabes de yeso, que conforman una elaborada superficie.
     El arco axial que acabamos de mencionar, es decir el que se abría al propio Patio, está protegido hoy por un tejaroz de madera nuevo, que recoge, en lo estructural y dimensional, las sugerencias formales de uno original desaparecido, y hemos de suponer que todos los arcos de puerta que quedaban a la intemperie recibieron en su momento una protección similar. Antes de pasar a otro apartado conviene reseñar la existencia de una estupenda puerta que cerraba la del Sahn hacia el Norte. Conserva sus dos hojas, cada una de las cuales mide casi nueve metros de altura por dos de ancho; son de madera de cedro forrada con hojas de bronce, cubiertas éstas por un tema de lazo muy sencillo, rellenos con los motivos vegetales, que denominamos atauriques o letreros cúficos cuya traducción es "El poder pertenece a Dios. La eternidad es de Dios"; recordemos finalmente las estupendas aldabas, que contienen varias aleyas del Corán, concretamente las denominadas al-Nur y al-Hiyr. Ninguno de los elementos que acabamos de reseñar está hecho en moldes, sino cincelados independientemente (Alfonso Jiménez Martín, El Patio de los Naranjos y la Giralda, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1991).
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miércoles, 8 de abril de 2020

La Puerta del Perdón, de la Catedral de Santa María de la Sede


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Puerta del Perdón de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Puerta del Perdón [nº 120 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; También se la denominado por las imágenes de los santos que la flanquean en el exterior, es decir "de San Pedro y San Pablo"; en 1496 ya se llamaba "del Perdón Vieja", señal de que la puerta [de la Asunción] era por entonces la "del Perdón Nueva". En su azotea existe una espadaña del tercer cuarto del siglo XVI (lado Norte), un merlón intacto de la aljama y la fachada de un aposento mudéjar del siglo XV, con un extraño cuadrante solar que mira al Patio (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).

        La Puerta del Perdón es uno de los más notables restos que de la mezquita mayor almohade conserva todavía la Catedral de Santa María de la Sede. El hecho de estar situada en el centro del frente Norte del edificio, la convertía no sólo en el acceso principal al sahn -hoy Patio de los Naranjos- sino al propio oratorio, de ahí su marcado carácter monumental y preeminente.
      No obstante, el estado actual de esta portada dista mucho de ser el que tuvo en el último tercio del siglo XII, cuando fue construida, ya que ha sufrido profundas alteraciones a lo largo de su dilatada historia. Aparte de otras intervenciones, su primera gran reforma fue la llevada a cabo entre 1519 y 1522, por Bartolomé López, cuando se le añadieron las yeserías y la estatuaria que todavía podemos ver en tomo al arco túmido que dibuja la puerta. No ha sido poco lo que se ha dicho sobre la autoría de estas obras, especialmente por lo que se refiere a la labor escultórica -el relieve de la Expulsión de los mercaderes del Templo, la Anunciación y las figuras de los santos Pedro y Pablo-, rematándose el conjunto por una espadaña.
     Cuando todavía no había terminado el siglo XVI, concretamente entre 1578 y 1580, se llevó a cabo una nueva y profunda transformación de la Puerta del Perdón, que le dio su fisonomía definitiva. Si la anterior reforma se centró en las yeserías y las esculturas, esta segunda estuvo dedicada a aspectos arquitectónicos, pictóricos e incluso iconográficos (Álvaro Recio Mir, La reforma y restauración de la Puerta del Perdón de la Catedral de Sevilla de 1578-1580, Laboratorio de Arte, Universidad de Sevilla, Sevilla, 9-1996). 

      Es la que da acceso al patio de los naranjos, en el frente norte del templo catedralicio.
      La parte escultórica, en terracota, la componen el relieve de la Expulsión de los mercaderes del Templo, la Anunciación y las grandes estatuas de los Santos Pedro y Pablo.
      El citado relieve, enmarcado en un recuadro sobre la puerta, interpreta la escena de un templo columnario, a través de cuyos vanos se observa un fondo urbano amurallado. En el primer plano, Jesús, enhiesto el flagelo, pone en trepidante huida a una docena de personas, portando sus enseres comerciales o sacando a bóvidos, carneros, cabras, etc.

   
     A derecha e izquierda de la portada, la Virgen Anunciada, el Arcángel Gabriel, San Pedro y San Pablo.
     Cean Bermúdez nos informa que Maestre Miguel Florentín, ejecutó en 1519 las estatuas de los citados santos y tres años después la referida escena, por la que se le abonaron 25.000 maravedíes.
     Gestoso dio a conocer, que en 1519 se pagan a Maestre Miguel por la obra de los santos (restauradas en 1741), y en la siguiente anualidad por el precitado relieve. Verosímilmente las imágenes de la Encarnación estarían incluidas también en estos u otros pagos, aunque no conste de manera expresa hasta ahora.
     Respecto a la personalidad de este imaginero, surge la duda de su origen, pues, mientras Gestoso, siguiendo a Cean, le llama en sus escritos Maestre Miguel Florentín (sin que aporte ningún documento en que conste dicha patria). Gómez Moreno con su sapiente autoridad, afirma que Maestre Miguel, nunca se llamó Florentín, que hizo esculturas de barro para la Catedral, que el sobrenombre se debe a una ligereza de Cean, y manifiesta que era extranjero, probablemente francés y reeducado artísticamente en Lombardía. La confusión podía estar relacionada con Fancelli, autor del sepulcro del Cardenal Hurtado de Mendoza, atribuido también por Cean al susodicho Miguel Florentín.

     Posteriormente en mis investigaciones documenté de Maestre Miguel, el grupo de barro de la Quinta Angustia de la Capilla de Mondragón, en la Catedral de Santiago de Compostela, firmando de modo ilegible para mi, entonces que, más tarde comprobé que era la de un Maestre Miguel Perin o Perrin, indudablemente francés. Mas estas figuras compostelanas son análogas en estilo y morfologías a las asignadas a Maestre Miguel Miguel Florentín en la catedral hispalense (aunque más logradas por ser posteriores en unos años), razón por la que se atribuyeron a Maestre Miguel Perrin.
     Con el avance investigador, el profesor Falcón Márquez halló en el archivo catedralicio hispalense una nota en un libro de Varios en que se citan a "Maestre Miguel y Maestre Jacobo florentines que vinieron de Granada a concertarse sobre losas para el altar mayor", remitiendo dicha nota a un acuerdo capitular de 1519.
     Por tanto, ya hay noticias fidedignas de la existencia de un Maestre Miguel Florentín, aunque no conste su intervención en esta portada y en otras dos (Palos y Campanilla), sino tan solo como Maestre Miguel.
     Por otra parte, no se encontró en el citado archivo ninguna referencia a un Maestre Miguel Perrin, aunque, desde luego, trabajó en la Catedral, pues en el documento compostelano ya citado, dice textualmente "... a de fazer esta dicha obra bien fecha e bien acabada e bien cozida como a fecho a suelo facer las obras para esta dicha santa iglesia de Sevilla e para otras partes e en el oficio de barro se acostumbra fazer".

      Asimismo antes de ahora señalé los dos nombres de Maestre Miguel Florentín y Maestre Miguel Perrin, trabajando posiblemente en la Metropolitana hispalense.
        Ante esta disyuntiva y disparidad de opiniones, queda apelar a la estilística y esta parece indicar que los relieves y esculturas de las citadas tres portadas catedralicias no son de ningún florentino, ni siquiera itálico; se relacionan con obras del grupo de Solesmes, es decir, gálicas, como afirmó Gómez Moreno y han repetido Angulo y otros más, que ponen dichas obras bajo el nombre de Perrin; aunque, asimismo, hay quienes las clasifican como de Florentin. Esperemos, pues, a que nuevos estudios e investigaciones arrojen más luz sobre esta polémica cuestión: en tanto me reafirmo en la adscripción al maestro francés, no sin declarar que el relieve y probablemente la Anunciacion, ofrecen algún mayor sentido clásico que los santos y la estatuaria de las otras dos portadas (José Hernández Díaz, Retablos y esculturas de la Catedral de Sevilla en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir. Sevilla, 1991).
     Sin embargo, por su cara interior, que da al Patio de los Naranjos, la puerta conserva más claramente el aspecto con que la concibieron los alarifes almohades. De nuevo se repite el arco de herradura, del que ahora podemos observar su primitiva fábrica de ladrillos, sobre la que se levanta un imponente tejaroz, rematado por un cuerpo con arcos lobulados, paños de sebka y, en el centro, una ventana geminada, y coronándose con merlones en escalera.

     Pero tal vez sea la puerta en sí misma el elemento más interesante del conjunto. Sus dos hojas, de grandes dimensiones, son de madera de cedro y están revestidas de chapas de bronce, que presentan un interesante repertorio decorativo compuesto por motivos de lacerías y atauriques completados con inscripciones en caracteres que repiten versículos del Corán: "el poder pertenece a Alá" y "la eternidad es de Alá". Los grandes aldabones son copias de los originales almohades, también de bronce labrado, que se guardan en el Museo Catedralicio. Esta decoración vegetal estilizada alcanza aquí el cénit del arte de Al-Andalus.
      Conozcamos mejor las Fuentes, el tema, el problema de la historicidad e Iconografía de la La Expulsión de los mercaderes del Templo, tema principal de la decoración de la Puerta del Perdón de la Catedral de Santa María de la Sede;
Fuentes
Mateo, 21: 12 - 14; Marcos, 11: 15 - 18; Lucas, 19: 45 - 47; Juan, 2: 13 - 17.
El tema
      Cuando Jesús entra en el templo, se irrita contra los comerciantes y cambistas que profanaban el santuario. Sus caballetes atestaban el recinto sagrado. Había mesas instaladas para el cambio de moneda. Se vendían palomas para  las ofrendas de los pobres, corderos y bueyes para los sacrificios de los ricos. En suma, era una especie de bazar o feria, como las que suelen instalarse en todo lugar de peregrinación.

     Jesús interpeló coléricamente a los profanadores que transformaban la casa de oración (domus orationis), de la que habla Isaías (56: 7), en cueva de ladrones (spelunca latronum). Con una rudeza que constrasta con la mansedumbre que le atribuye cierta literatura devota, más tranquilizadora que edificante, empuña un látigo de cuerdas, vuelca las mesas de los cambistas y los mostradores de los comerciantes, quienes emprenden la retirada de inmediato, y se dispersan como una bandada de cuervos.
      Quizá haya algún exceso de intolerancia en esta «operación de policía », sobre todo si es verdad, como lo dice el Talmud, que los comerciantes estaban instalados fuera del recinto del templo, en el atrio (hieron), y no en el santuario (naos), reservado a los sacerdotes. El cambio de moneda era una necesidad para los peregrinos, puesto que el tesoro sagrado sólo admitía la moneda nacional, es decir, los siclos, que se conseguían vendiendo didracmas griegas o estáteres romanos con la efigie del emperador, que eran las monedas que circulaban en Palestina. Además, en las iglesias católicas se venden muchos cirios y recuerdos de peregrinación sin que el clero encuentre nada cuestionable en ello ni haya prohibido nunca dicho tráfico.

     En esta hazaña, que los humanistas del Renacimiento comparaban con la de Hércules limpiando los establos de Augías, los teólogos de la Reforma se complacieron en reconocer el símbolo de los esfuerzos de Lutero en depurar la religión católica contaminada por el tráfico de indulgencias.
El problema de la historicidad
      ¿En qué momento se sitúa esta purificación? El desacuerdo de los evangelista acerca de este punto induce a la perplejidad.
      Juan, que no comprende cómo Jesús, que había ido más de una vez a Jerusalén antes de la Pasión, haya esperado tanto tiempo para indignarse y actuar, atribuye el acontecimiento al principio de su ministerio. Según Mateo y Lucas, habría tenido lugar el mismo día de la Entrada en Jerusalén, de acuerdo con Marcos, al día siguiente. De manera que los cuatro testimonios dan tres fechas diferentes.
      Para resolver esta dificultad, los teólogos supusieron que Jesús había expulsado a los mercaderes del templo en tres oportunidades: al comienzo de su misión evangélica, y luego algunos días antes de su Pasión.
     La crítica racionalista, menos conciliadora, estima que el hecho no ocurrió tres veces, y ni siquiera una vez, en suma, que es puramente ficticio. 
   Los evangelistas recordaron la ira de Moisés partiendo las Tablas de la Ley ante la visión de Becerro de Oro. Lo más probable es que el episodio de los mercaderes haya sido interpolado, al igual que la Entrada de Jesús en Jerusalén, para mostrar la consumación de las profecías por el Redentor. En Zacarías (14: 21) puede leerse, en efecto: "... y no habrá aquel día más mercader en la casa de Yavé de los ejércitos."; y en Malaquías (3: 1): "... en seguida vendrá  a su templo / el Señor a quien buscáis ( ...) y se pondrá a fundir y depurar la plata / y a purgar a los hijos de Leví." Se trataría de uno de los numerosos ejemplos de «realización mesiánica » que ofrece el Nuevo Testamento.
      En el origen de este relato puede admitirse una protesta puramente verbal de Cristo contra la presencia de los mercaderes en el templo, que los evangelistas habrían dramatizado, transpuesto a la acción, al gesto. En cualquier caso, la realidad o historicidad de este episodio parece muy dudosa.
Iconografía
      Esta escena de violencia, prefigurada en el Antiguo Testamento por el Castigo de Heliodoro expulsado por los ángeles flagelantes del templo de Jerusalén cuyos tesoros quería robar, resultaba adecuada para una puesta en escena pictórica.
     Jesús, que de acuerdo con san Juan, se había construido un látigo de cuerdas, expulsa a azotes a los mercaderes que huyen con sus bolsas, o arreando a los bueyes y ovinos destinados a los sacrificios. Es una fuga a la desbandada, que acompaña el ruido de las alas de las palomas que echan a volar, y el estrépito de los perros que ladran. Un aire de pánico sopla sobre la feria del templo.
      A veces la escena está repartida en dos episodios: la expulsión de los cambistas y la expulsión de los mercaderes.
      En el siglo XVI degeneró en escena de género. Los Bassano la convirtieron en una escena de mercado atestado de cestos de huevos, aves. Es también uno de los temas favoritos de su discípulo, El Greco, y de los romanistas flamencos, como Jan van Hemessen.
      En el siglo XVII, el genovés Giovanni Castiglione exageró aún más esta tendencia. Cristo empuñando el látigo pasa a un segundo plano y lo accesorio se convierte en lo esencial (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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