Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

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jueves, 11 de diciembre de 2025

Los principales monumentos (Ermita de Nuestra Señora de Nazaret, e Iglesia de San Juan Bautista) de la localidad de Garlitos, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Ermita de Nuestra Señora de Nazaret, e Iglesia de San Juan Bautista) de la localidad de Garlitos, en la provincia de Badajoz.
     Se sitúa en el límite meridional de la Siberia, sobre el extremo contrario que Castilblanco y Valdecaballeros, constituyendo el núcleo más antiguo de los que se localizan en el entorno de Siruela.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 129,3 Km2
     Altitud: 554 m.
     Distancia Capital: 206 Km.
     Partido Judicial: Herrera del Duque
     Comarca: La Siberia
     Gentilicio: Garliteño
Ayuntamiento de Garlitos
     calle de García Morato 35
     06656 Garlitos (Badajoz)
     Teléfono: 924636101
     Fax: 924636186
     Correo-e: ayuntamiento@garlitos.es
     Web: www.garlitos.es
Historia.-
    Es el núcleo más antiguo de los que se localizan en el entorno de Siruela. La memoria de sus antecedentes romanos se conserva en el nombre de "la ciudad de Minerva" que aún aplican los naturales. Su existencia está documentada en época árabe, de la que perduran restos de un castillo. Tras la reconquistase integró bajo los templarios en la jurisdicción de Capilla, y más tarde en las posesiones del Duque de Benavente.
     En 1635 alcanzó su independencia como villa. Finalmente pasó a pertenecer al Duque de Béjar (Diputación Provincial de Badajoz).
Monumentos.-
     En las inmediaciones de la población, sobre el punto donde al parecer se levantó en la antigüedad un templo a Cibeles y más tarde una basílica visigoda, se encuentra la ermita de Ntra. Sra. de Nazaret, obra de notable arquitectura, con gran cuerpo y espadaña escalonada, cuya silueta recuerda la de la iglesia vieja de Peñalsordo, sobre cuyos muros lucen lápidas romanas alusivas a Miróbriga. Otra ermita destacada es la ermita de San Atón.
     Urbanísticamente el núcleo se compone de dos áreas bien diferenciadas. Una, más antigua, de estructura irregular y apretada, que ocupa la parte de mayor elevación, y otra moderna, con mayor extensión y trazado regular, que se extiende por los terrenos llanos.
     Sobre la fachada del Ayuntamiento viejo se conserva una lápida romana hallada en las inmediaciones de la población.
     En el terreno artístico y monumental la realización más reseñable es la iglesia parroquial de San Juan Bautista. Se trata de una construcción de piedra y ladrillo, originaria del siglo XV, ejecutada de acuerdo con el modelo de pequeño templo rural dominante en el territorio, que por su antigüedad y configuración resulta pieza de interés. Su elemento más caracterizado es una capilla levantada en 1613, según trazas, del maestro cantero Juan Bautista de Montenegro (Diputación Provincial de Badajoz).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Ermita de Nuestra Señora de Nazaret, e Iglesia de San Juan Bautista) de la localidad de Garlitos, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 8 de octubre de 2025

Un paseo por el Barrio de Los Pájaros (Los Pajaritos)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el barrio de Los Pájaros (Los Pajaritos), de Sevilla, dando un paseo por él.
     El Barrio de Los Pájaros (Los Pajaritos) es, en el Callejero Sevillano, un barrio que se encuentra en el Distrito Cerro-Amate, delimitado por las vías avda. de Andalucía, c/ Vencejo, c/ Estornino, c/ Canderlería, glorieta Primero de Mayo, c/ Federico Mayo Gayarre, c/ Cruz del Sur, y glorieta Sergio Rodríguez Prat.
     El Barrio de Los Pájaros (Los Pajaritos) lo componen las vías siguientes: c/ Acuario, c/ Alondra, plaza Andrómeda, c/ Azor, c/ Ballena, c/ Boyero, c/ Brújula, plaza Buho, c/ Buril, c/ Calandria, c/ Candelabro, c/ Candelario, c/ Candelas, c/ Candelera, c/ Candelería, c/ Candeleta, c/ Candelilla, c/ Candelón, c/ Candil, c/ Carena, c/ Celestino López Martínez, c/ Centauro, c/ Cigüeña, c/ Codorniz, c/ Colibrí, c/ Cráter, c/ Cruz del Sur, c/ Delfín, plaza Doctor Andreu Urra, c/ Dragón, c/ Escuadra, c/ Escultor, c/ Estornino, c/ Federico Mayo Gayarre, c/ Fénix, c/ Flamenco, c/ Galaxia, c/ Gavilán, c/ Gaviota, c/ Golondrina, c/ Gorrión, c/ Jilguero, c/ Lebreles, c/ Libra, c/ Lince, c/ Milano, c/ Mirlo, c/ Navío Argos, c/ Octante, c/ Orión, c/ Osa Mayor, c/ Pegaso, c/ Perdiz, c/ Perseo, c/ Pez Volador, c/ Pingüino, c/ Retículo, c/ Sagitario, c/ Serpentario, c/ Sextante, c/ Telescopio, c/ Tordo, c/ Tórtola, c/ Triangulo, c/ Vencejo, c/ Virgen de la Candelaria, y c/ Zorzal. 
     El Barrio, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, siendo el conjunto de vías urbanas con características homogéneas, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     El Barrio de Los Pájaros (Los Pajaritos), de divide a su vez en cuatro barriadas, Los Pájaros (Los Pajaritos), Nuestra Señora de La Candelaria (Las Candelarias), Nazaret, y Madre de Dios.
Los Pájaros (Los Pajaritos).- Está situada al este de la ciudad y ocupa parte de los que antaño fueron los terrenos de la Hacienda Amate. En razón de su diferente aspecto morfológico y de las distintas etapas de su creación, se pueden distinguir tres núcleos fundamentales: Nazaret, la zona triangular y el área central. Nazaret y la zona triangular confluyen en esa área central, que, a su vez, linda con los barrios de Nuestra Señora de la Candelaria y Madre de Dios, y en la que están los edificios de servicio comunitario.
     El inicio de la construcción tuvo lugar en 1959, y en ese mismo año se inauguran las primeras viviendas, que se levantaron en el sector denominado Nazaret. En 1963 el Ayuntamiento procede a la construcción del mercado de abastos, y en 1964 el organismo promotor levanta el colegio Victoria Díez, e igualmente se procede a la edificación de la parroquia de Nuestra Señora de la Blanca Paloma. Después se fue construyendo la zona triangular. El promotor de la edificación fue el Real Patronato de Casas Baratas, y el autor del proyecto Fernando Barquín. Las construcciones de viviendas siguieron hasta 1970, año en que se levantó la franja que mira a la avenida de Andalucía. En esta zona los edificios muestran una calidad superior a los anteriores, y fue el Patronato Nazaret el que construyó 120 viviendas, en 1969, según proyecto de Rafael Arévalo Camacho, excepto uno de los bloques en colaboración con Luis Marín de Terán.
     Se trata de una barriada integrada por varios núcleos distribuidos en torno a un espacio abierto central, la plaza del Doctor Andreu Urra. El sistema viario está constituido por calles de trazado recto; la mayoría están pavimentadas y el acerado no es completo en todas ellas: algunas tienen sólo un metro de enlosado, quedando el resto hasta el borde de la calzada sin asfaltar. Aunque son más las de tráfico rodado, este sólo es significativo en las vías relevantes, como es el caso de Codorniz. La edificación está constituida por bloques adosados de tres o cuatro plantas, de baja calidad y pisos de reducidas dimensiones. Las diferencias con las otras dos barriadas colindantes o anejas, Madre de Dios y Nuestra Señora de la Candelaria, son escasas, tanto en el aspecto físi­co como en el vecindario y rasgos socioeconómicos. La mayor parte de sus calles llevan nombre de pájaros, a lo que debe su denominación, si bien es más conocida por el diminutivo Los Pajaritos: Alondra, Codorniz, Cigüeña, Gaviota, Golondrina, Gorrión, Jilguero y plaza del Doctor Andreu Urra.
Nuestra Señora de la Candelaria (Las Candelarias).- Recibe esta denominación de la huerta sobre la que la barriada está construida, y que estaba comprendida entre la Huerta de Madre de Dios y la Hacienda de Jesús, María y José. En el inicio de su construcción, los límites eran la Huerta Madre de Dios, al oeste; la Huerta de Santa Teresa, al este y la barriada de Nuestra Señora de Fátima, al sur, que se iniciaba entonces. Unida en el espacio y en el tiempo con las barriadas Madre de Dios, Nazaret y Los Pájaros, la separación con ellas es mucho mas teórica que real y efectiva, porque desde el punto de vista de su caracterización urbanística, arquitectónica y socioeconómica no hay grandes diferencias. En 1955 adquiere el Real Patronato de Casas Baratas la Huerta de la Candelaria, al este del núcleo urbano, al otro lado de lo que eran los muros de defensa contra las inundaciones, en la que se proyectaron 1.124 viviendas de tipo social, junto con los servicios comunitarios elementales. El proyecto lo firma Fernando Barquín y Barón y su realización se llevó a cabo con gran rapidez. En 1956 se procedía a su ocupación. El organismo promotor construyó dieciséis locales comerciales, parroquia, centro social y convento-colegio.
     El trazado de la barriada es ortogonal, formado por bloques de pisos de tres y cuatro plantas, separados por unos espacios públicos, que en muchos casos han sido cerrados por los vecinos, originando de este modo una especie de patio común, que utilizan como zona de desahogo, sobre todo como tendederos, ya que los edificios no poseen azoteas. En general, el sistema viario está constituido por calles bastante homogéneas entre sí, unas peatonales y otras de tráfico rodado; las calzadas están pavimentadas y también las aceras, aunque algunas de éstas se encuentran en mal estado de conservación. Quizás lo más destacable y lo que le da una mayor personalidad al barrio, son los dos patios comunicados entre sí, existentes entre Candelón y Candelabro. En torno a ellos existen bloques de viviendas de tres plantas, que dan directamente al patio las bajas y a una galería corrida las superiores, reproduciendo así la estructura característica de los corrales de vecinos tradicionales. En el centro de uno hay una fuente y en el otro una cruz de forja, imitación de la que hay en el barrio de Santa Cruz.
     La zona es residencial y la actividad comercial está protagonizada por un número relativamente grande de pequeño establecimientos, dedicados, en parte, a la venta de productos de consumo diario, que se concentran fundamentalmente en Candelería y su prolongación. Muchos de sus primeros ocupantes procedían de zonas deterioradas del sector norte del casco histórico, o de las arrasadas por las riadas del Tamar­guillo. El principal lugar de reunión y esparcimiento de la barriada es la plaza del Candil, llamada por los vecinos plaza o plazoleta de la Candelaria. En el barrio se celebra todos los años una procesión de la Virgen, que sale de la parroquia el domino siguiente a Pentecostés y recorre algunas calles de la barriada. El vecindario engalana las mismas, sobre todo el patio del Conde como llaman los vecinos a los dos patios allí existentes. También se organiza la procesión de la Cruz de Mayo, que es seguida con gran interés, incluso por gente de los barrios limítrofes. Sus calles fueron rotuladas en 1960 con nombres derivados de candela: Candelabro, Candelaria, Candelas, Candelera, Candelería, Candeleta, Candelilla, Candelón, Virgen de la Candelaria y la plaza del Candil.
Nazaret.- Debe su nombre a la promotora de la edificación, que fue el Patronato Diocesano del Hogar Nazaret. En realidad, esta barriada es uno de los núcleos de los tres de que consta la barriada de Los Pájaros. La construcción empezó en 1957, la entrega provisional de las viviendas se efectúa en 1961 y el autor es Antonio Delgado Roig. La barriada tiene forma rectangular, constituida por 31 manzanas, que se ordenan de forma paralela entre sí. Entre los bloques existen patios interiores que aunque inicialmen­te fueron concebidos para no ser cubiertos, con el tiempo se han ido cerrando y han quedado convertidos en lavaderos y zonas de desahogo. El sistema viario está constituido por calles de trazado recto, siendo las longitudinales de tráfico rodado, aunque éste es poco intenso, excepto en las vías relevantes, Estornino y Gaviota. Las calles transversales Pingüino, Milano y Azor son peatonales y las únicas que no están pavimentadas. Los edificios configuran una tipología homogénea, son de cuatro plantas y tienen todos un balcón en la primera y en el resto sólo ventanas.
     La barriada es residencial; la función comercial es poco importante, viéndose limitada a la existencia de algunas tiendas, que se encuentran en las calles transversales, que venden sobre todo artículos de consumo diario. Estos locales comerciales son debido al cierre de las manzanas que han dado lugar a un bajo y a un principal. La venta ambulante también se prodiga en el barrio, pero los vecinos prefieren el mercado que se encuentra ubicado en la barriada aneja de Los Pájaros, a la vez que participan de todos los demás edificios comunes, como son la iglesia parroquial de la Blanca Paloma y el colegio Victoria Díez. Comprende las si­guientes calles, rotuladas en l962 con nombres de pájaros: Azor, Calandria, Estornino, Flamenco, Gavilán, Gaviota, Milano, Mirlo, Perdiz, Pingüino, Tordo, Tórtola, Vencejo, Zorzal, y las plazas del Búho y de las Terreras.
Madre de Dios.- Su nombre es debido a que el espacio donde se asienta estaba ocupado por la Huerta Madre de Dios y parte de la de Candelaria, según plano de 1952. Promovida por la Obra Sindical del Hogar, se inició la construcción en 1960; se construyeron 1.964 viviendas y 12 locales comerciales. Los autores del proyecto fueron Rafael Arévalo Camacho e Ignacio Costa Valls. En 1962, promovido por el Instituto Nacional de la Vivienda, intercaladas en la promoción, se edificaron 192 viviendas más, y esta vez los autores del proyecto fueron Luis Recasens y Antonio de la Peña. Hoy, después de tantos años desde su construcción, continúa siendo una barriada inacabada en su infraestructura más elemental. Existe proyecto de reforma, que en parte se está llevando a cabo, como la apertura al tráfico rodado de la calle Celestino López Martínez y acondicionamiento de Casiopea y de la plaza de Andrómeda.
     La barriada está integrada por numerosos bloques de pisos, de dos, cinco y ocho plantas, y sus calles tienen nombres de constelaciones, galaxias e instrumentos astronómicos fundamentalmente. En general el sis­tema viario es bastante homogéneo; casi todas las calles son iguales, sólo se diferencian por su longitud. Son mayoría las peatonales, terrizas y con una hilera central de árboles. En los espacios abiertos se aprecia más la deficiente urbanización de la barriada como es el caso de la plaza del Astrolabio, que por su ubicación en el centro del barrio, una vez acondicionada, facilitaría su carácter de lugar de encuentro y de esparcimiento. La zona es residencial y la actividad comercial no es muy importante, viéndose limitada a la existencia de algunos pequeños establecimientos dedicados a proveer al vecindario de los productos de primera necesidad, que se concentran especialmente en algunos puntos, como la plaza del Zodiaco. La venta ambulante también se da, sobre todo en la plaza de Andrómeda, pero los vecinos prefieren el mercado, que se encuentra ubicado en la barriada colindante de Los Pájaros.
     La situación socioeconómica del vecindario es muy deprimida, y es muy alto el porcentaje de desempleo entre sus miem­bros. La marginación y la delincuencia son frecuentes entre la juventud, a lo que contribuye el tráfico de estupefacientes. Comprende: Acuario, Ballena, Boyero, Brújula, Buril, Carena,  Casiopea, Centauro, Cráter, Delfín, Dragón, Escuadra, Escultor, Fénix, Lebreles, Libra, Lince, Navío Argos, Octante, Orión, Osa Mayor, Pegaso, Perseo, Pez Volador, Retículo, Sagitario, Serpentario, Sextante, Telescopio, Triángulo y las plazas de Andrómeda, del Zodiaco y del Astrolabio [Ana Reguera Ramírez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el barrio de Los Pájaros (Los Pajaritos), de Sevilla, dando un paseo por él. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 29 de diciembre de 2024

La pintura "El taller de Nazaret", de Valdés Leal, en la sala VIII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "El taller de Nazaret", de Valdés Leal, en la sala VIII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.  
   Hoy, 29 de diciembre, Fiesta de la Sagrada Familia (domingo que cae entre la Octava de Navidad -25 de diciembre al 1 de enero-, o el 30 de diciembre, si no hay un domingo entre estos dos días), Jesús, María y José, desde la que se proponen santísimos ejemplos a las familias cristianas y se invocan los auxilios oportunos [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "El taller de Nazaret", de Valdés Leal, en la sala VIII, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
   En la sala VIII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "El taller de Nazaret", de Valdés Leal (1622-1690), siendo un óleo sobre lienzo en estilo barroco, realizado en hacia 1680-85, con unas medidas de 0'50 x 0'73 m., procedente de la donación del Banco Bilbao-Vizcaya, en depósito a la Junta de Andalucía, en 1994.
     La escena se desarrolla en el interior del taller de carpintería de Nazaret, que le da el nombre a la obra. Narra un momento de la vida cotidiana de la Sagrada Familia en el que aparece a la derecha de la composición la Virgen María cosiendo con el Niño Jesús dormido a sus pies, abrazado a una cruz. Todo ello bajo un rompimiento de Gloria presidido por la Paloma del Espíritu Santo y un grupo de angelitos. A la derecha de la Virgen, un ángel observa la escena. A la izquierda del cuadro, San José, trabaja una pieza de madera sobre un banco de carpintero. También a sus pies, sentado en un escalón aparece San Juanito que se lleva el dedo índice a la boca. Dos ángeles niños se asoman tras la Virgen para ver el sueño del Niño Jesús (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     Juan de Valdés Leal nació en Sevilla en 1622 y en esta misma ciudad murió en 1690. Realizó su aprendizaje con un maestro desconocido y en 1647, después de contraer matrimonio, se instaló en Córdoba donde inició su carrera artística. De esta época cordobesa son importantes conjuntos pictóricos como el realizado para la iglesia de Santa Clara de Carmona y el retablo del Carmen Calzado de la ciudad de la mezquita. 
   En 1656 abandonó Córdoba para regresar definitivamente a Sevilla, donde aparte de una numerosa producción de obras individualizadas realizó grandes conjuntos de pinturas, como los del Monasterio de San Jerónimo, la iglesia de San Benito de Calatrava, y la Casa Profesa de la Compañía de Jesús.
      En 1664 Valdés Leal realizó un viaje a Madrid donde conoció las colecciones pictóricas de los palacios reales y también colecciones privadas, en las que estudió obras de maestros flamencos e italianos de las que obtuvo numerosas novedades para su arte.
     En 1672 Valdés Leal ejecutó sus famosas pinturas del Hospital de la Caridad de Sevilla en las que representó las más impresionantes imágenes de la muerte que se han realizado en la Historia, y que han constituido la base de su fama. En los últimos años de su vida, víctima de achaques y enfermedades, sus necesidades económicas le obligaron a tener que seguir trabajando, en ocasiones en circunstancias poco favorables, subido en altos andamios para pintar bóvedas en la iglesia de la Santa Caridad, en la de los Venerables o en la del monasterio de San Clemente.
     La necesidades económicas obligaron a Valdés Leal a aceptar muchas veces trabajos a escaso precio, por lo que en ocasiones hubo de trabajar rápidamente ayudado por su hijo Lucas, lo que a veces hace que la calidad de sus pinturas se resienta y que éstas sean muy irregulares.
     El temperamento de Valdés Leal ha sido descrito como el de un hombre violento y orgulloso, amante de representar pictóricamente escenas desagradables y repugnantes. Estas descripciones son resultado de leyendas sin fundamento y tópicos generalizados sobre su persona, que sin embargo a la luz de documentos fidedignos emerge como espléndida y generosa, dotada de un talante enérgico y decidido.
     Valdés Leal practicó desde su juventud una pintura de corte naturalista y de recia expresión en la que plasmó un dibujo firme y un potente colorido; progresivamente su dibujo fue adquiriendo mayor fluidez y su colorido fue adoptando mayor riqueza de matices y llegando a adquirir transparencias. Una técnica dinámica y vitalista, merced a la aplicación de una pincelada rápida y fogosa que otorga a sus obras un sentimiento apasionado y vehemente. La emoción espiritual que reflejan sus personajes se traduce en ocasiones en expresiones bruscas y en rostros tensos y anhelantes, que incurren deliberadamente en la estética de lo feo, que otorga a sus expresiones un notorio dramatismo (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e  Iconografía de la Sagrada Familia;
     En el verdadero sentido de la expresión, la Sagrada Familia constituye un grupo mucho más restringido que La Parentela de María. Sólo incluye a los parientes más próximos del Niño Jesús, es decir madre y abuela o madre y padre nutricio. En los dos casos, ya sea santa Ana o san José quienes lo lleven, es un grupo de tres figuras, un grupo trinitario.
     Desde el punto de vista artístico, la disposición de esta Trinidad terrestre (Trias humana), como se la ha llamado muy justamente, plantea los mismos problemas y sugiere las mismas soluciones que la Trinidad celestial.
     No obstante, las dificultades son menores. Ya no se trata de un único Dios en tres personas del cual deba expresarse la unidad esencial al mismo tiempo que la diversidad. Los tres personajes están unidos por vínculos de sangre, ciertamente; pero no constituyen un bloque indivisible. Cada uno de ellos tiene su propia vida y pueden disociarse sin inconvenientes. Además, los tres están representados con forma humana mientras que la paloma del Espíritu Santo introduce en la Trinidad divina un elemento zoomórfico difícil de amalgamar con dos figuras antropomórficas.
1. Santa Ana con la Niña María y el Niño Jesús
     Este tipo de Sagrada Familia que agrupa a las tres generaciones, abuela, madre e hijo, está estrechamente ligado con La Parentela de María de la cual no es más que un fragmento separado.
     También ha encontrado los mayores favores en Alemania, hasta el punto que la expresión Anna selbdritt (santa Ana triple, en tres, trinitaria) se emplea corrientemente en otras lenguas para designar brevemente este grupo.
     Se encuentran ejemplos de este tipo a partir del siglo XIV; pero fue en los siglos XV y XVI cuando el tema se hizo realmente popular, no sólo en los países germánicos sino hasta en Italia y España.
      Agrupar de una manera satisfactoria dos mujeres adultas y un niño no era tarea fácil. Al igual que con la Trinidad divina, los artistas intentaron la superposición, la yuxtaposición, el agrupamiento vertical y el horizontal. En el primer caso, santa Ana lleva a la Virgen y al Niño Jesús, en el segundo, el Niño está sentado entre santa Ana y la Virgen.
   a) Santa Ana lleva a la Virgen y al niño
     Esta disposición vertical puede ser realizada de dos maneras: santa Ana de pie lleva a la Virgen y al Niño sobre cada uno de sus brazos, o bien ella está sentada y tiene sobre las rodillas a su hija que a su vez sostiene al Niño Jesús.
     El inconveniente de esta solución está a la vista: comporta una desproporción chocante entre madre e hija que normalmente deberían ser de la misma talla: la Virgen en brazos o sentada sobre las rodillas de santa Ana se encuentra reducida a la estatura de una niñita. 
   Leonardo da Vinci, en su admirable cuadro del Louvre que señala el apogeo del tema, permaneció fiel a este esquema arcaico; aunque consiguió aligerarlo y animarlo. La Virgen está esviada sobre las rodillas de su madre y tiende los brazos al Niño, de pie en el suelo, a horcajadas del cordero simbólico. Esta composición en diagonal, que confiere vida a las figuras y las libera de la frontalidad, indudablemente comporta un progreso. El conjunto gana en unidad y también en dinamismo, y es una de las últimas y más bellas expresiones de un tema iniciado en Alemania que tomó forma en la Italia del Renacimiento.
   b) El niño Jesús sentado entre su madre y su abuela
     Para respetar las proporciones reales de las figuras, se imaginó sentar a las dos mujeres, madre e hija, sobre un banco, a cada lado del Niño que las separa, pero que en verdad les sirve de vínculo.
     Es cierto que ese agrupamiento horizontal es la solución más feliz desde el punto de vista estético, porque permite restablecer las proporciones y la separación bien clara de las tres figuras yuxtapuestas no presenta el mismo inconveniente que en la Trinidad divina cuyas tres personas son consustanciales. También es natural que el horizontalismo haya primado a partir del siglo XV en las representaciones de la Trinidad humana, mientras que en la Trinidad divina la Iglesia imponía el agrupamiento según el esquema vertical del «Trono de Gracia».
     Puede destacarse una variación bastante graciosa en un cuadro de Holbein el Viejo, en Augsburgo, es el Primer paso del Niño Jesús: en vez de estar tranquilamente sentado entre su madre y abuela, el Niño intenta caminar. Este matiz de intimidad es mucho más frecuente en las Sagradas Familias donde san José reemplaza a santa Ana.
     Al grupo de la Familia trinitaria se suma a veces un cuarto personaje, santa Emerenciana, madre de santa Ana. Así, se encuentran cuatro generaciones reunidas en este grupo que fue bautizado Santa Ana cuaternaria (Anna selbviert). Pero no es más que una curiosidad iconográfica uno de cuyos más notables ejemplares es un grupo escultórico en madera del Museo de Hannover.
     El arte de la Contrarreforma introdujo en este tema desgastado una última va­riante. En un cuadro de Caravaggio se ve a la serpiente aplastada al mismo tiem­po por la Virgen y por el Niño Jesús, quien apoya el pie sobre el de su madre.
     La Trinidad de santa Ana con la Virgen y el Niño Jesús está excepcionalmente asociada en un mismo cuadro con La Parentela de María o Estirpe de Santa Ana, con las dos santas María Cleofás y Salomé, sus maridos e hijos. El ejemplo más conocido de esta amalgama es el retablo de Perugino del Museo de Lyon.
2. José, la Virgen y el Niño
     Lo que comúnmente se entiende por Sagrada Familia es el grupo formado por el Niño Jesús, su madre y su padre nutricio.
     Este motivo, que se hizo tan popular a partir del Renacimiento, ya existe en germen en las Natividades de la Edad Media; pero puede decirse que resulta extraño al arte de la época que no conoció la devoción a la Sagrada Familia.
     El tema sólo se difundió en el arte de la Contrarreforma que estimuló el culto de la Trias humana, Jesús, María y José: es lo que se llama la Trinidad jesuítica.
   Las dos trinidades
     Esta Trinidad terrestre (Trinitas terrestris) está concebida según el mismo modelo que la Trinidad celestial de la cual es un reflejo. «María, Jesús y José -escribe san Francisco de Sales en sus Conversaciones espirituales- es una Trinidad en tierra que en cierta forma representa a la Santísima Trinidad.» San José es la imagen de Dios Padre, y la Virgen sustituye al Espíritu Santo del cual es el templo vivo.
     A veces la Trinidad terrestre está puesta bajo la protección de la Trinidad celeste. En el siglo XVII, el tema de las dos trinidades superpuestas era corriente en la decoración de los retablos franceses, por ejemplo en Saint Sernin de Toulouse.
     En la misma época se lo encuentra en la escuela española, en Murillo, por ejemplo, que agrupó a las dos trinidades en un cuadro expuesto en la National Gallery de Londres.
     También el arte de los Países Bajos pudo complacerse representando la unión de las dos trinidades, celestial y terrenal.
     En una xilografía de Christoffel van Sichem, el Niño Jesús es el punto de intersección de las dos trinidades. La Virgen y san José lo tienen de la mano, por encima de su cabeza planea la paloma del Espíritu Santo con las alas desplegadas, y Dios Padre extiende los brazos en doble gesto de bendición.
     Un cuadro de Jan van Cleef en Gante, combina los dos motivos de una manera aún más ingeniosa: en el centro de la composición, el Niño Jesús, desnudo, de pie sobre los peldaños, coloca una corona de rosas sobre la cabeza de san José arrodillado frente a él. A la derecha, está sostenido por la Virgen que sirve de vínculo entre ambas trinidades y eleva los ojos hacia el Espíritu Santo y hacia Dios Padre quien aparece en medio de un enjambre de ángeles para bendecir a la Sagrada Familia.
   La Sagrada Familia ampliada
     Esa Sagrada Familia trinitaria ha sido muchas veces «ampliada» por los artistas a quienes gustó agrupar alrededor de la Virgen y de Jesús a santa Isabel y al niño san Juan Bautista.
     Esta adición no está en modo alguno justificada por los Evangelios, según los cuales san Juan conoció a Cristo cuando lo bautizó en el Jordán. Pero las meditaciones del Seudo Buenaventura (cap. XI), cuentan que de vuelta en Belén, después de la Huida a Egipto, la Sagrada Familia se detuvo en casa de Isabel: «Los dos niños jugaban juntos y el pequeño san Juan, como si ya hubiera comprendido, demostraba respeto a Jesús».
     Tal es la fuente de la que derivan en el siglo XVI los idilios tan populares de Rafael: La Sagrada Familia de Francisco I, La Bella Jardinera; y en el XVII, los de Murillo y sus imitadores, con frecuencia insulsos a causa de su sentimentalismo dulzón (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Juan de Valdés Leal, autor de la obra reseñada;  
      Juan de Valdés Leal (Sevilla, 4 de mayo de 1622 [bautismo] – 9 de octubre de 1690), pintor.
   Quien, después de Murillo, es con seguridad la segunda personalidad más importante dentro del ámbito de la pintura barroca sevillana, fue bautizado en Sevilla el 4 de mayo de 1622, hijo de Fernando de Nisa, noble portugués, y de Antonia de Valdés Leal, sevillana.
   Se ignora con quién pudo realizar su aprendizaje, que hubo de llevarse a cabo aproximadamente entre 1637 y 1642. Una vez concluida su formación marchó, a Córdoba, donde inició su carrera artística y donde en 1647 contrajo matrimonio. Allí permaneció hasta 1656, fecha en la que regresó definitivamente a su ciudad natal, y allí, pocos años después, en 1660, aparece citado entre los artistas que fundaron la academia de pintores de Sevilla, en la que llegó a ser primero diputado, y finalmente presidente. 
    Referencias fidedignas indican que, en 1664, Valdés Leal viajó a Madrid, donde permaneció cerca de medio año, y donde hubo de mantener contacto con otros pintores y pudo visitar seguramente las colecciones reales, circunstancias que hubieron de repercutir favorablemente en la mejora de sus principios artísticos. Regresado a Sevilla, prosiguió su trayectoria artística, que se desarrolló siempre en un plano secundario, detrás de Murillo, con quien ingresó en 1667 como hermano de la Santa Caridad de Sevilla, institución para la que trabajó largamente hasta los momentos finales de su vida. En 1672, se sabe que realizó un viaje a Córdoba, posiblemente vinculado a encargos pictóricos.
   A partir de 1680, la salud de Valdés Leal se debilitó notablemente pero, pese a ello, como quiera que su situación económica nunca había sido boyante, hubo de ocuparse de trabajos que suponían grandes esfuerzos físicos, como la realización de decoraciones murales en el interior de recintos religiosos, subido a altos andamios. A partir de 1689, su hijo Lucas fue sustituyéndole paulatinamente en este tipo de trabajos, y finalmente, después de un ataque de apoplejía, en octubre de 1690, tuvo lugar su fallecimiento. Había redactado su testamento el 9 de octubre y el 15 siguiente fue enterrado en la iglesia de San Andrés (Sevilla).
   La historiografía del arte ha sido totalmente injusta con Valdés Leal, y al mismo tiempo ha desfigurado su personalidad, caracterizándole como una persona iracunda y orgullosa, quizás como contrapunto al carácter de Murillo, al que se presenta como hombre bueno y humilde. Sin embargo, Palomino, que le conoció personalmente dijo que “fue hombre de mediana estatura, grueso, pero bien hecho, redondo de semblante, ojos vivos y color trigueño claro [...] fue espléndido y generoso en socorrer con documentos a cualquiera que solicitaba su corrección [...] al paso que era altivo y sacudido con los presuntuosos y desvanecidos”.
    Pese a estas precisas palabras, que son las únicas contemporáneas referidas a Valdés Leal, en torno a él se ha forjado una leyenda que le define como un necrófilo, obsesionado por la muerte y por todo lo repugnante y desagradable. Estas falsas apreciaciones se deben sin duda a que se le considera como el responsable de la ideología que emana de las pinturas de Las Postrimerías de la iglesia del Hospital de la Santa Caridad, que, sin embargo, son fruto de las intenciones y del pensamiento de Miguel de Mañara, hermano mayor de dicha institución en el momento en que se ejecutaron dichas obras. Pero ello no ha librado a Valdés Leal de ser llamado “el pintor de los muertos”, y a él se han atribuido sistemáticamente de forma errónea todo tipo de pinturas con tema mortuorio realizadas en la pintura barroca española. Ciertamente no fue la muerte la obsesión que agobió a Valdés Leal, sino al contrario las circunstancias de su vida, presidida siempre por los continuos problemas económicos que le acuciaban. 
    No se conoce quién fue el maestro de Valdés Leal, y por lo tanto, no puede precisarse el espíritu artístico que presidió su formación. De todas formas, con quien más puntos de contacto tiene su pintura, al menos en sus inicios, es con Francisco de Herrera el Viejo, quien pudo ser su preceptor. También puede señalarse que, residiendo en Córdoba en torno a 1650, su pintura adquiriese referencias estilísticas procedentes de Antonio del Castillo.
   Progresivamente y con el paso del tiempo, el dibujo de Valdés Leal, firme y preciso, y su colorido terroso y compacto se fueron aligerando, sobre todo después de su estancia en Madrid en 1664, donde recibió influencias procedentes de la pintura veneciana y flamenca, y también de la madrileña. De esta última se constata cómo referencias pertenecientes a Ricci, Coello, y también a Herrera el Joven, incidieron en la progresiva adquisición de soltura y agilidad en su técnica.
   La pintura de Valdés Leal posee desde su época de madurez un marcado sentido de ímpetu y de fogosidad que le convierten en uno de los más aparatosos pintores de su época. Su arrebato creativo alcanza a veces a captar matices expresionistas en los gestos de sus personajes, tensos y crispados, con semblantes hoscos y anhelantes, que en ocasiones inciden de forma voluntaria en la estética de lo feo.
   La producción de Valdés Leal se inicia en Córdoba en torno a 1647, reflejándose en estos momentos una cierta rudeza en las actitudes físicas de sus personajes y una notoria solemnidad moral. Su primera obra fechada aparece en dicho año y es el San Andrés que pertenece a la iglesia de San Francisco de dicha ciudad.
   De estos años es también El arrepentimiento de San Pedro en cuya plasmación reflejó un profundo sentimiento, dramático y doliente; con este tema se conocen tres versiones casi exactas, una en la iglesia de San Pedro de Córdoba y las otras dos en Madrid, en colección particular y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En estas obras, aparte del influjo de Herrera el Viejo, se advierten también recursos técnicos derivados de José de Ribera.
   Muy importante debió de ser para Valdés Leal la obtención en 1652 del encargo de decorar con pinturas los muros laterales del presbiterio de la iglesia del Convento de Santa Clara de Carmona, conjunto actualmente disperso entre la colección March en Palma de Mallorca y el Ayuntamiento de Sevilla. En esta serie pictórica se describe la vida de Santa Clara y en sus distintos episodios se narra La profesión de Santa Clara, El milagro de Santa Clara con su hermana Santa Inés, La procesión de Santa Clara con la Sagrada Forma y La retirada de los sarracenos del convento de Asís, obra esta última que hay que considerar como uno de los testimonios más claros que nos ha dejado Valdés Leal en la descripción de escenas tumultuosas y caóticas; la serie finaliza con La muerte de Santa Clara.
   Del periodo cordobés de Valdés Leal es un amplio grupo de pinturas, realizado entre 1654 y 1656, entre las que figura La Virgen de los Plateros del Museo de Córdoba, obra que estuvo repintada casi totalmente y que en la actualidad presenta aún la cara de la Virgen muy desfigurada por la mano inexperta de un antiguo y vulgar restaurador. De este momento es también La Inmaculada con Felipe y Santiago, que pertenece al Museo del Louvre de París, y la pareja de los arcángeles San Miguel y San Rafael, que pertenecen a la colección Caja Sur de Córdoba. A este grupo puede añadirse una bella representación de Santa Bárbara, que pertenece al Museo Municipal de Rosario en Argentina.
   Trabajo de gran empeño por parte de Valdés Leal fue la realización entre 1655 y 1656 del retablo mayor de la iglesia de las carmelitas de Córdoba, cuyo patrono fue Pedro Gómez de Cárdenas. Este importante conjunto pictórico está presidido por una dinámica y aparatosa representación de El rapto de Elías, imbuida de un espíritu decididamente barroco. Figura también en el retablo La Virgen de los carmelitas, situada en el ático del mismo, mientras que en los laterales aparecen San Acisclo, Santa Victoria, San Miguel y San Rafael; en el banco se sitúan cuatro santas carmelitas formando dos parejas, Santa María Magdalena de Pazzis con Santa Inés y Santa Apolonia con Santa Syncletes. Completan el retablo dos cabezas cortadas de San Juan Bautista y de San Pablo más dos magníficas representaciones de Elías y los profetas de Baal y Elías y el ángel, estando estas dos últimas pinturas realizadas con posterioridad a la primera fase del retablo, puesto que ambas están firmadas y fechadas en 1658, cuando Valdés Leal residía ya definitivamente en Sevilla.
   A partir de 1656 Valdés Leal se estableció en su ciudad natal, siendo su primer trabajo importante la realización del conjunto decorativo que recubría las paredes de la sacristía del Convento de San Jerónimo de esta ciudad, actualmente disperso. Allí se narraba la vida de San Jerónimo, y también se exaltaba a los principales religiosos de la orden, algunos de los cuales habían estado vinculados a la historia del propio convento. Así, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla se guardan El Bautismo, Las Tentaciones y La flagelación de San Jerónimo. En una colección particular de Dortmund se conserva la representación de San Jerónimo discutiendo con los rabinos, mientras que otro episodio que representa La muerte de San Jerónimo se encuentra en paradero desconocido, si no es que se ha perdido.
   Un conjunto de frailes y monjas de la orden jerónima completaba la decoración de la mencionada sacristía, estando igualmente disperso en la actualidad. De él, en el Museo del Prado se conservan representaciones de San Jerónimo y de Fray Diego de Jerez; en el Museo de Bellas Artes de Sevilla se exponen Fray Pedro Fernández Pecha, Fray Fernando Yáñez de Figueroa, Fray Pedro de Cabañuelas, Fray Alonso Fernández Pecha, Fray Juan de Ledesma y Fray Hernando de Talavera. En el Museo de Grenoble se encuentra Fray Alonso de Ocaña, y en el de Dresde Fray Vasco de Portugal. Las dos principales figuras femeninas de la orden jerónima, Santa Paula y Santa Eustoquio, se guardan respectivamente en el Museo de Le Mans y en el Bowes Museum de Bernard Castle.
   Hasta fechas recientes se venía creyendo que la última pintura realizada por Valdés Leal en su trayectoria artística era la representación de Cristo disputando con los doctores en el templo, obra que se conserva en el Museo del Prado y firmada en 1686. Sin embargo, el estilo de esta obra no encaja con la forma de pintar que Valdés poseía en los años finales de su vida, y por el contrario es totalmente afín al que tenía en los años inmediatos a su llegada a Sevilla, procedente de Córdoba. Esta circunstancia nos movió en 1992 a examinar detenidamente la firma y la fecha que lleva la pintura, pudiendo advertir que está totalmente repintada, y advirtiéndose de forma clara que la tercera cifra —actualmente un “ocho”—, fue inicialmente un “cinco”, con lo que la pintura posee la fecha de 1656, año justo y apropiado para situar esta obra dentro de la producción del artista.
   Otra obra de notoria calidad y empeño, ejecutada además con vibrante pincelada y espléndido colorido, fue realizada por Valdés Leal en 1657. Se trata de Los desposorios de la Virgen con San José de la catedral de Sevilla, escena en al que impera ya un marcado ímpetu barroco. De fecha aproximada es también la pintura que representa a Santa María Magdalena, San Lázaro y Santa Marta, también conservada en la catedral sevillana, y que muestra intensos y arrebatados sentimientos espirituales en la expresión de los personajes. De estos momentos es también El Sacrificio de Isaac, perteneciente en la actualidad a una colección particular madrileña, en la que el artista capta espléndidos estudios anatómicos de desnudo. Otras pinturas, fechables en torno a 1657 y 1658, son La Virgen con San Juan Evangelista y las tres Marías camino del Calvario, del Museo de Bellas Artes de Sevilla, La Piedad del Museo Metropolitano de Nueva York, El Descendimiento de la Cruz, de colección particular en Pontevedra, y La liberación de San Pedro, de la catedral de Sevilla. En todas estas obras se refleja una intensa dinámica expresiva imbuida en un profundo patetismo.
   Entre 1659 y 1660, Valdés Leal realizó un amplio conjunto pictórico para un retablo principal y dos colaterales, destinados a la iglesia de San Benito de Calatrava de Sevilla. En los retablos colaterales se disponía una sola pintura en cada uno de ellos, una monumental Inmaculada y un patético Calvario. En el retablo principal y con pinturas de mediano tamaño, figuraban, en el primer cuerpo, San Juan Bautista, San Andrés, San Sebastián y Santa Catalina, además de una representación de La Virgen con San Benito y San Bernardo que se ha perdido. En el segundo cuerpo aparecían San Antonio de Padua, San Miguel Arcángel y San Antonio Abad. Todo este conjunto pictórico se conserva actualmente en la iglesia de la Magdalena de Sevilla, en la capilla de la hermandad de la Quinta Angustia.
    Para el patio de la Casa Profesa de los jesuitas de Sevilla realizó Valdés Leal en torno a 1660 una serie de pinturas sobre la vida de San Ignacio de Loyola, que por haber estado durante dos siglos al aire libre han llegado hasta nuestros días en mal estado de conservación, por lo que han tenido que ser intensamente restauradas, a parte de que alguna de las escenas integrantes de dicha serie se ha perdido. Estas pinturas, excepto la que representa a San Ignacio convirtiendo a un pecador, que se encuentra en la iglesia del Convento de Santa Isabel de Sevilla, pertenecen actualmente al Museo de Bellas Artes de esta ciudad. Las pinturas que integran esta serie son La aparición de San Pedro a San Ignacio en Pamplona, La aparición de la Virgen con el Niño a San Ignacio, San Ignacio haciendo penitencia en la cueva de Manresa, El trance de San Ignacio en el hospital de Manresa, San Ignacio curando a un poseso, Aparición de Cristo a San Ignacio camino de Roma y San Ignacio recibiendo la bula de fundación del Papa Pablo III. La serie se completa con representaciones de San Ignacio y San Francisco de Borja contemplando una alegoría de la eucaristía y San Ignacio contemplando el monograma de la compañía de Jesús.
     En 1660 Valdés Leal realizó dos obras fundamentales dentro de la tradición española de la pintura de vanitas, en cuyo contenido manifiesta la vanidad de la existencia como consecuencia de la fugacidad del tiempo y la brevedad de la vida; alude también en estas pinturas a la inmediata llegada de la muerte, que arrebata a los humanos todo tipo de placeres y riquezas mundanas. Ante esta situación irremediable que, después de la muerte conduce a las circunstancias del juicio del alma con su dilema de salvación o condenación, es necesario llevar antes una existencia piadosa en la que la oración, la penitencia y la castidad sean méritos acumulados para poder conseguir la salvación. Estas consideraciones se recogen en dichas pinturas, que inicialmente formaban pareja, pero que en la actualidad se conservan separadas, una en el Wadsworth Ateneum de Hartford y otra en la Galería de Arte de York, representándose en ellas respectivamente La alegoría de la vanidad y La alegoría de la salvación.
     A estas dos pinturas siguieron otras no menos extraordinarias firmadas en 1661 como La Inmaculada Concepción con dos donantes, que pertenece a la Galería Nacional de Londres, donde aparte de la bella figura de la Virgen, Valdés Leal incluyó a sus pies los magníficos retratos de Un clérigo joven y de Su madre anciana, ambos de muy notable calidad. También de 1661 es La Anunciación que se conserva en el Museo de Arte de la Universidad de Michigan, obra de gran ímpetu barroco en la que contrastan la enfática e impulsiva figura del ángel con la recatada e íntima presencia de la Virgen. Otras obras importantes de 1661 son El camino del Calvario conservado en la Hispanic Society de New York y La imposición de la casulla a San Ildefonso, obra de la que el artista realizó una primera versión para ser situada en el ático de la capilla de San Francisco de la catedral de Sevilla y que debió de ser rechazada por los canónigos de la catedral por su excesiva tensión dramática y atormentada espiritualidad. Para reemplazarla Valdés Leal realizó otra versión del mismo tema más atemperada y recogida; de estas dos pinturas, la rechazada por el cabildo debe de ser probablemente la que hoy se conserva en la colección March de Palma de Mallorca.
     Poco después de 1663, también para la Catedral de Sevilla y esta vez para el retablo de la capilla de Santiago, Valdés Leal realizó un Martirio de San Lorenzo en el que acertó a describir en la figura de su protagonista una emotiva expresión en su actitud de levantar los ojos al cielo, aceptando con serenidad los tormentos de su martirio. En torno a 1663 puede fecharse también la representación de María Magdalena, que se conserva en la casa palacio de Villa Manrique de la Condesa, obra en la que Valdés Leal supo hacer gala de su destreza en la plasmación de la belleza física y espiritual.
     En los años que oscilan entre 1665 y 1670 puede situarse la ejecución de otras pinturas de Valdés Leal de notoria calidad. Son el San Antonio de Padua con el Niño que se conserva en una colección particular de Madrid y La Asunción de la Virgen que pertenece a la Galería Nacional de Washington, obra de gran ímpetu barroco plasmado en la dinámica figura de la Madre de Dios, que es impulsada hacia lo alto por ángeles de forma impetuosa y arrebatada.
     Procedentes de la iglesia del convento de San Agustín de Sevilla se conservan en el Museo de Bellas Artes de esta ciudad dos excepcionales composiciones que hubieron de ser pintadas por Valdés Leal hacia 1670. Son La Inmaculada Concepción y La Asunción de la Virgen, obras ambas espectaculares y aparatosas cuando no trepidantes y convulsas, alcanzado a plasmar en ellas el máximo nivel expresivo que en el Barroco español se dio a estos temas.
     Valdés Leal es conocido de forma tópica en la historia del Arte europeo por ser el pintor de los dos famosos Jeroglíficos de las postrimerías, conservados en la iglesia del Hospital de la Santa Caridad de Sevilla. Ambas obras han forjado la leyenda de un Valdés Leal macabro, necrófilo y obsesionado por la muerte, aunque es necesario precisar que la ideología que impera en ellas es fruto del pensamiento de Miguel de Mañara, hermano mayor de la Santa Caridad, quien quiso plasmar en ellas la idea de que la salvación eterna sólo es posible obtenerla a través de la renuncia de los bienes y goces terrenales que logrará en el momento del juicio del alma el beneplácito divino que otorga la salvación eterna. Estas pinturas son denominadas, merced a los rótulos que en ellas figuran In Ictu Oculi y Finis Gloriae Mundi. En la primera un esqueleto apaga de un manotazo la vela encendida que alegoriza la existencia señalando al mismo tiempo el triunfo de la muerte sobre las complacencias mundanas. En la segunda, aparece un osario con dos cadáveres en primer plano agusanados y corroídos por repugnantes insectos, mientras esperan la hora del juicio y la decisión divina de obtener la salvación o la condenación del alma.
     Estas dos pinturas constituyen el preámbulo del mensaje que Miguel de Mañara introdujo en la iglesia del Hospital de la Caridad de Sevilla, puesto que su parte más importante se desarrolla a través de un conjunto de seis pinturas de Murillo que narran las obras de misericordia y que señalan que su práctica es indispensable para la salvación del alma. El colofón del programa de Mañara se refleja en la gran pintura realizada también por Valdés Leal en el coro alto de la iglesia en 1684. La simbología de esta pintura señala que ningún rico podrá entrar en el Reino de los Cielos, de la misma manera que el emperador Heraclio no pudo entrar en Jerusalén cuando portaba la cruz de Cristo en medio de la pompa y esplendor de su corte. Al ser Jerusalén la ciudad simbólica del Cielo, Mañara, en esta pintura, a través de Valdés Leal, insiste en señalar que los ricos habrán de emplear sus bienes en el ejercicio de la caridad, para así obtener la gloria eterna.
     Una de las obras más espectaculares de Valdés Leal, por sus dimensiones y efecto compositivo es La visión de San Francisco en la Porciúncula, firmada y fechada en 1672, que se conserva en la iglesia de los antiguos capuchinos de Cabra (Córdoba), donde alcanzó a configurar una escena imbuida en un alto nivel de dramatismo espiritual. En años sucesivos el artista realizó algunas pinturas de notable importancia como La Visitación, de colección particular de París, firmada y fechada en 1673. De esta misma fecha es el conjunto de seis pinturas que perteneció a un retablo del palacio arzobispal de Sevilla y que fue encargado por el obispo de dicha ciudad, Ambrosio de Espínola; en él se narraba la vida de San Ambrosio. Estas pinturas fueron robadas por el mariscal Soult y actualmente se encuentran dispersas entre el Museo del Prado, el Museo de Bellas Artes de Sevilla, el Museo de Arte de Saint Louis (Estados Unidos) y el Young Memorial Museum de San Francisco (Estados Unidos). Estas pinturas, realizadas para ser vistas de cerca, muestran una técnica fogosa y vitalista y en ellas se describen personajes de vivaz expresión que se albergan bajo espectaculares fondos arquitectónicos.
     En 1674, Valdés Leal concluyó la aparatosa y triunfal representación de San Fernando ejecutada para la Catedral de Jaén, donde se conserva. El santo aparece captado de forma apoteósica y triunfal, portando atributos que le acreditan como vencedor de los musulmanes en la conquista de dicha ciudad. En torno a 1675 hubo de pintar Valdés Leal una serie de ocho representaciones de la vida de San Ignacio de Loyola que se conservan en la iglesia jesuítica de San Pedro de Lima, y que están ejecutados con la técnica suelta y deshecha que se constata en la mayoría de las pinturas realizadas en su madurez.
     En los últimos años de su vida, pese a su mal estado de salud, Valdés Leal hubo de realizar labores artísticas que, por su dificultad, mermaron paulatinamente sus facultades físicas. Se trata de pinturas realizadas al temple en lo alto de los muros de edificios religiosos sevillanos como la iglesia del Monasterio de San Clemente, la iglesia del Hospital de los Venerables y la iglesia del Hospital de la Santa Caridad. Para esta última institución, realizó también el retrato de Miguel de Mañara en actitud de estar presidiendo el cabildo de la hermandad y explicando algún pasaje de la regla de la misma. Fue esta obra, probablemente, una de las últimas que el artista realizó en su vida (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "El taller de Nazaret", de Valdés Leal, en la sala VIII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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viernes, 8 de abril de 2022

La Hermandad de Pino Montano

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de Pino Montano, de Sevilla.  
     Hoy, 8 de abril, es Viernes de Dolores, y qué mejor día que hoy para ExplicArte la Hermandad de Pino Montano, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del Viernes de Dolores.
     La Hermandad de Pino Montano, tiene su sede canónica en la Iglesia Parroquial de San Isidro Labrador, que se encuentra, al igual que su Casa de Hermandad, en la calle Alfareros, 3; en el Barrio de Pino Montano, del Distrito Norte.
     La Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de Nazaret, María Santísima del Amor, San Marcos Evangelista y San Isidro Labrador, con sede canónica en la iglesia parroquial de San Isidro Labrador, donde se funda la corporación en 1982, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de Nazaret, obra de Fernando Castejón en 1989; María Santísima del Amor, tallada por Fernando Castejón en 1998, y San Marcos evangelista, obra también de Fernando Castejón.
     El escudo de la Hermandad lo constituye una forma semicircular, a la izquierda y derecha dos cartelas ovaladas orladas de grecas doradas, en la de la izquierda aparece en abreviatura JESÚS HOMBRE SALVADOR (JHS) con una cruz sobre la letra H y corona de espinas bajo dicha abreviatura, en la de la derecha el símbolo de MARÍA y bajo él, una rosa roja en el centro; en la parte central inferior el atributo es el león, representando a San Marcos Evangelista; en la parte superior del escudo llevará la inscripción MADRE DEL AMOR y en la parte inferior del escudo llevará la inscripción RUEGA POR NOSOTROS.
   Con el propósito de realizar una mayor catequesis entre los jóvenes del colegio público Félix Rodríguez de la Fuente, de la barriada de Pino Montano (Sevilla), en el curso escolar 1981-1982, el profesor de Pretecnología D. Juan Manuel Plaza Moreno realiza dos imágenes pequeñas en papel encolado y policromado. Una de un crucificado y otra una Virgen Dolorosa, dándoles las advocaciones de Cristo de las Aguas y Nuestra Señora del Amor. Con ellas, guiado por su afán cofrade, monta dos pasos pequeños en cuyos trabajos participan los alumnos de su clase.
     Con el apoyo del Director y Profesores del mencionado colegio, el Viernes de Dolores de 1982, se realiza la primera Salida Procesional por las calles del barrio, no pudiendo participar en la misma el profesor D. Juan Manuel, por fallecer un mes antes en plena juventud, siendo sucedido en esta ingente tarea por Dña. Maruja Remedios Vilches, profesora y colaboradora de D. Juan Manuel, tomando la dirección de los trabajos, como le prometió a D. Juan Manuel en su lecho de muerte, comprometiendo a propios y extraños hasta encauzar y afianzar esta obra, asegurándose de que la religión y la labor apostólica estuviese presente en los alumnos de este colegio público, por lo que se habilitó una pequeña habitación en el colegio, que servía de Capilla para las Imágenes.
     A partir de entonces, un grupo de vecinos de Pino Montano, entre los que se encontraban miembros del la Asociación de Padres de Alumnos (A.P.A.), deciden crear una Junta entre los alumnos del colegio, asesorados por una segunda Junta compuesta por los padres.
     Reunida la Junta deciden adquirir una Imagen de la Virgen, para ello se dirigen al joven escultor Fernando Castejón López, que contaba en esos momentos con catorce años de edad y era alumno de la Escuela de Bellas Artes y Oficios de Nervión, el cual realiza una escultura de la Virgen en terracota.
     El día 22 de Noviembre de 1984, es presentada la Imagen de la Virgen del Amor, a todos aquellos profesores, alumnos y hermanos que algún día formarán la Pro-Hermandad de Pino Montano, acontecimiento que provoca el aumento considerable del número de futuros hermanos.
     El 10 de Marzo de 1985, con motivo de una exposición de esculturas en terracota, que realiza el joven escultor Fernando Castejón López, en la Sacristía de la Iglesia de Ntra. Sra. de Consolación, donde reside la Hermandad de la Sagrada Cena, es bendecida la citada Imagen por D. José María Ballesteros Bornes, Párroco de San Román y Santa Catalina. Desde aquellos momentos la Imagen de Nuestra Señora del Amor pasó a presidir la Capilla del Colegio.
     El día 1 de Marzo de 1986, es bendecida en el Colegio una Imagen de Jesús Cautivo, con la advocación de Nuestro Padre Jesús de Nazaret, por Don José Manuel García Junco, Capellán de la Iglesia de San Antonio Abad y también realizada por el imaginero Fernando Castejón López, en madera de cedro.
     Sobre finales de 1986, se recibe un escrito de la nueva Asociación de Padres de Alumnos, en el que se indica, que al ser esta Agrupación, de carácter religioso, no debe estar ubicada en un colegio público y por tanto quedaba suprimida esta actividad extra escolar, invitándonos a abandonar dicho Centro de Enseñanza.
     A final de Enero de 1987, salen del colegio en Solemne Traslado las dos Imágenes, para ser ubicadas en un local. Oratorio provisional donde permanecen hasta el mes de Noviembre de 1987, al ser requerido el local por el propietario del mismo, siendo trasladados a otro local, situado en la calle Esparteros s/n, junto al parque de Bomberos de la barriada.
     En el mes de Febrero de 1989 se extiende una circular a los hermanos, informándoles que la Junta ha decidido no efectuar Salida Procesional, hasta tanto no se nos autorice por el Arzobispado.
     En el año 1990, gracias a las gestiones realizadas por varios hermanos, ante la Comunidad de Propietarios de la Barriada y la Empresa Municipal de la Vivienda de Sevilla, nos ceden unos locales, situados en la calle Garrochistas, s/n de esta Barriada, donde en uno de ellos se instala el Oratorio con las Imágenes, y en el otro se sitúa las dependencias de la Secretaría, Almacén y Sala de Reuniones.
     El Sábado 21 de Abril de 1990, fue inaugurada nuestra Casa-Hermandad, a la que asistieron diversas representaciones de Hermandades de Sevilla y Provincia.
     En el año 1994, esta Pro-Hermandad, se encuentra muy vinculada a la Parroquia de Nazaret y a su Párroco D. Manuel Gallego González, perteneciendo al Consejo Parroquial nuestro Presidente-Hermano Mayor. En este año los miembros de esta Agrupación, se entregaron por completo al servicio de la Parroquia, trabajando incansablemente en todo y cuanto ofrecía y solicitaba su Párroco D. Manuel Gallego.
     Durante los años en que estuvo de Párroco D. Manuel Gallego González, se organizó, en su unión la Procesión del Hábeas Christi por la barriada, a la cual asistimos corporativamente, y en una de las calles, la Pro-Hermandad instaló un Altar, que a ruego de D. Manuel, estuvo presidida por la figura de Cristo.
     El 31 de Diciembre de 1997 entran en vigor las Nuevas Normas Diocesanas para Hermandades y Cofradías de 8 de Diciembre de 1997 y por consiguiente la disposición derogatoria establecida en su artículo 61.2 según el cual anulan las Reglas de las Hermandades y Cofradías en aquellas disposiciones que sean contrarias a las prescripciones de este Decreto.
     A principio de Enero de 1998 se gira una visita al Sr. Vicario General, D. Antonio Domínguez Valverde al que se le recuerda que siempre se había manifestado que había que esperar a las Nuevas Normas Diocesanas, solicitando este le sea presentado un escrito con las memorias de la Pro-Hermandad y el censo de hermanos, lo que fue realizado el día 2 de Febrero de 1998.
     El 4 de Marzo de 2000, el Rvdo. D. Fernando Isorna Jiménez, Delegado de Hermandades y Cofradías manifiesta que se debe celebrar Asamblea General para que la actual Junta de Gobierno fuese reconocida por los hermanos con su firma y DNI.
     Este mismo año, el 14 de Abril y teniendo por estreno el Viernes de Dolores la primera Salida Procesional a la Parroquia de Jesús de Nazaret donde cada año hace Estación Penitencial y este año con el título de Agrupación Parroquial, no pudo ser por motivos de la climatología teniendo que tomar la Junta de Gobierno la decisión de no efectuar la Salida Procesional del año 2000.
     El 22 de Marzo de 2002 se realiza la primera Salida Penitencial desde el anexo a la Parroquia de San Isidro Labrador, desde la que en adelante será la Capilla de Salida.
     En el año 2003, nuevamente y convirtiéndose ya en algo habitual, los Titulares son trasladados a la Parroquia de San Isidro Labrador, donde presiden el Altar hasta su colocación en los Pasos para procesionar por las calles del barrio el 11 de Abril.
     En el año 2004, definitivamente son trasladadas las Imágenes Titulares a la Parroquia de San Isidro Labrador, el 13 de Marzo, en Solemne Vía Crucis, y permaneciendo ya definitivamente entronizadas en una Capilla, construida para las Imágenes en el interior de la Parroquia de San Isidro Labrador.
     Este paso supone uno de los más importantes en la historia de esta Agrupación Parroquial.
     En los años 2005 y 2006, todos los esfuerzos de la Agrupación se han centrado en la integración plena en la Parroquia, participando activamente en todas las áreas Pastorales existentes en la Parroquia, siendo parte integrante del Consejo Pastoral (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
Conozcamos mejor la Solemnidad de los Dolores de la Virgen María
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     En primer lugar debemos decir que la advocación de los Dolores de María se encuentra entre los títulos soteriológicos de la Madre de Dios, vividos a lo largo de toda su vida, en torno a los misterios de su Maternidad Divina (nacimiento, infancia y vida pública de Jesús) y de su Compasión (Pasión y Muerte del Señor).  Aunque los dolores de María aparecen en las Sagradas Escrituras y la reflexión sobre ellos se remonta a la época patrística, esta devoción sólo ha tenido un desarrollo litúrgico en Occidente.  En Oriente sólo los Católicos Rutenos tienen una fiesta de la Madre Dolorosa el Viernes posterior a la Octava del Corpus Christi, aunque en la iglesia bizantina el recuerdo de la Dolorosa está muy presente en el oficio del Viernes Santo y todos los miércoles y jueves del año, en que se conmemora el sacrificio del Calvario de una manera especial, y se reza una antífona mariana llamada staurotheotókion, que canta a María al pie de la Cruz. Esta memoria mariana se gestó en el corazón de Europa. Fue preparada por la literatura ascético-mística renana de los siglos XII y XIII, en la que, insistiendo en la humanidad de Cristo, revaloriza también la figura de María, indisolublemente unida a Él, sobre todo en lo referente a la pasión: junto al Varón de Dolores, se contempla a la Reina de los Mártires. La conmemoración litúrgica de los dolores de Nuestra Señora, en la opinión más extendida, se remonta al siglo XIV, con Alemania como foco principal. En principio fue colocada en diversas fechas y recibió distintos nombres: Angustias, Compasión, Conmiseración, Desmayo, Lamentación de María, Llanto de María, Martirio del Corazón de María, Pasmo, Piedad, Siete Dolores, Transfixión, Traspaso... Mas los testimonios más antiguos de una fiesta litúrgica anual provienen de Iglesias locales. Los encontramos en la Fiesta de la Transfixión, establecida por el Obispo Lope de Luna en Zaragoza el año 1399, y en el Concilio Provincial de Colonia, presidido por el Arzobispo Teodorico de Meurs, que el veintidós de abril de 1423 instituye la Commemoratio angustiae et doloris B. Mariae Virginis, para el viernes posterior al domingo Jubilate, actual cuarta semana de Pascua, por decreto sinodal, como desagravio de los sacrílegos ultrajes de los herejes husitas a las imágenes de Cristo y de la Virgen, y para venerar exclusivamente los dolores de María en el Calvario.  En 1482 el Papa Sixto IV della Rovere introdujo en el rito romano una misa centrada en los sufrimientos de María al pie de la cruz, denominada de Nuestra Señora de la Piedad, que se fue extendiendo por todo Occidente. A fines de la Edad Media una fiesta de María Dolorosa estaba establecida en las diócesis del norte de Alemania, Escandinavia y Escocia, con diferentes denominaciones y fechas, la mayoría movibles (durante el tiempo pascual o poco después de Pentecostés), aunque algunas eran fijas (sobre todo en julio: el dieciocho en Merseburg; el diecinueve en Halberstadt, Lübeck o Meissen, el veinte en Naumberg). Sus textos eucológicos son variados, limitándose desde la consideración de las angustias de María durante la Pasión hasta extenderla a todos los dolores de la vida de la Madre de Dios. Durante el siglo XVI, esta memoria de la Compasión de la Virgen se va extendiendo por toda la Iglesia Occidental con sus varias denominaciones y fechas. En 1506 fue confirmada a las monjas de la Anunciación bajo el título de Pasmo de la Bienaventurada Virgen María para el lunes siguiente al Domingo de Pasión. En el Breviario de Erfurt, impreso en Mainz (Maguncia) en 1518, encontramos la fiesta con el título de Commendatio B. Mariae Virginis el viernes después del Domingo in Albis (actual Segundo de Pascua). En algunos lugares se le asignó el día que luego se extendería, el viernes anterior al Viernes Santo, como el caso de la concesión en 1600 a las monjas servitas de Valencia bajo el título de Bienaventurada Virgen María al pie de la Cruz; en otros se coloca el sábado siguiente, día por excelencia de la Virgen, o incluso un día fijo, el dieciocho de marzo, ocho días antes del veinticinco, que es el día en que la Tradición señala la muerte de Cristo.  En Francia se hizo popular esta fiesta en el siglo XVII, y la llamaban de Nuestra Señora del Pasmo o Nuestra Señora de la Piedad, celebrándose el viernes de la Semana de Pasión. Clemente X Altieri (1670-6) concedió esta memoria de los Dolores de Nuestra Señora a toda España. Esta misma fecha fue asignada a todo el Imperio Alemán en 1674.  El dieciocho de agosto de 1714 el Papa Clemente XI Albani la concede a los Siervos de María. El Papa Benedicto XIII Orsini, a petición de éstos, el veintidós de agosto de 1727, la extendió a toda la Iglesia Romana, con el nombre de Fiesta de los Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María, fijándola el Viernes de la Semana de Pasión o Quinta de Cuaresma. 
     En este día la celebraban la fiesta los servitas y los dominicos, Orden a la que pertenecía el Pontífice, así como los franceses, españoles y alemanes. Esta jornada acaba recibiendo el nombre popular de Viernes de Dolores. A pesar del título de la fiesta, contempla la compasión de María al pie de la cruz. Suprimida como una duplicación en la reforma del calendario de 1969 en beneficio de la del quince de septiembre, aunque fuera más antigua para no oscurecer la austeridad cuaresmal, en la última edición del Misal Romano se ha rescatado esta memoria, tan arraigada en nuestra tierra, en una colecta alternativa a la del día. “Señor Dios, que en este tiempo ayudas con bondad a tu Iglesia: concédenos imitar a la Santísima Virgen María en la contemplación de la Pasión de Cristo, con un corazón sinceramente entregado. Te pedimos, por la intercesión de la misma Virgen, unirnos en estos días con firmeza a tu Hijo Unigénito, y así poder llegar a la plenitud de su gracia”. Los servitas la siguen celebrando como fiesta con el título de Santa María al pie de la Cruz (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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