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jueves, 29 de enero de 2026

Un paseo por la calle Peris Mencheta

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Peris Mencheta, de Sevilla, dando un paseo por ella.  
     Hoy, 29 de enero, es el aniversario del nacimiento (29 de enero de 1844) de Francisco Peris Mencheta, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Peris Mencheta, de Sevilla, dando un paseo por ella.  
     La calle Peris Mencheta es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo; y va de la calle González Cuadrado, a la plaza Alameda de Hércules
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos.
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
        Ha recibido distintos nombres en sus diversos tramos. La parte final, inmediata a la Alameda de Hércules, se conoció como Cruz de la Tinaja, por la forma de la peana sobre la que se levantaba, y como plaza de Belén o del Convento de Belén, durante los s. XVIII y XIX, por el de esta advocación que se abría a dicha plaza. Parece que también recibió el de Pino, por el que allí se erguía. El resto de la calle actual se conoce como Garfio ya en 1483, y posteriormente, de for­ma transitoria, como Cruz del Garfio, nombre que deriva de una cruz de hierro existente en la encrucijada con Molino y Guadiana, en cuya base había un garfio para colgar la balanza con la que se pesaba el carbón, de lo que queda constancia en el s. XVIII. En un documento de 1755 se denomina como Puerto del Garfio, probable error. Por ello, este ensanche, especie de plaza, se llamó también Peso del Carbón entre 1785 y 1815, pero no la calle que aparece con esta denominación en el plano de Olavide (1771). El nombre de Garfio coexiste con el de Pico, que se da al tramo comprendido entre Mata y Molino durante el primer tercio del pasado siglo, pero desde 1845 a 1916 recupera toda la calle su nombre primitivo de Garfio. En este último año se le cambió por el actual, en recuerdo de Francisco Peris Mencheta (1844-1916), periodista, fundador de El Noticiero Sevillano. En 1938 se le volvió a dar el de Garfio, aunque por poco tiempo.
     Está formada por dos tramos claramente diferenciados, separados por Feria, que la cruza. El primero estrecho, corto, irregular y peor dotado, en el que desemboca Palacios Malaver. El segundo, más largo, recto y ancho, en el que desembocan el pasaje de González Quijano, por la derecha, y Guadiana, Molino y Mata, por la izquierda. En el lado de los pares posee un entrante, que es el resto de la antigua calle Sucia (v.). Su parte final se ensancha en la confluencia con Mata, y aún más al desembocar en la Alameda, producto de operaciones inmobiliarias efectuadas en la segunda mitad del pasado siglo. El tramo entre Feria y Molino ha experimentado también un proceso de alineación desde fines de dicha centuria. A lo largo de esos años y de comienzos del actual se suceden una serie de proyectos y acuerdos para pavimentarla con adoquines. que no acabaron de cristalizar hasta la década de 1940; sobre éstos se tiende la capa asfáltica actual en la de 1970. Las aceras del primer tramo alternan el cemento de los impares con las losetas de Tarifa y los cantos rodados de la frontera; las del segundo tra­mo son de losetas. En 1921 se sustituyó la iluminación de gas por la eléctrica, que hoy cuenta con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. Hay noticias de la construcción de una cloaca que recorría la calle en 1865, así como de la existencia de una fuente en la plaza de Belén.
     La mayor parte del caserío corresponde al último tercio del s. XIX y a principios del actual, como consecuencia de operaciones inmobiliarias relacionadas con el loteamiento de su parte final y con el derribo del convento, entre otras. Predominan las casas de tres plantas, siendo más modestas las del primer tramo; en el lado derecho de éste se encuentra la fachada lateral de la iglesia de Omnium Sanctorum, con un azulejo de la Virgen del Carmen con las ánimas. Los bajos de las viviendas suelen estar dedicados a actividades económicas, predominando pequeñas tiendas y talleres, así como algunos bares, sobre todo en la primera mitad de la calle, por la que en el pasado siglo se extendían los puestos del inmediato mercado de la Feria. Ya se ha señalado cómo en el s. XVIII se encontraba allí el peso del carbón que entraba en la ciudad; también existía en 1835 un molino de yeso. Como consecuencia de todo esto tuvo, en algunos tramos, una notable actividad económica y de tránsito, como señalara hacia 1873 Álvarez-Bena­vides, y hoy se puede comprobar por las mañanas.
     Entre los monumentos localizados en esta calle hay que citar una ermita en las proximidades de la Alameda, posiblemente de época medieval, bajo la advocación de Nuestra Señora de Belén, al parecer de la cofradía de los barqueros y gentes del río, que a mediados del s. XVI estaban levantando una nueva iglesia. En 1585 se instalan al lado e incorporan la iglesia las carmelitas de la Encarnación, procedentes del Pumarejo, dando origen al mencionado convento. Allí permanecieron hasta 1837, en que fueron trasladadas a otro y el edificio, salvo la iglesia, arrendado a particulares; tras el incendio de 1875, en su solar se construyeron casas de escalera y se abrió el pasaje de González Quijano (v.) En cuanto a las cru­ces que aquí se citan, la de la Tinaja y la del Garfio, ambas eran de hierro y poseían sendas hermandades que les rendían culto; la de la primera que, según González de León (Las calles...), se denominaba realmente Santa Cruz de Palo, celebraba incluso corri­das de toros. Ambas fueron desmontadas en 1840, y trasladadas al interior de Omnium Sanctorum, donde se encuentran hoy. La de la Tinaja se instaló, según la tradición, en el lugar en el que en 1367 fue quemada viva, por orden de Pedro I, la madre del señor de Sanlúcar de Barrameda, doña Urraca Osorio, así como su criada, Leonor Dávalos, quien, para evitar la vergüenza de su señora cuando las llamas le quemaron las ropas, se le abrazó y murió con ella. En el s. XVI se localiza en esta vía el Hospital de Santa María de Gracia; y en una fachada de la parroquia había un retablo de la Cena, del s. XVIII, pintado por Cristóbal López [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Peris Mencheta, 26. Casa de dos plantas, de tipo popular, con balcón de hierro forjado sosteni­do por ménsulas.
Peris Mencheta, 28. Dentro de edificaciones posteriores se conservan los restos del convento de Belén, especialmente la escalera y el patio, formado por galerías con arcos de medio punto que apean sobre columnas con cimacios y pilares en los ángulos; en la planta superior se abren balcones separados por pilastras [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la biografía de Francisco Peris Mencheta, personaje que da nombre a esta vía del callejero sevillano;
     Francisco Peris Mencheta (Valencia, 29 de enero de 1844 - Barcelona, 23 de agosto de 1916) fue un periodista español. Fundador de varios periódicos y de una agencia de noticias,​ Peris Mencheta fue sobre todo un precursor del reporterismo en España, conquistándole su ejercicio un auténtico magisterio en este género periodístico. Fue varias veces diputado y senador en Cortes.​
     Nació en la ciudad de Valencia el 29 de enero de 1844.​
     Nacido en humilde hogar, y después de haberse dedicado al oficio de cantero en su juventud, colaboró en varios periódicos de su ciudad natal, de tendencias sociales. Más tarde dirigió El Cosmopolita, órgano federal de Valencia, y El Popular, diario valenciano, donde por uno de sus artículos, dedicado a Salmerón, se suspendió el periódico, y su autor hubo de exiliarse a Francia, editando más tarde un trabajo explicativo sobre su actuación en el cantón valenciano: Refutación al folleto «Trece días de sitio o los Sucesos de Valencia». Ingresó después en el El Mercantil (1872-1873)​ y, más templado de ideas, pasó al diario conservador Las Provincias (1874), para el que envió crónicas como corresponsal de guerra en las campañas carlistas. Durante la Tercera Guerra Carlista destacaría como un «brillante corresponsal de guerra».​
     El prestigio y rigor de sus crónicas le abrieron pronto las puertas del entonces primer diario español, La Correspondencia de España.​ La popularidad de Peris Mencheta fue agigantándose, hasta convertirse en el primer reportero de su época. Su espíritu emprendedor y su laboriosidad hiciéronle fundar una agencia informativa que llevaba su nombre, la Agencia Mencheta, en 1876.​
     En 1882 fundó el diario La Correspondencia de Valencia; seis años después fundaría El Noticiero Universal, uno de los mejores diarios de Barcelona de su época; y en 1893 lanzó El Noticiero Sevillano.​ Todas estas empresas las dirigía él mismo, en continuos viajes, con la colaboración de su hermano y sus hijos. Fue el informador inseparable y veraz de los viajes de los monarcas Alfonso XII y Alfonso XIII, quienes le distinguieron con su amistad. Fue diputado y senador vitalicio, destacándose por ser ardiente partidario de la dinastía reinante. Publicó el libro de viajes De Madrid a Panamá (Madrid 1886). Falleció en Barcelona el 23 de agosto de 1916.
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La calle Peris Mencheta, al detalle:
    Retablo cerámico de la Virgen del Carmen
Azulejo conmemorativo a Manuel Pérez "Tejera"
Edificio calle Peris Mencheta, 26
Edificio calle Peris Mencheta, 28

miércoles, 18 de octubre de 2023

Los principales monumentos (Barrio de la Villa; Castillo Árabe; La Cilla; Torre del Pan; Torre de los Olivillos; Iglesia de Ntra. Sra. de la Encarnación; Cementerio Parroquial; Peñón del Sagrado Corazón; Ayuntamiento; Viviendas señoriales en calle Llana; Iglesia del Socorro; Vía Verde de la Sierra; Santuario de los Remedios; y Lavadero de Pino) de la localidad de Olvera, en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Barrio de la Villa; Castillo Árabe; La Cilla; Torre del Pan; Torre de los Olivillos; Iglesia de Ntra. Sra. de la Encarnación; Cementerio Parroquial; Peñón del Sagrado Corazón; Ayuntamiento; Viviendas señoriales en calle Llana; Iglesia del Socorro; Vía Verde de la Sierra; Santuario de los Remedios; y Lavadero de Pino) de la localidad de Olvera, en la provincia de Cádiz.
    Podría relacionarse con las romanas Hippa Nova o con Ilipula Menor, pero lo cierto es que aparece durante el período musulmán como Wupira, un bastión importante en el sistema defensivo de la frontera granadina. Formó parte de la línea fortificada musulmana hasta 1327, fecha en que Alfonso XI la incorporó a la red cristiana con igual valor estratégico. Los abundantes restos del castillo y su ubicación permiten entender esta significación, llegando a sufrir un último asedio en 1481. A mediados del siglo XV Olvera es comprada por don Pedro Girón y cuando sus descendientes fueron nombrados duques de Osuna en la centuria siguiente, la población permanece bajo el señorío de esta casa (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     Se sitúa sobre una colina cerrada por una fuerte peña y dominando una importante encrucijada de caminos. El núcleo urbano se asienta apoyándose en las laderas de la colina, sobre todo en sus vertientes sur y este, con una clara posición excéntrica del Centro Histórico, al producirse los nuevos desarrollos hacia el este y sureste, siguiendo las principales carreteras. Sus altitudes más significativas son: Castillo, 639 m.; Borde este del Casco, 554 m.
     La trama urbana es de origen medieval, adaptada a la topografía mediante plazas y albarradillas o terrazas construidas para suavizar las fuertes pendientes de su viario de calles estrechas y tortuosas.
     Las manzanas son de bastante tamaño, alargadas e irregulares de forma y dimensión. Importantes vacíos interiores en algunas manzanas de gran tamaño, varios de los cuales contienen grandes peñas o promontorios que se integran en la trama urbana, produciendo una morfología singular.
     El caserío, en su mayoría perteneciente a los siglos XVIII y XIX, ha rebasado los límites de la Villa medieval, descolgándose extensamente por el S.E. por donde la pendiente se suaviza. Se compone de viviendas de tipo popular resueltas a base de dos o tres plantas, con fachadas encaladas, cubierta de teja árabe y vanos que conforman ventanas y cierros de forja. Estas se combinan con ejemplos de casas solariegas tanto barrocas del siglo XVIII como decimonónicas de influencia sevillana.
     Arquitectura popular de carácter rural. Se aprecia en el conjunto de las casas una cierta armonía en las alturas, que tiende en las casas humildes hacia un módulo más bajo para obviar las bajas temperaturas de los interiores en los inviernos crudos, en la distribución y elementos decorativos en las fachadas refulgentes por la blancura de la cal utilizada en su revoque.
     El caserío se desarrolló adaptándose a la pendiente irregular a partir de la fortaleza del siglo XII y en su mayor parte está formado por casas de los siglos XVIII y XIX (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).   
     Sobre una elevación perteneciente a la sierra de las Harinas, se encuentra Olvera, importante población de origen musulmán, en cuyo tiempo fue llamada Wupira. Durante mucho tiempo fue una población de frontera, primero bajo dominación agarena, y más tarde bajo dominación cristiana.
     El casco histórico, en el que abundan las casas señoriales, laberíntico y ensoñador, cuenta con la declaración de Conjunto Histórico-Artístico. En su cumbre, sobre una formidable roca, se levanta el castillo construido por los nazaríes a finales del siglo XII y muy bien conservado. A su lado se sitúa la antigua cilla arzobispal, que más tarde sería bodega y actualmente acoge el centro cultural de la villa, en el que se ha instalado el Museo La frontera y los castillos, muy interesante por ofrecer una panorámica completa de las fronteras andaluzas en tiempos de la conquista cristiana.
     La iglesia arciprestal de Nuestra Señora de la Encamación se encuentra en un soberbio emplazamiento, al lado del castillo, sobre la amplia plataforma que recibe el nombre de plaza de la Iglesia. Se trata de un edificio monumental, de estilo neoclásico, mandado construir por los duques de Osuna, señores de la población, a finales del siglo XVIII. Las torres gemelas que enmarcan la portada se divisan desde la lejanía. El interior, que perdió la mayor parte de sus enseres y obras de arte durante la guerra civil de 1936, tiene tres naves, la central cubierta con bóveda de medio cañón con lunetos y las laterales con cúpulas semiesféricas. Sobre el crucero se eleva una potente cúpula de media naranja con linterna.
     Junto a la iglesia, se extiende el barrio de la Villa, enteramente islámico, entre cuyas inmaculadas casitas asoman aún restos de su antiguo amurallamiento. Aquí y allá, por todo el casco urbano afloran pequeños macizos y mogotes rocosos, propios del terreno en el que la villa se asienta. Saliendo de Olvera por la carretera provincial CA-4322, a unos 2 km del pueblo, se encuentra el santuario de Nuestra de los Remedios, en el que se venera a la patrona de la ciudad (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).  
      Esta ciudad de la Ruta de los Pueblos Blancos se encuentra en una pronunciada ele­vación del terreno perteneciente a la sierra de las Harinas.
Historia y visita
     El patrimonio más importante de la ciu­dad lo constituyen su urbanismo y el paisaje que la rodea. Calles empinadas y estrechas, que se bifurcan continuamente abriéndose en recoletas plazuelas, casas inmaculadas, tejas pardas y ventanas con­vertidas en miradores forman un conjunto armónico de una gran serenidad y belleza. A su alrededor, picos de gran elevación, como la peña del Sagrado Corazón, el peñón de Zaframagón o el de Zarzapardal, son reservas faunísticas y cinegéticas de primer orden.
     Aunque de posible origen anterior, no hay noticia fidedigna de la ciudad hasta la época árabe. En los documentos musulmanes recibe el nombre de Wupira, si bien su nom­bre actual sería una contracción de Olivera, por encontrarse rodeada de abundantes olivos. En 1327 fue conquistada por Alfonso XI. De esta época viene el refrán que dice: "Mata al hombre y vete a Olvera", debido a que entre sus privilegios contó con el perdón a los homicidas que permaneciesen un año en la frontera establecida con los moros de Ronda, que estaba muy próxima a Olvera. En mayo de 1877, Alfonso XII le concedió el título de ciudad.
     Arriba del pueblo, en el vértice de un picacho con forma de triángulo inclinado, se levanta el castillo roquero construido por los árabes en el siglo XII. Se conserva en bastante buen estado. Tiene la puerta prin­cipal protegida por una barbacana almenada y su espléndida torre del homenaje, de gran robustez, sobresale en el paisaje.
     Las calles del pueblo suben hacia el castillo, pero se arraciman alrededor de la igle­sia de Nuestra Señora de la Encarnación, que se levanta frente a él. Es éste un magnífico templo del siglo XIV reedificado en el XVI por el duque de Osuna. De la obra primitiva, que fue realizada en estilo gótico sobre una antigua mezquita, se conserva únicamente la Capilla Bautismal. Tiene sus tres naves recubiertas de már­moles italianos y en ella sobresale la fachada, flanqueada por dos esbeltas torres de base cuadrada rematadas por campa­narios octogonales que refuerzan la grandiosidad del edificio. En su interior se venera una imagen de San Sebastián, obra de Hernández Bello, del año 1603.
Gastronomía
     La cocina serrana se caracteriza por la utilización casi a partes iguales de los productos del campo y de la caza. En Olvera son platos de antigua tradición el guiso de conejo, el solomillo relleno y, sobre todo, las sopas pegás, a base de aceite, ajo, tomate, cebolla, espárragos silvestres y pan.
     En repostería tiene fama el hornazo, que aquí recibe el nombre de torta del lunes de Cuasimodo, a base harina, azúcar, canela, almendras, matalahúva, sésamo y limón, con lo que se forma una especie de torta en la que se pone un huevo cocido y pintado de vivos colores.
Fiestas
     El segundo lunes después del Domingo de Resurrección, Lunes de Cuasimodo, se celebra la romería de Nuestra Señora de los Remedios, llamada también Fiesta del Hornazo, por degustarse en ella esta torta. Entre el 17 y el 19 de mayo hay una feria de ganado. Y entre el 27 y 31 de agosto tiene lugar la feria de San Agustín.
Artesanía
     La espartería, la guarnicionería y la cerámica son antiguas labores artesanas que continúan ejerciéndose en la actualidad en Olvera.
Alrededores
     A 2 km de la población, en dirección a Ronda, se encuentra el santuario de Nuestra Señora de los Remedios, construido en el siglo XVIII y cuya imagen de la Virgen es del siglo XV y estilo gótico (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Barrio de la Villa
    Junto con la Plaza de la Iglesia y el Castillo, formaba la almedina árabe. Se dibuja a partir de irregularidades del terreno, formando calles estrechas y recoletas, casas a distinto nivel y albarradillas. Las huellas más patentes del pasado árabe pueden hallarse en la Torre del Pan, antigua construcción musulmana que funcionó como tahona, o la Torre de los Olivillos (Ayuntamiento de Olvera).

Castillo Árabe
     El castillo de Olvera fue construido a fines del siglo XIII y ha sido restaurado recientemente. Es de planta irregular por su adaptación al abrupto suelo y, a través de la puerta principal en recodo y defendida por una barbacana, que se sitúa en el lado meridional se accede al recinto y a dos plantas abovedadas. Posee una espléndida torre del homenaje, que se eleva sobre lo más alto del roquedo, además de una estancia subterránea y aljibe (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El Castillo de Olvera se alza a 700 metros sobre el nivel del mar sobre un cerro rocoso que domina el pueblo del mismo nombre. Desde él se divisaba la línea fronteriza de castillos que separaba la frontera nazarí y castellana entre los siglos XIII y XIV. Se puede acceder a él por la llamada calle Calzada.
     El conjunto, asentado sobre un alto risco, presenta planta de triangulo irregular al adaptarse a la roca sobre la que se asienta, que lo sitúa en una mejor posición defensiva. La fortaleza tiene una única puerta de acceso, protegida por una barbacana y rematada con un escudo. De sus muros partía la muralla que rodeaba la población. Se conservan muros, varios torreones y la torre del Homenaje, aunque los elementos arquitectónicos que predominan son posteriores a la conquista cristiana, de finales del siglo XIV.
     Lo que más destaca del castillo y lo hace inconfundible con respecto a otros de la provincia son dos elementos. En primer lugar, la torre del Homenaje, de planta rectangular y con algunas saeteras, y segundo lugar la torre circular que se alza sobre el escarpado de la peña y que está coronado con un chapitel de teja.
     En él se observa la puerta de acceso a la que se sube a través de una empinada escalera tallada en la propia roca natural y que se ubica en el lado sur, estando defendida por una barbacana almenada. Los lienzos de muralla, en su mayoría semiderruidos, se defienden por torres semicirculares. En el recinto interior se sitúa la Torre del Homenaje, de planta rectangular con las esquinas redondeadas, con un saliente semicircular hacia la fachada norte. En su interior existen dos cámaras cubiertas con bóveda de cañón. Los ángulos redondeados de la torre le imprimen un carácter peculiar, siendo propio del momento de la reforma nazarí, aunque su origen podría remontarse al siglo XII. Igualmente, consta este
conjunto de un aljibe que se abre inmediato a la torre. La portada cubre el vano con dovelas de piedra de gran tamaño, y se remata por el escudo.
     Responde en líneas generales a las fortificaciones nazaritas con influencias cristianas.
     Es de acceso libre. Se ha habilitado como Centro Cultural, y en sus salas se muestra una exposición permanente titulada: La frontera y los castillos.
     Fue construido por los castellanos, sobre una fortaleza andalusí del siglo XII que formó parte de la línea fronteriza del reino nazarí de Granada, después de su reconquista por Alfonso XI tras un duro asedio en el año 1327 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

La Cilla
     El Centro cultural de la villa se ubica junto al castillo, en un edificio de una sola planta, con dos crujías en ángulo recto, que desde el siglo XVI fue la cilla arzobispal en la que se recogían los diezmos, sirviendo con posterioridad como bodega. Hoy acoge dos exposiciones permanentes, la titulada «Olvera, la frontera y los castillos» muestra la evolución histórica de la frontera medieval y la evolución urbana de este enclave, identificándose los principales hitos constructi­vos, desde la iglesia mayor a la arquitectura popular. En la segunda sala se hace un recorrido por la vida cotidiana en la frontera granadina y también se muestra la actividad militar generada en torno a este limes (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El edificio se estructura en torno a dos naves principales en forma de T, dispuesta a en torno a un amplio patio. La parte abierta del patio se cierra por un torreón de la antigua muralla, actualmente de uso museístico y, por el propio discurrir de la misma, que sirve de mirador. Del patio del antiguo edificio se ha conservado el pozo y las dos palmeras y en la actualidad se usa como sala de concierto al aire libre. El piso superior de unas de las naves se usa como sala de exposiciones y el inferior como tienda de recuerdos y oficina de turismo. La nave que alberga el museo esta dividida en dos zonas de exposición permanente.
     Se llama así por servir de Cilla o granero, en tiempos de los duques de Osuna, propietarios del inmueble y lo que lo construyeron (no se tienen datos precisos sobre la fecha de su construcción).
     El edificio sufrió reformas y adaptaciones en el tiempo y a mediados del siglo pasado, los sucesores de la casa de Osuna ceden su uso al Ayuntamiento que la destina a cárcel municipal. Su penúltima adaptación, ya en manos privadas, es su transformación en lagar y bodega.
     El edificio actual se inaugura en 1999 y pasa a ser Centro Cultural "La Cilla", albergando las salas del museo "LA FRONTERA Y LOS CASTILLOS" (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Torre del Pan

Torre de los Olivillos

Iglesia de Ntra. Sra. de la Encarnación
     La monumental iglesia de Nuestra Señora de­ la Encarnación comenzó a edificarse a finales del siglo XVIII en la parte más elevada del pueblo, junto al castillo y sobre el solar de un templo mudéjar que antes había sido mezquita. Para ello se derruyó la mayor parte de la obra medieval, a excepción de la cabecera, ochavada y con potentes contrafuertes de sillería, integrada en el nuevo conjunto como capilla bautismal. La obra fue patrocinada por el duque de Osuna y contó con un planteamiento arquitectónico grandilocuente, aunque a los pocos años la financiación no estuvo a la altura de las necesidades constructivas, por lo que su terminación en 1843 manifestaba una rara austeridad. El proyectista, tal vez José Echamorro, pudo inspirarse en la iglesia sevillana de San Ildefonso, para levantar un edificio mucho más grande y austero.
     Es de planta de cruz latina inserta en un rectángulo, con tres naves, la central cubierta con bóveda  de cañón con lunetos y arcos fajones, mientras que en las laterales se utilizaron cúpulas semiesféricas. En el crucero, que es muy acu­sado, se eleva una gran media naranja. Pilares de sección rectangular sostienen esta recia estructura y están decorados con pilastras cajeadas de orden toscano. Sobre ellos apoya un entablamento dórico, con el friso de triglifos y metopas y una notable cornisa. Al exterior presenta una fachada de enorme proyección, con un hastial flanqueado por dos torres de corte académico.
     La mayor parte de las obras que contenía fueron quemadas en 1936. El altar mayor, sobre el que corre una tribuna decorada con un Crucificado reciente, está presidido por una sillería que denota su antigua vocación de colegial y un baldaquino neoclásico de madera, que alberga las imágenes de San José con el Niño, restauradas por el escultor Juan M. Miñarro. La mesa de altar, pila bautismal, base del atril, zócalos, así como el púlpito y el soporte del templete, están ejecutados en mármol rojo local.
     La cabecera de la nave izquierda está encabezada por el retablo neoclásico de San Juan Evange­lista, una talla moderna de Juan M. Miñarro. Se compone de banco, cuerpo principal con tres calles, articulado con columnas y pilastras de orden corintio y ático. Sigue el altar de la Virgen de la Esperanza, una imagen de vestir rehecha a partir de una cabeza y una mano antiguas pertenecientes a una Virgen del Rosario. El retablo de San José, ocupado por una In­maculada moderna, está realizado en estuco y es de estilo neoclásico. El contiguo es rococó y pro­cede de la desaparecida iglesia de la Concepción, exponiéndose el simpecado de la patrona de la localidad. El último altar de la nave contiene las imágenes modernas del Nazareno y de la Virgen de los Dolores, titulares de una hermandad de penitencia. En el tramo final de este lateral de la iglesia cuelgan dos lienzos de grandes dimensiones, en uno aparece un Cristo atado a la colum­na del siglo XVII y en el otro la muerte de Santa Clara, copia del tema murillesco.
     El cancel es neogótico, como el órgano que se aloja a los pies de la iglesia y junto al que se ex­pone la representación del Pentecostés, pintado modernamente por el artista rondeño Cayetano Arroyo.
     En el arranque de la nave derecha un cuadro de la Santa Cena presenta una calidad discreta. A continuación se ha colocado otro retablo de rocallas también procedente de la desaparecida iglesia de la Concepción, en el que destaca el ático decorado con una gran guardamalleta; la talla que encuadra es una imagen barroca de Santa Ana cuya Virgen Niña desapareció en 1936. El Cristo de la Vera Cruz, imagen renacentista restaurada por Juan M. Miñarro, se encuentra en el siguiente altar, de hechura neogótica. Contiguo al cancel lateral se ubica otro retablo de estucos, probablemente realizado en la primera mitad del siglo XIX, donde se venera una moderna imagen de San Francisco. Queda la huella de otro altar quemado recientemente, que estuvo dedicado a la Virgen de la Soledad y el Yacente. Por último, la capilla sacramental, cubierta por una bóveda vaída decorada con pinturas en las que se representan motivos eucarísticos, contiene un retablo neogótico realizado en los años veinte del siglo pasado, que alberga la imagen del Sagrado Corazón.
     La sacristía se abre en la cabecera de la nave de la izquierda, con una puerta de marco neoclá­sico, sobre el que se ha encastrado un lienzo de la Virgen del Pópulo del siglo XVII. En su interior destaca un rico aguamanil de mármol rojo de Olvera, en su nicho avenerado. En este recin­to se encuentran varios cuadros, siendo de destacar el barroco que representa al Arcángel San Rafael. El despacho parroquial contiene algunas interesantes obras, como un pequeño Crucifijo o una versión de la Virgen del Rosario en su altar, pintura de la primera mitad del siglo XVIII y posiblemente de escuela sevillana (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     Se trata de una Iglesia de estilo Neoclásico como lo demuestra la claridad de líneas constructivas y sus paramentos lisos y carentes de elementos decorativos. Comenzó a construirse a finales del siglo XVIII, concluyéndose en 1.841.
     Al exterior la fachada principal se articula en tres cuerpos decrecientes, el primero enmarcado por pilastras toscanas y jalonado por dinteles y pilastras de orden rústico que cumplen una función decorativa. Entre los anteriores se abre el vano principal de acceso, rematado en medio punto. El segundo cuerpo se articula mediante pilastras jónicas y decoración geométrica y alberga en su centro una hornacina que cobija un óculo; es de menor anchura que el cuerpo inmediatamente inferior y salva gracias a dos escuadras avolutadas el hueco que queda entre él y las torres. El tercer cuerpo, el más estrecho de todos, está rematado por un frontón triangular que alberga el reloj. En los extremos se sitúan sendas torres de cuatro cuerpos, los tres primeras de planta cuadrada, y el tercero octogonal, rematado por linternas. Se articulan por fajas almohadilladas y pilastras. Ambas torres presentan acceso a través de una puerta por la fachada principal. El segundo cuerpo es liso y alberga la escalera de acceso al campanario y el tercero presenta cuatro arcos abiertos en sus cuatro lados donde se ubican las campanas. Finalmente, el último cuerpo se remata a modo de octógono abierto por cuatro arcos y coronado por una pequeña linterna.
     Al interior tiene planta de cruz latina, con tres naves y crucero. La nave principal es más alta y más ancha que las laterales, se divide en cinco tramos y está cubierta por bóveda de cañón con lunetos. Las laterales lo hacen por cúpulas semiesféricas sobre pechinas, decoradas por fajas. El transepto y la capilla mayor se cubren por cañón con lunetos, la cúpula que cubre el crucero es semiesférica sobre pechinas, con linterna. A ambos lados de la capilla mayor se disponen otras dos capillas menores, cubiertas por bóvedas vaídas. Los muros se articulan por pilastras cajeadas toscanas, entre los que van arcos de medio punto.
     Adosada al primer tramo de la nave del Evangelio se conserva la cabecera de la antigua iglesia gótica, sobre la que se construyó la actual, de planta poligonal con cubierta abovedada posterior y que hace las veces de capilla bautismal.
     Al fondo de la nave central, frente al altar mayor -en alto-, se sitúa el coro, al que se sube por una escalera de caracol, de 30 peldaños.
     En el coro se encuentra el órgano parroquial, de estilo romántico, que fue instalado en 1903. Se conserva aún el tubulado que consta de 132 tubos acústicos, todos metálicos. De ellos, 44 son cilíndricos y paralelos a la caja; en tanto que 88 son cónicos y perpendiculares a ella. Adosada a la parte delantera del órgano está la consola, donde se encuentran los mandos: teclado, botones, tiradores, pedalier, etc. La banqueta del organista se conserva también.
     Los suelos son de mármol, siendo este el material que destaca en la fábrica de toda la iglesia, especialmente el mármol italiano.
     El solar de la iglesia estuvo antiguamente ocupado pro una mezquita la cual fue derruida y sustituida por una iglesia gótico-mudéjar mandada construir por Juan Téllez Girón II. La construcción medieval fue demolida definitivamente en 1822, solo conservándose su capilla mayor, que se reaprovechará como capilla bautismal del actual edificio. Este fue mandado construir a fines del XVIII por los Duques de Osuna, patronos con derecho de presentación, y apoyándose también en la aportación de los feligreses.
     En 1902 el Consistorio costeó el reloj del tercer cuerpo de la fachada, hecho curioso ya que el edificio del Ayuntamiento no cuenta con un reloj, como suele ser normal.
     La iglesia ha sido objeto de diversas restauraciones, acabando la última en el año 2010 y provocada por un incendio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Cementerio Parroquial
     El Cementerio Parroquial está situado en la zona más elevada de la población, lo que le confiere gran importancia paisajística y urbana. Se ubica dentro de la fortaleza, adosado por un lado a la parte trasera de las casas y por otro al antiguo castillo y muralla árabes, lo que hace que su disposición sea longitudinal.
     La entrada al recinto se realiza a través de una reja que da paso a una especie de pasillo situado entre dos casas, que se convierte en un espacio de transición entre la calle y el camposanto. A la entrada destaca una hornacina de reciente creación.
     El pasillo es cubierto, con una sola crujía paralela a la fachada que antes se cubría con rollizos y que en la actualidad han sido sustituidos por viguetas, en él hay dos bancos, antes de piedra, adosados a los muros. Tras el pasillo, a la izquierda, encontramos los mausoleos y las tumbas de gran valor y belleza con un lapidario interesante de mármol de distintas clases, que se contraponen a la sobriedad de los nichos, situados a la derecha, zona en la que el nivel desciende un poco.
     Los nichos más antiguos son de cal, piedra y arena, y los más nuevos de ladrillo y cemento. Dadas las pequeñas dimensiones del cementerio, no existen en él servicios ni osarios.
     En cuanto a los materiales utilizados en su construcción, estos han sido mampostería -piedra, cal, arena- en los muros que rodean el recinto, cal en el revestimiento de los mismos, loseta troceada con cemento en el pavimento de la zona de los panteones y tumbas a ras de suelo; cemento en el pavimento de la zona de nichos, hierro en una barandilla de un extremo del recinto, y en las cruces de las tumbas y las rejas coronadas con una cruz que rodean los enterramientos que están en el suelo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Peñón del Sagrado Corazón
     Desde hace siglos este jardín colgante ha supuesto un espacio de recreo para la ciudadanía olvereña. Cuenta con abundante vegetación y el acceso se realiza mediante escaleras dispuestas en pequeñas terrazas. Desde 1929 el Sagrado Corazón de Jesús, obra de José Navas, con brazos extendidos, corona esta peña. La cima ofrece además una vista panorámica que puede ser contemplada desde un balcón colgado al vacío.
     Horario de apertura
     HORARIO INVIERNO: 10:00H A 18:00H
     HORARIO VERANO: 10:00H A 20:00H
     De martes a domingo
     Lunes festivos o vísperas de festivos abierto
     El resto de lunes llamar a la oficina de turismo 665940087 (Ayuntamiento de Olvera).

Ayuntamiento
     En 1783 sería erigido el primer edificio con funciones institucionales en este lugar. Éste, de trazado clásico y austero, sufriría múltiples modificaciones hasta que en 1968 se edificara la actual sede consistorial, obra de Joaquín Barquín Barón, en cuya segunda planta atesora el magnífico archivo histórico municipal (Ayuntamiento de Olvera).

Viviendas señoriales en calle Llana
     Vivienda de gran propietario. El edificio se compone de tres plantas y tres crujías, de formas irregulares, con patio trasero y cuadra. En el patio, aparece un bloque anexo de dos plantas, y un aseo como cuerpo independiente. En la planta baja, la primera crujía se compone de dos piezas: el zaguán y un pequeño salón; la segunda crujía alberga la sala de visitas o cuerpo de casa; y la tercera, la escalera y un dormitorio con acceso al patio. Desde el pequeño zaguán se pasa al "cuerpo de casa" o sala de visitas, en la cual hay un chinero empotrado en uno de los muros maestros; desde esta se pasa al pequeño salón, a un dormitorio, y a través de un arco, a un amplio espacio desde donde arranca la escalera. Desde el dormitorio se tiene acceso al patio, que se dispone en forma de "L", circundando las dependencias del bloque anexo. La escalera que sube a la primera planta tiene tres tramos. El primer tramo da paso a un rellano con un amplio balcón, que por las condiciones favorables de luminosidad se ha convertido en la sala de costura o costurero de la casa. La escalera desemboca en lo que es la primera planta, propiamente dicha. Una puerta de acceso da paso a un pasillo que la recorre longitudinalmente, distribuyéndose entre las tres crujías que componen esta planta. La primera crujía, en el extremo opuesto del pasillo, se compone de un salón con dos vanos a la calle, y un dormitorio (con acceso desde el dormitorio de la segunda crujía); la segunda crujía está formada por un tramo de pasillo y un dormitorio con acceso desde el mismo (desde él se accede al otro dormitorio antes nombrado); la tercera crujía, la más próxima al acceso a esta planta, se compone de la escalera de acceso al soberao, el propio hueco de esta escalera y la antigua cocina de la vivienda. La segunda planta o soberao, se forma gracias al espacio resultante entre la cubierta y el techo de la segunda planta; los atrojes se sitúan entre los pilares que sostienen la cubierta. El bloque constructivo adosado al primer edificio es de dos plantas, de dos crujías cada una. La primera, está compuesta por el antiguo lagar y la actual cocina, a los que se accede de forma independiente, desde el patio, por dos puertas de madera, y están separados entre sí por un tabique. La otra crujía se compone de la cuadra, (donde se disponen los pesebres), y una antigua carbonera. La primera planta de este bloque se comunica con el edificio principal a través de la cocina nueva. Desde esta cocina se accede a un pequeño pasillo, un almacén, y una pequeña terraza o azotea a la que se entra por un vano rematado en un arco rebajado, cerrado con cortina de plástico (todo ello conforma la segunda crujía); la primera crujía es un pajar que se encuentra al extremo del pasillo. En el patio hay además un aseo como cuerpo exento.
     La fachada principal se compone de tres cuerpos horizontales y separados entre sí por molduras. En el primer cuerpo, en el lado derecho, se abre la puerta de entrada al edificio, cerrada con portón de dos hojas de madera con clavos que tachonan toda su superficie. Junto al portón, hay una ventana salediza con cierres de madera y cristales de dos hojas, poyete inferior y guardapolvo (todos los guardapolvos de la fachada se sostienen sobre una estructura de corte clásico que asemeja el arquitrabe, friso y cornisa de orden dórico). Entre la puerta y la ventana hay una pilastra rebajada que une el zócalo con la moldura de separación de este tramo con el segundo. Esta moldura está rematada en gola y se contonea sobre el muro. En el centro del segundo tramo hay un vano de dos metros de altura que adelanta balcón de hierro forjado, enmarcado en una moldura simple, que sobre el dintel dibuja una especie de corona; se cierra con dos hojas de madera con cristalera, y una persiana. A ambos lados de este balcón, se abren dos ventanas saledizas con poyete y guardapolvos, con reja de hierro forjado, cerradas con puertas de madera, con postigo de cristal en su parte superior.
     Entre cierre y cierre, una pilastra adosada une verticalmente las molduras del segundo y tercer tramo. El tercer tramo se separa del segundo por una moldura como la primera pero más sobresaliente porque reposa sobre una cornisa. En el centro de este tramo aparece un vano de forma circular, enmarcado en una moldura simple, flanqueado por dos pilastras.
     Remata el edificio una cornisa simple oculta por una acanaladura de cinc para desalojar el agua del tejado. Las molduras, poyetes y demás elementos decorativos se pintan en color ceniza. El tejado a cuatro aguas vierte sus aguas, a través de un sistema de drenaje, hacia el patio y la calle. En cuanto a los materiales, los muros maestros son de mampostería (piedra con argamasa, enlucida con yeso y cal); los de separación, de ladrillo tosco; los atrojes de tapial; los suelos son de terrazo en la planta baja, de ladrillo tosco en algunas partes de la primera planta, yeso para los soberaos y algunas dependencias de la primera planta y cemento en el patio; la armadura de rollizos de chopo y cubierta de tableado, yeso y teja morisca; terrazo para el zócalo de la calle; yeso para las molduras; rejas de hierro forjado y madera y metal para los cierres de los diversos vanos. cierres de plástico y telas para otros vanos; hierro para las barandas; cal para todos los muros y pintura de aceite, "colorete" y tinte con cal; alicatado para el aseo y cocina. Los elementos sustentantes son los muros maestros de mampostería; un arco carpanel para el paso de la segunda y tercera crujía de la planta baja; arco ciego de medio punto rebajado en el vano de acceso al patio desde la planta baja; destaca otro arco deprimido en uno de los muros de separación de la primera planta; varios pilares soportan el peso de diversos dinteles de mampostería sobre los que descansan diversas durmientes de la armadura; a veces los pilares se ven sustituidos por pilastras cuando se adosan a los muros maestros; interesante también el pequeño pilar que a modo de parte luz se adelanta al "ojo de buey" en el soberao. En cuanto a los elementos sustentados: la armadura de par y nudillo con diversas durmientes que descansan sobre los muros de carga, así como sobre dos hileras paralelas de pilares; la cubierta de tablas (en algunos tramos han sido sustituidas por bovedillas) y teja morisca; los techos son, en la planta baja, de bovedillas para "el cuerpo de casa", de cuartizo para las restantes habitaciones de esta planta; en la primera planta se alterna el techo raso (cocina y aseo) y el cuartizo (parte cubierta del patio) y de cielo raso en la cocina y el aseo; en el soberao se forma con los rollizos y tableado a vista en el entrevigado. En cuanto a los vanos interiores, tras el portón de entrada, una cancela en el zaguán; en el "cuerpo de casa", en uno de los muros maestros está el "chinero", con dos hojas de madera con amplia cristalera; una alacena con cierre a dos hojas en la antigua cocina de la primera planta, así como el hueco que deja bajo ella; bajo las pilas de lavar de esta cocina y el poyo corrido que se le adosa existe otro hueco hoy inutilizado; y por último, también en esta planta, se abre un vano a modo de abanico en el rellano de la escalera que se cubre con una cristalera; tras el primer tramo de la escalera se extiende una pequeña estancia, iluminada por una amplia ventana, donde se situaba el costurero; en el patio as diversas puertas y ventanas de la cocina, antiguo lagar y aseo, están cerrados con hojas de madera, y celosía en el aseo para la ventilación. Encontramos elementos decorativos en la fachada, en el arco de la planta baja, en el soberao, en la antigua cocina y en la cuadra. en la fachada destacan: zócalo de terrazo; guardapolvos y poyetes de las diversas ventanas y "cierro" coloreados; cornisa doble; pilastras adosadas; molduras en torno al balcón; molduras en torno al "ojo de buey". En el arco carpanel apainelado y deprimido de la planta baja destacan: en el intradós, moldura con forma de lunar; moldura de talón o cimo reversa en la imposta; molduras en las jambas con repetido motivo geométrico. El soberao presenta un plinto de color rojo sobre los muros, pilastras pilares y tapias de las trojes; molduras de talón o cimo reversa como remate de los pilares y pilastras (a excepción del parteluz). En la antigua cocina, una moldura simple en la campana; arquitrabe y friso sobre la moldura que arranca del muro y que se establece junto al vano de acceso al patio; zócalo, en la cuadra, sobre el pesebre y pilas de lavar (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia del Socorro
     El primer templo erigido en la Plaza del Socorro, de estilo gótico-mudéjar y una sola torre, fue puesto bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación. No obstante, la caída de un rayo el año 1945 obligaría a erigir una nueva iglesia en su lugar, templo que en la actualidad atesora las imágenes de Jesús Cautivo y Nuestra Señora del Socorro (Ayuntamiento de Olvera).

Vía Verde de la Sierra
     Este itinerario de más 36 km que discurre entre las localidades de Olvera y Puerto Serrano transita por el antiguo trazado ferroviario Jerez–Almargen. En su recorrido son imprescindibles la Reserva Natural Peñón de Zaframagón, enclave faunístico de gran importancia por albergar la mayor colonia de buitres leonados de Andalucía y una de las mayores de Europa, o el Monumento Natural Chaparro de la Vega, además de sus 30 túneles y 4 viaductos. Siendo ésta la única reconocida como Ruta de Interés Turístico de Andalucía. El camino de la Vía Serrana comienza -o continúa si venimos desde la provincia de Cádiz- en la población de Coripe (Ayuntamiento de Olvera).

Santuario de los Remedios
     En este edificio del siglo XVIII, situado a 2 kilómetros de la población, recibe culto la patrona de la ciudad. Una espadaña remata la portada de tres vanos, estando enmarcado el principal por pilastras y ático donde aloja una escultura de piedra de la Virgen. A través de un pequeño atrio se accede a la iglesia, a la derecha de la cual se abre un amplio patio porticado, rehecho a principios del siglo XX, que fue claustro en la primitiva fundación y, en torno al cual se distribuyen las dependencias del santuario y el acceso lateral al templo.
     La iglesia es de una nave con dos capillas abiertas a modo de reducido crucero, dedicadas al Caído y a una Dolorosa del XVIII. El camarín muestra un gran desarrollo y aparece enmarcado por un retablo de estípites muy remozado. En él recibe culto la Virgen de los Remedios cuya cabe­za, perteneciente a la antigua escultura gótica, se ha utilizado para componer una imagen de candelero, el Niño es dieciochesco y fueron restaurados a fines del siglo XX por Juan M. Miñarro.
     El recinto fue decorado con pinturas murales que se atribuyen a un ermitaño y pudieron realizarse durante la primera mitad del siglo XVIII. Fueron restauradas por Cayetano  Arroyo  entre los años 1983 y 1984. En la interpretación del amplio programa iconográfico de las pinturas hay varios niveles significativos. En el  registro bajo se disponen escenas marianas acompañadas de santos y enmarcadas por fingidas arquitectu­ras salomónicas o rococó, como la Natividad con las figuras de Santa Rosalía de Palermo y Santa María Magdalena, la Divina Pastora, la Huida a Egipto con los ermitaños Anucio y Paulo, o  la Asunción flanqueada por San Francisco y San Antonio.
     En el nivel superior aparecen los bustos de los Apóstoles en marcos de rocallas y, por último, la bóveda está enriquecida con abundante decoración vegetal, con diversos episodios de la vida de la Virgen en los lunetos. Además se reparten por los muros otros santos representados de cuerpo entero en sus hornacinas fingidas, como San Cayetano y San Cristóbal, junto a la entrada, y Sor Ángela de la Cruz y fray Diego José de Cádiz, introducidos durante la restauración en los pilares del arco toral.
     El presbiterio se adorna con lienzos de distinta mano y cronología. En la parte baja de los muros dos escenas enfrentadas de santos ermitaños for­man pareja, representando a San Jerónimo y a Santa Paula, el segundo cuadro contiene un tex­to que informa sobre otras cuatro pinturas cuyo paradero se desconoce:
     ESTOS SEIS LIENÇOS COSTEOLOS / LA HERMANDA DE LA MADRE DE DIOS I SIENDO MAIORDOMO EL LISENCIADO / DN DIEGO BELLIDO I CALDERON SV CA / PELLAN AÑO DE 1733.
     La pared de la izquierda se completa con las efigies barrocas de Santa Elena y una Santa Bárbara zurbaranesca. Frente a ellas la Oración en el Huerto y una versión moderna de las Santas Justa y Rufina que pintó Goya para la catedral de Sevilla.
     En la antigua sacristía, hoy antecamarín, dos pequeñas tallas de santos, uno de los cuales re­ presenta a San Juan Nepomuceno, y que mues­tran la inscripción «ANTONIVS CERDA FECIT» y «S DE EL AÑO D 1771», se han colocado sobre sus respectivas ménsulas. Posiblemente fueron traídos del monasterio de Caño Santo tras la desamortización, como el aguamanil tallado en 1747 en mármol rojo de Olvera, los hachones y la cajonera. En una de las paredes se exhibe una pintura mexicana realizada en cobre con la representación de la Virgen de los Remedios (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     En la parte exterior nos encontramos con un pórtico al que se accede por tres arcos de medio punto, siendo mayor el central, en cuya parte superior aparece un vano avenerado que alberga la imagen de una Inmaculada en mármol; corona la fachada una espadaña con un solo vano destinado a la campana. El interior del Pórtico es adintelado, contando éste con tres puertas: una central y mayor, de acceso a la Iglesia, y dos laterales, una de acceso a dependencias del sacerdote (derecha) y otra de acceso al patio (izquierda), atravesando la cual nos hallamos una entrada en recodo con una bóveda de aristas moldurada.
     La iglesia, de pequeñas dimensiones, consta de una sola nave de planta rectangular y cubierta abovedada, con dos capillas laterales, destinada una a la Imagen de Virgen de los Dolores (izquierda) y la otra a Jesús Caído (derecha). El Altar Mayor es de planta cuadrada con cubiertas de madera artesonada; en la parte frontal se dispone un retablo de caracteres rococó (barroco tardío), horadado en su parte central por un arco de medio punto en esviaje, a través del cual se aprecia el camarín que alberga la Imagen de la Virgen de los Remedios (a cuya devoción se destina el Santuario) al que se accede a través de una escalera que comunica con la sacristía. El camarín es de planta octogonal, midiendo cada lado 1,60 m, salvo el frontal mayor, que mide 2 metros. Está cubierto por una cúpula gallonada de pequeñas dimensiones, con lunetos en cada uno de sus gallones y toda ella moldurada con motivos vegetales en yesería. Aparece coronado por una pequeña linterna con cuatro óculos practicados a su alrededor, cuyo fin es permitir la iluminación natural de esta zona (estando en este caso abierto sólo uno de ellos). Contribuyen igualmente a la iluminación del camarín dos óculos vidriados situados en dos de sus lados. Pese a ello la iluminación es deficiente, por lo que se hace necesario la existencia de luz artificial.
     A los pies de la Iglesia y en la parte superior se dispone el Coro, al que se accede por unas escaleras que comunican con el patio.
     El patio de forma cuadrada, se compone de cuatro pilares de base cuadrada achaflanados en sus aristas, situados en cada uno de sus ángulos, siendo estos los que soportan el peso de la construcción. Está cubierto en cada tramo con tejas, cerrándose el espacio que queda con una claraboya. Tres de sus lados dan acceso a habitaciones y servicios y el cuarto se halla en la puerta lateral de acceso al templo a cuya derecha se encuentra emplazada la escalera que conduce al Coro. En la puerta a la que se accede a la iglesia desde el patio existe un pequeño pasillo a cuya izquierda -si pasamos del patio a la iglesia- existe una especie de alacena con una reja, a través de la que se pueden ver exvotos: tanto en pintura -cuadros-, como en estaño. A la derecha del pasillo, vemos unas escaleras -por las que se accede al coro- con dos tramos en línea recta de ascensión, donde encontramos una habitación dedicada exclusivamente a recoger exvotos llevados allí por los clientes, y la puerta del coro. Los aseos se localizan en la planta baja del patio. En esta planta existe un pozo, alrededor del cual se distribuyen las macetas que decoran el patio.
     La cubierta de la Iglesia es a dos aguas, con teja. Las dimensiones de la Iglesia son las de una nave de 16 m. de largo por unos 6 m. de ancho. Los muros de la nave de la Iglesia son de mampostería -cal, arena y piedra-, enlucidos con pinturas y con un grosor aproximado de unos 50 cm. Los suelos de la Iglesia son de mármol, mientras que los del patio son de loza, realizando un dibujo geométrico a lo largo del pasillo.
     La decoración de la fachada está constituida por molduras que se extienden a los tres arcos del cuerpo inferior, prolongándose en altura en el vano superior de la fachada donde existe una Inmaculada y en el cuerpo de campanas. La capilla está decorada con pinturas del pasado siglo. El patio está adornado con macetas y el pasillo que rodea a éste aparece decorado con pinturas. El estado de conservación es muy bueno.
     El patio está construido a principios del siglo XX en hormigón, pero se ha incluido al formar un todo con la iglesia (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Lavadero de Pino
    Al lavadero se accede a través del patio que comunica a esto con una casa, en este patio se localizan dos pasos entre tres muros bajos, tras ellos nos encontramos con los cuatro pilares que sustentan la cubierta a una agua. A la izquierda nos encontramos con la zona por donde entra el agua, que lo lleva debajo de la cubierta y a al derecha está el desagüe.
     Las dimensiones pueden ser de unos 5 metros en la parte más ancha, hasta 3 en la más estrecha de ancho; por 2,5 metros de alto. Los materiales constructivos son cemento, piedra y cal. Los materiales constructivos son cuatro pilares que sustentan la cubierta y muro de cemento, piedra y cal. La cubierta a un agua de teja, con viguetas de madera. El suelo es de cemento y piedra. El muro que lo rodea está encalado y en la parte más baja, pintado de negro. La pileta donde se lava está realizada en cemento. El grado de conservación es muy bueno (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Barrio de la Villa; Castillo Árabe; La Cilla; Torre del Pan; Torre de los Olivillos; Iglesia de Ntra. Sra. de la Encarnación; Cementerio Parroquial; Peñón del Sagrado Corazón; Ayuntamiento; Viviendas señoriales en calle Llana; Iglesia del Socorro; Vía Verde de la Sierra; Santuario de los Remedios; y Lavadero de Pino) de la localidad de Olvera, en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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domingo, 9 de julio de 2023

Los principales monumentos (Alcazaba - Castillo de los Guzmanes; Capilla de los Santos mártires Walabonso y María; Capilla del Señor de la Columna; Ermita y Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles; y Ermita de Nuestra Señora del Pino) de la localidad de Niebla (I), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Alcazaba - Castillo de los Guzmanes; Capilla de los Santos mártires Walabonso y María; Capilla del Señor de la Columna; Ermita y Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles; y Ermita de Nuestra Señora del Pino) de la localidad de Niebla (I), en la provincia de Huelva.
Ubicación
     Situada al sureste de la provincia, a orillas del Río Tinto en la Tierra Llana, constituye una zona de transición entre la costa y el Andévalo.
Reseña histórica breve
     Históricamente Niebla ha constituido un enclave fundamental dentro de la región de Andalucía, constituyendo la capital histórica de la comarca de El Condado y de un amplio territorio que se extendía desde más allá de la ciudad de Sevilla hasta la zona del Algarve portugués.
     Existen pruebas arqueológicas y documentadas de distintos asentamientos y establecimientos de pueblos y culturas, y así se la ha conocido como Ilípula por los tartesos, Ilipla por los romanos, Elepla por los visigodos, Labla por los musulmanes hasta llegar al nombre actual tras la Reconquista.
     Los primeros yacimientos datan de la Edad del Hierro, con restos neolíticos y necrópolis dolménicas. De la época tartésica se han encontrado joyas como un anillo de oro representando una diosa cuidando de un niño. Los fenicios se comunicaron con el mar para transportar los materiales extraídos de la zona minera a través del Río Tinto, navegable en aquellos tiempos hasta la ciudad.
     En la época romana su importancia económica y administrativa se construyó una calzada que unía la desembocadura del Río Guadiana con la ciudad de Itálica, unas termas, un acueducto y se reforzaron las murallas. Durante la dominación visigoda la ciudad alcanzó gran prestigio civil, militar y se constituyó una sede episcopal.
    Con la llegada de los árabes se convirtió en una Cora o unidad administrativa, y posteriormente en Reino de Taifa extendiéndose hasta el parte del Algarve portugués.
    En 1262 Alfonso X el Sabio reconquistó la ciudad y las zonas colindantes y le concedió Fuero Real. En 1369 pasó a ser Condado de Niebla, propiedad del Conde de Guzmán lo que favoreció su crecimiento con la construcción de templos, palacios y el emplazamiento de órdenes religiosas. Posteriormente fue concedida al Duque de Medina Sidonia.
     Durante el siglo XVII sufrió un período de decadencia que culminó con el Terremoto de Lisboa de 1755, que afectó a toda la zona oeste de Andalucía destruyendo gran parte de sus poblaciones.
    En 1982, fue declarada Conjunto Monumental Histórico-Artístico.
Patrimonio artístico y cultural
     La Villa ha sido declarada Conjunto Histórico Monumental.
     Muralla de Niebla, de la época árabe, de origen tartésico.
     Puente Romano a orillas del Río Tinto.
     Iglesia Santa María de la Granada, antigua Mezquita de estilo gótico-mudéjar.
     Castillo de los Guzmanes, construida sobre una alcazaba.
     Hospital Medieval Nuestra Señora de los Ángeles.
     Iglesia de San Martín y su Señor de la Columna, antigua sinagoga.
     Capilla de los Santos Mártires Walabonso y María.
     Ermita de Nuestra Señora del Pino.
     Archivo Histórico de Niebla.
     Archivo y Biblioteca de Doña Elena Wishaw.
Fiestas y tradiciones
     Fiestas TóSantos, del día 30 de octubre al 2 noviembre.
     Jornadas Medievales, del día 30 de octubre al 2 de noviembre.
     Festival de Teatro y Danza “Castillo de Niebla”, meses de julio y agosto.
     Fiestas Patronales de San Walabonso, el día 7 de junio.
     Fiestas del Tostón, en febrero.
Recursos económicos y sociales
     Niebla depende sobre todo de la industria, y del sector servicios. También cabe destacar la artesanía, los trabajos con hojas secas de la palma, o la producción de tamboriles.
Gastronomía
     Los platos que se ofrecen son variados, como los revoltillos, la caldereta de cordero, o las habas enzapatás (Diputación Provincial de Huelva).
        Etimológicamente, Niebla procede de Elepla o llipla, que en época musulmana derivó en Lebla o La­bla, siendo luego castellanizado como Niebla. Fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1982. La ciudad de Niebla, situada a 29 Km. de la capital, pertenece al partido judicial de Moguer. Se eleva sobre una pequeña loma, a una altura de 45 m. sobre el nivel del mar, al pie del río Tinto, que la circunda. Tiene una población de 3.953 habitantes, que fundamentan su economía en la agricultura y ganadería, en la fabricación de cementos, en la extracción de sílices y cuarzos, en serrerías, y en el sector de servicios.
     Niebla ha sido un lugar privilegiado, en cuanto a su emplazamiento estratégico y poblacional. Se ubica en el cruce de dos importantes vías de comunicación: una norte-sur, que relacionaba la zona minera septentrional con el sur agrícola y ganadero, y otra este-oeste, que enlazaba la región del Algarve portugués con Sevilla y la comarca del Aljarafe.
       Su historia se remonta a la época de las primeras colonizaciones orientales. Posiblemente tuviese su origen en época púnica, por su emplazamiento defensivo en zona navegable: los fenicios llegarían como colonizadores para la explotación minera. Ptolomeo menciona a Niebla como zona de la Tartéside, siendo llamada Ilipa, y más tarde Ilipla o Illípula. Durante la época romana fue considerada dentro de la categoría de plaza fortificada, y figuraba como un lugar importante en el camino de Itálica. Como Écija, Zaragoza o Mérida, la población se desarrolló en función de la defensa de un puente, de estratégico interés. Llegó a alcanzar tal preponderancia que incluso se le autorizó a acuñar moneda. Durante la época visigoda fue sede episcopal, sufragánea de Sevilla. Por entonces, la ciudad es conocida como Elepla o Elipla, y su término llegaba a constituir unas 300 leguas cuadradas.
     En el año 712, Musa-ben-Nussayr asedia la ciudad, y en abril o mayo de ese mismo año su hijo Abdul-Aziz se hace dueño de la misma, estableciendo capitulaciones con los habitantes hispanogodos, que, mediante el pago de un impuesto personal, reciben la consideración de protegidos, o dhimníes. Durante el Emirato Dependiente (714-755), Niebla sólo se vio alterada, en 741, por la instalación en su término de los árabes sirios de Émesa, que habían llegado bajo el mando de Baly, para sofocar las continuas revueltas de los bereberes, descontentos con el reparto de tierras. Niebla, al igual que el resto de Al-Ándalus, se vio inmersa en varios conflictos sociales, por la difícil convivencia entre musulmanes árabes, bereberes, sirios, muladíes y mozárabes. Los musulmanes mantienen el recinto amurallado de la época romana. Acomodando a su lengua el vocablo Elepla, lo transforman en Lepla, Lebla o Labla.
     El reino de Lebla sufre pronto la ofensiva de los reinos cristianos de Portugal y de Castilla. El rey de Portugal, Sancho II, y las Órdenes Militares del Hospital y de Santiago se adentran en territorio de Ibn Mahfuz, a ambos lados del Guadiana, en 1239-1240. En 1248 fue tomada la ciudad de Sevilla por Fernando III el Santo. Poco tiempo después, en 1251, Ibn Mahfuz, presionado por el avance de Alfonso III de Portugal, prefiere ceder la soberanía al príncipe Alfonso de Castilla, y Lebla queda como vasallo de Castilla. Pero en 1255 el rey de Portugal hace actos de soberanía en zonas fronterizas de Niebla, e, incluso, el infante castellano Enrique intenta conquistar por su cuenta el reino de Lebla. Por lo que Alfonso X toma la iniciativa de incorporar definitivamente Niebla a la corona castellana, por vía de conquista, lo que asentaría de una vez por todas el poder castellano desde el Guadiana hasta el Guadalquivir.
     Los problemas de la repoblación y los conflictos políticos hicieron que estas tierras pasaran de jurisdicción realenga a señorial. Así, el Condado de Niebla quedó constituido por merced de Enrique II de Trastámara a favor de Juan Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, señor de Sanlúcar de Barrameda, el primero de mayo de 1368. Su jurisdicción se extendía por toda una franja transversal de la actual provincia de Huelva (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Recinto totalmente amurallado, situado en un pequeño promontorio elevado, al noroeste de un meandro del Río Tinto, junto al histórico eje de comunicación entre Sevilla y Huelva, y dominando el paso del Río (puente Romano). El interior del Recinto se encuentra entre los 30 y los 45 metros de altitud. Sus altitudes más significativas son: Castillo, 45,0 m.; Puerta del Agua (al sur), 24,8 m.; Acceso oeste (Ctra. de Huelva), 9,5 m.; Puente Romano, 27,2 m.
     El núcleo se presenta como un recinto amurallado de forma elíptica, con su dimensión mayor en dirección Este-Oeste y con una ligera pendiente de Norte hacia el Sur y del Este hacia el Oeste, quebrándose bruscamente al llegar al borde del Río Tinto, apareciendo unos escarpes que fueron motivo de la creación de la ciudad en épocas en las que el carácter defensivo venía profundamente ligado a la localización topográfica.
     Recinto fortificado, del que se conservan los paños de muralla en todo su perímetro, con 6 puertas (algunas modificadas) y restos del Castillo o Alcázar en su extremo norte (en el punto más elevado y cercano al camino y al puente). En el interior, trazado de calles estrechas pero de tramos rectos, con manzanas trapezoidales, parcelario irregular con mayoría de parcelas de frente estrecho y fondo más importante.
     Las manzanas son en su totalidad cerradas, salvo dos, localizadas cerca de la Puerta del Agua, que adoptan una disposición lineal, localizándose la edificación principal en una fachada y las secundarias en la posterior, definiendo así, una vía de servicio o trasera.
     En cuanto a los sectores urbanos persisten arrabales históricos apoyados en la carretera (lineales) y crecimientos recientes con trazados autónomos casi regulares.
     Niebla es Conjunto Histórico-artístico por sus murallas y edificios singulares, nunca por su caserío que es uno de los de menor interés de la comarca. Se observa la disposición de las edificaciones en los bordes de las manzanas, definiendo una tipología de viviendas unifamiliares entre medianeras, con patios traseros destinados a colocar edificaciones secundarias de la principal. Son edificios de una planta, apareciendo tan sólo dos edificios de más de dos plantas.
     La edificación adopta una ocupación de parcela típica de las localidades rurales, caracterizada por una edificación principal, alineada con el espacio público y con fondo más o menos variables, pero de dos a cuatro crujías máximo. La mayor altura se da en este cuerpo principal, siendo muy normal el que esta ocupe las dos primeras crujías de la edificación, reservándose el resto a terraza visitable. El interior de la parcela se ocupa con edificaciones auxiliares de una planta, y con tratamientos arquitectónicos de menor calidad, en cuanto materiales y acabados.
     Las cubiertas son mayoritariamente de teja, con uno de los paños dando a la calle, apareciendo en alguna de las edificaciones el pretil destinado a impedir la visión de la teja desde la vía pública.
     No se ha producido una transformación de la trama urbana en los últimos años, salvo algunas incorporaciones realizadas en los años 40 y 60 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
       Niebla aparece antes de cruzar el puente y se define de forma más rotunda cuando se deja atrás la fábrica hormigonera que roba protagonismo a las almenas. Sorprende encontrar un espacio amurallado tan vasto y tan reciamente protegido, no sólo en la zona más accesible de la villa, sino también en los lugares donde el cauce del Tinto actúa como foso. Niebla se yergue como un símbolo del poder nobiliario a partir del siglo XIV, cuando la familia Guzmán tomó posesión de estas tierras y definió un extenso alfoz que abarcaba el territorio del Condado y gran parte del Andévalo, y llegaba hasta la ciudad de Huelva.
     Hoy es un recio perímetro de murallas que alberga en su interior un caserío que apenas conserva las trazas medievales. El medievo y su espíritu, sus proezas y crueldades, sus refinamientos cortesanos y mazmorras sombrías se muestran en el antiguo castillo donde en verano se organizan espectáculos teatrales. Allí, aprovechando el espacio definido por las torres y los cubos, se recrea de forma descarnada la Edad Media y se ilustra al visitante sobre la privacidad de las damas y los instrumentos de tortura, sobre las habilidades del neblí y las propiedades defensivas del alcázar.
     Fundada posiblemente en época fenicia, Niebla tuvo consideración de fortaleza en tiempos romanos, llegando incluso a acuñar moneda. Fue una importante ciudad islámica conocida con el nombre de Lebla. A mediados del siglo XIII, el enclave cedió la soberanía al reino de castilla y en 1368 pasó a estar bajo el dominio de don Juan Alonso Pérez de Guzmán y a constituir el núcleo del Condado de Niebla, que abarcaba una gran franja de terreno en la provincia de Huelva.
     Gran parte del recinto fortificado que hoy se ve fue construido en el siglo XII, aunque en el XV se reforzó con un alcázar. La cerca, que se extiende hasta alcanzar los 2 km de perímetro, consta de 41 torres y 5 puertas. Está formada por muros de tapial levantados con la arcilla roja extraída de las orillas del Tinto. Aparecen sillares romanos en distintos tramos, sobre todo en los cercanos al río. Varias puertas interrumpen el discurso amurallado: del Socorro, Embarcadero y Sevilla bordeando la carretera; del Buey y del Agua asomadas al caudal que circunda la loma donde se asienta el caserío.
     La riqueza monumental de Niebla abarca varias culturas y épocas. Aunque reformado posteriormente, del tiempo de los romanos data el puente sobre el Tinto, que extiende en el cauce la solidez de sus tajamares y la reciedumbre de sus arcos. Dentro del perímetro murado se conservan algunos edificios medievales. De la iglesia de San Martín queda un ábside sujetado por poderosos arbotantes y una torre herida por el tiempo. A la luz de la tarde se puede ver el haz de nervaduras que surca la cabecera y converge en la cúpula. En los muros del presbiterio hay todavía restos de pinturas murales. Al lado de la iglesia citada, que alza parte de su fábrica junto a la puerta del Socorro (la más impor­tante de Niebla), se encuentra la capilla del Señor de la Columna, que guarda el Cristo atado a la columna, escultura hecha en barro cocido y policromada. Se cree que fue Pedro Millán quien la realizó hacia el año 1500. Hay otra iglesia, la de Santa María de la Granada, que aprovechó la existencia de una mezquita del siglo XI para configurar sus espacios. Arcos de herradura que descansan sobre columnas visigodas definen las naves de lo que fue el patio y el lugar de oración de las mujeres. El antiguo alminar se levanta en uno de los ángulos, presentando estructura cuadrada en su exterior y circular en el interior. Los dos últimos cuerpos son de época cristiana y lucen arcos donde son visibles las columnas y los capiteles visigodos. El templo gótico mudéjar encierra algunas sorpresas: el llamado "Sillón de los obispos de Niebla", que no es sino una silla del gótico tardío escul­pida en piedra, y un confesionario de ladrillo, que tiene un asiento de mármol con decoración visigoda.
     Desde aquí, siguiendo la calle Puerta del Agua, se llega a la puerta del mismo nombre. Dos robustos arcos de herradura abren un hueco entre sillares que permite acercarse a la vía del ferrocarril y a las aguas del río.
     Junto a la iglesia de la Granada, el edificio que fue ermita y hospital de Nuestra Señora de los Ángeles muestra una portada que atesora años y estilos. En este inmueble construido en el siglo XVI y reformado posteriormente, un patio porticada organiza la antigua capilla y las estancias que acogen piezas arqueológicas y prestan servicios culturales (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012).
     Esta ciudad, una de las más hermosas e importantes del antiguo Al-Ándalus, se levanta sobre una pequeña colina a orillas del río Tinto.
Historia
     Es posible que Niebla fuese fundada por los ligures. En todo caso, cuando los cartagineses se apoderaron de ella era ya una ciudad consolidada y fortificada. Tras arrebatársela a los cartagineses, los romanos la reconstruyeron casi enteramente, autorizándola a acuñar moneda. Por entonces era conocida con el nombre de Ilipla.
     En la época cristiano visigoda fue sede episcopal, participando sus obispos en los con­cilios de Toledo. Los musulmanes la llamaron Lebla (La roja) y en su tiempo alcanzó su mayor importancia. Llegó a ser cabeza de un reino independiente cuyas fronteras abarcaban la actual provincia de Huelva, parte de la de Sevilla y el Algarve portugués. En 1262 fue conquistada por Alfonso X, pasando algún tiempo después a poder de don Juan Alonso de Guzmán, primer conde de Niebla. A partir de aquí entra en un periodo de continua decadencia. Incluso en 1508 fue saqueada por el propio rey Católico para incorporarla a la corona.
Gastronomía
     La cocina leblense sigue las pautas de las tierras del interior de la provincia. Tres son los platos de más dilatada tradición: las habas enzapatadas, cocidas con sal; la caldereta de cordero y los revoltillos con tomate. Estos platos se acompañan con los magníficos vinos del condado.
Artesanía
     La "empleita", trabajos con hojas de palma, se utiliza desde tiempo inmemorial en labores como bolsos, cestas y alfombras. Dignos de mención son los bordados, la cerámica y la elaboración de esencias de plantas naturales.
Fiestas
     El Carnaval, en el mes de febrero, es una fiesta muy concurrida. El Viernes Santo se celebra un emocionante Vía Crucis alrededor de la muralla. En la primera semana de junio tienen lugar los festejos en honor de San Walabonso, patrón de la ciudad.
     Entre julio y agosto se celebra el Festival de Teatro y Danza, que se lleva a cabo en el sugestivo marco del castillo.
Visita
     La gran muralla* que cierra por completo el perímetro de la ciudad es, en su estilo, la más com­pleta e importante de cuantas se conservan en España. Es obra almorávide, construida sobre otra anterior de época romana. Debió terminarse hacia 1130. Posee cinco puertas: la del Buey, de estilo almohade; la del Socorro, por haberse descubierto en ella una imagen de esta Virgen, del siglo XVI; la de Sevilla, la del Agua y la del Embarcadero, que mira al Tinto y está prácticamente derrumbada.
     En el interior, en la cara norte de la muralla, se levanta el castillo. De origen romano, ha sido ocupado ininterrumpidamente hasta fecha reciente, habiendo sufrido las lógicas reparaciones llevadas a cabo por sus sucesivos ocupantes: visigodos, árabes y condes de Niebla. El cuarto conde construyó una torre del homenaje que no tenía nada que envidiar a la Giralda de Sevilla. Desgraciadamente se derrumbó durante el terremoto de Lisboa de 1755.
     En la plaza de Santa María, frente al Ayuntamiento, se encuentra la iglesia de Santa María de la Granada*, que en su origen fue una catedral bizantina man­dada construir por el obispo Basilio. Posteriormente se transformó en mezquita árabe, sufriendo su última remodelación en el siglo XVI, siguiendo las pautas del estilo gótico-mudéjar (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Alcazaba - Castillo de los Guzmanes
     La alcazaba, residencia de los gobernantes musulmanes de Niebla, se hallaba situada como punto estratégico en la parte nordeste del recinto, entre la puerta de Sevilla y la del Socorro. De ella tan sólo nos han quedado algunos vestigios de su presencia, en el flanco norte, que co­incidía con el muro de la cerca. En él se conserva una torre islámica, embutida en la torre del homenaje del alcázar cristiano. El castillo es de planta rectangular, y cuenta con un doble recinto amurallado, con un espacio intermedio. El más exterior lo compone un fuerte muro, que rodea el conjunto, con torres cuadradas, cilíndricas y poligonales, y matacanes en las esquinas. Del antiguo esplendor queda como testimonio el arco conopial gótico de la torre del Homenaje, de fines del siglo XV, en cuyo remate aparece tallado el escudo de la casa condal de Niebla: el caldero orlado de castillos y leones (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Está situado en la zona noroccidental del Conjunto Histórico de Niebla, entre las puertas de Sevilla y la del Agujero.
     La fortaleza ocupa una amplia manzana delimitada por las calles Castillo, Campo Castillo, Orta Boza y la carretera de Huelva-Sevilla, que incluye algunas edificaciones que se han adosado al edificio.
     El castillo consta de dos recintos. El primero, el castillo propiamente dicho y el segundo, un perímetro defensivo exterior que rodea al edificio interior por completo.
     El alcázar, en la actualidad, se presenta protegido por diez torres (seis cuadradas y cuatro cilíndricas), construidas, al igual que los lienzos de muros, en mampostería con zócalos y aristas de sillería en las esquinas. Cuenta con abundantes troneras características del tipo "cruz y orbe". En su flanco norte, el lienzo del castillo se confunde con el propio recorrido de la muralla que rodea toda la villa, al encontrarse la fortaleza adosada a este recinto murado.
     El recinto interior consiste en un rectángulo subdividido en otros dos por un muro central prácticamente desaparecido.
     Uno de ellos sería el patio de armas donde se hallaban las caballerizas y otras dependencias militares. El otro patio es de carácter doméstico y residencial, donde se encuentra la torre del homenaje, que se convertía en el último reducto defensivo en caso de ataque. Esta torre, muy afectada por el terremoto del 2 de noviembre de 1755, es de planta cuadrada.
     El recinto exterior está constituido por la muralla norte, que se sustituirá durante el s. XVII por encontrarse muy deteriorada, construyéndose la actual de muros esquinados en ángulo agudo y en talud. El resto del recinto defensivo exterior, en los lienzos sur, oeste y sureste, se defiende con una gruesa cerca donde se sitúan seis torres poligonales. Dos de estas torres, de planta cuadrada, protegerían en la zona occidental la entrada al castillo.
     Estos lienzos, que se corresponden con las calles Castillo, Campo Castillo y Orta Boza, estan quedando libres progresivamente.
     En la década de los 60, tras los intentos de Wishaw, se comienza a realizar de forma sistemática, diferentes intervenciones de restauración, limpieza y consolidación. El castillo se encuentra en la actualidad mejorado estética y estructuralmente.
     Cuenta con una zona de exposiciones en las torres y en el interior y sótanos de las defensas abaluartadas del flanco norte. Por otro lado, el patio de armas se configura como marco para diferentes actividades culturales, destacando la celebración anual del Festival de Teatro y Danza Castillo de Niebla.
     A pesar de que algunos cronistas afirman la existencia de una ciudadela romana, que debió estar situada en el lugar que hoy ocupa el castillo, no hay constancia arqueológica de ello.
     Hay, en cambio, testimonio de una importante edificación de esta época, junto a la Puerta de Sevilla, así como una gran profusión de sillares romanos en los cimientos y esquinales de las torres de la fortaleza y muralla.
     Niebla poseyó una alcazaba en época musulmana, que es entregada al rey castellano en la rendición de la ciudad en 1262. Posteriormente la villa, y con ella el alcázar, se entrega al señorío de los Guzmán (1367), estos la repararon y reconstruyeron en parte. En los últimos decenios del siglo XV o principios del XVI es cuando se construye el castillo. Don Enrique, cuarto Conde de Niebla y segundo Duque de Medina Sidonia, fue el único representante del linaje de los Guzmán que habitó alguna vez el castillo.
     Los constructores de este magnífico edificio fueron alarifes mudéjares traídos expresamente para ello; estas personas llegaron a constituir una importante colonia en la ciudad cuyas relaciones fueron reglamentadas mediante ordenanzas en 1493.
     A fines del siglo XVII o principios del XVIII debió construirse la barbacana norte sobre los restos de la antigua, que estaba ya muy deteriorada en 1615.
      Todo el recinto, y especialmente la torre del homenaje, sufre enormes daños con el terremoto de Lisboa de 1755.
     El mariscal Soult, durante la Guerra de la Independencia, repara muros de su cerca y abre troneras en los muros de la barbacana para la artillería, en 1810. Es la última vez que este edificio cumple su función militar. Pero en 1812, antes de su retirada vuela el edificio y lo deja completamente derruido.
     Desde esta fecha se convierte en un lugar de vivienda de personas marginales, hasta que en 1935 Mrs. E. Wisah intenta desalojarlas de allí, para lo cual construye una barriada. Se construye a finales del siglo XV o principios del XVI.
     En la década de los 60, el arquitecto D. Rafael Manzano restauró el muro norte del primer recinto que estaba destruido y actuó en el muro del homenaje. También actuó en el patio principal, encontrando la cimentación y la organización de las crujías interiores. Es obra suya también la escalera del patio principal.
     En los años ochenta se realizaron obras de limpieza y consolidación de parte del castillo por el arquitecto D. Manuel López Vicente.
     La Escuela Taller de Niebla y el proyecto Arqueológico de Niebla han realizado trabajos de rehabilitación de la zona de la barbacana norte (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Capilla de los Santos mártires Walabonso y María
     En el antiguo arrabal, extramuros de la ciudad, se ha construido en 2001 una capilla dedicada a los santos mártires iliplenses, Walabonso y María.
     La imagen de San Walabonso, en madera po­licromada, es una obra escultórica firmada por Joaquín Gómez del Castillo, Huelva, 1940. El santo diácono iliplense es patrono de la ciudad desde 1770. La figura de la mártir Santa María de Niebla ha sido tallada en madera por Francisco García Chaparro, en 200l (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Capilla del Señor de la Columna
     Adosada a la iglesia de San Martín se encuentra la Capilla del Señor atado a la columna.
     Es de planta cuadrada, con bóveda octogonal sobre trompas aristadas. Frente a la puerta de ingreso hay un arco apuntado, que comunica con un espacio rectangular, con bóveda de aristas semejante a las de Villalba, del siglo XIV. En el interior, hay un retablo de madera jaspeada en gris, con decoración de rocallas, pinjantes dorados, etc. de fines del XVIII. A la derecha de la entrada, frente a la única ventana que ilumina el interior, hay un retablo dorado, del XVIII, que se enriquece con decoración de rocallas, guirnal­das de hojarasca, y tres lienzos, dos de los cuales representan a Santa Teresa y San Bernardo y el tercero, de San Juan Bautista, que se halla en el ático. Lo preside la devota efigie del Cristo atado a la columna, escultura en barro cocido y policromado, atribuible a Pedro Millán, hacia 1500. El paramento se decora con pinturas murales, dieciochescas, muy repintadas, que completan la arquitectura del retablo con columnas adosadas a pilastras dobladas, trozos de entablamento, copete con el Padre Eterno, ángeles, querubines (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Ermita y Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles
     Este antiguo edificio hospitalario se ubica en la Plaza de Santa María, y está dedicado a Casa de la Cultura. Actualmente, el edificio conserva aún la impronta de su primitiva funcionalidad. Sin embargo, su fábrica aparece muy transformada. A juzgar por los restos tectónicos, es posible localizar distintas etapas constructivas, que arrancan de comienzos del siglo XVI.
     Todas las dependencias del inmueble giran en torno a un patio, de fines del siglo XVIII, en cuyo centro se ha instalado una fuente, compuesta de un capitel de pencas invertido, de época vi­sigoda, y una taza de fuente romana, formada de un antiguo capitel corintio. El patio, de planta trapezoidal, originalmente debió constar de dos cuerpos superpuestos, aunque por el costado meridional se añadió más tarde un tercer piso, que repite el esquema compositivo del resto de la obra. La planta baja aún presenta por tres de sus lados sendas crujías.
     Alrededor de estas galerías porticadas, en ambas plantas, se disponían las enfermerías de verano y de invierno, las primeras en el bajo, y las otras en el principal. En efecto, en la planta inferior, en el flanco sur, se conserva una sala subdividida, según el  modelo hospitalario en dos naves mediante una arquería central. La ar­quería de la planta baja tiene un primer tramo, caracterizado por los soportes cilíndricos de la­drillo, que soportan tres arcos: los dos primeros, de medio punto peraltados; el tercero, rebajado. El segundo tramo se caracteriza por los soportes rectangulares achaflanados y los arcos carpaneles. En la planta alta está la Biblioteca y Archivo Histórico. En ella se conserva un estante de ma­dera, con decoración geométrica de cuarterones, rombos, lacería, pinjantes, y pinturas que imitan jaspeados, elementos florales y querubines, de 1742.
     En una salita se reúne una pequeña colección de piezas arqueológicas. En el ángulo Noroeste se halla la capilla del antiguo hospital. Su fábrica mudéjar tiene planta cuadrada, cubierta con bóveda de crucería simple. Los arcos están labrados en ladrillo, mientras que las nervaduras y arcos, torales y formeros, son de sillería. El presbiterio tenía, en principio, un doble arco triunfal: uno, de perfil apuntado y molduración gótica, que abría a la nave; y otro, a la derecha, que comunicaba con la sala del hospital, desde donde los enfermos podían seguir las celebraciones. En su interior, pintada sobre el muro del presbiterio, recibía culto su titular. Se trata de un fresco, retocado al óleo, que representa una sa­cra conversación, obra anónima de la segunda mitad del siglo XVI. Representa a una Virgen sedente, con el Niño Jesús sobre su regazo, está flanqueada por el arcángel San Miguel y el diácono San Lorenzo.
     La fachada del edificio combina características arquitectónicas diferentes. En ella destaca la portada, de marcado ritmo ascendente. Se compone de tres cuerpos superpuestos. El inferior, trabajado en ladrillo en limpio, sobresaliente, presenta un arco conopial, de principios del siglo XVI. Sobre esta portada mudéjar se dispuso un balcón con triplicado enmarque, provisto de orejetas en los vértices superiores, que constituye el núcleo central de la actual portada. Más arriba hay un azulejo polícromo con la titular del hospital (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     De entre las mezquitas contenidas en Niebla, destaca por su proximidad a la mezquita mayor, la que luego fue capilla de Ntra. Sra. de los Ángeles que formaba parte del hospital de la ciudad.
     Los restos más antiguos que han llegado hasta nosotros acreditan: una iglesia con presbiterio de planta cuadrada cubierto por bóveda de ojivas, labrada en ladrillo pero con herraduras y arcos torales y formeros de sillería. Este presbiterio tuvo un doble arco triunfal. El principal, de perfil apuntado y molduración gótica, abría a una única nave cubierta con artesonado mudéjar de par y nudillo.
     El testero de la derecha abría por otro arco a una nave, hoy desaparecida y ocupado su solar en la actualidad por el patio posterior allá existente. Esta nave era la del hospital, que ventilaría a un patio, agrandado luego, y colocada en posición de poder seguir los enfermos desde sus lechos los oficios divinos.
     Durante los siglos XVII y XVIII se amplia y modifica el edificio pero repitiéndose viejos modelos medievales.
     La primitiva sala hospitalaria se derribó y se construyeron dos de mayor tamaño. En el centro del espacio disponible se labró un patio muy sencillo y de traza neoclásica con huecos de medio punto apoyando en pilares. En el cuerpo alto se cegaron luego los arcos sustituyéndolos por ventanas.
     En el exterior se produjo una notable alteración de la fachada; surgió un cuerpo nuevo, el de la enfermería, tras el ábside, con una bella altana para tendero a la calle lateral y a nivel de tercera planta, decorada con arcos enmarcados por pilastras. Se labró una espadaña barroca sobre la primitiva puerta gótico-isabelina del s. XV con arco conopial labrado en ladrillo aplantillado. Esta espadaña perdió posteriormente sus columnas laterales.
     El cuerpo del presbiterio mudéjar quedó desfigurado y la iglesia se dividió en dos plantas, con notorio carácter civil.
     El edificio, perdió su primitivo uso y sirvió luego de ayuntamiento, prisión, juzgado y también de escuela de costura.
     Se tabicaron sus piezas y se perdió prácticamente la iglesia que conserva una pintura medieval de la Virgen en un marco y un precioso armario del antiguo archivo del hospital.
     Degradadas sus fábricas, y alterada su distribución el Excmo. Ayuntamiento de Niebla en colaboración con la Dirección General de Arquitectura, ha restaurado gran parte del edificio, adaptándolo al nuevo uso de la Casa de Cultura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de Nuestra Señora del Pino
     La Patrona de Niebla, Nuestra Señora del Pino, es venerada en su ermita, situada junto al arroyo Lavapiés, a 5,5 Km. de Niebla por la ca­rretera de Valverde. La tradición, narrada por fray Felipe de Santiago en 1714, sitúa el origen de la devoción en 1480, aunque la advocación y la iglesia de Nuestra Señora de Lavapiés están documentadas desde 1349. La anterior ermita estaba situada a 4 Km. de la ciudad, pero por lo accidentado de su emplazamiento, se levantó en 1973 una nueva, junto a una frondosa alameda, con un amplio recinto a su alrededor. La imagen actual de la Virgen del Pino es una talla en ma­dera policromada, que reemplaza a la que fue destruida en 1936, y fue realizada por Antonio Castillo Lastrucci en 1942, y restaurada por Antonio León Ortega en 1973 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

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