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martes, 6 de enero de 2026

La pintura "Adoración de los Reyes", atribuido a Jerónimo Ramírez, en la Sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Adoración de los Reyes", atribuido a Jerónimo Ramírez, en la Sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.    
     Hoy, 6 de enero, es la Solemnidad de la Epifanía del Señor, en la que se recuerdan tres manifestaciones del Gran Dios y Señor nuestro Jesucristo: en Belén, Jesús niño, al ser adorado por los magos; en el Jordán, bautizado por Juan, al ser ungido por el Espíritu Santo y llamado Hijo por Dios Padre; y en Caná de Galilea, donde manifestó su gloria transformando el agua en vino en unas bodas [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "Adoración de los Reyes", atribuido a Jerónimo Ramírez, en la Sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
     El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
        En la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses podemos contemplar la pintura "Adoración de los Reyes", atribuido a Jerónimo Ramírez (activo entre 1614 y 1633), siendo un óleo sobre lienzo en estilo barroco de escuela sevillana, realizado en el primer tercio del s. XVII, con unas medidas de 1,63 x 2,44 mts., y procedente del Hospital de Miraflores.
     Procede de la Sala de juntas del hospital de Miraflores. donde se localizaba en 1976 y se consideraba obra de un seguidor de Roelas. Ya entonces suscitó un interés especial por las perspectivas que ofrece su contemplación. Como en tantas ocasiones el autor de esta obra se inspiró en una estampa flamenca en este caso la impresa por Johan Sadeler I en 1585, realizada a partir de un diseño de Marten de Vos.
     Su autor hizo una adaptación al formato horizontal concentrando su atención en las figuras esenciales de la Sagrada Familia y los tres Reyes Magos, eliminando todos los personajes secundarios de la estampa y reduciendo al mínimo los elementos de arquitectura y paisaje. Igualmente se vio obligado a separar suficientemente a las figuras que la componen para ocupar el formato apaisado ya que el grabado original era vertical, teniendo incluso que recortar igualmente la parte superior. La figura de José mantuvo la misma disposición, aunque se le separó, restándole protagonismo a la manera tradicional, la Virgen y el Niño conservan la misma composición y las vestiduras son semejantes, aunque más simplificadas, añadiendo un velo y un peinado de tradición sevillana. Melchor se arrodilla e inclina de la misma manera que en la estampa, aunque su manto se alarga más para adaptarse al formato horizontal, es interesante la fórmula de interpretar el manto, con idéntica disposición y capillo, aunque simplificando pliegues y enriqueciéndolo con ornamentación plana, más propia de las policromías de las esculturas sevillanas realizadas casi con plantillas, así lo hizo también Jerónimo Ramírez en el San José del nacimiento del Museo de Bellas Artes sevillano. No olvidemos la labor de Ramírez como policromador, patente también en la encarnadura y pintura del Crucificado de la catedral de la Almudena, magnífica obra de Juan de Mesa. Gaspar se inclina menos que en la estampa, pero gana en ornato con un rico turbante, y muestra la copa de la misma manera que en el grabado. Baltasar se ha convertido en un hombre de color, conservando los mismos atributos, corona, cetro y actitud que en la estampa. Los redactores del inventario de 1976 relacionaron esta obra con el círculo de Roelas, efectivamente se trata de una pintura de transición entre el manierismo y los comienzos del naturalismo sevillano. En todo caso podría relacionarse con las primeras creaciones de un maestro, que no habría asimilado todas las aportaciones naturalistas de Roelas, aunque había conocido profundamente sus obras.
     Ceán presentó a Ramírez como discípulo de Roelas y la documentación y las obras firmadas hoy nos identifican un estilo muy definido que se relaciona con esta pintura. La idealización del rostro de la Virgen es semejante a sus otras figuras marianas, santas o ángeles: con óvalos, cejas y ojos muy perfilados. Igualmente, el modelo del rostro de San José con sombras en contorno de los ojos, casi con ojeras, y nariz recta y delgada se repite aquí también, lo mismo que la pincelada algo deshecha, que convive con detalles naturalistas muy pormenorizados. Esta pintura también nos vine a recordar otras dos grandes palas de altar, pintadas por Ramírez que se hallaban en el crucero de la iglesia del Hospital de las Cinco Llagas: La misa de San Gregorio, y La Crucifixión con la Magdalena, ésta última conservada en las clarisas de Alcalá de Guadaira (Juan Luis Ravé Prieto, en Patrimonio Histórico de la Diputación de Sevilla 1500-1900. Arte y Beneficencia. Diputación de Sevilla. Sevilla, 2025).
Conozcamos mejor la biografía de Jerónimo Ramírez, pintor a quien se le atribuye la autoría de la obra reseñada;
     Jerónimo Ramírez (activo entre 1614-1633) fue un pintor barroco español activo en Sevilla en el primer tercio del siglo XVII.
     Vecino de Sevilla, fue discípulo de Juan de Roelas, según Cean Bermúdez, quien señalaba la existencia de un cuadro firmado de su mano en el altar colateral de la Epístola en la iglesia del Hospital de la Sangre de Sevilla, «que representa al papa sentado con los cardenales y otros personajes (...) pintado con buen gusto de color, con valentía de pincel, y con arreglado dibujo»,​ posiblemente la Misa de san Gregorio allí conservada hasta la transformación del hospital en sede del parlamento andaluz. Aun cuando se ignoran la fecha y lugar de nacimiento y su pintura había permanecido oculta bajo el anonimato o atribuida a otros maestros, Jerónimo Ramírez es relativamente bien conocido gracias a la documentación que permite considerarlo como uno de los pintores más activos y de mayor proyección en Sevilla en el primer tercio del siglo XVII. La primera referencia documental disponible es del 14 de diciembre de 1614, fecha en la que ya como maestro de pintura firmó junto con Pacheco, Varela y el sevillano Juan Sánchez Cotán, un poder para pleitear contra el repartimiento de las cargas fiscales que habían efectuado los alcaldes veedores del arte de la pintura.​ Por otras noticias documentales consta su relación con el escultor Juan de Mesa, con quien intermedió en 1621 para la contratación de un Crucificado, conservado ahora en la catedral de la Almudena de Madrid. Entre 1631 y 1632 se hizo cargo de las ocho pinturas de la vida de santa Catalina de Alejandría del retablo mayor de la parroquial de Higuera la Real, conservadas en su lugar aunque muy desfiguradas por repintes hechos en el siglo XIX.​ Por último, consta que en febrero de 1633 cobró por un cuadro de la Entrada de Jesús en Jerusalén para la capilla de la Soledad en el convento del Carmen,​ y en este mismo año se fechan las pinturas citadas del Hospital de la Sangre o de las Cinco Llagas.
     El mejor conocimiento de su obra, caracterizada por el dibujo ágil y ligero con estilizaciones de raíz manierista, ha recibido un impulso al aparecer su firma y la fecha 1627 en el Cristo servido por los ángeles de la iglesia de San Lorenzo de Sevilla, al ser restaurado en 1999 para su exhibición en la exposición Velázquez y Sevilla.​ De la composición, originalmente destinada al refectorio de un convento desconocido, existe otra versión muy cercana en la catedral de Sevilla, donde se atribuía a Juan de Uceda,​ restituido ahora a Ramírez junto con un conjunto de obras de similares características estilísticas que hasta entonces se habían relacionado también con Uceda, como la Adoración de los pastores con san Bruno del Museo de Bellas Artes de Sevilla o la Inmaculada con San José, San Benito y San Francisco de la iglesia de San Vicente.​
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Epifanía del Señor;
   Junto a Natividades de carácter íntimo, en las cuales el tema principal es la muda adoración del Niño Jesús por su madre, el arte cristiano ha imaginado desde muy temprano Natividades espectaculares, con un gran lujo de puesta en escena y multitud de extras.
   Los sucesivos homenajes de los Pastores y de los Reyes Magos de Oriente al Niño Jesús aparecen tanto representados aparte como asociados a la escena de la Natividad de la cual son el complemento.
   Se llama Epifanía (del griego epiphaneia) a esta primera teofanía o manifestación a los hombres de Dios encarnado: las otras dos son el Bautismo de Cristo, en la que una voz procedente del cielo lo proclama públicamente Hijo de Dios y el milagro de Las Bodas de Caná, donde por primera vez manifiesta ante los apóstoles su poder sobrenatural.
   La fiesta de la Epifanía (en francés arcaico Tiphanie, Tiphaine, en italiano Befana), que vulgarmente se llama el Día de los Reyes Magos, se celebra el 6 de enero, doce días después de la Navidad.
A) La adoración de los pastores
B) La adoración de los Reyes Magos
l. Historia y culto de los Reyes Magos
   La Adoración de los Reyes Magos sólo se menciona en el primero de los cuatro Evangelios canónicos, el de Mateo (2: 1-12).
   Los magos de Oriente llegan a Jerusalén buscando al rey de los judíos cuyo nacimiento les ha sido revelado por una estrella. El rey Herodes el Grande, que gobernaba en Palestina, los convoca en su palacio, los interroga y les hace prometer que regresarán cuando hayan encontrado al Niño, para que también él vaya a adorarlo.
   «Después de haber oído al rey, se fueron, y la estrella que habían visto en orien­te les precedía, hasta que vino a pararse encima del lugar donde estaba el niño (...) y, llegando a la casa, vieron al niño con María, su madre, y de hinojos le ado­raron, y, abriendo sus cofres, le ofrecieron como dones oro, incienso y mirra.
   «Advertidos en sueños de no volver a Herodes, se tornaron a su tierra por otro camino.»
   Lucas (2: 8-20), se limita a hablar de la Anunciación a los pastores y de su peregrinación a Belén, pero no dice ni una palabra de los Magos que Marcos y Juan ignoran igualmente.
   Para remediar dicho silencio, los Evangelios apócrifos acuden en auxilio.     
   La escena de la Adoración de los Reyes Magos se desarrolla y adorna en el Protoevangelio de Santiago (cap.XXI), en el Evangelio del Pseudo Mateo (cap. XVI) y en el Evangelio árabe de la Infancia (cap.VII).
Historicidad
   La realidad de este acontecimiento es menos que sospechosa. El historiador judío Flavio Josefo no hace la menor alusión a él. El único evangelista que lo consigna en su relato no suministra los nombres, el número de magos, la fecha ni el destino de su viaje que tanto puede ser Nazaret como Belén.
   Esa incertidumbre dio origen a tradiciones contradictorias. Según una de ellas, los Magos habrían llegado inmediatamente después del nacimiento de Jesús. Por el contrario, para los Evangelios apócrifos, su peregrinación habría tenido lugar después de la Circuncisión y Presentación en el templo, cuando Jesús había al­canzado la edad de dos años (transacto  secundo anno). El edicto de Herodes ordenando la matanza de los niños menores de dos años se volvería así más inteligible. No obstante, prevaleció la primera opinión según la cual la Adoración de los Reyes Magos sería contemporánea de la Natividad, y por lo tanto habría seguido inmediatamente a la Adoración de los pastores.
Desarrollo de la leyenda
   En base a datos tan escasos e imprecisos, el ingenio de los comentaristas podía desarrollarse con total libertad.
   Al principio, los magos eran simples astrólogos persas que leían el futuro en las estrellas. Su nombre deriva de la palabra persa mogu o maga. El Evangelio de Mateo no los llama «reyes» y los Evangelios apócrifos tampoco. Pero la palabra «mago» adquirió el sentido peyorativo de «brujo» en los primeros tiempos del cristianismo, como lo prueba la historia de Simón Mago, asimilado al Anticristo. Sin duda se quiso destacar la dignidad de los visitantes, tanto más por cuanto la Iglesia estaba interesada en mostrar el homenaje al Niño Jesús de todos los reyes del mundo. Ese testimo­nio parecía de mayor peso que la ingenua adoración de unos humildes pastores. 
   Fue Tertuliano el primero en convertir a los Magos en reyes: «nam et Magos reges habuit fere Oriens». En el siglo XI Cesario de Arles adoptó la misma opinión: Illi Magi tres reges dicuntur. A partir de entonces la corona reemplazó al gorro frigio en sus cabezas, incluso cuando se los representaba en la cama.
El número de los Magos
   Mateo no es más explícito acerca del número de los Magos. Se limita a decir «llegaron del oriente unos magos» que luego se pusieron en camino a Belén.
   Por ello, podían hacerse las evaluaciones más divergentes. En las pinturas de las catacumbas los Magos son a veces dos, y otras cuatro. En el cementerio de los santos Pedro y Marcelino, la Virgen recibe la visita de dos Magos y lo mismo ocurre en un mosaico de Santa María la Mayor, mientras que en una pintura mural del cementerio de Domitila, se representa a la Virgen flanqueada por cuatro adorado­res, dos de cada lado.
   Ese número se ha llevado a doce en la Iglesia siria que establece una correspondencia entre los doce Magos, las doce tribus de Israel y los doce apóstoles.
   Pero acabó por prevalecer el número tres, por razones bíblicas, litúrgicas y sim­bólicas.
   Aunque Mateo no especifica el número de Magos, al menos menciona que ellos habían aportado al Niño Jesús tres clases de regalos: oro, incienso y mirra. Del número de regalos debía deducirse con toda naturalidad el número de donantes.
   Por otra parte, las pretendidas reliquias de los Reyes Magos, primero conservadas en San Eustorgio de Milán, y trasladadas luego, en el siglo XI a Colonia, corresponden a tres cuerpos, que se consideraron pruebas de hecho.
   Por último, el número tres se prestaba mejor que ningún otro a las especulaciones del simbolismo teológico. Era, como lo recordaron Rabano Mauro y Wilfrido Estrabón, la cifra sagrada de la Trinidad. Además, ese número servía para transformar a los Magos en representantes de las tres Edades de la Virgen, en delegados de las tres partes del mundo que venían a rendir homenaje a Cristo encarnado. Nada de ello dejó de hacerse, y ya veremos que el tipo iconográfico de los Magos ha sido de­terminado por ese doble simbolismo.
   Por eso los Magos, que de acuerdo con el Evangelio procedían de una región indefinida de Oriente (Morgenland), o en todo caso de Asia (Persia o Arabia), en la Edad Media se consideraron llegados de los tres continentes entonces conocidos: Asia, África y Europa. Tal como lo dice literalmente el Pseudo Beda: «Tres Magi tres partes mundi significant: Asiam, Africam, Europam.» Esos tres continentes corresponden a las tres razas entre las cuales se reparte el género humano, descendientes de los tres hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet.
   El Pseudo Buenaventura se pregunta si hablaron con la Virgen y José por la intermediación de un intérprete, o si debe admitirse que los tres hablaban la lengua hebrea.
   El descubrimiento del Nuevo Mundo, a finales del siglo XV, asestó un golpe fatal a ese simbolismo teológico. Para completar el homenaje al Salvador del género humano habría sido necesario agregar un cuarto Mago, o Rey Mago, que re­presentara a América, lo cual habría simplificado mucho la tarea de los artistas cuyas cojas composiciones se hubiesen equilibrado mejor con dos Magos situados simétricamente a cada lado de la Virgen.
   Pero la Iglesia era demasiado conservadora como para autorizar la «puesta al día» de un tema consagrado por una tradición milenaria: la iconografía de la Adoración de los Reyes Magos sólo reconoció tres continentes (partes del mundo), incluso después que Cristóbal Colón descubriera uno nuevo.
Los nombres de los Reyes Magos
   La piedad popular quería conocer los nombres de los tres Reyes Magos. Desgraciadamente, el Evangelio de Mateo no decía más acerca de ellos que del número. Fue en el siglo IX, en 845, cuando los nombres Gaspar, Melchor y Baltasar aparecen por primera vez en el Liber Pontificalis de Ravena. En la época del traslado de las reliquias a Colonia fueron retomados en los textos del Pseudo Beda y de Pedro Comestor. Y esos son los nombres que perduraron en la leyenda popular, aunque se observen variaciones en su orden y reparto. El rey negro (fuscus), que representa a África, generalmente se llama Baltasar.
Culto
   El culto que la Edad Media profesó a los tres Reyes Magos está fundado en  sus reliquias, al igual que el de todos los santos.
   Se pretendía que después de su peregrinación a Belén, los tres Reyes Magos, que regresaron a Oriente por mar, habían sido enterrados en la ciudad de Saba. Sus huesos, hallados por la emperatriz Helena al mismo tiempo que la madera de la Vera Cruz, habrían sido trasladados a Constantinopla. Pero no se ha dicho una palabra acerca de esta historia antes del siglo XI. En esa época, los clérigos de Milán, deseosos de aumentar el prestigio de su Iglesia, forjaron una leyenda completa. El obispo Eustorgio habría viajado a Constantinopla para hacer aceptar su elección por el emperador Constantino. Al regresar de allí le pidió a éste el favor de transportar con­sigo los cuerpos de los Reyes Magos. Trasladó el precioso cargamento en un sarcó­fago de mármol, hasta la iglesia de Milán que lleva su nombre.
   Poco después, en 1164, el arzobispo de Colonia Reinaldo de Dassel, gran canciller del emperador Federico Barbarroja, aprovechó el saqueo de Milán para apoderarse de las reliquias que transportó a su diócesis. En honor de esas osamentas depositadas en un magnífico relicario de oro, en el siglo XIII se emprendió la reconstrucción de la célebre catedral renana dedicada a los «tres reyes de Colonia». En las ocasiones solemnes, tres sacerdotes coronados que simbolizaban a los tres Reyes Magos, patrones de la ciudad, sacaban el Santo Sacramento en procesión. Pero los tres Reyes Magos no sólo eran venerados en Milán y en Colonia. La cate­dral de Embrun, en Francia, también está puesta bajo su advocación, con el nom­bre de Nuestra Señora de los tres Reyes (Notre Dame des trois Roys). Se los veneraba también en Oriente, donde los granos de mirra ofrecidos por uno de ellos al Niño Jesús se conservaban preciosamente en un relicario del convento de San Pablo, en el monte Athos.
   La Iglesia celebra la fiesta de los Reyes Magos el 6 de enero, día que originalmente conmemoraba otra Epifanía: el Bautismo de Cristo en el Jordán.
   Un Misterio litúrgico representado por canónigos hacía revivir ante los ojos de la multitud el relato evangélico.
   En Occidente, donde la Adoración de los Reyes Magos se celebraba además como uno de los Siete Gozos de la Virgen María, la popularidad del tema también está probada por los numerosos patronazgos.
   A causa de la rapidez y del éxito de su viaje a Belén, eran los protectores de los viajeros y de los peregrinos, que los invocaban «para marchar sin cansarse», y que de buena gana hacían escala en la residencia de los tres Reyes. Y cuando llegaba la hora del último viaje, se los invocaba para conseguir la gracia de una bue­na muerte.
   Puesto que ellos habían «caído» a los pies del Niño Jesús para adorarlo, se los invocaba contra la epilepsia. Esta devoción está probada por un Breviario del siglo XIII que se encuentra en la Biblioteca de Vendome.
   Jaspar fert aurum, thus Melchior, Baltasar mirram.
   Haec quicumque trium secum fert nomina regum
   Solvitur a morbo Christi pietate caduco.
   Aunque la Iglesia no los haya incluido en el santoral, los nombres de Gaspar, Melchor y Baltasar fueron admitidos como nombres de pila.
   En Alemania, las letras apotropaicas G. B. M., iniciales de los nombres de los tres Reyes Magos, se escribían con tiza en las puertas de las casas y en los establos el día de los Reyes Magos, para proteger a personas y animales de los demonios y las brujerías, los incendios y las inundaciones.
   Agreguemos que la cofradía parisina de los fabricantes de naipes los había elegido como patrones a causa de los reyes de los juegos de cartas, aunque éstos en realidad sean cuatro.
Iconografía
   La popularidad de la leyenda y del culto de los Reyes Magos explica la riqueza de su iconografía.
   Antes de analizar los sucesivos episodios agrupados en torno al tema central de la Adoración en el establo de Belén, es conveniente estudiar a los personajes por separado, precisando sus características y atributos.
   Tipo iconográfico de los Reyes Magos. Al principio, los tres Reyes Magos tenían el mismo tipo, estaban vestidos de la misma manera, eran uniformes e intercambia­bles.
   A partir del siglo XII, por la influencia del simbolismo que los asoció con las tres Edades de la vida y las tres partes del mundo, se diferenciaron e individualizaron.
   En primer lugar por sus edades: Gaspar está representado con los rasgos de un hombre joven e imberbe, Baltasar es un hombre maduro y Melchor un anciano cal­vo y de larga barba blanca.
   En segundo lugar, por sus caracteres étnicos, porque se considera que pertenecen a tres razas diferentes que pueblan las tres Partes del mundo entonces conocidas: Europa, Asia y África.
   El asiático no tiene un tipo étnico bien definido: no se parece a un indio ni a un chino de ojos oblicuos. En cambio el africano se reconoce fácilmente por la piel negra, el pelo rizado y los labios gruesos y carnosos. 
   ¿En que momento aparece el Rey Mago negro (der Mohrenkonig) en el arte cris­tiano?Se ha señalado un ejemplo aislado en un manuscrito del siglo XII que se conserva en la Biblioteca de Berlín. Pero el ejemplo se volvió habitual a finales de la Edad Media. Según E. Male, esta tradición sólo se remontaría al siglo XIV, y el tím­pano de Saint Thibaud de Thann (hacia 1355) ofrecería la representación esculpida más antigua. Pero lo que nadie parece haber advertido hasta hoy, es que a finales del siglo XII, en 1181, Nicola de Verdun, en su púlpito esmaltado  de Klosterneuburg, habíar epresentado como una negra a la reina de Saba, a la que ofrece como prefiguración de los Reyes Magos ¿Habrá que considerar que ese es el origen del tema?
   En cualquier caso parece que se haya vacilado durante mucho tiempo antes de introducir a un negro en la triada de los Reyes Magos. El negro pasaba por ser el color del demonio. En las miniaturas de los Salterios griegos, la pequeña figura de un negro representa al diablo, al Infierno o a la muerte. En el siglo XVI, en un gra­bado francés de Geoffroy Tory, el artista se atrevió a representar al rey negro desnudo, apenas cubierto con un taparrabo.
   Aunque América no figure entre las Partes del mundo que rinden homenaje al Salvador, en la época de los grandes descubrimientos hubo una tímida tentativa de hacerle un lugar al nuevo continente en la Adoración de los Reyes Magos. En un retablo portugués del siglo XVI, que se encuentra en la catedral de Viseu, el rey negro está reemplazado por un cacique indio del Brasil, armado con una jabalina emplumada. Pero la innovación no creó escuela.
   Nos quedan por detallar las ropas y atributos de los tres Reyes Magos.
   Vestuario de los Reyes Magos. Su manera de vestir ha evolucionado con la moda en el transcurso de los siglos.
   En el arte cristiano primitivo se les daba, como al profeta Daniel y a los tres jóvenes hebreos en el horno, el traje persa de los sacerdotes de Mithra, es decir, el gorro frigio y los pantalones llamados anaxyrides. El albornoz habría podido con­fundirse con la toga romana atribuida a los apóstoles.
   Un fresco de Saint Pierre les Églises, en Poitou, que se remonta aproximadamente al siglo X, representa a los Reyes Magos con casco, como los caballeros normandos de los brocados de Bayeux.
   Fue más tarde cuando se estableció la costumbre de cubrirlos con traje real, con una larga túnica y una corona sobre la cabeza, que se justificaba por un pasaje de los Salmos (67: 30): «Reges Tharsis munera offerent, Reges Arabum dona addu­cent.»
   De manera excepcional, la mitra episcopal reemplaza a la corona real (báculo del siglo XI).
   En el arte del siglo XV, que no tiene ningún escrúpulo para introducir temas religiosos en los retratos de príncipes o de donantes, los Reyes Magos adoptaron en la pintura florentina las modas de la corte de los Médicis y en el norte de Europa, la moda de la corte de Borgoña: jubones, calzas y zapatos de punta retorcida.
   Como los príncipes de aquellos tiempos, se hacían acompañar por enanos o bufones de corte.
   En el siglo XVII, Rubens, más entusiasmado con el orientalismo, reemplazará las coronas y caperuzas por turbantes de bajá; el Rey Mago negro lleva anillas pen­dientes en las orejas.
Las Ofrendas de los Reyes Magos
   Por último, los Reyes Magos están caracterizados por sus ofrendas: el oro, el in­cienso y la mirra.
   Los teólogos recurrieron a su ingenio para atribuirles un significado simbólico: según ellos, el oro es un homenaje a la realeza de Cristo (Signum regis), el incienso a su divinidad (signum Dei); la mirra, que servía para embalsamar los cadáveres, significa que está destinado a morir para la redención de la humanidad (sig­num sepulturae). «Aurum regí, thus Deo, myrrha defuncto.»
   La interpretación propuesta por san Bernardo, que en el siglo XIV retomó Nicolás de Lira, es mucho más prosaica. El oro estaba destinado a aliviar la pobreza de la Virgen, el incienso a desinfectar el establo, y la mirra, que se consideraba vermífugo, a fortificar al Niño expulsando los parásitos de sus intestinos. «Obtulerunt aurum ad sustentationem paupertatis matris et filii, thus contra foetorem lodet myrr­ham ad consolidandum membra pueri.»
   La forma de los recipientes que contienen las ofrendas ha cambiado mucho. Al principio, los Reyes Magos presentaban sus simbólicos regalos sobre simples bandejas. Luego éstas fueron sustituidas por diversos recipientes que se adecuaron a las modas de la orfebrería: Melchor ofrece el oro en un cofre; Gaspar, el incienso en un cuerno de la abundancia; y Baltasar, la mirra en un copón. Esos objetos se vuelven cada vez más suntuosos a medida que avanza el siglo XV; adquieren la forma de las copas ornamentadas de la vajilla principesca, o las de las fuentes y bomboneras que se colocan sobre las mesas, cuando no las de las conchas o nautilos con montura de oro que se exhibían en los gabinetes de curiosidades. En suma, la ofrenda de los Reyes Magos se convirtió en una exposición de vajilla preciosa.
   El oro suele reemplazarse con una corona que el primer Rey Mago tiene en la mano.
   Agreguemos que, de acuerdo con un ritual de origen persa que según Jenofonte ya existía en la corte de los aqueménidas, los Reyes Magos ofrecen sus regalos con las manos veladas bajo un pliegue de su manto.
2. Escenas narrativas
   Los principales episodios de la peregrinación de los Reyes Magos, tal como se suceden en los ciclos narrativos, son seis:
   l. La Anunciación del ángel estelar que anuncia a cada uno de ellos el nacimiento del Salvador.
   2. El Encuentro de los tres Reyes Magos y su cabalgata hasta Belén.
   3. Su visita al tetrarca Herodes de Jerusalén.
   4. La Adoración del Niño Jesús.
   5. La Advertencia del ángel a los Reyes Magos dormidos.
   6. El Embarco clandestino en Tarso.
   l. La Anunciación a los Reyes Magos por la estrella milagrosa
   Cada uno de los Reyes Magos, por separado, recibe el anuncio del nacimiento del Salvador, mediante una estrella milagrosa, o más bien por un ángel en forma de estrella (angelus in forma stellae).
   La leyenda del astro que aparece en el firmamento para anunciar el nacimien­to o la muerte de un gran hombre es de amplia difusión en la mitología y la leyenda. En la Antigüedad se creía que había un ángel unido a cada estrella, encargado de gobernar su curso.
   La aparición de la estrella que guía a los Reyes Magos hacia Belén, al igual que la columna de fuego que señala a los israelitas el camino en su salida de Egipto, se asimila a la estrella predicha por Balaam.
   La iconografía de esta escena comporta numerosas variantes. Casi siempre en medio de la estrella, personificada como el Sol y la Luna, se ve la cabeza de un querubín. O bien un ángel vuela al lado de la estrella, faro aéreo y móvil. Por último, el ángel piloto y la estrella indicadora están a veces reemplazados por el propio Niño Jesús que se aparece a los Reyes Magos con el nimbo cruciforme y la corona en una aureola de rayos. Ese detalle se ha tomado de las fuentes orientales.
   En la portada de la catedral de Ulm se ve a los Reyes Magos despidiéndose de sus mujeres antes de comenzar el viaje.
   Sobre una de las columnas historiadas del baldaquino de San Marcos de Venecia, y en un fresco del siglo XI en Tocali Kilisse, Capadocia, están representados los Reyes Magos examinando la profecía de Balaam.
   En una vidriera del coro de la colegiata de Berna se encuentra una versión muy infrecuente de la Anunciación a los Reyes Magos, que data de finales de la Edad Media (1450): uno de los Reyes Magos ve salir un pájaro volando de una flor maravillosa, tal es el anuncio del nacimiento del Mesías. Es lo que en alemán se llama Die Weissagung des Wundervogels.
   2. La cabalgata de los Reyes Magos
   Cada uno de los Reyes Magos, informado de esa manera en su castillo o sobre el monte desde el cual observa los astros, ignora la revelación hecha a los otros dos. Aunque parten en tres direcciones diferentes y no se han citado, se encuentran en un cruce de caminos cerca del Gólgota, por azar providencial.
   La fuente literaria del tema sería la descripción imaginada hacia 1370 por el carmelita alemán Juan de Hildesheim en su Liber trium Regum.
   El tema del encuentro es infrecuente, salvo en la pintura flamenca o franco flamenca del siglo XV, que ofrece algunos ejemplos. En una miniatura de las Muy Ricas Horas del duque de Berry (Chantilly), iluminadas hacia 1415 por los Hermanos de Limbourg, se ven tres cortejos de jinetes convergiendo hacia un cruce de caminos, hacia un hito que no es el de Jerusalén sino el de Saint Denis. El encuentro de los Reyes Magos a caballo que se estrechan las manos también se recuerda -en segundo término-, en la Natividad del Breviario del duque de Bedford (B.N., París), que data de 1435, aproximadamente. Por último, ese mismo tema reaparece en el Retablo de los Siete Gozos de la Virgen (Munich), pintado por Memling en 1480.
   Casi siempre los artistas se limitan a representar el viaje de los tres Reyes Magos que marchan juntos hacia Belén, guiados por la estrella «hodigitria», que los comentaristas asimilan a aquella del Antiguo Testamento de la que habla el adivino Balaam.
   El viaje se hace a lomos de camello o a caballo. De acuerdo con el gusto más o menos pronunciado por el exotismo oriental, los artistas evocan el espectáculo de una caravana o de una cabalgata, y a veces eligen un término medio. En el bajorrelieve del púlpito de Siena (1268), los  tres  Reyes  Magos van a caballo, y sus criados sobre dos camellos.
   Según la tradición de Oriente, los Reyes Magos habrían demorado trece días para completar el trayecto en sus camellos de carrera (dromedarios). Un auto sacramental alemán de Navidad traduce en versos ingenuos esta visión pictórica:
   Ich bin's Melchior genant, 
   Und bin von Saba her gerant
   Uf mynem dromedarie.
   En Occidente, donde el camello es una suerte de fabuloso animal de Bestiario, los viajeros casi siempre montan caballos. En la pintura del siglo XV su peregrinación servía de pretexto para una magnífica cabalgata. Los Reyes Magos, precedidos por los portaestandartes, van seguidos de un nutrido cortejo.
   3. La Visita de los Reyes Magos al rey Herodes
   Según el Evangelio de Mateo, los rumores acerca del nacimiento del Mesías llegaron a oídos de Herodes. Este, preocupado por la noticia, convocó a los sacerdotes y a los sacrificadores que le dijeron que, de acuerdo con la profecía de Miqueas, el futuro rey de los judíos debía nacer en Belén.
   «Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les interrogó cuidadosamente sobre el tiempo de la aparición de la estrella; y, enviándolos a Belén, les dijo: Id e informaos exactamente sobre ese niño, y, cuando le halléis, comunicádmelo, para que vaya también yo a adorarle.»
   Es superfluo insistir en la ingenua inverosimilitud de este relato. Si Herodes hubiera querido descubrir al Niño milagroso le habría bastado ordenar que un jinete siguiera a los Magos y le informara luego.
   Iconografía. La consulta a los escribas y adivinos que precede a la Recepción de los Reyes Magos por Herodes fue representada en el siglo V, en el arco de triunfo de Santa Ma ría la Mayor. 
 Los tres Reyes Magos, que dejan sus caballos atados a un árbol, comparecen ante Herodes que les pregunta cuando se les apareció la estrella, y les hace prometer que volverán a visitarle.
   Un demonio alado y de frente cornuda, que simboliza los malos pensamientos de Herodes, apoya su pezuña sobre el trono del tetrarca para dictarle al oído sus diabólicos consejos.
   El relato del Evangelio sugiere dos escenas distintas: la consulta a los sacerdotes y la recepción de los Reyes Magos, recibidos ya por separado, ya conjunta­ mente.
   4. La Adoración de los Reyes Magos
   Orígenes y evolución del tema. Hugo Kehrer había intentado explicar la leyenda de los Reyes Magos por el culto persa de Mithra. En la actualidad esa tesis ha sido abandonada.
   El arte cristiano ha tomado este motivo, como tantos otros, del arte imperial románico y bizantino. En numerosos bajorrelieves que decoran arcos de triunfo se podían ver procesiones de bárbaros orientales, con frecuencia precedidos por una figura alada de la Victoria, que venían a entregar sus tributos al emperador. La teoría de los magos con vestiduras persas, conducidos por un ángel estelar que reemplaza al genio de la Victoria, es la reproducción pura y simple de ese esquema.
   El púlpito de San Jorge de Salónica, una de las realizaciones más antiguas donde se representa la Adoración de los Reyes Magos, constituye la prueba de esta imitación: se ha comprobado, en efecto, que estaba calcada de un relieve del arco de Galerio que representa una ofrenda de los bárbaros.
   La evolución del tema es muy clara.
   En el arte cristiano primitivo, la Adoración de los Reyes Magos no está presentada como un episodio de la Natividad sino como un símbolo de la divinidad de Jesús reconocido por los reyes de la tierra como el rey de reyes (rex regum). Como lo ha escrito Hourticq, «la Adoración de los Magos ha sido un símbolo antes de convertirse en una historia».
   Poco a poco, a consecuencia de la invasión de los detalles pictóricos a expensas del sentimiento religioso, el símbolo se vuelve espectáculo. Como la Cabalgata de los Reyes Magos, en el siglo XV la Adoración ya es sólo un «Cuadro vivo», un simple pretexto para halagar las vanidades de los donantes que, bajo la apariencia de rendir homenaje a un niño nacido en un establo, hacen ostentación de riqueza y lujo indumentario.
   Se difunde la moda de dar a los Reyes Magos los rasgos de los contemporáneos: reyes, príncipes y mecenas. En Francia, Carlos VII y los duques de Borgoña, en Italia los Médicis. El espectáculo acaba transformándose en un grupo de retratos.
   La composición. El tema, que comporta cuatro personajes principales (la Virgen en majestad, que presenta sentada al Niño Jesús, y los tres Reyes Magos) plantea­ban a los artistas un problema de composición casi insuperable. Sucesivamente, se intentaron dos soluciones:
     1. En las obras más antiguas, la Virgen, que es el trono vivo del Niño Dios y que lógicamente debería ocupar el centro de la composición, está sentada de lado, en uno de los extremos, para dejar lugar al desfile de los tres Reyes Magos que llegan en procesión, uno detrás del otro. Todos los personajes están alineados sobre el mismo plano, como en los frisos de mosaicos de Ravena, y presentan el perfil.
     2. Con el objeto de dar mayor majestad al grupo de la Virgen y el Niño se puede, por el contrario, instalarlo en el centro, entre dos Reyes Magos arrodillados a uno y otro lado, simétricamente. Pero en este caso sólo se consigue el equilibrio sa­crificando al tercer Rey Mago, relegado entre los personajes secundarios. No hubo más remedio que emplear trucos, como el de la portada de un Evangeliario del Museo Británico, donde se pide auxilio a un ángel para que haga compañía al tercer Rey Mago y de esa manera equilibre el grupo de los otros dos.
   Esta segunda versión es un ejemplo impresionante del conflicto entre la tradición y las exigencias de la simetría. Aquí es la simetría la que triunfa. Para todos aquellos pintores a quienes crean dificultades los números impares, hay un Rey Mago de más. Eliminarlo es difícil: por lo tanto se lo debe escamotear o bien procurarle una pareja.
   Los personajes: la Virgen y el Niño. La Virgen está casi siempre sentada sobre un trono. No obstante, en el bajorrelieve de la portada de Moissac recibe a los Reyes Magos sentada en la cama.
   En principio fajado, el Niño a continuación se representó desnudo. Con frecuencia hace un gesto de bendición, a menos que olvide su divinidad para acariciar el cráneo calvo del más viejo de los Reyes Magos, arrodillado a sus pies, o hurgar en su barba cana. A veces hunde la mano en la copa que se le ofrece, para jugar con las monedas de oro.
   El gesto que se atribuye a José no es menos estudiado. Pero lo que es ingenuidad en el Niño, en éste se convierte en trivialidad casi bufona. Sentado en un escabel se vuelve para guardar los regalos de los Reyes Magos en un cofre cuya tapa ha levantado, con avidez de avaro. Es el cajero de la Sagrada Familia.
   En el siglo XVI, Parmigianino intentó darle un poco más de dignidad: uno de los Reyes Magos lo abraza cordialmente.
   La actitud de los Reyes Magos. En cuanto a la actitud de los Reyes Magos, se ha modificado mucho en el transcurso de los siglos.
   En las realizaciones más antiguas se les ve avanzar hacia el Niño a paso rápido, pero sin arrodillarse: expresan su respeto, según la costumbre oriental, velándose las manos para  presentar sus ofrendas. La  Ofrenda ha precedido a la Adoración.
   En una segunda versión, el primer Rey Mago se prosterna de cara. Este rito oriental de la proskinesis o prostratio, forma bizantina de la adoración, no ha sido adop­tado por el arte de Occidente, que la ha encontrado demasiado servil. La sustituyó el homenaje feudal del vasallo a su soberano, que consiste en apoyar una rodilla en tierra. La genuflexión reemplazó a la prosternación.
   En su estudio acerca de los Les Rois Mages et le drame liturgique, E. Mâle sostiene que ese gesto del primer Rey Mago, que se arrodilla para ofrecer su regalo, ha sido inspirado por la puesta en escena del teatro religioso de los autos sacramentales. «Nunca hasta entonces los artistas habían tenido la idea de representar a un rey de rodillas. Lo pensaron sólo después de haberlo visto prosternado delante del Niño en la escena.»
   Esta afirmación ha sido refutada por Dom Leclerq, que no ha tenido inconveniente alguno para demostrar que ese detalle ya se encuentra en numerosas realizaciones del arte cristiano primitivo en los cuales É. Male no había pensado: en los bajorrelieves de los siglos IV y V, en una ampolla de Monza, que indudablemente data del siglo VI. En dichas realizaciones no puede alegarse la influencia del drama litúrgico.
   En el arte italiano y español (tímpano de la iglesia de Agüero) de finales del siglo XIII se ve aparecer un tercer motivo: el más viejo de los Reyes Magos besa el pie del Niño. Esta innovación fue introducida por Nicola y Giovanni Pisano en sus bajorrelieves  de los púlpitos de Siena y Pistoia, por Giotto en sus frescos de la Arena -a este artista le fue sugerida por un pasaje de las Meditaciones del Pseudo Buenaventura, donde se dice que los tres Reyes Magos, después de haber ofrecido sus tesoros, besaron los pies del Niño con respeto y devoción. El motivo fue tomado por las escuelas del norte de Europa en el siglo XV. Lo encontramos en los Hermanos de Limbourg, en una miniatura de las Muy Ricas Horas del duque de Berry (1416), y en el díptico francés de la colección Carrand en el Museo Bargello de Florencia.
   Pero la evolución no se detuvo allí. En 1376, en la Adoración de los Magos de la colección Eich en Lenzburgo (Suiza), copiado hacia 1410 por un pintor de la escuela de Colonia en el retablo de Ortenberg (Museo de Darmstadt), dos Reyes Magos están de rodillas: uno besa el pie y el otro la mano del Niño Jesús. El besamanos también procede de las Meditaciones. El autor agrega, en efecto: « ¿Y qué nos impide creer que el Niño también les haya dado sus manos a besar, antes deben­ decirlos?»
   En numerosas esculturas o pinturas de la Edad Media -el púlpito de Nicola Pisano (1268), el tímpano de Notre Dame de Huy (siglo XIV), un fresco en Saint Saturnin de Mazerier (Allier, 1383), una miniatura  de Jean Bourdichon en las Horas de Ana de Bretaña (1508)- se observa un detalle de pintoresca familiaridad que quizá pueda explicarse por la puesta en escena de los Misterios: el más viejo de los Reyes Magos, en vez de depositar su corona sobre el suelo, se la coloca en el antebrazo como si fuese un brazalete o un aro.
   En el tímpano de S. Mercurial de Forli, el primer Rey Mago cuelga el manto y la corona de un perchero, antes de arrodillarse.
   La estrella. E. Mâte creyó reconocer también una influencia del drama litúrgico de la fiesta de la Epifanía en el gesto del segundo Rey Mago que señala con el dedo la estrella indicadora. «Los textos son formales. Siempre -escribió- hay uno de los Magos que señala la  estrella a sus compañeros», pero ya se encuentran ejemplos en el arte del siglo V, y en las puertas de bronce de Hildesheim, del siglo XI.
   La estrella suele tener la forma de una flor, de una margarita de seis pétalos. Pero a veces alcanza las dimensiones de una gran rosácea.
   En el mosaico de Dafni, la estrella se ha reemplazado por un ángel.
   En el alto relieve del trascoro de Notre Dame de París, un ángel en busto conduce la estrella con la mano.
   Hacia mediados del siglo XV el número de asistentes se multiplica. Los Reyes Magos están desbordados por los intrusos que apenas si les dejan sitio para  acercarse.
   En el Breviario del duque de Bedford (B.N., París), el miniaturista introdujo un curioso detalle. Los Reyes Magos hacen  abrir las cajas que contienen sus regalos.
   En los pesebres napolitanos, la Adoración de los Reyes Magos se convierte en una representación del teatro de marionetas, en un cuadro vivo y en miniatura de una casa de muñecas. Pintorescos títeres se mueven en una escena minúscula: el Rey Mago negro avanza precedido de dos negritos con turbante; los caballos dan coces, los camellos se contonean.
   5. Los Reyes Magos advertidos en sueños por un ángel
   Después de haber adorado al Niño, los Reyes Magos se van a dormir al mesón, donde, más afortunados que José y la Virgen, consiguen alojamiento; aunque una sola cama para los tres. Durante el sueño reciben la advertencia de regresar a sus países por otro camino, cuidándose del pérfido Herodes que sólo esperaba sus in­formes para apoderarse del Niño y matarlo.
   La advertencia a los Reyes Magos está prefigurada en la Biblia por la Huida de Lot, a quien un ángel recomienda  no volver la vista hacia Sodoma en llamas.
   La iconografía usual de esta escena es de una encantadora ingenuidad. Los Reyes Magos están acostados, los tres, en la misma cama, sin camisas, según la costumbre de su tiempo, pero tocados con gorro frigio y hasta con sus coronas en la cabeza, lo cual resulta incómodo e inverosímil, pero permite reconocer la condición de los durmientes.
   Los textos no dicen que la advertencia nocturna les haya sido hecha por un ángel; no obstante, como es necesario materializar los sueños, los pintores e imagineros representaron habitualmente un ángel que se inclina hacia ellos para hacerles cam­biar de itinerario. En Autun, el ángel toca la mano de uno de los tres Reyes Magos acostados bajo la misma manta.
   En las puertas de bronce de la catedral de Benevento el ángel fue reemplazado por un anciano alado, personificación del Sueño, y otro tanto ocurrió en el marfil del púlpito de Maximiano, en la escena del Sueño del faraón.
   El altorrelieve del antiguo trascoro de la catedral de Chartres se distingue por los rasgos de una observación muy aguda. Los dos Reyes Magos más viejos, que tienen el sueño más ligero, despiertan inmediatamente al llamado del ángel, al tiem­po que el más joven sigue durmiendo plácidamente, como un bendito.
   Entretanto los tres caballos, atados por la brida o vigilados por un caballerizo, piafan en la entrada de la posada.
   El estudio de las obras prueba que este motivo, que podría creerse inventado por nuestros artistas de Occidente, en realidad es de origen oriental.
   La ingenuidad de este tema ha resultado fatal para su supervivencia. Condenado por falta de nobleza, desapareció a finales de la Edad Media por los golpes de la Reforma y los de la Contrarreforma.
   6. El Regreso de los Reyes Magos
   El Regreso por tierra ha sido eliminado muy temprano porque se confundía con la Cabalgata de los Reyes Magos (hacia Belén).
   Se lo sustituyó por El Regreso a Tarso en barco.
   Los Reyes Magos toman otro camino (per aliam viam reversi sunt), obedeciendo a la advertencia que Dios les ha hecho en sueños, y embarcan secretamente en Tarso. Herodes, furioso por haber sido engañado, tanto más por cuanto le había ocurrido por culpa suya, hizo incendiar todos los barcos amarrados en el puerto.
   7. Los Reyes magos consagrados obispos
   El público no se resignaba a perder de vista a los Reyes Magos después de su regreso. De acuerdo con una leyenda relatada en el Breviario de Colonia, y según lo escribiera Johannes Hildeshemiensis en Das Buch der heiligen drei Konige, publicado en Estrasburgo en 1480, los tres Reyes Magos se habrían hecho bautizar y luego consagrar obispos por el apóstol Tomás, en la India. Convertidos en pontífices supre­mos del Oriente (summi presbyreri Orientis), habrían evangelizado a los pueblos de esa remota región. Se los reunió a los tres en el mismo sarcófago donde los dos más viejos se apretaron para hacer lugar al más joven, que fue el último en mo­rir. Sus reliquias, transportadas a Constantinopla por la emperatriz Helena, emigraron a Milán y luego a Colonia.
   Esta fábula, inventada en Colonia después del traslado de las reliquias de Milán, ha sido ilustrada por la escuela de pintura local. En el retablo de las Clarisas (Clarenaltar), transportado a la catedral, al igual que en los frescos del trascoro, se ven tres ángeles planeando por encima de los Reyes Magos, cada uno de los cua­les lleva una mitra episcopal en la mano (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Adoración de los Reyes", atribuido a Jerónimo Ramírez, en la Sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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lunes, 5 de enero de 2026

La Cabalgata de Reyes Magos, en Constantina (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Cabalgata de Reyes Magos, en Constantina (Sevilla).
     La Cabalgata de Reyes Magos del Valle de la Osa en la tarde del 5 de enero congrega activamente a los vecinos de Constantina y atrae a los que emigraron para participar y estar presentes en un amplio desfile de carrozas que recorren el núcleo urbano, arrojando los tradicionales caramelos y representando dos momentos muy significativos, la Anunciación y la Adoración de los Reyes Magos al Niño en la iglesia parroquial. Son reseñables la laboriosidad de su preparación y la dedicación de sus organizadores y vecinos en una de las actividades más esperadas del año, pero es esta fuerte entrega la que representa una amenaza en su continuidad, pues el trabajo voluntario de vecinos con distintos oficios podría no ser sostenible en las nuevas generaciones.
     No existe registro exacto de su origen, sin embargo, la gente del pueblo recuerda que desde aproximadamente 50 años la cabalgata salía de manera esporádica bajo la organización del Ayuntamiento o de otras asociaciones. A partir de 1980, un grupo de personas del pueblo se organiza para dar continuidad a esta fiesta y desde entonces la cabalgata se celebra cada año con regularidad.
     La organización de la cabalgata de Constantina requiere de un largo periodo de preparativos para alistar las carrozas, cuyos atributos vuelven original este acto festivo, presente en gran parte de los pueblos andaluces.
     Un grupo compuesto por los llamados "socios colaboradores" de la Asociación CREMA, la cual integra a diseñadores, mecánicos, carpinteros, electricistas, pintores etc., empieza a trabajar desde el último sábado de enero o mediados de febrero para aprestar las carrozas que desfilarán el 5 de enero del año siguiente.
     La presencia de mano de obra especializada ha contribuido a dar a las carrozas de Constantina un carácter peculiar y único, que va más allá del simple adorno.  Bajo el lema "Ilusión y Arte", los voluntarios de la asociación han logrado eliminar los ruidosos tractores que arrastraban las plataformas de las carrozas y lograr que éstas se autopropulsen, incluyendo movimientos giratorios de parte de sus estructuras con juegos de luces o fuegos. De tal manera, el remolque está totalmente integrado en la carroza, conformando un conjunto único donde el conductor disfrazado controla la carroza desde una posición oculta. El hecho de volver invisible las partes mecánicas de las carrozas contribuye a recrear la ilusión de la cabalgata de oriente, presente en el imaginario colectivo, dotando el desfile de una estética y personalidad peculiar. 
     Con este propósito, desde su fundación, la asociación va recogiendo los camiones o tractores viejos que la gente del pueblo dona, en lugar de llevarlos al desguace, y posteriormente son desmontados y rectificados para ser convertidos como plataforma motriz de la carroza. Paulatinamente, la asociación ha logrado substituir todas las carrozas a tracción, contando hoy en día con un total de catorce carrozas con motor incorporado. 
     El trabajo de preparación de la carroza se compone de distintas fases. Los artistas locales están a cargo del diseño de las carrozas, cuyos bocetos son sucesivamente trasladados a papel milimetrado para comprobar su escala, alzado y mediciones reales. Luego, los mecánicos construyen el esqueleto de la estructura con armazón metálico de tubos de hierro y colocan la parte mecánica acorde a la estructura de las carrozas. Los carpinteros se encargan de recubrir la estructura utilizando distintos materiales (madera, tablas, cartón, corcho blanco, resina, poliespan, etc.), cuidando de dejar libre un acceso a la maquinaria para posibles averías. Finalmente, en la fase de adorno final las mujeres se hacen cargo de pintar, poner escarchas y adornos a las estructuras. Cada año se renuevan tres carrozas, motivo por el cual desde los primeros meses del año los socios empiezan a desmontarla y a trabajar a las nuevas creaciones, mientras que las otras carrozas quedan guardadas hasta el mes de octubre cuando se empiezan a reparar o retocar para el desfile. 
     Otra actividad de los preparativos consiste en la designación de las comparsas de las carrozas. El requisito para poder acceder a un puesto en una de las carrozas reales es el haber permanecido, al menos, dos años trabajando en la preparación de la cabalgata, lo que constituye otro aspecto peculiar de este ritual festivo. Dos de los puestos de rey son destinados a los socios de mayor trayectoria en la asociación, mientras que un rey, el cartero real y sus correspondientes pajes se sortean entre los socios activos mayores de edad a través de la televisión local. El rol de rey se sortea entre los socios hombres, mientras que los roles de cartero y pajes reales se sortean entre las mujeres. La cartera real, acompañada de sus pajes, tiene también la misión de recoger en la tarde del 1 de enero, en un acto multitudinario que suele celebrarse en el salón principal del Casino de Labradores, las cartas que los niños escriben a los Reyes. Las comparsas de las restantes carrozas son socios de la asociación que se apuntan a partir del 15 de noviembre para participar en el desfile. En total, son doscientas treinta personas las que participan en el cortejo de carrozas.
     El ritual se desarrolla conforme al modelo que siguen la mayoría de las cabalgatas. 
     Antes del desfile, sale a la calle una carroza de dimensiones reducidas, para que pueda circular para las calles estrechas, que trasporta el ángel anunciador ("Anunciación") y, a través de un sistema de altavoz, va tocando villancicos y anunciado al pueblo la llegada de los Reyes Magos.
     A las cinco de la tarde empieza la cabalgata, encabezada por la carroza de la estrella de Navidad, mientras que las carrozas reales, por su protagonismo especial, cierran el desfile. El cortejo de las trece carrozas, acompañado de la banda, recorre las calles del pueblo lanzando a la gente caramelos y pequeños juguetes, invirtiendo cuatro horas y media en recorrer los seis kilómetros del itinerario en el que se incluye la visita de los Reyes al Niño. 
     El cortejo se para cuando pasan junto a la Iglesia Santa María de la Encarnación para efectuar la "Adoración al Niño". Así, los Reyes Magos, portando cofres de oro, incienso y mirra, son recibidos por el párroco para realizar la ofrenda al Niño, celebrada con fuegos artificiales colocados en la torre de la iglesia.
     Luego reemprende la marcha por las calles del pueblo hasta volver al punto de partida, donde se acaba el recorrido. A continuación, los Reyes y su séquito se dirigen a pie a la Casa de Hermandad de Nuestra Señora del Robledo, donde tiene lugar la entrega de juguetes a los niños necesitados. Y ya, próximo a la madrugada, realizan una emocionante visita de homenaje a las señoras de más edad de la localidad, a las que obsequian con diversos presentes.
     Anteriormente, los puestos de rey se sorteaban indistintamente entre hombres y mujeres, sin embargo los niños se sorprendían mucho en reconocer una mujer en el rol de rey mago, motivo por el cual se decidió destinar el rol de rey a los hombres y lo de cartero y pajes reales a las mujeres. 
     En 2007, con el apoyo del Ayuntamiento, la escenografía del ritual se ha enriquecido con un espectáculo de fuegos artificiales en la torre principal de la parroquia que simula una cascada de agua que emana de la torre.
     La celebración de este ritual festivo se desarrolla en la Iglesia parroquial de Santa María de la Encarnación y las calles del pueblo, en un doble recorrido de ida y de vuelta que atraviesa a la población longitudinalmente. El desfile de las carrozas comienza y termina en la sede de la Asociación CREMA en el paseo del Rihuelo y a lo largo del recorrido efectúa una única parada en  la Iglesia Nuestra Señora de la Encarnación, espacio que recubre mayor relevancia.
     El recorrido de la Cabalgata de Reyes Magos de Constantina parte del Paseo del Rihuelo, concretamente en un galpón que en el mapa se encuentra frente al número 20 de la calle Rihuelo. Acto seguido toma las calles Virgen del Robledo, Isidoro Escalada, Fuente Nueva, Calle Lorenzo Irisarri, Plaza de España, Calles Álamos, Eduardo Dato, El Peso, Plaza de Santa Ana, Calzada de Jesús, Mesoncillo Juan Ramírez Folosia y Gertrudis Gómez de Avellaneda, e inicia el itinerario de vuelta doblando cuando empieza la numeración de la calle Aleixandre, pasando por una calle que conduce hasta la Avenida de Andalucía y retomando las calles Alcolea, Antonio Silva Fernández, Juan Ramírez Filosia, Mesoncillo, Calzada de Jesús, Plaza de Santa Ana, El Peso, Alférez Cabrera, Mesones, Mártires de Constantina, Pino de Oro, Isidoro Escalada, Virgen del Robledo, Venero y, finalmente, llega al Paseo del Rihuelo. A medio trayecto el desfile hace una parada en la Plaza de la Iglesia para llevar a cabo uno de los momentos más significativos del cortejo, la "Adoración al Niño" (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Cabalgata de Reyes Magos, en Constantina (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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viernes, 12 de diciembre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Castillo del Madroñiz, Ermita de San José, Ermita de Nuestra Señora de Vallehermoso, Ermita de Don Miguel, Ermita del Cristo de las Eras, Ermita de Santa Rosalía, Centro de Artesanía Los Pedroches, Centro de Exposición Aurelio Teno, Centro de Interpretación del Auto Sacramental de los Reyes Magos, Refugio antiaéreo de la Guerra Civil, Embalse y Playa de la Colada, y Ermita de Santa Ana) de la localidad de El Viso, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Castillo del Madroñiz, Ermita de San José, Ermita de Nuestra Señora de Vallehermoso, Ermita de Don Miguel, Ermita del Cristo de las Eras, Ermita de Santa Rosalía, Centro de Artesanía Los Pedroches, Centro de Exposición Aurelio Teno, Centro de Interpretación del Auto Sacramental de los Reyes Magos, Refugio antiaéreo de la Guerra Civil, Embalse y Playa de la Colada, y Ermita de Santa Ana) de la localidad de El Viso, en la provincia de Córdoba.
     La delgada torre de rojizo ladrillo, es el eje del casco urbano, que tiene forma estrellada. La delgada torre de rojizo ladrillo, tan apreciada por la hermana cigüeña, es el eje del casco urbano, que tiene forma estrellada, con las calles confluyendo en torno a la parroquia de la Encarnación, el corazón espiritual de El Viso, pueblo que cada julio, por Santa Ana, emula a Pamplona con sus encierros de vaquillas, que siembran las calles de carreras, emoción y sobresaltos.
     Villa situada en la zona central de Los Pedroches, en la carretera C-411.
     Distancia a Córdoba: 85 Km.
     Altitud: 575 m.
     Extensión: 252,6 Km2
     Habitantes: 2.849.
     Gentilicio: Viseños.
     Mancomunidad: Los Pedroches.
     El Viso surgió probablemente a mediados del siglo XIV, y fue conocido hasta mediados del XV por Casas de Don Adame. Perteneció al señorío y condado de Santa Eufemia, del que llegó a ser la población más próspera.
     Vídeo turístico de El Viso: https://youtu.be/APDhZ27-toc
     Más Información:
     Ayuntamiento de El Viso
     Teléfono: 957 12 70 05
     https://ayto-elviso.com (Diputación Provincial de Córdoba).
     Esta población se configura en el siglo XV como núcleo del señorío de Santa Eufemia, pasando luego con las villas de Pedroche a la Ciudad de Córdoba. En su término municipal, en las inmediaciones del río Zújar, se halla el castillo de Madroñiz, construido en el siglo XV y reformado en el XIX y XX (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El Viso ofrece cada cuatro años, a principios del mes de enero, la espectacular representación del Misterio de los Reyes Magos, declarada de Interés Turístico Nacional y llevada a cabo por los vecinos del pueblo. La última se realizó en 2006, de modo que la próxima será en 2010 (Rafael Arjona. Guía Total, Córdoba. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2009).
     A unos 6 kms. de Santa Eufemia, junto a la carretera, en la Huerta de los Frailes, se encuentra la Ermita de la Virgen de Vallehermoso, alrededor de la cual celebran los vecinos de El Viso una curiosa romería el Lunes de Pascua.
     Tiene El Viso amplias calles con casas blancas en las que se repite el granito y una hermosa plaza, la de la Constitución, en la que se encuentra el Ayuntamiento y en la que cada cua­tro años, a partir de 1982, tiene lugar por Navidad la representación a cargo de los vecinos del auto el Misterio de los Santos Reyes*, de autor desconocido, cuyo origen se remonta al siglo XVI. Tiene también la villa, en la calle de la Fuente, la iglesia de la Encarnación, edificio del siglo XVII, de una sola nave sostenida por cuatro arcos fajones de ladrillo sobre pilares de granito. La torre tiene un primer cuerpo de piedra y tres más de ladrillo (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación.-

     Aunque esta construcción surgió en el siglo XVII, las reformas han alterado profundamente su fisonomía primigenia. Presenta una sola nave con arcos diafragma apuntados que soportan la cubierta a dos aguas. En la cabecera se dispone un retablo neobarroco, fechable hacia 1960, que tiene en el centro una talla de la Virgen de la Encarnación, titular del templo. Merece destacarse su inusual interpretación iconográfica, pues María aparece sola, en pie y con un libro en las manos, sin el arcángel Gabriel, que siem­pre la acompaña en la escena de la Anunciación. A los lados del retablo se disponen ángeles lampareros.
     En el banco, sobre el sitial, se ha colocado una cruz parroquial obra del platero Damián de Castro, de hacía 1770; se ajusta a un modelo utilizado frecuentemente por dicho artífice  para este tipo de piezas, y se caracteriza por los brazos abalaustrados y una macolla muy desarrollada, cubriendo las superficies con decoración de rocalla.
     En ambos lados de la nave se ven vidrieras contemporáneas, del padre Enrique Díaz Oria, con temática eucarística. Hay también una Dolorosa de vestir con corazón y diadema de plata de hacia 1800 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La iglesia parroquial de la Encarnación, construída en el siglo XVI y reformada en épocas posteriores, tiene nave única sustentada por arcos transversales y apuntados de rojizo ladrillo.
     La portada exterior de mayor interés es la del lado de la epístola, fechada en 1623.
     Detrás de la cabecera del templo se alza, exenta, la torre, cuyos estrechos cuerpos de ladrillo incorporados en los siglos XVIII y principios del XX, acentúan su esbeltez.
     Como curiosidad hay que añadir que se aprovechó para una de las campanas la sección superior de una bomba de artillería (Diputación Provincial de Córdoba).

Castillo del Madroñiz.-
        El castillo de Madroñiz está enclavado en el norte de Los Pedroches, al pie de la frontera con las provincias de Badajoz y Ciudad Real. Estratégicamente es un lugar clave, no sólo por su ubicación respecto a una importante vía de penetración desde el norte, sino también al estar en una elevación que controlaba, hacia poniente, el río Zújar y, hacia el sur, el cercano río Guadamatilla. Madroñiz es, pues, la última fortificación de Córdoba, ya en contacto con Extremadura, que guarda y vigila el Zújar y el camino a la Meseta asentado sobre un montículo rocoso que le proporciona un inexpugnable emplazamiento que domina todo el valle.
     La planta del castillo tiende a la forma rectangular, orientado el eje mayor en dirección este-oeste. Se asienta sobre un pedestal de piedra natural dominando el río Zújar. De su pasado musulmán permanece, según Valverde y Toledo, la traza y la torre del homenaje, que se han completado con posteriores remodelaciones efectuadas en los siglos XIV y XV, aportando los dos compactos torreones cilíndricos de ruda mampostería que robustecen la puerta de acceso al gran patio de murallas almenadas. El castillo finaliza sus elementos estructurales con la airosa torre del homenaje, de planta cuadrada y coronada de merlones.
     Hacia Poniente se abre la angosta entrada por un pequeño vano adintelado realizado con grandes sillares graníticos, abierto en un muro de extraordinario grosor y estrechamente vigilado por los dos torreones circulares abiertos a ambos lados. El torreón menor es perforado por una saetera, estratégicamente orientada sobre la puerta, que permitiría al vigía tener un completo control sobre ésta. Desde el septentrional, de mayor tamaño, y al que no se podía acceder desde el interior del castillo, parte el adarve que conduce a la torre de las mazmorras y a la puerta de la torre del homenaje, así como a las caballerizas mediante un pasadizo.
     Por la puerta principal se accede al primer patio, de planta trapezoidal y mayores dimensiones para acoger a su llegada a las caballerías y servicios de vigilancia. De hecho, al sur se encuentran las caballerizas, dependencia de enorme longitud, con su puerta y una bóveda de ladrillo. Actualmente es un gran comedor pero, todavía, junto a la cocina campera, se advierte una angosta puerta que servía de huida al exterior del castillo en situaciones de extremo peligro.
     En el lado opuesto de la entrada principal y no alineada con ella se halla la puerta al segundo patio. Es también adintelada, con grandes sillares de granito en jambas y dintel, pero esta vez tiene delicados adornos en ondas. 
     Traspasando la puerta se llega al segundo patio, donde se encuentra el pozo; al sur, las caballerizas; al norte, la subida al adarve y, hacia el este, la entrada a la torre del homenaje. Como decíamos, ésta fue acondicionada para la vida actual. 
     Aún así, la sala principal conserva hoy día toda su esencia y nos remota a la época de esplendor de Madroñiz, bajo el señorío de Santa Eufemia.
     Se accede por unas escaleras a la segunda planta, donde hay alguna que otra habitación, hoy dormitorios. Realmente, aquí estarían en tiempos los aposentos privados y, en opinión de M. A. Jordano, si el señor recibía una visita, ésta no accedería por aquí, sino que, habiendo su dejado su cabalgadura en el segundo patio a algún servidor que la conduciría a las caballerizas, el invitado subiría por el pasadizo a una galería que corre por encima de las caballerizas y que llega a la torre del homenaje, a la altura del segundo piso, y justamente ante la entrada del salón principal, sin necesidad alguna de pasar por estancias intermedias de uso privado, con lo cual quedaba preservada la intimidad de los moradores. Esto se fundamenta en que, precisamente, el acceso al salón por este recorrido aquí indicado tiene una preciosa portada con delicadas yeserías que acogerían al visitante y lo introducirían desde el rudo castillo, meramente defensivo y guerrero, a un ambiente de lujo y ostentación, según veremos.
     La portada se compone de un vano adintelado con decoración de ondas y rizos ornados de rosetas en las esquinas y enmarcado por ancho alfiz; tipo muy extendido en el mudéjar toledano, fundamentalmente, en numerosos ejemplos de la arquitectura civil, sobre todo en los palacios, algunos de los cuales fueron convertidos en conventos; y, sin embargo, no encontramos ninguno parecido en Córdoba, donde se puede decir que casi no hay vanos adintelados y, por el contrario, está muy extendido el arco angrelado, ya de medio punto ya apuntado, encuadrado por alfiz, con lo que podría plantearse la hipótesis de que intervinieron artistas toledanos o conocedores de lo que allí se estaba haciendo, más que de la capital.
     En cuanto a las tracerías del ancho alfiz, hay que hacer notar, por un lado, el original adorno de ondas invertidas que enmarcan las verticales en sus trasdós y, por otro, la desmembración del alfiz en varios paños, de los cuales el central muestra pimientos afrontados de dos en dos y dispuestos verticalmente, formando una original sebka sobre fondo, no ya de ataurique como es característico, sino sobre una malla de tracerías reticulares de inspiración cristiana. En esa profusión decorativa destaca el relleno de los pimientos o vainas con hojitas de trébol. Todo ello va enmarcado por una estrecha cenefa de cintas entrecruzadas en forma elíptica, que se prolonga por todos los rebordes de las planchas que conforman el alfiz.
     Mediante una serie de incisiones se ha fingido un dintel adovelado, siguiendo una tradición de época califal, que aquí se compone de dovelas engatilladas, formadas por semicírculos unidos mediante líneas rectas.
     María Ángeles Jordano descubrió que aquellas planchas que cierran el alfiz en los laterales y tienen tracerías de raigambre gótica, ya en la fase tardía del estilo, cuando se impone con fuerza el flamígero con sus características vejigas natatorias, tienen un diseño semejante al que muestran algunas de las yeserías que adornan el arco triunfal de la capilla mayor y el del presbiterio en la iglesia parroquial de la Encarnación del cercano pueblo de Santa Eufemia. Es más, se conserva una de las tablas que adornaban la techumbre de la nave y está compartimentada en rectángulos, alguno de los cuales lleva decoración pintada de hojas de cardo, muy vinculadas a las que se repiten en las techumbres del convento de Santa Clara de la Columna, en el próximo municipio de Belalcázar, donde parece haber también una clara influencia toledana; y otros muestran similares tracerías flamígeras a las de las yeserías de la iglesia y del castillo. ¿Cómo habría de extrañarnos tan estrecho parentesco? Lógicamente, el señor de Santa Eufemia tuvo a bien contratar a unos artistas que estarían trabajando simultáneamente o, más probablemente, con escasa diferencia de tiempo en el templo y en el castillo.
     Cabría hacerse otra pregunta más: ¿serían estos artistas los mismos que buscó Doña Teresa de Stúñiga, condesa de Belalcázar, para decorar el convento de Santa Clara fundado por ella por aquellos mismos años y en el que tantos esfuerzos invirtió? No sería nada extraño, no sólo por la cercanía de ambas poblaciones, sino quizás ¿y esto aquí lo planteamos como pura hipótesis- por enconado enfrentamiento que mantuvieron en vida la condesa y el señor de Santa Eufemia, Don Gonzalo Mesía, quien consiguió con indecorosas artimañas y abyectos recursos, que se reconociera su derecho sobre el castillo y la dehesa, sobornando para ello a fray Juan de Trujillo, del monasterio guadalupense, quien arbitró y sentenció el litigio entablado con la condesa acerca de quien tenía el derecho de jurisdicción sobre la dehesa de Madroñicejos, en la cual se encontraba ¿casualmente¿ el castillo de Madroñiz.
     Como consecuencia de este agrio enfrentamiento y supuesto el carácter ambicioso del señor de Santa Eufemia, en un afán de revancha y, sobre todo, en un ostentoso alarde de poder, no sería de extrañar que llevara a los mismos artistas de la condesa a trabajar en su castillo y en la iglesia de su señorío.
     De esta manera, se pueden fechar estas yeserías con bastante certeza, pues Don Gonzalo Mesía consigue el castillo en 1461 y a partir de este momento debieron comenzar las tareas de reforma. En 1508 le sucedió en el señorío su hijo Rodrigo Mesía, el Viejo.
     En la sala principal del castillo de Madroñiz los escudos del señor de Santa Eufemia aparecen repartidos en número de cuatro, en la parte alta de los muros, en lugar destacado y visible, realizado en yesería y, cual si fueran pendones en relieve, cuelgan de un motivo de cordón que corre a modo de estrecho friso por toda la estancia, formando un nudo encima o debajo del citado escudo, el cual se compone de tres fajas y castillo entado en punta con bordura de ajedrezado. Dicho escudo aparece enmarcado en artística disposición al estar rodeado por hojas a medio camino entre la inspiración naturalista propia del gótico y la herencia musulmana de las hojillas disimétricas, que en ocasiones aparecen afrontadas y siempre enlazadas o inscritas en tallos incurvados que dan el característico entramado mudéjar. Todo ello queda bordeado por una estrecha cenefa articulada mediante palmetas inscritas en roleos.
     La portada que comunica el salón con las estancias privadas también se decora con artísticas yeserías y sigue un esquema muy parecido al del anterior. Antes de proceder al análisis de sus elementos, conviene precisar que la situación de ambas portadas no es en modo alguno afrontada, sino que sigue una disposición que recuerda el típico recodo de la arquitectura musulmana, puesto que se hallan en muros perpendiculares entre sí y no se abren en el centro, sino en uno de los extremos. De esta manera quedaba preservada prácticamente por completo la privacidad de las estancias interiores. Esta portada se compone de un arco de medio punto y angrelado que queda enmarcado por un amplio alfiz. 
     No ocurre, como en el otro caso, que el espacio entre el arco y el alfiz iba decorado con dovelas fingidas. Pudiera ser que así fuera en origen y que las sucesivas capas de cal lo hayan ocultado, pues el mismo angrelado casi pasa desapercibido por este motivo.
     El original arranque del alfiz consiste en unos medios arcos con ondas y rizos. Esto no lo encontramos repetido en Córdoba; sin embargo, hemos visto un claro paralelismo en el vano geminado de la Casa de Mesa, en Toledo, fechada a fines del siglo XV. Pero la similitud no queda reducida a este aspecto; curiosamente, las planchas verticales del alfiz de Madroñiz tienen una tracería parecida a la que recorre el ejemplar toledano. Se trata de tetralóbulos desarrollados sobre un campo de ataurique de hojillas disimétricas digitadas, mezclándose, por tanto, elementos de inspiración gótica con otros de tradición musulmana. En cambio, el trazado de la ornamentación de yesería que recorre la parte superior y horizontal del alfiz se compone de motivos flamígeros; concretamente, los paños cuadrangulares de los extremos ostentan una rosa cuyos pétalos son vejigas natatorias, en tanto que el rectangular central luce los mismos motivos flamígeros que veíamos en la otra portada, comparables a los de la parroquial de Santa Eufemia.
     El castillo de Madroñiz fue objeto de un profundo estudio llevado a cabo por D. Manuel Luna Rivera, quien recogió aquellos datos históricos y documentales referentes a los distintos dueños del castillo, así como los principales avatares que conoció a lo largo de su ajetreada historia, propia de una construcción de este tipo. Además, contamos con la investigación de J. Padilla acerca de Pay Arias de Castro y el señorío de Espejo, donde analiza, entre otras cuestiones, el período en que dicho Pay Arias fue señor de Madroñiz. También se encuentra incluido en la obra de M. Valverde y F. Toledo sobre los castillos de Córdoba. Además de estas valiosas aportaciones, enfocadas desde un punto de vista histórico, a finales del siglo XX la historiadora del arte María Ángeles Jordano llevó a cabo un necesario estudio pormenorizado de las originales yeserías que decoran las portadas y la estancia principal del castillo y que son una prueba de que, a partir del siglo XIV, la mayoría de estas moles edilicias pasarán de tener un fin meramente defensivo, motivo por el cual fueron levantadas, a convertirse si no en residencia, sí en lugar de parada común entre los titulares de un señorío. Y, realmente, eso fue lo acontecido en Madroñiz; castillo erigido bajo la dinastía omeya, formando parte de una línea defensiva, junto con otras fortalezas, extendidas en dirección este-oeste, como el cercano de Santa Eufemia o el de Gafiq (actual Belalcázar), La Nava, Vioque, Atalayas, Pedroche, Almogávar, La Torre, Gelices, Montezócar, Azuel y la Iniesta, para proteger las vías de comunicación que, desde el norte, atravesaban el valle de Los Pedroches o Fahs al Ballut (Llano de las Bellotas o Campo de las Encinas), en dirección hacia la capital de al- Andalus. Concretamente, Madroñiz era el celoso guardián del antiguamente llamado "Pasillo de Abdallah", camino que conducía hacia Almadén y Badajoz, y se abría paso entre una intrincada cadena de sierras, entre las que se halla Sierra Madrona, de donde podría venir el topónimo del castillo. Además, Madroñiz es la última fortificación andalusí de Córdoba, ya en contacto con Extremadura, que guarda y vigila el río Zújar asentado sobre un montículo rocoso que le proporciona un inexpugnable emplazamiento que domina todo el valle.
     La historia del castillo, en época cristiana, se inicia en el momento, no precisado por las fuentes, en que es donado por Fernando III al infante Don Juan, de quien pasó a su hijo el infante Don Juan Manuel y, en 1306, no por mucho tiempo, tiene por dueños a Ferrand Pérez y a Diego García de Toledo.
     A partir de 1310 el castillo de Madroñiz es vendido a Pay Arias de Castro, primer señor de Espejo, y a su mujer, Doña Urraca Téllez de Meneses, y es así como se convirtió por unos años en parte de la historia del señorío de Espejo. Sin embargo, en su azarosa historia, Madroñiz pronto fue a cambiar de manos, probablemente por tener que responder al pago de deudas contraídas por la familia, más que por la lejanía del lugar respecto al resto del señorío: Espejo y Castro del Río, pues, como bien señala J. Padilla, Madroñiz, enclavado en una zona de espléndidas dehesas, proverbial por su explotación ganadera, era lugar de paso entre el sur de la provincia y Extremadura, en un momento en que la cría de 
ganado comenzaba a estar en plena ebullición y en que los caminos de la Mesta entraban en un período de intensa actividad. A pesar de lo cual, el 31 de julio de 1364 el castillo fue puesto en venta en pública almoneda y adquirido en 24.000 maravedíes por Martín Fernández de Córdoba, de quien lo heredó su sucesor, Diego Fernández de Córdoba, el cual fundó mayorazgo en 1401, constando el castillo entre los bienes que aportaba.
     De esta manera es como Madroñiz se integró en la Casa de Aguilar, viviendo entonces la zona un intento de repoblación que, con altibajos, tuvo normalmente problemas para atraer a habitantes (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Castillo de Madroñiz ha navegado a lo largo de su historia entre tres mares, al haber sido compartido por Córdoba y Badajoz y encontrarse cerca de Ciudad Real. El lugar que los árabes eligieron para hacerlo no podía ser más adecuado. Aprovechando una antigua población musulmana, lo levantaron justo entre las localidades de El Viso, Belalcázar y Santa Eufemia, sobre un cerro junto al que fluye alegremente la corriente del río Zújar.
     Sus propietarios, la sociedad Mangadas del Zújar -integrada por unos sesenta accionistas-, mantienen cerrado el recinto desde hace unos meses, ya que consideran elevado el coste de su mantenimiento y difícil el tenerlo abierto al público. El castillo era hasta entonces un lugar frecuentado por cazadores y amantes del descanso que elegían sus estancias para pasar la Nochevieja y fines de semana. Santiago Serrano Sánchez, uno de los propietarios, recuerda que la fortificación la alquilaban, sobre todo, a franceses y extremeños, aunque tampoco faltaban vecinos de la provincia que buscaban un lugar apartado para evadirse. Ahora, los que visitan la zona para cazar prefieren quedarse en la casa situada bajo el cerro de la fortificación y así ahorrarse subir al castillo.
     La sociedad propietaria, que además es dueña de las 2.440 hectáreas que rodean a la fortaleza -52 de las cuales se encuentran en Cabeza del Buey (Badajoz)-, le compró todo hace 18 años al marqués Carlos Montijano Carbonell, que le había hecho una importante restauración al recinto fortificado. Tiempo atrás, en 1951, otra sociedad, formada por gran parte de los accionistas que poseen ahora Madroñiz, se había hecho cargo del castillo y de sus tierras.
     El castillo se construyó en los siglos XI o XII y se ha utilizado más con fines residenciales que bélicos, aunque en su origen fue un recinto defensivo. Durante mucho tiempo su importancia radicó en ser el único camino por el que se llegaba a Toledo y entrar en una extensa red de comunicación y vigilancia que conformaba junto con otras fortificaciones del norte de la provincia y de sus comunidades limítrofes.
     Su historia ha estado ligada a personajes famosos tras la Reconquista entre los que destacan Pay Arias de Castro y Martín Fernández de Córdoba perteneciente a la Casa de Aguilar que durante mucho tiempo luchó por darle vida a sus despobladas posesiones concediendo importantes ventajas a sus vasallos.
     Al final con el tiempo todo pasó a manos de Gonzalo Mejías, séptimo señor del término vecino de Santa Eufemia, al que siempre ha estado muy vinculado. Cuando Mejías se casó con una heredera del marquesado de La Guardia, las posesiones de ambos se unieron incluyendo las tierras de Madroñiz. A lo largo de los siglos el marquesado de La Guardia se ha encargado de cuidar la fortaleza e incluso de llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento de Cabeza del Buey para que ésta y los terrenos aledaños formarán parte de Córdoba y no de Badajoz.
     A pesar del buen aspecto que hoy presenta el castillo no se ha librado de los avatares del tiempo. La desolación ha señalado su cuerpo en distintos momentos de su vida y durante los siglos xiv y xv sufrió la restauración más importante. Sus actuales dueños también le han curado algunas heridas.
     Desde lejos el castillo se pierde entre el espectacular paisaje que lo rodea, por lo que no impresiona tanto como cuando se le mira ya desde lo alto de su pedestal de piedra. Al entrar se pueden observar una torre. que no tiene nada en su interior, y un torreón, ambos cilíndricos.
     El primer patio del castillo tiene varias puertas de madera que conducen a las antiguas caballerizas transformadas ahora en un comedor en el que Carlos Montijano recreó el ambiente medieval. La tenue luz que ilumina la habitación le da un color más cálido que aviva los recuerdos del pasado. La alargada estancia tiene los techos abovedados recubiertos de piedra. La vegetación se ha adueñado de este patio y del siguiente, en el que se puede ver el aljibe del castillo.
     En el interior de la fortaleza hay un recibidor decorado con distintos animales disecados que recuerdan la riqueza cinegética del lugar en el que abundan los jabalíes, venados y perdices. y que van a estar presentes en todo el castillo. En el piso superior hay dos dormitorios con sus respectivos cuartos de baño -en todas las habitaciones preparadas para el descanso hay uno-. De ellos destaca el que tiene un mirador, con una columna y un asiento de piedra, que invita a asomarse a la inmensidad de la sierra. Pero el espacio que mejor idea da de la vida de los nobles es el salón, que conserva en paredes y techo cuatro escudos de los señores de Santa Eufemia y un precioso dintel de ataurique de influencia toledana. La decoración labrada vuelve a verse en el dintel que enmarca uno de los pasillos exteriores.
     A través de una galería se accede a una terraza circular improvisada sobre la torre de la entrada. En el trayecto se puede contemplar la antigua mazmorra. La terraza es un lugar privilegiado, el sitio perfecto para deambular por los pensamientos y atrapar con una sola mirada al Zújar con su puente; al arroyo que separa Córdoba de Badajoz; a los cerros de Ciudad Real; y al ganado que le da Vida al despoblado paisaje.
     La Torre del Homenaje está dividida en varias plantas en las que se suceden más dormitorios con vistas a un horizonte lejano. Su cima es el lugar idóneo para tomar conciencia de la calidad del paisaje y del dominio que desde allí ejercían sus moradores.
     Hoy el polvo se adueña de los muebles que dejó Carlos Montijano no en la fortaleza en la que durante tantos años residieron familias ilustres. Las telarañas empiezan a acomodarse en los rincones del edificio fronterizo que aún ignora cuál va a ser su destino (Ayuntamiento de El Viso).
     Es la obra más importante de arquitectura civil de la localidad. Situado en el extremo noroccidental del término, a unos treinta kilómetros de la población, es una fortificación de origen árabe levantada entre los siglos XI y XII sobre la vega del Zújar para vigilar las vías de comunicación que unían la submeseta sur con el valle del Guadalquivir.
     Era, además, uno de los baluartes de la línea de fortificaciones creada para defender a la ciudad y reino de Córdoba de los posibles ataques que pudieran sufrir por el Norte.
     Tras la conquista cristiana fue sonado al infante D: Manuel, hijo de Fernando III, y tras sucesivas ventas acabó en poder de los señores de Santa Eufemia.
     Es de titularidad privada (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de San José.-
        Ubicada en el barrio con dicho nombre, es de reciente construcción y tiene planta cuadrada y cubierta a dos aguas (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de Nuestra Señora de Vallehermoso.-
        Ubicada en el paraje conocido como Huerta de los Frailes. A escasos metros se encuentran las ruinas del convento de San Alberto del Monte, destruido tras ser exclaustrado y desamortizado en 1836.
     En este paraje es donde tiene lugar la tradicional romería del día de pascua en torno a la virgen de Vallehermoso (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de Don Miguel.-
      Construida en los primeros años del siglo XX como retiro de verano de su propietario, Miguel López, un sacerdote muy querido en el pueblo por su gran labor intercediendo por las vidas de muchas personas en la Guerra Civil. A este lugar huyeron muchas familias de El Viso durante los bombardeos en plena guerra civil y aquí convivieron hasta que todo pasó.
     Hoy día es un lugar del Ayuntamiento que está abierto a todos los visitantes. Se encuentra a cuatro kilómetros del municipio y ha sido remodelada recientemente por el Ayuntamiento (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita del Cristo de las Eras.-
        Ermita de reducidas dimensiones que tiene adosado a sus espaldas un Calvario, un cubo de mampostería en el que se encuentra plantado un olivo (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de Santa Rosalía.-
        Construida en la mitad del siglo XIX fue convertida en un polvorín durante la Guerra Civil y fue destruida al explotar éste. Sobre el solar se levantó la ermita actual a finales de los años sesenta.
     Presenta una base rectangular y una portada de ladrillo coronada por un doble vano a manera de espadaña (Diputación Provincial de Córdoba).

Centro de Artesanía Los Pedroches.-
        La comarca de Los pedroches en la actualidad ha sido declarada como Zona de Interés Artesanal (ZIA), siendo la región de Andalucía con mayor número de artesanos.
     El centro se crea para recoger la tradición artesanal existente en la Comarca y para formar, difundir y mejorar a los productores y productos artesanos de Los Pedroches.
     El centro se va a destinar a la formación y estudio de la Artesanía, creando un punto de encuentro de los artesanos, así como un lugar donde realizar exposiciones de los distintos oficios artesanos.
     Será prioritaria la formación de nuevos artesanos, con la finalidad de preservar los oficios existentes enriqueciendo la formación de los mismos con los procedimientos tecnológicos más actuales, obteniéndose como resultado productos de un perfecto acabado conforme al gusto actual; pero con el sabor de las técnicas transmitidas de generación en generación, en una cadena cultural que Los Pedroches han tenido la fortuna de hasta ahora no verla interrumpida.
     De esta manera, se consolidarán los distintos oficios existentes permaneciendo y ampliándose la generación de empleo en dicho sector. Por ellos se crea este centro que reúne las condiciones técnicas y estéticas para los objetivos antes definidos.
     Actualmente el centro es la sede de Ofiarpe (Asociación de Artesanos de Los Pedroches) y tiene habilitada en la planta baja una exposición de los trabajos que realizan los artesanos de la Comarca.
     El centro de artesanía está ubicado en la Avenida Parque n.º 19 del municipio (Diputación Provincial de Córdoba).

Centro de Exposición Aurelio Teno.-

        En nuestra localidad se encuentra situado el mayor centro de exposición permanente de las obras de Aurelio Teno, ubicado en Avenida Parque encima del Bar del Parque.
     Aurelio Teno nació en 1927 en las Minas del Soldado, de manera circunstancial – debido a la dedicación minera de su familia – pero el artista se considera natural de El Viso. Antes de cumplir los diez años se traslada a Córdoba para vivir una juventud inquieta dentro del polifacetismo más absoluto.
     Ganado para la causa de las artes plásticas ingresó en 1939 en la Escuela de Artes y Oficios para estudiar dibujo y pintura hasta 1943. Un año antes había entrado como aprendiz en el taller del escultor Amadeo Ruiz Olmos y en un taller de platería.
     En 1950 Aurelio Teno marcha a Madrid, donde amplía estudios de Bellas Artes mientras conecta con artistas apasionados, como él, por la vanguardia, y se traslada a París, centro mundial del arte en aquellos momentos. Celebra con éxito varias exposiciones de pintura, en el periodo 1959-1961, en las galerías Salón del Art Libre, Palais des Beaux Arts y otras.
     Paralelamente se dedica a la creación de joyas-esculturas, que se hicieron famosas. Regresa a Madrid en 1965 y poco después se instala en el Molino del Cubo, a espaldas de la Sierra de Gredos, en la provincia de Ávila, donde investiga sobre nuevos procedimientos plásticos. Expone en el Ateneo de Madrid sus polémicas esculto-pinturas dentro del concepto del pop-art. A partir de este año,
     Aurelio Teno es noticia permanente en el mundo del arte con sus exposiciones en Copenhague, París, Nueva Cork, Rabat y San Luis (Missouri). En 1966 obtiene el premio Diamonds Internacional – una especia de premio Nóbel a la joyería – y en 1970 gana la medalla de oro de la Exposición Internacional de Munich, por su labor pictórica y escultórica. En 197 participa en la Exposición Internacional de Sao Paula (Brasil). En 1976 la dimensión del arte de Aurelio Teno alcanza los más altos niveles al abocarse a la escultura monumental. En competencia con Salvador Dalí y De Creef, gana el concurso para realizar la colosal escultura Don Quijote – siete metros de altura y 60.000 kilos de piedra y bronce -, que se levantaría ante el Kennedy Center de Washington. Tras este monumento realizaría otros: Don Quijote, para Buenos Aires, El rapto de Europa, en Nerja, etc.
     Celebra exposiciones en Granada, Málaga y Nerja, y en 1988 hace una gran antológica en el Palacio de la Merced, de Córdoba. Además de los premios citados, Aurelio Teno ha recibido otras distinciones: miembro del Centro Internacional de Escultura de Washington; homenajes en Washington, Detroit y Houston (Estados Unidos); miembro de la Real Academia de Córdoba; medalla de oro de la ciudad de Nerja; hijo predilecto de Villanueva del Duque, etc. (Diputación Provincial de Córdoba).

Centro de Interpretación del Auto Sacramental de los Reyes Magos.-
        Centro donde se materializa una parte del patrimonio inmaterial de al localidad. En él se conservan una serie de elementos que pueden ayudarnos a rastrear la historia del Auto de los Reyes Magos, uno de los elementos más significativos del acervo cultural de El Viso.
     En este centro se custodian ejemplares de la obra matriz del Auto, así como diferentes cuadernillos con el texto de distintas representaciones.
     También se exponen en él maquetas de los escenarios levantados en diferentes ediciones, recursos audiovisuales, paneles explicativos, una sala infantil para acercar la obra a los más pequeños, recursos especiales que facilitan la compresión de todo lo expuesto a las personas invidentes, ejemplares del vestuario característico de los diferentes personajes que aparecen en la obra, así como una nutrida galería fotográfica que nos ofrece una interesante panorámica visual que constituye todo un repaso de la historia de la representación (Diputación Provincial de Córdoba).

Refugio antiaéreo de la Guerra Civil.-

        Setenta años después, El Viso vuelve a cobrar vida y abre una puerta a la historia más reciente de nuestra Comarca de Los Pedroches, uno de los frentes más activos que hubo en la Guerra Civil Española (1936-1939).
     El Viso fue bombardeado en varias ocasiones durante el conflicto y de cuyos bombardeos sus habitantes se protegían metiéndose dentro de túneles subterráneos como este que se presenta.
     Los refugios contra bombardeos aéreos fueron construidos la mayoría de las veces por los mismos habitantes de los pueblos, colaborando activamente entre ellos y ellas en su ejecución, ya fuera en lugares públicos como es esta plaza o en refugios particulares, de pequeño tamaño, que hacían los vecinos habilitando para ello los lugares de las casas que creían más seguros.
     El Refugio consta de cuatro accesos, actualmente abiertos sólo dos, habilitando 78 metros y medio de galería donde el/la visitante cruza en zigzag toda la Plaza de la Constitución (Diputación Provincial de Córdoba).

Embalse y Playa de la Colada.-
        El embalse de la Colada se extiende por los términos municipales de El Viso, Hinojosa del Duque y Belalcázar, con una superficie total de 608 hectáreas. Ubicada en la zona hidrográfica del Guadiana y apresa las aguas del río Guadamatilla.
     Para el acceso a la presa se ha construido una carretera entre las localidades de El Viso y Santa Eufemia.
     Este espacio tiene un uso recreativo, donde se puede disfrutar de unas inmejorables vistas del embalse y presa de la Colada, acompañadas por un entorno magnífico, en un lugar adaptado para el recreo y disfrute de todos los visitantes en plena naturaleza.
     La zona recreativa cuenta con las siguientes instalaciones:
     Zona de descaso con merenderos, barbacoas, aseos…
     Observatorio astronómico
     Bar-restaurante
     Zona de pesca
     Zona de baño-Playa La Colada
     Parque multiaventura
     Campo de fútbol playa (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de Santa Ana.-
        Hasta los años sesenta del pasado siglo existió una ermita dedicada a su patrona, Santa Ana, construida en el siglo XVI. Seguía el prototipo de las ermitas de la zona, de una sola nave, cubierta por un tejado a dos aguas, con arcos transversales apuntados cuyos empujes laterales eran contrarrestados por pronunciados contrafuertes exteriores.
     Afortunadamente se conserva el arco de granito de la portada del antiguo templo, reutilizado en la verja del espacio que precede a la ermita.
     La ermita actual presenta unos parámetros arquitectónicos muy alejados de los usuales en la zona, con base circular y tejado de pizarra (Diputación Provincial de Córdoba).
    
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