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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 15 de febrero de 2026

La imagen "Nuestro Padre Jesús del Divino Perdón", de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Ana María Javouhey

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús del Divino Perdón, de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Ana María Javouhey, de Sevilla.     
     Hoy, 15 de febrero es el aniversario de la bendición (15 de febrero de 2002) de la imagen de Nuestro Padre Jesús del Divino Perdón, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús del Divino Perdón, de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Ana María Javouhey, de Sevilla.
     La Iglesia de la Beata Ana María Javouhey y San José de Cluny, que se encuentra en la calle Escritor Alfonso Grosso, 3; en el Barrio de Parque Alcosa-Jardines del Edén, del Distrito Este.
     La imagen definitiva de Nuestro Padre Jesús del Divino Perdón es obra del imaginero José Antonio Navarro Arteaga, bendecida el 15 de febrero de 2002 por Fray Carlos Amigo Vallejo. Vino a sustituir a una imagen anterior de Francisco Manuel Trigueros (1995).
     La talla actual cumple la visión original que Navarro Arteaga ya esbozó para la hermandad en 1993: un Nazareno que, en su caminar, se dirige con su mano "a los que sufren y padecen", un mensaje de consuelo que se materializa en el nuevo paso de misterio estrenado en 2025 (Hermandad del Divino Perdón).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la imagen que representa a Cristo camino del Calvario; 
   De la misma manera que solía ordenarse a los condenados a muerte cavar su propia tumba antes de la ejecución, en la crucifixión debían llevar ellos mismos su cruz hasta el lugar del suplicio.
El tema según la Biblia
   Los Evangelios ofrecen dos versiones diferentes de El Camino del Calvario.
   Según los sinópticos  (Mateo, 27: 31; Marcos, 15: 21; Lucas, 23: 26),  un tal Simón de Cirene (África), fue requerido por los soldados romanos para ayudar a Jesús, agotado por la Flagelación, a llevar la cruz hasta la cima del Gólgota.
   De acuerdo con Juan (19: 16), que desconoce a Simón de Cirene, fue Cristo solo quien llevó la cruz hasta el final.
   Los exégetas, comenzando por Orígenes, han intentado conciliar la versión de Juan con los sinópticos. Jesús habría comenzado por llevar su cruz de la misma manera que Isaac había llevado la madera de su sacrificio. Luego, al verlo en el límite de sus fuerzas, los soldados habrían requerido la ayuda de alguien que pasaba. Jesús y Simón se habrían relevado.
   Los racionalistas cuestionan la realidad del episodio de Simón. Extraen un primer argumento del silencio de Juan. Agregan que en el derecho romano, los condenados al suplicio de la cruz debían llevar el patibulum ellos mismos, que el requerimiento a Simón de Cirene habría sido ilegal, y que no se conocen ejemplos de soldados que obligaran a un testigo ocasional a llevar la cruz de un condenado. 
   La escena habría sido imaginada para ilustrar la palabra de Jesús: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.» (Mateo, 16: 24; Marcos, 8: 34).
   Muchos de esos argumentos no se sostienen, puesto que es posible que después de la Flagelación Jesús haya estado físicamente imposibilitado de llevar el patibulum hasta el final, y una requisitoria ilegal no podía detener a Pilato.
   Los artistas optaron ya por la versión de los sinópticos, ya por la de Juan. El arte bizantino adoptó la primera: Simón lleva solo la cruz, adelante de Cristo que le sigue con la cuerda al cuello. El arte de Occidente, que tiene un sentido dramático más desarrollado, representa a Cristo sufriendo en solitario bajo el peso de la cruz o ayudado por Simón el cireneo.
Las prefiguraciones
   Los teólogos, naturalmente, han buscado -y encontrado- en el Antiguo Testamento las prefiguraciones que enmarcan a Cristo con la cruz a cuestas en las miniaturas y en las vidrieras. Son éstas:
   1. Isaac llevando sobre los hombros la madera del sacrificio.
   2. Aarón marcando con la tau cruciforme el dintel de las casas de los israel.
   3. El patriarca Jacob bendiciendo con las manos entrecruzadas a sus nietos Efraím y Manasés.
   4. La viuda de Sarepta que lleva al profeta Elías dos leños dispuestos en forma de cruz.
La iconografía primitiva
   En las realizaciones más antiguas, la iconografía de Cristo con la cruz a cuestas es muy simple.
   Cristo avanza, vestido con una túnica roja, la frente ceñida por la corona de espinas, a veces precedido por los dos ladrones. No padece por la carga de la cruz porque ella es pequeña, más emblemática que real. A finales de la Edad Media la cruz se vuelve desmesuradamente pesada, su carga es cada vez más aplastante, para apiadar a los fieles con los sufrimientos del Redentor.
El enriquecimiento del tema por los Evangelios apócrifos y el teatro religioso: la Virgen y santa Verónica
   Los artistas no se contentaron con la Biblia y los comentarios teológicos. Los Evangelios apócrifos y la puesta en escena del teatro de los Misterios les sugirieron numerosos agregados al tema inicial. Los más populares son el Desmayo de la Virgen y el Encuentro de santa Verónica.
El desmayo de la Virgen
   El Evangelio de Lucas indica que "Le seguía una gran muchedumbre del pueblo y de mujeres, que se herían y lamentaban por Él». Pero los Evangelios apócrifos están mejor informados: saben que la Virgen conducida y sostenida por el apóstol Juan, se detuvo ante el paso del cortejo y que al ver a su Hijo doblegado bajo la carga de la cruz, se desmayó.
   Esta escena accesoria, que tiene el inconveniente de crear un segundo centro de interés en detrimento de la escena principal, poco a poco fue adquiriendo tal importancia en la composición, que Cristo con la cruz a cuestas a veces se denomina Spassimo della Vergine o Pâmoison de la Vierge. Tal es el caso de un célebre cuadro de Rafael o de su escuela, procedente de un convento de olivetanos de Sicilia, que se llama Lo Spasimo di Sicilia. Un altorrelieve de Laurana en la iglesia de Saint Didier de Aviñón, se llamaba Notre-Dame du Spasme.
La Verónica 
   Por la influencia del teatro de los Misterios, hacia finales del siglo XV apareció una santa imaginaria, Verónica, que conmovida de piedad seca con un velo el sudor que corría por el rostro de Cristo: en recompensa por ese gesto piadoso, ella recogió en el sudario la impresión de la Santa Faz. De esta verdadera  imagen (vera icona)  procede el nombre Verónica.
   También a la puesta en escena de los Misterios deben atribuirse sin duda los detalles realistas que invadieron el arte de finales de la Edad Media. Cristo tiene un ronzal en el cuello, como una bestia conducida al matadero; niños despiadados le lanzan una lluvia de piedras. A veces va precedido por un heraldo que hace sonar una trompeta.
   En resumen, en Cristo con la cruz a cuestas pueden distinguirse tres episodios:
   l. Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la  cruz (Gesù aiutato da Simone il Cirineo).
   2. El Desmayo de la Virgen. (Il Spasimo della Virgine.)
   3. Verónica seca el sudor de su rostro (Gesù asciugato dalla Veronica).
El Camino del Calvario
   La transformación  más importante que se opera a finales de la Edad Media en la iconografía de Cristo con la cruz a cuestas se debe a la aparición de una nueva devoción instituida y difundida por los franciscanos que habían recibido la guarda o «custodia» de los Santos Lugares, es lo que se denomina el Camino del Calvario.
   Es fácil reconstruir la génesis de esta devoción. Por el hecho de que Simón de Cirene había sido requerido para ayudar a Jesús a llevar su cruz, se concluyó que Cristo debió caer bajo la carga que superaba sus fuerzas no una sino muchas veces, que había sido obligado a detenerse para recuperar el aliento. La dolorosa Ascensión del Calvario habría sido medida por Estaciones, que los místicos, como el Pseudo Buenaventura y santa Brígida, se esforzaron en reconstruir por medio de la imaginación, como si hubiesen sido testigos.
   Esos altos o estaciones fueron puestos en escena por los autos sacramentales del teatro de los Misterios. Los artistas fijaron finalmente esos «cuadros vivos» en innumerables Caminos del Calvario que jalonaron las naves de todas las iglesias, o en Calvarios (Sacro Monte, Kalvarienberg), dispuestos sobre la pendiente de una colina, que los peregrinos ascendían a veces de rodillas, como era el caso en la Scala Santa de Letrán, entonando sus oraciones en cada «Caída de Cristo».
   ¿Cuántas eran esas Estaciones? El Camino del Calvario comportaba, en su origen, siete Estaciones: siete es un número sagrado. Tal es el número de los bajorrelieves de Adam Kraft en el Camino del Calvario del cementerio de San Juan, en Nuremberg. De acuerdo con su temperamento, los artistas han representado esas Caídas de Cristo durante el ascenso al Calvario con un realismo más o menos brutal, más o menos patético.
   Ya Jesús cae de rodillas (Andrea Sacchi), ya se derrumba de cara en toda su estatura, con las manos hacia adelante.
   (Dominichino): ese es el momento que eligió Verónica para secarle el sudor que le corría por la frente.
   En el siglo XVII, por la iniciativa de los franciscanos, y especialmente la del predicador italiano Leonardo de Porto Maurizio, el número de las Estaciones se duplicó, para llegar a catorce. Aunque esa cifra sea completamente arbitraria, se la mantuvo.
   La devoción del Camino del Calvario, que es una de las creaciones más populares de la orden de los franciscanos, nació del deseo de multiplicar el beneficio espiritual y material de una peregrinación a la colina del Gólgota, enclavada en la igle­sia del Santo Sepulcro.
Representaciones de Cristo con la cruz a cuestas, caído
   Después del Renacimiento, los pintores de la Contrarreforma y de la época romántica renovaron este tema conmovedor. En su Cristo ascendiendo al Calvario (Museo de Metz), Delacroix se inspiró, evidentemente, en el Cristo con la cruz a cuestas de Rubens, que había visto en el Museo de Bruselas. Pero le dio un carácter del todo diferente. La ascensión triunfal imaginada por el maestro flamenco se convierte en un avance lento y doloroso del condenado, a punto de desfallecer a cada paso, que se arrastra penosamente hasta el lugar del suplicio.
   En el arte popular polaco cuyas tradiciones perduran en nuestros días, el motivo patético de Cristo caído, sucumbiendo bajo el peso de la cruz, resume con frecuencia la tragedia del Camino del Calvario.
Versiones alegóricas y colectivas de Cristo con la cruz a cuestas
   Cristo con la cruz a cuestas no siempre ha sido concebido y representado como una escena histórica. Hacia finales de la Edad Media se multiplicaron las versiones alegóricas.
   No es sólo la Virgen quien, siguiendo el ejemplo de Simón de Cirene, levanta uno de los brazos de la cruz para aliviar la carga de su Hijo. Es la Iglesia, a la cual simboliza, y hasta la cristiandad entera, quien acude en su auxilio. Papa, cardenales, sacerdotes, laicos, quieren su parte en la carga, con la esperanza de asegurarse la vida eterna a causa de esta asistencia simbólica.
   Hay frescos de los siglos XV y XVI que ilustran este Cristo con la cruz a cuestas co­lectivo. En un manuscrito franciscano de la Biblioteca de Perusa, Jesús va seguido por una procesión de hermanos menores, stauróforos, que llevan una selva de cruces sobre los hombros.
   Según parece, en Francia, al menos en la capilla del castillo de Montriu, en Saint Aubin des Ponts de Cé, en Lion de Angers, y en Notre Dame de Chavigny en Poitou, este tema fue tomado de una endecha del rey Renato, donde éste asocia la humanidad entera con la Pasión de Jesucristo, desarrollando estas palabras del Redentor: «Qui vult venire post me, tollat crucero suam et sequatur me.» Mendigos, ladrones, enfermos, presos, peregrinos, campesinos, viudas, huérfanos, mal casados..., en suma, todos los desheredados de la tierra, acuden a su hora para ayudar a Cristo a llevar su cruz, más pesada que las suyas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús del Divino Perdón, de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Ana María Javouhey y San José de Cluny, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Hermandad del Divino Perdón, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la Iglesia de la Beata Ana María Javouhey y San José de Cluny, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 12 de abril de 2025

La imagen "María Santísima de la Purísima Concepción", de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "María Santísima de la Purísima Concepción", de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny, de Sevilla.  
     Hoy, sábado 12 de abril, es Sábado de Pasión, que es la víspera del Domingo de Ramos, día en el que se inicia la Semana Santa. Es el sábado de la quinta semana de la Cuaresma, conocida como Semana de Pasión, y no debe ser confundido con el Sábado Santo, que se celebra una semana después, la víspera del Domingo de Resurrección.
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la imagen "María Santísima de la Purísima Concepción", de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del Sábado de Pasión.
   La Hermandad del Divino Perdón, tiene su sede canónica en la Iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny, que se encuentra en la calle Escritor Alfonso Grosso, 3; mientras que su Casa de Hermandad se encuentra en la calle Nuestra Señora de los Desamparados, 5; ambas en el Barrio de Parque Alcosa-Jardines del Edén, del Distrito Este.
     La Franciscana Hermandad de Penitencia y Cofradía de Nazarenos de María Santísima de la Purísima Concepción, Santo Cáliz de Ntro. Padre Jesús del Divino Perdón y Beata Ana María de Javouhey; es  ésta  una corporación  fundada  a  comienzos  de  los  años '90  del pasado  siglo XX, con sede canónica en la iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny, en el sevillano barrio del Parque Alcosa, siendo sus  imágenes  titulares  Nuestro  Padre  Jesús  del Divino Perdón y María Santísima de la Purísima Concepción, obras ambas de José Antonio Navarro Arteaga  en  2002. 
     La imagen de María Santísima de la Purísima Concepción de la Hermandad del Divino Perdón es obra de José Antonio Navarro Arteaga. La Titular Mariana de dicha Hermandad fue tallada en el año 2002. Dolorosa bajo palio refleja el sufrimiento y el amor por su hijo.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María;
     En el orden de la Creación, la Concepción de la Virgen que existía en el pensamiento de Dios antes del comienzo del  mundo (inmente Dei abinitio conceptionis), es el punto de partida de su existencia. Pero si nos situamos en el punto de vista de la evolución iconográfica, es en último lugar que este tema debería estudiarse puesto que es casi extraño al arte de la Edad Media y aparece mucho tiempo des­pués que las Vírgenes de Majestad y de Piedad.
     Para comprender las representaciones de este tema,  frecuentemente interpretado a contrario sensu, es necesario definir brevemente el dogma de la Inmaculada Concepción y recordar la historia del progreso del culto hasta su consagración oficial por el papado.
El dogma
Definición. La Inmaculada Concepción es el privilegio en virtud del cual la Virgen María es la única que habría sido concebida sin pecado entre todos los descen­dientes de Adán y Eva.
     En principio desechemos el menosprecio, demasiado frecuente. La Inmaculada Concepción no es la concepción de Cristo en el vientre de la Virgen sino la concepción de la Virgen en el vientre de santa Ana o, más bien, en el pensamiento de Dios, que por una gracia única la eximió del pecado original. Para emplear las expresiones de los teólogos de la Edad Media, se trata de una Conceptio passiva y no de una Conceptio activa.
     La Inmaculada es la Virgen elegida antes de su nacimiento. Aquella que fue elegida antes de haber nacido, concebida antes que Eva, en la eternidad. «Ab aeterno ordinata sum. Nondum erant abyssi et ego jam concepta eram» (Prov. 8: 22). Por esa razón se la representa muy joven. Ella desciende del cielo a la tierra para redimir la fal­ta de Eva. De esa manera se opone a la Virgen de la Asunción, que animada de un movimiento inverso, después de su muerte asciende desde la tierra hacia el cielo. La Inmaculada Concepción es entonces enteramente diferente de la Maternidad virginal y de la Asunción con las cuales se la confunde constantemente.
La elaboración del dogma
A) Las objeciones
     La elaboración del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen ha sido lenta y laboriosa. No debería sorprender, puesto que esta creencia no tiene ningún fundamento en las Sagradas Escrituras, a menos que se fuerce el sentido de la salutación angélica: Ave Maria gratia plena, y que se asimile la Virgen, situada fuera del alcance de Satán, a la Mujer del Apocalipsis que escapa al dragón.
     Los argumentos bíblicos o patrísticos que se han invocado en su favor no tienen valor probatorio. Todo cuanto puede decirse de buena fe, es que las Escrituras no se oponen al privilegio de María, pero tampoco lo afirman.
     Los Inmaculistas se vieron forzados a apoyarse en la tradición de la Iglesia. Ahora bien, los Padres de la Iglesia, y especialmente san Agustín, nunca osaron atri­buir a María la exención del pecado original que reservaban sólo a Cristo, concebido por el Espíritu Santo y no por un hombre. Según ellos, la Virgen, como todas las criaturas humanas, fue concebida en el pecado y redimida por el Redentor. Tal es la doctrina de la Iglesia primitiva; tal es también la de san Bernardo que, no obstante, fue uno de los más fieles «caballeros de Nuestra Señora».
     A pesar de su devoción por la Virgen, san Bernardo admite su «sanctificatio in utero Annae», es decir su santificación en la fase embrionaria de su existencia, después y no antes de su concepción.
     En una carta a los clérigos de Lyon que habían introducido la fiesta de la Concepción de María en su calendario litúrgico, toma partido contra esa innovación, claramente: «¿De dónde tendría María la santidad de su concepción? Ella no ha podido ser santa antes de ser. Ahora bien, antes de su concepción no existía ¿Se dirá que ha sido concebida por el Espíritu Santo y no por un hombre? Es lo que hasta ahora nadie se ha atrevido a afirmar. Si se permite expresar lo que piensa la Iglesia, la gloriosa María ha concebido del Espíritu Santo, pero no ha sido concebida por él. Si ella no ha podido ser santificada antes de ser concebida porque entonces no existía, ni tampoco en el momento de su concepción porque el pecado estaba unido a ese acto, sólo queda que ha sido santificada en el vientre de su madre después de su concepción, y esa santificación ha vuelto santa su natividad, pero no su concepción. 
     «Sólo el Señor Jesús ha sido concebido del Espíritu Santo, porque sólo él era santo antes de su concepción. Excepto él, no hay hijo alguno de Adán a quien no se aplique la palabra del Salmista: Yo he sido concebido en el pecado.
     «En esas condiciones ¿cuál puede ser la razón de la fiesta de la Concepción de María? ¿A qué título llamar santa una concepción que no es la obra del Espíritu Santo (por no decir que es la obra del pecado) y por qué celebrarla si no es santa?» En el siglo XIII, san Buenaventura, el Doctor seráfico, se unió a la opinión de san Bernardo: «Creemos -escribió- como se cree comúnmente, que la Virgen ha sido santificada después de haber contraído el pecado original.»
     Los dominicos compartían la opinión de san Bernardo.
     Según Alberto Magno, la Virgen contrajo el pecado original porque fue concebida por generación sexual, que implica la concupiscencia carnal.
     Un teólogo todavía más ilustre, santo Tomás de Aquino, el Doctor angélico, se sitúa sin rodeos entre los negadores de la Inmaculada Concepción. En su Summa theologica postula que María ha sido necesariamente concebida con el pecado original, puesto que lo fue por la unión de los sexos. Ahora bien, la unión sexual que después del pecado de nuestros primeros padres no puede hacerse sin concupiscencia (sine libidine), transmite el pecado original al niño.
     Además, si María hubiese escapado a la mancha común, no habría tenido necesidad de ser redimida por Cristo. Así, Cristo ya no sería el Redentor universal. Finalmente:¿María no murió como los demás humanos? Entonces, como ellos, había contraído el pecado original, puesto que éste es quien introdujo la muerte en el mundo.
     De ese modo, el postulado de la Concepción Inmaculada de la Virgen aparece en contradicción con dos dogmas fundamentales de la doctrina cristiana: la universalidad del pecado entre los descendientes de Adán y la universalidad de la redención por Cristo. Si se quiere sustraer a María de la ley común del pecado, es necesario al mismo tiempo sustraerla de la redención universal de Cristo.
B) El triunfo de los inmaculistas
     Semejante consenso de los representantes más autorizados del  pensamiento cristiano, todos «maculistas», desde san Agustín hasta san  Bernardo, san Buenaventura y santo Tomás de Aquino, pudo haber sofocado en germen la cre­encia en la Inmaculada Concepción de la Virgen, pero no ocurrió nada parecido. La creencia en que, desde su concepción, la Virgen estuvo exenta de la mácula del pecado original, fue ganando terreno. A partir del siglo IX, la fiesta de la Conceptio B. M. Virginis, de origen oriental, como todas las fiestas de la Virgen, se in­trodujo en el calendario irlandés.
     El principal argumento que se utilizó fue que el papel de María en la Redención implica su exención del pecado original. «¿Cómo suponer -dijo Denis el Cartujo­que debiendo aplastar un día la cabeza de la serpiente, haya podido nunca ser hija del demonio?» Así, la concepción virginal de Cristo comportaría la concepción in­maculada de su madre.
     Los franciscanos tomaron partido contra las tesis de san Bernardo y de santo Tomás que san Buenaventura, otro franciscano, defendió. Éste y Escoto Eriúgena, el Doctor sutil, proclamaron que la gloriosa Virgen María fue preservada del peca­do original "a primo instanti» y no a partir de su nacimiento o de la Encarnación. Los carmelitas les hicieron coro.
     Pero la adhesión más eficaz a la campaña de los inmaculistas fue la de la Universidad de París, representada por sus cancilleres Pierre d'Ailly y Jean Gerson. La doctrina de la Inmaculada Concepción, nacida, como la mayoría de las creen­cias, de un postulado teológico, de un deseo transformado en afirmación positiva, de un voto sentimental erigido en certeza, aprobada por el papa franciscano Sixto IV en 1477, fue aceptada por la Sorbona en 1496, que la formuló en estos térmi­nos: «Mater Dei a peccato originali semper fuit preservata.»
     La creciente popularidad de la Inmaculada Concepción a finales de la Edad Media está probada por la devoción que le ofrecía la familia de los duques de Borbón. En 1370, Luis II de Borbón fundaba la orden del Caballero de Nuestra Señora de Esperanza, cuya insignia representaba a la Virgen del Apocalipsis, coro­nada por doce estrellas y con los pies reposando sobre la luna creciente. Así la representó el Maestro de Moulins, hacia 1498, en su célebre tríptico de la catedral.
     En el siglo XVI los jesuitas, después de los franciscanos, se convirtieron en sus campeones. El concilio de Trento consagró su triunfo.
     La doctrina ganó a todos los países católicos antes de convertirse en dogma. Desde Ruán, metrópoli de Normandía donde la fiesta de la Concepción era particularmente popular (se la llamaba Fiesta de los normandos), esta devoción se difundió en las otras diócesis de Francia. En 1644, la fiesta de la Inmaculada Concepción se intro­dujo en España en la jerarquía de las grandes y obligatorias (de praecepto). Así se explica la importancia de este tema en la pintura española del siglo XVII.
     Sólo quedaba un paso por dar. En 1708 la creencia, resistida durante largo tiempo, se convirtió en obligatoria para el conjunto de la Iglesia. Y en virtud de la encíclica Ineffabilis Deus, publicada por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, se transformó en un dogma de la Iglesia romana. Los maculistas habían sido derrotados.
Iconografía
     La Inmaculada Concepción ha sido representada de dos maneras completamente diferentes: en primer lugar, simbólica o alusivamente, mediante el Abrazo de Ana y de Joaquín ante la Puerta Dorada; más tarde, en la forma de la Sulamita del Cantar de los Cantares, o de la mujer envuelta en el sol, del Apocalipsis, con la luna debajo de los pies.
1. El abrazo de san Joaquín y de santa Ana ante la puerta dorada
     En la iglesia oriental y en la primera versión del arte de Occidente, la Inmaculada Concepción de la Virgen está asociada con el encuentro de sus padres, Ana y Joaquín, frente a la Puerta Dorada de Jerusalén. La Madre de Dios no habría sido concebida de manera natural (ex coitu), sino por medio de un simple beso en los labtios (ex osculo).
     A veces el ángel que anuncia la buena nueva a cada uno, por separado, planea por encima de los viejos esposos para acercar sus bocas.
     Señalemos una curiosa versión en una vidriera de Saint Ouen, ejecutada a principios del siglo XVI por el pintor vidriero holandés Arnoldo de Nimega. Sobre el vientre de santa Ana, representada de pie y con las manos unidas, aparece la Virgen en forma de niña pequeña desnuda en una mandorla, y recibiendo el ho­menaje de los dos principales profetas de la Encarnación: Isaías y David.
   En los ciclos mariológicos, esta escena precede con frecuencia a la Natividad de la cual se considera el preludio.
2. El descendimiento de la Virgen Inmaculada
     Hacia finales de la Edad Media apareció una representación novedosa del tema.
     La Virgen Inmaculada, enviada desde el cielo por Dios que la había elegido para la obra de Redención, desciende a la tierra. De pie sobre la luna, coronada de estrellas, extiende los brazos como las orantes de las catacumbas, o une las manos so­bre el pecho.
     Para distinguirla de la Virgen ascendente de la Asunción, se la representa con los ojos dirigidos hacia la tierra, al tiempo que aquélla los tiene elevados al cielo donde Cristo la espera.
     Esta diferencia está muy bien señalada en las dos estatuas ejecutadas por Puget en Génova: la Inmaculada Concepción, encargada por los Lomellini, que se encuentra en el oratorio de san Felipe Neri; y la Asunción, encargada por los Brignole para el Hospicio de los Pobres (Albergo dei Poveri).
     Otra característica de la Inmaculada Concepción es que se presenta rodeada por los símbolos de las Letanías, que son su escudo de armas (Arma Virginis), de la misma manera que los instrumentos de la Pasión constituyen el blasón de Cristo (Arma Christi).
Fuentes
     ¿Cuáles son las fuentes de esta representación? Procede del Antiguo, y también del Nuevo Testamento, del Cantar de los Cantares y del Apocalipsis.
     1. La Virgen Inmaculada está asimilada a la novia del Cantar de los Cantares. Es la Sulamita del Seudo Salomón, como lo prueban las palabras inscritas en una filacteria: Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te, y las metáforas bíblicas sembradas alrededor  de ella  como las perlas de un collar.
     Estos símbolos han sido popularizados por las Letanías de la Virgen de Loreto, cuya forma actual data de 1576. La nueva Sulamita es comparada con los astros: con el sol (electa ut sol); con la luna representada por un  creciente de plata (Pulchra ut luna), con la estrella del mar (Stella maris).
     Otros emblemas están tomados de los árboles y las flores. La Inmaculada es un Jardín cerrado o cercado (Hortus conclusus), una Fuente de los jardines (Fons hortorum), un Pozo de agua viva (Puteus aquarum viventium). Se la compara con el cedro del Líbano (Cedrus exaltata), con el olivo (Oliva speciosa) con el lirio que flore­ce entre espinas (Lilium inter spinas), y con un rosal (Plantatio rosae).
     «Eres jardín cercado, hermana mía, esposa; eres jardín cercado, fuente sellada.» (Cant. 4: 12).
     Espejo sin mancha (Speculum sine macula), la Virgen es finalmente saludada con los nombres de Torre de David (Turris Davidica cum propugnaculis), _Ciudad de Dios (Civitas Dei), Puerta del cielo (Porta coeli).
     2. Los otros atributos de la lnmaculada Concepción están tomados del Apocalipsis I 2: "Apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta en el sol con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas (amicta sole, luna sub pedibus, in capite corona stellarum duodecim)."
     La luna que nunca se representa llena, como en la Crucifixión, sino recortada en forma de creciente, evocaba la castidad de Diana.
     Después de la victoria de Lepanto, la cristiandad gustó interpretar el creciente de la luna bajo los pies de la Virgen Inmaculada como un símbolo de la victoria de la Cruz sobre la Media luna turca.
La fechad de aparición del tema
     ¿En qué momento apareció por primera vez este motivo en la iconografía del arte cristiano?
     De acuerdo con E. Mate, que adopta la tesis sostenida por Maxe Werly, este tema apareció a principios del siglo XVI, exactamente en 1505, en forma de xilografía, en las horas de la Virgen para el uso de Roma, publicadas en París por Thielman Kerver, retomadas en 1518 en las Horas de Simon Vostre.
     "Hasta el momento -escribe E. Mâle- no he encontrado una sola miniatura que represente la Inmaculada Concepción que sea anterior a 1505; por otra parte, todas las vidrieras, todos los bajorrelieves consagrados al mismo tema son, o lo parecen, posteriores a 1505. Es necesario admitir por lo tanto, salvo que se pruebe lo contrario, que el grabado de un Libro de Horas ha hecho conocer a Francia entera ese nuevo motivo."
     Sin abandonar los dominios de los Libros de Horas, se puede encontrar una ilustración de ese tema dos años anterior, en las Horas para uso de Ruán, impresas en París en 1503, por Antoine Vérard.
     En realidad es unos veinte años más vieja, y se remonta a finales del siglo XV. Los emblemas de las Letanías ya están representados en la catedral de Cahors, en la capilla de Notre Dame, que fue construida en 1484. Es el primer monumento edificado en Francia para la gloria de la Virgen Inmaculada, rodeada por sus atributos místicos.
     Por otra parte, la pintura italiana del Quattrocento nos ofrece al menos un ejemplo de este tema que data de 1492: es la Inmaculada Concepción del veneciano Carlo Crivelli, que se encuentra en la National Gallery de Londres. Es verdad que la Virgen no planea entre el cielo y la tierra, pero la inscripción de la filacteria que Dios Padre y los ángeles sostienen encima de su cabeza no deja ninguna duda acerca del significado de esta figura de orante, allí se lee: Ut in mente Dei ab initio concepta fui, ita et facta sum.
     Los Países Bajos han conocido ese tema en la misma época. El hecho está probado por un gran retablo de santa Ana que se conserva en el Museo histórico de Frankfurt, encargado a un maestro de Bruselas por el prior del convento de los carmelitas Rumold de Laubach. Puesto que ese personaje, singularmente interesado en el culto de santa Ana, murió en 1496, hay que concluir, forzosamente, que el retablo fue ejecutado antes de finales del siglo XV.
     Sobre uno de los paneles, los carmelitas arrodillados, asistidos por san Agustín y el papa Sixto IV, están representados en oración frente a santa Ana, que se mantiene de pie ante el altar. El homenaje se dirige menos  a ella que a la Virgen Inmaculada, que aparece en transparencia en su vientre, en medio de una aureola de rayos, en forma de niña pequeña y desnuda, sobrevolada por la paloma del Espíritu Santo y flanqueada por dos ángeles.
     La prueba de que se trata de la Inmaculada Concepción es que encima del busto de Dios Padre bendecidor, sobre una filacteria, se lee el canto de amor del Cantar de los Cantares: «Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te», y que alrededor del turbante de Salomón, que está en frente del rey David, se desarrolla en una filacteria este pasaje de los Proverbios, siempre aplicado a María Inmaculada: «Nondum erant abyssi et ego jam concepta eram.»
     Estos tres ejemplos tomados del arte francés, italiano y flamenco, prueban sin duda que el tema de la Inmaculada Concepción no aparece en el arte cristiano a principios del siglo XVI sino en el último cuarto del XV.
Evolución
     Después de haber precisado las fuentes y la fecha inicial de este tema, veamos como ha evolucionado entre los siglos XVI y XIX, a partir de Francia y de Signorelli, pasando por Puget, y Murillo, hasta llegar a la Virgen de Lourdes.
     En la pintura italiana del Renacimiento, la Inmaculada Concepción se presenta como la contrapartida y la redención del pecado original. La idea que se quiere poner en evidencia es que la gracia de María redime la falta de Eva.
     Quos Evae culpa damnavit,
     Mariae gratia solvit.
    Por ello Signorelli, en su cuadro de la catedral de Cortone, evoca a la Virgen descendiendo del cielo en una lluvia de flores y posándose sobre el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, a cuyo pie Adán y Eva cometen el pecado. Luis de Vargas (catedral de Sevilla) y Ant. Sogliani (Uffizi) subrayan la misma oposición.
     Pero es el arte barroco del siglo XVII el que tiene el mérito de haber creado el tipo definitivo de Inmaculada Concepción. Libre de todos los símbolos de las Letanías con que la habían sobrecargado los teólogos, rodeada sólo por los ángeles, ella pla­nea en una mandorla sobre un creciente de luna. A veces, para recordar su victoria sobre el pecado original, sus pies, que se apoyan sobre el globo, aplastan la ca­beza de la serpiente tentadora.
     La España mística se apoderó de este tema creado en Italia y le imprimió la marca de su genio. Y consiguió hacer su propia versión, tan es así que no puede pen­sarse en la Inmaculada Concepción sin evocar la estatua de Martínez Montañés en la catedral de Toledo, las telas de Zurbarán, de Ribera, y sobre todo las de Murillo, que trató el tema veinte o veinticinco veces.
     La forma más reciente tomada por la Inmaculada Concepción es la Virgen de Lourdes. El historiador de las religiones Salomon Reinach ha sostenido que el origen de las apariciones de la Virgen a Bernadette Soubirous en 1858 no es otro que el cuadro de Murillo adquirido por el Louvre en 1852.  
     Esta tela se hizo inmediatamente popular y había sido vulgarizada por la imaginería y los periódicos ilustrados. Es probable que uno de esos grabados coloreados cayera bajo la mirada de la joven pastora pirenaica y que, como María Alacoque lo hiciera en el siglo XVII con las imágenes del Sagrado Corazón, Bernadette proyectara, más  o menos inconscientemente y en forma de aparición, el recuerdo de la imagen piadosa que la había impresionado. La bella mujer que vio aparecer en una gruta, en medio de una nube de oro, con las manos cruzadas sobre el pecho, cubierta con un vestido blanco ajustado en la cintura por una  cinta azul, se parece como una hermana a la Purísima del Museo del Prado. Así, sería una obra maestra de Murillo la fuente de la peregrinación más popular del siglo XIX. Esta hipótesis reforzaría la teoría que postula la influencia de las imágenes en el nacimiento de los cultos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María
     Su fecha obedece al cómputo de nueve meses antes del nacimiento; es la primera fiesta grande del año litúrgico y la presentación de la figura de María en la liturgia. Contrariamente a lo habitual, el fervor popular con su sensus fidei y su plasmación en la liturgia le llevaron la delantera a la reflexión teológica y al magisterio jerárquico.  Originalmente celebraba la concepción prodigiosa de San Joaquín y Santa Ana, siguiendo los apócrifos Protoevangelio de Santiago (siglo II) y Evangelio de la Natividad de María (siglo IV). Por eso los libros litúrgicos orientales la designan todavía hoy con el título de Concepción de Santa Ana, lo cual no quiere decir que no se crea en el misterio de la Inmaculada Concepción, y la señalaban para el nueve de diciembre, sin duda dependiendo de la del ocho de septiembre, de la Natividad, más antigua. La fiesta surge en Oriente en los siglos VII-VIII, en cuya área se desenvuelve la primera fase de ella. Se documenta por primera vez en el canon (himno) de San Andrés de Creta (+720) y en un sermón de Juan Obispo de Eubea (+740)8, que hace una relación de las fiestas marianas existentes, aunque le concede una importancia menor que las de las cuatro fiestas principales: Natividad, Purificación, Anunciación y Asunción.  Poco a poco se va extendiendo y ganando importancia; en el siglo IX aparece en el Nomocanon de Focio (883) y en el calendario marmóreo de Nápoles (850), que como otros lugares de Italia meridional estaba sujeto a influencias bizantinas. El Emperador Manuel Commeno decretó la abstención de trabajo servil en ella en 1166 y el Emperador León VI (+912) el Filósofo la extendió a todo el imperio a principios  del siglo X.
     En el Occidente latino, en donde se desarrolla la segunda fase de la fiesta, se empieza a celebrar, al menos, en el siglo IX, a partir de las ciudades italianas meridionales, sometidas al Imperio Bizantino, como Nápoles, Sicilia y Cerdeña. De aquí pasó a Irlanda, donde se la menciona en el martirologio de Tallaght (ca. 800) y en el calendario de Oengus (ca. 825), con el nombre de Concepción de María Virgen, aunque fijada el tres de mayo, seguramente por influencia de la tradición copto-alejandrina, que celebraba en este día a los Santos Joaquín y Ana.  De Irlanda pasó a Inglaterra, donde fue puesta en relación con la Natividad y señalada el ocho de diciembre; en el siglo IX se documenta ampliamente la celebración allí como Concepción de la Santísima Virgen María. En dos abadías de Winchester es mencionada sobre el 1030, y poco después, en torno al 1050, en el Misal y en el Pontifical de Leofrico, Obispo de Exeter. Pero fue suprimida por los clérigos normandos que llegaron allí con Guillermo el Conquistador en el 1066, por lo que no aparece en los libros litúrgicos de finales del XI y principios del XII.  Pero pronto refloreció, en parte por un milagro legendario. Helsin, Abad de Ramsay, Kent, en un viaje a Dinamarca como embajador de Guillermo el Conquistador, envuelto en una feroz tormenta en el Mar del Norte, fue informado en una visión que se salvaría si hacía voto de celebrar el ocho de diciembre la fiesta de la Inmaculada y de difundir esta devoción en sus sermones9. Igualmente, fue apoyada por la escuela de San Anselmo de Canterbury (+1109), pues Anselmo el Joven (ca. 1125), su sobrino, fue gran promotor de la misma10, junto con su discípulo y biógrafo Eadmero de Canterbury (+1124), que defendió piadosa creencia y fiesta11, y Osberto de Clara, Prior de Westminster (ca. 1119), y adquirió entonces un decidido tinte inmaculista: de celebrar la concepción de la futura Madre de Dios pasa a conmemorarse su santidad original desde el primer momento de su ser natural. Esta nueva oleada concepcionista hizo que la fiesta pasase a Francia por Normandía; la Archidiócesis de Ruán con sus seis sufragáneas fue la primera en acogerla, hasta llegar a otorgarle en los tiempos del Arzobispo Otorico (+1183) igual dignidad que a la de la Anunciación, y los estudiantes normandos de la Universidad de París la tomaron como su fiesta patronal.  El avance siguió, extendiéndose por el resto de Francia, los Países Bajos y Alemania, e, incluso, cruzó los Alpes y penetró en Italia: Ogero de Vercelli (ca. 1160) alude a ella en un sermón, y Sicardo de Cremona (+1215) en un sermón indicó que en su ciudad, pese a cierta polémica, se celebraba desde hacía ya tiempo. Del siglo XII se conservan ya una quincena de Oficios de esta fiesta. Todo ello pese a las objeciones que le habían puesto personajes de la talla de San Bernardo de Claraval, decididamente mariano por otro lado, que desaconsejó su celebración a los canónigos de Lyon, que la habían introducido en su catedral en torno a 1140 por decantarse, siguiendo rigurosamente a San Agustín, por la opinión maculista12. Algunos piensan sin mucho fundamento que el Papa León IX Egisheim-Dagsburg (+1054) celebró la fiesta de la Concepción. Más probable parece que la introdujera Adriano IV Breakspeare (+1159), además de por su origen inglés por haber sido devoto y apologeta de este misterio mariano. Con más peso se puede afirmar, ya a principios del siglo XIII, de Inocencio III dei Conti di Segni (+1216), por testimonios coetáneos, que se celebraba la Inmaculada en la capilla pontificia, lo cual no es de extrañar por haber apoyado la Inmaculada en sus escritos como doctor privado. San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino, entre los dominicos, y San Buenaventura, entre los franciscanos secundaron la tesis maculista. Pero este último no prohibió su celebración entre los Menores, en parte porque aceptó la leyenda de Helsin como una revelación privada auténtica, pues en el Capítulo General de Pisa de 1263 se prescribió la fiesta de la Inmaculada para los Menores13. Esto hizo que comenzara la controversia en el campo litúrgico y su celebración pasara por un periodo de declive y fuera suprimida en muchos calendarios, aunque vuelve a resurgir su celebración en el siglo XIV, en que se hizo prácticamente universal.  A partir de las diatribas del Beato franciscano Juan Duns Scoto (+1308)14, en Cambridge, Oxford, París y Colonia, se llegó a una solución teológica aceptable al problema de la redención universal, de la que no podía ser exceptuada María como criatura, con la doctrina preservativa.  La opinión inmaculista ganó entonces rápidamente terreno, y a ella se adhirieron muchas familias religiosas, con los franciscanos a la cabeza: carmelitas, agustinos, cistercienses… así como numerosísimas Iglesias particulares, frente a los irreductibles tomistas, que no aceptaban la fiesta o llamaban a la celebración fiesta de la santificación de María. Incluso, por influencia de los carmelitas, el Papa Juan XXII Duèze llegó a celebrarla con la corte pontificia en Avignon hacia 1330, un año en la iglesia de éstos y después en la propia capilla, con Oficio propio y solemnidad. Aunque sólo se tratara de un gesto de devoción privada, era un paso adelante hacia el reconocimiento oficial de la fiesta por el papado.
     Entretanto, el Reino de Aragón se decantó por la defensa de la Inmaculada y extensión de su fiesta, lo que heredaría la monarquía hispánica y habría de convertirse en casi una cuestión de Estado en la era del barroco, que no podemos desarrollar aquí por cuestión de espacio15. El catorce de marzo de 1374 Juan I de Aragón ordenó que se celebrara esta festividad en sus dominios así como prohibía predicar en contra de esta por entonces opinión piadosa. La misma prohibición pidieron que sancionara el Rey de Aragón las Cortes Catalanas el nueve de abril de 1456, a la que accedió y promulgó el veintiocho de mayo de 1456. La Inmaculada Concepción planteada por los legados hispanos a petición del Rey Alfonso V de Aragón, fue definida en el Concilio de Basilea el diecisiete de septiembre de 1438. Juan de Segovia, por orden conciliar, compuso Oficio propio. Aunque no se le reconoció valor dogmático porque los legados papales habían ya retirado su participación, sí pesó decisivamente entre los argumentos inmaculistas.  Sin embargo, Roma, que en un principio adoptó una actitud de tolerancia con respecto a las demás Iglesias, a partir de este momento pasó a introducirla oficialmente en su liturgia e, igualmente, en la de toda la Iglesia Latina, por obra de Sixto IV della Rovere, que había sido franciscano conventual, famoso teólogo de la escuela escotista, que aprobó por la Constitución Cum praeexcelsa de veintiocho de febrero de 1476, la misa y Oficio compuestos por Leonardo de Nogaroles, clérigo de Verona y Protonotario Apostólico, indulgenciándolos como los del Corpus, y con el Breve Libenter ea de cuatro de octubre de 1480 los redactados por el franciscano observante Bernardino de’ Bustis (+1513). 
     Por el hecho de estar indulgenciados, obtuvieron una mayor propagación los textos del primero. A estos dos Oficios se añadieron los de los franciscanos el Cardenal Francisco de Quiñones (+1540), aprobado por Clemente VII Médici, y el de Ambrosio Montesino (+1514) para las monjas concepcionistas, sancionado por Inocencio VIII Cybo en la aprobación de la Orden del treinta de abril de 1489. Una segunda Constitución de este papa en 1481, la Grave nimis, en la que condenaba los ataques a la opinión inmaculista del dominico Vicente Bandelli (+1506), ratificaba el asunto, reafirmada por una segunda homónima en 1483. La fiesta, por tanto, quedaba preservada de ulteriores ataques.  En la reforma de San Pío V Ghislieri fueron abolidos los Oficios propios y sustituidos por el Oficio de la Natividad, sustituyendo la palabra nativitas por conceptio. Sin embargo, posteriormente, fue restablecido el Oficio de Nogaroles para la familia franciscana por Gregorio XIII Buoncompagni el nueve de junio de 1583, por Sixto V Peretti el treinta de mayo de 1588 y Paulo V Borghese el veintiuno de enero de 1609. Los dominicos, entretanto, aunque habían aceptado la fiesta, la seguían llamando equívocamente Santificación de María, hasta que un decreto de Gregorio XV Ludovisi por un decreto del veinticuatro de mayo de 1622 Sanctissimus prohibió cualquier pronunciamiento contra la doctrina inmaculista y el uso del término santificación por concepción, que es tanto como añadir inmaculada. Clemente VIII Aldobrandini (+1605) elevó la fiesta a rito de doble mayor. Tras petición regia, por Breve de diez de noviembre de 1644 de Inocencio X Pamphili fue declarada fiesta de precepto en los reinos de España, pues por decreto de Urbano VIII Barberini había dejado de celebrarse con tal rango litúrgico por no ser patrona principal. Francia siguió el ejemplo de su vecina. Finalmente, Alejandro VII Chigi en la constitución Sollicitudo omnium ecclesiarum de ocho de diciembre de 1661 definió exactamente el objeto de la fiesta: la inmunidad del alma de María del pecado original en el primer instante de su creación e infusión en el cuerpo. A partir de aquí prácticamente cesó la polémica concepcionista. El Rey Felipe IV de España, en 1664, según propuesta de su Junta de la Inmaculada de treinta y uno de enero, pidió al mencionado papa, que se le añadiera a la fiesta octava en todos los dominios hispánicos, que tenían ya concedida algunas diócesis, como Málaga, Sevilla y Valencia y algunas familias religiosas, como franciscanos y carmelitas.  El veintiuno de junio entrego el memorial el Embajador al papa. Éste encargó el asunto a la Sagrada Congregación de Ritos, la que nombró una Junta, y finalmente dio un decreto favorable el dos de julio, sancionado por el Breve Quae inter praeclara del siete del mes citado. Impuso bajo precepto a ambos cleros (incluidos los dominicos) de España y de sus Indias el rezo del Oficio de la Inmaculada con octava. Después fue extendido a los demás Estados, a petición del Rey, que no llegó a saberlo por su fallecimiento: Nápoles el dieciocho de septiembre, Sicilia y Cerdeña el veinticuatro de octubre, Flandes y Borgoña el veintiséis de dicho mes.  La Reina Gobernadora Mariana de Austria elevó una petición al papa en 1667 para que extendiera a toda la Iglesia el rezo de la Inmaculada que resultó infructuosa, aunque sí le concedió la Sagrada Congregación de Ritos el Oficio y misa de la Inmaculada para España y sus dominios con rito de segunda clase, como se practicaba en Roma y en los Estados Pontificios. Inocencio XII Pignatelli, a instancias del Rey Carlos II de España, elevó la fiesta en 1693 a doble de segunda clase con octava para la Iglesia Latina. Clemente XI Albani la hizo fiesta de guardar para toda la Iglesia Latina en 1708 por la Bula Commissi nobis.
     Los últimos coletazos de la oposición maculista surgieron en la primera mitad del XVIII, y fueron definitivamente contestados por el gran San Alfonso de María de Ligorio, que fundamentó su defensa en el sentimiento casi unánime del pueblo de Dios y en la celebración universal de su fiesta. Su doctrina se extendió como reguero de pólvora gracias a su libro Las Glorias de María, publicado en 1750.
     Clemente XIII Rezzonico, el mismo año que declaró, a ruegos del Rey Carlos III, a la Inmaculada Concepción patrona de España y de sus Indias, 1761, concedió para España y sus Indias que se rezase el Oficio Sicut lilium y la misa Egredimini de los franciscanos. A pesar de ello, en muchos sitios siguieron rezando los suyos de siempre, hasta que  se impuso como obligación por Cédula Real de diez de mayo de 1788, a petición de la Junta de la Inmaculada del día anterior. En 1863, el Beato Pío IX Mastai-Ferretti, que había definido en 1854 la Inmaculada Concepción como dogma de fe, promulgó un nuevo Oficio y misa. Éste había sido encargado a Monseñor Luca Pacifici, el redactor de la bula de definición, pero por haberle sobrevenido la muerte de manera inopinada, el papa lo encargó a una comisión presidida por el Cardenal Costantino Patrizi y con Monseñor Domingo Bartolini como secretario, que aprobó tras muchas correcciones el Oficio de Luigi Marchesi. 
     León XIII Pecci, así mismo, elevó la fiesta a doble de primera clase con misa vigiliar, suprimida en la reforma de 1962.  En el calendario de 1969 tiene el máximo rango de solemnidad con precepto. El hecho de que caiga en el Adviento para nada distrae de su carácter contemplativo de gozosa espera navideña, pues en la Inmaculada Concepción Dios se prepara una Madre digna de sí; es por tanto, como dice el Cardenal Gomá, una auténtica fiesta de pureza en un tiempo de purificación (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).   
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "María Santísima de la Purísima Concepción", de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad del Divino Perdón, en la Iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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sábado, 1 de abril de 2023

La Hermandad del Divino Perdón

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad del Divino Perdón, de Sevilla.  
     Hoy, sábado 1 de abril, es Sábado de Pasión, que es la víspera del Domingo de Ramos, día en el que se inicia la Semana Santa. Es el sábado de la quinta semana de la Cuaresma, conocida como Semana de Pasión, y no debe ser confundido con el Sábado Santo, que se celebra una semana después, la víspera del Domingo de Resurrección.
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad del Divino Perdón, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del Sábado de Pasión.
   La Hermandad del Divino Perdón, tiene su sede canónica en la Iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny, que se encuentra en la calle Escritor Alfonso Grosso, 3; mientras que su Casa de Hermandad se encuentra en la calle Nuestra Señora de los Desamparados, 5; ambas en el Barrio de Parque Alcosa-Jardines del Edén, del Distrito Este.
     La Franciscana Hermandad de Penitencia y Cofradía de Nazarenos de María Santísima de la Purísima Concepción, Santo Cáliz de Ntro. Padre Jesús del Divino Perdón y Beata Ana María de Javouhey; es  ésta  una corporación  fundada  a  comienzos  de  los  años '90  del pasado  siglo XX, con sede canónica en la iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny, en el sevillano barrio del Parque Alcosa, siendo sus  imágenes  titulares  Nuestro  Padre  Jesús  del Divino Perdón y María Santísima de la Purísima Concepción, obras ambas de José Antonio Navarro Arteaga  en  2002. 
   La inquietud de un numeroso grupo de cofrades del barrio del Parque Alcosa llevó a la convocatoria de una serie de reuniones que desembocaron en la fundación de la "Pro-Hermandad de Penitencia y Cofradía de Nazarenos de la Purísima Concepción y Santo Cáliz de Ntro. Padre Jesús del Divino Perdón", con el beneplácito del párroco de Ntra. Sra. de los Desamparados, Fray Mariano Merino.
     Inmediatamente después se contacta con el joven imaginero Francisco Manuel Trigueros para la ejecución de la imagen del Señor.
     Poco a poco, la Pro-Hermandad se va integrando en la comunidad parroquial y el 22 de Febrero de 1994 es erigida como Agrupación Parroquial. Posteriormente, como refrendo de la plena integración en la Parroquia, el 7 de Febrero de 1995 llega la autorización de la Autoridad Eclesiástica para bendecir la imagen del Señor, acto que tuvo lugar el 5 de Marzo de 1995 a cargo del entonces Arzobispo, hoy Cardenal de Sevilla, Fray Carlos Amigo Vallejo.
     El 11 de Marzo de 1995, el Señor del Divino Perdón recorrió por vez primera las calles del barrio hasta la que sería su casa en la Iglesia de la Beata Madre Ana María.
     Con fecha 30 de Diciembre de 1999 se recibe desde el Palacio Arzobispal la petición de presentación de la Reglas para su revisión y aprobación, si procede; y, así, el 19 de Marzo de 2000, durante la Función Principal se dio lectura al Decreto por el que se dictaba la erección canónica como Hermandad de Penitencia, realizando su primera Estación de Penitencia a la Parroquia de Ntra. Sra. de los Desamparados el 6 de abril de 2001, Viernes de Dolores.
     El 3 de Febrero de 2002, en la Parroquia de Santa Ana, tuvo lugar la presentación de la actual imagen del Señor del Divino Perdón, obra de José Antonio Navarro Arteaga, que sustituía a la primitiva, que resultó dañada de forma irreparable al realizar su primera Estación de Penitencia. El 15 de Febrero de 2002, el Arzobispo de Sevilla, Fray Carlos Amigo Vallejo, bendijo la nueva imagen en un acto muy emotivo.
     El 15 de Junio de 2002, tuvo lugar la bendición de la imagen de María Santísima de la Purísima Concepción, obra del mismo imaginero, a cargo del Director Espiritual y Coadjutor de la Parroquia, Fray Honorato Garrán González. Los días 5, 6, 7 y 8 de Diciembre de ese mismo año, tuvo lugar el primer Triduo en honor a la Stma. Virgen, la cual procesionó, por primera vez bajo palio con carácter extraordinario el 5 de Junio de 2004, con motivo de la conmemoración del CL aniversario de la proclamación de Dogma de la Inmaculada.
     El 8 de Enero de 2005, los hermanos de la corporación decidieron, en Cabildo Extraordinario el cambio del día de salida para realizar la Estación de Penitencia del Viernes de Dolores al Sábado de Pasión, haciéndolo efectivo ese mismo año (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de Padre Pío, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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Página web oficial de la Hermandad del Divino Perdón: www.divinoperdon.es

La Hermandad del Divino Perdón, al detalle:
- Sede Canónica: Iglesia de la Beata Madre Ana María Javouhey y San José de Cluny
- Día de Salida Procesional: Sábado de Pasión
                                   - María Santísima de la Purísima Concepción

miércoles, 8 de febrero de 2023

Un paseo por el Barrio del Parque Alcosa-Jardines del Edén

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el barrio del Parque Alcosa-Jardines del Edén, de Sevilla, dando un paseo por él.
     El Barrio del Parque Alcosa-Jardines del Edén es, en el Callejero Sevillano, un barrio que se encuentra en el Distrito Este, delimitado por las vías avda. Averroes (Autovía A-4), límite del término municipal de Sevilla, cauce del río Guadaira, avda. Republica China, avda. Alcalde Luis Uruñuela, rotonda Glorieta Palacio de Congresos, y vía del Ferrocarril. 
     El Barrio del Parque Alcosa-Jardines del Edén lo componen las vías siguientes: c/ Abel, c/ Acebuchal, c/ Adán y Eva, c/ Administrador Gutiérrez Anaya, avda. Alcalde Luis Uruñuela, c/ Aldaya, c/ Almendralejo, c/ Augusto Peyré, plaza Azahín, c/ Beata Ana María Javouhey, plaza Bib Rambla, c/ Campos Eliseos, c/ Carmen Conde, c/ Casuarina, c/ Chaparro, c/ Ciudad de Alberique, c/ Ciudad de Alfafar, c/ Ciudad de Algemesí, c/ Ciudad de Ayora, c/ Ciudad de Buñol, c/ Ciudad de Burjassot, c/ Ciudad de Carcagente, c/ Ciudad de Carlet, avda. Ciudad de Chiva, c/ Ciudad de Cullera, c/ Ciudad de Gandía, c/ Ciudad de Godella, c/ Ciudad de Játiva, c/ Ciudad de Liria, c/ Ciudad de Manises, c/ Ciudad de Oliva, c/ Ciudad de Onteniente, c/ Ciudad de Paterna, c/ Ciudad de Picasent, c/ Ciudad de Sueca, plaza Collao, c/ Concepción Estevarena, c/ Creación, c/ Deleite, c/ Dicha, plaza Edén, c/ Elda, avda. Emilia Barral, plaza Encina del Rey, c/ Eúfrates, avda. Fernando Corral Corachán, c/ Firmamento, c/ Francisco Cortijo, rotonda Glorieta Palacio de Congresos, plaza Gomila, c/ Gozos, avda. Ildefonso Marañón Lavín, P.I. Autopista c/ A, P.I. Autopista c/ B, P.I. Autopista c/ C, P.I. Autopista c/ D, c/ Innovación, plaza Los Luceros, c/ Luz, plaza Maestro Sánchez Rosa, c/ María Fulmen, plaza María Pita, c/ María Zambrano, plaza Mayor, plaza Las Monjas, c/ Nirvana, c/ Nuestra Señora de los Desamparados, plaza Obradoiro, avda. Las ONG, c/ Ontur, plaza Oriente, c/ Pintor Alfonso Grosso, c/ Pisón, plaza Rey Aurelio, c/ Secoya, c/ Séptimo Día, plaza Las Tendillas, c/ Tierra, c/ Tigris, avda. Turia, c/ Vergel, c/ Viento, y plaza Zocodover.
     El Barrio, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, siendo el conjunto de vías urbanas con características homogéneas, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
    Es una promoción de la empresa inmobiliaria Alfredo Corral, S.A. construida en tres fases entre 1970 y 1979 sobre antiguos campos de labor de la finca de San Ildefonso. Precisamente las siglas de esta razón comercial dan nombre al conjunto residencial, que es idéntico a otro edificado en Valencia por la misma sociedad. La vinculación de la constructora a la región valenciana, donde se fundó y radica, hizo que la mayor parte del viario se rotulase, a propuesta suya, con denominaciones alusivas a poblaciones de la provincia de Valencia, y hasta la parroquia lleva la advocación de los Desamparados, patrona de esa ciudad. En cambio, para las plazas se propusieron nombres de plazas célebres de diferentes capitales españolas. Su trazado ortogonal y sus calles rectas evidencian el carácter de una típica actuación urbanística que no parte de un caserío preexistente. Ello da una especial homogeneidad a la urbanización, acentuada por la uniformidad tipológica de sus edificaciones: bloques de pisos de diferentes alturas y color según fases, pero todos ellos rematados en tejados, que en general presentan un buen estado de conservación. Las zonas verdes, escasas para la densidad de la barriada, están por el contrario muy descuidadas.
     La distancia existente entre la urbanización y el casco antiguo (9 km.) ha propiciado el desarrollo de una conciencia particular entre sus habitantes, que se plasma en un espíritu asociativo (asociación de vecinos, velada anual, Hermandad de Gloria de Nuestra Señora de los Desamparados,...) y en una activa toma de postura ante los problemas que tiene planteada la comunidad: recepción del núcleo por el Ayuntamiento, sanidad, contaminación por la vecina factoría algodonera Nuestra Señora de los Reyes, alumbrado, etc. De ellos, se han resuelto algunas cuestiones con la apertura del ambulatorio de la Seguridad Social, mercado de abastos y escuelas, aunque otros como la infraestructura y el transporte público continúan pendientes de solución. Durante varios años adquirió la barriada un especial relieve comercial con la instalación de un mercadillo dominical instalado en su zona norte, en una amplia explanada poblada de tenderetes y puestos provisionales y atracciones infantiles. Su auge y el bajo precio de las manufacturas ofertadas motivó en repetidas ocasiones la protesta de la asociación de comerciantes del Parque Alcosa por la competencia desleal que dicho mercadillo ocasionaba a los industriales establecidos [Margarita Serrano Soria, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
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jueves, 8 de julio de 2021

Un paseo por la calle Acebuchal

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Acebuchal, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   La calle Acebuchal es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio del Parque Alcosa-Jardines del Edén, del Distrito Este, y va de la calle Chaparro, a la avenida Turia.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
   La vía, en este caso una calle, está dedicada al Acebuchal, campo de Acebuches.
   Rotulada con el nombre del campo de acebuches, para una de las calles del Parque Alcosa. Es una vía peatonal, pavimentada con losetas, y arbolada mediante naranjos y algunas acacias. En su tramo más cercano a la avenida Turia posee un parque infantil. Los edificios, sólo en su acera derecha, son de bloques de cinco alturas, con los bajos ocupados por locales comerciales. 
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lunes, 11 de enero de 2021

Un paseo por la calle Abel

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Abel, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   La calle Abel es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio del Parque Alcosa-Jardines del Edén, del Distrito Este, y va de la confluencia de las calles Tigris y Campos Elíseos, a la calle Éufrates.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
   La vía, en este caso una calle, está dedicada a Abel, personaje bíblico.
   Cruzada a la mitad por la calle Nirvana, que la parte en dos en todos los sentidos, pues al ser ésta última peatonal, la calle Abel tiene dos tramos completamente diferenciados.
   Rotulada con el nombre de uno de los hijos de Adán y Eva, según el tema elegido para las calles del conjunto de calles de esta barriada de los Jardines del Edén. Posee acerado de losetas, calzada pavimentada de asfalto, y con algunos árboles que dividen el aparcamiento en batería, e iluminación con farolas de báculo mural. Los edificios, son viviendas unifamiliares, que disponen de un pequeño porche delantero. 
Conozcamos mejor a Abel, personaje a quien está dedicada esta calle;
La descendencia de Adán y Eva
a) Caín y Abel
   Si los dos primeros hijos de Adán y Eva están frecuentemente representados en el arte de la Edad Media, es como siempre, por razones de prefiguración, extraídas de la concordancia de los dos Testamentos.
   Caín simboliza a los judíos, por ello está tocado con el gorro puntiagudo o cónico impuesto a los israelitas en las juderías. Abel, su hermano menor, prefigura a los gentiles. 
 Pero eso no es todo. Abel es también una de las prefiguraciones de Cristo. Su ofrenda es el símbolo de la Eucaristía; su muerte anuncia la del Salvador en la cruz. Como es el primer pastor, con frecuencia está representado como Buen Pastor, con un cordero en los brazos o al hombro. También es la imagen de Cristo sacerdote, y a este título asociado con Melquisedec (Mosaico de S. Vitale, Ravena).
b) El Baño purificador de Eva
   Después del nacimiento de Caín, Eva toma un baño de purificación. Este tema, desconocido en el Génesis, se ha tomado de Vita Adae et Evae.
c) El Nacimiento de Abel
   Adán lava al recién nacido en un barreño; su hermano mayor Caín vierte el agua.
d) Los Celos infantiles de Caín
   Un capitel del claustro de Tarragona representa a Caín ya celoso de su hermano Abel, que es amamantado por Eva; intenta arrancarlo de los brazos de su madre.
   No se conoce otro ejemplo de este tema, al que no se hace alusión alguna en el Génesis: ha sido inventado por un clérigo catalán de imaginación fértil para preparar el asesinato de Abel.
e) Ofrendas de Caín y Abel
   Gén. 4: 3-6. Caín, el labriego, ofrece al Señor una gavilla de trigo cuyas mejores espigas se reserva; Abel. el pastor, toma el cordero más gordo de su majada. Dios acepta la ofrenda de Abel y rechaza la de Caín.
   ¿Por qué esta preferencia? Porque un Dios siempre es concebido a imagen de sus adoradores y los hebreos primitivos eran un pueblo nómada cuyos pastores errantes superaban en número a los agricultores sedentarios.
   De acuerdo con el texto del Génesis, en el arte cristiano primitivo no se ve ningún altar erigido para el sacrificio; es a partir del siglo XIII cuando las ofrendas son depositadas en uno o dos altares.
   Abel ha recubierto sus manos con un velo, en señal de respeto, al tiempo que Caín presenta con las manos desnudas su gavilla donde la cizaña se mezcla con el trigo.
   ¿Cómo hacer comprender que el Eterno acepta la ofrenda de Abel y rechaza la de Caín? Los artistas adoptaron diversas soluciones.
   1. De acuerdo con las instrucciones del Manual de la Pintura de Denys de Fourna, en el cual se inspira el arte bizantino, la ofrenda de Abel es, en signo de aceptación, consumida por el fuego y la llama del incienso asciende recta hacia el cielo, al tiem­po que el humo desciende hacia el rostro de Caín que se protege con la mano.
   2. La Mano de Dios saliendo de las nubes se vuelve hacia Abel para bendecirlo. A veces hay dos manos celestiales: una bendice a Abel al tiempo que la otra muestra a Caín el puño cerrado.
   3. Dios ha descendido a la tierra: se inclina hacia Abel y da la espalda a Caín.
   4. Encima del altar de Abel planea un ángel que abre los brazos para recibir al cordero aceptado por Dios; detrás del altar de Caín vuela un demonio con alas de murciélago.
   5. Abel está nimbado para subrayar que es el elegido de Dios, Caín no lo está.
f) Caín mata a Abel
   Génesis, 4: 3. Caín, furioso por el rechazo de su ofrenda, mata a su hermano Abel. El primogénito de los hombres es también el primer homicida (Primus natus Kain, primus homicida). San Basilio lo llama «el primer discípulo del Demonio».
   El asesinato de Abel prefigura la muerte de Cristo en la cruz. También es el símbolo de la Felonía. En las Biblias moralizadas, Caín se asimila a Judas que entregó a su maestro Jesús a los judíos para crucificarlo.
   De acuerdo con una leyenda popular de la Edad Media, Caín habría matado a Abel con una rama del árbol de la Ciencia. El instrumento homicida es ya una piedra, un bastón, un hacha, ya una herramienta de agricultor: hoz, azada, azadón, en alusión al oficio de Caín; pero generalmente es una quijada de asno (mandíbula, maxilla asini), semejante a la que emplea Sansón para matar a los filisteos, por­que la edad de hierro comienza en el Génesis con Tubalcaín.
g) La sangre de Abel clama venganza
   De acuerdo con una antigua concepción hebrea, la sangre de la víctima (vox sanguinis) gritaba. Para sofocarla era necesario cubrirla de tierra (Job 16: 18).
h) Caín intenta ocultar el crimen enterrando a su víctima
   Escena infrecuente, sin referencias en el Génesis.
i) La maldición y la huida de Caín
   Génesis, 4:9. Dios pregunta a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abe!?» (Ubi est frater tuus?).» Aquél responde: «No lo sé ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?». Dios lo maldice y condena a errar sobre la tierra, siempre temeroso.
   Según las leyendas, después del fratricidio, Caín habría plantado espinas alrededor de la caverna que habitaba, para alejar a las bestias salvajes, espinas que más tarde servirían para trenzar la corona del Salvador.
   Dicha escena forma pareja con la de los Reproches de Dios a Adán y Eva des­pués del Pecado.
j) Lamentaciones de Adán y Eva sobre el cuerpo de Abel
   Agregado sentimental al relato del Génesis.
   Después de haber matado a su hermano, Caín habría llevado a Adán la ropa en­sangrentada de Abel. Esta escena, ilustrada por un capitel del claustro de la catedral de Tarragona, evidentemente se ha tomado de la historia de los hijos de Jacob que entregan a sus padres la túnica ensangrentada de José.
   En cuanto a la escena de Adán y Eva llorando la muerte de Abel, está calcada de la Lamentación por Cristo muerto y el grupo de la Virgen de la Piedad. Eva toma el cadáver de Abel sobre las rodillas; Adán, que ya tiene el pelo gris, se retuerce las manos de desesperación.
   Un fresco de la Trapa de Lavra, en el monte Athos, agrega un detalle pintoresco y conmovedor. El perro pastor que ayuda a Abel a cuidar sus rebaños, olisca, gemebundo, el cuerpo de su amo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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