Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 24 de julio de 2026

La elaboración del Ajo Espárrago, en Lebrija (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la elaboración del Ajo Espárrago, en Lebrija (Sevilla).  
     El ajo espárrago constituye un plato significativo de la cultura alimentaria tradicional de Lebrija, en la comarca del Bajo Guadalquivir. Se trata de una variante del conocido ajo lebrijano, plato de origen campesino, que incorpora espárragos silvestres como elemento diferenciador. Más allá de su dimensión culinaria, este guiso representa un testimonio vivo de los modos de vida agrarios, las economías de subsistencia y las formas de sociabilidad propias de la cultura jornalera andaluza.
     Históricamente vinculado al trabajo en el campo, el ajo espárrago era preparado en las viviendas de las mujeres jornaleras y consumido colectivamente en el tajo. Su función era doble: alimentar y cohesionar al grupo de trabajo. En un contexto de economías domésticas modestas, esta receta se convirtió en una estrategia de aprovechamiento "pan duro, hortalizas del huerto familiar y espárragos silvestres", expresando un conocimiento profundo de los recursos locales y una ética de no desperdicio.
     El ajo espárrago se elabora con ingredientes sencillos: aceite, tomate, pimiento, espárragos, pan telera desmigado, huevos y sal. La técnica combina el sofrito tradicional con la cocción en perol y la incorporación final del pan, que otorga la textura característica al guiso. El dicho popular "el ajo que abra tajo" alude al punto de consistencia ideal, cuando el guiso mantiene su forma al ser hendido con una cuchara o tenedor.
     El plato se prepara con productos locales: aceite de oliva, ajos, tomates, pimientos, espárragos, huevos, pan de telera (desmigado) y agua.
     En primer lugar se sofríen los ajos en aceite; al dorarse, se incorporan pimientos picados y, después, el tomate. Una vez hecho el sofrito, se añade agua y sal junto con los espárragos, que se cuecen hasta ablandarse. Con el hervor, se agregan los huevos, removiéndolos hasta mezclarlos bien con el caldo. Cuando vuelve a hervir, se retira el perol del fuego y se incorpora la miga de pan, removiendo hasta obtener la consistencia deseada: ni demasiado espesa ni demasiado líquida. 
     Se finaliza colocando en el perol las cortezas del pan y pimientos verdes crudos, que se emplean como "cucharas" para comer el plato de forma colectiva.
     La receta presenta variaciones familiares "con chorizo, espárragos o verduras de temporada" que dan cuenta de la creatividad doméstica y de la transmisión oral del saber culinario.
     La transmisión del saber se realiza de manera intergeneracional y oral, principalmente de madres a hijas, durante las reuniones familiares donde se cocina colectivamente. Este proceso refuerza la centralidad femenina en la gestión alimentaria y en la preservación del patrimonio gastronómico local.
     En la actualidad, el plato ha experimentado un proceso de resignificación, preparándose prepara principalmente en reuniones familiares o festivas, manteniendo su carácter comunitario y simbólico, aunque desvinculado del trabajo agrícola. Su elaboración se ha convertido en un ritual doméstico que refuerza los lazos familiares e identitarios. A pesar de estos cambios en los modos de vida y en la economía local, el ajo espárrago mantiene su presencia en los hogares lebrijanos, sobre todo en invierno y en celebraciones familiares. Su sencillez, su fuerte arraigo simbólico y su vinculación con los productos de la tierra aseguran su continuidad. La celebración del Hermanamiento del ajo lebrijano y el ajo trebujenero desde 2020, en la localidad gaditana, refuerza su proyección identitaria y su dimensión festiva, transformando una antigua comida de campo en un elemento de orgullo colectivo y de intercambio cultural.
     Según las entrevistas, las familias jornaleras que trabajaban en las gañanías de Lebrija, solían aprovechar el pan que sobraba de un día para otro y que se pone duro para hacer el ajo lebrijano. Era una comida económica que utilizaba además las verduras de sus propios huertos. El ajo se solía cocinar en grandes cantidades (sobre 10 personas) ya que las familias de antes eran numerosas y con este plato comía toda la familia. Los agricultores indican que era una comida muy calórica, que daba fueras suficiente para el trabajo del campo.
     Su elaboración y consumo se asocian a las reuniones familiares y son transmitidas oralmente de madres a hijas e hijas, durante esas reuniones. Antaño, este plato supuso un aporte nutritivo para el trabajo del campo, aunque hoy día se asocia a las reuniones familiares y se consume como plato principal (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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Más sobre la localidad de Lebrija (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

martes, 21 de julio de 2026

La Gastronomía del Arroz, en Isla Mayor (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Gastronomía del Arroz, en Isla Mayor (Sevilla)
     La gastronomía del arroz en Isla Mayor esta estrechamente vinculada al cultivo arrocero desarrollado en las marismas del Bajo Guadalquivir, en la provincia de Sevilla. La cocina tradicional de la localidad gira en torno al arroz como alimento central, materia prima cotidiana y representa uno de los principales elementos identitarios de este municipio de colonización surgido en torno a la transformación agrícola de las marismas durante el siglo XX. Su configuración actual responde, en buena medida, a la llegada de familias procedentes de Valencia entre las décadas de 1940 y 1950, atraídas por el trabajo en los nuevos arrozales. Estas migraciones introdujeron técnicas culinarias, recetas y formas de sociabilidad que, al integrarse con los recursos locales de la marisma, dieron lugar a una tradición gastronómica específica de la zona. En este contexto, el arroz no constituye únicamente un producto agrícola, sino también un eje organizador de la vida familiar y festiva. La comida dominical continúa siendo uno de los momentos centrales de reunión intergeneracional, donde la preparación y consumo de arroces mantienen su valor ritual. Asimismo, durante celebraciones religiosas como las fiestas de la Virgen del Carmen o de la Virgen de Sales, y en eventos contemporáneos como la Feria del Arroz y el Cangrejo, la cocina del arroz ocupa un lugar destacado como expresión de cohesión social y orgullo local.
     Entre las elaboraciones más significativas destaca el arroz al horno, considerado herencia directa de la tradición valenciana. Antiguamente, cuando muchas viviendas carecían de horno doméstico, las familias trasladaban las cacerolas a la panadería del pueblo para completar allí la cocción, práctica que convertía la preparación en una actividad compartida. Este plato suele componerse de caldo, garbanzos, morcilla, tocino, carne, tomate y patatas en rodajas.
     La paella constituye igualmente una preparación emblemática, especialmente asociada a los fines de semana y a celebraciones familiares. Tradicionalmente se cocinaba con fuego de leña, preferentemente de naranjo según la costumbre valenciana, lo que exigía experiencia para regular la intensidad del calor mediante el manejo de los troncos. Otro plato destacado es el arroz del señoret o arroz a banda, elaborado con fumet de pescado, sofrito de ajo, tomate y especias, al que se incorporan mariscos ya limpios y pelados, facilitando su consumo. La cercanía de recursos pesqueros y marismeños favoreció históricamente la presencia de pescados y crustáceos en la dieta local.
     Junto a estas recetas festivas existió una cocina cotidiana marcada por el aprovechamiento. Se preparaban arroces con sangre de ave, con casquería, o arroces caldosos a partir del caldo sobrante del puchero del día anterior. También fue frecuente el arroz con pato, aprovechando la abundancia de aves acuáticas en el entorno marismeño. Estas preparaciones evidencian una economía doméstica orientada a no desperdiciar recursos y a adaptarse a las condiciones de dureza material de los primeros tiempos de colonización. 
     La transmisión y práctica de estos saberes culinarios se ha articulado históricamente en el ámbito doméstico. Las mujeres, madres y abuelas principalmente, asumieron la responsabilidad de la alimentación diaria y fueron depositarias de los conocimientos relacionados con la cocina cotidiana, la conservación de alimentos y la preparación de recetas complejas. Las niñas participaban desde edades tempranas en tareas auxiliares y de aprendizaje mediante la observación y la práctica. Por su parte, los hombres solían asumir un papel protagonista en la elaboración de la paella y otros arroces cocinados con leña, actividad asociada al dominio técnico del fuego y a la cocina festiva de exterior. 
     Muchas personas mayores se reconocen hoy como custodias de una tradición heredada de los colonos valencianos y adaptada al paisaje marismeño, otorgando gran valor a la autenticidad del plato y a la continuidad del rito familiar (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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Más sobre la localidad de Isla Mayor (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

martes, 14 de abril de 2026

La elaboración de Albures, en Coria del Río (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la elaboración de Albures, en Coria del Río (Sevilla)
     La elaboración y consumo de albures constituye una práctica culinaria y festiva inscrita en el ámbito de la alimentación tradicional del municipio de Coria del Río, en la provincia de Sevilla. Se vincula de manera directa con la denominada Fiesta del albur, celebrada en primavera, generalmente en el mes de mayo, así como con otros contextos festivos locales como la festividad de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros. El espacio principal de desarrollo es el entorno del río Guadalquivir, especialmente el parque Carlos de Mesa y los establecimientos de restauración próximos a la ribera, donde se instalan infraestructuras efímeras (barras y puestos) para la preparación y consumo colectivo.
     El albur  ha sido históricamente la base de la pesquería fluvial coriana y uno de los productos más emblemáticos de su cocina. Aunque en la actualidad la actividad pesquera local atraviesa un notable declive, el pescado continúa ocupando un lugar central en la memoria gastronómica y en las prácticas festivas del municipio. Durante la Fiesta del Albur, los vecinos y visitantes participan en un ritual de comensalismo comunitario en el que este pescado se convierte en eje vertebrador de la convivencia social. La elaboración más característica en este contexto es el albur frito, si bien a lo largo del año se preparan también otras modalidades tradicionales como el albur en adobo, el albur a la lata y los llamados torteritos (vísceras fritas).
     Las recetas asociadas al albur se caracterizan por su sencillez y por el empleo de ingredientes básicos de la despensa tradicional andaluza.
     Albur frito: Cortado en rodajas, se sala y se enharina ligeramente antes de freírse en abundante aceite de oliva caliente. Es la modalidad más consumida durante la fiesta.
     Albur en adobo: Tras limpiar y trocear el pescado, se macera durante toda la noche en una mezcla de agua y vinagre a partes iguales, ajo machacado, sal, pimentón y orégano. Posteriormente se escurre, se enharina y se fríe.
     Albur a la lata: Recibe su nombre del recipiente metálico, en el que se hornean. Sobre un lecho de patatas, pimientos, cebolla y tomate, aderezado con aceite de oliva y vino blanco, se disponen los albures salados y aromatizados con comino, pimienta negra, laurel y rodajas de limón. 
     Torteritos: Elaborados con las vísceras e higadillos del albur, se enharinan y fríen, constituyendo un ejemplo de aprovechamiento integral del pescado.
     En el ámbito doméstico, la transmisión de las recetas se produce fundamentalmente en el seno familiar, de madres y padres a hijos e hijas, mediante aprendizaje práctico y oral.
     En el contexto festivo, las hermandades locales asumen la organización y preparación culinaria, siendo habitual que las personas de mayor edad, depositarias del saber tradicional, lideren las tareas de cocina. Asimismo, los establecimientos de restauración del municipio desempeñan un papel relevante en la preservación y difusión de estas elaboraciones.
     La elaboración del albur a la lata y del albur frito constituye un saber culinario transmitido oralmente y reforzado en el marco de la celebración anual. Los propios pescadores han actuado tradicionalmente como prescriptores, aconsejando sobre las mejores formas de preparación. No obstante, la continuidad de esta práctica se encuentra condicionada por la situación de la pesca fluvial, actualmente restringida por problemas ambientales y de contaminación. A pesar de ello, la fuerte identificación simbólica del albur con la localidad mantiene viva la expectativa colectiva en torno a su consumo festivo. En algunos años se han promovido concursos gastronómicos centrados en recetas tradicionales del albur, reforzando su dimensión patrimonial.
     La cocina basada en el albur constituye una seña identitaria para la población coriana. Su consumo no solo responde a una práctica alimentaria, sino que articula memorias del trabajo fluvial en la localidad.
     Antaño, este plato supuso un aporte nutritivo en la localidad, aunque hoy día se asocia a la festividad y a establecimientos muy concretos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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