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martes, 3 de octubre de 2023

Las Gradas de Alemanes, de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las Gradas de Alemanes, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     Hoy, 3 de octubre, es el aniversario (3 de octubre de 1990) de la entrada en vigor de la reunificación alemana, celebrándose el Día de la Unidad Alemana, así que hoy es el mejor día para ExplicArte las Gradas de Alemanes, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla, dando un paseo por ellas.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar las Gradas de Placentines, o de Levante [nº 172 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede], en la actual calle Alemanes, en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
     En el s. XIII el tramo final de la calle formaba parte de un espacio conocido por plazuela de Santa María o de Santa María la Mayor, topónimo que subsiste a comienzos del s. XVI. A fines del s. XIV o comienzos del XV aparece el topónimo Gradas, que identifica tanto esta calle como las otras dos que flanquean la Catedral. En algunos documentos del s. XVII es citada como Gradas Altas, y en otros del XVIII y XIX como Gradas Bajas. En un acta capitular de 1607 se encuentra la expresión Gradas de los Boneteros. En 1868 se la rotula oficialmente Sagrario, ya que en su comienzo se encuentra la fachada posterior de la iglesia del mismo nombre. Sin em­bargo, el nuevo topónimo no prospera y recupera inmediatamente el de Gradas.  
        A los pocos años aparece ya el de Alemanes, que se relaciona con unas tiendas de comerciantes de dicha nacionalidad establecidos en ella, y que aparecen citados a mediados del s. XVIII. Es posible que en algún momento se emplee la expresión Grada de los alemanes, y en un documento de 1825 ya se decía "la acera comúnmente llamada de los alemanes". En 1913 se le dio el de Moret, en memoria de Segismundo Moret Prendergast (1838-1913), político liberal, varias veces ministro, que murió dicho año siendo presidente del Congreso. En 1936 recuperó el nombre actual. En 1885 hubo una propuesta de socios del Círculo Mercantil para que se le cambiase por Islas Carolinas, como desagravio por la toma de las citadas islas por Alemania. Otros nombres se relacionan con esta calle: su confluencia con la avenida de la Constitución, el de Punta del Diamante, y el otro extremo, Punta de las Esmeraldas, en el s. XIX, según Álvarez-Benavides, quien también la llama Grada de los Alemanes; un documento de 1816 alude al Sitio de los Malteses, entre la avenida y Hernando Colón. 
       Sus orígenes hay que situarlos en los años finales del s. XII, en que se construye la nueva mezquita aljama, que tenía en esta calle su fachada principal, la actual Puerta del Perdón o del Patio de los Naranjos, y frente a ella la también nueva alcaicería. 
       Se trata de una calle recta y relativamente ancha, característica acentuada por el andén o lonja elevada que bordea la Catedral y corre a todo lo largo de la acera de los pares. Dicha lonja está separada de la calle por medio de columnas y cadenas, instaladas en el s. XIV. En la acera de los impares desembocan Hernando Colón y Álvarez Quintero, y hasta el primer cuarto del pasado siglo dos callejas que formaban parte del complejo de la desaparecida alcaicería. Su parte final, en la confluencia con Cardenal Amigo Vallejo, se amplió a finales del s. XV: en 1479 se compró la lonja de los placentines para derribarla y ensanchar el citado espacio. Un elemento que la individualiza son los soportales, ya que son de los pocos que quedan, de todos los que existieron en la ciudad. No forman una línea continua, pues algunos de­saparecieron al construirse casas nuevas en el pasado siglo. Se sabe que estaban pintados de diversos colores por las denuncias de la prensa de dicha centuria. Aunque hay va­rios pilares, la mayor parte son de columnas. En la que se encuentra en la esquina de Hernando Colón, hay una inscripción, que dice: "Arias Correa labró esta su casa Año de 1591"; y en una viga delante del núm. 9 "Soy de Kreibig", uno de los comerciantes alema­nes que estaban establecidos a comienzos del XIX.
       Dada la importancia de la calle, desde fines del s. XV aparece enladrillada sistema que será sustituido por el empedrado, citado a comienzos del s. XVII, aunque también se habla de enladrillado en esta centuria. Posteriormente fue enlosada y contó con aceras de losetas de Tarifa, ya en el s. XIX. A comienzos de la presente centuria se habla de pavimento de cemento, y de sustituir la losa de las aceras por asfalto; en las décadas siguientes se adoquinará, y en la de 1960 se tenderá la capa asfáltica actual. Las aceras son de losetas, y en los alcorques hay plan­tados naranjos. En 1958 se instaló el alumbrado fluorescente, y en 1971 las farolas de estilo fernandino sólo en la acera de los pares. Entre los siglos XIV y XVII existió en su confluencia con la avenida una fuente, conocida como la Pila de Hierro. Las casas cuentan con tres y cuatro plantas; las mas antiguas son de la segunda mitad del pasado siglo. Su aspecto contrasta con la fachada opuesta, que es el frente norte del Patio de los Naranjos, primitivo patio de abluciones de la mezquita aljama, inaugurada en 1176, que presentaba originariamente un paramento liso con entrantes y salientes, a modo de torreones de una muralla. En el s. XVII fue alterado por la construcción de dos capillas, abiertas a Gradas, y por la fachada posterior de la iglesia del Sagrario, con una tribuna de arquerías, para la que Valdés Leal pintó tres escenas de la Pasión. 
       La importancia de los edificios que la flanquean desde sus orígenes debió convertirla en un lugar de gran animación, que continuó en la etapa cristiana, ya que se mantuvieron las funciones. En el s. XV tenían allí sus tiendas y bancos escribanos públicos, cambiadores y plateros; muchos tenderetes estaban instalados sobre las Gradas pegados a la fachada. Incluso hay noticias de que en el Patio se celebraba una feria o mercado, coincidiendo con la Asunción, hasta 1432. A finales del s. XV en esta calle se instaló el cadalso para las herejes, en el que tuvieron lugar varios autos de fe en la primera mitad del siguiente.
       La actividad económica que tenía por marco las gradas se incrementó en el s. XVI con el descubrimiento del Nuevo Continente y la concesión del monopolio comercial con él. Es significativo que el relieve que se encuentra sobre la Puerta del Perdón, instalado en 1519, represente a Jesús expulsando a los mercaderes del templo. Formará parte de ese gran espacio comercial que durante los siglos XVI y XVII será conocido mundial­mente como Gradas. Aparte de estas actividades, en esta calle se vendían esclavos; establecían sus tenderetes buhoneros y merceros; a ella y al Patio acudían las amas de cría, en busca de quien las contratase, a fines del s. XVI. Al ser lugar sagrado, a el se acogerían también numerosos delincuentes para huir de la justicia, como refleja el siguiente romance de germanía:
          "-Digasme tu, el picañuelo 
          Donde dejas a tu amo?
          -Alla lo dejo, pelota,
          al Corral de los Naranjos.
          Queda con otros jayanes
          que muy mal le habían tratado, 
          perdidas todas las quinas,
          que nada le habrá quedado."
       Tras la construcción de la Lonja de Mercaderes y la posterior pérdida del monopolio, las Gradas fueron perdiendo su impor­tancia económica. A partir de entonces, la animación estará más ligada a la religiosidad, pues desde siglos atrás venía formando parte dcl recorrido de numerosas procesiones, en especial la de la Virgen de los Reyes, pero también de las de Semana Santa, de las de rogativas y otras. Además estaban las hermandades surgidas en torno a los retablos, construidos en el s. XVII. Uno dedicado a la Inmaculada, con una pintura de Herrera el Viejo (1616), mantenido por gorreros y sederos; aquellos celebraban grandes fiestas el día de la Asunción. Otro a Jesús con la Cruz a cuesta, conocido por el Señor de las Fatigas, ante el que, según la tradición, se detenían a orar los que iban a ser ajusticia­dos. De aquí partían varios rosarios en el s. XVII, conocidos por las advocaciones de la Antigua y de la Asunción.
       Ya en el s. XIX, por lo que se refiere a las actividades económicas, a comienzos del mismo, los citados alemanes se dedican al comercio de cristalería y quincalla; otras plantas bajas están ocupadas por cocheras de calesas de alquiler. En su segunda mitad hay referencias a iluminación especial en el Corpus, y a una velada en la fiesta de la Asunción, que se veía muy animada con gente llegada de los pueblos. Por estos años parece que recobra animación, al decir de Álvarez-Benavides. Hoy sus actividades están muy ligadas al turismo, predominan los bares-restaurantes y las tiendas de recuerdos, sobre todo en la primera mitad, pues la segunda carece de establecimientos en los bajos. 
       Se advierte un constante movimiento de turistas, que ocupan los veladores de la aceras; además existe una parada de coches de caballos a todo lo largo de la acera de las gradas. Posee un cierto trafico de vehículos [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]
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jueves, 29 de septiembre de 2022

Las Gradas de San Miguel de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las Gradas de San Miguel,  de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     Hoy, 29 de septiembre, Fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. En el día de la dedicación de la basílica bajo el título de San Miguel, en la vía Salaria, a seis millas de Roma, se celebran juntamente los tres arcángeles, de quienes la Sagrada Escritura revela misiones singulares, y que sirviendo a Dios día y noche, y contemplando su rostro, a Él glorifican sin cesar [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar las Gradas de San Miguel [nº 163 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede], en la actual avenida de la Constitución, en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
     Recibe esta denominación (Gradas) por los escalones que salvaban el desnivel existente entre aquella y la calle. 
     Desde la conquista castellana en el s. XIII y probablemente antes, a raíz de la inauguración de la nueva mezquita mayor hacia 1176, ha sido una calle de gran importancia económica. El comercio, desde los años iniciales de la Sevilla castellana, tiene un nombre propio: genoveses. La colonia mercantil de dicho origen recibe de Fernando III, además de exenciones fiscales, lonja y barrio o calle, a la que le dan nombre. El edificio de aquélla se conservó hasta entrado el s. XIX en la esquina con García de Vinuesa. Sin embargo, a mediados del s. XIV esta calle ya estaba habitada en parte por sevillanos, y desde finales de dicha centuria residen diversos artesanos, destacando los relacionados con oficios artísticos y con el comercio como plateros y cambiadores. 
     En los siglos XV y XVI se les sumarán los relacionados con el textil (sastres, calceteros, jubeteros, tundidores y otros), que son muy numerosos. A fines del s. XV hacen su aparición los primeros representantes de una actividad que también estará ligada a la historia multisecular de la calle: los impresores y encuadernadores de libros. Muchos de los que inician la serie son extranjeros, como Menardo Ungut y Lanzalao Polono, entre los siglos XV y XVI; en las siguientes centurias aparecen, entre otros, Jacobo Cromberger, Monardes, Andrea Pescioni o Varela de Salamanca, en el s. XVI; Andrés Grande y Nicolás Rodríguez, en el XVII; Sánchez Reciente, en el XVIII. Esta importancia económica ha quedado identificada por siglos con otro topónimo: Gradas. En estos andenes de la Catedral desde época medieval, pero sobre todo en los siglos XVI y XVII, se apiñaba diariamente una gran cantidad de gente, que iba a comprar y vender; a ver y a departir: a aprovecharse de las dificultades ajenas adquiriendo todo género de bienes en las almonedas; tenderos y tenderas instalaban sus tenderetes encima de las gradas o a ras de la calle; en los soportales de las casas de Génova y de Gradas, en gran parte propiedad de la Catedral, escribanos y escribientes, cambiadores y banqueros, atendían a clientes de muy diverso origen y condición; incluso las amas de cría acudían diariamente a fines del s. XVI en busca de contrato de trabajo; y los pregoneros voceban subastas y cualquier  tipo de  contrato, que  hacen decir a Morgado: "Acerca de lo qual se puede notar por grandeza de Sevilla, la continua, perpetua y grande abundancia de prendas de gran valor que allí se rematan, assí de oro y plata labrada como de grandes possessiones, ropas costosíssimas, tapicerías riquíssimas y muchíssimos esclavos, con toda toda suerte de armas y quantas riquezas puedan imaginarse" (Historia de Sevilla). 
     En fin, los pícaros encontraban campo abonado para su actividad. Sobre este movimiento, las campanas de la Giralda y los oficios en la  Catedral iban marcando el ritmo de dichas actividades. Cuando se traspasaba el Arquillo del Almirantazgo, el panorama cambiaba algo. A la izquierda se encontraban hasta la segunda mitad del s. XVI las ya citadas Herrería Real y la Casa de la Moneda primitivas, y posteriormente la Lonja de Mercaderes. Aunque esta última tuvo que luchar contra la costumbre de siglos, por la resistencia de los protagonistas del comercio a cambiar de lugar, poco a poco los mercaderes se fueron trasladando desde Gradas a este edificio; sin embargo en 1602 los pregoneros solicitaban seguir desempeñando su actividad en aquélla "atento a que en la Lonja no acude gente" (Sec. 10, 23-VI-1602). En la acera frontera se localizan casas y almacenes, probablemente destinados a contener el aceite que entraba por el cercano Postigo de este nombre. Sobre algunas de ellas se levantó en 1517 el ya citado Co­legio Mayor y Universidad de Santo Tomás, de los dominicos [Antonio Collantes de Terán Sánchez, Josefina Cruz Villalón, Rogelio Reyes Cano, Salvador Rodríguez Becerra, y V.P.E., en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
     Frontero a la Catedral existió, hasta su reciente derribo, un conjunto de edificios conocido con el nombre de Colegio de San Miguel. En este lugar se situaba, en el siglo XIV, un cementerio del mismo nombre y una mezquita, propiedad del Cabildo Catedral, con un corral plantado de palmeras, y las Carnicerías Viejas, de cuyo tiempo se conserva todavía el arco ojival, que da paso a las edificaciones actuales. Más tarde, se construyeron casas y almacenes para servicio de la Catedral, y un colegio, al que se trasladaron los colegiales o mozos de coro en 1635. Todo el conjunto estaba adosado a un lienzo de muralla que terminaba en la torre de San Miguel, junto a la puerta del mismo nombre de la  Catedral.
     Parece que en principio existieron tres viviendas, aparte los almacenes, que, posteriormente se dividieron. Todas las casas eran de dos plantas, con fachadas avitoladas. La primera poseía un patio con columnas en tres de sus frentes y el cuarto con pilastras; la misma organización se repetía en la planta superior.
     De menores proporciones era el patio de la última vivienda, con sólo dos arcos en cada uno de los tres frentes que poseían galerías. Al fondo de esta casa, un pórtico con doble arcada sobre colum­nas pareadas en la planta baja, y galería adintelada en la superior. Por detrás de todas estas vi­viendas corría un gran salón dividido en dos naves por una arquería y apoyado en la muralla, que servía de almacén [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Miguel, arcángel;
Los  arcángeles  individuales
   Los arcángeles forman una clase aparte en la jerarquía celeste, porque entre las cohortes innumerables de los ángeles, son los únicos no anónimos.
   Por esa razón son los más importantes desde el punto de vista iconográfico. Pero no debe creerse por ello, como el nombre de arcángeles podría sugerir, que ocupen la cima de la jerarquía. En realidad son sólo el penúltimo escalón del Orden Inferior.
   Los teólogos cuentan generalmente siete, número sagrado. Miguel y Gabriel son conocidos por el Libro de Daniel, Rafael por el Libro de Tobías, Uriel por el Libro apócrifo de Henoc y por el cuarto Libro de Esdras.
   El nombre de los otros tres varía según las fuentes: Baraquiel se convierte a veces en Maltiel, Jehudiel en Jofiel, Sealtiel en Zeadkiel. Se los suma o sustituye en ciertos textos por Peliel y Raziel.
   Todos sus nombres terminan en el que significa Dios. Son nombres teofóricos.
a) Funciones y atributos
   Los clérigos de la Edad Media ingeniaron distinguirlos por sus acciones y con emblemas apropiados.
   Michael victoriosus, princeps militiae caelestis, pugnat cum dracone.
   Gabriel nuntius, ad Mariam missus.
   Raphael medicus: Tobiae oculos sanavit.
   Uriel fortis socius, qui Esdram instituebat.
   Barachiel (Malthiel), adjutor, qui Moysem in flamma praecedebat.
   Jehudiel remunerator, praeceptor Semis, filii Noachi.
   Sealtiel (Zeadkiel), orator, in immolatione Issaci gladium prohibebat.
   A esta lista se agregan:
   Peliel qui luctabatur cum Jacobo.
   Raziel a quo Adam e Paradiso ejectus.
   Así, Miguel es el jefe de la milicia celeste, Gabriel el mensajero enviado a la Virgen, Rafael el médico que cura al viejo Tobías, ciego.
   Uriel habría sido el preceptor de Esdras y Jehudielel de Sem. Raziel habría expulsado a Adán del Paraíso, Sealtiel fue quien detuvo el sacrificio de Isaac, Peliel quien luchó con Jacob. Maltiel quien precedía a Moisés y a los israelitas en fuga con una columna de fuego.
   A este reparto de funciones corresponden atributos característicos. Miguel, vic­torioso contra el dragón, blande la espada o la lanza; Gabriel, el mensajero, sostiene una linterna encendida y un espejo de jaspe verde sobre el cual se inscriben las órdenes de Dios; Rafael, el sanador, lleva un recipiente de ungüento y da la mano derecha al joven Tobías encargado del pez milagroso.
   Uriel, cuyo nombre se interpreta con el significado de luz o llama de Dios (Lux vel Ignis Dei), y que por esta razón se ha identificado con el ángel que empuña una espada llameante en la entrada del Paraíso, se reconoce por la espada y las llamas que brotan bajo sus pies.
   Jehudiel, el "remunerator", aquel que recompensa y castiga, lleva una corona de oro y un látigo de tres tiras; Sealtiel, el intercesor, tiene las manos juntas en actitud de plegaria; Baraquiel (Bendición de Dios) descubre rosas blancas en un pliegue de su túnica.
b)  Grupos o sinaxis de siete, cuatro o tres arcángeles
     l) No es habitual, al menos en el arte de Occidente, encontrar el ciclo completo de los siete arcángeles porque la Iglesia romana, al considerar apócrifo el Libro de Henoc, excluyó a Uriel. En 746 el concilio de Letrán limitó el culto de los arcángeles a los tres primeros: Miguel, Gabriel y Rafael.
   No obstante, en un fresco hallado en la iglesia de San Ángel, de la Orden de los Carmelitas (Palermo, 1516) se veía a la Trinidad rodeada por los siete arcángeles. Un grabado de Hieronymus Wierix nos ofrece una copia libre de esta cohorte de arcángeles agrupados de tres en tres alrededor de San Miguel, considerado su jefe. En Roma, la iglesia Santa María de los Ángeles, instalada en el siglo XVI en las Termas de Diocleciano, estaba consagrada a la Virgen y a los siete arcángeles. En Alemania, los siete arcángeles eran los patrones de los siete Electores del Sacro Imperio Romano Germánico. 
   2) El cuarteto de los cuatro grandes arcángeles es frecuente en el arte bizantino puesto que el Libro de Henoc gozaba en Oriente de una autoridad igual a la de los canónicos, y allí, Uriel está situado en el mismo plano que Miguel, Gabriel y Rafael.
   Relacionados con los cuatro puntos cardinales, los cuatro arcángeles se prestan de maravilla para la decoración de las pechinas de las cúpulas donde parecen, como los cuatro evangelistas, montar guardia alrededor del Pantocrátor.
   Este tema, específicamente bizantino, está o estaba ilustrado por numerosas manifestaciones pertenecientes al arte copto, eslavo y siciliano.
     3) El grupo de los tres primeros arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael es, por el contrario, común al arte de Oriente y al de Occidente.
   En la Iglesia ortodoxa el tema se conoce por el nombre de Sinaxis de los Arcángeles (Synaxis tôn Arkhaggelôn). Los tres arcángeles llevan la imagen de Cristo alado en una aureola formada por la intersección de numerosos triángulos. Abundan los ejemplos en la pintura del monte Athos: Monasterio de Dochiariu, mesa del convento de Dionisiu (1547). El nombre de los arcángeles está representado por la primera letra de éste inscrita en lo alto del nimbo. Rafael, vestido de sacerdote, ocupa el lugar de honor: está en el centro, entre Miguel el guerrero y Gabriel el pacífico. Simbolizan los poderes religioso, militar y civil.
   Uno de los ejemplos más antiguos en Occidente es el antipendio de oro repujado de la catedral de Basilea. Los arcángeles acompañan a Cristo. El guerrero, San Miguel, tiene una lanza, Gabriel y Rafael, más pacíficos, largos bastones con pomo. En el arte italiano de los siglos XV y XVI, el joven Tobías, en vez de estar acom­pañado sólo por Rafael, con frecuencia camina bajo la protección de los tres arcángeles.
San Miguel, arcángel
   Miguel, el más popular de todos los arcángeles, es también el que tiene una personalidad más definida. Es un guerrero, un caballero, el archiestratega o el condestable de las milicias celestiales (princeps militiae angelorum, prince of the heavenly host). A este título, es él quien dirige el combate contra los ángeles rebeldes que precipita en el abismo, y quien, en el Apocalipsis, salva a la Mujer que acaba de parir, símbolo de la Virgen y de la Iglesia, combatiendo contra el dragón de siete cabezas. La Iglesia romana lo considera su defensor (custos Ecclesiae romanae).
   También es el santo psicopompo, el conductor de los muertos cuyas almas pesará el día del Juicio. En inglés se lo llama «The Lord of Souls» (El Señor de las almas).
a) Culto
   Su culto reemplazó al de las divinidades paganas, al del dios egipcio Anubis y en particular al de Mercurio, el Hermes psicopompo, que en la mitología tenía una función análoga. Una colina de la Vendée aún se llama Saint-Michel-Mont-Mercure (San Miguel monte Mercurio). En Gottesberg, cerca de Colonia, una capilla de San Miguel reemplaza a un templo de Mercurio. En un cuadro de Signorelli (Museo Metrop., Nueva York), san Miguel Arcángel lleva un caduceo cincelado sobre la pechera de la coraza.
Lugares de culto
     1º En Oriente. Sea o no San Miguel el Hermes cristiano, lo cierto es que en todo caso la cuna de su culto se encuentra en el Oriente helenizado, donde se le consagraron los primeros santuarios. El emperador Constantino construyó en Bizancio un Michaelion; a principios del siglo IV, en Alejandría, se fundó una iglesia bajo la advocación de San Miguel. En Constantinopla y en sus arrabales europeos y asiáticos se contaban unos treinta santuarios dedicados al archiestratega. En los Balcanes, su santuario más célebre es la iglesia del monasterio de Lesnovo, en Serbia, dedicada en el siglo XIV «al gran voivoda y archiestratega Miguel».
     2° En Occidente, a finales del siglo V, el culto de San Miguel se implantó en el monte Gárgano (o Galgano), en Apulia, en esa Italia meridional que recordaba haber sido la Magna Grecia. El 8 de mayo de 492 el arcángel se manifestó sobre ese promontorio del Adriático que con San Nicolás de Bari se convertiría en el lugar de peregrinación más celebre de Italia meridional. El 8 de mayo quedó como el día de su fiesta.
   Es indudable que los primeros santuarios italianos de San Miguel surgieron en la zona de colonización griega y de influencia bizantina. Por ello no pueden tenerse en cuenta las tesis de ciertos arqueólogos alemanes que quieren asimilarlo al dios germánico Wotan, y convertirlo en el santo nacional de los lombardos.
   El relato de esta  angelofanía aparece en la Leyenda Dorada: un tal  Garganus, al ver que uno de los toros de su tropa escapaba y se introducía en una caverna de la montaña, lo persiguió y le disparó una flecha. Pero en vez de golpear al toro ésta se volvió en su contra. 
    El obispo de Sipontum (Manfredonia), asombrado por el prodigio ordenó tres días de ayuno, a su término, San Miguel apareció en la entrada de la caverna y de­claró que ésta sería de allí en adelante su santuario.
   Esta leyenda del toro es también la del origen de un santuario rupestre no menos famoso, el del monte Saint Michel, en Normandía. El arcángel se aparece a San Auberto, obispo de Avranches, y le ordena consagrarle una iglesia en el sitio donde encuentre un toro oculto por ladrones. La cripta dedicada en 709 reproducía la gruta del monte Gárgano. La imitación es flagrante. Por otra parte, en la Francia de la Edad Media, ¿acaso no se decía «Michiel de Gargan»?
   Desde el monte Gárgano y desde el monte Saint Michel, desde los confines de Pouillé y Normandía, el culto del arcángel, matador del dragón, surgido como San Jorge del Oriente helenizado, brilla en toda la cristiandad occidental. En Italia, Rávena y Roma son las primeras que lo acogen. La iglesia de San Michele in Affricisco de Ravena fue consagrada  en 546. En Roma, el papa San Gregorio Magno vio aparecer encima del mausoleo de Adriano al arcángel celeste que secaba su espada san­grante y la volvía a enfundar después de una epidemia de peste. Le dedicó una ca­pilla en el Mausoleo Imperial que tomó el nombre de Castillo de Sant' Angelo.
   Los lombardos consagraron a San Miguel basílicas en Pavía y en Monza, si­guiendo el ejemplo de Ravena.
   Francia llevó aún más lejos la devoción a Monseñor San Miguel a quien convirtió en un santo nacional. En 709, el conde Wulfoald aportó a Saint-Mihiel, en la diócesis de Verdun, reliquias del monte Gárgano. En 792 se le dedicó una capilla aérea en Saint-Michel d'Aiguilhe, en Puy-en-Velay, en la cima de un promontorio de basalto. En Poitou, cerca de Luçon, se levanta la abadía de Saint-Michel-en l'Herm. Los reyes franceses de la dinastía de los Valois pusieron bajo su protección al reino de la flor de lis. Carlos V, Carlos VII y Luis X1 fueron en peregrinación al mon­te Saint Michel. Luis XI fundó en 1469 la orden de caballería de San Miguel. Borgoña, cuyos duques estaban consagrados a San Andrés, patrón de la orden del Toisón de Oro, acogió en el siglo XVI al patrón de los Valois y en l529 se erigió una iglesia dedicada a San Miguel en Dijon.
   San Miguel es el protector de Bruselas donde comparte con Santa Gúdula el título de patrón de la colegiata.
   En Alemania -Baviera- era particularmente venerado. La iglesia de los jesuitas de Munich estaba consagrada a él, al igual que la de Berg-am-Laim.
   Aunque Inglaterra estuviera consagrada a San Jorge, Comwall (o Comualles inglesa), también posee un monte «San Miguel».
   Sin duda se habrá advertido que la mayoría de los santuarios del arcángel, al menos en la época medieval, están situados en las cimas (in summitate): monte Gárgano, monte Saint Michel, Aiguille de Puy. Cuando tiene una capilla dedicada en una iglesia, se trata generalmente de una capilla alta, dispuesta en el nivel del púlpito, preferentemente encima del pórtico o del nártex. San Miguel era considerado, en efecto, el guardián por excelencia de la puerta de los santuarios, encargado de impedir con la espada la entrada al demonio. Tal era el caso anterior de la abacial carolingia de Saint Riquier, en Picardía y el de la abadía de Cluny. Aún pue­den verse ejemplos en Saint Philibert  de Tournus, en Saint Bénoit sur Loire, en el púlpito de Semur-en-Brionnais. La capilla alta del Castillo de Sant' Angelo se lla­maba S. Angelus inter nubes. Una imagen del arcángel coronaba frecuentemente las flechas de los campanarios. Por ello podemos hablar de un culto aéreo de san Miguel, análogo al del profeta Elías, también venerado «in excelsis».
   El culto de San Miguel no está localizado sólo en las capillas altas sino también en las de los cementerios. Su intercesión se invocaba allí a causa de la función de pesador de almas que desempeña  en el Juicio Final. Casi todos los osarios tenían una capilla dedicada a San Miguel: las del cementerio de los Inocentes y la del Saint Martín des Champs en París han desaparecido; pero entre los santuarios de este género que perduran pueden citarse la iglesia de Saint Michel de Burdeos, edificada sobre una antigua necrópolis cuya tierra tenía la propiedad de momificar los cadáveres. Las cofradías consagradas al amortajamiento lo elegían de buena gana como patrón. El Oriente bizantino ofrece ejemplos análogos. No es por azar que la iglesia funeraria del Kremlin de Moscú, donde están enterrados los zares, estuviera consagrada al arcángel Miguel.
   Patronatos.- Numerosas corporaciones estaban bajo el patronato de san Miguel. Todos esos patronazgos de origen iconográfico derivan de sus atributos: la espada o la balanza.
     l. Su armadura y espada le valieron la clientela de los esgrimistas, maestros de armas, pulidores y también doradores porque su armadura era dorada;
     2. A causa de las balanzas del Juicio, es patrón de todos los oficios que se sir­ven de la balanza: pasteleros, barquilleros, boticarios, especieros, merceros, pesadores de granos, y maestros bañistas o agüistas, porque en el pesaje de las almas se ven pequeñas figuras que simbolizan las almas sumergidas en los platos de la balanza como en una bañera.
La contrarreforma y la actualización  del culto de San Miguel
   En el siglo XVII el culto de san Miguel adquiere un nuevo impulso y también un nuevo carácter por influencia de la Contrarreforma. El jefe de la milicia divina que triunfa contra Lucifer y los ángeles rebeldes, para los jesuitas simboliza el triunfo de la Iglesia católica contra el dragón de la herejía protestante: por esa razón se pusieron bajo su advocación magníficas iglesias en Munich y en Viena.
   Un grabado de Jan Galle titulado Diaboli Haereticique Lapsus simillimus repre­senta a San Miguel arrojando a Lucifer desde lo alto del cielo y paralelamente a la Iglesia precipitando a Lutero a las llamas del Infierno.
b) Iconografía
   La extensión del culto del arcángel San Miguel explica la riqueza de su iconografía.
1. Figuras
   Durante la Edad Media varió el tipo iconográfico de san Miguel. En Bizancio lleva clámide purpúrea o el loros de la corte imperial; en el mosaico del arco del triunfo de San Apolinar in Classe, cerca de Ravena, sostiene un asta larga rematada por una tablilla con la triple aclamación: Agios, Agios, Agios. En Occidente viste en principio una larga túnica, y además, cota de malla y casco de caballero. Sus armas son ya una lanza, ya una espada flamígera. En la mano izquierda sostiene a veces un escudo de cristal espejeante. Sobre el escudo se lee esta inscripción: Quis ut deus. En ocasiones presenta la cabeza del dragón como David la del gigante Goliat.
   A causa de la peregrinación marítima al monte Saint Michel, lleva conchas como atributos, como el apóstol Santiago. A veces, la pechera de su coraza adopta la forma de una concha.
   Generalmente se lo representa de pie, sobre la tierra o en el aire. Entre los escasos ejemplos conocidos de San Miguel a caballo, puede citarse un fresco del siglo XII, de Saint Savin, en Poitou y el fresco de Lesnovo (Serbia ), pintado en el siglo XIV, hacia 1345.
2. Ciclos
3. Escenas
   Las escenas de la gesta de San Miguel preferidas por el arte cristiano son: 1º El combate contra el dragón; 2° El pesaje de las almas; 3° Sus tres apariciones en el monte Gárgano, en el monte Saint Michel y en el mausoleo de Adriano o Castillo Sant' Angelo; 4° Sus milagros.
     San Miguel vence al dragón 
   El tema se ha tomado del Apocalipsis 12, 7-9: «Hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles peleaban con el dragón, y peleó el dragón y sus ángeles ( ...) Fue arrojado el dragón grande, la antigua serpiente, llamada Diablo y Satanás ( ...) y fue precipitado en la tierra, y sus ángeles fueron con él precipitados.»
   San Miguel hundiendo su lanza en las fauces del dragón podría ser confundido con San Jorge. Pero es un San Jorge alado; el combate de San Miguel es una batalla aérea (praelium in coelo). Además, no es un duelo: los dos jefes, Miguel y Satanás, están rodeados por sus ángeles que toman parte en la lucha.
   Este tema iconográfico, creado en el siglo VII en la caverna del monte Gárgano, fue imitado en la cripta del monte Saint Michel y difundido en sellos y miniaturas.
   El arte francés del siglo XIII hizo de San Miguel un caballero de la cruzada.
   Se deben distinguir dos versiones, según que el arcángel combata a pie o a caballo. 
     San Miguel pesando las almas
   Según Künstle, es por error que se reconoce a San Miguel en el ángel que pesa las almas en el Juicio Final. Se ha confundido conductor de almas (Seelenführer) con pesador de almas (Seelenwager). El error provendría de la representación del ángel anónimo que vigila la balanza, armado con una lanza o una espada para echar al diablo, que reemplazó a la Mano de Dios o al Cristo Juez. Se llegó a la conclusión de que se trataba de san Miguel.
   Esta teoría es indefendible. La prueba de que la Edad Media identificaba al pesador de almas del Juicio Final con el arcángel guerrero, vencedor de Satanás, es que San Miguel es el patrón de la corporación de los balanceros. Y por añadidura, es fácil citar un considerable número de obras de arte románicas y góticas en que el pesador de almas es sin lugar a dudas San Miguel. Un frontal o antipendio catalán del siglo XIV, conservado en el Museo de Artes Decorativas de París, nos presenta un santo que sostiene la balanza del Juicio Final y que al mismo tiempo hiere al dragón. No es posible dudar acerca de la identidad de una figura semejante. En el siglo XV, en un grupo de piedra policromada de la iglesia champanesa de Mussy-sur-Seine, el arcángel traspasa con su lanza al dragón al tiempo que pesa las almas con la balanza.
   Es cierto que San Miguel fue en principio considerado conductor y guía de las almas (psicopompo) porque había disputado a Satanás el alma de Moisés; pero posteriormente se le atribuyó la función de pesador de almas en el Juicio Final. A veces la balanza está suspendida de la Mano de Dios que aparece en una nube.
   San Miguel está allí sólo para vigilar el platillo derecho y recibir las almas de los justos al tiempo que enfrente, el demonio intenta torcer la balanza e inclinarla de su lado.
   Pero lo más habitual es que el propio San Miguel sostenga la balanza. Después de Cristo, es el personaje más importante del Juicio Final. Es por ello que los artistas primitivos le otorgaron un tamaño desmesurado (tímpano de Autun, políptico de Beaune).
   En alabastros ingleses del siglo XIV, junto al arcángel pesador de almas, aparece la Virgen misericordiosa inclinando la balanza en favor de un alma que implora, apoyando el rosario sobre el extremo del astil.
     Las apariciones de San Miguel
     I. La aparición al obispo de Siponte en el monte Gárgano y el milagro del toro
   Gárgano dispara contra un toro escapado una flecha que invierte el sentido y regresa a su ojo. El obispo de Siponte extrae la flecha, y de acuerdo con las instrucciones del arcángel, le consagra el monte. Este tema está particularmente presente en el arte español de finales de la Edad Media.
     II. Aparicicón de San Miguel a San Auberto, obispo de Avranches.
     III. Aparición del arcángel San Miguel en el mausoleo de Adriano (castillo Sant' Angelo) 
   Durante una epidemia de peste que diezmaba a la población de Roma, el papa Gregario Magno ordenó una procesión para implorar el fin de la plaga. Él mismo vio aparecer al arcángel San Miguel sobre el mausoleo de Adriano, enjugando la sangre que le enrojecía la espada: era el signo del final de la prueba. A partir de entonces el mausoleo recibió el nombre de Castillo de Sant' Angelo.
     Los milagros de San Miguel
   Este ciclo fue representado en el siglo XIV sobre los muros de la iglesia de Lesnovo, en Serbia, dedicado a los arcángeles Miguel y Gabriel.
   El arcángel San Miguel rechaza a la flota sarracena, cura a siete jóvenes leprosos, exorciza a un monje demoníaco. Josué se prosterna frente a él. Protege a los tres jóvenes  hebreos en el horno.
   Se le atribuye también un milagro relativo a la peregrinación al monte Saint Michel, en la cual también se profesa el culto de Nuestra Señora.
   Una mujer y su hijo fueron sorprendidos por la resaca entre la costa y la isla del monte Saint Michel, parecían condenados a morir ahogados cuando San Miguel intervino para detener las olas que formaron una suerte de cúpula a cuyo abrigo pudieron esperar que el mar se retirase (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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lunes, 4 de julio de 2022

Las Gradas de Placentines, o de Levante, de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las Gradas de Placentines, o de Levante,  de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     Hoy, 4 de julio, son las fiestas mayores de Piacenza, ciudad italiana de la que toma su nombre la calle Placentines, y de ésta la zona de las Gradas de la Catedral, más próxima a ella, así que hoy es el mejor día para ExplicArte las Gradas de Placentines, o de Levante, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar las Gradas de Placentines, o de Levante [nº 171 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede], en la actual calle Cardenal Carlos Amigo, en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
     Recibe esta denominación por estar allí ubicada la lonja que tuvieron los comerciante procedentes de Piacenza, en la Lombardía. La parte mas ancha aparece en el s. XIII como plaza de Santa María, y luego Gradas o Gradas de Levante, nombres con los que se ha conocido hasta mediados del s. XIX el espacio comprendido por el Patio de los Naranjos, la Giralda y el Palacio Arzobispal. En la segunda mitad del pasado siglo formaba parte de la plaza de la Giralda. Las barreras o callejas existentes en ella han podido tener nombres propios en algún momento, como el de Pedro Ibáñez en 1362, o el de Postigo del Arzobispo en el s. XV. A principios del s. XIX, una era conocida como del Vapor por una tintorería que allí hubo, según Santiago Montoto. La esquina del Palacio Arzobispal con Cardenal Amigo Vallejo era conocida por el pueblo como "Matacanónigos" por los vientos que corren en invierno y las pulmonías que provocaban.
     Debió ser estrecha, y fue ampliándose con diversas actuaciones; así se derribaron una "casa-sobrado de la iglesia de Santa María la Mayor'', y los ajimeces de las otras casas que estaban cerca de ella... Porque la dicha calle quedase abierta y desembargada para poder pasar por ella las cruces que van en la procesión y los pendones del rey y de Sevilla" (Sec. 15, 1410, núm. 95). Frente a la fachada­ lateral del Palacio Arzobispal existió la citada Lonja de los placentines y milaneses, que vendieron a la ciudad en 1480 para construir una plaza y tiendas. La construcción del Palacio Arzobispal en la segunda mitad del s. XVII y la desaparición de un arquillo que comunicaba las casas del arzobispo con la Catedral, próximo a la Giralda, en el XVIII, conformaron este espacio tal como hoy lo conocemos. 
     En los s. XV y XVI estuvo enladrillada y posteriormente empedrada; a mediados del s. XIX y cuando se empedraba de nuevo surgió una viva polémica entre los vecinos por­ que unos deseaban que se embaldosara y cerrara al tráfico por los continuos atascos y daños que producían a las casas los coches y carros, y otros, que se ensanchara y facilitara el acceso a Francos y Argote de Molina. En la primera década del siglo actual se adoquina, habiéndose cubierto con asfalto posteriormente. Presenta amplias losetas de cemento y losas de Tarifa. Cuenta con naranjos en alcorques en ambas aceras y columnas de piedra unidas con cadenas en la del Patio de los Naranjos. Éstas, que habían desaparecido, fueron repuestas en 1864 a pesar de la orden del Ayuntamiento que mandó retirarlas. Se ilumina con farolas de fundición adosadas y de pie de tipo fernandino. 
   Ha conservado parte de la función comercial que tuvo en tiempos medievales con la lonja de los placentines y milaneses y las tiendas que luego la sustituyeron. Un documento de 1488 autoriza a los alcaldes de correría a examinar la buhonería de esta calle (Sec. 16, núm. 17). Conserva todavía algún comercio tradicional en razón de la proximidad de los centros eclesiásticos.
    Pero sin duda la función que la singulariza y hace famosa, traspasando las fronteras locales, es ser lugar privilegiado de paso de las procesiones que parten del templo catedralicio. Muchas cofradías durante la Semana Santa, tras terminar la Carrera oficial a la salida de la Catedral por la Puerta de los Pa­los, embocan hacia Cardenal Carlos Amigo, alcanzan­do altas cotas de belleza.
   Destacan el núm. 39, del siglo XVIII, con dos plantas y ático con arcos rebajados y portada flanqueada por pilastras toscanas y rematada por entablamento y cierro de madera. También la núm. 41 por la rica colección de herrajes en sus balcones. Termina la calle con la fachada lateral del Palacio Arzobispal en la que se abre la puerta de servicio. Por ser lugar privilegiado para el goce estético, ha sido cantado por escritores y poetas que han resaltado el encuadre que desde la calle tiene la Giralda (Romero Murube, en Ya es tarde), el paso del Gran Poder (Pio Baroja en El Nocturno del Hermano Beltrán), el de la Macarena (Muñoz y Pabón en Colorín, colorado "La promesa"), y el del Cristo de la Buena Muerte (Ramón Cué en el poema de­dicado a esta imagen que procesiona el Martes Santo) [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
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lunes, 6 de diciembre de 2021

Un paseo por la avenida de la Constitución

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida de la Constitución, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 6 de diciembre, es el aniversario (6 de diciembre de 1978) de la ratificación por el pueblo español en referéndum de la Constitución Española en vigor, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la avenida de la Constitución, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La avenida de la Constitución es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de Santa Cruz y del Arenal, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de las plazas de San Francisco, y Nueva, a la plaza Puerta de Jerez.
     La avenida no posee siempre una adscripción precisa. En términos generales corresponde a un gran eje urbano, bien caracterizado desde el punto de vista genético, porque estructura el crecimiento de la ciudad; morfológico, ya que es ancha; y funcional, sobre todo por canalizar el tráfico rodado. Sin embargo, de acuerdo con esta definición, no hay razones, más que las convencionales, para considerar a unas vías como avenida y su prolongación, como calle. En otros casos, las avenidas constituyen el eje principal de un sector determinado o de una barriada, y si bien poseen las características de vía principal en relación a ese sector, no alcanzan dicho valor en el conjunto de la ciudad. La avenida posee sobre todo un valor simbólico, y prueba de ello es que en Sevilla la avenida por excelencia es la hoy denominada de la Constitución, centro neurálgico de la ciudad, tanto de sus fiestas religiosas como de la actividad bancaria, y así es es reconocida sólo como la avenida. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.  
     Esta avenida se ha formado como resultado de la unificación de una serie de calles que tuvieron denominaciones diversas a lo largo de los siglos. El primer tramo, hasta el cruce de Alemanes y García de Vinuesa. se denominó desde el s. XIII Génova, por haber sido instalados en ella los individuos procedentes de dicha ciudad italiana a raíz de la conquista castellana. En 1897, al producirse el asesinato del presidente del gobierno Cánovas del Castillo, se le dio su nombre. El segundo tramo, que comprendía toda la fachada de la Catedral, se conocía, al menos desde el s. XIV, como Gradas, por los escalones que salvaban el desnivel existente entre aquella y la calle. Durante la primera mitad del s. XIX se la conoce como Punta del Diamante, hasta que en 1845 se vuelve a Gradas de la Catedral. En 1868 se le cam­bió por el de Catedral; en 1877 se le rotula Gran Capitán, en memoria de Gonzalo Fernández de Córdoba (l453-1515), capitán de los tercios que controlaron el reino de Nápoles para los Reyes Católicos. El tercer tramo iba de la Catedral a la calle Santo Tomás; no se localiza ningún topónimo específico hasta que al levantarse la Lonja de Mercaderes a fines del s. XVI, los espacios que la rodean, éste entre ellos, comienzan a denominarse Lonja, como se constata en el s. XVIII, nombre con el que se mantiene hasta 1895, en que se le cambia por Cardenal González, en recuerdo de fray Ceferino González (1831-1894), que fue arzobispo de esta diócesis en 1883-1885 y 1886-1889; en 1927 se le dio el de Primo de Rivera, en homenaje al general Miguel Primo de Rivera (1870-1930), presidente del Directorio Militar, por las facilidades dadas para el derribo del antiguo Colegio de Santo Tomás, que había sido Gobierno Militar y facilitaba el ensanche de la avenida. El cuarto tramo lo forma el espacio existente entre la calle Santo Tomás y la desembocadura de Miguel de Mañara, que desde comienzos del s. XVI se conoció como plaza de Santo Tomás, por encontrarse en ella el Colegio Mayor y Universidad anteriormente citados. El último tramo no existió hasta que en el primer cuarto del presente siglo se culmina un antiguo proyecto de apertura; en 1917 se le denominó Reina Mercedes, en recuerdo de la primera mujer de Alfonso XII, cuyo noviazgo en el vecino palacio de San Telmo y su prematura muerte recuerda el romance popular. 
     Al advenimiento de la II República en 1931, todos los topónimos fueron suprimidos y unificada la vía bajo la denominación de Libertad. En 1936 vuelve a dividirse: el primer tramo, hasta Alemanes y García de Vinuesa, pasa a llamarse José Antonio Primo de Rivera (1903-1936), fundador de Falange Española; el resto, hasta la Puerta de Jerez, Queipo de Llano, en honor del teniente general Gonzalo Queipo de Llano (1875-1951), que encabezó la sublevación militar de julio de 1936 en Sevilla, Finalmente, en 1980, volvió a unificarse, y se le da el topónimo actual. A pesar de los diversos nombres con que se la ha denominado oficialmente, desde hace por lo menos dos generaciones se la conoce e identifica popularmente como "la Avenida", sin necesidad de ninguna otra indicación para que una gran parte de los sevillanos sepan a cual se están refiriendo.
      Su tratado actual, marcadamente rectilíneo en dirección norte-sur, es el resultado de un conjunto de reformas urbanísticas emprendidas en el primer cuarto de la presente centuria, tendentes a darle la amplitud y linealidad exigida tanto por su simbolismo como por su cada vez más importante función en la canalización del tráfico rodado entre el casco y la nueva periferia urbana. Ha de ser considerada como una de las reformas de mayor trascendencia en la ciudad histórica y, en cierto modo, emula obras urbanas de características similares como la Gran Vía madrileña. Hasta entonces Génova era relativamente estrecha, sobre todo si se toma en consideración su importancia en la vida económica de la ciudad. De las calles que confluían anteriormente en ella sólo se conserva Felipe Pérez, pues entre finales del s. XVIII y principios del XIX se va progresivamente ocupando un estrecho callejón que comunicaba con la Alcaicería, parte de cuyo trazado puede hoy reconocerse en un solar resultante de la demolición de la casa núm. 9. Asimismo en la acera opuesta, como consecuencia del retranqueo de principios de siglo, ha desaparecido una corta calle llamada Doña Guiomar, situada en la actual confluencia con Fernández y González. El segundo tramo es el único que conserva su trazado histórico y en los siglos bajomedievales la vía prácticamente terminaba allí, cerrada por un tramo de la muralla almorávide, en la que se abría el denominado Arquillo de San Miguel y también del Almirantazgo. 
     La construcción del edificio de la Lonja a fines del s. XVI supuso la ordenación urbanística de este sector, que es la que se mantiene hasta comienzos del s. XX: una estrecha calle delante del citado edificio, que desembocaba en la plaza de Santo Tomás, detrás de la cual la muralla del Alcázar y una extensa manzana con el edificio del Seminario cerraban el acceso a la Puerta de Jerez. Por ello, a medida que la ciudad se extiende hacia el sur -Fábrica de Tabacos, palacio de San Telmo, apertura de la calle San Fernando, campo de Feria,... y se introducen los nuevos sistemas de transporte público, se pone de manifiesto la necesidad y conveniencia de trazar una vía amplia y directa entre San Francisco y la citada puerta.
     Los primeros proyectos de ensanche de la avenida datan de 1863, fecha en la que se presentó a exposición pública una propuesta de alineación y retranqueo del tramo comprendido entre Almirantazgo y Santo Tomás. En 1869 se acomete de forma global el estudio de la apertura de una gran vía entre la plaza de San Francisco y la Puerta de Jerez; de esta fecha constan dos propuestas que difieren en el trazado de la vía, pero coincidentes en el objetivo indicado. En el último tercio del siglo se volvería en distintas ocasiones a retomar la idea de esta importante reforma urbanística, y constituiría una de las principales propuestas contenidas en el plano general de ensanche del casco histórico de Sáez y López, de 1895. 
     Finalmente, el proyecto definitivo fue aprobado en 1906. Dicho proyecto admitía como elementos básicos la alineación y la anchura del tramo frontero a la Catedral, y a partir de ahí había que proceder: a) al retranqueo de la acera de los pares del primer tramo y a algunas alineaciones de menor envergadura en la de los impares; b) a la alineación del tramo entre Almirantazgo y Santo Tomás, también en la acera de los pares, cuya oblicua línea de fachada avanzaba sobre la vía actual; y c) a la apertura del último tramo, en la manzana comprendida entre la plaza de Santo Tomás y las calles Maese Rodrigo y San Gregorio, que desembocase en la Puerta de Jerez.
     La mayor parte de la operación de ensanche del primer tramo se realizó entre 1907 y 1912. Durante esos seis años se expropiaron y demolieron las fincas comprendidas entre Fernández y González y García de Vinuesa, y a continuación fueron reconstruidas de acuerdo con la nueva alineación. En 1926 se completa mediante el ensanche del tramo entre Fernández y González, Joaquín Guichot y Plaza Nueva, como resultado del cual desapareció Doña Guiomar. También en la acera de los impares se expropiaron algunas casas para proceder a su alineación, pero ha resultado ser de ejecución más lenta y tardía, prolongándose hasta nuestros días, y en la última modificación del Plan de Reforma Interior del Casco Antiguo se respeta la alineación primitiva de la casa núm. 11, esquina a Alemanes, ligeramente adelantada sobre la alineación originariamente aprobada. 
     La apertura de la calle en el extremo opuesto se realizó entre 1910 y 1913, básicamente a través del antiguo Seminario, que había sido comprado unos años antes por el banquero Calvi, que, conocedor del proyecto municipal, se había comprometido a ceder los terrenos que fuesen necesarios al Ayuntamiento. En 1913 se construyeron las aceras, pero en 1922 la prensa todavía reclamaba su conclusión, pues aún quedaban dos o tres casas por derribar para completar el ensanche. Cronológicamente, la última reforma efectuada fue el alineamiento del tramo frontero a la Lonja, que afectaba a gran parte del Gobierno Militar, en la esquina actual con Adolfo Rodríguez Jurado. El Ayuntamiento adquirió la primera finca en 1911, y en 1914 llegó a un acuerdo con dicho Gobierno sobre el valor de los terrenos necesarios para la operación, que no se dio por finalizada hasta 1926.
     Actualmente la avenida posee un trazado rectilíneo y similar anchura hasta Almirantazgo, se ensancha a continuación, como consecuencia del retranqueo del edificio del Archivo de Indias, y se aprecia parte de la configuración de la antigua plaza de Santo Tomás en la planta irregular que presenta en la confluencia de Miguel de Mañara y Adolfo Rodríguez Jurado. Finalmente recupera la linealidad en el último tramo. Confluyen en esta avenida, por la acera de los pares, García de Vinuesa, Federico Sánchez Bedoya, Almirantazgo y Adolfo Rodríguez Jurado; por la de los impares, Felipe Pérez, Alemanes, Fray Ceferino González, Santo Tomás y Miguel de Mañara. 
     Poseía calzada de asfalto, con cuatro carriles para la circulación rodada, salvo delante de la Catedral, que se reducen a tres, y amplias aceras de terrazo en tonos blancos y rojizos, excepto algún tramo con losetas hexagonales de cemento. Conserva las Gradas delante de la Catedral, con columnas bastante deterioradas y cadenas, que delimitan el espacio sacro en torno a la iglesia. En 2006 fue completamente reurbanizada, siendo desde entonces semipeatonal, ya que únicamente circula el tranvía eléctrico. Esta ornamentada con árboles en alcorques: naranjos en el primer tramo, arces y robinias hasta la Puerta de Jerez; son de destacar por su porte y desarrollo un plátano de Indias frente a Miguel de Mañara y un magnolio junto a la Catedral, al que hasta no hace mucho acompa­ñaba la estatua de Martínez Montañés, de nuevo en su emplazamiento primitivo de la plaza del Salvador. 
     Delante del Archivo de Indias un carril auxiliar de uso exclusivo por los transportes urbanos y una zona ajardinada de forma triangular alinean este tramo con el resto de la avenida. En el centro de la misma se alza una fuente octogonal de mármol con animales marinos mitológicos y en torno a ella cuatro leones sobre pedestales; en los laterales, en sendos pedestales, un perro y otro animal hoy desaparecido. Los parterres están ocupados por palmeras, prunus, árbol de Júpiter y otros, entre los que quedan pequeños paseos de piso de losas de Tarifa y chinos lavados. La avenida se ilumina por medio de farolas fernandinas de tres brazos, salvo en el citado jardín en que son de un solo brazo.
     La actividad comercial, el continuo tránsito y, sobre todo, la dignidad requerida por muchos de los actos localizados a lo largo de esta vía, han llevado a una continua preocupación por el estado de su pavimentación. Las procesiones religiosas, comitivas regias, etc., eran generalmente precedidas de una reparación del pavimento, cuando no se procedía a una profunda reconstrucción. Por todas estas razones es, sin duda, donde mejor puede ejemplificarse la historia de la pavimentación de la ciudad. Sólo consta una referencia, en 1546, a que estuviera enladrillada, pero son continuas, en cambio, las peticiones y acuerdos para empedrarla desde 1590 a fines del s. XVIII. 
     Pero tampoco ha de entenderse que su pavimento estuvo siempre en buen estado, a juzgar por las quejas de vecinos y comerciantes, ya sea por el continuo paso de carros y carretas, o por los frágiles sistemas de reparación empleados, como, por ejemplo, cuando en 1607 se acordó "henchir y allanar de cascotes los hoyos que ay en las calles de las Gradas", y en algunos casos se limitaban a limpiar el lodo acumulado, como consta que ocurrió en 1646, ante la proximidad de la Semana Santa. En 1677 fueron enlosadas de forma excepcional las calles de Francos y Génova, pero en el s. XVIII se vuelve al empedrado tradicional. Fue de nuevo embaldosada en la primera mitad del s. XIX, si bien su estado deplorable fue constante­mente denunciado, acompañado, en ocasiones, de algunas coplillas:
          "Hagan bien, para hacer bien 
           por este piso infernal
           que está en un estado tal
           como los demás lo ven. 
           Duélanse con fe sencilla
           socorran con celo ardiente,
           la calle más indecente
           por su piso de Sevilla".
     En 1856 se anunció el adoquinado de Génova, a modo de ensayo, pero este nuevo sistema no se impondría de forma definitiva hasta finales de siglo. Entre 1888 y 1913 se adoquinaron los diversos tramos. De igual forma, a modo de ensayo y de forma transitoria, en 1907 se cubrió con una capa de asfalto el tramo comprendido entre Almiran­tazgo y Santo Tomás. A comienzos de la década de 1960 fue levantada en su totalidad. para renovar la red de saneamiento, y a continuación se cubrió con la actual capa asfáltica.
     El carácter arquitectónico de la principal apertura interior de Sevilla está vinculado al regionalismo predominante en los años en que impulsa su construcción. El interés del primer tramo, la antigua Génova, se centra en la acera de los pares, donde han permanecido muchas de las obras llevadas a cabo entre 1912 y 1917, con prolongación, en algún caso, hasta 1922, por arquitectos significativos del citado regionalismo, como Aníbal González y José Espiau. Este es el autor del primero de los edificios, esquina a Fernández y González, conocido como La Adriática, empresa que lo promovió, si bien ha perdido su primitivo aspecto al eliminar­se la cúpula, que completaba su carácter neomudéjar; así como del núm. 4, neoplate­resco, de menor envergadura, y que se de­molió para levantar el Banco Urquijo. 
     Aparte de algún otro también derribado, y del núm. 8, obra de Antonio Gómez Millán, los demás de esta acera fueron proyectados por Aníbal González, desde el núm. 6, con el uso característico del ladrillo aplantillado, hasta los sucesivos del 14 al 18, la estilizada casa que levantara el marqués de Villamarta. Estos inmuebles, con algún otro colindante, han sido reconstruidos. La acera opuesta se lleva a cabo posteriormente. La primera e importantísima operación fue la construcción del Banco de España, tras la demolición de la casa con soportales que cubría el frente meridional de la plaza de San Francisco. Obra juvenil del arquitecto Antonio Illanes, vencedor en el concurso celebrado en 1918, es un ejemplo poco común en Sevilla de monumentalismo clasicista realizado entre 1925 y 1928. Otros bancos privados como el Central (1952), obra de Vicente Traver, levantarían mucho después sus edificios en dicha acera.
     La avenida surge con vocación de vía principal no sólo por desembocar en las Casas Consistoriales, sino por enlazar el monumento principal de Sevilla, la Catedral. Levantada en el lugar de la nueva mezquita mayor, iniciada en el último cuarto del s. XII, la iglesia cristiana comenzó a construirse en los primeros años del s. XV, sobre trazas atribuidas a Alfonso Martínez. El obligado cambio de orientación condujo a que el cerramiento oeste deviniera fachada principal. De sus tres portadas sólo las laterales, del Bautismo y del Nacimiento o de San Miguel, se realizan en el s. XV, incorporando magníficas esculturas de barro cocido, ejecutadas por Lorenzo Mercadante y Pedro Millán, mientras que la principal, denomi­nada de la Asunción, es obra decimonónica de Fernando Rosales, detenida y luego concluida por Ricardo Bellver. El lateral oeste del Patio de los Naranjos fue demolido y, como prolongación de la fachada principal de la Catedral, se construyó la parroquia del Sagrario entre 1618 y 1662, con participación de los arquitectos Miguel de Zumárraga, Alonso de Vandelvira y Cristóbal de Rojas. Frente a la Catedral sólo resta el viejo testimonio del arco gótico de las carnicerías del Cabildo, instalado en su actual emplazamiento en el presente siglo. La orientación medievalista del s. XIX promovió la creación de espacios abiertos alrededor de las catedrales, modificando el carácter original de su entorno. En Sevilla se despejaron otros frentes, pero no sucedió igual con el ámbito de la fachada principal, aunque han existido propuestas en este sentido. 
   A partir de la Catedral comienza la apertura que permitió una amplia perspectiva lateral tanto del templo como del Archivo de Indias, antigua Lonja de Mercaderes, erigida entre 1583 y 1598, sobre el solar de la Herrería Real y parte de la primitiva Casa de la Moneda y de otros edificios. De planta cuadrada con patio central, de carácter herreriano, fue ejecutado por Juan de Minjares y Alonso de Vandelvira. La conversión en Archivo de Indias se produjo en 1785, conllevando nuevas obras que trazó Lucas Cintora. En la acera de los pares, la nueva alineación y el valor representativo del lugar invitaron a situar allí un edificio público como la central de Correos y Telégrafos, levantada entre 1927 y 1930, por los arquitectos Joaquín Otamendi y Luis Lozano, conforme a un neobarroco más madrileño que andaluz. 
     A continuación se levantó el edificio Aurora, construido entre 1933 y 1936, por Antonio Illanes, ejemplo destacado del compromiso entre regionalismo y modernidad, que supo introducir un cuerpo de mayor altura a la manera de mirador en un enclave de vistas tan excepcionales. En los momentos cruciales de la Exposición Iberoamericana se afrontan otras obras en el tramo siguiente. Así se levanta la fachada lateral del teatro Reina Mercedes  -luego conocido como Coliseo España-, entre 1925 y 1930, según proyecto de José y Aurelio Gómez Millán, siguiendo los cánones que en esos años desarrollaba Aníbal González, su cuñado, particularmente en la plaza de España. El extraordinario teatro-cine desapareció con el vaciado hecho en las obras conducentes a instalar la sede central del Banco de Vizcaya. Quedó así reducido a su cascarón el más importante ejemplo del regionalismo en este tipo de edificios. En la acera opuesta aparecen otros edificios regionalistas, algunos de Aníbal González, acoplándose en ocasiones a restos de las antiguas cercas, como la torre que forma esquina con la calle Santo Tomás, o el arquillo que comunica con la de Miguel de Mañara. A continuación, sobre el solar del antiguo Seminario, del que sólo se salvó la Capilla, queda un fragmento de obra regionalista de José Espiau, sobre cuya parte demolida a comienzos de los setenta se ha levantado una arquitectura sin interés, y que no acierta a resolver su condición frontera con la Puerta de Jerez.
     Desde la expansión extramuros de la ciudad, una de las más importantes funciones de la avenida ha sido la de canalizar el tráfico rodado entre el casco y sus nuevos arrabales. Además, la inexistencia de una vía de circunvalación obligaba también a su utilización para comunicaciones periféricas: tal es el caso del ómnibus que enlazaba las estaciones de ferrocarril de plaza de Armas y San Bernardo. De 1863 data el proyecto de construcción de "un camino de hierro servido con fuerza animal" para el transporte urbano, y la única línea de comunicación norte-sur pasa por la avenida, pero debido al trazado que entonces tenía, dicha línea salía por la plaza de Santo Tomás y Maese Rodrigo, y regresaba por San Gregorio y plaza de la Contratación, para acceder a la plaza de San Francisco a través de Hernando Colón (1870); este recorrido se mantiene hasta principios del s. XX (plano de Poley Poley, 1910). También fue pionera en el establecimiento de semáforos para regular el cada vez más intenso tráfico rodado, pues en la temprana fecha de 1930 la Sociedad Ibérica de Construcciones Eléctricas propusieron al Ayuntamiento la instalación de "un aparato de señales luminosas" en el cruce de Santo Tomás. Actualmente, en la Plaza Nueva tienen su parada terminal las líneas de autobuses urbanos procedentes del sur, sureste y suroeste de la ciudad, por lo que es permanente su paso por la avenida. Al mismo tiempo, las normas municipales en vigor sobre tráfico rodado tratan de incentivar el uso del transporte público para acceder al casco histórico; por ello, los dos carriles de entrada, reducidos a uno delante de la Catedral, están reservados en las horas comerciales al citado transporte.
     Desde la conquista castellana en el s. XIII y probablemente antes, a raíz de la inauguración de la nueva mezquita mayor hacia 1176, ha sido una calle de gran importancia económica. El comercio, desde los años iniciales de la Sevilla castellana, tiene un nombre propio: genoveses. La colonia mercantil de dicho origen recibe de Fernando III, además de exenciones fiscales, lonja y barrio o calle, a la que le dan nombre. El edificio de aquélla se conservó hasta entrado el s. XIX en la esquina con García de Vinuesa. Sin embargo, a mediados del s. XIV esta calle ya estaba habitada en parte por sevillanos, y desde finales de dicha centuria residen diversos artesanos, destacando los relacionados con oficios artísticos y con el comercio como plateros y cambiadores. 
     En los siglos XV y XVI se les sumarán los relacionados con el textil (sastres, calceteros, jubeteros, tundidores y otros), que son muy numerosos. A fines del s. XV hacen su aparición los primeros representantes de una actividad que también estará ligada a la historia multisecular de la calle: los impresores y encuadernadores de libros. Muchos de los que inician la serie son extranjeros, como Menardo Ungut y Lanzalao Polono, entre los siglos XV y XVI; en las siguientes centurias aparecen, entre otros, Jacobo Cromberger, Monardes, Andrea Pescioni o Varela de Salamanca, en el s. XVI; Andrés Grande y Nicolás Rodríguez, en el XVII; Sánchez Reciente, en el XVIII. Esta importancia económica ha quedado identificada por siglos con otro topónimo: Gradas. En estos andenes de la Catedral desde época medieval, pero sobre todo en los siglos XVI y XVII, se apiñaba diariamente una gran cantidad de gente, que iba a comprar y vender; a ver y a departir: a aprovecharse de las dificultades ajenas adquiriendo todo género de bienes en las almonedas; tenderos y tenderas instalaban sus tenderetes encima de las gradas o a ras de la calle; en los soportales de las casas de Génova y de Gradas, en gran parte propiedad de la Catedral, escribanos y escribientes, cambiadores y banqueros, atendían a clientes de muy diverso origen y condición; incluso las amas de cría acudían diariamente a fines del s. XVI en busca de contrato de trabajo; y los pregoneros voceban subastas y cualquier  tipo de  contrato, que  hacen decir a Morgado: "Acerca de lo qual se puede notar por grandeza de Sevilla, la continua, perpetua y grande abundancia de prendas de gran valor que allí se rematan, assí de oro y plata labrada como de grandes possessiones, ropas costosíssimas, tapicerías riquíssimas y muchíssimos esclavos, con toda toda suerte de armas y quantas riquezas puedan imaginarse" (Historia de Sevilla). 
     En fin, los pícaros encontraban campo abonado para su actividad. Sobre este movimiento, las campanas de la Giralda y los oficios en la  Catedral iban marcando el ritmo de dichas actividades. Cuando se traspasaba el Arquillo del Almirantazgo, el panorama cambiaba algo. A la izquierda se encontraban hasta la segunda mitad del s. XVI las ya citadas Herrería Real y la Casa de la Moneda primitivas, y posteriormente la Lonja de Mercaderes. Aunque esta última tuvo que luchar contra la costumbre de siglos, por la resistencia de los protagonistas del comercio a cambiar de lugar, poco a poco los mercaderes se fueron trasladando desde Gradas a este edificio; sin embargo en 1602 los pregoneros solicitaban seguir desempeñando su actividad en aquélla "atento a que en la Lonja no acude gente" (Sec. 10, 23-VI-1602). En la acera frontera se localizan casas y almacenes, probablemente destinados a contener el aceite que entraba por el cercano Postigo de este nombre. Sobre algunas de ellas se levantó en 1517 el ya citado Co­legio Mayor y Universidad de Santo Tomás, de los dominicos.
     El traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz y el declive del comercio fue cam­biando, más en intensidad que en contenidos, la actividad de esta futura avenida. A mediados del s. XVIII todavía las ordenanzas de plateros la señalan como uno de los lugares donde dichos artistas pueden establecer sus talleres, siguen presentes los libreros y se diversifica el tipo de comercio. 
     Una actividad comienza a tomar relieve en sus años centrales, los cafés, y con ellos, en la siguiente centuria, nuevos ámbitos de diversión, juego y relación. Centros de tertulias literarias y de conciliábulos políticos. Pero los bares y las tiendas, herederos de unos y otras, han ido dando paso a la imagen actual de la avenida, convertida en centro bancario. Dejando a un lado el espacio ocupado por los dos edificios monumentales, la mayor parte de su superficie está ocupada por catorce entidades bancarias, la mayor parte sedes centrales de las mismas en Sevilla, que en varios tramos están colindantes unas con otras. A esto hay que sumar varios edificios de servicios, como Correos y Telégrafos, la Oficina de Turismo y el Servicio Andaluz de Salud. Este panorama se completa con la dedicación a oficinas de la mayor parte de los pisos y apartamentos, destacando asimismo un elevado numero de instituciones aseguradoras domiciliadas en ellos, mientras que ha quedado reducida al mínimo su función de habitación.
     Génova y Gradas han constituido desde la Edad Media el espacio central en las relaciones sociales de la ciudad. Este carácter le vino dado fundamentalmente por su actividad económica, por ser vías que unían las sedes de las instituciones básicas en la vida de los ciudadanos: la Catedral, con su cabildo eclesiástico, centro espiritual; el Ayuntamiento, sede del gobierno de la ciudad; y la Lonja, donde se desarrollaba la vida comercial. Eran asimismo camino principal entre otros centros de la importancia de la Audiencia, palacio arzobispal y Alcázar.
      Como se ha señalado antes, en el s. XIX la instalación de la pequeña corte de los Montpensier en el edificio de San Telmo, la construcción de la estación del ferrocarril a Cádiz y la celebración de la Feria en el Prado de San Sebastián, afianzaron y extendieron el espacio de sociabilidad, acentuado en el s. XX con la instalación de otros centros oficiales, ya citados, y la apertura de paseos y jardines. Fueron siempre las Gradas un lugar bullicioso, a donde acudían gentes de toda edad y condición. Esta situación, que arrancaba de tiempos medievales, se acrecentó en los siglos XVI y XVII. Por allí paseaban comerciantes e hidalgos al decir de Matute y Gaviria, desde tiempo inmemorial, y así debió continuar en los siglos posteriores, pues el asistente Ábalos, en razón de las indecencias que personas de ambos sexos cometían en las calurosas noches de verano, prohibió, por edicto, que pasearan o se sentaran en las gradas toda clase de personas (Matute, Anales eclesiásticos...). 
     Para enton­ces ya se había abierto el primer café de la ciudad, cuyo nombre se desconoce, en la calle Génova esquina a la de la Mar (1758). Pocos años después se abriría en la misma el de San Fernando, establecimiento de lujo, que funcionaba como casino, y que perduraría hasta 1875. Un local muy conocido fue el Caballo Blanco, que sirvió de cenáculo político de los liberales. Otros cafés fueron La Paz y Vista Alegre. La concentración de este tipo de establecimientos, con lo que ello llevaba aparejado de tertulias, reuniones y, consecuentemente, de relaciones sociales, sólo permitía comparación con la cercana Sierpes.
     Por ser nexo de unión entre los mencio­nados edificios representativos de los diversos poderes, constituía la "carrera oficial" por la que discurrían cuantos actos públicos tenían lugar en la ciudad. De entre todos ellos, la fiesta del Corpus Christi, que se comenzó a celebrar en Sevilla en la segunda mitad del s. XIV, llegó a ser la de mayor trascendencia oficial y popular, pues combinaba la espectacular procesión estamental, representativa de todos los sectores sociales, con interpretaciones de autos sacramentales y otros elementos populares coma la Tarasca. La procesión salía de la Catedral por la puerta de San Miguel y discurría por Gradas altas, San Francisco, se adentraba en Sierpes, Cerrajería, Carpintería, Salvador, Culebras, Francos, Placentines y Gradas bajas, para penetrar en el templo metropolitano por la puerta de las Palos. Este ha sido el itinerario del Corpus al menos desde el s. XV, salvo excepciones. Así en 1731, con motivo de la visita de Felipe V, salió por la puerta de los Palos, dio la vuelta a las Gradas, para pasar por los desaparecidos arquillos de San Miguel o del Almirantazgo y de la Casa de la Moneda, y por San Gregorio a la plaza de la Contratación, donde esperaban los reyes, para entrar por la puerta de San Miguel. Con motivo de esta magna procesión, el Ayuntamiento instalaba, ya desde el s. XV, y quizás antes, toldos en el recorrido, y reparaba y limpiaba las calles, que se cubrían de juncia y otras plantas. 
     El cabildo municipal nombraba diputados para las calles principales, con la misión de controlar estas operaciones. En nuestros días la instalación de toldos se ha restringido a la plaza de San Francisco. El momento de mayor brillantez debía ser la salida, pues, según consta, en el s. XV se decoraban las Gradas con tapices cedidos por el arzobispo, las velas tamizaban el sol, y los caballeros y damas que no figuraban en la procesión se situaban en las ventanas de esta calle. Allí se ofreció a la Audiencia, en el s. XVI, un espacio para que el regente presenciara los actos, como respuesta a las quejas de la misma, sin duda  porque allí ofrecían mayor brillantez. En el s. XIX se construían arcos vegetales con flores, uno de los cuales se montaba en Génova o Gradas; asimismo se colocaban sillas para presenciar el paso del cortejo; también reapareció momentáneamente la Tarasca, ya por entonces olvidada. En la actualidad no se utilizan dichos arcos, pero permanece la costumbre de instalar altares, ante los que se detiene la custodia. La fiesta se completaba con una velada de dos días que se montaba en las Gradas.
     Es esta avenida "carrera oficial" de las cofradías al hacer la estación de penitencia a la Catedral. En el espacio por la que esta transcurre, se colocan, al menos desde el s. XIX, sillas para presenciarlas, y también se alquilaban balcones. Por ella circulaban tanto las procesiones de gloria que partían de la Catedral, del Sagrario o de otras iglesias, en especial la de la Virgen de los Reyes, tanto en su festividad de agosto, como en circunstancias excepcionales. 
     También era paso obligado de las procesiones de rogativas que en razón de sequías, inundaciones, pestes y epidemias se organizaban, o, por el contrario, de acción de gracias por acontecimientos felices de diverso tipo, entre ellos los relacionados con la familia real o por victorias de los ejércitos, o con ocasión de honras fúnebres. Fueron muy frecuentes en los siglos XVII al XIX las del Cristo de San Agustín, que era portado desde el convento de este nombre, en las afueras de la Puerta de Carmona. Igualmente cruzaban por estas calles los cortejos de la Inquisición, cuando llevaba a cabo autos de fe públicos en la plaza de San Francisco. Desde el castillo de Triana, entraban por la calle de la Mar y Génova. En otras ocasiones los efectuó en las mismas Gradas. 
     También fueron testigos del cortejo organizado con motivo de la canonización de San Fernando en 1630, que siguió el itinerario del Corpus, a través de seis arcos triunfales, montados por las diversas colonias de extranjeros, que cubrían desde Sierpes a Génova, según nos ha dejado escrito Ortíz de Zúñiga: "...todos [los arcos] los pasó el acompañamiento discurriendo por las calles, que son las más públicas, buscando la puerta principal de la Santa Iglesia, que es la de San Miguel..." (Ana­les..., t. IV, p. 341). Este mismo recorrido siguió la solemne procesión organizada por el cabildo eclesiástico, "el más señor y magestuoso cónclave de España", el nueve de agosto de 1761, con motivo de la proclamación por Clemente XIII de la Inmaculada como patrona principal y universal de los reinos de España. Esta iba precedida por las juguetonas "mojarrillas" y por la Tarasca para "entretenimiento de la pleve"; seguían las órdenes religiosas, las Cruces parroquiales, clero y cabildo catedralicio, cerrando la Ciudad, presidida por el asistente, a quien seguía una escolta de soldados (T. García García).
     Las marchas cívicas también incluían estas calles en sus itinerarios. El Cabildo secular se dirigía habitualmente en cortejo por Génova a cuantos actos asistía corporativamente en la Catedral. Por ella transcurrió solemnemente en 1771 la procesión de traslado de la Universidad desde la sede primitiva de Maese Rodrigo al edificio de la Compañía de Jesús en la calle Laraña. Por ella marcharon las tropas a África o Cuba, y eran recibidas con júbilo después de una victoria. La toma de Tetuán en 1860 originó una ruidosa recepción, que incluyó arcos de triunfo. 
     El presente siglo ha visto desfiles militares, entre otros el de las unidades que combatieron en Ifni en 1958. También otros de naturaleza política; así en Gradas se montó una barricada con ocasión de los sucesos de las Cantonales, en 1869; por ella transcurrió una manifestación abolicionista en 1873, desde el Prado de San Sebastián a la plaza de la Libertad (San Francisco); en fin, numerosas manifestaciones en las dos últimas décadas, entre las que cabe destacar la celebrada el 4 de diciembre de 1977, en que cientos de miles de personas reclama­ron autonomía para Andalucía. El Carnaval utilizaba también esta vía principal durante los siglos XVIII y XIX para el rito del entierro de la Sardina, y en 1859 el Ayuntamiento contrató los servicios de Price para que organizase una cabalgata, que habría de discurrir acompañada por las máscaras desde la Alameda de Hércules hasta San Telmo. Asimismo ha conservado hasta la década de los sesenta la función de lugar de encuentro de los jóvenes de ambos sexos, a donde acudían para pasear antes y después de entrar a algún cine. Igualmente han permanecido hasta hace unos años bares, cafés y clubes, donde se organizaban tertulias, como la que en la Punta del Diamante reunió hasta su muerte Santiago Montoto. Estos establecimientos han sido sustituidos por entidades bancarias y oficinas públicas, lo que contribuye a darle una gran animación sobre todo por las mañanas, y por el contrario, una enorme apariencia de vacío y soledad por la noche.
     Los importantes papeles desempeñados a lo largo de siglos por lo que hoy es la avenida, la convierten en uno de los lugares más citados y descritos por la literatura. Muy especialmente la zona de las Gradas. El ambiente de las mismas, la riqueza allí expuesta en puestos y tenderetes, su tráfago comercial, su condición de enclave de ham­pones, pícaros y marginados... despertaron ya desde el mismo s. XVI gran interés y fueron reflejados en no pocos textos literarios del Siglo de Oro. A Torres Naharro pertenecen estos conocidos versos, ponderativos de ese espacio urbano y de otros lugares de Sevilla:
          "Un templo de majestad 
            sin segundo,
            un Guadalquivir jocundo
            y un gran campo de Tablada,
            y unas Gradas, que una grada
            vale más que todo el mundo".
     Las Gradas eran, en efecto, uno de los enclaves sevillanos conocidos en medio mundo, casi un símbolo de la ciudad. El embajador veneciano Andrea Navagero escribe en su Viaje por España (1524-1526) que a ellas "acuden a pasearse todo el día muchos hidalgos y mercaderes, y es el sitio más bello de Sevilla... A la calle y plaza que están delante acude también mucha gente de continuo (allí se hacen muchos engaños) y es como una especie de mercado..." Que fueron también centro y escuela de aventuras picarescas y acciones fuera de la ley lo afirma un personaje de La lozana andaluza, de Francisco Delicado, también en la primera mitad del s. XVI. 
     Las Gradas se colocan así a la altura de los grandes centros picarescos de Europa: "y allí es otro Estudio de Salamanca y otra Sapiencia de París y otras Gradas de Sevilla y otra Lonja de Valencia y otro Diageto o Rialto de Venecia, y otra barbería de cada tierra". Como lugar de pendencias frecuentes describe las Gradas Agustín de Rojas en El viaje entretenido. Cervantes sitúa en ella algunas "hazañas" de los pícaros Rincón y Cortado de su famosa novela. Y Quevedo, en la Vida del Buscón, describe la zona y habla del asilo que pícaros y malhechores encuentran en el recinto sagrado de la Catedral, para burlar la acción de la justicia. Otro autor de la literatura  picaresca, Castillo Solórzano, dice de su protagonista Lucas Trapaza que "no tuvo ocupación en Sevilla, por su negligencia, que no era amigo de más que asistir en Gradas hasta el mediodía y a la tarde ver la comedia" (La Garduña de Sevilla y Anzuelo de las bolsas). 
     También Cleofás y su compañero, en El diablo cojuelo de Vélez de Guevara, pululan por la zona, que por entonces compartía con el Arenal, Triana o la plaza del Salvador el protagonismo de la picardía urbana y del tráfago comercial sevillano. No en vano peroraba a veces en ellas el famoso loco Amaro, curioso personaje de fines del XVII, cuyos disparatados "sermones" suscitaban el regocijo del numeroso público allí concentrado.
     Muchas alusiones a las Gradas se encuentran en el Guzmán de Alfarache, del sevillano Mateo Alemán, quien sin duda las conocía bien. En su novela se describen como "un andén o paseo hecho a la redonda de ella (la Catedral), por la parte de afuera tan alto como a los pechos, considerado desde lo llano de la calle a poco más o menos, todo cercado de gruesos mármoles y fuertes cadenas". El protagonista Guzmán, que a su vuelta a Sevilla, ya casado, contrata en Gradas a un escudero, reflexiona de este modo: "Por esto en aquella ciudad (Sevilla) anda la conciencia sobrada de los que se la dejaron y no volvieron a ella. No quiero pasearme por las gradas o lonja, ni entrar en la plaza de San Francisco, ni anegarme en el río; déjese a una banda todo género de trato y contrato, que sería, si comenzase, no salir de ello". 
     Tanto Gradas como Génova abundan en tipos desgarrados y populares, como el "valentón" que recoge Vicente Espinel en su Vida de Marcos de Obregón: "quedéme en Sevilla por algún tiempo, donde entre otras muchas cosas que me sucedieron, fue una dar en la valentía, que había entonces, y aún creo que ahora hay, una especie de gentes que ni parecen cristianos, ni moros, ni gentiles; sino su religión es adorar a la diosa valentía, porque les parece que estando en esta cofradía, los tendrán y respetarán por valientes, no cuanto a serlo, sino cuanto a parecerlo. Sucedióme, pasando por la calle de Génova, topar con uno de estos, en­contrándome con él, de suerte que por pasar yo por lo limpio, le hice pasar por el lodo...". Recuérdese cómo en el famoso soneto que Cervantes dedica al túmulo de Felipe II, construido en la Catedral, es precisamente un "valentón", uno de esos personajes ostentosos y pendencieros que pululaban por Gradas, quien cierra así el poema:
          ''Esto oyó un valentón y dijo: Es cierto 
            lo que dice voacé, seor soldado,
            y quien dijere lo contrario, miente."
     Con el declive económico de Sevilla a finales del s. XVII, las Gradas pierden también protagonismo literario. Y aunque aparezcan citadas por diversos viajeros decimonónicos, no gozan ya de la fama que tuvieron en la época aurea. Modernamente un pasaje de Españoles de tres mundos, de Juan Ramón Jiménez, relaciona las Gradas con la personalidad poética de Luis Cernuda: "y si voy a Sevilla y paso por Gradas, miro sin poeta confesor la pilastra vacía de la que aleó el extraño volador Luis Cernuda; falta en el amarillo quieto su voz de arpa entrecortada, su respiración del azahar y el jazmín, el tono de su corazón de ópalo" [Antonio Collantes de Terán Sánchez, Josefina Cruz Villalón, Rogelio Reyes Cano, Salvador Rodríguez Becerra, y V.P.E., en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Constitución, 28. avenida de. COLEGIO  DE  SAN  MIGUEL.  Frontero a la Catedral existió, hasta su reciente derribo, un conjunto de edificios conocido con el nombre de Colegio de San Miguel. En este lugar se situaba, en el siglo XIV, un cementerio del mismo nombre y una mezquita, propiedad del Cabildo Catedral, con un corral plantado de palmeras, y las Carnicerías Viejas, de cuyo tiempo se conserva todavía el arco ojival, que da paso a las edificaciones actuales. Más tarde, se construyeron casas y almacenes para servicio de la Catedral, y un colegio, al que se trasladaron los colegiales o mozos de coro en 1635. Todo el conjunto estaba adosado a un lienzo de muralla que terminaba en la torre de San Miguel, junto a la puerta del mismo nombre de la  Catedral.
     Parece que en principio existieron tres viviendas, aparte los almacenes, que, posteriormente se dividieron. Todas las casas eran de dos plantas, con fachadas avitoladas. La primera poseía un patio con columnas en tres de sus frentes y el cuarto con pilastras; la misma organización se repetía en la planta superior.
     De menores proporciones era el patio de la última vivienda, con sólo dos arcos en cada uno de los tres frentes que poseían galerías. Al fondo de esta casa, un pórtico con doble arcada sobre colum­nas pareadas en la planta baja, y galería adintelada en la superior. Por detrás de todas estas vi­viendas corría un gran salón dividido en dos naves por una arquería y apoyado en la muralla, que servía de almacén.
Constitución, s/n. avenida de la. ARCHIVO DE INDIAS. Este edificio fue construido para Casa Lonja de mercaderes, a instancias del cardenal Sandoval y Rojas, con el fin de evitar la invasión de la Catedral por los mismos, que se reunían en las Gradas y patio de Naranjos. Felipe II encomendó a Juan de Herrera los planos, dirigiendo la obra Juan de Minjares desde 1584 a 1598. Carlos III decidió instalar en este edificio el Archivo de Indias, reuniendo en él toda la documentación de América. En 1787, Lucas Cintora  construyó la soberbia escalera.
     El edificio se levanta sobre un basamento que salva el desnivel del terreno. Consta de dos plantas y azotea con balaustrada y pináculos en los ángulos. En las fachadas alterna la piedra con el ladrillo.
Constitución, 17-19. avenida de la. ARCO DE LA PLATA o DE MIGUEL MA­ÑARA. Es una de las puertas de la muralla del Alcázar, inscrita en un gran arco ojival apuntado. El pasadizo consta de varios tramos de bóveda; el primero de nervadura y el siguiente de cañón con lunetos [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Constitución Española de 1978, a la que está dedicada la avenida;
     Don Juan Carlos de Borbón inició su reinado dentro del sistema político integrado por el conjunto de las llamadas Leyes Fundamentales del anterior régimen, las cuales incluían la posibilidad de su modificación. Esto permitió que el establecimiento de un nuevo sistema democrático se hiciese sin traumas; partiendo de la legalidad anterior, o mejor dicho, valiéndose de los instrumentos de dicha legalidad, como eran las Cortes Españolas, que, el 18 de noviembre de 1976, aprobaron la Ley para la Reforma Política, inicio del proceso que culminaría en la Constitución de 1978. Toda una novedad respecto de un pasado durante el cual las constituciones se establecían habitualmente sobre los escombros de la constitución y del sistema precedente.
     Aprobada la Ley citada en amplio referéndum el 15 de diciembre de 1976, con arreglo a ella se celebraron el 15 de junio de 1977 las elecciones para constituir las Cortes que habrían de elaborar y aprobar la Constitución hoy vigente.
     Formadas las nuevas Cortes por las dos Cámaras, Congreso y Senado, previstas en la Ley para la Reforma Política, se eligió la Comisión Constituyente del Congreso, que, a su vez, designó la Ponencia integrada por los diputados señores Gabriel Cisneros (UCD), Manuel Fraga (AP), Miguel Herrero Rodríguez de Miñón (UCD), Gregorio Peces-Barba (Socialistas del Congreso), José Pedro Pérez Llorca (VCD), Miguel Roca Junyent (Minoría Catalana) y Jordi Solé Tura (Grupo Comunista). La Ponencia redactó dos proyectos, el segundo después de recibir 3100 enmiendas. Discutido el texto correspondiente por la Comisión mencionada y el Pleno del Congreso, por los mismos organismos del Senado y por la Comisión Mixta encargada de resolver las discrepancias entre ambas Cámaras, fue definitivamente aprobado por éstas y por abrumadora mayoría en el referéndum celebrado el 6 de diciembre de 1978.
     Ampliamente rebasadas las circunstancias históricas que pudieron justificar el principio de la soberanía compartida, la Constitución de 1978 proclama como principio originario la soberanía del pueblo español, constituido en un Estado social y democrático de derecho.
      A ese principio corresponde la declaración de derechos y libertades que le sucede, así como al pluralismo de la moderna sociedad española corresponde la declaración de que "ninguna confesión tendrá carácter estatal", aunque “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones". Nada tan significativo del nuevo ambiente como la comparación entre la discusión de esos principios en la elaboración de la nueva constitución y las tormentosas sesiones que motivó el mismo tema en la discusión de la Constitución de 1931. En el mismo sentido vale la pena subrayar la posición transaccional de la Constitución de 1978 en dos cuestiones clave como son de la libertad de enseñanza y la libertad de empresa: ambos principios son proclamados explícitamente, pero con patente apertura a criterios muy diversos en su aplicación.
     En cuanto a los instrumentos de gobierno, la Monarquía es aceptada en su modalidad parlamentaria y obviamente entendida como forma de Estado más que como forma de Gobierno, de acuerdo con la doctrina constitucional contemporánea, que sitúa a la Corona en la esfera de la influencia y el prestigio más que en la de los poderes políticos específicos.
     De lo dicho se desprende que el protagonismo político estricto corresponde al Gobierno, que la Norma Fundamental constitucionaliza de manera plena, juntamente con las Cortes Generales, formadas por el Congreso y el Senado, en los que el pueblo aparece representado por los partidos políticos, que por primera vez figuran explícitamente en una constitución. (Las anteriores, de 1876 y 1931, los ignoraban, aunque fuesen una realidad de primer orden).
     La gran novedad de la Constitución de 1978 es el reconocimiento pleno de las Comunidades Autónomas a las que se refiere ya en su artículo segundo, según el cual la Constitución se fundamenta en "la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran". A diferencia de lo que sucedió con la Segunda República, en la que sólo llegaron a aprobarse varios Estatutos de Autonomía, en las últimas décadas se ha generalizado el proceso de descentralización política y administrativa iniciado en 1978, existiendo en la actualidad diecisiete Comunidades Autónomas plenamente consolidadas.
     Esta nueva articulación territorial del Estado incide en el diseño constitucional de las Cortes Generales, compuestas por el Congreso de los Diputados y el Senado. El primero tiene la primacía como órgano legislativo y político. La relegación en estos aspectos del Senado a un segundo puesto tiene su compensación en la función que naturalmente le corresponde como Cámara de representación territorial o de las Autonomías.
     No quedaría completa esta exposición de la Constitución de 1978 sin referirnos al hecho, único en toda nuestra historia constitucional, de que no solamente ha sido aceptada por todos, sino elaborada prácticamente por todos, fruto de un espíritu de concordia y realismo, gracias al cual, en todos los puntos debatidos, incluso en los más delicados, se pudo llegar sin grandes estridencias dialécticas a resultados positivos. Durante el debate constitucional fue descrita como la constitución del consenso; una vez promulgada hubo quien la presentó como hecho único en la historia de España, como demostración de que "no hay dos Españas irreconciliables y en permanente confrontación".
     Si tenemos en cuenta lo que ha sido la historia constitucional española de los dos últimos siglos, se comprende con facilidad el entusiasmo que reflejan afirmaciones como las anteriores. Y si se habla con buenas razones del "milagro de la transición", no parece abusivo que se hable asimismo del "milagro de la Constitución". Aunque en realidad se deba al buen sentido del pueblo español y al espíritu conciliador de sus representantes. Todo ello nos permite esperar que tan eminentes cualidades sigan produciendo, como ya lo han hecho durante las últimas décadas, la normalidad constitucional de todos los días.
     La primera reforma constitucional (1992) consiste en añadir, en el artículo 13.2, la expresión "y pasivo" referida al ejercicio del derecho de sufragio de los extranjeros en elecciones municipales. La segunda reforma constitucional (2011) consiste en sustituir íntegramente el artículo 135 (Congreso de los Diputados).
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