Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza de Curtidores, de Sevilla, dando un paseo por ella.
La plaza de Curtidores es, en el Callejero de Sevilla, una vía que se encuentra en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo, y formada por la confluencia de las calles Verde, Nardo, Juan de la Cueva, Juan Hispalense, y Cano y Cueto.
La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario.
Hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Recibe esta denominación con seguridad desde 1579, por localizarse en ella establecimientos dedicados al trabajo de las pieles. La proximidad de la plaza de Zurradores y la semejanza de ambos topónimos ha originado que en ocasiones hayan sido confundidos, de forma que tanto en el plano de Olavide (1771), como en el de Sartorius (1848) o en Las calles... de González de León, sus nombres aparecen cambiados.
La plaza de Curtidores es, en el Callejero de Sevilla, una vía que se encuentra en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo, y formada por la confluencia de las calles Verde, Nardo, Juan de la Cueva, Juan Hispalense, y Cano y Cueto.
La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario.
Hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. Recibe esta denominación con seguridad desde 1579, por localizarse en ella establecimientos dedicados al trabajo de las pieles. La proximidad de la plaza de Zurradores y la semejanza de ambos topónimos ha originado que en ocasiones hayan sido confundidos, de forma que tanto en el plano de Olavide (1771), como en el de Sartorius (1848) o en Las calles... de González de León, sus nombres aparecen cambiados.
Esta plaza poseía una posición excéntrica en la Sevilla histórica. ya que la misma muralla marcaba uno de sus flancos; de ahí la localización en ella de actividades fabriles molestas como es la de la industria de la piel, por los malo olores que desprenden en el proceso del curtido. También son frecuentes las alusiones a la existencia de muladares y estercoleros en las proximidades de la muralla, que dan asimismo idea de su marginalidad. La muralla permaneció exenta, como mandaban las ordenanzas, hasta su demolición en la década de los sesenta de la pasada centuria, si bien se produjeron reiterados intentos de adosarle edificaciones, y el ayuntamiento en alguna ocasión tuvo que detener la construcción de unas casas (1622), o incluso mandar demolerlas (1619), porque se habían construido sin autorización; los peticionarios, en su deseo de conseguir el permiso para edificar, afirman que "los adarves se conservan mejor estando cubiertos con que sea condición que la ciudad pueda derribarse cada y quando quisiere, las edificaciones fechas sobre las murallas" (Sec. 10, 1578, f 295). Una cañería de agua corría paralela al muro entre Curtidores y Zurradores, lo que ocasionó algunos problemas al llevarse a cabo el derribo de la muralla, y no deja de ser curiosa la noticia que recogía la prensa, en 1855, al solicitar "...que se coloque un grifo o llave en el muro de la plaza de Curtidores, por donde pasa el conducto de agua. De ese modo el vecindario podrá surtirse con comodidad, evitando al propio tiempo el que suceda como ahora, que para recoger aquel líquido practican en la pared agujeros por donde luego continúa desperdiciándose". (El Porvenir, 30-X-1855).
La plaza, tal como reflejan los primeros planos de la ciudad, poseía una planta irregular, con un frente más corto en el interior y abierta hacia la muralla, prolongada además por una barreduela, la actual Nardo. Al derribarse la muralla, se procedió a la construcción de una nueva manzana en el costado oriental y se realizó un proyecto de alineación en 1875 que, unido a otro de 1917, han dado como resultado una planta prácticamente cuadrangular y flancos alineados; el único recuerdo que conserva de su trazado medieval es una estrecha barreduela en uno de sus frentes interiores, pervivencia de una antigua calleja que comunicaba con Archeros (v. Canarios). Enmarcada por una calzada de adoquines, en buen estado de conservación, se inscribe la plaza propiamente dicha, de planta ovalada y suelo terrizo, salvo una franja exterior pavimentada en parte con losetas de cemento. Sobre esta franja externa se sitúan árboles, de buen porte de distintas especies y un quiosco de madera pintado a rayas blancas y verdes. El resto de la plaza queda totalmente libre, salvo un largo palo de madera que se yergue justo en el centro y cuya funcionalidad o valor ornamental se ignora; en general ofrece un estado de abandono, que no invita a su utilización como espacio de recreo. Se ilumina mediante farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. A principios del s. XVII allí se alzaba una gran cruz de hierro sobre peana de material, y todavía a principios del s. XX (1910) se mandó reparar su fuente pública, hoy también inexistente. En las edificaciones alternan las casas de escaleras de tres plantas con pisos de reciente construcción de cuatro, por lo que si la tipología constructiva resulta dispar, al menos mantienen una altura similar y no se producen rupturas de escala.
Históricamente la función más característica de la plaza fue la elaboración y curtido de pieles, y todavía en 1875 se recogía la existencia de una casa-tenería; hoy esta función de carácter industrial ha desaparecido, y además de la residencial, sólo es de destacar la existencia de varios hostales y casas de huéspedes. Su condición de espacio abierto ha propiciado la localización en ella de fiestas y actividades lúdicas. Como al otro lado de la muralla, delante del Matadero, se corrían toros, en 1579 Rodrigo de Jerez, jurado y correo mayor, "pide que se le de licencia para que en unas casas que tiene en la plazuela de Curtidores pueda haser un sitio para ver los toros cargando sobre las pilas de las almenas (Sec. 10. 1579, f. 295). A principios de siglo se levantaba en la plaza una Cruz de Mayo, pero quizás la anécdota más curiosa sea la que se produjo con ocasión del eclipse ocurrido el 29 de mayo de 1900, cuando los vecinos levantaron un telescopio casero para observarlo: "En la plaza de Curtidores colocaron los vecinos uno, compuesto de unas escaleras, un tubo de lata y varios cristales ahumados. Los del aparato fueron recibidos con aplausos y risas disputándose el mirar por el novísimo telescopio de su invención" (El Liberal, 29-V-1900) [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
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La plaza de Curtidores, al detalle:
Retablo cerámico de la Esperanza Macarena, en el edificio plaza Curtidores, 1.

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