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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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sábado, 23 de noviembre de 2024

Experiencia Explicarte Sevilla, en la visita cultural a Villamartín (Cádiz), organizado por el Excmo. Ayuntamiento de Burguillos (Sevilla)

     Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de la visita organizada para la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayto. de Burguillos, con vecinos de la localidad, organizamos la visita a Villamartín (Cádiz), porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     La visita comenzó en la Hacienda Los Horgazales, en las afueras de Villamartín, donde tras contemplar el proceso de elaboración del Aceite de Oliva Virgen Extra, pudimos degustar ese oro líquido verde. De allí partimos hacia el Dolmen del Alberite, también en las inmediaciones del centro urbano de la localidad gaditana, donde admiramos esta construcción prehistórica que nos asombró por sus magnitudes.
     De ahí nos dirigimos al casco urbano de Villamartín, para pasear por la plaza del Ayuntamiento y hacer una visita a la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de las Virtudes, donde admiramos su fastuoso interior, con su magnífico Retablo Mayor de Dionisio de Ribas e imágenes de Pedro Roldán, como principal atractivo. De allí volvimos a la plaza del Ayuntamiento para contemplar la Iglesia de las Angustias, y posteriormente comer en el Restaurante Los Cazadores, dando un paseo por las calles serranas, y adquirir unos exquisitos dulces en la famosa confitería Juan Moreno, y poner finalmente rumbo de vuelta a Burguillos.
     Os dejamos una serie de fotografías de dicha experiencia, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.













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domingo, 4 de febrero de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María de la Mesa; Ermita de San Juan de Letrán; antigua Iglesia Mayor; Castillo y Torre del Homenaje; y Torre del Reloj) de la localidad de Zahara de la Sierra, en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de la Mesa; Ermita de San Juan de Letrán; antigua Iglesia Mayor; Castillo y Torre del Homenaje; y Torre del Reloj) de la localidad de Zahara de la Sierra, en la provincia de Cádiz.
     El caserío de Zahara se aglomera en una de las laderas que descienden desde el castillo, salpicado de edificios monumentales. La población surge en el siglo XIII, cuando la frontera se hallaba muy cerca debido a las conquistas realizadas por Fernando III; desde entonces formó parte del sistema defensivo del reino de Granada, al que perteneció hasta 1407, cuando la toma el Infante don Fernando de An­tequera. A lo largo del siglo XV cambio su situación en diversas ocasiones, dejando de ser población de realengo por cesión a la familia Arias de Saavedra, que la perdió a manos de los granadinos. Finalmente en 1484 pasó a manos de don Rodrigo Ponce de León, que la había recuperado para las fuerzas cristianas. En lo religioso y en lo artístico mantuvo siempre vínculos con Sevilla (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El municipio de Zahara de la Sierra se encuentra en el centro del Parque natural Sierra de Grazalema, en el extremo nororiental de la provincia de Cádiz, concretamente en la falda de la Sierra del Jaral, entre los ríos Guadalete y Bocaleones, y a la orilla del embalse de Zahara-El Gastor. Está situado sobre la falda oeste de una abrupta colina, coronada por una gran peña muy escarpada (sobre todo en su cara oeste), desde la que se domina un amplio valle regado por el Río Guadalete (hoy ocupado en parte por el Embalse). El núcleo actual, cuyo origen es claramente defensivo por su posición estratégica, corresponde al Recinto Bajo (en una pequeña meseta, alrededor de la Plaza de España, y con desarrollos hacia cotas más bajas), abandonando el Recinto Superior (ruinas del Castillo). Sus altitudes más significativas son: Plaza de España, 511 m.; y Castillo, 606,5 m.
     Su forma urbana de trazado antiguo e irregular, es producto de la adaptación a su peculiar topografía, provocando un crecimiento en cinturón alrededor de la Peña. Sus calles discurren de forma escalonada por lugares de pendiente uniforme. Las manzanas son lineales y limitadas en uno de sus lados por dicho elemento físico, por lo que adquieren forma escalonadas y suelen ser estrechas y empinadas. Se detectan dos tipos de manzanas: las cerradas, con dos fachadas paralelas, en el interior, y las abiertas en los bordes. El Casco Antiguo se estructura alrededor de dos calles casi paralelas, mientras que los Arrabales se desarrollan a lo largo de los caminos que bordeaban el barranco. Las calles transversales suelen tener pendientes muy fuertes, con desniveles que a veces sólo se salvan con escaleras.
     Su tipología residencial más común responde a la vivienda tradicional con entrada por zaguán y corral trasero. 
     Generalmente es una edificación entre medianeras.
     La altura predominante en las edificaciones es de dos plantas, presentando fachadas encaladas, con ventanas defendidas con cerrajería sencilla, balcones con cierros y portadas ocasionalmente decoradas también con gran sencillez. La mayoría de las cubiertas se resuelven mediante cubierta inclinada de teja a dos y tres aguas con teja árabe, constituyendo su conjunto visto desde el castillo, un espectáculo pintoresco (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Cálida población de la denominada Ruta de los Pueblos Blancos, situada en las faldas de la sierra del Jaral, desde la que se domina un espléndido paisaje.
Historia
     Villa de difícil identificación romana, lo cierto es que tras la conquista árabe se convirtió en una de las plazas fuertes más importantes, hecho que se evidenció más aún en el reino nazarí, siendo Zahara enclave estratégico de primer orden en la frontera medieval rondeña.
     En 1483 fue conquistada por Rodrigo Ponce de León, duque de Arcos. Hasta los años setenta del siglo XX se llamó Zahara de los Membrillos.
Fiestas
     El Corpus Christi, variable entre mayo y junio, se celebra en el pueblo desde la Reconquista. Se cubren las calzadas de juncias y las fachadas de las casas de arbustos sobre los que se cuelgan mantones y colchas bordadas.
     Del 20 al 23 de agosto tiene lugar la feria y el 28 de octubre es el día de los patronos San Simón y San Judas.
Gastronomía
     Cocina amorosa que sabe utilizar los pro­ ductos silvestres que le brinda el campo de los alrededores. Entre sus platos hay que mencionar el cocido con tagarninas, las sopas hervías, con espárragos, y los quemones, especie de salmorejo.
Artesanía
     Aún existe en la población una interesante industria artesanal a base de trabajos de esparto, palma, vareta y ganchillo.
Visita
     Zahara se deja caer por la ladera de la sierra del Jaral, en cuya cima se levanta el castillo, una fortaleza roquera del siglo XII, de la que sólo se mantiene en pie la torre del homenaje. El casco urbano de la localidad cuenta con la declaración de Conjunto Histórico-Artístico desde 1983. Su belleza es increíble. Las calles y las plazas, en las que abundan las fuentes, se van adaptando al terreno de tal manera que las casas se suceden escalonadas, muchas de ellas todavía de los siglos XVI y XVII.
     En la plaza de Zahara se levanta la iglesia de Santa María de la Mesa, templo del siglo XVIII construido sobre la antigua ermita de San Francisco. Muy interesante es la cúpula del crucero, de media naranja, cuyo tramo inferior presenta una curiosa deco­ración a base de columnas o balaústres que le dan un aspecto sumamente movido. En el boquete de San Juan se encuentra la ermita de San Juan de Letrán, construida en 1958 para sustituir a la anterior del mismo nombre, de la cual sólo queda la conocida como torre del Reloj, que era su campanario (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).  
     Cálida población de la denominada Ruta de los Pueblos Blancos, situada en las faldas de la sierra del Jaral desde la que se domina un espléndido paisaje.
Historia y visita
     Villa de difícil identificación romana, lo cierto es que tras la conquista árabe se convirtió en una de las plazas fuertes más importantes, hecho que se evidenció más aún en el reino nazarí, siendo Zahara enclave estratégico de primer orden en la frontera medieval rondeña.
     En 1483 fue conquistada por Rodrigo Ponce de León, duque de Arcos. Hasta los años setenta se llamó Zahara de los Membrillos.
     El soberbio paisaje urbano y el natural que la rodea son los principales atractivos de la ciudad. Arriba, en lo más alto de la peña desde la que se descuelgan las casas, se levanta el castillo roquero, del que no se conserva más que la torre del homenaje, del siglo XII. Fuera del recinto murado del poblado nazarí, junto al actual depósito de agua, se localiza una necrópolis musul­mana.
     Abajo, en el pueblo, sobresale la iglesia parroquial de Santa María de la Mesa, terminada su construcción en 1755 en el solar de la antigua ermita de San Francisco. La atractiva imagen gótica de la Virgen titular se encuentra en el retablo mayor. Posee además un rico tesoro de objetos litúrgicos entre los que destaca la custodia del siglo XVI utilizada en el Corpus.
Fiestas
     El Corpus Christi, variable entre mayo y junio, se celebra en el pueblo desde la Reconquista. Se cubren las calzadas de juncias y las fachadas de las casas de arbustos sobre los que se cuelgan mantones y colchas bordadas. Del 20 al 23 de agosto tiene lugar la feria y el 28 de octubre es el día de los patronos San Simón y San Judas
Gastronomía
     Cocina amorosa que sabe utilizar los productos silvestres que le brinda el camp de los alrededores. Entre sus platos hay que mencionar el cocido con tagarninas, las sopas hervías, con espárragos, y los quemones, especie de salmorejo.
Artesanía
     Aún existe en la población una interesante industria artesanal a base de trabajos con esparto, palma, vareta y ganchillo.
Alrededores
     A unos 5 km hacia el sur se sitúa la Garganta Verde, al final de la cual se localiza la ermita de la Garganta, espléndida gruta excavada en la roca por el arroyo Bocaleones, con gran profusión de estalactitas y estalagmitas. En la misma dirección, en la carretera que lleva a Grazalema, se encuentra la entrada al pinsapar (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 

Iglesia de Santa María de la Mesa
     Fue erigida inicialmente sobre la primitiva mezquita musulmana y a la sombra de la fortaleza, en lo más alto de la pronunciadísima pendiente. Su adaptación al nuevo culto cristiano afectó a la disposición del recinto que adquiriría la apariencia mudéjar que está documentada, con dos naves, cubierta de madera y una potente cabecera gótica con contrafuertes. Al estar situada en la parte más elevada del pueblo, que paulatinamente  había ido desplazándose ladera abajo, fue per­diendo con los siglos atractivo frente a otros dos establecimientos religiosos que se ubicaban en la zona hacia la que crecía el caserío. Se plantea entonces la necesidad de construir una parroquia nueva en una cota inferior y el maestro mayor de obras del Arzobispado de Sevilla, Francisco Rodríguez, se encargó de dar las medidas del nuevo edificio, que iba a levantarse en el solar de una de las ermitas, la de San Francisco. Entre 1731 y 1741 midió y proyectó las obras, que tardarían tres décadas en estar concluidas. Antonio Matías de Figueroa se ocupó del remate desde 1775 hasta 1779, trabajando desde la línea de cornisas, por lo que las cubiertas fueron proyectadas por él, así como la torre y las portadas. Sin duda, el parentesco con otras obras del maestro saltan a la vista, bastando compararla con la fachada de la cercana parroquial de Algodonales, aunque todavía resulte más clara la afinidad estilística con otras obras del menor de los Figueroa, como la iglesia parroquial de Almonte. La puerta principal se encuentra afectada por esta explosiva manifesta­ción final del barroco castizo, quebrando las líneas rectas y con­traponiendo curvas y formas mixtilíneas. La sencillez de la estructura arquitectónica, elaborada en piedra limpia, contrasta con las elaboradas tensiones de la crestería que decora el dintel y la dinámica evolución de las líneas del frontón que remata el hastial.
     Al interior presenta una disposición tradicional de cruz latina, con tres naves y crucero, cubiertas con bóveda  de cañón con lunetos la principal y de aristas las laterales. Todo ello sostenido por pilares de sección rectangular que se adornan con pilastras toscanas. El coro se ha interpuesto a los pies de la nave,  lo que mantiene los paralelismos con la iglesia de Algodonales. Otro testimonio del carácter de esta arquitectura tardobarroca es el singular perfil del intradós de la cúpula que cubre el crucero, decorada en su tramo bajo por una banda ondulante. La arquitectura en madera que adorna el interior de la iglesia también presenta abundantes testimonios de calidad. El retablo mayor fue adquirido a los dominicos de Cádiz en 1779, siendo retocado por el maestro dorador Anselmo de Fuentes. Se compone de banco, dos cuerpos con tres calles separadas por estípites y ático. Es obra en la que coexisten estípites de hechura algo tosca, con pilastras de rocalla de gran ligereza, recordando en su tratamiento arquitectónico el arte de Gonzalo Pomar. El movimiento en la línea de cornisas y las rocallas abundantes, nos hace pensar en un artista cercano al taller sevillano de los Acosta. El retablo está presidido por la Virgen de la Mesa, obra gótica de talla completa con una tosca policromía. A los lados se sitúan las imágenes de los santos patronos de la villa, San Simón y San Judas Tadeo, que parecen obras sevillanas de principios del siglo XVIII. Sobre los santos sendos medallones con la Estigmatización de San Francisco y San Pascual bailón adorando la eucaristía, ambas realizadas en la segunda mitad del siglo. En la órbita de Pedro Roldán se encuentra el Arcángel que se encuentra en el ático del re­tablo, de los primeros años del XVIII. Junto al altar se exhibe la cruz parroquial, utilizada du­rante los oficios de la semana santa y cuyo cruci­ficado es una interesante obra del siglo XVII.
     En la cabecera de la nave de la izquierda se encuentra la capilla sacramental, presidida por un retablo compuesto por el banco, un único cuerpo con tres calles y el ático. Puede ser del último tercio del siglo XVIII puesto que en su decoración no abandona la rocalla, aunque utilice columnas corintias decoradas con guirnaldas. En el camarín hay una imagen de candelero de la Virgen del Rosario, que tuvo cofradía propia, y una talla de San Juan Nepomuceno, alojada en el ático, completa la iconografía del retablo.
     A continuación, en la misma nave, se encuen­tra el retablo de la Virgen de Comares, que se encuadra en la estética sevillana posbarroca imperante en las últimas décadas del siglo XVIII, relacionándose con la obra del artífice establecido en Utrera, Juan Ignacio de Salamanca, arquitecturas que mantienen una marcada estructura, libres de los adherentes que proliferaron durante el rococó, de planta quebrada que rompe con el paralelismo de las columnas. El retablo se ha policromado imitando mármoles de colores y pre­senta en la hornacina principal una figura de la Virgen que procede de una antigua ermita. En las entrecalles se colocan sendas esculturas de pequeño tamaño de Santa Rita de Casia y el Arcángel San Rafael, de discreta calidad, fechadas en las primeras décadas del siglo XVIII. Un Nazareno preside el ático, pieza de talla completa posiblemente realizada en Sevilla y fechada en el siglo XVII. Como es habitual, las Ánimas del Purgatorio tienen retablo propio, que sirve de marco arquitectónico al gran cuadro de altar. Posee una ligera estructura con banco, un único cuerpo y el ático, con dos columnas que avanzan sobre el plano del lienzo. Éste, que muestra a la Virgen del Carmen como intercesora de las almas, es de origen sevillano de la segunda mitad del siglo XVIII. Tres pequeñas figuras completan la iconografía. Se trata de las imágenes de Santa Gertrudis y Santa Bárbara, sobre el banco, y Santa Catalina de Alejandría, en el ático; todas ellas sevillanas de la primera mitad del XVIII.
     El coro es de quince estalos, apenas decorado con unas líneas, habiendo sido construido entre 1779 y 1780 con la participación de Francisco del Valle, carpintero de la diócesis, y del ensamblador Juan Ignacio de Salamanca. El retablo de San José es el primero de los altares de la nave de la Epístola, colateral al mayor. Se ha concebido de acuerdo con los principios estéticos de fines del XVIII. Mantiene en sus líneas principales las formas del retablo de la Virgen de Coma­res, aunque sólo cuenta con un par de columnas, que combinan con los esbeltos baquetones que sostienen la hornacina principal, que bien podrían haber sido estípites. Las esculturas que se distribuyen por esta arquitectura son algo toscas, cercanas en fecha a la ejecución del altar, excepto el reciente San Juanito del banco. La imagen de San José con el Niño que en origen lo presidía se encuentra actualmente en la sacristía y en su lugar luce otra talla de menor calidad, a los lados aparecen Santa Teresa y el arcángel San Gabriel.
     Inmediato al retablo de San José, el muro se pintó en el último tercio del siglo XVIII con una imagen de San Cristóbal con la iconografía habitual. Sigue el retablo de Nuestro Padre Jesús, que repite el modelo del que se sitúa enfrente, en la nave del Evangelio, con la imagen titular en la hornacina principal. Se trata de una escultura ejecutada en la segunda mitad del siglo XVII, y flanqueada por dos santos franciscanos, San Francisco de Asís y San Antonio de Padua, ambas de pequeño tamaño y propias del arte de la primera mitad del siglo XVIII. El contiguo lienzo del Cristo de Medinaceli decimonónico resulta la mejor de las copias que se ha difundido entre otras iglesias gaditanas y que reproducen fielmente la matriz.
       El último retablo de la nave, inmediato a la puerta de acceso al Museo Parroquial, es el del Cristo de la Sangre, talla sevillana de la segunda mitad del siglo XVII. El retablo es de liviana estructura cubierta por una abigarrada decoración de rocallas y fue dorado entre 1779 y 1781 por el maestro Anselmo de Fuentes. En el Museo se expone la orfebrería y los bordados que atesora esta iglesia. Se trata de un conjunto espléndido en el que destaca un cáliz de plata sobredorada, renacentista de mediados del siglo XVI, con pea­na estrellada gótica, pero con el astil y la copa en la plenitud del estilo. La subcopa presenta una menuda decoración de rosas, en el nudo las asas y los gallones propios de la época. Posee marca de la ciudad de Sevilla y podría haberse labrado en taller cercano a Ballesteros. Entre lo legado por el manierismo sobresalen un cáliz con el nudo decorado a base de cabezas de clavo y unas vinajeras con asas en forma de «ces», con incisiones ovaladas, como las que decoran la bandeja. A lo que hay que añadir un portapaz representando un retablo de perfiles bajorrenacentistas, que alberga una imagen de Cristo atado a la columna y se ha documentado como obra realizada en 1666 por Juan Bino de Espinal, con el consiguiente conflicto estilístico. Del mismo autor y fecha es la cruz procesional de austeras formas. Y también contradictoria valoración estilística merece el cáliz sin decoración, de nudo semiovoide, que se ubica en el barroco. Del rococó es el cáliz con el astil piriforme, que posee la marca del sevillano Cárdenas, y por tanto perteneciente a la segunda mitad del siglo XVIII. De otro platero hispalense es el portaviático con forma de pelícano. Dieciochescas son dos de las obras más notables de la parroquia, el ostensorio y el guión sacramental. El primero es pieza rica con diamantes engarzados en el viril, un astil en forma de pelícano y una peana de perfil mixtilíneo y rocallas. Lleva la marca del orfebre Cárdenas y es del último tercio del siglo XVIII. La decoración rococó es abundante en el guión y por la forma de la misma ha sido relacionado con el mismo artífice sevillano. De fines de la centuria y del siglo XIX son numerosas piezas, en su mayor parte sevillanas, como la concha de bautismos, de Alexandre, o la cruz de la manga parroquial, de Rojas, o un cáliz liso, que lleva la marca de García y Vega. De la platería Meneses, de Madrid, procede la arqueta de la llave del Sagrario realizada ya a principios del siglo XX.
     El bordado tiene una excelente representación, con muestras que se remontan al siglo XVI. Entre las piezas más antiguas se encuentra la casulla de terciopelo verde, con el Bautista, la Magdale­na y los santos Juan Evangelista y Francisco de Paula, enmarcados por grutescos.
     Del mismo autor ha sido considerada la casulla negra, con parecidos motivos bordados de corte renacentista, aunque resueltos con un trazo más elegante. Ambas piezas se han asociado con el bordador Luis de Góngora, que trabajó en la segunda mitad del siglo para la parroquia. Todavía de la misma centuria es la capa roja de grutescos. Hacia finales del siglo XVII hay que datar el terno rojo, compuesto por casulla, dalmáticas, bocamangas y capa pluvial, todo con decoración manierista (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Siglo XVII. Fue terminada en 1755 bajo la dirección del escultor arquitecto Antonio Matías de Figueroa, construyéndose sobre el solar y aprovechando muchos de los materiales de la que hasta 1731 ocupó una antigua ermita llamada de San Francisco, dando paso así a la que hoy contemplamos.
     Al exterior destaca la fachada principal. Presenta portada barroca de mármol rosa cuyo remate coincide con la corona en bisel curvo que cubre el frente de la nave central. Es obra del maestro de fábricas Diego Pérez de Acevedo. Existe una segunda entrada llamada la Puerta del Perdón; está rematada con frontón curvo. En altura sobresalen el cimborrio, en forma curvilínea y cubierto por tejas vidriadas y la torre del campanario. Se remata en tejado piramidal, cubierta de azulejos dieciochescos, azules y blancos de tradición sevillana.
     Es un templo de tres naves, la central, más alta y ancha que las laterales, está separada de éstas por pilastras de orden toscano que sostienen bóvedas de aristas, y cúpula gallonada en el crucero, sobre cornisa rizada. Dentro de la Iglesia es de destacar el órgano, que queda instalado sobre un arco de medio punto que cubre el cancel de entrada de la puerta principal, es del siglo XVIII. A los pies de la nave central hallamos un coro con facistol y quince asientos, uno por cada clérigo que en 1779 contaba la parroquia. Está realizado en madera de pino de flandes por el escultor sevillano Francisco del Valle. El remate del testero es de Juan Ignacio de Salamanca. El Retablo Mayor, de acertado equilibrio artístico, es de estilo barroco. Otros retablos de menores dimensiones se distribuyen en las otras naves.
     Por último, hemos de mencionar el Tesoro o Museo Parroquial , magnífica expresión del arte religioso, en el que podemos hallar: varios cálices (el más antiguo del siglo XVIII) ; un portaviático de 1666, realizado por el platero sevillano Juan Birto de Espinar; varios varales de plata labrada; y una colección de atuendos religiosos de los siglos XVI al XVIII. Las piezas más importantes debido a su arraigo popular son, un guión sacramental (1760 – 1765)y un ostensorio (1775). El primero es de plata repujada con campanillas y estuvo expuesto en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Actualmente da paso al cortejo procesional cada año en la fiesta del Corpus Christi Se trata de una de las piezas más representativas de la orfebrería sevillana del siglo XVIII. El rico ostensorio, al igual que el guión de estilo rococó, es una autentica obra de arte, procesiona igualmente el día del Corpus, su altura es de 85 cm. Y pesa 6,3 kg. Toda la custodia es de plata y piedras preciosas (Ayuntamiento de Zahara de la Sierra).

Ermita de San Juan de Letrán
     Este edificio cuenta con una sola nave cubierta con bóveda de cañón rebajada. Al exterior presenta una fachada con amplio atrio y un remate de' moderna factura. El retablo de la capilla mayor, rematado por un escudo con el águila bicéfala y los elementos iconográficos de San Pedro, acoge una Virgen de los Dolores de candelero. Del resto de las esculturas que se reparten por los muros laterales del templo es interesante un crucificado dieciochesco (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Siglo XX. Pequeña iglesia construida en 1958, sobre el solar que ocupó la anterior ermita del mismo nombre. De una sola y amplia nave, su portada es un amplio arco de medio punto coronado por tres espadiñas, que cobijan a campanas fundidas del mismo año de la construcción templo (Ayuntamiento de Zahara de la Sierra).

antigua Iglesia Mayor
     Actualmente lo único resaltable es la torre construida de aparejo irregular con hiladas de ladrillo a diferentes alturas. Sobresalen los contrafuertes para su sustentación, situados en cada vértice del hexágono, y en cada una de sus caras son evidentes los mechinales cuadrados. La que actualmente vemos, por su estructura, construcción y uso, debió pertenecer al siglo XV y formó parte de la Iglesia Mayor edificada por los cristianos después de la primera conquista de Zahara en 1407. Queda por ver si ocupa el lugar que previamente tendría la mezquita, en tanto en cuanto al haber un asentamiento permanentemente musulmán sería lógica su existencia, y como ocurre en otras ciudades conquistadas por el catolicismo durante la Edad Media, las iglesias se emplazarían sobre las antiguas mezquitas. Actualmente ha sido restaurada parcialmente, y en breve abrirá sus puertas como centro de interpretación e información de las excavaciones e intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en la Villa Medieval (Ayuntamiento de Zahara de la Sierra).

Castillo y Torre del Homenaje
     Siglos XIII al XV. Son pocos los restos que quedan de la antigua villa medieval de Zahara para que podamos hacernos una idea de lo que fue su aspecto original. No en vano, todo el poblado estaba rodeado por un cordón defensivo constituido por lienzos de muralla con torres de trecho en trecho, estando todo el conjunto almenado; e incluso en varios lugares defendido por dos murallas -que se hacen tres si consideramos las propias del castillo en sí-.
     El lienzo de muralla mejor conservado queda en la zona oriente. Del conjunto defensivo originario, lo que hoy llama más la atención, por ser lo único conservado, es la Torre del Homenaje, situada en el punto neurálgico del castillo y en su cota más alta –a 605 m. sobre el nivel del mar.
     El exterior, adaptado al terreno, presenta planta prácticamente cuadrada (12 x 12,60 metros) y ángulos redondeados, producto de la asimilación de la arquitectura militar nazarí con la cristiana como ocurre en el caso de la cercana Olvera. El interior de ambas plantas se encuentra dividido en cuatro compartimentos cada una, mediante arcos rebajados que se entrecruzan para formar dichos espacios, y que se cubren, a su vez, por bóvedas vaídas.
     En la cámara baja -por donde actualmente se entra- nos sorprende una piedra de grandes dimensiones y de función desconocida. De la primera planta destaca la chimenea -de tradición cristiana- y dos ventanas de grandes proporciones, situadas antagónicamente. La última planta corresponde a la azotea propiamente dicha, en donde encontramos la salida de la chimenea y cuatro grandes merlones esquinados, que constituyen el almenaje. La comunicación de las plantas se realiza mediante escaleras abovedadas construidas en el interior.
     Como artificios defensivos encontramos: las saeteras, de pequeño tamaño y situadas en diferentes punto; restos de probable matacán sobre la puerta original de entrada a la primera planta, construida de ladrillo; y un talud, en la cara noroeste, que cumplía diferentes funciones.
     La Torre del Homenaje se resume en sí como una edificación partícipe, y a la vez, individualizada del castillo: cumplía la función de ser el último reducto donde refugiarse en caso de que hubiera caído el resto de la villa, con la esperanza, por parte de los sitiados, que una ayuda venida del exterior o una paz negociada, les permitiera seguir con vida (Ayuntamiento de Zahara de la Sierra).

Torre del Reloj
     Siglo XVI. Adosada a la ermita de San Juan de Letrán y como único resto de la antigua ermita, se erige la popular Torre del Reloj, que constituía el campanario. Toma el actual apelativo por la instalación a principios de siglo de un reloj de péndulo en su planta superior (Ayuntamiento de Zahara de la Sierra).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de la Mesa; Ermita de San Juan de Letrán; antigua Iglesia Mayor; Castillo y Torre del Homenaje; y Torre del Reloj) de la localidad de Zahara de la Sierra, en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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viernes, 2 de febrero de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz.
     El término de Villamartín, como el del resto de las poblaciones serranas, está salpicado de asentamientos antiguos. Por su dimensión es de destacar el conjunto megalítico de Alberite, que se compone de siete monumentos al menos, siendo destacable el gran dolmen de galería, con los ortostatos decorados con pinturas e incisiones. Varias aras funerarias testimonian la presencia romana y visigoda, en tanto que una fortaleza del siglo X en el sitio de Matrera rememora la ocupación de los musulmanes.
     El castillo con sus términos fue donado a la orden de Calatrava en 1256 y fue un importante enclave para el control territorial que ocasionó una repoblación casi inmediata. En 12584 Villamartín aparece mencionado como uno de los lugares cedidos a la ciudad de Sevilla junto con el castillo de Matrera que, desde 1342, formaba parte de su sistema defensivo, la Banda Morisca. Sin embargo, la dificultad de poblar el Campo de Matrera hizo que el concejo sevillano concertara con algunos particulares su establecimiento permanente. En 1503 la ciudad de Sevilla concede a Villamartín la Carta Puebla, inaugurando una época de litigios por la propiedad de la tierra que terminará con el fallo de la Real Chancillería de Granada, en 1558, favorable a Villamartín. La difícil repoblación del término tendrá un último episodio en la segunda mitad del sigo XVIII, coincidiendo con el proceso activado por Pablo de Olavide y que supuso el nacimiento de las poblaciones de Almajar y Prado del Rey en el término de Villamartín. De entonces data la casa palacio de los Topete, cuya blasonada portada es de líneas muy austeras y conserva en la escalera una imagen de la Virgen con el Niño, atribuible a Pedro Millán, escultor sevillano de mediados del siglo XV (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El término municipal está cuajado de asentamientos primitivos, pero la población actual se formó a partir del castillo de Matrera, no consiguiendo su Carta Puebla hasta 1503.
     Desde la plaza del Cabildo, donde se encuentra el Ayuntamiento, se ve la torre-fachada de la iglesia parroquial de Santa María de las Virtudes, compleja edificación en la que llegaron a intervenir artistas de tanto renombre como Martín de Gainza o Hernán Ruiz II. Tiene tres naves y crucero y en ella sobresale el espléndido retablo mayor, en madera sin policromar, obra del cordobés Dionisio de Ribas, siendo las imágenes de Pedro Roldán.
     La iglesia de San Francisco, construida a principios del siglo XVII, formó parte del antiguo convento de los franciscanos, del que apena queda el claustro. En el altar mayor se encuentra el Cristo de la Vera Cruz, un extraordinario Crucificado tallado en el siglo XVI y atribuido a Roque Balduque.
     La iglesia de Nuestra Señora de las Angustias perteneció al convento de franciscanas clarisas, hoy desaparecido. Tiene un buen retablo mayor de carácter barroco.
     Villamartín cuenta, además, con un conjunto de buenas casas palaciegas distribuidas por el casco urbano. Uno de los mejores ejemplos es la conocida como palacio de los Topete, en la calle Luis y Andrés Mozo, que perteneció a los Austria-Bohórquez (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).  
     Importante ciudad de carácter agrícola, con campos muy ricos gracias a la abundancia de sus aguas.
     Su fundación es moderna, del año 1503, y tiene su origen en el castillo de Matrera, entregado por Alfonso XI a la ciudad de Sevilla en 1342 para premiar su esfuerzo en la guerra contra los musulmanes. Desde la plaza del Cabildo, donde se encuentra el Ayuntamiento, se ve la esbelta torre de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Virtudes. Levantado en el siglo XVI, es éste un notable edificio de corte renacentista con gran presencia del barroco. Posee tres naves y crucero y en ella sobresale el precioso retablo mayor, obra del cordobés Dionisio de Ribas.
     La iglesia de San Francisco se construyó en 1828 bajo el patrocinio de Fernando VII. Es barroca y posee un buen retablo rococó con la imagen del titular. La iglesia de las Angustias fue en su día la del convento de las Franciscanas Clarisas, hoy desaparecido. Tiene un artístico retablo mayor y una imagen de la Virgen con Cristo yacente de mucha calidad, obra de Juan de Britto. En la calle Luis y Andrés Mozo se levanta el palacio de los Topete, interesante ejemplo de la arquitectura civil de carácter burgués de la zona (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 

Iglesia de Santa María de las Virtudes
     Iglesia de planta basilical, de tres naves con crucero, sostenidas por pilares de sección cuadrangular, sobre los que cabalgan arcos apuntados. La bóveda que cubre la nave central es de cañón apuntado y las laterales de aristas. El transepto se eleva por encima del resto, estando abovedado con medio cañón y cúpula en el crucero. La desigual altura se aprecia al exterior, con una gran cabecera de sobresaliente volumetría y compleja composición, formada por el ábside ochavado, sostenido por contrafuertes, la sacristía alta o sala del secreto y la caja de la escalera. Tiene tres portadas, dos de ellas son de sencilla factura y están abiertas en los extremos de la nave del transepto. La principal corresponde a los pies del templo, bajo la torre fachada, está coronada por una imagen de la Virgen y flanqueada por las esculturas en terracota de San Pedro y San Pablo, modeladas en Sevilla por el maestro Gómez en 1565. La larga historia de este edificio puede dividirse en tres etapas. La construcción de una iglesia gótica-mudéjar sobre una base musulmana, época de la que datan los arcos formeros de la nave que cabalgan sobre pilares cruciformes y la bóveda de crucería de la capilla sacramental o del Dulce Nombre de Jesús, enterramiento de los Álvarez de Bohórquez desde 1525. En la reforma renacentista de la segunda mitad del siglo XVI se añadió el crucero y la capilla mayor, que se cubren con bóvedas de medio cañón, con decoración geométrica, y cúpula. Martín de Gainza aparece como responsable de esta fase constructiva, que sería rematada por la torre-fachada, realizada entre 1562 y 1565, bajo la dirección de Hernán Ruiz II. Suya es una pieza excepcional en el arte de la cantería y la montea, la escalera que comunica las sacristías alta y baja, asimismo obras suya, compuesta de peldaños monolíticos que no tienen apoyo central. La última etapa corresponde a las obras emprendidas tras el terremoto de Lisboa, dirigidas por Fernando Rosales ya en la segunda mitad del siglo XVIII, que se prolongaron hasta 1809, cambial el aspecto final de la decoración interior, construyéndose además el coro, el cuerpo superior de bóvedas de aristas de las naves laterales. A todo ello hay que añadir una intervención moderna que ha consistido en sustituir la vieja armadura mudéjar por una bóveda de cañón.
     Tan importante es la arquitectura de esta iglesia como el conjunto de los bienes muebles. El retablo mayor merece un lugar destacado en la historia del arte sevillano. Adaptado al ochavo de la cabecera, se estructura en banco, dos cuerpos y ático, con tres calles entre columnas salomónicas. Construido en 1678 por Francisco Dionisio de Ribas, con esculturas de Pedro Roldán, está sin policromar y entre 1754 y 1759 fue suplementado hasta sellar la separación del mueble y el muro, bajo la dirección del maestro Matías Navarro. En el sagrario del banco están representados los Evangelistas Juan y Mateo. En el primer cuerpo, San Pedro y San Pablo, con los santos Lucas, Marcos y Juan Bautista; en la hornacina central o manifestador, que es giratoria, por estar preparada para la exposición del Santísimo, una imagen de la Virgen de las Virtudes, obra del imaginero sevillano Juan de Astorga. En el siguiente cuerpo comparten espacio los relieves de los Padres de la Iglesia, San Ambrosio, San Agustín, San Gregorio Magno y San Jerónimo; San Joaquín, Santa Ana y finalmente la Coronación de la Virgen.
     En el testero de la nave de la izquierda hay un retablo de estípites, de mediados del siglo XVIII, construido por Matías Navarro, presidido por un Crucificado que se conoce como de "de Ruy Díaz", en consideración al supuesto autor. En realidad más parece una imagen de principios del siglo XIX cercana a la producción de Juan de Astorga. A los lados se sitúan San Juan y la Virgen, tallados en la época del altar en madera de su color. Entre los lienzos del muro contiguo destaca un busto de Santo Tomas pintado en la primera mitad del siglo XVIII. A continuación se ubica la capilla sacramental, con decoración neogótica y cubierta por una bóveda de terceletes, que se cierra con una interesante reja renacentista de dos cuerpos y remate. El retablo es moderno y está presidido por la imagen titular de una cofradía, un Nazareno de vestir, que pertenece a Francisco de Ocampo y sus discípulos (1623-1645). En los laterales dos cuadros que representan la Adoración de los Pastores y los Desposorios, realizados a fines del siglo XVII al igual que las dos lámparas que cuelgan de las jambas. El púlpito es una valiosa obra de la cerrajería barroca, realizada en 1760 por Juan Mensías, y cubierta por un tornavoz de Juan Alonso de Burgos fechado en 1759. También la crujía de hierro es del mismo maestro herrero sevillano.
     El altar de María Auxiliadora, con Domingo Sabio y San Juan Bosco, en retablo neobarroco, está vinculado a los Salesianos. Es moderno y sin interés. Junto a la puerta lateral del templo hay dos cuadros barrocos; uno representa a la Virgen del Rosario, fechada en 1638, y otro es la Oración en el Huerto, técnicamente deficiente y bastante deteriorado. A continuación se sitúa el altar de las Ánimas, con el tema principal pintado en el siglo XIX, y los lados dos esculturas modernas de la Milagrosa y San Sebastián.
     El último tramo de la nave presenta una elaborada composición simbólica en un retablo neoclásico; en el nivel inferior se sitúa una Virgen muerta en su urna, delicada escultura de fines del siglo XVIII que aparece vestida, con corona de plata  los pies calzados. Sobre ella se ha colocado una pintura del siglo XIX representando su Asunción a los cielos. En el testero de los pies se encuentra un altar de fábrica, moderno, que alberga actualmente la talla de San José con el Niño, magnífico conjunto realizado por Francisco de Ocampo en 1622.
     Sobre la puerta de los pies hay un lienzo de escuela mexicana de la Virgen de Guadalupe, pintado en el siglo XVIII. En el trascoro cuelga la interesante talla del Crucificado de las Aguas, del sigo XVII, de pequeño tamaño y articulado. El coro fue obra del ensamblador José Pecio, que lo realizó en 1767 junto con la reja, que era de madera y fue sustituida en 1804 por otra de hierro, como recuerda una inscripción situada al pie de la misma. Ocupa el lugar de otro contratado por Miguel Cano en 1618, de acuerdo a las trazas del maestro mayor Diego López Bueno. Posee una rica decoración rococó y aun conserva algunas de las misericordias de los estalos. En el facistol, de época se exponen cuatro libros corales fechados en 1626. En el escalón de acceso al recinto se encuentra una sepultura, de 1570, perteneciente a Pedro García Toledano, su esposa Catalina Díaz y herederos.
     La capilla bautismal, primera de la nave de la derecha, es amplia y guarda un lienzo del Bautismo de Cristo pintado en el siglo XVII por un desconocido Juan de Vargas. También las esculturas de una Sagrada Familia recompuesta, formada por la pareja dieciochesca de San José con el Niño y una Inmaculada con el escapulario carmelita, de la primera mitad del siglo XVII. Ya fuera de la capilla y sobre el muro de la nave de la derecha, un retablo compuesto con restos de otros está presidido por una talla de Cristo resucitado, atribuido a Jerónimo Hernández, con dos cuadros pequeños en el banco, que representan a Santiago y a un santo franciscano de desconocida procedencia.
     El retablo siguiente fue realizado a mediados del siglo XVIII, ha perdido el banco y en la hornacina principal se aloja una pequeña Virgen del Carmen, de candelero. En el ático un lienzo de Santa Catalina del siglo XVII y a los lados dos cuadros de San Luis Gonzaga y de Santa Teresa. Sigue un retablo neogótico de escaso interés, dedicado al Sagrado Corazón.
     El altar de Santa Ana se estructura en banco, cuerpo y ático, con una arquitectura que se impone sobre cualquier otra consideración de índole decorativa. Es de Pablo Legot, lo mismo que los dos lienzos situados en los intradoses del nicho central, con imágenes de San Lorenzo y San Pablo. De las esculturas que ocupan la hornacina, al menos Santa Ana parece de la época. El San José del ático es más moderno, relacionado quizás con la fecha que figura en el basamento de la pilastra derecha: 1858. Inmediato en el muro de la nave se sitúa el lienzo de San José con el Niño, pintado por un maestro de la escuela murillesca a fines del siglo XVII.
     Más antiguo es el cuadro que representa a San Joaquín con Santa Ana y la Virgen, pero destaca de manera muy especial el gran lienzo que representa el Martirio de San Sebastián, de mediados del siglo XVII. Por último, el retablo que remata la nave fue realizado por Matías Navarro, como el que se ubica en el testero de la izquierda; su iconografía guarda relación con la hermandad de sacerdotes de la que eran titulares las imágenes y está presidido por la escultura de la Virgen del Rosario, atribuida a Jerónimo Hernández, flanqueada por las esculturas de San Juan Nepomuceno y San Pedro. 
     En la sacristía hay que mencionar el cancel que la separa de la iglesia y presenta vistosa peinacería, así como la gran cajonera realizada en la segunda mitad dl siglo XVII, decorada con columnillas salomónicas.
     La parroquia posee una rica colección de plata, en la que sobresalen las crismeras de nudo en forma de templete y baso lobulada, documentadas como obra de Francisco de Alfaro (h. 1588); dos coronas de plata y una aureola de principios del siglo XVII, marcada por el sevillano Melchor de Silva (MS). La custodia de pie, de plata sobredorada y decoración de esmaltes, con nudo arquitectónico, pertenece al platero Martín Alonso del Castillo (1637) y posee la inscripción: "Este sol mando hacer el licenciado Pedro Lavajos siendo mayordomo de la Cofradía del Santísimo Sacramento. Acabose el año 1673". El cáliz de esmaltes, con nudo de jarrón, se ha atribuido al maestro Alonso y el de los querubines, más moderno, se vincula con Juan Laureano de Pina. La mitad inferior de la cruz de altar se asocia con la producción de Hernando de Ballesteros "El Mozo". Llamativo es el trono de la Virgen de las Montañas, de fuste helicoidal, que también se relaciona con el artífice Cristóbal Pérez, que trabajaba en la iglesia en 1622. Del siglo XVIII abundan también las obras sevillanas, como la cruz de manga sin gallones, de Manuel de Hoces; el acetre y los ciriales, de Antonio Salinas; y los blandones de Nicolás de Cárdenas. Los estilos rococó y neoclásico están representados por otro extenso conjunto de piezas sevillanas y cordobesas, siendo de destacar el cáliz de plata sobredorada que podría ser de Vicente Gargallo, la custodia de sol de José Guzmán o las vinajeras de Mateo Martínez Moreno (1789).
     Los tejidos que conserva la parroquia son igualmente de primera calidad y, entre ellos, destaca el terno realizado hacia 1700 y compuesto por casulla, capa pluvial y dos dalmáticas de terciopelo rojo bordado en oro y seda de colores. Asimismo, el terno de San Pedro procedente de la antigua hermandad de sacerdotes, y una rica colección de palias (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Iglesia comenzada a construir en el siglo XVI. Portada con templete greco-romano, una hornacina en medio con una inscripción en su interior. Retablo del Siglo XVII. La actual edificación es el resultado de diversas reconstrucciones. La obra primitiva era del siglo XVI y se trataba de un edificio gótico mudéjar de tres naves separadas por arcos apuntados sobre pilares, esta zona se conserva actualmente en lo correspondiente al cuerpo de la nave, si bien las actuales cubiertas encamonadas de aristas responden a una reforma neoclásica de fines del siglo XVIII. El crucero y capilla mayor responden a una reforma renacentista de la segunda mitad del siglo XVI, los brazos se corren por bóvedas de medio cañón y la capilla mayor por bóveda abocinada, la cúpula es semiesférica sobro pechinas.
     En el primer tramo de la nave derecha se abre la capilla con cubierta de crucería perteneciente a la fábrica primitiva.
     Al exterior destaca la Torre- Fachada, que en la zona baja alberga la portada. Esta se compone de dos cuerpos sustentados por columnas jónicas do fuste estriado que albergan hornacinas rematándose el segundo por frontón curvo. 
     Esta pieza fue diseñada a mediados del siglo XVI por Hernán Ruiz II. Los cuerpos de campana son de planta cuadrada con vanos de medio punto y rematados por chapitel piramidal recubierto de cerámica. Esta última no corresponde a la reforma de fines del siglo XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Francisco
     Los franciscanos observantes llegaron a la localidad de Villamartín a fines del siglo XVI, adquiriendo la ermita de la Vera Cruz y unas casas anejas sobre las que levantaron su iglesia primero y las dependencias conventuales en 1630. Todavía conserva parte de las viejas estructuras, como la portería, abovedada de aristas, el claustro y la iglesia. Ésta es de una sola nave, cubierta con bóveda de cañón con lunetos y cúpula la capilla mayor, con el coro a los pies, una fachada decorada por un azulejo dieciochesco, rematada en espadaña y una portada de sencillez decorativa. El altar neoclásico de la capilla mayor, que fue donado por Fernando VII, está presidido por la excepcional talla del Crucificado del siglo XVI, que se ha vinculado con Roque Balduque. A los lados se sitúan las esculturas del Arcángel San Rafael, moderna, y de San Juan de Dios realizada en el siglo XVIII. Dentro de la misma capilla un lienzo decimonónico reproduce la imagen de Santa Rita. El púlpito se abre inmediato al pilar toral en el propio muro de la izquierda, según el tipo conventual. A su lado se halla el retablo de San Antonio, de estípites y con un cuerpo de tres calles, donde la escultura titular fue tallada en 1644 por el sevillano Martín Moreno. A su lado, en una hornacina abierta en el muro, una talla de Jesús de la Humildad y Paciencia, obra del siglo XVII con una importante reforma decimonónica.
     En el muro de enfrente se ubica el cuadro de las Ánimas, con Santo Domingo y San Francisco como intercesores, en su retablo neoclásico. A los pies una urna con un Cristo yacente. En el siguiente altar se encuentra la Virgen de la Soledad en su retablo de estípites de la primera mitad del siglo XVIII. Santo Tomás se encuentra en la capilla inmediata al presbiterio, cuya bóveda está pintada con rocallas y contiene un retablo rococó, con columnas de orden compuesto, de fines del sigo XVIII.
     A este patrimonio hay que añadir un cáliz de plata en su color, sin decoración y astil con nudo troncocónico, de principios del siglo XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La Iglesia de San Francisco se encuentra en la calle del mismo nombre y forma parte de lo que fue convento.
     De su interior destaca el retablo de estilo neoclásico donado por el Rey Fernando VII que está situado en el altar mayor y que fue colocado en 1828.
     El Cristo de la Veracruz situado en este altar es una magnífica talla del siglo XVI y era el titular de la primitiva ermita. Se atribuye al escultor y retablista flamenco Roque Balduque.
     Destacan un retablo Rococó con la imagen de Santo Tomás, una imagen de Nuestra Señora La Soledad, del siglo XVII y una magnífica imagen de Humildad y Paciencia de Jesús. También son dignas de mención una talla de San Antonio con el niño, realizada en cedro por Martín Moreno en 1644 para la Cofradía de San Antonio y las imágenes de San Juan de Dios y San Rafael que se encuentran en el Altar Mayor.
     En esta iglesia se leyó y juró la Constitución el día 6 de septiembre de 1812, poco después de la retirada de las guarniciones francesas de la localidad. Ese día se celebró una misa solemne y se cantó en señal de gracias al Señor un Solemne Tedeum, como aparece en Actas Capitulares (Ayuntamiento de Villamartín).

Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias
     Fue la capilla del convento de las concepcionistas franciscanas, construida a comienzos del siglo XVII. Es de una sola nave y cabecera plana, con una sencilla portada y posee en un lateral la espadaña. La sobriedad exterior se corresponde con un interior de similar acabado en el que contrasta el retablo mayor barroco. La imagen titular, con Cristo muerto en el regazo de la Virgen, es del autor contemporáneo Juan Bernabé Britto. Además, guarda la capilla las imágenes del Nazareno y la Virgen, que proceden de la capilla de la Virgen de los Reyes (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El templo de Las Angustias se encuentra en la Plaza del Ayuntamiento. Comenzó a construirse a comienzos del siglo XVII. Tiene una sola nave y cabecera plana. Su portada es simple, con un arco rebajado entre sencillas pilastras que sostienen un entablamento. La espadaña lateral es el único elemento que rompe la uniformidad de su composición, con dos cuerpos con vanos de medio punto entre pilastras y frontón triangular de remate. En su interior, también sobrio, destaca su magnífico retablo mayor, de trazado barroco.
     En su origen la capilla formó parte del convento de Franciscanas Menores Observantes de la Concepción. En la misma se encuentran una imagen de la Virgen de Los Reyes y otra de Jesús Cautivo.
Preside el Altar Mayor una imagen de la Virgen de Las Angustias con Jesús yacente en su regazo que fue realizada hacia 1951 por Juan Bernabé de Britto (Ayuntamiento de Villamartín).

Santuario de Nuestra Señora de las Montañas
     La ermita de la Virgen de las Montañas se encontraba construida en 1563 para alojar la imagen, aparecida entre la maleza, a principios del mismo siglo. Las reformas posteriores han modificado el aspecto primitivo de la fábrica. La iglesia es de planta de salón, con una sola nave, cubierta por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones y cúpula sobre la capilla mayor. La cornisa que recorre todo el recinto está decorada con guirnaldas, por lo que podría considerarse una reforma que dotó al recinto de la imagen que hoy conocemos entre los últimos años del XVIII y primeros del XIX. En el testero se encuentra la Virgen de las Montañas en su tabernáculo de plata. A los pies un retablo de cerámica trianera reciente, con las imágenes monocromas de San Antonio y la Virgen con el Niño, según el modelo de Murillo. En la sala de las velas hay otro retablo cerámico centrado por la Virgen de las Montañas, realizado en Villamartín por Antonio Linares, en conmemoración del Año Santo Mariano (1989) (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El Santuario de La Virgen de las Montañas está situado a unos 8 kilómetros de la localidad. Es centro de peregrinación mariano de toda la comarca, celebrándose la Romería cada año el día 8 de septiembre.
     La Antigua Ermita está consagrada a la Virgen de las Montañas y a San Ginés, patrón de los viticultores. Precisamente, el origen de esta ermita era el prestar atención espiritual a los viticultores de la zona de Pajarete.
     A poca distancia está situada la Fortaleza de Matrera.
     Real el Ilustre Hermandad de Nuestra Señora de las Montañas Coronada
     Santuario de Pajarete
     Apartado de correos 120 11650 Villamartín
     Correo electrónico:  santuariopajarete@gmail.com
     Horario de visitas al Santuario Verano: Mañanas de 09.00 h. a 14.00 h. Resto del año: Mañanas de 10.00 h. a 14.00 h. y tardes de 16.00 h. a 18.00 h.
     A partir del mes de octubre la celebración de la Misa en el santuario tiene lugar todos los domingos a las 12.30 h. (Ayuntamiento de Villamartín).

Cortijo de la Chirigota
     Villamartín posee una notable serie de cortijos y haciendas, con edificios de envergadura e interés artístico. En el cortijo de la Chirigota el granero se refuerza en las esquinas con cilindros, que recuerda el modelo de la campiña sevillana (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
       Caserío de considerable envergadura asociado a una finca de 500 ha. de sembradura de secano. Dispone de varias edificaciones situadas en lo alto de dos lomas que caen hacia el sur. El núcleo principal del cortijo es de estructura cerrada con un patio central rectangular en torno al cual se organizan las dependencias "vivienda, graneros, cuadras, palomar", utilizándose únicamente la primera mientras el resto se halla sin uso. Destaca sobre todo la voluminosa pieza del granero, de dos alturas, planta rectangular, muros de gran espesor, huecos abocinados con arco rebajado de regular distribución, esquinas redondeadas y cubierta a cuatro aguas. La viguería de la planta inferior apoya en un cargadero central de fundición sostenido por columnas también de hierro, mientras la planta superior, subdividida en trojes mediante muretes de poca altura, se cubre con armadura de madera en artesa con tirantes. 
     A unos doscientos metros del cortijo se encuentra la estancia, un gran establo de disposición longitudinal con contrafuertes cilíndricos en las esquinas. Ha de reseñarse el empedrado que sirve de pavimento al patio y que rodea así mismo las zonas edificadas.
      Según la información directa aportada, debió construirse en el tránsito del siglo XIX al XX. Ausente del mapa del Catastro de 1898, la Chirigota es consignada ya por el Nomenclátor de 1900 como "cortijada con tres edificios", y bajo la acepción "cortijo" en la cartografía militar de 1917 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel
     El monumental tinado del cortijo Tierras Nuevas del Cuartel es de tres naves separadas por pilares sobre los que cabalgan arcos de medio punto (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Caserío de estructura cuadrangular con patio, dividido en la actualidad en dos mitades de sendos propietarios. El sector de fachada consta de dos crujías resueltas mediante bóvedas de arista en planta baja, al igual que tantas edificaciones agrícolas tradicionales "cerealistas sobre todo" del campo gaditano. Las cubiertas son a dos aguas.
     Destaca la estancia o tinahón de los bueyes de labor, una dilatada pieza de 30 m. de longitud y 6 de anchura dividida interiormente en tres naves "la central más estrecha a modo de andén o pasillo para el "pensaor"" mediante arquerías de medio punto sobre pilares cuadrados "entre los que se disponen los pesebres, circulares y rectangulares" unidas por arcos transversales apuntados donde descansa el caballete de la cubierta. La techumbre se resuelve con armadura de parhilera que prolonga los faldones de teja de la cubierta hasta los muros perimetrales de poca altura con numerosos ventanucos cuadrados para la aireación del establo.
     El nombre del cortijo hace referencia al paraje donde se ubica, conocido en su conjunto por Tierras Nuevas, área de remoto poblamiento donde se han encontrado restos ibero-romanos, ligado a la fortaleza de Matrera y otros asentamientos próximos, que posiblemente fuese colonizada hacia el siglo XVIII, completándose su denominación con la posible alusión a la existencia de un cuartel de guardias para vigilancia de la zona, próxima a las dehesas de Prado del Rey, célebres en los siglos XVIII y XIX por los continuos asaltos y la presencia de bandoleros. Este cortijo se contabilizaba en el "caserío con diez edificios" que recoge el Nomenclátor de 1900 para el sector de Tierras Nuevas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda de la Granja
     La hacienda de la Granja surge de una granja que perteneció a los jerónimos de Bornos. El edificio principal fue reconstruido en torno a 1940 por Juan Talavera y Heredia (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La edificación que hoy se contempla responde a la completa reconstrucción de un antiguo caserío del siglo XIX y representa de manera ejemplar el "estilo andaluz", o "andalucista", que desarrollaron el arquitecto autor de la obra y otros colegas coetáneos entre la década de 1920 y la postguerra, inspirándose en las construcciones rusticas tradicionales de la Baja Andalucía.
     La hacienda, asociada a una finca de 140 ha. de sembradura de secano, pastos y monte bajo, está caracterizada por la presencia dominante del señorío, que aporta al conjunto un aspecto de villa residencial.
     La construcción se trata de un bloque de dos alturas con un pequeño patio interior doméstico, con pautas de la arquitectura campesina, con paramentos en blanco combinado con recursos estilísticos propios del lenguaje neobarroco.
     Un espectacular jardín, que ha de contarse entre los más destacados de la arquitectura rural andaluza, rodea la edificación de la hacienda, a base de terrazas escalonadas, detalles ornamentales en cerámica, un estanque con fuente, flores, árboles de gran porte, con un carácter que lo vincula a la reactivación de la tradición del jardín arábigo-andaluz emprendida en la primera mitad del siglo XX.
     En origen se trataba de una hacienda de olivar, viñas y tierras calmas. Tras su reforma, en el edificio predomina el carácter de villa residencial (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda del Rosalejo
     Se trata, sin duda, de una de las piezas de mayor envergadura y más elaboradas de la arquitectura rural de las comarcas septentrionales de la provincia, a pesar de las numerosas y profundas transformaciones de que ha sido objeto a lo largo del tiempo. Representa ejemplarmente la idea clásica de la hacienda andaluza, con dependencias productivas en origen para múltiples aprovechamientos "viña, olivar, ganadería,"" y un sector residencial de gran empaque y representatividad que domina el conjunto revestido de recursos estilísticos propios de la arquitectura culta.
     La edificación se organiza sobre una planta rectangular alrededor de un patio cuadrado enmarcado por construcciones de dos y tres crujías, de una y dos alturas bajo cubiertas de teja árabe. La fachada principal original presenta una monumental composición de orden urbano y porte palatino: la entrada en el centro con portada de piedra a base de pilastras, arco adintelado con escudo de armas en la clave y gran cornisa de rico molduraje sobre la que se sitúa un balcón con pilastras y entablamento. A los lados se disponen series de cuatro huecos a eje en cada planta, ventanas salientes con tejadillo, reja y poyete en la inferior y balcones con recercado de molduras mixtilíneas en la superior, huecos que resultan ser fingidos en una de las alas con la intención de equilibrar la composición del conjunto. La fachada se realza con una escalinata de piedra enfilada hacia la portada que desciende a las terrazas de un jardín delantero. El cuerpo de fachada, cuya construcción de doble crujía ocupa sólo dos tercios de su longitud, acoge el señorío, con amplios salones y escalera en un lateral. El zaguán, bajo bóveda de arista, comunica a través de un arco trilobulado con uno de los elementos más llamativos de la edificación, una galería también bajo bóveda de arista y zócalo de azulejos que se abre al patio mediante tres arcos trilobulados mixtilíneos de acentuado movimiento, el central más ancho y rebajado, apeado en columnas pareadas de mármol, solución que se relaciona con obras domésticas del barroco tardío de Andalucía occidental. El patio, carente de sentido utilitario, está ajardinado, con dos estanques rectangulares y andén central.
     Las construcciones de tres crujías en fondo de los laterales del patio alojaron antaño diversas dependencias productivas, habiéndose remodelado casi en su totalidad para cometidos residenciales y de servicio. Uno de los costados, con acceso propio de arco elíptico en piedra, se articula en tres naves separadas por arquerías. En su extremo trasero destaca una antigua torre de contrapeso con cubierta de teja a tres aguas rematada por pináculos bulbosos con cruces de forja. Aún se observa la capilla bajo el contrapeso, con arco de descarga de ladrillo, propia de una viga para prensa de aceite o de lagar. En la esquina opuesta de la trasera se eleva otra torre gemela, mera réplica de intención compositiva sin aplicación funcional. Entre ambas discurre otra pieza de uso residencial, en la que se localizaban con anterioridad el trujal, gañanía y otras dependencias.
     El costado restante, asimismo muy reformado y compartimentado, se divide en tres naves de altura descendente hacia el patio, con una esbelta arquería de arcos apuntados sobre pilares con arcos de medio punto superpuestos para aligerar el muro donde descansa la cumbrera y otra arquería de medio punto sobre pilares. La mayor parte de este espacio está ocupado por las cuadras, con departamentos para pienso y guadarnés. Bajo este lateral, salvando la diferencia de cota, se dispone un cuerpo de bodega de gran interés, con tres naves de bóvedas de arista sobre gruesos pilares circulares de piedra, con arcos formeros y perpiaños perfilados. Aunque sólo alberga un reducido número de botas, presenta las trazas de una bodega de crianza, con suelo terrizo. A su lado se ha levantado en época reciente una nave industrial para el procesado y envasado de vinos. 
     El Rosalejo ocupa una escogida posición en el Campo de Matrera, donde se localiza el pago de Pajarete, antaño uno de los más renombrados de la provincia por la calidad de su viñedo, acompañado de olivares.
     Presumiblemente, los antecedentes del Rosalejo se remonten a un caserío con lagar, molino de aceite y otras dependencias reconstruido y ampliado con posterioridad hasta adquirir las formas y proporciones que hoy lo caracterizan. Con todo, no son muy prolijas y sistemáticas las noticias sobre la edificación. En el mapa que acompaña a las respuestas del Interrogatorio de Tomás López, iniciado en 1776, se dibuja el pago del Pajarete con cuatro caseríos, uno de los cuales puede situarse en el emplazamiento actual del Rosalejo y quizás corresponderse con él al representarse uno con dilatada fachada, abundantes huecos y una torre que se distingue de los otros tres, de trazado mucho más sencillo. 
     Una primera mención específica del Rosalejo, recogida por A. Hernández Parrales, data del 19 de agosto de 1794, al aparecer en un informe del Cabildo de Sevilla referente a la vecina ermita de Nuestra Señora las Montañas, indicándose que "las nuevas poblaciones inmediatas a aquel pago tienen Misa los días festivos en las haciendas del Rosalejo y de la Granja, poco distantes de la hermita", lo cual hace suponer la existencia por entonces una capilla en su caserío. En 1807, el francés barón de Bourgoing recoge en su relación de viajes en España una alusión "citada por J. y J. de las Cuevas" a las bodegas del Pajarete propiedad del marqués de las Amarillas, en las que se atisba una posible identificación entre éstas y el Rosalejo: "Famosas por su vino, están a cuatro leguas de Ronda, y pertenecen a M. Girón, uno de los principales habitantes de Ronda, oficial distinguido, conocido en la última guerra bajo el nombre de marqués de las Amarillas". Años después, Frasquita Larrea, que relata su viaje de Bornos a Ubrique en 1824, glosa la calidad del vino del Pajarete, "afamado por toda la Europa" y escribe que "cada una de esta viñas tiene su casa y entre ellas sobresalen las ruinas de la del Rosalejo, hermosa posesión que labró, embelleció y habitó la Marquesa de las Amarillas, y fue quemada en la guerra de la independencia por haberse guarnecido en ella una partida de guerrilla española que se dejó abrasar antes de rendirse".
     El Rosalejo aparece, así, relacionado desde al menos el siglo XVIII con una de las más influyentes familias de la nobleza de Ronda, de apellidos Ahumada y Girón, marqueses de las Amarillas y desde 1835 duques de Ahumada, cuyos titulares ejercieron altos cargos del ejército y la administración: Agustín Ahumada Villalón (1760), marqués de las Amarillas, fue virrey de Nueva España, Pedro Agustín Girón (1842), I duque de Ahumada, ministro de la Guerra y miembro del Consejo de Regencia, y Francisco Javier Girón (1870), II duque, senador, ministro de la Guerra y fundador de la Guardia Civil en 1844. Es probable que la monumental obra se erigiese a fines del siglo XVIII "a tenor de la cita de F. Larrea y del barroquismo tardío del edificio", reconstruyéndose quizás en época de los primeros duques, propietarios de grandes posesiones rústicas en el área de la provincia de Cádiz cercana a la serranía de Ronda "como el cortijo de la Ahumada". El blasón que ostenta la portada del Rosalejo, timbrado por corona que parece ducal, representa en sus cuarteles las heráldicas de los apellidos Ahumada "cinco estrellas y cruz de Calatrava en el primero y tercero" y Girón "mediante cinco jirones en el cuarto", mostrando en el segundo una torre con remate (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda de los Huertos
      El edificio que hoy se contempla, muestra de primer orden de los caseríos de olivar de la provincia gaditana por la calidad de su trazado, es resultado de la reconstrucción efectuada en 1910 a partir de un molino aceitero preexistente, probablemente una construcción más modesta y de menor envergadura, a tenor de los indicios de un molino con prensa de viga que cabe detectar enmascarados en el conjunto de la obra. La edificación, que ha sido estudiada por G. Florido en el apartado que dedica a las casas de olivar de la depresión del Guadalquivir, define un plano cuadrado con torreones en tres de sus ángulos y construcciones de dos plantas, en su mayor parte, cerrando el vacío de un patio. Ante el área de acceso empedrada se dispone la fachada, regida por la simétrica composición de cuerpos y vanos. En las esquinas destacan sendas torres con huecos superpuestos a eje "el superior un óculo circular sólo señalado mediante el recercado" y cubiertas de pabellón de teja árabe con pináculos en los vértices. Entre las torres se desarrolla el cuerpo frontal con el acceso de arco rebajado en el centro bajo un balcón y ventanales con reja en voladizo a los lados. Un zaguán con arcos de medio punto que perforan los muros maestros conduce al patio. 
     En este primer cuerpo se encuentran, en planta baja, la vivienda de caseros, cocina y guadarnés, a un lado, y al otro, almacenes y la escalera de subida a la planta principal, que aloja graneros y el señorío, con solería hidráulica y decoración de pinturas murales de aire modernista en los techos, prolongándose sobre el lateral adyacente a lo largo de diversas salas y una galería acristalada sobre el patio. Bajo este último lateral se halla la bodega de aceite con tinajas empotradas en el suelo y la nave de prensa "con una galería porticada junto al patio para los trojes" terminada en una torre, cuya base de gruesos muros parece identificarse con la capilla del contrapeso de una antigua prensa de viga. En posición perpendicular respecto a esta nave, ya en el costado trasero del patio, está el trujal, el espacio con el empiedro, sobre el que se sitúa la gañanía, en la planta superior, y, a continuación, las cuadras de mulos, de una sola altura, divididas por una esbelta arquería atirantada de medio punto sobre pilares con hileras de pesebres rectangulares. El flanco restante del patio acoge la cuadra de caballos de monta, la antigua cochera de carruajes, almacenes y talleres. Una zona ajardinada con arbolado se extiende junto a la cara exterior de este lado. Las cubiertas de teja árabe con las cumbreras y aristas encaladas y la pintura de zócalos y embocaduras en almagra y albero sobre los paramentos blanqueados aportan un vivo juego cromático al conjunto.
     Toma el nombre de un pago de olivar que se extiende junto al arroyo Serrecín al pie de la sierra de Santa Lucía, al este del término de Villamartín, área donde tradicionalmente se localizaban molinos aceiteros y donde a partir del último tercio del siglo XIX se levantaron y renovaron molinos y haciendas con almazaras industriales, al mejorarse y expandirse el cultivo a costa, por ejemplo, de las tierras de monte y dehesa del Grullo y Cuatro Mojones. P. Madoz aporta ya noticias tocantes a los Huertos hacia 1846 al describir el camino de Puerto Serrano a Villamartín: "se continua por un encadenado de monte bajo, cuya estensión es de 1/2 [legua], por el olivar de los Huertos de 1/4 [de legua, unos 1,4 km.] de travesía, donde hay un molino de aceite enmedio"". Más tarde, el mapa del Catastro de 1898 representa la edificación de "Los Huertos, molino aceitero", reiterada en la cartografía militar de 1917 como "Molino de los Huertos", apareciendo por último en la edición de 1975 bajo el título de "Hacienda de los Huertos" (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Dolmen de Alberite
     Alberite I, es un dolmen del tipo galería de 23 metros de longitud y planta trapezoidal con una anchura variable entre los dos metros de la entrada y cuatro en la cabecera. Algunos de los ortostatos están decorados con pinturas esquemáticas en ocre y grabados. Toda la estructura estaría cubierta con un túmulo del que se conserva un anillo de piedras de 50 metros de diámetro que lo delimitaba. Este anillo exterior estaba construido con un murete de piedras de pequeño tamaño reforzado con otra serie de tirantes concéntricos en el interior del túmulo, cuya finalidad era contener los empujes del túmulo y mantenerlo agrupado, evitando los efectos de la erosión.
     Antes de acceder al interior de la cámara se atraviesa un atrio de 10 metros de extensión cuyo inicio se encuentra marcado por dos monolitos que conformarían una entrada monumental. En este atrio se localizaron cuatro estelas decoradas con motivos antropomorfos, una de ellas con nariz y ojos grabados, lo cual parece estar en relación con un espacio ritualizado en el que posiblemente se produjeran ceremonias en honor de los ancestros. El acceso se produce desde el este.
     Las piedras utilizadas son de caliza y arenisca procedentes de la zona del río Alberite y cerros próximos. El interior del dolmen estaba recubierto de una capa de color rojo, incluso el suelo estaba recubierto de una gruesa capa de ocre. En todos los ortostatos hay símbolos, la mayoría pintados, otros grabados, concentrándose especialmente en lugares destacados, como el inicio y el final de la cámara. La temática responde a una iconografía preconcebida. En esta construcción se ha podido comprobar que la decoración de los ortostatos se realizó antes de su colocación defnitiva, ya que muchos se encuentran decorados en las caras no visibles. Los temas representados son muy variados: motivos geométricos, zigzag, hachas, cuchillos, soles, serpientes y antropomorfos.
     La mayor parte de los grabados se encuentran en la pared derecha, curiosamente juntos por pares y relacionados por temática. Una vez superado el primer tramo de corredor el espacio se ensancha formando una cámara, pero justo al inicio de ese ensanche aparecen unas piedras en vertical que interrumpen el sentido longitudinal y que conforman una antecámara junto a la pared sur. Esta antecámara tiene una fuerte carga ideológica, apoyada por la presencia de un ídolo betilo y zonas de fuego, quizás para iluminación o ritual: las jambas o estelas que la definen, labradas en forma rectangular, muestran figuras antropomorfas acompañadas de armas y serpientes, como si se tratase de representaciones de una divinidad protectora, guardiana de la cámara funeraria.
     Al fondo de la cámara se define otro espacio reservado al colocarse delante otras dos jambas que interrumpían su visión desde la entrada. En este lugar se localizaron los enterramientos de un hombre y una mujer de edad adulta. Sus huesos estaban cubiertos de ocre y algunos presentaban huellas de descarnado intencionado. El ajuar funerario lo componían 1600 cuentas de collar de variscita, hueso y concha, una paleta caliza para ocre, cuatro machacadores en caliza para ocre, una azuela y una gubia pulimentadas, cuatro láminas de sílex y un gran prisma de cuarzo de 20 centímetros de longitud (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Fortaleza de Matrera
     El Castillo de Matrera está situado en la Sierra de Pajarete, a 523 metros sobre el nivel del mar, en el camino de Villamartín a Prado del Rey. Se encuentra en una pequeña explanada en la cumbre de un altozano. Es de origen andalusí y fue mandado construir por Omar Ben Hafsun, a finales del siglo IX para defender la ciudad de Iptuci, en la frontera de la Cora de Ronda. El recinto está dividido en dos zonas diferenciadas, la Torre principal o del Homenaje, defendida por un recinto amurallado y el Patio de Armas también rodeado de murallas y con dos puertas la Puerta de los Carros y la Puerta del Sol. El Albácar o Patio de Armas es de grandes dimensiones y de planta elíptica. El recinto amurallado superaba los 500 metros y constaba de numerosas torres, ya desaparecidas.
     El castillo estaba formado por un gran recinto amurallado de más de 500 metros de perímetro, que rodeaba el patio de armas, al que se accede desde la Puerta del Sol al este y la Puerta de los Carros al oeste, ambas flanqueadas por torres. 
     A lo largo del lienzo de muralla se sitúan varias de éstas, destacando la torre principal en el norte. Esta era de planta rectangular, de 15 x 10 metros, conservando tres saeteras. 
     Contaba con un proyecto de consolidación, pero en el año 2013 quedó afectada por un colapso del muro norte y dos bóvedas como consecuencia de las intensas lluvias. Recientemente se ha llevado a cabo en el mismo una polémica intervención.
     El castillo es de propiedad particular, aun cuando se ha constatado el aterrizaje y despegue periódico de helicópteros de gran tamaño pertenecientes al ejército.
     En 2013 se derrumbó gran parte de la torre debido a las escasas labores de reparación de los problemas estructurales detectado décadas atrás. La posterior obra de preservación en 2016 ha resultado ser muy polémica, recibiendo tanto críticas como el premio en la categoría de "Preservación" de los premios neoyorquinos A+Architizer.
     Aunque el Monte Pajarete ha constituido un lugar de asentamiento humano desde la Antigüedad, la fortaleza medieval fue construido en el siglo IX por Omar ibn Hafsun para defender a Iptuci, la ciudad más avanzada de la Cora de Ronda.
     En el siglo XIII fue conquistado por San Fernando, quien lo reconstruyó. Sin embargo a principios del siglo XIV volvió a manos nazaríes, siendo tomado definitivamente por Alfonso XI en 1341. Al estar situado en plena Frontera o Banda morisca fue asediado por los musulmanes granadinos en 1408 y en 1445 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Museo Histórico Municipal
     El Centro cultural de Villamartín constituye, sin lugar a dudas, una de las muestras más destacadas de la arquitectura brutalista en la provincia de Cádiz. El edificio se sitúa en el parque municipal, en un emplazamiento caracterizado por una acusada diferencia de cota entre la calle Extramuros, más alta, y el paseo de la Feria. El edificio resolvía originariamente la diferencia de nivel para el tránsito peatonal, ofreciendo además un mirador público en cubierta hacia el paisaje, si bien la erección reciente de un vallado ha hecho que esta función se pierda.
     La presencia del edificio en el pueblo viene marcada por la cuestión topográfica mencionada, ya que si bien se muestra con cierta modestia hacia la calle Extramuros, el hecho de mantener la cota superior como coronación hacia el paseo hace que aparezca con una rotundidad notoria con sus cinco plantas de altura.
     Esta rotundidad se confirma con el empleo de materiales que seguían las corrientes arquitectónicas más en boga en el momento de la construcción del edificio. La piedra aparece en mampuesto, conformando los muros con los que el edificio se posa en el paseo inferior, así como en los muros que se elevan en dirección perpendicular a la longitudinal del parque. Carpinterías de acero y vidrio cierran los huecos que en ellos se abren. El hormigón visto se emplea en los elementos salientes; en el gran volumen proyectado hacia el paseo de la planta cuarta, en los antepechos de los balcones de las plantas tercera y segunda, y en las marquesinas que marcan diferentes puntos de acceso al edificio, mostrando la textura rugosa del encofrado entablillado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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