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martes, 1 de agosto de 2023

Los principales monumentos (Monasterio de Santa María de la Rábida; y Arquitectura civil y Monumentos públicos) de la localidad de Palos de la Frontera (y II), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Monasterio de Santa María de la Rábida; y Arquitectura civil y Monumentos públicos) de la localidad de Palos de la Frontera (y II), en la provincia de Huelva.

Monasterio de Santa María de la Rábida
     A 7 kms. de la ciudad de Palos de la Frontera está el sencillo y humilde monasterio de Santa María de la Rábida, situado en la confluencia de los ríos Tinto y Odiel, sobre una loma a 30 m. de altitud. La leyenda, sin apoyatura documental alguna, mantiene que la antigua rápita musulmana del lugar fuera transformada, en la segunda mitad del siglo XIII, en una fortaleza­ santuario de la Orden del Temple, convertido más tarde en eremitorio franciscano. Lo cierto es que la bula de Benedicto XIII, Etsi cunctorum, de 1412, es considerada la carta fundacional de La Rábida.
     Más tarde, en 1422, por la bula Sincerae devotionis affectus, se duplica el número de religiosos de la comunidad rabideña. El convento fue siempre un gran foco de religiosidad popular y de peregrinación mariana de todos los pueblos ribereños de la comarca, cuyos habitantes, por los numerosos prodigios y favores concedidos, llamaban a la titular como la Virgen de los Milagros.
     La sencilla arquitectura del cenobio rabideño se adecúa perfectamente a la espiritualidad franciscana. En líneas generales, salvo las de la normal evolución del mismo, el edificio se conserva tal como lo viera Cristóbal Colón en 1485. Se compone de residencia conventual e iglesia. El sector doméstico se dispone  en torno a dos claustros: el de la Hospedería o de las Flores y el Mudéjar o de la Clausura.
     El ingreso al cenobio se hace a través de un arco de medio punto peraltado, con alfiz, que apea sobre semicolumnas de ladrillo octogonales semejantes a las del claustro mudéjar. El zaguán, con restos de su ornamentación pictórica primitiva, conserva una tosca portadita gó­tica del siglo XV, con un pétreo arco conopial. La portería está compuesta por dos vestíbulos previos al Patio de la Hospedería. En ellos hay una lápida, que recuerda la visita del Papa Juan Pablo II a este convento y la coronación de la titular en 1993, de la cerámica trianera de Zabala, y un grafito de Vázquez Díaz enmarcado, así como un gran repostero con el escudo de los Reyes Católicos y los emblemas heráldicos de Colón y los hermanos Pinzón. A la izquierda está la antigua sacristía, hoy denominada Sala Vázquez Díaz, por los frescos que este artista nervense pintó en ella en 1930, relativos al Descubrimiento. La obra de Vázquez Díaz en la Rábida se caracteriza por su plena modernidad, por su suave colorido y logrado sentido arquitectónico del Quattrocento italiano. Sobre la puerta de entrada se inicia la narración con el saludo de Co­lón y su hijo a Fray Juan Pérez, que representa el «Pórtico de las dos edades, La Edad Media y la Edad Moderna». En el interior, los murales ofrecen una bella síntesis de la epopeya americana. En el flanco oriental aparecen las «Meditaciones del Navegante», en la que el físico del almirante está inspirado en el de Ortega y Gasset. En el paramento contiguo, sobre la puerta del pequeño cementerio conventual, se plasma el panel de «Las Conferencias», con personajes relacionados con los viajes descubridores, como los Hermanos Pinzón y el físico de Palos Garci Fernández. Todos son retratos tomados del natural, de logra­dos estudios psicológicos. Colón está personificado por el escultor Enrique Pérez Comendador. Los frailes del convento posaron para dar vida al grupo de sus antecesores en la comunidad rabideña. Entre ellos se incluye al hermano de Nobel moguereño, Eustaquio Jiménez.  En  el muro por el que se accede a la sacristía está la escena de la leva y armada de las carabelas, nutrido retrato de lugareños: «Son los heroicos hijos de Palos y de Moguer». Y en el último paramento: «La despedida de las naves», se encuentra un autorretrato del autor y su firma.
     El Patio de la Hospedería, que padeció bastantes quebrantos en el terremoto de Lisboa, se consolidó entre 1755 y 1759, pero hubo de ser demolido, construyéndose el actual, de finales del Setecientos y que constituye un buen ejemplar de la arquitectura popular andaluza. Es de planta cuadrada, de orden toscano. Se compone de dos cuerpos. El inferior es una galería con arquerías carpaneles, cubierta con bóvedas de arista entre arcos fajones. Los pilares ostentan resaltos e impostas. El segundo cuerpo presenta interiormente en los ángulos sendos arcos rampantes, que acentúan la autonomía espacial de cada galería superior. Las cubiertas, a una sola vertiente, son de tejas árabes. Las techumbres planas de madera son modernas. El espacio central adopta la traza de un patio de crucero, El ciprés central pone una nota de verticalidad frente a la horizontalidad del conjunto. En este claustro se exhiben una serie de trece lienzos, realizados por Juan Manuel Núñez en 2004, con la temática de los protagonistas y hechos determinantes de la Gesta, una especie de galería que constituye una síntesis histórica de la gesta colombina y del papel de los hombres de estas tierras en el Descubrimiento del Nuevo Mundo.
     Gracias a un arco gótico-mudéjar, de ladrillo limpio, se accede al Claustro Mudéjar de planta rectangular. Es el más antiguo del cenobio. Su fábrica corresponde al siglo XV. En su planta baja hay un zócalo decorado con prismas o arquetas en perspectiva isométrica, cuyas caras frontales ostentan cerraduras. Estas pinturas murales con­jugan armoniosamente elementos gótico-mudéjares, propios de la zona, con influencias italianizantes, procedentes del próspero comercio marítimo de la comarca con Italia y el Levante español en el medievo. El cuerpo superior de este claustro es del siglo XVIII. Presenta cuatro arquerías. Por los flancos norte y sur discurren siete arcos rebajados sobre pilares; y cinco por los del este y oeste. Están encalados. En los án­gulos, delimitando las citadas galerías superiores, hay cuatro arcos rampantes.
     Al Claustro Mudéjar abren algunas dependencias que merecen especial mención: La Sala de Conferencias y el antiguo refectorio. La primera es la celda donde Colón mantuvo las entrevistas iniciales con los franciscanos y el físico Garci Fernández. Se le conoce popularmente como el «Portal de Belén de América». El vano de ingreso, en el flanco meridional, es un arco de medio punto inscrito en su correspondiente alfiz. La techumbre es de tosca factura. En esta celda hay un cuadro de Cristóbal Colón, óleo sobre lienzo firmado por Joaquín Domínguez Bécquer en 1836, donado por los duques de Montpensier. También hay una tabla hispanoflamenca de la Piedad de María, obra anónima de principios del siglo XVI.
     La segunda estancia, el refectorio, está ubica­do en el lado septentrional del claustro, al que se accede bajo un arco apuntado. Cuenta con un púlpito de tapial. Preside un Crucificado en madera policromada, denominado Cristo de los Pobres, de h. 1500. En los muros del refectorio se puede leer: «Edent-pauperes-et-saturabuntur: et-laudabunt-dominum-qui-requirunt-eum: Vivent-corda-eorum-in-saeculum-saeculi. Psalmus­ XXI-versiculus-XXVII» («Comerán los pobres y se saciarán, y alabarán al Señor los que lo buscan; vivirán sus corazones por los siglos de los siglos. Salmo 21, versículo 27»). La techumbre es de madera tosca, compuesta de vigas, cintillas y tablazón. A los pies del salón se expone un óleo sobre lienzo, que representa la «Apoteosis de San Francisco: su aparición sobre un carro de fuego», de Juan de Dios Fernández , en 1795.
     Sobre el refectorio, se sitúa la Sala Capitular en la planta superior del Claustro Mudéjar. Se cubre con techumbre mudéjar en forma de artesa con tirantes. La estancia es de hacia 1663. Está decorada con apropiado mobiliario y atesora varias obras de arte, entre las que destacamos las siguientes: Un tríptico del Calvario, tallado en madera en su color obra anónima de estilo neogótico. Y un óvalo con la efigie de Colón, relieve en porcelana, de Guido Mazzoni en 1505. Entre las pinturas hay que señalar los retratos de Colón y Fray Antonio de Marchena, óleos sobre lienzo firmados por José Roldán h. 1860. Y los de los Reyes Católicos, Martín Alonso Pinzón, Vicente Yáñez Pinzón y Juan de la Cosa, copias de A. Pérez Giráldez, de 1930. Asimismo las Armas de Cristóbal Colón, óleo sobre lienzo de Juan Manuel Núñez en 1991; y el Escudo de Hernán Cortés, pintura anónima mejicana del novecientos. Una placa recuerda que en esta sala se celebró un Consejo de Ministros, presidido por S. M. El Rey Don Juan Carlos I, en conmemo­ración del V Centenario de la salida de las naves del Descubrimiento, el 3 de agosto de 1992.
     En el antiguo ar­chivo conventual se cuelgan tres pinturas de tema colombino: «La Despedida de Colón», óleo de R. Espejo h. 1850-60; «La llegada de Colón a América. La tierra anhelada», anónimo de h. 1860-70. Y «Las conversaciones de Co­lón con el Padre Marchena», óleo sobre lienzo anónimo del último tercio del siglo XIX.
     La celda contigua se ha acondicionado e incluido en el circuito turístico tras 1992. En su interior destacan el retrato de Isabel la Católica, óleo sobre lienzo de José Rosa, del siglo XIX. Y otro lienzo de Colón, de A. Pérez Giráldez en 1930. A continuación hallamos el Mirador, al que se accede por el ángulo suroeste de la galería superior del Claustro Mudéjar. Tan aireada arquitectura, compuesta por arcos de medio punto sobre pilares con impostas, es típicamente conventual.
     Acto seguido, se pasa al vestíbulo que engarza 
las galerías superiores de los dos claustros conventuales. Allí hay que reseñar dos cuadros recientes: «Velas y alas», óleo sobre lienzo de Alberto Moreno y el Escudo de armas de los Hermanos Pinzón. Ya en el deambulatorio superior del Patio de la Hospedería hay cuatro óleos sobre lienzo, donados por los duques de Montpensier y realizados por Juan Cabral Bejarano en el siglo XIX: Representan la llegada de Colón a la Rábida, la lectura de la Real provisión en la parroquial de Palos, la Conferencia de Colón con Fray Juan Pérez, Martín Alonso Pinzón y Garci Fernández y la despedida del almirante de Fray Juan Pérez. Otra pintura historicista, representando la muerte de Colón, es obra de José María Rodríguez Lozada, de 1898. En los tres paramentos restantes se cuelgan siete telas que forman parte de la colección de lienzos dieciochescos con escenas de la vida de San Francisco de Asís, pintadas por Juan de Dios Fernández a finales del siglo XVIII. En el centro de estas galerías se exhiben las maquetas de las tres carabelas, obra del artesano onubense José Tasero en 1940. Por último, en la escalera que baja a la sacristía, está el Bautismo de Cristo, óleo sobre lienzo, copia de Tiziano del pintor Evaristo Domínguez, de h. 1955.
     Desde el deambulatorio superior del Patio de la Hospedería se ingresa en la Sala de los Documentos, antaño enfermería, donde algunos sitúan la muerte de Martín Alonso Pinzón. En una gran vitrina se exponen restos arqueológicos romanos y árabes de la comarca, varias piezas de orfebrería, dos Crucificados, etc. El Crucificado de mayor tamaño, escultura en madera de cedro en su color es obra anónima castellana, del segundo tercio del siglo XVI. El otro Cristo es de estilo roldanesco. Hay un Ángel y óleo sobre tabla de escuela hispanoflamenca, fechable h. 1500. Y tres indios americanos, óleo sobre lienzo, anónimo mejicano del siglo XX. Asimismo está la espada de un soldado de Hernán Cortés, donada por el marqués de Polavieja en 1927. En esta estancia está también el retrato de D. Mariano Alonso del Castillo, que impidió el derribo de La Rábida a mediados del siglo XIX. En este sector, ubicado sobre la portería, existen tres habitaciones dignas de mención. La sala de los Pergaminos, que guarda importantes documentos de la Real Sociedad Colombina Onubense, reproducidos en pergaminos miniados por Domingo Franco. En la estancia contigua se disponen la biblioteca y archivo de dicha institución. En la tercera dependencia, denominada del «Plus Ultra», hay una maqueta del hidroavión que hizo la primera travesía Palos-Buenos Aires, en 1926: Por último está la Sala de Banderas de las Repúblicas Hispanoamericanas y Filipinas, donde se muestran las enseñas nacionales de todos esos países, así como arquetas con tierra de cada uno de ellos. La techumbre de la sala, obra de Velázquez Bosco, se ha enriquecido.
     La iglesia conventual, de estilo gótico-mudéjar es la pieza más antigua del monumento. Consta de tres puertas. La exterior, practicada en el flanco meridional, es una portada propia del gótico-mudéjar sevillano. Su abocinada factura, con jambas de ladrillo aplantillado y ar­cos de sillares, se enriquece con un tejaroz sobre diez canecillos con cabezas leoninas. La puerta del templo, que enlaza por el lado septentrional con el Patio de la Hospedería, es mucho más morisca. Está compuesta de dos arcos de herra­dura apuntados: uno pétreo, en el interior de la nave; y otro de ladrillo, posterior. En su estado actual puede ser reconstrucción en el Setecientos de otro anterior. La tercera puerta, muy escueta, es la más pequeña del recinto, que comunica el presbiterio con la actual sacristía, que es de planta rectangular. La preside un Crucificado de Antonio León Ortega, de 1962, el Cristo del Mayor Dolor. En el muro frontero hay un relicario en orfebrería de San Buenaventura, obra  anónima del siglo XVI, donado por los condes de Sán­chez-Dalp en 1938.
     El templo se compone de capilla mayor una sola nave y cuatro capillas laterales. A través del tiempo ha sufrido alteraciones en su traza y fisonomía, manteniendo, sin embargo, el aroma de espiritualidad franciscana y la evocación de su glorioso pasado. En el siglo XVII se sustituyó el artesonado original por una bóveda de medio cañón, se construyó una cúpula sobre el presbiterio y se erigieron tres capillas en el lado del evangelio. También se reconstruyó la bóveda de la capilla lateral de los pies del templo. Según Ángel Ortega, la cúpula de la capilla mayor es posterior, del siglo XVIII. En cualquier caso supuso la demolición casi íntegra de la primitiva bóveda de crucería. Posteriormente, esta bóveda, ya a finales del siglo XIX, fue cegada.
     En la actualidad, la capilla mayor, de planta cuadrada y fábrica de sillares, conserva las marcas de sus canteros medievales. Se cubre con bóveda ojival. Fue reconstruida por Velázquez Bosco en 1892, decorándola con las consabidas puntas de diamante, tan del gusto de las iglesias gótico-mudéjares sevillanas. Se ilumina, por la derecha, gracias a una ventana mudéjar con alfiz, tallado y ornamentado en la piedra. El presbiterio está presidido por el Cristo de los Remedios, talla en madera de castaño policromada, obra gótica, anónimo gallego del siglo XIV. En el centro de la capilla se sitúa el altar, de mampostería, revestida de polícroma azulejería. Sobre la solería está la lápida sepulcral que sella la cripta, donde según la tradición fue enterrado Martín Alonso Pinzón. 
   El buque del templo, de nave única, se cubre actualmente con techumbre neomudéjar, realizada a partir de la restauración del cenobio por Velázquez Bosco en 1892. Fue hecha en Rociana. En 1912 tenía todavía inconclusa su decoración pictórica. Los muros de la iglesia tienen decoración de una torpe reproducción de tableros de madera o mármol, enmarcados por menudos y geométricos motivos pictóricos que semejan mosaicos de influjo bizantino, figuras de santos y platos o florones pintados de origen sienés y florentino. En el intradós de los arcos de acceso a las capillas laterales, del flanco izquierdo, encontramos la típica ornamentación gótica de cardinas. Estas pinturas, repintadas en 1891, proceden del último tercio del siglo XV, realizadas por pintores locales. En lo alto de los muros del templo cuelgan diez grandes cuadros, óleos sobre lienzo con pasajes de la vida de San Francisco de Asís, obra de la serie existente en este convento, del pintor Juan de Dios Fernández h. 1795.
     De las tres capillas del lado del evangelio sólo se conservan dos. Responden en su morfología y ornato a la estética del siglo XVII. Tienen como ingreso sendos arcos ojivales, en cuyos intradoses perduran las aludidas pinturas murales de la época de los Reyes Católicos. La segunda, ubicada al centro, está dedicada a la Inmaculada. Es de planta rectangular y bóveda de cañón. Está decorada con pinturas murales barrocas. La frontalera del altar y el zócalo son de cerámica de arista. Debió ser construida en 1723. En ella recibe culto una Purísima, escultura en madera policromada, obra anónima sevillana del siglo XVIII. La tercera capilla, ornamentada con pin­turas murales del siglo XVII, está consagrada a San Francisco, cuya escultura en madera policromada, del siglo XVII y de autor anónimo, preside la estancia. En el flanco de la epístola, bajo el arco ojival frontero al de la primera capilla, hoy ciego, se cuelga un cuadro de Cristo lavando los pies a sus discípulos, óleo sobre lienzo anónimo de hacia  1680-1690.
     La capilla de Santa María de la Rábida o Virgen de los Milagros, patrona de la ciudad de Pa­los de la Frontera, se adosa al extremo sur de la iglesia. Por tanto, no forma parte de la estructura general del mismo. Se unió al templo después de 1892. En origen pudo ser un torreón defensivo de la primitiva fábrica. Es de planta cuadrada con ajimez, y se cubre con bóveda vaída del siglo XVII. El amplio y rebajado arco que da al templo desvirtúa su primigenia configuración espacial. En 1981 fue decorada por Juan Manuel Núñez con unas pinturas murales, entre los que destaca el Misterio trinitario, la santidad franciscana más representativa y el Descubrimiento de Amé­rica. Entre los personajes retratados aparece el padre Oterino, guardián del cenobio.
     Desde 1945 preside esta capilla la titular del monasterio, escultura de alabastro, obra anónima del núcleo pirenaico franco-catalán del segundo tercio del siglo XIV. La Virgen se muestra como Hodegetria, portando una granada, símbolo de su maternidad eclesial, y sosteniendo a Jesús Niño. La ráfaga, diseñada por el pintor palermo Evaristo Domínguez, fue realizada por Manuel Seco Velasco en 1965. Lleva los escudos de los países iberoamericanos. Madre e Hijo se alzan sobre dos peanas superpuestas y decrecientes, trabajadas en mármol verde, bronce y plata por Seco Velasco entre 1966 y 1968. La inferior os­tenta la heráldica de Palos y del obispo Cantero Cuadrado. La superior la de la Orden seráfica. A los pies de la Señora se hallan las tres carabelas, en bronce dorado. La puerta del sagrario (1948) y la frontalera del altar (1953) fueron repujadas por el orfebre Fernando Marmolejo Camargo. Ante la venerada imagen de la Virgen de los Milagros, Santa María de la Rábida, oraron Colón y los marineros descubridores, así como Juan Pablo II, que la coronó el 14 de junio de 1993. La Virgen queda respaldada por un pequeño retablito neogótico, de perfil quebrado, enriquecido por guardapolvo y calados y dorados doseletes. Los laterales cobijan sendos ángeles pintados. Es obra anónima de 1945.
     Obras muy interesantes de la orfebrería de este monasterio rabideño son la cruz procesio­nal, de plata repujada, obra anónima castellana de fines del siglo XV, con los temas iconográficos de la Deesis, el Tetramorfos, el Pelícano, Adán, seis Apóstoles, la Virgen con el Niño y el Crucificado. Fue restaurada  por Marmolejo en  1950. Y la lámpara de plata blanca de la capilla de la titular, obra anónima del siglo XIX (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El Monasterio de la Rábida se asienta al sur del término Municipal de Palos de la Frontera, en la que se puede considerar la última colina antes de la desembocadura del río Tinto, cuyo paraje domina, junto con el estero de Domingo Rubio, el canal del Padre Santo y la barra de Saltés, por donde Huelva se abre camino hacia el mar, lugares, todos ellos citados por Cristóbal Colón en su diario de viaje.
     El Monasterio ofrece, en sus fachadas, una gran sencillez e incluso, humildad propiamente franciscana. La fachada sur, donde se ubica la portada de la iglesia, está labrada en sillares, presentando una ventana bastante reformada, con labores mudéjares. Formando ángulo recto con la iglesia existe un módulo de planta rectangular, clausura del convento, en cuyo testero se abren varias ventanas de distinta fisonomía. La sobriedad se hace aún más patente en el lado norte, donde el blanco de sus muros predomina sobre las diferentes ventanas y puertas, que se abren.
     La fachada norte no presenta elemento que difiera de la sencillez ya mencionada, tan solo una portada de sencilla traza entre dos contrafuertes. Según una crónica de 1714, el aspecto exterior del monasterio ofrecía un carácter de castillo-fortaleza, con almenas y azotea. Actualmente al exterior se acusa el tambor octogonal y la linterna del siglo XVIII y la espadaña, y como cubierta tejas árabes a dos y cuatro aguas.
     La portada de acceso a la iglesia es de estilo gótico con arco apuntado, aunque presenta detalles mudéjares, sobre todo en la parte inferior, donde aparece labrada en ladrillo agramilado. Muy interesante es el tejaroz sostenido por diez canes con cabezas de león, y los arquillos de traza ojival que se encuentran intercalados.
     Se ingresa al recinto conventual a través de dos portadas, localizadas en el lado este. La del zaguán, es un arco de ladrillo de medio punto peraltado, cuyos extremos apean sobre impostas terminadas en dos columnas octogonales, que descansan en altas basas. La puerta de acceso al vestíbulo interior es de arco conopial rebajado, de sillería, con restos de pintura mural. Entre el claustro de la portería y el mudéjar, se levanta la espadaña, la cual presenta dos cuerpos en altura.
     El primero con vano de medio punto; el segundo con vano de medio punto que remata en frontón triangular.
     El cenobio presenta una planta irregular propia de su estructura medieval, conservando la fisonomía de su traza primitiva.
     Quizás en su concepción se pudieron aprovechar determinadas edificaciones preexistentes. El conjunto se articula en torno a tres núcleos principales: la iglesia-santuario, el claustro de la portería y el de la clausura. La iglesia de pequeñas dimensiones posee una sola nave rectangular, con presbiterio de la misma traza, en cuyo lado del evangelio, se localiza la sacristía, la cuál presenta planta rectangular. En el lado del evangelio se abren dos capillas de planta rectangular, mientras que a los pies de la epístola se localiza la Capilla de Nuestra Señora de La Rábida o de los Milagros, de planta cuadrada. Tras la Capilla de la Virgen de la Rábida, se localizan dos grandes estancias rectangulares que constituyen parte de la actual clausura.
     A través de un zaguán de planta rectangular, se accede a un vestíbulo interior de la misma planta, donde a su izquierda se ubica la sala "Vázquez Díaz", que ofrece la misma planta, y el antiguo cementerio. A la derecha, se localizan distintas dependencias que pertenecen a la clausura, todas ellas de planta rectangular. A través del vestíbulo citado se ingresa en el claustro de la portería o de la hospedería, de planta casi cuadrada, se articula a base de cuatro galerías sobre pilares de ladrillo. En el mismo se localiza la biblioteca, la cuál presenta planta rectangular muy alargada. Mediante un pequeño
vestíbulo ubicado en el ángulo suroeste, se accede al claustro mudéjar, el cual posee dos plantas en altura, con planta rectangular. Entre las dependencias a destacar en este claustro se puede señalar, la sala de conferencias abierta en el lado sur, presentando planta rectangular, con portada y arco de medio punto, y el antiguo refectorio, con planta rectangular, en el ala norte. Junto a éste último y alrededor del patio, se ubican las celdas, las cuáles presentan plantas rectangulares y cuadradas.
     En el piso superior, sobre el zaguán y la sala "Vázquez Díaz", se localizan la "sala de banderas hispánicas" y la sala donde está la maqueta del hidroavión "Plus Ultra". Respecto a las otras dependencias no citadas aquí, es decir, las restantes del piso alto y otras del piso bajo, hay que decir que son de planta rectangular y cuadradas, no pudiéndose aportar más datos al no permitirse su visita.
     No existen elementos sustentantes exentos en la iglesia, siendo sus propios muros en fábrica mixta de ladrillo, tapial y mampostería de estructura árabe. El claustro de la portería o de la hospedería, posee como soporte pilares de ladrillo, sobre los que apoyan arcos rebajados. En el segundo piso se abren tres sencillas ventanas en cada uno de sus lados. El claustro mudéjar, por su parte, se articula a base de arcos peraltados, seis con una puerta en los lados norte y sur y cinco en este y oeste, que apean sobre pilares de ladrillo agramilado de sección octogonal, alzándose sobre pretiles o podiums.
     La galería alta posee pilares como soporte.
     El cuerpo de la iglesia presenta como cubierta artesonado de madera policromada, que sustituyó en 1892, a una bóveda barroca. El presbiterio, por su parte, posee bóveda de arista, aunque no es la original. Las galerías del claustro de la portería, se cubren con bóvedas de arista en tramos compartimentados por arcos fajones. Las del claustro mudéjar, por su parte, presentan un sencillo y severo artesonado. Entre las salas del monasterio, cabe reseñar la sala del Padre Marchena, la cual tiene una más que interesante artesa.
     Respecto a las demás dependencias del convento, es decir, zaguán y vestíbulo de acceso, sala "Vázquez Díaz", sacristía, sala de Conferencias, refectorio, biblioteca y las celdas de los monjes, ofrecen cubiertas de simple estructura.
     Otros elementos interesantes son:
            - Puerta que comunica la iglesia con el claustro mudéjar. De interesante factura, se puede observar la repetición del arco lanceolado que se encuentra en la iglesia de Santa María de la Granada de Niebla.
                -Puerta de acceso al claustro mudéjar. Situada en el ángulo suroeste del claustro de la portería, ofrece arco apuntado de estilo gótico-mudéjar de ladrillo, con azulejo en la parte superior.
                -Portada del antiguo refectorio. De estilo gótico y ladrillo visto, presenta en sus zócalos piezas vidriadas de varios colores.
                -Puerta de acceso al interior del convento. Presenta arco conopial rebajado, de sillería, con restos de pintura mural.
     Según se recoge en un códice de 1714, y dentro de la tradición y leyenda que envuelve el origen del Monasterio de La Rábida, se dice que se remonta a época fenicia, momento en que levantaron un templo al dios protector de Tiro. Los fenicios denominaban a su primera diosa femenina como Rabbad, de donde hacen derivar la palabra Rábida. Bajo el imperio de Trajano, cuenta el cronista que existía un templo consagrado a Proserpina, protectora de la rabia. Al parecer hubo una enfermedad de rabia, acudiendo la diosa. De rabia, rábida hace derivar el nombre del monasterio. En el año 159 hace iniciar el momento cristiano, con la presencia del sacerdote hispalense Ciriaco, quien consagró el templo a María.
     La presencia árabe se refleja en la construcción de un morabito o fortaleza denominado Rábhita. De este vocablo parece proceder el nombre del convento. Con posterioridad el cenobio estuvo bajo la orden militar de los Templarios, llegando incluso a darlo como fundación del propio padre San Francisco, en el año 1212, cuando visitó España. De estos hechos que se recogen en el citado códice de 1714, sólo la presencia árabe parece ser cierta. El resto queda en la mera hipótesis, en la leyenda, mientras no haya argumentos que lo demuestren.
     En el actual solar de La Rábida debió existir un ribat, convento fortificado musulmán, en el que una comunidad de monjes solados vigilaban los puntos estratégicos de la costa. Dos bulas, la "Etsi cunctorum", de Benedicto XIII, fechada en 7 de diciembre de 1412 y la "Licet is", de 17 de febrero de 1437, junto al estudio del propio edificio, permiten fechar la construcción del convento en el primer cuarto del siglo XV. En la primera bula se indica que la iglesia y la casa ya existían, lo que nos permite afirmar que la edificación se iniciaría a principios del siglo XV y se concluiría en el trans curso del mismo. El eremitorio de La Rábida fue fundado por fray Juan de la Rábida hacia 1403. Desde 1437, el monasterio queda integrado en el derecho común de la observancia. Ya a finales del siglo XV, se produce la visita de Cristóbal Colón a la Rábida, acompañado de su hijo Diego.
     El cenobio franciscano se constituye en el centro donde Colón tiene puesta sus miras para conseguir que España apoyara sus proyectos. Estas dieron sus frutos en 1492, con la partida de las naos desde el puerto de Palos de la Frontera. En 1623 se constituye como casa de recolección, restablecido por fray Bartolomé de San Francisco. De este modo siguió durante los dos siglos siguientes, en los que se incrementó el número de frailes, se renueva el edificio y se amplía su acción apostólica y cultural. Según el P. Germán Rubio, en el siglo XVII se hicieron grandes reformas especialmente por el padre fray Blas de Benjumea, Ministro Provincial entre 1663-1666. El terremoto de 1755 afectó principalmente a la iglesia, abovedándose su cuerpo y levantándose una cúpula con linterna sobre el crucero. También se vio afectado el claustro de la portería, el cual se rehízo de nuevo, aprovechándose los cimientos antiguos.
     El siglo XIX supone el ocaso del monasterio de Santa María de La Rábida. Todo se inicia con la invasión francesa, el saqueo y el cierre temporal del convento. Aunque permanecieron dos religiosos en el cenobio, el desastre fue general.
     Posteriormente, entre 1820 y 1823, con la exclaustración temporal, se clausuró el monasterio. A pesar de que la orden vuelve en 1823, entre 1835 y 1836, en virtud de la Real Orden del Ministerio de Gracia y Justicia, se produce la exclaustración definitiva con la supresión de los monasterios y conventos con número inferior a doce religiosos. El Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, obtuvo un Real Decreto de 1930, por el que se creaba un Patronato especial para el cuidado del monasterio. En él se funda la Universidad Hispanoamericana Santa María de La Rábida, con el primer curso de verano inaugurado el 1 de septiembre de 1943 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Arquitectura civil y Monumentos públicos
     Entre las construcciones de carácter civil hay que señalar en primer lugar los pocos restos del Castillo de Palos, en el cerro que domina la ciu­dad, que las investigaciones arqueológicas sitúan en época almohade.
     Pero el vestigio más interesante del pasado marinero de Palos lo constituye la Fontanilla, localizada cerca del lugar al que antiguamente llegaba un estero, donde había un embarcadero. Es una fuente pública, de estilo mudéjar en la que según la tradición se abastecieron de agua las naves descubridoras. Tiene forma de templete de planta cuadrangular, con bóveda vaída, que está soportada por cuatro arcos de medio punto rebajados apeados en pilares angulares reforzados con estribos.
     La Casa de Martín Alonso Pinzón, convertida en museo, es un edificio del siglo XV, con intervenciones profundas del siglo XVIII. Consta de dos pisos, dos crujías y patio. Está cubierta a dos aguas. Lo que llama más la atención es su portada, en la que las columnas y azulejería que flanquean el vano superior a la puerta principal le dan una impronta peculiar.
     En la plaza del Ayuntamiento, frente a las casas consistoriales, se encuentra el monumento a Martín Alonso, que procede de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, en 1929.
     En La Rábida, situado frente al cenobio, se alza el Monumento a los Descubridores, levantado en 1892 con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América. Fue construido por Ricardo Velázquez Bosco. Destruido en parte, hubo de ser restaurado en los años 40 del siglo XX por el arquitecto Feduchy, que introdujo innovaciones. Sobre una escalinata se levanta un alto basamento, que sostiene un gigantesco monolito, columna de fuste liso, con relieves colombinos en su tercio inferior, y con capitel dórico, sobre el que se erige una base circular que sostiene una cruz de cerrajería. A los pies de este monumento se celebró la coronación pontificia de la Virgen de los Milagros, patrona de la ciudad, por el Papa Juan Pablo II y con la asistencia de la Infanta Doña Cristina de Borbón, el 14 de junio de 1993.
     En el denominado Muelle de la Reina, que conserva vestigios de la intervención de Velázquez Bosco, se ubica el Ícaro del Triunfo, donado por el pueblo  de Argentina, conmemorando el vuelo del «Plus Ultra», desde Palos de la Frontera a Buenos Aires, en 1926.
     En 1943 el arquitecto Francisco Sedano Arce realizó el proyecto de la Universidad Hispanoamericana de Santa María de la Rábida, sede de la UIA actualmente. El edificio, basado en la sencillez compositiva e inspirado en la arquitectura misional española en América, fue ampliado en 1973 por el arquitecto Miguel González Vilches. Localizado en una vaguada al pie del monasterio de La Rábida se encuentra el Foro Iberoameri­cano, realizado entre 1988 y 1991, cuya planta se debe a los arquitectos José Álvarez Checa y T. Curbelo Ranero. Se trata de un auditorio con dos caveas de graderíos semicirculares. Entre el escenario, de cubrición metálica con un gran frontón en forma de A, y el graderío, se halla el espacio dedicado a la orquesta. Está construido en hormigón armado. Sus muros son de albañilería, con mármoles y piedra granítica (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
Castillo
. El Castillo de Palos de la Frontera ocupa el interior de una manzana delimitada por las calles Fray Juan Pérez, Castilla y Vicente Yáñez Pinzón. Es una fortaleza de origen musulmán que se ubica en un cabezo desde el que se domina la cercana iglesia parroquial de San Jorge, la Fontanilla y el antiguo puerto de la localidad.
     Esta fortificación, de pequeñas dimensiones, disponía de cuatro torres cuadradas en las esquinas excepto la noreste, que era poligonal. El acceso principal se localizaba en el lienzo oriental. Previamente a su edificación se procedió a terraplenar la cumbre del cabezo donde se asentaría la fortificación.
     Del castillo apenas se conservan dos trozos de muros incompletos, con su cimentación construida con ladrillo dispuestos a soga y a tizón exteriormente, siendo en superficie de un tapial bastante uniforme. De las cuatro torres con las que contaba el recinto sólo se conservan vestigios de dos de ellas, las de los ángulos noroccidental y nororiental. Esta última muestra una cimentación más potente, de piedra labrada al exterior y relleno de cascotes y mortero en su interior, debido a que se trata de una estructura de mayor tamaño. Tanto por su tipología como por el tipo de construcción, parece que fue construida a mediados del siglo XIII, por tanto, con anterioridad al resto de la fortaleza.
     Aunque en realidad no permanecen más que las bases semienterradas de algunos muros, tanto las características topológicas del lugar (punto singular del paisaje urbano, vistas, estructura morfológica,...) como su valor histórico, que puede ser clarificado por las excavaciones arqueológicas que se vienen desarrollando, convierten este punto de la ciudad en un hito monumental. Presenta paralelismos constructivos y morfológicos con el castillo de San Pedro en Huelva y la Torre de San Juan y el castillo de San Fernando en Moguer.
     La edificación de viviendas al pie del cabezo, muchas de las cuales han ampliado sus patios traseros a costa de aquél, unida a la erosión natural de sus laderas han ido socavando las estructuras de la fortaleza hasta dejarlas en el estado en que se encuentran en la actualidad. La destrucción de los pocos restos emergentes que subsistían se aceleró en los años 80 del siglo XX con la construcción de edificios dotacionales inmediatos al cabezo. Así, hoy en día, del castillo de Palos sólo es posible apreciar algunos tramos de cimentación de los muros y torres.
     La torre original se construye en la segunda mitad del siglo XIII a la que se adosaría el resto del castillo entre el reinado de Fernando IV (1295-1312) y 1332. Así, algunas fuentes indican que la fortaleza sería construida entre 1313 y 1321 por Ruy Fernández de Gibraleón, alcalde mayor de Niebla.
     En 1627 las fuentes documentales aluden al castillo, en buen estado de conservación todavía, como propiedad de la condesa de Miranda y Duquesa de Peñaranda.
     Con motivo de la guerra con Portugal que comenzó en 1640 parece que el castillo de Palos cumple sus últimas funciones militares, puesto que desde mitad del siglo XVII las fuentes no contienen referencia alguna a dicha fortaleza ni a su alcaide. de la misma. Perdida la funcionalidad militar desde el final de las guerras con Portugal del siglo XVII el recinto del castillo quedó relegado a usos marginales, llegando a utilizarse como vertedero durante buena parte del siglo XX. Los trabajos arqueológicos realizados a partir de 1990 han permitido redescubrir los vestigios aún conservados de este edificio, mostrando con ello una de las señas de identidad de la villa de Palos antes y después del Descubrimiento de América (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
La Fontanilla
. La Fontanilla es una fuente de estilo mudéjar construida en ladrillo visto. Tiene una forma cuadrangular que se construye sobre cuatro pilares angulares reforzados con estribos que sustentan cuatro arcos de medio punto rematados en la parte superior por una bóveda semiesférica vacía que exteriormente se circunscribe en chapitel piramidal (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Casa de Martín Alonso Pinzón. Se trata de una edificación entre medianeras, de dos plantas, dos crujías y patio posterior. Sus muros de carga son de tapial con pilastras de ladrillo, salvándose los huecos de paso mediante arcos de tipo carpanel. Se cubre a dos aguas, presentando la cubierta de la primera crujía pendiente hacia la calle vertiendo el segundo paño a través del muro del hastial posterior. La altura de la construcción era primitivamente mayor a la actual viéndose reducida al sustituirse el tejado por otro más bajo, lo que produjo también cambios en la fachada.
     La portada de la casa, ejecutada en ladrillo visto, resalta sobre el encalado general de la fachada. En dicha portada destaca el balcón, que se abre sobre el vano principal de acceso; este balcón que está protegido por una barandilla de madera aparece enmarcado entre dos columnas estriadas. Paralela a cada columna aparece una faja vertical de azulejos muy similares a los que fabricaran los Polido de Triana para el Pabellón de Carlos V en el Alcázar de Sevilla hacia 1540. 
   Sobre el dintel de entrada se ha añadido el blasón heráldico de los Pinzón.
     Hacia 1492 la propiedad de Palos se dividió en manos de tres señores: los Conde de Miranda, el duque de Medina Sidonia y los Reyes Católicos.
     En los años previos a la gesta colombina existían en Palos dos ramas distintas con apellido Pinzón. Una era la que partiendo de Martín Pinzón se diversificó en sus tres hijos, Martín Alonso, Vicente Yánez y Francisco Martín Pinzón, todos ellos hijos de padre y madre, ya que parece ser que lo que hoy interpretamos como primer apellido quedaba en realidad asimilado al nombre. La otra rama era la de Diego Martín Pinzón.
     La tradición popular, transmitida de forma oral, ha venido señalando un edificio doméstico de la actual calle Colón de Palos como el domicilio familiar de la familia Pinzón. Según esto, el inmueble habría sido mandado construir por Martín Pinzón, padre de los tres personajes ya citados. A su vez, la historiografía al respecto ha venido catalogando la vivienda como construida a mediados del siglo XV. En favor de esta apreciación, sobre la que no existe documentación alguna, puede esgrimirse que las proporciones y lenguaje empleados en su portada son identificados como pertenecientes al estilo del Renacimiento, cuya generalización en Andalucía no puede retrotraerse mucho más. También se fundamenta esta apreciación en la clasificación de los azulejos que flanquean el cuerpo superior de la portada, que se han venido relacionando tradicionalmente con el taller de la familia Polido de Triana, fijándose su realización en torno al año 1540.
     Probablemente, como consecuencia de crisis, la casa señorial cambió su carácter. En los siglos XVIII o XIX el primitivo edificio fue casi totalmente demolido o muy transformado, aunque conservó los elementos originales de mayor nobleza, tales como la portada o el arco y pilastras del interior. En cuanto a la familia Pinzón, ramificada, se trasladó en parte a la cercana localidad de Moguer. La familia Hernández Pinzón de esta ciudad obtuvo de Carlos III el reconocimiento de ser los descendientes directos de los descubridores.
     El edificio familiar en Palos presentaba una estructura de dos crujías principales, otra lateral y un patio dotado de pozo en la parte posterior. Sus forjados eran de rollizos de madera y el pavimento de ladrillo.
     El modesto edificio recibió alguna atención durante el siglo XIX. El literato Washintong Irving, embajador de Estados Unidos en España, visitó Palos, y se refrió a la casa como probable vivienda de Martín Alonso o Vicente Yánez. Pascual Madoz, sin embargo, no presta atención a este inmueble, aunque se ocupa largamente del Monasterio de la Rábida.
     Amador de los Ríos, en su obra sobre Huelva, también se refiere a la casa nº 24 (numeración antigua) de la calle Colón, aunque sin señalar su posible relación colombina. Se refiere a ella como una casa señorial del siglo XVI, y que venida a ruina, se reaprovechó su muro foral para integrarlo en otra construcción más modesta. Esto se deduce de la brusca ruptura de las columnas bajo el que entonces era su tejado. Fray José Coll, ligaba esta casa con la familia Pinzón.
     Con el paso del tiempo, trasladada la familia Pinzón a Moguer, y depositado el apellido en su rama palerma en una derivación femenina, terminó por perderse, falto de transmisión hereditaria. Posteriormente, tras la adquisición del inmueble por parte del Ayuntamiento de Palos, el edificio fue rehabilitado por el arquitecto Miguel Díaz Zulategui y destinado a Museo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Universidad Hispanoamericana de Santa María de la Rábida, sede de la UIA actualmente
. La Sede Santa María de La Rábida de la UNIA se encuentra ubicada en Palos de la Frontera (Huelva), en un paraje natural entre los ríos Tinto y Odiel y el Atlántico. Está formada por un conjunto arquitectónico levantado en el año 1946, bajo la dirección de Francisco Sedano, en un estilo historicista característico de la arquitectura del primer franquismo, para albergar la residencia de la Universidad de Verano de La Rábida creada en el histórico monasterio algunos años antes.
     En dicho complejo se han venido realizando desde entonces diferentes adaptaciones y ampliaciones, hasta el año 2008 en que se han inaugurado las últimas intervenciones. La configuración básica que podemos ver en la actualidad se debe al proyecto realizado en 1974 por Miguel González Vílchez que incluyó diversas ampliaciones y remodelaciones y la urbanización del entorno.
     El edificio principal se configura actualmente en forma de U abierta al sureste con un ala al sureste y otra al noreste, ambas añadidas en la ampliación de 1974. En la planta baja dependencias administrativas, aula de grados y espacios comunes. En la planta primera, habitaciones de la residencia universitaria. Al edificio se accede por una portada historicista de notable valor histórico.
     También forman parte del conjunto de la sede de la UNIA otros tres pequeños edificios de planta baja (separados al este del inmueble principal) levantados en la ampliación realizada en el año 1967 en un estilo propio de las construcciones populares de la zona. Allí se ubican actualmente diversos servicios como los de ordenación académica y el aula magna.
     A ellos se unieron en 2008 nuevas dependencias de aularios y biblioteca en un estilo arquitectónico contemporáneo y funcional.
     El valor patrimonial de la sede viene determinado tanto por su situación en el entorno de un BIC y dentro de un paraje protegido por sus cualidades naturales y paisajísticas y por su relevancia histórica, como por las características arquitectónicas propias del historicismo con el que se construye el edificio principal.
     La Sede Santa María de La Rábida de la UNIA se ubica en el término municipal de Palos de la Frontera, en la provincia de Huelva, emplazada en el Paraje de La Rábida, espacio protegido en el que se encuentra el histórico Monasterio de Santa María de la Rábida (declarado BIC y Conjunto Histórico con el correspondiente nivel de protección), el Monumento a los descubridores y otros lugares colombinos de especial atracción.
     El arquitecto Francisco Sedano Arce realizó el proyecto inicial del edificio en que hoy se ubica la sede de la UNIA, como residencia de la Universidad de Verano de la Rábida y como complemento de las aulas que estaban en el propio monasterio. Según un programa general que le facilitó el profesor Rodríguez Casado la estética del edificio no debía producir contrastes con el monasterio y se debían emplear "elementos de gran sencillez tomados del barroco popular andaluz coincidentes con el barroco colonial" y que la arquitectura de conjunto debería tener "el carácter de misiones fundadas por las órdenes religiosas en América".
     Utilizado parcialmente en 1946, sería inaugurado al año siguiente. En 1947 y 1967 se realizan obras de mejora, adecuación y ampliación del edificio original. En 1974 se ejecuta un nuevo proyecto que triplica la superficie construida: se levantaron dos nuevos cuerpos adosados al anterior, uno en el ala sur y otro en el ala norte; efectuándose tales reformas que del antiguo edificio sólo se aprovechó su esqueleto. El Proyecto Técnico fue ejecutado por el arquitecto Miguel González Vilches y para las obras se contrató al Servicio Militar de Construcción. Básicamente es el edificio actual.
     En los años ochenta se reformarían y mejorarían las instalaciones.
     En 2008 se han levantado nuevas dependencias fuera del edificio principal para la ampliación de la biblioteca, aulas y nuevos servicios (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Monasterio de Santa María de la Rábida; y Arquitectura civil y Monumentos públicos) de la localidad de Palos de la Frontera (y II), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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jueves, 5 de enero de 2023

Los principales monumentos (Iglesias de la Merced, y de San Francisco; edificios Militares; y Monumentos al Beato Vicente de San José, a los Descubridores, a la Inmaculada, y a la Virgen de las Angustias) de la localidad de Ayamonte (III), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesias de la Merced, y de San Francisco; edificios Militares; y Monumentos al Beato Vicente de San José, a los Descubridores, a la Inmaculada, y a la Virgen de las Angustias) de la localidad de Ayamonte (III), en la provincia de Huelva.

Iglesia de la Merced
     El convento de PP Mercedarios Descalzos fue fundado en 1640 por Diego Pérez Mestre, capitán de la carrera de Indias, alguacil mayor, familiar del Santo Oficio y síndico de la villa de Lepe. Falleció en Ayamonte el día 10 de marzo de 1664, y recibió sepultura en la iglesia, en la bóveda que había mandado preparar  bajo el altar mayor. Tras la Desamortización, al convento se le dieron diversos usos: oficinas de Hacienda, escuela pública, quedando su iglesia como ayuda de parroquia. Parte se vendió para la construcción de las viviendas particulares. El claustro ha sido rehabilitado para sede de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Ayamonte, y quedó inaugurado el  12 de abril de 2003.
     La iglesia tiene planta de cruz latina, con brazos poco salientes. El buque está formado por una nave central más ancha, y dos laterales estrechas, destinadas a capillas y deambulatorio. La nave central se cubre con bóvedas de cañón con lunetos, que ocultan la armadura de made­ra, y, el crucero lo hace con cúpula sobre pechinas, decoradas con pinturas. Los volúmenes se exteriorizan en forma de sencillos prismas. Llama la atención la torre, no solo por la forma bulbosa de su chapitel, sino por las sobresalientes cornisas.
     Desde la calle Jovellanos accedemos al templo, por un interesante cancel de madera, decorado con motivos mercedarios, policromados en la parte superior. Una vez en el interior observamos la configuración del templo en una nave central con capillas adosadas, y repartida en cinco tramos. El tramo de los pies está ocupado por el coro alto, que descansa sobre una bóveda de cañón rebajada, con grandes lunetos que semejan una bóveda de arista, y rematada por un florón. El coro alto muestra una interesante balaustrada de madera, en forma de estípites. 
     En el cuarto tramo del lado del evangelio, bajo un arco rehundido se halla un lienzo de Rafael Aguilera, de hacia 1940, que representa el tema de la Virgen del Carmen y las Ánimas del Purgatorio. En el tercer tramo se abre una capilla de escasa profundidad, cubierta con una estrecha bóveda de cañón, que se dedica a la Virgen de la Merced. La imagen, de candelero, es del último tercio del siglo XVII, y antiguamente presidía el retablo mayor de la iglesia. Desde 1973 es venerada en un retablito decorado con estípites, veneras, guirnaldas de flores y frutas, de la primera mitad del siglo XVIII. La frontalera del altar se recubre de azulejos blancos y azules, con escenas campestres, propio de la cerámica de Delf, del siglo XVIII. Al segundo tramo de la nave se adosa una capilla, cubierta con bóveda aristas, dedicada a la Virgen del Perpetuo Socorro. La pintura en tabla aparece firmada por M. Díaz Merry, 1941.
     Ya en el crucero, en un arco de medio punto rehundido, es venerado el Señor Cautivo, ima­gen de vestir, obra de Antonio León Ortega, de 1973. Delante del altar, hay una lauda sepulcral de Antonio Francisco Pérez Tello, fallecido en el año 1767.
     En el centro del crucero, ante los escalones del presbiterio, se halla la lápida funeraria del fundador del convento, Diego Pérez Mestre, del año 1667.
     El presbiterio queda presidido por el retablo mayor, obra de tallistas portugueses, de hacia 1730. Fue dorado por el pintor y dorador portugués, Diego de Sousa e Sarre, quien contrató el dorado del retablo y las pinturas del crucero el 26 de abril de 1746 con fray Pedro de San José, procurador del convento. El retablo es una muestra de la presencia del arte portugués en la zona fronteriza del Algarve. Presenta una arqui­tectura basada en la columna salomónica. Se dispone sobre un alto basamento y predella. Sendas cariátides soportan las cuatro columnas de orden salomónico, que separan las tres calles, y que, contraviniendo su propia naturaleza, prolongan sus formas torsionadas por encima del entablamento, para formar una corona semicircular, abrazada por lesenas radiales, llamado arco salomónico. La decoración se realiza a base de vege­tación, hojas de acanto, hojas de parra y racimos de uva picados por aves de vistosos plumajes, flores, querubines, etc. En la calle central, que se eleva también por encima del entablamento, se sitúa un templete, en la que se veneraba la imagen titular, Nuestra Señora de la Merced, y sobre él, otro de menor formato en función de expositor eucarístico. Actualmente recibe culto el Cristo de la Buena Muerte, al parecer de escuela sevillana de hacia 1635, aunque sus rasgos marcadamente cruentos recuerdan las maneras genovesas.
     Las bóvedas de la nave central y del crucero se decoran con imitaciones de sillares y pilastras de mármol. En las pechinas figuran cuatro santos mercedarios: San Pedro Nolasco, San Ramón Nonato, San Raimundo de Peñafort y San Pedro Pascual. Son obra del pintor y dorador portugués Diego de Sousa e Sarre, 1746. En el crucero, frente al Cautivo, está la Virgen del Rosario, imagen dolorosa obra de León Ortega de 1972.
     El deambulatorio del lado de la epístola se cubre con pequeñas bóvedas de cañón rebajadas y con lunetos. Al final de la nave, una escalera de caracol, de madera, permite la subida al coro y a la torre. El Vía Crucis que se reparte por la iglesia está formado por láminas del alemán Gebhard Fugel (1863-1939) (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La iglesia y antiguo convento de Nuestra Señora de la Merced, en Ayamonte (Huelva), se encuentra ubicada en la zona denominada La Ribera, convirtiéndose en poco tiempo en el centro económico de la ciudad.
     En el exterior, a los pies del templo, en el lado de la Epístola, se adosa la torre. En la parte inferior aparecen dos pequeños huecos cuadrangulares que iluminan el interior, que quedan enrasados con la línea de la fachada principal de la iglesia.
     Sobre una primera cornisa aparecen canecillos que, a modo de ménsulas con volutas, dan paso a una segunda moldura accediendo al segundo cuerpo, ornamentado con elementos salientes y dispuestos como chatas pilastras dobladas en las esquinas y rematadas con una cornisa con mayor movimiento que las inferiores. A continuación está el cuerpo de campanas, con vanos de medio punto flanqueados por pilastras rematadas con volutas jónicas y entablamento superior, que cuenta con una sobresaliente cornisa. El cuerpo superior elevado a modo de tambor presenta forma octogonal, rematándose por un chapitel de forma bulbosa revestida de azulejo cobrizo y una cruz. En el interior, el acceso a la torre se realiza mediante una escalera de caracol de madera, compuesta de dos tramos rectos cubiertos por una montera.
     La fachada principal es de gran sencillez y está dividida en tres cuerpos, el primero formado por la portada adintelada cuyas jambas se componen mediante dos pilastras muy sencillas de orden dórico sobre las que se sitúa un entablamento decorado con triglifos y metopas, encontrándose sobre todo el conjunto una cornisa de remate soportada por canecillos, sobre la que se sitúa un escudo enmarcado de la orden de la mercedaria en el centro y flanqueada por dos remates a modo de moldura en los extremos esta portada está coronada por dos remates a modo de moldura en los extremos. El segundo cuerpo presenta un vano adintelado flanqueado por sencillas pilastras con capiteles jónicos con volutas sobre el que se sitúa una moldura curva a modo de arco rebajado, que corona la ventana, así como la moldura a modo de clave existente bajo la misma. A continuación una sencilla moldura enmarca el hastial superior, resaltando su forma triangular que cuenta con un pequeño vano cuadrangular. 
     La iglesia del antiguo convento es de planta de cruz latina con los brazos del crucero poco salientes, compuesta por cinco tramos con arcos fajones resaltados, utilizando pilares de planta rectangular, a los cuales se le adosan medias pilastras a las caras que miran a la nave principal y cubierta por bóveda de cañón con lunetos, que ocultan la armadura de madera. En el lado del Evangelio se abren capillas y en la nave de la Epístola, a modo de deambulatorio, aparece una estrecha nave de muy poca profundidad y de menor altura que la nave principal. Entre las cubiertas y las bóvedas interiores del templo se encuentran armaduras de madera, espacio al que se accede a través de la escalera de acceso a la torre. La cubrición en la nave principal se realiza a dos aguas y de pabellón en la zona del crucero, cubriéndose mediante tablas y teja árabe.
     El crucero presenta un gran espacio cuadrado central formado por cuatro arcos torales de medio punto y cubierto mediante cúpula de media naranja, que descansa sobre pechinas, elevada sobre cuidada cornisa con canecillos, motivos arquitectónicos consistentes en ocho pares de pilastras pintadas imitando el mármol rojo que convergen en un florón central y que están flanqueadas por óculos con barroquizantes marcos, motivos forales y geométricos abigarradamente compuestos, donde se encuentran representados cuatro santos mercedarios: San Pedro Nolasco, San Ramón Nonato, San Raimundo de Peñafort y San Pedro Pascual, siendo obras efectuadas por Diego de Sousa e Sarre en 1746.
     En el primer tramo del lado del Evangelio se encuentra el coro en la parte superior y en la parte baja la entrada principal a cuyos lados del cancel aparecen los óculos que iluminan esta zona y una pila bautismal a cada lado.
     En el tercer tramo del lado del Evangelio, se encuentra una capilla de escasa profundidad, cubierta con una sección de bóveda de cañón, tratándose más bien de una capilla hornacina que abre a la nave mediante un arco de medio punto. En el cuarto tramo se encuentra una capilla un poco más profunda, de planta cuadrangular y cubierta con bóveda de aristas, solería de mármol blanco y negro y que presenta al fondo un arco de medio punto. Esta capilla es utilizada actualmente como almacén. En el quinto tramo se encuentra otra capilla de planta rectangular cubierta por dos bóvedas de aristas y formada en dos tramos, articulados mediante arcos fajones rebajados. Es en esta capilla donde reciben culto las imágenes titulares de la Real Hermandad de Jesús Cautivo, Cristo de la Buena Muerte y María Santísima del Rosario, ubicadas en un retablo de mármol de reciente factura.
     En el lado de la Epístola aparece una nave que destaca por su estrechez, formada por cinco tramos y cubierta por pequeñas bóvedas de cañón rebajadas con lunetos.
     A los pies de la iglesia se realiza el acceso al templo a través de un cancel de madera formado mediante casetones con decoración vegetal y motivos heráldicos mercedarios, y en la parte superior se encuentra el coro, que descansa sobre una bóveda de cañón rebajada con grandes lunetos que semejan una bóveda de arista rematada por un florón. El coro alto ocupa la superficie de todo el primer tramo y presenta una interesante balaustrada de madera con forma de estípites. En los pilares laterales que soportan el arco rebajado hay adosadas dos pilas de agua bendita, realizadas en terrazo.
     En el exterior, junto al lado de la Epístola, se sitúa el claustro del antiguo convento, de planta cuadrada, formado por cuatro arcos de medio punto en cada lado y compuesto por columnas de orden toscano y ventanas cuadradas en el primer piso, alrededor del cual se articulan las distintas dependencias. La planta baja alberga la sede de la Agrupación de cofradías y hermandades de la ciudad de Ayamonte, con acceso doble desde la calle Jovellanos a la que se accede a un vestíbulo que conduce al claustro. La fachada que envuelve todos estos espacios presenta cuatro vanos en planta baja que se corresponden con otros cuatro en la planta superior, si bien es cierto que el aspecto que presentan hoy día es distinto en los vanos que lindan con la iglesia conventual.
     En torno a dicho claustro se articulan las diversas dependencias. A la derecha hay un hueco con cancela que comunica las distintas salas que abren mediante grandes ventanales a la calle Jovellanos, destacando dos de ellas compuestas mediante arcos rebajados.
     La planta alta del claustro contiene el museo de la Agrupación de cofradías y hermandades de la ciudad de Ayamonte, donde se observan dos tipos de cubiertas; una a dos aguas articuladas mediante estructura de vigas de madera y tirantes, y las otras adinteladas mediante la técnica de ladrillo por tabla. El acceso a la primera planta se realiza mediante una escalera de dos tramos, junto a la cual se sitúa la sala principal, que fue restaurada para adaptarla al nuevo uso.
     La fachada que recorre la calle Jovellanos, que linda con la trasera de las casas del siglo XIX, presenta gruesos muros indicando que pudiera tratarse del muro originario del cierre del convento, con vanos de grandes proporciones y rejas del siglo XVIII, como queda confirmado con el plano de 1756 trazado por el ingeniero militar Antonio Gaver.
     Al exterior, en la confluencia de la calle Jovellanos con calle Huelva, se encuentra la parcela 05 que recibe actualmente el uso de biblioteca pública, que señalan como parte del antiguo convento. Otra parcela que conforma la delimitación del Bien es la número 08, que corresponde a la casa número 1 de la calle San Pedro, tratándose de un inmueble de dos plantas, siendo la correspondiente a su planta baja la que conserva restos del antiguo convento. En una de las salas, se conserva una bóveda de arcos diafragmáticos con lunetos, apareciendo en el resto de la misma planta otros elementos arquitectónicos de interés como algunos arcos pertenecientes al antiguo edificio.
     Entre las diferentes restauraciones sufridas se encuentran las realizadas por los Padres Paules. La primera en 1917 y la segunda, tras la Guerra Civil en 1937. Posteriormente fue restaurada y rehabilitada en su interior a partir de 1971, con motivo de la instalación de la Hermandad de Jesús Cautivo, Cristo de la Buena Muerte y María Santísima del Rosario.
     Entre los años 1988 y 1989 se procedió a restaurar la torre y la escalera de acceso al campanario. Posteriormente en 1994 se ejecutaron obras de emergencia en el templo, sobre la galería ubicada en la estrecha nave lateral del templo, procediéndose a la sustitución del forjado de madera.
     La iglesia y antiguo convento de Nuestra Señora de la Merced, en Ayamonte (Huelva), fue fundado en 1640 y es uno de los vestigios más importantes del establecimiento de la Orden mercedaria en el litoral onubense, constituyéndose como hito fundamental de la ciudad. El convento configuró durante siglos parte esencial de la trama urbana de Ayamonte, siendo buen ejemplo del proceso degenerativo en el que entraron este tipo de edificaciones tras la Desamortización, a causa de la inadecuada utilización de las mismas y del alto costo de su mantenimiento.
     Desde su fundación en 1218, la Orden de la Merced tenía como fin la redención de cautivos, hecho que está relacionado con la expansión de esta Orden por las tierras litorales. En Huelva, hacia 1600, toda la costa estaba desprovista de fundaciones mercedarias.
     El establecimiento de la Orden de la Merced en Ayamonte surgió como prueba de la existencia de la piratería y como medida para combatir la acción corsaria que procedía del norte de África, siendo su labor la redención de cautivos apresados por los corsarios. Así resultó que la gran mayoría de las redenciones de cautivos, llevadas a cabo por los mercedarios a lo largo del siglo XVII, correspondió a marineros de la costa de Huelva y fundamentalmente a vecinos de Ayamonte. Así el momento de la fundación del convento mercedario se produce coincidiendo con el momento más grave de la tendencia de la cautividad.
     La fecha de fundación del antiguo convento de la Merced de Ayamonte cobra mayor relevancia, ya que en estas fechas se produce el levantamiento de Portugal, situando a las villas onubenses en primeras flas de una guerra que se refleja en las exigencias de los sistemas de defensa en Ayamonte.
     El templo posee un valor estético notable al estar bien compuesto en sus espacios y volúmenes. Destacan poderosamente su torre, las pinturas murales del crucero y el retablo mayor, prueba evidente de los intercambios culturales que han tenido lugar a lo largo de los siglos entre esta zona y Portugal. De autor desconocido, fue dorado en 1746 por el pintor portugués Diego de Sousa e Sarre, responsable también de las pinturas murales del crucero e iglesia.
     Igualmente valiosas son las dependencias anexas al templo que formaron parte del antiguo convento de la Merced.
     Actualmente el inmueble es sede canónica de la Real Hermandad de Jesús Cautivo, Cristo de la Buena Muerte y María Santísima del Rosario (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).     
     
Iglesia de San Francisco
     El convento de San Francisco de Ayamonte fue fundado en 1527 por la marquesa de Ayamonte, Leonor Manrique de Castro, viuda del marqués Francisco de Zúñiga y Guzmán, ambos muy vin­culados a la Orden Seráfica, como patronos de la capilla mayor del convento de Sevilla, donde fueron enterrados. El templo fue declarado Mo­numento Nacional el 3 de junio de 1931.
     La iglesia tiene una sola nave, como es habitual en las iglesias conventuales, con presbiterio elevado en la cabecera rectangular, diferenciado por un gran arco toral soportado por sendos haces de baquetones tardogóticos, que arrancan de basas poligonales y son coronados por capiteles también poligonales. Adyacentes al arco toral, se encuentran dos arcos conopiales, que abren a la nave sendas capillas, dedicadas respectivamente a San Diego, hoy al Cristo de la Lanzada, y al Cristo de la Vera Cruz. Seguidamente, por el lado de la epístola, se suceden tres arcos apuntados, los dos primeros ciegos y el tercero abierto a las dependencias de la Hermandad de la Lanzada, que discurren en paralelo a la nave desde la capilla de Vera Cruz. Finalmente, en el primer cuerpo del sotocoro se sitúa la antigua capilla del Rosario, fundada por la segunda marquesa de Ayamonte y duquesa de Béjar, doña Teresa de Zúñiga y reedificada por los hermanos, en 1586. En ella se hallaba la sepultura del militar italiano Tomás Moneco, de 1668, cuya lápida puede verse en el compás de la iglesia. A los pies, se sitúa el coro alto, sostenido por dos hileras de arcos de medio punto peraltados, sobre columnas genovesas de mármol blanco.
     La nave, muy prolongada, se cubre a dos aguas con armadura de cinco paños, profusamente decorada con preciosa labor de lazos de ocho, que remata en forma ochavada en el coro. En dos franjas centrales y en la ochava del coro, los faldones se decoran con estrellas, y del centro del almizate penden piñas de mocárabes, flanqueadas por otras cuatro menores en sus ángulos. El octógono central del almizate del coro alto ostenta el blasón de doña Teresa de Zúñiga y Guzmán. La cabecera, cubierta a tres aguas, lo hace con armadura mudéjar de ocho paños sobre trompas, en la que se repite la misma labor de lacería en el almizate y en los faldones.
     Desde el atrio se accede a la capilla de la Soledad, dotada de autonomía espacial y funcional, que discurre perpendicular a la nave, y paralela a la plaza de San Francisco. Consta de nave y presbiterio cubierto con bóveda semiesférica sobre pechinas.
    Al exterior, el templo tiene una doble fachada: la primera, que da acceso al compás, y la segunda que lo hace al templo. La primera está for­mada por un gran vano adintelado, cerrado por una verja, y enmarcado por columnas pareadas, acanaladas, de orden dórico. Sobre el entablamento, decorado con triglifos y metopas, con la­bor biselada de estrellas de ocho puntas, se ubica un frontón partido, que, a su vez, sirve de estribo a una espadaña formada por cuatro pilastras y frontón triangular, en cuyo centro se sitúa el balcón, bajo un arco que irrumpe en la base del triángulo para ubicar la campana.
     La portada interior de acceso a la iglesia, forma un arco de medio punto, enmarcado en alfiz, y está labrada en piedra caliza. La delimita sendas pilastras con basamento, capiteles e impostas tardogóticos, decorados con bolas, cadenetas, hojas cuadrifolias, y otros temas de posible origen portugués. Sobre un lado del imafronte, se eleva una segunda espadaña de factura barroca, que consta de dos cuerpos y tres vanos, de desigual anchura.
     De la capilla de la Soledad, destaca al exterior el cubo de la cabecera cubierto por bóveda de media naranja. Una sencilla puerta adintelada abre un acceso directo desde la plaza a la Casa Hermandad.
      En el interior del templo, llama la atención la doble arcada que soporta la tribuna del coro alto. Las arquerías paralelas están formadas, cada una, por tres arcos de medio punto peral­tados, sobre columnas de mármol con basas de garras y capitel de castañuelas. Tanto los arcos como sus enjutas se hallan decorados con textos bíblicos, relativos a la casa de Dios, y con motivos geométricos de sencilla traza, esgrafiados en blanco sobre fondo gris oscuro, que aparecieron entre 1975 y 1977.
     Antes de llegar al arco toral, se abre un amplio arco conopial que da acceso a la antigua capilla de San Diego de Alcalá. En su interior reciben culto las figuras titulares de la Hermandad. El Cristo de la Lanzada o de las Aguas es obra de Antonio León Ortega, de 1957. La Doloro­sa, Ntra. Sra. Esperanza del Mar, de 1976, se debe a las gubias de Luis Álvarez Duarte. El San Juan Evangelista es de José Vázquez Sánchez, de 1953. La Magdalena fue rehecha, a partir de una cabeza antigua, por Prudencio Navarro Vázquez, artista también ayamontino. Otras imágenes que forman el conjunto de la escena de la Lanzada son la Virgen del Buen Fin y el Longinos a caballo, ambas figuras realizadas por Antonio León Ortega, en 1971 y 1973 respectivamente.
     El arco de triunfo, que forma la embocadura de la capilla mayor, presenta también una ins­cripción en letras blancas sobre fondo gris oscuro, de la misma temática bíblica. La Capilla Mayor cubre todo su testero plano con el gran retablo. La obra de carpintería fue realizada por el ayamontino Manuel Lamprea en 1610. Tiene banco y cuatro cuerpos, y cinco calles, todo enmarcado por dos pilastras gigantes cajeadas y, entre ambas, entablamento y cornisa sobre mensulones, con cartelón central. La calle central, de cuerpos decrecientes, se destina al tabernáculo y a las imágenes titulares. En el cuerpo inferior se sitúa el sagrario, en  forma de templete con dos puertas lisas, flanqueadas por columnas entorchadas pareadas, sobre basamento gallonado. Sobre el segundo cuerpo se expone la Inmaculada, escultura en madera policromada, anónima de hacia 1800. En la hornacina del tercer cuerpo, de medio punto coronado por frontón triangular, hay un San Francisco, escultura en madera policromada, del siglo XVII. En el centro del último cuerpo, hay una caja cruciforme, que cobija una cruz plana con el INRI. Y sobre ella, una cartela con corona de marqués, que enmarca el escudo franciscano de las cinco llagas.
     Las dieciséis pinturas sobre lienzo que decoran este retablo, flanqueadas por columnas jónicas, representan figuras de santos, en simétrica correspondencia los del lado del evangelio y los de la epístola, que son -de arriba abajo y de derecha a izquierda- San Juan Bautista, San Juan Evangelista, San Pablo, y San Pedro. En el tercer cuerpo, San José y la Virgen en los Desposorios, San Antonio de Padua, San Buenaventura, y San Joaquín y  Santa Ana en el Abrazo Místico. En el segundo cuerpo, la Conversión de San Pablo, cayendo del caballo ante la aparición de Cristo en un rompimiento de gloria; los diáconos mártires San Lorenzo, con la parrilla, y San Vicente, revestidos de dalmáticas; las vírgenes y mártires Santa Lucía, con la bandeja y los ojos, y Santa Catalina de Alejandría, con la rueda y la espada que atraviesa la cabeza del rey; y el apóstol Santiago a caballo. En el primer cuerpo, santos franciscanos: San Bernardino de Siena; Santa  Clara de Asís y Santa Catalina de Bolonia; el Abrazo de los santos fundadores, San Francisco y Santo Do­mingo; y San Luis de Tolosa, obispo y mártir. El anónimo autor se muestra seguidor del manie­rismo por la corpulencia de las figuras y su absoluto predominio sobre los fondos, la angustia del espacio y la peculiar coloración tornasolada de los tejidos.
     A derecha e izquierda, hay dos pinturas mu­rales, que representan los escudos heráldicos de doña Teresa de Zúñiga, sostenidos por dos guerreros con armaduras. El lado del evangelio corresponde al linaje de los Guzmanes, marqueses de Ayamonte. El del lado de la epístola corresponde al de los Zúñiga, que elogió Góngora en su soneto 287,  «a la Marquesa de Ayamonte y su hija en Lepe»: «Muro real orlado de cadenas...».
     En el flanco de la epístola se abre una capilla simétrica a la de San Diego, también con arco conopial, dedicada al Cristo de la Vera Cruz. Tiene planta rectangular con techumbre de madera, con almizate y cuatro faldones sobre arrocabe, semejante al de la nave de la iglesia. Preside un retablo, con gran sentido escenográfico, de 1872. Sobre el banco se dispone la urna, y, en ella, el Cristo Yacente, recompuesto en 1937 por Antonio León Ortega, quien aprovechó de la escultura original, de mediados del siglo XVI, la cabeza, el brazo izquierdo y las piernas. Vázquez lo restauró en 1987 y le hizo el sudario de talla, copiando por fotografías el modelo antiguo. Sobre la urna se exhibe Ntra. Sra. de la Soledad, imagen de candelero para vestir, restaurada por Antonio Castillo Lastrucci, en 1937, aunque las manos y la policromía son de Carlos Bravo Nogales. Fue restaurada en 1996 por Juan Manuel Miñarro. En el altar contiguo, se sitúa el Crucificado titulado Cristo de la Vera Cruz, obra de León Ortega, escultura en madera policromada de 1941.
     Tras el arco conopial aparecen tres arcos apuntados, enmarcados en alfiz, los dos primeros ciegos y rehundidos,  y el tercero abierto, que comunica con la sala de juntas y dependencias de la Sagrada Lanzada. En el primero, hay un retablito dieciochesco, decorado con rocallas y estípites, dedicado a San José. El Santo Patriarca es representado portando al Niño en brazos. Es una escultura en madera policromada, obra anterior a 1752, y atribuible a Bartolomé o Manuel García de Santiago. Fue donada por Manuel Rivero, quien construyó a sus expensas la capilla y retablo de San José para su enterramiento. Le sigue un retablito, también de fines del siglo XVIII, dedicado al Santo Sudario del Rostro de Cristo, cuya reliquia, traída en 1578  por Francisco de Guzmán, marqués de Ayamonte y gobernador del Milanesado, fue muy venerada en esta iglesia.
     La capilla de la Soledad está destinada a Casa Hermandad, donde exhibe sus enseres, entre los que destaca la cabeza de Cristo Resucitado, de estilo barroco sevillano del círculo de Juan de Mesa (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La iglesia posee una sola nave, como es habitual en las iglesias conventuales, con presbiterio elevado en la cabecera rectangular, diferenciado por un gran arco toral soportado por sendos haces de baquetones tardogóticos, que  basas poligonales y son coronados por capiteles también poligonales. Adyacentes al arco toral, se encuentran dos arcos conopiales, que abren a la nave sendas capillas, dedicadas respectivamente a San Diego, hoy al Cristo de la Lanzada, y al Cristo de la Vera Cruz. Seguidamente, por el lado de la epístola, se suceden tres arcos apuntados, los dos primeros ciegos y el tercero abierto a las dependencias de la Hermandad de la Lanzada, que discurren en paralelo a la nave desde la Capilla de Vera Cruz. Finalmente, en el primer cuerpo del sotocoro se sitúa la antigua capilla del Rosario, fundada por la segunda marquesa de Ayamonte y duquesa de Béjar y reedificada por los hermanos en 1586. En ella se hallaba la sepultura del militar italiano Tomás Moneco, de 1668, cuya lápida puede verse en el compás de la iglesia. A los pies, se sitúa el coro alto, sostenido por dos hileras de arcos de medio punto peraltados, sobre columnas genovesas de mármol blanco.
     La nave, muy prolongada, se cubre a dos aguas con armadura de cinco paños, profusamente decorada con preciosa labor de lazos de ocho, que remata en forma ochavada en el coro. En dos franjas centrales y en la ochavada del coro, los faldones se decoran con estrellas, y del centro del almizate penden piñas de mocárabes, flanqueadas por otras cuatro menores en sus ángulos. El octógono central del almizate del coro alto ostenta el blasón de Doña Teresa de Zúñiga y Guzmán. La cabecera, cubierta a tres aguas, lo hace con armadura mudéjar de ocho paños sobre trompas, en la que se repite la misma labor de lacería en el almizate y en los faldones.
     Desde el atrio se accede a la Capilla de la Soledad, dotada de autonomía espacial y funcional, que discurre perpendicular a la nave, y paralela a la plaza de San Francisco. Consta de nave, presbiterio cubierto con bóveda semiesférica sobre pechinas.
     Al exterior, el templo tiene una doble fachada: la primera, que da acceso al compás, y la segunda que lo hace al templo.
     La primera está formada por un gran vano adintelado, cerrado por una verja, y enmarcado por columnas pareadas acanaladas, de orden dórico. Sobre el entablamento, decorado con triglifos y metopas, con labor biselada de estrellas de ocho puntas, se ubica un frontón partido, que, a su vez, sirve de estribo a una espadaña formada por cuatro pilastras y frontón triangular, en cuyo centro se sitúa el balcón, bajo un arco que irrumpe en la base del triángulo para ubicar la campana.
     La portada interior de acceso a la iglesia, forma un arco de medio punto, enmarcado en alfiz, y está labrada en piedra caliza. La delimita sendas pilastras con basamento, capiteles e impostas tardogóticos, decorados con bolas, cadenetas, hojas cuadrifolias, y otros temas de posible origen portugués. Sobre un lado del imafronte, se eleva una segunda espadaña de factura barroca, que consta de dos cuerpos y tres vanos, de desigual anchura.
     En el interior del templo, llama la atención la doble arcada que soporta la tribuna del coro alto. Las arquerías paralelas están formadas, cada una, por tres arcos de medio punto peraltados, sobre columnas de mármol con basas de garras y capitel de castañuelas. Tanto los arcos como sus enjutas se hallan decorados con textos bíblicos, relativos a la casa de Dios, y con motivos geométricos de sencilla traza, esgrafiados en blanco sobre fondo gris oscuro, que aparecieron entre 1975 y 1977.
     El convento de San Francisco de Ayamonte fue fundado en 1527 por la marquesa de Ayamonte, Leonor Manrique de Castro, viuda del marqués Francisco de Zúñiga y Guzmán, ambos muy vinculados a la Orden Seráfica, como patronos de la capilla mayor del convento de Sevilla, donde fueron enterrados (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

edificios Militares
     La situación fronteriza con Portugal, y la necesidad de vigilar la desembocadura del río Guadiana, dieron lugar a un sistema de defensas, que tenía su culmen en el Castillo, y sus avanzadillas en los Baluartes de Buscarruidos y de Las Angustias.
     El castillo de Ayamonte, ofrecido en 1962 por el Ayuntamiento para la construcción del Parador Nacional de Turismo, desapareció bajo el nuevo edificio hotelero. Sin que se excluya alguna fortificación anterior, debido a su estratégico emplazamiento, los primeros datos se remontan al siglo XIII. En los años en que Ayamonte estuvo bajo el dominio santiaguista pudo construirse la capilla de Nuestra Señora de los Favores, de la que trata la Cantiga de Alfonso X el Sabio. Las guerras con Portugal en la segunda mitad del siglo XVII y primera mitad del XVII contribuyeron al reforzamiento de los edificios militares. Entre 1640 y 1668 se construyeron refuerzos de las fábricas medievales existentes, un segundo perímetro defensivo artillado en el flanco de levante y el hornabaque del Socorro. En la segunda mitad del siglo XVIII se proyecta remozar el castillo, en cuyo interior se encontraba una casa para el Gobernador, otra para el Sargento Mayor, cuarteles para la tropa, la capilla de Ntra. Sra. de los Favores, dos aljibes, polvorín, y otras dependencias. El castillo contaba con dos baterías, una dirigida hacia el norte, desde la que se dominaba el castillo de Castro Marín, y otro hacia el sureste, en defensa del caserío. En 1921 se instaló en su interior un museo arqueológico, con objetos procedentes del mismo castillo y con otras de diverso origen, muy dispares entre sí. En 1962 fue inscrito como propiedad del Ayuntamiento, y al año siguiente se cedió gratuitamente al Ministerio de Información y Turismo para la construcción de un Parador Nacional de Turismo, con cuya construcción desaparecieron los restos de lienzos de muralla que aún permanecían en pie.
     El baluarte de Buscarruidos fue levantado en la misma orilla del río, en 1603, en la calle de su nombre, sobre el solar de unas casas, adquiridas por 430 ducados. En la década de 1960, fue derribado para construir viviendas en su lugar y adecentar el tránsito de la calle. El baluarte de las Angustias parece haberse construido para defensa del templo parroquial, por su posición avanzada, inmediata al río Guadiana. Cuando dejó de desempeñar sus funciones militares, sirvió para distintos usos, que ocultaron su fisonomía primitiva, hasta que fue restaurado y liberado de edificaciones adyacentes, en  1999 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
Castillo.-
La fortaleza se situaba al Norte de la población, muy próxima al río Guadiana cumpliendo una doble misión: vigilancia de la costa y de la desembocadura del río y el control fronterizo frente al Reino de Portugal.
     El Castillo de Ayamonte se construyó en la Baja Edad Media, debiendo presentar los elementos arquitectónicos defensivos característicos de ese período.
     En el siglo XVI se remodela el castillo, reformando su defensa, centrándose en el establecimiento de almacenes de munición, pólvora y pertrechos en el patio central y del puesto de vigilancia, artillería ligera y fusilería en la torre del homenaje.
     En el siglo XVII se reformó el recinto, dotándolo de elementos característicos de las fortificaciones abaluartadas: muralla ataluzada, adosamiento de estancias propias de los cuarteles, construcción de dos baluartes, uno de ellos orientado hacia el Norte,  el objeto de controlar posibles incursiones desde la orilla del río así como Castro Marim y el otro baluarte ubicado al Sur del Castillo, desde el cual se dominaba la propia población de Ayamonte y la desembocadura del Río Guadiana.
     Esta fortificación contaba con una pequeña plaza de armas que daba paso a dos medios baluartes en forma de tenaza donde se situaba la artillería, todo ello rodeado por un foso.
Además, se construyeron elementos defensivos externos: hornabeque ubicado al Sureste del Castillo, en el Cerro del Socorro y comunicado con el a través de un camino cubierto, que formaba parte de un complejo sistema de fortificación que contaba con otros elementos: Fuerte de Buscarruidos, Bonete artillero y Baluarte de las Angustias.
     La plaza de Ayamonte era la más importante de la frontera debido a su estratégica posición en la desembocadura del Guadiana, y de ella dependían las guarniciones fijas y las decisiones a tomar sobre el resto de las plazas. La fortificación principal, un recinto poligonal adaptado a topografía, se localizaba en el cerro que domina la población desde el norte, oponiéndose eficazmente a la portuguesa de Castro Marim. El castillo, originario del siglo XIII, experimentó reformas en los siglos siguientes y especialmente al inicio de la contienda con Portugal, cuando fueron restauradas a cal y canto sus estructuras medievales. En apoyo de esta fortificación se construyeron en Ayamonte el Hornabeque del Socorro, el Bonete Artillero, el Baluarte de Buscarruidos y el Baluarte de las Angustias, contando incluso con la Torre de la Canela (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Bonete Artillero.-  
Se encuentra actualmente ubicado en la Plaza del Balcón del Guadiana, en el promontorio situado en la margen izquierda del Río Guadiana, frente a la Plaza fuerte opuesta de Castro Marim.
     Es un emplazamiento artillero de planta triangular orientado en su flanqueo a dirección Este-Oeste, para batir la plaza opuesta portuguesa mencionada anteriormente, formando parte del sistema defensivo de Ayamonte.
     Esta pequeña batería está construida con muros de mampostería de esquisto trabado con mortero de cal y revestimiento o enlucido en sus paramentos internos y externos originalmente. Como consecuencia de la intervención arqueológica y obras de restauración, se ha restituido su morfología original. Presenta una planta triangular de 8,50 x 7,50 metros, formando un triángulo isósceles, definido por muros de 0,90 metros de anchura. Su cara mayor mide 8,50 metros de longitud, con dos muros que se unen en ángulo de flanqueo de 7,50 metros de longitud. En alzado, tras la restauración, los muros alcanzan al exterior desde 0, 15 - 0,50 metros en el muro este a 0, 50 - 1,00 en los muros sureste y noroeste, adaptando la altura a la topografía del terreno.
      El acceso a esta batería artillera se presentaba en el muro este, permaneciendo un tramo original del muro con una huella de la oquedad de entrada de 0,90 metros de anchura, con pavimento de ladrillos macizos. Por su tipología y tamaño, los cañones podían disparar a barbeta, no poseyendo por tanto cañoneras, sino un parapeto bajo a modo de murete de protección (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Hornabeque del Socorro.-
El Hornabeque del Socorro, construido bajo la dirección de Corbachino, es una estructura independiente con forma de tenaza, de clara geometría, muy interesante por ser un ejemplo de fortificación de la Edad Moderna, como refuerzo de otra medieval adaptada a la nueva técnica militar. Coadyuva en la defensa de la plaza de Ayamonte como posición avanzada del propio castillo.
    Construido posiblemente a finales del siglo XIII, aunque constan importantes modificaciones a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, hasta que definitivamente es abandonado en el siglo XIX. Vinculado al señorío bajomedieval de Ayamonte.
      Su localización se encuentra hoy totalmente urbanizada desde la construcción del Parador Nacional de Ayamonte. Hay un chalet construido sobre una antigua fortificación junto al castillo que ocupa la zona donde hoy está el parador. Restos cerámicos en las laderas del cerro donde se ubica el chalet (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Baluarte del Buscarruidos.-
 Se encuentra situado en la margen izquierda del Río Guadiana, junto a la orilla, formando parte del sistema defensivo de Ayamonte en oposición a la plaza portuguesa de Castro Marim.
      Su planta es rectangular y está delimitado por una cerca de mampostería de piedra.
    Del fuerte se conservan los muros Norte y Este, formando una estructura de 5,50 metros de lado y hasta 2, 50 metros de altura, construida con fábrica de mampostería ordinaria de pizarra y algunos ladrillos, trabados con mortero de cal, y revestimiento de enlucido con mortero de cal al exterior y al interior.
     El muro Este presenta una anchura de 0,70 metros y al Norte 1,40 metros conformado por la unión de dos muros: el exterior de 0,90 metros de anchura, construido con mampuestos de esquistos, y, el interior que se adosa en la cara interna de 0,50 metros de anchura, construido con mampuestos de esquisto; y el interior que se adosa en la cara interna de 0,50 metros de anchura, construido mediante mampostería de piedra y rematado con la otra de cubrición, pudiendo ser un elemento estructural de reforma del propio fuerte.
     Su disposición está orientada en el eje Este-Oeste, adaptándose la planta y el sistema constructivo a la topografía del terreno que presenta una fuerte pendiente, al estar construido en ladera.
     Esta estructura estaba delimitada por una cerca o muro de mampostería de piedra. Actualmente sólo se conserva el muro de la zona Este, dispuesto 4 metros al Este del fuerte. Se conservan 16 metros lineales de muro, divididos en dos tramos: uno de 13 metros de longitud y otro de 3 metros separados por un espacio de 10 metros que se ha derrumbado recientemente.
      Este muro está construido mediante mampostería de esquisto, trabado con mortero de cal y revestido con una capa de enlucido de cal muy resistente, siendo su cabeza o coronación de morfología redondeada. Su anchura es de 0,70 metros y su altura es variable en función del terreno, oscilando entre 1- 2 metros, siendo la altura de 1,75 metros respecto al nivel de tierra (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Baluarte de las Angustias.-
 El antiguo baluarte se emplaza en la zona de la cabecera de la Iglesia de las Angustias, dando al margen del Río Guadiana, según la planimetría histórica.
     Del antiguo Baluarte de las Angustias sólo se conserva emergente el lienzo Sur y el arranque de dos estructuras cuadrangulares (a uno y al otro lado del lienzo), el paño de muralla puede ser visitado en el cruce de las calles del Pez y Lusitania.
     El baluarte está construido con mampostería de esquisto trabado con mortero de cal, aplicándose el ladrillo macizo para elementos concretos, como remates de esquinas y cañoneras. Las caras de los paramentos externos e internos estaban revestidas con enlucidos de cal. El lienzo mide 20 metros de longitud por 4,5 - 4 metros de altura y está coronado por un parapeto que presenta 4 cañoneras para la disposición de las piezas de artillería.
     La estructura del lateral Oeste (muro del cierre del cuerpo de Guardia), conserva 2 muros de 4 metros de lado y hasta 4 metros de altura, justo en la unión con la estructura donde arrancaría la Batería de las Angustias. El aparejo del muro es de mampostería, alternando en él bloques de pizarra de formato irregular y verdugadas de ladrillo, más abundantes este material en los vértices de los merlones "en número de cinco" que se muestran abocinados. Dicho paramento se recubre parcialmente con mortero de cal.
     Durante el siglo XVI, la zona administrativa y portuaria de la ciudad se centraba principalmente en las inmediaciones de la actual Parroquia de las Angustias. Para proteger este área de posibles incursiones marítimas o fluviales se construyó un bastión fortificado.
     La situación en la que se encontraba la defensa de Ayamonte en el siglo XVIII la presenta Fovet en su informe de 1725.
     Éste levanta un plano en el que incluye las diferentes fortificaciones existentes. Todas estas construcciones requieren nuevas reformas ante los avances de la artillería. En este sentido, diversos ingenieros realizan propuestas de mejora, para fortificar la orilla del Guadiana. En este contexto se construye el Baluarte de las Angustias, junto a la iglesia del mismo nombre.
     Tras el terremoto de 1755 se hacía necesario intervenir en la reconstrucción de las defensas de este enclave fronterizo. A pesar de que se redactaron varios proyectos con este fin, sólo se realizaron pequeñas reparaciones parciales y rápidas del castillo y del baluarte de las Angustias, cerrando las brechas, renovando los parapetos y limpiando los escombros.
     Como se puede comprobar en el plano levantado por el ingeniero director Luis Huet en 1792, la fortificación apenas sufrió modificaciones desde el siglo XVII. La siguiente noticia que tenemos del Baluarte es de un proyecto de derribo del mismo, así como de los edificios que hay sobre él en 1927 y se proyecta construir una estación sanitaria con una vivienda para el encargado y una pescadería (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Torre de Isla Canela.-
La Torre de Canela, perteneciente al siglo XVI, está situada en Isla Canela, en la margen izquierda de la carretera que une el casco urbano de Ayamonte con la barriada de Punta del Moral, en una zona de amplia incidencia turística, a menos de tres kilómetros de la frontera con Portugal. Está rodeada de marismas y una zona arenosa de plata. Visualizaba la costa y la entrada del río, aunque no disponía de capacidad de defensa por su distancia a su curso. Es una construcción de carácter militar que servía de defensa ante una posible invasión de piratas.
     La edificación tiene forma de tronco de cono y se levanta sobre un plinto visible de dos metros de altura, de mampostería de sillares a escuadra. Desde el anillo de la base arranca un tramo de escalera de fábrica por el exterior de la torre que se eleva hasta una plataforma de 3,7 metros de alto sobre el anillo de base y desde la cual se debía acceder, mediante alguna escalera portátil o cualquier otro medio hoy inexistente, al hueco en el exterior que sirve de acceso y que se encuentra a 3,20 metros sobre dicha plataforma. Su altura total es de 17,90 metros. La puerta de entrada está orientada al Norte y tiene forma rectangular, se abre a un zaguán de planta trapezoidal que da paso a una cámara baja.
     La azotea tiene un diámetro de más de diez metros, una altura de 1 metro y un espesor de 80 centímetros. posee cinco almenas artilleras. En el centro de la misma hay un orificio circular de 30 centímetros. El perímetro de la terraza está todo él protegido por un peto de un metro de alto con algunas almenas.
     La torre ofrece un excelente estado de conservación. Impresiona a primera vista su robustez, la solidez de su construcción y en el caso de la torre Canela, lo extraño de su posición actual. Hoy se encuentra muy alejada de la línea del mar lo que da idea del grado de aporte de sedimentos que el Guadiana ha tenido en estos dos largos siglos.
     La torre se encuentra además algo escorada, como un barco vencido debido a su peso y al suelo inestable de aluvión donde se asienta.
     Ayamonte era uno de los núcleos defensivos más importantes del sur onubense, encargado de la defensa del río Guadiana. Del conjunto defensivo de Ayamonte sólo se conserva la torre Canela, en la isla de la que toma su nombre, unos ínfimos restos del castillo, que fue destruido para construir un parador, y un pequeño lienzo de la muralla abaluartada. No se observan restos del conjunto de baterías, como la de las Angustias, a orillas del Guadiana, o las que se levantaron en las inmediaciones de su desembocadura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Monumento al Beato Vicente de San José
     El monumento al Beato Vicente de San José se encuentra en la plaza Santa Ángela de la Cruz, cercana al antiguo convento franciscano. Fue levantado en 1956 en memoria del mártir ayamontino, por suscripción popular y con la cola­boración del Ayuntamiento.
     La escultura en piedra caliza es obra de Anto­nio León Ortega. El beato viste hábito franciscano, ceñido por el cordón de nudos, con cruz en el pecho y capa corta. En ademán de predicar, sostiene en la izquierda un estandarte, coronado por la cruz (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Monumento dedicado a este beato. Aparece de pie, erguido, con la mirada al frente y rostro sereno y sonriente. Viste hábito franciscano, de su pecho asoma una pequeña cruz que le cuelga del cuello, sobre sus hombros pende una capa que le llega hasta la altura de las rodillas y su cintura queda ceñida con el cordón del hábito. Su brazo derecho está flexionado, mientras que el izquierdo tiene asido una bandera con el anagrama de JHS (Jesús Hombre Salvador) y rematado con una cruz en su extremo superior. En los bajos de su hábito quedan visibles sus pies desnudos.
     Vicente de San José, mártir en el Japón, nació en Ayamonte, hacia 1597, fue quemado vivo el 10 de septiembre de 1622. Fue beatificado el 7 de julio de 1867 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Monumento a los Descubridores
     En la rotonda de acceso al barrio del Salón de Santa Gadea, se encuentra el Monumento a los Descubridores, realizado por el escultor y académico José Planes Peñalver, quien lo firma: «JOSÉ PLANES». Fue inaugurado el 7 de septiembre de 1957. En él se recuerda la memoria de los descubridores ayamontinos, que acompañaron a Colón en su viaje, o participaron en alguna expedición posterior: Rodrigo de Xerez, Juan de Zamora y Manuel González de Aguilar (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Monumento a  la Inmaculada
     Está situado en el centro de la Plaza de la La­guna. Se levantó en diciembre de 1954, en conmemoración del Año Mariano. Escultura en marmolina, es obra de José María Geronés Vallés, realizada en las Escuelas Profesionales de la Trinidad, de los Salesianos de Sevilla. Reproduce el modelo de la imagen de Martínez Montañés, conocida popularmente como «La Cieguecita» (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Monumento a la Virgen de las Angustias

     El monumento a la Virgen de las Angustias, Patrona de Ayamonte, construida por iniciativa del Ayuntamiento, presidido por Rafael Gon­zález, fue inaugurado por el obispo de Huelva, Mons. Noguer Carmona, el 7 de enero de 2006. La imagen ha sido copiada del original, y labrada en Macael (Almería). Es el mayor monumento religioso existente en Andalucía de estas ca­racterísticas. Mide 12 metros de ancho  por  12 de alto y pesa 365 toneladas. Está situado en el mismo sitio donde la Virgen de las Angustias fue coronada canónicamente el 25 de julio de 1992, en el estanque de La Ribera, en el interior del parque  Prudencio  Navarro  de la localidad (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesias de la Merced, y de San Francisco; edificios Militares; y Monumentos al Beato Vicente de San José, a los Descubridores, a la Inmaculada, y a la Virgen de las Angustias) de la localidad de Ayamonte (III), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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