Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

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miércoles, 20 de mayo de 2026

El sitio arqueológico El Ejido, en El Garrobo (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico El Ejido, en El Garrobo (Sevilla).  
   Pequeño poblado prehistórico, posiblemente amurallado con un aparejo ciclópeo conservado parcialmente. En época romana se aprecia una importante reocupación que sin duda se corresponde con la fase más intensa, acaso como una granja o pequeño fortín (turris).
     Los materiales son muy rústicos en general, además la pésima visibilidad ha condicionado que no se hallaran materiales diagnóstico que permitiesen afinar la cronología dentro del periodo romano (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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lunes, 9 de febrero de 2026

El sitio arqueológico Arahal, en Arahal (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Arahal, en Arahal (Sevilla).
     La delimitación que se efectúa, es en base a noticias orales de aparición de restos arqueológicos al realizar obras en diversos puntos de la ciudad, unido al estudio de la topografía urbana actual, e indicios tales como el viario, sus rondas y salidas fosilizadas; las cotas que nos dibujan un antiguo promontorio o mesa; ubicación del Arahal histórico en base a casas palacio, iglesias más antiguas, etc. y la noticia de hallazgos más precisos e interesantes como los de la necrópolis de la calle Óleo que sin duda debieron pertenecer a un enclave romano. Los hallazgos de los  que se tiene constancia son los siguientes: 
     A/ En la antigua posada o venta Boralla, ubicada en la confluencia de la calle Marchena con Carmona, en un inmueble que sobresale hacia la calzada, hay constancia de la aparición de un pequeño ídolo cilíndrico de piedra con una serie de trazos pintados a modo de rostro, una foto de esta pieza se dio al entonces alcalde Sr. D. Manuel Bravo.
     B/ En la parte más alta de la calle Mogrollo, al arreglar la calle, apareció una escultura de mármol infantil. 
     C/ En la Iglesia del Santo Cristo, aparecieron monedas y vasijas cerámicas, y por último referencias más imprecisas en la calle Marchena, Mina, Plaza del Santo Cristo, etc. 
     La delimitación efectuada es inicial e hipotética y debería ser revisada conforme se realicen excavaciones arqueológicas. Un dato negativo aunque útil fue la inexistencia de restos en la única intervención de la que tenemos constancia. Las referencias bibliográficas hacen alusión a su posible origen islámico en base a su topónimo al-rahal, el Hato, la Finca. Asimismo señalan la fundación de esta ciudad por la Orden de Alcántara, en base a la cesión hecha por Sancho IV en 1285 de la villa de Morón y su término (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).  
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lunes, 27 de octubre de 2025

El sitio arqueológico Arroyo del Tejar, en La Puebla de la Cazalla (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Arroyo del Tejar, en La Puebla de Cazalla (Sevilla)
     Sobre la ladera oeste del cerro donde se encuentran las canteras del Arroyo del Tejar, próximas al río Corbones se encuentra este sitio arqueológico en el que se localizan en superficie y de forma aislada restos de industria lítica de la prehistoria sin poder afinar mas su cronología, al no observarse otro tipo de materiales ni ningún resto de estructura emergente (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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lunes, 3 de marzo de 2025

El sitio arqueológico Dehesa de Huévar, en Huévar del Aljarafe (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Dehesa de Huévar, en Huévar del Aljarafe (Sevilla).  
    Depósito superficial de raña plio-pleistocena, sobre margas azules tortonieneses, formando un cerrete, parcialmente labrado, sobre 80 metros de altitud, sobre el arroyo Tamujoso-Ardachón.
     Todos los materiales que formaban el depósito de raña estaban rodados, excepto la pizarra (rota) y la toba calcárea, por lo que la identificación de las piezas no ha ofrecido dificultad alguna: hacha de mano de cuarcita, perforador de cuarcita, núcleo, de talla centrípeta de argilita silícea y raspador de argilita silícea.
     La cima del cerrete no es amplia, y los procesos erosivos no admiten un asentamiento estable; sus caracteres geomorfológicos lo hace similar al Cerro El Be y al Cerro de la Piedra, y lo catalogaremos como un reducido taller, sin dictaminar tipo-cronología por el momento. Sin embargo, conviene precisar que los útiles no son en modo alguno, desechos de talla, pues presentan filos perfectamente tallados y sus planos de manejo correspondientes (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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sábado, 16 de noviembre de 2024

El Dolmen de Castilleja de Guzmán, en Castilleja de Guzmán (Sevilla)

   Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Dolmen de Castilleja de Guzmán, en Castilleja de Guzmán (Sevilla).
     Estructura tumular que cobijaba, al menos, dos enterramientos pertenecientes al horizonte cultural calcolítico (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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miércoles, 19 de junio de 2024

El sitio arqueológico Santa Juliana, en Carmona (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Santa Juliana, en Carmona (Sevilla).   
     Hoy, 19 de junio, en Florencia, en Toscana, actualmente en Italia, Memoria de Santa Juliana Falconeri, virgen que fundó las Hermanas de la Orden de los Siervos de María, llamadas por su hábito religioso "Mantelatas" (1341) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].  
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el sitio arqueológico Santa Juliana, en Carmona (Sevilla).
     A unos 400 metros de la cornisa que mira a la Vega del Corbones. De suelo de grava, presenta múltiples cantos rodados, recogemos bifaz y un Chopping Tool.
     La presencia humana la fechan los hallazgos obtenidos hacia el Paleolítico Inferior y / o Medio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Juliana Falconeri, virgen:
       Virgen florentina nacida en 1270 y muerta en 1340.
   Fundadora de la tercera orden «delle Serve di Maria Vergíne»  (de las siervas de la Virgen María), llamadas las enmantadas (Mantellate, Ammantellate).
   Fue beatificada en 1729 y canonizada en 1740.
   Es patrona de las servitas y más en particular, de la tercera orden.
   Se la invoca para la curación de las afecciones gástricas, especialmente los vómitos cotidianos que ella padecía.
   En sus representaciones aparece inclinada ante una hostia que se imprime sobre su pecho como un sello (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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lunes, 29 de abril de 2024

El sitio arqueológico de La Cañada, en El Real de la Jara (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico de La Cañada, en El Real de la Jara (Sevilla).
     El yacimiento está constituido por una elevación del terreno de unos 3 metros de altura sobre el nivel del suelo y mide 7 metros de largo. En una vertiente se constata la presencia de dos hileras de pequeñas lajas de pizarra que conforman una estructura rectangular (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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domingo, 21 de abril de 2024

Los sitios arqueológicos de la Adelfa, en La Puebla de Cazalla (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos de la Adelfa, en La Puebla de Cazalla (Sevilla)
Adelfa I.- Sobre la cima aplanada de un cerro se concentran los materiales líticos de la prehistoria, sin poder afinar más la cronología, con una frecuencia baja en el extremo oeste del mismo. Tampoco se aprecian restos de estructuras emergentes.
Adelfa II.- Los materiales arqueológicos se distribuyen por la superficie de un terreno llano con una frecuencia media-alta; sobre todo en la mitad oeste del sitio arqueológico. No se aprecian restos de estructuras emergentes aunque si materiales constructivos y cerámicos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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sábado, 2 de marzo de 2024

Los sitios arqueológicos Cerro Blanco, en Herrera (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Cerro Blanco, en Herrera (Sevilla).  
Cerro Blanco. Se halló un sarcófago de piedra sipia, hallándose actualmente en la Huerta de Ríos. Se localizaron restos en el Arroyo Padrón a unos 700 metros aguas abajo de la carretera de El Rubio, consisten en muros y cimientos de derretido perpendiculares al curso del arroyo, el primero de los cuales presenta su cara interior de opus signinum. Todo el terreno donde aforan estos muros se halla cubierto a uno y otro lado del arroyo, de restos materiales de construcción romanos.
Cerro Blanco II. En una ladera dedicada al cultivo de secano se localiza una escasa concentración de fragmentos cerámicos y constructivos.
     Se observa un escaso número de piezas líticas de sílex color pardo. De época romana algunos galbos de cerámica común muy deteriorados. 
     De época moderna, se localizan algunos fragmentos de cántaros, piezas dedicadas al almacén/ transporte de líquidos con una cronología en torno a los siglos XVI-XVII.
Cerro Blanco III. En una llanura dedicada al cultivo de olivar de secano se localiza una concentración media de fragmentos cerámicos y material constructivo.
     Entre la cerámica se observan restos de lebrillos y vajilla de mesa variada con fragmentos vidriados, con una pasta rojiza ferruginosa, son piezas de pequeño-mediano.
Cerro Blanco IV. En una suave ladera dedicada al cultivo de olivar de secano se localiza una baja concentración de material cerámico y constructivo de época romana. Se documentan fragmentos de asas de jarros de cronología imprecisa, cerámica común y escasos y fragmentados amorfos de terra sigillata hispánica. También se documenta cerámica africana de cocina con restos de cazuelas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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sábado, 10 de febrero de 2024

Los sitios arqueológicos "Antón Núñez", en El Castillo de las Guardas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos "Antón Núñez", en El Castillo de las Guardas (Sevilla)
     En el término municipal de El Castillo de las Guardas, podemos contemplas los sitios arqueológicos "Antón Núñez":
Antón Núñez I. Se trata de una pequeña elevación de 1,50 metros y 25 metros de diámetro, rebajada en su parte superior por un intento de saqueo en los años cuarenta, con lo que fue excavado clandestinamente por un maestro del pueblo. Aunque parece tratarse de un túmulo dolménico, para realizar una valoración exacta consideramos imprescindible la excavación.
Antón Núñez II. Las dimensiones del túmulo son 22 metros de diámetro y 3 metros de altura, presentando una hondonada en la parte superior a causa del saqueo. Sería necesaria la excavación para ofrecer una correcta valoración, aunque nos inclinamos a pensar que se trata de un túmulo dolménico.
Antón Núñez III. Se trata de un túmulo de 17 metros de diámetro y 2 metros de altura, presentando en su parte superior una hondonada no muy profunda a causa de la expoliación. Existe una alineación de piedras que rodean al túmulo por uno de los lados. 
     Pensamos que se trata de un túmulo dolménico, aunque sería necesaria la excavación para una completa valoración.
Antón Núñez IV. Es un túmulo de 21 metros de diámetro y 1,5 metros de altura. A falta de la excavación, imprescindible para ofrecer una adecuada comprobación, los investigadores se inclinan a pensar que se trata de un túmulo dolménico  (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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domingo, 28 de enero de 2024

El Tholos Caño Ronco I, en Camas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Tholos Caño Ronco I, en Camas (Sevilla).
     Se trataba de un tholos compuesto por una gran cámara de planta circular a la que se accedía a través de un ancho corredor. Bonsor dibujó su planta después de ser excavado clandestinamente por el Conde de Castilleja de Guzmán.
     Posiblemente formaba parte del complejo de monumentos megalíticos de Valencina, aunque estaría un poco más alejado del poblado que éstos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Carambolo, en Camas (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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viernes, 14 de julio de 2023

El Dolmen de la Curva, en Valencina de la Concepción (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     El Dolmen de la Curva, se encuentra en el acceso al casco urbano, en Valencina de la Concepción (Sevilla).
    A causa del estado en que se encuentra es imposible hacer una descripción de la estructura. Se trata de un enterramiento dolménico de la Edad del Cobre, cortado por la carretera municipal de acceso a Valencina (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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martes, 17 de enero de 2023

El sitio arqueológico del Cerro de Antonio Abad, en El Castillo de las Guardas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico del Cerro de Antonio Abad, en El Castillo de las Guardas (Sevilla).
     Hoy, 17 de enero, Memoria de San Antonio, abad, quien, habiendo perdido a sus padres, distribuyó todos sus bienes entre los pobres, siguiendo la indicación evangélica, y se retiró a la soledad de la región de Tebaida, en Egipto, donde llevó vida ascética. Trabajó para reforzar la acción de la Iglesia, sostuvo a los confesores de la fe durante la persecución desencadenada bajo el emperador Diocleciano, apoyó a San Atanasio contra los arrianos y reunió a tantos discípulos que mereció ser considerado padre de los monjes (356)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el sitio arqueológico del Cerro de Antonio Abad, en El Castillo de las Guardas (Sevilla).
     Este yacimiento sólo se conoce por una reseña de Hernandez Díaz y una fotografía de éste.
Nos encontramos ante un enterramiento megalítico desaparecido tipo cista perteneciente a la Edad del Cobre (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Leyenda, Historia, Culto e Iconografía, de San Antonio, abad;
     Patriarca de los cenobitas de la Tebaida cuya vida, contada por san Atanasio y san Jerónimo, se hizo popular en el siglo XIII por la Leyenda Dorada.
LEYENDA
   Nació hacia 251 en el Alto Egipto y muy joven se retiró en soledad.
   Habría sido asaltado por tentaciones diabólicas en el desierto, que en general se interpretan como alucinaciones de un solitario agotado por el ayuno y la vela.
   ¿Puede creerse que este tema tradicional tenga origen hindú? Las semejanzas con la leyenda de Buda, quien, como san Antonio, fue hostigado por monstruos y después tentado por mujeres que desnudaban sus pechos, son más ingeniosas que probatorias. Se trata más bien de paralelismo que de copia.
   Hacia el final de su vida, visitó a Pablo ermitaño, superior de los anacoretas de la Tebaida, milagrosamente alimentado por un cuervo que ese día llevó en su pico doble ración de pan. Algún tiempo después, al enterarse de la muerte de su venerable hermano, fue a enterrarlo ayudado por dos leo­nes.
   Además, en Cataluña se le atribuyeron aventuras que sirvieron de tema a Jaume Huguet para su gran retablo de san Antonio, en Barcelona.
   El rey de Cataluña suplicó a san Antonio que exorcizara a su esposa e hijos poseídos por demonios. El santo abandonó la Tebaida viajando sobre una nube, como los apóstoles advertidos de la muerte inminente de la Virgen, y desembarcó en Barcelona. Se dirigió a la casa del preboste Andrés. En el momento de atravesar el umbral, una marrana le acercó un lechoncillo monstruoso que llevaba en las fauces, y que había nacido sin ojos ni patas. Andrés quiso expulsar a la intrusa, pero san Antonio se lo impidió dicién­dole que después de todo la pobre bestia quería implorar, igual que lo hacía el rey, la curación de su progenie.
   Después tomó la mano de Andrés y para transmitirle su poder de exorcis­mo, hizo con ella el signo de la cruz sobre el cochinillo que milagrosamente adquirió la vista y los miembros que le faltaban de nacimiento. Después de ello, Andrés exorcizó de la misma manera a la reina de Cataluña arrodillada a sus pies.
   La invención del cuerpo de san Antonio, que moriría más que centenario en 356, había hecho nacer otras leyendas popularizadas en el siglo XV por una traducción del latín al francés de Pierre de Lanoy.
   El obispo Teófilo descubrió su cuerpo envuelto en una túnica de fibras de palma que le había regalado san Pablo ermitaño. Los restos fueron desenterrados por dos leopardos. Antes, un pájaro blanco de pico rojo indicó el sitio que el santo había elegido para su sepultura.
   Para dar cuerpo a su leyenda póstuma, los hagiógrafos le atribuyeron un mi­lagro del apóstol Santiago: habría sostenido durante muchos días el cuerpo de un joven condenado a la horca por una acusación falsa.
CULTO
   En el desierto del Mar Rojo hay dos monasterios coptos vecinos del siglo IV, dedicados, uno a san Antonio y el otro a Pablo ermitaño: son los más anti­guos del mundo cristiano.
   El cuerpo del célebre asceta, transportado en principio a Constantinopla, en 1050 habría sido trasladado a una abadía del Delfinado, que tomó el nom­bre de Saint Antoine en Viennois.
   Esta pretensión era resistida por los pobladores de Arles, en Provenza, que poseían otro cuerpo de san Antonio cuya autenticidad afirmaban. El humanista Henry Estienne se burla del «gran combate» que libraron los de la ciudad de Arles con los antonitas de Vienne del Delfinado por esa causa: «Al final san Antonio se quedó con dos cuerpos enteros, y además, numerosos miembros en diversos lugares, y al menos con media docena de rodillas.» En Florencia, en la iglesia de San Antonio dei Francesi, también hay frag­mentos de reliquias que se consideran suyas.
La orden de los antoninos 
   Los monjes de Saint Antoine en Viennois, que se llamaban antoninos o antonitas, salieron victoriosos del duelo. La orden hospitalaria, fundada en el siglo XI bajo la advocación de san Antonio convertido en santo curador, se especializó en el tratamiento de enfermedades contagiosas: fuego sagrado o fuego de San Antón, peste, y más tarde, la sífilis. Como esas terribles enfermedades estaban muy difundidas, la peregrinación de San Antonio en el Delfinado se volvió muy frecuente y concurrida, hasta el punto de rivalizar con Santiago de Compostela y San Nicola di Bari.
   Gracias a las numerosas filiales o encomiendas creadas por la casa matriz, el culto de san Antonio se difundió en toda la cristiandad a finales de la Edad Media. La orden tenía veinticinco establecimientos en Francia, diseminados en Lyon, Toulouse, Albi, París -donde el convento del Petit Saint Antoine ha dado su nombre a un barrio-. Alsacia poseía dos encomiendas antonitas en Estrasburgo y en Issenheim, cerca de Colmar. En la Suiza alemana, vecina del Delfinado, los antonitas se habían establecido en Basilea y Berna; en Alemania, enjambraron a todo lo largo del valle del Rin, en Constanza, Friburgo, Maguncia, Frankfurt,Colonia.
   Sólo Italia se mostró refractaria a esta propaganda, sin duda porque el culto de San Antonio entró en competencia con su homónimo san Antonio de Padua.
   En el siglo XVI Borgoña se convirtió en un feudo de san Antonio a causa de la particular devoción del duque Felipe el Atrevido hacia este santo cuya fies­ta había coincidido con el día de su nacimiento.
   Otra circunstancia contribuyó a reforzar el prestigio del santo ermitaño; en 1382 Alberto de Baviera, conde de Hainaut, Holanda y Zelanda, fundó una orden de caballería en honor de san Antonio que a partir de 1420 se transformó en cofradía piadosa. El collar de la orden imitaba un cinturón de ermitaño y la insignia de los caballeros era la tau u horca de san Antonio de la que estaba suspendida una campanilla de oro o plata, de una onza de peso.
Los recursos de la orden
   Para mantener sus encomiendas y hospitales, los antonianos recurrían a la crianza de cerdos. Gozaban del privilegio de dejar vagar sus animales, reconocibles por la campanilla que tintineaba en sus cuellos, por las calles de los pueblos, hozar en la basura y en los terrenos comunales. Era un derecho muy envidiado por las otras órdenes monásticas que no se privaban de enviar a sus monjes a competir acompañados de un cerdo con esquila, lo cual dio lugar a muchos procesos.
   Las colectas les proveían también amplios recursos. El papa los había autorizado a servirse de una campanilla para reunir a los transeúntes en las pla­zas públicas o en las calles, y solicitar limosnas.
Patronazgos de corporaciones
   Además, san Antonio se había convertido en patrón de numerosas corpo­raciones: los cesteros porque los solitarios de la Tebaida ocupaban su tiempo ocioso en trenzar cestos, los sepultureros, porque san Antonio enterró a san Pablo ermitaño en el desierto.
   La mayoría de los patronazgos los debe al cerdo, que se convirtió en su atributo más popular. De ahí que fuera devotamente honrado por los porquerizos, vendedores de cerdos, carniceros, chacineros, fabricantes de cepillos -que em­pleaban cerda porcina-campaneros a causa de la esquila de los cerdos. Además, en Bretaña era patrón de los alfareros, en Saint Omer de los curtidores, y en Reims de los arcabuceros.
Patronazgos contra el fuego de san Antón, la lepra, la peste y la sífilis
   Pero la extraordinaria popularidad de san Antonio se debía sobre todo a su fama como santo curador, hábilmente explotada por los antonitas.
1. Se lo invocaba contra el llamado mal de los ardientes, que había recibido el nombre de fuego san Antón. Esta enfermedad ha sido asimilada por los médicos con la erisipela gangrenosa, cuya causa era una mala alimentación con pan de centeno atizonado, es decir, contaminado por un parásito llamado tizón. El efecto del fuego de san Antón era un desecamiento de las extremidades que obligaba a su amputación.
   En su forma convulsiva, el ergotismo se caracteriza por alucinaciones visuales y auclitivas. Con frecuencia, el delirante se cree presa de seres espantosos, diablos o animales salvajes. Tal vez sea dicho síntoma la fuente de la le­yenda de las Tentaciones de san Antonio.
   El tratamiento era simple. El enfermo recibía un santo vino encabezado, ela­borado en el viñedo del convento donde todos los años, en la Ascensión, se hacían macerar las reliquias del santo en el caldo. Tan pronto como el pa­ciente llegaba, se le daban algunas gotas a beber.
   Si el medicamento se mostraba inoperante y la gangrena continuaba royendo los miembros del paciente, un hermano cirujano procedía a la am­putación.
   Cuando desapareció esa modalidad de erisipe la gangrenosa, o fuego de San Antón, se aplicó la misma terapia al lumbago.
   Esa causa del fuego de san Antón, su atributo habitual, que se recurría a él contra las llamas del infierno y los incendios. En España se lo representaba en las escaleras o en los rincones oscuros, como un coco y con una antorcha encendida en la mano, no para iluminar sino para impedir que allí se arrojas en basuras.
2. San Antonio también era invocado contra la peste: junto a san Sebastián y san Roque, es uno de los principales santos antipestosos (Pestheiligen) ¿De dónde procede ese privilegio que en su leyenda nada parece justificar?
   Es posible que la iconografía haya engendrado el culto. Uno de los atributos usuales de san Antonio es una muleta u horca con forma de tau. Pues bien, en el momento del Éxodo de Egipto, Aaron marcó con ese signo, dibujado con la sangre del cordero pascual, las casas de los judíos a quienes debía respetar el ángel exterminador, y el profeta Ezequiel (9: 4) dice que Dios ordenó a un ángel marcar a los justos con el mismo signo sobre la frente. La tau de san Antonio se asimiló a ese amuleto apotropaico y fue considerada como un preservativo contra las enfermedades contagiosas y la muerte súbita.
   Cuando las epidemias de peste se volvieron más infrecuentes y menos mortíferas, los antonitas se dedicaron a la lucha contra la sífilis, bautizada «mal de Nápoles» o «mal francés» (morbus gallicus), pero que en verdad era una enfermedad universal. Se la creía provocada por el aliento envenenado de un gallo negro de pico venenoso: el basilisco de los Bestiarios, símbolo de la lujuria.
3. La sarna, pruritos, comezones, furúnculos, várices y, de manera general, todas las enfermedades de la piel, eran de la competencia de san Antonio. Era el patrón del Hospicio de Beaune.
   El poder curativo de san Antonio se extendía a los animales: estaba clasifi­cado entre los santos protectores del ganado, y sobre todo de la especie por­cina. Para preservar la salud de los cerdos, les daban bolitas de pan frotadas contra la estatua del santo.
   Además, como san Eloy, era el patrón de los caballos.
ICONOGRAFÍA
   San Antonio está representado usualmente como un anciano barbudo, que viste el sayal con capucha prenda común de los monjes de su orden. Sus atributos habituales más característicos son la tau, la esquila, el cerdo y las lla­mas del «fuego de san Antón».
l. La tau o cruz potenzada (crux commissa, tau-shapedcrutch) ya era el símbolo de la vida futura en el antiguo Egipto. Ese bastón le sirve de báculo abacial; está bordado en azul sobre su hombro.
2. La esquila (Antoniusglocklein) está suspendida del travesaño de la tau. A veces la lleva en la mano. Era el atributo de los ermitaños, que la empleaban para rechazar los ataques de los demonios, quienes se espantaban por el ruido de las esquilas igual que por la luz de los cirios.
3. El cerdo es el inseparable compañero del santo. En Italia se lo llamaba Antonio del parco, en Suiza Säu Antoni. El cerdo no es la personificación del demonio, de las tentaciones de la carne de las cuales san Antonio fuera blanco: el animal se frota contra él con familiaridad, como un buen perro, y alude a su patronazgo sobre los puercos cuyo tocino se consideraba un remedio eficaz contra el fuego de san Antón.
   Esta intimidad con semejante animal debía parecer comprometedora y hasta escandalosa a los orientales, sobre todo a los judíos, pueblo violenta­mente porcófobo.
   Por ello el «Cerdo de san Antonio» pertenece en exclusiva a la iconografía occidental. Es desconocido en el arte bizantino, lo que prueba que su sig­nificado nada tiene de simbólico.
   El animal casi siempre lleva una esquila (pig with bell) pendiente del cue­llo. Era la insignia de los «cerdos de san Antonio» que gozaban del privilegio de libre pastoreo, y que en los pueblos, como en otros tiempos los pe­rros de Constantinopla, cumplían los servicios de limpieza y recolección de las basuras domésticas. A veces dos esquilas cuelgan de sus orejas como pendientes sonoros. Una estatua del siglo XV, que se conserva en el Museo de Troyes, representa a un porcino rascándose la oreja con una de sus pa­tas traseras.
4. Las llamas del fuego de san Antón (juóco di S. Antonio). Las llamas salen de sus pies o del libro que tiene en la mano: alusión a la enfermedad curada por los antonitas. A veces las llamas salen de los dedos de los enfermos.
   A causa de una confusión, este emblema también fue atribuido a san Antonio de Padua.
   A estos atributos a veces se suma un rosario de gruesas cuentas y el Libro de la regla de los antonitas.
   Una estatua de piedra del siglo XV en la residencia Vauluisant de Troyes, agrega al cerdo y a las llamas el león, con cuya asistencia cavó la tumba de san Pablo ermitaño.
   San Antonio está representado ya solo, ya asociado con los otros santos «antipestosos», sobre todo san Sebastián y san Roque.
   La mayoría de las realizaciones donde se lo encuentra se remontan al siglo XV y a principios del XVI, que marcan el apogeo de su culto (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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viernes, 21 de octubre de 2022

El Dolmen Cañada Real, en Los Molares (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     El Dolmen Cañada Real; se encuentra en la calle Dolmen, 9; en Los Molares (Sevilla).
     Es un sepulcro de galería con forma de L. Conserva parte de los ortostatos laterales y algunas losas de la cubierta, orientado al este y cubierto por túmulo. El ritual es de inhumación colectiva existiendo dos niveles en el monumento, ambos con restos humanos. El material cerámico es de fragmentos de vasos sin decoración; entre el material lítico destacan una azuela de fibrolita, un fragmento de lámina de sílex y dos cuentas cilíndricas de serpentina de color gris blanquecino, etc. Este sepulcro fue excavado en 1967 por Juan de Mata Carriazo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La necrópolis se compone de una serie de enterramientos diseminados a ambos lados del camino, dos de ellos fueron excavados, los denominados El Palomar y la Cañada Real. Este último está situado a la derecha del camino, a escasos metros del núcleo urbano. 
     Es un sepulcro de galería de planta de «L». Conserva parte de los ortostatos laterales y algunas losas de la cubierta, orientado al este y cubierto por túmulo. El ritual es de inhumación colectiva existiendo dos niveles en el monumento, ambos con esqueletos humanos. 
     El material cerámico es de fragmentos de vasos sin decoración; entre el material lítico destacan una azuela de fibrolita, un fragmento de lámina de sílex y dos cuentas cilíndricas de serpentina de color gris blanquecino, etc. Este sepulcro fue excavado en 1967 por Juan de Mata Carriazo. Se trata de una necrópolis megalítica de la que se sabe por testimonios orales que debieron existir, al menos, seis enterramientos colectivos (Turismo de la provincia de Sevilla).
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jueves, 28 de julio de 2022

La Cueva "Los Covachos", en Almadén de la Plata (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 28 de julio, es el día de la Arqueología, un evento internacional que se celebra desde 2011 con el objetivo de dar visibilidad al trabajo diario de las personas que desarrollan su labor entorno al estudio, conservación y difusión del Patrimonio Arqueológico, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Cueva "Los Covachos", en Almadén de la Plata (Sevilla).
     El cerro de los Covachos forma parte de una cordillera situada al norte de Almadén y perteneciente a la Sierra de la Galaperosa. La naturaleza geológica del monte es caliza en su totalidad, lo que ha dado lugar a la formación de cavidades internas.
     La Cueva de los Covachos es conocida desde el siglo XIV, no obstante, los primeros estudios de carácter científico datan de la década de los sesenta del siglo XX, concretamente de los trabajos de Collantes de Terán, quien realizó dos catas en 1964. Posteriormente, M.A. Vargas realizó un estudio fundamentado en el análisis de las piezas exhumadas en los sondeos realizados por Collantes y otros elementos recogidos por él mismo en niveles superficiales. Sus conclusiones valoraban la horquilla cronológica del yacimiento, situándola entre el Calcolítico inicial (3.000 ane) y el Bronce inicial (1.800 ane).
     El trabajo más completo realizado hasta el momento en el interior de la cavidad se debe al proyecto ejecutado entre 1997 y 2000 por un equipo de investigación constituido por la Sociedad Espeleológica GEOS y por el grupo de investigación "Geomorfología Ambiental y Aplicada" de la Universidad de Huelva (Caro Gómez et al. 2002). Fue entonces cuando se realizó el levantamiento topográfico de la cavidad, y se determinó una longitud de la misma de 593,48 metros con un desnivel positivo de +4,25 metros y desnivel negativo de -24,53 metros.
Sitios con manifestaciones rupestres.
     Fue en febrero de 1997 cuando se apreciaron una serie de marcas en una de las paredes del interior de la cavidad, aparecían en un espeleotema localizado en la parte central de la que posteriormente se denominaría Sala de los Grabados.
     Se han documentado pinturas esquemáticas en el abrigo de la entrada y otras representaciones rupestres en el interior de la cueva (Caro Gómez y Álvarez García 2000).
     Se ha constatado la presencia de signos (grabados) o pintura en 181 puntos situados a lo largo de gran parte del recorrido de la cueva; tanto en salas, corredores, como en lugares de difícil acceso. Igualmente, se han detectado pinturas esquemáticas en el abrigo rocoso de la entrada de Los Covachos. El fenómeno artístico más representado en la cavidad, lo constituyen localizaciones de grupos de signos grabados. Son conjuntos formados por signos de trazo simple y dimensiones variables, generalmente paralelos, y con frecuencia enlazados o cruzados por otros aislados. Los más abundantes son grupos de trazos orientados en todas direcciones, formando "marañas" de trazos de difícil y desconocida definición e interpretación.
     Observando en detalle la mayoría de los trazos se nos muestran confusos para el observador.
     Recorriendo el interior de la cavidad se aprecia que existe una distribución espacial intencionada localizándose la presencia de los mismos en distintos puntos estratégicos y de tamaños variados (pasillos, salas, galerías, recovecos, etc.). Esto puede llevar a pensar en una estrategia de localización de estas manifestaciones rupestres. La distribución marca lo mismo pasillos, como camaretas, salas (con abundantes representaciones) o lugares de difícil acceso. Eso sí siempre estratégicamente situados.
     La evidencia palpable para los investigadores es que la cueva es un espacio lleno de simbolismo y no se debe enmarcar sólo en una faceta (ritual, santuario, hábitat, enterramiento, etc.).
     Este tipo de manifestaciones de arte rupestre no ha sido tenido en cuenta por los investigadores hasta muy recientemente, sobre todo en lo que se refiere a las cronologías, ofreciéndose en general una amplia ubicación temporal en el postpaleolítico, que abarcaría Neolítico, Calcolítico y Bronce; por lo tanto dentro de una amplia horquilla temporal que podría situarse entre el 6500 y el 1000 a. de C.
     Por último, señalar la existencia de un conjunto muy numeroso de una serie de grafitos, que se corresponden con los siglos XV, XVI, XVII, XVIII y XIX.
     La cueva presenta dos entradas, ambas producto del aforamiento al exterior de la abertura general que marca la dirección de la cueva. Los materiales arqueológicos más representativos vienen representados por la cerámica, aunque debido a la propia naturaleza de la actuación y, sobre todo, por el alto grado de expoliación que ha sufrido el yacimiento, nos encontramos frente a un conjunto material muy fragmentado y descontextualizado.
     Respecto a las manufacturas cerámicas, recuperadas durante los trabajos en el interior de la cueva y las halladas en la ocupación exterior de la misma, existen algunas diferencias. Mientras que las del interior de la cavidad presentan tratamientos superficiales mayoritariamente toscos, aunque conviviendo con algunos ejemplares alisados y bruñidos (Caro Gómez et al. 2000), en el exterior predominan los tratamientos alisados, seguido de las superficies toscas y una menor proporción del espatulado. En cuanto a las tipologías que imperan en el interior, apuntan a vasos abiertos y platos de bordes engrosados, recurrentes en el Calcolítico, y morfologías hemisféricas y semiesféricas. En este caso, la muestra no difiere en esencia de la recuperada en el exterior, con la única salvedad de la incorporación a esta panoplia de los bordes almendrados. Destacar la abrumadora presencia de crecientes. Las decoraciones presentes se basan en incisiones.
     Respecto a los materiales líticos hay a un predominio destacado de la industria microlaminar frente a morfologías de mayores dimensiones. Hay dos ejemplares de puntas de fecha, una de ellas elaborada en cristal de roca (López Aldana et al. en prensa). Por su abundancia y variabilidad, unos de los elementos arqueológicos de especial interés de los hallados en la intervención arqueológica en este local son los bloques de masa de tierra endurecida con improntas vegetales que inducen a pensar en una ocupación del Llano de la Cueva de los Covachos, aunque, hasta el momento no se disponen de indicios fehacientes a nivel de estructuras claras. Aún así, los elementos materiales referidos pueden aportar información sobre las técnicas empleadas en la construcción de los espacios habitacionales y/o productivos.
     En cuanto a los enterramientos, han aparecido una considerable cantidad de restos humanos aislados y en ocasiones concentrados, en lugares apartados de los accesos y recorridos principales, así como su asociación a restos cerámicos o arqueológicos y a veces de animales. Hay siete lugares en los que las concentraciones de restos humanos sugieren la presencia de enterramientos que se encuentran distribuidos por toda la cavidad. En al menos tres puntos los restos están intactos. En uno de ellos los recipientes cerámicos están casi completos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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domingo, 29 de mayo de 2022

El Dolmen de Matarrubilla, en Valencina de la Concepción (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     El Dolmen de Matarrubilla, se encuentra en la avenida de Andalucía, s/n; en Valencina de la Concepción (Sevilla).
    El tholos de Matarrubilla se sitúa en el extremo sur del altozano del Aljarafe.
     Cuenta con un corredor continuo de planta rectangular alargada con sección trapezoidal y unos 30 metros de longitud y 2 m de altura.
     El suelo del corredor es de arcillas compactadas y el techo de calizas y areniscas. Al inicio la presencia de dos lajas de pizarras se interpretan como restos de una puerta de acceso, si bien, teniendo en cuenta la continuación de la pendiente marcada por el túmulo, cabría verificar mediante excavación la posible prolongación de la estructura más allá del actual acceso. La superficie del túmulo es de unos 1.800 metros cuadrados con un diámetro de 30 metros.
     La cámara de planta circular (2,8 metros de diámetro) muestra fábrica de mampostería con capas de arcilla amasada en pequeños ladrillos que se disponen cada dos hiladas de mampuestos, apreciándose en algún caso las impresiones digitales fruto del trabajo manual de sus constructores. Sobre el tramo superior de este muro y mediante aproximación de hiladas (falsa cúpula) se disponen varias piedras de arenisca, sobre las que se asienta la gran losa de granito de cierre (Vargas Jiménez, 2004).
     Entre la fábrica del corredor y la de la cámara no existe interrupción, pudiéndose pensar que el monumento se construyó hilada tras hilada. Collantes determina que primeramente se efectuó la apertura en el terreno de una trinchera de entre 1 y 1,50 metros de profundidad y una anchura de 2,75 metros; tras lo cual y en el centro de esa zanja, se abría otra más profunda y estrecha (corredor), ensanchada circularmente al final (cámara), a continuación se colocaban las grandes piedras de cubierta, y finalmente se procedió al revestimiento de las paredes, culminándose todo el proceso con la reconstrucción del cabezo.
     Matarrubilla es una de las tumbas más espectaculares arquitectónicamente, en donde las dos inhumaciones realizadas están en el corredor, con material asociado de momentos campaniforme. Ahora bien, todo el material se documentó en el corredor sin especificar lo que pertenecía a rellenos postdeposicionales y lo que formaba realmente parte del ajuar de los enterrados. Destacan numerosos vasos cerámicos y algunos platos, con decoración campaniforme en algunos, además de material lítico, óseo, marfl, metal, oro.
     También es necesario apuntar la existencia de adornos hallados, oro y marfil adscritos de manera individualizada para cada uno de los inhumados.
     En Matarrubilla, la cámara no se utilizó como depósito funerario, documentándose las inhumaciones (acompañadas de items campaniformes) exclusivamente en el corredor.
     La litología utilizada para su construcción ha sido: cuarzoarenita en bloques menores que, a modo de ladrillos, constituyen la mampostería de las paredes; grandes bloques de granito situados en el techo de la cámara y arenisca calcárea en bloques menores culminando las paredes de la cámara, pero también en bloques grandes como cubierta de los corredores. En Matarrubilla se conserva, ocupando gran parte de la cámara, un bloque monolítico de 1,7 metros de largo, 1,25 de ancho y 0,5 metros de alto correspondiendo a una litología propia del Triásico Sudibérico (melangè tectono-sedimentaria de yesos laminados de colores claros y oscuros y arcillas de la facies Keuper -parte alta-).
     En cuanto al ajuar, a pesar de haber sido saqueado, aparece un ajuar muy significativo. Las 14 cuentas de collar de piedra verde encontradas en 1969 por Collantes de Terán en el corredor son de variscita, que en la actualidad, se piensa puedan proceder de la provincia de Zamora((Palazuelo de las Cuevas). También aparecieron 87 piezas de marfil en un principio procedentes de Asia, algunas pequeñas láminas de oro, un punzón de cobre, un trozo de colmillo de elefante, un fragmento de brazalete y una sandalia los dos también de marfil. En las excavaciones practicadas en 1918 en el dolmen de Matarrubilla, se identificaron fragmentos de vasos "sencillos de panza esférica o cilíndrica" que su excavador interpreta de época ibérica (Obermaier 1919: 55).
     Cronológicamente se extendería desde los primeros siglos del III milenio (en torno a 3000-2800 cal a.C.) hasta mediados del II milenio a. C., por lo que abarcaría la práctica totalidad del periodo convencionalmente designado como Edad del Cobre y la primera etapa de la Edad del Bronce.
     Su estado de conservación es bueno y es visitable, habiéndose tomado diversas medidas de conservación y protección, incluido un añadido contemporáneo para el acceso a la galería.
     Esta estructura funeraria fue descubierta en 1917 en unos terrenos de viñedos, en los que se apreciaba una gran losa granítica fragmentada correspondiente a la cubierta de la cámara sepulcral, la cual había sido volada con dinamita para poder acceder al interior. Ha sufrido diversas alteraciones y reconstrucciones a lo largo del siglo XX.
     En 1918 se excavó parcialmente (9,8 metros de corredor y la cámara) y se publicó parcialmente, primero por H. Obermaier (1919) y posteriormente, con motivo de su restauración, por F. Collantes de Terán (1969).
     Durante los trabajos de Obermaier se diferenciaron sobre el nivel de pavimento dos niveles, uno superior situado a 1/1,5 metros del suelo en el que se recogieron fragmentos de cerámicas a bandas, y otro inmediato a las arcillas compactadas que presentaba restos muy escasos, con presencia de algunos trozos de vasijas, un fragmento de brazalete de marfil y diversos restos humanos que parecen corresponder a dos individuos. Igualmente fue posible documentar un espesor medio del relleno del túmulo de entre 1 y 1,5 metros, si bien debía encontrarse ligeramente rebajado respecto de su situación primigenia (Vargas Jiménez, 2004).
     Fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1931.
     Un estudio más técnico lo realizó el matrimonio Leisner, cuyos resultados se publicarán durante 1943 en Berlín (Leisner, 1943). Al tratar sobre los tipos de construcciones funerarias existentes en España y Portugal, incluyen y analizan también los dólmenes de "La Pastora" y "Matarrubilla". 
   En 1952 se derrumba una de las piedras de la cubierta del dolmen de Matarrubilla, La Dirección General de Bellas Artes se dispone a restaurar el monumento y para este trabajo se encomienda una intervención en 1955 a F. Collantes de Terán, el cual excava el corredor desde los 9,80 metros, donde había quedado el trabajo de Hugo Obermaier, hasta los definitivos 30 metros que posee el monumento y que son descubiertos ahora. (Collantes, l968). En este mismo año de 1955 se identificó un conglomerado de guijarros y de piedras calizas que con un espesor de unos 40 cm se disponían sobre el suelo, seguramente para dar cobertura a los enterramientos allí depositados; reconociéndose también vestigios de época romana interpretados como visitas de saqueo. En la galería se detectaron tres oquedades circulares para la ubicación de postes centrales que sostenían las pesadas cubiertas, no se sabe si levantados en origen o colocados a consecuencia de desplomes o fracturas (Vargas Jiménez, 2004).
     En 1954 Camón Aznar considera a Matarrubilla como una de las tumbas de cúpula más antigua (sobre el 2200 y el 2000 a. C.).
     En 1974 Carriazo informa de las restauraciones realizadas en Matarrubilla por Félix Hernández Gil (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La zona arqueológica de Valencina se localiza en la parte más alta del Aljarafe sevillano, superando sus límites hasta alcanzar a la vecina localidad de Castilleja de Guzmán. Su extensión superior a las 400 ha lo convierten en uno los más grandes asentamientos del tercer milenio anterior a Cristo. A juzgar por la cantidad y magnitud de las construcciones megalíticas, Valencina debió ser un gran centro económico, social y ritual en su época.
     Conocido e investigado desde finales del siglo XIX, ha sido objeto de numerosas excavaciones arqueológicas que han sacado a luz construcciones del primitivo poblado como fondos de cabañas, silos o fosos, pero también monumentales construcciones funerarias que la convierten en uno de los principales focos del megalitismo peninsular y verdadero centro neurálgico durante el tercer milenio antes de nuestra era.
     Resalta la singularidad de algunas de las construcciones de la necrópolis como los túmulos que cubren estructuras de varias decenas de metros, como el dolmen de La Pastora y el de Matarrubilla, que a su vez se encuentran rodeados de numerosas y variadas estructuras que dibujan un paisaje funerario único.
     El tholos de Matarrubilla, al sur de Valencina, posee un largo corredor que culmina en una cámara circular donde resalta especialmente la localización de un monolito de piedra de gran tamaño interpretado como pila o mesa de ofrendas. Esto le otorga también, como en el caso de La Pastora, una especial significación relacionada probablemente con la funcionalidad ceremonial, puesto que dado su tamaño la pila debió colocarse antes de la culminación de la construcción de las paredes y la techumbre, siendo por tanto un elemento clave en el diseño del monumento.
Horario
     Martes a domingo de 9:00. a 14:00 previa reserva (Turismo de la Provincia de Sevilla).
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viernes, 6 de mayo de 2022

El Cerro Macareno, en La Rinconada (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     El Cerro Macareno, se encuentra en la carretera Sevilla - San José de la Rinconada, s/n; en La Rinconada (Sevilla)
     El asentamiento se localizaba en la orilla izquierda del paleoestuario del Guadalquivir, la principal ruta de entrada al valle bético durante la Protohistoria, quedando sus flancos oeste y norte delimitados por el arroyo Almonázar. Como otras ciudades situadas en la orilla de esta ría, la población del Cerro Macareno aprovechó las facilidades de comunicación y transporte que ofrecía el cauce fluvial, de hecho, se interpreta como un enclave portuario conectado al curso principal del río en uno de sus meandros.
     El Cerro Macareno es una elevación artificial del terreno -un tell- fruto de la superposición de depósitos y construcciones generados por la ocupación humana del lugar durante el I milenio a.C.
    En la actualidad el enclave está formado por dos montículos que son el resultado de la destrucción parcial del cabezo por su explotación como cantera de áridos en el siglo XX. El oriental tiene forma cuadrangular, una superficie de 11.855,7 metros cuadrados y una altura sobre el entorno inmediato de 9,80 metros. Este sector del Macareno es el que ha aportado una información más completa sobre el marco cronológico del asentamiento antiguo. La secuencia estratigráfica documentada en esta zona muestra una ocupación del lugar durante toda la Edad del Hierro. La elevación occidental, con forma de pentágono irregular, mide 9.275,6 metros cuadrados y tiene una altura máxima de 7,70 metros. Corresponde a un área en la que los trabajos de la cantera habrían desmontado la parte superior de la estratigrafía. Las investigaciones arqueológicas realizadas en este sector han detectado básicamente niveles de la segunda Edad del Hierro.
     Este asentamiento cuenta con una secuencia estratigráfica que va del siglo VIII al II- I a.C. No obstante, algunos materiales arqueológicos de superficie y otros hallazgos casuales podrían indicar una duración del hábitat algo más prolongada en algunos de sus sectores, o al menos una frecuentación del sitio en época romana imperial.
     De la fase tartésica se conocen restos de construcciones interpretadas como viviendas, lo que permite investigar la vida cotidiana de la población y sus relaciones con los ecosistemas de los que el propio hábitat formaba parte.
     La turdetana es la etapa con mayor información arqueológica. En esta fase se han constatado distintas áreas de actividad dentro del asentamiento. Además de las casas, se conoce un barrio alfarero en el noroeste del enclave, fechado en los siglos V y IV a.C. Su producción cerámica se dedicó a la elaboración de ánforas y de otros tipos de recipientes cerámicos, evidenciando la necesidad que su población tenía de envases para el comercio de productos agropecuarios.
     Dentro de la etapa turdetana, en el sector oriental del asentamiento, se habría constatado un episodio de destrucción y reedificación de una estructura fechado hacia el 400 a.C. y puesto en relación con algún episodio bélico asociado con el mundo cartaginés; también un desalojo repentino del hábitat a finales del siglo III a.C. identificado en los restos de una estancia que tenía un suelo de color rojizo con abundantes cenizas y un hogar con dos vasos globulares intactos. Este posible desalojo repentino se relacionó con la Segunda Guerra Púnica y, por tanto, con los efectos de la conquista romana del Guadalquivir y la batalla de Ilipa del 206 a.C. No obstante, un nivel de construcciones posterior indicaría una continuación del poblamiento hasta finales del siglo II o inicios del I a.C.
     Por otra parte, el fin del Cerro Macareno como ciudad se debió también muy probablemente a las variaciones experimentadas por el cauce del Guadalquivir que dejó al sitio sin la posibilidad de contar con un puerto fluvial de importancia.
     La importancia de este sitio arqueológico se hizo evidente a principios de la década de los años setenta del siglo XX. En esa época el sitio se explotaba como cantera de áridos. Se llevó a cabo un primer trabajo de campo que sirvió para valorarlo, consistente en una prospección realizada por A. Cuenca Anaya en 1971. En esta época se emprendieron acciones legales para su salvaguarda y estudio.
     A finales de 1973 se aprobó un decreto que declaraba de utilidad pública, a efectos de expropiación forzosa, numerosos yacimientos del Bajo Guadalquivir considerados fundamentales para el conocimiento de Tartessos. Entre ellos se encontraba el Cerro Macareno.
     Dentro de los primeros trabajos de aproximación al conocimiento del sitio se encuentra un trabajo de C. Fernández Chicarro que daba a conocer dos piezas procedentes del lugar adquiridas por el Museo Arqueológico de Sevilla en 1973. La primera de ellas, considerada de época prehistórica, era de pequeño tamaño, estaba hecha en barro cocido, tenía forma de ladrillo y presentaba en una de sus caras principales trazos incisos insertos en un rectángulo. Estas incisiones se explicaban como motivos decorativos o quizás como algún epígrafe. La pieza habría aparecido a siete metros de profundidad. La otra era un fragmento de una pierna de bronce atribuida a una escultura ecuestre de un emperador. Se fechaba en el siglo II d.C. y, según refería la autora de la publicación, se habría encontrado a metro y medio de profundidad aproximadamente, dentro del nivel romano del asentamiento.
     Por su parte, M. Ponsich incluyó al Cerro Macareno en su trabajo sobre el poblamiento rural antiguo en el valle del Guadalquivir. Se catalogaba como un sitio con ocupación en época prerromana y romana, según indicarían los diversos tipos de cerámica y los restos de hornos documentados. 
   El avance de los trabajos de extracción de áridos llevó a que en 1974 la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas tratara de resolver la situación. Por un acuerdo con los propietarios de los terrenos, se decidió donar al Estado el montículo oriental. El occidental seguiría en explotación, pero primero tendría que ser objeto de una excavación arqueológica que documentara la secuencia estratigráfica conservada en esta zona del yacimiento que tenía desmanteladas sus cotas superiores. Para ello se formaron tres equipos de trabajo; uno de la Universidad Autónoma de Madrid dirigido por J. Sánchez Meseguer, otro del Museo Arqueológico de Sevilla, con F. Fernández Gómez y D. Ruiz Mata como directores, y un tercero de la Universidad de Sevilla con R. Corzo Sánchez al frente.
     Estos trabajos permitieron conocer parte del asentamiento, con el complejo alfarero, viviendas, etc. De gran importancia fue la limpieza de un perfil estratigráfico de 3 metros de ancho por 8 de alto y que alcanzó la tierra virgen y permitió hacer una primera valoración de la entidad y desarrollo cronológico del yacimiento. La secuencia estudiada se fechó entre el siglo VII y los siglos II-I a.C., según se desprendía del análisis de los materiales cerámicos.
     La actividad en la cantera finalizó a mediados de 1975, en 1976 un equipo de la Universidad de Sevilla dirigido por M. Pellicer Catalán realizó una excavación arqueológica en el montículo oriental. Los trabajos consistieron en la apertura de un sondeo de 4 X 4,60 metros, el denominado corte V-20, cerca del ángulo sureste del montículo oriental del yacimiento. La cuadrícula tenía uno de sus frentes abierto al talud de este flanco. En la intervención se documentó una secuencia estratigráfica de 7,5 metros de espesor en la que se registraron 26 niveles, que quedaron organizados en 9 estratos correspondientes a la ocupación del lugar entre mediados del siglo VIII y finales del siglo II o inicios del I a.C. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El yacimiento consiste en un auténtico tell, palabra de origen árabe que designa a un montículo artificial producto de la acumulación de restos arqueológicos de unas civilizaciones sobre otras.
     Las investigaciones realizadas a cabo han permitido establecer una cronología cuyos inicios se remontan a mediados del siglo VIII a.C., perdurando el poblamiento hasta principios del siglo I a.C.
     Estos límites cronológicos han sido determinados en función de los materiales encontrados en las distintas campañas de excavaciones realizadas en el yacimiento, como los restos de cerámica de retícula bruñida tartésica, de barniz rojo fenicio, las características cerámicas pintadas a bandas ibéricas, pasando por piezas producto del comercio con los griegos y llegando a oscuras cerámicas campanienses romanas.
     Pero sobre todo cabe resaltar la abundancia de fragmentos de ánforas que se han hallado y que servían sobre todo como envases para transportar productos como trigo, aceite y vino, constatándose así la importancia comercial que debió tener el Cerro Macareno como puerto fluvial, puesto que en sus inicios el Guadalquivir bordeaba el lugar.
     Dentro de los fondos del Museo Arqueológico se expone una muestra de la evolución de la cerámica a través de la evolución cultural del Cerro Macareno.
     El 15 de febrero de 2017, se presentó en sesión ordinaria del pleno del Ayuntamiento una moción aprobada por unanimidad en la que se solicitaba la catalogación del Cerro Macareno como Bien de Interés Cultural (Turismo de la Provincia de Sevilla).
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