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miércoles, 9 de septiembre de 2026

El desaparecido Convento de Nuestra Señora del Valle, de los Franciscanos Observantes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Valle, de los Franciscanos Observantes, de Sevilla.        
     Hoy, 9 de septiembre, es el aniversario (9 de septiembre de 1567) de la Toma de Posesión del Convento de Nuestra Señora del Valle por parte de los Franciscanos Recoletos, o Menores Observantes, así que hoy es el mejor día que hoy para ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Valle, de los Franciscanos Observantes, de Sevilla.
      El desaparecido Convento de Nuestra Señora del Valle, de los Franciscanos Observantes [nº 35 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 73 en el plano oficial de la Junta de Andalucía] se encontraba en una manzana formada aproximadamente por las calles Verónica, Butrón, Sol, Sebastián Miguel de Varas y Miranda, y plaza del Señor de la Salud; en el Barrio de Santa Catalina, del Distrito Casco Antiguo.
   Bajo la denominación de los Franciscanos se engloba a los miembros de las distintas ramas de la Orden religiosa mendicante fundada en Italia por San Francisco de Asís (1182-1226), como Orden de los Hermanos Menores (Ordo Fratum Minorum), la más popular de todas y una de las más grandes y fecundas del catolicismo. Francisco ha sido sin duda una destacada figura de la historia de la Iglesia, y en consecuencia del clero regular, representando uno de los hitos fundamentales de la espiritualidad cristiana, basado en la pobreza, la humildad, la caridad y una fe inquebrantable, valores con los que quiso hacer frente al estado de relajación y enriquecimiento en que se hallaba la vida monástica. Natural de la ciudad de Asís, en la Umbría italiana, hombre piadoso que aspiraba al ideal de igualar a Cristo, y a la vez sensible a la bondad y la belleza, en 1208 abandonó su casa y bienes y se retiró con otros frailes a la ermita, cedida por los Benedictinos, de Nuestra Señora de los Ángeles o de la Porciúncula, cerca de su ciudad natal, donde llevó una vida rigurosa conjugando el retiro del claustro con la actividad apostólica. Redactó en 1209 una regla, sencillo documento para la conducta básica a seguir por sus frailes, que insistía en la imitación de la vida de Cristo mediante la pobreza absoluta, la negación de uno mismo, el servicio a los pobres y enfermos y la predicación del Evangelio, regla que fue aprobada sin bula por Inocencio III, por lo que es llamada Regla no bulada. La naciente Orden tuvo una rápida y numerosa propagación, pese a la dureza de sus condiciones de vida, gracias al activo y generoso apostolado de sus miembros atendiendo a las necesidades materiales y espirituales de los más necesitados; la presencia del propio San Francisco, su humildad y a la vez fuerza espiritual conmovían a los pueblos, prelados y nobles. Los bellos documentos que escribió a lo largo de su vida, llenos de piedad y amor por la creación son testimonio de su gran personalidad. Fue canonizado por Gregorio IX.
     La rápida expansión del franciscanismo hizo necesaria una revisión en el orden organizativo y normativo de la comunidad que ya en 1217 se dividió, además de la de Italia, en cinco provincias, entre las que ya contaba la de España. Se redactó un nuevo texto en 1221 con más de veinte capítulos que en 1223 fue reformado, reducido a doce, siendo aprobado ese año por bula pontificia; es conocida como Regla bulada, en contra­posición a la dada por San Francisco. Esta duplicidad iba a condicionar la evolución posterior de la Orden entre los que querían seguir el ideal primitivo del fundador y los que aceptaban las reformas recogidas en la regla bulada, que terminó por imponerse por confirmación de Gregorio IX en 1231, y supuso la total institucionalización y organización jerárquica de la Orden, que estaba encabezada por el Ministro General y su delegado, el Vicario General, y por Ministros Provinciales. Célula básica de la vida franciscana era el convento cuyo superior recibía el nombre de guardián; la custodia era una circunscripción que no llegaba a formar provincia y que reunía a seis o siete casas, con un hermano custodio al frente. La provincia era la división administrativa territorial que aglutinaba un número de conventos, cuya máxima autoridad era el Padre Provincial. En el siglo XIV y ante la paulatina relajación de las costumbres religiosas entre los Hermanos Menores, sobre todo a lo que a pobreza, apostolado y obediencia se refiere, se produce un movimiento de reforma espiritual y disciplinario con objeto de recuperar el primitivo modo de vida preconizado por San Francisco, que cristalizará en la rama de los llamados Franciscanos Observantes. Esta observancia fue cuajando, aunque no sin dificultades, hasta que finalmente se impuso en todos los conventos; por bula de León X de 1517 se establecía la observancia como heredera del espíritu primigenio franciscano, decretándose la paulatina desaparición de la conventualidad. En el siglo XVI y al hilo de los movimientos de reforma dentro de la Iglesia, surge en el seno de la familia franciscana un nuevo deseo de volver a la simplicidad primitiva de la Orden, a una más pura y radical observancia de la regla. Promovida por fray Mateo de Bassi o de Bascio, esta vuelta a la esencia del franciscanismo se basaba en la pobreza, caridad, contemplación y en general en unas pautas de comportamiento inspiradas en la vida del fundador. Llamados en sus comienzos Frailes Menores Ermitaños, los miem­bros de esta nueva rama descalza recibieron el nombre de Capuchinos, quienes, no sin oposición al principio, se desligaron en 1528 de los Observantes; en 1578 fueron autorizados por Clemente VIII a extenderse por otros países, siendo aprobadas sus constituciones en 1643 por Urbano VIII. Esta nueva familia franciscana se diferenció en su aspecto externo por su hábito y manto corto de sayal pardo oscuro, la capucha puntiaguda, las sandalias y la barba larga, y constituyó durante la Contrarreforma uno de los más serios baluartes de la Iglesia católica, con una propagación sorprendente en el tiempo y espacio.
     Los franciscanos en España. Los datos sobre la llegada de los Franciscanos a España son discutibles y discutidos por los investigadores de la Orden por no existir documentación de primera mano que acredite con certeza este extremo. Al parecer, en 1209 un grupo de frailes encabezados por Bernardo de Quintaval, Gil de Asís y Pedro de Catania llegó a la Península en misión apostólica; entre 1213 y 1214, se sitúa la venida a España del propio San Francisco, bien para visitar la tumba del Apóstol Santiago o para marchar a predicar a Marruecos. La implantación oficial del franciscanismo se fecha en 1217 con la comunidad abierta por el referido fray Bernardo de Quintaval. La expansión de la Orden, condicionada por el ritmo de la conquista de los territorios musulmanes, fue sin embargo muy fructífera en número de casas y de miembros, constituyéndose en 1219 la Provincia de España con el florentino fray Juan Parenti a la cabeza. Desde al menos 1232 consta la división de ésta en tres: la de Santiago, que abarcaba el noroeste peninsular incluido el Portugal cristiano, la de Aragón que comprendía este reino y el de Navarra, y la de Castilla, provincias de las que surgirían varias custodias que acabaron por constituirse en nuevas provincias, como ocurrió en Andalucía una vez completada la reconquista. A fines del siglo XIV había en la Península ciento veintitrés conventos. Después de Italia, España es sin duda la nación donde con más fuerza arraigó el franciscanismo, con muy buena acogida entre el pueblo y las autoridades, cuyo incremento geográfico-demográfico durante la Edad Media multiplicó su actividad desarrollada no sólo en el ejercicio del apostolado, sino también actuando como embajadores de los monarcas ante el Papa y a la inversa, como capellanes militares o como consejeros y confesores de nobles y reyes; en 1389 Martín el Humano les confiere perennidad en el oficio de confesores, y Enrique III hizo orlar sus armas reales con el cordón franciscano además de establecer en sus dominios la obligatoriedad de la celebración de la festividad de San Francisco. Con los descubrimientos de tierras americanas los franciscanos hallaron un nuevo y amplio campo de intenso apostolado a través de las misiones, que abarcaron el territorio asiático.
     En tierra hispana se verificaron las fases de relajación y reforma que en general vivió la Orden, siendo el cardenal y también franciscano Cisneros, quien mediante diversas autorizaciones pontificias impuso a comienzos del siglo XVI la Observancia en todos los conventos de Castilla, llegando más tarde la reforma a las provincias de Santiago y Aragón, ya en el reinado de Felipe II. Al propio tiempo se desarrollaron corrientes de revisión de la propia observancia que cristalizará en la rama descalza franciscana, que en España tuvo como punto de partida el año 1469, cuando el papa concede a fray Juan de la Puebla autorización para reformar su hábito y retirarse a un eremitorio con sus seguidores. Su sucesor, fray Juan de Guadalupe, consiguió un nuevo impulso al lograr por breve pontificio de 1499 la primera custodia de la descalcez, lo que supuso no pocos y serios conflictos jurisdiccionales y espirituales. La independencia definitiva de los Observantes llegará en 1506, recibiendo los Descalzos un gran empuje al ingresar en sus filas San Pedro de Alcántara (+ 1562) -por lo que también es conocida esta rama como Alcantarinos- con quien se alcanza la plena consolidación; durante el siglo XVII los Descalzos Franciscanos contaron con el apoyo de la monarquía, especialmente de Felipe III lo que significó una gran difusión por todo el reino. A estas ramas de la familia franciscana en España hemos de sumar la de los Capuchinos que se estableció en la Península en 1578, no sin serías dificultades ante la negativa de Felipe II. La fama de los religiosos venció las prohibiciones y los conventos capuchinos fueron proliferando primero por Cataluña, Aragón y Valencia; hasta 1609 no se implantan en Castilla, con la fundación de un convento en Madrid. La Provincia de Castilla se constituyó en 1618 y de ella se desgajó en 1637 la de Andalucía. El número de conventos fue creciendo hasta alcanzar la cifra de ciento veinticinco en 1782 y en la misma proporción el número de religiosos, hasta que a fines del siglo XVIII debido a las convulsiones políticas inició un rápido descenso que igualmente se dio en el resto de la familia franciscana de España, lo que se vio agravado por las medidas legislativas del siglo XIX.
     En Andalucía la presencia franciscana se produce a medida que avanzan las conquistas de los monarcas castellanos sobre los territorios musulmanes, siendo las primeras fundaciones los conventos de Baeza, Úbeda y Córdoba. La toma de Sevilla en 1248 significó el total dominio del valle del Guadalquivir, un amplio territorio donde instalarse y llevar a cabo su apostolado los religiosos, como así sucedió. En el capítulo general de la Orden de 1260 ya se crea la Custodia Hispalense, dependiente de la Provincia de Castilla. En 1499 se erigía la Provincia Bética o de Andalucía. También tuvieron acomodo en la región el resto de las ramas franciscanas: Descalzos y Capuchinos; estos introducidos en España en 1578, se escindieron de los Observantes y constituyeron la Provincia de Andalucía en 1625.
CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DEL VALLE (FRANCISCANOS OBSERVANTES)
     El segundo convento, en el orden cronológico, de la Orden Franciscana fundado en Sevilla fue el de Nuestra Señora del Valle, instituido en el año 1567 sobre otro preexistente que había pertenecido a varias comunidades religiosas femeninas y masculinas. Por el año 1403 era de monjas dominicas bajo la advocación de Nuestra Señora del Valle, denominación según unos por la intercesión de la Virgen del Valle en la salvación de un niño caído a un pozo, y según otros porque el lugar formaba un valle "con apacible alameda y frescura", desnivel que de antiguo servía para canalizar agua y que formaría una pequeña cuenca de donde pudo tomar el nombre. Las dominicas se mantuvie­ron hasta 1507 en que debido a su pobreza, al sitio apartado en que se hallaban y a haber ocurrido "irreverencias del vulgo", fueron repartidas por los superiores de la Orden al monasterio de Madre de Dios y San Clemente. El convento estuvo durante algún tiempo ocupado por beatas Terciarias Dominicas denominadas de Santa Catalina de la Penitencia, que al parecer contaron con el apoyo de la reina Isabel la Católica. En 1529 la casa fue adquirida por la Orden de los Padres Regulares Terciarios de San Francisco quienes permanecieron hasta que el convento fue dado a la rama de los Franciscanos Recoletos o Menores Observantes, que tomaban posesión el 9 de septiembre de 1567 y donde se mantuvieron hasta la Desamortización general de 1835.
     El convento se ubicaba en la collación de San Román, entre la puerta del Sol y la del Osario, paredaño a la muralla y en una de las zonas menos poblada de la ciudad. Por el plano de Sevilla de 1771 conocemos su inserción en la trama de la ciudad, en una amplia manzana delimitada a oriente por una estrecha calleja entre la tapia del monasterio y la muralla, llamada callejón del Valle, seguía por el sur por la calle Valle (actual Verónica) y la del Butrón y por el oeste por la calle Sol hasta enlazar con el callejón. Con ser uno de los más modestos monasterios que los franciscanos tuvieron en Sevilla, la virtud de sus miembros y los episodios milagrosos que se achacaban a su imagen titular, hicieron de él un piadoso recinto al que acudían los fieles para encomendarse a la Virgen. Sobre el origen de esta imagen se refiere cómo estando vieja y abandonada en la parroquia de San Román, un sacristán sin escrúpulos quiso arrojarla al fuego, quejándose la Virgen de su atrevimiento. Asombrado de este hecho, dio cuenta al arzobispado que en desagravio celebró cultos en su honor y la trasladó al convento del Valle, donde aún estaban las referidas monjas dominicas; y allí se mantuvo a lo largo de los siglos. Se veneraba en el altar mayor por numerosos fieles, atraídos por su fama milagrosa, hechos recogidos en anti­guas crónicas y escenificados en pinturas en la iglesia y portería.
     Son pocos los datos que se poseen sobre el transcurrir de la vida en este sencillo monasterio, que según un padrón de 1648 tenia cuarenta y cuatro miembros. Sabemos que sus capillas fueron lugar de enterramiento de familias sevillanas que costeaban su mantenimiento y ornato, como demuestran las escrituras de concierto de retablos y pinturas, repartidas por los brazo del crucero o por la serie de diez capillas laterales del cuerpo de la iglesia, como la del capitán Tomé Ruiz, la de don Juan Gómez o la de don Bartolomé de San Martín y su esposa doña Francisca Fajardo, entre otros. La capilla mayor tenia como patrono al linaje de los Tapia. Asimismo, radicaron en el Valle algunas hermandades y cofradías de gran renombre. Hubo una Hermandad de San Diego, en una de las capillas laterales de la iglesia al menos desde 1603, año en que se encarga la ejecución del retablo para la imagen del titular, desconociéndose otros datos sobre su fundación y miembros que la formaban. Del año 1544, cuando aun estaba el Valle ocupado por los Franciscanos Terceros, es el traslado al convento desde el monasterio de Santiago de los Caballeros de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso, la popularmente conocida como del Gran Poder, corporación de luz fundada en el monasterio sevillano de Santo Domingo de Silos por los duques de Medina Sidonia hacia 1431. Convertida más tarde en cofradía de penitencia (1582), adquirió capilla en la iglesia franciscana, la misma que años más tarde, vendió a la Cofradía de la Coronación de Espinas por 6.480 reales. Tras varias mudanzas, en 1702 se instaló en la parroquia de San Lorenzo y actualmente en templo propio contiguo a dicha parroquia.
     La Cofradía del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al hombro, Nuestra Señora del Valle y Santa mujer Verónica, es unión de dos corporaciones, la de luz de la Santa Faz y Nuestra Señora de la Encarnación -que pronto cambió su advocación por la del monasterio- fundada en el Valle por los años 1450, según algunos por el cardenal don Juan Cervantes quien al parecer había dado un retrato de la Santa Faz; a mediados del siglo XVI se convirtió en cofradía de penitencia con regla aprobada el 9 de marzo de 1558, teniendo su sede en una capilla del claustro monacal. La corporación de la Hermandad de la Coronación de Espinas tuvo sus inicios en la parroquia de San Martín en 1540, de donde se trasladó al convento de Montesión. Se fusionan el 7 de abril de 1590, año en que debia de estar asentada ya en el Valle. En el último tercio del siglo XVII la unificada hermandad debió de vivir un periodo de auge como constata la realización de varias empresas para mejorar sus enseres (dorado del paso de la Coronación y cuatro ángeles para éste, peana y varas de plata para el paso de la Virgen), además de adquirir en 1695 la capilla que perteneció a la Hermandad del Gran Poder sita en la iglesia, mudándose así desde el claustro al templo. En 1810, con motivo de la ocupación francesa la hermandad se trasladó a la parroquia de San Román y de aquí a la iglesia de los Menores en donde realizó nuevos retablos. En 1816 volvió al monasterio franciscano hasta 1827 en que amenazando ruina la cúpula de la capilla se procede al traslado a la parroquia de San Andrés; hoy la señera Hermandad del Valle radica en la iglesia de a Anunciación.
     Sin grandes inquietudes debió de transcurrir la vida recoleta y apartada de estos franciscanos austeros y piadosos, hasta que en 1810 fueron expulsados y su monasterio ocupado por las tropas francesas, periodo en que se destruyó buena parte de sus enseres. En 1814 la comunidad regresa y se efectúan obras de restauración, hasta que en 1835 fue definitivamente suprimida. La iglesia continuó abierta a cargo de un cape­llán y la clausura sirvió como almacén de granos y casa de vecinos; hasta noventa familias llegaron a habitar su amplio claustro. En 1856 el templo, cada vez en estado más precario fue restaurado a instancias del padre Mariano del Pilar de la Torre que había pertenecido a la comunidad exclaustrada y que actuaba en su calidad de visitador de la Orden Tercera de seglares establecida por estas fechas en la iglesia. Sin embargo, las obras emprendidas no fueron suficientes y según Montoto en 1873 se demolió para levantar en su ámbito una nueva iglesia que fue inaugurada el 2 de marzo de 1877. Según este autor el convento fue adquirido por la marquesa viuda de Villanueva quien lo entregó junto con la iglesia, a las religiosas del Sagrado Corazón de María en 1866, estableciéndose un colegio femenino que perduró hasta 1975. A partir de entonces el inmueble quedó abandonado y olvidado durante varias décadas hasta que recientemente ha pasado a la Hermandad de los Gitanos, realizándose profundas remodelaciones en la iglesia, única pieza del convento que ha permanecido, aunque con su fisonomía original totalmente desvirtuada. El espacio que ocupara la clausura es hoy un solar que sirve como aparcamiento de coches.
ARQUITECTURA
     Del monasterio de Nuestra Señora del Valle apenas hay noticias de antiguos cronistas o modernos estudios que permitan conocer sus características arquitectónicas originales. Al parecer era uno de los más grandes de la ciudad, entendemos que en cuanto a superficie total del recinto, con una gran huerta, siendo menos los espacios construi­dos. Situado en la collación de San Román y paredaño a la cerca de Levante de la ciudad, entre las puertas del Sol y del Osario, su emplazamiento resultaba excéntrico, en una zona tradicionalmente poco poblada de Sevilla y dedicada al cultivo de huertas. Su fisonomía exterior la podemos apreciar en parte, en el dibujo realizado por Richard Ford en 1830, en el que se perfilan los contornos de la iglesia con cubierta a dos aguas, cúpula sobre el crucero rematada con elevado pináculo, y dos espadañas. La entrada se situaba en la calle Valle, actual Verónica, a través de un compás cuadrado y plantado de árboles y flores que daba paso a la derecha a la iglesia a través de su portada prin­cipal situada a los pies de la nave. Por un informe de 15 de abril de 1569 sabemos que la iglesia estaba terminada ese año y que sus trazas y condiciones fueron dadas por el arquitecto Hernán Ruiz II años antes, quien además diseñó el claustro principal, también terminado en la referida fecha. Ante su delicado estado de salud, el arquitecto, que moriría ocho días después, comisionó a su hijo de igual nombre para que apreciara las obras ejecutadas en el monasterio, estimando el trabajo del maestro albañil Navarrete en 214 ducados y señalando como sobrante el arquitrabe dispuesto sobre las arquerías, aunque se avenía a pagarle 30 ducados por dicho elemento si se demostraba que su inclusión se debía al deseo del guardián del monasterio. La iglesia ha llegado a nuestros días totalmente transformada por reconstrucciones durante los siglos XIX y XX. Salvo la disposición de su planta, los muros exteriores y la distribución interior de sus capillas, el resto corresponde a construcciones modernas: cubiertas, nuevos sopor­tes, portada de los pies, acceso lateral en el muro de la epístola. Es de planta de cajón y de nave única muy ancha y alta con capillas cuadradas entre contrafuertes que soportan tribunas que originalmente poseían antepechos de ladrillo. La cabecera es de testero plano con sacristía tras el presbiterio en el lado del evangelio, sacristía que poseyó un valioso artesonado del siglo XVI, hoy inexistente. Posee crucero que no se manifiesta en planta, en origen cubierta aboveda, con cuatro claraboyas y cubierta de tejas al exterior, elementos que no han permanecido. Actualmente su alzado interior es de pilares circulares con baquetones neogóticos que soportan arcos apuntados, que dividen el cuerpo de la iglesia en cinco tramos, configurando cinco capillas cuadradas a cada lado, sin comunicación entre sí, que entiban sobre los pilares modernos y que en origen debie­ron ser de orden dórico; la fábrica del templo era de piedra y ladrillo "de labor robusta" y sus cubiertas abovedadas, "de labor muy fuerte, dejando por cima espaciosas y muy llanas azoteas". A los pies se dispone el coro alto que abarca el ancho de la iglesia, donde se hallaba la portada principal cuyas características se desconocen siendo la actual una recreación neogótica. En el muro del evangelio, hacia los pies, se hallaba la puerta reglar que comunicaba con el claustro principal.
     En una de las capillas del lado de la epístola tuvo su sede la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima de Mayor Dolor y Traspaso, adquirida por la corporación en 1582. La misma que años más tarde, en 1695, vendió por 6.480 reales a la Cofradía de la Coronación de Espinas, que se mudó desde el claustro en donde radicaba desde su fundación. Esta hermandad la amplió por su espalda, abriendo el muro del templo y agregando un espacio que se cubrió con media naranja con linterna. Contaba con su correspondiente sacristía además de dos almacenes para los pasos y sala para el cabildo de hermanos. Afectada la capilla por el terremoto de 1755 fue reconocida al año siguiente por el maestro Diego Suárez quien determinó la necesidad de derribar la pared del camarín de la Virgen así como recomponer otras. Las reparaciones estaban concuidas en 1759, celebrándose su reinauguración con solemnes cultos en la Pascua del Espíritu Santo de ese año. La capilla se cerraba con una rica verja de hierro, y poseía tres altares de "singulares adornos". En 1827, ante la inminente ruina de la cúpula la herman­dad se traslada a San Andrés y abandonada, finalmente se hundió.
     El compás daba paso a la clausura a través de la portería que comunicaba directamente con el claustro principal, uno de los mayores de la ciudad según González de León, trazado por Hernán Ruiz II, que en 1569 ya estaba terminado. Contaba con dos pisos de altura con galerías en los cuatro frentes de ambos, de arcos sobre columnas de mármol con antepechos de hierro. El claro del patio se hallaba plantado de naranjos y limoneros y en el centro se disponía una fuente muy profunda, cuyas aguas procedían de la Fuente del Arzobispo, y a la que se bajaba por un círculo de diez o doce gradas.
RETABLOS Y ESCULTURAS
     Igualmente escasas son las noticias sobre los retablos e imaginería del monasterio. De un primer retablo mayor dice González de León "que sucumbió al poder de la igno­rancia y del gusto churrigueresco" era "arregladísimo, de los mejores que tenía la ciudad". Fue sustituido por otro de estilo barroco que califica este autor como uno de los mayores de los existentes en Sevilla, "cubierto de adornos, hojarascas y follajes de pésimo gusto, pero tan bien dorado que no se conocía otro mejor", dorado realizado dos o tres años antes de la llegada de los franceses, y cuyo costó ascendió a más de 100.000 reales. Este retablo barroco fue realizado por Manuel García de Santiago; en un documento de 30 de abril de 1771 este maestro dice estar haciéndolo, según contrato celebrado anteriormente, comprometiéndose a terminarlo para el 24 de diciembre de ese año. En principio fue concertado en 37.000 reales de vellón pero sin duda su considerable envergadura hizo necesario un aumento en la cantidad, hubo de constituir una de las grandes creaciones de la retablística barroca sevillana, que tan poco gustaron al cronista decimonónico. Destruido durante la ocupación napoleónica, no se conocen sus características arqui­tectónicas ni iconografía, sólo que la parte alta tenía un medallón en relieve con el episodio del "hallazgo de la Virgen del Valle", titular que siempre presidió el altar mayor, y que en algún momento se convirtió en imagen de vestir. En 1801 fue retocada por Juan de Astorga, desconociéndose su actual paradero.
     Para la capilla Sacramental, cuya ubicación concreta en el plan de la iglesia desconocemos -actualmente se halla instalada en el brazo del crucero de la epístola- el síndico del convento Juan Antonio de Silva concertó el 7 de marzo de 1719 con el maestro Pedro de Soto, la ejecución del retablo, no conservado, por un precio de 1.000 reales de vellón.
     Tampoco se conoce el sitio que ocupó la capilla del capitán Tomé Ruys, de la que sabemos que el 30 de agosto de 1588 su viuda, doña Catalina de Cabreros, concertaba con Juan Bautistas Vázquez "el Mozo" la realización del retablo, que debía ser semejante a otro que este artista hacía en la capilla de Juan Gómez, en la misma iglesia. La arquitectura y ensamblaje iban en madera de borne y la imagen titular que lo presidía era un San Juan Bautista, de cedro, de bulto redondo de siete palmos de alto, con su correspondiente peana, el libro con el cordero sobre una de sus manos y la otra señalando a éste. Retablo y escultura se han perdido pero se conserva la traza diseñada por el artista -aunque presidido por una Inmaculada- cuyas anotaciones y datos suscritos en el contrato, nos permi­ten conocer sus características arquitectónicas e iconografía. La traza se inspira en los esquemas manieristas de los maestros italianos, conocidos a través de sus libros de tratados; en concreto este retablo se ha relacionado con el número VI del libro de Sebastián Serlio. Se articulaba mediante columnas dóricas, y constaba de banco, un cuerpo de tres calles y ático. En el banco iban pintados los retratos del capitán y su esposa, en la calle central, arquitrabada, la escultura del santo titular y en los tableros de los intercolumnios las pinturas de Santo Tomé, Santa Catalina, San Pedro y San Francisco; en el ático las de Nuestra Señora de la Concepción y el Dios Padre. El trabajo se concertó en 130 ducados, 80 por el ensamblaje y 50 por la imagen del San Juan, corriendo las labores de dorado y policromía a cargo de Diego de Zamora y Pedro de Esquivel. El plazo de entrega se estipuló en cuatro meses, que no se cumplió pues el 5 de enero de 1589 Vázquez establecía compañía con Diego de Velasco y declaraba estar haciendo aún el referido retablo, estando terminada sólo la figura de San Juan.
     Sobre el otro retablo concertado por Juan Bautista Vázquez para la capilla de Juan Gómez, que tampoco se ha conservado, sabemos que fue terminado por su hijo, del mismo nombre, por fallecimiento del maestro, según carta de pago del 31 de mayo de 1589. Hubo de ser semejante al anterior y dorado y pintado igualmente por Diego de Zamora y Pedro de Esquivel, trabajando en él el ensamblador Juan de la Calçada y el batihoja Benito de Mondedoy. Estaba presidido por una escultura de la Inmaculada -la que preside el referido dibujo de Vázquez-. En la firma del finiquito consta que también se realizaron en la capilla labores de pintura.
     Existió un retablo dedicado a la Virgen con el Niño y Santa Ana situado en la capilla que en la iglesia tenía Bartolomé de San Martín, cuya viuda, doña Francisca Fajardo y su hijo el licenciado Juan Fajardo de San Martín, conciertan con Jerónimo de Guzmán el 4 de julio de 1590, a realizar en el plazo de tres meses y por el precio de 200 ducados. Constaba de banco, un cuerpo de tres calles y remate, y se articulaba mediante cuatro columnas corintias sobre pedestales tallados, con traspilastras. En los encasamientos laterales del banco se disponían San Andrés y San Juan de medio relieve, y en el centro otro relieve representando a San Martín partiendo su capa con Cristo. En el remate un Calvario formado por las esculturas de Cristo Crucificado, la Virgen y San Juan y sobre éstos un relieve con Dios Padre. La calle principal estaba presidida por el grupo escul­tórico de la Virgen con el Niño en brazos y Santa Ana, de cinco palmos y medio cada una, y sobre ellas la Paloma del Espíritu Santo. En las calles laterales iban las esculturas de San Francisco, San Agustín, Santa Mónica y Santa Catalina. El 12 de septiembre de 1590 quedaba cancelada la obra y el 12 de mayo de 1591, el referido Juan de San Martín Fajardo concertaba con Diego de Esquivel el dorado, estofado y pintura del retablo, además de pintar los retratos de los donantes en el banco y las pinturas murales de la capilla con dos historias de la vida de Santa Ana, todo ello por 300 ducados, comprometiéndose el maestro a terminarlo en cuatro meses. La escritura de cancelación se firmaba el 8 de julio de 1593. Retablo e imaginería no están localizados.
     En "el segundo arco que linda con la capilla de San Juan Bautista" se hallaba la de Pedro Méndez de Santillán quien el 14 de septiembre de 1612 disponía su cierre con una reja encargada a Juan López, "de gruesos pilares y balaustres y columnas según la que está en la capilla de frente que era del jurado San Martín''. La verja remataba con un friso con la inscripción alusiva de la pertenencia de la capilla al referido Pedro Méndez, su mujer doña María de Montalbán, y sus herederos y sucesores. El maestro rejero se compro­metía a darla por terminada y asentada para el mes de enero de 1613.
     Durante la estancia de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso -desde 1582 a 1697- en una capilla del lado de la epístola de la iglesia, realizó Juan de Mesa la espléndida escultura del Nazareno. Merced a la carta de pago otorgada por el artista el 1 de octubre de 1620 al mayordomo de la Hermandad Pedro de Salcedo por valor de 2.000 reales, sabemos que en esa fecha la obra estaba terminada así como el San Juan Evangelista, realizados ambos en madera de cedro y pino de segura. La imagen de vestir del Señor del Gran Poder, de gran devoción popular, es una de las más imponentes de las salidas de la gubia de este maestro, no sólo por sus dimensiones, 190 cm. de alto, sino por la expresión realista de su rostro y cabeza herida con la potente corona de espinas, y por el aplomo de su figura, algo torcido, en actitud itinerante segura y firme, como se puede apreciar durante su salida procesional en la madrugada del Viernes Santo. Conserva su encarnación original que acentúa aún más su garra expresiva. En 1775 Blas Molner le retocó la corona de espinas y tres años después le recompuso un pie. En el siglo XX fue restaurado por Peláez del Espino en 1977 y en 1983 por los hermanos Cruz Solís, y finalmente en 2006-07. El San Juan fue realizado para acompañar en su paso procesional a la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso, como aún continua haciendo, y en él destaca la juvenil cabeza del Santo, de rasgos suaves y amables, siendo restaurado por los referidos Cruz Solís.
     En 1688 tuvo lugar otro importante contrato, la realización del paso del Señor del Gran Poder por Francisco Antonio Ruiz Gijón, quien lo concierta por 500 ducados de vellón el 4 de mayo de ese año. Las medidas establecidas era de cuatro varas y media de largo, dos cuartas de ancho y tres cuartas de alto, con su correspondiente monte, en madera de pino y cedro; la parihuela debía llevar un total de treinta y cuatro ángeles con ocho tarjetas con escenas en relieve. El plazo de finalización era de diez meses, si bien el finiquito no se firmó hasta el 8 de abril de 1692. Afortunadamente el paso con sus relieves sostenidos por querubines, y con los cuatro ángeles pasionistas de las esquinas se ha conservado, constituyendo una magnífica canastilla barroca, de las mejores de las existentes en Sevilla, en la que se fusionan espléndidamente las labores de talla y escultura, realzadas por una cuidada policromía, dorado y estofado. Los temas representados en los relieves manifiestan el poder de Dios recogido diferentes pasajes de la Biblia y escenas pasionistas tomadas de los Evangelios, y son: para las esquinas, Moisés tocando con su vara la peña, La destrucción del templo de Sansón, Entrada de los animales en el Arca de Noé, y El regreso del hijo pródigo; para el centro de los cuatro lados Jesús ayudado por Simón de Cirene, El prendimiento de Cristo, Jesús atado a la columna y Los golpes que dieron los soldados a Jesús en el Pretorio.
     La Hermandad del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, Nuestro Padre Jesús con la cruz al hombro, Nuestra Señora del Valle y Santa mujer Verónica tuvo en su capilla tres retablos para sus titulares. Con la llegada de los franceses en 1810 se hizo el "desvarato de la capilla, retablos y pasos", gastándose 160 reales en la "conducción del retablo a Santa Cruz", donde se instaló la corporación. Parece que este retablo era el del Señor con la cruz al hombro, reparado y dorado a costa de su hermano mayor Lorenzo Delgado, quien también costeó un retablo nuevo para la Virgen, estrenado el 16 de marzo de 1813, el mismo que en 1816 fue llevado al Valle una vez restablecida la hermandad a su sede, en donde se sabe documentalmente que fue reformado por Miguel Albín. Este le hizo un sagrario, aumentó las columnas y le añadió un segundo cuerpo, asimismo, se colocó un lienzo de La Verónica de medio cuerpo y tamaño natural, realizado por el pintor Andrés Rosi. El dorado de los añadidos corrió a cargo de José Ortega junto con otras piezas de altar como candeleros, sacra y atriles. Construyó además Albín otros dos retablos para las dos imágenes de Cristo, en madera, por 2.650 reales los cuales se adornaron con cuatro ángeles labrados por Juan Bautista Patrone y Quartin, por lo que entendemos que los originales ya se habrían perdido o estarían en mal estado. Cuando en 1829 la cofradía se instala en la parroquia de San Andrés, los tres altares se instalaron en la capilla de la Concepción de la referida parro­quia. En 1892 la hermandad cambió de sede, trasladándose a la iglesia del Santo Ángel, a donde sólo llevó el retablo de la Virgen, perdiéndose la pista de los otros dos realizados por Miguel Albín. El de la Virgen permanece en el Santo Ángel, pese al traslado de la cofradía a la iglesia de la Anunciación, muy transformado por la intervención en 1920 de Antonio Infante Reina que lo agrandó, pintó y doró, y le añadió una decoración a base de roleos y guirnaldas. Su configuración actual es de banco, un cuerpo con tres calles separadas por columnas compuestas de fuste estriado, y ático entre pilastras pareadas de orden compuesto que sostienen un frontón recto que aún conserva la pintura de la Verónica, y en el remate la escultura de la Fe; en la hornacina central se dispone hoy un San José con el Niño, y en las colaterales San Ana con la Virgen y San Joaquín con la Virgen, tallas ajenas al retablo. Respecto a la imagen de Nuestra Señora del Valle, de antiguo fue atribuida a Martínez Montañés; hoy se considera obra, aunque sin documentar, de Juan de Mesa, en torno a 1618-1627.
     En relación con las imágenes de esta hermandad sabemos que el Cristo de la Coro­nación de Espinas fue donado por el cofrade Toribio Martínez de Huerta en 1687, según codicilo testamentario de 19 de agosto de ese año. La talla fue realizada por Agustín de Perea (+1701), y en el referido codicilo se declara que si era de gusto de la hermandad, ésta se encargue de terminarla. En el testamento se recoge igualmente que la esposa del referido Toribio encargó una túnica bordada en oro para el Cristo con la cruz a cuestas, la otra imagen de la corporación. Se trata, la primera, de una escultura sedente sobre un escaño, realizada en madera de cedro, de 140 cm. de altura que representa a Cristo con expresión resignada y dolorida, con corona de espinas que no forma parte con la cabeza, con las manos cruzadas y atadas delante del pecho, y sosteniendo con la izquierda el cetro de caña; se cubre con un somero paño de pureza de sencillos pliegues. Las carnaciones son brillantes y dramatizadas con abundante sangre que corre por la frente, torso, brazos y piernas, lo que le otorga un intenso dramatismo. Su talla presenta un minucioso tratamiento de clara influencia roldanesca, más acentuada en manos, pies, y en el expresivo rostro de mirada baja y humilde. En su salida procesional el paso se completa con las figuras de cuatro judíos, dos que le colocan la corona de espinas y los otros dos que se burlan de él, realizadas por Joaquín Bilbao en 1922. El Jesús con la cruz al hombro, es obra anónima de la segunda mitad del XVII, de aire roldanesco, que conjuga realismo y dinamismo. Mide 176 cm. de alto, y en su paso de misterio escenifica el encuentro de Cristo en la calle de la Amargura con la Verónica y las santas mujeres, figuras que pertenecen a distintos autores: la Verónica fue realizada en 1815 por Andrés Rossi y las mujeres por Juan Bautista Patrone en 1799 y 1805. Este paso contó con las figuras de tres judíos, realizadas en 1730 por Jerónimo Roldán, nieto del afamado Pedro Roldán, y estofadas por el pintor Juan Ruiz Soriano en 1732; imágenes que no se han conservado.
     En una de las capillas del lado de la epístola hubo una imagen de vestir de Nuestra Señora apodada "la Sevillana" y adjudicada a Cristóbal Ramos, que se da por perdida. En otra capilla de este mismo lado de la iglesia se cita un Crucificado llamado "el Cristo pobre", que tampoco está identificado; era una imagen que de antiguo tenía el convento y bien pudiera ser la que se hallaba en la subida de la escalera del monasterio en 1592 y que sirvió de modelo al realizado por Baltasar López para unos vecinos de la villa de Morón, Benardino Gutiérrez y Lázaro García, según escritura de 31 de julio de ese año. En la última capilla de los pies de la nave de la iglesia residía la congregación de seglares de la Orden Tercera Franciscana, en cuyo retablo se veneraba un San Francisco de Asís de candelero de autor desconocido aunque al parecer de buena factura en cabeza y manos; es obra no identificada.
     Una de las capillas del lado del evangelio estuvo dedicada a San Pascual Bailón, escultura según antiguos testimonios de mérito que pudo pertenecer a la hermandad gremial de los pasteleros que residía en la iglesia y que tenía como patrón a este santo. A los píes del templo y a los lados de la puerta se hallaban sendos altares dedicados, el lado del evangelio, a San Miguel Arcángel, con San Benito y San Bernardo, y atribuidos a Cristóbal Ramos; y el de la epístola a las Santas Justa y Rufina con la Giralda, realizada a mediados del XVIII por Manuel García de Santiago. Son obras que hemos de dar por perdidas.
PINTURAS
     Escasas son las noticias sobre las pinturas que existieron en el convento del Valle. En una capilla de la cabecera del templo, del lado del evangelio, estuvo el retrato del arzobispo Don Gonzalo de Mena realizado por Antonio Mª Esquivel, obra sin identificar, al igual que otras adjudicadas a este pintor, entre ellas una copia de las Ánimas del Purgatorio origi­nal de Alonso Cano, ubicada en una de las capillas del lado de la epístola.
     Otro lienzo perdido es el San Francisco en éxtasis, situado sobre la puerta de la sacristía, del que sólo sabemos que era de buena factura y de escuela sevillana. En la capilla contigua dedicada a la Virgen del Rosario se citan seis tablas "con varios Santos del estilo de Espinal", no identificadas. Tampoco las de la capilla siguiente, en la que se veneraba una talla de San José y había una Inmaculada Concepción de escuela sevillana, y a los lados dos cuadros "de estilo, de Wandik" de la Virgen con San Joaquín y Santa Ana y un Calvario. A los pies de la iglesia y al lado de la puerta que comunicaba con el claustro hubo un retablo con un "San Miguel lanzando del Cielo a los Ángeles Apóstatas que caen precipitados en diversas posiciones", que tenía ''cosas muy buenas y otras muy malas, y parece copia de Pacheco", obra hasta la fecha sin identificar. Hay que señalar que de Francisco Pacheco se conserva en una colección particular sevillana la Inmaculada Concepción con Mateo Vázquez de Leca, que se hace proceder del Valle, de donde debió de salir tras la Desamortización de 1835, pasando a manos de particulares sevillanos, entre ellas la de Juan de Oliver quien precisamente indicó que procedía de este convento; actualmente se halla en la colección sevillana del Marqués de la Reunión. El lienzo firmado con monograma y fechado en 1621, constituye una buena versión de la Inmaculada de las muchas de las realizadas por Pacheco, a lo que se suma el espléndido retrato del canónigo y gran defensor del dogma de la pureza de María, el licenciado Mateo Vázquez de Leca, también uno de los mejores logros retratísticos del pintor. Sin embargo, recientes investigaciones han puesto en duda la identificación de este personaje, que bien pudiera tratarse de otro clérigo, correspondiendo el de Vázquez de Leca a otra pintura de la Inmaculada con donante que se conserva en una colección particular madrileña.
     En una capilla del lado de la epístola del templo hubo una Virgen de los Reyes "con grupos de ángeles de bellos efectos y de nuestra escuela", una Concepción, adjudicada a Juan de Roelas, que en el catálogo actual de obras de este artista no está recogida; y unos "desposorios, de la escuela sevillana". Todas ellas se dan por perdidas.
     La capilla de la Hermandad de San Diego, cuya ubicación en la iglesia no hemos podido determinar, estuvo adornado con pinturas murales, realizadas por Francisco Hernández quien por 1.200 reales de plata las concertó el 7 de julio de 1603 con el mayordomo de la corporación y mercader de sedas Bartolomé de Valverde. En las condiciones del contrato se refiere que a los lados de la escultura del Santo titular se debían disponer las figuras de San Roque, San Sebastián, San Francisco, San Buenaventu­ra, San Antonio y San Bernardino. Encima la Asunción de Nuestra Señora, con el Dios Padre sobre ella, y en el cielo de la capilla una gloria de ángeles y serafines. En los muros laterales irían "cuatro milagros según señalara el Guardián del convento".
     También estuvo decorada con pinturas murales la capilla de la Hermandad de la Coronación de Espinas pues su mayordomo, Salvador de Vergara, las contrata el 28 de julio de 1592 con Francisco Antonio de León y Alonso de Quintero, por 25 ducados. Esta capilla hubo de ser la primitiva que poseyó la corporación en el claustro del monaste­rio, pues su traslado a la de la iglesia no se produjo hasta el año 1597 por compra a la Cofradía del Mayor Dolor y Traspaso, como ya referimos. El tema a representar por ambos artistas era una "historia de la coronación con figuras enteras y otra histona de la encarnación de Nuestra Señora", debiendo estar terminadas para fin de agosto de ese año.
     Finalmente referiremos la genérica alusión que hace González de León a pinturas en las paredes del templo y en las capillas "de poca atención", de las que sólo repara en una Calle de la Amargura, de tres varas de largo y una y media de ancho que adjudica a Arteaga, obra hasta la fecha sin identificar (Matilde Fernández Rojas. Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: Trinitarios, Franciscanos, Mercedarios, Jerónimos, Cartujos, Mínimos, Obregones, Menores y Filipenses. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2009).
              Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Valle, de los Franciscanos Observantes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Iglesia de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, vulgo de "Los Gitanos" (antiguo Convento del Valle), en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Verónica, en ExplicArte Sevilla.

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sábado, 11 de marzo de 2023

Los principales monumentos (Fuente de los Doce Caños; Humilladero de Nuestro Señor de la Verónica; Iglesia del Espíritu Santo; y Plaza de Toros) de la localidad de Fuenteheridos, en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Fuente de los Doce Caños; Humilladero de Nuestro Señor de la Verónica; Iglesia del Espíritu Santo; y Plaza de Toros) de la localidad de Fuenteheridos, en la provincia de Huelva.
Ubicación
     Fuenteheridos se encuentra situado en pleno corazón del parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche y su casco urbano está declarado "Conjunto Histórico-Artístico" por su alto valor arquitectónico.
     Este municipio ocupa aproximadamente 1.092 hectáreas y tiene una población de 700 habitantes, los cuales son conocidos con el gentilicio de "paperos", ya que fue aquí donde la patata encontró el lugar idóneo para su siembra cuando fue traída desde América.
     Sus límites fronterizos son: al Norte y al Oeste con Galaroza, al Este con Los Marines, al Oeste y al Sur con el Castaño del Robledo.
     Es uno de los pueblos con mayor altitud de la Sierra con sus 717 m. sobre el nivel del mar. El término municipal está repleto de castaños dándole vida natural durante todo el año.
Reseña histórica breve
    Los orígenes del pueblo datan de la época musulmana. No está clara la procedencia de su nombre, hasta que a partir de 1984, Rodolfo Recio comenzó sus investigaciones. El historiador llega a la conclusión de que el lenguaje leonés fue traído por sus antepasados medievales, y que Ferido- usado en plural - significó primitivamente en El Bierzo "turno de riego". Por tal motivo figura en la leyenda "Fonte de los Feridos".
Patrimonio cultural y artístico
     PLAZA EL COSO: Se encuentra en el centro del pueblo y está presidida por una impresionante y maciza "cruz de mármol" realizada en 1792 a partir de los afamados materiales de las canteras de Fuenteheridos.
     LA ERA DE LA CARRERA: En la parte superior del pueblo, se encuentra la Era de la Carrera, la cual se utilizaba antiguamente para trillar. Actualmente se ha construido un mirador desde el que se puede contemplar la belleza del pueblo.
     IGLESIA PARROQUIAL DEL ESPIRITU SANTO: De estilo neoclásico presidida por una esbelta torre del siglo XVIII. La actual planta es del arquitecto Pedro de Silva que la reconstruye tras el terremoto de Lisboa. La joya más valiosa para los habitantes es la imagen de la Patrona, la Virgen de la Fuente de estilo barroco y que data del s. XVIII.
     LA VERÓNICA: Se trata de uno de los escasos Humilladeros de Andalucía y data del s. XVIII. Al conocido popularmente como "Cristo de la Verónica", lo podemos observar en un "camino real" que es al mismo tiempo el camino del cementerio, destacando su enclave por estar en un paraje de gran belleza natural.
     PÚLPITO DEL ESPÍRITU SANTO: Según algunos historiadores, se trata de un punto estratégico que unía la calzada romana de Emérita Augusta (Mérida) con Itálica. Pero fue utilizado para dar misa a aquellos que no podían entrar en la Iglesia.
     FUENTE DE LOS DOCE CAÑOS: Fuenteheridos alberga un importante acuífero al abrigo de rocas carbonatadas, calizas y dolomías del Cámbrico, con caudales subterráneos que históricamente se han aprovechado. Este acuífero alivia sus aguas a través de varias fuentes y manantiales. Entre los mismos destaca la Fuente de los Doce Caños, que recoge las aguas subterráneas del puerto de los Ángeles y el Cerro de los Conejales, situándose en el mismo centro urbano, en la plaza del Coso, de ella manan diariamente dos millones de litros de agua, estas, son aprovechadas para el riego de huertas y abastecimiento de la localidad.
     PLAZA DE TOROS: Su construcción data de 1885, a partir de una apuesta (construir la plaza antes de un año) entre un vecino de la localidad llamado Tinoco y el Alcalde del Castaño del Robledo, pueblo vecino y con el que existía cierta rivalidad. Destacan sus muros de mampostería, que sujetaron los arcos de medio punto que formaban la presidencia en la grada ya destruida.
     ANTIGUO BARRANCO DE LA FUENTE: Junto al paseo de Arias Montano, podemos contemplar el nacimiento de las "lievas", restauradas y embellecidas a través de cascadas y lagos alrededor de los cuales ha sido acondicionado un lugar de paseo y descanso. Las lievas son las acequias de riego que distribuyen el agua de la Fuente de los Doce Caños, por los tres "pagos" (camino de agua) de la localidad.
Fiestas y tradiciones
     DIA DE ANDALUCIA : El 28 de Febrero los representantes del Ayuntamiento invitan a todos sus vecinos a celebrar el día de Andalucía con un aperitivo en la plaza del pueblo. Ameniza este acto una banda de música.
     SEMANA SANTA: En la Semana de Pasión se hacen los correspondientes actos religiosos. El Viernes Santo podemos ver en procesión a la Virgen de los Dolores y al Señor de la Columna recorriendo las calles de esta localidad.
     QUEMA DE LOS JUDAS: Se celebra el Sábado Santo, alrededor de la media noche. Esta fiesta comienza ese mismo día por la tarde, en la Era de la Carrera, con la elaboración de los muñecos de trapo, acto al que acuden muchas personas y que en la última celebración, ha dado lugar a un concurso en el cual se premia al muñeco más original. Antiguamente las personas quemaban los Judas y ahí se terminaba la fiesta, pero en la actualidad, los jóvenes aparte de quemar los judas esperan a que se caigan los zapatos para comenzar una verdadera batalla campal entre todos los asistentes por las calles de la localidad. Hoy en día es la fiesta con más apogeo del pueblo.
     DÍA DEL BOLLO: Se celebra el Domingo de Resurrección. Ese día se reúnen personas de todas las edades en los campos que rodean la localidad para compartir la comida que han preparado. Es típico la degustación de un "Hornazo" o bollo de pan con un huevo en su interior que recibe el nombre de "Rosca".
     FIESTA DEL PATRÓN: El patrón de Fuenteheridos es el Espíritu Santo. Esta fiesta se celebra 7 días antes del Corpus. En ella se celebra una misa y tras ella, una procesión y por la noche un baile popular en plaza del pueblo. El patrón fue traído por los pobladores castellano-leoneses. Durante la fiesta, en la puerta del mayordomo se coloca un chopo que previamente ha sido trasladado por los jóvenes y mayores de la localidad, desde la finca del propietario que haya donado el árbol.
     FIESTA DEL CARRO: El Carro tiene su origen en la visita que hacen los jóvenes de Fuenteheridos a la localidad de Navahermosa (aldea de Galaroza), en sus fiestas locales. Los jóvenes de Fuenteheridos se reúnen, el Sábado y adornan con pintadas y papeles de colores un coche viejo, el cual se utiliza para transportar la garrafa de ponche que se beberá durante el recorrido. Dicho coche es empujado hasta la localidad festiva que espera ansiosa su llegada. Allí, en medio de la fiesta, se reúnen todos y levantan en peso el coche varias veces. En la actualidad se trata de una fiesta en auge conocida en toda la Sierra.
     FIESTAS DE LA VIRGEN DE LA FUENTE :Se realiza el 15 de Agosto. Es la patrona de Fuenteheridos y en su honor se organizan actos culturales y festivos que suelen durar 4 ó 5 días. El día de la patrona, la Virgen sale en procesión por las calles del pueblo y durante este acto se bendice el agua de la Fuente tan importante para éste.
     ROMERÍA DE LA REINA DE LOS ÁNGELES: Esta peregrinación tiene su origen en el s. XIX, celebrándose cada 8 de septiembre y teniendo desde esta época su hermandad de la Reina de los Ángeles con ermita situada en la Peña de Arias Montano. Durante el camino nos encontramos con chiringuitos montados para la ocasión. La noche anterior a la romería hay un bonito espectáculo de fuegos artificiales y es típico, de los vecinos de Fuenteheridos, ir andando hasta allí, para su disfrute.
     FIESTA DE LA CASTAÑA: Se realiza en la primera semana de Diciembre, cuando finaliza la recolección del fruto. Antiguamente esta fiesta se celebraba para entregarle la castaña de oro, al vecino del pueblo que hubiese realizado algún acto, en beneficio de esta localidad; para agradecer su colaboración en el desarrollo de Fuenteheridos y para fomentar la iniciativa del resto de los ciudadanos. Sin embargo esta tradición se ha sustituido actualmente, por la subasta de la corona de los Reyes Magos.
Recursos económicos y sociales
Agricultura y turismo rural
Gastronomía
Potaje de Castañas, arroz con Pinateles, caldillo De Matanza, picadillo de Invierno, sopa de setas, torrijas, gallipiernos rebozados (Diputación Provincial de Huelva).
      La falta de testimonios arqueológicos hacen difícil calibrar la antigüedad de esta población que, seguramente, se iniciaría con un asentamiento humano junto a la fuente que da nombre al pueblo. Los restos más antiguos en su término municipal son los de origen musulmán que fueron hallados en el yacimiento del Cerro de Castillejos. Tras la Reconquista cristiana, a mediados del siglo XIII, la zona es repoblada por leoneses y se convierte en tierra de realengo. Este primitivo núcleo de población quedó adscrito a la jurisdicción de la ciudad de Sevilla, como aldea de Aracena, alcanzando la categoría de villa en 1716. Posiblemente, la etimología del topónimo Fuenteheridos guarda relación evidente con las voces «fuente» y "feridos", esto es, fuente de los heridos, término éste último con que en siglos pasados se denominaban las grietas de la tierra de las que manaba agua.
     La Plaza del Coso, donde se localiza la Fuente de los Doce caños, está centrada por una crucero de mármol erigido en 1792, hoy desplazado de su ubicación original, con una inscripción que alude al monumento corno triunfo de la Santa Cruz y aclara que fue realizado en mayo de 1792 gracias a la devoción de los vecinos (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El casco está situado en una suave ladera orientada al noreste-sureste, rodeado de una importante vegetación, en la cabecera de un pequeño valle. Tiene origen medieval, en agrupación de viviendas destinadas a la explotación agraria, vinculadas a un núcleo de rango superior, Aracena, de la que se separó en 1631 para convertirse en Villa.
     El territorio se ubica en la parte central de la comarca serrana onubense y posee una orografía muy abrupta, manteniendo una diferencia de cotas de 193 m., entre su cota máxima de 841 m. y 648 m. de mínima. Las cotas más altas se localizan en la parte Sur del término municipal, descendiendo conforme más hacia el Norte nos desplazamos; esto origina una pendiente mantenida de Sur a Norte. Hidrológicamente todo el sistema de barrancos discurre de Sur a Norte, siendo de Oeste a Este los siguientes: el Barranco de la Urralera, que separa el término del Castaño del Robledo, el Barranco de la Nogalera y el Barranco de Agua Rubia, que siguiendo la dirección Sur-Norte alcanza el Barranco de Dundún que vierte sus aguas a la ribera de Huelva. Junto a ellos son numerosas las fuentes que aparecen en el término, mostrando el importante manto freático existente en estos terrenos. De ellas destacan la de La Cimbrera, La Higueruela, Valdelahiguera, Monte Blanco y El Casco, entre otras muchas.
     Las altitudes más significativas del término son la de 841 m. correspondiente al Puerto del Ciervo y la de 717 m. del núcleo urbano.
     En general el trazado se adapta a la topografía produciéndose vías sensiblemente paralelas o perpendiculares a las líneas de nivel, lo que provoca que estas últimas calles tengan una gran pendiente. Su la trama viaria urbana se caracteriza además por varias cuestiones. En primer lugar, la carretera principal de acceso posee un trazado tangente al núcleo urbano y sirve de apoyo para el desarrollo lineal de la edificación, convirtiéndose en parte del viario urbano. En el interior se diferencian dos zonas claramente diferenciadas en su forma urbana: la correspondiente al núcleo originario, con una trama más densa, formada por calles de trazado muy irregular y en la que existen todavía algunos adarves; y la zona de expansión, con calles de mayor anchura y trazado algo más rectilíneo y regular. En esta zona el crecimiento se ha desarrollado en forma de estrella. Existe también cierta diferencia entre calles principales y calles de servicio, que en general son vías de acceso a las traseras de las viviendas y a los corrales. De éstas parte un trazado más confuso surgido de la necesidad de conectarlas con determinadas vías pecuarias y caminos de servidumbre entre parcelas. Estas vías tienen el carácter de caminos semiurbanos y no están dotados de servicios ni pavimentados.
     Sus manzanas, generalmente cerradas, responden a una ocupación extensiva y suelen ser irregulares. En el núcleo originario son más densas y de menor tamaño. Por contra las situadas en las zonas de crecimiento son menos densas y de mayor dimensión. De carácter singular son aquellas que se sitúan en los bordes del núcleo o a lo largo del camino de entrada, convirtiéndose en mediadoras entre el espacio urbano y el rural. Las parcelas tienen una lógica correspondencia con las tres situaciones descritas. En la primera suelen ser más irregulares y más pequeñas y su ocupación se acerca bastante al 100%. No obstante, en este núcleo primitivo, existen parcelas de buen tamaño ocupados por la Iglesia y algunas casas de mayor importancia. En la zona de expansión las parcelas adquieren mayor tamaño y la edificación sólo ocupa la parte delantera de la misma, reservándose el fondo como patio, huerto o corral; su ocupación no suele sobrepasar por tanto el 70%. En las manzanas de borde las parcelas son también de buen tamaño y tienen gran parte de su superficie utilizada como corral, huerto o prado para pastos. Este tipo de parcelas se encuentra en ocasiones en el interior del núcleo creándose grandes vacíos urbanos cerrados con cercas de piedra.
     La tipología residencial predominante responde a la vivienda unifamiliar entre medianeras, que incorporan en la mayoría de los casos espacios para el uso agrícola o ganadero, especialmente almacenes. La altura de estas edificaciones es de una o dos plantas con soberado, desván o granero en la planta superior. Sólo en casos excepcionales aparecen edificaciones de tres plantas. Suelen tener dos o tres crujías paralelas a la fachada a las que se le agrega un cuerpo de edificación en el patio donde se ubican las dependencias, relativamente recientes, como la cocina y el baño. En el sentido perpendicular a la fachada, las viviendas pueden constar con uno, dos o tres portales, según el ancho de la parcela y la importancia del edificio. En el fondo de la parcela se sitúa el corral y a veces tiene acceso desde la calle trasera, disponiéndose en el mismo piezas complementarias para el uso agrario. Constructivamente, los muros suelen ser de tapial, pudiendo ser de piedra granítica o caliza la planta baja, o simplemente el zócalo. La estructura es de madera y la cubierta, a dos aguas está formada por teja árabe curva. Los paramentos están enfoscados con mortero de cal y encalados. La carpintería es de madera, aunque se está sustituyendo por materiales metálicos. Conviven dos variantes de esta arquitectura una de mayor escala y residencia de las clases más pudientes, y otra más popular que constituye la mayor parte del caserío. En las primeras destacan el mayor tamaño de los huecos, la mayor altura de plantas, el remate de la fachada con pretiles que ocultan las tejas y una composición donde prima la simetría y un cierto ornato. Las segundas responde a una disposición de los huecos más aleatorio y una mínima ornamentación. El predominio del macizo sobre el hueco y los aleros son prácticamente generalizados. Un elemento que se repite con cierta asiduidad es la solana, producida por el retranqueo de la primera crujía en la planta alta, y con cubiertas sostenidas por pilares que sostienen arcos de medio punto o de carpanel (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Fuenteheridos se reconforta con el agua -dos millones de litros al día- que vierten al pilón los caños de una fuente construida en 1903. Se la conoce precisamente con el nombre de fuente de los Doce Caños. Con su caudal perenne y sostenido, contribuye a fecundar huer­tos y bancales mediante una red de acequias, llamadas "lievas", que conducen el líquido hasta el último surco. Además, es el lugar de nacimiento del río Múrtigas, afluente del Guadiana.
     La fuente caudalosa llena de rumores un rincón de la plaza del Coso. Este recinto circular, que concentra el eco de las conversaciones y se postula como cen­tro de los aconteceres diarios, evoca con su nombre el escenario taurino que fue en el pasado. En vez de arena, hoy registra en su centro una desnuda cruz de mármol, erigida en 1792 con materiales procedentes de las canteras locales. Recorriendo unas calles que han sido pavimentadas con piedra caliza y deparan al viajero la sorpresa de encontrar una armoniosa sucesión de casas encaladas, se llega a la iglesia parroquial del Espíritu Santo. Posee una sola nave, construida en el siglo XVI y reconstruida en el XVIII tras el terremoto de Lisboa, y una torre neoclásica de tres cuerpos que luce chapitel con azulejos. Especial interés revestía el retablo de Nuestra Señora de la Fuente, obra anónima sevillana del siglo XVI, que fue sustituido por uno de factura moderna.
     En el atrio se alza una pequeña capilla, construida a finales del siglo XVIII, que resguarda una imagen religiosa dibujada por medio de azulejos. Una leyenda explica que fue "destruida por las hordas marxistas en julio de 1936 y reconstruida con prestación personal en abril de 1938".
     Una muestra de feracidad etnológica ha brotado recientemente en el pueblo y se refugia en las paredes del Ayuntamiento. Se trata del Museo del Léxico Serrano, que está basado en las investigaciones realizadas por Rodolfo Recio Moya. Con el propósito de rescatar los modismos del habla de la sierra, adorna las paredes de la Casa Consistorial una selva de carteles repletos de vocablos cuyo significado se explica detalladamente y cuya selección se justifica en textos literarios o en locuciones populares.
     A la salida de Fuenteheridos por la N-433 hacia Galaroza se encuentra el jardín de Villa Onuba. Es un espacio vegetal y botánico diseñado por el jardinero francés Louis Minoud que, desde finales del siglo XIX, contiene magníficos ejemplares (algunos, exóticos para estas latitudes como los cedros del Atlas o las secuoyas gigantes) que crecen entre senderos y fuentes. El proyecto de jardín botánico fue concebido por Carlos Doetsch, uno de los alemanes que participaron en la construcción de la casa Colón, que compró esta finca y le puso el nombre romano de la capital (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guiarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012).
     Fuenteheridos, es uno de los lugares más pintorescos de la serranía en el que sobresale el conjunto de casitas blancas con tejas rojas y su trazado laberíntico, tan característicos del lugar. Interesante es su iglesia, que destaca ampliamente sobre el caserío. Está dedicada al Espíritu Santo, data del siglo XVIII y es de estilo neoclásico (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Fuente de los Doce Caños
     La fuente se encuentra por debajo del nivel de la calzada; para acceder a ella es necesario descender doce escalones de losetas de mármol. La pila es rectangular y sobre la misma se sitúan los doce caños que dan nombre a la fuente. Los dos grifos situados en los extremos tienen un orificio en la parte superior de los mismos, lo que facilita la recogida del agua en los recipientes. A mano izquierda de la pila nos encontramos con una reja metálica que permite el paso del agua que sale a la superficie en la zona recientemente "rehabilitada".
     Los suelos y la pila de la fuente están fabricados en mármol.
     El edificio tiene un gran interés por diversos motivos; el principal es el valor que tiene la fuente como referente de identificación para el pueblo de Fuenteheridos. Han sido varias las fuentes que han existido en esta localidad, pero cuando un habitante de Fuenteheridos se refiera a "la fuente" es para hablar de la fuente de los doce caños; la Fuente está presente en la denominación del pueblo. La Virgen de la Fuente es la advocación más importante para los "paperos" (imagen muy vinculada simbólicamente a la Reina de los Ángeles de Alájar). Pero además de este valor como referente de identificación el espacio en torno a la fuente (la Plaza del Coso) es un espacio básico de sociabilidad. Junto a la fuente se sitúa el mercado los miércoles; en sus proximidades se encuentran una buena parte de los bares del pueblo. La fuente es un espacio que identifica y con el que se identifican totalmente los habitantes de Fuenteheridos, ideológicamente vinculado a sus orígenes y constantemente presente en los momentos de ocio y de trabajo.
     Es este manantial el que abastece de agua a las huertas próximas, el que daba la fuente de energía necesaria a los molinos ya desaparecidos, y en donde las mujeres se juntaban para lavar en el también desaparecido lavadero (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Humilladero de Nuestro Señor de la Verónica
     Retablo callejero que cuenta con unas escaleras empedradas, rodeadas por un pequeño muro, que permiten el paso al cuerpo central donde se guarda la imagen del señor de la Verónica.
     No podemos precisar los materiales constructivos al estar pintado; los laterales del humilladero, que rodean al mismo son de piedra; los suelos son de empedrado fino.
     La construcción que guarda la imagen tiene una ventana enrejada desde donde se puede ver la hornacina de madera, que guarda la imagen.
     Destacan la reja, dos faroles, una inscripción y, en la parte superior, una cruz de hierro. El cuerpo central de la construcción está encalado, con partes pintadas en color amarillo. Este humilladero es un punto de unión entre el cementerio y el pueblo. Un punto de unión no solamente en sentido geográfico, ya que se encuentra un poco antes de llegar al cementerio, sino también simbólico: en los entierros la última parada antes de entrar en el cementerio se realiza ante la imagen del Señor de la Verónica (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia del Espíritu Santo
     La parte más antigua de este templo está constituida por el módulo de la cabecera y el antepresbiterio cuyo orden de semicolumnas toscanas remite a modelos clasicistas de fines del siglo XVI.
     En 1768 el arquitecto Pedro de Silva elaboró un informe sobre el estado de la iglesia en el que declara la necesidad de reconstruir el cuerpo de la nave y reparar el resto del edificio. Es indu­dable que esta reforma se llevó a cabo, lo que se hace patente en la discontinuidad de alturas entre la nave y la cabecera y en el lenguaje de transición al neoclasicismo que hoy se aprecia en la mayor parte del edificio. A tal estilo corresponden sus tres portadas, destacando la del hastial, consistente en un vano adintelado entre pilastras coronado por un frontón y óculo. Se remata el imafron­te con un cornisón curvilíneo.
     Delante de la facha­da, en un lado de la plaza, se encuentra una pequeña capilla abierta, de finales del siglo XVIII. Fue reconstruida en 1938 y actualmente aloja un panel de azulejos de la Santísima Trinidad del siglo XX.
     Perdido hace algunas dé­cadas su antiguo retablo ma­yor de mampostería, hoy sólo queda de interés artístico en el presbiterio la pila bautismal, situada junto a su arco toral de ingreso. Está realizada en már­mol blanco y lleva una inscripción que la data en 1692.
     En el muro izquierdo se encuentra el retablo de la Virgen de la Fuente, con estípites del segundo tercio del siglo XVIII. La imagen titular es una pequeña escultura de fines del siglo XVI, vinculable con el círculo del escultor Jerónimo Hernández. Completan este retablo un San Joaquín y el grupo de Santa Ana y la Virgen de la segunda mitad del siglo XVIII.
     El decorado con estípites, data del segundo tercio del siglo XVIII.
     El retablo de San Antonio, del estilo entre el rococó y el neoclásico, data del último cuarto del XVIII. Su imagen titular es de la misma época.
     Junto al cancel de ingreso se sitúa una pila de mármol blanco con una inscripción alusiva al misterio de la Anunciación. La Capilla Bautismal posee un retablo-hornacina neoclásico, de imitación de jaspes, fechable hacia 1800, donde se venera una Virgen Dolorosa, de vestir, de la misma época. También se encuentra en este ámbito una imagen de Cristo atado a la columna, del siglo XIX, y un lienzo, exvoto de la Virgen de los Dolores, fechado en 1816. A su salida, en el sotocoro, se conserva una pililla de mármol con veneras fechada en 1775. 
     Ya en la nave de la derecha, son de interés el grupo de la Trinidad, de finales del siglo XVIII; el retablo de Ánimas, fechable a finales del siglo XVIII y la imagen de San José, de estilo barroco, de finales del siglo XVIII.
     La Sacristía conserva, además, de una cajonería de principios del siglo XVIII, un pequeño crucificado de fines del siglo XVI y un conjunto de piezas de platería de indudable interés, en el que destacan la cruz parroquial de la primera mitad del siglo XVII y un ostensorio peruano, de bronce dorado, con decoración cincelada del mismo siglo (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     No ha sido posible acceder al interior de la iglesia; para la descripción externa utilizaremos el texto de Suárez Rodríguez: "Ya hace un rato que vemos el campanario más esbelto de la Sierra, en cuyo derredor vuelan veloces golondrinas y se escucha el arrullo de las palomas que anidan en los mechinales. Al pie de la torre se abre una saetera con la decoración más barroca que imaginarse pueda, que en su tiempo sería el marco de una imagen de devoción local".
     La portada principal es sobria, pero original. No recordamos haber visto una solución de este tipo, sobre todo en lo que se refiere al frontón trapezoidal, recogido en volutas, y coronado por un óculo de ocho lóbulos. La fachada se culmina con una especie de alero de ladrillo de graciosa ondulación. Frente a la citada portada un curioso templete, donde en un azulejo de Mensaque Rodríguez (Sevilla) se lee: "Destruida por las hordas marxistas en Julio de 1936 y reconstruida con aportación personal en 1938". Pag.54-55.Op.citada.
     Los elementos sustentantes son muros de piedra y ladrillo. Como elemento ornamental cabe destacar un retablo callejero, junto a la iglesia (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Plaza de Toros
     La Plaza de Toros consta básicamente de un muro de piedra, que rodea la edificación. Las puertas de acceso conservan el sistema de cierre de madera. La portada de entrada está resaltada sobre el plano del muro.
     Destaca un placa conmemorativa sobre la puerta de entrada.
     Disponía de varias puertas de acceso, corrales y graderío. Con posterioridad un vecino de la localidad, Lorenzo Marques, como propietario de la plaza, vendió los corrales a otro vecino. En la década de los 80 los herederos de Lorenzo Marques autorizaron al Ayuntamiento para arreglar la plaza y que pudiesen celebrarse en ella espectáculo taurinos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
   
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Fuente de los Doce Caños; Humilladero de Nuestro Señor de la Verónica; Iglesia del Espíritu Santo; y Plaza de Toros) de la localidad de Fuenteheridos, en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

Más sobre la provincia de Huelva, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 14 de febrero de 2020

La Iglesia de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, vulgo de "Los Gitanos" (antiguo Convento del Valle)


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte La Iglesia de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, vulgo de "Los Gitanos" (antiguo Convento del Valle), de Sevilla. 
   Hoy, 14 de febrero, se cumple el aniversario del traslado (14 de febrero de 1999) de la Hermandad de los Gitanos a su nueva sede canónica, la Iglesia del antiguo convento del Valle, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Iglesia de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, vulgo de "Los Gitanos" (antiguo Convento del Valle), de Sevilla.
      La Iglesia de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, vulgo de "Los Gitanos" (antiguo Convento del Valle) [nº 35 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 73 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Cristo de las Cinco Llagas, s/n (aunque la entrada y salida de la Hermandad de los Gitanos se efectúa por la calle Verónica, 9); en el Barrio de Santa Catalina, del Distrito Casco Antiguo.
     La actual residencia de la popular hermandad de los Gitanos es uno de los templos sevillanos que más transformaciones ha sufrido a lo largo de su historia. Su origen hay que buscarlo en una fundación de monjas dominicas que se realizó a comienzos del siglo XV, comunidad que fue disuelta en 1507. Hasta 1529 ocuparon las casas una congregación de beatas, forma de religiosidad propia de la Edad Moderna mediante la cual un grupo de mujeres vivían en comunidad bajo una regla. Desde ese año, y hasta 1657, el convento estuvo ocupado por la Orden de los Padres Regulares de San Francisco, pasando a la rama de los franciscanos, que la habitaría hasta la desamortización de 1835. Siguiendo la habitual evolución de numerosos edificios religiosos sevillanos en el siglo XIX, el conjunto se fragmentó, convirtiéndose en casa de vecinos buena parte de sus dependencias. Fue comprado por la marquesa viuda de Villanueva, que estableció en 1866 una casa de la Orden del Sagrado Corazón. El estado casi ruinoso de la capilla motivó una profunda intervención por la que prácticamente se rehízo la iglesia, en un estilo neogótico propio de la época, conservándose parte de las estructuras de la sacristía, del patio principal y de otras dependencias. Algo más de un siglo estuvieron las monjas del Sagrado Corazón en el recinto, un centro educativo que reunió a las clases más pudientes de la ciudad. Los aires nuevos del Concilio Vaticano II cambiaron la ubicación del centro escolar, que se trasladó al barrio de Torreblanca, quedando la iglesia y el jardín adyacente en un estado de abandono que conllevó el expolio de mármoles y otros elementos decorativos. La salvación llegó al templo con la cesión en 1997 a la hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud, más conocida como hermandad de los Gitanos. Se comenzó así un costoso proyecto de restauración que culminó en 1999, con una intervención que salvó la portada neogótica del edificio, los muros, y las estructuras de la iglesia y de su capilla sacramental, realizándose unas nuevas cubiertas de madera funcional diseño que integraron la arquitectura conservada con las formas contemporáneas. Se abrió una portada lateral en el edificio, de suaves líneas ojivales, que se enmarcó con sendos azulejos de los titulares de la hermandad, el Cristo de la Salud y la Virgen de las Angustias Coronada.

   El interior presenta una airosa nave cubierta con moderna techumbre de madera, con capillas laterales que se intercalan en los laterales, a las que se accede a través de robustos pilares. En el muro derecho de la cabecera, en perpendicular a la nave central, se abre la capilla sacramental.
   Preside el presbiterio un camarín barroco del siglo XVIII procedente de un convento de monjas dominicas de Écija. Es una interesante pieza barroca con decoración de flores animales e insectos, con una minuciosidad propia del estilo chinesco que se extendió por los grandes palacios europeos de la época. Otros elementos decorativos del camarín son los escudos de la orden dominica y el escudo de la Inquisición, con la cruz y la espada que tanto pavor provocaron en los siglos de la Edad Moderna. Está presidido el camarín por la imagen de la Virgen de las Angustias Coronada, talla de Fernández Andes (1937) que sustituyó a la antigua dolorosa atribuida a José Montes de Oca. A sus pies, sobre un pedestal de mármol, se sitúa el Cristo de la Salud (popularmente conocido como Manué), también obra de Fernández Andes (1938), que sustituyó al antiguo titular desaparecido en el incendio de 1936, también atribuido al escultor del siglo XVIII José Montes de Oca. Son imágenes de gran devoción popular que procesionan en la madrugada del Viernes Santo.

   La Capilla Sacramental, abierta en el muro de la nave de la Epístola, acoge un retablo neobarroco realizado en 1955 por José Vázquez, y que fue el retablo de la hermandad durante su estancia en la parroquia de San Román. Hoy está presidido por una Inmaculada obra de Rubén Fernández, estando flanqueada por los ángeles del antiguo paso del Señor, obra de Fernández Andes. En los muros laterales hay dos cuadros de Fernando Calderón, procedentes de una donación de la duquesa de Alba, que presentan la particularidad de estar realizados con los dedos.
      En las capillas laterales destacan dos imágenes modernas de gran devoción en la hermandad: el beato Ceferino (conocido como el Pele), obra de Darío Fernández Parra y la imagen de Santa Ángela de la Cruz, realizada por Antonio Dubé de Luque. En el muro de la Epístola se conserva la antigua titular de la iglesia, la Virgen del Valle. Cuenta la leyenda que un sacristán quiso hacer leña con la talla y que la imagen le recriminó: “¿Por qué me maltratas?”, suceso milagroso que acabó con las intenciones del sacristán. Pudo ser una talla de origen medieval a la que se efectuaron sucesivas reformas. Consta que en una intervención de Manuel Soriano, a mediados del siglo XIX, se encontró un documento, entre las dos mascarillas superpuestas, que hacía referencia a la intervención de Juan de Astorga en 1801, indicando que eran varias las reformas anteriores en las cuales “siempre se buscó conservar vestigios de ella misma”. En la actualidad es imagen de vestir que porta al Niño en brazos y que se ornamenta con ráfaga y media luna a los pies.

      La hermandad de los Gitanos, titular del templo, fue fundada en 1753 en el convento trianero del Espíritu Santo por un grupo de gitanos o “castellanos nuevos”. En su historia han pasado por numerosas sedes como el convento del Pópulo, la iglesia de San Nicolás o la parroquia de San Román, donde residieron desde 1880 hasta 1993. En 1936 sufrieron la pérdida de sus imágenes titulares y de la mayor parte de su patrimonio en el incendio provocado de la parroquia de San Román. Otras hermandades que residieron en el templo fueron las del Valle y la del Gran Poder (Manuel Jesús Roldán,  Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, vulgo de "Los Gitanos" (antiguo Convento del Valle), de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Horario de apertura de la Iglesia de los Gitanos (antiguo Convento del Valle):
     Todos los días de 10:00 a 13:00, y de 18:00 a 20:30 (Invierno)
      
Horario de Misas de la Iglesia de los Gitanos (antiguo Convento del Valle):
      De Lunes a Viernes: 12:00, y 19:00
      Domingos: 10:30, 12:30, y 19:00

Página web oficial de la Iglesia de los Gitanos (antiguo Convento del Valle: www.hermandaddelosgitanos.com/sede-canonica/

Más sobre el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Valle, de los Franciscanos Observantes, en ExplicArte Sevilla.