Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 2 de abril de 2026

Procesiones de hoy, Jueves Santo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, Jueves Santo, en Sevilla.
     Hoy, 2 de abril, es Jueves Santo. La Iglesia comienza el Triduo pascual y evoca aquella Cena en la cual el Señor Jesús, en la noche que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también lo ofreciesen (Caeremoniale Episcoporum, nº 297). 
     Y qué mejor día que hoy para Explicarte las procesiones de hoy, Jueves Santo. Así en el día de hoy procesionan las hermandades siguientes:

     Hdad. de Los Negritos: La Antigua, Pontificia y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Fundación y Nuestra Señora de los Ángeles, "vulgo de Los Negritos"; es ésta una corporación fundada a finales del siglo XIV y con residencia canónica en la Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, del sevillano barrio de Santa Catalina, siendo  sus  imágenes titulares el Santísimo  Cristo de la Fundación, obra de  Andrés  de Ocampo  en  1622  y Nuestra Señora de los Ángeles, obra anónima de la primera mitad del siglo XVII.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de los Negritos: www.hermandadlosnegritos.org

     Hdad. de La Exaltación: La Pontificia, Real e Ilustre Hermandad Sacramental Purísima Concepción Ánimas Benditas del Purgatorio, San Sebastián Mártir, Santa Catalina de Alejandría y Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Exaltación y Nuestra Señora de las Lágrimas; es ésta una corporación fundada a finales del siglo XVI y con residencia canónica en la iglesia parroquial de Santa Catalina, del sevillano barrio homónimo, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Exaltación, talla atribuida a Pedro Roldán del siglo XVII; Nuestra Señora de las Lágrimas, obra anónima atribuida a Luisa Roldán "La Roldana" del siglo XVII; San Juan Evangelista, talla anónima del siglo XVIII; Santa Maria Magdalena, obra anónima del siglo XVIII; Niño Jesús., talla anónima del siglo XVIII; San Sebastián mártir, obra de Benito Hita del Castillo en 1756; tres imágenes de la Inmaculada, una de ellas de Alonso Cano del siglo XXII, la segunda es de Hita del Castillo (1756) y la tercera de ellas, original del imaginero sevillano Pedro Duque Cornejo (S. XVII), está cedida al culto en el Templo Parroquial de los Remedios por disposición de la Autoridad Eclesiástica del Arzobispado de Sevilla (1956).
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Exaltación: www.laexaltacion.org

     Hdad. de las Cigarreras: La Real e Ilustre Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Sagrada Columna y Azotes de Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima de la Victoria; es ésta una corporación  fundada  en  1563 y  que  reside  canónicamente  en la capilla  de la  antigua Fábrica de Tabacos en el sevillano barrio de Los Remedios. Sus imágenes  titulares son Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna, obra de Francisco Buiza en 1974, mientras  que María Santísima  de  la Victoria es una talla anónima del siglo XVII (entre 1611 y 1628).
Enlace a la web oficial de la Hermandad de las Cigarreras: www.columnayazotes.es 

     Hdad. de Montesión: La Pontificia, Real, Ilustre, Antigua y Dominica Hermandad y Archicofradía de Nazarenos de la Sagrada Oración de Nuestro Señor Jesucristo en el Huerto, Santísimo Cristo de la Salud y María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos Coronada y Santo Domingo de Guzmán; es ésta una corporación fundada en 1560 que reside canónicamente en la Capilla de Montesión, del sevillano barrio de la Feria, siendo sus imágenes titulares Nuestro Señor Jesucristo de la Oración en el Huerto, obra de Jerónimo Hernández en 1578; el Santo Ángel, obra también de Jerónimo Hernández en 1578; el Santísimo Cristo de la Salud, talla de Luis Ortega Bru en 1954; y María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos, talla anónima del siglo XVI.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de Montesión: www.hermandaddemontesion.com

   Hdad. de la Quinta Angustia: La Pontificia y Real Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Dulce Nombre de Jesús, Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo y Quinta Angustia de María Santísima Nuestra Señora; es ésta una corporación fundada hacia el 1500 y con residencia canónica en la capilla del Dulce Nombre de Jesús, adosada a la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, del sevillano barrio del Museo, siendo sus imágenes titulares el Dulce Nombre de Jesús, obra atribuida a Jerónimo Hernández entre 1572-1582; el Cristo Resucitado, obra de Jerónimo Hernández en 1582; Nuestra Señora de la Encarnación, obra de Martínez Montañés en 1592; el Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo obra anónima aunque atribuible a la gubia de Pedro Roldán hacia 1659, y la Quinta Angustia de María Santísima Nuestra Señora, obra de Vicente Rodríguez-Caso en 1934.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Quinta Angustia: www.laquintaangustia.org 
 
 
   Hdad. del Valle: La Pontificia Real y Primitiva Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, Nuestra Señora del Valle y Santa Mujer Verónica; es ésta una corporación fundada en 1450 y con sede canónica en la iglesia de la Anunciación, del sevillano barrio de la Encarnación-Regina, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Coronación de Espinas, obra de Agustín de Perea  en  1687, Nuestro  Padre Jesús con la Cruz al Hombro, obra anónima atribuible a un discípulo de Martínez Montañés, del siglo XVII; y Nuestra Señora del Valle, obra asimismo anónima atribuible a Juan de Mesa entre 1618 y 1627; y la Santa Mujer Verónica, obra de Juan Bautista Patrone y Quartin en 1801.
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Valle: www.elvalle.org    

     Hdad. de Pasión: La Archicofradía del Santísimo Sacramento, Pontificia y Real de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Pasión y Nuestra Madre y Señora de la Merced; es ésta una corporación fundada en 1531, con residencia canónica en la iglesia colegial del Divino Salvador, del centro de la ciudad, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de la Pasión, obra de Juan Martínez Montañés entre 1610 y 1615; el Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia, talla de Antonio de Quirós en 1696; Nuestra Madre y Señora de la Merced, tallada por Sebastián Santos en 1966, acompañada por San Juan Evangelista, tallado por Gabriel de Astorga en 1862; Nuestra Señora del Rosario, obra atribuible a Cristóbal Ramos en el siglo XVIII; la Inmaculada Virgen del Voto, obra anónima de 1654; y la Custodia procesional, obra de Miguel Sánchez en 1612.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de Pasión: www.hermandaddepasion.org

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martes, 24 de marzo de 2026

La pintura "Retrato del Beato Fray Diego José de Cádiz", de Andrés Cánovas, en la Casa de Hermandad (Tesoro) del Gran Poder

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Retrato del Beato Fray Diego José de Cádiz", de Andrés Cánovas, en la Casa de Hermandad (Tesoro) del Gran Poder, de Sevilla.
   Hoy, 24 de marzo, Memoria, en Ronda, población de Andalucía, en España, del Beato Fray Diego José de Cádiz (Francisco José) López-Caamaño, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, predicador insigne y propugnador intrépido de la libertad de la Iglesia (1801) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "Retrato del Beato Fray Diego José de Cádiz", de Andrés Cánovas, en la Casa de Hermandad (Tesoro) del Gran Poder, de Sevilla.
   La Casa de Hermandad (Tesoro) del Gran Poder, se encuentra en la calle Hernán Cortés, 6; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
   En la representación, el artista ha seguido la iconografía tradicional del fraile capuchino que fue divulgada a partir del retrato grabado por Vicente Galcerán en 1787. Conforme a dicha iconografía, el personaje, representado de algo más de medio cuerpo, muestra una larga y tupida barba gris, amplias cejas pobladas y en su cabellera se advierte una dilatada tonsura. Viste el característico hábito marrón de estameña con capucha de los frailes capuchinos y sostiene, entre sus manos, un crucifijo, ante el que adopta, con sus ojos entornados, una actitud de oración y recogimiento. La profunda espiritualidad del personaje se encuentra intensificada por el halo dorado que rodea su cabeza.
     La figura apenas destaca sobre el fondo en penumbras que le respalda, y aparece envuelta por una densa atmósfera, cuya oscuridad acentúa su intensa concentración espiritual. 
     En el ángulo inferior derecho de la composición reza una dedicatoria del autor de la pintura a la hermandad del Gran Poder, que dice: 
     "NTRO. HNO. EL BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ, INSIGNE RESTAURADOR / DE ESTA COFRADÍA, CELOSO PROPAGADOR DE LA DEVOCIÓN Y CULTO DE / JESÚS DEL GRAN PODER Y AUTOR DEL ADMIRABLE LIBRO DE SU NOVENA//".
     La pintura representa al Beato Fray Diego José de Cádiz (1743-1801), misionero y predicador capuchino que promovió la devoción al Señor del Gran Poder e ingresó como hermano de la hermandad el 13 de abril de 1786, trece años antes de que redactara, en 1799, la difundida novena a Jesús del Gran Poder. 
     Es una obra realizada en 1895 por Andrés Cánovas, en óleo sobre lienzo, con unas medidas de 0,87 x 0,66 mts., en estilo academicista.
     La obra hubo de ser ejecutada un año después de la beatificación del Beato por el Papa León XIII, acaecida el 22 de abril de 1894. La hermandad conserva, además de este retrato, otra pintura que efigia al fraile capuchino.
     La pieza podría ser la inventariada con el nº 250 en el Inventario general de bienes de la Pontificia y Real Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso, fechado el 11 de febrero de 1974, y en el inventario homónimo fechado el 17 de julio de 1979, señalándose en ambos inventarios: "Un cuadro al Oleo, Fray Diego de Cádiz" (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Beato Fray Diego José de Cádiz en la Historia de la Iglesia de Sevilla
     Nacido en Cádiz en 1743, entró de muy joven en la orden capuchina. Ordenado de sacerdote en Carmona, se dedicó a las misiones populares, convirtiéndose en el predicador más famoso de su época. Predicó muchas veces en Sevilla y en la archidiócesis. El Ayuntamiento le nombró miembro honorario y el cabildo eclesiástico canónigo con asiento y voto entre los capitulares. Murió en Ronda en 1801 (Carlos Ros, dir., Historia de la Iglesia de Sevilla. Editorial Castillejo. Sevilla, 1992).
Conozcamos mejor la Biografía del Beato Fray Diego José de Cádiz, presbítero;
     José Francisco López-Caamaño Ocaña y García, Beato Diego José de Cádiz. (Cádiz, 30 de marzo de 1743 – Ronda, Cádiz, 24 de marzo de 1801). Capuchino (OFMCap.), predicador, misionero popular y beato.
     José Francisco Juan María López-Caamaño Ocaña y García nació en el seno de una ilustre familia emparentada con la nobleza. Sus padres fueron José, natural de Tuy, y María, de Ubrique, que dieron vida a otros dos hijos (después todavía tuvo dos hermanastros). Cuando tenía nueve años murió su madre, quedando huérfano, pues la segunda mujer de su padre fue para él una auténtica madrastra, que lo trató sin piedad colmándolo de desprecios. Sus primeros estudios los hizo en Ubrique, pasando después al colegio de los dominicos de Ronda para el estudio de la Filosofía, pero sus éxitos fueron nulos. Él mismo cuenta que sentía repugnancia por el estado religioso y más por el capuchino. Pero un día (1756), repentinamente, todo cambió cuando oía misa en la iglesia de los capuchinos de Ubrique: empezó a sentir un gran afecto por la religión y por la Orden Capuchina. Después de leer la vida de algunos santos y de confesarse varios domingos con un sacerdote de aquel convento, deseoso de vivir la vida de retiro y austeridad capuchina, cuando todavía no tenía ni quince años, el 12 de noviembre de 1757 vestía el hábito en el convento de Sevilla, aunque no comenzó el noviciado hasta el 31 de marzo del año siguiente, justo al alcanzar la edad canónica, emitiendo sus votos el mismo día del año 1759. De Sevilla pasó a Cabra y Jerez para el estudio de las materias preparatorias de la Filosofía, decayendo notablemente su fervor religioso y aficionándose a la poesía. En 1761 comenzó los estudios filosóficos en Écija, y posteriormente, en 1764, los teológicos en Cádiz. Fue durante el segundo año de Teología, mientras se explicaba el tratado De Deo et eius attributis, que, comenzó a sentir una profunda transformación interior, haciendo propósito de cambiar definitivamente de vida e imponiéndose un método riguroso de perfección basado en la oración, retiro y penitencia. El 24 de mayo de 1766 fue ordenado sacerdote en Carmona, y en 1768 concluyó sus estudios. Ese mismo año fue nombrado maestro de estudiantes en Cádiz, grado anterior al de lector, pero renunció, retirándose al convento de Ubrique, donde se siguió dedicando a la oración y al estudio, alcanzando, a pesar de su deficiente aprovechamiento en el estudio de la Filosofía, un conocimiento nada despreciable de la Sagrada Escritura, los santos padres, teólogos, el Derecho Canónico y la Historia Eclesiástica, materias en las que siguió profundizando durante toda su vida, como preparación para la predicación.
     Por aquellos mismos años en los que finalizó los estudios, cuando todavía era un desconocido novel sacerdote, fueron publicadas algunas de las obras más emblemáticas del siglo ilustrado, ante las que el padre Cádiz pronto tomó postura, oponiéndose netamente, sin distinciones, a ellas (incluso echó al fuego el Febronio), y tomando la defensa de las doctrinas tradicionales de la Iglesia, hasta el final de su vida, como una misión recibida de Dios. Ésa fue ciertamente una de las notas más sobresalientes de su predicación, que le ha llevado a ser tildado como uno de los mayores exponentes del pensamiento reaccionario español, de cuño eclesiástico. Sobre la aparición de las obras aludidas, dice él mismo: “Por este tiempo se empezaron a hacer públicas las cosas del siglo ilustrado contra la santa Iglesia. Salió el Febronio, el Bossuet, el Juicio imparcial, etc. Me instaban los leyese para salir de mis ignorancias, etc. No es decible [...] cuánto fue el ardor que sentí en mi corazón para remediar esos males. Neguéme a leer esos papeles, no quise aprender a leer el francés, por el horror que concebí a los libros que de allí venían de estos asuntos. ¡Qué ansias de ser santo para, con la oración, aplacar a Dios y sostener a la Iglesia santa! ¡Qué deseo de salir al público para, a cara descubierta, hacer frente a los libertinos! ¡Qué inclinación a predicar a la gente culta e instruida! ¡Qué ardor para derramar mi sangre en defensa de lo que hasta ahora hemos creído!”. Para afrontar ese tipo de predicación de forma eficaz se dio cuenta de que debía “ser muy santo para conseguir de Dios el remedio de estos males, y muy docto para oponerme a estas nuevas fatales doctrinas que, desde luego, me pensaba serían reproducción de errores antiguos”. Por eso su apostolado estaría siempre enraizado en la oración, el estudio y la penitencia.
     Residiendo en el convento de Ubrique, comenzó a predicar al pueblo un punto de doctrina, en la plaza, los domingos por la tarde; pero fue en Estepona, en 1771, durante la predicación de la cuaresma, por la que consiguió pacificar las graves discordias de aquella población, donde se comenzó a revelar como predicador de dotes oratorias arrebatadoras extraordinarias. Durante un decenio recorrió varias veces las capitales y pueblos grandes de Andalucía, predicando misiones, cuaresmas, novenas y otros sermones. Su predicación, acompañada de signos extraordinarios y milagros, atraía multitudes enormes de gentes, que incluso le cortaban trozos del hábito, dejando una huella profunda de renovación en la vida moral, religiosa y pública de las poblaciones. En ella no faltaba nunca la condena de las comedias, los toros y los bailes agarrados, sobre todo en aquellos lugares en los que no existían instituciones dedicadas a los pobres y huérfanos, lo que le fue granjeando la oposición de algunas elites ilustradas. Así, en el sermón que dirigió a la Universidad de Granada el 5 de mayo de 1779, con ocasión de haberle concedido el doctorado en Teología y Cánones (más tarde lo sería por la de Baeza —1782—, Osuna —1794— y Oviedo —1795—), se debió oponer con tal claridad a las ideas ilustradas, hablando contra las regalías del Monarca, que fue denunciado al Consejo de Castilla y a la Inquisición (el arzobispo de Granada era considerado favorable a las nuevas ideas); pero el favor del arzobispo de Sevilla, que lo admiraba mucho, y del inquisidor mayor, le valieron el verse libre de un proceso enojoso.
     Por otra parte, hay que decir que en la predicación, sobre todo de misiones, seguía los esquemas propios del tiempo: procesiones, predicación a la masa del pueblo (muchas veces en las plazas por el gran concurso de gente), ejercicios por separado, y a puerta cerrada, a distintos estamentos sociales, como el clero, religiosas, magistrados y ayuntamientos, universidades, sociedades, cárceles. También es de señalar que su oratoria se centraba fundamentalmente en la palabra de Dios, subrayando mucho más la misericordia divina que el castigo. Estaba convencido de que la suavidad y la dulzura llevaban con mucha mayor facilidad al pecador a la conversión que la amenaza de las penas. Intentaba seguir al gran predicador franciscano del quinientos italiano, Bernardino de Siena, porque se adaptaba a su estilo. Un aspecto importante a resaltar es que el padre Cádiz experimentaba casi siempre, y así lo comunicaba constantemente a sus directores espirituales, una insuficiencia grande cuando preparaba sus sermones, no creía tener método de oratoria ni lograba formar un discurso ordenado; pero cuando subía al púlpito todo cambiaba, sintiendo una transformación tal y como manifestaba él mismo: “Antes de predicar, no acierto a formar un sermón. Estudio cuanto puedo, revuelvo los libros, singularmente santos padres y expositores, más, si me dedico algunos días a prevenir el sermón, gasto inútilmente el tiempo hasta que el mismo día o, cuando más, el anterior van ocurriendo el modo y el rumbo que ha de tener, según las especies que he visto o me ocurren para el asunto. Son muchos los casos en que he subido al púlpito con la angustia imponderable de no haber podido formar ni menos vestir la idea, en sermones de empeño y de materias intrincadas. Pero poniendo mi corazón con humilde resignación en la voluntad de Dios [...], siempre he visto como de bulto, su soberana asistencia”. decía de sí mismo que era naturalmente muy escaso de discurso y para formar ideas, y que “sólo en el púlpito no se advierte este natural defecto”. El tiempo libre que le dejaban sus correrías, predicando de un lugar a otro, lo pasaba en Ronda, con permiso de los superiores, retirado en casa de Manuel Moreno y Tabares y Teresa Rivera, evitando así la afluencia masiva de gente a los conventos donde se encontraba. 
   Una faceta muy relevante de la vida del beato Diego, de la que ha quedado un epistolario riquísimo, que es fuente principal para trazar el itinerario de su vida física y espiritual, es la relación constante que mantuvo con sus dos directores espirituales. En 1775 se puso bajo la dirección del padre Francisco Javier González, religioso mínimo, que tuvo un influjo muy grande en la actividad apostólica del beato y en su condena de las ideas del siglo ilustrado, aunque le aconsejara moderación, que no debilidad, llegando a una compenetración muy grande con él. A la muerte del padre González en 1784, el padre Diego escogió como director al canónigo Juan José Alcober, con quien ya la relación no alcanzó la sintonía a la que había llegado con el anterior.
     En 1782 comenzó a predicar misiones fuera de Andalucía, requerido por su popularidad. Toledo, donde se encontró con el cardenal Lorenzana, Ocaña y el Real Sitio de Aranjuez, fueron los escenarios de su verbo encendido. En Aranjuez se hallaba presente el rey Carlos III con su Corte, quedando todos conmovidos por la predicación del beato, pero al mismo tiempo aquélla supuso un duro golpe a la clase ilustrada dirigente del país. Al año siguiente predicó en Madrid, encontrando una fuerte oposición entre los enciclopedistas. A continuación emprendió una nueva campaña de misiones por Andalucía, siendo el hecho más sonado el sermón que pronunció el día de Viernes Santo, 9 de abril de 1784, en la catedral de Sevilla, en el que, al hablar del despojo de las vestiduras de Cristo, salió en defensa de los bienes de la Iglesia, puestos en cuestión por los ilustrados, lo que se interpretó como una ofensa al Gobierno de la nación. No se le hizo un proceso, pero se le ordenó el confinamiento durante unos meses, y el poderoso Campomanes le reconvino, en nombre del Rey, para que en su predicación no se mezclara con cuestiones atinentes al Gobierno. En 1786 emprendió sus misiones por el Levante, donde las multitudes se agolpaban para escucharle, pasando después a Cuenca y Zaragoza, donde asistían a sus pláticas más de cuarenta mil personas, Albalate, Alcañiz y Caspe.
     En Zaragoza tuvo lugar uno de los sucesos más conocidos de la vida del padre Cádiz: la delación ante la Inquisición, en un sermón al clero a puerta cerrada en la iglesia del Seminario de San Carlos, los días 1 y 3 de diciembre de 1786, de cuatro proposiciones publicadas en sendos escritos del doctor Lorenzo Normante, profesor de Economía Civil y Comercio en la Real Sociedad Aragonesa de Amigos del País. Las proposiciones afirmaban que el celibato era un obstáculo para el desarrollo de la población civil; que ni al Estado ni a la Iglesia convenía que los religiosos profesaran antes de los veinticuatro años; la licitud y bondad del lujo; y la también licitud de los préstamos a interés. Parece que desde la publicación en 1785 y 1786 de las Conclusiones en que figuraban las proposiciones, defendidas en la Universidad cesaraugustana, existía en la ciudad una polémica, convertida en hostilidad, entre los defensores de Normante y sus detractores, entre los que se encontraban el arzobispo, Agustín de Lezo y Palomeque, y gran parte del clero y el pueblo. La misión fue ciertamente el momento en que estalló con virulencia la disputa, aunque no se sabrá nunca si la delación fue por iniciativa propia, o bien fue aconsejada al predicador por algún clérigo o por el arzobispo, en cuyo palacio se alojó todo el tiempo el padre Cádiz. Es preciso decir que el prelado y el clero apoyaron en todo momento al beato. Normante apeló al Consejo de Castilla y de ese modo se inició un doble proceso, ante dicho Consejo y ante la Inquisición, que se cerró en 1790. Por parte de la Inquisición se absolvió al padre Cádiz, adhiriéndose el Santo Tribunal a lo que había dicho el beato, que había considerado las proposiciones heréticas, próximas a la herejía, ofensivas y contrarias a la doctrina de la Iglesia, según los casos. El Consejo, del que era gobernador Campomanes (preocupado también por la crisis en la que habían caído las Sociedades de Amigos del País), en cambio dio la razón a Normante, imponiendo silencio, de parte del Rey, sobre el tema, tanto al beato como a sus defensores y reconviniendo duramente al predicador.
     En el mes de enero de 1787 llegó a Barcelona, pero fue tal la conmoción de toda la región que se congregaron más de cincuenta mil personas en la plaza del Palacio, y se esperaban más, por lo que se decidió suspender la misión, programada para cuarenta días, ante los peligros que podía acarrear una multitud de tal magnitud. De Barcelona pasó a predicar misiones a Valencia, Alicante, Orihuela, Murcia, Cartagena y otros lugares. A continuación y durante varios años fue obligado al silencio, parece que por órdenes superiores, recluyéndose en el convento de Casares, en la serranía de Ronda, hasta el año 1792, en que volvió a predicar por Andalucía (Sevilla, Córdoba, Jerez —tercera vez—, y por cuarta en Málaga). Entre 1794 y 1795 recorrió Galicia, dando misiones en Tuy, Vigo, Pontevedra, Santiago, La Coruña, Ferrol, Lugo y Mondoñedo, pasando posteriormente a Oviedo y Salamanca. Los últimos años todavía predicó en Andalucía (Málaga de nuevo), llegando en 1799 a Ceuta.
     Un hecho nada desdeñable, por la repercusión posterior que tuvo durante la Guerra de la Independencia contra el francés, fue la publicación en 1794 del opúsculo El soldado católico en guerra de religión, en el que animaba a los jóvenes en edad de alistarse en las milicias, a participar en la guerra de la Convención, contra la Francia revolucionaria, símbolo de las ideas ilustradas contrarias a la religión y a la Iglesia. La vida del beato Diego se apagó prematuramente en Ronda el martes 24 de marzo de 1801, a las seis y cuarto de la mañana, siendo enterrado en la ciudad en la que tanto tiempo había vivido. El proceso de beatificación se inició en 1825, concluyéndose en 1894, cuando el papa León XIII lo inscribió en el elenco de los beatos.
     La historiografía reciente ha considerado al beato Diego José de Cádiz como claro representante del pensamiento reaccionario español, opuesto a las ideas del Siglo de las Luces (principalmente J. Sarrailh y J. Herrero). Él representaría además el paso de la reacción del plano teórico al práctico, de la predicación de la intolerancia a la eliminación de las teorías ilustradas, sobre todo con la publicación de El soldado católico, que tanto influyó en la dirección ideológica de la Guerra de la Independencia por parte del clero. Será difícil que la historiografía posterior consiga cancelar del beato esa etiqueta, que quizá no se le ajusta en toda su significación. Siendo cierto que combatió con gran vehemencia las ideas del siglo ilustrado, es necesario decir que la Iglesia de toda Europa se opuso también, mayoritariamente, a esas mismas ideas, mezcladas luego ineluctablemente con la violencia que la Revolución Francesa ejerció contra ella. Por otra parte, el beato, que fue un talento notable, no fue un ilustrado en el sentido técnico, ni un profesor de Filosofía, incluso podemos afirmar que no tuvo una formación cultural filosófica que le permitiera captar lo que de positivo aportaban las nuevas ideas. Con todo, hay que decir que no se opuso al progreso, ya que apoyó algunas sociedades de nuevo cuño (por ejemplo, la Sociedad de Amigos del País de Motril, a la que el 28 de mayo de 1787 recordó su finalidad de servir al bien común y de socorrer a los pobres). Al beato Diego, del que falta una biografía crítica que profundice en su predicación, hay que verlo bajo el prisma del predicador que fundamentalmente fue. Su elocuencia, nada común, fácilmente se inflamaba y enardecía, traduciéndose su vehemencia en expresiones exageradas que no buscaban sino la conversión de los pecadores y atraer las almas a Dios. Los vicios y pecados siempre se han fustigado con mucho dramatismo y exageración, y las expresiones vertidas en una pieza de oratoria sacra nunca podrán ser consideradas como las desarrolladas en la cátedra o en un tratado filosófico (José Ángel Echeverría, OFMCap., en Biografías de la Real Academia de la Historia). 
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Retrato del Beato Fray Diego José de Cádiz", de Andrés Cánovas, en la Casa de Hermandad (Tesoro) del Gran Poder, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Casa de Hermandad (Tesoro) del Gran Poder, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 9 de junio de 2025

La Casa Hermandad de la Virgen del Rocío, en Morón de la Frontera (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Casa Hermandad de la Virgen del Rocío, en Morón de la Frontera (Sevilla).  
     Hoy, 9 de junio (cincuenta días después del domingo de Resurrección), es la Solemnidad de Pentecostés, día en el que se concluyen los sagrados cincuenta días de la Pascua y se conmemoran, junto con la efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos en Jerusalén, los orígenes de la Iglesia y el inicio de la misión apostólica a todas las tribus, lenguas, pueblos y naciones [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     También se celebra hoy la Memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, a quien Cristo encomendó sus discípulos para que, perseverando en la oración al Espíritu Santo, cooperaran en el anuncio del Evangelio [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Casa Hermandad de la Virgen del Rocío, en Morón de la Frontera (Sevilla).
    Inmueble de dos plantas: baja y alta; tres crujías y patio. Las dependencias de la planta superior están cerradas y sólo una de ellas pertenece a la Hermandad.
     Primera crujías: zaguán, flaqueado en su lado izquierdo por la sala donde se ubica el altar de la Virgen y que se puede ver desde la calle por al ventana del cierro. En la dependencia de la derecha se ubica la sala de estar o de reuniones.
     Segunda crujía: testera con entrada a la secretaria por la izquierda y a la sala de reuniones en la izquierda.
     Tercera crujía: pasillo que abre la dependencia a una salita en su izquierda y a la cocina y escalera en su derecha.
     Los materiales constructivos son: yeso, piedra, cal y arena (inorgánicos); madera (orgánicos); tejas, ladrillos, azulejos, cristal e hierro.    
     Los elementos sustentantes son muros maestros de mampostería; tabiques interiores para separación de la dependencias de la cocina.
     Los elementos sostenidos son: cubiertas a dos agua con tejas árabes; arco de medio punto en el zaguán y de entrada a patio; escalera de acceso a la planta superior; entresuelo de bovedilla con madera y cañizo en las principales crujía; en la cocina el entresuelo es de cielo raso.    
     Solería de baldosas hidráulicas en color crema y negro.    
     Fachada: en la planta baja, puerta principal flanqueada de dos balcones de cierro corrido con tejado en azulejos. En la planta alta, balcón flanqueado de dos balcones de cierro corrido de las mismas características que en la planta baja.
     Las puertas del zaguán y del patio son de hierro forjado en color blanco y cristal de colores.    
     Azulejos del tejado de los vanos.
     Ventanas de cierro corrido con tejados de azulejos policromados de gran interés (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Solemnidad de Pentecostés:
La Pentecostés
 
   Puede parecer ilógico a primera vista incluir la Venida del Espíritu Santo en el cielo de la Glorificación de Cristo, puesto que Cristo está ausente en esta escena, y los Apóstoles se reúnen alrededor de la Virgen.
   Pero es Cristo resucitado quien envía el Espíritu Santo a los apóstoles, y la Virgen, a pesar del lugar que se le atribuye en el centro del grupo, sólo tiene un papel secundario en esta escena de glosolalia, donde ella es la única que se mantiene en silencio. El protagonista invisible es Cristo, quien infunde el Espíritu Santo en los apóstoles, para permitirles hablar todas las lenguas necesarias para la predicación del Evangelio entre los gentiles, aunque no las hayan estudiado nunca.
   Por otra parte, basta leer el Evangelio de san Juan para comprender cuál era el pensamiento de los apóstoles. Jesús les promete que una vez desaparecido de esta tierra, no los dejará huérfanos, sino que les enviará de parte del Padre otro consolador, el Paracleto o el Espíritu de verdad, que estará con ellos eternamente (Juan, 14: 16 y 15: 26). Y en otra conversación que se sitúa después de la Resurrección (20: 21 - 22), vuelve aún más explícitamente acerca de esta  misión: «Como me envió mi Padre, así os envío yo. Diciendo esto, sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.» La misma idea está expresada en el Evangelio de Mateo, a propósito de la predicación de San Juan Bautista  (3: 11): «Yo, cierto, os bautizo en agua con vistas a la penitencia; pero en pos de mí viene otro más fuerte que yo (...) él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego.»
   De manera que es Cristo quien en verdad otorga el Espíritu Santo, y el principal personaje de la Pentecostés; pero no aparece en la escena. Salvo raras excepciones está, como los muertos, presente e invisible.
La Misión encomendada a los apóstoles
     Es por un error de interpretación, en efecto, que Émile Mâle creyó reconocer la Pentecostés en el célebre tímpano del nártex de Vézelay, donde un Cristo gigantesco extiende los brazos y muestra las palmas agujereadas de las que irradia luz que ilumina a los apóstoles.
     No es el único ejemplo del tema en el arte francés del siglo XII. Aparece por primera vez en Borgoña, hacia el 1100, en una miniatura del Leccionario de Cluny (B.N., París) que ha podido inspirar al escultor de Vézelay. Pero no es particular de esa región, puesto que en la misma época se lo encuentra en una miniatura del Sacramentario de Limoges (B.N., París) y en un fresco de la iglesia de Saint Gilles de Montoire (Loir et Cher), donde pueden verse claramente los rayos rojos que brotan de las llagas sangrantes de Cristo, que se fijan sobre las cabezas de los apóstoles.
     El tema representado no es en absoluto la escena que tiene lugar en el cenáculo cincuenta días después de la Pascua, y que es la única que merece, estrictamente, el nombre de Pentecostés; se trata de la Aparición de Cristo resucitado a los apóstoles, quienes reciben de su Señor la misión de evangelizar el mundo.
     La fuente no es el relato de los Hechos de los Apóstoles, sino un pasaje del Evangelio según San Mateo (28: 19), reproducido en el suplemento del Evangelio de Marcos (16: 15), donde Cristo dice a sus discípulos: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura (Ite et docete omnes gentes).»
     Las naciones cuya evangelización constituye la misión de los apóstoles, están evocadas de manera pintoresca en el dintel y en los marcos del tímpano de Vézelay, y en las obras similares del siglo XII que son seudos Pentecostés.
     También debe procurarse no confundir con la Pentecostés el Descenso del Espíritu Santo sobre los fieles, tema muy infrecuente, cuyo ejemplo más conocido es una página del Libro de Horas de Étienne Chevalier, de Jean Fouquet.
La Pentecostés propiamente dicha
1. Fuentes e Interpretación

   A diferencia de los temas precedentes, el relato del milagro no está en los Evangelios sino en los Hechos de los Apóstoles (2: 1 - 41).
   «Al cumplirse el día de Pentecostés, estando todos juntos en el lugar, se produjo de repente un ruido proveniente del cielo como el de un viento que sopla impetuosamente, que invadió toda la casa en que residían. Aparecieron, como divididas, lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos, quedando todos llenos del Espíritu Santo; y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según que el Espíritu les otorgaba expresarse.»
   Estupefactos al oír a esos galileos hablar tantos idiomas que les resultaban incomprensibles, los judíos supusieron en principio que se habían embriagado, y que esa súbita glosolalia era el efecto de la borrachera. Pero Pedro replicó que a las nueve de la mañana era demasiado temprano para estar ebrios, y explicó que ese milagro realizaba la profecía de Joel (2: 28): «( ....) derramaré mi espíritu sobre toda carne ( ...)»
   Así, en el origen de la Pentecostés encontramos la consumación de una profecía del Antiguo Testamento. Pero la manifestación del Espíritu en forma de soplo, e incluso de tormenta acompañada de relámpagos, es en verdad una creencia común a todas las sectas espiritistas de la antigüedad y de los tiempos modernos. La llama del relámpago en la lengua hebrea se compara con una lengua de fuego, de allí procede la idea de que el Espíritu Santo se había manifestado por el don de lenguas, y que así había dotado a los apóstoles con las habilidades políglotas indispensables para la evangelización de los gentiles.
   La Pentecostés aparece como la continuación necesaria de la Misión de los apóstoles y el preludio de su acción, que sin ese milagro les habría resultado imposible. Por ello, esta escena inicia lógicamente el relato de los Hechos de los Apóstoles. Por una curiosa inversión de ideas, la Confusión de las lenguas, que en el Génesis se presenta como un castigo del orgullo humano, aquí se convierte en una gracia concedida por el Espíritu Santo.
   En la interpretación prefigurativa de la Biblia, la Venida del Espíritu Santo, que confiere el don de lenguas a los apóstoles, se compara con la Confusión de las lenguas que detiene la construcción de la Torre de Babel.
   El don de lenguas acordado a los apóstoles debe reunir a aquellos a quienes la «torre de la confusión» volviera extranjeros. Por sus esfuerzos se elevará un edificio que sin presunción ni locura podrá pretender subir hasta el cielo, y en lugar de desafiar al Señor, aportará la reconciliación del mundo con su Creador. La nueva torre espiritual de la Gracia ya no será construida, como la de Babel, símbolo de la desmesura y el orgullo humanos, con piedras o ladrillos, sino con las virtudes de Cristo Redentor (non lapidibus, sed de virtutibus Christi).
2. Culto
   La Pentecostés estaba considerada la fiesta colectiva de los apóstoles. Y se celebraba muy especialmente en Saint Sernin de Toulouse, que se jactaba de poseer reliquias del colegio apostólico.
   Además, señalaba la fecha de nacimiento de la Iglesia cristiana (Natale della Chiesa).
   En la Edad Media, en Notre Dame de París y en Saint Jacques la Boucherie, se reconstruía el milagro haciendo descender desde lo alto de la bóveda una paloma y trozos de estopa encendida.
3. Iconografía
   Se distinguen tres tipos principales, con y sin la Virgen.
l. La Pentecostés con la Virgen
   Bizantinos y occidentales coinciden en atribuir a la Virgen el lugar central, aunque no el papel principal.
    El hecho no deja de ser sorprendente, puesto que María, al haber recibido en su persona el Espíritu Santo, el día de la Anunciación, no necesitaba recibirlo una segunda vez, tanto más por cuanto no participaba del apostolado. Además, su presencia no se menciona explícitamente en los Hechos de los Apóstoles.
   La única justificación de esta tradición iconográfica es un pasaje del capítulo que precede al relato de la Pentecostés (Hechos, 1: 13), donde se dice que los apóstoles reunidos en Jerusalén, en el piso alto, es decir, en la habitación principal de la casa, «perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María, la madre de Jesús...». De ello no debe deducirse en modo alguno que la Virgen estuviese con ellos el día de la Pentecostés. Su presencia es una simple suposición que los teólogos admitieron, y que luego se impuso a los artistas, tanto más fácilmente por cuanto éstos tenían la costumbre de representarla en medio de los apóstoles en la escena de la Ascensión.
   Madre adoptiva de San Juan y Reina del cielo, fue considerada muy pronto la reina y la madre espiritual de los doce apóstoles (regina et mater Apostolorum). También puede admitirse que la Virgen sea aquí, como en la escena de la Ascensión, sólo el símbolo de la Iglesia.
   Los apóstoles forman un círculo alrededor de la Virgen que preside la asamblea sin participar en el milagro. Encima de las cabezas planea la paloma del Espíritu Santo, que deja caer sobre ellos una lluvia de pavesas o de lenguas de fuego.
   De inmediato los doce comienzan a hablar todos a la vez, y gesticulan, convirtiendo el cenáculo en una pequeña torre de Babel. Tienen el gesto de alocución, para indicar que están en condiciones de conversar en diversos idiomas.
2. La Pentecostés con los apóstoles solos
   Existen representaciones de la Pentecostés donde los doce apóstoles reunidos en la habitación alta y sobrevolados por la paloma del Espíritu Santo están representados sin la Virgen, cuya presencia no está clara mente señalada en los Hechos de los Apóstoles.
   Además del grupo de los apóstoles deben tenerse en cuenta dos elementos iconográficos importantes: la irradiación del Espíritu Santo y la representación del Mundo, que los apóstoles, convertidos súbitamente en políglotas,  podrán evangelizar.
     1. La irradiación o el don de lenguas
   En las representaciones de la Pentecostés se han empleado, como es natural, los motivos solares o planetarios que ya hemos visto en la iconografía de los Siete Dones del Espíritu Santo.
   El Libro de los Perícopes de la Biblioteca de Munich (siglo XI), simboliza la efusión del Espíritu Santo mediante una rueda inflamada en torno a la cual se agrupan los apóstoles. En la Biblia de Floreffe (siglo XII), los apóstoles están sentados en las molduras inferiores de un enorme disco, y reciben los rayos emitidos por las siete palomas del Espíritu Santo.
   A veces la paloma emisora está reemplazada por la Mano de Dios cuyos dedos separados irradian.
   La inspiración divina generalmente está simbolizada por una lluvia de lenguas de fuego. Muchas veces, esas lenguas inflamadas toman la forma de cintas o cuerdas que descienden sobre la cabeza de cada uno de los apóstoles (Capitel de la Daurade, en Toulouse).
   En ciertas miniaturas bizantinas (Homilías de San Gregorio Nacianceno, B.N., París) se advertirá que el Espíritu Santo no desciende directamente sobre los apóstoles, sino sobre el Trono Venerable (Vacua Sedes, Trono vacío del Juicio Final), donde reposa el libro del Evangelio, y es allí donde rebrotan o rebotan los rayos. 
   2. El Cosmos
   Lo que caracteriza a las representaciones bizantinas de la Pentecostés es que los diferentes pueblos que serán evangelizados en sus respectivas lenguas, están personificados colectivamente por la figura del Cosmos, es decir, del mundo con el aspecto de un rey coronado de pie ante la puerta del cenáculo, que tiene en las manos un lienzo con los doce rollos, que corresponden a las predicaciones de los doce misioneros. Esta alegoría del Cosmos, que traduce el pasaje de las Escrituras acerca del Espíritu de Dios llenando el mundo (Spiritus Domini replevit Orbem terrarum), ha permanecido extraña a la iconografía occidental.
   Por error se había creído que ese misterioso personaje representaba al rey David, e incluso al profeta Joel, que hace decir a Yavé (2: 28): «Después de esto derramaré mi espíritu sobre toda carne».
     Catálogo
   Las representaciones de la Pentecostés son numerosas, tanto en el arte paleocristiano (miniaturas y mosaicos) como en el románico y el gótico; pero se multiplicaron sobre todo a finales de la Edad Media, a consecuencia de la fundación de las cofradías del Espíritu Santo, y luego, en el siglo XVI, a causa de la institución de la orden del Espíritu Santo por Enrique III (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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