Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 8 de abril de 2026

Los sitios arqueológicos El Gitano, en Valencina de la Concepción (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos El Gitano, en Valencina de la Concepción (Sevilla).
     Hoy, 8 de abril, es el Día Internacional del Pueblo Gitano, así que hoy es el mejor día para ExplicArte los sitios arqueológicos El Gitano, en Valencina de la Concepción (Sevilla).
El Gitano. No hay grandes restos constructivos visibles y los que quedan están muy fragmentados.
El Gitano I. Los vestigios de este yacimiento se esparcen por una superficie de unos cinco mil metros cuadrados. El presente asentamiento romano y de carácter rural perduraría, cuyos restos marmóreos hacen presumiblemente lujoso, según el testimonio que la cerámica nos ofrece, desde el s. I d. C. hasta el IV o V de la Era.
El Gitano II. Los escasos restos arqueológicos allí existentes no permiten suponer la existencia de una villa propiamente dicha. Sin  embargo, son claros los fragmentos de cerámica romana.
     Parece tratarse de un pequeño asentamiento, de carácter probablemente temporal, romano que se lleva a cabo en un momento indeterminado del siglo III o IV d. C. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Conmemoración del Día Internacional del Pueblo Gitano;
     El Día Internacional del Pueblo Gitano se conmemora el 8 de abril. Esta fecha recuerda el Primer Congreso Mundial romaní/gitano celebrado en Londres el 8 de abril de 1971 en el que se instituyó la bandera y el himno gitano.
     La bandera es verde y azul, simbolizando el cielo y el campo, con una rueda de carro roja en el centro, que simboliza el camino desde la India y la libertad. El himno gitano, Gelem, gelem (Anduve, anduve), fue compuesto por Jarko Jovanovic y recuerda a los gitanos y gitanas víctimas del nazismo.
     En el 4º Congreso Internacional Gitano en su Congreso de Londres.
     Desde hace unos años la fecha del 8 de abril está adquiriendo gran notoriedad, sirviendo de ocasión para distintas celebraciones y comunicaciones por parte de múltiples instituciones nacionales e internacionales.
     La Ceremonia del Río es una de estas celebraciones que se realiza en muchas localidades. En ella las mujeres arrojan pétalos de flores en los ríos y los hombres encienden velas en recuerdo de los antepasados (Fundación Secretariado Gitano).
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martes, 17 de marzo de 2026

El Conjunto Dolménico, en Castilleja de Guzmán, y Valencina de la Concepción (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Conjunto Dolménico, en Castilleja de Guzmán, y Valencina de la Concepción (Sevilla).
     Las numerosas intervenciones arqueológicas llevadas a cabo tanto en Valencina de la Concepción como en Castilleja de Guzmán han puesto de manifiesto la preexistencia bajo sus suelos de un importante asentamiento prehistórico, y su correspondiente necrópolis, fechados en un arco cronológico que abarca, a grosso modo, desde la mitad del III milenio a.n.e. hasta mediados del II milenio a.n.e.
     A esta ocupación se superponen sitios arqueológicos tan conocidos como Los Pozos, Casa Huerta, Torrijos I, II y III, Cerro Catalán, La Cuadra-Los Llanos, Hacienda San José, La Estacada Grande, Hacienda Medina, Nuestra Señora de los Reyes, Las Cañadas, Los Molinos-Montijos, Las Coronas, Cerro de la Cruz, Cerro Mármol y Pozo Goro, entre otros. Los materiales de estos enclaves arrojan unas fechas que los sitúan entre el Bronce Pleno-Final (mediados del II milenio a.n.e.-principios del I milenio a.n.e.) llegando incluso hasta dataciones de época medieval y moderna, que constituyen testigos significativos de la implantación del hombre en este territorio.
     Las intervenciones arqueológicas sobre el poblado y su necrópolis se iniciaron en la segunda mitad del siglo XIX, en concreto en 1868 se produjo la primera excavación en el dolmen de La Pastora, y a partir de esa fecha se han sucedido casi sin interrupción, y especialmente desde principios de la década de los setenta hasta la actualidad.
     Como resultado de estos trabajos se han investigado y documentado, con metodología arqueológica, múltiples y variadas estructuras de habitación y enterramiento. Así, los restos y contextos arqueológicos pertenecientes al poblado propiamente dicho, localizados hasta ahora, mayoritariamente, en Valencina de la Concepción, pueden diferenciarse en dos grupos de estructuras: las cabañas o unidades de habitación y las directamente vinculadas a actividades productivas, mucho más numerosas ya que pueden contarse por centenares. En concreto las cabañas son construcciones semisubterráneas o parcialmente subterráneas excavadas en el firme natural; a veces presentan plantas complejas e irregulares como resultado de la unión de varias estructuras circulares dispuestas aleatoriamente y a distintos niveles. También se han documentado edificaciones emergentes realizadas con un zócalo de adobe o piedra y el resto de materia vegetal revocada con barro, probablemente no se han conservado las cubiertas porque serían de carácter vegetal.
     En cuanto a las otras estructuras citadas, se trata de silos, con diferencia las construcciones más abundantes del yacimiento. Estos presentan planta circular con la base ostensiblemente más ancha que la boca y una profundidad que oscila entre un metro y metro y medio, con perfil variable, frecuentemente semicircular con la base plana y bordes irregularmente convexos. También se han localizado en recientes intervenciones numerosos silos y una posible cabaña realizadas en Castilleja de Guzmán, ampliándose de este modo la considerada tradicionalmente como área de poblado.
     Por otro lado, se han detectado pozos cilíndricos, algunos de ellos de una gran profundidad, y en los limos arenosos se excavaron además zanjas o fosos de morfología, dimensión, disposición y orientación heterogéneas. De planta lineal y perfil de sección en «U» o «V», se desconocen las longitudes totales dado que siempre han superado las dimensiones de las áreas excavadas. Por su funcionalidad podrían distinguirse dos tipos, unos relacionados con la necesidad de aislar el suelo de las humedades para almacenar el grano de los silos, y otros de carácter defensivo, de mayores dimensiones por lo general.
     En relación a la necrópolis, se han excavado enterramientos de distintos tipos. Junto a los grandes dólmenes conocidos desde antiguo en Valencina de la Concepción como Matarrubilla, La Pastora y Ontiveros, se ha intervenido en otros más recientemente como en el dolmen de Montelirio, en Castilleja de Guzmán, de idénticas características a los anteriores. 
     Además, en ambos municipios se han excavado construcciones funerarias de menores dimensiones, como el dolmen bajo el antiguo depósito de agua de Castilleja de Guzmán o los recientemente aparecidos en la zona inmediata al dolmen de Montelirio; en Valencina se investigaron los conjuntos funerarios de El Roquetito y Los Cabezuelos, conformados por pequeños dólmenes y cuevas funerarias excavadas en el firme natural. En algunos casos se han constatado deposiciones de cadáveres en estructuras subterráneas, tipológicamente silos, que a veces fueron usados para la deposición de basuras.
En líneas generales, tanto en los grandes dólmenes como en las tumbas pequeñas, se agrupaban los restos humanos en conjuntos sin distinción aparente de edad ni sexo. Habitualmente aparecen acompañados de objetos cerámicos, líticos y a veces, metálicos, que se han interpretado como piezas de ajuar; también pueden encontrarse bolas de ocre o almagra, cuyo uso habitual fue el de colorante.
     Parte de las superficies de los actuales términos de Valencina de la Concepción y Castilleja de Guzmán constituían en el Calcolítico una sola entidad geográfica y cultural, cuyo centro estuvo situado, al menos, durante un tiempo, en el denominado poblado de Valencina, bajo la localidad homónima actual. Desde aquí era vertebrado un extenso territorio que dependía de este núcleo. Los hallazgos arqueológicos reunidos desde el siglo pasado nos hablan de la actividad agropecuaria de estos pueblos y de sus ritos funerarios, cuyos vestigios materiales son tan llamativos que han atraído de forma especial la atención de investigadores y aficionados. Se sabe hoy que entre los dos núcleos de población actuales se localiza gran parte del cinturón de necrópolis -con más de diez dólmenes conocidos, fundamentalmente tholoi- que rodeaba por el Este y Sur el poblado calcolítico, ubicado hacia el Oeste, en Valencina, desde el Cerro de la Cruz, pasando por la Estaca Larga y La Emisora hasta la finca La Horca. Este yacimiento y su necrópolis dolménica han sido claves para la personalización de las sociedades que habitaron el Bajo Guadalquivir durante el IV, III y II milenios a. C.
     El bien objeto de la inscripción se articula en torno a cinco estructuras funerarias monumentales de época calcolítica, distribuidas entre los términos municipales de Valencina de la Concepción y Castilleja de Guzmán, que son las siguientes: Dolmen de La Pastora, Dolmen de Ontiveros, Dolmen de Matarrubilla, dolmen ubicado en la zona verde del P.P.2 Divina Pastora (urbanización El Señorío de Guzmán) y las estructuras dolménicas de Montelirio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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miércoles, 31 de diciembre de 2025

El sitio arqueológico El Algarrobillo, en Valencina de la Concepción (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico El Algarrobillo, en Valencina de la Concepción (Sevilla).
     Se documentan estructuras del poblado y necrópolis de Valencina (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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sábado, 10 de mayo de 2025

El Dolmen de la Pastora, en Valencina de la Concepción (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Dolmen de la Pastora, en Valencina de la Concepción (Sevilla).
   Hoy, 10 de mayo (sábado anterior al IV Domingo de Pascua), es la Solemnidad Litúrgica de la Madre del Buen Pastor, fiesta instituida por S. S. Pio VI en 1795 gracias al empeño de los padres capuchinos, especialmente el Beato Diego José de Cádiz, que se celebra anualmente el sábado anterior a la dominica del Buen Pastor.
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte el Dolmen de la Pastora, en Valencina de la Concepción (Sevilla).
     El Tholos de La Pastora se sitúa en el límite oriental del área arqueológica de Valencina de la Concepción tal y como está definido en la actualidad, cerca de los Tholos de PP-4 Montelirio (a unos 500 metros al Sureste) y al Tholos de Montelirio (a unos 600 metros al Sureste). Situándose en el borde del altozano del Aljarafe, sobre el río Guadalquivir, en la prolongación de la avenida de Andalucía.
     La longitud total del tholos es: 46,96 metros, medidos desde la línea de fachada al fondo interior de la cámara. Anchura máxima/mínima de corredor: 1,04/0,76 metros. Tanto el valor máximo como el mínimo se han obtenido en la zona del entorno de la puerta que separa el tramo medio y final. El máximo siempre se corresponde con la zona de contacto con la cubierta y el mínimo con el estrechamiento a media altura de los muros. La altura del corredor se mide en la zona de contacto con la cámara, con un valor máximo de 1,81 metros. Y en lo conservado, la mínima altura se constata a la entrada del tramo medio con un valor de 1,38 metros. Las losas de la cubierta se disponen formando un plano continuo que de este a oeste es perfectamente horizontal (nula pendiente). Mientras que en el suelo las losas forman un plano inclinado con una diferencia de cota de 1 metro entre la zona más profunda de la cámara y la de la entrada, marcándose en esta distancia una pendiente del 2%. 
     La cámara posee un diámetro máximo en planta de 2,60 metros y conserva una altura máxima de techo a suelo de 2,42 metros. Presenta como singularidad la presencia de una hornacina. Hay que resaltar que, frente a las anteriores planimetrías del monumento, la situación de la cámara respecto de la orientación del corredor es aún más girada hacia el sur de lo que se venía representando. De modo que en realidad aparece bastante descentrada respecto de la línea marcada por el corredor, observándose una desviación de 23 grados.(VARGAS JIMENEZ. M. 2019)
     La Pastora es un tholos con un pasillo de aproximadamente 42 metros de longitud y sección transversal trapezoidal, que conduce a una pequeña cámara circular, de 2,5 metros de ancho y 3 metros de altura. Las paredes son de mampostería de piedra en seco (piedra arenisca y pizarra) con losas más grandes que forman el techo del corredor, mientras que la cámara está cubierta por un techo en voladizo ('falso domo'). Una característica notable del diseño de La Pastora es su anomalía astronómica orientada a N 243 grados Este, mirando por lo tanto hacia el suroeste, a diferencia de la mayoría de los monumentos megalíticos del sur de la península ibérica, que se orientan al amanecer (Hoskin, 2001). Esto tiene implicaciones interesantes tanto en términos de cronología como de la evolución de la arquitectura megalítica en Valencina. 
     Poco se sabe sobre los restos humanos o la cultura material que quedó en este monumento mientras estaba en uso. 
     Francisco María Tubino, la primera persona en estudiarlo, donó una pequeña cantidad de artefactos al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, incluyendo tres pequeñas láminas de oro, dos cuentas (una de color ámbar otra de variscita), así como 17 puntas de lanza de cobre que afirmó que fueron encontrados dentro o en los alrededor del monumento. Al Museo Arqueológico de Sevilla donó otras 12 puntas de lanza de cobre. El estudio de estas puntas de lanza excepcionales sugiere que, aunque estaban hechas de mineral de cobre local (Hunt Ortiz et al., 2012), su morfología podría haberse inspirado en prototipos levantinos (Gernez, 2011). 
     En cuanto a su cronología, tres resultados de radiocarbono en conchas dentro de perforaciones de bío-erosión en dos de las cobijas de arenisca calcárea del corredor han sido previamente obtenidos (Cáceres Puro et al., 2014). Como estos son los restos de organismos que viven en la zona intermareal, deben haber excavado en la roca antes de ser removidos de la orilla y utilizados en la construcción de la tumba. Estos resultados, por lo tanto, proporcionan termini post quos para la construcción del corredor. Se han obtenido tres nuevos resultados de radiocarbono como parte de este estudio. Los dos primeros resultados provienen de un hueso humano (un metatarso adulto) y una cuenta de concha perforada de la excavación de 1991. El tercero pertenece a un cráneo humano de la parte exterior del corredor encontrado en la excavación de 1963. El modelo estima que la actividad fechada dentro de la tumba de La Pastora comenzó en 2755-2465 cal BC (95% de probabilidad; inicio), probablemente en 2615-2480 cal BC (68% probabilidad). La actividad finalizó en 2485-1360 cal BC (95% de probabilidad; final), probablemente en 2435-2035 cal BC (68% de probabilidad). La duración de la actividad fue 1-1245 años (95% de probabilidad, uso), probablemente 90-585 años (68% de probabilidad).
     Por otro lado, algunos autores dan a las puntas de jabalina una cronología dentro de la primera parte de la Edad del Bronce (Montero Ruiz Teneishvili 1996: 80), es decir, entre c. 2200 y 1800 cal a.C.
     El estado de conservación es bueno, aunque, las excavaciones llevadas a cabo en la década de 1960 con el fin de proteger la parte más exterior del corredor se realizaron a partir de una casamata de hormigón, que da un aspecto artificial en esta parte del monumento. En la década de 1990 se hizo una nueva entrada para visitantes, que igualmente distorsionan el aspecto original del monumento. 
     La Pastora es descubierta en 1860, siendo el primer monumento megalítico descubierto en la Provincia de Sevilla y uno de los primeros de Andalucía. Sobre él, Francisco María Tubino y Oliva realiza una memoria en 1868:..."una galería estrecha, prolongada, sin más contacto con el exterior que la entrada, con una cámara de reducidas dimensiones en su extremo"... Puesto que era director de un periódico en Sevilla, La Andalucía, ese mismo año, el sábado 6 de junio en el epígrafe "Ciencia, arte y literatura" volvió a publicar la memoria. Aun así y también ese año se publican las conferencias que pronuncia en la Sociedad Económica Matritense que se recogen en un libro titulado Los estudios prehistóricos, publicado por las oficinas de la Revista de Bellas Artes. En sus escritos, Tubino indicaba que la entrada al dolmen se realizaba a través del hueco que se practicó en su descubrimiento, y que hacía falta una escalera para acceder a la cueva, cuyo techo estaba a un metro de profundidad. También señalaba que la galería tenía una longitud en la parte descubierta de 27 metros, que el corredor estaba obstruido por una masa de tierra compacta y que el desarrollo de la cámara hacia la galería tenía una orientación de Oriente a Occidente. En su descripción analizaba someramente la cueva, indicando sus elementos constituyentes y aportando dimensiones, y señalaba que el relieve del terreno se levantaba suavemente, presentando el aspecto de un altozano cuyo vértice coincidía aproximadamente con el eje vertical de la cámara.
     E. Cartailhac dibuja en su obra de 1886 por primera vez una punta de lanza que Carlos Cañal y Migolla incluye luego en su libro Sevilla Prehistórica (1894).
     En 1889 José Gestoso y Pérez, dice que la fecha del descubrimiento es el 5 de febrero de 1860, las dimensiones aproximadas del monumento y la litología (pizarras). También relata el descubrimiento de las lanzas realizado por Tubino.
     Feliciano Candau y Pizarro, en su obra sobre la Prehistoria de Sevilla sitúa ""un monumento de la época del Bronce, tan importante y tan perfecto, que constituye una joya arqueológica de inapreciable valor y única quizás en el mundo,- situado en Castilleja de Guzmán" (Candau y Pizarro, 1894). Propone dos novedosas hipótesis para las puertas que enmarcan el corredor y la cámara, como ampliaciones para enterrar algún jefe poderoso y más tarde a otro, o que los cadáveres de los servidores estarían en el corredor. También apunta: ."la piedra que formaba el techo de la cámara (que mide 50 cm de grueso) hallábase levantada cuando pudimos medir sus dimensiones; hoy ha vuelto a ser colocada en su primitiva posición-". Cuestión que podría no ser exacta. 
     Carlos Cañal y Migolla también en 1894 habla de visitas de los vecinos y de unos furtivos que rompieron la piedra del suelo de la cámara buscando "tesoros" de los moros. Lo más significativo de la descripción de La Pastora aportada por Cañal es que ya no se entra por el techo, refriéndose a una cancela de hierro - "que libre a tan interesante construcción de los que destruyen por placer o de los que lo hacen pensando encontrar tesoros"-... "Después de explorado un metro más de galería, antes cegada, vióse que ésta terminaba, de un modo imperfecto, pero de tal manera dispuestos que claramente indican que aquel fue el sitio por donde la Cueva tenía comunicación con el exterior",,, . Fue Cañal y Migolla quién poco antes de 1894 realiza la primera operación de carácter constructivo (Cañal, 1994), siendo de orden menor. 
     Consistió en la extracción de la tierra acumulada en la galería hasta llegar a lo que se supuso entonces como entrada a la cueva; en la colocación de una cancela de hierro en la citada entrada, para la protección del monumento; en el cierre del hueco practicado en el descubrimiento (que fue el acceso hasta ese momento) y en el relleno superior del mismo con tierra (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La zona arqueológica de Valencina se localiza en la parte más alta del Aljarafe sevillano, superando sus límites hasta alcanzar a la vecina localidad de Castilleja de Guzmán. Su extensión superior a las 400 ha lo convierten en uno los más grandes asentamientos del tercer milenio anterior a Cristo. A juzgar por la cantidad y magnitud de las construcciones megalíticas, Valencina debió ser un gran centro económico, social y ritual en su época.
     Conocido e investigado desde finales del siglo XIX, ha sido objeto de numerosas excavaciones arqueológicas que han sacado a luz construcciones del primitivo poblado como fondos de cabañas, silos o fosos, pero también monumentales construcciones funerarias que la convierten en uno de los principales focos del megalitismo peninsular y verdadero centro neurálgico durante el tercer milenio antes de nuestra era.
     Resalta la singularidad de algunas de las construcciones de la necrópolis como los túmulos que cubren estructuras de varias decenas de metros, como el dolmen de La Pastora y el de Matarrubilla, que a su vez se encuentran rodeados de numerosas y variadas estructuras que dibujan un paisaje funerario único.
     Al este de la localidad de se sitúa el dolmen de La Pastora. Se trata de un tholos que muestra el corredor más largo de la península ibérica, siendo además significativa su anómala orientación astronómica al ocaso cuando la norma suele ser al amanecer. Esta caracterización, unida a su diseño constructivo, sus dimensiones o algunos de los objetos recuperados como las puntas de jabalina, le otorgan una consideración que supera su valoración como sepulcro para realzar su significación como lugar sagrado de especial relevancia. Las antiguas fechas manejadas están siendo superadas por investigaciones en curso que retrotraen su construcción varios cientos de años.
Horario
     Martes a domingos de 9:00. a 14:00 previa reserva (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Solemnidad Litúrgica de la Madre del Buen Pastor
   El ocho de septiembre de 1703, en la Alameda de Hércules hispalense, el Venerable Padre Fray Isidoro de Sevilla, capuchino, presentó al pueblo sevillano una novedosa y consoladora advocación mariana que, desde la Ciudad del Betis, como el más precioso tesoro que esta ciudad ha hecho a la Iglesia, había de arraigar en todo el orbe católico: la Divina Pastora. Indisolublemente unido al origen de este venerado título mariano está el de su Primitiva y Real Hermandad, que habría de ser el cauce escogido por el capuchino fundador para consolidarlo y difundirlo: arzobispos, reyes, nobles, junto al pueblo de Sevilla, la honrarían y se honrarían desde entonces al inscribirse en sus filas. En un principio, el Padre Isidoro escogió la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María como la memoria litúrgica más apropiada para conmemorar a la Divina Pastora: María, plenamente glorificada y coronada, ejerce su pastorado sobre el cuerpo místico de su Hijo.  
   Consciente de la ventaja de tener una fiesta propia, en 1781 el Beato Diego José de Cádiz terminó un Oficio entero de la Divina Pastora, que envió al Ministro Provincial, José Félix de Sevilla, para que lo presentara en el Capítulo General de 1782 y se acordase pedir su aprobación y uso a la Sagrada Congregación de Ritos. Pero la gestión quedó infructuosa. Seis años después, en 1788, habiendo repasado sus textos eucológicos, que componen un segundo Oficio, decidió presentarlos a la Sagrada Congregación de Ritos para su aprobación, acompañados de un documento postulatorio razonando la oportunidad de la nueva fiesta, para lo que buscó el apoyo regio, pero la muerte primero del Confesor del Rey y a continuación la de este mismo frustró sus proyectos. Habiendo de celebrarse en Roma Capítulo General de la Orden Capuchino en mayo de 1789, por lo que les hace llegar a los vocales de su Provincia de Andalucía el expediente completo. El Padre Definidor de Lengua Española, Nicolás de Bustillo, se encargó de gestionarlo ante la Santa Sede, pero el asunto se quedó estancado. Intentó de nuevo el Beato Diego conseguir el apoyo regio, que se presentaba casi indispensable, presentando un memorial a la Reina María Luisa, fechado en Ronda, el siete de junio de 1793, en el que amplió su petición: no sólo a los capuchinos, sino a todo el clero secular y regular de España. La Reina debió consultar con el Rey Carlos IV, su marido, y remitieron el expediente a su primer ministro Manuel Godoy, que lo pasó al Inquisidor General, Manuel Abad y Lasierra, para que diera su parecer, que aconsejó desestimar la petición.
   La actitud regia debió cambiar a raíz de su Memorial a Carlos IV de 1794, sobre los medios espirituales necesarios en la guerra entablada contra la Francia revolucionaria en 1793, que resultó favorable a España. Fue finalmente Pío VI Braschi el que por el rescripto del uno de agosto de 1795, gracias al impulso del Beato Fray Diego José de Cádiz como vemos, el segundo gran apóstol de la Pastora, concedió a los capuchinos de España una fiesta con Oficio y Misa propios como Patrona de sus misiones para la Segunda Dominica de Pascua titulada Bienaventurada Virgen María, Madre del Buen Pastor Jesucristo con rito doble mayor, a los que se les dio rápidamente el regium exequátur. Este Oficio fue ampliado, a instancias del P. Nicolás de Bustillo, entonces General de la Orden, por rescripto de Pío VII Chiaramonti de once de enero de 1806 con las lecciones del primero y tercer nocturno de maitines como también la misa, si no obra del Beato Diego sí dependiente de su doctrina, todo revisado por el Prefecto de la Sagrada Congregación de Ritos y por el Promotor de la Fe.  De los textos, sabemos que la oración colecta fue compuesta por el citado capuchino Nicolás de Bustillo, y las lecciones son de San Bernardo, y no de San Ildefonso o de San Antonino como en los textos del Beato Diego, y en 1817 se nos transmite una noticia de que los Oficios del Beato Diego están pendientes de aprobación en Roma desde 1796; quedan por lo tanto en el anonimato.
   Por decreto de diez de enero de 1801 el mismo Pío VII citado concedió al episcopado del Gran Ducado de Toscana para el primer domingo de mayo con el rito de doble mayor que se pudiera rezar de la Bienaventurada Virgen María con el título de Madre del Pastor Divino. Esta devoción había arraigado la devoción gracias a uno de los oradores capuchinos italianos más importantes de su época, el P. Claudio de la Pieve, que la había adquirido en un viaje suyo a España.  La súplica al Papa había sido dirigida el uno de diciembre de 1800 por el Obispo de Colle di Val di Elsa, provincia de Siena y diócesis sufragánea de Florencia, en representación de los obispos del Estado de Toscana, en acción de gracias por haberse librado del traumático azote napoleónico. El Oficio y misa propios presentados por el episcopado toscano fueron revisados también por el Prefecto de la Sagrada Congregación de Ritos y por el Promotor de la Fe, y se extendieron a casi todos los sitios que celebraban la fiesta, incluidos los capuchinos, que abandonaron los suyos. El Beato Pío IX Mastai Ferretti concedió la fiesta a muchas diócesis y congregaciones: a los alcantarinos de Nápoles por el Breve Omnibus de doce de junio de 1849, que fue extendida a petición de Fernando II Rey de las Dos Sicilias a todo su reino, fijándola en veintiuno de mayo; a las religiosas del Buen Pastor y a las benedictinas de Campo Marzio, en Roma, en 1859; al Obispado de Bagnoreggio, Italia, en 1860; a los de Linares y Guadalajara, Méjico, en 1861. 
     Por decreto de ocho de enero de 1863 de la Sagrada Congregación de Ritos, con la anuencia del citado Beato Pío IX, tras petición firmada por diez cardenales, seis patriarcas, treinta arzobispos, noventa y cinco obispos, dieciocho generales de órdenes y congregaciones religiosas, nueve procuradores y tres comisarios apostólicos de otras tantas, fue establecido que se concediera esta fiesta con rito de doble mayor a todas las diócesis y familias religiosas que lo solicitaran, con los textos eucológicos toscanos. Entre las concesiones a partir de entonces podemos citar las siguientes: a los monasterios cistercienses de Francia en 1863; a la Diócesis de Alatri, Italia, en 1866; a los Misioneros de la Preciosísima Sangre para el primer viernes de junio; a los Mínimos para el primer domingo de octubre; a los Redentoristas y a las Religiosas del Buen Pastor para el tres de septiembre, pero con el Oficio de los capuchinos españoles; a los Euditas, que lo habían pedido en 1874, en 1895. No habiéndose instaurado la fiesta todavía en Sevilla, la cuna de la devoción, el presbítero José de la Fuente y Zabalegui, comisionado por el cabildo de oficiales del veintidós de mayo de 1875 de la Primitiva Hermandad de la Divina Pastora, dirigió una petición al Cabildo Catedral el dos de febrero de 1876 para que instara al Arzobispo lo solicitara de Roma.  
     Tras haber sido examinada la petición por la Diputación de Ceremonias, acordó el Cabildo elevarla al Cardenal Arzobispo de la Lastra y Cuesta para el domingo segundo después de Pascua con rito de doble de segunda clase. El prelado expidió sus letras para ello al Papa el ocho de abril de 1876. Pero menos de un mes después, el cinco de mayo, murió dicho cardenal, por lo que hubo de esperarse al plácet de su sucesor.  Habiendo tomado posesión su sucesor, Joaquín Lluch y Garriga, y obtenido de él el plácet, en este caso se extravió en Roma la petición citada, y fue preciso enviar un certificado de ella. El decreto fue expedido por fin el uno de febrero de 1878. Aunque se pidieron y fueron concedidos el Oficio y la misa de los capuchinos españoles aprobados en 1806, los textos que finalmente se instauraron fueron los toscanos. Por fin en 1882, se celebró el veintitrés de abril en Sevilla la Fiesta de la Madre del Divino Pastor, señalada en el II Domingo después de Pascua, con rito de segunda clase.
     El veintinueve de octubre de 1885 el Procurador General de los Menores Capuchinos, Bruno de Vinay, a instancias del que hasta entonces había sido Comisario Apostólico de España, en nombre de sus súbditos, pidió al Papa la concesión a toda su Orden de la fiesta de la Madre del Pastor Divino para el segundo domingo después de Pascua con el rito mayor de segunda clase, con la misa y Oficio aprobados para los capuchinos españoles y de otras provincias. Fue aprobada la petición por rescripto de León XIII Pecci de diecinueve de noviembre de dicho año 1885, que el cuatro de diciembre de 1894 concedió a la Orden Capuchina, pero con el Oficio y misa de Toscana. En el actual Propio de la Diócesis de Sevilla, aprobado el diecisiete de junio de 1977 por la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, está inserta como memoria libre para el sábado anterior al Domingo IV de Pascua, del Buen Pastor, La Bienaventurada Virgen María, Madre del Buen Pastor. Los textos eucológicos actuales se encuentran en el Misal Franciscano en español, aprobado por Decreto de la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino el 17 de junio de 1980 para uso de las familias franciscanas hispanas (Prot. N. CD 892/79). 
      Éste señala para el sábado anterior al Domingo IV de Pascua para la Orden Capuchina la Fiesta de la Divina Pastora, Madre del Buen Pastor (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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jueves, 13 de febrero de 2025

El sitio arqueológico La Emisora, en Valencina de la Concepción (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico La Emisora, en Valencina de la Concepción (Sevilla).
     Hoy, 13 de febrero es proclamado en 2011 por los estados miembros de la UNESCO y adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2012 como Día Internacional, el 13 de febrero se convirtió en el Día Mundial de la Radio, así que hoy es el mejor día para Explicarte el sitio arqueológico La Emisora, en Valencina de la Concepción (Sevilla).
     Se documentan abundantes estructuras del poblado de Valencina (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la designación del día de hoy como Día Mundial de la Radio:
   La radio es un medio poderoso para celebrar la humanidad en toda su diversidad y constituye una plataforma para el discurso democrático. En el plano mundial, la radio sigue siendo el medio de mayor consumo. Esta capacidad única de llegar a la más amplia audiencia significa que la radio puede dar forma a la experiencia de diversidad de una sociedad, erigirse como un escenario para que todas las voces se expresen, estén representadas y sean escuchadas. Las emisoras de radio deben servir a comunidades diversas, ofreciendo una amplia variedad de programas, puntos de vista y contenidos, y reflejar la diversidad de audiencias en sus organizaciones y operaciones.
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domingo, 13 de octubre de 2024

La Hacienda y Capilla de Torrijos, en Valencina de la Concepción (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda y Capilla de Torrijos, en Valencina de la Concepción (Sevilla)
     Hoy, domingo 13 de octubre (segundo domingo de octubre), se celebra tradicionalmente la Romería de Torrijos, en la Hacienda del mismo nombre de Valencina de la Concepción, así que hoy es el mejor día para Explicarte la Hacienda de Torrijos, en Valencina de la Concepción (Sevilla).
     Pese a ser propiedad particular, la capilla está muy relacionada devocionalmente con el pueblo. El retablo mayor y único es dorado y pintado, tiene columnas corintias y pertenece a fines del siglo XVIII, si bien las esculturas son más antiguas. La principal es el Cristo de Torrijos, talla de tamaño natural, en que Jesús se presenta atado a la columna con saya bordada, pudiéndose fechar la imagen a fines del siglo XVI. Otras figuras del retablo son un relieve de la cabeza de San Pedro, buena talla del siglo XVII, una escultura de San Miguel arcángel del siglo XVIII, que se halla en el remate, y una Virgen del Rosario, del mismo siglo. Por las paredes de la capilla hay varios lienzos, entre los que pueden citarse el de Santa Rosa de Lima y el de la Imposición de la Casulla a San Ildefonso, ambos del siglo XVIII. Hay también varios lienzos del XIX y numerosísimos cuadros de exvotos fechados entre 1700 y 1900.
     Muy interesante y abundante es la colección de lámparas de plata de distintos tamaños y épocas. Las más antiguas datan de la primera mitad del XVII y la más moderna de la primera mitad del XVIII (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
      La histórica hacienda, y antigua población, de Torrijos se ubica junto a la carretera que une Valencina de la Concepción, de cuyo casco urbano dista apenas unos cientos de metros, y Salteras. Un carril flanqueado por árboles conduce al caserío, que se asienta sobre una loma desde la que se divisan las tierras que forman la finca: los Matos, los Llanos, el Alamillo, la Sopa del Vino, la Cañada del Vino y el Catalán. No obstante, no fue éste su acceso original, ya que todavía se conserva, aunque en desuso, una avenida bordeada de eucaliptos ¿el denominado camino "del Pozo" que sale de la portada, toma el sentido opuesto al del acceso actual y enlaza con la cañada de los Carboneros, lo que evidencia, una vez más, la decisiva importancia de las vías de comunicaciones en la orientación de las construcciones agrícolas.
     El conjunto se articula básicamente en torno a un amplio patio, en el que se disponen todas las dependencias, contando con un jardín trasero de considerable extensión, que en origen debió ser la huerta. Su estado de conservación es bueno a pesar de haber perdido su función originaria la mayoría de las dependencias. La fachada es, como todo el edificio, muy sencilla, contemplándose ante la misma diversos rulos y soleras de molino. En el ángulo izquierdo aparece una de las referidas torres, en este caso la de contrapeso del molino de viga, que se disponía a lo largo de la fachada. La portada presenta un arco escarzano y, por encima, el nombre de la explotación y un reloj de sol flanqueado por sendos azulejos de San José y de la Inmaculada. El patio es terrizo y en fachada se sitúa, además del molino, la vivienda de los caseros a la izquierda de la portada y, a la derecha, otra nave que fue granero. En la crujía de la izquierda se encuentra, junto a la nave de la viga y paralela a ella, la bodega de aceite así como la gañanía y la oficina. Tras estas dependencias hay una amplia nave para el aderezo de las aceitunas. Al fondo del patio se encuentran, además del acceso a un pequeño patio con una cuadra, los dos elementos más significativos de la hacienda, la capilla y el señorío, que merecen especial atención. Por último, el costado derecho de este patio se cierra mediante una simple tapia. 
     La capilla de Torrijos es un importante foco de peregrinación al ser el santuario donde se venera la efigie de un Cristo atado a la columna de gran devoción en la zona. El oratorio cuenta con un pequeño acceso, tapizado por una interesante colección de exvotos dieciochescos y decimonónicos. De igual forma, diversos azulejos relatan la historia de este recinto, haciendo mención a su renovación en 1896 y a la visita que realizó el 28 de febrero de 1908 el entonces príncipe de Asturias, don Alfonso de Borbón y Battemberg. En su interior, su reducido espacio se jerarquiza claramente. El presbiterio, al que da acceso un arco triunfal en cuyas enjutas hay dos escudos de caballeros, está presidido por un retablo neoclásico, mientras por el resto de la capilla se reparten diversas tallas, pinturas y lámparas de diversas épocas.
     El señorío, por su parte, se distribuye en torno a un patio cerrado y porticado. Compone una suntuosa residencia e doble altura, con llamativos arcos apuntados en la galería alta, escudo y torre mirador de claro carácter defensivo, vestigio quizás de la primitiva alquería. El interior del señorío está muy cuidado, mostrando una interesante decoración. 
     Las referencias históricas que se tienen de Torrijos son muy remotas. A pesar de no aparecer citada en el Repartimiento de Sevilla, con anterioridad debió ser una alquería musulmana. Su compleja y "doble" historia a lo largo de la Baja Edad Media ha sido trazada con precisión por Mercedes Borrero. Al parecer, su primer propietario fue don Nuño Bueno, nieto de Fernán González. Con posterioridad, doña María Alonso Coronel aportó como dote para casarse con don Alonso Pérez de Guzmán la mitad de Torrijos. En 1383, por facultad de Juan I, se instituyó mayorazgo sobre la otra mitad por parte del caballero veinticuatro de Sevilla don Alonso Fernández de Marmolejo y su esposa doña Juana de Orta. En 1446 se produce lo que Ortiz de Zúñiga denomina segunda fundación del mayorazgo de Torrijos al unirse sus dos mitades, existiendo ya entonces el título de señor de Torrijos. En 1672, cuando la finca era propiedad de doña Ana María Manuel Marmolejo, el caserío contaba con vivienda, oratorio, torres, dos molinos, huerta, prado y alameda, así como 178 fanegas de tierra calma, 106 de viña y 276 aranzadas de olivar. En 1679 se solicita el derecho de capilla para la hacienda. En 1730, el célebre escultor y ensamblador del Barroco sevillano Pedro Duque Cornejo arrienda parte de las tierras de Torrijos. Por último, cabe indicar que en 1896 se renovó la capilla, siendo su dueño don José María Diosdado y del Castillo, del cual descienden los actuales propietarios, los marqueses de Casamendaro y Angulo. 
     La extensión de la finca en la actualidad es de 238 ha, la mayoría de las cuales se dedica al cultivo del olivo manzanillo, del que hay más de 8.500 pies, y el resto a tierra calma. El caserío, de imponente desarrollo horizontal y planta cuadrada, ofrece cierto aspecto de fortaleza al estar rodeado por una alta tapia, con arcos ciegos decorativos de tradición mudéjar en la parte trasera, y debido a la presencia de varias torres almenadas. Ricardo Ronquillo lo cree construido en el siglo XVI, pero tenemos diversas referencias de época muy posterior. Así, en 1719 el arquitecto Juan Navarro, maestro mayor de la Real Audiencia de Sevilla y del duque de Medinaceli y autor de la Hacienda de Torrequemada en Gelves, reconoció y declaró que estaba efectuando obras en el heredamiento de Torrijos, propiedad entonces del conde de Torrejón y marqués de Valencina. En 1769 se hicieron nuevas obras en el edificio, llevadas a cabo por Domingo de Chaves, maestro alarife de los Reales Alcázares y de la Casa de Contratación, por encargo del conde de Maceda y de la Fuente del Saúco y que ascendieron a 51.000 reales.
     El edificio se encuentra situado dentro de una propiedad particular, no obstante, la capilla está muy relacionada devocionalmente con el pueblo, como lo demuestran la gran cantidad de exvotos que se conservan. Es de planta rectangular de una sola nave con cubierta plana y cabecera con bóveda de cañón. 
     La hacienda es una construcción del siglo XVII pero al ser una propiedad particular destinada a las labores agrícolas, ha sufrido varias transformaciones, la más importante fue la de 1896, fecha que aparece con una inscripción a la entrada del pueblo. 
     Se celebra la fiesta y la romería  a la ermita el segundo domingo de octubre (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Hacienda de Torrijos, considerada Bien de Interés Cultural, originalmente fue concebida como fortaleza militar árabe. Aún quedan sus murallas y torres.
     La capilla es un edificio de propiedad privada, enmarcado dentro de la hacienda, pero desde el hallazgo de la imagen del Cristo de Torrijos se convierte en centro de devoción pública abierto al culto diario. Está presidida por la imagen del Santísimo Cristo de Torrijos, sobre el único retablo existente, dorado y pintado con columnas corintias de finales del siglo XVIII. También aparece en el retablo un relieve de la cabeza de San Pedro datada en el siglo XVII; una escultura del Arcángel San Miguel en al ático, del siglo XVIII, y una imagen de la Virgen del Rosario, sentada, de la misma época, y ubicada en una hornacina a los pies del Cristo de Torrijos.
     En las paredes hay varios lienzos, entre los que destacan una Santa Rosa de Lima y la Casulla de San Ildefonso, del siglo XVIII. Es interesante la colección de lámparas de plata que cuelgan del retablo, siendo la más antigua de la primera mitad del siglo XVII. 
     La capilla fue renovada en 1896, tal y como consta en un azulejo recordatoria en la puerta interior, por José Mª Diosdado y del Castillo, su propietario. Desde el interior de la capilla se accede al llamado Patio de los Jazmines, que comunica la estancia con la vivienda privada de los propietarios, los Sres. De Silva y Mendaro, y donde aparece el pozo existente en el hueco de la muralla donde se halló la Imagen del Cristo de Torrijos, el 29 de septiembre de 1600. 
Horario
Invierno
Tardes de 16:00 a 19:00.
Domingos y festivos: De 10:00 a 13:00
Verano
Tardes de 18:00 a 21:00.
Domingos y festivos de 9:30. a 13:00 (Turismo de la Provincia de Sevilla).
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miércoles, 2 de octubre de 2024

El sitio arqueológico Ángel de la Guarda, en Valencina de la Concepción (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Ángel de la Guarda, en Valencina de la Concepción (Sevilla).
     Hoy, 2 de octubre, Memoria de los Santos Ángeles Custodios, que, llamados ante todo a contemplar en la gloria el rostro del Señor, han recibido también una función en favor de los hombres, de modo que con su presencia invisible, pero solícita, los asistan y aconsejen [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte el sitio arqueológico Ángel de la Guarda, en Valencina de la Concepción (Sevilla).
   La urbanización de la zona ha hecho aparecer fragmentos de ladrillos, tejas, ánforas romanas y sigillata clara D (tipo D 1) (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de los Ángeles;
Los Ángeles
   El Dios uno y trino de los cristianos no está solo en su Paraíso. Como un monarca en su corte, alrededor de él hay guardianes y milicias, ministros que le sirven de intermediarios con los hombres y transmiten a éstos sus instrucciones: son los ángeles. Los espíritus del Mal contra los cuales debe luchar, se reclutan entre los ángeles rebeldes: son los demonios.
I. Orígenes orientales
   Esta concepción antropomórfica de la divinidad se tomó de las religiones orientales, principalmente del mazdeísmo persa. Como escribía muy justamente Franz Cumont: «El hombre siempre organiza el cielo a imagen de la tierra y la creencia en los mensajeros divinos ha debido desarrollarse en la época de los Aqueménidas, cuando se representaba a Dios como a una especie de gran rey sentado en un trono, rodeado por sus dignatarios y enviando constantemente a través de su vasto imperio correos encargados de transmitir sus órdenes. El reino celeste se mantuvo, incluso en la tradición cristiana, como una reproducción de la corte del rey de Persia.» La mejor prueba  de estos orígenes extranjeros es que los ángeles no han recibido un nombre hebreo como su señor Yavé, sino que se designan con el vocablo griego aggelos (anguelos), mensajero, del cual deriva el latino angelus y tienen un papel muy secundario en los Libros de Moisés donde se los llama, simplemente, hom­bres.
   En el Génesis (18:2, 19:1) se trata de tres «hombres» que vienen a predecir a Abraham el nacimiento de su hijo Isaac, de dos jóvenes alojados por Lot que le agradecen la hospitalidad haciéndole escapar del incendio de Sodoma. Un ángel solitario llega con la contraorden del sacrificio de Isaac en el último minuto, lucha con Jacob en la orilla de un vado, predice a Manoab el nacimiento de Sansón, alimenta a Elías en el desierto... Pero tales intervenciones son escasas. Será en la época del Exilio cuando los ángeles, asimilados a los querubines alados de Nínive y de Babilonia, tendrán mayor espacio en los escritos de los profetas que los representan, inconscientemente, como los servidores jerarquizados de un monarca asirio. 
   El Libro de Tobías, fuente esencial de la angelología y de la demonología hebreas, en el cual el papel principal corresponde al arcángel Rafael al que se opone el demonio Asmodeo (persa Eschma), príncipe de las tinieblas en la religión iraní, no es otra cosa que un cuento persa.
   Pero aunque la concepción de los servidores y los adversarios de Dios es persa, su representación en el arte cristiano debe más al arte griego o grecorromano que al de Persia, como lo veremos más detalladamente al estudiar la iconografía de los ángeles y los demonios.
   Sin dejar de lado el recuerdo de los toros alados de Nínive (kherubim) que obsesionaron a los profetas del Exilio, todo parece indicar que los ángeles alados del arte cristiano son sólo imitación de las Nikés griegas. La filiación iconográfica es evidente. Se la puede seguir en los bajorrelieves de ciertos sarcófagos paleocristianos, donde los ángeles que planean sosteniendo coronas triunfales tienen exactamente la misma actitud que las Victorias antiguas. Por ello es cierto que así como los angelitos proceden de los Eros niños o Cupidos paganos, sus hermanos mayores, los grandes ángeles alados, son sólo Nikés viriles.
II. Funciones de los ángeles
   Antes de estudiar la iconografía de los ángeles, anónimos e individuales, conviene precisar las funciones que tienen en el reino celestial.
   Las funciones de los ángeles son múltiples y de extrema diversidad.  En general. puede decirse que son instrumentos de la voluntad divina. Así como una herramienta es una prolongación de la mano humana, ellos prolongan y acaban por reemplazar en la iconografía a la Mano de Dios (Manus Domini).
   Pero no están sólo al servicio de la divinidad, también se ponen al servicio de los hombres. Pueden distinguirse estos dos aspectos de su actividad.
a) Los ángeles al servicio de Dios
   De acuerdo con el sentido etimológico de su nombre, los ángeles son esencialmente los mensajeros de Dios. En la religión judeocristiana tienen las mismas funciones y los mismos atributos que el dios griego Hermes, el Mercurio de los romanos. Ese papel corresponde sobre todo al arcángel Gabriel que anunciará a la Virgen María que fue elegida entre todas las mujeres para ser la madre del Salvador. Pero son ángeles anónimos los que anunciaron a Abraham el nacimiento de Isaac, quienes advirtieron a los Reyes Magos y a José los peligros a evitar, los que explicaron a las Santas Mujeres que Cristo había resucitado frente a la piedra caída que cerraba el Sepulcro vacío. 
   El papel de los mensajeros no consiste sólo en transmitir consignas, advertencias o amenazas. De las palabras pasan a la acción: uno de ellos detuvo el cuchillo de Abraham.
   Los ángeles no se limitan a llevar los mensajes de Dios. Entre ellos se recluta la corte, la milicia y el tribunal celestiales. Hay ángeles cortesanos, guerreros y justicieros. 
   Para rendir homenaje a su soberano, de acuerdo con las costumbres orientales, llevan las manos veladas en signo de respeto. Los occidentales están inspirados en la liturgia de la misa, se los concibe más bien como diáconos o niños del coro celestial, balanceando un incensario o sosteniendo un cirio en la mano, son los ángeles turiferarios y ceriferarios.
   Dios Padre no es su objeto único de adoración. Se ponen al servicio de Cristo Encarnado, hijo unigénito de su Señor, desde su nacimiento hasta su muerte en la Cruz. Anuncian su Natividad a los pastores, guían la estrella que señala a los Reyes Magos el camino de Belén. Se posan sobre el techo de paja de la cabaña para entonar el Gloria in Excelsis y ofrecen al recién nacido un concierto de voces e instrumentos. Lo siguen durante la Huida a Egipto ofreciéndole agua en una concha y dátiles, para calmar su sed y su hambre; se convierten en sus compañeros de juego sin olvidar nunca el respeto que le deben.
   Cuando Jesús llega a la edad adulta, asisten a su Bautismo y cuidan sus ropas a orillas del Jordán. No lo abandonan en la Pasión, lo reconfortan durante la agonía en el monte de los Olivos, y recogen su preciosa sangre en cálices revolando en torno a la cruz como una bandada de golondrinas quejumbrosas.
   La Madre de Cristo también tiene derecho a sus homenajes: ellos la alimentan en el Templo; la rodean gozosamente en el momento de su resurrección para elevarla al cielo donde se convertirá en su Reina; le sirven como pajes en la ceremonia de la Coronación llevando la cola de su traje sobre las nubes, y en el Paraíso forman su guardia de honor.
   A veces los pajes se transforman en caballeros, son los defensores de la ciudad celeste. Al mando del arcángel Miguel, general en jefe (archiestratega) de las milicias celestes, rompen lanzas contra los enemigos de su soberano y precipitan en el abismo a los rebeldes.
   Finalmente, son los ejecutores de la justicia divina. Un ángel expulsa del Paraíso a Adán y Eva y les prohíbe la entrada, armado de una espada flamígera. Cuando el faraón se obstina en desafiar las órdenes de Dios y se niega a liberar a los israe1itas, lo castigan ángeles exterminadores que matan a su hijo mayor y a los primogénitos de los egipcios. En el Juicio Final, los ángeles rodean a Cristo Juez y llevan como triunfos los instrumentos de su Pasión; en el arte bizantino los dos comandantes de taxiarquía, Miguel y Rafael, montan guardia a ambos lados del trono divino. Resucitan a los muertos soplando sus olifantes, introducen en el Paraíso a los elegidos y empujan a los réprobos hacia la boca del Infierno.
b) Los ángeles al servicio de los hombres
   Los hombres con derecho a la asistencia de los ángeles son, sobre todo, los profetas, mártires y santos.
   Elías en el desierto, Daniel en la fosa de los leones, son aprovisionados gracias a ellos.
   Los ángeles no sólo protegen contra las trampas y las tentaciones del demonio a los mártires, durante su vida; además, en el momento en que van a morir, aparecen en el cielo para recibir sus almas y otorgarles la corona de los elegidos. Los «cefalóforos», que después de haber sido decapitados, llevan su cabeza en las manos, están enmarcados y guiados fraternalmente por dos ángeles hasta el lugar de su sepultura. Un ángel inspirador, semejante a la Musa antigua, se ocupa del escritorio de los Evangelistas, guía la mano de San Lucas que pinta el retrato de la Virgen, dicta a San Gregorio las Homilías.
   La protección de los ángeles se extiende a los simples pecadores. Cada uno de ellos tiene su ángel guardián, o de la guarda, semejante al misterioso compañero del joven Tobías, que lo reconforta a la hora de la muerte y que conducirá su alma al Paraíso para depositarla en el seno de Abraham, si el mortal es digno de ello. En la escultura funeraria se ven ángeles que separan piadosamente la cortina del lecho mortuorio y deslizan una almohada bajo la cabeza del yacente.
   En el día del Juicio, ayudan a los muertos a salir de sus tumbas y transportan a los justos en sus brazos fraternales.
   Tales son las principales funciones de los ángeles, vínculos entre un Dios eterno, inaccesible e invisible, y los hombres efímeros. Van y vienen del cielo a la tierra, suben y bajan la escala celeste de la visión de Jacob. «Videbitis coelos apertos et angelos Dei ascendentes et descendentes.» Mas por multiforme que resulte su actividad, no debe creerse que el arte cristiano los represente siempre activos en el cumplimiento de sus trabajos de mensajeros, guerreros, justicieros ... Las iglesias están pobladas de innumerables ángeles adoradores y no actores, cuya función es puramente contemplativa.
III. Iconografía de los ángeles en general
   Si la representación de la Trinidad tal como la definen los teólogos presenta a los artistas dificultades insuperables, la figuración de los ángeles plantea problemas de solución igualmente ardua.
   La imprecisión de los relatos de la Biblia no sirve para guiar la imaginación de pintores y escultores. En cuanto a las visiones proféticas o apocalípticas, son tan amorfas y a veces tan monstruosas que parecen desafiar toda transposición plástica.
   El problema es tanto más insoluble por cuanto los ángeles son por definición puros espíritus (pneumata). Al ser incorporales (asomatoi), serán en consecuencia invisibles ¿Cómo dar un cuerpo a lo que no es más que un soplo? Es como si se pretendiera representar el viento o la tormenta.
   El realista Gustave Courbet, burlándose de Delacroix, que había pintado ángelitos en una capilla de Saint-Sulpice, decía con sorna: «Antes de pintar ángeles esperaría que me los mostrasen.» Los maestros anteriores no habían visto más que él; pero ello no les impidió pintarlos a montones ¿De qué forma los encarnaron?
a) El sexo de los ángeles
   Hemos visto que los primeros artistas cristianos habían salido bien del paso representando ángeles según el modelo de las Victorias paganas. La copia no es del todo exacta, puesto que la Niké griega es una figura femenina a diferencia de los ángeles que hasta el final de la Edad Media serían siempre de sexo masculino.
   Los ángeles mancebos representan el tipo más antiguo.
   La Biblia los describe en sus misiones terrestres como bellos adolescentes capaces de excitar los deseos culpables de los sodomitas que insisten a Lot para que se los entregue. Virilidad y juventud: tal es la imagen que se construyó. Se los represen­ta imberbes (los ángeles barbudos son la excepción) y casi siempre rubios; la idea de belleza está con frecuencia asociada con los cabellos dorados.
   Los ángeles mujeres, inspirados sin duda por el sueño de una belleza aún más perfecta que la de los efebos, o tal vez porque la larga túnica blanca que visten habitualmente evoca una vestidura femenina, aparecieron en el siglo XV. Se dice que el pintor italiano Giovanni di San Giovanni escandalizó a sus contemporáneos introduciendo por primera vez ángeles femeninos en una gloria que rodea a la Virgen. Este tipo sensual hizo fortuna en el arte barroco: Correggio, Bernini y más tarde Goya, que hace planear Majas aladas bajo la cúpula de San Antonio de la Florida, han extraído de este motivo obras maestras más seductoras que edificantes.
   En cuanto a los ángeles niños, tienen un origen más remoto. Quizá hayan nacido, como los tres escolares de la leyenda de San Nicolás, de una falsa interpretación de las imágenes, en las cuales, de acuerdo con la reglas de la jerarquía espiritual, estaban representados en pequeño tamaño junto a un Dios gigantesco. La costumbre de representar las almas de los muertos en forma de niños recién nacidos también pudo contribuir a su proliferación. El tema parece ausente en el arte bizantino, pero se lo ve aparecer en Francia a partir de finales del siglo XII, en el dintel del pórtico de Senlis, donde retozan alegremente alrededor de la Virgen resucitada.
   El arte italiano del Quattrocento se apoderó de este gracioso tema, cuyos modelos encontraba en los genios antiguos del arte romano, y se entusiasmó con él. El carácter pagano de estas representaciones está muy marcado. Los deliciosos «putti» que Giovanni Bellini, y después Rafael y Correggio han situado sobre los altares en los cuadros de santidad, en verdad no son sino Eros niños, Cupidos bautizados, apenas rociados por una gota de agua bendita.
   A partir del Renacimiento y en el arte de tema religioso del siglo XVIII, esos angelitos están a veces reducidos a cabezas aladas. Se ha querido ver en ello una reminiscencia de los abanicos litúrgicos o flabelos, cuyas decoraciones muy reducidas por falta de espacio sólo comportan, habitualmente, cabezas de serafines. Es lo que Molanus llama ángeles in imperfecta forma. Éste recomienda la fórmula como la más apropiada a los seres inmateriales. Una cabeza y alas bastan para simbolizar sus caracteres esenciales: la inteligencia y la velocidad de los movimientos. Desde el punto de vista estético no es una creación muy feliz, pero sí el medio más simple y probablemente el único que permite evocar espíritus alados.
b) La vestimenta
   Los angelitos pueden permitirse estar desnudos sin indecencia. Y así los representa Giotto en sus frescos de la Arena (anfiteatro). Los ángeles adolescentes o adultos sólo llevan desnudos los pies, como Cristo y los Apóstoles. Aunque la desnudez sea a veces más casta que ciertas vestiduras, el cristianismo medieval la considera vergonzosa, una humillación, y la reserva a los demonios y a los réprobos.
   Puesto que irradian luz divina y que su pureza es inmaculada, el arte cristiano primitivo los representa vestidos con una larga túnica blanca (stolis amicti candidis, in vestibus albis). Esta túnica de blancura nívea con la que se cubría a los catecúmenos, tiene el mismo significado simbólico que el alba cándida de los sacerdotes. Para resaltar su dignidad se les confiere a veces una toga laticlavia que los asemeja a los senadores romanos.
   El arte bizantino, heredero de esta tradición, se complace en revestir a los ángeles de ropas fastuosas que eran de rigor en las ceremonias de la corte imperial. Como los grandes dignatarios que rodeaban al basileus (emperador bizantino), llevan lorum, botas ligeras de piel púrpura: convertidos en chambelanes celestiales, tienen como insignia la larga vara rematada en bola que enarbolaban los ostiarios del palacio imperial.
   Occidente adopta otras fórmulas que además varían con las modas en el vestir. Los ángeles a veces llevan una simple túnica fruncida y ceñida a la cintura por un cordón, y sobre la frente una delgada diadema rematada en una cruz o una estrella. Pero a partir del siglo XIII, por la influencia del drama litúrgico o auto sacramental, en el cual el papel de los ángeles era representado por diáconos, se extendió la costumbre de conferirles vestiduras sacerdotales (priesterliche Gewandung) que reemplazaron el traje de corte bizantina (byzantinische Hof tracht). Así como Dios Padre lleva la tiara y el palio del papa, los ángeles están cubiertos por una capa eclesiástica, y sobre todo, a causa de su juventud, por una dalmática de diácono con pasamanería, sujeta al pecho por un broche de orfebrería. Con esta pompa los representó Jan Van Eyck en los postigos del políptico de Gante, y Gérard David en El Bautismo de Cristo del Museo de Brujas. 
 Hacia finales de la Edad Media proliferaron los ángeles emplumados como pájaros (gefiederte Engel), o más exactamente revestidos por una malla de plumas que sin duda se tomó en préstamo del guardarropas  teatral de los autos sacramentales. La escultura del siglo XV y principios del XVI ofrece numerosos ejemplos, desde el Pozo de Moisés de Sluter y los retablos de Riemenschneider, hasta la capilla de Enrique VII en Westminster.
c) Las alas y el problema del vuelo
   La característica esencial de los ángeles son las alas, atributo del mensajero celeste que comparten con su colega olímpico, el dios griego Hermes, mensajero y furriel de Zeus.
   Contrariamente a lo que pueda suponerse, los ángeles no siempre han llevado alas. El Antiguo Testamento no las menciona. En el Sueño de Jacob los ángeles necesitan una escala para bajar del cielo y volver a subir, por lo tanto no tienen alas para volar. La idea de ángeles planeando o volando sólo está probada en el judaísmo tardío (I Cron. 21).
   De hecho, el arte cristiano comenzó por representar a los ángeles en forma de hombres jóvenes ápteros. En los mosaicos de Santa María la Mayor todavía están representados sin alas. Es sólo en el siglo IV, en el mosaico del ábside de Santa Pudencia, donde vemos por primera vez un ángel alado, y aun a título de símbolo del evangelista San Mateo.
   Las visiones proféticas de los serafines y querubines polípteros inspirados por la vista de los kerubim babilonios, la imitación de las Victorias y de los genios alados del arte grecorromano,  bastan para dar cuenta de la generalización de este atributo que convenía particularmente a los mensajeros celestiales. El texto de Tertuliano no es el punto de partida de esta innovación iconográfica: él se limitó a registrarla.
   Rígidas como hojas de guadaña o cruzadas como tijeras, las alas de los ángeles resultan visiblemente insuficientes para transportarlos. Es sobre todo el signo, el em­blema del vuelo, antes que un órgano adaptado a su función. Cuando los imagineros carecen de espacio no vacilan en representar un ala desplegada y la otra replegada.
   Con frecuencia son del mismo color que los vestidos que parecen prolongar. Pero para darles más esplendor a estos pájaros del Paraíso que Dante denomina poéticamente los pájaros de Dios (uccelli di Dio), los pintores de la Edad Media se complacen en fijar a los hombros de los ángeles alas multicolores: rojas, azules, doradas, irisadas, oceladas como plumas de pavo real. En las esculturas medievales las alas de los ángeles, generalmente, son doradas.
   ¿Cómo sugerir el vuelo? Este problema, infinitamente más difícil que el de la representación de la marcha o la carrera, en principio fue eludido, o, para decirlo mejor, escamoteado, por los artistas novatos que al no poder resolverlo de una manera satisfactoria se evadieron distrayendo a los espectadores con cortinas de nubes o torbellinos de paños flotantes.
   En el siglo XVI, gracias a los progresos del escorzo, es decir, de la perspectiva aplicada a la figura, los artistas italianos pudieron abordarlo francamente. Para sugerir el vuelo planeado o el aterrizaje en inmersión, se inspiraron en los movimientos de la natación. Los ángeles atraviesan el cielo como los nadadores hienden las olas; descienden verticalmente hacia la tierra como el submarinista se echa de cabeza en el agua. La posición intermedia de las alas invita a la imaginación del espectador a proseguir el movimiento comenzado.
   El arte italiano del alto Renacimiento y de la época barroca consiguió crear la ilusión del vuelo gracias a los escorzos audaces; pero el problema científico, una vez resuelto, se convierte con excesiva frecuencia en lo esencial, a expensas del significado espiritual. La Anunciación, convertida en una ecuación, ya sólo sirve a los virtuosos para exhibir sus conocimientos de mecánica y dinámica. 
   A pesar de la unidad fundamental del arte cristiano, especialmente en la Edad Media, es posible preguntarse si los diferentes países, las diferentes escuelas, no han impreso una marca particular en este tema pancristiano ¿Pueden distinguirse los ángeles italianos de los franceses, alemanes e ingleses? Yo creo que en cierta me­dida puede responderse que sí.
   En Italia, a partir del Quattrocento, después del misticismo de Fra Angélico de cuyos ángeles espiritualizados podría decirse que no tienen cuerpo, prevalece un tipo de ángeles carnales de carácter ingenua o cínicamente pagano.
   Los putti músicos, auténticos niños prodigio que en los cuadros de Bellini tocan el laúd a los pies de la Virgen, tienen la gracia regordeta de la infancia; pero una gracia del todo humana. Los ángeles bailarines de Donatello, que se arremolinan sobre el parapeto del antiguo coro de la catedral de Florencia, son pequeños sátiros desatados. En el siglo XVI, Correggio va todavía más lejos por este camino. Para este voluptuoso artista, los ángeles no son más que Ganímedes de equívoca belleza, a menos que los presente como diablillos traviesos que se permiten toda clase de bromas: el ángel de San Mateo abre las fauces del león bonachón de San Marcos, otro se apodera del casco de San Jorge para tocar la cabeza de un compañero, un tercero olisca como un experto la fragancia del pote de perfume de la Magdalena.
   El arte de los Países Bajos es más respetuoso. Los ángeles de Van Eyck y de Memling ofician gravemente con vestiduras litúrgicas de diáconos.
   En Alemania, especialmente en los grabados litúrgicos de Durero, se observa la búsqueda de la expresión a expensas de la belleza formal.
   Los ángeles tienen amplio espacio en la escultura inglesa de la Edad Media que ha sentido verdadera pasión por ellos, no sólo porque sus alas desplegadas decoran maravillosamente las enjutas triangulares de las arcadas, sino además, porque según un muy popular juego de palabras, Inglaterra se jactaba de ser el país de los angles (Engel-land), es decir, de los ángeles.
   En cuanto a los ángeles franceses, los más exquisitos de los cuales son los del pórtico de Senlis, el Ángel de la sonrisa de Reims y los ángeles irisados del tríptico de Moulins, se distinguen entre todos por su gracia sonriente.
IV. Las jerarquías angélicas
   Los ángeles no son todos iguales. Además de estar especializados también están jerarquizados, como los servidores de los monarcas orientales. Existe, para em­plear una expresión rusa derivada del ceremonial bizantino, una Tchin celeste que comporta numerosos Órdenes, dispuestos de acuerdo con un inmutable protocolo.
   San Pablo habla sólo de cinco jerarquías angélicas. Fue el Seudo Dionisio Areopagita quien, en su tratado De la Jerarquía Celeste, fijó el número en nueve. Dicho tratado, introducido en Occidente por el papa San Gregorio Magno, fue traducido al latín hacia 870 por Juan Escoto Eriugena. La doctrina fue consagrada por la autoridad de Santo Tomás de Aquino y de Dante, que reserva un sitio a San Dionisio Aeropagita en su Paraíso. Bertoldo de Ratisbona sostiene que en los orígenes había diez jerarquías, pero una de ellas se habría  unido a Lucifer, por lo tanto su cuenta concuerda con la de Dionisio Areopagita.
   Desde entonces, teólogos y artistas admiten que los ángeles están divididos en nueve jerarquías, que agrupadas forman tres Órdenes. El primer Orden incluye a los Serafines, los Querubines y los Tronos; el segundo a las Dominaciones, las Virtudes y las Potestades; El tercero a los Principados, los Arcángeles y los Ángeles.
   Según la letanía de Loreto, la Virgen es la reina de las nueve jerarquías de los ángeles.
   Este tema de origen bizantino que decora sobre todo la mesa del monasterio de Chilandari, en el monte Athos, se volvió frecuente en el arte occidental a partir del siglo XII.
   Se lo encuentra dos veces en Chartres, en las arquivoltas del pórtico meridio­nal, en torno al Cristo del Juicio Final, y en la parte superior de la vidriera de Saint Apollinaire. En el siglo XIV vuelve a encontrárselo en la Sainte Chapelle de Vincennes, y en el XV en la catedral de Cahors.
   El arte italiano no lo ha ignorado, como lo demuestran los mosaicos de la cúpula del baptisterio de Florencia, las esculturas del arca de San Pedro Mártir en San Eustorgio de Milán (1339) y las del arca de San Agustín en San Pietro in Ciel d 'Oro de Pavía (1380).
   El retablo del artista primitivo catalán Luis Borrassà, en la catedral de Amberes, no es anterior al siglo XV.
   En Inglaterra, citemos las vidrieras del Priorato de Great Malvern (Worcestershire), y en Austria, un  ciclo muy original pintado hacia 1435 para la iglesia de los Carmelitas de Viena, que estaba dedicado a  las nueve jerarquías de los ángeles (Museo de la abadía de Klosterneuburg) donde la Virgen se encuentra en el centro de cada jerarquía angélica. Para presidir la de las Dominaciones, está acorazada de pies a cabeza como una Juana de Arco.
   Dicho tema se vuelve infrecuente después de la Contrarreforma. No obstante, monseñor Abelly, obispo de Rodez, encargó a Louis Licherie, en el siglo XVII, un cuadro que representa a las nueve jerarquías celestes, a cuyo culto era particularmente adepto (Igl. de S. Étienne-du-Mont, París). En Viena vuelven a encontrarse en 1679 las nueve jerarquías angélicas escalonadas sobre la columna votiva de la Trinidad, levantada sobre la plaza de Graben por Ludovico Bumacini.
   Las jerarquías de los ángeles se insertan en el sistema de los astros. En el Liber Scivias de Santa Hildegarda, las jerarquías agrupadas bajo las arcadas enmarcan la figura de Cristo en su gloria. En el ejemplar de Wiesbaden (siglo XIII), los ángeles mueven las alas alrededor de un disco luminoso, de brillo deslumbrante, que re­presenta a Dios.
   La descripción de Dante en el Paraíso (canto XXVIII) es sólo la transcripción poética de estas miniaturas.
Serafines y Querubines
   Los querubines y los serafines son las dos clases más altas de ángeles de la jerarquía celestial. No son, hablando estrictamente, ángeles en el sentido etimológico de mensajeros, puesto que se mantienen siempre alrededor del trono de Dios, a menos que vigilen el símbolo de éste, el Arca de la Alianza. Son genios toma­dos en préstamo de la mitología babilónica, que personifican la luz cegadora de los relámpagos en un cielo de tormenta. E igual que las nubes ocultan la morada de la divinidad, sus alas replegadas forman la tapa protectora del Arca santa. Serafines y Querubines se diferencian por el número de las alas. Los serafines se caracterizan por seis alas oceladas (son hexápteros), mientras que los querubines sólo tienen cuatro. La fuente de esta iconografía es una visión de Isaías (6: 2): «Alrededor del solio estaban los serafines, cada uno de ellos tenía seis alas: con dos cubrían su rostro, con dos cubrían los pies y con dos volaban.»
   Esta visión de Isaías se explica por las estelas hititas que representan diosas hexápteras del tipo de aquellas que M. von Oppenheim descubrió en Tell Halaf, en Mesopotamia.
   Los serafines decoran con frecuencia los abanicos litúrgicos o flabelos que en Oriente llevan justamente el nombre griego «hexaptériga». Uno de los más bellos ejemplos es el flabelo del tesoro de Stuma (siglo XVI) del museo de Estambul. Esas dos clases de ángeles se distinguen además por su color: los serafines son rojos como el fuego, los querubines azules como el cielo.
   En Occidente, tienen un papel en la decoración de las iglesias romanas: arquivoltas de Saint Révérin (Nièvre), tímpanos de Perrecy les Forges y de Notre Dame du Port en Clermont. En el siglo XVIII, decoran una de las arquivoltas de la portada del Juicio final, en la catedral de Bourges. El tímpano de Semur-en­ Brionnais, donde Cristo aparece entre los cuatro animales del Tetramorfos y dos serafines, ofrece una amalgama de las visiones de Ezequiel e Isaías.
   Agreguemos que un serafín convertido en crucifijo alado aparece en la estigmatización de San Francisco de Asís.
Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potestades y Principados
   Los Tronos son las ruedas del carro de Dios. Tienen forma de ruedas ceñidas y aladas, sembradas de ojos, según la Guía de la Pintura.
   Los atributos de los otras jerarquías angélicas son más vagos y variables.
   Las Dominaciones portan el cetro y la corona, salvo que lleven casco y empuñen una espada. Las Virtudes llevan un libro. Los Principados están vestidos ya como guerreros, ya como diáconos, y llevan una rama de lis.
   Los Arcángeles luchan contra los demonios; los Ángeles, simples soldados del ejército celeste, llevan antorchas o incensarios (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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