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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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lunes, 15 de julio de 2024

El edificio de la calle Madrid, 2 (antiguo Colegio de Propaganda Fide de San Buenaventura)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el edificio de la calle Madrid, 2 (antiguo Colegio de Propaganda Fide de San Buenaventura), de Sevilla.  
     Hoy, 15 de julio, Memoria de la inhumación de San Buenaventura, obispo de Albano, en Italia, y doctor de la Iglesia, celebérrimo por su doctrina por la santidad de su vida y por las preclaras obras que realizó en favor de la Iglesia. Como ministro general rigió con gran prudencia la Orden de los Hermanos Menores, siendo siempre fiel al espíritu de San Francisco, y en sus numerosos escritos unió suma erudición y ardiente piedad. Cuando estaba prestando un gran servicio al II Concilio Ecuménico de Lyon, mereció pasar a la visión beatífica de Dios (1274) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].   
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el edificio de la calle Madrid, 2 (antiguo Colegio de Propaganda Fide de San Buenaventura), de Sevilla.
     El edificio de la calle Madrid, 2 (antiguo Colegio de Propaganda Fide de San Buenaventura), se encuentra en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
     Se trata de un solar, producido como consecuencia de la demolición ilegal de un edificio que constituía buena parte del Colegio de San Buenaventura. Calificado B. Existe una orden de obligada reconstrucción.
     El edificio demolido tenía tres plantas en las dos crujías a la calle Madrid y dos en el resto. Formaba parte del Colegio de Propaganda Fide de San Buenaventura, construido en 1605, que fue casi destruido durante la invasión francesa. En 1620, tras la restauración, fue sede del Museo de Pinturas. Los franciscanos lo habita­ron posteriormente hasta 1835, en que fueron exclaustrados.
     En 1856 fue destruida parte de la primera crujía del convento y capillas laterales de la iglesia en la operación de apertura de las calles Madrid y Bilbao, dentro del conjunto de intervenciones de la ordenación de Plaza Nueva.
     Se le dota, pues, de fachadas a las nuevas ca­lles y se modifican las fachadas interiores al patio, de acuerdo con los cánones estilísticos de la época isabelina, de los que participará toda la intervención de la Plaza Nueva. El arquitecto que llevará a cabo las obras será Manuel Galiana.
     Reformas posteriores, de menor entidad, mo­dificarían las crujías interiores, introduciendo una escalera de servicio y otras dependencias. Organizado el edificio en torno a un patio de grandes dimensiones (15 x 15 m.), con amplias galerías (3,65 m. de anchura) que se adosaban a la medianera de la iglesia, utilizaba sólo como piezas habitables (a excepción de las dos crujías a la calle Madrid) una crujía en L situada al fondo y a la izquierda del patio. En el ángulo inferior izquierdo de éste se instalaba la espléndida escalera, de tres tramos, cubierta con bóveda elíptica y yeserías barrocas. El patio, en tercera crujía, se construía con arquerías en sus cuatro frentes, de arcos semicirculares, sobre columnas toscanas, en planta baja y balcones separados por pilastras en la alta.
     El edificio fue utilizado, hasta su abandono, como almacén de papel. Se demolió en 1977.
     El solar cuenta con una superficie de 1.160 m2. (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
Madrid, 2
. En este edificio se conservan restos del convento de San Buenaventura, entre ellos el patio con galería de arcos semicirculares sobre columnas toscanas en la planta inferior, y balcones, separados por pilastras, en la superior. En uno de los frentes de este patio se encuentra la caja de la escalera cerrada con bóveda [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia;
   El mayor teólogo y el "segundo fundador" de la orden franciscana, motejado el Doctor seráfico.
   Nació en Toscana, cerca de Viterbo, en 1221, en 1238 ingresó en la orden de los hermanos menores. Luego viajó a París, donde se convirtió en alumno de Alejandro de Halès. Allí enseñó teología en la Sorbona, entre 1249 y 1255. En 1256 fue designado general de la orden de los franciscanos, y recibió el capelo cardenalicio. Murió en 1274 en Lyon, siguiendo de cerca a la tumba a su gran rival dominico Santo Tomás de Aquino. Había viajado a esa ciudad en ocasión de un concilio destinado a reacercar, y su fuese posible, a reunir, a las iglesias latina y griega.
   Se cuenta que los enviados del papa encargados de notificarle su ascenso a la dignidad cardenalicia, lo encontraron en su jardín lavando los platos, él les rogó que colgaran el capelo en la rama de un árbol y que esperasen a que terminara la faena.
   Uno de los rasgos más populares de su biografía es su Entrevista con Santo Tomás de Aquino, que forma pareja con la de San Francisco y Santo Domingo. En esta entrevista el dominico preguntó al franciscano en qué libros había encontrado su profundo conocimiento de Dios. Por toda respuesta San Buenaventura corrió la cortina de su biblioteca y descubrió un crucifijo, única fuente de toda su ciencia. 
 Esa anécdota quizá sea una copia de una epístola de San Ignacio de Antioquía, que declaró: "Mis archivos son Cristo, su cruz, su muerte y su resurrección." Se le atribuían las Meditaciones sobre la vida de Jesucristo.
   Habría regresado a su tierra después de su enterramiento, durante tres días, para acabar las Memorias de San Francisco, obra que lo ocupaba cuando lo sorprendió la muerte.
CULTO
   Canonizado en 1482 por el papa Sixto IV, San Buenaventura es el patrón de la ciudad de Lyon, donde murió.
   En 1499, Ana de Beaujeu, hija de Luis XI, donó su cabeza relicario a la iglesia franciscana de Lyon, donde estaba sepultado.
   En 1587 el papa Sixto V lo proclamó doctor de la Iglesia, concediéndole los mismos honores que a Santo Tomás de Aquino.
   En 1600 en Sevilla se inauguró un colegio de San Buenaventura.
   Es el protector y el modelo de los teólogos.
   En Fresnay su Sarthe, en los Alpes, era el santo patrón de los tejedores. Y se lo invocaba para la curación de los panadizos, llamados "mal de San Buenaventura".
ICONOGRAFÍA
   Su tardía canonización explica la relativa pobreza de su iconografía antes del siglo XVI.
   Los franciscanos lo hicieron representar y pintar con un rostro imberbe. En cambio en los cuadros encargados por los capuchinos está representado con una larga barba. A título de monje franciscano y de cardenal, lleva dos vestiduras superpuestas: un hábito ceñido a la cintura por el cíngulo de cuerda, y encima, la cappa magna de los cardenales.
   Su atributo habitual es, además, la mitra episcopal, un capelo cardenalicio colgado de un árbol (el capelo podría hacerlo confundir con San Jerónimo, pero quizá sea el único santo que lleva mitra episcopal y capelo al mismo tiempo). En alusión a su tratado Lignum vitae también se lo representa llevando el Árbol de la cruz (Alberto della Croce) rematado en un pelícano que se abre el pecho para alimentar a sus polluelos con su sangre: es lo que se denomina el Árbol de San Buenaventura o Árbol de la Redención. Su crucifijo biblioteca es tal vez su distintivo más personal.
   Finalmente, para evocar su mote de Doctor Seraphicus, en la orla de la capa lleva bordadas cabezas de serafines con tres pares de alas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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domingo, 11 de febrero de 2024

La Casa Pickman

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa Pickman, de Sevilla.  
     Hoy, 11 de febrero, es el aniversario de la creación (11 de febrero de 1873) del marquesado de Pickman, título nobiliario español creado por el rey Amadeo I a favor de Carlos Pickman Jones,​ fundador de la fábrica de loza de La Cartuja de Sevilla, por su destacada aportación a los procedimientos industriales, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Casa Pickman, de Sevilla.
     La Casa Pickman, se encuentra en la calle Madrid, 4; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
     Casa de cuatro plantas, construida a finales del siglo XIX (h. 1870) para el marqués de Pickman.
     Sus dependencias se organizan a un patio central (16 x 16 m.) y a otro patio de luces, más pequeño, medianero con la casa que estuvo en Madrid, 2.
     El patio central, situado en tercera crujía, viene definido en planta baja por cuatro columnas de mármol situadas en sus vértices, y arcos re­bajados entre ellas; en las dos plantas superiores se cierra con galería acristalada resuelta con carpintería de madera y antepechos de hierro fundido. En estas plantas las columnas de már­mol se sustituyen por columnas de fundición y los arcos por dinteles metálicos.
     Las piezas esenciales de la casa se situaban en la planta primera: el gran salón, que ocupa­ba la crujía de fachada, ricamente decorado con molduras de yeso en muros y techo y gran profusión de espejos en paredes y puertas; el comedor, decorado al gusto francés, con arcos falsos que apean sobre pilares metálicos revestidos con columnillas de madera, y de nuevo, espejos que cubren la casi totalidad de sus paredes. La cocina y otros salones ocupaban el resto de las dependencias de esta planta. El resto de las habitaciones, siempre de una gran amplitud, se distribuían en la planta segunda y en las dos crujías de fachada de la planta tercera.
     El patio principal, actualmente está cubierto, en planta primera, por una cubierta de pavés. La fachada, de composición neoclásica está dividida en tres calles verticales por pilastras avitoladas en planta baja, siendo la calle central la de mayor amplitud. Es una composición absolutamente simétrica, respecto del eje central, en el que sitúa el portón de acceso. De los cinco vanos por planta que se abren a fachada, los de los extremos en la plantas primera y se­gunda tienen adosados cierros metálicos. Fachada de gran sobriedad, recorrida por impostas en cada una de las plantas y rematada por una cornisa -hoy desaparecida- bajo el ante­pecho de la azotea de cubierta.
     La casa ocupa en planta baja una superficie de 440 m2., estimándose para toda la casa una superficie total construida de 1.350 m2. (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
Conozcamos mejor la Biografía del I Marqués de Pickman, promotor de la obra reseñada;
     Charles Pickman Jones (I Marqués de Pickman), empresario, ceramista. Nació en Londres (Gran Bretaña) en 1808 y murió en Sevilla en 1883 cuando contaba 75 años de edad.
     La familia Pickman era fabricante en Inglaterra de loza y cristal desde principios del siglo XIX y exportaba sus productos a la mayoría de países europeos entre ellos España.
    Llegada a España. Charles Pickman, llegó en 1822 a Cádiz siendo muy joven, con la intención de continuar los negocios familiares en España, que su hermano William había desarrollado pero que al fallecer el año antes habían quedado abandonados. En esa época la sociedad opulenta española sentía gran predilección por la cerámica inglesa sobre todo en lo referente a piezas de vajilla y tocador.
    Emprendedor. Este mercado potencial animó a Charles Pickman a decidir fabricar sus productos en España y como conocía Sevilla, aprovechó la desamortización de los bienes eclesiásticos de Mendízabal para instalar su fábrica de loza en el monasterio cartujo de Santa María de las Cuevas, de donde sacará el nombre comercial de sus productos como “La Cartuja de Sevilla” .
    La Cartuja de Sevilla, La fábrica empezó a producir en 1841, con la implantación de nuevos procesos de fabricación estableciendo métodos fabriles novedosos, como la importación de materias primas extranjeras, el empleo intensivo del molde, el uso de maquinaria especializada como los brazos mecánicos y las prensas de estampación para los decorados, el trabajo de operarios especialistas ingleses y toda la experiencia ceramista del fundador que supuso el éxito inicial de la fábrica. El negocio resultó floreciente llegando a convertirse la fábrica de Sevilla en una de las más conocidas de Europa y consiguiendo comerciar con los países hispanoamericanos.
    Relevancia. A medida que fue avanzando la producción ganó prestigio y calidad y así fue como Pickman S.A. recibió numerosos premios y medallas de oro en exposiciones internacionales: París (1856, 1867 y 1878), Londres (1862), Oporto (1865), Viena (1872), Sevilla (1858, 1929 y 1949), Barcelona (1888), Bayona (1864), Filadelfia (1876), etc.
Un hito importante para la fábrica se produce en el año 1871 cuando La Cartuja de Sevilla es nombrada Proveedora de la Casa Real por Amadeo I de Saboya. La calidad y estilo de los productos de La Cartuja de Sevilla han avalado a la fábrica como proveedor de las principales casas reales y aristocráticas, que han visitado la fábrica sucesivamente -Isabel II (1862), Alfonso XII (1873), Regente María Cristina (1892), Alfonso XIII (1904).
    Estilo. Las formas, decorados y colores característicos, comenzaron desde la fundación a crear un estilo propio que se ha convertido en la principal seña de identidad de La Cartuja de Sevilla
    Suceso, En 1904 un yerno suyo que estaba casado con una de sus hijas, que había heredado el título de Marquesa de Pickman, falleció en un duelo, dicho suceso tuvo mucha repercusión en la ciudad, 
    Reconocimientos honoríficos. En 1873, el rey Amadeo I concedió a Charles Pickman el título de Marqués de Pickman por su destacada aportación a los procedimientos industriales.
     Fue elegido Comisario Regio de Agricultura, Industria y Comercio de la provincia de Sevilla y Vicepresidente de la Academia Nacional Agrícola, Manufacturera y Comercial de París.
     En la barriada de Nervión de Sevilla tiene dedicada una importante calle que parte de la Gran Plaza (Sevillanos Ilustres).
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domingo, 15 de mayo de 2022

Un paseo por la calle Madrid

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Madrid, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 15 de mayo, Memoria de San Isidro, labrador, que en Madrid, en el reino de Castilla, juntamente con su mujer, Santa María de la Cabeza, llevó una dura vida de trabajo, recogiendo con más paciencia los frutos del cielo que los de la tierra, y de este modo se convirtió en un verdadero modelo del honrado y piadoso agricultor cristiano (c. 1130) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la calle Madrid, de Sevilla. dando un paseo por ella, puesto que San Isidro labrador, es el patrón de la capital madrileña.
     La calle Madrid es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en el Barrio del Arenal, en el Distrito Casco Antiguo; y va de la calle Bilbao, a la confluencia de la plaza Nueva con la calle Badajoz.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     La vía, en este caso una calle, está dedicada a la capital española.
     Tras su formación en los años 50 del pasado siglo, producto de la ordenación urbana que dio origen a la plaza Nueva, recibió el nombre de Madrid, que mantuvo hasta l897, en que fue rotulada con el de Marqués de Pickman y Jones, primero de ese título, industrial de la segunda mitad del XIX, fundador de la fábrica de cerámica de la Cartuja e impulsor de importantes obras en la Sevilla de la época, que había vivido y muerto en una de sus casas. En 1931 fue sustituido por el de Mario Méndez Bejarano (1857-1931), catedrático y erudito sevillano, autor de estudios literarios y críticos y de un importante diccionario de autores sevillanos. Posteriormente, en 1938 se rotuló, como reconocimiento a la labor de Pedro Parias y González (1876-1938), gobernador civil en los primeros años de la guerra civil y uno de los artífices del triunfo del general Quepo de Llano en julio de 1936. La calle se escogió por situarse en ella la sede del Gobierno Civil de la provincia en ese momento. Finalmente en el año 2000 recuperó su nombre original.
     Es rectilínea y de mediana anchura, posee pavimento asfáltico y aceras de losetas con horquillas para evitar aparcamientos. Se ilumina con brazos de fundición adosados a las fachadas, que en algunos puntos han sustituido a las bellísimas farolas románticas de gas emplazadas en varios edificios. Toda la acera izquierda son traseras de los edificios comerciales y hotel de la plaza Nueva. En la derecha se conserva una sola casa decimonónica, cerrada, y el resto son cons­trucciones muy recientes, de cuatro plantas, destinadas a viviendas. En el núm. 2 hay restos del convento de San Buenaventura (galería de arcos sobre columnas y balcones). Se trata, pues, de una de las calles de esta zona más desnaturalizadas por los derribos de las últimas décadas, pues ofrecía buenos ejem­plares de casas del siglo pasado. Cumple funciones residenciales, tiene poco tránsito y sirve de aparcamiento. Al menos desde principios de siglo tuvo allí su sede el Gobierno Civil, hasta su traslado a las dependencias de la plaza de España. En las primeras horas de la sublevación militar del 18 de julio de 1936 el edificio fue bombardeado por baterías situadas en la plaza Nueva. A finales del s. XIX había en esta calle una parada de "mensajerías-diligencias" para Aracena.
     El tramo final, que concluye en la plaza Nueva, recibió el nombre de Vitoria, en homenaje a la ciudad del País Vasco. Este tramo de la vía es corta y rectilínea y sólo posee una casa en cada acera, las dos de reciente construcción. La izquierda está ocupada en su totalidad por el lateral del Hotel Inglaterra. Está asfaltada y tiene aceras de losetas. Carece de puntos de luz. Es un tramo sin personalidad, con algún bar y pequeña tienda; sirve sólo de paso y soporta un intenso tráfico. En la segunda mitad del XIX era un lugar sucio y descuidado, a pesar de su proximi­dad a la plaza. Así se refleja, por ejemplo, en una información de prensa: "El pedazo de la calle Vitoria, y sobre el costado de la fonda de Londres que forma dicha calle, se ha hecho, por mala costumbre, un orinal público. La fetidez que exhala se deja sentir a gran distancia, siendo insoportable no sólo para los infortunados vecinos que viven en sus inmediaciones, sino hasta para los transeúntes que al pasar tienen que hacerlo a la carrera y tapándose las narices..." (El Porvenir, 3-VII-1859) [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
Madrid, 2. En este edificio se conservan restos del convento de San Buenaventura, entre ellos el patio con galería de arcos semicirculares sobre columnas toscanas en la planta inferior, y balcones, separados por pilastras, en la superior. En uno de los frentes de este patio se encuentra la caja de la escalera cerrada con bóveda [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Isidro, labrador:
LEYENDA
      Santo legendario español que habría nacido en Castilla hacia 1070  muerto en 1130. Su vida y milagros fueron relatados a finales del siglo XIII por Juan Diácono.
      Peón de granja en los alrededores de Madrid, interrumpía su trabajo con frecuencia para rezar. Sorprendido por su patrón, fue reemplazado en el arado por un ángel que terminó el surco mientras él se entregaba a la oración. Hizo brotar una fuente con su laya. Condujo al molino un cargamento de granos que llegó completo, aunque durante el camino hubiera alimentado a las palomas hambrientas. Dio a un pobre la sopa que cocía para sí en el fuego, y la olla se llenó de nuevo, milagrosamente. Salvó a un niño que se había ahogado en un pozo.
      La historicidad de este santo rústico es dudosa. Como en el caso de Santa Eulalia, es posible que se trate de un caso de duplicación o dicotomía. Para competir con Sevilla, Madrid también quería tener un San Isidoro, muy diferente por cierto, al Doctor egregius: un trabajador manual en lugar del intelectual, que trabajaba no con su cerebro sino con sus manos. Pero resulta sorprendente que una ciudad que fue elevada al rango de capital del reino en el siglo XVI haya elegido precisamente a un campesino como santo patrón.
CULTO
      Beatificado cuatro siglos después de su muerte, en 1618, Isidro Labrador fue canonizado en 1622 por el papa Urbano VIII, en la misma promoción que San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y Santa Teresa de Jesús. Su fiesta se fijó el 15 de mayo, en primavera, en la estación de la siembra.
      Su mujer fue igualmente santificada, con el nombre de Santa María de la Cabeza, a causa de su cabeza relicario que los campesinos llevaban en procesión para conseguir que lloviera.
      Se convirtió en patrón de Madrid, donde la antigua iglesia de los jesuitas se transformó en catedral bajo la advocación de San Isidro el Real.
      En Roma, el convento de la iglesia de San Isidoro, cerca de la Porta Pinciana, debe su fama sobre todo a los prerafaelitas alemanes, llamados Nazarenos, que se instalaron allí a principios del siglo XIX, para hacer una vida monástica a la manera de Fra Angelico.
      El culto de San Isidro enjambró en el siglo XVIII en ciertas provincias francesas: en Forez, Picardía y Bretaña, donde está representado como campesino de la región. Su popularidad está igualmente probada en Baviera, en Austria, y sobre todo en el Tirol
      Es el patrón de los labradores y de los granjeros y se lo considera el protector de las cosechas.
ICONOGRAFÍA
      Vestido de campesino, conduce un tiro de bueyes blancos o reza arrodillado mientras un ángel lo reemplaza en el arado. Además del arado suele tener como atributos otras herramientas agrícolas: una podadera, guadaña, mayal e incluso una gavilla de espigas de trigo. Además se lo reconoce porque hace brotar una fuente con un golpe de laya.
      La laya podría hacerlo confundir con San Fiacro. Pero el arado, la hoz y la gavilla de trigo permite identificarlo.
      En Bretaña lleva el traje típico campesino: sombrero redondo con cinta, chaleco bordado y calzones anchos (este caso, muy infrecuente, de un santo español bretonizado es una curiosidad iconográfica que merece subrayarse. San Fiacro, otro santo rústico de origen irlandés, también fue "naturalizado" en Bretaña, pero éste se había convertido en francés por su apostolado en Brie, mientras que San Isidro nunca estuvo en Francia, Santa Zita de Lucca también ha sido representada con la cofia bretona).
      En Alemania a veces forma pareja con Santa Notburga (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Isidro, labrador;
     San Isidro Labrador, (Madrid, f. s. XI – f. s. XII). Santo, patrón de Madrid.
     San Isidro es más conocido por la tradición popular que por los datos auténticamente históricos que se poseen sobre su vida. A pesar de todo, es uno de los pocos santos medievales cuyos milagros fueron recogidos en un códice, redactado en la segunda mitad del siglo XIII y en latín, por orden del rey Alfonso X para la Capilla Real ubicada junto al altar mayor de la parroquia de San Andrés de Madrid, en donde, desde hacía varias décadas, era venerado su cuerpo incorrupto, generando uno de los lugares de peregrinación más importantes de Castilla. El autor del códice fue Juan Gil de Zamora, un cortesano, teólogo, franciscano, sabio escritor, erudito y humanista, colaborador de Alfonso X en su obra hagiográfica, conocida, sobre todo, por Las Cantigas de Santa María.
     De la primera parte de dicho códice es de donde se extraen los escasos datos biográficos que se tienen, luego confirmados, en unos casos, y aumentados, en otros, por la tradición popular, bien intencionada, aunque, desafortunadamente, falta, en algunos casos, de criterio histórico. Se trata de cinco milagros realizados en vida del personaje, todos ellos contextualizados en la realidad social y económica de su tiempo, por lo que, prescindiendo del hecho extraordinario en sí que supone cualquier tipo de milagro, se pueden rastrear conceptos e ideas que ayudan, bien que de manera incompleta, a reconstruir aunque sólo sea algunos retazos de su vida.
     Al no tratarse de una biografía al uso, ni pretender su autor que lo fuera, el códice no señala lugar y fecha de nacimiento, ni filiación ni otros datos que ilustren realmente sobre el ciclo vital del personaje. La tradición señala que nació en Madrid, allá por finales del siglo XI, coincidiendo con la nueva coyuntura histórica que supuso el paso del reino de Toledo a manos cristianas en el año 1085 por el rey Alfonso VI, tras un pacto o acuerdo con el rey taifa Al-Qādir. Madrid y otros lugares pertenecientes a este reino se convierten, así, en zonas fronterizas con la España islámica, muy castigadas por el ataque, primero de almorávides y luego de almohades, todo lo cual determinó el carácter y hasta la vida política, institucional y religiosa de sus gentes. Su vida se desarrolló durante los reinados en Castilla de Alfonso VI, la reina doña Urraca y Alfonso VII.
     Es muy probable que fuese mozárabe, ya que este grupo social fue numeroso en tierras toledanas, es decir, del antiguo reino de Toledo, que comprendía también Madrid y Guadalajara, estableciéndose en los fértiles valles fluviales, dedicándose a la agricultura y sus miembros repartidos en alquerías, aldeas y villas; la mayor parte lo hizo como campesinos independientes o collazos adscritos a la tierra y vinculados a algún señor, caso de san Isidro con Juan de Vargas, un plebes milites, o sea, caballero villano de ascendencia mozárabe que pudo beneficiarse de los repartimientos de tierras de Alfonso VI gracias a los servicios prestados al Rey cuando la toma de Toledo.
     El códice sólo señala que san Isidro estaba casado y era padre de un hijo. Es la tradición la que pone nombre a la esposa, María de la Cabeza, y al hijo, Juan o Illán, el cual de niño cayó a un pozo y fue rescatado sano y salvo por las oraciones de sus padres. De adulto llegó a adquirir fama de santo, cuando marchó a vivir a la ribera media del Tajo, en tierras de Toledo, en donde realizó algunos milagros muy parecidos a los de su padre. El códice señala que san Isidro era un humilde arrendatario que trabajaba a cambio de un sueldo anual, lo cual encaja perfectamente con la definición de collazo, siendo costumbre que estuvo la mayor parte de su vida vinculado a los Vargas, aunque se le conocen otros amos.
     Asimismo, el códice lo presenta trabajando en Madrid y establecido en un campo próximo a la villa, que la tradición, de nuevo, identifica con la heredad de Juan de Vargas en Carabanchel, junto a la ribera derecha del río Manzanares, entonces llamado Guadarrama, en una casa de labor situada en medio de tierras fértiles dedicadas al cultivo de cereales. Recuérdese que dichas tierras ocupan una buena parte de las terrazas fluviales de dicho río y que sobre la casa de labor que ocupó la familia se levantaría, ya en el siglo XV, una ermita, aprovechando el manantial y la fuente construidos por el mismo santo, cuyas aguas tienen propiedades curativas, según fue reconocido por Roma en el propio proceso de canonización. Este hecho llevó a identificar al personaje no sólo como labrador, sino también como pocero, atribuyéndosele muchos de los pozos que hoy día se conservan en distintos puntos de Madrid.
     Los cinco milagros, que se pueden denominar biográficos, muestran a un campesino madrileño que realizaba las labores propias de su oficio: la labranza de la tierra con yugo de bueyes y arado y que acudía al molino a moler trigo en el invierno. Cotejando estas noticias con los datos históricos que se tienen sobre la vida campesina de la época, se encuentra uno con una realidad fehaciente, una agricultura de arado y la práctica de la molienda durante el invierno, después de la siega del verano, cuando el grano, que había permanecido recogido en silos, era transportado a alguno de los molinos hidráulicos madrileños que funcionaban a pleno rendimiento, porque el Manzanares venía muy crecido de agua, cuya energía hacía funcionar la rueda de moler.
     En este contexto se sitúan los dos primeros milagros: el del molino y el de los bueyes. En el primer caso, el santo se dirigía a un molino, que la tradición identifica con el de La Arganzuela, junto al puente de Toledo, en compañía de un mozo o ayudante, para moler trigo, y en mitad del camino ofreció de comer a unas hambrientas palomas, ateridas por el frío y la nieve, siendo objeto de la burla de su acompañante por derrochar de esa manera el trigo. El milagro se produjo cuando, al llegar al molino, los costales de ambos se encontraban repletos, sin que faltase nada.
     La moraleja refleja una idea muy propia de la mentalidad religiosa de la época: la caridad hacia los animales, obra de Dios y seres de la Creación, y la Providencia Divina para quien la practica.
     El segundo milagro muestra cómo el tiempo dedicado a la oración no merma el rendimiento laboral, más al contrario, lo hace fructificar y multiplica sus beneficios, poniendo de manifiesto que la vida del cristiano no se fundamenta exclusivamente en el trabajo, sino también en la oración, en un momento histórico, como el siglo XIII, época de redacción del códice, en que la mentalidad burguesa proponía el trabajo como la única meta de realización personal.
     Según el códice, los compañeros se quejaban al amo de que san Isidro se incorporaba tarde a la labranza, porque desde el amanecer se pasaba la mayor parte del día rezando por las iglesias que había a su alrededor.
     El amo, queriendo comprobar personalmente las acusaciones, espió una mañana a Isidro y observó atónito cómo un yugo celestial de bueyes blancos, a la par que su propio yugo, ayudaba al santo a realizar la labranza, aumentando, de esta manera, los rendimientos y los esfuerzos de su trabajo, supuestamente disminuidos por el tiempo dedicado a la oración. 
   El resto de los milagros se contextualizan no en el trabajo rural, sino en el marco de las prácticas religiosas de la época: el milagro del lobo, el de la olla y el de los pobres. El primero presenta a un Isidro espiritual que no abandonaba la oración ni la posponía ante ningún contratiempo. Unos chiquillos, mientras estaba rezando un día de verano en la iglesia de Santa María Magdalena, identificada con la actual ermita del cementerio parroquial de Carabanchel Bajo, le alertaron de que había un lobo feroz que persiguió a su borriquillo, ocasionándole heridas de muerte. Sin embargo, el santo, pacientemente, terminó de hacer su oración y cuando salió de la iglesia se encontró al lobo muerto y al jumento en perfecto estado. El nombre de la iglesia, uno de los pocos topónimos que aparecen en el códice, y la idea del borriquillo, trasladan al ambiente histórico de una época en que los campesinos se valían de estos animales para sus desplazamientos y como bestias de carga y sin los que no se entiende la gran movilidad de estas gentes de unos lugares a otros, recorriendo, a veces, grandes distancias.
     Los dos últimos milagros se refieren a la práctica de la caridad. En el de la olla, la comida se multiplicó repentinamente cuando un pobre acudió un sábado a su puerta demandando limosna. Parece ser que había costumbre de que este día se repartiesen alimentos entre los más necesitados. El pobre del relato llegó el último y, al parecer, la comida se había terminado; sin embargo, san Isidro interpeló a su esposa y le rogó que mirase si aún quedaba algo en la olla. Ésta acudió, llena de incredulidad, y comprobó sorprendentemente que estaba llena.
     El último de los milagros presenta la existencia de cofradías seglares, que durante los siglos XII y XIII fueron muy dinámicas, y se manifestaron como el medio más ideal de la participación de los laicos en la vida de la Iglesia, así como la recuperación de un estilo de vida cuyas raíces se hunden en la espiritualidad de las primeras comunidades cristianas. San Isidro perteneció a una de estas cofradías y, durante una de las comidas de hermandad, llegó tarde, debido a que había estado rezando en las iglesias, introduciendo consigo a unos pobres que había encontrado en la puerta pidiendo limosna. La comida se había acabado, quedando sólo la ración que los comensales habían reservado al santo. El milagro quiso que la olla estuviese, de repente, repleta de comida, con lo que se pudo dar de comer a los pobres y aún sobraron alimentos para muchos más. Este milagro se sitúa junto a la iglesia de Santa María Magdalena, a donde los cofrades, que habían presenciado el milagro, acudieron a dar gracias a Dios. Ello provocó que la tradición identificara esta cofradía con la que desde muy antiguo existió en Carabanchel Bajo, bajo la advocación del apóstol Santiago.
     Este hecho vincula, una vez más, a san Isidro con la entonces aldea madrileña y sus tierras, pareciendo más que probable que durante la mayor parte de su estancia en Madrid viviese en este contexto rural y no en la villa, según se desprende del propio códice.
     La tradición, sin embargo, le vincula también laboralmente con otros lugares de fuera de Madrid, en donde los Vargas tenían heredades, básicamente la sierra norte madrileña y las tierras del Jarama, caso de Buitrago del Lozoya, Talamanca y, especialmente, Caraquiz, en los términos municipales de Torrelaguna (Madrid) y Uceda (Guadalajara), en donde pudo conocer a su esposa y contraer matrimonio. 
   El último relato biográfico representa la muerte de san Isidro y su enterramiento. Se trata de un reflejo del ideal de la perfecta muerte cristiana, acompañada de unos gestos y símbolos concretos que reflejan y se enmarcan, de nuevo, en la realidad histórica. El santo hizo testamento de sus escasos bienes, considerado por la Iglesia como un acto de piedad y de fe. Después, ya enfermo, y en el lecho de muerte, recibió el viático, se golpeó el pecho, en señal de arrepentimiento, juntó sus manos, cerró los ojos, realizó la señal de la cruz y, por último, exhaló el espíritu.
     Esto sucedía a finales del siglo XII, en una fecha imprecisa que varía, según los biógrafos, entre la década de 1170 y la de 1190. La tradición asegura que pudo morir un 30 de noviembre, festividad del apóstol san Andrés, ya nonagenario y en la casa que Juan de Vargas tenía en la collación de San Andrés, que no sería la casa principal del caballero, sino una de sus propiedades para sirvientes y demás, en una collación donde predominaban los campesinos mozárabes vinculados a su familia y en la que habría cuadras, silos, graneros, establos y otros habitáculos en un ambiente muy rural, de ahí la llamada cuadra de San Isidro, donde, según la tradición, el santo guardaba el ganado. Es evidente que, ya de mayor, se retiró a vivir sus últimos años a esta collación. Durante este tiempo la tradición popular asegura que continuaba con sus prácticas piadosas, especialmente la devoción a la Virgen de Atocha, cuyo santuario se había convertido en un importante centro de peregrinación, y a Nuestra Señora de la Almudena.
     Fue enterrado en el cementerio de la parroquia de San Andrés, la última que, durante su vida laboral, visitaba antes de proseguir su camino hacia el campo.
     Allí, en una sencilla fosa, sin lápida, ni nombre, ni ninguna otra señal, permanece casi olvidado de todos, hasta tal punto que en tiempo de lluvias un arroyuelo penetraba en su interior, inundando la sepultura.
     Después de cuarenta años, su cuerpo fue localizado milagrosamente, según creencia popular, por revelación divina, encontrándose incorrupto y siendo trasladado al interior de la iglesia.
     A raíz de su identificación por Alfonso VIII como el pastor que había ayudado a las huestes cristianas a vencer a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa de 1212, se desarrolló su culto, construyéndose una capilla y un arca para contener su cuerpo, todo lo cual quedó bajo el patronato de la Corona, permaneciendo, de este modo, el santo y todo lo referente a su tradición vinculado secularmente a la Casa Real.
     A finales del siglo XVI, se dieron los primeros pasos para su canonización, que no concluyó hasta el siglo siguiente. En 1619, el papa Pablo V le declaró beato y el 12 de marzo de 1622 Gregorio XV le canonizó, junto a los españoles Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jesús y el italiano Felipe Neri.
     Sin embargo, su bula de canonización no fue emitida por Roma hasta el 4 de junio de 1724, bajo el pontificado de Benedicto XIII. El 16 de diciembre de 1960 Juan XXIII le declaró patrón de los agricultores españoles.
     Ya desde el siglo XVI, a raíz de la colonización de América y el imperio español, su culto se había extendido por América, Filipinas y parte de Europa.
     Es patrón de Madrid y de otros muchos pueblos y ciudades (Tomás Puñal Fernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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